EL NACIONAL - Domingo 10 de Noviembre de 2013 Opinión/9
Cursilería
RAÚL FUENTES
Hace años, asistí a una proyección de Don Kikhot, película de Grigori Kozintsev estrenada en 1957 de la cual los "camaradas-de-todos-lospaíses-uníos se sentían orgullosísimos y exhibían como cenit de la cinematografía soviética. El recuerdo que tengo de la cinta es difuso. Sé que me impactó la fotografía y que percibí en ella mucho de lugar común y versión abreviada; lo que sí ha permanecido intacto en mi memoria es el comentario que formuló Alberto Sánchez a la salida de la función.
¡Qué vaina tan cursi!, juicio crítico y definitivo que asumí como boutade. Y, aunque no estoy en condiciones de acreditar si la afirmación del desaparecido teatrero era justa, pues tendría que ver la película de nuevo y confieso que no me llama la atención semejante tarea, la anécdota me permite abordar uno de los aspectos más repulsivos de la revolución bolivariana: la cursilería que destila.
Y no me refiero solo a sus manifestaciones estéticas, las cuales adoptan patrones del realismo socialista y responden, por razones ideológicas y no por exigencias expresivas, al zhdanovismo normativo que mediatizó a buena parte de la producción artística en la desaparecida URSS, sino a lo que podríamos denominar cultura chavista, ese arroz con mango reduccionista que el comandante supergaláctico calificaba de holístico porque le gustó el adjetivo, pero no porque entendiese los alcances de su significado. Le pasaba lo que a Aldous Huxley con la palabra carminativo, o lo que a Joan Manuel Serrat con el sustantivo estraperlista. El escritor inglés, en su novela Los escándalos de Crome (Crome yellow, 1921) relata lo decepcionante que puede resultar la falta de correspondencia entre la atracción fonética de un vocablo y su acepción (carminativo es un medicamento prescrito para combatir la flatulencia); por su parte, el cantautor catalán confesó alguna vez que de pequeño le cautivaba la palabra estraperlista la cual, para su desengaño, descubrió al crecer, es sinónimo de contrabandista y hasta de pillo.
La cursilería que no me atrevo a llamar kitsch, para no entrar en honduras en torno a un tema que ha generado literatura suficiente para colmar bibliotecas enteras ha sido rasgo distintivo del imaginario bolivariano. Desde el "envuelto en un manto de iris" del Libertador buscando "las huellas de La Condamine y de Humboldt" en "Mi deliro sobre el Chimborazo" a Venezuela heroica, pasando por los cuadros y murales alegóricos a la gesta independentista, palabras e imágenes insufribles fueron asumidas por Chávez como creaciones contentivas de sublime belleza y las convirtió en paradigmas de lo que han sido el ornato y la decoración de su revolución. Se produjo, así, un proceso de afectación de un discurso oficial que aún se hace sentir, sobre todo en la propaganda y en la publicidad gubernamentales heredado por un hombre de escasas luces donde los haya (y, por ende, tan peligroso como mono con hojilla), cuya actuación pública ha alcanzado cotas de cursilería tan elevadas que ya ha comenzado a perder el poco respeto que le profesaban sus propios partidarios. Pasa así con las imitaciones. Chávez era un embaucador auténtico; Maduro es una falsificación.
Nicolás ha definido la línea divisoria entre el antes y el después en los anales de la cursilería y, en menos de un mes, ha hecho gala de extremo mal gusto con dos iniciativas que han dado muchísimo que hablar y no precisamente a favor de las mismas; la primera motivo de pena ajena, candongas y cuchufletas, el Viceministerio para la Felicidad Suprema, inspirado no en Tomas Moro ni en Un mundo feliz del ya mencionado Huxley, sino probablemente en un Día perfecto de Ira Levin, ficción distópica de amargo trasfondo; y la segunda, el extravagante y engañabobos adelanto de la Navidad.
