Del abdicante y entrante
Luis Barragán
Consabida, la abdicación de Juan Carlos parece abrir un nuevo sendero en la península que recibirá a Felipe como rey. Está inmediatamente precedida por el escándalo de los negocios familiares y hasta de la afición por la caza de elefantes, aunque la sola conducta que ejemplificó aquél con la intentona de Tejero, parece compensarlo.
Franco encabezó un larguísimo período de transición que, al exaltar a la España Sacra e Imperial, desconociendo a Juan de Borbón, a la postre convirtió en monarca a su hijo. Y a éste, le tocó sortear las más variadas dificultades para contribuir al establecimiento de una democracia que, suele olvidarse, tuvo por pilar los fructíferos pactos de La Moncloa.
De Felipe de Asturias sabemos por su frecuente participación en los actos de transferencia del poder en América Latina, amén de sus discursos con motivo de la concesión de los acreditados premios anuales que llevan su nombre. Empero, retenemos todavía la imagen del imperturbable príncipe que se apersonó en el propio escenario de la tragedia acaecida en el estado Vargas, años atrás, frente a la incontinencia verbal de Chávez Frías, trastocado el padre Borbón en casi un compañero de los juegos de dominó o bolas criollas, faltando a una mínima y deseable formalidad de Estado.
Obra a favor del heredero, una prolongada preparación y un sentido de sobriedad que echamos de menos en este lado del mundo. Sin dudas, requisitos indispensables para perfeccionar el olfato político y entrarle a materias tan arriesgadas como Catalunya, la crisis económica o la reforma constitucional, por no mencionar el creciente sentimiento republicano, también marcado desastrosamente por la historia y que, además, simpatizándonos, lo sabemos también una ventana para proyectos que muy luego lo demuelen.
En la Venezuela cada vez más aislada, colgada de una ventanilla digital que amenaza con cerrarse, ya la política española no goza de la vecindad que concedían revistas como Cambio-16 o Interviú de gran circulación en el pasado, como tampoco cuenta con la versión original de Hola para los más banales o Claves de Razón Práctica para los espíritus reflexivos y críticos. No obstante, más allá de los oropeles, de un modo u otro continuamos pendientes de la riqueza del debate democrático peninsular y de la futura actuación del rey Felipe VI.
Concluyendo esta nota, nos enteramos de la visita del presidente mexicano a Madrid y, eco de su encuentro con la viuda de Manuel Azaña, décadas ya, Juan Carlos recordó su encuentro con el exilio al que pidió su contribución para un nuevo destino compartido. Los llamados transterrados, los que dolorosamente esperaron la caída del franquismo, la que supusieron a la vuelta de la esquina, hicieron un magnífico aporte al país que los acogió, pero muy luego fueron convocados a la reconciliación ibérica y, con todos los yerros y malentendidos, el monarca puede exhibir su formidable contribución histórica.
Lejana y cercana a la vez, afantasmada en cualquier rincón, la guerra civil todavía arroja lecciones. Unidad, reconciliación, reencuentro, y todos los términos equivalentes, por siempre expresan una meta política fundamental.
Fuente:
http://opinionynoticias.com/internacionales/19601-del-abdicante-y-entrante
Ilustración: http://elbuscadordelaverdad.blogspot.com/2013/08/en-espana-los-partidos-politicos-son-el.html
Breve post-data LB: ¿Después del trono, partidos, etc., qué?
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lunes, 9 de junio de 2014
EMPLAZADO (S)
Versiones de España
Ox Armand
La prensa rosa, la que ya no llega al país excepto vía electrónica, ha estallado de dicha con la abdicación de Juan Carlos y el festejo de la entronización de Felipe que será largo y suculento en chismes. Pocas veces advertimos que hay amigos (además de amigas), bastantes sobrios y de ideas muy progresistas, que degustan las imágenes de troníos y títulos, embelesados apenas por Downton Abbey para imitar gestos y relamer modales de una supuesta alta alcurnia que por el drama meritorio de las dos temporadas iniciales. Puede decirse que la otra versión de España, alterna a la difícil transición y los pactos de La Moncloa, llegó a nuestro país de la mano de la revista Hola y de protagonistas magníficamente fotografiadas e intrigadas como la duquesa de Alba, aunque – al lado de Cambio 16 y mucho más tarde Claves de Razón Práctica, la que tanto extrañamos - circuló bastante Interviú, magazine poderosamente llamativo por sus mujeres en pelotas que por sus reportajes, emulando el destape de un cine todavía ingenuo. Sin embargo, el larguirucho príncipe de Asturias que no se pelaba una transmisión de mando en América Latina, tomando muy en serio sus responsabilidades, lo recordamos más cuando vino y se metió en el trágico escenario de la consabida tragedia de Vargas, colocando en su sitio a Chávez, quien – faltando a las más elementales normas que imponían sus funciones de Estado – trató al rey como un compadre con el que días atrás jugó una partida de bolas criollas.
