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miércoles, 8 de enero de 2020

¿PONCHE EN CAMINO?

¿Podrían Los Tiburones ser sancionados por la Ofac si juegan en el nuevo estadio de Carneiro?
  
Hace pocos días la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC) anunció que seis de los ocho equipos de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional (LVBP) tendrían permiso para ingresar a su roster a jugadores afiliados a la Major League Baseball (MLB) tras las sanciones efectuadas por parte del gobierno de los Estados Unidos al régimen de Nicolás Maduro.

Esta información fue reafirmada por la propia MLB, quien a través de un comunicado informó que sus toleteros podrían venir a Venezuela tan pronto iniciaran los playoffs este mes de enero de 2020.

“Los jugadores afiliados al sistema” de Major League Baseball (MLB) ya están habilitados”, anunciaron en un comunicado.

Fuente:
Cfr.

lunes, 21 de octubre de 2019

¿TODO SE PUEDE DESPACHAR COMO UN RESENTIMIENTO SOCIAL?

Tratado elemental de ética
Luis Barragán

Quizá por la vieja mentalidad rentista que el petróleo heredó y agudizó, todos sospechamos de la riqueza material ajena. Bastará un detalle apenas sobresaliente para criminalizarla, activando el resentimiento social. 

Por cierto, resentimiento que explica al régimen actual que lo ha explotado en todas sus facetas, intentando por siempre el factor racial o étnico, con el seguro auxilio de los psicólogos sociales que poco o nada desean saber de la lucha de clases, por más socialista que lo digan. Paradoja ésta que oculta, o dice ocultar,  la inescrupulosa especialización y afinación  de un dominio cada vez más brutal, las consabidas extravagancias de los elencos del poder descontentos con el solo saqueo del erario público,  y el consabido asesinato de los pemones, cuyas vidas valen menos que los sórdidos negocios amparados por la censura. No obstante, es necesario señalar que el resentimiento tan interesadamente cultivado no existe al tratarse de nuestros deportistas profesionales, celebrados como aquellos industriales  que, en las centurias pasadas, trataban de abrirse paso, con esfuerzo propio, ante los importadores de toda suerte de bienes que gozaban de una ventajosa licencia gubernamental, haciendo de las aduanas el gran hogar.

Los beisbolistas, por ejemplo, aunque hayan firmado por las más modestas cifras, gozan de un amplio reconocimiento social, excepto los muy contados que, innecesariamente,  incursionaron en el ámbito oficialista y sus despiadadas manipulaciones para retener una alcaldía y garantizar, así, la supervivencia y la turbiedad clientelares, o  - simplemente – para realizarse como trofeos publicitarios. Aquéllos,  por elevadas que sean sus condiciones de vida, cuidan de la admiración y confianza que generan, sobre todo, en las más recientes generaciones; y éstos, traicionan la confianza por el atajo fácil de la adulación.

¿A qué se deberá el fenómeno que no da alcance a otros ámbitos del quehacer social?, ¿por qué no reciben las consabidas dosis de amargura trastocadas en un singular hábito de inculpación a  terceros por  el infortunio personal?, ¿no cuentan con una fuerza moral de importantes proyecciones pedagógicas? Son algunas de las preguntas olvidadas a la hora de sentenciar nuestras desgracias, amilanados, como nunca antes, por más petrolero que juremos al país.

Al respecto, sostenemos una doble convicción, pues, por una parte, públicamente sabido, todos tenemos la certeza del origen de sus bienes y, lejos de condenarlos, aceptamos y premiamos el esfuerzo sostenido y sacrificado por una continua excelencia deportiva, además, probada a diario en una limpia y leal competencia.  Todo ha partido del providencial y temprano descubrimiento de una vocación orientada al perfeccionamiento del talento natural, traducido en una trayectoria transparente que no depende de las sabidos favores o concesiones graciosas que reinan en otros oficios, por lo que el propio estilo de vida raras veces es cuestionado.

Estilo de vida, por otra parte, si se quiere, moderado o austero, fundado y valorado por el trabajo que no admite o minimiza los deslices, además, comprobadas las capacidades extraordinarias para el aprendizaje con independencia del estrato social de origen.   La aseveración tiene importantes implicaciones, porque se les concede la libertad para hacer con sus bienes lo que lícitamente les venga en gana, añadido el voluntario y nada bullicioso sostenimiento de fundaciones de solidaridad social, sabiéndose nacidos en  un país hundido inmerecidamente en el  pentamundismo. 

Normal el asalto de las tentaciones, la prudencia es una característica importante. Y no sólo por el convencimiento personal alcanzado, sino porque la corporación  beisbolística también marca sus pautas, pues, varias veces podemos disfrutar del video y conmovernos con el batazo que le permitió a Pete Rose romper el récord de imparables, pero- dato en nada despreciable -  él  está justa y vitaliciamente sancionado por las apuestas que acostumbraba.

Un destacado elenco de jugadores tiene un militante rechazo por  la dictadura y, en ocasiones, así lo manifiestan, evitando entrar en la diaria diatriba política. Intuyen y se saben con responsabilidades muy severas, más allá del juego.

No  ofrecemos una versión idílica del desempeño profesional y cívico de los deportistas de alta competencia, aunque dan lecciones necesarias para los políticos de grave desempeño, cuyas conductas inexorablemente permean, por lo que el asunto no puede despacharse tan fácilmente como un caso de resentimiento social o algo parecido. Detrás o delante del home plate, se escribe y vive un tratado elemental de ética que debe apuntar a la otra transición indispensable.

21/10/2019:

Reproducción: Portada de Élite, Caracas, nr. 373 del 05/11/1932. Cfr. http://lbarragan.blogspot.com/2013/01/noticiero-retrospectivo.html

viernes, 18 de octubre de 2019

HONESTIDAD

Érase Julio Pocaterra
Guido Sosola

La historia habla por sí sola y, sobre todo, cuando hay eso que algunos llaman consenso historiográfico. Estos son tiempos de una insólita ligereza frente a un régimen que nos trastocó en la más íntima profundidad de los valores  y principios. Y perdonen la cita curera, pues, en algún documento, Pablo VI aseguraba que no se combate e mal con el mal.

Por septiembre de 1948, Rómulo Betancourt decidió viajar a Estados Unidos y, no por casualidad, lo hizo con dos de los dirigentes que olfateó como de los mejores prospectos de Acción Democrática. De no llegar el consabido golpe de Estado, seguramente no hubiesen esperado doce años más tarde para zanjar las diferencias netamente ideológicas, en el caso de Domingo Alberto Rangel, o netamente políticas, en el de Raúl Ramos Giménez.  Uno y otro, era promesas ciertas en el horizonte venezolano y bien merecían la atención del líder octubrista, incluyendo un partido de béisbol en el propio Nueva York. Por supuesto, no era pecado hacerlo porque no tenían por hábito el pecado original, como diría Santo Tomás de Aquino en su Suma Teológica, cosa que dejamos a los entendidos. Y es que tampoco lo era, porque el país no estaba pasando hambre como ahora y cualquiera podía escuchar acá la transmisión del juego quizá en la voz de Buck Canel, aquél del “no se vayan que esto se pone bueno”, así fuese en el aparato radial del botiquín de la Elorza ahora ocupada por los irregulares. Pero, además, por dos razones adicionales: por una parte, Betancourt mismo propició la publicación de la gráfica, en un modesto palco del viejo Yankee Stadium, ganado simpatías por el gesto, calmando a propios y extraños, a los adecos que aspiraban a sus diligencias de pacificación interna y, a resto, que reclamaban que dejase gobernar a Rómulo Gallegos. Por la otra, la m´s poderosa, es que Rómulo hablaba claro y generaba confianza.

