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sábado, 2 de septiembre de 2017

EL REEMPLAZO DEL PROLETARIADO

EL NACIONAL, Caracas, 02 de septiembre de 2017
El concubinato de la izquierda francesa y el islam radical
Edgar Cherubini

En la esfera política francesa, una liga de intelectuales y políticos que utiliza en forma difusa las banderas del multiculturalismo, el tercermundismo y el antiimperialismo, así como el de un humanismo mal entendido, nada en esa turbia marea antidemocrática y antioccidental orquestada por movimientos fundamentalistas islámicos. Algunos promotores del tercermundismo llegan a traicionar sus propios valores al aliarse con todo aquello que atente contra Occidente y hasta contra su propio país.

Francia, que en los últimos años ha sido el blanco de cruentos atentados yihadistas, es también el escenario de una temeraria relación de la extrema izquierda con el islamismo. En el ala radical de la izquierda, organizaciones entre las que destacan: la France Insoumise, Lutte Ouvrière, Attac, EELV, La Fédération Anarchiste, Action Antifasciste y el Nuevo Partido Anticapitalista, a las que se suman ONG como el Collectif Contre l'Islamophobie en France, Lallab, entre muchas otras, son vehementes defensoras del islam en Francia. Dichos movimientos proclaman luchar contra la “islamofobia”, pero se sospecha que son utilizados como “cabezas de playa” para la penetración del islamismo radical o para excusar a los musulmanes no radicales por su falta de cooperación contra este flagelo, al tolerar a los que propagan la yihad en sus comunidades o asisten a sus mezquitas.

Pese a que en 2014 los Emiratos Árabes Unidos designaron a la Union des Organisations Islamiques de France como una organización terrorista emanada de los Hermanos Musulmanes (matriz de Al-Qaeda), esta sigue operando normalmente en el país, teniendo bajo su administración las mezquitas en suelo francés.

En relación con la ONG Lallab, esta fue fundada en 2016, en los últimos meses del gobierno socialista; fue subvencionada por las agencias del Estado y se le permitió el acceso a los liceos, lo que motivó a la ex diputada Celine Pina a formular una seria denuncia: “Lallab es un laboratorio de islamismo cuyas ideas son incompatibles con la República francesa, pues forma parte de esas asociaciones que aparentan ser fachadas respetables cuando en realidad sirven para la propagación de su ideología oscurantista y mortífera, muy próximas a los Hermanos Musulmanes. (…) Todo esto nos hace cuestionar la penetración de los enemigos de nuestra República en el más alto nivel de influencia y nos da derecho a responsabilizar a nuestros políticos, como también a señalar que algunos idiotas útiles se están transformando cada vez más en traidores activos”. (Celine Pina, “L'État doit dénoncer clairement l'association Lallab, laboratoire de l'islamisme”, Le Figaro, 23 de agosto de 2017).

Los que no piensen como los extremistas de izquierda son unos “fascistas”, “ultraderechistas”, “racistas”, “islamofóbicos”. Son los mismos que se rasgaron las vestiduras contra la prohibición del velo integral en Francia, pero son incapaces de pronunciarse contra el reclutamiento y la utilización de “niños bombas” por Hezbollah o de civiles como escudos humanos por Hamas en Gaza mientras lanzan misiles sobre Israel, amén de guardar un silencio cómplice ante los ataques terroristas en su propio país.

Pierre Vermeren, historiador de la descolonización de Argelia, escribe sobre la política del avestruz de los dirigentes franceses: “El caso francés, después de los atentados de Mehra en marzo de 2012, ilustra la exitosa estrategia de los terroristas: islamización y conversión, radicalización religiosa previa al paso a la acción, banalización del crimen y del horror, frivolidad de la élites mediáticas y de los notables, compasión y cultura de la excusa de parte de sociólogos mediatizados, cobardía de la élites políticas” (“Face au terrorisme, il faut arrêter la politique de l'autruche”, Le Figaro, 20 de agosto de 2017).

