Mostrando entradas con la etiqueta Marjorie Delgado Aguirre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Marjorie Delgado Aguirre. Mostrar todas las entradas

sábado, 3 de marzo de 2012

EJERCICIO FOTOGRÁFICO


EL NACIONAL - Sábado 03 de Marzo de 2012 Cultura/3
MUESTRA La galería D’Museo expone el trabajo reciente de Antonio Briceño
El llanto propio en una voz plañidera
Las plañideras, mujeres que lloran pérdidas ajenas, prestaron su lamento al artista venezolano
MARJORIE DELGADO AGUIRRE

Un funeral. Un coro ­literalmente un coro­ de mujeres entona un lamento. No lloran por el muerto, lloran para el muerto y para los vivos... Quizá una pérdida propia les inunda la memoria. Lo cierto es que algún golpe certero de la vida les convoca el llanto y, así, las plañideras, también conocidas como lloronas, cumplen con su misión: acompañar el dolor con lamentos o, tal vez ­en una versión muy libre del artista Antonio Briceño sobre el papel de estas mujeres­, las plañideras están para llorar por los que no lloran; para llorar por aquellos a los que les dijeron que a los arrechos no se les sale una lágrima, aunque se les ahoguen las entrañas. Con estas mujeres en especie de extinción, figuras clave en ritos fúnebres de la antigüedad y en varias civilizaciones, y con ellas como excusa para reflexionar acerca de la represión de las emociones, el creador regresa mañana a la galería D’Museo, en el Centro de Arte Los Galpones.

Se trata del trabajo más fugaz de Briceño y al mismo tiempo el más personal. Luego de leer una noticia que anunciaba la extinción de esta manifestación cultural, heredada de Grecia y otras civilizaciones, el artista viajó a Perú y localizó a las lloronas, que hace años sólo le parecían mujeres que lloraban por dinero. No obstante, la voz de esos lamentos se convirtió en el suyo propio, ese con el que comenzó a exorcizar sus tristezas más profundas.

Al principio pensó que se trataba de mujeres con llanto falso, pero luego se dijo: "Pueden no llorar por lo que yo lloro, porque ¿quién no tiene una tragedia? Al buscar la suya, hacen mímesis con la mía, con la nuestra, y yo, frente a su llanto, hice catarsis. Lloraron por mí, lloraron lo que yo no podía llorar". Briceño cuenta que en esa experiencia encontró la manera de dar forma visual a cinco años de psicoterapia y a una vida asaltada por tristezas que se ocultaron de las lágrimas.

Cuando estuvo frente a ellas, lo primero que las plañideras le preguntaron fue por quién llorarían Él les contestó: por mi madre, a quien perdió cuando era niño. En sus sollozos, las mujeres traducían la idea del abandono, de la soledad a la que lo dejaba atado el vacío por la muerte. La cámara de video hacía lo suyo y las emociones revueltas del artista elaboraban la obra.

En la sala también se exhiben piezas que dan cuenta del predio de este trabajo y al mismo tiempo de la génesis de sus inquietudes: lo primero que el espectador encuentra es una serie de fotografías impresas en bloques transparentes gruesos, a manera de "témpanos", en los que el agua evoca una de las pesadillas más recurrentes y añejas del creador: el mar se aleja tranquilamente, llevándose consigo a algunos seres queridos. Otra serie registra los lacrimatorios, frascos en los que se guardan las lágrimas. "Antiguamente se creía que el ascenso de un alma al cielo duraba lo que duraran en evaporarse las últimas lágrimas que brotaran por la persona fallecida", relata Briceño.

Aunque el enfoque de este trabajo no tiene el mismo fondo antropológico de sus investigaciones anteriores existe, sin duda, una irresistible tentación de pensar en el discurso cultural detrás de las plañideras.