Como si el país fuese una gran tienda por departamentos, el principito ha decidido hacer su agosto en noviembre con la gran promoción Ya es Navidad; apoyado en depuradas técnicas del marketing capitalista, el máximo representante civil del régimen militar, a quien solo le falta el gorro porque el nombre ya lo tiene para encarnar al legendario santo obispo de Bari, ha dado inicio, con un mes de antelación, a los festejos pascuales con la esperanza de sepultar en el olvido la tristeza que embarga a millones de venezolanos víctimas de la mentira, la inseguridad, la escasez, la inflación o los apagones; males que el cabecilla y sus conmilitones quieren achacar a Henrique Capriles, Leopoldo López y María Corina Machado.
Una acusación que les puede costar muy caro, porque, aunque los imputados no son los reyes magos, representan una opción frente a lo que Borges estigmatizó como "mera disciplina usurpando el lugar de la lucidez".
Pieza: Hermanos Gao Zhen y Gao Qiang.
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lunes, 14 de abril de 2014
martes, 18 de marzo de 2014
DE ALGUNOS RAZONAMIENTOS

LA RAZÓN, Caracas, año XX, nr. 1001 del 16 al 23 de marzo de 2014, pp. 1 y 6
Luis Barragán, diputado: “La MUD
ha de replantearse de acuerdo a las circunstancias actuales”
“El gobierno sospecha de todo y de todos”
“Se inventan mecanismos de
investigación y persecución, replanteándolos constantemente como si fuese el
problema que en verdad no lo deja dormir”
Enrique Meléndez
El diputado Luis Barragán afirma
que si es de hablar de la violencia, como lo destaca el presidente Nicolás
Maduro, o de los antivalores, que predominan en nuestra sociedad, muy azotada
por la delincuencia, son las plantas televisoras y radiales del oficialismo las
principales responsables.
“El lenguaje del poder es tan
violento, sistemáticamente agresivo, de una brutal o sofisticada persecución
contra toda disidencia u oposición que, por supuesto, acarrea consecuencias sociales que el oficialismo no puede
desmentir ni evadir, por más que se queje e inculpe a los demás”, expresa el
diputado Barragán.
El diputado Barragán fue miembro por
tres años de la Comisión Permanente de Cultura y Recreación de la Asamblea
Nacional, y repentinamente lo transfirieron finalizando esta semana a la
Comisión de Política Exterior. No olvidemos, se incorporó plenamente a raíz del
allanamiento a la inmunidad parlamentaria de Richard Mardo.
El presidente Nicolás Maduro aseguró que una de las causas de este
flagelo estribaba en el hecho de que las telenovelas fomentaban una serie de
falsos valores ¿Qué piensa usted?
-Evidentemente
que Nicolás Maduro no entiende ni asume responsablemente la realidad
venezolana, porque si hablamos de violencia
son las plantas televisoras y radiales del oficialismo las que
principalmente siembran a la sociedad de antivalores.
“El
lenguaje del poder es tan violento, sistemáticamente agresivo, de una brutal o
sofisticada persecución contra toda disidencia u oposición que, por
supuesto, acarrea consecuencias sociales que el oficialismo no puede desmentir
ni evadir, por más que se queje e inculpe a otros. Además, luce propiamente
como un estereotipo de la Venezuela contemporánea, acusar a las telenovelas y a
las plantas televisoras del sector privado, sin que el Estado sepa de una
autocrítica seria y rigurosa que permita – incluso – evaluar la pertinencia de
una hegemonía comunicacional que no social,
asfixiante”.
“Digamos, un examen de conciencia necesario para enmendar la plana, en lugar de mentir colosalmente. El creciente monopolio de medios que ejerce la cúpula de un PSUV prácticamente confundido con el Estado, desemboca y explica una guerra psicológica que tiene importantísimas e indeseables consecuencias. Luego, las crecientes tasas de homicidios de esta larga década y media, se ofrecen como un dato estructural del modelo socialista en boga, junto a la elevada inflación, el desempleo real, etcétera”.
