EL PAÍS, Madrid, 04 de Noviembre de 2012
RELEVO EN EL PODER
Los ‘príncipes’ de la nueva China
Comienza el reinado de los hijos de los fundadores de la República Popular, que ya copan la dirección de las regiones y de bancos y grandes empresas estatales
Georgina Higueras
El XVIII Congreso del Partido Comunista Chino (PCCh), que comienza el próximo día 8, entronizará a los llamados príncipes (taizidang) al frente del destino de China durante los próximos 10 años. Son los hijos de los fundadores de la República Popular y de otras personalidades relevantes de la China comunista. Sus padres, casi todos, sufrieron los desmanes de la Gran Revolución Cultural (1966-1976), pero al igual que Deng Xiaoping (1904-1997) —el llamado arquitecto de la reforma y el impulsor del avance económico que ha convertido a China en la segunda potencia mundial—, fueron rehabilitados a finales de la década de los setenta, lo que facilitó la carrera de los hijos.
Xi Jinping, que la semana próxima sustituirá a Hu Jintao como secretario general del PCCh, en tanto que príncipe heredero, encabeza la larga lista de hijos de la nomenclatura que por razones dinásticas copan los cargos de máxima responsabilidad del partido, del Estado, de las regiones, los bancos, las finanzas, las grandes empresas estatales e incluso algunas de las mayores compañías privadas de China.
Parece increíble que en un país de 1.350 millones de personas pueda haber una conexión entre los dirigentes de dos provincias separadas por miles de kilómetros y, sin embargo, con frecuencia la hay. El PCCh, con 82 millones de miembros, ha tejido una extraordinaria red de contactos que se forjan desde la más tierna infancia, por lazos entre las familias, las escuelas, las universidades y los lugares de trabajo. Es la malla invisible del nepotismo que impregna todos los sectores de la realidad china.
El PCCh, con 82 millones de miembros, ha tejido una extraordinaria red de contactos que se forjan desde la más infancia
Las activas redes sociales, con Weibo a la cabeza (una especie de combinación de Twitter y Facebook), revelan el creciente malestar por los privilegios de los príncipes. En 2010, el Diario del Pueblo (Renmin Ribao), órgano de difusión del PCCh, se hizo eco de este descontento al indicar que el 91% de los participantes en una encuesta consideró que “todas las familias ricas de China proceden de la política”. Y en un foro organizado por el mismo Renmin Ribao el pasado marzo, el ex auditor general Lin Jihua aseguraba que “muchos de los problemas de corrupción se organizan a través de los hijos e hijas”. Según Lin, el rápido enriquecimiento de los dirigentes y de sus hijos es “el principal motivo de descontento entre la población”.
La reclusión de los máximos líderes en el Zhongnanhai —la Ciudad Prohibida comunista, situada justo al sur de la antigua residencia de los emperadores en Pekín— facilitó desde la fundación de la República Popular, en 1949, la endogamia de los dirigentes. Sus hijos jugaron juntos en los jardines de Zhongnanhai. Después, los chicos acudieron al elitista instituto masculino número 4 de la capital y luego chicos y chicas volvieron a reunirse en las prestigiosas universidades de Pekín y Qinhua (también en Pekín) y Fudan (Shanghái). Casados entre ellos, sus hijos estudian en Harvard, Cambridge y otras importantes universidades internacionales.
Conocido como el príncipe rojo, Bo Xilai, ahora expulsado del PCCh y a la espera de ser juzgado por abuso de poder, sobornos, relaciones impropias con numerosas mujeres y ocultamiento del asesinato de un hombre de negocios británico por su esposa, Gu Kailai (sentenciada en agosto a la pena capital con dos años de suspensión de condena), es uno de los más claros ejemplos del poder de estas sagas. Hijo de Bo Yibo, uno de los “ocho venerables” (entre los que se incluía Deng Xiaoping), su primera mujer también es princesa, vivió en Zhongnanhai, ha acumulado enormes riquezas y los dos hijos de sus dos matrimonios han estudiado en EE UU, el primero en Columbia y el segundo en Harvard.
En el país de los guanxi (contactos), los bancos más exitosos de China tienen especialistas dedicados a trazar los árboles genealógicos de dirigentes, exdirigentes y altos funcionarios a nivel central y regional para organizar sus carteras de clientes. La información publicada por The New York Times en octubre pasado sobre que la familia del primer ministro, Wen Jiabao, ha acumulado una riqueza superior a los 2.100 millones de euros, muestra cómo se desarrollan esas corruptas relaciones de poder.
En el país de los guanxi (contactos), los bancos más exitosos de China tienen especialistas dedicados a trazar los árboles genealógicos de dirigentes y exdirigentes
Según The Sydney Morning Herald, si Wen Yunsong, el hijo del primer ministro, dirige uno de los fondos privados de acciones más exitoso, el hijo de Wu Bangguo —presidente de la Asamblea Popular Nacional y oficial número dos del PCCh—, dejó Merrill Lynch para dirigir un fondo de inversión ligado a la estatal compañía de energía nuclear. La hija de Li Chanchun, jefe de propaganda del partido, trabaja en una filial de inversión del Banco de China y varios bancos extranjeros han contratado a familiares de Wang Qishang, quien todo apunta a que en el cónclave que comienza el próximo jueves ascenderá a miembro del Comité Permanente del Politburó, la dirección colegiada de China.
No son los únicos. El hijo de Zhu Rongji (primer ministro de 1998 a 2003) dirige China International Capital Corp. y colocó a su lado a la hija de Shang Fulin (supervisor de la Bolsa de China de 2002 a octubre de 2011). La nieta de Hu Yaobang (secretario general del PCCh de 1982 a 1987), Janice Hu, es la presidenta para China de Credit Suisse. En realidad, la lista de príncipes y princesas al frente de las más poderosas instituciones y empresas es tan amplia como casi el número de estas.
A este fabuloso entramado de guanxi, donde nepotismo y corrupción van de la mano, contribuye en parte la misma mentalidad china. Tras la destitución en septiembre pasado de Ling Jihua como director de la Oficina del Comité Central (el gabinete del jefe del Estado para los asuntos internos del PCCh), el profesor de la Universidad de Pekín Zhang Ming reconoció, en declaraciones a la agencia alemana DPA, que en China es una práctica habitual cubrir de atenciones a las familias de los políticos para influir en la toma de decisiones. “Ling Jihua era director de la Oficina General del Comité Central e, incluso aunque no lo pidiera, la gente le daría dinero a su hijo”, dijo el profesor al referirse al escándalo del Ferrari del hijo del político degradado. La policía cibernética bloqueó toda la información sobre el accidente de un Ferrari en el que murió el conductor (Ling Guo) y las dos chicas que iban dentro resultaron heridas de gravedad. Ling Guo fue enterrado en secreto para que no se dañara la imagen de su padre, quien finalmente cayó no solo porque su hijo condujera un Ferrari sino también porque estaba vinculado al exministro de Ferrocarriles Liu Zhijun, expulsado del PCCh el pasado 28 de mayo porque durante los ocho años de su cargo (2003 a 2011) favoreció a empresas de amigos y familiares y desvió a sus cuentas personales cientos de millones de euros de los fondos para la construcción de la amplia red de trenes de alta velocidad.
La salida a Bolsa en Hong Kong de la China Railway Construction Corp. (4.600 millones de euros), que gestionó el Macquarie Group, se consiguió tras el vertiginoso ascenso en esa financiera australiana de Raymond Sun, casado con la hija de Fu Zhihuan, ministro de Ferrocarriles de 1998 a 2003.
No es de extrañar el enorme malestar de la mayoría de los chinos contra los abusos y la inmunidad de que gozan los taizidang. Unos privilegios que también tratan de atribuirse los hijos de las autoridades locales.
Pero el Partido Comunista Chino es solo cosa de príncipes. Frente a estas élites dinásticas se alzan los tuanpai, los hijos del pueblo, que a través de la Liga de la Juventud han escalado paso a paso los peldaños del PCCh hasta el Comité Permanente del Politburó. Con el respaldo del saliente Hu Jintao y con Li Keqian a la cabeza, tratarán de hacerse en el XVIII Congreso con varios de los nueve escaños —se estudia reducirlos a siete— del máximo órgano de poder.
Fotografía: Héctor Guerra Hernández.
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sábado, 1 de diciembre de 2012
jueves, 15 de noviembre de 2012
胡锦涛 (o, si lo prefieren: 胡錦濤)
CIUDAD CARACAS, 15 de Noviembre de 2012
El XVIII Congreso del Partido Comunista de China
SERGIO RODRÍGUEZ GELFENSTEIN
La civilización china es muy antigua, tiene más de cinco mil años. A través de la historia ha hecho grandes aportes científicos y tecnológicos a la humanidad. El papel, los fósforos, el arado de hierro, la brújula, el uso del gas natural como combustible, la pólvora y la rueda de hilar se cuentan entre los inventos que los pueblos de China han hecho en favor de la economía y el desarrollo.
Los progresos de su economía y su cultura alcanzaron niveles avanzados mucho antes que las culturas occidentales. A diferencia de éstas, que sustentan el éxito en la competencia y el individualismo, la cosmovisión china se basa en la integración de los opuestos, en el papel de que la existencia humana no supera en relevancia la de otros seres vivientes y de que lo espiritual tiene tanto valor como lo material.
Los estudios realizados por el gran filósofo Lao Tse sobre el cuerpo humano en el siglo VI a.C sentaron las bases para una medicina que hasta hoy es más eficaz y barata que la occidental, porque se asienta en la prevención de los males para tratar de evitarlos.
Así mismo, Confucio, el otro gran filósofo chino de la antigüedad, estableció una dimensión social y política de la gestión de gobierno que ha trascendido los siglos y le ha dado a ese país las bases ideológicas para la unidad bajo un Gobierno fuerte y centralizado. Sin embargo, eso ha permitido establecer una sociedad ordenada y jerarquizada que tiene como centro al colectivo por encima del individuo. Es imposible analizar la actual sociedad china al margen de estos dos filósofos que antecedieron 25 siglos a Marx y 26 a Mao Tse Tung, padre de la China actual.
Ya en el siglo III a.C el primer emperador Shi Huangdi logró la unificación de lo que hoy es el territorio chino. En el transcurrir de las centurias, las distintas dinastías que ostentaron el poder mantuvieron la unidad de las diferentes regiones del país, resistieron las invasiones de naciones extranjeras y procedieron a homogenizar la escritura, la moneda, y los parámetros de la educación.
Eso le dio la fortaleza para constituirse en una poderosa nación hasta que a mediados del siglo XIX, durante la desprestigiada dinastía Quing, las guerras del opio lograron debilitar al Estado, iniciándose el declive de China y su subordinación a la lógica del poder colonial de las potencias occidentales. Gran Bretaña y Francia lograron lo que ninguna civilización occidental pudo conseguir en el pasado mediante la introducción del estupefaciente como principal mercancía del comercio y la guerra como instrumento de dominación. Así, introdujeron a la gran nación china en una lógica que sirvió a los intereses coloniales occidentales. Incluso en 1898 ingleses, rusos, alemanes, franceses, japoneses y estadounidenses invadieron el territorio chino, se lo repartieron en zonas de influencia y exigieron pagos de compensaciones y concesiones de tierras. La dignidad de la nación china una vez más había sido mancillada.
En 1912, bajo el liderazgo de Sun Yat Sen la monarquía fue derrocada y se proclamó la República. El movimiento nacionalista Kuomintang capitalizó el espíritu anti japonés del pueblo chino y su demanda de una nueva Constitución. Sin embargo, la influencia de Japón en el país era relevante, sobre todo después de la Primera Guerra Mundial. En ese marco, algunos estudiantes universitarios pertenecientes a la Juventud Socialista e inspirados en las ideas de Carlos Marx y la Revolución rusa, fundaron en 1921 el Partido Comunista de China (PCCh). Ese partido está celebrando su XVIII Congreso en los días que transcurren.
Han pasado muchos años desde ese lejano 1921 hasta nuestros días. Las transformaciones del país han sido sustanciales. De los 300 militantes que formaban parte de la organización en 1923 a los aproximados 80 millones que tiene hoy, dan cuenta de ese salto gigantesco. En sus primeros años el PCCh, debió buscar las alianzas necesarias para luchar contra la influencia japonesa que se transformó en ocupación en 1931. Asimismo debió luchar contra la represión del gobierno del Kuomintang que a la muerte de Sun Yat Sen había nombrado como líder a Chang Kai Shek, y que se negó a incorporar a los comunistas al gobierno después de la Segunda Guerra Mundial cuando Japón fue derrotado y expulsado del país.
Desde 1934 el PCCh promovió la toma de tierras, en un movimiento denominado la “Larga Marcha”. Su secretario general, Mao Tse Tung que había sido elegido en 1935 ganó un gran liderazgo que comenzó a generar expectativas, sobre todo en los sectores campesinos de uno de los países más pobres y atrasados del mundo para la época. En 1948 los comunistas habían logrado incorporar a 500 millones de campesinos para luchar por la reforma agraria, principal bandera de su combate.
El 1 de octubre de 1949 los comunistas tomaron el poder y proclamaron la República Popular China. Desde entonces el Partido Comunista de China ha sido la fuerza dirigente de la sociedad y el Estado chino. El pasado jueves 8, este partido inició su XVIII Congreso que culminará el próximo 15 de noviembre.
En el informe al Congreso presentado por el secretario general, Hu Jintao, se reivindica la política de reforma y apertura iniciada en 1978 que ha permitido el desarrollo y transformación del país. Hu dijo que el PCCh ha hecho grandes aportes a la teoría marxista-leninista, a partir de las contribuciones hechas a la misma por Mao Tse Tung y el socialismo de carácter chino que recoge la continuidad de los elementos entregados al desarrollo de la sociedad por los distintos líderes chinos en estos últimos 35 años. Hu ha persistido en una idea de futuro que apunta al socialismo y ha asegurado que las características del mismo en las condiciones actuales de la economía mundial, es lo que los ha obligado a descubrir particulares modalidades para su ejecución.
Por otra parte, el Presidente chino ha reivindicado también la concepción científica del desarrollo y la justicia social como paradigmas a seguir en el quehacer de la política interna. En ese devenir, ha hecho un énfasis novedoso en su análisis al incorporar la necesidad de una superlativa preocupación por el medio ambiente, como uno de los ejes centrales de la política del PCCh y el Gobierno para el próximo período.
Así mismo, se ha planteado el objetivo de duplicar la renta per cápita de los chinos en 2020 respecto de 2010. Sin embargo, no se refirió al tema sólo en términos cuantitativos, expuso que debe haber una distribución más colectiva y equitativa del ingreso, sobre todo para superar las grandes diferencias que aún persisten entre la ciudad y el campo. Recalcó que debe haber igualdad de oportunidades, no sólo de ingresos.
Finalmente, el secretario general del PCCh exteriorizó con especial vehemencia su preocupación por los males que aquejan a la sociedad china: la corrupción y la ineficiencia administrativa. Invocó los valores que dan fortaleza a los comunistas: la virtud y la honestidad como pilares en los que se debe sustentar la gestión. También, habló de la necesidad de la reforma interna para mejorar la capacidad del Gobierno, de manera que el PCCh siga teniendo legitimidad ante el pueblo y pueda continuar manteniendo su hegemonía en la sociedad.
El informe de Hu y los debates posteriores han mostrado que la política china mantiene inalterable su rumbo, más allá de los vaivenes y las contradicciones en las que los especialistas extranjeros han puesto su mira. Los puntos de vista de los analistas occidentales siguen queriendo ver a China desde la perspectiva de una realidad que no tiene y, estudiarla a partir de cánones de conducta provenientes del otro lado del planeta. Niegan así que estamos hablando de un país de cultura milenaria, que sustenta su acción política a partir de una creación propia sin copiar el modelo occidental ni siquiera el de socialismo, construyendo uno que tiene base original sin contradecir sus seculares principios filosóficos.
Lo cierto es que China con la población más numerosa del planeta sigue teniendo en el PCCh su “…destacamento de vanguardia de la clase obrera y, a la vez, del pueblo y la nación en este país, y núcleo dirigente de la causa del socialismo con peculiaridades chinas…” como lo enuncian sus estatutos. Ese país, dirigido por los comunistas chinos que hoy celebran su XVIII Congreso será en 2016 la primera potencia económica mundial, cuando hace apenas un poco más de 60 años era un apéndice maltratado del escenario internacional.
(*) El autor es consultor y analista internacional.
Ilustración: Etten Carvallo.
Nota LB: La Wiki informa del apellidado Hu (http://es.wikipedia.org/wiki/Hu_Jintao), pero deseamos consignar dos o tres comentarios. Uno, sobre el texto del consultor y analista internacional que es de una pobreza injustificada, luego que ha corrido tanta agua debajo de los puentes (los de allá, los de acá). Parece una crónica del Amanaque Mundial, pero bajo el sello de Ediciones en Lenguas Extranjeras. Casi que nos mueve a buscar el consabido libro de Paul Kennedy. La pobreza es la de una evasión insólita: la del propio análisis marxista del fenómeno y la terquedad propagandística de presentar a China como la consumación de la deliberadísima obra de Mao, digna de emular a través de la repetición de las consignas. En nuestro caso, a lo Ralph Miliband, tan didáctico en la versión de Siglo Veintiúno Editores, por aquellos lares - después de tantas décadas - hay asuntillos que resolver en torno al proletariado, etc., pero sin tocar la realización del capitalismo salvaje. Vale decir, nada se dice de la teoría del valor en Asia, la existencia y lucha de clases, el partido. De modo que venderán a China, como un día lo hicieron con el socialismo desarrollado de la URSS....Lo otro, un poco más banales, nos llama la atención la fotografía de estos días de inauguración del Congreso del PCCh, pues, parece inherente a la estética de los escenarios, al diseño de las tribunas, los ajardinamientos. Esto no se estiló en Venezuela, excepto - que recuerde - el presidium de la convención de COPEI en Caraballeda, la postrera o más postrera de todas. Por estos años, Chávez Frías lo ha intentado, pero más valen las gigantografías con el rostro de ... Chávez Frías. Y, por último, nos simpatiza Carvallo y sus ilustraciones de colores planos; algo convencional, salvo dos o tres que nos han gustado mucho. Empero, le falta ingenio en el motivo que ha de ser más oblicuo, sugerente ....
El XVIII Congreso del Partido Comunista de China
SERGIO RODRÍGUEZ GELFENSTEIN
La civilización china es muy antigua, tiene más de cinco mil años. A través de la historia ha hecho grandes aportes científicos y tecnológicos a la humanidad. El papel, los fósforos, el arado de hierro, la brújula, el uso del gas natural como combustible, la pólvora y la rueda de hilar se cuentan entre los inventos que los pueblos de China han hecho en favor de la economía y el desarrollo.
Los progresos de su economía y su cultura alcanzaron niveles avanzados mucho antes que las culturas occidentales. A diferencia de éstas, que sustentan el éxito en la competencia y el individualismo, la cosmovisión china se basa en la integración de los opuestos, en el papel de que la existencia humana no supera en relevancia la de otros seres vivientes y de que lo espiritual tiene tanto valor como lo material.
Los estudios realizados por el gran filósofo Lao Tse sobre el cuerpo humano en el siglo VI a.C sentaron las bases para una medicina que hasta hoy es más eficaz y barata que la occidental, porque se asienta en la prevención de los males para tratar de evitarlos.
Así mismo, Confucio, el otro gran filósofo chino de la antigüedad, estableció una dimensión social y política de la gestión de gobierno que ha trascendido los siglos y le ha dado a ese país las bases ideológicas para la unidad bajo un Gobierno fuerte y centralizado. Sin embargo, eso ha permitido establecer una sociedad ordenada y jerarquizada que tiene como centro al colectivo por encima del individuo. Es imposible analizar la actual sociedad china al margen de estos dos filósofos que antecedieron 25 siglos a Marx y 26 a Mao Tse Tung, padre de la China actual.
Ya en el siglo III a.C el primer emperador Shi Huangdi logró la unificación de lo que hoy es el territorio chino. En el transcurrir de las centurias, las distintas dinastías que ostentaron el poder mantuvieron la unidad de las diferentes regiones del país, resistieron las invasiones de naciones extranjeras y procedieron a homogenizar la escritura, la moneda, y los parámetros de la educación.
Eso le dio la fortaleza para constituirse en una poderosa nación hasta que a mediados del siglo XIX, durante la desprestigiada dinastía Quing, las guerras del opio lograron debilitar al Estado, iniciándose el declive de China y su subordinación a la lógica del poder colonial de las potencias occidentales. Gran Bretaña y Francia lograron lo que ninguna civilización occidental pudo conseguir en el pasado mediante la introducción del estupefaciente como principal mercancía del comercio y la guerra como instrumento de dominación. Así, introdujeron a la gran nación china en una lógica que sirvió a los intereses coloniales occidentales. Incluso en 1898 ingleses, rusos, alemanes, franceses, japoneses y estadounidenses invadieron el territorio chino, se lo repartieron en zonas de influencia y exigieron pagos de compensaciones y concesiones de tierras. La dignidad de la nación china una vez más había sido mancillada.
En 1912, bajo el liderazgo de Sun Yat Sen la monarquía fue derrocada y se proclamó la República. El movimiento nacionalista Kuomintang capitalizó el espíritu anti japonés del pueblo chino y su demanda de una nueva Constitución. Sin embargo, la influencia de Japón en el país era relevante, sobre todo después de la Primera Guerra Mundial. En ese marco, algunos estudiantes universitarios pertenecientes a la Juventud Socialista e inspirados en las ideas de Carlos Marx y la Revolución rusa, fundaron en 1921 el Partido Comunista de China (PCCh). Ese partido está celebrando su XVIII Congreso en los días que transcurren.
Han pasado muchos años desde ese lejano 1921 hasta nuestros días. Las transformaciones del país han sido sustanciales. De los 300 militantes que formaban parte de la organización en 1923 a los aproximados 80 millones que tiene hoy, dan cuenta de ese salto gigantesco. En sus primeros años el PCCh, debió buscar las alianzas necesarias para luchar contra la influencia japonesa que se transformó en ocupación en 1931. Asimismo debió luchar contra la represión del gobierno del Kuomintang que a la muerte de Sun Yat Sen había nombrado como líder a Chang Kai Shek, y que se negó a incorporar a los comunistas al gobierno después de la Segunda Guerra Mundial cuando Japón fue derrotado y expulsado del país.
Desde 1934 el PCCh promovió la toma de tierras, en un movimiento denominado la “Larga Marcha”. Su secretario general, Mao Tse Tung que había sido elegido en 1935 ganó un gran liderazgo que comenzó a generar expectativas, sobre todo en los sectores campesinos de uno de los países más pobres y atrasados del mundo para la época. En 1948 los comunistas habían logrado incorporar a 500 millones de campesinos para luchar por la reforma agraria, principal bandera de su combate.
El 1 de octubre de 1949 los comunistas tomaron el poder y proclamaron la República Popular China. Desde entonces el Partido Comunista de China ha sido la fuerza dirigente de la sociedad y el Estado chino. El pasado jueves 8, este partido inició su XVIII Congreso que culminará el próximo 15 de noviembre.
En el informe al Congreso presentado por el secretario general, Hu Jintao, se reivindica la política de reforma y apertura iniciada en 1978 que ha permitido el desarrollo y transformación del país. Hu dijo que el PCCh ha hecho grandes aportes a la teoría marxista-leninista, a partir de las contribuciones hechas a la misma por Mao Tse Tung y el socialismo de carácter chino que recoge la continuidad de los elementos entregados al desarrollo de la sociedad por los distintos líderes chinos en estos últimos 35 años. Hu ha persistido en una idea de futuro que apunta al socialismo y ha asegurado que las características del mismo en las condiciones actuales de la economía mundial, es lo que los ha obligado a descubrir particulares modalidades para su ejecución.
Por otra parte, el Presidente chino ha reivindicado también la concepción científica del desarrollo y la justicia social como paradigmas a seguir en el quehacer de la política interna. En ese devenir, ha hecho un énfasis novedoso en su análisis al incorporar la necesidad de una superlativa preocupación por el medio ambiente, como uno de los ejes centrales de la política del PCCh y el Gobierno para el próximo período.