Los periodistas más densos que una vez tuvimos en el país, nos dejaron la otra versión la aludida transición que, a nuestro modo de ver, con acierto retrataba el cretinismo de la larga dictadura que la antecedió, como realzaban la bondad de su realización. Terreno que es el de la historia, sin alguna significación política inmediata, Franco dejó entrever que – tan imperial y monárquico como el que más – a la vuelta de la esquina Juan de Borbón el sucesor del cobarde Alfonso XIII que se largó del país sin ceder sus derechos, huyendo de sus responsabilidades históricas; pero con sobrada habilidad, el Caudillos optó por Juan Carlos, lo crió políticamente y fue una pila de años atrás, muriendo en el poder como cualquier dictador latinoamericano, que dejó en paz a los españoles. Lo demás es historia conocida, incluyendo las vacilaciones del rey Juan Carlos que afianzó su porvenir al zanjar históricamente sus diferencias con el militarismo a lo Tejero; la Constitución de 1978 que puede ser hoy objeto de puntuales reformas, cuya redacción, discusión y vigencia resultan admirables; el eurocomunismo que visó a los otrora reprimidos y perseguidos de una izquierda calamitosa; la conversión del PSOE por obra de Felipe González y Alfonso Guerra (por cierto, citado en estos días como inspirador del PSUV !!!; o la paciencia de los líderes autonómicos que, en el costado catalán, están destinados a una temeridad insondable a pesar de las lecciones vascas.
Pero hay un asuntillo que nos fastidia tanto como aquellos que agotaban al Juan Cuesta, o suscitaban la pelea de Belén y Emilio, de Aquí no hay quien viva: la republicana versión del madurato, a través de los periódicos que costea con el dinero de todos los venezolanos. Por una parte, la República la identifican con el marxismo-leninismo, un anacronismo indudable para suceder la anacrónica monarquía. A ésta la preferimos, por muy republicanos que seamos, en lugar de esa versión desinformada de los revolucionarios del patio que olvidan el desastre que significó también Stalin y el PCE para una guerra que se perdió: la civil, constante y sonante guerra civil de miles de tormentos. Por otra, la esperanza puesta en Podemos, una organización de los indignados que ya registra éxitos electorales como si monopolizara la protesta que tanto conmovió a Iberia no hace mucho. En la que, vale la pena decirlo, no hubo 42 muertos ni tres mil detenidos en tres meses, como acá, y – por si fuese poco – hasta alimentos recibía de las municipalidades. De modo que España es otro coto de caza (y no precisamente de elefantes) para los ignorantes líderes del PSUV y sus tarifados intelectuales.
Parece serio Felipe de Asturias, tras una larga preparación. Ojalá sepa desempeñarse sin extravíos, en una monarquía democrática que ha sido el resultado de prolongadas rencillas, escaramuzas y guerras. Aunque crean que se queja, el de Gales sigue feliz porque todavía no le toca trabajar.
Fotografía: Jaime Martínez Fernández, entre Santa Cristina y Santa Cruz, en Bastiagueiro, Oleiro, La Coruña.
Breve nota LB: Por azar, descubrimos algunas fotografías en la red marcadas por JMF. Reconocimiento, sin dudas, representativo de sectores del municipio (http://es.wikipedia.org/wiki/Oleiros_%28La_Coru%C3%B1a%29), aunque otra cosa es sufrir un régimen representado por Guevara.