“Sostenemos, por una parte, que la producción de telenovelas del sector privado nacional ha disminuido – valga el término – dramáticamente: ya no las exportamos, como ocurría lustros atrás. Esto es fácil de constatarlo a través de informes especializados y recientes como los del Observatorio Iberoamericano de la Ficción Televisiva (OBITEL) al comparar el llamado contexto audiovisual de los países de la región, de acuerdo a los volúmenes que nos fueron obsequiados”.
“Una autoridad en la materia, como es el profesor Antonio Pasquali, por otra, cita un interesantísimo y revelador estudio: entre los1950 y 1990, tiempos de la Guerra Fría, con predominio de la programación fílmica estadounidense, la tasa de homicidios en Venezuela fue de 9,08 por cada cien mil habitantes, mermando a partir de 1995. No obstante, la tasa de homicidios en el año 2000, se eleva a 26,4 por cada cien mil habitantes; en 2005, a 45 por cada cien mil habitantes; en 2010, a 57 por cada cien mil habitantes; en 2013, a 79 por cada cien mil habitantes”.
“Casi 25 mil muertes violentas hablan del cierre de 2013, en un país en el que colapsó la industria telenovelística – además – de exportación. Faltando poco, cuando se supone que el Estado vela por la integridad física de los reclusos, siéndole más fácil que salvaguardarla en las calles, las cárceles venezolanas exponen cifras espeluznantes de muertos y que sepamos, no guarda correspondencia alguna con las horas que sus victimarios – encerrados - ahora acumulan frente al televisor para gozar de la serie favorita, reduciendo al absurdo el alegato gubernamental”
“Por cierto, el ministro Rodríguez Torres señaló que la tasa de 2013 era sólo de 39 por cada cien mil habitantes, pero no indicó cómo arribó a una cifra que contrasta con la del Observatorio Venezolano de la Violencia, entidad que tiene el mérito adicional de señalar y especificar la metodología empleada. Valga acotar, algo que no extraña debido a la recurrente manipulación estadística del gobierno: suele maquillar los números, forzar las ecuaciones, subestimar las evidencias, en materia económica, de salud, vivienda, empleo, etc. La caída de la URSS, recordemos, fue precedida por la estrepitosa e inocultable insinceridad de sus estadísticas”.
“ Cornelius Castoriadis decía que el político es prisionero de sus palabras. Y cada vez que habla Nicolás, se nota la angostura de una cárcel ideológica en la que parece sentirse tan a gusto”.
“Digamos, un examen de conciencia necesario para enmendar la plana, en lugar de mentir colosalmente. El creciente monopolio de medios que ejerce la cúpula de un PSUV prácticamente confundido con el Estado, desemboca y explica una guerra psicológica que tiene importantísimas e indeseables consecuencias. Luego, las crecientes tasas de homicidios de esta larga década y media, se ofrecen como un dato estructural del modelo socialista en boga, junto a la elevada inflación, el desempleo real, etcétera”.
“Sostenemos, por una parte, que la producción de telenovelas del sector privado nacional ha disminuido – valga el término – dramáticamente: ya no las exportamos, como ocurría lustros atrás. Esto es fácil de constatarlo a través de informes especializados y recientes como los del Observatorio Iberoamericano de la Ficción Televisiva (OBITEL) al comparar el llamado contexto audiovisual de los países de la región, de acuerdo a los volúmenes que nos fueron obsequiados”.
“Una autoridad en la materia, como es el profesor Antonio Pasquali, por otra, cita un interesantísimo y revelador estudio: entre los1950 y 1990, tiempos de la Guerra Fría, con predominio de la programación fílmica estadounidense, la tasa de homicidios en Venezuela fue de 9,08 por cada cien mil habitantes, mermando a partir de 1995. No obstante, la tasa de homicidios en el año 2000, se eleva a 26,4 por cada cien mil habitantes; en 2005, a 45 por cada cien mil habitantes; en 2010, a 57 por cada cien mil habitantes; en 2013, a 79 por cada cien mil habitantes”.