Aun después de los atentados de Mohamed Mehra en Toulouse (joven francés de la tercera generación de musulmanes de origen argelino que mató a dos militares, para después penetrar en un kinder judío y asesinar a tiros en la cabeza a uno por uno de los niños durante el recreo mientras exclamaba Allāh-akbar), el presidente Hollande no habló de “terrorismo islámico”, para no herir la sensibilidad de los votantes musulmanes que en su gran mayoría apoyan al Partido Socialista francés.

Por otra parte, ha sido notable el debilitamiento de las leyes durante el reciente quinquenio socialista, modificando u obviando las que penalizaban con expulsión del país a aquellos extranjeros que cometieran delitos. Como ejemplo de este despropósito está el perpetrador del ataque terrorista en Niza el año pasado, que mató a 85 personas e hirió a 303, de nombre Mohamed Bouhiel, un emigrante tunecino portador de un permiso temporal de residencia en Francia, reseñado por la policía y juzgado por haber cometido delitos violentos en los años anteriores al atentado.

Otro caso patético de la debilidad jurídica contra el islamismo radical es el del yihadista de 19 años de edad Adel Kermiche, procesado en Francia por el “delito de asociación terrorista” a su regreso de un intento por integrarse al ISIS en Siria. El juez lo dejó en libertad condicional en su residencia con un horario restringido de 8:30 am a 12:30 pm, controlado con una pulsera electrónica. Una mañana salió de su casa, se dirigió a la iglesia de Saint-Etienne-du-Rouvray, degolló al sacerdote en plena misa y tomó como rehén a una mujer que asistía al oficio.

Esa actitud venial ha sido siempre el reflejo del masoquismo político en relación con el tercer mundo, como bien lo define Pascal Bruckner: “Un tercer mundo espontáneo, sentimental, inocente y justo; un Occidente rapaz, materialista y cruel; sobre esa antítesis primaria y ambivalente la izquierda europea ha construido una corriente de pensamiento que se ha convertido en una ortopedia de la conciencia. Viven y proyectan una culpabilidad que hace de sus seguidores unos militantes de la expiación” (Le Sanglot de l’homme blanc. Tiers-Monde, culpabilité, haine de soi, 2002).

Después de la caída del Muro de Berlín y el alejamiento del proletariado obrero de las causas socialistas en el mundo, la izquierda ha visto en el islam la religión de los pobres, los marginados, los explotados. Los islamistas son los “nuevos condenados de la Tierra”, con quienes expiarán su pesada carga de culpa colonialista.

Para Bruckner, “un pensamiento de izquierda, huérfano de ideales, ha encontrado en el islam un sustituto a la idea del ‘proletariado’ y un ‘modelo revolucionario’. Pero además, el carácter antioccidental del islam les procura el aura de una religión del tercer mundo” (Un racisme imaginaire, 2017).

El odio a Israel y el apoyo a la causa palestina dirigida por los terroristas de Hamas se han convertido en símbolo de la nueva “lucha de liberación”.

Si los dirigentes franceses continúan con su política del avestruz, mientras proliferan los idiotas útiles transformados en colaboracionistas, el odio, la violencia y la exclusión del islamismo radical se impondrán en la cuna de la igualdad, de la libertad y de la fraternidad.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/concubinato-izquierda-francesa-islam-radical_201469
Gráficas:
http://www.grasset.fr/un-racisme-imaginaire-9782246857570
http://larealiteenface.overblog.com/2017/08/islamisme-quand-l-islamiste-avance-masque.celine-pina-l-etat-doit-denoncer-clairement-l-association-lallab-laboratoire-de-l-islamism

UNA KALASHNIKOV DE DISCOTECA

EL MUNDO, Barcelona, 02 de septiembre de 2017
 LOS INTELECTUALES Y ESPAÑA/ SERAFÍN FANJUL
Serafín Fanjul: "No existe el deseo de integración entre los musulmanes"
Fernando Palmero

Arabista de sólida formación intelectual y literaria no es un historiador complaciente de los que eluden el conflicto. Obras como 'Al Ándalus contra España' o 'La quimera de Al Ándalus' están construidas a base de erudición y falta de complejos identitarios para desenmascarar los mitos fundacionales de tolerancia, cooperación y amistad de una idílica España en la que convivían tres religiones, algo que no existió jamás, afirma.

