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sábado, 20 de abril de 2019

RESURRECCIÓN PENDIENTE

Evangelio Dominical: Resurrección
José Martínez de Toda, S.J.

Comentario dialogado al Evangelio que se proclama el Domingo de Resurrección, ciclo A, correspondiente al domingo 21 abril 2019.  La lectura es tomada del Evangelio según San Juan 20, 19-31

"Y vio a Jesús, que estaba allí... ¡Maestro!"

¿Cómo ocurrió la resurrección de Jesús?

Muy de madrugada del domingo, varias mujeres, de las que habían acompañado a Jesús hasta su sepultura, quisieron volver al sepulcro. Eran María Magdalena, Salomé, María, la madre de Santiago (Mateo 27: 56 y Marcos 16, 1), Juana y las demás mujeres que estaban con ellas. Habían comprado bálsamos aromáticos para ungir el cuerpo de Jesús (Marcos 16:1).

Al ir camino del sepulcro, se decían una a otra: "¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?"

Pero de pronto hubo un gran terremoto. El ángel del Señor descendió del cielo, removió la piedra y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago, y su vestidura blanca como la nieve. Los guardias temblaron y quedaron como muertos.

El ángel entró en el sepulcro, y se sentó.

Los soldados de la guardia fueron a la ciudad y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido. (Mateo 28, 1-11)

Mientras tanto, las mujeres llegaron al sepulcro. Ya estaba más claro, y pudieron ver que el sepulcro estaba abierto: la losa que debía tapar la boca del sepulcro, estaba rodada al lado, y por allí no se veía ningún soldado.

Algunas de las mujeres, con María Magdalena, inmediatamente pensaron: "Se han robado al Señor". Se dieron media vuelta y fueron a avisar a los discípulos.

¿Y qué hace el grupo principal de las mujeres?

Mientras tanto, las otras mujeres se acercaron al sepulcro, y vieron dentro a dos ángeles, uno a la cabecera y el otro a los pies del sepulcro. Los ángeles dicen a las mujeres:

- ¿Por qué buscan entre los muertos al que vive? No está aquí; más bien, ha resucitado. Acuérdense de lo que les dijo cuando estaba aún en Galilea: "Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado y resucite al tercer día". Vengan y vean el lugar donde estaba puesto. Y vayan de prisa y digan a sus discípulos y a Pedro que ha resucitado de entre los muertos.

Entonces ellas salieron a toda prisa del sepulcro, y corrieron a dar la noticia a sus discípulos. Jesús les salió al encuentro, diciendo:

-¡Saludos!

Ellas se echaron a sus pies y le adoraron. Entonces Jesús les dijo:

-No teman. Vayan, den las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea. Allí me verán.

Mientras tanto, ¿qué pasó con María Magdalena y las otras mujeres?

Ellas avisaron a los Apóstoles, especialmente a Pedro, y le dicen: "Se han robado al Señor".

Inmediatamente Pedro y Juan salen juntos corriendo hacia el sepulcro. Pero Juan, que era más joven, corría más que Pedro. Así que se adelantó y llegó primero al sepulcro. Pero esperó a Pedro.

Muy educado este Juan, ¿no?

Sí. Y eso que Juan sabía que Pedro había negado al Señor tres veces durante la Pasión. Él en cambio había acompañado a Jesús y a su madre hasta el Calvario. Esto de esperar a Pedro es un gesto de aceptación y reconciliación.

Pero una vez que llegó Pedro, entraron los dos al sepulcro.

Vieron las vendas en el suelo (Juan 20, 6). "Y el sudario, que había estado sobre su cabeza, no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte" (v. 7).

Los dos quedaron muy impresionados. En concreto Juan comenzó a creer algo: "vio y creyó". Y se volvieron a casa.

A Pedro se le apareció Jesús después, dice el evangelista Lucas (24, 34) y Pablo (1 Corintios 15, 1-5).

