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miércoles, 25 de marzo de 2020

DE LA GLOBALIZACIÓN (ANTI) SANITARIA

Yuval Noah Harari: “La mejor defensa contra los patógenos es la información”
El escritor israelí, autor de ‘Sapiens’, accedió a hablar de la crisis del Covid-19 por correo eléctrico con el diario El País de España, entrevista que les reproducimos a continuación:

El escritor israelí Yuval Noah Harari, de 44 años, se ha convertido en una de las voces más escuchadas en un planeta ahora golpeado por una de las peores epidemias que ha conocido la humanidad en el último siglo. De su primer libro, Sapiens. De animales a dioses (Debate, 2011), una heterodoxa historia de la humanidad, traducida a 45 idiomas, ha vendido 15 millones de ejemplares. Su siguiente libro, Homo Deus (Debate, 2015) anticipa un futuro dominado por las máquinas, mientras que su último ensayo, 21 lecciones para el siglo XXI (Debate, 2018) reflexiona sobre el presente. Consultado por líderes de todo tipo, desde Emmanuel Macron a Bill Gates o Angela Merkel, Harari ofrece una visión universal de los problemas de la humanidad. El ensayista accedió el jueves a responder varias preguntas por correo eléctrico sobre la epidemia de Covid-19.
Pregunta. Usted sostiene que la única forma de detener una pandemia es a través de la cooperación internacional y de la ciencia. ¿Está ocurriendo esto o, todo lo contrario, más egoísmo que nunca?
Respuesta. Hay muy poca cooperación mundial y no existe un liderazgo. En los últimos años, políticos irresponsables han socavado deliberadamente la confianza en la ciencia y en la cooperación internacional. Ahora estamos pagando el precio. No hay ningún adulto en la habitación. Uno habría esperado ver hace semanas una reunión de emergencia de los líderes mundiales para elaborar un plan de acción común y combatir la epidemia y la crisis económica. Pero los líderes del G-7 se las arreglaron para no organizar una videoconferencia hasta esta semana, y ni siquiera salió de ahí un plan de este tipo.
P. ¿Cómo debería ser ese plan?
R. Uno, compartir información fiable: los países que están pasando por la epidemia deberían enseñar a los que todavía no la están atravesando. Dos, coordinar la producción mundial y la distribución equitativa de equipo médico esencial, como material de protección y máquinas respiratorias. Tres, los países menos afectados deberían enviar médicos, enfermeras y expertos a los países más afectados, tanto para ayudarles como para adquirir experiencia. Cuatro, crear una red de seguridad económica mundial para salvar a países y sectores más afectados. Cinco, formular un acuerdo mundial sobre la preselección de viajeros, que permita que un pequeño número de personas esenciales sigan cruzando las fronteras.
P. Escribió esta semana en Twitter que en la lucha contra el coronavirus es más importante la información que el aislamiento.
R. La gran ventaja de los humanos sobre los virus es la capacidad de intercambiar información. Un coronavirus en Corea y un coronavirus en España no pueden intercambiar consejos sobre cómo infectar a los humanos. Pero Corea puede enseñar a España lecciones valiosas. Incluso el aislamiento requiere información. El aislamiento contra el sida es muy diferente del aislamiento contra la Covid-19. Para aislarse contra el sida es necesario usar un condón mientras se tienen relaciones sexuales, pero no hay problema en darle la mano a una persona con VIH. Covid-19 es una historia diferente. Para saber cómo aislarte de una epidemia en particular, primero necesitas información fiable sobre sus causas. ¿La producen virus o bacterias? ¿Se transmite por los fluidos corporales o del aliento? ¿Pone en peligro a los niños o a los ancianos? ¿Hay una cepa o varias que han mutado?
P. ¿La globalización ha hecho que el siglo XXI sea más peligroso para las pandemias? ¿Cree que vamos a vivir más situaciones así?
