EL NACIONAL, Caracas, 10 de septiembre de 2017
Groucho y las aguas del comandante
Raúl Fuentes
Imagino que todo columnista tiene su peculiar manera de abordar el tema sobre el que se propone opinar; no me refiero a un método de organizar la narrativa, sino más bien a un recurso o artificio que le permita superar la parálisis psicológica o «síndrome de la página en blanco» que, en más de una oportunidad, dificulta precisar el rumbo de la escritura. Cuando ese culipandeo inmoviliza la pluma, suelo hacer de una frase, una imagen o una contingencia, sin aparente relación con lo que intento exponer, el punto de partida para la perpetración –fea palabra– de las fechorías que, periódicamente, someto a consideración del lector. El truco funciona, sobre todo si nos decantamos por una efeméride significativa y tenemos la suerte de que la publicación coincida con su celebración. Es el caso de hoy, cuando el memorial deportivo nos recuerda que hace 57 años, el 10 de septiembre de 1960, el atleta etíope Abebe Bikila ganó, con registro récord, el maratón de cierre de los Juegos Olímpicos de Roma –los primeros en ser televisados en vivo y en directo–, hecho que no tendría mucho de particular, si no fuese porque corrió completamente descalzo los 42 kilómetros y 195 metros de la prueba. En Venezuela, donde el revanchismo igualitarista bolichaviano, a juro y por debajo, redujo al habitante promedio a la menesterosa condición de pata en el suelo, y en el que un par de alpargatas, de conseguirse, cuesta lo suyo, la proeza del maratonista africano debe servir de ejemplar consuelo de tontos.
No es la histórica carrera de fondo citada el único acontecimiento a festejarse hoy, pues, en su santoral, la Iglesia Católica consagra el día al místico monje agustino Nicolás de Tolentino, la rima es casualidad, que es santo patrón de al menos cinco localidades colombianas y ya me dirán usted si es casualidad acaso que, en razón de este onomástico, al mandón nacional se le cuestione su venezolanidad y se le asigne por terruño la cuna de Nariño y Santander, dos próceres de la hermana república de los que Hugo Rafael hablaba pestes. Hay también evocaciones tardías o adelantadas que sirven de pábulo para continuar la andadura dominical, aferrados a la idea de que, cual encomiaba un entrañable y desaparecido predicador de cantinas, recordar es tan instructivo y divertido como beber y vivir. Vamos, entonces, a divertirnos e instruirnos con el marxismo. No con las paparruchas derivadas de especulaciones teóricas endilgadas a Carlucho, que de esas estamos ahítos, sino con los corrosivos apotegmas de la tendencia Groucho.
El pasado mes de agosto cumplió 40 años de haber partido al paraíso de los humoristas, que debe ser el infierno de la gente de rostro adusto, Julius Henry «Groucho» Marx, y el venidero mes de octubre, de vivir, estaría coleando a la sorprendente y provecta edad de 127 años, así que estamos atrapados entre 2 aniversarios de este insigne comediante que, sin querer queriendo, dejó para la posteridad, además de desternillantes películas protagonizadas por él y sus hermanos, una colección de frases que siguen maravillando por su agudeza y podrían pasar como ocurrencias de un tuitero inconforme que, de escuchar las interminable chácharas encadenadas de Chávez y el eco adormecido de los lamentos de Maduro, tal vez trinaría: «Si eres capaz de hablar sin parar, al final te saldrá algo gracioso» y, seguramente, acotaría que «partiendo de la nada, hemos alcanzado las cotas más altas de miseria». Y, después de casi 2 décadas de fallida administración, sin que el gestor nominal del socialismo militar haya podido determinar las causas de su fracaso, provoca lanzar pedradas de este tenor: «Él puede parecer un idiota y actuar como un idiota. Pero no se deje engañar. Es realmente un idiota».
¿Cómo no tener presente su mordaz fraseología cuando oímos disparatar a algún ministro y concordar con él en que «es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definidamente»? O, en relación con el encausamiento de civiles por tribunales militares, cómo no traer a colación lo que pensaba al respecto: «La justicia militar es a la justicia lo que la música militar es la música». Pensando en la oposición, y a propósito de las declaraciones de Chúo Torrealba, desmarcándose de las estrategias de la MUD, podríamos echar mano a su concepto de la política: «Arte de buscar problemas, encontrarlos por todas partes, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados»; una definición que cuadra con su singular código de ética para camaleones, sintetizado en un solo precepto, endosable a los saltadores de talanqueras: “Estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros».
Podríamos continuar hurgando en su catálogo de dichos y pensamientos y maravillarnos con la cantidad y calidad de asertos que acuñó a lo largo de su carrera, muchos de ellos recogidos en libros de su autoría. No es mi idea convertir esta entrega en antología de aforismos marxianos. Para eso están los suplementos literarios; sin embargo, me gustaría, para aterrizar, no dejar por fuera un par de preguntas muy propias de quien profesó indistintamente la ironía y el sarcasmo y fue capaz de sostener que no podría pertenecer a un Club que lo tuviera a él entre sus miembros: «¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí?». Probablemente no le inquietase de verdad trascender, pero lo hizo. Hay quienes acaparan boletos con la fatua esperanza de que la lotería de la fama se ocupe de ellos más allá de los 15 minutos que le corresponden. Lo hizo el oficialismo al exacerbar el culto a la personalidad del santo paracaidista celestial; culto que rebasa los límites de la racionalidad y es parte de una epopeya forjada en la fragua de las mixtificaciones históricas, en la que el despropósito es norma. Por eso –esta gente es capaz de lo impensable–, creo factible que el gobierno, a través de los comités locales de producción y abastecimiento (CLAP), esté distribuyendo una línea de productos higiénicos, exornados con los ojitos de quien resulta pavoso nombrar insistentemente, bajo la denominación “Aguas del comandante”. –Si la información no proviene de un bromista opositor, ya podrá Maduro, en sus procaces arrebatos, mandar al objeto de su ira a lavarse el paltó con las fulanas aguas. Menos mal no se trata de papel toilette. Sonaría muy feo eso de ¡a limpiarse el rabo con el comandante!
Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/groucho-las-aguas-del-comandante_202718
Ilustración: Brian McCarthy.
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domingo, 10 de septiembre de 2017
domingo, 30 de octubre de 2016
ENSAYOS SOBRE LA PROCACIDAD
EL NACIONAL, Caracas, 30 de octubre de 2016
Sobre héroes y rufianes
Raúl fuentes
Agnieszka Holland es una realizadora polaca con una interesante filmografía en su haber, de la que cabe mencionar cintas como Total Eclipse (Vidas al límite, 1995), que explora la relación homosexual entre Rimbaud y Verlaine, Europa Europa (1991), ganadora de un Globo de Oro y nominada al Oscar como mejor guion adaptado– en 1985 había sido postulada por la Academia para optar al premio de mejor película extranjera por Bittere Ernte (Amarga Cosecha) y lo fue otra vez en 2011 por In Darkness (En la oscuridad)– o la muy sui géneris Copying Beethoven (Copiando a Beethoven, 2006); también le debemos la realización de algunos episodios de las aclamadas series The Wire y House of Cards. A esta señora, que trabajo con Andrzej Wajda en Danton (1982) y Krzysztof Kieślowski en Tres colores: Azul (1993), entregó HBO la batuta para que orquestase su primera gran apuesta europea, Hořící keř, miniserie en tres capítulos que gira en torno a la inmolación de Jan Palach.
Quizá el encargo de la subsidiaria de Time Warner se fundamentó menos en el currículo de la cineasta, que en el haber sido testigo excepcional de los sucesos narrados en el drama televisual –con la licencia ficcional que suelen permitirse los guionistas de historias «basadas en hechos reales»–, pues cuando ocurrió el suicidio «a lo bonzo» del joven estudiante de arte, la Holland estudiaba –merced, acaso, de los «intercambios culturales» acordados entre los países signatarios del Tratado de Amistad, Colaboración y Asistencia Mutua (Pacto de Varsovia) –—, en la Academia de Cine y Televisión de Praga y, además, vivió y compartió la impotencia, estupor y frustración de los checos frente a la intervención soviética de 1968 –200.000 soldados (600.000, según fuentes occidentales) y 2.300 tanques de la URSS, Alemania Oriental, Bulgaria y Polonia– que puso fin a la «Primavera de Praga», ese período en el cual se instrumentaron esperanzadores programas de liberalización política y modernización económica liderados por Alexander Dubček, y secundados por Ota Šik, con miras a la instauración de un «socialismo con rostro humano». La «tercera vía» (expresión acuñada por Šik, no fue producto de «desviaciones reformistas», sino de la necesidad de flexibilizar un modelo que no por bueno para los rusos debía serlo para los checoeslovacos. Por eso, contó con el entusiasta respaldo de la juventud y los intelectuales. Por eso mismo, no gustó a Leonid Brézhnev ni al PCUS. De allí las botas y blindados de la contra OTAN. Y el sacrificio de Palach. De allí también un esclarecedor ensayo de Teodoro Petkoff, Checoeslovaquia, el socialismo como problema, que cogió calle internacional y fue anatematizado por Pravda y repudiado por la ortodoxia ñángara.
Burning Bush, algo así como Arbusto en llamas, fue el metafórico nombre en inglés con el que se comercializó la miniserie. No sé cómo la llamaron en español. Antorcha humana nos parece lo apropiado. Palach no fue rara avis; dos compatriotas, Jan Zajíc y Evžen Plocek, estudiantes como él, siguieron su ejemplo, lo que exasperó a la policía y, por supuesto, al partido comunista que lo injurió, acusándole de escenificar un «falso suicidio» que le salió mal. La madre y el hermano de Jan rechazaron tal difamación y recurrieron a una abogada, Dagmar Burešová (Con la instauración de la democracia llegó a ser ministra de justicia) –verdadera protagonista de la serie–, que intentó un juicio, dictaminado de antemano, contra un alto cargo del gobierno por deshonrar su memoria. Cualquier parecido con nuestra realidad judicial es mera coincidencia.
En Polonia, por decisión propia y con anterioridad a los checos, ardió Ryszard Sywiec en un evento en el que estaban presentes las principales autoridades del país. El hecho, silenciado entonces, salió a la luz conjuntamente con todas sus vergüenzas, miserias y horrores, cuando el comunismo se derrumbó; en Irlanda, en 1981, una prolongada huelga de hambre puso fin a la existencia de una decena de militantes del IRA.
Aquí, sin que el redentor se conmoviera, una acción similar precipitó el fallecimiento, en agosto de 2010, del agricultor Franklin Brito. Y es que cuando los autoritarismos aprietan las clavijas de la represión, solo restan medidas desesperadas. Se podría discutir si inmolarse por una causa –libertad, justicia, equidad– es gesto santo o pecaminoso, pero de manera alguna cuestionar su quijotesca heroicidad. En la República Checa, Palach es nombre eternizado en parques, avenidas y en una cruz de bronce incrustada en la plaza Wenceslao, lugar donde se encendió la llama condenatoria de la invasión.
Se preguntará el lector por qué le importunamos con este misceláneo memorial, obviando que en Venezuela ha muerto, lenta e inexorablemente, el Estado de Derecho y ha sido sepultado con un coup d'État producto de la conchupancia entre gobernadores feudatarios (milicos todos, excepto el operador político, Tareck Zaidan el Aissami Maddah) y jueces venales (sin competencia en materia comicial) con un árbitro electoral avasallado a un impresentable capitán, un rencoroso loquero y un grupete de generales bachaqueros, convenientemente apadrinados, que matizó de verde oliva la conjura para quebrantar el orden constitucional. ¿Por qué? Sí, por qué incordiamos al paciente lector con esta retahíla de encomillados y bastardillas dejamos de lado que, a pesar de la vaticana bendición, el sesgo ignaciano y los pomposos saludos a la bandera de la concordia izada en Margarita, no habrá diálogo que valga ni tiene objeto perder tiempo ensayando enderezar las ramas de un árbol ingénitamente choreto. A quien así y con justicia nos inquiera, respondemos que el cuento se nos antoja pertinente porque el canal Sony anuncia el inminente estreno de El Comandante, culebrón por entregas «basado en la vida de Hugo Chávez con una alta dosis de romance, espionaje, traición y heroísmo».
¿Serán románticas la necrofilia de su majestad el eterno y la procacidad del te-voy-a-dar-lo tuyo, Marisabel? Con su fisgonear en vidas ajenas y las delaciones y felonías con que consolidó su asalto al poder se pueden rodar millones de pies. El heroísmo, pensamos, es condición reservada al ciudadano que, «harto ya de estar harto», hace historia y se lanza a la calle porque no se cala más a su engendro. O al centenar de presos políticos, víctimas del terrorismo madurista y el fundamentalismo castrense. Pero ¿qué le vamos a hacer si los empresarios del show business no diferencian entre héroes y rufianes, mientras puedan ganar dinero con epopeyas de comiquita?
Fuente:
http://www.el-nacional.com/raul_fuentes/heroes-rufianes_0_947905360.html
Sobre héroes y rufianes
Raúl fuentes
Agnieszka Holland es una realizadora polaca con una interesante filmografía en su haber, de la que cabe mencionar cintas como Total Eclipse (Vidas al límite, 1995), que explora la relación homosexual entre Rimbaud y Verlaine, Europa Europa (1991), ganadora de un Globo de Oro y nominada al Oscar como mejor guion adaptado– en 1985 había sido postulada por la Academia para optar al premio de mejor película extranjera por Bittere Ernte (Amarga Cosecha) y lo fue otra vez en 2011 por In Darkness (En la oscuridad)– o la muy sui géneris Copying Beethoven (Copiando a Beethoven, 2006); también le debemos la realización de algunos episodios de las aclamadas series The Wire y House of Cards. A esta señora, que trabajo con Andrzej Wajda en Danton (1982) y Krzysztof Kieślowski en Tres colores: Azul (1993), entregó HBO la batuta para que orquestase su primera gran apuesta europea, Hořící keř, miniserie en tres capítulos que gira en torno a la inmolación de Jan Palach.
Quizá el encargo de la subsidiaria de Time Warner se fundamentó menos en el currículo de la cineasta, que en el haber sido testigo excepcional de los sucesos narrados en el drama televisual –con la licencia ficcional que suelen permitirse los guionistas de historias «basadas en hechos reales»–, pues cuando ocurrió el suicidio «a lo bonzo» del joven estudiante de arte, la Holland estudiaba –merced, acaso, de los «intercambios culturales» acordados entre los países signatarios del Tratado de Amistad, Colaboración y Asistencia Mutua (Pacto de Varsovia) –—, en la Academia de Cine y Televisión de Praga y, además, vivió y compartió la impotencia, estupor y frustración de los checos frente a la intervención soviética de 1968 –200.000 soldados (600.000, según fuentes occidentales) y 2.300 tanques de la URSS, Alemania Oriental, Bulgaria y Polonia– que puso fin a la «Primavera de Praga», ese período en el cual se instrumentaron esperanzadores programas de liberalización política y modernización económica liderados por Alexander Dubček, y secundados por Ota Šik, con miras a la instauración de un «socialismo con rostro humano». La «tercera vía» (expresión acuñada por Šik, no fue producto de «desviaciones reformistas», sino de la necesidad de flexibilizar un modelo que no por bueno para los rusos debía serlo para los checoeslovacos. Por eso, contó con el entusiasta respaldo de la juventud y los intelectuales. Por eso mismo, no gustó a Leonid Brézhnev ni al PCUS. De allí las botas y blindados de la contra OTAN. Y el sacrificio de Palach. De allí también un esclarecedor ensayo de Teodoro Petkoff, Checoeslovaquia, el socialismo como problema, que cogió calle internacional y fue anatematizado por Pravda y repudiado por la ortodoxia ñángara.
Burning Bush, algo así como Arbusto en llamas, fue el metafórico nombre en inglés con el que se comercializó la miniserie. No sé cómo la llamaron en español. Antorcha humana nos parece lo apropiado. Palach no fue rara avis; dos compatriotas, Jan Zajíc y Evžen Plocek, estudiantes como él, siguieron su ejemplo, lo que exasperó a la policía y, por supuesto, al partido comunista que lo injurió, acusándole de escenificar un «falso suicidio» que le salió mal. La madre y el hermano de Jan rechazaron tal difamación y recurrieron a una abogada, Dagmar Burešová (Con la instauración de la democracia llegó a ser ministra de justicia) –verdadera protagonista de la serie–, que intentó un juicio, dictaminado de antemano, contra un alto cargo del gobierno por deshonrar su memoria. Cualquier parecido con nuestra realidad judicial es mera coincidencia.
En Polonia, por decisión propia y con anterioridad a los checos, ardió Ryszard Sywiec en un evento en el que estaban presentes las principales autoridades del país. El hecho, silenciado entonces, salió a la luz conjuntamente con todas sus vergüenzas, miserias y horrores, cuando el comunismo se derrumbó; en Irlanda, en 1981, una prolongada huelga de hambre puso fin a la existencia de una decena de militantes del IRA.
Aquí, sin que el redentor se conmoviera, una acción similar precipitó el fallecimiento, en agosto de 2010, del agricultor Franklin Brito. Y es que cuando los autoritarismos aprietan las clavijas de la represión, solo restan medidas desesperadas. Se podría discutir si inmolarse por una causa –libertad, justicia, equidad– es gesto santo o pecaminoso, pero de manera alguna cuestionar su quijotesca heroicidad. En la República Checa, Palach es nombre eternizado en parques, avenidas y en una cruz de bronce incrustada en la plaza Wenceslao, lugar donde se encendió la llama condenatoria de la invasión.
Se preguntará el lector por qué le importunamos con este misceláneo memorial, obviando que en Venezuela ha muerto, lenta e inexorablemente, el Estado de Derecho y ha sido sepultado con un coup d'État producto de la conchupancia entre gobernadores feudatarios (milicos todos, excepto el operador político, Tareck Zaidan el Aissami Maddah) y jueces venales (sin competencia en materia comicial) con un árbitro electoral avasallado a un impresentable capitán, un rencoroso loquero y un grupete de generales bachaqueros, convenientemente apadrinados, que matizó de verde oliva la conjura para quebrantar el orden constitucional. ¿Por qué? Sí, por qué incordiamos al paciente lector con esta retahíla de encomillados y bastardillas dejamos de lado que, a pesar de la vaticana bendición, el sesgo ignaciano y los pomposos saludos a la bandera de la concordia izada en Margarita, no habrá diálogo que valga ni tiene objeto perder tiempo ensayando enderezar las ramas de un árbol ingénitamente choreto. A quien así y con justicia nos inquiera, respondemos que el cuento se nos antoja pertinente porque el canal Sony anuncia el inminente estreno de El Comandante, culebrón por entregas «basado en la vida de Hugo Chávez con una alta dosis de romance, espionaje, traición y heroísmo».
¿Serán románticas la necrofilia de su majestad el eterno y la procacidad del te-voy-a-dar-lo tuyo, Marisabel? Con su fisgonear en vidas ajenas y las delaciones y felonías con que consolidó su asalto al poder se pueden rodar millones de pies. El heroísmo, pensamos, es condición reservada al ciudadano que, «harto ya de estar harto», hace historia y se lanza a la calle porque no se cala más a su engendro. O al centenar de presos políticos, víctimas del terrorismo madurista y el fundamentalismo castrense. Pero ¿qué le vamos a hacer si los empresarios del show business no diferencian entre héroes y rufianes, mientras puedan ganar dinero con epopeyas de comiquita?
