San Marcos, 12: 38-44
En su homilía de hoy, el Padre Numa Molina (SJ) aludió al domingo familiar. Es que hemos olvidado la dimensión espiritual de la vida familiar. El mundo del consumismo la borró; la televisión es el inquilino que se apodera de todos los rincones del hogar, al no saber manejarlo con prudencia. Después, se trata de internet, del celular. Y recordó una humorada, mediante la cual una señora pide a un genio que haga de su esposo, alguien atento, cariñoso, conversador, etc.: el genio cumplió, y lo convirtió en un celular.
Molina señaló que no ha vivido la experiencia como esposo o esposa, pero sí la del acompañamiento en los problemas de parejas. Muchos de los problemas tienen por orígen la familia y, en medio de situaciones también dolorosas, hay que tocar la campana. Los jóvenes no asisten a misa, no desean bautizarse o hacer la comunión, por ejemplo, porque se pretende cultivar donde no se ha sembrado. Un asunto de valores, del
ambiente absorvente que obliga a preguntarse sobre los valores cristianos. Su papá tiene 82 años, y a las ocho de la noche apaga la televisión y no importa la jerarquía del invitado, pues reza el rosario. Hoy es poco el espacio para la reflexión en familia, el comer juntos, etc.
Valores familiares, fondo espiritual olvidado. Nos peleamos por las vacaciones laborales fieramente, pero no hallamos tiempo para el abrazo y el compartir familiar. Valores espirituales, la solidaridad, la paz, el diálogo, que se dejan atrás por la discordia, la blasfemia, la obscenidad.... ¿Dónde lo aprendimos? Por ello, hay que pedir al Señor, la sabiduría necesaria para desterrar la violencia familiar, y conseguir la paz. La familia es un proyecto de dos, pero a las reuniones de las sociedades de padres y representantes únicamente va ella (el término le parece odioso, pues compromete a padres y madres).
Tomemos el modelo familiar de Nazaret: amor, respeto, trabajo, oración (*).
1Re 17, 10-16
Salmo 145
Heb 9, 24-28
(*) El Padre Molina, en la primera parte de la misa, cuando está la admisión de los pecados, dijo que Dios nos quiere abrazar y perdonar, mas no es un momento de baja estima, como si fuésemos lo peor....
Ilustración: Pablo Buitrago.
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domingo, 11 de noviembre de 2012
BRILLO Y OPACIDAD
NOTITARDE, Valencia, 11 de Noviembre de 2012
La generosidad de la viuda pobre (Mc.12, 38-44)
Joel Núñez Flautes
El evangelio de este domingo nos presenta dos partes. En la primera parte, Jesús advierte a sus discípulos que se cuiden de los maestros de la ley, porque a ellos les gusta andar lujosamente vestidos, que les haga honores por las plazas y lugares públicos, buscan los mejores puestos en las sinagogas, los mejores lugares en las comidas y valiéndose de su condición religiosa se aprovechan de los bienes de las viudas, de los que confían en su apariencia de hombres de fe. Con estas palabras Jesús está enseñando a sus apóstoles y discípulos que el cristiano no debe ser una persona de apariencias, de matices simplemente cristianos, de caretas o conductas aprendidas, sino realmente ser cristiano, vivir la esencia de ser seguidores de Cristo, el Hijo de Dios; y la forma de mostrarlo y demostrarlo al mundo es viviendo radicalmente en el amor, que es la esencia del cristianismo, en la sencillez de vida, en la humildad que es vivir en la verdad de una conducta transparente, sincera, fiel, desprendida, al estilo de Jesús. El cristiano no necesita ni debe ir detrás de los aplausos y los honores, su mejor honor y su grandeza está en ser hijo amado de Dios, discípulo de Jesucristo y miembro del Pueblo santo de Dios. Su preocupación debe estar en alcanzar el Reino de Dios y su justicia y no las cosas efímeras, banales y pasajeras de este mundo. Sin dejar de ser un buen ciudadano, su vida y sus intereses tienen que estar en Dios, en su proyecto de salvación, en amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. El cristiano no debe ir detrás de los primeros puestos, buscando desplazar a otros, cayendo en competencias malsanas, descalificando al hermano para buscar “brillar” como justo o perfecto, siendo al final como un hombre no creyente que cae en el juego de “quítate tú para ponerme yo”. La vida del discípulo del Mesías y Salvador no debe estar centrada en llenarse la barriga o los bolsillos, eso es hacer del cristianismo la cosa más absurda o utilizar a Cristo para hacer un mercantilismo con la fe; cuando más bien nuestro Divino Redentor nos da ejemplo de desprendimiento, pobreza, sencillez, generosidad, humildad, donación, alegría y sobre todo de amor. Lo que debe llenar al cristiano no es lo mucho o poco que tenga, sino que su vida esté llena de Dios y él pueda llevar a Dios a los demás, con su testimonio y autenticidad y jamás aprovecharse de los demás en nombre de la fe, mal utilizando el nombre de Jesús o manipulando las Escrituras para su propio beneficio material, no ser mercantilista.
