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lunes, 28 de agosto de 2017

REPASO

Manual del perfecto colaboracionista “opositor” en Venezuela
Victor Maldonado

Comencemos por la definición más elemental. Un colaboracionista es aquel que favorece la agenda y los objetivos de otro. En política, el término tiene un origen terrible, y alude a quien coopera con el enemigo. Nos viene de la experiencia francesa en la segunda guerra mundial. Tuvo que ver con lo que fue el Gobierno de Vichy, remedo de la república francesa, pero con los hilos manejados desde Berlín.

En medio de una guerra en la que los franceses se dieron por vencidos demasiado temprano, el Mariscal Pétain llegó a una muy rápida conclusión: que nada se podía hacer ante la avanzada nazi, y por lo tanto, no había otra posibilidad mejor que una rendición pactada, un vasallaje disfrazado de supuesta independencia, una situación nada creíble y en la misma medida insostenible, y que al final le costó la vida a más de 130 mil judíos, que bajo su Gobierno fueron deportados hacia la muerte segura, en los campos de concentración nazi. El colaboracionismo, por tanto, no es nuevo. Es un espectro que aparece cada cierto tiempo, cuando el terror aprieta, y el coraje supuesto, desaparece. Se colabora cuando las opciones de decisión se asumen como si no se debieran a la moral o a la ética política, y cuando la excusa de la sobrevivencia se lleva por el medio cualquier amago de dignidad humana.

Los sistemas perversos no son necesariamente intencionados. Y por supuesto, nada que me resulte más perverso que cooperar con el mal, creyendo que se está haciendo lo debido. Decía M. L. King que “la comprensión superficial de los hombres de buena voluntad es más demoledora que la absoluta incomprensión de los hombres de mala voluntad. Resulta mucho más desconcertante la aceptación tibia que el rechazo sin matices”.

En su valiosa Carta desde la Cárcel de Birmingham de 1963, M. L. King hablaba del colaboracionismo pasivo del que se aprovechan los hombres de mala voluntad que “se han valido del tiempo con una eficacia muy superior a la demostrada al respecto por los hombres de buena voluntad”. Se quejaba el líder de los derechos civiles de la tibieza de los muchos que consentían un estatus quo abominable. “Tendremos que arrepentirnos en esta generación no sólo por las acciones y palabras hijas del odio de los hombres malos, sino también por el inconcebible silencio atribuible a los hombres buenos”. Denunciaba ese fatalismo degradado a falsas dicotomías que solo contribuían a asegurar las cadenas de los oprimidos, gracias a la falta de imaginación, y de coraje, de los que necesariamente debían sentirse involucrados. “El progreso humano nunca discurre por la vía de lo inevitable. Es fruto de los esfuerzos incansables de hombres dispuestos a trabajar con Dios; y si suprimimos este esfuerzo denodado, el tiempo se convierte de por sí en aliado de las fuerzas del estancamiento social. Tenemos que utilizar el tiempo de modo creador, conscientes de que siempre es oportuno obrar rectamente…”. Nada peor que la resignación siempre dispuesta a la servil colaboración.

Colabora el que deja hacer, o el que ingenuamente compra como vías amplias los que no son otra cosa que callejones sin salida. Sus resultados son malos, pero a veces se mueven dentro de la lógica de los efectos contraintuitivos, la tragedia de los resultados no deseados, y de eso que señala el refrán popular, que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones. Pétain murió creyendo que él, y solo él, había defendido en esas horas oscuras los supremos intereses de su patria. Pero no fue así, colaboró, reprimió, no ahorró ni muertes ni sufrimientos, y al final fue juzgado severamente. Teniendo a su ejemplo a la vista, y a millares de sus émulos, la mayoría gente anónima, que dice operar de buena fe, para preservar sus intereses genuinos, el bienestar de su familia, sus compromisos ideológicos, pero también asumiendo como buen juicio la conjugación de sus peores vilezas, tal vez podríamos intentar organizar un manual para el colaboracionista perfecto

Niegue que lo que estamos viviendo es un régimen autoritario. Insista en que son exageraciones. Que esto, de ninguna manera puede llamarse dictadura. Que a lo sumo es una “semi-democracia”, presta a volver a la normalidad con las próximas elecciones.

Niegue que vivimos un socialismo marxista con vocación totalitaria. Afirme que esto es una mafia enquistada en el poder, pero que de ninguna manera puede ser calificada como de izquierda. Que ninguno de ellos tiene ideología, que los planes socialistas no existen, y que El Plan de la Patria de ninguna manera conduce al Estado Comunal, o sea, al comunismo.