Fuente:
http://www.el-nacional.com/raul_fuentes/heroes-rufianes_0_947905360.html
domingo, 26 de junio de 2016
GROUCHADA
EL NACIONAL, Caracas, 26 de junio de 2016
Criterio marxista
Raúl Fuentes
Suelo escribir estas líneas la noche del miércoles o, a más tardar, la mañana del jueves; esta semana, sin embargo, aguijoneado por la temprana lectura de dos trabajos firmados por un par de javieres, colaboradores habituales de El País semanal y de obra justamente reconocida y laureada, Javier Cercas (El lado humano) y Javier Marías (Perrolatría), estuve tentado a acometer esta tarea el mismísimo domingo. ¿La razón? Ambos mencionan a Hitler y a los perros: el primero, al referirse a la bondad que subyace en los hombres, aun cuando sean arquetipos de iniquidad –en la época de Pérez Jiménez, una actriz sureña vinculada sentimentalmente a Miguel Silvio Sanz, decía que este, a pesar de ser un torturador de sádico y sobresaliente desempeño (no en balde fue mano derecha de Pedro Estrada), tenía un corazón de oro–, sostiene que “Hitler no era (…) un perro inhumano; si lo hubiese sido, el problema estaría resuelto: muerto el perro, se acabó la rabia. Pero no era un perro y la rabia no se ha acabado”; en otro registro, acaso para irritar a los hombres que aman a los perros, Marías, al tildar de lerda la idea de que los “perrólatras gozan de superioridad moral y de un salvo conducto de ‘bondad”, nos recuerda en un paréntesis que el bueno de Adolfo era uno de tales canófilos.
Si a esa convergencia añadimos unas palabras de Hermann Göring, relegadas al depósito de los ya veremos para qué sirven –“...El pueblo puede ser persuadido. Esto es fácil. Todo lo que hay que decir es que está siendo atacado y denunciar a los pacifistas como faltos de patriotismo porque quieren exponer su país al peligro. Da resultado en todas las naciones”–, el mandado estaba hecho; había nomás que extrapolar: muerto Chávez no sucumbió el chavismo –el líder perdura a través de un médium que, no es ni su sombra y, más faramallero y peleón que él, dice tener su corazón, balbuciendo un remedo de su jerga belicista y rabiosa, llena de conflictos asimétricos y conflagraciones de cuarta o quinta generación–. Seguir por esa senda e hilvanar un previsible alegato antirrojo era un tiro al piso, porque, como reza el refrán, perro que ladra no muerde, menos aún el alimentado con guerrarina económica.
Ya con los pies en el lunes, quise saber qué sucedía con el esfuerzo ciudadano para hacer respetar su decisión de prescindir de los servicios de Nicolás ¿Podíamos ignorar jornadas que, pase lo que pase, serán memorables, sobre todo porque la voluntad del soberano se ha revelado inquebrantable frente a los obstáculos que el Ejecutivo y los poderes alcahuetes siembran en el camino del cambio? No. El martes, empero, cuando proyecciones conservadoras señalaban que la validación de firmas, malgré las morrocoyas del CNE, podría alcanzar la cantidad requerida para seguir adelante con el largo adiós –quedaría pendiente la certificación de las mismas, otro as bajo las mangas quelonias–, el señor José Luis Rodríguez Zapatero –¡CLAP!, ¡CLAP!, ¡CLAP!–, actuando en la práctica (para solaz de Podemos) como enviado del gobierno bolivariano (írrito de origen y ejercicio), intentaba en la OEA desconcentrar a la nación invocando un diálogo imposible, porque entre las premisas que listó no incluyó la petición de Fuenteovejuna para deponer al comendador, cuestión no negociable para la mayoría opositora.
Oyéndole desgranar su rosario de razones para “mediar” con miras a una “reconciliación nacional”, entre las que silencia, u olvida a posta, la voluntad de un pueblo –presumible y constitucionalmente– partícipe y protagonista de su destino, aumenta en uno la certidumbre de que el sosias de Mr. Bean y los otros miembros del trío tocan de oídas o guiados por la batuta de Maduro. Se aferró a “tantos y tan tontos tópicos”, que perecía repetir una lección aprendida para la ocasión. Sostuvo que ni él ni sus pares, el istmeño Torrijos y el quisqueyano Fernández, “han perdido el tiempo”. ¡Por supuesto que no, lo ganan para Nicolás! No procuran deshacer el nudo gordiano de la crisis, sino de asegurar un fílmico happy end a su patrocinante. Y la gata subió a la batea al sacar a relucir la “comisión de la verdad”, parapeto ingeniado por el régimen militar para ocultarla. Discurría, no hay otra, un nefelibata o un hipócrita que pasó por Venezuela sin que la realidad alterase sus preconceptos.
Y llegamos al atravesado miércoles barruntando que no es necesario hacer hoy lo que podemos hacer mañana, de modo que el jueves 23, víspera de tambores y desfiles, decido que es mejor meter la pata que cruzarse de brazos y pongo en negro sobre blanco mis pareceres. Si estos no gustan a los lectores, puedo parafrasear a Marx –Groucho, naturalmente– y ofrecerles otros. En ocasión distinta y sin ladridos, ¡claro!
Fuente: http://www.el-nacional.com/opinion/Criterio-marxista_0_872312825.html
Criterio marxista
Raúl Fuentes
Suelo escribir estas líneas la noche del miércoles o, a más tardar, la mañana del jueves; esta semana, sin embargo, aguijoneado por la temprana lectura de dos trabajos firmados por un par de javieres, colaboradores habituales de El País semanal y de obra justamente reconocida y laureada, Javier Cercas (El lado humano) y Javier Marías (Perrolatría), estuve tentado a acometer esta tarea el mismísimo domingo. ¿La razón? Ambos mencionan a Hitler y a los perros: el primero, al referirse a la bondad que subyace en los hombres, aun cuando sean arquetipos de iniquidad –en la época de Pérez Jiménez, una actriz sureña vinculada sentimentalmente a Miguel Silvio Sanz, decía que este, a pesar de ser un torturador de sádico y sobresaliente desempeño (no en balde fue mano derecha de Pedro Estrada), tenía un corazón de oro–, sostiene que “Hitler no era (…) un perro inhumano; si lo hubiese sido, el problema estaría resuelto: muerto el perro, se acabó la rabia. Pero no era un perro y la rabia no se ha acabado”; en otro registro, acaso para irritar a los hombres que aman a los perros, Marías, al tildar de lerda la idea de que los “perrólatras gozan de superioridad moral y de un salvo conducto de ‘bondad”, nos recuerda en un paréntesis que el bueno de Adolfo era uno de tales canófilos.
Si a esa convergencia añadimos unas palabras de Hermann Göring, relegadas al depósito de los ya veremos para qué sirven –“...El pueblo puede ser persuadido. Esto es fácil. Todo lo que hay que decir es que está siendo atacado y denunciar a los pacifistas como faltos de patriotismo porque quieren exponer su país al peligro. Da resultado en todas las naciones”–, el mandado estaba hecho; había nomás que extrapolar: muerto Chávez no sucumbió el chavismo –el líder perdura a través de un médium que, no es ni su sombra y, más faramallero y peleón que él, dice tener su corazón, balbuciendo un remedo de su jerga belicista y rabiosa, llena de conflictos asimétricos y conflagraciones de cuarta o quinta generación–. Seguir por esa senda e hilvanar un previsible alegato antirrojo era un tiro al piso, porque, como reza el refrán, perro que ladra no muerde, menos aún el alimentado con guerrarina económica.
Ya con los pies en el lunes, quise saber qué sucedía con el esfuerzo ciudadano para hacer respetar su decisión de prescindir de los servicios de Nicolás ¿Podíamos ignorar jornadas que, pase lo que pase, serán memorables, sobre todo porque la voluntad del soberano se ha revelado inquebrantable frente a los obstáculos que el Ejecutivo y los poderes alcahuetes siembran en el camino del cambio? No. El martes, empero, cuando proyecciones conservadoras señalaban que la validación de firmas, malgré las morrocoyas del CNE, podría alcanzar la cantidad requerida para seguir adelante con el largo adiós –quedaría pendiente la certificación de las mismas, otro as bajo las mangas quelonias–, el señor José Luis Rodríguez Zapatero –¡CLAP!, ¡CLAP!, ¡CLAP!–, actuando en la práctica (para solaz de Podemos) como enviado del gobierno bolivariano (írrito de origen y ejercicio), intentaba en la OEA desconcentrar a la nación invocando un diálogo imposible, porque entre las premisas que listó no incluyó la petición de Fuenteovejuna para deponer al comendador, cuestión no negociable para la mayoría opositora.
Oyéndole desgranar su rosario de razones para “mediar” con miras a una “reconciliación nacional”, entre las que silencia, u olvida a posta, la voluntad de un pueblo –presumible y constitucionalmente– partícipe y protagonista de su destino, aumenta en uno la certidumbre de que el sosias de Mr. Bean y los otros miembros del trío tocan de oídas o guiados por la batuta de Maduro. Se aferró a “tantos y tan tontos tópicos”, que perecía repetir una lección aprendida para la ocasión. Sostuvo que ni él ni sus pares, el istmeño Torrijos y el quisqueyano Fernández, “han perdido el tiempo”. ¡Por supuesto que no, lo ganan para Nicolás! No procuran deshacer el nudo gordiano de la crisis, sino de asegurar un fílmico happy end a su patrocinante. Y la gata subió a la batea al sacar a relucir la “comisión de la verdad”, parapeto ingeniado por el régimen militar para ocultarla. Discurría, no hay otra, un nefelibata o un hipócrita que pasó por Venezuela sin que la realidad alterase sus preconceptos.
Y llegamos al atravesado miércoles barruntando que no es necesario hacer hoy lo que podemos hacer mañana, de modo que el jueves 23, víspera de tambores y desfiles, decido que es mejor meter la pata que cruzarse de brazos y pongo en negro sobre blanco mis pareceres. Si estos no gustan a los lectores, puedo parafrasear a Marx –Groucho, naturalmente– y ofrecerles otros. En ocasión distinta y sin ladridos, ¡claro!
Fuente: http://www.el-nacional.com/opinion/Criterio-marxista_0_872312825.html
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Raúl Fuentes
domingo, 10 de enero de 2016
SI YO FUERA COMPETENTE
EL NACIONAL, Caracas, 10 de enero de 2016
Incompetencia militar y política
Raúl Fuentes
Cuando ocurren tantas cosas casi al unísono, como ha sucedido últimamente, no halla uno por dónde comenzar a cortar para ofrecerle al lector una pieza razonablemente estructurada, sobre todo si lo acontecido no presagia nada bueno. En estos casos, la ortodoxia aconseja comenzar por el principio; sin embargo, no es dable precisar cuál fue el inicio de la serie de eventos que caldearon los ánimos y tensaron el ambiente a tal punto que el ministro de defensa tuvo que difundir un pronunciamiento tan sí pero no, que ni siquiera mediante un proceso de desambiguación logró distender el enrarecido clima que precedió a la instalación de la nueva legislatura; mas, para tranquilidad general, se pasó del suspenso al anticlímax , sin solución de continuidad, al aparecer en el hemiciclo capitolino un diputado rojillo que, durante sus 15 minutos de fama, trató penosamente de poner orden en lo que parecía una pea monumental – ¿si sufría de trastornos cognitivos, como arguyeron sus compinches, por qué carajo lo pusieron a hacer el ridículo? –; y, a pesar de no ser ésta la primera cuenta del rosario, bien vale como obertura.
El tragicómico farfullo del referido congresista y el derroche de consignas devenidas en ruidos insignificantes por parte de su bancada (el Cantinflas de Si yo fuera diputado se agiganta en nuestra memoria) ilustran por qué a los periodistas se les impedía cubrir la fuente parlamentaria y explican que estemos cómo estamos; daba alipori escucharles chacharear sin argumentos, y estimo que la Unidad Democrática debe disculpas a Pastrana por haberle sometido a esa deplorable ordalía.
Lo anterior supone un desvío del itinerario que nos habíamos propuesto recorrer a partir de una pregunta que, en su último artículo del año pasado, formula Carlos Blanco: “¿Se han puesto a pensar que la victoria opositora del 6-D tal vez fue aún mayor que la de 112 diputados?”. Esta interrogante, sustentada en las actuaciones de las señoras que gestionan el CNE como si fuese una empresa subsidiaria del gobierno, viene a cuento porque el ominoso dictamen con que la sala electoral del TSJ puso en jaque la incorporación a la asamblea de los diputados del estado Amazonas podría conducir a la anulación y repetición de las elecciones en esa entidad, en cuyo caso, aunque el gobierno gane tiempo tratado de escapar tangencialmente del control parlamentario sufrirá una paliza mayor que la antecedente y tendrá un diputado menos, lo que parece importarle un bledo.
La duda sembrada por Blanco tiene que ver, también, con cierta rumorología de botiquín que anuncia y amplifica ruidos de sables sin precisar de dónde vienen y hacia dónde van, derivada quizá de las enigmáticas palabras del ratificado Padrino –“Si algo nos enseñó el comandante Hugo Chávez fue a respetar y defender nuestra Constitución: Dentro de ella todo, fuera de ella nada. La FANB es profundamente bolivariana y revolucionaria”–; y, como enero es proclive a los sobresaltos, no está demás prestar atención a tales aprensiones y precisar que, en Venezuela, desde 1958, ninguna alzamiento armado ha tenido éxito y, la más de las veces, terminaron en inútiles derramamientos de sangre a costa del pagapeos habitual, el pueblo que pone los muertos. De Castro León a Carmona, pasando naturalmente por Chávez, las conspiraciones y asonadas con que se ha intentado quebrantar el orden constitucional podrían servir de alimento a la versión corregida y aumentada de la Breve historia de la incompetencia militar (Stupid wars: a citizen's guide to botched putsches, failed coups, inane invasions, and ridiculous revolutions, 2008), ensayo en el que Ed Strosser y Michael Prince pasan revista con buena dosis de humor a los chascos que, desde el imperio romano a la guerra de Las Malvinas, explican por qué Clemanceau consideraba la guerra asunto demasiado serio para delegarla en militares. Los milicos enquistados en el poder, sin dar señales de saber de qué se trata, ¿podrán evitar la hambruna que vaticinan estudiosos de nuestra situación? ¿Y qué decir de las guerras imaginarias, como la “económica” que libra sanchopancescamente el sucesor para ocultar su incompetencia política y sobre la que volvió a machacar durante la juramentación del no muy flamante gabinete de crisis?
Felipe González, al precisar que “Maduro ha devaluado tanto la moneda como la figura del Libertador que le da su nombre”, concluye que el gobierno tendrá que optar entre del default o el rescate chino. Así las cosas, la nación pone sus ojos en el nuevo congreso. Éste debe recoger el guante de la arrogante provocación que le arrojó Maduro y definir mecanismos para decirle hasta aquí llegaste, Nicolás, no te vistas que no vas, y el ciudadano sienta que su lucha tiene sentido. Para eso los elegimos, señores diputados; no nos defrauden.
Fotografía: escena de "Si yo fuera diputado" de Miguel M. Delgado (1952).
Incompetencia militar y política
Raúl Fuentes
Cuando ocurren tantas cosas casi al unísono, como ha sucedido últimamente, no halla uno por dónde comenzar a cortar para ofrecerle al lector una pieza razonablemente estructurada, sobre todo si lo acontecido no presagia nada bueno. En estos casos, la ortodoxia aconseja comenzar por el principio; sin embargo, no es dable precisar cuál fue el inicio de la serie de eventos que caldearon los ánimos y tensaron el ambiente a tal punto que el ministro de defensa tuvo que difundir un pronunciamiento tan sí pero no, que ni siquiera mediante un proceso de desambiguación logró distender el enrarecido clima que precedió a la instalación de la nueva legislatura; mas, para tranquilidad general, se pasó del suspenso al anticlímax , sin solución de continuidad, al aparecer en el hemiciclo capitolino un diputado rojillo que, durante sus 15 minutos de fama, trató penosamente de poner orden en lo que parecía una pea monumental – ¿si sufría de trastornos cognitivos, como arguyeron sus compinches, por qué carajo lo pusieron a hacer el ridículo? –; y, a pesar de no ser ésta la primera cuenta del rosario, bien vale como obertura.
El tragicómico farfullo del referido congresista y el derroche de consignas devenidas en ruidos insignificantes por parte de su bancada (el Cantinflas de Si yo fuera diputado se agiganta en nuestra memoria) ilustran por qué a los periodistas se les impedía cubrir la fuente parlamentaria y explican que estemos cómo estamos; daba alipori escucharles chacharear sin argumentos, y estimo que la Unidad Democrática debe disculpas a Pastrana por haberle sometido a esa deplorable ordalía.
Lo anterior supone un desvío del itinerario que nos habíamos propuesto recorrer a partir de una pregunta que, en su último artículo del año pasado, formula Carlos Blanco: “¿Se han puesto a pensar que la victoria opositora del 6-D tal vez fue aún mayor que la de 112 diputados?”. Esta interrogante, sustentada en las actuaciones de las señoras que gestionan el CNE como si fuese una empresa subsidiaria del gobierno, viene a cuento porque el ominoso dictamen con que la sala electoral del TSJ puso en jaque la incorporación a la asamblea de los diputados del estado Amazonas podría conducir a la anulación y repetición de las elecciones en esa entidad, en cuyo caso, aunque el gobierno gane tiempo tratado de escapar tangencialmente del control parlamentario sufrirá una paliza mayor que la antecedente y tendrá un diputado menos, lo que parece importarle un bledo.
La duda sembrada por Blanco tiene que ver, también, con cierta rumorología de botiquín que anuncia y amplifica ruidos de sables sin precisar de dónde vienen y hacia dónde van, derivada quizá de las enigmáticas palabras del ratificado Padrino –“Si algo nos enseñó el comandante Hugo Chávez fue a respetar y defender nuestra Constitución: Dentro de ella todo, fuera de ella nada. La FANB es profundamente bolivariana y revolucionaria”–; y, como enero es proclive a los sobresaltos, no está demás prestar atención a tales aprensiones y precisar que, en Venezuela, desde 1958, ninguna alzamiento armado ha tenido éxito y, la más de las veces, terminaron en inútiles derramamientos de sangre a costa del pagapeos habitual, el pueblo que pone los muertos. De Castro León a Carmona, pasando naturalmente por Chávez, las conspiraciones y asonadas con que se ha intentado quebrantar el orden constitucional podrían servir de alimento a la versión corregida y aumentada de la Breve historia de la incompetencia militar (Stupid wars: a citizen's guide to botched putsches, failed coups, inane invasions, and ridiculous revolutions, 2008), ensayo en el que Ed Strosser y Michael Prince pasan revista con buena dosis de humor a los chascos que, desde el imperio romano a la guerra de Las Malvinas, explican por qué Clemanceau consideraba la guerra asunto demasiado serio para delegarla en militares. Los milicos enquistados en el poder, sin dar señales de saber de qué se trata, ¿podrán evitar la hambruna que vaticinan estudiosos de nuestra situación? ¿Y qué decir de las guerras imaginarias, como la “económica” que libra sanchopancescamente el sucesor para ocultar su incompetencia política y sobre la que volvió a machacar durante la juramentación del no muy flamante gabinete de crisis?
Felipe González, al precisar que “Maduro ha devaluado tanto la moneda como la figura del Libertador que le da su nombre”, concluye que el gobierno tendrá que optar entre del default o el rescate chino. Así las cosas, la nación pone sus ojos en el nuevo congreso. Éste debe recoger el guante de la arrogante provocación que le arrojó Maduro y definir mecanismos para decirle hasta aquí llegaste, Nicolás, no te vistas que no vas, y el ciudadano sienta que su lucha tiene sentido. Para eso los elegimos, señores diputados; no nos defrauden.
Fotografía: escena de "Si yo fuera diputado" de Miguel M. Delgado (1952).
domingo, 19 de abril de 2015
¿ENEKEADOS?
