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miércoles, 26 de enero de 2011

museística, (preferiblemente) sin ... museos


EL NACIONAL - Martes 25 de Enero de 2011 Escenas/2
Esto es lo que hay
Artes visuales
Museo Jacobo Borges
LORENA GONZÁLEZ

Zoraida Irazábal formó parte de la junta directiva del Museo Jacobo Borges desde su inauguración, en 1995. Trabajadora cultural enfocada en el arte como una experiencia capaz de otorgar un beneficio real a la sociedad, compartió con entusiasmo las líneas de Manuel Espinoza, artista, docente, gestor cultural y asesor de varios museos, quien siempre tuvo como norte extender los linderos de la actividad creadora y las posibilidades discursivas de la obra hacia otros territorios. El fomento de estos espacios ­que a través de la herramienta educativa lograron que el discurso artístico trascendiera lo contemplativo para gestar nuevas oportunidades vitales en el espectador­ fue una acertada práctica que no sólo ejercitó como director de varias instituciones culturales del país, sino que también constituyó una ganancia heredada por muchos de los que trabajaron a su lado, la mayoría de los cuales presidieron los museos venezolanos durante los años noventa.

En este contexto contemporáneo y activo, preocupado por el entorno y sus diatribas, en el que la prioridad era desentramar para el otro esos puentes de lectura y relaciones que la obra de arte trazaba en el ámbito nacional e internacional, nace el Mujabo. Cuenta Irazábal que el reto era múltiple: había que brindar a la población catiense un contacto profundo con lo visual, establecer una conexión que les permitiera apropiarse del espacio, formar parte de él, integrarse a sus salas y a sus exposiciones, ser los protagonistas. Desde los inicios, tanto su directora, Adriana Meneses, como todo su equipo curatorial, museográfico, educativo y gerencial así lo hicieron. El primer paso fue llamarlo Jacobo Borges, en honor de ese crítico e irreverente maestro venezolano originario de Catia.

Durante su ejercicio, este museo completó vivencias estéticas que hoy en día constituyen la avanzada mundial de lugares cuyo norte es enlazar las estrategias del arte contemporáneo con la producción creativa y la acción comunal. Los resultados de estas transferencias simbólicas se encuentran reflejados en exposiciones en las que los artistas profundizaban en el entorno, como Cara- cas retratada (1995), Cuarta pared (1996) o la controversial Caballo de Troya (1997), colectiva que reflejó la dura realidad del Retén de Catia, e incluía proyectos artísticos de los propios presos. Del mismo modo se dio prioridad a la exhibición de autores del oeste, junto con propuestas de rescate del arte popular en todas sus facetas, así como la invalorable labor desprendida del intercambio educativo que con ahínco se llevó adelante. Había radios comunitarias, talleres literarios, deportivos y musicales, grupos de danza, centros de información, atención para comunidades en situación de riesgo, asociaciones de vecinos, formación en el área editorial y periódicos como el tabloide bimensual Páginas Abiertas, en el que se reivindicaba la memoria y la actualidad de la zona.

En 1997 la comunidad celebró la demolición del Retén de Catia, una de las cárceles más inhumanas de Latinoamérica. En el fuero interno de la institución, que también celebraba, resonaba la afirmación de su esencia: convertir la creatividad en un bien cultural que pudiera otorgar una mejor calidad de vida a poblaciones en conflicto. Hoy las voces directivas de la cultura paradójicamente alaban la miseria y momifican el abandono del pueblo en las salas de los museos, y justifican así su ineptitud para el crecimiento social a través del arte con una perversa exaltación museográfica de la pobreza. Ante la crisis museística, la posibilidad del cierre del Mujabo o la transformación de su perfil, sólo resta preguntar, parafraseando al gran poeta Caupolicán Ovalles: ¿Hasta cuándo duerme usted, señor (ministro)?


