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jueves, 6 de febrero de 2020

EN EL FONDO, LA CULTURA POLÍTICA

EL IMPULSO, Barquisimeto, 3 de febrero de 2020
En Venezuela no hay ley, no hay derecho y la justicia no se administra sino que se negocia 
Juan Bautista Salas

Venezuela es un país donde no hay ley, no hay Derecho y no hay justicia, asegura el doctor Alberto Arteaga, conocido y destacado abogado y profesor universitario, quien advierte además que en el país “no se administra la justicia, sino que se negocia la justicia”, emitiendo estas consideraciones en el marco del Día Internacional del Abogado.

Advierte que el derecho está torcido en Venezuela, “no tenemos lamentablemente, en una fecha como esta, o cada vez que nos toca hablar del derecho, nos toca decir que en el país no hay ley, aun cuando tenemos muchas leyes, hay leyes para todos, reglamentos, providencias, instructivos, un país donde no hay ley, pero hay muchas leyes, no hay Constitución, pero hemos tenido 26 Constituciones, pero en un país donde no hay ley y no hay derecho, no hay justicia, ese es el panorama”.

Explica que los abogados forman parte, de acuerdo con la Constitución, del Sistema de Justicia, están para defender la justicia, están para que la gente vea que los abogados, los jueces, los fiscales y perciba que es posible resolver los conflictos, con un árbitro que sea imparcial, independiente, autónomo, probo y ejemplo para la comunidad, ese es el juez y así debe ser también el abogado.

“Triste y lamentablemente, esa no es la imagen que tenemos en este momento de los jueces y tampoco de los abogados”, asegura.

Señala que cuando le solicitan algún informe, sobre esta profesión tan deprimida, como cualquier otra profesión en Venezuela, después de hace todas las consideraciones jurídicas, al final siempre hay que colocar una coletilla, esto es lo que dice el derecho, así deberían resolverse las cosas en el derecho; sin embargo, aquí no podemos garantizar absolutamente nada, en otras palabras y en términos criollos, usted tiene razón, pero va preso, admitiendo que esto es realmente “muy triste”.

“Esto es grave decirlo, pero en Venezuela no se administra justicia, en Venezuela se negocia la justicia, porque hemos convertido al Poder Judicial, en un poder que está al al servicio de otros Poderes y al servicio de otros intereses. El juez es una de las profesiones más dignas en una sociedad, también los maestros, pero triste y lamentablemente sabemos la situación en la que se encuentran los maestros, los profesores universitarios y en la que se encuentran los jueces y la justicia, y contrastando con esto, vemos como hace dos días, el 31 de enero, en la apertura del Año Judicial, el Presidente de la República, habla de un nuevo Poder Judicial, de una comisión para reformar el Poder Judicial, presidida la Presidencia de la República, lamentablemente después de 20 años estamos hablando de una reforma del Poder Judicial ¿Qué se ha hecho en estos 20 años para reformar el Poder Judicial? ¿Qué Poder Judicial tenemos?”.

Advierte que un país no es un país, una sociedad no es una sociedad, si no tiene un Poder Judicial autónomo e independiente, un verdadero Poder Judicial.

“Pero también tenemos que decir con honestidad y con objetividad, que en Venezuela, en toda nuestra vida republicana, no henos tenido nunca un verdadero Poder Judicial, pero también tenemos que decir con claridad, que nunca habíamos tenido un poder judicial sometido a la voluntad, a los designios, a los intereses del Poder Ejecutivo, y esto históricamente es claro, y ha sido la estrategia del gobierno, por lo cual es difícil entender las apreciaciones y cuales serían las intenciones del Jefe del Gobierno, Nicolás Maduro cuando habla de que reconoce sus errores, reconoce que es necesario reformar el Poder Judicial, pero habría que recordarle al señor Maduro, lo que ocurrió en los años 2.000, después de aquella decisión que se dio después del 11 de abril, con una decisión muy polémica, en la cual el Tribunal Supremo de Justicia decidió, si mal no recuerdo, por 11 votos, que no había habido un golpe de Estado, sino un vacío de poder, es decir que tomaron una decisión y se fueron de vacaciones, dejando el desastre total”, dijo entre otros cosas el especialista en entrevista en el Circuito Exitos, con motivo del Día Internacional del Abogado.