EL NACIONAL, Caracas, 19 de abril de 2015
Soluciones radicales
Raúl Fuentes
En más de un oportunidad escuché a un compinche de barras defender su ocurrente tesis en relación con los beneficios de compartir conversación y tragos con gente que apenas conocemos; decía, por lo general sin que viniera a cuento: “Beber es divertido a la par que instructivo”. No puede decirse lo mismo de las colas. Nada de entretenido tiene perder miserablemente el tiempo intercambiando invectivas contra el gobierno para hacernos con un paquete de harina de maíz; sin embargo, como “se aprende más por lo que la gente habla entre sí o por lo que se sobrentiende, que planteándose preguntas”, es posible por momentos distanciarse de lo que nos condujo al plantón y, al igual que en las tabernas, aliviar la espera escuchando, como escuché hace poco, a alguien discurrir con escolástica presunción sobre los modos de “mantener impoluta la desembocadura trasera”; risa, y mucha, me causó esa disertación en la que se ponderaban las virtudes de algunos sucedáneos del papel tualé, tan rabelesiana que recordaba aquel desopilante pasaje de La muy horripilante vida del gran Gargantúa donde se cuenta cómo Grandgousier “reconoció el ingenio maravilloso de su hijo por la invención que este hizo de un limpiaculos” que ensalza como el “más señorial, el más excelente y el más expeditivo que jamás se haya visto”; y, tras detallar numerosos objetos que ensayó para higienizar ese tercer ojo, agraciado y desgraciado por Quevedo –un antifaz de terciopelo, unos guantes de la madre, un cojín, un sombrero de fieltro, una toga de abogado y un copioso inventario de medios para tal fin que incluyen un cachorro de marta (que “con sus uñas me ulceró todo el periné”) y un velludo lirón–, el descomunal Gargantúa sugiere que lo mejor es no evacuar para no tener que limpiarse.
Así comenzaba la semana. Con las inevitables colas y el raquítico recibimiento, con ditirambos dignos de Alejandro Magno, del invencible guerrero que en la batalla del canal dice haber abatido, en dialéctico combate de apenas 3 minutos de duración, a otro gigante, el del norte, en escaramuzas imaginarias cuyas glorias solo cantaron escasos hooligans prebendados con algún pollo y un par de cervezas; eran tan pocos que uno se pregunta cómo es que, habiendo recabado más de 10 millones de firmas –yo te aviso chirulí–, no pueden convocar más de 4 gatos para validar sus aserciones. No pudo la inexistente y manipulada victoria ocultar la indignación que causó la última providencia cambiaria que nos confina a este campo de concentración en que se ha convertido el país; un país donde, afortunadamente, aún abunda el humor, aunque este sea cada vez más macabro, como lo demostró el, más sarcástico que jocoso, comentario que nos permitió explayarnos sobre Gargantúa, y lo ratifica un parecer, asentado en voz alta durante otro peregrinaje en busca de lo que no se encuentra, y que señalaba a los más pequeños como las más grandes víctimas de la escasez.
En opinión del alarmista de turno, el desabastecimiento se traduce en una sensible baja de la ingesta calórica que afecta el desarrollo físico y mental de los infantes; de este modo, sostuvo el improvisado conferencista, se estaría gestando un generación de subnormales que, a mediano plazo, serán un lastre para la sociedad (vagos, maleantes y pranes en ciernes); una contingencia que podría combatirse desde ahora con medidas aparentemente crueles que, a la larga, favorecerían a la nación. Se trata, simple y llanamente, de beneficiar a los niños, como se hace con el ganado, a fin de ofertar en el mercado lo que, de acuerdo con refinados antropófagos, como Hannibal Lecter, es el pináculo de la gastronomía.
La monstruosa sugerencia, que provocó airado rechazo, especialmente entre las mujeres, nos remitió a Jonathan Swift, quien, en 1729, publicó Una modesta proposición para prevenir que los niños de los pobres de Irlanda sean una carga para sus padres o el país, y para hacerlos útiles al público, corrosivo libelo que indignó a los bien pensantes de la época que nada hacían en favor de esos inocentes que el autor de Los viajes de Gulliver recomendaba se vendiesen a los más pudientes para que estos los engullesen “estofados, asados, horneados, hervidos, en fricasé o en ragout”.
No creo que los proponentes de las soluciones aquí referidas hayan leído a Rabelais o a Swift; pero, en ninguno de los dos casos el radicalismo, rayano en el absurdo, es diferente del que subyace en quienes piensan que la mejor manera de combatir el ventajismo es abstenerse de participar en confrontaciones electorales y prefieren la inmolación simbólica y el suicidio político a la negociación.
Ilustración: Eneko, Economía Hoy (Caracas, 26/05/1990).
Soluciones radicales
Raúl Fuentes
En más de un oportunidad escuché a un compinche de barras defender su ocurrente tesis en relación con los beneficios de compartir conversación y tragos con gente que apenas conocemos; decía, por lo general sin que viniera a cuento: “Beber es divertido a la par que instructivo”. No puede decirse lo mismo de las colas. Nada de entretenido tiene perder miserablemente el tiempo intercambiando invectivas contra el gobierno para hacernos con un paquete de harina de maíz; sin embargo, como “se aprende más por lo que la gente habla entre sí o por lo que se sobrentiende, que planteándose preguntas”, es posible por momentos distanciarse de lo que nos condujo al plantón y, al igual que en las tabernas, aliviar la espera escuchando, como escuché hace poco, a alguien discurrir con escolástica presunción sobre los modos de “mantener impoluta la desembocadura trasera”; risa, y mucha, me causó esa disertación en la que se ponderaban las virtudes de algunos sucedáneos del papel tualé, tan rabelesiana que recordaba aquel desopilante pasaje de La muy horripilante vida del gran Gargantúa donde se cuenta cómo Grandgousier “reconoció el ingenio maravilloso de su hijo por la invención que este hizo de un limpiaculos” que ensalza como el “más señorial, el más excelente y el más expeditivo que jamás se haya visto”; y, tras detallar numerosos objetos que ensayó para higienizar ese tercer ojo, agraciado y desgraciado por Quevedo –un antifaz de terciopelo, unos guantes de la madre, un cojín, un sombrero de fieltro, una toga de abogado y un copioso inventario de medios para tal fin que incluyen un cachorro de marta (que “con sus uñas me ulceró todo el periné”) y un velludo lirón–, el descomunal Gargantúa sugiere que lo mejor es no evacuar para no tener que limpiarse.
Así comenzaba la semana. Con las inevitables colas y el raquítico recibimiento, con ditirambos dignos de Alejandro Magno, del invencible guerrero que en la batalla del canal dice haber abatido, en dialéctico combate de apenas 3 minutos de duración, a otro gigante, el del norte, en escaramuzas imaginarias cuyas glorias solo cantaron escasos hooligans prebendados con algún pollo y un par de cervezas; eran tan pocos que uno se pregunta cómo es que, habiendo recabado más de 10 millones de firmas –yo te aviso chirulí–, no pueden convocar más de 4 gatos para validar sus aserciones. No pudo la inexistente y manipulada victoria ocultar la indignación que causó la última providencia cambiaria que nos confina a este campo de concentración en que se ha convertido el país; un país donde, afortunadamente, aún abunda el humor, aunque este sea cada vez más macabro, como lo demostró el, más sarcástico que jocoso, comentario que nos permitió explayarnos sobre Gargantúa, y lo ratifica un parecer, asentado en voz alta durante otro peregrinaje en busca de lo que no se encuentra, y que señalaba a los más pequeños como las más grandes víctimas de la escasez.
En opinión del alarmista de turno, el desabastecimiento se traduce en una sensible baja de la ingesta calórica que afecta el desarrollo físico y mental de los infantes; de este modo, sostuvo el improvisado conferencista, se estaría gestando un generación de subnormales que, a mediano plazo, serán un lastre para la sociedad (vagos, maleantes y pranes en ciernes); una contingencia que podría combatirse desde ahora con medidas aparentemente crueles que, a la larga, favorecerían a la nación. Se trata, simple y llanamente, de beneficiar a los niños, como se hace con el ganado, a fin de ofertar en el mercado lo que, de acuerdo con refinados antropófagos, como Hannibal Lecter, es el pináculo de la gastronomía.
La monstruosa sugerencia, que provocó airado rechazo, especialmente entre las mujeres, nos remitió a Jonathan Swift, quien, en 1729, publicó Una modesta proposición para prevenir que los niños de los pobres de Irlanda sean una carga para sus padres o el país, y para hacerlos útiles al público, corrosivo libelo que indignó a los bien pensantes de la época que nada hacían en favor de esos inocentes que el autor de Los viajes de Gulliver recomendaba se vendiesen a los más pudientes para que estos los engullesen “estofados, asados, horneados, hervidos, en fricasé o en ragout”.
No creo que los proponentes de las soluciones aquí referidas hayan leído a Rabelais o a Swift; pero, en ninguno de los dos casos el radicalismo, rayano en el absurdo, es diferente del que subyace en quienes piensan que la mejor manera de combatir el ventajismo es abstenerse de participar en confrontaciones electorales y prefieren la inmolación simbólica y el suicidio político a la negociación.
Ilustración: Eneko, Economía Hoy (Caracas, 26/05/1990).
domingo, 31 de agosto de 2014
DOS NOTAS
EL NACIONAL - Sábado 30 de Agosto de 2014 Opinión/6
Barrotes y detritus
Ramón Hernández
Dariel Alarcón Ramírez, conocido como "Benigno" se incorporó a la guerra de guerrillas a los 17 años de edad.
Camilo Cienfuegos lo enseñó a disparar y el Che Guevara las primeras letras. Fue su compañero en Bolivia, uno de los pocos que sobrevivió. Como premio, pero resultó un castigo, en 1981, le tocó ser jefe de una cárcel en las afueras de La Habana, en la que estaban recluidas más de 6.000 personas.
En sus memorias que no han leído María Iris Varela, "revolucionaria y socialista" ni Miguel Rodríguez Torres, el responsable del manejo y las ejecutorias de los cuerpos de seguridad de la revolución bolivariana, Alarcón Ramírez cuenta algunas de las barbaridades que cometían contra los presos, tanto políticos como comunes, porque todos estaban juntos; sin distinciones, como ocurría en la URSS. "Disuadían" las protestas con chorros de agua y golpeándolos con la manguera en el pecho y la espalda. A uno lo hicieron explotar porque le metieron la manguera en la boca y abrieron el chorro. El Partido Comunista de Cuba se las arregló para que el homicida no fuese juzgado.
Nadie se alarmó. Al traspasar las puertas del centro penitenciario un letrero advertía: "El recluso tiene derecho, única y exclusivamente, a reclamar su medicina. A nada más. Cuando pasa de esta puerta para dentro, el hombre ha perdido todos sus derechos".
En ninguna cárcel de Venezuela nadie se ha atrevido, por ahora, a poner por escrito la autorización para cometer semejante tropelía, pero las perpetran, iguales o peores. El estudiante de la ULA Gerardo Carrero fue golpeado con una tabla y luego amarrado de rodillas durante doce horas a los barrotes de la celda del Sebin en El Helicoide, un atropello de los derechos humanos tan grave como las torturas que sufrió el buhonero revolucionario Efraín Labana Cordero en el TO3 a mediados de los años sesenta del siglo pasado; un caso denunciado por el entonces diputado José Vicente Rangel y el periodista Freddy Balzán.
La única diferencia con el caso de Carrero es que entonces la izquierda era la oposición y había escogido la lucha armada, la violencia, para llegar al poder. Ahora se trata de un campamento estudiantil frente al PNUD, pacífico en extremo.
Carrero pedía, precisamente, que se respeten los derechos humanos. Presto manifiesto de la Comisión por la Justicia y la Verdad, que depende administrativamente del Consejo Moral Republicano; sin usar, con el papel celofán entero, virginal.
Barrotes y detritus
Ramón Hernández
Dariel Alarcón Ramírez, conocido como "Benigno" se incorporó a la guerra de guerrillas a los 17 años de edad.
Camilo Cienfuegos lo enseñó a disparar y el Che Guevara las primeras letras. Fue su compañero en Bolivia, uno de los pocos que sobrevivió. Como premio, pero resultó un castigo, en 1981, le tocó ser jefe de una cárcel en las afueras de La Habana, en la que estaban recluidas más de 6.000 personas.
En sus memorias que no han leído María Iris Varela, "revolucionaria y socialista" ni Miguel Rodríguez Torres, el responsable del manejo y las ejecutorias de los cuerpos de seguridad de la revolución bolivariana, Alarcón Ramírez cuenta algunas de las barbaridades que cometían contra los presos, tanto políticos como comunes, porque todos estaban juntos; sin distinciones, como ocurría en la URSS. "Disuadían" las protestas con chorros de agua y golpeándolos con la manguera en el pecho y la espalda. A uno lo hicieron explotar porque le metieron la manguera en la boca y abrieron el chorro. El Partido Comunista de Cuba se las arregló para que el homicida no fuese juzgado.
Nadie se alarmó. Al traspasar las puertas del centro penitenciario un letrero advertía: "El recluso tiene derecho, única y exclusivamente, a reclamar su medicina. A nada más. Cuando pasa de esta puerta para dentro, el hombre ha perdido todos sus derechos".
En ninguna cárcel de Venezuela nadie se ha atrevido, por ahora, a poner por escrito la autorización para cometer semejante tropelía, pero las perpetran, iguales o peores. El estudiante de la ULA Gerardo Carrero fue golpeado con una tabla y luego amarrado de rodillas durante doce horas a los barrotes de la celda del Sebin en El Helicoide, un atropello de los derechos humanos tan grave como las torturas que sufrió el buhonero revolucionario Efraín Labana Cordero en el TO3 a mediados de los años sesenta del siglo pasado; un caso denunciado por el entonces diputado José Vicente Rangel y el periodista Freddy Balzán.
La única diferencia con el caso de Carrero es que entonces la izquierda era la oposición y había escogido la lucha armada, la violencia, para llegar al poder. Ahora se trata de un campamento estudiantil frente al PNUD, pacífico en extremo.
Carrero pedía, precisamente, que se respeten los derechos humanos. Presto manifiesto de la Comisión por la Justicia y la Verdad, que depende administrativamente del Consejo Moral Republicano; sin usar, con el papel celofán entero, virginal.
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Raúl Fuentes
lunes, 4 de agosto de 2014
ULTRACONSERVADURISMO
EL NACIONAL - Domingo 03 de Agosto de 2014 Opinión/6
La hembra nueva
Raúl Fuentes
" Las feministas del gobierno reproducen lo que critican". Así, quizá con una contenida dosis de rabia o frustración, pero concisa y acertadamente, una joven psicóloga egresada de la Universidad Central de Venezuela, expuso a este diario un curioso caso de intolerancia y estrechez mental que provocó su salida de una institución que, luego de solicitar y contratar sus servicios, prescindió de ellos cuando constató que, además de ser la excelente profesional que certificaba su currículum académico, se desempeñaba como modelo para promocionar productos de conocidos diseñadores de ropa y accesorios femeninos, lo cual, si a ver vamos, no era de la incumbencia del organismo contratante.
El Instituto Nacional de la Mujer, entidad adscrita al Ministerio del Poder Popular para la Mujer y la Igualdad de Género, donde la referida psicóloga alcanzó a trabajar apenas 5 días, adujo, para justificar su precipitado e injustificado despido, que el modelaje la asociaba a con "marcas capitalistas" y eso no sólo era incompatible con la filosofía de Inamujer, sino que contrariaba su elevada misión de dignificar al despectivamente llamado sexo débil. El argumento es falaz e infantil; falaz porque nuestra administración pública marcha por inercia sin rumbo ni propósito, e infantil, pues, supone que mostrarse en una pasarela luciendo ropa de firma es distinto a hacerlo en un despacho ministerial para provocar envidias y comentarios entre las compañeras de trabajo como hacen altas funcionarias, que lo son gracias a la inclusión forzada y el igualitarismo a juro propiciado por la irracionalidad dogmática de comisarios ideológicos de constreñido magín, ahítos y escasos de formación, lo que les impide discernir juiciosamente entre lo que es políticamente correcto y lo que no lo es poniendo de relieve, una conducta hipócrita y un talante reaccionario, semejante a la actitud de esas personas, que añoran las penurias del pasado y rechazan las tecnologías que hoy día contribuyen a una mejor calidad de vida..
Esas mujeres que hablan de "institucionalidad del socialismo feminista en Venezuela", pensando acaso en una "hembra nueva", una especie de tomboy equiparable a los hombres, no por su capacidad, sino por sus modales, están auspiciando un nuevo tipo de discriminación que encuentra en algunos atributos de las damas motivos suficientes para considerarlas enemigas del proceso que ellas dicen encarnar. Cuando no andan trajeadas como tópicas maestras de las tiras cómicas, se les ve disfrazadas de Indiana Jones, con sus cachuchas rojas, sus chaquetas de cazador y sus botas de explorador; prestas a blandir el látigo para escarmentar a quienes hagan mofa de su comportamiento; sin embargo, ninguna de ellas alzó su voz para protestar contra el machismo desmedido de Chávez cuando éste, para ponerle picante a uno de sus tediosos Aló presidente, amenazó con darle lo suyo y duro a Marisabel Rodríguez, su cónyuge.
Algunas de esas mujeres, arrogantes ante quienes estiman se comportan de acuerdo a patrones moldeados por el capitalismo y las consideran sumisos objetos del deseo y la dominación masculina, se enorgullecen de haber superado ese estadio de sujeción a un marido, un padre o un hermano para militar en el peor de los extremismos feministas (aquel que hace del hombre un mal necesario e incluso hasta desechable), han sido cómplices del trato ofensivo y desconsiderado que el gobierno de Maduro ha dispensado a María Corina Machado, de los insultos proferidos contra figuras cuyo compromiso con el país consta a varias generaciones de venezolanos como María Teresa Castillo, blanco de denuestos impublicables con los que se pretendió mancillar su reputación y ensombrecer su protagonismo en la vida cultural del país; del atropello a una valiosa ciudadana, Teresa Albanes, por el sólo hecho de contribuir a la realización de unas elecciones primarias transparentes - que recordaron a la ciudadanía que la independencia es el fundamento del arbitraje comicial - o de la reciente humillación a la joven dirigente Gaby Arellano a la que se le negó su derecho desplazarse por el territorio nacional por enfrentar a Maduro y lo que él y su régimen despótico representan.
Sobrada razón tiene la modelo y psicóloga cuya destitución ha sido pábulo de estos comentarios cuando se rebela contra el encasillamiento del feminismo en un compartimiento estanco donde no tienen cabida la elegancia, las buenas maneras o la belleza; envidia pura y resentimiento es lo que motiva tal reduccionismo; por eso, aplaudimos que en su tesis sobre Moda e identidad sostenga que ser modelo no la hace más o menos feminista, sino representante de otra manera - legítima y respetable - de expresar su condición de mujer.
Ilustración: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/08/03/actualidad/1407079387_192731.html
La hembra nueva
Raúl Fuentes
" Las feministas del gobierno reproducen lo que critican". Así, quizá con una contenida dosis de rabia o frustración, pero concisa y acertadamente, una joven psicóloga egresada de la Universidad Central de Venezuela, expuso a este diario un curioso caso de intolerancia y estrechez mental que provocó su salida de una institución que, luego de solicitar y contratar sus servicios, prescindió de ellos cuando constató que, además de ser la excelente profesional que certificaba su currículum académico, se desempeñaba como modelo para promocionar productos de conocidos diseñadores de ropa y accesorios femeninos, lo cual, si a ver vamos, no era de la incumbencia del organismo contratante.