Y hay más: dolorosamente se siente que estas mujeres se ven a diario en los rostros de cientos de madres venezolanas que sí lloran por sus muertos. De hecho, Briceño confiesa que la primera "plañidera" que encontró fue una madre venezolana a la que retrató para el Proyecto Esperanza Venezuela, que expone en los espacios públicos urbanos los rostros de madres que han perdido uno o varios hijos a causa de la violencia en el país.

sábado, 9 de abril de 2011

PAPIRÁNTICA


EL NACIONAL - Sábado 09 de Abril de 2011 Escenas/1
17 años y 6 décadas de papel
En la galería Blasini se inaugurará Papel XVII , una colectiva que colabora con la difusión del legado de la obra sobre papel en el arte venezolano. En esta edición, se hace un homenaje a Marietta Berman
MARJORIE DELGADO AGUIRRE

Es cierto: el papel es un soporte, pero también un medio, y en el arte ha quedado demostrado que ha develado un camino infinito de posibilidades. Tanto, que puede ser soporte y medio a la vez. El papel del papel en la plástica venezolana se ha bifurcado y tiene una historia contada y por contar.

La galería Blasini ha contribuido con la difusión de esa historiografía con la organización de la exposición colectiva Papel, que este año llega a su décimoséptima edición y que, además, es consecutiva. Y, como bien saben algunos, no es fácil unir la palabra consecutivo y gestión cultural en una misma línea, por lo menos no en un país tambaleante.

La muestra reúne múltiples miradas, usos e intenciones de los artistas con el papel. Las salas de la galería reúnen varios momentos de la historia del arte venezolano desde la década de los años cincuenta hasta hoy y a creadores de diversas generaciones y tendencias. Incluso se pueden redescubrir facetas insospechadas de artistas consagrados, no sólo en obras que elaboraron hace lustros, en algunos casos, sino también en experimentaciones recientes.

La colectiva incluye piezas de Asdrúbal Colmenárez, Eugenio Espinoza, Carlos Medina, Arturo Quintero, Juan Calzadilla, Alirio Palacios, William Stone, Víctor Valera, Jacobo Borges, José Vivenes, Manuel Quintana Castillo, Jesús Soto, Luisa Richter, María Elisa Castro, Federico Ovalles, Miguel Grillo, Lihie Talmor, Eliana Sevillano, Antonio Moya, Luis García, Ilse Dagnino y Milos Jonic.

El recorrido constituye un recordatorio de las trampas del papel para dejar de ser sólo eso; para develar sus idilios con la tridimensionalidad, con el collage, con la perspectiva, con la pintura, con el color...

La gráfica de Marietta Berman

Algunos de los creadores participantes no son venezolanos de nacimiento, pero llegaron para quedarse y construyeron su cuerpo de obra en el contexto del país. Es el caso, entre otros, de Marietta Berman, quien, proveniente de la República Checa, se instaló en 1948 en Venezuela, donde descubrió la vocación que perduraría hasta 1990, año en el que murió y en el que fue homenajeada con la Orden de Mérito Francisco de Miranda.

Una sala de la galería está dedicada a la exhibición de 12 de sus obras sobre papel.

Recién llegada al país, en la década de los años cincuenta, influenciada por un artista húngaro y venezolano, Iván Petrovszky, Berman descubre en las artes plásticas una forma de expresarse. Comienza a participar en el exigente Salón Oficial que se llevaba a cabo en Venezuela por aquel entonces y, cuentan los investigadores Juan Calzadilla y María Elena Ramos en el libro Marietta Berman. Cosmovisión, que es en ese salón donde se empieza a ver la evolución en la obra de la creadora, que primero envió una Naturaleza muerta y continuó luego por distintas sendas en términos reflexivos y estéticos.

Es difícil asociarla a un movimiento artístico, pero algunos han considerado el trabajo de Berman como parte de la abstracción lírica, vanguardia de mediados del siglo pasado. Más allá de cualquier clasificación, la ganadora en 1964 del Premio Nacional de Dibujo y Grabado dejó como legado una obra en la que refleja una meditación profunda del espacio material e inmaterial, es decir, del espacio en el plano y el espacio espiritual en el que se instala su reflexión como ser humano y artista. Allí, en ese espacio inabarcable, se haya el espectador cuando está frente a la luz de una de sus piezas, confidentes de su alma.

