EL NACIONAL, Caracas, 25 de marzo de 2017
Das kapital del knowhow
Ricardo Hausmann
Hace 25 años que el apartheid llegó a su fin, y 23 desde que el Congreso Nacional Africano asumió el poder en Sudáfrica. Sin embargo, informó el presidente Jacob Zuma en su reciente discurso sobre el estado de la nación, el control continúa estando en manos de los blancos del país.
“Los hogares blancos ganan por lo menos 5 veces más que los negros”, afirmó Zuma, y “solamente 10% de las 100 empresas más importantes de la Bolsa de Johannesburgo son propiedad de sudafricanos negros”. Los blancos todavía representan 72% de los altos directivos. El coeficiente Gini, una forma ampliamente utilizada de medir la desigualdad, no muestra ninguna señal de bajar y continúa siendo uno de los más altos del mundo.
Estos hechos suceden luego de 14 años de un vigoroso programa de potenciamiento económico de la población negra llamado Black Economic Empowerment o BEE, que ha creado diversos tipos de incentivos y limitaciones para impulsar la participación de dicha población en los ámbitos de propiedad, administración, control, capacitación, adquisiciones y emprendimiento. A los propietarios de acciones de raza blanca se les exigió vender acciones a personas negras mediante transacciones que a menudo estuvieron fuertemente apalancadas y fueron financiadas con fondos públicos.
No obstante, afirma Zuma, los resultados están por debajo de la meta que en 1981 fijó el entonces presidente del Congreso Nacional Africano, Oliver Tambo, quien buscaba lograr la emancipación económica a través del “retorno [sic] de la riqueza de la nación al pueblo en su conjunto”. Esta meta debería lograrse mediante una “transformación económica radical”, lo que según Zuma significa “un giro fundamental en la estructura, los sistemas, las instituciones y los patrones de propiedad, administración y control de la economía a favor de todos los sudafricanos, especialmente los pobres, la mayoría de los cuales son africanos y mujeres”. El país necesita enfrentar lo que él y otros han llamado el “capitalismo monopolista blanco”.
Lo que Zuma parece buscar es una radical redistribución de recursos en la dirección sugerida por Julius Malema, líder de los Luchadores por la Libertad Económica y admirador del enfoque chavista de Venezuela. Allí, Hugo Chávez y su sucesor, Nicolás Maduro, nacionalizaron petróleo, acero, cemento, telecomunicaciones, bancos, tierras agrícolas, empresas lecheras y cadenas de supermercados, e invirtieron en empresas mixtas para producir automóviles, artículos electrónicos, electrodomésticos y una miríada de otros bienes. La producción colapsó en todas estas empresas, y las consecuencias para Venezuela han sido catastróficas.
En un mundo donde la desigualdad es un tema de gran importancia y el deseo de un cambio radical es profundo, ¿qué se debería concluir de estas experiencias? ¿Por qué tanto Venezuela como Sudáfrica no han logrado lo que sus líderes buscaban?
Gran parte del pensamiento que inspiró a Zuma, Tambo, Chávez y Maduro se remonta a Marx. Para ellos, y también para algunos intelectuales de hoy, como el economista francés Thomas Pikkety, el mundo económico consiste en dos sustancias fundamentales: capital y trabajo. Los propietarios del capital controlan los medios de producción, lo que les otorga poder sobre la fuerza laboral. La emancipación, como la llamó Tambo, implica el “retorno de la riqueza del país” –la propiedad del capital– a sus legítimos propietarios, ya sea de manera directa o a través de un Estado que los represente.
Sin embargo, el capital, al igual que el futuro, ya no es lo que era antes. Hoy día se ha transformado en un bien barato y abundante. Si uno no lo posee, puede arrendarlo.
Las 40 empresas más grandes que participan en la Bolsa de Johannesburgo son predominantemente “de propiedad” de inversores institucionales extranjeros. Otro 12,5% del mercado es “de propiedad” de la Public Investment Corporation of South Africa, que administra el fondo de pensiones de los empleados públicos. Desde esta perspectiva, el hecho de que en la actualidad inversores individuales de raza negra, según Zuma, sean propietarios de 10% del mercado bursátil es impresionante, dado que no predominan los inversores individuales sino los institucionales. No obstante, la obsesión con la propiedad de capital por parte de los negros, fuera de haber hecho extremadamente ricos a unos pocos plutócratas, no parece estar consiguiendo la “emancipación”.
