Caos
Hermann Alvino
Que en general el mundo es complejo ha sido cosa sabida desde siempre, lo que en cambio solo se vino a conocer con cierto fundamento en las recientes décadas ha sido la componente caótica escondida dentro de dicha complejidad.
Para entendernos, no tiene gracia definir como caótico a un fenómeno físico o social que de partida lo es; en cambio sí la tiene descubrir cuándo y cómo un determinado proceso, que a todas luces parece simple, ordinario y predecible en un lapso de duración razonable, inicia a comportarse de manera desordenada e impredecible, esto es, caóticamente.
Por ejemplo, en 1976 el biólogo Robert May presentó una ecuación para predecir poblaciones de peces variando la tasa de crecimiento poblacional, la cual dentro de un rango inicial y creciente de valores arroja una población igualmente creciente, hasta que de repente, al adquirir dicha tasa de cambio una cifra determinada, el comportamiento poblacional se enloquece – http://www.physicscentral.com/explore/action/chaos.cfm
Los astrónomos en su momento también comprobaron que es muy sencillo aplicar las leyes newtonianas para predecir la ubicación de dos cuerpos celestes, por ejemplo la Tierra y la Luna, para luego asistir impotentes al caos e imposibilidad de toda predicción orbital, si en vez de dos cuerpos sometidos a recíproca gravedad hubiese tres.
La clave para comprender las razones del caos es el concepto de retroalimentación –feedback-, el cual no depende de si un sistema se comporta de forma lineal –como esa pesa que se estira proporcionalmente a como vamos engordando con los años- o no lineal –como la curva que describe la pelota durante un jonrón-, sino que es parte inseparable de la naturaleza misma del fenómeno. No se trata solamente de que toda acción conllevará una reacción, sino que ésta puede cobrar múltiples formas y magnitudes, dando lugar así al conocido efecto mariposa –el famoso coleóptero que a la larga termina provocando un huracán al otro lado del océano-; puesto que siendo esos sistemas muy sensibles a las condiciones iniciales, el feedback que esas mismas formas y magnitudes van produciendo terminará por transformarlas de manera impredecible.
Lejos de la abstracción matemática, hay una complejidad social que es la causante de ciclos de felicidad y sufrimiento. Unos ejemplos de ello pueden ser la Paz de Wesfalia y la hiperinflación alemana luego de la Primera Guerra Mundial.
La Paz de Wesfalia fue la firma de dos tratados para darle finiquito a la guerra de los Treinta Años en Alemania y la de los Ochenta Años entre España y los Países Bajos; saltándonos todos los detalles que pueden leerse en https://es.wikipedia.org/wiki/Paz_de_Westfalia-, esos dos eventos consagraron por primera vez desde la Antigüedad tanto el principio de soberanía territorial como el de no injerencia en asuntos internos, de manera que cada soberano podía imponerle a placer a su pueblo –es un decir…- tanto la religión como las condiciones de vida, sin que los vecinos metieran las narices en esos asuntos.
Por supuesto que desde ese año de 1648 hasta la actualidad las guerras confirman que esa intención no fue precisamente respetada, pero el punto que nos concierne acá fue la actitud de Inglaterra como potencia marítima con la vista puesta en el Continente, la cual cambiaba a placer de alianzas para contrarrestar cualquier fortalecimiento de una que otra potencia que emergía en solitario y que arrastraba tras de sí a otros países de la región.
La geopolítica inglesa entonces es un perfecto ejemplo de retroalimentación de un sistema de pueblos y naciones infinitamente complejo y de conducta impredecible.
Otro ejemplo igualmente interesante y extraño fue el financiamiento norteamericano a la Alemania derrotada en la Primera Guerra Mundial. EEUU tomó buena nota sobre el estado relativamente intacto de la industria germana -aun luego de su derrota- además de ser la más adelantada de su tiempo. Esa condición disminuía el riesgo de prestarle dinero, un capital que Alemania utilizaba para generar esa riqueza que a su vez servía para pagar las reparaciones de guerra a las potencias vencedoras de esa guerra, las cuales por su parte las utilizaban para pagarle a EEUU sus préstamos para que pudieran ganar la contienda.
EEUU entonces, en una suerte de círculo algo laberíntico, al financiar a los alemanes en el fondo estaba recuperando lo prestado a sus rivales; pero el círculo se quebró cuando el generalato alemán quiso tomar un atajo imprimiendo dinero sin respaldo, creando así las bases de la hiperinflación y el descontento que a la postre hicieron posible el nazismo, en una suerte de degeneración de un sistema cuyo flujo de riqueza y retroalimentación funcionaron perfectamente hasta que se introdujo la variable del dinero sin respaldo.