“Casi 25 mil muertes violentas hablan del cierre de 2013, en un país en el que colapsó la industria telenovelística – además – de exportación. Faltando poco, cuando se supone que el Estado vela por la integridad física de los reclusos, siéndole más fácil que salvaguardarla en las calles, las cárceles venezolanas exponen cifras espeluznantes de muertos y que sepamos, no guarda correspondencia alguna con las horas que sus victimarios – encerrados - ahora acumulan frente al televisor para gozar de la serie favorita, reduciendo al absurdo el alegato gubernamental”
“Por cierto, el ministro Rodríguez Torres señaló que la tasa de 2013 era sólo de 39 por cada cien mil habitantes, pero no indicó cómo arribó a una cifra que contrasta con la del Observatorio Venezolano de la Violencia, entidad que tiene el mérito adicional de señalar y especificar la metodología empleada. Valga acotar, algo que no extraña debido a la recurrente manipulación estadística del gobierno: suele maquillar los números, forzar las ecuaciones, subestimar las evidencias, en materia económica, de salud, vivienda, empleo, etc. La caída de la URSS, recordemos, fue precedida por la estrepitosa e inocultable insinceridad de sus estadísticas”.
“ Cornelius Castoriadis decía que el político es prisionero de sus palabras. Y cada vez que habla Nicolás, se nota la angostura de una cárcel ideológica en la que parece sentirse tan a gusto”.
“No soy especialista en la materia, aunque me ha interesado indagarla por el trabajo legislativo que hemos intentado hacer. La telenovela, como en otros ámbitos del arte, estereotipa o estigmatiza para bien o para mal, según la calidad del producto, pudiendo influir profundamente en la sociedad. Hay telenovelas, guionistas y hasta actores extraordinarios, al lado de los peores y hasta mal intencionados. Importan tres datos: la libertad de elegir, ponderándolas adecuadamente; la posibilidad de debatir, porque no debe contentarnos el sólo e interesado juicio del gobierno que, al condenarlas, no las hace mejores que las del sector privado, por lo que apuesta también por estigmatizarlas para liquidarlo, sin competir; y, paradójicamente, el régimen alienta el consumismo electrodoméstico, aunque no consumimos los insumos básicos como los alimentos y medicamentos. Una sociedad consumista, sin consumo”
“Contamos con una experiencia que satisfizo mucho al país, la llamada telenovela cultural, algunas décadas atrás. De modo que no todo ha sido un infierno. Empero, sin tener moral para ello, el gobierno se ha convertido en el telenovelero mayor, versionando sus propios fracasos, pretendiendo esconder las realidades que nos agobian. Una tragicomedia, pues, que se dice interminable aunque ya estamos en los capítulos postreros”.
- Es muy acertada tu observación, porque suscita otras que nos interrogan. Unos se quedaron y no tuvieron la posibilidad de escapar, como el prohibido Rachmaninoff, condenados a aceptar las imposiciones y caprichos del estalinismo, por no citar el caso de la pintura como he tenido ocasión de conversar con Nicomedes Febres sobre la antigua URSS. Mucho tememos que, en el caso venezolano, es demasiado pedir un planteamiento estético más o menos organizado, meditado, coherente, semejante al llamado realismo socialista.
“La alta burocracia cultural, por lo que ha demostrado, no tiene idea de lo que fue y significó esa polémica y, mucho menos, cuenta con la intención de provocarla, imponiendo orientaciones, pues, eso genera trabajo. Está más cerca del consabido caso de Heberto Padilla, y del socialismo real en su sentido literal: se trata de un privilegiado presupuesto público que los une, y de aprovecharlo al máximo mediante un populismo cultural sin límites, exprimiendo toda la demagogia que les sea posible”.