Lo primero que hizo Betancourt al subir al poder, fue declarar sus bienes. Lo primero que hizo al descender del poder, fue declarar sus bienes.  Todo el mundo sabía lo que tenía en los bolsillos, como todo el mundo estaba enterado que Julio Pocaterra lo financiaba en la medida de sus posibilidades y, por cierto, el consulado en Estados Unidos fue más un reconocimiento a la lealtad y a la habilidad política para alguien que tenía centavos desde años ha, en lugar de tupirlo con miles de contratos, utilizarlo como testaferro para comprar periódicos o de asegurarse la construcción de la Ciudad Universitaria o de la Avenida Bolívar que estaban en la cola. Pérez Jiménez hizo lo indecible para demolerlo moralmente pero no pudo.

Además, efue el mismo Julio Pocaterra el que pagó los boletos y la estadía de Betancourt  y Raúl Leoni en Washington, cuando fueron a hablar con Diógenes Escalante. Todo el mundo lo sabía, a nadie se le escondió y, al regresar, volvieron a sus oficios de supervivencia, algunos con más churupitos que otros, como Leoni el litigante o Luis Beltrán Prieto como el librero, mientras que Betancourt  vivía de la caza y de la pesca para mantener a la familia y, a la vez, sacar adelante a su partido. Por cierto, medio siglo más tarde, un antiguo y fiero adversario, como Manuel Caballero, editado por Los Libros de la Catarata, casa libre de toda sospecha, comentaba que, en su segundo turno en el poder, por más que pudiera utilizar los fondos miraflorinos, el presidente Betancourt viajaba en asuntos de Estado con su esposa y, no obstante, él se aseguraba de pagarle el boleto de su propio bolsillo. Una vueltica por la quinta Pacairigüa, valga la acotación, una casa comprada por ss amigos a quien no la tenía, casi finalizando el ´XX,  nos impone de un lugar absolutamente modesto, sencillo, austero.

Se nos ocurre como un buen ejercicio, el histórico, para apreciar lo que ahora ocurre. Hay algo que huele mal en Dinamarca y de esto no tenemos duda alguna.

18/10/2019:

domingo, 15 de julio de 2018

REFERENCIAS ËTICAS

Vizquel y el derecho al optimismo
Luis Barragán


Ya ni siquiera teledeportistas, hemos perdido la capacidad de afición sobre el juego. En los momentos preliminares de una jornada de trabajo, los compañeros de mesa intercambiaron opiniones en torno al desarrollo del Mundial de Fútbol y el posible equipo ganador, percatándonos nuevamente del desinterés personal en una materia que apunta a un derecho humano: el de la distracción o recreación.

Rectificación aparte, la que nos debemos a nosotros mismos, días atrás circuló en las redes el breve video de la incorporación de Omar Vizquel al Salón de la Fama de los Indios de Cleveland. Justo reconocimiento que nos llena de orgullo,  nos llevó al país que hizo posible una figura tan estelar del béisbol, imposible de perder a pesar de las duras y prolongadas circunstancias impuestas por el socialismo de las demoliciones.

Por lo pronto, versamos sobre un referente ético de la venezolanidad. Al exceso de cizaña, por encima del trigo, en otros ámbitos, se contrapone la virtud de los deportistas profesionales que, muy escasamente, protagonizan noticias lamentables en la vida pública y personal. Expresando un mínimo deseable de parámetros, desenvolviéndose con la espontaneidad necesaria, llevan – precisamente – una vida ordenada, respetuosa y respetable, intactas sus querencias por el país que los vio nacer, incurriendo en actos de desprendimiento o altruismo de los que, poco o mucho, se sabe.

Resentimiento alguno generan sus exitosas carreras deportivas, por elevadas que fuesen las cifras de una fortuna que no ocultan, ni pueden ocultar a la opinión pública, más allá de las entidades tributarias oficiales. Al contrario, se les reconoce como un legítimo premio al talento natural, al esfuerzo, la disciplina, el aprendizaje, la humildad y la persistencia, siendo limpios competidores en una limpia competencia atestiguada por centenares de miles de personas.

La trayectoria de Vizquel, acreedor de récords en diferentes departamentos de un área de fildeo que tiene a tan insignes predecesores venezolanos, es motivo de una enorme satisfacción para sus coterráneos, ajenos o no al béisbol. Nos levantó la moral el acto de reconocimiento en un estadio que lo aplaudió y lo celebró, recobrando el derecho al optimismo que no demuelen ni demolerán los  inútilmente ociosos que dicen gobernarnos.

15/07/2018:
http://guayoyoenletras.net/2018/07/15/vizquel-derecho-al-optimismo/

domingo, 3 de septiembre de 2017

(DES) ALINEACIÓN DE ALFILES

¿Cuán redonda es la pelota?
Luis Barragán


Un vistazo a las reservas internacionales de Venezuela, aún la no operativas, puede llevarnos a la consternación. La debacle ha sido gigantesca, gracias a un régimen que, insigne productor de papeles, tiene por único objetivo el de cumplir con sus pagos para evitar que se estreche aún más el cerco, sacrificando al resto  de la población. No obstante, el default, término ya entregado a la diaria jerga, se acerca como el indeseable detalle que faltaba.

Escasas las divisas, rasgadas las vestiduras por su pretendida vocación social, la prioridad ha sido – además – la importación de armas y equipos antimotines, mas no la de los alimentos y medicamentos que marcan nuestra más sentida urgencia. Y, luego, no por casualidad, se encuentra la preferencia por el espectáculo que también ayude a olvidar que las empresas aéreas y farmacéuticas, entre otros rubros, se han largado con sus  abultadas acreencias en pie.

Por ello, nada debe sorprender la concesión de más de nueve millones de dólares a la Liga Venezolana de Béisbol Profesional para que intente distraernos por breves meses, como tampoco ocurrió con los festivales musicales de la alcaldía menor de Caracas que no pudo – así -  neutralizar la indignación y rabia de sus sufridos habitantes, evaporando cuantiosos recursos. Poco o nada se sabe de las facilidades concedidas en otros ámbitos, aunque – valga la ocasión – nuestros atletas ya no tienen la oportunidad de viajar al exterior, ofreciendo el mismo Maduro Moros el avión presidencial como un inmenso favor a agradecer, para transportar – por supuesto – a una minoría de comprobados afectos a su causa.

Pocas dudan caben del fervor beisbolístico del país, pretendiendo la dictadura reanimarlo a cualquier precio para romper el ambiente generalizado de luto, tácito o expreso, tras las exageradas e injustas faenas represivas de los últimos meses y por la desesperada situación que reina literalmente en todos los hogares, excepto los de los privilegiados del poder.  Entendiéndola como propietaria, al parecer, la Organización Cisneros ha decidido que los Leones del Caracas no concursarán en el próximo campeonato,  bien porque tendrá que lidiar y sujetarse al cupo de divisas que reporte una intención adicional,  bien porque será una pérdida poco significativa en un mercado decaído o, en definitiva, porque no ha alineado sus supuestos alfiles políticos.