"El problema estriba", afirma Serafín Fanjul en La quimera de Al Ándalus (Siglo XXI, 2004) al hablar sobre la supuesta tolerancia de la religión islámica, "en que la base del islam, el mismo Corán, exhibe exhortos y mandamientos de claridad meridiana (es la palabra de Dios, increada y eterna) y que ningún buen musulmán se atreverá a contravenir sin arrostrar el desprestigio público: '¡Creyentes! ¡No toméis como amigos a los judíos y a los cristianos! Son amigos unos de otros. Quien de vosotros trabe amistad con ellos, se hace uno de ellos. Dios no guía al pueblo impío'".

Afirmaciones como ésta han procurado al historiador madrileño la calificación de islamófobo y, por supuesto, fascista, algo imposible de sostener si se lee su extensa obra académica. O incluso la ensayística y la literaria. O sus frecuentes colaboraciones periodísticas. Conocedor como pocos en nuestro país de la historia, la literatura y la religión islámicas, Fanjul sostiene que negar una realidad insoslayable edulcorando con buenas intenciones programas de integración social que no acometen el problema de raíz es la mejor forma de conducirnos a todos al desastre.

¿Existe un conflicto larvado entre las comunidades cristiana y musulmana en España?
    Tanto como un conflicto, no, pero sí una separación. En el islam, la sociedad es mucho más hermética, más cerrada y menos dispuesta a admitir la relación distendida y natural con otras comunidades humanas. Que los árabes, con una lengua distinta y una cultura distinta, tiendan a encerrarse, tiene esa explicación primera. Pero luego hay otra que quizá es más determinante y es la propensión de los musulmanes a considerarse siempre un grupo a parte. Esto lamentablemente es así. Por parte de los inmigrantes musulmanes no hay deseo de integrarse. Intentan reproducir aquí sus formas de vida y la forma de organización que traen procedente de sus países. Ser del Madrid o del Barcelona, o pagar impuestos a Montoro, son formas de integración muy superficiales. La manera de integración verdadera, la que salva todas las distancias y rompe ese tipo de barreras es la fusión física, sexual, o sea, los casamientos mixtos de hombres y mujeres de las dos procedencias.

Pero de eso estamos aún muy lejos...
    Hay que tratar por todos los medios integrar a las mujeres musulmanas, porque los hombres lo tienen más fácil, se pueden ir al fútbol, a la piscina... pero a la mujer la dejan en casa.

¿Ayudaría o perjudicaría a esa integración la prohibición del velo en lugares públicos?
    Esa es una normativa lógica de seguridad en un país moderno. Hay ciertas cosas que son inadmisibles, porque el color del pelo, el color de las ojos y la forma de las orejas son los signos de identificación en todo carnet o pasaporte. Ni por la calle se puede admitir.

¿Y en las aulas?
    Yo di clases en El Cairo a finales de los 60 y en aquel tiempo no había en Egipto una sola mujer con el velo, porque se había producido un descrédito de ese reaccionarismo y de esa forma de vestir. En 1923, a la vuelta de un congreso feminista en Roma, las activistas Hoda Shaarawi y Saiza Nabarawi, al llegar a la estación de El Cairo se quitaron el velo y lo tiraron, y a partir de ese momento, que me parece emocionante por lo que representa de búsqueda de libertad y de liberación, el velo empezó a desaparecer en Egipto. Pero luego, tras el asesinato de Sadat, que era un beato musulmán, los Hermanos Musulmanes introdujeron una corriente de islamización en un país que era ya muy islámico. Al principio empezaron regalando ropa a mujeres pobres; luego, crearon una red de asistencia social y médica, daban ayudas económicas, ropa, comida... todo con dinero que venía de Arabia Saudí, y de esa forma el tejido social empezó cada vez a inclinarse más hacia el integrismo. Uno de los gestos fue poner a las mujeres como estaban antes de 1923.

