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jueves, 5 de octubre de 2017

MAQUINARIA EFICAZ

De la licencia para estereotipar
Luis Barragán

Luego de la reunión concertada en la Universidad Metropolitana, José Alberto Olivar y el suscrito decidimos recorrer las bibliotecas donadas por Uslar Pietri, Grases y Velásquez. Avistado, antes, me preguntó si deseaba conocer personalmente a Humberto Njaim, a quien demasiadas veces leí en el pasado.

Muy atentamente saludó a José Alberto y, al decirle mi nombre, el maestro enseguida dijo: “!Ah, el diputado de COPEI”. Me permití corregirlo y, pronto, respondió, “si es de Vente y está con María Corina, entonces, es de los radicales!”.

La sonrisa tan amable del profesor Njaím, indicó que no era el momento para una discusión vespertina que estropease el café cordial que compartimos, pero me quedó la inquietud. Mucho tiempo atrás, dediqué unos textos para prevenir sobre la más variadas estigmatizaciones que el gobierno impondría, como ocurrió, aunque fuesen contrarias a la realidad, y, recientemente, Carlos Blanco acertó al identificar al radical que tanto fustiga esta dictadura: siendo tan pacífico, contrasta con el radical armado de los años ’60 del ‘XX cada vez más remoto.

La maquinaria propagandística y publicitaria oficial, devoradora de millones de dólares, pinta a sus oponentes y disidentes con las peores notas y características que sean posibles y, aunque la mayoría ahora vive apenas de las pensiones de vejez, sin  automóvil, en casas o apartamentos muy precarios que pagaron en veinte o más años, el liderazgo político del siglo anterior es infinitamente corrupto al lado del honestísimo liderazgo oficial de esta hora, por más que haga de sus extravangancias un sello de identidad, dentro o fuera del país.  Bloqueada toda reforma a la Ley de Anticorrupción, nadie puede indagar siquiera cuán lejos llegan sus niveles de vida que incluye el sostenimiento privilegiado de la prole en las principales capitales del mundo.

En días pasados, un periodista del régimen, especializado en la provocación, ridiculización, burla y desprecio de la oposición, estelarizando el espacio de una de las numerosas emisoras del Estado, fue protestado e increpado por ciudadanos que lo reconocieron, al parecer, en un centro comercial y, registrado parcialmente el hecho en un video, respondió de forma inadecuada. Cuestión de horas, sus pretendidos agresores, fueron identificados y detenidos, más rápido que inmediatamente, porque – he acá la diferencia – el periodista tiene licencia para estereotipar.

02/10/2017:
Fotografía:

domingo, 5 de marzo de 2017

NUEVOS HALLAZGOS Y PLANTEAMIENTOS

Una perspectiva para el problema esequibano
Luis Barragán


A mediados de diciembre de 2016, nos sorprendió una declaración del Secretario General saliente de la ONU, señor Ban Ki-moon, obviamente acordada y acogida por su sucesor, anunciando el plazo de un año  para remitir a la Corte Internacional de Justicia la controversia esequibana, en el caso que Venezuela y Guyana no acordasen lo contrario.  Concluyendo febrero de 2017,  el noruego Dag Halvor Nylander fue designado como representante personal del entrante Secretario General, señor António Guterres,   para atender tan espinoso asunto, hallándose la canciller Rodríguez en Suiza, en el marco del 34° Período de Sesiones del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, insistiendo en que “Venezuela mantiene su modelo económico y es lo que sin duda se ha convertido en una amenaza  para este imperio capitalista  y este orden internacional y financiero causante de sufrimiento a la humanidad entera”.

Entre otros aspectos, nuestra intervención en la sesión plenaria de la Asamblea Nacional con motivo del 51° aniversario del Acuerdo de Ginebra, acentuó la preocupación por el plazo inconsistente ya de diez meses, ahora  confirmado para despecho de quienes hicieron una lectura ligera de la declaración decembrina. Así, debe ocuparnos la aludida representación personal que puede interpretarse como una labor de mediación política más que fronteriza, dada la experiencia colombiana de Nylander, descartando el papel de Buen Oficiante, como el silencio sospechoso de nuestra cancillería, la que privilegia la generosa y también analgésica abstracción del intervencionismo imperialista, en un país que concreta y literalmente muere de hambre,  teniendo como  saldo el de una exitosa estrategia de Georgetown.

Sobre todo, porque tendemos a recrear las viejas circunstancias a la que respondió una Política de Estado, por cierto, deliberadamente quebrada en el presente siglo, tan propicia para una retórica oficial que suele desubicar a la propia oposición. Vale decir, contamos con la meritorísima herencia de una perspectiva, enfoques y estrategias que requieren de una urgente actualización, pues, por una parte, es útil para la demagogia gubernamental que, incluso, aparentándose nacionalista, se apropia de un lenguaje reivindicador que en los hechos traiciona; y, por otra, inútil para una oposición conformista que no despliega todavía una posición deseable y eficazmente crítica e innovadora, la que deriva de un debate amplio y organizado.