Ilustración: http://araira.org/venezuela/caracas/IMG_3250.JPG

sábado, 22 de enero de 2011

hacia el revolucionario y revolucionante ex - museo


EL NACIONAL - Sábado 22 de Enero de 2011 Cultura/4
MUSEO La institución es recordada por su labor en el retén de Los Flores
A Catia le preocupa el destino de su único lugar para el arte
La comunidad se pregunta qué pasará con el acervo que custodiaba el Jacobo Borges
CARMEN VICTORIA MÉNDEZ

Un grupo de niños que juega en el Parque del Oeste entra corriendo a la única sala del Museo Jacobo Borges que permanece abierta. Les atraen tanto los colores de las obras del artista David Bello que no se cohíben de tocarlas. Nadie les dice que no deben hacerlo, pues desde la semana pasada la institución no cuenta con custodios ni guías de sala; tampoco se ofrecen catálogos ni la programación en la entrada.

La transición de museo comunitario a museo-escuela administrado por la Universidad de las Artes es el momento más vulnerable del Mujabo, el único espacio de difusión de las artes visuales de la parroquia Sucre. Es miércoles por la tarde. El museo recibe a algunos visitantes ante la mirada de una sola persona, un encargado de seguridad que no se percata de las travesuras infantiles. Tampoco hay cámaras que le permitan detectar la presencia de dos personas ajenas a la institución en el segundo piso del complejo. Un recorrido furtivo por el lugar revela que donde antes había una sala de exposiciones y oficinas ahora no queda nada. Ni obras, ni escritorios, ni personal. Sólo paredes pintadas de blanco. Afuera, unos empleados limpian la fachada. La gente que entra y sale del Parque del Oeste dice no tener noticias del cambio de administración y de perfil de la institución.

Ventana de participación. Marlene Mora, representante de Procatia, explica que la organización ve con preocupación el "cierre técnico" del museo.

"No sabemos cómo va a hacer la comunidad catiense para acceder a los documentos, las fotografías y las obras que integran su acervo cultural.

La acción significa la clausura de una ventana de participación y de reflexión crítica. El museo era la única válvula de escape de una parroquia donde no hay cines ni espacios recreativos".

Mora recuerda los inicios del Mujabo, cuando todavía se llamaba Museo del Oeste. Fue creado en 1989, por decreto del gobernador del Distrito Federal, Virgilio Ávila Vivas, e inaugurado con una muestra del pintor de Catia Jacobo Borges el 3 de diciembre de 1993, a pesar de la resistencia de la comunidad, que pedía un polideportivo, un ateneo o una casa de recreación para personas de la tercera edad.

El debate entre las autoridades de la institución ­encabezada por Adriana Meneses y Borges­ y los líderes vecinales se gestó dentro de la biblioteca del complejo. "El museo no sólo dio a conocer a artistas, también se convirtió en un lugar con el que la comunidad podía contar. Fue allí donde se logró la salida del Retén de Catia; e igualmente sirvió para hacer un Aló, Presidente. Fue un sitio de reflexión donde la gente común decía cómo quería que fuera la parroquia, pero tanto al museo como al parque los mató la política", dice la dirigente.

Uno de los proyectos expositivos más recordados fue Caballo de Troya, una curaduría colectiva cuyo eje temático fue la supervivencia dentro de la cárcel vecina. "María Isabel Álvarez entraba todos los martes y jueves con un grupo de artistas", cuenta Meneses en el libro Memorias del museo. La línea social continuó con experiencias como Niños de la calle, curada por Ariel Jiménez, e Inocentes, en la que el artista Iván Hurtado abordó el tema de los niños víctimas de la violencia en Colombia.

El ex curador del Mujabo Carlos Palacios recuerda que la institución dio puerta franca a los artistas catienses a partir de la exhibición Del lado oeste. "Fue muy interesante formar parte de un museo que en un principio iba a ser de arte contemporáneo, pero cuyas circunstancias sociales y urbanas orientaron hacia la comunidad. El museo tomó el pulso de la calle. Lamentablemente ha habido cambios institucionales dirigidos a anular las instituciones ­como la creación de la Fundación Museos Nacionales­ que han estado avalados por sus directores, que son cómplices de la situación".