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domingo, 23 de febrero de 2020

RE-CREARSE

Ética y estética de la supervivencia
Luis Barragán

Puede aseverarse, al deterioro de lo material sigue el espiritual (y viceversa).  La psicología social puede aportar luces en torno a la continua degradación humana que trepa sendos y  preocupantes niveles de incongruencia, violencia, agresión, obscenidad.

Hannah Arendt lo advirtió décadas atrás, en una obra que cobra para Venezuela una antes insospechada actualidad. En su célebre compilación, “Los orígenes del totalitarismo”, expresó: "Los hombres, en tanto que son algo más que realización animal y realización de funciones, resultan enteramente superfluos para los regímenes totalitarios. El totalitarismo busca no la dominación despótica sobre los hombres, sino un sistema en el que los hombres sean superfluos" (Taurus, Bogotá, 2004 : 554). Por cierto, en una sesión más o menos reciente de la Asamblea Nacional, alguien citó el libro e, intuyendo que jamás lo había leído, le ripostamos; un testigo cercano, nos aseguró que el dirigente estudiantil, minutos antes, había tomado la cita de Google.

Luego, aun siendo la de la fealdad, el deterioro es portador de una estética de la descomposición e indignidad que intenta relegarnos a la superficialidad, la banalidad, lo pusilánime. Y, por graves y calamitosos que sean los problemas, ayudados por los ”memes” y otros artilugios de la imagen y del video, las redes digitales están pobladas de las doctas opiniones de los más improvisados tecladistas, a veces, alineados (in) voluntariamente en los llamados laboratorios de la guerra sucia.

Una ética y una estética de la dignidad y lucidez, sensatez y persistencia, propias de la resistencia frente a todo un régimen, no sólo se traduce en el texto corajudo, respetuoso y pertinente que podamos aportar, al igual que las imágenes, incluso,  en movimiento. Por ello,  hay un sentido en la defensa de nuestra cotidianidad creadora, a pesar de las condiciones y limitaciones reinantes e, incluso, una profundidad que las desafía: empuñando un pincel, calzando unas zapatillas de ballet, rasgando una guitarra, empleando una pelota de baloncesto, invocando unos versos, acrecentando un comentario que rompe con las estrecheces del pensamiento y de la sensibilidad que procura esto que es algo más que una dictadura.

En el inseguro tránsito por los espacios públicos, a veces, observaos actos que desafían e desorden establecido, anteriormente naturales de recreación. Los reivindicamos en reclamo de las libertades que nos hacen falta, presionando para abrir las compuertas de un distinto horizonte: la otra ética y estética del deterioro.

viernes, 29 de septiembre de 2017

ESPIRITUALIDAD Y LITERATURA

El Nacional, Caracas, 07/10/1977 (!Por vez primera, logramos cuadrar los textos! LB)

domingo, 27 de noviembre de 2016

BROCHAZOS PARA UNA SITUACIÓN INCIERTA

Estética del deterioro
Luis Barragán


Hay sentencias que quedan, como la proferida por Alejandro Mayta en la célebre novela de Mario Vargas Llosa: el deterioro no tiene límites. Solemos creer que ya está pasando lo peor, aunque las evidencias indiquen lo contrario, teniendo por  magnífica fotografía la de una mesa de diálogo que espera por una nueva sesión dizque para enderezar las promesas incumplidas, perdido el proceso revocatorio que la ciudadanía inició con corajudo entusiasmo.

Otra imagen más del artificioso bipartidismo que el régimen ha concebido, diseñado e implementado, cumplimentará a sus defensores del exterior, debilitando o creyendo debilitar la solidaridad de las fuerzas democráticas que temen por el destino de Venezuela. La provechosa mano de pintura sobre una crisis embutida de la peor e interesada confusión, guarda correspondencia con el vasto maquillaje en el que invierte sus mejores esfuerzos de sonero Nicolás Maduro, auto-convencido de sus habilidades.

La única corrección que se permite el gobierno es la convencionalmente estética, disimulando todo  el kitsch que segregan sus realizaciones. Por ejemplo, no debe existir anaquel alguno vacío en el califato biométrico y post-petrolero, por lo que todos los supermercados, abastos y bodegas de ocasión deben rellenarlos con las llamativas bolsas de golosinas que, encarecidas, únicamente piden desempolvarlas, honrando un paisaje de la crisis absolutamente engañoso al primer vistazo.