"Su obra gráfica no está disociada de las demás disciplinas que Marietta Berman cultivó y, por el contrario, se estructura con ellas", señalan Ramos y Calzadilla. De hecho, la artista elaboró series muy pequeñas que no dejaba en manos de los técnicos, sino con las que se comprometía hasta la última faceta.

sábado, 26 de marzo de 2011

PERIPLO DE TRAZOS Y COLOR


EL NACIONAL - Sábado 26 de Marzo de 2011 Cultura/4
EXPOSICIÓN Se cumplen 10 años del retorno del zuliano a sus orígenes: la pintura
La música que pinta Víctor Valera
A los 84 años de edad, el artista vuelve a llenar los tres pisos de la Galería de Arte Ascaso con obra reciente
MARJORIE DELGADO AGUIRRE

En 2007, cuando tenía 80 años de edad, Víctor Valera aseguraba que ya no tenía tiempo para darle tiempo al tiempo.

Y no es mentira. No se lo da.

Y es tan férrea su oposición al letargo que ahora, a los 84 años, este hombre de energía inagotable vuelve a llenar los tres pisos (más la azotea) de una de las galerías más grandes de Caracas: la Galería de Arte Ascaso, donde mañana inaugurará Víctor Valera. Punto y línea. ¿Cómo lo hace? La respuesta no es sencilla para quien se despierta sin una idea clara de que hará con cada día. "Cuando me levanto, tengo un cuadro pintado en mi cabeza. Sólo tengo que ver la luz que entra por la ventana. En adelante, todo es trabajo", dice el creador.

En medio de la iluminada primera planta de la Ascaso, erguido en una silla mientras agita un rudo bastón cuyo puño queda minimizado atrapado en la robustez de su fuerte mano, se encuentra Valera, con tantas canas como historias por contar: "Antes de que comience la entrevista le quiero decir algo que usted comprenderá si entiende de música: todo lo que está aquí se lo debo a haber sido obediente a Pierre Boulez y a los músicos dodecafónicos, que me hicieron entender que el silencio es un sonido, que escuchar era llegar a la sabiduría, que hay espacios que hay que llenar y otros que hay que vaciar".

Esas palabras dan soporte a lo que dijera Jean Arp, el artista que descubrió sus lienzos: "No hace falta ser pitagórico para oír a través de las concreciones de Valera una música magnífica. Amenazas, torbellinos, embriaguez, rayos de luces se ordenan en esa pintura para formar construcciones sonoras, construcciones que convierten en visible lo invisible, que dejan oír lo que no se escucha".

El creador empuña el bastón, lo levanta y señala una obra. "Los espacios, como en el pentagrama, están en una sola dimensión, pero allí hay silencios, sonido y vibración. Todo eso es musical y es en la música donde se halla el comienzo de mi enseñanza", continúa el artista, que hace 10 años retornó a la pintura luego de haberla "traicionado" en 1957, cuando se convirtió en escultor y ganó el Premio Nacional de Escultura con la segunda obra que hizo en ese formato.

"La escultura me dio el tiempo; porque yo apenas estoy llegando a aquel lugar (la pintura) del que salí", expresa.

Pero, aunque entregado a la pintura en cuerpo y alma, su trabajo actual no deja de tener un modo muy escultórico.

Juega con los sentidos y, desde el plano, también corteja al volumen, aupado por el artificio de lo óptico. De hecho, si se sube a la azotea se puede ver una pequeña retrospectiva de su obra escultórica y, escaleras abajo, el montaje, celosamente vigilado por el creador, muestra la indisoluble relación entre el Valera escultor y el Valera pintor. Sin embargo, a pesar de que esa conexión entre pintura y escultura es muy cercana y de que existe un hilo conductor general en su trabajo, la abstracción geométrica y el interés por lo óptico, el volumen, el espacio, al artista le aterra la palabra repetición: "Hay quienes me critican por no seguir una sola línea de trabajo, pero a mí me horroriza que un cuadro tenga una relación con el otro. Cada uno está vivido por primera vez, hecho desde una emoción. Es el hombre frente a la magia y la sorpresa. ¿Qué queda en esa diferencia entre cuadro y cuadro? El yo".