Contamos con una sólida y profunda fundamentación de los alegatos históricos y jurídicos que, más allá de la reiteración, podemos perfeccionar con nuevos hallazgos y planteamientos, como ha ocurrido con la reciente publicación de “La cuestión Esequibo: Memoria y soberanía”, bajo el sello de la Universidad Metropolitana y el aval de las universidades Simón Bolívar y de Los Andes, coordinada por los doctores Luis Alberto Buttó, José Alberto Olivar y Claudio Briceño Monzón. Quince trabajos, rigurosamente arbitrados, dan cuenta de sendas novedades históricas, pero también asoman una sugestiva perspectiva política y estratégica del problema que, reconociéndose en ella, tiende a superar la valiosa herencia para (re) colocarnos en el presente siglo.

No será fácil resolver tan apremiante cuestión, siendo Nicolás Maduro la mayor de nuestras vulnerabilidades en el campo de la seguridad y defensa de la nación, pero la peor diligencia es la que no se hace. A modo de ilustración, exigido por largo tiempo, incluyendo a los esequibanos que tan inútilmente recurren al TSJ, el flamante anuncio oficial de la cedulación se redujo a un operativo político en Tumeremo del que no se ha sabido más, por no citar que su implementación no requierió de  fiscalización opositora alguna que ha de garantizar  su trasparencia y pulcritud, como acontecía décadas atrás.

06/03/2017:
http://www.diariocontraste.com/2017/03/una-perspectiva-para-el-problema-esequibano-por-luis-barragan-luisbarragan
http://noticiasvenezuela.info/2017/03/una-perspectiva-para-el-problema-esequibano-por-luis-barragan-luisbarraganj

sábado, 29 de octubre de 2016

PARECE UN LUGAR COMÚN

Monagas no fue el único
Jose Alberto Olivar

Las violentas imágenes de grupos armados asaltando el recinto parlamentario, hicieron recordar a varios, a un tal Monagas y los sucesos del muy lejano 24 de enero de 1848. ¡Oh Monagas, siempre Monagas! No hay duda que su impronta nefasta quedó grabada para siempre en los anales de la accidentada historia institucional de Venezuela.
Pero aquel no fue el único en acometer embestidas contra la institución que por excelencia constituye el principal foro político de la República, léase el Poder Legislativo Nacional. Otro mandamás, aspirante a inscribir su nombre en la larga lista de dictadorzuelos que han plagado esta tierra, hizo lo suyo para cercenar de un tajo la incómoda faena de lidiar con un parlamento contrario a sus intereses. Ese fue el Dr. Raimundo Andueza Palacio, presidente de la República entre 1890 y 1892.
Certeramente calificó el historiador Ramón J. Velásquez, como “la gran crisis de 1892”, el choque de poderes que padeció Venezuela aquel turbulento año. Andueza Palacio se había empeñado en reformar la Constitución vigente de la época, para prolongar su estancia en el solio presidencial. Sus amigos en el Congreso, maniobraron para complacerle el antojo, pero ante la negativa contundente de una fracción cada vez más creciente de Senadores y Diputados, Andueza Palacio mostró su enfado y amenazó con no separarse del cargo al término de su período presidencial, que de acuerdo a la letra constitucional fenecía el 20 de febrero de ese año.
Ante aquel abierto desafío, los parlamentarios opuestos al presidente Andueza Palacio, levantaron la bandera del legalismo y exigieron respeto a la alternabilidad republicana, conminando a los partidarios oficialistas a dejar en entera libertad al Congreso para cumplir sus funciones y designar a un nuevo Presidente de la República. A medida que pasaban los días, la situación se fue agudizando, hasta que Andueza Palacio hizo publicar una proclama en la Gaceta Oficial en la que participaba a los venezolanos “… que se veía en el deber de permanecer en el ejercicio de la Presidencia ante una tenebrosa conspiración de la impenitente oligarquía”. De igual modo dio la orden de apresar a los parlamentarios de oposición, con lo cual disolvía de hecho el Congreso.
Los periódicos antigubernamentales fueron clausurados y la represión tomo cuerpo en todo el país. La dictadura mostró su rostro sin ambages.
En vista del descarado autogolpe, los magistrados del Poder Judicial se rehusaron a reconocer al usurpador Andueza Palacio y declararon suspendidas las actividades tribunalicias, hasta tanto no fuese restablecido el orden constitucional. La guerra había estallado y al frente estaba el senador y ex presidente, general Joaquín Crespo, quien salió en defensa del malogrado Congreso, blandiendo su espada para derrocar a Andueza y su séquito de adulantes.
Entre tanto en el palacio de gobierno, bullía la improvisación, dado que Andueza Palacio jamás había comandado una campaña militar, por lo que quedó prácticamente prisionero de los jefes militares que decían respaldarlo. La tensión fue in crescendo en medio de altibajos que pronto menguaron el aparente poderío del gobierno.
De manera que comenzó a tomar fuerza en el seno del oficialismo, la idea de solicitar la renuncia del presidente Andueza Palacio. Este se negó hasta el último momento, pero ante la contundente exigencia de su Ministro de Guerra y Marina y del jefe del Ejército Nacional,  Andueza Palacio se separó de la presidencia y tomó el camino del exilio.
Parece un lugar común, pero ese, es tarde o temprano, el final de los dictadores. Tamaña lección nos da la Historia para vernos en el espejo del presente y sacudirnos el yugo de la indolencia  y el colaboracionismo.

Fuente:
http://www.lapatilla.com/site/2016/10/24/jose-alberto-olivar-monagas-no-fue-el-unico/