Compre como buenas todas las consignas pacifistas. Haga muy suyo el lema que dice “o dialogamos, o nos matamos”. Conviértase en un adalid del diálogo con el Gobierno, sin importar la agenda, sin tener presente quienes son los mediadores o facilitadores, sin inventariar los costos. Aplauda esos comunicados en los que la oposición usa el lenguaje y los argumentos del régimen, y espere que, por esa vía, y por solo esa vía, se resuelvan los problemas del país.

Acepte el argumento de que “la violencia de lado y lado” ha deteriorado la convivencia social. Que tanto el Gobierno como la oposición son igualmente culpables de los resultados en términos de víctimas de las protestas. No se ponga a creer esa tontería de que el Gobierno es el único responsable. Reconozca que todos tienen culpa.

Apúntese a la campaña que plantea la dicotomía “o votos o balas”. Argumente con abundancia que la oposición solamente tiene votos. Y que el régimen está dispuesto a usar las balas con frugalidad. Por lo tanto, esas odiosas actividades de calle deben ser detenidas, para pasar al festival electoral, cuyo cronograma y condiciones se debe cumplir sin poner ninguna objeción.

Sea un ferviente defensor de que “no hay que ceder espacios al régimen”. Y, por lo tanto, hay que ir a las elecciones, aun cuando los costos de esa decisión sean legitimar al régimen constituyente y concederle tiempo al Gobierno. Es más, usted no cree eso. Usted no convalida esa falacia interesada y odiosa que insiste en que se reconoce a la constituyente cuando se es interlocutor político de las instituciones que se les han subordinado y han aceptado su supremacía supraconstitucional.

Mantenga la firme convicción de que la MUD nunca se equivoca, pero que está siempre bombardeada por la anti-política, los radicales, el G2 cubano y por supuesto, el régimen. Compre cuanta teoría paranoica de la conspiración haya en el mercado para hacer pasar como conjuras y mala fe de otros lo que es en realidad falta de conducción política y de estrategia.

Erotice sus adhesiones políticas. Convierta a los líderes en santones inmarcesibles y merecedores de todo, absolutamente todo el reconocimiento que pueda darle. Conviértase en su perro de presa, trate de liderar su club de fans y practique con fe de carbonario las actividades propias de las beatas que operan en las redes sociales. Si puede, pídale a Mires su incorporación al chat desde donde se imparten las líneas maestras del establishment comunicacional.Asuma que la juventud de los dirigentes políticos es una condición necesaria y suficiente para que sean infalibles.

Asuma que por la vía de las elecciones regionales se va a lograr el cambio político que todos en aspiramos. Reniegue de aquel que le diga que los gobernadores son solo agentes del ejecutivo nacional, y que la pugna por el presupuesto los aquieta. Apueste a que ganando 23 de las 25 gobernaciones en juego, se va a demostrar suficiente fuerza como para que haya la estampida esperada.

No coma el cuento de que las elecciones son trucadas. Y que la sustitución de la objetada Smartmatic por una empresa de Jesse Chacón no va a terminar ocasionando menos transparencia y más trampa. Asuma que con suficientes testigos de mesa cualquier peligro se puede conjurar. Olvídese de eso que dicen unos malintencionados de que “gana el que cuenta los votos”. Y dispóngase a votar con alegría, entusiasmo y esperanza.

Mantenga la convicción de que es un acto de coraje ciudadano el salir a votar en cualquier condición. No establezca diferencia alguna entre este momento de turbulencia constituyente y cualquiera de las anormalidades anteriores. Es más, ignore el fondo constituyente y no piense en la agenda de centralización del poder que trae consigo.

Por supuesto no piense que hay ninguna otra opción que el ir a votar. No considere que el votar en ambientes totalitarios le concede al régimen tiempo para consolidar el golpe, y reconocimiento por la vía de los hechos. Siga insistiendo que trabajar con el CNE no es reconocerlo, y que reconocer al CNE no es convalidar la Asamblea Constituyente.

Asuma que la política es para entendidos. Lo suyo es el silencio y el seguimiento incondicional a los líderes de hoy. Defiéndalos a capa y espada de cualquier crítica.

Cambie los términos de la relación entre mandante y mandatario. Ocupe el rol de mandatario cuando en realidad es el mandante, y transforme a los políticos en sus amos y señores.

