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miércoles, 24 de agosto de 2016

TESTIMONIO ÉTICO



Este país también se llama Mercedes Pulido de Briceño

Luis Barragán

La opinión pública venezolana supo de ella no como una ministro más, sino como la decidida propulsora de la reforma del Código Civil. No le hizo falta la actitud estridente, el amago sensacionalista, la vanidad hecha temeridad, sino  bastó su más profunda convicción – además -  cristiana para motorizar ideas e iniciativas que son las que construyen día a día la República que, por definición, es de todos.

Tuvo como herramienta esencial la comprensión cabal de los problemas y un sentido de tolerancia que le dio un magnífico empuje pedagógico a sus propuestas.  No le fue indispensable la figuración política para impulsarlas, pues, con magnífica y bendita voluntad,  prosiguió una labor que las nuevas generaciones deben continuar y cultivar con la misma sencillez y modestia, decisión y eficacia que la caracterizó.

Realmente progresista, desapegada de los rótulos de ocasión, la presencia de la mujer en el escenario que fue y va más allá de lo político, cobró realidad en el país que también lleva su nombre, por el tesonero esfuerzo, la voluntad insobornable y el aporte creador que hizo peso propio renunciando a los fáciles estereotipos del momento. La venezolana de hoy lo es, por sus contribuciones aún desde sus vicisitudes más humildes, las que no necesitan de las supuestas poderosas consignas que, en nombre de la redención, apuestan por las más viles dictaduras de aventajados burócratas.

Constructora de la República, la de cada día, Civil y Democrática, en el hogar, en la academia, en su desempeño profesional, pero – lo más importante – en la familia y (sus entornos) que, hoy, está tan urgida de reivindicar. Auténtica, en el sentido que le confirió Ignacio Lepp al término, ha trascendido porque su obra llevó siempre el signo y la vocación de la trascendencia. Y estas palabras no son de oportunidad,  porque, es necesario subrayarlo, no tuvimos trato personal con ella: ¿hizo falta para reconocer ahora su trabajo, su testimonio, su legado?

Venezuela puede exhibir con orgullo la herencia que deja: amor por su país, hecho de preocupación y amor hacia el prójimo más desamparado.  No hubo bullicio, desplante, humillación y arrogancia: hubo y habrá Mercedes Pulido de Briceño, ejemplo de la edificadora de una República Civil y Democrática.

24/08/2016:

lunes, 1 de octubre de 2012

DAR (1)

Cinco notas sobre Domingo Alberto Rangel
Luis Barragán

Nos encontrábamos en medio de las actividades de campaña, en el profundo interior del país,
zona campesina del estado Táchira, cuando nos enteramos del fallecimiento de Domingo
Alberto Rangel. Obró la casualidad, pues, removiendo papeles en casa el mes anterior,
hallamos y fotografiamos más de cien de sus artículos de prensa, calculados en una cifra
superior a diez mil entregas por Francisco Jiménez Castillo, autorizado especialista de la
historia de vida del tovareño.

Escuchamos sobre Rangel en casa, desde pequeños, como ocurría también con Castro León
y otros actores de la época romuliana, gracias a las distraídas tertulias de los mayores. Y
establecimos una curiosa relación de lectores, pues, política e ideológicamente opuestos,
gustamos de su verbo escrito por esa progresión metafórica que lo caracterizó, según la
conclusión de Orlando Araujo; y del oral, por sus extraordinarias cualidades de vociferador
de masas. Inadvertidamente, se hizo costumbre leerlo con sus severísimas afirmaciones,
numerosas contradicciones, también díscolas posturas y las malhumoradas e inesperadas
reacciones ante la pregunta incómoda y necia.

Suponemos que, ya para principios de los ochenta, pocos lo invitaban para un interviú
televisivo, acaso porque no deseaban arriesgarse con el inteligente analista, por su sectarismo
o hasta la más probable torpeza del periodista que le tocara en suerte. Renglón éste, en el
que recordamos la cordialidad hábilmente neutralizadora de Paco Benmamán, el interrogador
que recibió la amable respuesta de Rangel, palabras más, palabras menos: “No me meto con la
ministra Mercedes Pulido, porque entre tovareños no peleamos”.

1) El debate petrolero

A mediados de los años setenta, el proceso nacionalizador del hierro y el petróleo provocó
un largo e intenso debate en todos los sectores del país que muy bien extrañará a las
generaciones que ahora sufren los rigores de la democracia participativa formal. El
estudiantado de secundaria, por lo menos el de las instituciones públicas de enseñanza, lo
hizo suyo por la avasalladora estrategia de una ultraizquierda diversa, por cierto, la de un
radicalismo que después retrató estupendamente en un breve ensayo Radamés Larrazábal.

No gustamos del ultraísmo de gratuita e inconcebible violencia, repetidor de estruendosas
consignas que no nunca supo explicar. Y, a pesar de empuñarlo, Domingo Alberto se
nos antojaba ajeno, aunque jamás renegó de Tirofijo, siendo el mismo autor radiado
incansablemente por Notirumbos, debido a su celebérrimo libro sobre Gómez, editado por
Vadell Hermanos.