El Instituto Nacional de la Mujer, entidad adscrita al Ministerio del Poder Popular para la Mujer y la Igualdad de Género, donde la referida psicóloga alcanzó a trabajar apenas 5 días, adujo, para justificar su precipitado e injustificado despido, que el modelaje la asociaba a con "marcas capitalistas" y eso no sólo era incompatible con la filosofía de Inamujer, sino que contrariaba su elevada misión de dignificar al despectivamente llamado sexo débil. El argumento es falaz e infantil; falaz porque nuestra administración pública marcha por inercia sin rumbo ni propósito, e infantil, pues, supone que mostrarse en una pasarela luciendo ropa de firma es distinto a hacerlo en un despacho ministerial para provocar envidias y comentarios entre las compañeras de trabajo como hacen altas funcionarias, que lo son gracias a la inclusión forzada y el igualitarismo a juro propiciado por la irracionalidad dogmática de comisarios ideológicos de constreñido magín, ahítos y escasos de formación, lo que les impide discernir juiciosamente entre lo que es políticamente correcto y lo que no lo es poniendo de relieve, una conducta hipócrita y un talante reaccionario, semejante a la actitud de esas personas, que añoran las penurias del pasado y rechazan las tecnologías que hoy día contribuyen a una mejor calidad de vida..
Esas mujeres que hablan de "institucionalidad del socialismo feminista en Venezuela", pensando acaso en una "hembra nueva", una especie de tomboy equiparable a los hombres, no por su capacidad, sino por sus modales, están auspiciando un nuevo tipo de discriminación que encuentra en algunos atributos de las damas motivos suficientes para considerarlas enemigas del proceso que ellas dicen encarnar. Cuando no andan trajeadas como tópicas maestras de las tiras cómicas, se les ve disfrazadas de Indiana Jones, con sus cachuchas rojas, sus chaquetas de cazador y sus botas de explorador; prestas a blandir el látigo para escarmentar a quienes hagan mofa de su comportamiento; sin embargo, ninguna de ellas alzó su voz para protestar contra el machismo desmedido de Chávez cuando éste, para ponerle picante a uno de sus tediosos Aló presidente, amenazó con darle lo suyo y duro a Marisabel Rodríguez, su cónyuge.
Algunas de esas mujeres, arrogantes ante quienes estiman se comportan de acuerdo a patrones moldeados por el capitalismo y las consideran sumisos objetos del deseo y la dominación masculina, se enorgullecen de haber superado ese estadio de sujeción a un marido, un padre o un hermano para militar en el peor de los extremismos feministas (aquel que hace del hombre un mal necesario e incluso hasta desechable), han sido cómplices del trato ofensivo y desconsiderado que el gobierno de Maduro ha dispensado a María Corina Machado, de los insultos proferidos contra figuras cuyo compromiso con el país consta a varias generaciones de venezolanos como María Teresa Castillo, blanco de denuestos impublicables con los que se pretendió mancillar su reputación y ensombrecer su protagonismo en la vida cultural del país; del atropello a una valiosa ciudadana, Teresa Albanes, por el sólo hecho de contribuir a la realización de unas elecciones primarias transparentes - que recordaron a la ciudadanía que la independencia es el fundamento del arbitraje comicial - o de la reciente humillación a la joven dirigente Gaby Arellano a la que se le negó su derecho desplazarse por el territorio nacional por enfrentar a Maduro y lo que él y su régimen despótico representan.
Sobrada razón tiene la modelo y psicóloga cuya destitución ha sido pábulo de estos comentarios cuando se rebela contra el encasillamiento del feminismo en un compartimiento estanco donde no tienen cabida la elegancia, las buenas maneras o la belleza; envidia pura y resentimiento es lo que motiva tal reduccionismo; por eso, aplaudimos que en su tesis sobre Moda e identidad sostenga que ser modelo no la hace más o menos feminista, sino representante de otra manera - legítima y respetable - de expresar su condición de mujer.
Ilustración: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/08/03/actualidad/1407079387_192731.html
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Feminismo,
Gaby Arellano,
Instituto Nacional de la Mujer,
Raúl Fuentes
sábado, 28 de junio de 2014
POPULISMO (2)
EL NACIONAL - Domingo 04 de Mayo de 2014 Opinión/6
Populismo mágico
Rapul Fuentes
Domingo Faustino Sarmiento, hombre de vocaciones múltiples y tal vez uno de los pensadores latinoamericanos más prestigiosos e influyentes del siglo XIX a quien los venezolanos debemos que haya honrado con el grado de brigadier general del Ejército argentino a José Antonio Páez quien, si a ver vamos, debería ser tenido como verdadero padre de la patria, pues impidió que la venezolanidad se diluyera en el megalómano delirio gran colombiano de Bolívar concibió, en 1850, como capital de unos ilusorios Estados Confederados del Río de la Plata, una ciudad que llamó Argirópolis, la cual estaría ubicada en la isla de Martín García; una "ciudad de plata" que prefiguraba empresas urbanas de gran escala como Brasilia o Ciudad Guayana, pero asimismo ensoñaciones de alto vuelo como Macondo, Comala y Santa María, mucho antes de que García Márquez, Rulfo y Onetti imaginaran sus territorios.
No intentamos desplegar aquí un catálogo de lugares ficticios; queremos sí, contrastar la propuesta del autor de Facundo, cimentada en razones históricas, políticas, geográficas y económicas, pero inviable por utópica, y las invenciones del colombiano, el mexicano y el uruguayo con un concepto que, por estos días, anda de boca en boca entre legos y eruditos, el realismo mágico, porque creemos que no alude exclusivamente a una categoría literaria, sino también a una toma de partido por lo extraordinario, a una apuesta existencial que se expresa en una cosmovisión determinante tanto de las conductas individuales como del comportamiento colectivo y abarca desde el modo de gobernar hasta las formas de insurgir contra el poder.
La invención y descripción de un ámbito espacial, de sus paisajes y sus habitantes requiere de un considerable esfuerzo creativo, no para ser original lo que a la larga puede redundar en ordinariez sino para despertar el interés del lector, si se trata de un libro, o del espectador en el caso de las artes escénicas y visuales. Similar derroche de energías exige parlotear incesantemente sobre lo que debe hacerse sin plantearse, ni por asomo, el cómo y el cuándo. No menos invectiva se necesita para vender milagrosas pociones y brebajes ideológicos con la promesa de remediar todos los males, sabiendo que se agravarán, pero que la fuerza de la costumbre y la resignación y porque la esperanza, ya se sabe, solo se pierde cuando ya no queda más nada que echar a la basura aconsejan ingerirlos en plan de peor es nada.
Por ese sendero empedrado de demagogia se arriba a un punto en el cual los charlatanes de feria que ofertan esas panaceas prescinden del realismo (entendido, de acuerdo con la definición del DRAE, como la "forma de presentar las cosas tal como son, sin suavizarlas ni exagerarlas") y se refugian en imprecisiones populistas; entonces lo real deja de ser maravilloso para abrumar al individuo con enigmáticas consignas; y este, en estado de demencial perplejidad, comienza a pensar que aquí, como en un cuento de García Márquez, algo muy grave va a pasar sin que, a medida que transcurra el tiempo, suceda algo distinto de lo que se ha hecho rutinario: la protesta, las guarimbas, el diálogo, las conferencias de paz para cualquier tema, los viceministerios para las cosas más insólitas e intrascendentes, la improvisación de leyes y decretos, y concluya, en consecuencia, que nada ocurrió, sin darse cuenta de que, en sus narices, tales acontecimientos enrarecen la atmósfera política, porque quienes ejercen el mando no entienden que la cuestión no es reunirse para fijar fechas a nuevos encuentros a fin de discutir sobre más de lo mismo, sino de buscar y encontrar soluciones radicales, no paliativos, a la aguda y sostenida crisis económica cuyo impacto se hace sentir, precisamente, en las medidas represivas que se adoptan para enfrentar el descontento que la incapacidad para resolverla ha propiciado.
Si los fabuladores de este lado del mundo, etiquetados como exponentes del realismo mágico, han logrado erigir ciudades sobre su escritura, los hechiceros del socialismo del siglo XXI se las han ingeniado para hacer coexistir dos naciones aparentemente irreconciliables: una, la que padecemos en donde habita una mayoría inicuamente adjetivada como reaccionaria, derechista, burguesa, fascista y conspiradora que, según los demiurgos castrocomunistas, solo se ocupa de fraguar magnicidios y golpes de Estado; otra, la paródica y electrodomesticada, copia corregida y aumentada del paraíso cubano, insostenible en el tiempo porque quien cree liderarla ni siquiera tiene los papeles en regla y, sin embargo, es quien dispone de la renta petrolera y es capaz de enviarle a Francisco I un ejemplar autografiado del "plan de la patria", síntesis programática del populismo mágico, un aspecto impío del menos presentable de los realismos, el socialista.
Populismo mágico
Rapul Fuentes
Domingo Faustino Sarmiento, hombre de vocaciones múltiples y tal vez uno de los pensadores latinoamericanos más prestigiosos e influyentes del siglo XIX a quien los venezolanos debemos que haya honrado con el grado de brigadier general del Ejército argentino a José Antonio Páez quien, si a ver vamos, debería ser tenido como verdadero padre de la patria, pues impidió que la venezolanidad se diluyera en el megalómano delirio gran colombiano de Bolívar concibió, en 1850, como capital de unos ilusorios Estados Confederados del Río de la Plata, una ciudad que llamó Argirópolis, la cual estaría ubicada en la isla de Martín García; una "ciudad de plata" que prefiguraba empresas urbanas de gran escala como Brasilia o Ciudad Guayana, pero asimismo ensoñaciones de alto vuelo como Macondo, Comala y Santa María, mucho antes de que García Márquez, Rulfo y Onetti imaginaran sus territorios.
No intentamos desplegar aquí un catálogo de lugares ficticios; queremos sí, contrastar la propuesta del autor de Facundo, cimentada en razones históricas, políticas, geográficas y económicas, pero inviable por utópica, y las invenciones del colombiano, el mexicano y el uruguayo con un concepto que, por estos días, anda de boca en boca entre legos y eruditos, el realismo mágico, porque creemos que no alude exclusivamente a una categoría literaria, sino también a una toma de partido por lo extraordinario, a una apuesta existencial que se expresa en una cosmovisión determinante tanto de las conductas individuales como del comportamiento colectivo y abarca desde el modo de gobernar hasta las formas de insurgir contra el poder.
La invención y descripción de un ámbito espacial, de sus paisajes y sus habitantes requiere de un considerable esfuerzo creativo, no para ser original lo que a la larga puede redundar en ordinariez sino para despertar el interés del lector, si se trata de un libro, o del espectador en el caso de las artes escénicas y visuales. Similar derroche de energías exige parlotear incesantemente sobre lo que debe hacerse sin plantearse, ni por asomo, el cómo y el cuándo. No menos invectiva se necesita para vender milagrosas pociones y brebajes ideológicos con la promesa de remediar todos los males, sabiendo que se agravarán, pero que la fuerza de la costumbre y la resignación y porque la esperanza, ya se sabe, solo se pierde cuando ya no queda más nada que echar a la basura aconsejan ingerirlos en plan de peor es nada.
Por ese sendero empedrado de demagogia se arriba a un punto en el cual los charlatanes de feria que ofertan esas panaceas prescinden del realismo (entendido, de acuerdo con la definición del DRAE, como la "forma de presentar las cosas tal como son, sin suavizarlas ni exagerarlas") y se refugian en imprecisiones populistas; entonces lo real deja de ser maravilloso para abrumar al individuo con enigmáticas consignas; y este, en estado de demencial perplejidad, comienza a pensar que aquí, como en un cuento de García Márquez, algo muy grave va a pasar sin que, a medida que transcurra el tiempo, suceda algo distinto de lo que se ha hecho rutinario: la protesta, las guarimbas, el diálogo, las conferencias de paz para cualquier tema, los viceministerios para las cosas más insólitas e intrascendentes, la improvisación de leyes y decretos, y concluya, en consecuencia, que nada ocurrió, sin darse cuenta de que, en sus narices, tales acontecimientos enrarecen la atmósfera política, porque quienes ejercen el mando no entienden que la cuestión no es reunirse para fijar fechas a nuevos encuentros a fin de discutir sobre más de lo mismo, sino de buscar y encontrar soluciones radicales, no paliativos, a la aguda y sostenida crisis económica cuyo impacto se hace sentir, precisamente, en las medidas represivas que se adoptan para enfrentar el descontento que la incapacidad para resolverla ha propiciado.
Si los fabuladores de este lado del mundo, etiquetados como exponentes del realismo mágico, han logrado erigir ciudades sobre su escritura, los hechiceros del socialismo del siglo XXI se las han ingeniado para hacer coexistir dos naciones aparentemente irreconciliables: una, la que padecemos en donde habita una mayoría inicuamente adjetivada como reaccionaria, derechista, burguesa, fascista y conspiradora que, según los demiurgos castrocomunistas, solo se ocupa de fraguar magnicidios y golpes de Estado; otra, la paródica y electrodomesticada, copia corregida y aumentada del paraíso cubano, insostenible en el tiempo porque quien cree liderarla ni siquiera tiene los papeles en regla y, sin embargo, es quien dispone de la renta petrolera y es capaz de enviarle a Francisco I un ejemplar autografiado del "plan de la patria", síntesis programática del populismo mágico, un aspecto impío del menos presentable de los realismos, el socialista.
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Raúl Fuentes
domingo, 8 de junio de 2014
INSUFRIBLE MARADONA
EL NACIONAL, 8 de junio de 2914
Idioteces y exageraciones
Raúl Fuentes
En una de esas galas benéficas a las que asisten las estrellas porque es bueno para su imagen o porque no tienen nada mejor que hacer, la actriz Brooke Shields, al referirse a los perjuicios ocasionados por el tabaco, dijo algo así como que “fumar mata y, si mueres, pierdes una parte muy importante de tu vida”. En otro escenario, Giosue Cozzarelli, aspirante a Miss Panamá 2009, cobró notoriedad cuando sostuvo que “Confucio, además de ser uno de los chinos japoneses más antiguos”, había inventado la confusión. Ambos desatinos forman parte del repertorio de idioteces atribuidas a los famosos que circula por Internet y certifica que para ser una celebridad no se requiere de mucha perspicacia; para dirigir una nación, tampoco. Así, al menos, puede derivarse de lo que salió de la boca de un mandatario norteamericano que, para asentarse en la oficina oval, recurrió a trapacerías similares a las que licenciaron al CNE para proclamar presidente de Venezuela a quien hoy ejerce el cargo aunque él mismo dude de su legitimidad. “Un número bajo de votantes es indicativo de que menos personas están yendo a votar”, fue la perogrullada con la que George Bush trató de justificar su mediocre poder de convocatoria.
Aquí, la bobería emana del infructuoso esfuerzo del oficialismo por ocultar las costuras de su deshilvanada gestión para lo cual podría inventar, por ejemplo, que un súbito brote de gigantismo entre los enanos limita el desarrollo de las artes circenses; o, al revés, que una inesperada epidemia de enanismo afecta la práctica del baloncesto, y la culpa sería, por supuesto, de la oposición, el imperialismo, los medios y los sabios de Sion. De allí que cuando uno examina las frases inventariadas en el referido catálogo de necedades se percata de que allí deberían figurar, con rango de sobresalientes, los argumentos con que eso que llaman Alto Mando Político-Militar de la Revolución forja evidencias para desvelar planes enfilados a poner fin al gobierno y a la vida de Nicolás Maduro; planes inverosímiles, pero que llaman la atención por el abuso de una cierta dimensión hiperbólica que confieren a las falsas conjuras un aire de exagerada suprarrealidad. Y es que la exageración es la esencia del discurso chavista.
Sobrecargado y narcisista, tal discurso gira alrededor de pocas y escuetas ideas orientadas a mantener a la población pendiente de las amenazas que estarían cerniéndose sobre el líder, cuya máxima expresión sería ese muy improbable atentado contra su vida que lo convierte en potencial mártir de la revolución por la cual estaría jugándose la vida y sería su pasaporte a la eternidad. Chávez no murió con las botas puestas ni a manos de enemigos que lo emboscaran; sin embargo, sus hagiógrafos se las han ingeniado para insinuar lo contrario. El asesinato político existe y la historia es pródiga en ejemplos, pero su conversión en cuña de intriga del tipo ahí viene el lobo es una vulgar estratagema propagandística, diseñada por los cubanos, que busca maximizar la significación histórica del supuesto objetivo, en este caso Nicolás Maduro. Sin obra que mostrar ni cualidades que lo distingan, el heredero necesita de una tabla de salvación que le permita mantenerse a flote mientras se ejercita en la política en los términos de Groucho Marx, es decir, generando conflictos para hacer un diagnóstico equivocado y aplicar recetas inadecuadas en una cadena de desaciertos que ha disparado las alarmas de quienes se creían eran incondicionales aliados –Lula, Correa, Mujica– y suscitado el rechazo de gente a la que el exceso verbal del eterno iluminado de Sabaneta o, en su defecto, el barril sin fondo del tesoro público, logró cautivar y que ahora le dan la espalda, tal como lo ha hecho el insufrible Maradona.
Hay quienes opinan, y tal vez sea políticamente incorrecto sostener esta tesis que no compartimos –y, estamos seguros, es producto de la jodienda y no pasa de ser una humorada de gusto dudoso– que algunas personas están vivas solamente porque el asesinato es ilegal; quienes así piensan son los mismos que alegre o irresponsablemente trinan su descontento en las redes sociales y abonan el huerto de acusaciones que cultivan los cuerpos de seguridad del Estado y los agentes del G-2 que los asesoran. A ellos se debe la sucesión de fantasmales intentos de magnicidio (¿tiranicidio?) que cada tanto son desempolvados para distraer la atención de problemas reales con la convicción de que –como podría haber dicho Salvador Dalí– el mundo jamás se cansará de las exageraciones. Quién sabe si por eso Maduro tacha de asesina a María Corina y Arreaza presiente una inminente “tragedia nacional”. O quién sabe si solo se trata de ruido para acallar la furia del enemigo interno.
Idioteces y exageraciones
Raúl Fuentes
En una de esas galas benéficas a las que asisten las estrellas porque es bueno para su imagen o porque no tienen nada mejor que hacer, la actriz Brooke Shields, al referirse a los perjuicios ocasionados por el tabaco, dijo algo así como que “fumar mata y, si mueres, pierdes una parte muy importante de tu vida”. En otro escenario, Giosue Cozzarelli, aspirante a Miss Panamá 2009, cobró notoriedad cuando sostuvo que “Confucio, además de ser uno de los chinos japoneses más antiguos”, había inventado la confusión. Ambos desatinos forman parte del repertorio de idioteces atribuidas a los famosos que circula por Internet y certifica que para ser una celebridad no se requiere de mucha perspicacia; para dirigir una nación, tampoco. Así, al menos, puede derivarse de lo que salió de la boca de un mandatario norteamericano que, para asentarse en la oficina oval, recurrió a trapacerías similares a las que licenciaron al CNE para proclamar presidente de Venezuela a quien hoy ejerce el cargo aunque él mismo dude de su legitimidad. “Un número bajo de votantes es indicativo de que menos personas están yendo a votar”, fue la perogrullada con la que George Bush trató de justificar su mediocre poder de convocatoria.