Nunca olvide responder a las críticas con la pregunta “¿Y tú que propones?” que opera como el abracadabra de la incondicionalidad. Úsela siempre que se sienta incómodo con el comportamiento de sus líderes. Practíquelo como un mantra, diez veces al día, escríbalo en sus redes sociales contra todos aquellos que adopten una posición crítica.

Y, por último, practique la desmemoria. Pase por alto las contradicciones y las incongruencias. No se atreva a revisar lo escrito, declarado o dicho de una semana para otra. Finja demencia y no voltee ni hacia atrás ni hacia los lados. Porque si lo hace, puede ser que agarre desprevenido y sin máscaras a su verdadero dueño, esta embestida totalitaria que te necesita así, incondicional y colaboracionista, para mantenerse ellos en el poder, y a algunos selectos adherentes como ficción opositora.

¡Y que Dios nos agarre confesados!

(*)Victor Maldonado es catedrático. Miembro del Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad (CEDICE) y articulista en varios medios. Es parte de la directiva del Centro de Comercio de Caracas. Este artículo fue publicado en el portal La Cabilla el 19 de agosto de este año bajo el título «Manual de un colaboracionista perfecto».
Fuente:
https://es.panampost.com/editor/2017/08/21/manual-colaboracionista-opositor/?utm_content=buffercca69&utm_medium=social&utm_source=facebook.com&utm_campaign=buffer
Ilustración: Thomas Baumgärtel.

miércoles, 26 de julio de 2017

CUADERNO DE BITÁCORA

Lilian Tintori ha salido al exterior con sus hijos (http://www.el-nacional.com/noticias/politica/lilian-tintori-familia-salieron-del-pais-este-martes_195106), levantando una injustificada crítica en las redes sociales. No ha bastado su testimonio de lucha y el constante riesgo para sus hijos, ni parece bastar el testimonio del propio Leopoldo López y el "poco" de tiempo que ha estado en Ramo Verde, quien - por cierto - se queda, desafiando las reglas de su actual encarcelación. Quizá sea necesario revisar el criterio que predomina en algunos sectores de oposición,  reducido pero bullicioso a través del teclado. Sin embargo, ¿para qué dedicar tanta tinta de byte a lo que evidentemente constituye una campaña de desprestigio gubernamental? He acá la clave esencial, no otra. Una miserable campaña que, seguramente, toca alguna fibra advertida por los costosos y diarios sondeos del opinión de la dictadura.

Por supuesto, la casa que López tiene por cárcel, es centro de atención. Las rejas recibieron una costosa mano de pintura. Uno de los motivos  gráficos de la resistencia y el tricolor nacional, se convierten en emblemas de un hogar que no es tal. Raro que la custodia dejase echar esos brochazos. Empero, hay quienes tienen alguna observación. Por ejemplo, la estrella adicional. Nos parece una discusión irrelevante ante la gravedad de los problemas del país. Son válidas las opiniones. ¿Séptima u octava estrella? Identidad de la bolivariana dictadura del presente e identidad de los tiempos que la precedieron. Ojalá no levante distracción alguna sobre los tópicos que realmente interesan.

Una vez que Maduro Moros los ha autorizado con su alocución, cada quien deja testimonio de una extrema adhesión. Arias Cárdenas habla de los fusiles y el gobernador del Guárico aporta un mensaje de gran aliento. Conociendo la pólvora, la pólvora a traición desde los tiempos de El Amparo, por fortuna queda el registrado de su enorme sensibilidad. Cada vez que hay un gesto de franqueza, delierado gesto que está muy bien sintonizado con las convicciones abrigadas, otros juegan a una mayor sinceridad de la interpretación del gesto que hacen suyo. Ahora, intentamos comprender el asunto. No hay guerra civil si las dos partes no están armadas. El gobierno lo está y de sobras, mientras que la población que lo protesta no. Una guerra se da entre gente armada. Luego, la guerra es entre la misma gente que gobierna. ¿Eso es lo que avisoran tamañas declaraciones de todo aquél que pugne por sobrevivir en el poder?

Con sobradísima razón, las redes apuntan a la responsabilidad de los funcionarios sancionados y no del país de origen. Incluso, implicada PDVSA en uno de sus tantos manejos dudosos, en días pasados, la dictadura - como ocurrió con el decreto de Obama - ha intentado convertir sus tropelías en bandera nacionalista. Además de falsa bandera, sería una bobería que alguien hiciese causa común con los sancionados, así rasgase sus vestiduras como partidario del gobierno, pues, simple, sufre y muy amargamente las consecuencias del desgobierno. Hay más claridad en la materia que lo sospechado por una dictadura que no cesa de sondear a la opinión pública.

