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lunes, 30 de abril de 2018

CONEXIÓN

Evangelio Dominical: La Vid
José Martínez de Toda, S.J.

Quinto domingo de Pascua. Comentario dialogado sobre el Evangelio que se proclama el quinto Domingo de Pascua, ciclo B, correspondiente al domingo 29 abril 2018.  La lectura es tomada del Evangelio según San Juan 15, 1-8

 “Sin mí Ustedes no pueden hacer nada”

- Aquí Jesús se compara con una vid. ¿Por qué?

 Jesús se está despidiendo de sus discípulos y les quiere dar un consejo, que no se les olvide. Para ello utiliza una alegoría muy gráfica: Él se compara con la vid.

La vid es un arbolito con sarmientos o ramas, que produce uvas y de ellas se hace el vino. Pero para ello hace falta que los sarmientos estén bien unidos a la vid.

El viñador es Dios Padre, que cuida personalmente la viña para que dé fruto abundante. La vid es Jesús. La vid (con cepas y troncos) es como la madre y el padre, que engendran vida. Jesús nos dice: “Yo soy la vid”, es decir, yo soy la vida. “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.

Y los sarmientos somos nosotros, que vivimos de la savia que nos llega de Jesús. Necesitamos la savia, es decir, la gracia, el amor, la vida, el Espíritu comunicado por Jesús.

El fruto será la construcción del Reino de Dios, es decir, hacer realidad el proyecto divino de hacer un mundo más humano y feliz para todos.

 ¿Y cuál es el problema?

Hay sarmientos secos por los que no circula la savia de Jesús.

Hay vides no cuidadas, que dan uvas agrias (Salmo 79; Is 5)

La viña necesita ser muy cuidada por el viñador. Él corta la hierba alrededor de la vid, le echa azufre y veneno para matar la peste. Quita las ramas improductivas, pues roban la fuerza de la planta.

En algunos casos se necesita la poda: arrancar de nuestra vida todo lo inútil, todo lo dañino, lo que nos impide ver a Dios como Padre, lo que nos impide ver a las personas como hermanos.

Hay quienes no dan frutos, porque no corre por sus venas el Espíritu del Resucitado. Son las comunidades cristianas que languidecen desconectadas de su persona.

Por eso Jesús hace una afirmación cargada de intensidad:

 “Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí solo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes darán fruto, si no permanecen en mí. Sin mí no pueden hacer nada”.

¿Qué se necesita para ser de veras cristiano?

No basta con estar bautizado. (Pagola).

No basta el «folklore» religioso. Necesitamos seguir a Jesús, tener su pasión por un mundo más humano, alimentar en nuestros grupos, redes, comunidades y parroquias el contacto vivo con él. En la unión con Jesús está la fuerza.

 Es lo que nos ocurre con el aire. No podemos funcionar físicamente si se nos corta el aire que respiramos.  Estar desconectado de Jesús es ser cortado de la fuente de la vida.

Es lo que ocurre también con la electricidad. Podríamos decir que Jesús es la planta eléctrica, y nosotros los bombillos. Para que se haga la luz en la casa, tenemos que estar conectados a Jesús.

Lo mismo ocurre con el Internet. Necesitamos estar conectados a la Banda Ancha  para poder enviar y recibir mensajes de Facebook, Twitter y correos electrónicos.

Que nunca nos falte la conexión con el Internet de Jesús. Hoy nos visita el misionero Jesús en nuestra pequeña casa y nos dice: "Tienen que estar conectados conmigo. Tienen que vivir una vida centrada en Mí. No pueden producir frutos, si no permanecen en mí".

¿Todos los cristianos están conectados con Jesús?

Son muchos los que están desconectados: quieren brillar por su cuenta, entienden la religión a su manera, se conectan con Dios sólo para mendigar en los tiempos difíciles…

Todos estos no se dejaron podar por Dios. Nunca fueron parte de la viña de Dios.

Pero aún estamos a tiempo: Primero, tenemos que eliminar los bombillos quemados: nuestros egoísmos y soberbias.

Pero, además, somos recargables, si estamos conectados a Cristo. Somos recargables por la energía, el poder, el amor y el espíritu de Cristo. Y así como una batería recargada da luz y pone en movimiento un carro, así también una vida cristiana recargada con el amor de Dios produce los frutos del amor, de la fe y de la esperanza.