“La actual dirigencia socialista no guarda relación con los fundadores del Partido Comunista de Venezuela, en cuanto a la hondura de pensamiento, por ejemplo. Decidieron equivocadamente la lucha armada, impulsaron un proyecto que estruendosamente ha fracasado en Cuba, pero tenían una estatura y compromiso muy diferente a los actuales conductores del Estado”.
“No es lo mismo, nuestro caso, plantear en la Asamblea Nacional el Proyecto de Ley Orgánica de Cultura en condiciones tan adversas, con una manipuladora dirección de debate, la estridencia de los palcos y los repetidores de consignas, que haberlo hecho – por ejemplo – con Héctor Mujica. Y hago la observación con mucho respeto y consideración, pero – el texto sancionado y los videos lo demuestran – la cultura del oficialismo tiene por esenciales requisitos la hegemonía del Estado y el presupuesto público a subastar en la vasta clientela política”.
Hace poco fue creado un organismo, que se va a ocupar de decidir lo que
debe salir o no debe salir en los medios de comunicación; de acuerdo a lo que
considera el régimen que atenta o no contra su imagen, y un organismo de este
tipo de censura en el gobierno de López Contreras se intentó establecer, y el
pueblo venezolano se levantó. ¿Significa esto que volvemos a una época
semejante a la gomecista?
“Acá nos estamos metiendo en profundidades, porque en nombre de la post-modernidad se hacen todos estos desafueros, pegando un salto (antes impensable) hacia la pre-modernidad. La relación ciudadanía - Estado no es igual hoy a la de ayer, cierto, pero retrocedemos a etapas que creímos haber superado en Venezuela. El gobierno actual se inventa mecanismos de investigación y persecución, replanteándolos constantemente como si fuese el problema que en verdad no lo deja dormir. Tiene una perspectiva conspiratorial de las personas, el mundo y las cosas que asombra. Sospecha de todo y de todos, moliendo los recursos del Estado, botando un dineral que no es para cuidar de la vida de los venezolanos, precisamente”.
“Acá nos estamos metiendo en profundidades, porque en nombre de la post-modernidad se hacen todos estos desafueros, pegando un salto (antes impensable) hacia la pre-modernidad. La relación ciudadanía - Estado no es igual hoy a la de ayer, cierto, pero retrocedemos a etapas que creímos haber superado en Venezuela. El gobierno actual se inventa mecanismos de investigación y persecución, replanteándolos constantemente como si fuese el problema que en verdad no lo deja dormir. Tiene una perspectiva conspiratorial de las personas, el mundo y las cosas que asombra. Sospecha de todo y de todos, moliendo los recursos del Estado, botando un dineral que no es para cuidar de la vida de los venezolanos, precisamente”.
“López Contreras, un tanto inseguro ante la situación, intentó celebrar la transición reprimiendo a la población, bajo un formato e intereses que heredó, pero hubo la reacción del 14 de Febrero, una magnífica y pujante movilización popular que forzó al lopecismo a administrar, limar o aminorar sus orígenes gomecistas”.
“Además,
se trataba de un gobierno, si valiese la comparación, que tuvo en su gabinete a
figuras como Rómulo Gallegos, Alberto Adriani o Tulio Chiossone, sin
equivalentes actuales. Cual sucursal del G-2, la mayor atención la dispensan
hoy a las entidades y mecanismos de inteligencia, seguimiento y persecución de
toda disidencia, penetrado el medio cultural”.
“Permanece
el espíritu del 14 de febrero de 1936, el espíritu del 23 de enero de 1958; el
espíritu de la inconformidad, de la protesta y de la lucha. Hay una cultura
democrática imposible de pulverizar, así detengan, manden a la peligrosa cárcel
de Puente Ayala, a los jóvenes que pacíficamente protestaron a la delegación
cubana de la Serie del Caribe, tratados tan injusta y abusivamente como
delincuentes comunes”.