Otro ejemplo de un sistema que funciona muy bien hasta que realmente se lo puso a prueba lo tenemos en la actual España, donde las virtudes de su régimen parlamentario y electoral ya no parecen tales a causa de ese algoritmo de adjudicación de diputados que configuró un cuadro de diputados incapaz de disponer de una mayoría siquiera débil –mucho menos estable- para formar gobierno.
Igualmente tenemos al frente la próxima convención del Partido Republicano de EEUU, un evento diseñado para consagrar a quien cruza sus puertas teniendo en la mano la mayoría absoluta de delegados, y que ahora parece que no será así, al punto que nadie sabe qué pasará si éste fuere el caso. Otro ejemplo de un sistema diseñado para funcionar plácidamente, pero que en su misma esencia incluye una posibilidad caótica.
La constitución bolivariana –se me permitan las letras minúsculas-, es otro caso de caos implícito, puesto que mientras estaba Chávez para interpretarla y violarla como le diese la gana ésta resistía el paso del tiempo, pero es ahora, con un chavismo sin el poder absoluto, cuando sale a relucir esa faceta caótica de su redacción, incapaz de resolver un conflicto serio de poderes públicos. Lo mismo vale para la democracia prechavista, cuando un aleteo social que fue descuidado por la élite gobernante fue tomando cuerpo y generando retroalimentaciones para a la postre producir el Caracazo; o una laxitud de dicha élite que conllevó a la defenestración de CAP II y terminó por destrozar la credibilidad de toda ella, para abrirle las puertas a Chávez.
Ejemplos de complejidad impícita y feedback nefastos sobran: conflicto en Ucrania, retoma rusa de Crimea, el camino hacia el holocausto nuclear que pasito a pasito recorre Corea del Norte, el ascenso de la clase media china que llegará a un punto de inflexión de desenlace impredecible, y por supuesto la fusión de los hielos de los polos, que por ahora simula ser lineal –una fracción de grado conlleva a licuar una cantidad proporcional de hielo-, hasta que deje de serlo para transformarse casi instantáneamente en exponencial, o sea en algo horroso para todos.
Caos puro y duro pues, complementado con el asunto de la retroalimentación, porque si hay algo más complejo que las altas matemáticas es el ser humano, especialmente cuado accede al poder; por ello comprender o al menos aproximarse a la complejidad de un sistema físico o social es indispensable para poder abordarlo con alguna posibilidad de éxito.
Visto así entonces, el lector puede ponerle nombre a cada uno de los integrantes de la legión de ignorantes que gobiernan al mundo, desde quienes lo han hecho siguiendo textos religiosos al pie de la letra, hasta los que actúan desde la simpleza de la tiranía y de la riqueza fácil escondida detrás de los testaferros panameños. La lista es infinita, y su daño está a la vista.
Y si el lector vive en Venezuela, entonces podrá poner en perspectiva por qué no tiene ni electricidad ni agua, y también podrá aprehender a plenitud -cuando estalle-, ese feedback popular que en cualquier momento puede decidir ponerse en marcha.
Fuente:
https://vivalapolitica.wordpress.com/2016/04/04/caos/
Ilustración: http://www.el-nacional.com/politica/iThe-Economisti-fin-juego-Venezuela_0_788321174.html
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lunes, 4 de abril de 2016
viernes, 18 de diciembre de 2015
viernes, 31 de julio de 2015
TODO TIENE SU FINAL
EL NACIONAL, 31 de julio de 2015
Crónica del caos y la improvisación
Marcelino Bisbal
En astrofísica se ha desarrollado una teoría que se ha dado en llamar “teoría del caos”, la cual ha originado todo un estudio acerca de las irregularidades y el desorden en que se encuentra el universo como parte de la realidad. En la naturaleza, por supuesto que en la vida como un todo, existen irregularidades y fenómenos complejos que hacen que nuestra percepción de las cosas resulte inacabada, por decir lo menos. En tal sentido, se ha configurado una disciplina que propone estudiar la existencia desde un nuevo modo que consiste en aceptar al mundo tal cual es y tal cual se nos presenta.