El problema reside en que la producción no requiere solo de capital y trabajo, sino también de knowhow, un factor de la producción ignorado por Marx y sus seguidores. El knowhow es la capacidad de realizar tareas específicas. Existe exclusivamente en los cerebros, y su diversidad, que incluye cocineros, auditores, plomeros, quiroprácticos y diseñadores de sitios web, es increíble.
El knowhow se transmite y se acumula de manera lenta, principalmente en el trabajo, a través de un proceso prolongado de imitación y repetición: se aprende haciendo. Un aspecto positivo de la política de BEE en Sudáfrica es que requiere que las empresas contraten equipos de ejecutivos y trabajadores de mayor diversidad racial para permitir que grupos que alguna vez estuvieron excluidos participen en el proceso de acumulación de knowhow.
Sin embargo, es imposible crear a un gerente con 20 años de experiencia de la noche a la mañana. Por muy radical que sea la transformación que se desea lograr, el knowhow no se puede expropiar ni nacionalizar. Tampoco se lo puede extraer, como los dientes, de los cerebros que lo poseen.
Pero el knowhow puede ser despedido, como lo hizo Chávez con 300.000 años de experiencia en la industria petrolera en 2003. También puede ser ahuyentado, como ha sucedido con más de 500.000 personas de raza blanca en Sudáfrica. Y se puede impedir su ingreso, por ejemplo, a través de las estrictas políticas migratorias y laborales de dicho país.
Cuando se rechaza el knowhow, la producción colapsa, como sucedió en Venezuela y en Zimbabue. El problema no solo afecta a las empresas que existen, sino también a las que no existen, ya sea porque nunca fueron creadas o porque no lograron crecer (de haberlo hecho, en Sudáfrica no faltarían los 9 millones de empleos que la gente anda buscando).
Sudáfrica corre el riesgo de seguir los pasos de Zimbabue, Venezuela y Argelia, donde gobiernos revolucionarios o posindependencia heredaron un stock de knowhow ubicado en los cerebros de personas que tal vez no eran del agrado de los nuevos líderes. El knowhow se usa o se pierde; y el intento de lograr una “transformación radical” implicó perderlo, mediante la emigración y la exclusión. En el proceso, el knowhow se hizo más escaso, con lo cual su precio aumentó y la sociedad se volvió más pobre y también más desigual. La tentativa de “retornar la riqueza al pueblo” terminó por empobrecerlo.
La alternativa es superar las divisiones del pasado creando una nueva y más inclusiva definición del “nosotros”, que reconozca la contribución potencial del knowhow existente, en los cerebros en que existe, y que asegure que este se puede traspasar a un segmento más amplio de la sociedad a través del tiempo. En última instancia, la cuestión es si Sudáfrica, al igual que Zimbabue, se considera una nación africana de población negra con unas pocas impurezas, o la “nación arco iris” que promovió Nelson Mandela, un país más fuerte porque aprovecha su knowhow y celebra su diversidad.
Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/das-kapital-del-knowhow_87052
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domingo, 26 de marzo de 2017
domingo, 15 de diciembre de 2013
INVENTARIO
EL NACIONAL - Domingo 15 de Diciembre de 2013 Opinión/8
El evangelio según Chávez
RAÚL FUENTES
Sugería Flaubert, en su Diccionario de lugares comunes, denigrar de la Academia y, al mismo tiempo, aconsejaba que se intentase pertenecer a ella, si se podía. No creo verosímil que Maduro, ni su antecesor, el teniente coronel Chávez, hayan tenido noticias de ese catálogo de tópicos compuesto con agudeza por el autor de Madame Bovary; pero sí llama la atención el empeño de estos sujetos en estigmatizar organismos y encuentros internacionales de fundamentada reputación o trascendencia cuando, como se dice prosaicamente, no aguantan dos pedidas para aceptar ser figurantes y comparsas en ellos. Hay, sin embargo, que diferenciar entre el entremetimiento del comandante eterno, que sí materializaba con su presencia en los mismos su condición de safrisco, y la sistemática dubitación hamletiana de Nicolás quien, de modo irresponsable, termina sacándole el cuerpo a citas concertadas en nombre de la República. Amenazó con cantar las cuarenta en la pasada Asamblea General de la ONU y fue notoria su defección; declaró cariacontecido que viajaría a Pretoria para rendir postrer tributo a Nelson Mandela y terminó enviando a su vicepresidente. Tal vez haya sido mejor así y nos haya evitado un ¡qué pena con ese señor! El habernos ahorrado un papelazo en Suráfrica mereció, en contrapartida, el que hayamos debido sufrir a todo lo largo de esta semana el incesante cacareo triunfalista del oficialismo, intentando tapar el sol con un dedo y magnificando su pírrica victoria en el país rural, ese que (invoquemos otra vez a Montejo) "no termina de enterrar a Gómez", y no admite que un sector cada vez más nutrido de la sociedad se decanta por la modernidad y rechaza su regresiva propuesta, la cual ahora gravita en torno a los dogmas revelados en un evangelio llamado Plan de la Patria, una sarta de vaguedades pergeñadas, al parecer, por el mismísimo Chávez como plataforma para "la gestión bolivariana socialista 2013-2019",que al principio causó estupor y después fue objeto de chercha, entre cuyos "objetivos nacionales e históricos" se propone "contribuir al desarrollo de una nueva geopolítica internacional en la cual cobre cuerpo un mundo multicéntrico y multipolar que permita lograr el equilibrio del universo y garantizar la paz planetaria". Y remata estableciendo su decisión de "contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana". ¡Óyeme, tú! Esta delirante compilación de frases hechas y consignas engañabobos es la que Cabello ha ponderado como "el documento más importante después de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela", una deleznable y adulante hipérbole que, dada la estatura intelectual de quien la emite, debe juzgarse como cantinflérico derroche de falta de exceso de ignorancia. Ese documento, que querían hacer ley (pero recularon porque no se puede caer en tan desmedido ridículo), es un panfleto preñado de lugares comunes que hubiese podido servir de inspiración a Flaubert para retratar a ese entrañable par de imbéciles que llamó Bouvard y Pécuchet.
Si de verdad estos patoteros que han secuestrado la cosa pública creen lo que están diciendo, debe asumirse como "normal" que Maryann Del Carmen Hanson Flores, actual minpopo para la Educación, acepte delegar en un temerario e ignaro chafarote la redacción de textos fundamentales para la formación escolar y permita una sistemática revisión y actualización del pasado para adecuarlo a ese presente sin futuro que hace de la patria, si no un chiste, un gimmick publicitario; y que, como si fuese poca la piratería demostrada por esta funcionaria en materia curricular, se atreve a diagnosticar como alienados a los varios millones de venezolanos que, en los grandes centros urbanos, hicieron sentir su voz, a través del voto, para decirle no va más al chavismo.
Es hora de pensar en serio que el país está siendo conducido no por políticos, sino por aventureros sin escrúpulos que han aceptado someterse al tutelaje de una Cuba subdesarrollada en lo económico, pero altamente sofisticada en lo político, cuyos dirigentes tienen muy claro que, como decía George Orwell: "No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace la revolución para establecer una dictadura"; es hora de pensar con sensatez en estrategias para enfrentar las sandeces y vacuidades rojas con ideas convincentes que, expresadas con la belleza inherente a la sencillez, puedan aglutinar en torno al proyecto unitario a quienes, en un momento dado, se embelesaron con el discurso oficial. Tengamos presente que a Maduro no lo disfrazan las imposturas, sino que lo desnudan. Es hora de registrar el evangelio según Chávez en el inventario de las estupideces humanas.