¿Qué significa estar conectados con Jesús?

Es estar con Él allí donde Él está:

-En la comunidad, en la oración comunitaria (“Donde haya dos o tres reunidos en mi nombre, allí estaré yo con ustedes”), Nuestra oración será más exitosa, si estamos unidos a Él. Jesús lo garantiza: “Si estuvieran en mí, y mis palabras estuvieren en ustedes, pidan todo lo que quieran, y les será concedido” (v. 7).  Tenemos un gran poder, pero solo mientras nos mantengamos conectados a la fuente del poder. 

-   En el servicio a los demás, especialmente en los más pobres,

-   En los Sacramentos, especialmente en la Eucaristía. En la Comunión reconocemos que él es la fuente de nuestra energía y de nuestro vivir. En el culto.

-   En la escucha atenta y madura del Magisterio de la Iglesia,

-   En la oración personal, en los Ejercicios Espirituales, en la Lectura Orante de la biblia, en la contemplación agradecida de la creación.

-   Al reconocer que Él está fielmente con nosotros, acompañándonos en los momentos difíciles y en los alegres.

¿Cómo se conocerá si estamos conectados con Jesús?

 “Por los frutos los conocerán”, dijo Jesús. Nosotros, los bautizados en Cristo, somos ramas o extensiones que llevamos la savia de Cristo a los hermanos, y damos los mismos frutos de Jesús.

Pablo menciona los frutos del Espíritu Santo, que son: amor, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. (Gálatas 5:22). Podemos añadir la comprensión, misericordia, justicia, perdón, solidaridad.

Me pregunto: ¿Mi vida produce frutos de vida?

Fuente:
http://radioevangelizacion.org/noticia/evangelio-dominical-vid-0
Cfr.
Isabel Vidal de Tenreiro: http://www.elimpulso.com/opinion/opinion-unos-queramos-otros-podado

Ilustración: Paul Gauguin.

domingo, 5 de junio de 2016

SIGNO DE CERCANÍA



NOTITARDE, 5 de junio de 2016
“Dios ha venido a ayudar a su pueblo” (Lc.7,11-17)
Joel de Jesús Núñez Flautes 

El evangelio de este domingo nos presenta a Jesús realizando el milagro de la resurrección de un joven muerto en la ciudad de Naín, un pequeño poblado de Galilea. Jesús que va predicando la Buena Noticia del Reino de Dios por todas partes, seguido de sus discípulos y una gran multitud que atendía con admiración sus enseñanzas, que era testigo de sus milagros, que observaba sus conducta coherente, ahora es testigo ocular de un nuevo milagro; un milagro que escapa de toda la lógica humana (por eso es milagro) y no es cualquier acontecimiento; es darle vida de nuevo a un muerto. 
Jesús al entrar en aquel poblado ve que va una mujer llorando, era viuda y acababa de perder a su hijo único; el panorama de tristeza, de desolación, de miseria, de soledad, de amargo futuro que le esperaba a aquella mujer era realmente triste (una mujer y viuda y sin su hijo único que la representara en aquella sociedad judía machista, después de haber perdido al esposo, era realmente un panorama oscuro y desolador para aquella mujer). Por esto, es maravilloso ver y sentir que Jesús, que siendo Dios, sabe penetrar lo más profundo del corazón y puede comprender la realidad de todo ser humano, contempla aquella escena, se acerca a la mujer, porque dice el evangelio que “sintió compasión”; es decir, se puso en su puesto, compartió su dolor y por eso se acercó y tocando al muchacho y ordenándole que se levantara, le devolvió la vida.
Toda la multitud que seguía a Jesús, quedó asombrada, con estupor alababa a Dios diciendo que Dios había venido a ayudar y visitar a su pueblo; signo de la cercanía de Dios en Cristo y reconocían a Jesús como un gran profeta. Es así, como la gente va a ir reconociendo que Jesús aparte de ser humano es Dios en medio de ellos. El Dios humanado, el Hijo único del eterno Padre que ha venido a liberar al hombre del pecado y de la muerte eterna. 
IDA Y RETORNO: Mes del Sagrado Corazón de Jesús.

Fuente:
http://www.notitarde.com/Columnistas-del-Dia/Dios-ha-venido-a-ayudar-a-su-pueblo-Lc711-17-/2016/06/05/988753/
Ilustración:  Paul Gauguin.