Aquí, la bobería emana del infructuoso esfuerzo del oficialismo por ocultar las costuras de su deshilvanada gestión para lo cual podría inventar, por ejemplo, que un súbito brote de gigantismo entre los enanos limita el desarrollo de las artes circenses; o, al revés, que una inesperada epidemia de enanismo afecta la práctica del baloncesto, y la culpa sería, por supuesto, de la oposición, el imperialismo, los medios y los sabios de Sion. De allí que cuando uno examina las frases inventariadas en el referido catálogo de necedades se percata de que allí deberían figurar, con rango de sobresalientes, los argumentos con que eso que llaman Alto Mando Político-Militar de la Revolución forja evidencias para desvelar planes enfilados a poner fin al gobierno y a la vida de Nicolás Maduro; planes inverosímiles, pero que llaman la atención por el abuso de una cierta dimensión hiperbólica que confieren a las falsas conjuras un aire de exagerada suprarrealidad. Y es que la exageración es la esencia del discurso chavista.
Sobrecargado y narcisista, tal discurso gira alrededor de pocas y escuetas ideas orientadas a mantener a la población pendiente de las amenazas que estarían cerniéndose sobre el líder, cuya máxima expresión sería ese muy improbable atentado contra su vida que lo convierte en potencial mártir de la revolución por la cual estaría jugándose la vida y sería su pasaporte a la eternidad. Chávez no murió con las botas puestas ni a manos de enemigos que lo emboscaran; sin embargo, sus hagiógrafos se las han ingeniado para insinuar lo contrario. El asesinato político existe y la historia es pródiga en ejemplos, pero su conversión en cuña de intriga del tipo ahí viene el lobo es una vulgar estratagema propagandística, diseñada por los cubanos, que busca maximizar la significación histórica del supuesto objetivo, en este caso Nicolás Maduro. Sin obra que mostrar ni cualidades que lo distingan, el heredero necesita de una tabla de salvación que le permita mantenerse a flote mientras se ejercita en la política en los términos de Groucho Marx, es decir, generando conflictos para hacer un diagnóstico equivocado y aplicar recetas inadecuadas en una cadena de desaciertos que ha disparado las alarmas de quienes se creían eran incondicionales aliados –Lula, Correa, Mujica– y suscitado el rechazo de gente a la que el exceso verbal del eterno iluminado de Sabaneta o, en su defecto, el barril sin fondo del tesoro público, logró cautivar y que ahora le dan la espalda, tal como lo ha hecho el insufrible Maradona.
Hay quienes opinan, y tal vez sea políticamente incorrecto sostener esta tesis que no compartimos –y, estamos seguros, es producto de la jodienda y no pasa de ser una humorada de gusto dudoso– que algunas personas están vivas solamente porque el asesinato es ilegal; quienes así piensan son los mismos que alegre o irresponsablemente trinan su descontento en las redes sociales y abonan el huerto de acusaciones que cultivan los cuerpos de seguridad del Estado y los agentes del G-2 que los asesoran. A ellos se debe la sucesión de fantasmales intentos de magnicidio (¿tiranicidio?) que cada tanto son desempolvados para distraer la atención de problemas reales con la convicción de que –como podría haber dicho Salvador Dalí– el mundo jamás se cansará de las exageraciones. Quién sabe si por eso Maduro tacha de asesina a María Corina y Arreaza presiente una inminente “tragedia nacional”. O quién sabe si solo se trata de ruido para acallar la furia del enemigo interno.
lunes, 14 de abril de 2014
POR EJEMPLO, HELIPCÓPTERIZACIÓN
EL NACIONAL - Domingo 10 de Noviembre de 2013 Opinión/9
Cursilería
RAÚL FUENTES
Hace años, asistí a una proyección de Don Kikhot, película de Grigori Kozintsev estrenada en 1957 de la cual los "camaradas-de-todos-lospaíses-uníos se sentían orgullosísimos y exhibían como cenit de la cinematografía soviética. El recuerdo que tengo de la cinta es difuso. Sé que me impactó la fotografía y que percibí en ella mucho de lugar común y versión abreviada; lo que sí ha permanecido intacto en mi memoria es el comentario que formuló Alberto Sánchez a la salida de la función.
¡Qué vaina tan cursi!, juicio crítico y definitivo que asumí como boutade. Y, aunque no estoy en condiciones de acreditar si la afirmación del desaparecido teatrero era justa, pues tendría que ver la película de nuevo y confieso que no me llama la atención semejante tarea, la anécdota me permite abordar uno de los aspectos más repulsivos de la revolución bolivariana: la cursilería que destila.
Y no me refiero solo a sus manifestaciones estéticas, las cuales adoptan patrones del realismo socialista y responden, por razones ideológicas y no por exigencias expresivas, al zhdanovismo normativo que mediatizó a buena parte de la producción artística en la desaparecida URSS, sino a lo que podríamos denominar cultura chavista, ese arroz con mango reduccionista que el comandante supergaláctico calificaba de holístico porque le gustó el adjetivo, pero no porque entendiese los alcances de su significado. Le pasaba lo que a Aldous Huxley con la palabra carminativo, o lo que a Joan Manuel Serrat con el sustantivo estraperlista. El escritor inglés, en su novela Los escándalos de Crome (Crome yellow, 1921) relata lo decepcionante que puede resultar la falta de correspondencia entre la atracción fonética de un vocablo y su acepción (carminativo es un medicamento prescrito para combatir la flatulencia); por su parte, el cantautor catalán confesó alguna vez que de pequeño le cautivaba la palabra estraperlista la cual, para su desengaño, descubrió al crecer, es sinónimo de contrabandista y hasta de pillo.
La cursilería que no me atrevo a llamar kitsch, para no entrar en honduras en torno a un tema que ha generado literatura suficiente para colmar bibliotecas enteras ha sido rasgo distintivo del imaginario bolivariano. Desde el "envuelto en un manto de iris" del Libertador buscando "las huellas de La Condamine y de Humboldt" en "Mi deliro sobre el Chimborazo" a Venezuela heroica, pasando por los cuadros y murales alegóricos a la gesta independentista, palabras e imágenes insufribles fueron asumidas por Chávez como creaciones contentivas de sublime belleza y las convirtió en paradigmas de lo que han sido el ornato y la decoración de su revolución. Se produjo, así, un proceso de afectación de un discurso oficial que aún se hace sentir, sobre todo en la propaganda y en la publicidad gubernamentales heredado por un hombre de escasas luces donde los haya (y, por ende, tan peligroso como mono con hojilla), cuya actuación pública ha alcanzado cotas de cursilería tan elevadas que ya ha comenzado a perder el poco respeto que le profesaban sus propios partidarios. Pasa así con las imitaciones. Chávez era un embaucador auténtico; Maduro es una falsificación.
Nicolás ha definido la línea divisoria entre el antes y el después en los anales de la cursilería y, en menos de un mes, ha hecho gala de extremo mal gusto con dos iniciativas que han dado muchísimo que hablar y no precisamente a favor de las mismas; la primera motivo de pena ajena, candongas y cuchufletas, el Viceministerio para la Felicidad Suprema, inspirado no en Tomas Moro ni en Un mundo feliz del ya mencionado Huxley, sino probablemente en un Día perfecto de Ira Levin, ficción distópica de amargo trasfondo; y la segunda, el extravagante y engañabobos adelanto de la Navidad.
Como si el país fuese una gran tienda por departamentos, el principito ha decidido hacer su agosto en noviembre con la gran promoción Ya es Navidad; apoyado en depuradas técnicas del marketing capitalista, el máximo representante civil del régimen militar, a quien solo le falta el gorro porque el nombre ya lo tiene para encarnar al legendario santo obispo de Bari, ha dado inicio, con un mes de antelación, a los festejos pascuales con la esperanza de sepultar en el olvido la tristeza que embarga a millones de venezolanos víctimas de la mentira, la inseguridad, la escasez, la inflación o los apagones; males que el cabecilla y sus conmilitones quieren achacar a Henrique Capriles, Leopoldo López y María Corina Machado.
Una acusación que les puede costar muy caro, porque, aunque los imputados no son los reyes magos, representan una opción frente a lo que Borges estigmatizó como "mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez".
Pieza: Hermanos Gao Zhen y Gao Qiang.
Cursilería
RAÚL FUENTES
Hace años, asistí a una proyección de Don Kikhot, película de Grigori Kozintsev estrenada en 1957 de la cual los "camaradas-de-todos-lospaíses-uníos se sentían orgullosísimos y exhibían como cenit de la cinematografía soviética. El recuerdo que tengo de la cinta es difuso. Sé que me impactó la fotografía y que percibí en ella mucho de lugar común y versión abreviada; lo que sí ha permanecido intacto en mi memoria es el comentario que formuló Alberto Sánchez a la salida de la función.
¡Qué vaina tan cursi!, juicio crítico y definitivo que asumí como boutade. Y, aunque no estoy en condiciones de acreditar si la afirmación del desaparecido teatrero era justa, pues tendría que ver la película de nuevo y confieso que no me llama la atención semejante tarea, la anécdota me permite abordar uno de los aspectos más repulsivos de la revolución bolivariana: la cursilería que destila.
Y no me refiero solo a sus manifestaciones estéticas, las cuales adoptan patrones del realismo socialista y responden, por razones ideológicas y no por exigencias expresivas, al zhdanovismo normativo que mediatizó a buena parte de la producción artística en la desaparecida URSS, sino a lo que podríamos denominar cultura chavista, ese arroz con mango reduccionista que el comandante supergaláctico calificaba de holístico porque le gustó el adjetivo, pero no porque entendiese los alcances de su significado. Le pasaba lo que a Aldous Huxley con la palabra carminativo, o lo que a Joan Manuel Serrat con el sustantivo estraperlista. El escritor inglés, en su novela Los escándalos de Crome (Crome yellow, 1921) relata lo decepcionante que puede resultar la falta de correspondencia entre la atracción fonética de un vocablo y su acepción (carminativo es un medicamento prescrito para combatir la flatulencia); por su parte, el cantautor catalán confesó alguna vez que de pequeño le cautivaba la palabra estraperlista la cual, para su desengaño, descubrió al crecer, es sinónimo de contrabandista y hasta de pillo.
La cursilería que no me atrevo a llamar kitsch, para no entrar en honduras en torno a un tema que ha generado literatura suficiente para colmar bibliotecas enteras ha sido rasgo distintivo del imaginario bolivariano. Desde el "envuelto en un manto de iris" del Libertador buscando "las huellas de La Condamine y de Humboldt" en "Mi deliro sobre el Chimborazo" a Venezuela heroica, pasando por los cuadros y murales alegóricos a la gesta independentista, palabras e imágenes insufribles fueron asumidas por Chávez como creaciones contentivas de sublime belleza y las convirtió en paradigmas de lo que han sido el ornato y la decoración de su revolución. Se produjo, así, un proceso de afectación de un discurso oficial que aún se hace sentir, sobre todo en la propaganda y en la publicidad gubernamentales heredado por un hombre de escasas luces donde los haya (y, por ende, tan peligroso como mono con hojilla), cuya actuación pública ha alcanzado cotas de cursilería tan elevadas que ya ha comenzado a perder el poco respeto que le profesaban sus propios partidarios. Pasa así con las imitaciones. Chávez era un embaucador auténtico; Maduro es una falsificación.
Nicolás ha definido la línea divisoria entre el antes y el después en los anales de la cursilería y, en menos de un mes, ha hecho gala de extremo mal gusto con dos iniciativas que han dado muchísimo que hablar y no precisamente a favor de las mismas; la primera motivo de pena ajena, candongas y cuchufletas, el Viceministerio para la Felicidad Suprema, inspirado no en Tomas Moro ni en Un mundo feliz del ya mencionado Huxley, sino probablemente en un Día perfecto de Ira Levin, ficción distópica de amargo trasfondo; y la segunda, el extravagante y engañabobos adelanto de la Navidad.
Como si el país fuese una gran tienda por departamentos, el principito ha decidido hacer su agosto en noviembre con la gran promoción Ya es Navidad; apoyado en depuradas técnicas del marketing capitalista, el máximo representante civil del régimen militar, a quien solo le falta el gorro porque el nombre ya lo tiene para encarnar al legendario santo obispo de Bari, ha dado inicio, con un mes de antelación, a los festejos pascuales con la esperanza de sepultar en el olvido la tristeza que embarga a millones de venezolanos víctimas de la mentira, la inseguridad, la escasez, la inflación o los apagones; males que el cabecilla y sus conmilitones quieren achacar a Henrique Capriles, Leopoldo López y María Corina Machado.
Una acusación que les puede costar muy caro, porque, aunque los imputados no son los reyes magos, representan una opción frente a lo que Borges estigmatizó como "mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez".
Pieza: Hermanos Gao Zhen y Gao Qiang.
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sábado, 21 de diciembre de 2013
SECUENCIA (S)
EL NACIONAL - Domingo 22 de Septiembre de 2013 Opinión/8
Reductio ad Hitlerum
RAÚL FUENTES
Profesor de filosofía política en la Universidad de Chicago y autor de unas meditaciones sobre Maquiavelo (Thoughts on Machiavelli, 1958), Leo Strauss acuñó la locución reductio ad Hitlerum para referirse a la maliciosa acusación de fascista con la que los polemistas de vocación despótica procuran descalificar a quienes les confrontan y, de este modo, poner término a cualquier discusión.
La argumentum ad nazium, como también se la conoce, es la falacia a la que Nicolás Maduro recurre con inusitada asiduidad para desacreditar a sus opositores, esquivar cualquier debate e intentar vestir con un envoltorio de jaquetonería su desnudez conceptual; pero ni aun así logra sacudirse de las aprensiones, pesadillas y fantasmas que alimentan su creciente paranoia; una manía persecutoria que le predispone contra su entorno cívico-militar, pues al afirmar, como lo ha venido haciendo, que "a él no lo van a tumbar", uno se imagina que el mensaje no puede estar dirigido sino a quienes tienen el control de los medios para derrocarlo, es decir, a su propio partido y a la FANB.
Súmele usted a esa chifladura monotemática el para nada infundado temor a una debacle electoral el venidero diciembre y entenderá cómo se bate el cobre en la fragua oficialista respecto al porvenir de Maduro y el destino del proyecto chavista; entenderá por qué tanta angustia y premura para completar el catastro de las comunas e impulsar la implantación porque sí de una estructura paraconstitucional basada en el empoderamiento a dedo de los consejos comunales, a fin de suplantar el modelo de organización del poder público pautado en la carta magna con otro, más representativo de la voluntad de la camarilla gobernante, en el que las decisiones se tomen en incondicionales asambleas populares mediante "la señal de costumbre". Esta vía, que en Asia dio lugar a engendros tan perversos como la Revolución Cultural china o los jemeres rojos de Kampuchea, es vista con algo más que recelo por un buen número de partidarios del Gobierno que perciben en ella un impedimento para sus aspiraciones a ocupar posiciones relevantes en el ordenamiento municipal.
Ese proceder aclara el porqué de la pintoresca campaña contra la corrupción emprendida por el Gobierno, a sabiendas de que ese flagelo es inherente al poder y, por ello, su prédica contra el mismo no pasa de ser mera hipocresía; un demagógico recurso que degrada el debate sobre el tema, pero justifica a los ojos del solicitante y a los de sus asesores la petición de una habilitación que le permita a Corazón junior legislar en concordancia con su desazón ante una eventual pérdida del poder; y también explica que Cabello se muestre tan ansioso de llenar el vacío dejado por Corazón el Grande en la presidencia del PSUV y, para ello, apele a un astuto fingimiento para tratar de ocultar sus ambiciones.
Aquí se hace necesario recordar que el partido de gobierno, defensor de hegemonías y exclusiones de todo tipo, se ha estructurado conforme al modelo estalinista ideado por Lenin que coloca formalmente la autoridad suprema en manos de su Congreso General, pero que por "razones prácticas" éste delega en el Comité Central (o algún organismo semejante) el cual, a su vez, lo transfiere al secretariado (vicepresidentes en el caso del PSUV) para que, finalmente, recaiga en el secretario general o el presidente del partido que, tal como están las cosas, lo sería simultáneamente de la República. Estamos sometidos, pues, al mandato de un partido a la medida del talante autoritario de su inspirador y que en las actuales circunstancias dadas las contradicciones y pugnas en su seno, tal vez sea el refugio menos recomendable para un presidente que no las tiene todas consigo, navega a la deriva y podría naufragar por impericia en la conducción de la nave gubernamental o por el amotinamiento de su tripulación. Esto lo sabe muy bien el presidente de la AN.
Toca a la oposición estar mosca ante tantas escaramuzas dirigidas a entorpecer o impedir la realización de los comicios programados para diciembre.
Sin renunciar a la participación activa en la contienda decembrina, los voceros de la unidad deben alertar sobre lo que parecen planes de contingencia encaminados a escamotearles una posible victoria y que forman parte de una estrategia que pasa por exacerbar la desconfianza de los votantes hacia el poder electoral y fomentar el abstencionismo. Y es que el 8 de diciembre la apuesta no es sólo por alcaldías y concejos edilicios, no; la apuesta es por ponerle freno a un gobierno que pedalea sin tino, marcha en retroceso y, a punta de reductio ad Hitlerum, quiere enclaustrarnos en el pasado... y el pasado es un lugar demasiado sombrío.
Ilustración: Chema Madoz.
Reductio ad Hitlerum
RAÚL FUENTES
Profesor de filosofía política en la Universidad de Chicago y autor de unas meditaciones sobre Maquiavelo (Thoughts on Machiavelli, 1958), Leo Strauss acuñó la locución reductio ad Hitlerum para referirse a la maliciosa acusación de fascista con la que los polemistas de vocación despótica procuran descalificar a quienes les confrontan y, de este modo, poner término a cualquier discusión.
La argumentum ad nazium, como también se la conoce, es la falacia a la que Nicolás Maduro recurre con inusitada asiduidad para desacreditar a sus opositores, esquivar cualquier debate e intentar vestir con un envoltorio de jaquetonería su desnudez conceptual; pero ni aun así logra sacudirse de las aprensiones, pesadillas y fantasmas que alimentan su creciente paranoia; una manía persecutoria que le predispone contra su entorno cívico-militar, pues al afirmar, como lo ha venido haciendo, que "a él no lo van a tumbar", uno se imagina que el mensaje no puede estar dirigido sino a quienes tienen el control de los medios para derrocarlo, es decir, a su propio partido y a la FANB.
Súmele usted a esa chifladura monotemática el para nada infundado temor a una debacle electoral el venidero diciembre y entenderá cómo se bate el cobre en la fragua oficialista respecto al porvenir de Maduro y el destino del proyecto chavista; entenderá por qué tanta angustia y premura para completar el catastro de las comunas e impulsar la implantación porque sí de una estructura paraconstitucional basada en el empoderamiento a dedo de los consejos comunales, a fin de suplantar el modelo de organización del poder público pautado en la carta magna con otro, más representativo de la voluntad de la camarilla gobernante, en el que las decisiones se tomen en incondicionales asambleas populares mediante "la señal de costumbre". Esta vía, que en Asia dio lugar a engendros tan perversos como la Revolución Cultural china o los jemeres rojos de Kampuchea, es vista con algo más que recelo por un buen número de partidarios del Gobierno que perciben en ella un impedimento para sus aspiraciones a ocupar posiciones relevantes en el ordenamiento municipal.
Ese proceder aclara el porqué de la pintoresca campaña contra la corrupción emprendida por el Gobierno, a sabiendas de que ese flagelo es inherente al poder y, por ello, su prédica contra el mismo no pasa de ser mera hipocresía; un demagógico recurso que degrada el debate sobre el tema, pero justifica a los ojos del solicitante y a los de sus asesores la petición de una habilitación que le permita a Corazón junior legislar en concordancia con su desazón ante una eventual pérdida del poder; y también explica que Cabello se muestre tan ansioso de llenar el vacío dejado por Corazón el Grande en la presidencia del PSUV y, para ello, apele a un astuto fingimiento para tratar de ocultar sus ambiciones.
