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martes, 31 de octubre de 2017

FESTIVIDAD Y TRISTEZA

La implosión de la MUD
Hermann Alvino

– Es muy fácil que luego de haberse sacado tantos trapos sucios al Sol, ahora se critique la solidez moral y la fortaleza política de la MUD. Más incómodo fue hacerlo hace algunos años, cuando los analistas y sus coros de aduladores y difusores por las redes sociales, se llenaban la boca con las bondades de esa unión, y desdeñaban como poco patriotas, o divisionistas, a quienes apuntaban que en materia de unidad, de afecto e incluso de respeto elemental, la cosa olía muy mal. En cualquier caso, antes o después, a pesar de querer tapar ese Sol con un dedo, la realidad siempre termina imponiéndose. Y la realidad es que, por ahora, no hay ni oposición ni unidad.

– El comportamiento reiteradamente errático de las fuerzas fundamentales de la MUD hace difícil no sospechar sobre la existencia de vasos comunicantes subterráneos con el régimen, por los que circulaban, y circulan, los intereses más variados. Por otra parte, el país político conoce muy bien algunos de los detalles de esos intereses cruzados, que para hacer oposición se convierten en intereses conflictivos, especialmente para esos dirigentes opositores que han vivido una edad de oro económica durante el ciclo de poder del chavismo, algo que no es ilegal de antemano, pero que les lamina su credibilidad como protagonistas de la alternativa al régimen.

– Tampoco es sencillo erradicar la sospecha de que por esa desunión, desconfianza, y hasta ojeriza personal entre los integrantes de la cúpula, siempre se ha escogido a los peores timoneles para darle rumbo a su misión, con la secreta esperanza de que en caso de victoria, influirían sobre él de manera más marcada que el resto. El primer candidato presidencial opositor fue un inepto en toda regla, por otra parte, apenas tuvieron la oportunidad, se libraron de Aveledo para poner a un dirigente del cual solo emanaban banalidades, prometiendo movilizaciones multitudinarias que solo existían en su imaginación; luego se la jugaron con un Capriles incapaz de comprender contra qué y contra quién se enfrentaba, para terminar siendo un aprendiz de pastor evangélico, con aquello de que el tiempo de Dios es perfecto, al tiempo que a cuenta de sumar (?) y promover la unión entre los venezolanos, acogían a bahorrina exchavista como Henry Falcón o Ismael García, quienes en su momento saltaron el tranquero no por convencimiento, sino por haber perdido el favor del comandante barinés, hallando refugio en ese saco de gatos que desde sus inicios fue la extinta Coordinadora, rebautizada luego como MUD.

– Mientras seguía ese baile de cachos quemados, el chavismo turnaba sus poderes para irlos inertizando uno por uno, mediante la Contraloría, la Fiscalía de la bienamada Ortega Díaz, el CNE de las emuladoras de las shakesperianas Brujas de Macbeth, y por supuesto con la guinda del pastel encarnada por el TSJ. Los dirigentes opositores partidarios del diálogo y de las conversaciones en la mesa del trasnocho en Miraflores, terminaron por vaciar las calles de protestas, haciendo vanas las decenas de muertes y encarcelamientos con tortura de tanto joven incauto, que no sabía ni en lo que se metía ni a quién servía, mientras esa dirigencia comía completo y no quebraba un plato, hipnotizada además por las delicias del talante de Rodríguez Zapatero –a quien le importa un rábano la suerte del país, siempre que algunas empresas españolas con las que él y sus exministros tienen relación, puedan seguir operando en Venezuela, o por lo menos repatriar algún dinerito.