Intentamos acopiar todo lo que se dijo sobre la materia petrolera y hasta una cartelera del
liceo la plenamos con nuestros recortes de prensa, incluyendo al nostálgico creador del
MIR. Tuvimos la fortuna de hallar “La revolución de las fantasías” en nuestras tempranas
incursiones por el remate de libros, postergada la lectura ya que, para sorpresa de la
bibliotecaria, dos títulos coparon nuestro tiempo: “El proceso del capitalismo contemporáneo
en Venezuela” de Domingo Alberto; y “Venezuela, política y petróleo” de Betancourt, los
cuales – además - no entendimos cabalmente en medio de sus abundantes disquisiciones y
cifras, pero fueron insignias de orgullo personal haberlos devorado pacientemente.

Acudimos a dos conferencias, una de las cuales parcialmente recuperamos gracias a Luis
Tarrazzi y sus habilidades para domar las antiquísimas y rudimentarias grabaciones: Domingo
Alberto en la antigua sede de la AVP, en nombre de un Centro de Estudios Socialistas, versó
sobre el petróleo y el imperialismo. La otra, en inmueble adeco, alguien defendía el proyecto
de Carlos Andrés Pérez, otrora presidente de la República.

Algo curiosísimo, pues creímos propia la ocurrencia dicha a un periodista de El Nacional
a mediados de los ochenta, Eduardo Delpetti, quien hizo una histórica e irrepetible serie
de preguntas a la dirigencia juvenil de entonces: algo así como que no debemos mirar la
realidad como Don Quijote a Dulcinea, creyéndola hermosa siendo una vieja áspera. Delación
del subconsciente, al reescuchar la referida grabación de ¿1975?, Rangel empleó casi
exactamente el tropo.

domingo, 20 de febrero de 2011

RESISTIRSE


EL NACIONAL - Domingo 20 de Febrero de 2011 Siete Días/4
entrevista
Mercedes Pulido de Briceño
"Esta es una sociedad muy centrada en el presente"
La psicóloga social advierte, a propósito de las elecciones de 2012, que los triunfalismos son fiestas aguadas.
Asegura que los venezolanos son extremadamente igualados y reconoce en el desorden una gran virtud pues ha impedido, pese al petróleo y la complicidad internacional, la imposición de una dictadura de pensamiento único
TAL LEVY

Mercedes Pulido no abandona su optimismo característico: "Que Venezuela se haya resistido durante diez años, con todo el petróleo y la complicidad del mundo externo, a estar bajo el sometimiento de una sola visión ideológica y de un solo pensamiento es un logro significativo, increíble".

No obstante, le preocupa el proceso de conciliación planteado porque, según ella, no existe: "Es un mecanismo para llegar al proceso electoral de 2012. Es verdad que fue devuelta la Ley de Universidades, pero si revisas los decretos ministeriales de las últimas semanas son sus mismos postulados.

Entonces, hay que tener claridad y forzar el diálogo, no negarlo. Ah, tú quieres diálogo, cómo no, vamos a discutir sobre la seguridad social, un tema no tratado porque el presente es muy importante y la seguridad social implica futuro".

Entonces, afirma: "Ésta es una sociedad muy centrada en el presente y el presente no exige sacrificios, siempre es el albur de que mañana va a llegar algo".

--En un reciente artículo manifestó: "Los triunfalismos anticipados pueden ser fiestas aguadas. Son muchos los que aspiran a ser candidatos, pero cabe preguntarse si el año 2012 puede darnos las sorpresas por no comprender el proceso que vivimos". ¿Por qué? --Los triunfalismos son fiestas aguadas porque los imprevistos existen y la controlabilidad de la conducta no significa la controlabilidad del entorno ni de las emociones en determinado momento. Tenemos una vacuna importante para la definición de candidaturas electorales y es la idea de primarias. Competir implica exponerte a la realidad. Un ejemplo es Barack Obama, cuya candidatura tuvo mucha resistencia, pero fue capaz de permanecer y someterse a la diversidad de su sociedad. En Venezuela hay visiones de diferencia marcada, por lo que podremos no ser igualitarios, pero sí somos extremadamente igualados. Eso hace que se deba comprender un país en el que tienes que compartir con muchísimas diferencias. El mestizaje es un hecho: más café, más leche, pero todos somos mezclados.

--Habla de una sociedad igualada, pero desde el Gobierno se nos dice lo contrario. --Por eso el Gobierno está en franco divorcio con la realidad.

Somos igualados porque no vamos a decir en una estación de servicio: Señor, tenga la bondad, me llena el tanque. ¿Qué utilizamos? El "mijo" y el "vale", términos lingüísticos bellísimos porque implican que el "usted" es demasiado lejano y el "tú" es demasiado parejero. Eso del igualadismo es el por qué tú y no yo. El venezolano se siente con igual capacidad de estar en cualquier medio, aunque no se comprometa. Y de allí una gran virtud: el desorden.