Las callejuelas, calles y avenidas del país estarán repletas de los motivos propios de la  forzada festividad decembrina, aunque las sepamos despojadas del espíritu navideño que congregaba a creyentes y no creyentes. El trenzado de los postes, como el enmascaramiento de las paredes, hablará de  una salutación de fines de año que burócratas y contratistas de buen puntaje aspirarán a rematar orillados al Sena, sólo por el jugoso negocio gráfico que significa cubrir los caseríos, ciudades y pueblos.

De ilimitado alcance, el deterioro admite una variedad de versiones estéticas de buen o mal gusto. Sin embargo, siempre habrá lo peor, como el injustamente olvidado Presupuesto 2017 que  lleva en sus alforjas la promesa hiperinflacionaria que, así se vista se seda …
28/11/2016:
http://www.noticierodigital.com/2016/11/estetica-del-deteriorohttp://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=52497

domingo, 12 de octubre de 2014

CULTURA DE LA VIOLENCIA

Estética carcelaria
Ox Armand  

Conocí tardíamente a Cúcuta, aún cuando son recurrentes nuestras visitas al estado Táchira desde hace más de treinta años, pero sobran los testimonios de una ciudad que fue referente del crimen, la prostitución, el desorden, la suciedad y la inseguridad que también sorteaban los venezolanos para adquirir los más variados bienes, gracias a la otrora ventaja del cambio monetario. Hoy, nos impresionó por sus ordenados espacios, la confianza rutinaria al transitarlos, e orden y la cordialidad, así como la fortaleza del peso que deja pálido al bolívar. Empero, dos cosas nos llamaron poderosamente la atención: la ausencia de rejas en casas y edificios y, además de su calidad gastronómica, la propia evidencia que muestra un restaurant que tiene por única puerta una lámina de madera y vidrios transparentes, huérfano de santamarias blindadas.

No hay territorio venezolano, por muy apartado que esté, que no exhiba sendos barrotes de hierro forjado, por añadidura, en kioscos y demás tarantines. . Antes, destacados sociólogos especulaban sobre la segregación social de nuestras urbes, pensándola como un abigarrado mapa donde los pobres, los menos pobres, los ricos y los menos ricos, estaban decididamente separados por rejas, muros, alcabalas, alambrados eléctricos, etc. Sin embargo, esto que se pensó como la irrefutable prueba de una citadina lucha de clases, ahora se ve como una expresión natural y compartida de la voluntad de supervivencia frente al hampa que no hace distinción alguna. Podemos aseverar que la aceptación del fenómeno es tal que lo aceptamos en términos claramente estéticos, colándose una concepción carcelaria de la vida cotidiana.

En efecto, en días pasados, me lo contaron y luego lo constaté, los vecinos de un viejo edificio caraqueño, por añadidura, declarado patrimonio arquitectónico de Caracas, pensaron en un ornamento adicional del pasillo común que, por supuesto, está presidido por una gruesa puerta de hierro. El asunto estriba en que, teniendo el enrejado interno de las ventanas que dan al pasillo, decidieron exhibirlo externamente. Mi amigo les argumentó que, detrás, sin que nada les impidiera abrirlos, los cristales le da una mayor vistosidad al pasillo, pues, lo ideal es que las ventanas se vean libres externamente de los barrotes. Y la cosa contribuiría a un disfrute algo minimalista del pasillo que es simultáneamente terraza. Pero no fue posible, y sus vecinos sacaron las rejas, las colocaron y las pusieron como muestra de una belleza adicional. Mi amigo dejó sus ventajas con los los discretos barrotes internos, por si acaso.

Como vemos, las rejas ya forman parte de nuestro sentimiento estético. Y, por más que, conceptualmente, un apartamento o casa tenga posibilidades seguras de una ventana que sea tal, se antoja inaceptable. Ya nos convencimos culturalmente: la estética carcelaria es parte de nuestras vidas.