R. Es poco probable que tengamos muchas más pandemias de este tipo en nuestra vida. Es cierto que en el siglo XXI la humanidad está técnicamente más expuesta a las epidemias que en la Edad Media debido a una combinación de transportes más rápidos y poblaciones en crecimiento. En la Edad Media, los virus viajaban a la velocidad de un caballo de carga y en la mayoría de los lugares solo podían infectar pequeñas ciudades y pueblos. Hoy un virus puede viajar en clase ejecutiva a través del mundo en 24 horas, e infectar megalópolis con millones de habitantes. Así que, teóricamente, las cosas deberían haber sido mucho peores hoy que en la Edad Media. Pero en la práctica, en los últimos 100 años, tanto la incidencia como el impacto de las epidemias han disminuido drásticamente. A pesar del sida y el ébola, en las últimas décadas las epidemias han matado a una proporción mucho menor de humanos que en cualquier otro momento desde la Edad de Piedra. Esto se debe a que la mejor defensa que tienen los humanos contra los patógenos no es el aislamiento, sino la información. Mientras que los habitantes de la Edad Media nunca descubrieron lo que causó la peste negra, los científicos actuales solo tardaron dos semanas en identificar el nuevo coronavirus, secuenciar su genoma y desarrollar una prueba para identificar a los infectados. La humanidad ha estado ganando la guerra contra las epidemias porque en la carrera armamentista entre patógenos y médicos, los patógenos se basan en mutaciones ciegas y los médicos en el análisis científico de la información.
P. ¿Cuál es el mejor ejemplo en nuestra historia de cooperación científica en beneficio de la humanidad?
R. Un buen ejemplo es la erradicación de la viruela. En 1967, esta enfermedad infectaba a 15 millones de personas y mataba a unos dos millones. En la década siguiente una campaña mundial de vacunación tuvo tanto éxito que en 1980 la Organización Mundial de la Salud declaró que la humanidad había ganado y que la viruela había sido erradicada. En 2019, ni una sola persona resultó infectada o murió por esta causa. La victoria sobre la viruela dependía de una cooperación mundial eficaz. Para lograrlo era necesario vacunar a todas las personas de todos los países. Si un solo país no vacunaba a su población podría haber puesto en peligro a la humanidad, porque mientras el virus de la viruela existiera y evolucionara en algún lugar, podía volver a propagarse.
P. ¿Cree que las lecciones que vamos a aprender en la lucha contra el coronavirus pueden usarse contra el cambio climático?
R. Sí. Una lección clave de la lucha contra el coronavirus es que debemos pensar en la atención sanitaria en términos globales en lugar de nacionales. Proporcionar una mejor atención sanitaria a iraníes y chinos ayuda a proteger a israelíes y estadounidenses. El mismo tipo de lógica se aplica al cambio climático. Otra lección es que ahorrar dinero a corto plazo puede costarnos mucho más cuando una crisis golpea. Los países que han ahorrado dinero en los últimos años recortando los servicios de salud ahora pagarán mucho más como resultado de la epidemia. Del mismo modo, si intentamos ahorrar no haciendo nada sobre el cambio climático, también causará un enorme daño a largo plazo. Algunas personas creen que para detener el cambio climático tendremos que detener el crecimiento económico y volver a vivir en cuevas y comer raíces. Eso es una tontería. ¿Se puede adivinar cuánto costará prevenir un cambio climático catastrófico? El número mágico es el 2%. Eso es todo. Si invertimos el 2% del PIB mundial en el desarrollo de tecnologías e infraestructuras, es suficiente para prevenir un cambio climático catastrófico. Por supuesto, el 2% del PIB mundial sigue siendo mucho dinero. Pero, ciertamente, hacerlo está dentro de nuestra capacidad. Si mañana estalla una nueva guerra mundial, los Gobiernos gastarán mucho más del 2% del PIB en luchar y ganar esa guerra. Así que gastar el 2% en salvar al mundo del catastrófico cambio climático suena muy razonable.