Fuente:
https://www.elimpulso.com/2020/02/03/en-venezuela-no-hay-ley-no-hay-derecho-y-la-justicia-no-se-administra-sino-que-se-negocia-3feb/?fbclid=IwAR3ZZuiIco7_l7P28Pa0FK4XJWlowh1xyh1yZbkL8MboMqS9KgONuk7aU-U


EL NACIONAL, Caracas, 9 de septiembe de 2019. Papel Literario.
Habla Alberto Arteaga Sánchez
Nelson Rivera

Vivimos bajo la sensación generalizada de que Venezuela está al borde de un cambio inminente. Quisiera preguntarle por lo deseable: ¿Nuestro país necesita reconstruirse o requiere de cambios muy profundos, estructurales?

Nuestro país exige un cambio profundo, estructural, de mentalidad y no de leyes. Siempre hemos pensado en cambios en la Constitución, en las leyes, en las normas vigentes, como si se tratara de resolver los problemas que tenemos por la vía fácil de hacer “paquetes de leyes” o una “nueva Constitución”. Ya tenemos 26 constituciones y un país en franco retroceso que ha dejado a un lado la justicia para transitar por los atajos de los “arreglos” al margen de la ley, por fórmulas de venganza selectiva o por la impunidad que ha dejado sin sanción algunos gravísimos hechos contra el patrimonio del Estado o ataques certeros a la vida, a la integridad moral, a la propiedad de ciudadanos que dejaron en la puerta toda esperanza de ser resarcidos por algún vestigio de respeto a la ley.

A lo largo de estos veinte años, en distintas oportunidades, los sectores democráticos han mostrado dificultades para acordar políticas unitarias frente a la dictadura. ¿Qué explica esta tendencia al desacuerdo? ¿Son negativos estos desacuerdos? ¿Hay en nuestras prácticas políticas una tendencia a la confrontación, aún cuando existan objetivos en común?

El desacuerdo es producto de una sociedad que no ha transitado el camino del dialogo y de la justicia. En Venezuela no puede haber justicia porque se trata de una materia pendiente, como decía antes, que no ha sido aprendida y, por tanto, no internalizada por la sociedad. Sencillamente, las leyes no se cumplen porque no las hemos inscrito en el corazón y en la mente de los venezolanos. El dicho contradictorio de que “las leyes se acatan, pero no se cumplen” retrata nuestro día a día. Nos hemos convertido en verdad en un país “anómico”, no por falta de leyes, sino por el incumplimiento absoluto de cualquier norma. Hemos perdido la capacidad de asombro ante la incertidumbre legal que llega hasta el extremo de poder afirmar que la libertad de un ciudadano está en manos del arbitrio del poder, por lo cual, todos estamos en libertad condicional, suspendida, sometida al capricho de quien, de hecho, maneja los mecanismos de represión del Estado.

En medios de comunicación y redes sociales viene produciéndose un fenómeno: persistentes manifestaciones de nostalgia hacia el país previo a 1999. ¿Es posible que el deseo de cambio oculte, en alguna medida, un deseo de volver atrás? ¿Es retrógrado el deseo de volver atrás?

No comparto el deseo de volver atrás. Es natural la nostalgia, pero el pasado debe ser solo un punto de referencia y aprendizaje para el futuro.

El país, previo a 1999, no era el país ideal, aunque la etapa democrática dejó una marca indeleble en el venezolano, pero no fue capaz de hacerle frente a las desviaciones de una dirigencia que nos llevó a la amarga experiencia que vivimos y que no entendió a cabalidad que debía abrir el camino a nuevas generaciones. Otra cosa es la nostalgia por una Venezuela de inclusión, amable, tolerante, sin odios, que la vivimos y creímos que tenía carácter de permanencia, siendo así que era absolutamente frágil por la debilidad institucional.

Por lo demás, nos caracteriza no aprender de la experiencia y distraernos con los recuerdos del pasado, para tranquilidad de nuestra conciencia y obstáculo para el desempeño de las tareas del presente.

¿Qué reivindicaría del período 1958-1998? ¿Es factible recuperar algunas prácticas de esas cuatro décadas?