Podemos entender la necesidad que existe de sobrevivir, trátese de una panadería, bazar o estación de servicios. Además, tienen empleados. Pero también que, al llegar al llegadero, no se puede ser colaboracionista, ni siquiera en nombre de la supervivencia. Hay que echar el resto. Después, cuando todo pase, quedarán muchas cosas documentadas. Es natural la reacción. Y, aunque no apostemos por una cacería de brujas, más adelante habrá grandes, medianas y pequeñas responsabilidades que fijar. Una tanqueta que ha malherido o matado a alguien, o va a hacer, al recargar combustible, de alguna manera hace corresponsable al recargador.
La localidad ha sufrido y mucho, la represión ilimitada de una dictadura que no respeta siquiera a las autoridades regionales y municipales, electas directa, universal y secretamente por la ciudadanía. !Y después se dice gobierno democrático!

Que lo diga Felipillo, es importante. El PSOE metido hasta las medias en esto. Demasiado evidente que la gestión de Rodríguez Zapatero, excepto los beneficios que pudiera personalmente obtener, stá muy lejos de convertirlo - precisamente - en un Nobel de la Paz. Más presos y más muertos. E, incluso, nos enteramos, tuvo la intención de conversar con María Corina Machado, cosa que no se materializó: debe saber muy bien que ella es intraficable. El español no es un referente ético, allá ni aquí. Y la persistencia en sus diligencias, por fracasadas que sean, habla de otras intenciones. O, mejor, complicidades. A falta de estadistas, están estos mandaderos bien tarifados. Es poderosa esta convicción ante las evidencias. Ya ni da la cara abierta y libremente a los medios. Desconfiamos de Rodríguez Zapatero y demasiado. El proyecto comunista lo tiene de aliado en el continente.

Caracas estuvo de aniversario: 450 de su fundación española. Española o no, fundación e institucionalización de la ciudad, al fin y al cabo. Y Dalia Ferreira la ha convertido en un interesante, sostenido y llamativo objeto artístico que se le agradece. Ha tomado una instantánea de la ciudad, la de los últimos años con  sus edificios y lugares más emblemáticos, por ejemplo, para envasarla en un frasco de mayonesa. Frasco popular que se ha ido antes que la ciudad misma, en franco deterioro. Ojalá, todo pase prontamente y la propuesta  totalitaria no culmine, pues, de lo contrario, quedará el de Dalia, como un testimonio histórico de lo que alguna vez fue la capital de una República en peligro, bajo asedio. El diseño del envase de vidrio de la Kraft, nos remite a los hábitos de consumo que, décadas atrás, tuvimos. Y de la "bayonesa", como la refería aquél personaje de la telenovela "Por estas calles". Creemos que todavía la artista está pendiente de un estudio que valore sus aportes.

El aniversario de Caracas, nos lleva a importantes iniciativas como la de Hannia Gómez. Promete mucho la exposición, aunque la fecha no ha sido la más propicia. Esta situación tan explosiva para una ciudad que alberga a un implosivo elenco de poder, ha impedido que, por lo menos, nos acerquemos a curiosear. Seguramente tendrá la calidad, extensión, detalles y vistosidad de otras exposiciones, como la de las Italia de algún tiempo atrás. La dictadura ha afectado los ritmos que fueron normales, punzando los nervios al ritmo de una inclemente represión. Ojalá, más adelante, haya un inventario de los daños ocasionados, incluso, a la arquitectura de la ciudad. Comenzando por el quiste del Palacio Municipal, pasando por el desbarajuste ocasionado por los disparos del opresor desde las tanquetas  atropellantes, la que deshace portones por doquier para arrancar la faena, hasta las ocurrentes remodelaciones del oficialismo ávido de meter la mano en el tesoro público.

Muchas de las vistas detalladas de la más remota ciudad de Caracas, se debe a las páginas rojas. La vieja prensa apuntó a casas y edificios que fueron, por un instante, noticia de un robo, secuestro u homicidio, por ejemplo. Esta reproducción, tomada de El Nacional de Caracas de 1968, cuenta del contratista que asesinó a su mujer mientras leía "A sangre fría". Se trata de la quinta "Anabel" de la avenida Costa Rica de  Las Acacias, además, sin muro alguno. Quién sabe si todavía existirá, fue reemplazada por un edificio, se conserva custodiada por altas paredes, o es un local comercial. De arquitectura sencilla, pero interesante, ejemplifica el paisaje tan diferente de la ciudad después devorada por la serialización.
LB

martes, 6 de noviembre de 2012

ENTREABIERTA

EL NACIONAL - Martes 06 de Noviembre de 2012     Opinión/8
Estado comunal, inconstitucional y falaz
VÍCTOR RODRÍGUEZ C.