En el ancho espacio de la sensibilidad de Víctor Valera el inconsciente siempre se asoma, pero no porque a su pintura se le vean costuras escultóricas ­esto quizá es muy consciente­, sino porque su obra no reniega de las imágenes de su tierra, como dijo una vez: de su hablar maracucho.

Esto lo recalca para contradecir el resabio de creer que la abstracción geométrica y los artistas modernos se divorciaron de su cultura: "Nosotros lo que hicimos fue una síntesis, pero esa síntesis no niega ni lo que nos enseñaron los que hacían representación ni nuestras herencias culturales.

Yo creo en América, creo en lo que somos".

"Cada uno (de los lienzos) está vivido por primera vez, hecho desde una emoción. Es el hombre frente a la magia y la sorpresa.

¿Qué queda en esa diferencia entre cuadro y cuadro? El yo"

Punto y línea
Víctor Valera
Inauguración mañana, 11:00 am Galería de Arte Ascaso, avenida Orinoco de Las Mercedes, entre las calles Mucuchíes y Monterrey, frente a la Torre Rescarven Lunes a viernes, de 8:00 am a 1:00 pm y de 2:00 pm a 6:00 pm; sábado y domingo, de 11:00 am a 3:00 pm

Fotografía: Manuel Sardá

miércoles, 23 de marzo de 2011

SEMILLERO EMOCIONAL


EL NACIONAL - Miércoles 23 de Marzo de 2011 Escenas/1
La mirada interior de Alexandra Kuhn tiene aroma de café mañanero
La ganadora del V Salón Pirelli de Jóvenes Artistas presenta Ser operativo, una individual en la que ­señala la curadora de la muestra, María Elena Ramos­ prevalece la actitud meditativa de la creadora sobre los objetos
MARJORIE DELGADO AGUIRRE

Frente a las obras de la individual Ser operativo, expuestas actualmente en la galería Carmen Araujo Arte, Alexandra Kuhn revela algo de lo que después se arrepiente por considerarlo un detalle insignificante.

"Yo era una niña muy silenciosa". Quizá en esta "nimiedad" se halle buena parte de la naturaleza de su trabajo artístico. Sus silencios y recogimiento responden a una necesidad natural de profunda contemplación, que se le hace ineludible no sólo para ver las cosas por fuera, sino para ver hacia adentro.

Y más adelante, hace otra confidencia: "Casi no salgo de mi casa". Una frase con la que apunta que no es casual que el objeto de su contemplación sea su entorno más inmediato.

Como punto de partida para armar su Ser operativo, la artista aferró su mirada en un objeto doméstico: la taza de café que deja su esposo en la mañana. La curadora María Elena Ramos lo deja claro: "Si él toma (bebe) el café cotidiano, ella toma al café como motivo. Y a partir de esta bebida y sus ceremonias el serartista va creando sus maneras: lo decantado, lo manchado, lo sumergido, lo superpuesto, lo desvanecido". Estas maneras se transforman en series como "Borra", "Mancha integrada", "Acercamiento a borra", "Acercamiento a naturaleza muerta" y "Ser operativo".

"Más que la naturaleza de los objetos, lo que prevalece aquí es la actitud meditativa de la artista sobre ellos: una apropiación muy suya, un acto perceptual que hace palpable la densidad física de ser y cosas, pero también un acto conceptual capaz de revelar las fuerzas simbólicas y conexiones éticas. Lento proceso en fin hacia un modo muy personal de transfiguración poética", señala la investigadora María Elena Ramos.

La artista integra en su mirada atenta ese accidente que queda en el fondo de la taza, a la tinta derramada sobre una servilleta. Kuhn negocia con lo imprevisto y lo convierte. Así, en la individual Ser operativo el error es transfigurado en arte.