– Por supuesto, tampoco es sencillo descartar la sospecha de que cada uno de esos protagonistas en la primera línea opositora, tenga un proyecto presidencial propio, el cual, aún valorándolo como de ciencia ficción, tuvo y sigue teniendo efectos muy tangibles para terminar de resquebrajar esa fachada de vidrio con la que se presentaba una falsa unidad. Si lo dirá Henry Ramos, quien al final terminó sacudiendo cualquier duda de quienes aún dudaban de que él siempre hará lo que le venga en gana y conveniencia, puesto que para los adecos, Venezuela siempre debería girar en torno a ellos. Si lo dirá Capriles, que a pesar de haber montado desde la gobernación de Miranda un culto a la personalidad orientado a presentarlo como una persona buena, amplia y  receptiva, sus actuaciones políticas hacia el resto de la oposición, siendo benévolos, solo pueden ser catalogadas como sectareas. Si lo dirá Borges, que pacientemente ha esperado su momento, y aprovechando la inhabilitación política de Capriles también ha comenzado a actuar como le viene en gana. O el mismo Manuel Rosales, siempre al acecho de una candidatura, no importa cuál sea, porque hay que asegurarse el poder cobrar a finales de mes. Lo mismo vale para Andrés Velázquez, un exsindicalista reconvertido en político profesional de quien, al igual que los mencionados, en todos estos años de chavismo, no se le ha escuchado una sola idea relacionada con algún proyecto de país que toda esta gente debería tener, y no tiene, porque ni quieren tenerlo, ni podrían concebirlo, estando tan ocupados en los dimes y diretes de su MUD, y en otras cosas.

– Demasiados intereses, contradicciones, confusión o cacao mental, sectarismo, rivalidades estériles, y sobre todo, carencia de una gran estrategia política para defenestrar al chavismo, no digamos ya de una común a toda la oposición organizada, sino al menos de una dentro de cada organización, aunque difiera de la que el resto pueda concebir

– En otras palabras, van y vienen con el viento, creyéndose más listos que el régimen, que sí tiene una estrategia de poder y de actuación para mantenerlo, además de la fuerza para que ello sea posible. El proceso de decisión sobre si participar o no en las recientes elecciones regionales mostró la ausencia de esa gran estrategia, al tiempo que delató las profundas contradicciones de quienes desde hace más de una década tenían la misión de actuar unidos; unas contradicciones que terminaron de implosionar a la MUD con la decisión de los gobernadores adecos -con o sin razón- de ir a calarse el yugo ante la ANC, aunque ahora no se sabe bien si siguen siendo adecos, puesto que Ramos Allup guabinea, sabiendo por una parte que ellos –y ella-, se cargaron los estatutos de AD y por tanto están excluidos del partido, pero por otra, que ellos –y ella- son la única fuente de eventual ayuda para que AD pueda sobrevivir económicamente durante los años venideros.

Y por supuesto, a partir de la hostilidad del resto de los partidos opositores, de esas gobernaciones no saldrá ni agua. Y sin el poder en Miranda, la perspectiva económica de esas organizaciones es más bien deprimente.

– Entonces, con la oportunidad perdida luego de conquistar la mayoría en la Asamblea Legislativa, y luego de  vaciar la calle con un diálogo inexistente, con el ir o no a elecciones regionales, y con la enorme división producida por los opositores electos -que se profundizará más, si cabe, si AD decide participar en las elecciones municipales-, se confirmó una vez más que si al frente de la MUD no había torpes que inmerecidamente habían accedido a esa responsabilidad, entonces lo que había era una banda de vivarachos cuya agenda personal solo ha destilado mezquindad.

Una banda de políticos, que como sus predecesores que protagonizaron la democracia prechavista, piensan que llegaron para quedarse, haciendo innecesaria –dada su presunta sabiduría y visión política- la oxigenación y renovación de sus partidos…y todos sabemos lo que le sucedió a COPEI y a AD, cuando los integrantes de sus cúpulas se anclaron durante veinte y hasta treinta años a sus cargos internos: terminaron desbaratados, dándole entrada al chavismo. En este caso, ya con el chavismo atado al poder, lo mejor que les podría pasar a estos partidos sería disolverse, o retirar oficiosamnete a sus cúpulas, para no seguir causándole más daño a las esperanzas de la gente buena de nuestro país. Y no hay que dudar ni un segundo sobre que ese vacío sería ocupado de inmediato, aunque esperemos que por gente de más valía humana, conceptual, y política.