Aquí se hace necesario recordar que el partido de gobierno, defensor de hegemonías y exclusiones de todo tipo, se ha estructurado conforme al modelo estalinista ideado por Lenin que coloca formalmente la autoridad suprema en manos de su Congreso General, pero que por "razones prácticas" éste delega en el Comité Central (o algún organismo semejante) el cual, a su vez, lo transfiere al secretariado (vicepresidentes en el caso del PSUV) para que, finalmente, recaiga en el secretario general o el presidente del partido que, tal como están las cosas, lo sería simultáneamente de la República. Estamos sometidos, pues, al mandato de un partido a la medida del talante autoritario de su inspirador y que en las actuales circunstancias dadas las contradicciones y pugnas en su seno, tal vez sea el refugio menos recomendable para un presidente que no las tiene todas consigo, navega a la deriva y podría naufragar por impericia en la conducción de la nave gubernamental o por el amotinamiento de su tripulación. Esto lo sabe muy bien el presidente de la AN.
Toca a la oposición estar mosca ante tantas escaramuzas dirigidas a entorpecer o impedir la realización de los comicios programados para diciembre.
Sin renunciar a la participación activa en la contienda decembrina, los voceros de la unidad deben alertar sobre lo que parecen planes de contingencia encaminados a escamotearles una posible victoria y que forman parte de una estrategia que pasa por exacerbar la desconfianza de los votantes hacia el poder electoral y fomentar el abstencionismo. Y es que el 8 de diciembre la apuesta no es sólo por alcaldías y concejos edilicios, no; la apuesta es por ponerle freno a un gobierno que pedalea sin tino, marcha en retroceso y, a punta de reductio ad Hitlerum, quiere enclaustrarnos en el pasado... y el pasado es un lugar demasiado sombrío.
Ilustración: Chema Madoz.
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RESIDUALES
EL NACIONAL - Domingo 01 de Diciembre de 2013 Opinión/9
Vindicación de la dignidad
RAÚL FUENTES
En tanto que producto de la sensibilidad y creatividad de los escritores, la ficción literaria tiene algo de sublime que, la mayoría de las veces, la realidad no consigue destilar porque esta es su fuente de inspiración; y, por eso, cuando intentamos vivir de modo libresco, hacemos el ridículo. Sin embargo, a manera de ejercicio y porque Jorge Luis Borges suponía que con el tiempo mereceríamos no tener gobiernos, me atrevo a conjeturar que, si hubiese vivido lo suficiente para asistir a la eclosión de ese ordinario derivado del populismo que llamamos chavismo y que él conoció como peronismo, tal vez se habría dispuesto a enriquecer su Historia universal de la infamia, y quizá el privilegiado lugar que ocupa el atroz redentor Lazarus Morell en la páginas que dedica a fabular sobre la ignominia lo compartiría con algunos de los barones rojos que nadan tozudamente contra la corriente histórica y aseveran que tenemos patria, si no con el mismísimo comandante eterno, galáctico y cardiopatriota.
Morell ofrecía liberar esclavos para estafarlos con su reventa; Chávez prometió una nueva emancipación y comprometió nuestra independencia mediante la sumisión política a Cuba y la subordinación económica a China; ambos embaucaban con engañosos ademanes y verbo abundoso, sonoro y desafiante. El gringo apelaba a la Escrituras para ganarse la confianza de la subyugada negritud sureña; el barinés citaba de oídas a publicistas revolucionaros, cuyas ideas cayeron definitivamente en desuso con la caída del Muro de Berlín, para ganarse el favor de los condenados de la tierra, esa famélica legión exaltada por la Internacional que espera desde siempre por un iluminado que le abra las puertas del paraíso.
Hay sustanciales diferencias entre el manumisor de Luisiana y el padrino de Sabaneta; aquel actuaba movido por el lucro, este por un mesianismo delirante glorificado por una corte de aprovechadores. Morell fallece a causa de una congestión pulmonar; Chávez lo hizo como resultado de la mala praxis de una medicina atrasada, lo que ha dado pábulo a teorías conspirativas que culpan al imperio y a la "derecha fascista" de haber perpetrado un asesinato por envenenamiento y que no dan ni para el arranque de un thriller serie "B".
El sobrevenido adiós del líder bolivariano nos dejó como legado un presidente de utilería que, para afirmarse en el mando, ha fraguado un deplorable mito sobre el cual sustentar el culto que explota electoreramente la tragedia de quien no supo gobernar cuando le tocó y quiso hacerlo para la posteridad. Y, a pesar de la magnitud de los agravios que pueden achacársele, el mayor de los cuales fue la designación a dedo y para desgracia nacional de un sucesor de insuficiente entidad para manejar un país estancado en la crónica crisis que le aqueja desde hace ya un montón de tiempo, no sería el único llamado a poblar la perversa galería borgeana, pues tendría el dudoso honor de acompañarle ese falaz profeta y sacerdote que se empeña en mantener confinado en siniestras ergástulas e ignominiosas condiciones a venezolanos cuya dignidad les impide renunciar a sus convicciones y doblegarse ante la satrapía escarlata, y que no solo ha dado continuidad al funesto proyecto de su preceptor, sino que ha hecho de este un semidiós que alumbra su entendimiento y le ordena, a través de una fantástica ornitología, que se rinda tributo a su memoria con solemnes rituales y elaboradas ceremonias sin parangón en los anales del desafuero vernáculo y tampoco en la ominosa colección de baldones compuesta por el genial invidente porteño, quien en cierta ocasión afirmó que: "Los peronistas no son ni buenos, ni malos; son incorregibles".
No sé si los chavistas son buenos o malos; tercos, obcecados y pertinaces desde luego que sí y en demasía. En eso son como los justicialistas y creen que, además de tener al Hacedor agarrado por la chiva, son poseedores absolutos de la verdad, una verdad dogmática revelada por canoras pajarillas en estado de gravidez (desdichada parodia del Espíritu Santo) que quieren imponer como evangelio único inoculando a niños y jóvenes con textos contaminados de ideología y embustes de grueso calibre, como el de atribuir las causas del Caracazo al programa de ajustes económicos instrumentado por el gobierno de Pérez después de los sucesos del 27 de febrero de 1989. Pero, el domingo próximo tendremos la oportunidad de cerrar este vergonzoso capítulo de nuestra historia optando por convertirlo en jornada para vindicar la dignidad y no la infamia concurriendo masivamente a las urnas para rechazar de plano las pretensiones hegemónicas del chavismo residual.
Pieza: Rich Consemüller,.
Vindicación de la dignidad
RAÚL FUENTES
En tanto que producto de la sensibilidad y creatividad de los escritores, la ficción literaria tiene algo de sublime que, la mayoría de las veces, la realidad no consigue destilar porque esta es su fuente de inspiración; y, por eso, cuando intentamos vivir de modo libresco, hacemos el ridículo. Sin embargo, a manera de ejercicio y porque Jorge Luis Borges suponía que con el tiempo mereceríamos no tener gobiernos, me atrevo a conjeturar que, si hubiese vivido lo suficiente para asistir a la eclosión de ese ordinario derivado del populismo que llamamos chavismo y que él conoció como peronismo, tal vez se habría dispuesto a enriquecer su Historia universal de la infamia, y quizá el privilegiado lugar que ocupa el atroz redentor Lazarus Morell en la páginas que dedica a fabular sobre la ignominia lo compartiría con algunos de los barones rojos que nadan tozudamente contra la corriente histórica y aseveran que tenemos patria, si no con el mismísimo comandante eterno, galáctico y cardiopatriota.
Morell ofrecía liberar esclavos para estafarlos con su reventa; Chávez prometió una nueva emancipación y comprometió nuestra independencia mediante la sumisión política a Cuba y la subordinación económica a China; ambos embaucaban con engañosos ademanes y verbo abundoso, sonoro y desafiante. El gringo apelaba a la Escrituras para ganarse la confianza de la subyugada negritud sureña; el barinés citaba de oídas a publicistas revolucionaros, cuyas ideas cayeron definitivamente en desuso con la caída del Muro de Berlín, para ganarse el favor de los condenados de la tierra, esa famélica legión exaltada por la Internacional que espera desde siempre por un iluminado que le abra las puertas del paraíso.
Hay sustanciales diferencias entre el manumisor de Luisiana y el padrino de Sabaneta; aquel actuaba movido por el lucro, este por un mesianismo delirante glorificado por una corte de aprovechadores. Morell fallece a causa de una congestión pulmonar; Chávez lo hizo como resultado de la mala praxis de una medicina atrasada, lo que ha dado pábulo a teorías conspirativas que culpan al imperio y a la "derecha fascista" de haber perpetrado un asesinato por envenenamiento y que no dan ni para el arranque de un thriller serie "B".
El sobrevenido adiós del líder bolivariano nos dejó como legado un presidente de utilería que, para afirmarse en el mando, ha fraguado un deplorable mito sobre el cual sustentar el culto que explota electoreramente la tragedia de quien no supo gobernar cuando le tocó y quiso hacerlo para la posteridad. Y, a pesar de la magnitud de los agravios que pueden achacársele, el mayor de los cuales fue la designación a dedo y para desgracia nacional de un sucesor de insuficiente entidad para manejar un país estancado en la crónica crisis que le aqueja desde hace ya un montón de tiempo, no sería el único llamado a poblar la perversa galería borgeana, pues tendría el dudoso honor de acompañarle ese falaz profeta y sacerdote que se empeña en mantener confinado en siniestras ergástulas e ignominiosas condiciones a venezolanos cuya dignidad les impide renunciar a sus convicciones y doblegarse ante la satrapía escarlata, y que no solo ha dado continuidad al funesto proyecto de su preceptor, sino que ha hecho de este un semidiós que alumbra su entendimiento y le ordena, a través de una fantástica ornitología, que se rinda tributo a su memoria con solemnes rituales y elaboradas ceremonias sin parangón en los anales del desafuero vernáculo y tampoco en la ominosa colección de baldones compuesta por el genial invidente porteño, quien en cierta ocasión afirmó que: "Los peronistas no son ni buenos, ni malos; son incorregibles".
No sé si los chavistas son buenos o malos; tercos, obcecados y pertinaces desde luego que sí y en demasía. En eso son como los justicialistas y creen que, además de tener al Hacedor agarrado por la chiva, son poseedores absolutos de la verdad, una verdad dogmática revelada por canoras pajarillas en estado de gravidez (desdichada parodia del Espíritu Santo) que quieren imponer como evangelio único inoculando a niños y jóvenes con textos contaminados de ideología y embustes de grueso calibre, como el de atribuir las causas del Caracazo al programa de ajustes económicos instrumentado por el gobierno de Pérez después de los sucesos del 27 de febrero de 1989. Pero, el domingo próximo tendremos la oportunidad de cerrar este vergonzoso capítulo de nuestra historia optando por convertirlo en jornada para vindicar la dignidad y no la infamia concurriendo masivamente a las urnas para rechazar de plano las pretensiones hegemónicas del chavismo residual.
Pieza: Rich Consemüller,.
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domingo, 15 de diciembre de 2013
INVENTARIO
EL NACIONAL - Domingo 15 de Diciembre de 2013 Opinión/8
El evangelio según Chávez
RAÚL FUENTES
Sugería Flaubert, en su Diccionario de lugares comunes, denigrar de la Academia y, al mismo tiempo, aconsejaba que se intentase pertenecer a ella, si se podía. No creo verosímil que Maduro, ni su antecesor, el teniente coronel Chávez, hayan tenido noticias de ese catálogo de tópicos compuesto con agudeza por el autor de Madame Bovary; pero sí llama la atención el empeño de estos sujetos en estigmatizar organismos y encuentros internacionales de fundamentada reputación o trascendencia cuando, como se dice prosaicamente, no aguantan dos pedidas para aceptar ser figurantes y comparsas en ellos. Hay, sin embargo, que diferenciar entre el entremetimiento del comandante eterno, que sí materializaba con su presencia en los mismos su condición de safrisco, y la sistemática dubitación hamletiana de Nicolás quien, de modo irresponsable, termina sacándole el cuerpo a citas concertadas en nombre de la República. Amenazó con cantar las cuarenta en la pasada Asamblea General de la ONU y fue notoria su defección; declaró cariacontecido que viajaría a Pretoria para rendir postrer tributo a Nelson Mandela y terminó enviando a su vicepresidente. Tal vez haya sido mejor así y nos haya evitado un ¡qué pena con ese señor! El habernos ahorrado un papelazo en Suráfrica mereció, en contrapartida, el que hayamos debido sufrir a todo lo largo de esta semana el incesante cacareo triunfalista del oficialismo, intentando tapar el sol con un dedo y magnificando su pírrica victoria en el país rural, ese que (invoquemos otra vez a Montejo) "no termina de enterrar a Gómez", y no admite que un sector cada vez más nutrido de la sociedad se decanta por la modernidad y rechaza su regresiva propuesta, la cual ahora gravita en torno a los dogmas revelados en un evangelio llamado Plan de la Patria, una sarta de vaguedades pergeñadas, al parecer, por el mismísimo Chávez como plataforma para "la gestión bolivariana socialista 2013-2019",que al principio causó estupor y después fue objeto de chercha, entre cuyos "objetivos nacionales e históricos" se propone "contribuir al desarrollo de una nueva geopolítica internacional en la cual cobre cuerpo un mundo multicéntrico y multipolar que permita lograr el equilibrio del universo y garantizar la paz planetaria". Y remata estableciendo su decisión de "contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana". ¡Óyeme, tú! Esta delirante compilación de frases hechas y consignas engañabobos es la que Cabello ha ponderado como "el documento más importante después de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela", una deleznable y adulante hipérbole que, dada la estatura intelectual de quien la emite, debe juzgarse como cantinflérico derroche de falta de exceso de ignorancia. Ese documento, que querían hacer ley (pero recularon porque no se puede caer en tan desmedido ridículo), es un panfleto preñado de lugares comunes que hubiese podido servir de inspiración a Flaubert para retratar a ese entrañable par de imbéciles que llamó Bouvard y Pécuchet.
Si de verdad estos patoteros que han secuestrado la cosa pública creen lo que están diciendo, debe asumirse como "normal" que Maryann Del Carmen Hanson Flores, actual minpopo para la Educación, acepte delegar en un temerario e ignaro chafarote la redacción de textos fundamentales para la formación escolar y permita una sistemática revisión y actualización del pasado para adecuarlo a ese presente sin futuro que hace de la patria, si no un chiste, un gimmick publicitario; y que, como si fuese poca la piratería demostrada por esta funcionaria en materia curricular, se atreve a diagnosticar como alienados a los varios millones de venezolanos que, en los grandes centros urbanos, hicieron sentir su voz, a través del voto, para decirle no va más al chavismo.
Es hora de pensar en serio que el país está siendo conducido no por políticos, sino por aventureros sin escrúpulos que han aceptado someterse al tutelaje de una Cuba subdesarrollada en lo económico, pero altamente sofisticada en lo político, cuyos dirigentes tienen muy claro que, como decía George Orwell: "No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace la revolución para establecer una dictadura"; es hora de pensar con sensatez en estrategias para enfrentar las sandeces y vacuidades rojas con ideas convincentes que, expresadas con la belleza inherente a la sencillez, puedan aglutinar en torno al proyecto unitario a quienes, en un momento dado, se embelesaron con el discurso oficial. Tengamos presente que a Maduro no lo disfrazan las imposturas, sino que lo desnudan. Es hora de registrar el evangelio según Chávez en el inventario de las estupideces humanas.
Ilustración: http://ovario2.com/caricaturas-destacadas-2/
El evangelio según Chávez
RAÚL FUENTES
Sugería Flaubert, en su Diccionario de lugares comunes, denigrar de la Academia y, al mismo tiempo, aconsejaba que se intentase pertenecer a ella, si se podía. No creo verosímil que Maduro, ni su antecesor, el teniente coronel Chávez, hayan tenido noticias de ese catálogo de tópicos compuesto con agudeza por el autor de Madame Bovary; pero sí llama la atención el empeño de estos sujetos en estigmatizar organismos y encuentros internacionales de fundamentada reputación o trascendencia cuando, como se dice prosaicamente, no aguantan dos pedidas para aceptar ser figurantes y comparsas en ellos. Hay, sin embargo, que diferenciar entre el entremetimiento del comandante eterno, que sí materializaba con su presencia en los mismos su condición de safrisco, y la sistemática dubitación hamletiana de Nicolás quien, de modo irresponsable, termina sacándole el cuerpo a citas concertadas en nombre de la República. Amenazó con cantar las cuarenta en la pasada Asamblea General de la ONU y fue notoria su defección; declaró cariacontecido que viajaría a Pretoria para rendir postrer tributo a Nelson Mandela y terminó enviando a su vicepresidente. Tal vez haya sido mejor así y nos haya evitado un ¡qué pena con ese señor! El habernos ahorrado un papelazo en Suráfrica mereció, en contrapartida, el que hayamos debido sufrir a todo lo largo de esta semana el incesante cacareo triunfalista del oficialismo, intentando tapar el sol con un dedo y magnificando su pírrica victoria en el país rural, ese que (invoquemos otra vez a Montejo) "no termina de enterrar a Gómez", y no admite que un sector cada vez más nutrido de la sociedad se decanta por la modernidad y rechaza su regresiva propuesta, la cual ahora gravita en torno a los dogmas revelados en un evangelio llamado Plan de la Patria, una sarta de vaguedades pergeñadas, al parecer, por el mismísimo Chávez como plataforma para "la gestión bolivariana socialista 2013-2019",que al principio causó estupor y después fue objeto de chercha, entre cuyos "objetivos nacionales e históricos" se propone "contribuir al desarrollo de una nueva geopolítica internacional en la cual cobre cuerpo un mundo multicéntrico y multipolar que permita lograr el equilibrio del universo y garantizar la paz planetaria". Y remata estableciendo su decisión de "contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana". ¡Óyeme, tú! Esta delirante compilación de frases hechas y consignas engañabobos es la que Cabello ha ponderado como "el documento más importante después de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela", una deleznable y adulante hipérbole que, dada la estatura intelectual de quien la emite, debe juzgarse como cantinflérico derroche de falta de exceso de ignorancia. Ese documento, que querían hacer ley (pero recularon porque no se puede caer en tan desmedido ridículo), es un panfleto preñado de lugares comunes que hubiese podido servir de inspiración a Flaubert para retratar a ese entrañable par de imbéciles que llamó Bouvard y Pécuchet.
Si de verdad estos patoteros que han secuestrado la cosa pública creen lo que están diciendo, debe asumirse como "normal" que Maryann Del Carmen Hanson Flores, actual minpopo para la Educación, acepte delegar en un temerario e ignaro chafarote la redacción de textos fundamentales para la formación escolar y permita una sistemática revisión y actualización del pasado para adecuarlo a ese presente sin futuro que hace de la patria, si no un chiste, un gimmick publicitario; y que, como si fuese poca la piratería demostrada por esta funcionaria en materia curricular, se atreve a diagnosticar como alienados a los varios millones de venezolanos que, en los grandes centros urbanos, hicieron sentir su voz, a través del voto, para decirle no va más al chavismo.
Es hora de pensar en serio que el país está siendo conducido no por políticos, sino por aventureros sin escrúpulos que han aceptado someterse al tutelaje de una Cuba subdesarrollada en lo económico, pero altamente sofisticada en lo político, cuyos dirigentes tienen muy claro que, como decía George Orwell: "No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace la revolución para establecer una dictadura"; es hora de pensar con sensatez en estrategias para enfrentar las sandeces y vacuidades rojas con ideas convincentes que, expresadas con la belleza inherente a la sencillez, puedan aglutinar en torno al proyecto unitario a quienes, en un momento dado, se embelesaron con el discurso oficial. Tengamos presente que a Maduro no lo disfrazan las imposturas, sino que lo desnudan. Es hora de registrar el evangelio según Chávez en el inventario de las estupideces humanas.