¿Y qué hizo María Magdalena?

María no se quedó tranquila. Ella volvió al sepulcro. Vio a Pedro y a Juan que se iban del sepulcro, pero ella se quedó allí llorando frente a él.

Entonces miró dentro del sepulcro. Y vio dos ángeles en ropas blancas que estaban sentados, el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. Pero ella no los reconoce como ángeles.

Ellos le preguntan a María: "¿Por qué lloras?", y ella explica con las lágrimas en sus ojos: "Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto" (v. 13).

Entonces María se vuelve, miró atrás, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús. Creía que era el jardinero.

Pero Jesús la llama por su nombre: "María". Al oír la voz de Jesús, María lo reconoce, lo llama "Rabboni" (Maestro), y se lanza a sus pies.

Jesús le dice: "Déjame, pero vete a mis hermanos, y diles: 'Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios'".

Por eso a María Magdalena se le llama "Apóstol de los Apóstoles".

Los judíos tenían el sábado como el día de descanso semanal, pues en la Creación del mundo, Dios descansó al séptimo día. Los cristianos lo cambiaron al domingo, porque la resurrección de Jesús, el hecho más importante de la humanidad, ocurrió en domingo.

Decimos "Felices Pascuas" (de Resurrección). Y en Navidad decimos: "Felices Pascuas" (de Navidad). Cristo ha resucitado. Cristo vive. Aleluya.

Éste fue el primer grito de fe, de vida nueva, y de victoria definitiva.

En Venezuela se tiene hoy la costumbre popular de la "Quema de Judas".

Fuente:
https://radioevangelizacion.org/noticia/evangelio-dominical-resurreccion
Cfr.
Marcos Rodríguez: http://www.feadulta.com/es/buscadoravanzado/itemlist/user/43-fraymarcos.html
Interesante:
Leandro Area Pereira: https://www.elimpulso.com/2019/04/20/opinion-hoy-me-atrevo-a-escribirte-senor-20abr/
Iconografía: http://www.christianiconography.info/resurrection.html
Fotografía: LB, Plaza Altamira, Caracas. Recuerdo de los cañidos durante la protesta (27/08/2014).
Ilustración: Alonso López de Herrera.

miércoles, 4 de abril de 2012

FELIZ ATREVIMIENTO


Hoy me atrevo a escribirte Señor
Leandro Area
Martes, 22 de febrero de 2011

“¿Quién le dio al fango un alma?”
Luis Cernuda


Hoy me atrevo a escribirte Señor, me lo merezco y eso es bueno, pues dicen que a las palabras las multiplica el viento. Y convengo y festejo que sea así, pues daremos razón para creer que pueden ser semillas germinantes de otra verdad, quién quita y sabe dónde, tan frágil cual acostumbran florecer las pasiones. Para mejor ejemplo, fíjate que yo fui lo que soy.

Hoy te escribo Señor para pedirte pues, con la sinceridad que el alma otorga pero que a veces la prudencia o el temor postergan, que por favor me hagas bueno que yo lucharé por lo contrario y así conquistar, de esa cruzada, la riqueza que imprimen los engaños. No me apartes entonces del mal sin mi consentimiento, mutuo pudiera serlo mas no impuesto, ya que el poder de perdonar se lleva adentro y hay que dejar al prójimo aprenda a cruzar el camino, resbalar y caer y levantarse él mismo. Permíteme pecar para volver a hacerlo y ser libre y capaz de entender, y mi conciencia así, comulgue su energía a tu favor abierto. Concédeme el gozo y el dolor de equivocarme entonces, para ser más humano. ¿Entiendes?

Ten fe en mí como yo puedo tenerla en el desconocido que eres, mas duda, sí, cuando asegure no volveré a caer. Evítate el dolor de darme miedo con culpas o demonios, pues tengo a veces a peor adversario que al yo que cargo dentro, y eso es ya suficiente. Además otra cosa, ya que estamos en estas intimidades, recuerda que las burocracias son entes imperfectos, así que asiste con asidua frecuencia a los deberes de tus ángeles príncipes terrícolas, atareados con los gigantes asuntos de este mundo, que si no ya tú sabes cómo son los muchachos, más cuando andan de su cuenta y capilla.