La segunda parte del evangelio, nos presenta a Jesús, colocado cerca del cofre de las ofrendas del Templo con sus discípulos y cuando ve a una viuda pobre que da unas pequeñas monedas, Jesús la pondera y afirma que ella ha dado todo lo que tenía para vivir, exalta su generosidad y su desprendimiento, resalta su profunda fe delante de Dios, sabiendo esperar y confiarse a Él. Mientras los ricos iban al Templo a dar lo que les sobraba, aquella pobre mujer daba lo poco que tenía para su sustento. Así debe y necesita ser el cristiano; hombre y mujer de fe, de confianza profunda en Dios que no defrauda ni abandona a sus hijos y menos cuando lo buscan con sinceridad de corazón. El cristiano como aquella viuda debe aprender a ser generoso, no sólo a dar lo poco o mucho que tiene, sino aprender a darse, a entregarse a sí mismo como una ofrenda para Dios y para los hermanos. El cristiano como Cristo y como la viuda que Jesús pone como ejemplo hoy, debe dar hasta la vida por Dios y por los hermanos y dar vida a su paso. Dar la vida y dar vida, significa donarse a los demás, llevar alegría, esperanza, tender la mano al necesitado, servir a todos sin distinción y todo por amor.
Pidamos a Jesús hoy, que nos libre de ser cristianos al estilo de los maestros de la ley, sólo de apariencias, que más bien nos haga testigos fieles y auténticos en medio del mundo, generosos, serviciales, capaces de colocar a Dios y a los hermanos de primeros. Que aprendiendo de la viuda pobre busquemos a Dios con sinceridad y vivamos según sus preceptos, haciendo siempre el bien.
IDA Y RETORNO: Ayer, en el Santuario María Auxiliadora, en el centro de la Ciudad, fueron ordenados sacerdotes cuatro hermanos nuestros: Warner Colmenares, Edwing Jiménez, Juan Rodríguez y Javier Rodríguez y de diácono, nuestro hermano Joel Zerpa. Que Jesús, el Buen Pastor, el Sumo y eterno Sacerdote les otorgue la perseverancia en su ministerio y los haga fieles y santos ministros de su evangelio, para el bien de la Iglesia y de toda la sociedad. Que pidamos al Señor que de nuestro Seminario Nuestra Señora del Socorro sigan saliendo muchos y santos sacerdotes al servicio de los hermanos. Que Jesús bendiga a nuestra Arquidiócesis de Valencia, las parroquias de origen de estos hermanos nuestros, a nuestro Seminario y que Nuestra Amada Virgen del Socorro este 13 de noviembre nos bendiga con su amor de Madre.
Cfr. José Antonio Pagola: http://www.musicaliturgica.com/0000009a2106d5d04.php
Ilustración: Jenny Gray.