– Pero como ello no va a ocurrir ya que la generosidad y la capacidad de sacrificio de esta gente dista mucho de la que tenían Betancourt, Caldera y Jóvito, pues lamentablemente en algún momento aprenderán la lección por las malas. Y se quedarán sin nada, o sea, sin siquiera el aprecio nacional por haber sabido dar un paso atrás cuando les tocaba.

Mientras tanto, el país sigue cuesta abajo, que se dice fácil.

Fuente:
Ilustración: Yue Minjun.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

¿DE QUÉ SE RÍE, SEÑOR MINISTRO? (1)

EL PAÍS, Madrid, 23 de septiembre de 2014
China exporta cada vez más “instrumentos de tortura”
Amnistía Internacional denuncia fabricación y venta de porras con púas o esposas para pulgares
Macarena Vidal Lyi 

Aunque la ONG reconoce que parte de esos equipos pueden tener un uso legítimo entre las fuerzas del orden (por ejemplo, las porras o las esposas) otros instrumentos "se prestan intrínsecamente a abusos de los derechos humanos". Entre estos, identificó esposas para pulgares, porras eléctricas aturdidoras o inmovilizadores de cuello.
En China, puntualiza Amnistía, el desarrollo de este sector se ha producido "con el telón de fondo de incesantes prácticas represivas en todo el sistema de mantenimiento del orden". Material que se emplea en China y se presta a la comisión de abusos, como las sillas metálicas de sujeción, no se suele publicitar fuera del país, mientras que otros productos, como las sustancias químicas irritantes, se usan dentro y fuera del país.
No obstante, la ONG precisa que el sistema de exportación chino "no es el único" que deja de controlar de manera efectiva la venta de esos equipos. "El comercio mundial de estos productos está pobremente controlado, e incluso los países con regulaciones más desarrolladas, como en EE UU y la UE, necesitan introducir mejoras y eliminar vacíos legales a medida que nuevos productos y tecnologías entran en el mercado".

La organización insta a los Gobiernos a que prohíban la fabricación, promoción y venta de equipos que sea probable que acaben destinados a malos tratos y a que establezcan mecanismos de supervisión de las exportaciones del material para fuerzas del orden. Exhorta también al fin de todo tipo de tortura, trato abusivo o cruel, así como al uso de la fuerza excesiva, y a exige llevar a los culpables de ese comportamiento ante la justicia.
China, la segunda economía del mundo, se encuentra aún muy por detrás de los principales países fabricantes y vendedores de armas, como Estados Unidos, Rusia o Francia. Pero según el Instituto Internacional de Investigación de la Paz (SIPRI), con sede en Estocolmo, ya ha superado a otras potencias del sector, como el Reino Unido, y es el quinto país vendedor de armamento del mundo. Sus ventas suponen el 6% del total mundial.

Ilustración: Yue Minjun.

¿DE QUÉ SE RÍE, SEÑOR MINISTRO? (2)

EL PAÍS, Madrid, 24 de septiembre de 2014
El embrollo territorial de China
El sueño evocado por Xi Jinping es el de la unidad y la reunificación total
Xulio Ríos 