Usted forma parte de un grupo de
parlamentarios que se han dado en llamar “La Movida Parlamentaria”. ¿Este es el
primer paso para una salida de la MUD, un organismo muy cuestionado hoy en día,
en un futuro próximo?
-
De hecho, La Movida Parlamentaria está integrada por independientes y
militantes de partidos que forman parte de la MUD. Deseamos un proceso de
discusión que contribuya a relanzar la unidad para que se haga viva y
eficaz, yendo más allá de las direcciones
partidistas que hacen la MUD.
“La
MUD, coordinada por Ramón Guillermo Aveledo,
quien cuenta con todo nuestro respeto y admiración, ha cumplido un
decisivo e importante papel en materia electoral, pero ha de replantearse de
acuerdo a las difíciles circunstancias actuales. Los directivos de los principales partidos
sindicalizados, que conforman y deciden
la Mesa, deben reconocer que necesitamos ampliarla porque la unidad como
sentimiento y mandato va mucho más allá, urgiendo de la pluralidad de los
ámbitos ciudadanos (laborales, gremiales, vecinales, etc.).
¿Usted es el diputado suplente de Richard
Mardo? ¿Cómo ha sido su trayectoria política?
-
El injusto allanamiento de Mardo, acarreando su suspensión e inhabilitación
política, nos llevó a ocupar la curul que siempre ha sido de trabajo, pues,
constando el récord de asistencia a la Comisión de Cultura y nuestras modestas
intervenciones en las sesiones plenarias, hay una continuidad de esfuerzos. Tareas
que asumimos con vocación y sentido de responsabilidad en una Asamblea Nacional
que debe parlamentar, no parlar; controlar, no acatar; legislar, no habilitar; y presupuestar, no
fiar.
“Siempre resultante de los comicios internos, desempeñé tempranas responsabilidades en las direcciones regionales y nacionales de la Juventud Demócrata-Cristiana, sobre todo en el ámbito ideológico. En la adultez, ejercí la Secretaría de la Fracción Parlamentaria durante el dificilísimo cierre del Congreso de la República y, más tarde, la Subsecretaría General Nacional del Partido de la cual me separé en circunstancias no menos difíciles de la vida interna. Y, a sabiendas de los agudos problemas generados por este socialismo rentístico, decidí renunciar como militante de la organización con la prudencia que ameritaba un acto irrelevante para el país: discrepamos de la línea desarrollada por el partido, alejada toda rectificación, que – además – asistió al monólogo de Miraflores, sin que – por lo menos, algo que se hizo recurrente - yo fuese consultado, aún siendo un diputado en funciones y adscrito a la bancada socialcristiana. Nuestra nostalgia es por el futuro que necesita de compromiso, imaginación y audacia para construirlo”.
martes, 28 de enero de 2014
HOJA DE PARRA
Del literal realismo socialista
Luis Barragán
A propósito de la inevitable discusión sobre la violencia y la pretensión gubernamental de responsabilizar directa y exclusivamente a los cada vez más escasos medios independientes de comunicación y entretenimiento, ignoradas hasta las herramientas para evitar la programación tenida por indeseable en el hogar que ofrecen las propias empresas privadas de televisión por suscripción, hay quienes suponen que afrontamos el llamado realismo socialista. Vale decir, le atribuyen a la dirección del Estado la preocupación, el conocimiento y la sensibilidad por una materia que le exige ir más allá de sus burdas y serializadas consignas de ocasión, amén de una reflexión personal y militante que, por lo menos, simplemente la sea.
El régimen tiene por empeño una versión de las realidades, cuyo origen imputa a la cada vez más remota etapa puntofijista, dibujando la epopeya - en clave militar - de sus presuntos éxitos en década y media de pesada, angustiosa e improvisada gestión. Habla de las realidades que todos sufrimos con la adicional amargura de una censura creciente, creyéndose relevado de toda responsabilidad.
