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jueves, 28 de septiembre de 2017

ESTÉTICA DEL DOLOR AJENO

EL PAÍS, Madrid, 28 de septiembre de 2017
PENSÁNDOLO BIEN
Turismo humanitario y otras infamias
Jorge Zepeda Patterson
 
Tragedias tan brutales como la que desencadenó el sismo de la semana pasada en México suelen dejar no solo un lastimoso saldo de víctimas entre fallecidos y damnificados, también un rosario de héroes y de villanos. Los momentos extraordinarios hacen brotar lo mejor y lo peor de la condición humana y lo que hemos vivido estos días lo muestra hasta la saciedad.

Junto a los brigadistas y voluntarios que se dejaron la piel y el insomnio las primeras 72 horas (algunos continúan todavía al pie de los edificios derrumbados y los centros de acopio), se pudo observar un nuevo fenómeno que, a falta de mejor nombre, llamaré “turismo humanitario”.

La Condesa se convirtió en una especie de parque temático apocalíptico, un espacio a visitar, una experiencia para coleccionar.

Hordas bajaron a las atractivas y bohemias colonias Condesa y Roma, a hacerse selfies frente a edificios derrumbados, a tomarse la foto con tapabocas y casco, a describir a través de sus celulares el paisaje de ruinas y edificios desahuciados, de las calles convertidas en escenas de crimen por las cintas de la policía.

Lo describo como un turismo humanitario, porque en apariencia tenía el propósito de ayudar a las víctimas y mostrar solidaridad con el caído, pero en realidad cumplía el propósito que esencialmente persigue toda actividad turística: ocio y esparcimiento. Viernes, sábado y domingo la Condesa se convirtió en una especie de parque temático apocalíptico, un espacio a visitar, una experiencia para coleccionar. La última vez que fui a un museo en Nueva York me llamó la atención que la mayor parte de los visitantes pasaba de espaldas frente a la célebre La noche estrellada de Van Gogh; no iban a ver la pintura sino a tomarse una selfie con el cuadro detrás de sus sonrientes y orgullosos rostros. Literalmente pasaban frente a la obra sin verla. A cambio, salían con la imagen digitalizada que mostraba un contundente: “Yo estuve allí”.

Este fin de semana volví a pensar en esos falsos turistas culturales. Por desgracia me tocó formar parte de los que no pudieron regresar a casa debido a los daños sufridos en el edificio que habitaba. Cientos, quizá miles, merodeamos en torno a nuestros domicilios preguntándonos dónde dormiríamos esa y las siguientes noches, cuándo podríamos cambiarnos de ropa o recoger el celular o la cartera abandonada. Todos recibimos alguna ayuda de los maravillosos brigadistas convertidos en ángeles providenciales.

Pero también atestiguamos las legiones de visitantes atraídos por el morbo que supone la tragedia ajena. La misma fascinación que un accidente en carretera ejerce en el resto de los automovilistas que pasa por la escena a vuelta de rueda solazándose, sin reconocerlo, por formar parte de los supervivientes. Supongo que, en efecto, todo infortunio en cabeza ajena nos hace supervivientes.

El turismo humanitario no respetó clases sociales, edad o sexo. Igual percibí señoras elegantes de las Lomas y de Polanco enfundadas en vaqueros de 500 dólares y el pelo recogido en pañoletas Pineda Covalin que a jóvenes de barrios miseria estupefactos al atestiguar que el desastre también podía cebarse en contra de los pudientes. Unos y otros aceptaron chalecos de rescatista, tapabocas, y cuando lo había, algún casco protector, y deambularon por el tour improvisado de los edificios siniestrados. En algún momento se dijeron a sí mismos que ya había demasiados voluntarios, que “mejor ayuda el que no estorba” y regresaron por donde habían venido. Eso sí, con el corazón henchido y gratificado por haber sentido el deseo de ayudar al prójimo y por estar en posibilidades de postear la foto en Facebook o Instagram para demostrarlo.

No se me malentienda. Hace una semana, en este espacio, elogié la enorme generosidad de miles de espontáneos que minutos después del sismo y a lo largo de los siguientes días aparcaron sus vidas para salvar las de otros. Nunca podremos agradecer lo suficiente su esfuerzo y solidaridad. Y, desde luego, detrás de cada tragedia bullen enormes infamias: desde los constructores e inspectores asesinos que prohíjan edificios tumba, hasta los que asaltan en medio de la catástrofe. Comparadas con esas canalladas, parecería peccata minuta el falso turismo humanitario que aquí describo. Sin duda. Pero es una frivolidad que nunca había observado, o al menos no en esta escala, en medio de un siniestro como el que sufrimos. La posmodernidad digital, supongo.