Lo curioso es que versamos sobre un espectáculo que tiene naturales vínculos con el capitalismo deportivo estadounidense que procuró no tocar ni con el pétalo de una rosa el Chávez Frías que, realizando un sueño enteramente personal, si mal no recordamos, enfundado con el uniforme reglamentario, hizo el lanzamiento inaugural de un juego en el norte, cosa de la que nunca se enteraría aquél gobernador carabobeño que se antojó con el Magallanes, años ha.  Valga acotar, no hay noticias del fondo creado por la Ley Orgánica del Deporte que, en el pasado período legislativo, fue aprobado con un entusiasta consenso, obligando al  suscrito salvar el voto.

Reproducción parcial: Otro país, otros protagonistas, otros tiempos. Portada Momento, Caracas, nr. 237 del 27/01/1961.
04/09/2017:
http://guayoyoenletras.net/2017/09/03/cuan-redonda-la-pelota/

domingo, 25 de septiembre de 2016

JUEGO DE PALABRAS

EL NACIONAL, Caracas, 25 de septiembre de 2016
El lenguaje deportivo
Rodolfo Izaguirre

Miguel Otero Silva dijo una vez que los mejores periodistas de El Nacional eran los comentaristas deportivos porque no trataban de hacer literatura. No dijo que su mayor afición era el gusto por el eufemismo, el empeño de no mencionar las cosas por sus nombres. Los pájaros rojos, por ejemplo, son los Cardenales de San Luis y los corsarios son los Piratas de Pittsburg. Los patiblancos son los Medias Blancas de Chicago y los patirrojos los Medias Rojas de Boston. En cambio, la organización “lupulosa” no puede ser otra que la de los Cerveceros de Milwaukee.
El careta es el catcher o receptor; el camarero es la segunda base y Luis Aparicio el “residente de Coppertown”, la ciudad del estado de Nueva York donde está situado el Salón de la Fama Nacional de Beisbol. El bate es el madero. Un bambinazo es un home run: una manera de recordar a Babe Ruth, a quien llamaban el Bambino. Los capitalinos son los Nacionales de Washington y la “novena de la Gran Manzana” señala, desde luego, a los Mets de Nueva York porque los Mulos de Manhattan siempre han sido los Yankees de Nueva York. Un cerrador bengalí es un lanzador de los Tigres de Detroit que logra terminar un juego iniciado por otro pitcher. Los Rangers de Texas son los Vigilantes, o los Rancheros. Nueva York es “la ciudad que nunca duerme” y una raqueta alude, exclusivamente, al jugador de tenis. Al Atlético Nacional de Medellín se le llama “el conjunto verdolaga” y un “as monticular” es un lanzador de éxito situado siempre en la “lomita” que es el ligero promontorio del beisbol desde donde se lanza la pelota. Los nautas, la rotación nauta, alude a los Marineros de Seattle. Porque los Siderales tienen forzosamente que ser los Astros de Houston.
“El mascotín” identifica al inicialista o jugador de la primera base por ser el único que en lugar del guante o mascota usa un mascotín. La novena de los peces designa a los Marlins de Miami y los cuáqueros son los Filis de Filadelfia.
Los Reales de Kansas City son llamados los monarcas porque son los actuales campeones mundiales de la gran carpa y son varios los lanzadores venezolanos que quieren ser reyes en esa carpa. En la liga venezolana, los pájaros rojos son los Cardenales de Lara; en cambio, los escarlatas son los Rojos de Cincinnati, y “el bullpen osezno” es el lugar en el campo de beisbol donde los lanzadores de los Cachorros de Chicago calientan su brazo antes de que empiecen a lanzar.
¡No siempre resulta fácil descifrar este lenguaje! Puede serlo para mí, que jugué al beisbol con relativo éxito cuando fui adolescente y estoy más o menos familiarizado. Me desempeñé sucesivamente como tercera base, centerfielder y pitcher en el equipo del colegio, e imitaba a un lanzador americano contratado por el Magallanes llamado Sam Nahem. Era abogado, lo que cautivaba entonces mi admiración, y usaba lentes. Yo mismo tuve que usarlos y para lucirme los mandé a hacer “al aire”. Eran demasiado frágiles y sifrinos y comencé a tener miedo a la pelota sobre todo si se trataba de un rolling porque puede la pelota hacer un “extraño”, es decir, saltar inesperadamente hacia otro lado en el momento en que se cree haberla atrapado y golpearle a uno en la cara, romper los anteojos y lesionar severamente un ojo. Y el miedo se fue apoderando de mí hasta convertirme en un mal jugador. Animé al Magallanes desde sus reinicios en los años cuarenta cuando se le llamaba “el equipo eléctrico” porque su patrocinador, Carlos Lavaud, era dueño de una tienda de electrodomésticos en la esquina de San Jacinto cerca de la casa natal de Simón Bolívar. Fue el tiempo de Vidal López, Dalmiro Finol, Chucho Ramos, Víctor Davalillo, Chico Carrasquel, Camaleón García, Benítez Redondo, Tirahuequito Machado... En el examen de Derecho Constitucional, uno de los alumnos dijo una barbaridad y Jóvito Villalba el examinador, molesto, preguntó: Bachiller, ¿de dónde sacó Ud. eso? El muchacho, tratando de engañar a Villalba mencionó a Jim Pendelton, un centerfielder del Magallanes, y Villalba enfurecido mostró que era buen conocedor del beisbol.
¡Fui magallanero hasta que supe que Hugo Chávez también lo era! Entonces dirigí mi atención hacia las Águilas del Zulia, bien lejos de Caracas. ¡He vuelto al equipo navegante! Pero al final, terminé alejándome del beisbol porque comencé también a sentir aversión hacia los jugadores: mastican y escupen todo el tiempo, son feos y gordos, tardan mucho en lanzar la pelota y no siempre atinan al hacerlo. ¡Prefiero las coreografías del Barsa, la destreza de Roger Federer o la belleza de María Sharapova!
Un lector poco entrenado puede perderse leyendo las crónicas deportivas plagadas de esta singular manera de llamar a las cosas no por su nombre sino con palabras a las que pudieran asociarse. Ebrio, para no decir borracho; invidente, por ciego; conductor de la unidad, por chofer; galeno, por médico; “compatriota” cada vez que el presidente Pastrana se refiere a Nicolás Maduro.
También resultará más fácil descifrar los nombres o apodos que construir un nuevo estadio para Caracas si consideramos lo que afirma Ignacio Serrano en El Nacional del jueves 21 de julio de 2016. “El Estadio Universitario es un mal necesario”, escribe. Llegar a él es una tortura los días de juego. Muchos baños suelen estar cerrados y son un asco y las gradas de las tribunas son más cómodas que las sillas vip.
Se critica al Magallanes y a los Leones no haber construido su propia sede. Leones y Tiburones, sumados como equipos, costaron 12 millones de dólares. Ni siquiera vendiéndolos al triple, podría edificarse un estadio. ¡Lo que cuesta construirlo paraliza cualquier entusiasmo! Gracias a Ignacio, nos enteramos de que el actual estadio de los Rangers de Texas costó 1.150 millones de dólares. El de los Bravos de Atlanta, 492, y el nuevo Yankee Stadium costó 2.300 millones de “verdes”. Llamo así el dólar para irnos familiarizando con los eufemismos del lenguaje deportivo.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/rodolfo_izaguirre/lenguaje-deportivo_0_926907362.html

viernes, 10 de abril de 2015

LAS COSTURAS DE UNA PELOTA

EL PAÍS, Madrid, 1o de abril de 2015
TRIBUNA
Trópico de béisbol
En la falsa creencia de que se trata de un juego introducido por las intervenciones militares de EE UU, el chavismo ha provocado la decadencia de un deporte que ofrecía oportunidades a jóvenes venezolanos
Ibsen Martínez 