Desde la Caología, así se le llama al estudio del caos, el mundo visto como sistema es caótico, flexible y no lineal y está impregnado de caos ordenado. Conceptos como la no linealidad, el efecto mariposa y la complejidad de la vida y su conocimiento constituyen categorías, mejor paradigmas, para entender y explicar el orden como un desorden armonioso. La película El efecto mariposa escrita y dirigida por Eric Bress es una buena muestra del intento de explicar, en imágenes, lo que nos plantea esta teoría: “El aleteo de una simple mariposa puede provocar un tsunami al otro lado del mundo”.
Carlos Monsiváis en un excelente libro de crónicas, Los rituales del caos, nos dice que en este se inicia el perfeccionamiento del orden. Si esto en algún momento, en relación directa con el universo-mundo, fue y pareciera ser cierto, en la realidad venezolana ha dejado de serlo. ¿Se puede extrapolar la teoría del caos para explicar nuestro caos? ¿Podemos aceptar nuestro desorden, nuestro caos tal como se da, renunciando a la ilusión de un mejor país como realizable y previsible?
En estos diecisiete años del gobierno, primero con Chávez y ahora con Maduro, la vida del país se ha convertido en un “feroz desorden”. Desde el poder se ha venido imponiendo la raíz de ese desorden, de la improvisación y de la incapacidad llevada a extremos inimaginables: proyectos que han ido y venido; políticas públicas que se contradicen entre sí; planes que no atienden al mínimo sentido común; la improvisación como método para atender las urgencias; los operativos que confluyen en las llamadas misiones llenas de voluntarismo pero de mucha incapacidad para atender las realidades; la creación de nuevos poderes públicos como intento de refundar al país; la ideología como instrumento para explicarlo todo y polarizar, incluso para producir exclusiones y marcar diferencias… En fin, esos rituales marcados políticamente han servido para mostrarnos el fracaso rotundo del régimen. Otra vez el mexicano Monsiváis acude para que intentemos entender: “El desorden se aquieta, las multitudes admiten las disciplinas del pasmo, y tiene lugar la mezcla perfecta de imposición autocrática y nivelación democrática”.
La antropóloga Paola Vásquez nos ofrece una gran investigación para que podamos explicarnos la tragedia de 1999, en el momento mismo en que Hugo Chávez salía triunfante por la aprobación de la nueva Constitución, cuando se dio el llamado deslave por las copiosas lluvias que se precipitaron desde el 11 de diciembre. Aquello fue nombrado por los medios y el discurso presidencial como “La tragedia”. El estudio se tituló Poder y catástrofe. Venezuela bajo la tragedia de 1999 (Editorial Taurus, 1999). En la investigación la antropóloga demuestra, entre muchos aspectos, “la manera en que se atribuyen y distribuyen las responsabilidades en las instituciones del Estado” y “la justificación política de la militarización”.
Desde ese trabajo pudiéramos entender lo ocurrido la semana que ha transcurrido en la carretera Panamericana. Estas son las imágenes vistas:
–Jueves 23 de julio. A la altura del kilómetro 4. Un grupo de familias portaban una pancarta: “Presidente Nicolás Maduro, nosotros lo apoyamos con el voto. Están montados ahí gracias a nosotros. Pedimos su ayuda”.
–Viernes 24 de julio. Funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana, del Servicio Bolivariano de Inteligencia, de la Guardia Nacional Bolivariana y gran cantidad de maquinaria pesada se hacen presentes para proceder al desalojo. No hay paso hacia Caracas. Los vecinos del lugar, El Cují, manifiestan por la acción llevada a cabo y se niegan a ir a los refugios. Desde el poder se les llama “ocupantes ilegales”. El operativo responde a la Operación Liberación del Pueblo que adelanta el Ministerio de Interior y Justicia. Estábamos celebrando 448 años de la fundación de Caracas, además del natalicio de Simón Bolívar.
–Sábado 25 de julio. Sigue cerrada la carretera Panamericana. Despliegue del Ejército, Infantería de Marina, GNB, PNB, Sebin… Camiones militares, tanquetas antimotines… Habitantes del lugar y desalojados observan impasibles la escena. No pueden hacer nada, sino mirar cómo las paredes y techos de sus viviendas son destrozadas y ruedan por la montaña. La gente no renuncia a su espacio, no tienen otro sitio adonde ir, y en rigor, no quieren ir a otro sitio.