Fuente:

martes, 28 de enero de 2014

HOJA DE PARRA

Del literal realismo socialista
Luis Barragán


A propósito de la inevitable discusión sobre la violencia y la pretensión gubernamental de responsabilizar directa y exclusivamente a los cada vez más escasos medios independientes de comunicación y entretenimiento, ignoradas hasta las herramientas para evitar la programación tenida por indeseable en el hogar que ofrecen las propias empresas privadas de televisión por suscripción, hay quienes suponen que afrontamos el llamado realismo socialista. Vale decir,  le atribuyen a la dirección del Estado la preocupación, el conocimiento y la sensibilidad por una materia que le exige ir más allá de sus burdas y serializadas consignas de ocasión, amén de una reflexión personal y militante que, por lo menos, simplemente la sea.

El régimen tiene por empeño una versión de las realidades, cuyo origen imputa a la cada vez más remota etapa puntofijista, dibujando la epopeya - en clave militar - de sus presuntos éxitos en década y media de pesada, angustiosa e improvisada gestión. Habla de las realidades que todos sufrimos con la adicional amargura de una censura creciente, creyéndose relevado de toda responsabilidad.

Nos parece una exagerada exquisitez la de conferirle una inquietud estética, donde se evidencia la más burda e inescrupulosa campaña publicitaria. Acaso, lo más lejos que llegó  fue  la propaganda de un alcalde metropolitano que, en su efímero mandato, forzó a Chávez Frías en el constructivismo soviético de formidable éxito durante la consabida guerra civil española: forzado más en los  avisos pagados de prensa  que por una inspirada domesticación de los muros urbanos.

Negamos tal inquietud, porque el propósito principal ha sido el de pugnar,  acceder y apropiarse del dineral petrolero correspondiente al renglón artístico.  Tuvimos ocasión de denunciarlo en la plenaria de la Asamblea Nacional cuando plantearon la acostumbrada solicitud de un crédito adicional, aquella vez relacionado con una fortísima inversión a favor de sendos proyectos cinematográficos y telenovelísticos, cuyos beneficiarios fueron previamente  elegidos de acuerdo al personalísimo gusto presidencial.

Además,  literalmente interesados por los reales que suelta el  traganiquel socialista, poco les importa echar mano de Andrés Eloy Blanco para explotarlo hasta la saciedad, obviando la militancia política que suelen acentuar en otros autores  ideológicamente afines.  La cultura popular, por cierto, olvidando a Gramsci, se ha erigido en una indecible herramienta de propaganda, por no citar las previas y  rentables diligencias realizadas para el reconocimiento de la UNESCO respecto a genuinas manifestaciones populares como la de los Diablos Danzantes o San Benito,  intentando confiscarlas.

El control abierto y subrepticio de los museos públicos, constituye otro ejemplo del monopolio de un patrimonio que es del Estado, privilegiada la exposición de las piezas que apuntalen un discurso enteramente político, sin asomo de una particularísima tendencia estética.  Una superior, esmerada y cuidadosa atención  ha merecido el agresivo,  convencional  y profuso grafiterismo que, negada toda desviación  a lo Banksy, puebla todas las paredes de una propaganda que es de guerra, como si estuviese próxima una invasión a lo Bahía de Cochinos.

Probablemente, el testimonio más radical de tan peculiar realismo socialista, fue la tolerante aparición y consolidación de lo que se denominó Ciudad Saigón en Caracas, epicentro de un masivo y perfeccionado copiado de videos. Años después, nos antojamos, sin responder por los daños causados al histórico lugar que le sirvió de sede a la significativa  piratolandia,  como si nada hubiese pasado, remodelaron gananciosamente lo que se ha convertido en un exclusivo  anfiteatro para distintas actividades, añadidos los mitines presidenciales.

Por consiguiente, versar sobre el realismo socialista en la Venezuela de hoy, poco abona a la conocida experiencia soviética que requirió de avisados críticos que le sirvieron a Stalin para definir la cuadratura del círculo en las artes. La pintura y la música, a guisa de ilustración, sufrieron las consecuencias de una prefabricación de la sensibilidad, optando un Rachmaninov por huir del país que no lo podía escuchar por la densa sombra de la censura.