Hazme sincero hasta donde se pueda y deba, que la sabiduría es prudente y selectiva, para exigirte más y amar sin trabas. Justo también para no castigarme ni castigar a nadie jamás de los jamases. Concédeme destreza para lo pequeño, que llama insignificancia el engreído que somos, que de lo otro, lo enorme, casi sólo de ti depende. Abona y riega mi paciencia que de ella estoy, soy franco, hasta la coronilla, aunque sea de mi única responsabilidad y oficio haber dicho, escrito y sostenido, que ella es la ciencia mejor para lograr la paz. No me arrepiento.

Señor, si hube mentido fue por acariciar mi bien ávidamente, por lo que esa mentira no ha sido tal sino egoísmo con lo cual te quedo disculpado mintiéndote otra vez. Dame de todo que lo repartiré con creces. No he robado ni adjuntado fortuna a mis faltos haberes, mas si te soy sincero, no me siento en paz con mi bolsillo ciudadano, y si a ver vamos es cosa material, miseria de minucias, que poco valen para los que no necesitan como sí uno, y tú lo tienes todo y te sobran tesoros. ¿No es ello cierto?

Cuida Señor a míos y tuyos como si fuéramos todos hijos ajenos puestos bajo tu protección y abrigo. Ama y defiende a los demás más que a quien eres, mira que el egoísmo es el mal de los que no tienen razón por la elegancia de no decir infames. Abre tus brazos siempre cual Jesús en la cruz que eres tú mismo. Que no exista ni soledad ni hambre en el universo; amor para con la naturaleza que de tanta ambición y sordera, nuestras ambas las dos, comenzó a enloquecer para que le hagan caso. Que todos soñemos un querer, una quimera, un pan, a pesar de sentir desamor, vigilia, ayuno. Que no falte la fe, que a fin de cuentas es tu razón de ser, tu dependencia, que quién sabe cuánto la sufres por la que falta o perdiste de tantos.

Escuda a mis hijos y a los de los demás de no importa qué sombra, menos de la suya propia y de las que los protegen de las inclemencias del tiempo, pues sin ellas no habría huella, guía, espejo. Ampara a mi mujer, y a las demás, hijas todas de ti, para que sean capaces de cuidar a tus nietos que siempre andan jugando a que ya vienes, y necesitan tanto.

Premia a quienes dejé fuera de estas líneas, pues se merecen más que los citados, por el sólo detalle de haber sido olvidados o excluidos, pero evita que se convierta en odio esa descortesía sin culpa, y traslade a otros lo que a ellos ocurre de perverso, pues a veces la ruleta marca número equivocado y los demás, qué culpa tienen de esa suerte. El infierno debe estar construido, imagino, a la par de buenas intenciones, con la fuerza que crea el dolor de sentir el rechazo o la avidez de ejercer la venganza, y no quisiera yo aportar ni una chispa de tales virulencias al averno.

En voz penúltima te digo me oigas a mí, desde tus ojos, con atención suprema, que de tan cerca y obvio pudiera ser que me extraviara, celaje entre la multitud de fans que te pretenden, mientras de tan humilde me abstengo de llamar tu atención con estridencias, ausencias o colores. Recomiendo te quites los de sol y me mires de frente que aquí me encontrarás, entre las breñas de país que somos hoy, más no mañana, siempre dispuesto para lo que sea bueno y orgullo de mi madre. De la muerte ni hablemos que da caspa.

Fuente:http://www.analitica.com/va/sociedad/articulos/6675053.asp#.T3tj8nRDU50.facebook

Ilustración: Rui Pedro Tavares da Rocha