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Fotografía:

sábado, 21 de marzo de 2020

LA PESTE DE UN MISIL

El Covid-19: los misterios de la naturaleza
Trino Márquez
 
Yuval Noah Harari, el célebre escritor de Sapiens: De animales a dioses y de Homo Deus: Breve historia del futuro, dos libros de imprescindible lectura, dice en este último texto que las epidemias y todas las pestilencias que azotaron y diezmaron a la humanidad, son cosas del pasado. Pertenecen a esa etapa en la cual el conocimiento científico no había alcanzado las cotas de desarrollo actual, ni se sabía cómo se estructura el genoma humano. Ahora el Hombre se ha entronizado sobre la Naturaleza.

A Harari le pasó algo similar a lo ocurrido con Francis Fukuyama cuando, después de derrumbado el Muro de Berlín y la implosión de la Unión Soviética, predijo que en el mundo entero se extendería la democracia liberal, en el plano político, y la economía de mercado, en el área económica. En relación con lo segundo, su profecía tuvo éxito. Con respecto a la democracia, poco después de finalizada la Guerra Fría los regímenes autoritarios, al igual que las bacterias, mutaron hasta dominar de nuevo gran parte del planeta.

Yuval Harari no pudo prever la aparición del Covid-19. En realidad, nadie podía anticipar un hecho tan dramático como inesperado, aunque por allí andan circulando versiones de un grupo de ‘profetas’ que se atribuyen visiones premonitorias que veían ‘clarito’ el surgimiento de una pandemia que haría temblar a la Humanidad. Necedades de supersticiosos delirantes.

Harari tiene razón en que el impacto sanitario del Covid-19 será menor que el de plagas como la Peste Negra o la Fiebre Española, causantes de millones de muertes en todo el mundo. Sin embargo, el pánico y el efecto que ese virus, hasta ahora desconocido, están provocando en la economía mundial, escapa a todo pronóstico. Las consecuencias en la economía serán devastadoras. Todo 2020 estará signado por la gravitación de ese microorganismo sobre la economía planetaria. Al final, no habrá causado la muerte de millones de seres humanos, como sucedía en el pasado, pero sus secuelas en la esfera productiva, en el comercio, en las finanzas y, en general, en la economía, serán gigantescas.

Otra zona que está siendo estremecida es la social. Las relaciones interpersonales se han visto modificadas. El contacto entre las personas, a la vez se ha estrechado y se ha distanciado. La gente ha tenido que regresar al redil de su espacio más íntimo, la familia nuclear. Pero, se ha visto obligada a alejarse de los círculos de parientes y amigos que antes frecuentaba. Es probable que la aprehensión frente a la otra persona permanezca durante algún tiempo, nadie sabe cuán prolongado. Resulta probable que quede gravada en el ánimo de las personas, la sospecha de que el otro eventualmente es portador de un organismo patógeno que puede causarle daño.

A la Naturaleza hay que respetarla. Ya lo decía Francis Bacon, el filósofo inglés de los siglos XVI y XVII. Quien pretenda manipularla, cambiarla o someterla debe saber que en ella se esconden misterios insondables. Y que el viaje al microcosmos donde se mueven partículas imperceptibles es una travesía llena de enigmas y riesgos, capaces de comprometer la vida de miles o millones de seres humanos.

Resulta inevitable que el Hombre se considere el centro del Universo. Se encuentra en el punto más alto de la evolución de las especies. Sin embargo, está obligado a convivir y a sobrevivir en medio de un ambiente natural que no siempre puede dominar y que en numerosas ocasiones le resulta hostil. Convendría un poco de prudencia y humildad en el trato con la Naturaleza. Dedicar a la investigación científica anticipatoria mayores recursos, luce como otro aprendizaje fundamental. La investigación tendría que ser más proactiva que reactiva, de modo que sea capaz adelantarse a las tragedias antes de que estas ocurran.

En el caso particular de Venezuela, la presencia del Covid-19 nos toma en un período de enormes dificultades materiales y emocionales.

El país viene atravesando una fase crítica desde hace muchos años en todos los campos y, con especial dureza, en el sector salud. Ahora nos topamos con este factor natural desconocido que nos confronta con la muerte, tanto la nuestra como la de nuestros seres queridos. A la incertidumbre anterior se suma esta. Afrontemos la nueva situación con mayor presencia de ánimo aún. Los venezolanos nos hemos acostumbrado a luchar contra la adversidad y tenemos que continuar haciéndolo.

Debemos consolidar la comprensión, la tolerancia y, sobre todo, la empatía. Nosotros y nuestros familiares estaremos bien si el entorno que nos rodea se encuentra bien.

Hay que evitar deprimirse. Hay, también, que prescindir de las compras compulsivas, el acaparamiento egoísta y el desprecio por los demás. El momento demanda sacar a flote lo mejor de nuestros valores. Las autoridades tienen una obligación con la salud pública que no pueden eludir. Los ciudadanos tenemos un compromiso con nuestra comunidad que no debemos soslayar.

Fuente:
Ilustración: Jeremy Geddes.