Fuente:

viernes, 28 de octubre de 2016

HISTORIETA PATRIA

Carta a Beto, el recluta
Nicomedes Febres Luces

Querido Beto: no sabes cuánto te aprecio porque representas lo más noble de la institución a la que perteneces y a la que todos, en teoría, deberíamos respetar. Cada día dedicado a pelar papas para alimentar a la tropa que se cala los resentimientos de los oficiales y sub oficiales, quizás más sádicos que los primeros, aun cuando los primeros, los de alto rango, se han esmerado por ser los conciudadanos más repudiados y odiados de nuestra historia republicana. Beto, por lo menos eres un hombre útil que sin mayores pretensiones hace su trabajo que es necesario y todos sabemos que en tí está bien invertido lo que se te asigna del presupuesto nacional. Se puede decir lo mismo de aquellos compañeros tuyos dedicados a repartir y vender pollos y hortalizas, por lo menos ellos se afanan por ser útiles, aunque no sea la labor para la se les reclutó. Te escribo a ti para explicarte lo que está sucediendo de verdad y no creas los cuentos de tus jefes que entre gritos, insultos, disparates y órdenes tienen al país desquiciado. Si bien ellos no se van a morir de inteligencia, sé que por tu sentido honrado y práctico de la vida sí me vas a entender: Resulta que todos debemos regirnos por la Constitución, esa que en mala hora aprobó el pueblo con su voto en 1999, mientras ocultaban la tragedia de Vargas. Por esa ley magna debemos regirnos todos y en su nombre nos hemos calado 17 años de ofensas, agresiones, agravios que harían enrojecer de indignación a los míseros “intocables” de la India. No importa que seas médico, científico, ingeniero, artista, empresario u obrero afanado, porque vivimos en una sociedad donde lo importante es ser huelepega, malandro, bachaquero, delincuente, militar, narcotraficante o comunista. Ellos son los modelos sociales del eterno hombre nuevo y luego de 18 años ya el país no soporta más. Se han robado todos nuestros recursos y la gente en consecuencia se está muriendo de hambre y de mengua. Pregúntale a tu familia o a la familia de todos tus compañeros de infortunio que son rasos, ellos si te dirán la verdad de cómo estamos viviendo. Pacientemente esperamos a que, respetando la constitución, se pueda por vía pacífica, democrática, constitucional y electoral cambiar el gobierno. Cumplimos los pasos necesarios para activar el revocatorio y ahora, en connivencia con unos pocos jueces venales, los chivos del cogollo desean echar al pajón la voluntad de millones y millones de ciudadanos. Eso no nos lo calamos, porque es preferible morir de pie que vivir de rodillas. Así de simple, y a nosotros, como dice Serrat, para ponernos de rodillas tendrán que cortarnos las piernas. La semana que viene vamos a Miraflores, sede del poder ejecutivo, para exclusivamente exigir que se active el revocatorio. No vamos a matar a nadie, no vamos a hacer un minicidio, porque magnicidio es el que hacen tus jefes cada día asesinando al soberano que es el pueblo, o sea todos los ciudadanos que deseamos una salida pacífica, electoral, democrática y constitucional. Ellos todos son el soberano, no el inquilino de Miraflores. Lo que queremos es sacarlo de allí con los votos, es contarnos con él, que él diga porque no debemos salir de él porque es un gran gobernante y nosotros, con toda la censura y las limitaciones, haremos campaña de porqué hay que salir de él. No estamos interesados en matarlo así él lo diga, como lo ha dicho mil veces, ni siquiera queremos que renuncie, no, solo exigimos contarnos que es lo que pauta la Constitución y que sea todo el soberano reunido en asamblea electoral el que decida. Eso es lo que dice la Constitución jurada por todos tus jefes al ser nombrados oficiales militares. La Constitución y el juramento militar obligan a convocar el revocatorio y respetar su resultado. Así que vamos a Miraflores y va a ir también tu familia y las familias de tus compañeros. No dispares a hombres y mujeres desarmados porque existe una norma universal de obligatorio cumplimiento que se llama el Estatuto de Roma donde serás condenado de por vida si matas a civiles inocentes y desarmados que exigen el referendo revocatorio. No más. Nos vemos en Miraflores Beto y cuídate de los malandros que te rodean.

Fuente:
https://www.facebook.com/nicfebres/posts/10210254351375959