El régimen bolivariano insiste en profundizar su "revolución", desprecia no solamente la voluntad popular expresada en 2007 y el mismo 7-O, sino la Constitución Nacional y el orden jurídico, y reitera su vocación de forajido y golpista.
El chavismo adelanta un proceso de destrucción acelerada que abarca el país en su dimensión más amplia, también sus instituciones. De manera ilegal y engañosa se propone ahora, siguiendo las pautas de La Habana, reflejo de la más vil entrega de nuestra soberanía política a otras naciones, la implantación del Estado comunal, una forma de organización que aparenta descentralización en favor del pueblo y de las comunidades, pero que en realidad no lo es.
La concepción del Estado comunal parece fundarse en el pensamiento de P. J. Proudhon, quien se inspira, entre otros, en los socialistas utópicos de comienzos del XIX, Saint Simon y Fourier.
El pensador social francés, que desarrolla sus tesis sobre la economía y la propiedad; el mutualismo; el anarquismo, no como desorden y caos, por cierto, y la organización sindical, fue un crítico del comunismo al que calificó, con razón, de "espantajo".
En su folleto Miseria de la filosofía Marx, en respuesta a la obra de Proudhon El sistema de las contradicciones económicas o filosofía de la miseria, le critica duramente e, incluso, después de muerto el francés, le ataca y le califica de "pequeñoburgués" y "contradictorio en su pensamiento económico y social".
Si entre Proudhon y Marx se plantean profundas diferencias, más las hay entre el pensamiento de ambos y el chavismo, basado en una "ideología" claramente militarista que nada entre varias aguas con un solo objetivo, la perpetuación en el poder.
Proudhon, distintamente de lo que trata de implantar Chávez ahora, sugería una organización social en favor del autogobierno local, sea en la ciudad, en el campo, en la región, siempre en contra del centralismo, del dominio del poder central, precisamente lo que no quiere perder Chávez ni quisieron perder los soviéticos en su época, pero que terminó con el derrumbe de la Revolución comunista.
Entre el Estado comunal chavista y el planteamiento proudhoniano hay una diferencia fundamental. Proudhon planteaba la idea del federalismo social, es decir, igualdad, autogestión e independencia, mientras que el régimen chavista promueve la "descentralización social" para acabar con la "descentralización administrativa"; pero claramente con fines de dominación centralizada, instrumentada a través de las piezas del partido único y, lo que es más grave aún, con base en la construcción de una sociedad con un pensamiento político único para lo cual tratan de imponer el "nuevo hombre", iniciativa reflejada en las aberrantes reformas que proponen del sistema educativo que contradicen abiertamente los valores y principios democráticos.
El plan chavista supone que el "poder comunal", integrado por "designados" arbitrariamente por el poder central, elegirá los gobernantes regionales y locales, en violación clara de la Constitución y las reglas democráticas en las cuales se funda la República y funciona la sociedad venezolana desde siempre.
Ante ello los venezolanos parecen no entender la gravedad del planteamiento chavista y reaccionan con temor, entrampados en procesos electorales, el juego que propone el régimen para despistar, mientras radicaliza el proceso anticonstitucional y engañoso. El juego está hecho, las instituciones bien estructuradas en favor de la perpetuación de la "revolución" y no podemos aparentemente, sino aceptar las reglas y ejercer el derecho al voto, en medio de un sistema perverso y mal intencionado.
Pero, más que con temor, los opositores actúan con deshonestidad algunos y con torpeza otros.
Los Ojedas, los Ricardo Sánchez, reflejan la irresponsabilidad y el colaboracionismo (in) consciente, ante un vacío de liderazgo que parecía haberse concretado alrededor de Henrique Capriles quien, sin duda, había conquistado el corazón de los venezolanos, al plantear el camino a seguir.
Se destruye el país ante la mirada complaciente de muchos, la conchupancia de otros y las críticas de algunos que, quizás con buenas intenciones, promueven la abstención sin propuestas ni acciones serias y claras, lo que simplemente favorece la estrategia chavista que sólo mira al 16 de diciembre para teñir de una vez por todas de rojo el país y perfeccionar la destrucción de sus instituciones.