Lo hace por una convicción: la existencia está definida en gran medida por el error. Ella lo resume en una frase griega: Hen to pan, que significa "todo es uno", y ese todo, además del accidente, es el otro que se integra a su vida y, ahora, a su obra: su esposo, también el ser operativo, el que existe, obra y hace su efecto, escribe en su blog sobre su proceso creativo.

Al mismo tiempo, Kuhn admite en su cuerpo de trabajo un ejercicio de traslación de lo íntimo a lo público. No sólo es que saca su casa a la calle, sino que hace un inventario introspectivo. "Para mí el asiento del café es una representación simbólica de eso que queda en uno, en el fondo, para sus adentros", señala la artista.

Cada obra es un retrato de una cotidianidad muy propia que se explaya en el detalle y que se desnuda. La artista hace acercamientos conmovedores. "La mirada interior y el detalle a lo grande (lo ampliado), ambos vienen acompañando mi presbicia", apunta en el blog. Al ir al detalle, Kuhn, transforma la materia y ofrece otras lecturas a una simpleza, que pasa inadvertida para el resto de los ojos.

En su trabajo reciente, Kuhn, ganadora del V Salón Pirelli de Jóvenes Artistas (2001), salió del pétalo que caracterizó buena parte de su obra anterior. No obstante, se quedó con el apego a lo orgánico, más específicamente a lo orgánico residual.

También con el punto de costura, muy propio de su propuesta, aunque esta vez es más bien un punto de sutura, más desgarrador que la sutil puntada de creaciones pretéritas. Al hablar de este aspecto, la artista se detiene en frases sueltas que hilan una constante en su trabajo: la herida, la herida reconstruida, la sutura de la existencia (la sutura, luego del accidente: una forma de ser operativo).

Fotografía: William Dumont

miércoles, 29 de diciembre de 2010

varias veces cunill dos


EL NACIONAL, Caracas, 17 de Enero de 1996
Geografía: base de la nación
PEDRO CUNILL GRAU


Para quienes seguimos creyendo en el porvenir inmediato de Venezuela es fundamental irradiar a la opinión pública el sentido positivo de su geografía física y humana. Es un don de base que posibilitará con una adecuada conducción estatal, regional, municipal y privada, la consolidación de una de las naciones más promisorias del planeta. La juventud actual debería acceder, a través de la educación formal e informal, a un detenido estudio de las extraordinarias opciones que proporcionan las bases geográficas de la nación para resolver con acierto en pocos años el subdesarrollo nacional. Con arduo trabajo y amplio sentido de equidad socioeconómica el territorio puede dar prosperidad a las actuales gemeraciones y a sus descendientes. No hay ninguna razón para caer en la desesperanza o en estados confusos de ánimo, con alteraciones extremas de la conducta.
No se puede avanzar con la abrumación de absurdos pesimismos, que acoplan a Venezuela a las naciones más pobres del Quinto Mundo, ni con afiebrados mesianismos, que exigen ingentes sacrificios para asegurar una utópica felicidad en espacios celestes imaginarios. Agoreros frustrados se unen a personajes histéricos para predecir anuncios de desdichas inevitables en un territorio que no ofrecería posibilidades, ni por su gente ni por sus recursos. Ante este clímax del desastre sólo quedaría la resignación del impotente o el éxodo rápido a pseudos paraísos de tranquilidad en el extranjero. La incapacidad de engendrar un país dinámico, partiendo de su realidad geográfica, está conduciendo al inmovilismo espacial, donde todo se resuelve en operaciones de sobrevivencia a corto plazo.

No desconocemos que estamos en momentos difíciles; sin embargo, todavía estamos a tiempo de revalorizar las ventajas que ofrece la geografía del país, para convertirla a corto plazo en una potencia media, asegurando a sus habitantes una adecuada calidad de vida, superándose las injustas situaciones de pobreza crítica. Para ello hay que lograr una amplia reconciliación nacional, sumándose esfuerzos de sectores excluidos del poder contingente e incorporando gente joven y mentes lúcidas a la gerencia del ordenamiento y maximización del territorio, a escala nacional, regional y local.