El periodo 58-98 con sus aciertos, fue una gran lección de ejercicio democrático para superar los autoritarismos militaristas que han signado nuestra vida republicana, pero no cumplió con todas las expectativas y a mi juicio, no dio el paso exigido por la independencia  auténtica del poder judicial en el que se encarna la justicia aunque, sin duda, hizo posible que hombres probos y dignos llegaran a la Corte Suprema –como se llamaba antes-  desempeñaran cargos judiciales o estuvieran al frente de órganos contralores, contrapesos y garantía para el funcionamiento de los poderes públicos como la Fiscalía, la Contraloría General de la República o la Defensoría del Pueblo. Es imperioso formalizar un pacto para la escogencia de quienes integran los órganos de administración de justicia que solo deben ostentar méritos académicos, con conocimientos y, sobre todo, con honestidad a toda prueba.

¿Hay factores o energías en la cultura política venezolana que nos permitan ser optimistas ante la necesidad de cambio? ¿O es razonable la sospecha de que el deseo de un poder clientelar y distribuidor de subsidios, sigue siendo un paradigma de una parte importante de la sociedad?

Me preocupa en particular que los sectores llamados democráticos –que muchos lo son por simple denominación, pero no por convicción- marchen al son del resentimiento, del revanchismo y del afán de hacerse con alguna cuota del poder. Esos malsanos sentimientos que impulsan, entre otras cosas, el mantenimiento del dominio de un factor que ha sido determinante para el logro de fines políticos: el manejo del poder judicial. Este nunca ha sido, entre nosotros, un verdadero poder autónomo, sino dependiente de los intereses de la política o sujeto a sus presiones. Y esa utilización ha hecho que, en definitiva, se tenga el temor de dar el paso que se impone: que  “los partidos” o “el partido” saquen sus manos de los tribunales, convertidos en ejecutores, hoy, de los designios de grupos de poder que, con sus “líderes”, marcan las líneas de acción o de gobierno.

¿Fuerzas como la polarización, el revanchismo, la dificultad para escuchar opiniones distintas y la fragilidad de los liderazgos, deben preocuparnos? ¿Pueden ser factores que afecten la perspectiva de cambio?

No soy historiador, no soy analista político, pero creo que este régimen nos ha conducido a un estado de deterioro moral que ha tocado la conciencia de la Venezuela digna que demanda la acción por parte de quienes asuman el poder, sin prestarse a simples arreglos retóricos ni medias tintas, ni paños calientes y exige una verdadera transformación del Estado y una redefinición de sus relaciones con el ciudadano. Yo creo que hemos crecido como sociedad, creo que los jóvenes han tomado conciencia de su protagonismo, creo que los líderes de relevo están claros que solo lo son en la medida en que se constituyen en referencias vivas de coherencia, de honestidad, de rectitud, de espíritu abierto a la consulta y a la obtención de la asesoría de los más capaces. Tal vez, esto sea lo inédito, ante otros cambios del pasado: ahora, después de llegar a situaciones desconocidas de desesperanza colectiva, de experiencias dolorosas, de separación de familiar, de golpes duros a nuestra autosuficiencia y falsa creencia de ser un país rico, conscientes de nuestras limitaciones y habiendo padecido el golpe certero de las carencias que creíamos ajenas al “venezolano”,  creo que tenemos una fuerza desconocida o inédita para iniciar un nuevo rumbo signado por la democracia, por el respeto a los derechos humanos y por la institucionalidad, a los fines de abrir el camino que nos permita reconstruir a Venezuela.

Se dice que el desafío que enfrentará Venezuela tras el cambio de régimen es inédito. ¿Comparte Usted esa afirmación? ¿Venezuela debe enfrentarse a lo inédito?

Yo creo que habrá cambios, creo que las vivencias democráticas no han desaparecido, creo en una nueva generación formada con la secuencia de las tragedia que nos agobia, pero tengo mis temores por el hecho de que la urgencia y los requerimientos de una nueva etapa de este “proceso” solo nos haga pensar y actuar en el plano de lo económico o de lo político y no en el de los valores, desdibujados en el perfil del venezolano. Me preocupa, por lo demás, la incapacidad que tiende a manifestarse de no aprender de la experiencia y arrimarnos a la comodidad de un líder carismático que resuelva nuestros problemas… para volver, una vez más, a repetir la historia.