Las recientes tensiones en torno a la reforma electoral en Hong Kong han puesto nuevamente sobre la mesa lo intrincado de la agenda territorial china. El sueño chino evocado por el presidente Xi Jinping es también el de la unidad y la reunificación total de la nación china e incluso el de la recuperación del control sobre los territorios en disputa con terceros países. Ello confiere a la dimensión territorial una trascendencia política de primer orden en un contexto marcado por la activación del fenómeno terrorista (en Xinjiang), el incierto futuro de las autonomías existentes, una posible alternancia en Taiwán y las implicaciones territoriales de la hipotética democratización del partido y el Estado así como la evolución de su diplomacia de vecindad.
China es un Estado-continente, el tercero más vasto del mundo, con una estructura político-territorial marcada doctrinalmente por la centralización del poder desde largo tiempo atrás. Este axioma, no obstante, presenta muchos matices en virtud de la política aplicada en las últimas décadas, maoísmo incluido, y también de resultas de la necesidad de dar respuestas a nuevas problemáticas.
Hasta cuatro situaciones peculiares podríamos destacar. En primer lugar, el orden de las provincias, incluyendo las cuatro grandes municipalidades subordinadas directamente al centro. Pudiera pensarse que este escalón administrativo está fuertemente ligado al Gobierno central, pero la realidad es mucho más compleja. De hecho, las autoridades provinciales gozan de gran autonomía fáctica aunque el poder central dispone de mecanismos de interferencia importante que puede efectivar cuando lo considera oportuno. Las reformas en curso en el ámbito económico incluyen un reforzamiento de las capacidades y competencias locales. Por el contrario, en lo político e ideológico, las campañas contra la corrupción o de la “línea de masas” evidencian un claro afán de atar en corto el poder territorial.
En segundo lugar, los territorios autónomos, que incluyen regiones, distritos, etcétera, concebidos a modo de alternativa a la problemática de las nacionalidades minoritarias, asentadas mayormente en la periferia territorial. Pese al reconocimiento formal de la autonomía, su capacidad de autodecisión real es inferior en no pocas ocasiones a la ejercida por los Gobiernos provinciales. El hecho de que los secretarios del PCCh —el auténtico poder frente a los órganos de representación popular— sean siempre de nacionalidad han evidencia cómo la desconfianza matiza el ejercicio de la autonomía. El agravamiento de las tensiones con la minoría uigur en Xinjiang y la irrupción al alza del fenómeno terrorista alientan un gran debate sobre la pervivencia de este modelo. Mientras para algunos representa otro nefasto ejemplo del legado soviético, otros aconsejan su profundización apostando por la modernización y el cogobierno.
En tercer lugar, las regiones administrativas especiales de Macao y Hong Kong. Tras la devolución y retrocesión, respectivamente, el ejercicio de una amplia autonomía bajo la fórmula de “un país, dos sistemas” ha servido de principio básico de su encaje territorial. No obstante, son conocidas las crisis vividas en la excolonia británica, evidenciadas con la dimisión de Tung Chee-Hwa (1997-2005) y el errático desempeño de Donald Tsang (2005-2012). Pekín ha respaldado a lo largo de estos años la economía de Hong Kong, pero se enfrenta al descontento de amplios sectores de la sociedad local, especialmente a una juventud cada vez más celosa de una identidad inseparable del ejercicio de ciertas libertades mínimas. Los llamamientos al patriotismo para ahogar las querencias por la libertad de expresión no hacen sino alimentar las reservas de los hongkoneses. Las restricciones al ejercicio del sufragio universal adoptadas por Pekín dejan claro que si tiene que elegir entre seguridad nacional y democracia en Hong Kong, optará siempre por lo primero. A partir de ahora se abre un horizonte incierto y a los hongkoneses no les será fácil elegir entre poco o nada. Una transición con problemas en Hong Kong, que vive ahora su momento político más importante desde la retrocesión (1997), no ayuda al empeño democrático en el continente.
Por último, en Taiwán, China tiene su mayor escollo. En los últimos años, tanto en el orden económico como político, las relaciones a través del Estrecho han mejorado de forma notable. Sin embargo, más allá de la capilaridad institucional alentada desde el Kuomintang y el PCCh, el estallido hace unos meses de las protestas estudiantiles del Movimiento Girasol advierten de la resistencia de una sociedad que no acaba de confiar en las presuntas bondades de la política continental. Aquí se abre un nuevo horizonte tras el afianzamiento del sentimiento antiacercamiento, aumentando el riesgo de colisión.
La configuración y subsistencia de la arquitectura político-territorial en China depende en sumo grado del proceso de democratización del PCCh. A fin de cuentas, de poco vale proclamar autonomías o anunciar descentralizaciones si el centralismo democrático de la formación que controla todos y cada uno de los resortes del poder condiciona y lamina cualquier desarrollo efectivo.
Por otra parte, el discurso político imperante a día de hoy sugiere que las mallas de la red administrativa-territorial no deben relajarse. Esto es vital para asegurar que no se tambalee la hegemonía del PCCh, apostando a fin de cuentas por un ensamblaje territorial que refuerce su liderazgo.
(*) Xulio Ríos es director del Observatorio de la Política China.