Ello no sería imposible, puesto que aún en los últimos años de este siglo y en los primeros del próximo continuaremos, en el plano mundial, en la era del petróleo, del gas natural y de la energía convencional. A este respecto, Venezuela cuenta con ventajas extraordinarias con promisorias reservas de todo tipo de hidrocarburos y con expectativas notables en hidroelectricidad, carbón, bitúmenes y otras fuentes energéticas. A precios razonables en el mercado interno este capital energético puede contribuir a desenvolver importantes focos de industria manufacturera, de transformación de materias primas, de servicios y de transportes. En palabras muy sencillas y realistas, toda mujer y hombre podrían tener trabajo asegurado y bien remunerado, de movilizarse cuidadosamente sus reservas energéticas y minerales. Más aún, cuando importantes personeros se desvelan en conseguir magros recursos monetarios foráneos, sería conveniente que habilitaran a la brevedad una casa de moneda para amonedar el abundante oro guayanés y depositarlo en el Banco Central de Venezuela.

En estos tiempos transicionales, de ser debidamente preservados los bellos paisajes naturales, en especial, los playeros, andinos, guayaneses y sabaneros, podrían ser la base territorial de una adecuada movilización económica del ecoturismo, que atraería a millones de habitantes de clientes de países industrializados, que ya no cuentan con gratos ambientes silvestres. Obviamente, hay millares de otras opciones especiales, todas las cuales pueden contribuir a enraizar en los diversos terruños regionales a mujeres y hombres innovadores.

Más tarde, en las primeras décadas del siglo XXI, se abrirá un extenso período histórico caracterizado por la crisis de alimentos y agua. Asimismo, en ambos rubros Venezuela cuenta con una sólida base geográfica, expresada en adecuados suelos, abundantes reservas acuíferas e ictiológicas, numerosas asociaciones de cultivos y de ganadería tropical, autóctona e introducida. Estos recursos, acompañados con el manejo sustentable de la biodiversidad silvestre, pueden dar concreción a una plena independencia alimentaria e incluso posibilitar la agroexportación masiva. Todo ello se expresaría simultáneamente en inéditas formas de trabajo para la juventud del temprano siglo XXI, junto a otras actividades innovadoras de biotecnología, industrias de materiales nuevos y varias más que dependenderán de la capacidad tecnológica de las generaciones actuales y del porvenir.

Consideramos que es urgente revalorizar la importancia de la geografía como base de la nación del futuro. En caso contrario, los mejores espacios del territorio servirán sólo como enclaves extractivos o aliviaderos ocasionales para ociosos y desempleados.


EL NACIONAL, Caracas, 7 de Noviembre de 1997
La geografía del optimismo
VANESSA DAVIES


Viajar hasta su apartamento en Caracas es la primera lección de geografía: una calle perdida en Santa Mónica. Escuchar su habitual ``¨no es cierto?'', es la segunda: sabe a un Chile irrenunciable, aun para un venezolano que lo es por decisión propia y no por haber nacido aquí. Su sala, sembradío de tallas y esculturas, es la tercera: rostros de la Isla de Pascua, pinturas de Haití, cachicamos de Amazonas, monos y mujeres de Lara, máscaras de China. Y su lamento por la paulatina vergüenza adquirida contra nuestra artesanía, es la cuarta: ``Hay una degradación del aspecto arqueológico popular. Al avanzar la geografía de la pobreza, al sentirse la gente cada vez más acosada, al fomentarse la migración a la ciudad, tenemos una situación horrible. Casi nadie ha reparado en ello. Se va extendiendo la mentalidad social de hombre o mujer de campamento que extrae y se va''.

¨Qué dependencia existe entre la defunción de la selva tropical y la muerte de los trabajos humildes en madera? Para Pedro Cunill Grau, geógrafo, premio nacional de Ciencia 1997 (mención Ciencias Sociales y Humanísticas) es evidente. ``Al acabarse los bosques se va acabando el arte popular''.