Fuente:
https://www.elnacional.com/papel-literario/habla-alberto-arteaga-sanchez/
Fotografías:
https://www.elnacional.com/papel-literario/habla-alberto-arteaga-sanchez/
https://www.larazon.net/2015/12/alberto-arteaga-sanchez-designaciones-de-magistrados-son-un-fraude-a-la-constitucion/

jueves, 5 de octubre de 2017

INADVERTIDA FACETA CULTURAL

Scio me nihil scire
Guido Sosola

La extrema humildad de Sócrates, quien aseguró no saber nada de nada, contrasta con la superlativa vanidad de los que aseguran sabérselas todas.  Éstos yerran con demasiada frecuencia, sobre todo en el terreno político actual, haciendo muy poco caso de los consejos, sugerencias o recomendaciones de las personas que saben más por viejos que por diablos.

Los más avisados dirán de un modernidad líquida, pues, al dirigente promedio sólo le atrae la degustación mediática de sí, encargando por lo general los 140 caracteres que redondean su fama con una recurrente aparición televisiva. Por lo general, no cultiva una disciplina o una mera afición alterna a su ocupación principal, que sea capaz de abrir otros horizontes de interpretación más allá de los burdos hechos que suplen a otros en esta circularidad abierta por la  barbarie que arribó al poder en 1999, contaminando a propios y a extraños.

Sería ocioso, por ejemplo, convertir el debate público en una confrontación lacaniana o junguiana de los hechos y sus personajes, pero luce obvio que todo aquél que nunca siguió y admiró a un pitcher estelar, esperó por la nueva obra de su novelista favorito, lidió con un asunto econométrico, le intrigó la teoría de las cuerdas, preguntó sobre la retroventa,  trató de imitar el riff de su guitarrista favorito, garabateó algunos versos o coleccionó suplementos de Superman de niño, tiene una mirada estrecha para el ejercicio político. Carece de otros elementos de vivencia y de interpretación, tan indispensables en la hora actual.

Nunca antes, tuvimos una crisis histórica sin una intelectualidad convincentemente comprometida y, además, con un liderazgo político que se le acercara en inquietudes y frutos. Valga la digresión, porque siendo – de Weber para acá – tan específica la política como profesión, ésta no se explica sin la reflexión, la vivencia y la experiencia a la que únicamente puede accederse con la paciencia y la modestia necesaria.

Buena o mala intención aparte, siempre nos preguntamos sobre el bloqueo de todo diálogo entre dictadura y oposición, insatisfechos con las respuestas que teníamos a la mano. Sobre todo, porque no acarreaban o acarrean – aparentemente – costo político alguno y  pasan ilesos sus protagonistas del fracaso de 2014 al de 2016, anunciándose ahora otro.

En días pasados, Carlos Blanco tuvo una poderosa intuición que ilustra muy bien el tamaño del desafío que toca desesperado a nuestras puertas: es un asunto cultural (https://www.lapatilla.com/site/2017/09/27/carlos-blanco-sindrome-del-ex-radical).  Hicimos nuestra la actitud fatalista de los antiguos radicales que, por un lado, no saben negociar sino desde sus debilidades, y, por el otro,  paradójicamente, tratan y fustigan a los radicales del momento, por muy desarmados que se encuentren, haciéndose eco de la prédica oficial.

La interpretación que puede ocasionar otras (agregaría la sempiterna espera por el botín de guerra que supone toda negociación, desde el Tratado de Coche para acá),  se nos antoja como una novedad   provechosa que no sólo aporta un político de  probada trayectoria en el oficio, sino el intelectual que nunca ha dejado de ser, como solía ser antes el promedio de los que fatigaban un partido (algo más que un club de bolas criollas).  Se dirá inútil el señalamiento del síndrome del ex – radical, acomplejado por el soldado que hoy lo hipoteca, pero una lectura atenta al artículo de Blanco, ofrece pistas para ensayar otra táctica y otra estrategia desde la oposición, por ágrafa que sea, como es la dictadura.