--¿Por qué lo ve como virtud? --Es un vicio porque no puedes tener instituciones permanentes, pero es una gran virtud porque no nos han podido imponer una dictadura de pensamiento único. Gracias a esa capacidad para ordenar y desordenar, podemos construir una sociedad capaz de convivir. Lo que vivimos no es un proceso fácil, pero sí una experiencia que nos fortalece en la idea de que los conflictos son reales, pero los conflictos son para enfrentarlos. Sociedades perfectas no hay. Odios es difícil que se den en el país precisamente por esa diversidad, pero se pueden dar. Entonces, hay que neutralizarlos. ¿Cómo? Con oportunidades.

--Mark Lilla, en el ensayo La nueva era de la tiranía, advierte sobre la pérdida de la sensibilidad ante la tiranía en sus formas más moderadas debido a que el discurso político heredado del siglo XX, con una retórica en blanco y negro, no es aplicable a ciertos regímenes, como el venezolano, que sin ser totalitarios tampoco son democráticos. --Para el europeo, la herencia del siglo XX son los campos de concentración, los totalitarismos con la sumisión de las poblaciones, la eliminación de la propiedad privada, el control de la información, pero cuando no tienes esos parámetros ciento por ciento ya es difícil catalogar. En Túnez, Habib Bourguiba tuvo una visión de la fundación de la nación basada en los derechos de la mujer y en la sociedad educada, y eso fue suficiente para que en Europa no se viera la centralización del poder, la corrupción, las torturas, la ausencia de derechos humanos. En Venezuela, los intereses económicos han sido muy evidentes pues somos un país petrolero. Cuando veo que son importantes las casas que hacen los chinos, recuerdo nuestra gran capacidad de construcción porque fuimos de la generación que participó en las 100.000 casas. ¿Por qué marginar la capacidad instalada del venezolano? Porque no se quiere que crezca, sino que esté sometido. Si los empresarios venezolanos tienen autonomía, apoyarán a la oposición, y ése es el juego: hay que descartarlos. Eso es una sofisticación del totalitarismo, pero es real, porque es el abuso y el uso del poder en función de un objetivo no solamente personal, sino de imposición ideológica.

--¿Cómo nos afecta no tener un vocabulario para designar estos regímenes? --Mucho. El lenguaje es fundamental porque cuando no tienes los símbolos o representaciones de dónde estás en ese proceso, difícilmente puedes ser parte de las soluciones.

--Luego de la exhumación pública de los restos de Bolívar, alertó sobre la destrucción de los símbolos de cohesión.

¿Estamos conscientes de ello? --Generalmente no estás consciente de lo que destruyes.

Es muy importante aceptar los símbolos como referencia, que no se puede manosear con intereses particulares porque se prostituyen. La exhumación responde a la necesidad de asociarse al héroe, que ya es un mito. Tengo la impresión de que estos cambios en los símbolos nuestros están en función de construir otro esquema en el que nada de esto tenga espacio, en el que la bandera y el himno sean distintos. Esa exhumación en la televisión es como quitarnos a todos el sueño de que allí está algo que es sagrado, y ya se vuelve incluso un desecho.

--Como sociedad, ¿tenemos objetivos y valores compartidos? --Hay tres valores compartidos, dos reforzados en estos 10 años: el empoderamiento, pues las 60 protestas diarias me dicen que yo me siento con el poder de decir lo que pienso; la visibilidad, pues los problemas no se pueden ocultar porque por uno u otro lado salen; y el tercero es que todos aspiramos a algo. Tenemos la herencia de los 40 años de democracia, chucuta o no, pero todos queremos ser más, tener más, proyectarnos y decidir por nosotros mismos. Por eso el mensaje del Gobierno de que ser pobre es bueno no ha calado.

--En los años noventa, en Participación y desarrollo social en Venezuela, reconoció la gestación de una nueva vida social, de una incipiente sociedad civil, y llamaba a combatir el pesimismo y el masoquismo autodestructivo. A la luz de los tiempos, ¿qué piensa? --Que teníamos buena intuición. Estaban surgiendo actores nuevos, juntas de vecinos, juntas de padres y representantes, gremios, sindicatos. En Venezuela fue el Estado el que favoreció el surgimiento de la sociedad civil. Tú ya sentías la inconformidad para aceptar normas homogéneas o monolíticas. Veías, como psicólogo, que el niño estaba creciendo y una demostración fue la elección de los alcaldes, en la que, como hecho significativo, hubo casi 20% de candidaturas femeninas que después no se repitió. Sentías que era un país que no aceptaba la ausencia de oportunidades, pero éstas estaban muy relacionadas con lo que el Estado permitiera abrir, a diferencia de otras sociedades basadas en el esfuerzo propio. El pesimismo es que aquello lo veíamos como desorden, como caos, y no como opción, porque estábamos acostumbrados a que alguien mande.