Ilustración: Yue Minjun.

domingo, 15 de junio de 2014

VERBO SIN MUNDO

EL NACIONAL, Caracas, 20 de noviembr de 2001 / Opinión
Cuando se politiza la cultura
María Elena Ramos

El hombre de cultura es, sin duda, un ser participativo, y político. No debe enclaustrarse en torre de cristal. Pero más dañino que aislarse es renunciar a su libertad de pensamiento y avalar la politización de la cultura, subordinándola al ejercicio del poder o a una ideología. Mucho arriesgan las personas, las ideas, la libertad, las artes, la vida toda, cuando la cultura se politiza. Recordemos la historia. La revolución bolchevique pasó de Eisenstein y Mayakovsky al horror estalinista y a la desdicha del realismo socialista.
Cuando se politizan, la cultura y el arte se confunden en luchas inmediatas. Se debilitan su carácter y su diferencia, imprescindibles para vitalizar lo social. La cultura se va poniendo a merced de los que mandan. Florece un arte que proclama, o, al menos, uno que pueda ser perdonado.
Cuando se politiza la cultura el pensamiento libre se convierte en riesgosa provocación, y la palabra se va volviendo un miedo: a emitirla, a escucharla con aquiescencia, a compartirla. Se proclama mayor participación pero, en rigor, se estimula a los actores culturales a ser arcángeles inofensivos.
Cultura es acción creadora. No hay cultura sin obra hecha. Cuando se politiza, se envilece con el típico “hacer” de la demagogia: macrodiscurso y microobra. Verbo sin mundo.
Cuando se politiza la cultura la energía requerida para el sano trabajo en equipo, la formación de recursos humanos, la lucha por recursos técnicos, se desvía en energía negativa: ahogos, zarpazos y sobrevivencias. Y se demoniza el concepto de élite, que en su justa acepción no es más que la diferencia que pone un saber especializado, que mejora pueblos.
Cuando se politiza la cultura se muda espontaneidad por cálculo; convicción por conveniencia; talento por adhesiones; autonomía interior por obediencia y complacencia; respeto a la norma por discrecionalidad; ideales eternos del humanismo por inmediatez.
Cuando se politiza la cultura se intenta sustituir la autoridad legítima por el poder formal; el saber necesario por un “cargo”. Se diluye la motivación al logro y la excelencia en motivación al poder (tener el poder, temer al poder o, simplemente, vérselas con él).
La cultura ha de ser sanamente mediadora. Cuando se politiza, se vuelve mediatizadora, a más de mediatizada. La cultura es, a la vez, íntima y pública; regional y universal. Cuando se politiza, tanto lo íntimo como lo universal son agredidos. La demagogia verbal sólo sabe hablar de esa zona gris, sin dimensión y sin rostro: “el colectivo”.
Cuando se politiza la cultura se produce “en contra de”. Si el anterior lo hizo cuadrado, al nuevo le urge hacerlo redondo. Lo anterior existe para ser “desmontado”. Se hiere así a la cultura como acumulativo mandato civilizatorio.
La cultura potencia a las comunidades con cierto poder alquímico: saca bienes de males, convierte el detritus en oro. Cuando se politiza, toma la vía inversa: antialquimia.
Usualmente en las instituciones del Estado la cultura avanza, a trancas y barrancas, por el corredor de indiferencia que le dejan los políticos. Crece “a pesar de” pero también “gracias a” ese desinterés. Cuando se politiza, la cultura es solemnemente enunciada como “interés de Estado”. Pero no se enriquece como recurso del humanismo. Se le pone la mano, encubriéndola de ideología.

Ilustración: Yue Minjun.