Nos parece una exagerada exquisitez la de conferirle una inquietud estética, donde se evidencia la más burda e inescrupulosa campaña publicitaria. Acaso, lo más lejos que llegó fue la propaganda de un alcalde metropolitano que, en su efímero mandato, forzó a Chávez Frías en el constructivismo soviético de formidable éxito durante la consabida guerra civil española: forzado más en los avisos pagados de prensa que por una inspirada domesticación de los muros urbanos.
Negamos tal inquietud, porque el propósito principal ha sido el de pugnar, acceder y apropiarse del dineral petrolero correspondiente al renglón artístico. Tuvimos ocasión de denunciarlo en la plenaria de la Asamblea Nacional cuando plantearon la acostumbrada solicitud de un crédito adicional, aquella vez relacionado con una fortísima inversión a favor de sendos proyectos cinematográficos y telenovelísticos, cuyos beneficiarios fueron previamente elegidos de acuerdo al personalísimo gusto presidencial.
Además, literalmente interesados por los reales que suelta el traganiquel socialista, poco les importa echar mano de Andrés Eloy Blanco para explotarlo hasta la saciedad, obviando la militancia política que suelen acentuar en otros autores ideológicamente afines. La cultura popular, por cierto, olvidando a Gramsci, se ha erigido en una indecible herramienta de propaganda, por no citar las previas y rentables diligencias realizadas para el reconocimiento de la UNESCO respecto a genuinas manifestaciones populares como la de los Diablos Danzantes o San Benito, intentando confiscarlas.
El control abierto y subrepticio de los museos públicos, constituye otro ejemplo del monopolio de un patrimonio que es del Estado, privilegiada la exposición de las piezas que apuntalen un discurso enteramente político, sin asomo de una particularísima tendencia estética. Una superior, esmerada y cuidadosa atención ha merecido el agresivo, convencional y profuso grafiterismo que, negada toda desviación a lo Banksy, puebla todas las paredes de una propaganda que es de guerra, como si estuviese próxima una invasión a lo Bahía de Cochinos.
Probablemente, el testimonio más radical de tan peculiar realismo socialista, fue la tolerante aparición y consolidación de lo que se denominó Ciudad Saigón en Caracas, epicentro de un masivo y perfeccionado copiado de videos. Años después, nos antojamos, sin responder por los daños causados al histórico lugar que le sirvió de sede a la significativa piratolandia, como si nada hubiese pasado, remodelaron gananciosamente lo que se ha convertido en un exclusivo anfiteatro para distintas actividades, añadidos los mitines presidenciales.
Por consiguiente, versar sobre el realismo socialista en la Venezuela de hoy, poco abona a la conocida experiencia soviética que requirió de avisados críticos que le sirvieron a Stalin para definir la cuadratura del círculo en las artes. La pintura y la música, a guisa de ilustración, sufrieron las consecuencias de una prefabricación de la sensibilidad, optando un Rachmaninov por huir del país que no lo podía escuchar por la densa sombra de la censura.
Se está más cerca del escándalo de Heberto Padilla, que de las elucubraciones estéticas que sobreviven todavía en Corea del Norte o en la misma China. Y más aún, del fracaso de “Amores de barrio adentro” de la dupla Santana-Chalbaud, una brevísima novela que sintetizó un monumental fracaso, excepto el realero con el que contó.
http://www.analitica.com/va/sociedad/articulos/8966655.asp
Luis Barragán
A propósito de la inevitable discusión sobre la violencia y la pretensión gubernamental de responsabilizar directa y exclusivamente a los cada vez más escasos medios independientes de comunicación y entretenimiento, ignoradas hasta las herramientas para evitar la programación tenida por indeseable en el hogar que ofrecen las propias empresas privadas de televisión por suscripción, hay quienes suponen que afrontamos el llamado realismo socialista. Vale decir, le atribuyen a la dirección del Estado la preocupación, el conocimiento y la sensibilidad por una materia que le exige ir más allá de sus burdas y serializadas consignas de ocasión, amén de una reflexión personal y militante que, por lo menos, simplemente la sea.