Aludamos ahora a un intento de comprender:
–Estos “ocupantes ilegales” están en el lugar desde hace seis años. Se instalan allí con apoyo de las autoridades. Se les hizo vías de acceso, escalinatas, terrazas… Las autoridades estaban al tanto del surgimiento de ese barrio. Se les dejó construir viviendas bien edificadas. Hasta tenían legalizado su consejo comunal, Emmanuel.
–Algunos testimonios de los desalojados: “Esto nos agarró por sorpresa a todos los vecinos, pues somos una comunidad organizada como lo establece la Constitución. Nos parece muy extraño la medida, venga de donde venga, no sabemos quién la tomó”. Otro habitante: “Nunca se sentaron a conversar con nosotros. Aquí hay muchos niños… A las mujeres nos han agredido y se las llevaron presas por defender lo que es nuestro”. Uno más: “Se están llevando a las familias engañadas y luego la GNB dice que no les sale refugio porque nos califican de invasores”.
–La voz oficial. La del ministro del Interior, Justicia y Paz: “Estos despliegues, apegados a las leyes, son para la protección de los ciudadanos. Este es un trabajo pueblo-pueblo; pueblo-soldado, contra las bandas criminales que atentan contra la paz, el amor y la fe”. También se ha dicho que los terrenos serán utilizados para el proyecto de construcción del Parque Hugo Chávez Frías.
¿Por qué ese ensañamiento? ¿Por qué se les dejó invadir unos terrenos? ¿Por qué se les ayudó y aupó desde instancias gubernamentales? ¿Qué ocurrió ahora para llevar a cabo tal operativo militarizado? ¿Por qué se aludió a temas como la seguridad, la protección, la reubicación? ¿Por qué?
Cualquier explicación resulta incierta. Lo que sí está claro es que la teoría del caos no funciona para explicarnos y descifrarnos este des-orden militarizado que nos gobierna a los venezolanos. Estas escenas que se dieron en la carretera Panamericana y las que se darán en los meses y días siguientes, nos están hablando de aquello que nos dice la canción de Héctor Lavoe: “Todo tiene su final, nada dura para siempre, tenemos que recordar que no existe eternidad”.
Crónica del caos y la improvisación
Marcelino Bisbal
En astrofísica se ha desarrollado una teoría que se ha dado en llamar “teoría del caos”, la cual ha originado todo un estudio acerca de las irregularidades y el desorden en que se encuentra el universo como parte de la realidad. En la naturaleza, por supuesto que en la vida como un todo, existen irregularidades y fenómenos complejos que hacen que nuestra percepción de las cosas resulte inacabada, por decir lo menos. En tal sentido, se ha configurado una disciplina que propone estudiar la existencia desde un nuevo modo que consiste en aceptar al mundo tal cual es y tal cual se nos presenta.
Desde la Caología, así se le llama al estudio del caos, el mundo visto como sistema es caótico, flexible y no lineal y está impregnado de caos ordenado. Conceptos como la no linealidad, el efecto mariposa y la complejidad de la vida y su conocimiento constituyen categorías, mejor paradigmas, para entender y explicar el orden como un desorden armonioso. La película El efecto mariposa escrita y dirigida por Eric Bress es una buena muestra del intento de explicar, en imágenes, lo que nos plantea esta teoría: “El aleteo de una simple mariposa puede provocar un tsunami al otro lado del mundo”.
Carlos Monsiváis en un excelente libro de crónicas, Los rituales del caos, nos dice que en este se inicia el perfeccionamiento del orden. Si esto en algún momento, en relación directa con el universo-mundo, fue y pareciera ser cierto, en la realidad venezolana ha dejado de serlo. ¿Se puede extrapolar la teoría del caos para explicar nuestro caos? ¿Podemos aceptar nuestro desorden, nuestro caos tal como se da, renunciando a la ilusión de un mejor país como realizable y previsible?
En estos diecisiete años del gobierno, primero con Chávez y ahora con Maduro, la vida del país se ha convertido en un “feroz desorden”. Desde el poder se ha venido imponiendo la raíz de ese desorden, de la improvisación y de la incapacidad llevada a extremos inimaginables: proyectos que han ido y venido; políticas públicas que se contradicen entre sí; planes que no atienden al mínimo sentido común; la improvisación como método para atender las urgencias; los operativos que confluyen en las llamadas misiones llenas de voluntarismo pero de mucha incapacidad para atender las realidades; la creación de nuevos poderes públicos como intento de refundar al país; la ideología como instrumento para explicarlo todo y polarizar, incluso para producir exclusiones y marcar diferencias… En fin, esos rituales marcados políticamente han servido para mostrarnos el fracaso rotundo del régimen. Otra vez el mexicano Monsiváis acude para que intentemos entender: “El desorden se aquieta, las multitudes admiten las disciplinas del pasmo, y tiene lugar la mezcla perfecta de imposición autocrática y nivelación democrática”.