Muchos en la cuenca del Caribe y en Europa y el sur de nuestro continente dan por sentado que el béisbol llegó a nuestros países como resultado de las innumerables intervenciones militares estadounidenses en la región, a comienzos del siglo XX. Es un hecho, sin embargo, que no fue el cuerpo de marines yanqui el que nos trajo el juego.
El hombre que llevó a Cuba el primer bate y la primera pelota se llamó Nemesio Guilló. Hablamos ¡de 1864!: la Guerra de Secesión americana no terminaba aún y los cubanos todavía eran súbditos de la Corona española.
Nemesio fue uno de los tres “niños bitongos” enviados por sus acaudalados padres a estudiar en una universidad (el Springville College) de Mobile, Alabama, en 1858. Para 1868, Nemesio Guilló había fundado ya un equipo de pelota —el Habana Base Ball Club— que derrotó, en juego amistoso, a la tripulación de una goleta mercante estadounidense.
Sin embargo, el equipo no tuvo tiempo de festejar la hazaña: se vio obligado a pasar a la clandestinidad, pues aquel mismo año estalló la primera y frustrada guerra de independencia cubana —llamada “de los Diez Años”, o “guerra chiquita”— y las autoridades españolas prohibieron la práctica del juego.
La juventud independentista cubana prefería militantemente el béisbol a las corridas de toros: en estas había que rendir formal pleitesía colectiva a las autoridades de la Corona española. Poniendo a salvo cuán entretenido y excitante pueda resultar “la pelota”, es fácil comprender que los independentistas cubanos atribuyeran al béisbol, frente a la tauromaquia y la decadencia de la monarquía, un valor simbólico asociado a la modernidad, a ideas de libertad e igualitarismo.
Muchos de los mejores jugadores han dejado su país para vivir en Estados Unidos
Como venezolano, crecí en la errónea creencia de que el béisbol vino a nuestro país junto con los primeros petroleros gringos. Hoy sabemos, gracias a acuciosos investigadores como el historiador caraqueño Javier González, que fueron también vástagos de familias acomodadas quienes importaron el juego en la última década del siglo XIX, siguiendo los pasos de Nemesio Guilló. Nuestro primer partido de béisbol se jugó en el patio de maniobras de una estación de ferrocarril al este de Caracas, en 1895, mucho antes de que los venezolanos viéramos la primera corrida de toros.
En Venezuela, como en el resto del Caribe hispanohablante, los precursores pertenecieron a las llamadas élites. Pero el pueblo soberano pronto se apropió del juego mirando (de lejos) a los jóvenes ricos jugarlo, único modo de aprender la leyes de composición de un deporte cuyas reglas “vistas de lejos, siempre parecen excepciones”.
En su libro La gloria de Cuba, Roberto González Echevarría, distinguido catedrático de Literatura Comparada de la Universidad de Yale e historiador del béisbol en la isla, ofrece, entre otras, esta tesis: “La cultura estadounidense es uno de los componentes fundamentales de la cultura cubana, aun cuando históricamente haya habido intentos, concertados y dolorosos, de combatir y negar este hecho. El béisbol es la más clara indicación de ello, pero no la única. Se trata de un proceso en el cual el antagonista es absorbido en lugar de rechazado”. Lo que vale para Cuba, vale en esto también para Venezuela.
Se nota en los modismos que el béisbol ha aportado al habla familiar de toda la región, con su imaginería a menudo referida a dilemas morales. Y en la estrategia de juego, también. En esas jugadas sorpresa de la malicia característica del béisbol, tal como se jugaba en las segregadas ligas negras estadounidenses, y que fue rápidamente absorbida por jugadores cubanos y dominicanos que fueron a los EE UU a jugar en aquellas ligas.
Los nombres y apellidos de cualquier alineación regular del béisbol profesional estadounidense ofrecen una idea del lugar que este “relato de la frontera”, como lo llamaría González Echevarría, y que ya dura más de siglo y medio, ocupa en la historia cultural de los EE UU y de nosotros, sus vecinos.
“Cualquiera que sean las razones”, escribía en 2008 el experto estadounidense Milton Jamail, “la oferta de talento nativo para jugar al béisbol en los EE UU claramente se está reduciendo, y esto ha hecho necesario buscar jugadores en otras partes”. Y añadía: “Las estadísticas que ofrece la misma industria del béisbol profesional estadounidense indican que casi el 35% de los jugadores profesionales a todos los niveles, desde novatos hasta grandes ligas, nacieron fuera de los EE UU. (Las cifras incluyen a Cuba, Colombia México, Repúbica Dominicana y Puerto Rico) El béisbol, claramente, ha dejado de ser un deporte estadounidense”.
El mapa político quizá sería distinto si Chávez hubiera logrado ser el mejor lanzador zurdo
Mi amigo Milton tiene razón: el béisbol es, hoy por hoy, un deporte internacional que se juega profesionalmente en comarcas tan dispares cono Australia, Japón, Canadá, Corea del Sur, Suráfrica, República Checa, Colombia, ¡Argentina!, Holanda, Italia ¡y Cataluña! Su más exigente nivel de juego profesional se encuentra en los EE UU, donde descuellan los latinoamericanos.
Todo gracias a Nemesio Guilló, el cubano que trajo de Alabama la primera pelota de cuero de caballo y alma de corcho y dio con ello origen a la especial cepa del béisbol que jugamos los latinoamericanos de la cuenca del Caribe.
El primer jugador venezolano en llegar a las grandes ligas fue el lanzador Alfonso Patón Carrasquel, quien debutó con los desaparecidos Senadores de Washington en 1939. Desde entonces, lenta y sostenidamente, han seguido sus pasos más de 320 venezolanos. En procura del talento local, varios equipos estadounidenses de grandes ligas establecieron, en 1997, una exclusiva y exigente liga de novatos que giraba en torno a un exitoso sistema de academias de béisbol.
Ya para 2002, 21 academias funcionaban en el país con impresionantes resultados. Si en 1994 tan solo 19 venezolanos jugaban en la Gran Carpa, 90 jugadores criollos ya aparecían regularmente en partidos de liga grande en 2010. Hoy, los venezolanos se enorgullecen al ver a 102 de sus compatriotas invitados al entrenamiento primaveral, antesala de la temporada regular que comienza esta semana.
En 2008, diez años después del ascenso de Chávez al poder, los Astros de Houston, precursores de la liga de novatos, acosados por la inseguridad y por el intraficable control de divisas, cerraron sus instalaciones, mudándose a República Dominicana. Las restantes organizaciones comenzaron entonces un retiro gradual. Hoy apenas quedan cuatro academias, que anuncian su cierre para el año próximo. Estas deserciones privarán a centenares de talentosos jóvenes sin recursos de una genuina puerta a las oportunidades. Aunque el riesgo de fracasar es muy alto, la recompensa puede serlo también: el salario anual promedio en liga grande es de 3,2 millones de dólares: unos 2,1 millones de euros.