El régimen tiene por empeño una versión de las realidades, cuyo origen imputa a la cada vez más remota etapa puntofijista, dibujando la epopeya - en clave militar - de sus presuntos éxitos en década y media de pesada, angustiosa e improvisada gestión. Habla de las realidades que todos sufrimos con la adicional amargura de una censura creciente, creyéndose relevado de toda responsabilidad.
Nos parece una exagerada exquisitez la de conferirle una inquietud estética, donde se evidencia la más burda e inescrupulosa campaña publicitaria. Acaso, lo más lejos que llegó fue la propaganda de un alcalde metropolitano que, en su efímero mandato, forzó a Chávez Frías en el constructivismo soviético de formidable éxito durante la consabida guerra civil española: forzado más en los avisos pagados de prensa que por una inspirada domesticación de los muros urbanos.
Negamos tal inquietud, porque el propósito principal ha sido el de pugnar, acceder y apropiarse del dineral petrolero correspondiente al renglón artístico. Tuvimos ocasión de denunciarlo en la plenaria de la Asamblea Nacional cuando plantearon la acostumbrada solicitud de un crédito adicional, aquella vez relacionado con una fortísima inversión a favor de sendos proyectos cinematográficos y telenovelísticos, cuyos beneficiarios fueron previamente elegidos de acuerdo al personalísimo gusto presidencial.
Además, literalmente interesados por los reales que suelta el traganiquel socialista, poco les importa echar mano de Andrés Eloy Blanco para explotarlo hasta la saciedad, obviando la militancia política que suelen acentuar en otros autores ideológicamente afines. La cultura popular, por cierto, olvidando a Gramsci, se ha erigido en una indecible herramienta de propaganda, por no citar las previas y rentables diligencias realizadas para el reconocimiento de la UNESCO respecto a genuinas manifestaciones populares como la de los Diablos Danzantes o San Benito, intentando confiscarlas.
El control abierto y subrepticio de los museos públicos, constituye otro ejemplo del monopolio de un patrimonio que es del Estado, privilegiada la exposición de las piezas que apuntalen un discurso enteramente político, sin asomo de una particularísima tendencia estética. Una superior, esmerada y cuidadosa atención ha merecido el agresivo, convencional y profuso grafiterismo que, negada toda desviación a lo Banksy, puebla todas las paredes de una propaganda que es de guerra, como si estuviese próxima una invasión a lo Bahía de Cochinos.
Probablemente, el testimonio más radical de tan peculiar realismo socialista, fue la tolerante aparición y consolidación de lo que se denominó Ciudad Saigón en Caracas, epicentro de un masivo y perfeccionado copiado de videos. Años después, nos antojamos, sin responder por los daños causados al histórico lugar que le sirvió de sede a la significativa piratolandia, como si nada hubiese pasado, remodelaron gananciosamente lo que se ha convertido en un exclusivo anfiteatro para distintas actividades, añadidos los mitines presidenciales.
Por consiguiente, versar sobre el realismo socialista en la Venezuela de hoy, poco abona a la conocida experiencia soviética que requirió de avisados críticos que le sirvieron a Stalin para definir la cuadratura del círculo en las artes. La pintura y la música, a guisa de ilustración, sufrieron las consecuencias de una prefabricación de la sensibilidad, optando un Rachmaninov por huir del país que no lo podía escuchar por la densa sombra de la censura.
Se está más cerca del escándalo de Heberto Padilla, que de las elucubraciones estéticas que sobreviven todavía en Corea del Norte o en la misma China. Y más aún, del fracaso de “Amores de barrio adentro” de la dupla Santana-Chalbaud, una brevísima novela que sintetizó un monumental fracaso, excepto el realero con el que contó.
http://www.analitica.com/va/sociedad/articulos/8966655.asp
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