La generosidad de la viuda pobre (Mc.12, 38-44)
Joel Núñez Flautes
El evangelio de este domingo nos presenta dos partes. En la primera parte, Jesús advierte a sus discípulos que se cuiden de los maestros de la ley, porque a ellos les gusta andar lujosamente vestidos, que les haga honores por las plazas y lugares públicos, buscan los mejores puestos en las sinagogas, los mejores lugares en las comidas y valiéndose de su condición religiosa se aprovechan de los bienes de las viudas, de los que confían en su apariencia de hombres de fe. Con estas palabras Jesús está enseñando a sus apóstoles y discípulos que el cristiano no debe ser una persona de apariencias, de matices simplemente cristianos, de caretas o conductas aprendidas, sino realmente ser cristiano, vivir la esencia de ser seguidores de Cristo, el Hijo de Dios; y la forma de mostrarlo y demostrarlo al mundo es viviendo radicalmente en el amor, que es la esencia del cristianismo, en la sencillez de vida, en la humildad que es vivir en la verdad de una conducta transparente, sincera, fiel, desprendida, al estilo de Jesús. El cristiano no necesita ni debe ir detrás de los aplausos y los honores, su mejor honor y su grandeza está en ser hijo amado de Dios, discípulo de Jesucristo y miembro del Pueblo santo de Dios. Su preocupación debe estar en alcanzar el Reino de Dios y su justicia y no las cosas efímeras, banales y pasajeras de este mundo. Sin dejar de ser un buen ciudadano, su vida y sus intereses tienen que estar en Dios, en su proyecto de salvación, en amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. El cristiano no debe ir detrás de los primeros puestos, buscando desplazar a otros, cayendo en competencias malsanas, descalificando al hermano para buscar “brillar” como justo o perfecto, siendo al final como un hombre no creyente que cae en el juego de “quítate tú para ponerme yo”. La vida del discípulo del Mesías y Salvador no debe estar centrada en llenarse la barriga o los bolsillos, eso es hacer del cristianismo la cosa más absurda o utilizar a Cristo para hacer un mercantilismo con la fe; cuando más bien nuestro Divino Redentor nos da ejemplo de desprendimiento, pobreza, sencillez, generosidad, humildad, donación, alegría y sobre todo de amor. Lo que debe llenar al cristiano no es lo mucho o poco que tenga, sino que su vida esté llena de Dios y él pueda llevar a Dios a los demás, con su testimonio y autenticidad y jamás aprovecharse de los demás en nombre de la fe, mal utilizando el nombre de Jesús o manipulando las Escrituras para su propio beneficio material, no ser mercantilista.
La segunda parte del evangelio, nos presenta a Jesús, colocado cerca del cofre de las ofrendas del Templo con sus discípulos y cuando ve a una viuda pobre que da unas pequeñas monedas, Jesús la pondera y afirma que ella ha dado todo lo que tenía para vivir, exalta su generosidad y su desprendimiento, resalta su profunda fe delante de Dios, sabiendo esperar y confiarse a Él. Mientras los ricos iban al Templo a dar lo que les sobraba, aquella pobre mujer daba lo poco que tenía para su sustento. Así debe y necesita ser el cristiano; hombre y mujer de fe, de confianza profunda en Dios que no defrauda ni abandona a sus hijos y menos cuando lo buscan con sinceridad de corazón. El cristiano como aquella viuda debe aprender a ser generoso, no sólo a dar lo poco o mucho que tiene, sino aprender a darse, a entregarse a sí mismo como una ofrenda para Dios y para los hermanos. El cristiano como Cristo y como la viuda que Jesús pone como ejemplo hoy, debe dar hasta la vida por Dios y por los hermanos y dar vida a su paso. Dar la vida y dar vida, significa donarse a los demás, llevar alegría, esperanza, tender la mano al necesitado, servir a todos sin distinción y todo por amor.
Pidamos a Jesús hoy, que nos libre de ser cristianos al estilo de los maestros de la ley, sólo de apariencias, que más bien nos haga testigos fieles y auténticos en medio del mundo, generosos, serviciales, capaces de colocar a Dios y a los hermanos de primeros. Que aprendiendo de la viuda pobre busquemos a Dios con sinceridad y vivamos según sus preceptos, haciendo siempre el bien.
IDA Y RETORNO: Ayer, en el Santuario María Auxiliadora, en el centro de la Ciudad, fueron ordenados sacerdotes cuatro hermanos nuestros: Warner Colmenares, Edwing Jiménez, Juan Rodríguez y Javier Rodríguez y de diácono, nuestro hermano Joel Zerpa. Que Jesús, el Buen Pastor, el Sumo y eterno Sacerdote les otorgue la perseverancia en su ministerio y los haga fieles y santos ministros de su evangelio, para el bien de la Iglesia y de toda la sociedad. Que pidamos al Señor que de nuestro Seminario Nuestra Señora del Socorro sigan saliendo muchos y santos sacerdotes al servicio de los hermanos. Que Jesús bendiga a nuestra Arquidiócesis de Valencia, las parroquias de origen de estos hermanos nuestros, a nuestro Seminario y que Nuestra Amada Virgen del Socorro este 13 de noviembre nos bendiga con su amor de Madre.
Cfr. José Antonio Pagola: http://www.musicaliturgica.com/0000009a2106d5d04.php
Ilustración: Jenny Gray.
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