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domingo, 21 de enero de 2018

DESMENTIDO

Cambios en curso
Luis Barragán

Implacable, la crisis se ha desbordado en todos los ámbitos, aún los más inimaginables.  La dictadura ha configurado una sociedad de la mera supervivencia, desmintiendo el estereotipo del país petrolero que sobresalió por sus excesos en una región vapuleada económicamente años atrás.

Así, no encuentra sentido alguno la continuidad de los víveros y floristerías en los centros urbanos y, mucho menos, las librerías, convirtiendo en superflua, inútil y hasta excéntrica toda actividad que no sea la de una literal cacería de alimentos y medicamentos. Ni siquiera las novísimas generaciones conocen, crecen, asisten y se recrean en los zoológicos, técnicamente cerrados.

Entre las escasas alternativas de recreación, excepto se la prefiera en casa mientras haya interconectividad, encontramos las salas de cine cada vez más encarecidas por el consumo de golosinas al que prácticamente obligan. Los centros comerciales constituyen una opción un poco más segura para pasearlos que la calle misma, aunque la barquilla de helado sea todo un acto de audacia para el bolsillo, esperando como retribución la sonrisa del niño inocente.

Evaluando sus propias posibilidades, las personas extrañan a los seres queridos que irremediablemente buscan las más legítimas alternativas de supervivencia en el exterior y, sin precedentes en el medio familiar, ya no habrá hermanos o primo-hermanos que crezcan juntos. Frecuentemente subestimado, porque quizá todavía no se sienten todavía sus más profundas consecuencias, la esencia y el paisaje de la consanguinidad sufrirán alteraciones que darán cuenta de una sociología inédita de los venezolanos y de la venezolanidad.

Ojalá tan indeseadas transformaciones surgidas de una radical incertidumbre impuesta por el régimen que pretende sojuzgarnos definitivamente, no sólo las detengamos y reencausemos, sino que demos término al régimen mismo que genera el fenómeno por el que las grandes mayorías nunca apostaron conscientemente.  Y, detenido y reencausado, surjan las extraordinarias lecciones que, además, sean tales por el vivo testimonio de las víctimas, que somos todos: testimonios imposibles de olvidar para evitar tropezar con la misma piedra.

sábado, 2 de diciembre de 2017

CAMINOS PARA UN INSÓLITO DETERIORO

La perversión sobre ruedas
Luis Barragán

El del transporte público, es un sector emblemático que el socialismo salvaje,  simplemente,  ha devastado. Negligentes e incapaces, a los más altos estamentos de la dictadura les importa un bledo la crisis que todavía generan, pues, al fin y al cabo, se desplazan por aire, tierra y mar, con la prontitud, seguridad y confort que niegan al resto de la población. 

Fundamentalmente, los camioneteros soportaron una larga espera para el aumento de la tarifa, como no ocurrió con los otros sectores de la vida económica nacional. Demasiado evidente, faltando los repuestos y desempleando a un grueso contingente de propietarios y “avances”, la flota de vehículos se redujo dramáticamente a  la mitad y más de la que existía al principiar el presente año.

En lugar de la negociación más elemental, el régimen  evadió el alza hasta aceptar una cifra que la consabida y continua devaluación ha ridiculizado, dejando al azar cualquier conflicto cotidiano con la ciudadanía desesperada. Perfeccionada esa evasión, obliga a esconderse literal y preventivamente a los líderes del transporte cuando la discusión pública  alcanza una alta cota, pues, demostrado, ninguna molestia le causa un paro indefinido del servicio en las grandes y medianas metrópolis, excepto que pueda suscitar nuevamente un oleaje de protestas que no logre  detener la Guardia Nacional Bolivariana ni los llamados colectivos armados.

Luego, la aludida reducción y  la contención de otro aumento quedan al azar de las circunstancias, porque no hay capacidad alguna de entendimiento, diálogo, negociación o conversación casual e inadvertida con la dictadura para concebir y desarrollar una política alternativa en la materia. Peor, a la incapacidad, se suma la nada oculta voluntad de ejercer, por esta vía, con el deterioro deliberado del servicio, el control social de una población que ya no teme criticar libremente al régimen en las mismas y repletas busetas urbanas.

Control que apuesta por la quiebra del sector privado e independiente de concesionarios de las rutas urbanas o extra-urbanas, reemplazándolos a través de sendas unidades que los municipios, la Fuerza Armada o los posibles “CLAP del transporte” ofrezcan, aunque se trate de camiones abarandados que, al mejor estilo cubano, cual ganado, trasladen a las personas de un lugar a otro. Ya hay reportajes que denuncian, por ejemplo en Caracas, los estacionamientos del metro llenos de grandes vehículos “Yutong”, pero – olvídenlo – no tienen repuesto o, si lo tuvieran, se consideran – hoy – todo un lujo para trasportar a las multitudes: la perversión sobre ruedas.


03/12/2017: