NOTITARDE, Caracas, 22 de marzo de 2015
“Caminando con Cristo”
Es la hora de cristo Jn. 12, 20-33)
Pbro. Lic. Joel de Jesús Núñez Flautes
Estamos a siete días de vivir la Semana Santa y el Evangelio de hoy nos habla de lo que Jesús sentía en su corazón humano, lo que experimentaba al ver tan cerca “su hora”. ¿A qué hora se refiere Jesús? Lo primero que hay que decir es que el evangelista Juan utiliza a lo largo de su evangelio la palabra “hora” destacando las palabras de Jesús o manifestando un hecho entorno a Él.
La hora a la que se refiere Jesús es la hora de su Pasión, Muerte y Resurrección. Es el tiempo señalado por Dios Padre desde antiguo, es la hora de la salvación, la hora del cumplimiento de las promesas hechas por Dios; es la hora por la cual Dios mismo viene a entregar la vida para rescatar al hombre de la muerte eterna y del pecado; es la hora del amor sin medida, del amor redentor, del amor al extremo; es la hora de la vida, de la recreación del ser humano; es la hora de la derrota del maligno, la hora del juicio del mundo; es la hora de la luz que vence las tinieblas; es la hora de la felicidad; es la hora del tiempo perfecto de Dios que llega al tiempo del hombre, a su aquí y ahora; es la hora de Cristo entregar su vida en el madero de la cruz para elevar al hombre hacia Dios, para que entienda, de una vez para siempre, cuanto ama Dios al hombre, que fue capaz de entregar a su Hijo para que tenga vida y vida en abundancia; es la hora de la fe que sabe que después de la muerte, de la nada, viene a vida, la resurrección; es la hora de la esperanza que acaba con el espejismo de la derrota y el pesimismo; en fin, es la hora amorosa en que Cristo reconcilia al mundo con su Padre Dios.
De todo lo anterior es consiente Cristo, Él sabe que tiene que morir (como todo ser humano), que tiene que ser ejecutado en la cruz, que si “el grano de trigo no muere, no da fruto”. Él sabe que después de su Muerte vendrá la Resurrección; el mostrará a sus hermanos los hombres que después de esta vida, hay otra vida que no termina, que no se acaba; que sin perder la realidad del presente, no podemos ignorar la realidad futura. La hora de Cristo es también nuestra hora, ha sido por nosotros y todo lo que Él realizó en su Pasión, Muerte y Resurrección lo puede alcanzar el hombre que hoy, en el presente, en esta nueva Semana Santa que Dios nos permite vivir, acepte su mensaje, crea que su muerte en la cruz es muerte redentora.
El verdadero amor rompe los horizontes del yo (por supuesto que hay que amarse a sí mismo), pero el amor auténtico, supera los propios gustos, los caprichos e incluso los deseos válidos, para crear comunidad, vida, fraternidad.
Por eso, el morir a sí mismo, es el paso indispensable para dar fruto y llegar a la vida eterna; porque también hay que amar al otro, amar a Dios y amando, crece al mismo tiempo el amor propio, se nutre el alma, porque estamos hechos para dar y recibir amor; no sólo para recibir, sino también para dar y dando es que el cristiano alcanza la vida, recoge los frutos.
Cristo, llegada la hora de su muerte, es consciente de su tristeza, de su dolor moral, de su soledad, de su miedo, de su rechazo a su muerte (como cualquier ser humano) pero no se queda allí, Él sabe y tiene presente cuál es su misión, para que ha venido al mundo y que su morir ahora, dará frutos de vida, no sólo para Él, sino para toda la humanidad. Dios no nos pide que dejemos de ser humanos, porque al fin de cuentas Él nos creó, nos hizo así y tanto amó lo que hizo, que se hizo uno de nosotros; pero nos pide al mismo tiempo que no
perdamos el horizonte que completa la historia humana, que la trasciende o la eleva a su plenitud.
Los frutos de aquel “grano de trigo” que murió en la cruz se ven en tantos santos de la historia, en tantos hombres y mujeres de ayer y hoy que tienen fe, que creen en Cristo, que siguen sus huellas, que trabajan por un mundo mejor; se ven en esta Iglesia de Cristo que tiene ya 2015 años de historia y que sigue sembrando la fe, la esperanza y el amor y proclamando a Cristo muerto y resucitado como Camino, Verdad y Vida del mundo.
IDA Y RETORNO: A una semana de la Semana Santa, acércate a la confesión, busca a Cristo, reconcíliate con Dios, dale un espacio a
Él en tu vida; aprovecha los días que vienen para reorganizar tu vida espiritual, para permitir que realmente Dios sea lo primero en tu vida. Busca la recibir con pureza de corazón y con conciencia la Sagrada Comunión; aprovecha para orar, para tener un tiempo más tranquilo. Semana Santa es tiempo para Dios y para nosotros. A veces nos quedamos sólo con el tiempo para nosotros y no le damos permiso a Dios para que esté en nuestro tiempo ni le damos tiempo a Él en nuestra vida. Si queremos que nuestra familia, nuestra vida y entorno cambie, permitamos al que todo lo puede que esté en nuestro espacio y tiempo y busquemos momentos de calidad, como la Semana Santa, para estar con Él y aprender más de su mensaje.
Cfr.
José Martínez de Toda (SJ): http://radioevangelizacion.org/noticia/evangelio-dominical-quisieramos-ver-jesus
José Antonio Pagola: http://www.feadulta.com/anterior/Ev-jn-12-20-33-Pag.htm
Escultura: Gladys Torres,
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domingo, 22 de marzo de 2015
RESPUESTA
Morir es entregar la vida a los demás, en el día a día
Fray Marcos (Rodríguez)
Contexto
Estamos en el capítulo 12. Después de la unción en Betania y de la entrada triunfal en Jerusalén, y como respuesta a los griegos que querían verle, Jesús hace un pequeño discurso que no responde ni a los griegos ni a Felipe y Andrés. Versa, como el domingo pasado sobre la vida, pero desde otro punto de vista. Aquí la vida solo puede ser alcanzada después de haber aceptado la muerte.
También hoy hace referencia a ser levantado en alto, pero aquí para atraer a todos hacia él. Los “griegos” que quieren ver a Jesús podían ser simplemente extranjeros simpatizantes del judaísmo. El mensaje de Juan en este relato en muy claro: los “judíos” rechazan a Jesús, y los paganos le buscan.
Explicación
Ha llegado la hora de que se manifieste la gloria de este Hombre. Todo el evangelio de Juan es como una gran lente que concentrara todos sus rayos en la “hora”. Por tres veces se ha repetido en el texto la palabra “hora”; y otras tres veces aparece el adverbio “ahora”. No se trata de un tiempo cronológico, sino de una actitud, manifestada en la muerte de cruz. Llegada la “hora”, se manifiesta la gloria-amor de Dios y de “este Hombre”.
Reflejar lo que es Dios en su entrega total, será la mayor honra del hijo. Todos estamos llamados a esa plenitud humana que se manifiesta en el amor-entrega. Ahora es posible la apertura a todos. El valor fundamental del hombre no depende ni de religión ni de raza ni de cultura. Los que buscaban su salvación en el templo, tienen que descubrirla ahora en “el Hombre”.
Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, permanece él solo; en cambio, si muere, produce mucho fruto. Declaración rotunda y central en el mensaje de Jesús. Dar Vida es la misión de Jesús. La Vida solo se comunica aceptando la muerte.
La Vida es fruto del amor, pero el egoísmo es la cáscara que impide germinar esa vida, aunque esté dentro de mí. Amar es romper la cáscara y darse deshaciéndose. La muerte del falso yo es la condición, para que la verdadera Vida se libere. La verdadera potencialidad está latente hasta que es capaz de la entrega-amor total.
La incorporación de todos a la Vida, va a ser el fruto de su donación en la muerte. El fruto no va a depender de la comunicación más o menos exacta de un mensaje. Dependerá de la manifestación del amor total. El amor es el verdadero mensaje.
“Si no muere, permanece él sólo”. El fruto será la nueva comunidad de los que aman. Esta idea de morir para producir fruto, es original de Juan; no se encuentra en los sinópticos.
Hoy sabemos que el grano de trigo no muere más que en apariencia. Solo desaparece lo accidental para ser alimento de lo esencial. En la semilla hay vida, pero está latente, esperando la oportunidad de desplegarse. Esto es muy importante a la hora de interpretar el evangelio de hoy.
La vida no se pierde cuando se convierte en alimento de la verdadera Vida. La vida biológica cobra pleno sentido cuando se pone al servicio de la Vida espiritual. La vida humana llega a su plenitud cuando trasciende lo puramente natural. Lo biológico no queda anulado por lo espiritual, sino potenciado y "plenificado".
Tener apego a la propia vida es destruirse, despreciar la propia vida en medio del orden este, es conservarse para una Vida definitiva. La meta del ser humano es el amor. Si el amor no es total, renunciamos a la meta. El amor tiene que superar este último obstáculo, el apego a lo más querido, la vida biológica. Entregar la vida por amor no es malograrla, sino llevarla a su completo éxito.
No se trata de entregarla de una vez muriendo, sino de entregarla poco a poco en cada instante, sin miedo a que se termine. El mensaje de Jesús no conlleva un desprecio a la vida, sino todo lo contrario, solo cuando nos atrevemos a vivir a tope dando pleno sentido a la vida, alcanzaremos la plenitud a la que estamos llamados.
La muerte no es el fin de la vida, sino su plenitud. Ser consciente de esto, lleva a la total libertad. Perdido el temor a la muerte, nadie ni nada te puede esclavizar. El evangelista tiene muy claro cuál es el sentido de la muerte de Jesús, que no coincide con el sentido que se le ha dado después.
El que quiera colaborar conmigo, que me siga, y así, allí donde yo estoy, estará también mi colaborador. “Diakonos” significa servir, pero por amor. “Doulos” es servidor, pero como esclavo. Traducir por servir y servidor, no deja claro el sentido que el texto quiere dar.
Jesús invita a seguirlo en el camino que acaba de trazar, dar la vida. Seguir a Jesús es seguir la misma suerte. Los judíos, no eran capaces de ir a donde él está. Seguir a Jesús es entrar en la esfera de lo divino, es dejarse llevar por el Espíritu.
El lugar de Jesús es el de la plenitud del amor. Lo manifestará en la “hora”. Allí entregando su vida, hará presente el Amor total, que es Dios. No se trata de seguirle en la muerte física; mucho menos en el género de muerte que él sufrió. Se trata de dar la vida, día a día, en la entrega confiada a los demás.
En Juan 15,13 dice: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos”. Pero el texto griego no dice “bios” ni “zoe”, sino “psijes” que no significa vida biológica, sino vida síquica, es decir lo específicamente humano. El amor se manifiesta poniendo todo lo que eres al servicio de los demás.
Ahora me siento fuertemente agitado; ¿Qué voy a decir? “Padre líbrame de esta hora” ¡Pero, si para esto he venido, para esta hora! En esta escena, que los sinópticos colocan en Getsemaní, podemos descubrir la auténtica humanidad del Jesús Joánico. Nos está diciendo, que ni siquiera para Jesús fue fácil lo que está proponiendo.
Se trata del signo supremo de la muerte al “ego”. Se deja llevar por el Espíritu, pero eso no suprime su condición de “hombre”. Su parte sensitiva protesta vigorosamente. Pero está en el ámbito de la Vida, y eso le permite descubrir que se trata del paso definitivo.
Ahora el jefe del orden este va a ser echado fuera. Cuando sea levantado de la tierra, tiraré de todos hacia mí. Como el domingo pasado, identifica la cruz y la glorificación, idea clave para entender el evangelio de Juan. Todos nos tenemos que sentir, no sólo llamados, sino empujados hacia la misma meta.
Aplicación
Muerte y vida se entremezclan y se confunden en el evangelio de Juan. Para entender este lenguaje, hay que tener muy claro que está hablando de dos clases de muerte y dos clases de vida.
Una es la Vida con mayúscula (la espiritual y definitiva) como opuesta a la vida con minúscula (la biológica). Y una es la muerte espiritual a todo lo que es terreno, caduco, transitorio, (pasiones, apetitos, apegos y deseos); y otra la muerte física, que ni añade ni quita nada al verdadero ser del hombre.
La muerte física no es imprescindible para llegar a la Vida. La muerte al falso “yo”, sí, porque es el único camino hacia la Vida. La vida interior, la vida divina, la vida de Dios en nosotros, es una realidad muy difícil de aprehender, pero a la que hay que llegar para alcanzar la plenitud humana que está más allá de la vida biológica, y de las satisfacciones sensoriales terrenas. Toda vida espiritual es un proceso, un paso de la muerte a la vida, de la materia al espíritu.
Mi plenitud humana no puede estar en la satisfacción de los sentidos, de las pasiones, de los apetitos, sino que tiene que estar en lo que tengo de específicamente humano; es decir, en el desarrollo de mi capacidad de conocer y de amar. La Meta está en el descubrimiento de que yo existo en la medida que me dé a los demás, que la razón de mi existencia la encontraré en la entrega y en el servicio.
El dolor que causa el renunciar a la satisfacción de la parte inferior de mi ser, la interpreta el evangelio como muerte, y sólo a través de esa muerte se puede acceder a la verdadera Vida. Si nos empeñamos en salvar una perderemos la otra. Si ponemos todo nuestro ser al servicio de la vida biológica, nunca alcanzaremos la espiritual.
Estamos aquí para vivir muriendo. Aceptar la muerte es darse cuenta de nuestra limitación fundamental como criaturas, como seres vivos, como animales, y descubrir la posibilidad de ser más en lo que tenemos de específicamente humano. Estoy aquí para llevar a la materia hacia el espíritu, para poner Vida donde sólo había vida (muerte).
El gran secreto, revelado en el evangelio, es que el hombre que vive biológicamente, puede acceder a otra realidad que llamamos Vida. Esta es la verdadera meta de un ser humano. El objetivo del hombre es esa Vida con mayúscula, no eliminar la muerte biológica y alcanzar una inmortalidad física.
Si enfocamos todas nuestras energías en la vida terrena, nunca descubriremos la vida espiritual. Esto es lo que el evangelio llama perder la vida. Se malgasta la terrena y no se alcanza la espiritual. El que se empeñe en salvar a toda costa su vida biológica, terminará perdiéndola. Pero dará pleno sentido a esta vida si descubre que puede acceder a otro nivel y encontrar la verdadera Vida.
Meditación-contemplación
Si el grano de trigo no cae en tierra y muere…
Se trata de una condición que no podemos soslayar.
Si queremos dar fruto, es decir, dar sentido a nuestra vida,
tenemos que desgastarnos y consumirnos.
…………………
La vela solo cobra sentido cuando está encendida,
pero si está encendida, se consume.
La rosa al esparcir su fragancia, entrega algo de sí mismo,
y así está manifestando su verdadero ser.
--------
La vida es movimiento y por lo tanto, energía desplegada.
Puedo consumirla en beneficio del ego (falso yo),
y entonces la malogro.
Puedo consumirla en beneficio de los demás,
y entones consumarla dándole plenitud.
Fuente:
http://www.feadulta.com/anterior/Ev-jn-12-20-33-MR.htm
Ilustración: James Langley.
Fray Marcos (Rodríguez)
Contexto
Estamos en el capítulo 12. Después de la unción en Betania y de la entrada triunfal en Jerusalén, y como respuesta a los griegos que querían verle, Jesús hace un pequeño discurso que no responde ni a los griegos ni a Felipe y Andrés. Versa, como el domingo pasado sobre la vida, pero desde otro punto de vista. Aquí la vida solo puede ser alcanzada después de haber aceptado la muerte.
También hoy hace referencia a ser levantado en alto, pero aquí para atraer a todos hacia él. Los “griegos” que quieren ver a Jesús podían ser simplemente extranjeros simpatizantes del judaísmo. El mensaje de Juan en este relato en muy claro: los “judíos” rechazan a Jesús, y los paganos le buscan.
Explicación
Ha llegado la hora de que se manifieste la gloria de este Hombre. Todo el evangelio de Juan es como una gran lente que concentrara todos sus rayos en la “hora”. Por tres veces se ha repetido en el texto la palabra “hora”; y otras tres veces aparece el adverbio “ahora”. No se trata de un tiempo cronológico, sino de una actitud, manifestada en la muerte de cruz. Llegada la “hora”, se manifiesta la gloria-amor de Dios y de “este Hombre”.
Reflejar lo que es Dios en su entrega total, será la mayor honra del hijo. Todos estamos llamados a esa plenitud humana que se manifiesta en el amor-entrega. Ahora es posible la apertura a todos. El valor fundamental del hombre no depende ni de religión ni de raza ni de cultura. Los que buscaban su salvación en el templo, tienen que descubrirla ahora en “el Hombre”.
Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, permanece él solo; en cambio, si muere, produce mucho fruto. Declaración rotunda y central en el mensaje de Jesús. Dar Vida es la misión de Jesús. La Vida solo se comunica aceptando la muerte.
La Vida es fruto del amor, pero el egoísmo es la cáscara que impide germinar esa vida, aunque esté dentro de mí. Amar es romper la cáscara y darse deshaciéndose. La muerte del falso yo es la condición, para que la verdadera Vida se libere. La verdadera potencialidad está latente hasta que es capaz de la entrega-amor total.
La incorporación de todos a la Vida, va a ser el fruto de su donación en la muerte. El fruto no va a depender de la comunicación más o menos exacta de un mensaje. Dependerá de la manifestación del amor total. El amor es el verdadero mensaje.
“Si no muere, permanece él sólo”. El fruto será la nueva comunidad de los que aman. Esta idea de morir para producir fruto, es original de Juan; no se encuentra en los sinópticos.
Hoy sabemos que el grano de trigo no muere más que en apariencia. Solo desaparece lo accidental para ser alimento de lo esencial. En la semilla hay vida, pero está latente, esperando la oportunidad de desplegarse. Esto es muy importante a la hora de interpretar el evangelio de hoy.
La vida no se pierde cuando se convierte en alimento de la verdadera Vida. La vida biológica cobra pleno sentido cuando se pone al servicio de la Vida espiritual. La vida humana llega a su plenitud cuando trasciende lo puramente natural. Lo biológico no queda anulado por lo espiritual, sino potenciado y "plenificado".
Tener apego a la propia vida es destruirse, despreciar la propia vida en medio del orden este, es conservarse para una Vida definitiva. La meta del ser humano es el amor. Si el amor no es total, renunciamos a la meta. El amor tiene que superar este último obstáculo, el apego a lo más querido, la vida biológica. Entregar la vida por amor no es malograrla, sino llevarla a su completo éxito.
No se trata de entregarla de una vez muriendo, sino de entregarla poco a poco en cada instante, sin miedo a que se termine. El mensaje de Jesús no conlleva un desprecio a la vida, sino todo lo contrario, solo cuando nos atrevemos a vivir a tope dando pleno sentido a la vida, alcanzaremos la plenitud a la que estamos llamados.
La muerte no es el fin de la vida, sino su plenitud. Ser consciente de esto, lleva a la total libertad. Perdido el temor a la muerte, nadie ni nada te puede esclavizar. El evangelista tiene muy claro cuál es el sentido de la muerte de Jesús, que no coincide con el sentido que se le ha dado después.
El que quiera colaborar conmigo, que me siga, y así, allí donde yo estoy, estará también mi colaborador. “Diakonos” significa servir, pero por amor. “Doulos” es servidor, pero como esclavo. Traducir por servir y servidor, no deja claro el sentido que el texto quiere dar.
Jesús invita a seguirlo en el camino que acaba de trazar, dar la vida. Seguir a Jesús es seguir la misma suerte. Los judíos, no eran capaces de ir a donde él está. Seguir a Jesús es entrar en la esfera de lo divino, es dejarse llevar por el Espíritu.
El lugar de Jesús es el de la plenitud del amor. Lo manifestará en la “hora”. Allí entregando su vida, hará presente el Amor total, que es Dios. No se trata de seguirle en la muerte física; mucho menos en el género de muerte que él sufrió. Se trata de dar la vida, día a día, en la entrega confiada a los demás.
En Juan 15,13 dice: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos”. Pero el texto griego no dice “bios” ni “zoe”, sino “psijes” que no significa vida biológica, sino vida síquica, es decir lo específicamente humano. El amor se manifiesta poniendo todo lo que eres al servicio de los demás.
Ahora me siento fuertemente agitado; ¿Qué voy a decir? “Padre líbrame de esta hora” ¡Pero, si para esto he venido, para esta hora! En esta escena, que los sinópticos colocan en Getsemaní, podemos descubrir la auténtica humanidad del Jesús Joánico. Nos está diciendo, que ni siquiera para Jesús fue fácil lo que está proponiendo.
Se trata del signo supremo de la muerte al “ego”. Se deja llevar por el Espíritu, pero eso no suprime su condición de “hombre”. Su parte sensitiva protesta vigorosamente. Pero está en el ámbito de la Vida, y eso le permite descubrir que se trata del paso definitivo.
Ahora el jefe del orden este va a ser echado fuera. Cuando sea levantado de la tierra, tiraré de todos hacia mí. Como el domingo pasado, identifica la cruz y la glorificación, idea clave para entender el evangelio de Juan. Todos nos tenemos que sentir, no sólo llamados, sino empujados hacia la misma meta.
Aplicación
Muerte y vida se entremezclan y se confunden en el evangelio de Juan. Para entender este lenguaje, hay que tener muy claro que está hablando de dos clases de muerte y dos clases de vida.
Una es la Vida con mayúscula (la espiritual y definitiva) como opuesta a la vida con minúscula (la biológica). Y una es la muerte espiritual a todo lo que es terreno, caduco, transitorio, (pasiones, apetitos, apegos y deseos); y otra la muerte física, que ni añade ni quita nada al verdadero ser del hombre.
La muerte física no es imprescindible para llegar a la Vida. La muerte al falso “yo”, sí, porque es el único camino hacia la Vida. La vida interior, la vida divina, la vida de Dios en nosotros, es una realidad muy difícil de aprehender, pero a la que hay que llegar para alcanzar la plenitud humana que está más allá de la vida biológica, y de las satisfacciones sensoriales terrenas. Toda vida espiritual es un proceso, un paso de la muerte a la vida, de la materia al espíritu.
Mi plenitud humana no puede estar en la satisfacción de los sentidos, de las pasiones, de los apetitos, sino que tiene que estar en lo que tengo de específicamente humano; es decir, en el desarrollo de mi capacidad de conocer y de amar. La Meta está en el descubrimiento de que yo existo en la medida que me dé a los demás, que la razón de mi existencia la encontraré en la entrega y en el servicio.
El dolor que causa el renunciar a la satisfacción de la parte inferior de mi ser, la interpreta el evangelio como muerte, y sólo a través de esa muerte se puede acceder a la verdadera Vida. Si nos empeñamos en salvar una perderemos la otra. Si ponemos todo nuestro ser al servicio de la vida biológica, nunca alcanzaremos la espiritual.
Estamos aquí para vivir muriendo. Aceptar la muerte es darse cuenta de nuestra limitación fundamental como criaturas, como seres vivos, como animales, y descubrir la posibilidad de ser más en lo que tenemos de específicamente humano. Estoy aquí para llevar a la materia hacia el espíritu, para poner Vida donde sólo había vida (muerte).
El gran secreto, revelado en el evangelio, es que el hombre que vive biológicamente, puede acceder a otra realidad que llamamos Vida. Esta es la verdadera meta de un ser humano. El objetivo del hombre es esa Vida con mayúscula, no eliminar la muerte biológica y alcanzar una inmortalidad física.
Si enfocamos todas nuestras energías en la vida terrena, nunca descubriremos la vida espiritual. Esto es lo que el evangelio llama perder la vida. Se malgasta la terrena y no se alcanza la espiritual. El que se empeñe en salvar a toda costa su vida biológica, terminará perdiéndola. Pero dará pleno sentido a esta vida si descubre que puede acceder a otro nivel y encontrar la verdadera Vida.
Meditación-contemplación
Si el grano de trigo no cae en tierra y muere…
Se trata de una condición que no podemos soslayar.
Si queremos dar fruto, es decir, dar sentido a nuestra vida,
tenemos que desgastarnos y consumirnos.
…………………
La vela solo cobra sentido cuando está encendida,
pero si está encendida, se consume.
La rosa al esparcir su fragancia, entrega algo de sí mismo,
y así está manifestando su verdadero ser.
--------
La vida es movimiento y por lo tanto, energía desplegada.
Puedo consumirla en beneficio del ego (falso yo),
y entonces la malogro.
Puedo consumirla en beneficio de los demás,
y entones consumarla dándole plenitud.
Fuente:
http://www.feadulta.com/anterior/Ev-jn-12-20-33-MR.htm
Ilustración: James Langley.
Etiquetas:
James Langley,
Marcos Rodríguez,
San Juan 12: 20-33
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