Ilustración: http://ovario2.com/caricaturas-destacadas-2/
El evangelio según Chávez
RAÚL FUENTES
Sugería Flaubert, en su Diccionario de lugares comunes, denigrar de la Academia y, al mismo tiempo, aconsejaba que se intentase pertenecer a ella, si se podía. No creo verosímil que Maduro, ni su antecesor, el teniente coronel Chávez, hayan tenido noticias de ese catálogo de tópicos compuesto con agudeza por el autor de Madame Bovary; pero sí llama la atención el empeño de estos sujetos en estigmatizar organismos y encuentros internacionales de fundamentada reputación o trascendencia cuando, como se dice prosaicamente, no aguantan dos pedidas para aceptar ser figurantes y comparsas en ellos. Hay, sin embargo, que diferenciar entre el entremetimiento del comandante eterno, que sí materializaba con su presencia en los mismos su condición de safrisco, y la sistemática dubitación hamletiana de Nicolás quien, de modo irresponsable, termina sacándole el cuerpo a citas concertadas en nombre de la República. Amenazó con cantar las cuarenta en la pasada Asamblea General de la ONU y fue notoria su defección; declaró cariacontecido que viajaría a Pretoria para rendir postrer tributo a Nelson Mandela y terminó enviando a su vicepresidente. Tal vez haya sido mejor así y nos haya evitado un ¡qué pena con ese señor! El habernos ahorrado un papelazo en Suráfrica mereció, en contrapartida, el que hayamos debido sufrir a todo lo largo de esta semana el incesante cacareo triunfalista del oficialismo, intentando tapar el sol con un dedo y magnificando su pírrica victoria en el país rural, ese que (invoquemos otra vez a Montejo) "no termina de enterrar a Gómez", y no admite que un sector cada vez más nutrido de la sociedad se decanta por la modernidad y rechaza su regresiva propuesta, la cual ahora gravita en torno a los dogmas revelados en un evangelio llamado Plan de la Patria, una sarta de vaguedades pergeñadas, al parecer, por el mismísimo Chávez como plataforma para "la gestión bolivariana socialista 2013-2019",que al principio causó estupor y después fue objeto de chercha, entre cuyos "objetivos nacionales e históricos" se propone "contribuir al desarrollo de una nueva geopolítica internacional en la cual cobre cuerpo un mundo multicéntrico y multipolar que permita lograr el equilibrio del universo y garantizar la paz planetaria". Y remata estableciendo su decisión de "contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana". ¡Óyeme, tú! Esta delirante compilación de frases hechas y consignas engañabobos es la que Cabello ha ponderado como "el documento más importante después de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela", una deleznable y adulante hipérbole que, dada la estatura intelectual de quien la emite, debe juzgarse como cantinflérico derroche de falta de exceso de ignorancia. Ese documento, que querían hacer ley (pero recularon porque no se puede caer en tan desmedido ridículo), es un panfleto preñado de lugares comunes que hubiese podido servir de inspiración a Flaubert para retratar a ese entrañable par de imbéciles que llamó Bouvard y Pécuchet.
Si de verdad estos patoteros que han secuestrado la cosa pública creen lo que están diciendo, debe asumirse como "normal" que Maryann Del Carmen Hanson Flores, actual minpopo para la Educación, acepte delegar en un temerario e ignaro chafarote la redacción de textos fundamentales para la formación escolar y permita una sistemática revisión y actualización del pasado para adecuarlo a ese presente sin futuro que hace de la patria, si no un chiste, un gimmick publicitario; y que, como si fuese poca la piratería demostrada por esta funcionaria en materia curricular, se atreve a diagnosticar como alienados a los varios millones de venezolanos que, en los grandes centros urbanos, hicieron sentir su voz, a través del voto, para decirle no va más al chavismo.
Es hora de pensar en serio que el país está siendo conducido no por políticos, sino por aventureros sin escrúpulos que han aceptado someterse al tutelaje de una Cuba subdesarrollada en lo económico, pero altamente sofisticada en lo político, cuyos dirigentes tienen muy claro que, como decía George Orwell: "No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace la revolución para establecer una dictadura"; es hora de pensar con sensatez en estrategias para enfrentar las sandeces y vacuidades rojas con ideas convincentes que, expresadas con la belleza inherente a la sencillez, puedan aglutinar en torno al proyecto unitario a quienes, en un momento dado, se embelesaron con el discurso oficial. Tengamos presente que a Maduro no lo disfrazan las imposturas, sino que lo desnudan. Es hora de registrar el evangelio según Chávez en el inventario de las estupideces humanas.
Ilustración: http://ovario2.com/caricaturas-destacadas-2/
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Raúl Fuentes
jueves, 5 de diciembre de 2013
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