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sábado, 9 de septiembre de 2017

HECHO EN SOCIALISMO

EL NACIONAL, Caracas, 9 de septiembre de 2017
Negros, pobres y presos en socialismo
Ramón Hernández

En las redes sociales circuló un video de pocos segundos en los que alguien no identificado muestra una nevera de productos cárnicos congelados en un supermercado de Rusia, y luego de un breve paneo aparecen dos paquetes con la bandera tricolor. “Yo siento tristeza de que aquí se venda carne venezolana mientras en Venezuela no hay qué comer”. Fin de la cita y fin del mensaje.

No comparto ese tipo de tristeza ni envidio a los funcionarios que hacen negocios muy mercantilistas con los descendientes de los bolcheviques. Me preocupa, sí, que en las cajas y bolsas del CLAP no aparezca otra proteína que unas laticas con unos desmirriados 90 gramos de atún flotando en agua cochambrosa; me preocupa el destino de las cientos de miles de toneladas de carne que mensualmente llegan a las despostadoras y empaquetadoras de Carnes Venezuela, una empresa del Estado, y no las manden a los hospitales ni se las vendan a nadie, que los camiones sean cargados con gran sigilo y misterio y los envíen a hogares oficiales lejos de la vista del amado pueblo.

En el socialismo –sea marxista, delincuencial o simplemente bandolero militar– la existencia de un sector social que es más igual que todos los otros es consustancial. Ellos mismos se refieren a la dirigencia, al liderato, a la vanguardia revolucionaria, etc., como si se tratara de seres superiores, héroes, aunque sean siempre los mismos ineptos mortales los que se intercambian sillas en el gabinete y comisiones. Nada les falta, ni medicinas ni comida, tampoco bebidas.

Habiendo aprobado en 2011 una ley contra la discriminación racial sin parangón en el mundo entero, los legisladores y funcionarios echaron al cajón del olvido los otros tipos de discriminación –social, política, religiosa, sexual et al– y se han dedicado a fomentarlas. Mi amigo el historiador me decía que mientras Aristóbulo sea negro tendrá su puesto garantizado en el alto gobierno. Aunque pierda por paliza cualquier elección, le dan un cargo en el que pueda dedicarse a sus distracciones marinas. Mientras, la discriminación política y de salud afecta con saña a los presos de conciencia –los rehenes que mantiene el régimen en sus gulags y ergástulas, sin atención médica, sin poder tomar sol, sin la visita de familiares y amigos–, y se explaya con crueldad cuando a un enfermo, sea un recién nacido o un anciano, pobre de solemnidad o con bienes de fortuna, le exigen el carnet de la patria para entregarle una medicina de la cual depende su vida. No es una manifestación de la lucha de clases o del odio que transpiran, es un escondido interés mercantilista: más allá se lo ofrecen a cambio de una coima, como la carne que le venden a Rusia. Vendo valores de papel y plátanos, Jaua.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/negros-pobres-presos-socialismo_202711

martes, 17 de mayo de 2011

QUÉ DE COSAS, EL AZAR


Día de la Raza
Luis Barragán


Incorporados a la cámara, nos sorprendió la primera discusión del proyecto de Ley Contra la Discriminación Racial. Presuntamente, un trabajo sobrio y profundo, fue desmentido por la inmensa manipulación que hizo el oficialismo de tan delicada, equívoca y punzante materia. Sin embargo, valoramos el aporte, a

De un lado, compartimos las consideraciones que hizo el diputado opositor Arcadio Montiel, quien libró – por cierto – de todo complejo al resto de la bancada para que la votase. Hay elementos culturales, reflejados en una bastarda historiografía, en los que prevalece una versión étnica que privilegia a unos, en detrimento de otros, en el esfuerzo común de conquistar y hacer la Patria.

Del otro, es necesario actualizar el debate, pues, salvando las distancias, recordamos a algunos integristas de ocasión que aspiraban a la prohibición de la versión fílmica de “El código de Da Vinci” de Dan Brown, como si no fuese ocasión para señalar sus inexactitudes, adulteraciones o fantasías. De modo que la discusión sobre la existencia o no de la segregación racial en Venezuela, a propósito del mencionado proyecto, nos parece válida para sincerar la realidad y desarmar a un régimen que emplea las armas más indecibles de la manipulación para sostenerse.

Finalmente, aceptemos esa herencia secreta y eficaz de la escuela positivista venezolana tan necesaria de combatir, al igual que el uso de toda predisposición anclada o sobrevenida para explicar nuestras desgracias personales y colectivas actuales, como bien lo refleja – por ejemplo – Ricardo Sucre, en su “La amenaza social y el autoritarismo en Venezuela” (1998). Por dejar los malentendidos intactos, aunque no experimentemos tan dramáticas situaciones de discriminación, es que nos tropezamos con el régimen prevaleciente en Venezuela, presto a hincar el cuchillo en cualquier desencuentro.

Valga la doble coletilla, tenemos que, en el fondo, no toleramos lo diverso, y, por ello, sin que el dato étnico mismo sea frecuentemente decisivo, decimos o dicen que no nos entendemos con el inmigrante, el obeso, el paticojo, el que profesa otra religión, el que – hay que acentuarlo – no es partidario de Hugo Chávez, por no citar a esos burdos sectores de clase media que peregrinan una explicación de su radical incongruencia de estatus. Por lo demás, el oficialismo se excede, pues despacha un proyecto que contempla una edificación burocrática compleja, amén de un régimen penal acaso innecesario por las magnitudes planteadas, como si de segregación,
discriminación o persecución, todo se redujera al universo afrodescendiente (por no hablar de la sofisticada persecución política).

Fuente: http://www.medios24.com/p33134.html
Ilustración: Jason Pollock