¿No es sorprendente que jóvenes que parecen integrados cometan actos como los La Rambla?
    No, porque no están integrados. Para que una persona arrolle con un camión a sus semejantes, ponga una bomba o coja un kalashnikov en una discoteca, tiene que haber habido una preparación. No es que un imam le haya comido el coco durante tres semanas, eso es una estupidez, es una infraestructura mental y de formación que reciben desde pequeños. En un momento pueden hacer el gamberro tomando alcohol y tratando de ligar con las barcelonesas porque ven que es divertido, pero de pronto eso se corta y esas personas vuelven al punto de donde salieron, porque el imam les dice que están haciendo mal, que se van a ir al infierno, que están deshonrando a sus padres... Como ocurre con los terroristas españoles o de cualquier lugar, a veces las familias tienen mucho que ver. En Cataluña, precisamente, se les ha dado a los inmigrantes musulmanes todo tipo de facilidades, de ventajas y de tratos de favor respecto a la población autóctona para que se sientan bien y para que se quieran sumar al proyecto separatista. Pero finalmente siempre anteponen la pertenencia religiosa a cualquier otro tipo de lealtad, lo cual puede ser comprensible, pero en una sociedad de otro tiempo. En una sociedad medieval aquí también era así. El fenómeno religioso separa mucho, y si son religiones tan herméticas como es el caso del islam, que es una religión inmune a cualquier influencia exterior, la cosa es todavía más dura. La integración musulmana es un problema muy serio.

¿Cree que en España hay 'islamofobia'?
    No. Tradicionalmente los españoles no somos gente xenófoba, al contrario, hay una admiración bastante bobalicona hacia los extranjeros que se supone que son listos y ricos. Hacia los pobres y supuestamente tontos, no, pero por pobres, no por extranjeros. Es más un problema económico y social que de visión islamófoba. En España la gente no sabe lo que es el islam, no sé si eso es bueno o malo.

¿De dónde viene el complejo de inferioridad de España hacia la dictadura marroquí?
    El problema principal de España es la corrupción. Hay unos intereses económicos españoles muy fuertes que están impidiendo de hecho que la posición de España con respecto a Marruecos sea más dura. La debilidad viene de nosotros, de que el aparato político-económico dirigente en España no se siente seguro porque le pueden sacar cualquier cosa en cualquier momento y no es fuerte para actuar en el exterior. No puedo acusar directamente a nadie, pero hay empresas e inversiones en Marruecos... ¿por qué trajeron a principios de los años 2000 a miles de marroquíes a Cataluña? Eso no fue una casualidad. Si Pujol pudo traérselos para no traer ecuatorianos ni colombianos, que eso es evidente, tuvo que haber un permiso y una autorización del Gobierno central. Ahora se pagan las consecuencias de aquellas alegrías y permisividades. El caso de Marruecos es como el de Gibraltar, es evidente que hay españoles interesados económicamente en que eso siga.

¿Por qué el PP ha desaprovechado su mayoría absoluta para hacer más cambios?
    Porque participa del consenso de los políticos, eso que llaman la unidad y que no es más que la unidad personal de los distintos grupos y las distintas facciones de los partidos. Les interesa más la unión entre ellos que los intereses generales. Rajoy es un señor que personalmente no me inspira la más mínima simpatía, no tengo inconveniente en decirlo. Es un señor muy soberbio, muy cobarde y muy vago, y la combinación de los tres elementos juntos... Le preocupa más llegar a un acuerdo en una subcomisión con los vascos y los catalanes que poner en su sitio a los separatistas.

¿Cómo es posible que haya dejado pudrir la situación en Cataluña de tal forma?
    Porque no tomó medidas legislativas hace cuatro años cuando se veía venir la cosa. El otro referéndum dijo que no se iba a hacer y se hizo. Ahora dice lo mismo, ya veremos, de momento se limita a esconderse detrás de los jueces. Tiene que tomar medidas políticas. No sé si hay que aplicar el 155 o si hay que desarmar a los Mossos, pero el TC no va a impedir nada, no tiene fuerza material para hacerlo. Toda esta dejación de funciones es absolutamente gratuita e innecesaria, porque el Estado sigue teniendo elementos coercitivos muchísimo más fuertes de los que puede tener la Generalidad de Cataluña y no sólo legales, también económicos, propagandísticos... pero no utiliza ninguno.