En medio de las tensiones entre Caracas y Washington, y en vista de que la violencia alcanzó el año pasado los 25.000 homicidios, muchos de los jugadores criollos mejor pagados en ligas mayores han optado por vivir en Estados Unidos.
Mucho antes de convertirse en comandante, Hugo Chávez intentó, como tantos jóvenes sin recursos, escapar de la pobreza convirtiéndose en lanzador (zurdo, como cabía esperar) de grandes ligas. Y aunque solía salpimentar sus interminables arengas con jerga beisbolística, un día le dio por abolir por completo el béisbol profesional, dando las mismas razones anticapitalistas que dio Fidel Castro para hacerlo en Cuba en 1960. La afición venezolana, notablemente la chavista, puso el grito en el cielo y eso mató el proyecto.
Me pregunto cómo sería el mapa político latinoamericano actual si, en lugar de convertirse en un autócrata delirante que despilfarró toda la riqueza de su país, Hugo Chávez hubiese colmado su sueño de adolescente de llegar a ser el lanzador zurdo de liga grande más ganador en toda la historia del béisbol en Venezuela.

Ilustraciones: Autor no identificado (Élite, Caracas, 1932) y Eulogia Merle (El País, Madrid, 2015).

jueves, 1 de mayo de 2014

NOTICIERO RETROSPECTIVO



- Omar Vera López. "(Béisbol) ¿Es ventajoso ser zurdo?". Élite, Caracas,  1318 del 06/01/1951.
- "Bridge en Venezuela". El Nacional, Caracas, 15/09/54.
- Entrevista a Dionisio Acosta. "El gran negocio del béisbol profesional". Deslinde, Caracas, 09/02/71.
- Luis A. Blanco Chataing. "Veraz hstoria del deporte popular a través de los años". Élite, nr. 1250 del 17/09/49.

Reproducción: El Nacional, Caracas, 26/07/1961.

miércoles, 29 de enero de 2014

BAR-URBANIZADOS

EL NACIONAL - Miércoles 29 de Enero de 2014     Opinión/7
Ir al estadio
IGNACIO ÁVALOS GUTIÉRREZ

I.
Esta temporada fue, como las anteriores, ir a cada rato al estadio universitario. Fue admirar de nuevo la maravilla conceptual que es el beisbol. El diseño inteligente de sus reglas. La disposición perfecta del terreno de juego. Su sentido del drama. El hecho raro de que el equipo que ataca no es el que tiene la pelota. Su fingida parsimonia, sus interrupciones y vacíos, sus sobresaltos. Fue darle la razón a Yogi Berra: el juego no termina hasta que termina, el que va perdiendo nunca pierde hasta que pierde porque el tiempo no se agota. Confirmar la vigencia del "librito", esas no páginas no escritas que marcan la pauta estratégica del partido. Calibrar la relevancia de las "jugadas de rutina", imprescindible lección para un país épico, siempre pendiente del jonrón. Fue, en fin, mirar el beisbol como "una suerte de texto raro que se escribe a la vista de los espectadores", según lo interpretó Jorge Luis Borges.
II.
Ir al estadio fue constatar como la sabermetría asoma con sus estadísticas cada vez más sofisticadas. Indignarse con el dominio norteamericano sobre las condiciones en las que se desenvuelve nuestro campeonato. Ver las señas que dibujan las instrucciones del manager para sus peloteros, un software encriptado que no descifra ningún hacker rival. Discutir si se dice pónchalo o ponchéalo. Oír el suplicio de corneticas y silbatos durante horas. Temer el extra inning porque la ciudad no está como para que uno vaya muy tarde a casa. Comprobar que "estamos hechos de beisbol" como afirma la cuña de un refresco. Ratificar que es un deporte que nos convoca a todos y nos hace militantes de algún equipo, incluso a los que ignoran lo que es un flaicito al cuadro.
Confirmar que es parte de nuestra genética cultural y nos provee de las metáforas necesarias para explicarnos la vida a través de un "me agarraron fuera de base", o "me salió un rollincito al picher", más claro imposible.
III.
Ir al estadio fue apartarme del país narrado sólo como controversia y separación. Dejarme arropar por esa, hoy en día, extraña y agradable sensación de apaciguamiento y normalidad, que nos deja ver que la vida venezolana tiene otros espacios importantes por donde deslizarse, por ejemplo el diamante del beisbol.
Disfrutar, pues, de un paréntesis, para desentenderse de ese relato según el cual este país es dos países que se dan la espalda.
IV.
Ir al estadio fue pasar por el calvario de las entradas y las colas.
Negociar con los revendedores, el eslabón más visible de una cadena de complicidades que jamás ha podido desmantelarse.
Asombrarse de cómo la reventa sobrevive con éxito a Internet y a los operativos policiales. Vérselas con las institucionalidad del atajo, expresión de un país cuya vida cotidiana transita en muchos ámbitos por los caminos verdes. Advertir como se ensancha la diferencia entre gradas y tribunas y se distinguen dos clases de público para que no quepa duda de que, si bien todos los ombligos venezolanos son redondos, hay unos más redondos que otros.
V.
Ir al estadio fue, pues, disfrutar del bar más grande de Caracas, según dijo el querido Cabrujas.
Fue apoyar por enésima vez a Los Tiburones de La Guaira. Ver a Cabrera, el jugador más valioso del campeonato, con sus 42 primaveras a cuestas. A Carlitos Sánchez, novato del año. Echar de menos a Gregor Blanco. Oír la samba, música sacra. Pegar la oreja al radio para escuchar el juego en la versión sectaria de mis narradores.
Solidarizarse con una fanaticada entrañable y animosa. Llegar a la semifinal y ver eliminados a los de uno.
Fue, pues, sumar 29 años sin ganar un campeonato y saber que no importa, pues el feligrés no quiere al equipo porque triunfa, sino porque sí.

Harina de otro costal.
El país desea creer que la cosa va en serio. Pero también sabe de la costumbre del gobierno para lavarse las manos con jabón "ideológico" y decir que la violencia es cosa del capitalismo, del pasado "prerevolucionario" o de las telenovelas, mientras se hace de la vista gorda con la impunidad judicial, el fracaso de los planes para el desarme o la incompetencia de las autoridades, por solo mencionar algunos pocos de los déficit de desempeño en la labor oficial. Imposible, pues, que el gobierno eluda su responsabilidad por no atender ni entender el problema de la inseguridad durante quince años y luego de 200.000 muertos.