La antropóloga Paola Vásquez nos ofrece una gran investigación para que podamos explicarnos la tragedia de 1999, en el momento mismo en que Hugo Chávez salía triunfante por la aprobación de la nueva Constitución, cuando se dio el llamado deslave por las copiosas lluvias que se precipitaron desde el 11 de diciembre. Aquello fue nombrado por los medios y el discurso presidencial como “La tragedia”. El estudio se tituló Poder y catástrofe. Venezuela bajo la tragedia de 1999 (Editorial Taurus, 1999). En la investigación la antropóloga demuestra, entre muchos aspectos, “la manera en que se atribuyen y distribuyen las responsabilidades en las instituciones del Estado” y “la justificación política de la militarización”.
Desde ese trabajo pudiéramos entender lo ocurrido la semana que ha transcurrido en la carretera Panamericana. Estas son las imágenes vistas:
–Jueves 23 de julio. A la altura del kilómetro 4. Un grupo de familias portaban una pancarta: “Presidente Nicolás Maduro, nosotros lo apoyamos con el voto. Están montados ahí gracias a nosotros. Pedimos su ayuda”.
–Viernes 24 de julio. Funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana, del Servicio Bolivariano de Inteligencia, de la Guardia Nacional Bolivariana y gran cantidad de maquinaria pesada se hacen presentes para proceder al desalojo. No hay paso hacia Caracas. Los vecinos del lugar, El Cují, manifiestan por la acción llevada a cabo y se niegan a ir a los refugios. Desde el poder se les llama “ocupantes ilegales”. El operativo responde a la Operación Liberación del Pueblo que adelanta el Ministerio de Interior y Justicia. Estábamos celebrando 448 años de la fundación de Caracas, además del natalicio de Simón Bolívar.
–Sábado 25 de julio. Sigue cerrada la carretera Panamericana. Despliegue del Ejército, Infantería de Marina, GNB, PNB, Sebin… Camiones militares, tanquetas antimotines… Habitantes del lugar y desalojados observan impasibles la escena. No pueden hacer nada, sino mirar cómo las paredes y techos de sus viviendas son destrozadas y ruedan por la montaña. La gente no renuncia a su espacio, no tienen otro sitio adonde ir, y en rigor, no quieren ir a otro sitio.
Aludamos ahora a un intento de comprender:
–Estos “ocupantes ilegales” están en el lugar desde hace seis años. Se instalan allí con apoyo de las autoridades. Se les hizo vías de acceso, escalinatas, terrazas… Las autoridades estaban al tanto del surgimiento de ese barrio. Se les dejó construir viviendas bien edificadas. Hasta tenían legalizado su consejo comunal, Emmanuel.
–Algunos testimonios de los desalojados: “Esto nos agarró por sorpresa a todos los vecinos, pues somos una comunidad organizada como lo establece la Constitución. Nos parece muy extraño la medida, venga de donde venga, no sabemos quién la tomó”. Otro habitante: “Nunca se sentaron a conversar con nosotros. Aquí hay muchos niños… A las mujeres nos han agredido y se las llevaron presas por defender lo que es nuestro”. Uno más: “Se están llevando a las familias engañadas y luego la GNB dice que no les sale refugio porque nos califican de invasores”.
–La voz oficial. La del ministro del Interior, Justicia y Paz: “Estos despliegues, apegados a las leyes, son para la protección de los ciudadanos. Este es un trabajo pueblo-pueblo; pueblo-soldado, contra las bandas criminales que atentan contra la paz, el amor y la fe”. También se ha dicho que los terrenos serán utilizados para el proyecto de construcción del Parque Hugo Chávez Frías.
¿Por qué ese ensañamiento? ¿Por qué se les dejó invadir unos terrenos? ¿Por qué se les ayudó y aupó desde instancias gubernamentales? ¿Qué ocurrió ahora para llevar a cabo tal operativo militarizado? ¿Por qué se aludió a temas como la seguridad, la protección, la reubicación? ¿Por qué?