¿El problema viene desde la Transición?
    Sí, porque se dejaron cabos sueltos creyendo que se iban a integrar los separatistas, que se llamaban nacionalistas y ahora soberanistas. Durante 40 años la estrategia ha sido darles dinero e impunidad para hacer con él lo que les diera la gana. Y lo han hecho. Y ahora salen los casos de corrupción de la familia Pujol. Pero sobre todo, las consecuencias políticas han sido siniestras. Como entregarles la Educación, no sólo a los catalanes, sino a todas las comunidades autónomas, o el orden público. Fue Aznar el que autorizó la policía catalana y ahora pagamos las consecuencias. Aznar fue un buen presidente pero cometió algunos errores.

¿Como cuáles?
    El principal, suprimir la mili. Si se quita el servicio militar obligatorio se está mandando a la población el mensaje evidente de que la defensa nacional no es asunto suyo, que se va a resolver con mercenarios. Y eso es letal. Si en algún momento España tiene que responder a una amenaza militar exterior, y no está descartado que venga del único sitio de donde puede venir dada nuestra situación geográfica, nadie va a querer hacer nada. Una comunidad humana tiene que defenderse si lo necesita, una comunidad que renuncia a defenderse no merece sobrevivir. Yo soy pacífico, pero no pacifista. Ante una amenaza exterior hay que reaccionar. No digo mandar tropas fuera.

¿Ni siquiera para luchar contra el IS?
    Interviene militarmente el que puede, no el que quiere. Y si además nosotros no queremos, no sé si tiene mucho sentido plantearlo.

¿Se puede considerar una guerra los ataques del terrorismo islámico en Europa?
    Sí que lo es. Pero es una guerra en la que no se puede luchar con tropas ni divisiones, hay que luchar de otra forma, con inteligencia, en las dos acepciones, con medios y con dinero. Pero lo más grave es que la idea extendida es que no hay ningún motivo para tener que defenderse. Eso es gravísimo.

Ha denunciado en varias ocasiones la condena ciega y en bloque de la colonización americana.
    Es culpa nuestra por no haber sabido contrarrestarlo con los medios que tenemos, y los que tenemos desgraciadamente no se dedican a eso. Cuando uno va a América se da cuenta de hasta qué punto fue una acción magnífica, ciclópea, de una grandeza enorme. El establecimiento de ciudades, el trasplante de cultivos, de acá para allá y de allá para acá, de fauna, la fundación de instituciones culturales, de sociedades de amigos del país, de canales comerciales, de arte, de cultura criolla... Y es sintomático que los florecientísimos virreinatos de México y de Perú al día siguiente de la independencia se hundieron. El siglo XIX es el siglo de la caída del PIB de lo que había sido Hispanoamérica. Hasta final del siglo no recuperan el nivel que había tenido antes de la independencia.

¿Cómo ve el estado de la Universidad española?
    No es justo decir que todos los profesores son unos incompetentes y que ninguna de nuestras universidades figura entre las 200 mejores del mundo, como se repite tanto. Es injusto, porque los criterios con los que se hacen esos baremos los hacen los mismos tipos de Hong Kong y de Harvard, con arreglo a sus criterios y a sus propios intereses. Hay determinados departamentos de algunos centros muy buenos. El problema es que la universidad española se masificó a partir de los años 70 de una manera terrible, y hoy hay tal cantidad de alumnos y tal cantidad de profesores que no es funcional. No es lógico que España, con la mitad de población que Alemania, tenga porcentualmente el doble de universitarios, pero está mal visto decir que hay que poner 'numerus clausus' y que hay que reducir el número de estudiantes, el número de profesores y el número de universidades. Yo creo que hay que reducirlo. Por otra parte, el Estado autonómico, entre otras grandezas, nos ha traído que cada autonomía y luego ya cada provincia tienen que tener un aeropuerto, el AVE... y una universidad, como mínimo, y a veces incluso una editorial propia.