Se está más cerca del escándalo de Heberto Padilla, que de las elucubraciones estéticas que sobreviven todavía en Corea del Norte o en la misma China. Y más aún, del fracaso de “Amores de barrio adentro” de la dupla Santana-Chalbaud, una brevísima novela que sintetizó un monumental fracaso, excepto el realero con el que contó.

http://www.analitica.com/va/sociedad/articulos/8966655.asp

miércoles, 25 de mayo de 2011

¿HAY UNA MIRADA FEA?


LA ANTIESTÉTICA EN EL ARTE
Juan Carlos Aguirre
(Creado por Los Onirocríticos)

Cuando hablamos de estética en el arte hablamos de belleza. Pero ¿qué ocurre cuando lo bello no aparece en el arte mas sí una cruda realidad que podría llegar a ser feo o desagradable o contrario a la estética?En las distintas disciplinas artísticas la estética vendría a ser como la consecución; el resultado de una obra de arte. Lo contrario a la estética también es arte, pero es la otra cara de la moneda: la estética y la antiestética son arte. Es decir, una obra artística presenta esta dualidad, que podría ser compartida o individual. Compartida, en el sentido de que belleza y fealdad convivan en una obra de arte. Individual, por ser esta la que abarca, en su totalidad, la obra artística. Por ejemplo, en el género de terror o en el de una hermosa sinfonía. Ambos casos, como es lógico, opuestos.Entonces, a la eterna pregunta de ¿qué es el arte? Diremos, pues, que el arte es la representación estética o antiestética de la vida misma. Porque en ella conviven lo hermoso y lo desagradable.Quisiera mencionar dos casos de obras de arte que representan esta dualidad. Primero, la pintura de Vincent Van Gogh ‘Los comedores de patatas’. En ella, se muestra a varias personas comiendo patatas. Estas personas tiene apariencia deforme y la escena se da en un ambiente oscuro. En realidad esta pintura es desagradable y fea siendo sinceros. Pero sigue siendo arte, pues representa a aquellos seres miserables que se alimentan en ese ambiente oscuro y deplorable. La vida misma en los ojos del pintor, del artista.Otro ejemplo que me gustaría mencionar es ‘Las meninas’ de Diego Velázquez. En esta pintura la belleza, lo hermoso y lo sublime se hace evidente a la vista del espectador. Es decir, la estética se representa de manera magistral. Y claro, es arte por los cuatro costados.Inicialmente, el concepto de arte se relacionó mayoritariamente con la belleza o estética. Es con el Marqués de Sade en el romanticismo y, anteriormente, con una parte de los artistas prerrománticos, cuando el concepto de antiestética aparece en el arte. Por citar algunos casos mencionaré a Edgar Allan Poe, Francisco de Goya y Hieronymus Bosch, entre otros.Lo que no se puede y es un error de algunos académicos, es encontrar en la antiestética o la fealdad una estética o belleza. Eso es un craso error de algunos que quieren darle esa facultad para llevarlo al terreno del arte. Cuando no es necesario darle esa facultad porque la esencia de la antiestética no es la belleza, es sencillamente mostrar la realidad tal cual es. Querer encontrar belleza en la fealdad es una tarea absurda. La pintura ‘Los comedores de Patatas’ de Van Gogh, jamás tendrá belleza ni estética. Tampoco implícitamente. Es un error. 'Los comedores de patatas' es arte, en su condición de antiestético. Ocurre que por fuerza queremos encontrar belleza en la antiestética para justificar que es arte. Y vuelvo a insistir en que lo antiestético es arte, y no es necesario darle la facultad de estético. Como dije anteriormente, el arte presenta una marcada dualidad: lo estético y lo antiestético.A lo estético no le hace falta argumentar su condición de artístico. En cambio, a lo antiestético, sí. En este sentido quiero hacer hincapié en que lo antiestético tiene o guarda en sí mismo unos parámetros que lo hacen artístico. Cualquier cosa no es arte. Para que algo sea considerado arte, es imprescindible que la obra en mención transmita algo: una sensación, emoción o haga reflexionar a quien sea testigo u espectador o lector de dicha obra artística.

Nota LB:

Lo tomamos del Facebook, en días recientes.