Ilustración: http://ovario2.com/caricaturas-destacadas-2/
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sábado, 2 de noviembre de 2013
¿QUÉ HAY EN EL ESCONDITE?
EL NACIONAL - Domingo 27 de Octubre de 2013 Opinión/8
Chantajes y peras
RAÚL FUENTES
Deben ser contados los lectores que recuerden a Alexis Peñuela. Su nombre, sin embargo, está ligado a un caso difícil de olvidar, el asesinato de Danilo Anderson, que puso de bulto la condición de trapisondista del y que poeta Isaías Rodríguez, un entusiasta de ese macarthismo rojo que ha sentado sus reales en los poderes públicos. Peñuela como lo haría también Giovanni José Vásquez, psiquiatra postizo de seductora mirada y testigo estrella del mencionado caso confesó haber sido pagado y entrenado por agentes del gobierno, bajo el mando de nuestro FouquierTinville, para suministrar evidencias forjadas e involucrar a personajes de la oposición en falsos positivos. Así, Isaías Rodríguez, además de la absoluta sumisión de la fiscalía al Poder Ejecutivo, aportó el soborno, la amenaza y la extorsión al proceso de instrucción sumarial.
La intimidación sigue siendo una de las técnicas de persuasión favoritas de los inquisidores rojos, tal como lo puso en evidencia María Corina Machado cuando manifestó a El Nacional que, para otorgar poderes extraordinarios a quien funge de presidente, "el oficialismo ha intentado chantajear a casi 10 diputados" y, agregó: "Hay quienes lo han denunciado públicamente (como la parlamentaria María Aranguren) y otros que no lo han dicho ante los medios porque han recibido amenazas contra sus familias". Como con sus aviesas gestiones no han alcanzado sus objetivos, los compradores de respaldo recurren a la siempre solícita Luisa Ortega para inhabilitar al menos a dos legisladores con la esperanza de que alguno de sus suplentes se muestre dispuesto a levantar su mano y sancionar el antojo gubernamental.
Los alabarderos de Maduro y Cabello no pueden ocultar su vocación gansteril. Actuando como lo haría la Cosa Nostra, por órdenes quizá de instancias superiores, secuestran a un parlamentario sustituto y lo encierran en una fortaleza militar para convencerlo quién sabe mediante qué procedimientos importados de La Habana de que a la hora de las chiquiticas se comporte como lo hizo, en El Padrino II, Frankie "Cinco Ángeles" Pentangeli cuando le tocó testificar en contra de Michael Corleone y, aterrorizado al ver a su hermano sentado junto a quien iba a ser objeto de su testimonio señal de que el protagonista de la saga creada por Mario Puzo y recreada por Francis Ford Coppola no se andaba con pendejadas a la hora de enfrentar a quienes representasen un obstáculo para sus negocios se retractó de las declaraciones que incriminaban al capo.
Infundir miedo en seguidores y contrarios ha sido una de las constantes que le han permitido al chavismo atornillarse al mando, como también lo son la compra de conciencias y todas las formas de chantaje conocidas y por conocer, de modo que mediante el unto, el enchufe o la amenaza de sacar a la luz los trapos sucios de algunos vacilantes opositores ha conseguido que varios pícaros y sinvergüenzas, para quienes la ética nada significa, hayan saltado la talanquera (hábito, por cierto, que motivó la aprobación en 2010 de una ley que contempla la suspensión de los diputados que se separen o contradigan a la organización que les apoyó cuando fueron elegidos, pero que por lo visto sus promotores el PSUV y afines solo aplican cuando les afecta);William Ojeda, Ricardo Sánchez y Hernan Núñez constituyen ejemplar referencia de ese mimetismo propiciado desde el gobierno.
No podemos predecir hasta dónde pretende llegar el fariseísmo rojo con ese infame accionar que no vacilamos en calificar de "metacorrupción" porque busca, supuestamente, adecentar la administración pública, pero ¡vaya paradoja! combatiendo su descomposición con medidas contaminantes, es decir: inyectando corrupción a la lucha contra este flagelo, como si se tratase de una vacuna. Lo que sí podemos afirmar es que en la medida en que el chantaje les reporte beneficios, los tramoyistas bolivarianos seguirán afinando y refinando su metodología de quebrantamiento de voluntades, como lo hicieron en el pasado reciente cuando sometieron al país a una descomunal presión emocional con la agonía, pasión y muerte de nuestro señor de Sabaneta.
Por ahora, el régimen parece haber encontrado mucha tela que cortar para distraer la atención general del desastre que cada vez más parece precipitarlo hacia una tragedia electoral.
Lo interesante es que hace días no se registran intentos de magnicidio, porque con el Cesppa, para acallar voces disidentes y la discusión en relación con ley mediante la cual se le otorgarían a Maduro poderes dictatoriales, la opinión pública tiene para rato y los que mandan, en La Habana, en Fuerte Tiuna o en Miraflores pueden hacer caso omiso de la sensata sugerencia de Francisco Suniaga quien, desde estas páginas, aconseja a Maduro que se comporte un pelín a lo De Gaulle y convoque a un referéndum. Pero eso es pedir peras al olmo.
Fotografía: LB, pieza atribuida a ¿Latorraca?
Chantajes y peras
RAÚL FUENTES
Deben ser contados los lectores que recuerden a Alexis Peñuela. Su nombre, sin embargo, está ligado a un caso difícil de olvidar, el asesinato de Danilo Anderson, que puso de bulto la condición de trapisondista del y que poeta Isaías Rodríguez, un entusiasta de ese macarthismo rojo que ha sentado sus reales en los poderes públicos. Peñuela como lo haría también Giovanni José Vásquez, psiquiatra postizo de seductora mirada y testigo estrella del mencionado caso confesó haber sido pagado y entrenado por agentes del gobierno, bajo el mando de nuestro FouquierTinville, para suministrar evidencias forjadas e involucrar a personajes de la oposición en falsos positivos. Así, Isaías Rodríguez, además de la absoluta sumisión de la fiscalía al Poder Ejecutivo, aportó el soborno, la amenaza y la extorsión al proceso de instrucción sumarial.
La intimidación sigue siendo una de las técnicas de persuasión favoritas de los inquisidores rojos, tal como lo puso en evidencia María Corina Machado cuando manifestó a El Nacional que, para otorgar poderes extraordinarios a quien funge de presidente, "el oficialismo ha intentado chantajear a casi 10 diputados" y, agregó: "Hay quienes lo han denunciado públicamente (como la parlamentaria María Aranguren) y otros que no lo han dicho ante los medios porque han recibido amenazas contra sus familias". Como con sus aviesas gestiones no han alcanzado sus objetivos, los compradores de respaldo recurren a la siempre solícita Luisa Ortega para inhabilitar al menos a dos legisladores con la esperanza de que alguno de sus suplentes se muestre dispuesto a levantar su mano y sancionar el antojo gubernamental.
Los alabarderos de Maduro y Cabello no pueden ocultar su vocación gansteril. Actuando como lo haría la Cosa Nostra, por órdenes quizá de instancias superiores, secuestran a un parlamentario sustituto y lo encierran en una fortaleza militar para convencerlo quién sabe mediante qué procedimientos importados de La Habana de que a la hora de las chiquiticas se comporte como lo hizo, en El Padrino II, Frankie "Cinco Ángeles" Pentangeli cuando le tocó testificar en contra de Michael Corleone y, aterrorizado al ver a su hermano sentado junto a quien iba a ser objeto de su testimonio señal de que el protagonista de la saga creada por Mario Puzo y recreada por Francis Ford Coppola no se andaba con pendejadas a la hora de enfrentar a quienes representasen un obstáculo para sus negocios se retractó de las declaraciones que incriminaban al capo.
Infundir miedo en seguidores y contrarios ha sido una de las constantes que le han permitido al chavismo atornillarse al mando, como también lo son la compra de conciencias y todas las formas de chantaje conocidas y por conocer, de modo que mediante el unto, el enchufe o la amenaza de sacar a la luz los trapos sucios de algunos vacilantes opositores ha conseguido que varios pícaros y sinvergüenzas, para quienes la ética nada significa, hayan saltado la talanquera (hábito, por cierto, que motivó la aprobación en 2010 de una ley que contempla la suspensión de los diputados que se separen o contradigan a la organización que les apoyó cuando fueron elegidos, pero que por lo visto sus promotores el PSUV y afines solo aplican cuando les afecta);William Ojeda, Ricardo Sánchez y Hernan Núñez constituyen ejemplar referencia de ese mimetismo propiciado desde el gobierno.
No podemos predecir hasta dónde pretende llegar el fariseísmo rojo con ese infame accionar que no vacilamos en calificar de "metacorrupción" porque busca, supuestamente, adecentar la administración pública, pero ¡vaya paradoja! combatiendo su descomposición con medidas contaminantes, es decir: inyectando corrupción a la lucha contra este flagelo, como si se tratase de una vacuna. Lo que sí podemos afirmar es que en la medida en que el chantaje les reporte beneficios, los tramoyistas bolivarianos seguirán afinando y refinando su metodología de quebrantamiento de voluntades, como lo hicieron en el pasado reciente cuando sometieron al país a una descomunal presión emocional con la agonía, pasión y muerte de nuestro señor de Sabaneta.
Por ahora, el régimen parece haber encontrado mucha tela que cortar para distraer la atención general del desastre que cada vez más parece precipitarlo hacia una tragedia electoral.
Lo interesante es que hace días no se registran intentos de magnicidio, porque con el Cesppa, para acallar voces disidentes y la discusión en relación con ley mediante la cual se le otorgarían a Maduro poderes dictatoriales, la opinión pública tiene para rato y los que mandan, en La Habana, en Fuerte Tiuna o en Miraflores pueden hacer caso omiso de la sensata sugerencia de Francisco Suniaga quien, desde estas páginas, aconseja a Maduro que se comporte un pelín a lo De Gaulle y convoque a un referéndum. Pero eso es pedir peras al olmo.
Fotografía: LB, pieza atribuida a ¿Latorraca?
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domingo, 9 de junio de 2013
REFLEJOS
EL NACIONAL - Domingo 09 de Junio de 2013 Opinión/9
Espejos
RAÚL FUENTES
Jorge Luis Borges, valiéndose de una enciclopedia de su invención (The Anglo-American Cyclopaedia), pone en boca de un heresiarca tan imaginario como la misma Ukbar una sentencia según la cual "los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres". Podríamos agregar otras razones para abominar de ellos: su terquedad en llevarnos siempre la contraria, invirtiendo las imágenes espejeadas, y su capacidad para deformarlas de acuerdo a las sinuosidades de su superficie.
En todo caso los espejos fueron objeto de atención, directa o indirecta, de varios columnistas que el pasado fin de semana, en prensa de circulación nacional, los utilizaron como metáfora para aproximarse al ya reiterativo tema de la polarización y la consecuente necesidad de un diálogo.
La verdad es que ni siquiera el fabuloso espejo de Oesed (J. K. Rowling, Harry Potter y la piedra filosofal) que no refleja la imagen de quien en él se admira o se asombra, sino sus deseos, podría ofrecernos un atisbo de reconciliación entre otras cosas porque el diálogo está negado desde la instancia, en principio, llamada a impulsarlo: el gobierno; esta reticencia se debe, en buena parte, a que Capriles y la MUD han logrado, con inteligencia y perseverancia, imponer su agenda en el ámbito interno y hacerse escuchar y respetar en los escenarios internacionales. Puede decirse que, sin duda alguna, Capriles los tiene de cabeza...
¡los tiene locos! Mientras la oposición exhibe en el espejo público una imagen fresca, el oficialismo finge ignorar cómo un delincuente de poca monta, pero que fue brazo mediático del prócer de Sabaneta, se revuelca en su porqueriza para desnudar la verdadera naturaleza y revelar las tenebrosas motivaciones de quienes dicen gobernar. Entonces, para tratar de tapar el sol con un dedo, Maduro comienza a buscar lo que no se le ha perdido y como patriotero militante ("el patriotismo es el último refugio de los canallas" es célebre frase del Dr. Johnson) apunta sus baterías contra las instituciones colombianas, pretendiendo imponerle un atrabiliario código de conducta al presidente Santos, a sus ministros y al congreso de la hermana República, mediante un show en cadena nacional.
Maduro prueba con el chantaje, y amenaza al gobierno colombiano con retirarse de las conversaciones que tienen lugar en la capital cubana. En el colmo del delirio anticipa un "plan guerrerista" de la OTAN contra América del Sur. Aferrado al epíteto fascista, al cual ha desemantizado a fuer de repetirlo, sostiene - sin prueba alguna - que el líder de la oposición busca asesinos y mercenarios en Colombia para atentar contra su vida, desgastando también la tesis del magnicidio (¡ahí viene el lobo!). Puro buche y pluma: con el rabo entre las piernas ordena a Jaua "recomponer las relaciones" El imprudente canciller suma epítetos a los proferidos por el impugnado mandatario y, en el ínterin, Cabello se despepita contra Ismael García por haber difundido el escandaloso informe del espía de Los Ruices.
Lánguido eco de corazón de mi patria, el matón del capitolio elude los señalamientos de Mario Silva y se resigna a repetir la manida frase "águila no casa moscas" con la que el fallecido rehén de la Ciudad de las Columnas le sacaba el cuerpo al debate; pero, aprendimos de Monterroso, hay moscas que sueñan con ser águilas; moscas incapaces de levantar vuelo porque sus patas están para siempre hundidas en materia fecal. De modo que los aspavientos de "el furriel de El Furrial" no hacen sino aumentar las aprensiones que de él tienen hasta sus correligionarios.
Él, Jaua y Ramírez parecieran pasar horas ante el mágico espejo de la hechicera madrastra de Blanca Nieves, preguntándole por qué Nicolás está dónde está y ellos no. Una voz grave y cavernosa seguramente les responde: porque él sabe interpretar los exigentes trinos de los pájaros bravos de la Villa de San Cristóbal de La Habana.
Sin embargo, si se escruta el espejo de la nación, se constata que, en el fondo, no hay gobierno. La inflación y la devaluación duplican las estimaciones de los organismos económicos y financieros, la delincuencia se desborda, se paraliza la misión vivienda y continúan, implacables y pertinaces la escasez y el desabastecimiento, condenado a los consumidores a un errabundo peregrinar por los mercados, abastos, bodegas y ferias de buhoneros en procura de lo que no puede haber porque no se produce y no hay plata para importar.
Si pudiese contemplarse, aunque fuese por un instante, en el espejo de Galadriel (El señor de los Anillos, J. R. Tolkien), el cual "muestra cosas que fueron y cosas que son y cosas que quizá serán", la banda roja de los cuatro podría dejar de tocar de oído y afanarse en la búsqueda de respuestas para superar la crisis que hace de Venezuela un espejo roto en el que nadie quiere mirarse, porque - como expresa Camilo Restrepo en uno de sus aforismos dominicales "De los espejos deberíamos aprender la sinceridad".
Fotografías: Uly Marín.
Espejos
RAÚL FUENTES
Jorge Luis Borges, valiéndose de una enciclopedia de su invención (The Anglo-American Cyclopaedia), pone en boca de un heresiarca tan imaginario como la misma Ukbar una sentencia según la cual "los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres". Podríamos agregar otras razones para abominar de ellos: su terquedad en llevarnos siempre la contraria, invirtiendo las imágenes espejeadas, y su capacidad para deformarlas de acuerdo a las sinuosidades de su superficie.
En todo caso los espejos fueron objeto de atención, directa o indirecta, de varios columnistas que el pasado fin de semana, en prensa de circulación nacional, los utilizaron como metáfora para aproximarse al ya reiterativo tema de la polarización y la consecuente necesidad de un diálogo.
La verdad es que ni siquiera el fabuloso espejo de Oesed (J. K. Rowling, Harry Potter y la piedra filosofal) que no refleja la imagen de quien en él se admira o se asombra, sino sus deseos, podría ofrecernos un atisbo de reconciliación entre otras cosas porque el diálogo está negado desde la instancia, en principio, llamada a impulsarlo: el gobierno; esta reticencia se debe, en buena parte, a que Capriles y la MUD han logrado, con inteligencia y perseverancia, imponer su agenda en el ámbito interno y hacerse escuchar y respetar en los escenarios internacionales. Puede decirse que, sin duda alguna, Capriles los tiene de cabeza...
¡los tiene locos! Mientras la oposición exhibe en el espejo público una imagen fresca, el oficialismo finge ignorar cómo un delincuente de poca monta, pero que fue brazo mediático del prócer de Sabaneta, se revuelca en su porqueriza para desnudar la verdadera naturaleza y revelar las tenebrosas motivaciones de quienes dicen gobernar. Entonces, para tratar de tapar el sol con un dedo, Maduro comienza a buscar lo que no se le ha perdido y como patriotero militante ("el patriotismo es el último refugio de los canallas" es célebre frase del Dr. Johnson) apunta sus baterías contra las instituciones colombianas, pretendiendo imponerle un atrabiliario código de conducta al presidente Santos, a sus ministros y al congreso de la hermana República, mediante un show en cadena nacional.
Maduro prueba con el chantaje, y amenaza al gobierno colombiano con retirarse de las conversaciones que tienen lugar en la capital cubana. En el colmo del delirio anticipa un "plan guerrerista" de la OTAN contra América del Sur. Aferrado al epíteto fascista, al cual ha desemantizado a fuer de repetirlo, sostiene - sin prueba alguna - que el líder de la oposición busca asesinos y mercenarios en Colombia para atentar contra su vida, desgastando también la tesis del magnicidio (¡ahí viene el lobo!). Puro buche y pluma: con el rabo entre las piernas ordena a Jaua "recomponer las relaciones" El imprudente canciller suma epítetos a los proferidos por el impugnado mandatario y, en el ínterin, Cabello se despepita contra Ismael García por haber difundido el escandaloso informe del espía de Los Ruices.
Lánguido eco de corazón de mi patria, el matón del capitolio elude los señalamientos de Mario Silva y se resigna a repetir la manida frase "águila no casa moscas" con la que el fallecido rehén de la Ciudad de las Columnas le sacaba el cuerpo al debate; pero, aprendimos de Monterroso, hay moscas que sueñan con ser águilas; moscas incapaces de levantar vuelo porque sus patas están para siempre hundidas en materia fecal. De modo que los aspavientos de "el furriel de El Furrial" no hacen sino aumentar las aprensiones que de él tienen hasta sus correligionarios.Él, Jaua y Ramírez parecieran pasar horas ante el mágico espejo de la hechicera madrastra de Blanca Nieves, preguntándole por qué Nicolás está dónde está y ellos no. Una voz grave y cavernosa seguramente les responde: porque él sabe interpretar los exigentes trinos de los pájaros bravos de la Villa de San Cristóbal de La Habana.
Sin embargo, si se escruta el espejo de la nación, se constata que, en el fondo, no hay gobierno. La inflación y la devaluación duplican las estimaciones de los organismos económicos y financieros, la delincuencia se desborda, se paraliza la misión vivienda y continúan, implacables y pertinaces la escasez y el desabastecimiento, condenado a los consumidores a un errabundo peregrinar por los mercados, abastos, bodegas y ferias de buhoneros en procura de lo que no puede haber porque no se produce y no hay plata para importar.