Cualquier explicación resulta incierta. Lo que sí está claro es que la teoría del caos no funciona para explicarnos y descifrarnos este des-orden militarizado que nos gobierna a los venezolanos. Estas escenas que se dieron en la carretera Panamericana y las que se darán en los meses y días siguientes, nos están hablando de aquello que nos dice la canción de Héctor Lavoe: “Todo tiene su final, nada dura para siempre, tenemos que recordar que no existe eternidad”.
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viernes, 27 de marzo de 2015
DE LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LAINFORMACIÓN
EL NACIONAL, Caracas, 27 de marzo de 2015
Escenarios del caos
Marcelino Bisbal
I
Las noticias se suceden una tras otra. No hay tiempo, ni tranquilidad, para digerirlas. Cuando queremos profundizar y llegar hasta el detalle del hecho, ya viene inmediatamente otra información que arropa a la anterior y nos olvidamos de la primera y pasamos a la siguiente. Es como un torbellino ante el cual no hay resistencia posible. Un torbellino noticioso. Cada día, sin exagerar, hay una construcción informativa del país, de su gobierno, de los problemas que nos aquejan a los venezolanos. Porque, como dicen los estudiosos del tema: los acontecimientos sociales existen solo en la medida en que los medios de comunicación los constituyen como tales. La información, convertida en noticia, transforma los sucesos en hechos públicos abiertos a la discusión, a la interpretación, a la toma de posición.
II
Hay quienes dicen que el país actual se parece a una telenovela, es decir, a un melodrama televisivo. Un melodrama que cuenta lo que está pasando en la vida o algún aspecto de ella, pero dramatizándolo, exagerándolo. La telenovela convierte algún aspecto de la vida diaria en una experiencia cultural individual y familiar. Si la información es una estrategia de comunicabilidad, la telenovela como género también goza de ese privilegio.
III
Ni en los procesos de construcción social de la información, ni en la puesta en escena de las telenovelas a través de la dramatización se da la objetividad. Esta es un mito. Tanto el melodrama televisivo como la noticias son productos del proceso de elaboración de quien ejerce el oficio; bien del periodista o del escritor de televisión. Lo que leemos en la prensa, lo que escuchamos todos los días a través de la radio, lo que vemos en las pantallas del televisor, o ahora lo recepcionado por intermedio de eso que llaman los nuevos medios –producto de Internet y de las tecnologías digitales– solo existe en la medida que esos profesionales lo elaboran o lo resemantizan simbólicamente.
IV
Aquí, los últimos acontecimientos ocurridos en nuestro país. Veamos cómo ha sido la producción noticiosa de la muerte del señor Rodolfo González, a quien el presidente Maduro llamó el Aviador y que en cadena nacional, sin que mediara ninguna prueba tangible, solo la palabra de eso que llaman “un patriota cooperante” (un sapo, como decimos en criollo) que nadie conoce, lo acusó como “uno de los cabecillas del golpe de Estado que se estaba fraguando el pasado 12 de febrero (2014)”.
No hubo cadena nacional para referirse al trágico hecho. Los medios gubernamentales no emitieron titular alguno. Silencio. Por lo tanto, para el gobierno el hecho no ocurrió. Por otra parte, un sector de los medios privados, hoy autocensurados, fueron asépticos; es decir, no identificaron en el relato las causas de lo ocurrido. Postura aparente de neutralidad frente al suceso que se informa.
Otro hecho informativo. En este el gobierno sí intervino informativamente hablando, y lo sigue haciendo, de manera afanosa. Discursos que van, vienen, y que se repiten. Frenesí antimperialista. Se trata del decreto firmado por el presidente Barack Obama imponiendo sanciones a seis militares generales y a la fiscal 20 provisoria (recomendamos la lectura del trabajo de Poderopedia acerca de los sancionados, en Tal Cual del 14 y 15 de marzo). Discursos inflamados de narrativa nacionalista, patriotera y del “yankee go home!”. El señor Nicolás Maduro, dado a los sobrenombres, llamó al presidente de Estados Unidos “Frankenstein, un monstruo”. Muchas cadenas nacionales se están dando. ¿Cuánto le cuesta al país toda esta telenovela que se ha montado? Por ejemplo, la cadena del 15 de marzo, que duró 1 hora y 58 minutos, se presentó con el rimbombante título de “Unidad nacional contra la agresión imperialista”. Su costo, según Monitor Ciudadano, usando las tarifas de la televisión comercial, fue de 30.235.986 bolívares (unos 5 millones de dólares al cambio oficial de 6,30). También hubo una carta dirigida a Obama, publicada en The New York Times a página completa. Se ha dicho que esa carta/remitido tuvo un costo de 178.633 dólares. Se calcula, según informe de la periodista Gaby Castellanos, que el gobierno se ha gastado, solo en una semana, casi 290.000 dólares en contrainformación del tipo avisos de prensa, remitidos y piezas publicitarias en diversos soportes en medios nacionales.
