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sábado, 20 de abril de 2019

EN CLAVE DE ESTOS TIEMPOS

Boris Vallejo
Jesús, superhéroe
Siul Nagarrab


Consabido, el pueblo judío esperaba al terranalísimo libertador, en clara correspondencia con el Dios de los Ejércitos. A pesar de las profecías, luego cumplidas, no imaginaban definitivamente que la túnica del mesías se rifara entre los soldados burlones que lo condujeron a la muerte.

La muerte misma, injusta y prematura, cruel y desmoralizante, supuso la cancelación del proyecto de salvación. El Viernes Santo, próximo pasado, el sacerdote reflexionaba sobre un hecho ineludible que, además, no ha de explicarse por un burdo fatalismo, pues, Jesús libre, pidiendo que lo apartara del sacrificio, finalmente aceptó hacer la voluntad del Padre.

Referido por San Pablo al escribirle a los corintios, lo plebeyo del mundo, lo que no es nada, lo eligió Dios para anular lo que es.  El sujeto debilucho de una apartada latitud del imperio, luego de arrastrarla, humillado e injuriado, muere en la cruz: paso previo,  a ella nos remite la gloria de la Resurrección, en lugar del Jesús que caminaba sobre  las aguas, como lo reclamaba Antonio Machado.

La brutal noticia ha sabido de versiones más o menos atenuadas a lo largo del tiempo y, aún teñido del drama, el imaginario renacentista cuida muy bien el paisaje y sus protagonistas, distinguiendo también en otras escenas, en la perspectiva teológica de entonces, por la consabida corona de luz, a Jesús y sus fieles seguidores de inconfundibles rasgos europeos, y – como un tributo -  vistiéndolos con las más elegantes telas en espacios igualmente ostentosos. Siglos después,  siendo la Palabra y su testimonio de una fuerza extraordinaria, el cine intenta tal realismo,  con Pier Paolo Pasolini (“Il Vangelo secondo Matteo”, 1964) y Mel Gibson (“The Passion of the Christ”, 2004), caracterizado Jesús por una fragilidad física y pobreza material que lo hizo el menos sospechoso de todos, para vencer a la muerte.

Tony Lanza
Lugo, por estos años, en las versiones atribuidas a Tony Lanza o Boris Vallejo, Jesús – en clave de historieta – se descubre con una fuerza y dimensiones que le permiten salir del cautiverio de una cruz blindada para dejar constancia de una victoria que compartirá. Quebrará el vidrio o la madera al despertar,  ahorrado el sepulcro, en un rápido ataque de ira o en el momento de una caprichosa serenidad, luego de dejarse colgar esperando tan sólo  la oportunidad de aleccionarnos.

Jesús superhéroe, a tono con estos tiempos, es el físicoculturista o fisioculturista que, por muy pesado que fuere, es capaz de las ágiles maniobras y desplazamientos que las circunstancias impongan,  capaz de pensar y hacer la guerra, o enfrentar cualquier escaramuza, por vana que sea. No por casualidad, Spiderman, Supermán o Batman, quedan para afrontar a los delincuentes comunes, aun no siendo los muy apertrechados, creativos y malévolos, aparentemente desatentos a las lides o percances sentimentales: constituyendo por sí mismos un arma estratégica, cuyos superpoderes pudieran interesar al jefe de recursos humanos de la CIA, en el peor de los casos, no compiten con los artefactos atómicos, ni les interesa la complejidad de los juegos estratégicos que requieren más de un escritorio o tablero de ajedrez que del empleo de la fuerza física.

Boris Vallejo
El superhéroe en cuestión, clavado a la cruz, antes que molido por efectos de los rayos láser o afines, al hurgar las redes, tiene más de un Flex Wheeler o Jay Cutler que del modesto y, de compararlo, anémico Charles Atlas que hizo del músculo una rentable actividad pedagógica. De acuerdo al prototipo, no hay uña ni diente que, abultado, no se descubra sin un mínimo músculo que le dé la debida prestancia a las exacerbaciones, convertidas las fibras en una contra-repuesta a las obesidades cultivadas por Fernando Botero.