Así mismo, se ha planteado el objetivo de duplicar la renta per cápita de los chinos en 2020 respecto de 2010. Sin embargo, no se refirió al tema sólo en términos cuantitativos, expuso que debe haber una distribución más colectiva y equitativa del ingreso, sobre todo para superar las grandes diferencias que aún persisten entre la ciudad y el campo. Recalcó que debe haber igualdad de oportunidades, no sólo de ingresos.
Finalmente, el secretario general del PCCh exteriorizó con especial vehemencia su preocupación por los males que aquejan a la sociedad china: la corrupción y la ineficiencia administrativa. Invocó los valores que dan fortaleza a los comunistas: la virtud y la honestidad como pilares en los que se debe sustentar la gestión. También, habló de la necesidad de la reforma interna para mejorar la capacidad del Gobierno, de manera que el PCCh siga teniendo legitimidad ante el pueblo y pueda continuar manteniendo su hegemonía en la sociedad.
El informe de Hu y los debates posteriores han mostrado que la política china mantiene inalterable su rumbo, más allá de los vaivenes y las contradicciones en las que los especialistas extranjeros han puesto su mira. Los puntos de vista de los analistas occidentales siguen queriendo ver a China desde la perspectiva de una realidad que no tiene y, estudiarla a partir de cánones de conducta provenientes del otro lado del planeta. Niegan así que estamos hablando de un país de cultura milenaria, que sustenta su acción política a partir de una creación propia sin copiar el modelo occidental ni siquiera el de socialismo, construyendo uno que tiene base original sin contradecir sus seculares principios filosóficos.
Lo cierto es que China con la población más numerosa del planeta sigue teniendo en el PCCh su “…destacamento de vanguardia de la clase obrera y, a la vez, del pueblo y la nación en este país, y núcleo dirigente de la causa del socialismo con peculiaridades chinas…” como lo enuncian sus estatutos. Ese país, dirigido por los comunistas chinos que hoy celebran su XVIII Congreso será en 2016 la primera potencia económica mundial, cuando hace apenas un poco más de 60 años era un apéndice maltratado del escenario internacional.
(*) El autor es consultor y analista internacional.
Ilustración: Etten Carvallo.
Nota LB: La Wiki informa del apellidado Hu (http://es.wikipedia.org/wiki/Hu_Jintao), pero deseamos consignar dos o tres comentarios. Uno, sobre el texto del consultor y analista internacional que es de una pobreza injustificada, luego que ha corrido tanta agua debajo de los puentes (los de allá, los de acá). Parece una crónica del Amanaque Mundial, pero bajo el sello de Ediciones en Lenguas Extranjeras. Casi que nos mueve a buscar el consabido libro de Paul Kennedy. La pobreza es la de una evasión insólita: la del propio análisis marxista del fenómeno y la terquedad propagandística de presentar a China como la consumación de la deliberadísima obra de Mao, digna de emular a través de la repetición de las consignas. En nuestro caso, a lo Ralph Miliband, tan didáctico en la versión de Siglo Veintiúno Editores, por aquellos lares - después de tantas décadas - hay asuntillos que resolver en torno al proletariado, etc., pero sin tocar la realización del capitalismo salvaje. Vale decir, nada se dice de la teoría del valor en Asia, la existencia y lucha de clases, el partido. De modo que venderán a China, como un día lo hicieron con el socialismo desarrollado de la URSS....Lo otro, un poco más banales, nos llama la atención la fotografía de estos días de inauguración del Congreso del PCCh, pues, parece inherente a la estética de los escenarios, al diseño de las tribunas, los ajardinamientos. Esto no se estiló en Venezuela, excepto - que recuerde - el presidium de la convención de COPEI en Caraballeda, la postrera o más postrera de todas. Por estos años, Chávez Frías lo ha intentado, pero más valen las gigantografías con el rostro de ... Chávez Frías. Y, por último, nos simpatiza Carvallo y sus ilustraciones de colores planos; algo convencional, salvo dos o tres que nos han gustado mucho. Empero, le falta ingenio en el motivo que ha de ser más oblicuo, sugerente ....
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