Guindados a una buseta
Luis Barragán
Consabido, son cada vez más escasas y encarecidas las unidades públicas de transporte. Repletas de personas y, a veces, también de peroles, hay quienes se resignan literalmente a guindarse de sus puertas, por mucha o poca edad que tenga.
Nunca antes se había visto una situación semejante en la Venezuela contemporánea, cuyo parque automotor fue uno de los más abundantes y distinguidos en el mundo. Nadie hubiese hubiese adivinado, por muy baja que fue la cotización del barril petrolero, las terribles dificultades para desplazarse, añadido el hampa en constante acecho, como acontece ahora.
Se dice de graves lesiones e, incluso, muertes al desprenderse el pasajero del vehículo en plena marcha y, por supuesto, habrá responsabilidades penales que imponer, no sólo respecto al atrevido, imprudente y veloz conductor, sino a las autoridades policiales de turno en la ruta. Puede ser motivo para el ejercicio teórico de un estudiante de derecho, varias veces inútil, porque, más allá del chofer, son las autoridades las que deben poner orden; y, aún más allá, es la necesidad imperiosa de transportar y de transportarse a cualquier precio, por no mencionar un detalle más, por el kafkiano proceso administrativo y jurisdiccional que comporta.
Sociedad de la supervivencia, al fin y al cabo, cada quien se rifa la vida al salir y volver a casa. Días atrás, apretujados al lado del volantista, vimos como una señora de avanzada edad, pagando al mismo tiempo sus cinco millones de bolívares, reducidos nominalmente a un chiste de mal gusto, trepó la puerta con una destreza asombrosa y no cayó, por un salto inesperado de la unidad, porque enganchó a tiempo el paraguas a la ventanilla del copiloto.
Luego del susto compartido, pretendiendo el transportista que se bajara la anciana, sin éxito alguno, bombardeado de improperios desde el anónimo fondo de la buseta, proseguimos. Y llegamos a recordar el sueño infantil de convertirnos en bomberos para aventurarnos en la retaguardia del vehículo, hoy en desuso, apenas agarrados por las manos.
Lo más increíble es que, incómodos, abigarrados y desesperados, luce las ya llamadas “perreras”. Habrá el que defienda el camión de estacas para transportarse, aunque la lluvia lo lleve al tardío arrepentimiento.
En lo más profundo del razonamiento falaz, está la idea de que siempre podemos estar peor y, por supuesto, aun trayéndonos a estos confines, la dictadura lo impedirá. Estamos a tiempo de detener la barbarie, la molicie, la resignación que puede atropellarnos, prensados – esta vez – de una convicción: no nos rendiremos y lograremos construir otro orden social en libertad.
11/06/2018:
http://www.noticierodigital.com/2018/06/luis-barragan-guindados-una-buseta/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=102018
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sábado, 9 de junio de 2018
PERRERONES
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domingo, 21 de enero de 2018
DINERO EN EFECTIVO
Interioridades de una buseta
Luis Barragán
La Venezuela de los grandes, pesados y pesarosos autobuses para el transporte intra-urbano, dio paso definitivo, en dos o tres décadas, a la importación y masificación de las unidades más ágiles, pequeñas y confortables. Excesos aparte, las busetas le dieron otro dinamismo al tránsito automotor que incluyó otra modalidad de contratación laboral con los llamados avances.
Consabido, la transportación superficial sufre los embates de la crisis que ha ensordecido a los profesionales del volante y a los usuarios. Ya no se trata de las tarifas meramente especulativas, sino de una vasta y bastarda realidad económica que nos conduce al prgresivo y fatal empleo de vehículos improvisados, incómodos y peligrosos, acaso gratuitos, convirtiendo en un futuro cercano al Estado mismo en el único transportador de las personas y sus bienes. Sin embargo, deseamos llamar la atención sobre el cambio más reciente al interior de las busetas que se deslizan, desafiando los escombros de lo que alguna vez fue el pavimento de las calles y avenidas de caseríos, pueblos y ciudades.
Dejando las aceras y otros rincones que trenzaron con sus voces de oferta, el buhonero tuvo que migrar hacia las busetas para intentar llevar el pan a casa a través de las golosinas, ungüentos, lápices, folletos u otras mercancías aún inimaginables, en clara competencia con los raperos y otros cantantes que encaramaban hasta un arpa en la unidad. Calculamos, aproximadamente cinco años del dinamobuhonerísmo ha llegado a su fin, porque el vehículo casi siempre está tan repleto de personas que el sólo anuncio de un producto se ahoga en el concierto desafinado de los aprietos, cautelas e incomodidades.