España es un país poco interesado por la cultura.
    El hundimiento del conocimiento es un problema a escala global. En la cuestión cultural, quizá haya que ayudar, la idea de que no se puede subvencionar la cultura es culpa de la derecha liberal. De esa forma te cargas un montón de cosas, por ejemplo, todas las academias, menos la de la Lengua, por el diccionario. Si no ayudas a que se mantengan determinadas cosas, mueren. Y hay un monocultivo de subcultura anglosajona que nos está comiendo por completo.

Fuente:
http://www.elmundo.es/opinion/2017/09/02/59a9a691e5fdea86788b45ab.html
Fotografía: Angel Navarrete.

jueves, 25 de agosto de 2016

CHIVOS EXPIATORIOS

EL PAÍS, Madrid, 25 de agosto de 2016
 TRIBUNA
Musulmanes europeos
No se puede sucumbir a la tentación de hacer de los musulmanes el chivo expiatorio de la crisis política y moral que vive Europa. Ni reducirlo todo a una permanente confrontación que es la base de la islamofobia
Luz Gómez García

El racismo y la xenofobia, impensables como lugar común hace una década, van camino de naturalizarse en Europa. Y los 21 millones de musulmanes de la Unión Europea, tanto de forma individual como colectiva, son la víctima propiciatoria más a mano. El auge de la islamofobia denota, por sí solo, que los fundamentos europeos de libertad, igualdad y solidaridad siempre fueron más bien retóricos, o lo que es lo mismo, que la crisis europea es, ante todo, una crisis de principios.
Las legislaciones inclusivas que en su día caracterizaron a la UE están siendo cuestionadas de forma alarmante por una serie de iniciativas políticas y legales que segregan a los musulmanes del resto del cuerpo social, y que a la postre acaban por discriminar al islam en tanto confesión. A su vez, la xenofobia rampante consuela a una parte creciente de la población, que escupe en términos identitarios su hastío hacia una Unión que según aumenta el número de ciudadanos en riesgo de exclusión (ya es una de cada cuatro) cercena el sueño de progreso social en que se asentaba su legitimidad simbólica. El resultado es que para demasiados europeos Europa cada vez es menos blanca, menos cristiana y menos de clase media, y hay que buscar un culpable.
Mucho ha evolucionado la relación de Europa con el islam desde que hace justo un siglo Lawrence de Arabia pronunció su fatalista ¡Maktub! (“¡Estaba escrito!”) con que justificó la traición británica a la promesa de un reino árabe independiente en Oriente Próximo. Si en la época colonial el islam sirvió como excusa para hacer del musulmán un sujeto subalterno, necesitado de la luz europea, hoy el islam forma parte de Europa, y los musulmanes europeos son ciudadanos tan dueños de su historia como los demás. Se trata de un cambio radical, si bien se está resolviendo de forma traumática para los musulmanes.
La sobredimensión de la identidad religiosa del musulmán europeo por parte de la opinión general le fuerza de continuo a tener que definirse a la defensiva. Sobre él se arroja la sombra del yihadismo, del burka o de la inmigración, últimas amenazas a una pax europaea que a estas alturas se sabe a sí misma inexistente. Hasta los chavales de secundaria se ven inducidos, ante las preguntas inquisitoriales de compañeros y profesores, a pensarse como peligrosos musulmanes. ¡Y pobre de aquel que haga valer su derecho a inhibirse! ¡Imposible: el musulmán es siempre musulmán!
Ni el flamante alcalde de Londres, Sadiq Khan, musulmán, escapa al escrutinio
Causa de esta sospecha generalizada que pesa sobre los musulmanes son, en buena medida, las políticas de los poderes públicos encaminadas a su fiscalización permanente. Los que más directamente las sufren son los jóvenes, que se ven sometidos a ellas a cambio de una ciudadanía europea que se les regatea. En Francia, el más reciente proyecto del Gobierno francés en su “guerra contra el terrorismo, el yihadismo y el islamismo radical” consiste en internar en centros de rehabilitación creados ex profeso a los jóvenes “radicales”, categoría escurridiza donde las haya. En España, la mera sospecha de “haber entrado en un proceso de radicalización” está en vías de convertirse en delito tipificado: a finales del año pasado, el Ministerio del Interior puso en marcha un servicio de denuncias anónimas para identificar a presuntos radicales. Ni el flamante alcalde de Londres, Sadiq Khan, musulmán entre otros atributos, escapa al escrutinio: durante la dura campaña electoral, su rival, el conservador Zac Goldsmith, recurrió al perfil confesional de Khan para cuestionar su patriotismo, mientras que a nadie se le ocurrió que Goldsmith pudiera ser antipatriota por su fe (que en este caso es judía). Khan, por el contrario, hizo entonces, y tras su triunfo, multitud de declaraciones conciliadoras recogidas por todos los medios.
Europa y sus musulmanes van en el mismo barco. Los musulmanes se juegan mucho, pero Europa también. El proyecto europeo, fundado en criterios igualitarios, también depende de su actitud con los musulmanes. El discurso xenófobo de los partidos neonacionalistas en auge, que hacen de la islamofobia caladero de sus votos, cuestiona a diario los más sagrados principios europeos. Su islamofobia no tiene complejos, es explícita y ufana. El peor exponente es el holandés Geert Wilders, líder del Partido por la Libertad, que compara el Corán con Mein Kampf de Adolf Hitler y pide que se prohíba. Pero de forma indirecta y más peligrosa si cabe, hay otro tipo de islamofobia que hace que se tambaleen los cimientos de la Europa integrada. Es una islamofobia de tono sutil, de argumentos ilustrados y nunca proclamada, aunque en ocasiones se descuide y desvele sin tapujos su carácter discriminador. Es en la que incurre con frecuencia el primer ministro francés, Manuel Valls, con sus distingos entre el “islamofascismo” de algunos grupos (que según el momento pueden ser los Hermanos Musulmanes o el ISIS) y la bonhomía del islam invisible. ¿Sería posible imaginar que se hablara de “cristianofascismo” o “judeofascismo” o “budeofascismo”? Ejemplos de violencia religiosa de todo signo no faltan en la historia reciente... Tampoco, si nos ponemos, del papel de la religión en la vertebración de una ética del compromiso y la dignidad humana.
Lo que los musulmanes esperan de Europa es, en esencia, pan, libertad y justicia socia
Reducirlo todo a una permanente confrontación de los musulmanes europeos con el resto de la ciudadanía es el núcleo de la estrategia islamófoba. Hacer de los musulmanes un grupo aparte, a la defensiva y con oscuras aspiraciones político-civilizacionales, es un error interesado. Lo que los musulmanes esperan de Europa es, en esencia, pan, libertad y justicia social. Nada distinto de las demandas del europeo medio, harto de la supremacía de los mercados y de que se le escamotee su soberanía. El Brexit ha congelado la sonrisa de las élites. La tentación de los líderes de la UE es meter las pelusas debajo de la alfombra. Pero el descontento de los pescadores, los obreros o los tenderos ingleses es tan legítimo que está por ver si no asistimos a una reacción en cadena al otro lado del canal de la Mancha. En Holanda, ya se jalea el Nexit. En España, por lo pronto, las recientes elecciones legislativas nos han devuelto la imagen de un país más nacionalista y menos autocrítico de lo que imaginábamos. Pretender solucionarlo con fáciles acusaciones de populismo tardoimperial en el caso británico, o de manipulación geriátrica en el caso español, no conduce a nada. Como tampoco la tentación, siempre a mano, de hacer de los musulmanes el chivo expiatorio de la crisis política y moral que vive Europa. El problema es ese: falta Europa.
(*) Luz Gómez es profesora de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Autónoma de Madrid.

Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/07/14/opinion/1468525236_653947.html