Si pudiese contemplarse, aunque fuese por un instante, en el espejo de Galadriel (El señor de los Anillos, J. R. Tolkien), el cual "muestra cosas que fueron y cosas que son y cosas que quizá serán", la banda roja de los cuatro podría dejar de tocar de oído y afanarse en la búsqueda de respuestas para superar la crisis que hace de Venezuela un espejo roto en el que nadie quiere mirarse, porque - como expresa Camilo Restrepo en uno de sus aforismos dominicales "De los espejos deberíamos aprender la sinceridad".
Fotografías: Uly Marín.
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jueves, 1 de noviembre de 2012
¿ONTOLÓGICAMENTE ... TARDÍOS?
EL NACIONAL - Jueves 01 de Noviembre de 2012 Opinión/8
La expropiación del tiempo
RAÚL FUENTES
Tal vez este 2012 que aún no culmina sea recordado en el futuro como el año de los disparates, las paradojas y las equivocaciones. Sin entrar a considerar los accidentes, desastres y tragedias derivados de la pésima gestión pública que por lo visto no bastaron para que esa porción del electorado que se ha engolosinado con el Estado asistencialista y caritativo se sacudiera de su vergonzosa sujeción al bozal de arepas mediante el cual el Gobierno se asegura de su incondicional respaldo, vamos a dedicar estas líneas a un modo de despilfarro continuado que, en paralelo con su manirrotismo, hace de ésta una administración ineficaz, irresponsable y moralmente reprochable.
Para ilustrar nuestro propósito nos referiremos, en primer término, al proyecto que el grupo Think Thank Brillembourg-Klumpner, bajo los auspicios del Gobierno nacional, presentase el pasado mes de agosto en Venecia, donde fue premiado con el León de Oro y que según Di Enrico Tantucci (www.cav.org.ve) "indigna a Venezuela y compromete a la bienal". Al margen de la abundante y razonada crítica que ha llovido sobre la propuesta, nos interesa destacar que la misma contempla un lapso de 10 años para su ejecución. En las antípodas, la empresa china de construcción sostenible Broad Group logró erigir en tan sólo 15 días un hotel prefabricado de 30 pisos (2 años antes construyó un edificio de 15 pisos en 6 días).
Al contrastar estas dos maneras de encarar problemas constructivos podemos concluir que para los chinos, pueblo antaño considerado de proverbial paciencia, el tiempo se ha convertido en un bien que debe ser administrado con criterio de austeridad, de modo que cada instante sea productivo, pues lo que importa en términos de satisfacción material es el aquí y el ahora.
Para nosotros, en cambio, pareciera que nos sobrara y, por ello, podemos malgastarlo. Y no se trata de una manera de ser afincada en ancestrales costumbres, como podría afirmar un sociólogo determinista, sino de un condicionamiento moldeado desde las esferas gubernamentales que han hecho moneda corriente del retardo, las prórrogas, los atrasos, las demoras y los aplazamientos.
La morosidad como fundamento de la gerencia pública podría ser tema de estudio por parte de especialistas en derecho administrativo, pero en lo que a la cotidianeidad respecta, la lentitud en las ejecutorias gubernamentales es, como ya insinuamos, una manera irresponsable de derrochar el tiempo, una forma de dispendio y malversación de un capital virtual, pero invalorable, pues una vez malgastado es imposible su recuperación. Y es que para el régimen el corto plazo, el aquí y ahora sólo existen cuando se aproxima una elección. Entonces la prisa, que ya se sabe es plebeya, y la improvisación se conjugan para poner de relieve la chapucería oficial: viviendas que se derrumban antes de ser habitadas, puentes que se vienen abajo antes de ser inaugurados, vías que se hunden antes de que nadie haya transitado por ellas y un largo etcétera de chambonadas con las que se pretende ocultar las promesas incumplidas y vender una imagen de eficacia que está a años luz de la realidad.
Al cortoplacismo electorero se yuxtapone el largo plazo característico de las utopías. Los grandes proyectos y realizaciones son para las décadas, si no, los siglos por venir. Por ello no pasan de la primera piedra. Y es que las ofertas a concretarse a largo plazo son la quimera necesaria para mantener a flote la resignación de los seguidores del líder perpetuo, cuyas esperanzas son terreno abonado con las chucherías que el Gobierno les entrega a cambio del voto, en una vulgar operación de compra y venta que deja de lado cualquier tipo de deontología. Tal comportamiento nos ha hecho involucionar como ciudadanos y amenaza con retrotraernos aún más al pasado, cuando las elecciones eran de segundo o tercer grado. Porque seamos realistas, un Estado comunal, al igual que en la extinta URSS o en la arrasada República de Kampuchea, pondría las decisiones en manos alzadas de los comuneros y acabaría, para mayor gloria de Chávez, con las elecciones tal como las conocemos y que son, todavía, un signo de que la democracia subsiste a pesar de todo.
Al régimen, el tiempo poco o nada le importa. Lo demuestra a diario el adalid de la salvación planetaria que, con su incesante encadenamiento, funge de big brother e invade de manera persistente nuestros hogares con un discurso que no podemos llamar vacío porque, como dice Rafael Cadenas, "llamar vacío su discurso ofende al vacío". El tiempo, pues, al igual que RCTV, Agroisleña, Conferry y tantas otras empresas nos ha sido expropiado.
La expropiación del tiempo
RAÚL FUENTES
Tal vez este 2012 que aún no culmina sea recordado en el futuro como el año de los disparates, las paradojas y las equivocaciones. Sin entrar a considerar los accidentes, desastres y tragedias derivados de la pésima gestión pública que por lo visto no bastaron para que esa porción del electorado que se ha engolosinado con el Estado asistencialista y caritativo se sacudiera de su vergonzosa sujeción al bozal de arepas mediante el cual el Gobierno se asegura de su incondicional respaldo, vamos a dedicar estas líneas a un modo de despilfarro continuado que, en paralelo con su manirrotismo, hace de ésta una administración ineficaz, irresponsable y moralmente reprochable.
Para ilustrar nuestro propósito nos referiremos, en primer término, al proyecto que el grupo Think Thank Brillembourg-Klumpner, bajo los auspicios del Gobierno nacional, presentase el pasado mes de agosto en Venecia, donde fue premiado con el León de Oro y que según Di Enrico Tantucci (www.cav.org.ve) "indigna a Venezuela y compromete a la bienal". Al margen de la abundante y razonada crítica que ha llovido sobre la propuesta, nos interesa destacar que la misma contempla un lapso de 10 años para su ejecución. En las antípodas, la empresa china de construcción sostenible Broad Group logró erigir en tan sólo 15 días un hotel prefabricado de 30 pisos (2 años antes construyó un edificio de 15 pisos en 6 días).
Al contrastar estas dos maneras de encarar problemas constructivos podemos concluir que para los chinos, pueblo antaño considerado de proverbial paciencia, el tiempo se ha convertido en un bien que debe ser administrado con criterio de austeridad, de modo que cada instante sea productivo, pues lo que importa en términos de satisfacción material es el aquí y el ahora.
Para nosotros, en cambio, pareciera que nos sobrara y, por ello, podemos malgastarlo. Y no se trata de una manera de ser afincada en ancestrales costumbres, como podría afirmar un sociólogo determinista, sino de un condicionamiento moldeado desde las esferas gubernamentales que han hecho moneda corriente del retardo, las prórrogas, los atrasos, las demoras y los aplazamientos.
La morosidad como fundamento de la gerencia pública podría ser tema de estudio por parte de especialistas en derecho administrativo, pero en lo que a la cotidianeidad respecta, la lentitud en las ejecutorias gubernamentales es, como ya insinuamos, una manera irresponsable de derrochar el tiempo, una forma de dispendio y malversación de un capital virtual, pero invalorable, pues una vez malgastado es imposible su recuperación. Y es que para el régimen el corto plazo, el aquí y ahora sólo existen cuando se aproxima una elección. Entonces la prisa, que ya se sabe es plebeya, y la improvisación se conjugan para poner de relieve la chapucería oficial: viviendas que se derrumban antes de ser habitadas, puentes que se vienen abajo antes de ser inaugurados, vías que se hunden antes de que nadie haya transitado por ellas y un largo etcétera de chambonadas con las que se pretende ocultar las promesas incumplidas y vender una imagen de eficacia que está a años luz de la realidad.
Al cortoplacismo electorero se yuxtapone el largo plazo característico de las utopías. Los grandes proyectos y realizaciones son para las décadas, si no, los siglos por venir. Por ello no pasan de la primera piedra. Y es que las ofertas a concretarse a largo plazo son la quimera necesaria para mantener a flote la resignación de los seguidores del líder perpetuo, cuyas esperanzas son terreno abonado con las chucherías que el Gobierno les entrega a cambio del voto, en una vulgar operación de compra y venta que deja de lado cualquier tipo de deontología. Tal comportamiento nos ha hecho involucionar como ciudadanos y amenaza con retrotraernos aún más al pasado, cuando las elecciones eran de segundo o tercer grado. Porque seamos realistas, un Estado comunal, al igual que en la extinta URSS o en la arrasada República de Kampuchea, pondría las decisiones en manos alzadas de los comuneros y acabaría, para mayor gloria de Chávez, con las elecciones tal como las conocemos y que son, todavía, un signo de que la democracia subsiste a pesar de todo.
Al régimen, el tiempo poco o nada le importa. Lo demuestra a diario el adalid de la salvación planetaria que, con su incesante encadenamiento, funge de big brother e invade de manera persistente nuestros hogares con un discurso que no podemos llamar vacío porque, como dice Rafael Cadenas, "llamar vacío su discurso ofende al vacío". El tiempo, pues, al igual que RCTV, Agroisleña, Conferry y tantas otras empresas nos ha sido expropiado.
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sábado, 27 de octubre de 2012
DEVOCIÓN Y PARADOJA
EL NACIONAL - Sábado 27 de Octubre de 2012 Opinión/8
Los idiotas no votan
RAÚL FUENTES
Ante la inminencia de un proceso electoral que convoca a los venezolanos para que seleccionen a quienes han de gestionar las administraciones estatales en el próximo período constitucional, nos parece pertinente apelar a tres pareceres respecto a la relación entre quienes hacen política y quienes la desdeñan. Comenzaremos con Platón quien afirmó: "Uno de los castigos por rehusarte a participar en política es que terminarás siendo gobernado por hombres inferiores a ti". Por su parte, el historiador británico Arnold Toynbee escribió: "El peor castigo para quienes no se interesan en la política es ser gobernados por quienes sí se interesan". Y, más recientemente y más cerca de nosotros, Lula da Silva sentenció: "Al que no le gusta la política corre el riesgo de pasar su vida entera siendo mandado por aquel al que le gusta".
Tres opiniones convergentes, de personajes probablemente divergentes, que vienen a cuento si no queremos que la tristeza y el desaliento, productos del inmoral ventajismo rojo exhibido en la pasada consulta presidencial, hagan mella en la determinación de los votantes que tienen la histórica oportunidad de consolidar posiciones ya alcanzadas por la oposición, y de conquistar nuevas e importantes trincheras en esta dura batalla por preservar la descentralización y reconquistar la civilidad de la nación.
El pasado 7-O, la oposición, si bien no se alzó con el triunfo, demostró que transita un camino que indefectiblemente le conducirá a la conquista del poder, y no porque no hay mal que dure cien años, sino porque a base de paciencia y constancia ha emergido un liderazgo con vocación de servicio, dinámico, inteligente y consistente, capaz de tomar responsablemente en sus manos las riendas del país. Sin embargo, el abuso continuado del régimen es un serio obstáculo que debemos vencer a diario. Ya, sin un ápice de vergüenza, el CNE dejó claro hacia cuál plato se inclina la balanza, al autorizar la migración a nuevos centros de votación, después de cerrado el lapso oficial para modificar el Registro Electoral, a los seis paracaidistas designados por el chafarote para que aterricen en las gobernaciones de Anzoátegui, Aragua, Cojedes, Guárico, Monagas y Táchira. Ante tal iniquidad, recordemos que los candidatos de la unidad llegan a la contienda decembrina con un importante respaldo que se manifestó en sólidas votaciones obtenidas en las primarias de febrero, mientras que los pretendientes rojos son producto del capricho y la dedocracia; y, más revelador aún, los aspirantes del consenso están plenamente identificados con las regiones que aspiran a gobernar. Esta afirmación debería quedar palmariamente demostrada en los necesarios debates que están planteados entre candidatos opositores y oficialistas y que, seguramente, los últimos esquivarán, por temor, miedo, culillo, falta de exceso de ignorancia o apego a la costumbre de obedecer órdenes sin cuestionarlas, sin preguntarse siquiera la razón de ser de tal o cual disposición, deseo o mandato del jefe, lo cual ha aniquilado su capacidad de disenso.
La no comparecencia de los aspirantes rojos a una confrontación de ideas y propuestas nos dejará sin saber cuánto saben de las realidades que caracterizan a los estados que buscan dirigir, pero esto a ellos poco importa: lo que les interesa es desempeñar su papel de peones en un tablero cuyas reglas el teniente coronel ambiciona cambiar para hacer desaparecer a gobernadores, alcaldes, cabildos y asambleas legislativas y reemplazarlos por los consejos comunales; y así, una vez aniquilado el poder regional, instaurar un Estado comunal inspirado, quizá, en las tenebrosas experiencias china o camboyana.
El que calla otorga, dice el refrán. Y el elocuente silencio de los ungidos con la gracia presidencial para ocuparse de la transición al socialismo es, más que un motivo de preocupación, una poderosa razón para reflexionar sobre la platónica meditación de la que se hicieran eco tanto Toynbee como Lula, y concurrir a los comicios de diciembre con clara conciencia de que de son una consulta sobre el futuro inmediato de la República.
De su resultado depende en mucho que Chávez pueda seguir adelante con su retrógrado proyecto o que deba pisar el freno porque así lo dispone la voluntad mayoritaria de los venezolanos. Por eso hay que votar y tener presente la personalísima acepción que del adjetivo idiota nos ofrece Fernando Savater: "Idiota. -Del griego idiotés, utilizado para referirse a quien no se metía en política, preocupado tan sólo en lo suyo, incapaz de ofrecer nada a los demás".
Breve nota LB: Valga agregar del melodrama como una de nuestras características esenciales. Somos devotos a las telenovelas y a los concursos de belleza con una exageración portadora de una paradoja. Por un lado, hasta una magistrada de la revolución mentada perdió la vida por otra de las operaciones estéticas que se hizo, ultimada moralmente su médico-operadora hasta contar con una tipificación penal insólita y un calabozo insólitos. Y, por otra, el colmo de nuestras incompetencias, ya no somos los insignes exportadores de telenovelas y concursos queun día fuímos.....¿Tiene alguna explicación adiciones nuestra devoción por la llamada antipolítica?
Ilustración: Pedro León Zapata (El Nacional, Caracas, 27/10/12).
Los idiotas no votan
RAÚL FUENTES
Ante la inminencia de un proceso electoral que convoca a los venezolanos para que seleccionen a quienes han de gestionar las administraciones estatales en el próximo período constitucional, nos parece pertinente apelar a tres pareceres respecto a la relación entre quienes hacen política y quienes la desdeñan. Comenzaremos con Platón quien afirmó: "Uno de los castigos por rehusarte a participar en política es que terminarás siendo gobernado por hombres inferiores a ti". Por su parte, el historiador británico Arnold Toynbee escribió: "El peor castigo para quienes no se interesan en la política es ser gobernados por quienes sí se interesan". Y, más recientemente y más cerca de nosotros, Lula da Silva sentenció: "Al que no le gusta la política corre el riesgo de pasar su vida entera siendo mandado por aquel al que le gusta".
Tres opiniones convergentes, de personajes probablemente divergentes, que vienen a cuento si no queremos que la tristeza y el desaliento, productos del inmoral ventajismo rojo exhibido en la pasada consulta presidencial, hagan mella en la determinación de los votantes que tienen la histórica oportunidad de consolidar posiciones ya alcanzadas por la oposición, y de conquistar nuevas e importantes trincheras en esta dura batalla por preservar la descentralización y reconquistar la civilidad de la nación.
El pasado 7-O, la oposición, si bien no se alzó con el triunfo, demostró que transita un camino que indefectiblemente le conducirá a la conquista del poder, y no porque no hay mal que dure cien años, sino porque a base de paciencia y constancia ha emergido un liderazgo con vocación de servicio, dinámico, inteligente y consistente, capaz de tomar responsablemente en sus manos las riendas del país. Sin embargo, el abuso continuado del régimen es un serio obstáculo que debemos vencer a diario. Ya, sin un ápice de vergüenza, el CNE dejó claro hacia cuál plato se inclina la balanza, al autorizar la migración a nuevos centros de votación, después de cerrado el lapso oficial para modificar el Registro Electoral, a los seis paracaidistas designados por el chafarote para que aterricen en las gobernaciones de Anzoátegui, Aragua, Cojedes, Guárico, Monagas y Táchira. Ante tal iniquidad, recordemos que los candidatos de la unidad llegan a la contienda decembrina con un importante respaldo que se manifestó en sólidas votaciones obtenidas en las primarias de febrero, mientras que los pretendientes rojos son producto del capricho y la dedocracia; y, más revelador aún, los aspirantes del consenso están plenamente identificados con las regiones que aspiran a gobernar. Esta afirmación debería quedar palmariamente demostrada en los necesarios debates que están planteados entre candidatos opositores y oficialistas y que, seguramente, los últimos esquivarán, por temor, miedo, culillo, falta de exceso de ignorancia o apego a la costumbre de obedecer órdenes sin cuestionarlas, sin preguntarse siquiera la razón de ser de tal o cual disposición, deseo o mandato del jefe, lo cual ha aniquilado su capacidad de disenso.
La no comparecencia de los aspirantes rojos a una confrontación de ideas y propuestas nos dejará sin saber cuánto saben de las realidades que caracterizan a los estados que buscan dirigir, pero esto a ellos poco importa: lo que les interesa es desempeñar su papel de peones en un tablero cuyas reglas el teniente coronel ambiciona cambiar para hacer desaparecer a gobernadores, alcaldes, cabildos y asambleas legislativas y reemplazarlos por los consejos comunales; y así, una vez aniquilado el poder regional, instaurar un Estado comunal inspirado, quizá, en las tenebrosas experiencias china o camboyana.
El que calla otorga, dice el refrán. Y el elocuente silencio de los ungidos con la gracia presidencial para ocuparse de la transición al socialismo es, más que un motivo de preocupación, una poderosa razón para reflexionar sobre la platónica meditación de la que se hicieran eco tanto Toynbee como Lula, y concurrir a los comicios de diciembre con clara conciencia de que de son una consulta sobre el futuro inmediato de la República.
De su resultado depende en mucho que Chávez pueda seguir adelante con su retrógrado proyecto o que deba pisar el freno porque así lo dispone la voluntad mayoritaria de los venezolanos. Por eso hay que votar y tener presente la personalísima acepción que del adjetivo idiota nos ofrece Fernando Savater: "Idiota. -Del griego idiotés, utilizado para referirse a quien no se metía en política, preocupado tan sólo en lo suyo, incapaz de ofrecer nada a los demás".
Breve nota LB: Valga agregar del melodrama como una de nuestras características esenciales. Somos devotos a las telenovelas y a los concursos de belleza con una exageración portadora de una paradoja. Por un lado, hasta una magistrada de la revolución mentada perdió la vida por otra de las operaciones estéticas que se hizo, ultimada moralmente su médico-operadora hasta contar con una tipificación penal insólita y un calabozo insólitos. Y, por otra, el colmo de nuestras incompetencias, ya no somos los insignes exportadores de telenovelas y concursos queun día fuímos.....¿Tiene alguna explicación adiciones nuestra devoción por la llamada antipolítica?
Ilustración: Pedro León Zapata (El Nacional, Caracas, 27/10/12).
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