Siempre está acompañado por un pacto con el optimismo que resistió, incluso, al cierre de su cátedra en la Universidad de Chile (1975) por la dictadura. ``La formación de jóvenes dará resultado en el temprano siglo XXI. Soy un convencido de que Venezuela tiene todas las condiciones ambientales de base, de recursos naturales, de paisajes, para ser una potencia media. Nuestra ventaja competitiva es el sol, el agua, ¨no es cierto?''. Las leyes vigentes alcanzan, a su juicio, para proteger nuestro entorno. ``Simplemente hay que hacerlas cumplir. Tan delincuente es el que asalta a una persona como el que acaba con un bosque, un río''.

Su credo: el desarrollo sustentable,``absolutamente necesario para el porvenir inmediato, aunque es pura ciencia ficción en nuestros ministerios. De lo contrario, estamos limitados a una situación de desastre ecológico. Europa se acabó en el Medioevo, y la `artificialización' geográfica domina todo el paisaje''. El anticredo: ``El capitalismo salvaje que estamos viviendo ahora''. El único subsidio social al que apuesta es el poblamiento de fronteras. ``Deben ser ciudades pequeñas o medianas, con pluralidad de actividades, un cine, una biblioteca, un hospital''.

Ya se jubiló de la Universidad Central de Venezuela (donde ocupó, entre otros cargos, la dirección de la Escuela de Geografía). Pero su mismo sentido del espacio físico y cultural lo hace enfatizar que las casas de estudios superiores venezolanas ``están muy por debajo de lo que el país demanda. Es urgente una reforma, con renovación de sus cuadros y estricta evaluación académica para que los dirigentes tengan su doctorado. Una universidad cuyas cúpulas son elegidas por la presión política, no dan la garantía para conformar la Venezuela posible''.

Llegó de España en junio pasado, luego de un año como docente durante el cual ``no supe nada de los diplomáticos criollos, porque no les interesó''. Su utópico plan de gobierno se soportaría en mejorar la educación y la televisión (``que actualmente es de un país del Quinto Mundo'') y en abordar ``la geografía de la violencia''. Y si a Pdvsa le interesa, Cunill quisiera ser uno de los dibujantes del urbanismo de la apertura petrolera en oriente.


El Nacional - Domingo 03 de Octubre de 2004 Todo en Domingo 1/68
<< INMIGRANTES ESENCIALES >>
Pedro Cunill Grau
CHILE, 1935
GEÓGRAFO, HISTORIADOR, CIENTÍFICO Y DOCENTE

Geógrafo, historiador, científico y docente, con más de 180 obras publicadas. Llegó a Venezuela en 1964 contratado para organizar la Escuela de Geografía de la UCV y permaneció hasta 1966. Una década después regresó al país para establecerse definitivamente y, desde entonces, contribuyó a formar varias generaciones de geógrafos.

Sus trabajos sobre los cambios en el paisaje venezolano a consecuencia de los procesos históricos en el siglo XIX son “un gran legado en el estudio de nuestra geografía y nuestra historia”, como dijera Ramón J. Velásquez en su bienvenida a Cunill Grau como miembro de la Academia de la Historia de Venezuela, el 10 de junio pasado. Actualmente coordina el proyecto de la nueva Geografía de Venezuela, bajo los auspicios de la Fundación Polar.