Ox Armand
La prensa rosa, la que ya no llega al país excepto vía electrónica, ha estallado de dicha con la abdicación de Juan Carlos y el festejo de la entronización de Felipe que será largo y suculento en chismes. Pocas veces advertimos que hay amigos (además de amigas), bastantes sobrios y de ideas muy progresistas, que degustan las imágenes de troníos y títulos, embelesados apenas por Downton Abbey para imitar gestos y relamer modales de una supuesta alta alcurnia que por el drama meritorio de las dos temporadas iniciales. Puede decirse que la otra versión de España, alterna a la difícil transición y los pactos de La Moncloa, llegó a nuestro país de la mano de la revista Hola y de protagonistas magníficamente fotografiadas e intrigadas como la duquesa de Alba, aunque – al lado de Cambio 16 y mucho más tarde Claves de Razón Práctica, la que tanto extrañamos - circuló bastante Interviú, magazine poderosamente llamativo por sus mujeres en pelotas que por sus reportajes, emulando el destape de un cine todavía ingenuo. Sin embargo, el larguirucho príncipe de Asturias que no se pelaba una transmisión de mando en América Latina, tomando muy en serio sus responsabilidades, lo recordamos más cuando vino y se metió en el trágico escenario de la consabida tragedia de Vargas, colocando en su sitio a Chávez, quien – faltando a las más elementales normas que imponían sus funciones de Estado – trató al rey como un compadre con el que días atrás jugó una partida de bolas criollas.
Los periodistas más densos que una vez tuvimos en el país, nos dejaron la otra versión la aludida transición que, a nuestro modo de ver, con acierto retrataba el cretinismo de la larga dictadura que la antecedió, como realzaban la bondad de su realización. Terreno que es el de la historia, sin alguna significación política inmediata, Franco dejó entrever que – tan imperial y monárquico como el que más – a la vuelta de la esquina Juan de Borbón el sucesor del cobarde Alfonso XIII que se largó del país sin ceder sus derechos, huyendo de sus responsabilidades históricas; pero con sobrada habilidad, el Caudillos optó por Juan Carlos, lo crió políticamente y fue una pila de años atrás, muriendo en el poder como cualquier dictador latinoamericano, que dejó en paz a los españoles. Lo demás es historia conocida, incluyendo las vacilaciones del rey Juan Carlos que afianzó su porvenir al zanjar históricamente sus diferencias con el militarismo a lo Tejero; la Constitución de 1978 que puede ser hoy objeto de puntuales reformas, cuya redacción, discusión y vigencia resultan admirables; el eurocomunismo que visó a los otrora reprimidos y perseguidos de una izquierda calamitosa; la conversión del PSOE por obra de Felipe González y Alfonso Guerra (por cierto, citado en estos días como inspirador del PSUV !!!; o la paciencia de los líderes autonómicos que, en el costado catalán, están destinados a una temeridad insondable a pesar de las lecciones vascas.
Pero hay un asuntillo que nos fastidia tanto como aquellos que agotaban al Juan Cuesta, o suscitaban la pelea de Belén y Emilio, de Aquí no hay quien viva: la republicana versión del madurato, a través de los periódicos que costea con el dinero de todos los venezolanos. Por una parte, la República la identifican con el marxismo-leninismo, un anacronismo indudable para suceder la anacrónica monarquía. A ésta la preferimos, por muy republicanos que seamos, en lugar de esa versión desinformada de los revolucionarios del patio que olvidan el desastre que significó también Stalin y el PCE para una guerra que se perdió: la civil, constante y sonante guerra civil de miles de tormentos. Por otra, la esperanza puesta en Podemos, una organización de los indignados que ya registra éxitos electorales como si monopolizara la protesta que tanto conmovió a Iberia no hace mucho. En la que, vale la pena decirlo, no hubo 42 muertos ni tres mil detenidos en tres meses, como acá, y – por si fuese poco – hasta alimentos recibía de las municipalidades. De modo que España es otro coto de caza (y no precisamente de elefantes) para los ignorantes líderes del PSUV y sus tarifados intelectuales.
Parece serio Felipe de Asturias, tras una larga preparación. Ojalá sepa desempeñarse sin extravíos, en una monarquía democrática que ha sido el resultado de prolongadas rencillas, escaramuzas y guerras. Aunque crean que se queja, el de Gales sigue feliz porque todavía no le toca trabajar.
Fotografía: Jaime Martínez Fernández, entre Santa Cristina y Santa Cruz, en Bastiagueiro, Oleiro, La Coruña.
Breve nota LB: Por azar, descubrimos algunas fotografías en la red marcadas por JMF. Reconocimiento, sin dudas, representativo de sectores del municipio (http://es.wikipedia.org/wiki/Oleiros_%28La_Coru%C3%B1a%29), aunque otra cosa es sufrir un régimen representado por Guevara.
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