En muchos lugares del país, no era hábito el de cobrar anticipadamente el pasaje, como ahora ocurre, por cierto, marcando una frecuente discordia con los ancianos que, se suponen, viajan gratuitamente. Ya el chofer necesita de otra persona que lo ayude, a plena luz del día, no sólo por razones de seguridad, sino para evitar – precisamente – que le eche el carro, reivindicando el venezolanismo, todo aquél que va textualmente guindado de la unidad, facilitando el escape al detenerse.
Son los colectivos públicos del transporte los que manejan casi exclusivamente las mayores cantidades de dinero en efectivo de todo país, imposibilitado el pago electrónico e, incluso, una boletería previa que también se lo tragaría la propia y cotidiana dinámica de una legítima actividad comercial. Y, como quizá nunca alguien se atrevió a pensarlo, por la lógica tan perversa impuesta por el régimen, en un mercado tan apremiado por la falta de repuestos, las unidades sobrevivientes probablemente tengan mejores posibilidades, al vender ese dinero en efectivo, como ya hacen otros detallistas del comercio.
Fotografía: http://www.panorama.com.ve/experienciapanorama/En-Cabimas-sacan-cauchos-de-pozos-para-venderlos-como-chivas-20160602-0018.html
22/01/2018:
http://www.diariocontraste.com/2018/01/interioridades-de-una-buseta-por-luis-barragan-
luisbarraganj/
http://www.entornointeligente.com/articulo/3815828/Interioridades-de-una-buseta-por-Luis-Barragan-@LuisBarraganJ-22012018
http://radiowebinformativa.com/?p=3472
22/01/2018:
http://www.diariocontraste.com/2018/01/interioridades-de-una-buseta-por-luis-barragan-
luisbarraganj/
http://www.entornointeligente.com/articulo/3815828/Interioridades-de-una-buseta-por-Luis-Barragan-@LuisBarraganJ-22012018
http://radiowebinformativa.com/?p=3472
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DESMENTIDO
Luis Barragán
Implacable, la crisis se ha desbordado en todos los ámbitos, aún los más inimaginables. La dictadura ha configurado una sociedad de la mera supervivencia, desmintiendo el estereotipo del país petrolero que sobresalió por sus excesos en una región vapuleada económicamente años atrás.
Así, no encuentra sentido alguno la continuidad de los víveros y floristerías en los centros urbanos y, mucho menos, las librerías, convirtiendo en superflua, inútil y hasta excéntrica toda actividad que no sea la de una literal cacería de alimentos y medicamentos. Ni siquiera las novísimas generaciones conocen, crecen, asisten y se recrean en los zoológicos, técnicamente cerrados.
Entre las escasas alternativas de recreación, excepto se la prefiera en casa mientras haya interconectividad, encontramos las salas de cine cada vez más encarecidas por el consumo de golosinas al que prácticamente obligan. Los centros comerciales constituyen una opción un poco más segura para pasearlos que la calle misma, aunque la barquilla de helado sea todo un acto de audacia para el bolsillo, esperando como retribución la sonrisa del niño inocente.
Evaluando sus propias posibilidades, las personas extrañan a los seres queridos que irremediablemente buscan las más legítimas alternativas de supervivencia en el exterior y, sin precedentes en el medio familiar, ya no habrá hermanos o primo-hermanos que crezcan juntos. Frecuentemente subestimado, porque quizá todavía no se sienten todavía sus más profundas consecuencias, la esencia y el paisaje de la consanguinidad sufrirán alteraciones que darán cuenta de una sociología inédita de los venezolanos y de la venezolanidad.
Ojalá tan indeseadas transformaciones surgidas de una radical incertidumbre impuesta por el régimen que pretende sojuzgarnos definitivamente, no sólo las detengamos y reencausemos, sino que demos término al régimen mismo que genera el fenómeno por el que las grandes mayorías nunca apostaron conscientemente. Y, detenido y reencausado, surjan las extraordinarias lecciones que, además, sean tales por el vivo testimonio de las víctimas, que somos todos: testimonios imposibles de olvidar para evitar tropezar con la misma piedra.
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Luis Barragán
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