EL NACIONAL, Caracas, 19 de Febrero de 2005
El Nacional - Sábado 19 de Febrero de 2005 B/8
Geógrafos del mundo reconocen la labor de Pedro Cunill Grau
Especialistas de Norteamérica, América Latina y Europa concedieron el Premio Internacional Geocrítica 2005 al investigador chileno, figura importante del desarrollo de las escuelas geográficas de Venezuela y Chile
MARJORIE DELGADO AGUIRRE

Cunill Grau: “Sigo consagrando mi vida para apoyar la enseñanza de una geografía que no puede ser vista de manera aislada”

Apegado de corazón a la tierra venezolana, sin perder la añoranza de la que le vió nacer en el sur de este continente (Chile), Pedro Cunill Grau se propuso demostrar, durante más de 45 años de intenso trajinar entre la investigación y las aulas de clase, que la enseñanza de la geografía no puede quedarse sólo en el verbo, pues es necesario sembrarla en la conciencia del individuo. Esta y otras aseveraciones, diluidas con sabiduría en más de 200 publicaciones, lo han hecho merecedor del Premio Internacional Geocrítica 2005, que recibirá en mayo.

Sus múltiples aportes en materia de geografía tuvieron eco no sólo en América Latina, sino en Europa y Norteamérica. Así, los geógrafos de ambos continentes que conforman la Asociación Geocrítica de la Universidad de Barcelona, en España, decidieron otorgarle por unanimidad este premio en virtud, según el acta del jurado, de “su importante labor científica en el campo de la geografía, y en particular de la geografía regional e histórica, además de su contribución al debate de problemas relevantes de los países iberoamericanos y el establecimiento de lazos intelectuales entre dichos naciones.” Cuatro páginas de modesto resumen de su trayectoria justifican no sólo este premio, sino que sus textos sean referencia obligada en las instituciones de educación secundaria y superior no sólo de Chile y Venezuela, sino de otros países que buscan enseñar la geografía abordada desde una mirada interdisciplinaria que combine el estudio de determinadas características de suelos, aguas, floras, entre otros, con las idiosincracia de los pueblos y su contexto, de circunstancias históricas y políticas.

Sus días no se han separado nunca de la reflexión sobre las posibilidades de los países latinoamericanos para ir del llamado Tercer mundo al que supuestamente es primero. Y a su entender el conocimiento de la geografía es fundamental para convertir en realidad tal pretensión. Con un acento chileno perfectamente perceptible, Pedro Cunill Grau conversa con dejo de optimismo sobre lo que resta por hacer para cumplir lo que la sociedad ha venido exigiendo “que el Estado otorgue la debida importancia a la investigación aplicada geográfica para los grandes temas del país.” Después de todo lo escrito y lo enseñado a diario en las aulas de clase, hoy ya lejanas por su jubilación, el investigador señala que, a pesar del paso de los años y de haberlo repetido en numerosas ocasiones, “sigue siendo prioridad enfatizar sobre la importancia que la geografía sea vista como una manera eficaz de producir fuentes de trabajo a las nuevas generaciones, de repensarla como una forma de superar la pobreza crítica; de confiar en que las posibilidades para surgir a partir del conocimiento de la geografía son múltiples y de entender definitivamente, hoy más que nunca, que urge una redistribución de la población que tome en cuenta la irresponsabilidad de seguir manteniendo poblaciones en zonas de alto riesgo, pues si descuidamos la naturaleza, ésta nos la va a hacer pagar caro.” Hoy, como jefe del departamento de geografía de la Fundación Polar, emprende una tarea con la que ha soñado durante muchos años y que define como una de las cruzadas en las que debe luchar el país: hacer que el ciudadano medio; que el educando conozca las posibilidades de su país, que la enseñanza de la geografía trascienda más allá del verbo, y según sus palabras, el aprendizaje tedioso de nombres de ríos y regiones, para convertirse en experiencia viva de manera tal que el hombre entre en contacto con las posibilidades de su entorno”.

Sus estudios y posterior trabajo docente en la Universidad de Chile su especialización en geografía humana y geografía histórica en La Soborna y en College de France, su doctorado en la Univesidad Laval de Quebec, así como su paso largo por la Universidad Central de Venezuela, donde fue coordinador académico de la Facultad de Humanidades y Educación le han hecho merecedor del reconocimiento no sólo de las voces especializadas en materia geográfica, sino por miles de alumnos para los que sus libros han servido como referente por excelencia a la hora de entender la relación indisoluble entre la geografía y el hombre.