¿Qué se ha dicho desde Miraflores de los 4.200 millones de dólares depositados en una filial española del Banco de Andorra? ¿Qué se ha informado en cadena nacional, desde el Minci, o desde la Cancillería, sobre los 16.800 millones de dólares que manejaban altos funcionarios y ex funcionarios del gobierno depositados en el Banco de Andorra, en el HSBC (en Suiza) y en el Banco Paravia (en República Dominicana)? ¿Se dijo algo en la Expo Venezuela de Verdad, que se llevó a cabo en el Teatro Fernando Rojas de Madrid? Como dijo Alberto Barrera en el diario El Nacional: “Es mejor hablar de la invasión gringa que de la corrupción bolivariana”. Es mejor seguir hablando de imperialismo que de la inflación que en 2014 llegó casi a 70%, una de las más altas del mundo. Es mejor mantener silencio sobre la caída del ingreso, de la falta de divisas, o de la devaluación de la moneda en 3.823%. Mejor escribir páginas enteras sobre las muertes ocurridas como producto de las intervenciones norteamericanas en nuestra región, que escribir acerca los 25.000 homicidios registrados en 2014 a una tasa de 82 muertes violentas por cada 100.000 habitantes, como una de las más altas del planeta…
V
A pesar de todas las restricciones a los medios, de la aparente objetividad de algunos que han renunciado a la responsabilidad que implica decir la verdad, a la falta de ética periodística de comunicadores-docentes universitarios que prefieren callar y censurar la información incómoda al poder, a pesar de… los pocos medios que todavía se atreven van construyendo la información del acontecer y de la realidad cuando hacen un buen periodismo de investigación y cuando informan lo que de verdad está ocurriendo en nuestro país.
Estas escenas del caos, con sus respectivos rituales de la información y del melodrama, en el que está sumido el país pueden significar –en palabras de Monsiváis– muy pronto una fuerza liberadora. Porque la dictadura del des-orden con el que convivimos no puede durar mucho más tiempo.
Fuente: http://www.el-nacional.com/marcelino_bisbal/Escenarios-caos_0_598740292.html
Escenarios del caos
Marcelino Bisbal
I
Las noticias se suceden una tras otra. No hay tiempo, ni tranquilidad, para digerirlas. Cuando queremos profundizar y llegar hasta el detalle del hecho, ya viene inmediatamente otra información que arropa a la anterior y nos olvidamos de la primera y pasamos a la siguiente. Es como un torbellino ante el cual no hay resistencia posible. Un torbellino noticioso. Cada día, sin exagerar, hay una construcción informativa del país, de su gobierno, de los problemas que nos aquejan a los venezolanos. Porque, como dicen los estudiosos del tema: los acontecimientos sociales existen solo en la medida en que los medios de comunicación los constituyen como tales. La información, convertida en noticia, transforma los sucesos en hechos públicos abiertos a la discusión, a la interpretación, a la toma de posición.
II
Hay quienes dicen que el país actual se parece a una telenovela, es decir, a un melodrama televisivo. Un melodrama que cuenta lo que está pasando en la vida o algún aspecto de ella, pero dramatizándolo, exagerándolo. La telenovela convierte algún aspecto de la vida diaria en una experiencia cultural individual y familiar. Si la información es una estrategia de comunicabilidad, la telenovela como género también goza de ese privilegio.
III
Ni en los procesos de construcción social de la información, ni en la puesta en escena de las telenovelas a través de la dramatización se da la objetividad. Esta es un mito. Tanto el melodrama televisivo como la noticias son productos del proceso de elaboración de quien ejerce el oficio; bien del periodista o del escritor de televisión. Lo que leemos en la prensa, lo que escuchamos todos los días a través de la radio, lo que vemos en las pantallas del televisor, o ahora lo recepcionado por intermedio de eso que llaman los nuevos medios –producto de Internet y de las tecnologías digitales– solo existe en la medida que esos profesionales lo elaboran o lo resemantizan simbólicamente.