Fotografías: Una, tomada de Viejas Fotos Actuales (http://1viejasfotosactuales.multiply.com/journal/item/658). Y, la otra, la orbitamos en Caracas en Retrospectiva / Facebook, con los siguientes comentarios: "Album: Deportivo CCC (en Caracas, caraqueño y caraquista).- 1929, evento balompedístico {feliz término de la revista Élite}: Copa Rafael María Velasco, Gobernador del Distrito Federal. "Segundo Match Internacional de Foot-Ball". Stadium de San Agustín. Peruanos ("CiclistaLima Association") otra vez vencen dos "goals" a cero a la sección venezolana (formada de los clubes Deportivo y Unión). enomenal tranca de vehículos para acceder al Stadium de San Agustín y disfrutar de un encuentro.... futbolístico !!! Caracas en 1929" (https://www.facebook.com/photo.php?fbid=4586854703977&set=oa.10151436887367039&type=3&theater).

lunes, 9 de diciembre de 2013

LA MODALIDAD DELICTIVA

EL NACIONAL - Domingo 08 de Diciembre de 2013     Sucesos/10
ESTAFA Daivy Nava aseguraba a los padres que sus hijos firmarían con equipos extranjeros
Se hizo pasar por scout para engañar a jóvenes promesas
En el Domo Bolivariano de Barquisimeto fue detenido el hombre que falsificó credenciales de las grandes ligas
ADRIANA CHIRINOS CASTRO

Con la promesa de que llevaría a jóvenes beisbolistas, de entre 14 y 19 años de edad, a jugar a las grandes ligas, Daivy Nemuel Nava Vargas, de 37 años de edad, engañó a más de 60 padres de toda Venezuela. A cada uno le quitó entre 23.000 y 80.000 bolívares para gastos.Con el deseo de una mejor vida para sus hijos y la supuesta legalidad y seriedad de la oferta, los padres se esforzaban para dar sus ahorros.
"Ofreció presentar a mi hijo, de 16 años de edad, en cualquier equipo de Estados Unidos y firmarlo. Nos quitó un supuesto seguro de 9.000 bolívares, un pasaje en avión de 6.500 bolívares. En total me quitó 23.150 bolívares. Por los hijos uno hace todo lo que puede, con la visión de que jueguen beisbol y salgan para adelante", expresó uno de los padres estafados.
Con un fingido acento dominicano, el modo de operar del falconiano Nava Vargas era llegar a los estadios en los que estaban los jóvenes con sus padres y les daba una tarjeta de presentación en la que se acreditaba como representante de la Major League Baseball para Latinoamérica, relató Ismael Mendoza, víctima de la estafa.
Una vez que los padres lo llamaban, Nava concertaba una cita en su ofi cina, que estaba dentro del Domo Bolivariano en Barquisimeto, estado Lara, lo que les brindaba confi anza.
En la sede gubernamental tenía 4 meses y una lista con 16 a 18 jóvenes inscritos, que rotaba según pagaban lo que Nava les exigía.
"A una mujer de Barinas le llegó a quitar 80.000 bolívares y cuando se retrasó en el pago sacó a su hijo de la lista y metió a otro joven. Tenía gente de Yaracuy, Sucre, Carabobo, Nueva Esparta y Anzoátegui.
En el Domo pernoctaban los muchachos. Por esa causa la gente confiaba en él", dijo Mendoza.
Agregó que a todos los representantes les quitaba dinero para el supuesto seguro médico, el viaje y los entrenamientos. La manutención corría por su cuenta. Detalló que los jóvenes sí entrenaron, pero que las actividades se paralizaron por la deuda que tenía Nava con los entrenadores, lo cual despertó sospechas.
La detención. Luego de un mes y medio de retraso en el viaje que prometió a República Dominicana para una visita a varios equipos, los padres pusieron la denuncia en el Cicpc. Después de verificar que no era trabajador de la MLB, Nava fue detenido en el Domo Bolivariano el miércoles 27 de noviembre por la División contra la Delincuencia Organizada junto con la subdelegación de Barquisimeto del Cicpc.
Después de la captura los padres recuperaron los pasaportes de sus hijos, que guardaba el victimario.
"Ya había vaciado la cuenta. No sabemos si iba con otras intenciones; si era traficante de órganos", manifestó Mendoza, cuyo hijo tiene 14 años de edad. A él le quitó 53.000 bolívares.
"Lo bueno es que mi muchacho es una promesa y no decayó con esto".
El comisario Juan Carmona, jefe de la subdelegación del Cicpc de Barquisimeto, informó que el Tribunal Penal de Primera Instancia de Lara dictó la medida de privación de libertad a Nava el 30 de noviembre y fi jó el Centro Penitenciario de Coro como sitio de reclusión.
Investigan cómo tuvo acceso al Domo Bolivariano sin credencial legal de ningún tipo.
Esta semana los estafados se comunicaron con el abogado defensor de Nava, quien aseguró que los familiares del victimario resarcirán la deuda. Deben presentarles los comprobantes de pago para reclamar el dinero; sin embargo, Mendoza no guarda mucha esperanza en recuperarlo.

lunes, 7 de octubre de 2013

CULTURA POLÍTICA

Del limpio jugar
Luis Barragán


Antes de concluir la temporada regular de las Ligas Mayores de Béisbol, el venezolano Henderson Álvarez -  Marlins de Florida – nos dio la inmensa satisfacción de un no-hit, no-run. Y el país que no lo conocía, agobiado por los renovados problemas ya de vieja data, celebró naturalmente la hazaña y al hazañoso.

Inevitable, los medios oficialistas se hicieron inmediatamente eco del asunto, pues, dando un respiro a sus propios usuarios, exaltaron al estelar pitcher, aunque más tarde volviesen con esa intensa campaña para explicar nuestros problemas por obra de una conspiración satánica de la derecha lacaya del imperialismo. El atleta copó merecidamente la pantalla de todas las emisoras y nos dio gusto verificar que un grupo de niños, en una mesa cercana a la nuestra, dieran cuenta a sus padres de los antecedentes: Wilson Álvarez, Aníbal Sánchez, Carlos Zambrano, Johan Santana y Félix Hernández, según la nómina reconfirmada por la “tableta” que los convocaba.

Que sepamos, Álvarez no incurrió en deslealtad alguna para conquistar su objetivo, ni despotricó de los bateadores dispuestos a cumplir con su deber.  Jugando limpio, con miles de fanáticos como testigos, con reglas previas y claras, coincidió el talento natural con las ganas de hacer,  la inteligente destreza con la voluntad de soñar despierto, como el respeto hacía sí y hacia el otro dentro y fuera del campo.

En definitiva, es posible, necesario y urgente jugar limpio en todos los ámbitos para garantizar los resultados que satisfagan nuestras expectativas. El béisbol ofrece un buen ejemplo, pues, como todo, no siendo perfecto, el fracaso no está ligado a la antipatía que nos condena, al rencor de un tercero, al sabotaje que es más grande cuando no logra explicarse, a la enfermiza conspiración que no corroe, al abandono del amuleto (ex) viviente. Y las victorias dependen de nuestra entereza, prestancia, empeño, talento, integridad: logramos algo distinto cuando procedemos de un modo diferente, señaló en su homilía dominical el Padre Ramírez Meza (Redentorista).

La posibilidad, necesidad y urgencia es la del reaprendizaje. Es demasiado costoso, incómodo, amargo y suicida el de hacernos grandes y pequeñas triquiñuelas, estafándonos con una versión de la realidad que nos conduce al despeñadero.

http://opinionynoticias.com/opinionnacional/16902-del-limpio-jugar

domingo, 10 de febrero de 2013

jueves, 31 de enero de 2013

¿DIJO UD., MAGALLANES?

Ha ganado el Magallanes. Pasaran siglos y, para ellos, seguirá siendo noticia. Además, no reparan en una circunstancia: el Caracas practica también sus derrotas, como ellos - algunas vez - tienen el derecho de sentir cómo se gana. Sin embargo, la fotografía nos da pie para un comentario adicional.