A muchos les parecerá ofensiva esta versión, pero debemos aceptar que igualmente está codificada en nuestra cultura occidental, objeto real de nuestras interrogantes, frente a los integrismos o fundamentalismos orientales en expansión que insisten en la barbarie. Interrogantes que llevan forzosamente a la reflexión teológica, una ventana inevitable.

Queda la lección de la extraordinaria fuerza y fortaleza espiritual del débil, del que no es nada y es capaz de anular lo que es, resucitando. ¡Felices Pascuas!

21/04/2019:
http://www.opinionynoticias.com/opinioncultura/34739-nagarrab-s-

sábado, 19 de abril de 2014

ORACIÓN

Oración ante el Crucificado   
Angel Moreno - Viernes, 18 de abril de 2014

Siento pudor, Señor, al mirarte en la Cruz, desnudo y muerto, despojado por los hombres de tu vida humana. Me traes a la memoria a tantos humillados y desposeídos, ante los que rehuyo la mirada porque me denuncian tanto acomodo.
Siento piedad, Señor, al verte dolorido, sangrante y traspasado. Mas pienso si será un sentimiento natural, que me invade cuando contemplo situaciones desgraciadas. Temo que tan solo perciba el estremecimiento un tanto consumista de emociones fuertes. Me humilla la sospecha de que todo quede reducido al efecto de un impacto pasajero.
Siento escándalo ante ti crucificado, cuando sé que la razón de tu cruz son mis culpas, y que estás ahí para levantar tus brazos ante tu Padre, Dios, y redimir así mis pecados. ¡Cómo poder acostumbrarme a verte en la Cruz sin sufrir sonrojo!
Siento también tu acompañamiento, Señor, y sé, por tus heridas, que no me hablas de memoria, ni vienes a mi lado por compromiso, sino que has hecho una opción permanente de ungir y vendar mis llagas con las tuyas, y de iluminar mi dolor con los que Tú padeciste. ¡Cómo ayuda en la prueba saberse acompañado!
Siento gratitud, Señor, porque sin méritos propios, sino todo lo contrario, has querido ofrecerte de manera redentora en mi favor, para que cuando tu Padre me mire humillado en mi carne, se superponga sobre mí tu rostro, y me trate, inmerecidamente, como a hijo suyo, gracias a tu ofrenda generosa.
Déjame, entonces, sentir tu misericordia, Señor, que no dude del fruto de tu oblación, y no haga inútil tu generosidad porque quiera merecer yo tu perdón, o trate de afanarme en conseguirlo, cuando eres Tú el dador magnánimo de la gracia de la perdonanza, sin ningún mérito mío.
Déjame, Señor, sentir ante ti compasión, no tanto como expresión emocional, sino como opción sincera de compadecer contigo y con los que sufren, con quienes llevan sobre su historia el peso de la enfermedad, la pobreza, el dolor, la cruz.
Déjame, Señor, sentir amor, aunque parezca paradoja, si soy la causa de tu inmolación, por sentirme amado por ti de una forma tan desbordante. Pues no hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos, como Tú lo has hecho conmigo.
Déjame sentirme mirado por ti, que levantado en alto, al bajar Tú el rostro, inclinado hacia el suelo, favoreces que me encuentre con tu semblante, y saberme abrazado por tu ofrenda.
Déjame besarte, y que no sea falso mi gesto, ni vacía mi actitud. Pon Tú, Señor, en mis labios y en mi corazón, la expresión más limpia y humilde, pues lo que deseo es rendir mi pensamiento, y adorarte, reconocerte Dios y Señor, Santo y fuerte, vivo e inmortal.
Señor Jesucristo Crucificado, ten piedad de mí y de tantos que llevan sobre sus hombros el peso de la soledad, del sinsentido, de la orfandad, mendigos de amor y de relación amiga; que por tu cruz detengan todo movimiento desesperanzado y puedan experimentar la gracia de tu misericordia y tu bendición.

http://www.ciudadredonda.org/articulo/oracion-ante-el-crucificado
Fotografía: http://www.todocoleccion.net/cristo-arte-modelo-olot~x29314548