IV
Aquí, los últimos acontecimientos ocurridos en nuestro país. Veamos cómo ha sido la producción noticiosa de la muerte del señor Rodolfo González, a quien el presidente Maduro llamó el Aviador y que en cadena nacional, sin que mediara ninguna prueba tangible, solo la palabra de eso que llaman “un patriota cooperante” (un sapo, como decimos en criollo) que nadie conoce, lo acusó como “uno de los cabecillas del golpe de Estado que se estaba fraguando el pasado 12 de febrero (2014)”.
No hubo cadena nacional para referirse al trágico hecho. Los medios gubernamentales no emitieron titular alguno. Silencio. Por lo tanto, para el gobierno el hecho no ocurrió. Por otra parte, un sector de los medios privados, hoy autocensurados, fueron asépticos; es decir, no identificaron en el relato las causas de lo ocurrido. Postura aparente de neutralidad frente al suceso que se informa.
Otro hecho informativo. En este el gobierno sí intervino informativamente hablando, y lo sigue haciendo, de manera afanosa. Discursos que van, vienen, y que se repiten. Frenesí antimperialista. Se trata del decreto firmado por el presidente Barack Obama imponiendo sanciones a seis militares generales y a la fiscal 20 provisoria (recomendamos la lectura del trabajo de Poderopedia acerca de los sancionados, en Tal Cual del 14 y 15 de marzo). Discursos inflamados de narrativa nacionalista, patriotera y del “yankee go home!”. El señor Nicolás Maduro, dado a los sobrenombres, llamó al presidente de Estados Unidos “Frankenstein, un monstruo”. Muchas cadenas nacionales se están dando. ¿Cuánto le cuesta al país toda esta telenovela que se ha montado? Por ejemplo, la cadena del 15 de marzo, que duró 1 hora y 58 minutos, se presentó con el rimbombante título de “Unidad nacional contra la agresión imperialista”. Su costo, según Monitor Ciudadano, usando las tarifas de la televisión comercial, fue de 30.235.986 bolívares (unos 5 millones de dólares al cambio oficial de 6,30). También hubo una carta dirigida a Obama, publicada en The New York Times a página completa. Se ha dicho que esa carta/remitido tuvo un costo de 178.633 dólares. Se calcula, según informe de la periodista Gaby Castellanos, que el gobierno se ha gastado, solo en una semana, casi 290.000 dólares en contrainformación del tipo avisos de prensa, remitidos y piezas publicitarias en diversos soportes en medios nacionales.
¿Qué se ha dicho desde Miraflores de los 4.200 millones de dólares depositados en una filial española del Banco de Andorra? ¿Qué se ha informado en cadena nacional, desde el Minci, o desde la Cancillería, sobre los 16.800 millones de dólares que manejaban altos funcionarios y ex funcionarios del gobierno depositados en el Banco de Andorra, en el HSBC (en Suiza) y en el Banco Paravia (en República Dominicana)? ¿Se dijo algo en la Expo Venezuela de Verdad, que se llevó a cabo en el Teatro Fernando Rojas de Madrid? Como dijo Alberto Barrera en el diario El Nacional: “Es mejor hablar de la invasión gringa que de la corrupción bolivariana”. Es mejor seguir hablando de imperialismo que de la inflación que en 2014 llegó casi a 70%, una de las más altas del mundo. Es mejor mantener silencio sobre la caída del ingreso, de la falta de divisas, o de la devaluación de la moneda en 3.823%. Mejor escribir páginas enteras sobre las muertes ocurridas como producto de las intervenciones norteamericanas en nuestra región, que escribir acerca los 25.000 homicidios registrados en 2014 a una tasa de 82 muertes violentas por cada 100.000 habitantes, como una de las más altas del planeta…
V
A pesar de todas las restricciones a los medios, de la aparente objetividad de algunos que han renunciado a la responsabilidad que implica decir la verdad, a la falta de ética periodística de comunicadores-docentes universitarios que prefieren callar y censurar la información incómoda al poder, a pesar de… los pocos medios que todavía se atreven van construyendo la información del acontecer y de la realidad cuando hacen un buen periodismo de investigación y cuando informan lo que de verdad está ocurriendo en nuestro país.
Estas escenas del caos, con sus respectivos rituales de la información y del melodrama, en el que está sumido el país pueden significar –en palabras de Monsiváis– muy pronto una fuerza liberadora. Porque la dictadura del des-orden con el que convivimos no puede durar mucho más tiempo.
Fuente: http://www.el-nacional.com/marcelino_bisbal/Escenarios-caos_0_598740292.html
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