La gráfica la vimos "fusilada" en un grupo de Facebook que, precisamente, se dedica al saqueo de otros para exhibirse como una novedad. Ya no recordamos la primera vez que la vimos, pero estamos seguros que la persona que la colocó hizo una espléndido y largo comentario. Ya hemos visto un buen número de nuestras fotografías, copiadas y descontextualizadas, desconociendo - incluso - el nombre del fotógrafo y señalando otras circunstancias. Hasta hay quienes usurpan identidades, pues, nos contaba María F. Sigillo, de la osadía de alguien que se reclamó como parte de una vieja escena fotográfica, inventándose un pasado, hasta que apareció el personaje real demostrando tal condición con el juego completo de las gráficas. Por ello, tendemos ahora a las marcas de agua y nos parece correcto, por ejemplo, que lo haga Ora Chapellín y, con todo respeto, la creemos una sugerencia para Carlos Lachica o González Ramajo, por ejemplo.

La materia es difícil, porque concierne a la titularidad de derechos. Y éstos, dicen perderse en la red de tal manera que otros lo usurpan. Sin embargo, luce necesario referir la curaduría que consiste en el reconocimiento de la fuente y los comentarios que enriquecen la pieza. En nuestro caso, referimos las piezas al blog, donde puede ubicarse y contextualizarse.  Por lo demás, en el caso de necesitar la fotografía sin esa marca para un trabajo específico, acreditándola, podemos pedirla a quien la orbite en limpio.

Lo hemos comentado varias veces,  a modo de ilustración, descubrimos una toma de Juan Nuño hecha por Oswer Díaz para Economía Hoy de Caracas, principios de los noventa, y la hemos visto reproducida con una data distinta; una convención juvenil, enfocada por Justo Molina, por los años sesenta, sorpresivamente aparece con otras referencias y hasta con nuestra propia y torpe toma; o unos parlamentarios perezjimenistas, en la misma década, corrieron una suerte semejante.

Valga destacar la trayectoria de un fotógrafo: Luis Noguera (padre).  Por fortuna, la gráfica tiene su leyenda, por lo menos, hasta nuevo aviso.

Magallanes, campeón: !Qué raro suena!

LB

miércoles, 2 de enero de 2013

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Martín Ugalde. "Sorprendente trayectoria deportiva de Vidal López". Élite, Caracas, nr. 1251 del 24/09/1949.
- Armando Naranjo, "Nosotros en las Grandes Ligas". El Nacional, Caracas, 03/08/1989.
- Eleazar Díaz Rangel. "Los Juegos Nacionales". Meriadiano, Caracas, 23/08/1978.
- S/a. "El jonrón del Patón Carrasquel en Washington". El Nacional, 05/04/1981.
- S/a. "(Béisbol) Un desafío del año 18 entre Independencia y Centrales". Momento, Caracas, nr. 25 del 04/01/1957.

Fotografías: Portada de Élite, Caracas, nr. 373 del 05/11/1932.  Y, con las damas,  Élite, Caracas, nr. 1042 del 22/09/1945: E. Bustillo y Sara Maestre, catcher y pitcher del Guaraní".

Nota LB: Vecinos al Día del Deporte, frecuentemente obviado en obsequio de otros aconteceres, revisamos nuestras viejas notas alusivas. Empero, anoche nos decidimos a orbitar alrededor de quince viejas gráficas en el grupo Caracas en Retrospectiva (I) / Facebook.

Seleccionando dos gráficas, una corresponde a una magnífica portada de las artísticas que acostumbraba la revista por entonces; incluyendo la variedad de fuente y punto de letra respecto al nombre de la publicación, la específica ilustración ilustra muy  bien la calidad plástica ostentada que desafía a los actuales diseñadores que se encuentran bajo una feroz competencia gráfica. La otra, fue parte de un reportaje en torno a la confrontación de la Selección Margaritas y el club zuliano Guaraní, en la ciudad capital; muy circunspectamente, Bustillo y Maestre se ofrecen a la posteridad, aunque posiblemente sus herederos las desconozcan como precursoras de una disciplina y de un intercambio concurrido y aplaudido. Acotemos, con un guante que parece de papel al compararlo con lo que la tecnología hoy ha logrado respecto a las prótesis o utensilios deportivos, la actividad aficionada no prosperó en nuestro país y, menos, profesionalmente, aunque las jornadas de los cuarenta quizá quedaron como reminiscencias autorizadas por las ligas beisbolísticas femeninas de Estados Unidos, con un auge que guardaba correspondencia con una inevitable circunstancia: los hombres fueron a jugar ... en la II guerra mundial.

sábado, 27 de octubre de 2012

DEVOCIÓN Y PARADOJA

EL NACIONAL - Sábado 27 de Octubre de 2012     Opinión/8
Los idiotas no votan
RAÚL FUENTES

Ante la inminencia de un proceso electoral que convoca a los venezolanos para que seleccionen a quienes han de gestionar las administraciones estatales en el próximo período constitucional, nos parece pertinente apelar a tres pareceres respecto a la relación entre quienes hacen política y quienes la desdeñan. Comenzaremos con Platón quien afirmó: "Uno de los castigos por rehusarte a participar en política es que terminarás siendo gobernado por hombres inferiores a ti". Por su parte, el historiador británico Arnold Toynbee escribió: "El peor castigo para quienes no se interesan en la política es ser gobernados por quienes sí se interesan". Y, más recientemente y más cerca de nosotros, Lula da Silva sentenció: "Al que no le gusta la política corre el riesgo de pasar su vida entera siendo mandado por aquel al que le gusta".
Tres opiniones convergentes, de personajes probablemente divergentes, que vienen a cuento si no queremos que la tristeza y el desaliento, productos del inmoral ventajismo rojo exhibido en la pasada consulta presidencial, hagan mella en la determinación de los votantes que tienen la histórica oportunidad de consolidar posiciones ya alcanzadas por la oposición, y de conquistar nuevas e importantes trincheras en esta dura batalla por preservar la descentralización y reconquistar la civilidad de la nación.
El pasado 7-O, la oposición, si bien no se alzó con el triunfo, demostró que transita un camino que indefectiblemente le conducirá a la conquista del poder, y no porque no hay mal que dure cien años, sino porque a base de paciencia y constancia ha emergido un liderazgo con vocación de servicio, dinámico, inteligente y consistente, capaz de tomar responsablemente en sus manos las riendas del país. Sin embargo, el abuso continuado del régimen es un serio obstáculo que debemos vencer a diario. Ya, sin un ápice de vergüenza, el CNE dejó claro hacia cuál plato se inclina la balanza, al autorizar la migración a nuevos centros de votación, después de cerrado el lapso oficial para modificar el Registro Electoral, a los seis paracaidistas designados por el chafarote para que aterricen en las gobernaciones de Anzoátegui, Aragua, Cojedes, Guárico, Monagas y Táchira. Ante tal iniquidad, recordemos que los candidatos de la unidad llegan a la contienda decembrina con un importante respaldo que se manifestó en sólidas votaciones obtenidas en las primarias de febrero, mientras que los pretendientes rojos son producto del capricho y la dedocracia; y, más revelador aún, los aspirantes del consenso están plenamente identificados con las regiones que aspiran a gobernar. Esta afirmación debería quedar palmariamente demostrada en los necesarios debates que están planteados entre candidatos opositores y oficialistas y que, seguramente, los últimos esquivarán, por temor, miedo, culillo, falta de exceso de ignorancia o apego a la costumbre de obedecer órdenes sin cuestionarlas, sin preguntarse siquiera la razón de ser de tal o cual disposición, deseo o mandato del jefe, lo cual ha aniquilado su capacidad de disenso.
La no comparecencia de los aspirantes rojos a una confrontación de ideas y propuestas nos dejará sin saber cuánto saben de las realidades que caracterizan a los estados que buscan dirigir, pero esto a ellos poco importa: lo que les interesa es desempeñar su papel de peones en un tablero cuyas reglas el teniente coronel ambiciona cambiar para hacer desaparecer a gobernadores, alcaldes, cabildos y asambleas legislativas y reemplazarlos por los consejos comunales; y así, una vez aniquilado el poder regional, instaurar un Estado comunal inspirado, quizá, en las tenebrosas experiencias china o camboyana.
El que calla otorga, dice el refrán. Y el elocuente silencio de los ungidos con la gracia presidencial para ocuparse de la transición al socialismo es, más que un motivo de preocupación, una poderosa razón para reflexionar sobre la platónica meditación de la que se hicieran eco tanto Toynbee como Lula, y concurrir a los comicios de diciembre con clara conciencia de que de son una consulta sobre el futuro inmediato de la República.
De su resultado depende en mucho que Chávez pueda seguir adelante con su retrógrado proyecto o que deba pisar el freno porque así lo dispone la voluntad mayoritaria de los venezolanos. Por eso hay que votar y tener presente la personalísima acepción que del adjetivo idiota nos ofrece Fernando Savater: "Idiota. -Del griego idiotés, utilizado para referirse a quien no se metía en política, preocupado tan sólo en lo suyo, incapaz de ofrecer nada a los demás".

Breve nota LB: Valga agregar del melodrama como una de nuestras características esenciales. Somos devotos a las telenovelas y a los concursos de belleza con una exageración portadora de una paradoja. Por un lado, hasta una magistrada de la revolución mentada perdió la vida por otra de las operaciones estéticas que se hizo, ultimada moralmente su médico-operadora hasta contar con una tipificación penal insólita y un calabozo insólitos. Y, por otra, el colmo de nuestras incompetencias, ya no somos los insignes exportadores de telenovelas y concursos queun día fuímos.....¿Tiene alguna explicación adiciones nuestra devoción por la llamada antipolítica?

Ilustración: Pedro León Zapata (El Nacional, Caracas, 27/10/12).

sábado, 7 de julio de 2012

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Omar Vera López. "(Béisbol) ¿Es ventajoso ser zurdo?". Elite, Caracas, nr. 1318 del 06/01/51.
- José M. Rivero. "Los asesinos del boxeo venezolano". Bohemia, Caracas, nr. 502 del 06/11/72.
- Luis Castro Leiva. "El deporte en misa". El Diario de Caracas, 16/01/89.
- Rafael Valera escribe sobre Carlos "Morocho" Hernández. Elite, nr. 2313 del 23/01/70.
- Con fotografías de Pedro Garrido, responden a la pregunta "¿Por qué la esgrima es su deporte?": Edna Yoris, Mamma Levy y Omira Márquis,

Fotografía: Portada: Vidal López. Momento, Caracas, nr. 237 del 27/01/61.

DEPORTE RENTADO Y ECONOMÍA RENTISTA

ECONOMÍA HOY, Caracas, 4 de Julio de 2000
El negocio deportivo
Luis Barragán


Todavía recuerdo la impresión que me produjo el artefacto disparador de pelotas hacia los jardines, en los entrenamientos primaverales del llamado Béisbol Mayor. La reseña de Sport Gráfico, revista también animadora de las lides infantiles, dibujaba una “bazuka” que, alguna vez, intentamos imitar con un complicado sistema de ligas, incapaz de sostener y lanzar la pelota forrada de “teipe”.
Aficionado teledeportista, intento imaginar el descomunal desarrollo de la industria fuera de la competencia capitalista, sin lograrlo a cabalidad. Pocas veces nos detenemos en ésta, la otra revolución industrial, relacionando la libertad de disfrute con la subsistencia personal al concitar el interés de los empresarios de la novedad, constatando la sorprendente generación de empleos directos e indirectos.
A la manufacturación de equipos e implementos, la comercialización de objetos alusivos o las poderosas transmisiones radiotelevisivas, curiosamente relevándonos del espectáculo in situ, agregamos las innovaciones gerenciales y probablemente laborales del negocio, amén de sus capacidades simbólicas. No menos curioso es el aporte de la tecnología, igualmente ilustrada en la evolución ergonómica del guante de fildeo y la aparición de otros que se nos antojan como vanidosos atuendos al empuñar el bate. No olvidemos la insurrección jonronera que hoy ha fortalecido el espectáculo, obedeciendo a un reajuste de la lomita del pitcher y a la pelota laboratorizada, según el dato que creo haberle escuchado a John Carrillo.
La captación, contratación y entrenamiento obliga al concurso de los más variados especialistas. Más allá de las estadísticas y vivencias invocadas, los narradores y comentaristas incurren en un insospechado ejercicio intelectual: quizá haya un serio intento de refundación epistemológica en alguna cantera universitaria por los lados del mundo desarrollado. Además, la jerga ha adquirido plena legitimidad social.
Encontrándome en la Hemeroteca Nacional, tratando infructuosamente de chequear un artículo sobre Trotsky y España, citado por el meritorio Víctor Sanz en uno de sus estudios, opté por otros tomos de más antigüa data. Al escudriñar la edición de “El Luchador” de Ciudad Bolívar, correspondiente al viernes 18 de Julio de 1924 (Nr. 7.446), hallé el siguiente y llamativo comentario no firmado: siendo “un deporte libre por completo de reproches y (que) no está sujeto a legislación adversa”, hay quienes vaticinan “el pronto día en que el baseball haya envejecido y balanceándose sobre base insostenible se bambolee su superestructura hasta estrellarse frente al empuje destructor de los deportes rivales”, como el golfo (sic), el balompié y el boxeo.
El asunto no estriba en la profecía incumplida y la coexistencia de tan disímiles disciplinas, gracias a la enormidad de un mercado al que también lo distrae el más inverosímil perfomance rentado, sino la misma percepción del fenómeno, concebido como una veleidad más del norte, anecdótica y pasajera. El redactor y los lectores de una localidad tan lejana e incomunicada que exhibía un medio de siete mil y tantos números a cuesta, no sospechaban del amplísimo porvenir de una industria que acá, como allá, supo de una elemental sentencia: no es posible que a alguien le paguen por jugar y divertirse.
Al lado de quienes interpretan el fracaso de la Guerra Federal al no propiciar un temprano desarrollo capitalista en el país, ejemplificado en la gallarda ausencia de los enlaces ferroviarios, podemos añadir el absoluto desprecio, la cómoda indiferencia o la abierta incomprensión hacia el deporte como oficio, capricho concebible en el país de las (exóticas) abundancias urbanas. Lejos estuvo la Venezuela de aquellas carreras de caballos, peleas de gallos y quizá el toreo, de la profesionalización definitiva, en una etapa de unión, paz y trabajo: la apuesta como única circunstancia, sin propósitos de acumulación y renovación del espectáculo o la creación del mercado.
Vale la acotación cuando prevalece el imaginario chavista, por llamarlo de alguna manera, significativamente alimentado por el béisbol. Por cierto, ojalá las nuevas generaciones sepan de la sustentación real de las consignas gomecistas.

Fotografía: Publicidad. Elite, Caracas, nr. 2363 del 08/01/71.