28/09/2017:
https://www.lapatilla.com/site/2017/09/28/scio-me-nihil-scire-por-guido-sosola
http://www.diariobarquisimeto.com.ve/scio-me-nihil-scire-por-guido-sosola
https://venezuelaunida.com/scio-me-nihil-scire-por-guido-sosola

jueves, 28 de septiembre de 2017

CLAVE DE INTERPRETACIÓN

EL NACIONAL, Caracas, 27 de septiembre de 2017
Síndrome del ex radical
Carlos Blanco
 
Los radicales venezolanos de hoy buscan salir del régimen de Maduro lo más pronto, sin desviarse de los objetivos del 16 de julio pasado. Su radicalismo no los hace salir con fusiles, sino defender una posición firme frente a otras más –digamos– pausadas. Los radicales de hoy esgrimen una posición política sin violencia, a diferencia de los alzados en armas hace más de medio siglo. Estos mataron y murieron en combates; fusilaron a los blandos o “traidores” y numerosos fueron víctimas de tortura, algunos asesinados. Ellos desataron la lucha armada de la década de los sesenta.

La democracia incipiente derrotó en toda la línea a esos radicales armados. Comenzó la pacificación cuando gobernaba Raúl Leoni y tuvo un punto de excelente culminación con el primer gobierno de Rafael Caldera. La mayor parte de los radicales de la época, alzados en armas contra la democracia, tuvieron luego una entrada al escenario democrático, derrotados sin apelación, pero no humillados. Algunos grupos quedaron rezagados, llegaron después a la paz, y unos pocos desperdigados se quedaron como hampa común hasta su extinción.

Los más prominentes de los alzados representaron dos hechos significativos: negociaron su entrada en la lucha democrática desde una derrota total; y, segundo, por haber sido autores de la violencia más cruel, adquirieron un recelo al borde del pánico a aventuras, a impromptus mesiánicos y, en general, a audacias juveniles. Llegaron a la democracia por la puerta de atrás; unos cuantos no superaron esa huella. Muchos de esos líderes forjaron una corriente cultural más que política, lo cual drenó hacia una porción de la generación siguiente que los veneró. Así se tiene una corriente zurda, más o menos progre, izquierdosa, que conserva dos características de sus mentores: negocian, cuando de negociar se trata, desde una actitud derrotista en vez de hacerlo desde posiciones de fuerza, cuando las tienen; y son extremadamente conservadores: cualquier intrepidez es aventura; lo que no esté escrito en los manuales, es locura.

El peso de esta cultura conservadora forjada desde la derrota ha permeado con mucha fuerza el ambiente político de hoy, y puede ser lo que explique la disonancia no solo entre los radicales y los ex radicales, sino que muchos líderes mundiales vean con estupor cómo bajo esa “sensatez” se ha abandonado el mandato del 16 de julio en pos de un diálogo tramposo y unas elecciones cuyo problema es que desvían de los objetivos aprobados por 7,6 millones de venezolanos. Parece el suicidio de los “prudentes”.

Fuente:

viernes, 19 de febrero de 2016

CAZA DE CITAS

"Toda cultura crea sus propios mitos, no porque sea incapaz de distinguir entre falsedad y verdad sino porque su función es mantener y conservar una cultura contra la desintegración y destrucción"

Ivonne Patricia León Peñuela

("El mito como categoría en la cultura política", en: "Estatuto epistemológico de la cultura política", Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2008).

martes, 23 de septiembre de 2014

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Sanin. "Cultura política". Bohemia, Caracas, nr. 793 del 05/06/1978.
- E. C. Otálvora. "Viejo bestiario de la izquierda no renovable". El Universal, Caracas, 22/01/89.
- Luis Raúl Matos Azócar. "Socialdemocracia y democracia cristiana en América Latina y el caso de Venezuela". Semanario Acción Democratica, Caracas, nr. 11 del 08/07/82.
- Ernesto Mayz Vallenilla. "La reforma del Estado". El Nacional, Caracas, 11/12/84.

Reproducción: Rómulo Betancourt. Élite, Caracas, nr. 1978 del 24/08/1963.

domingo, 17 de agosto de 2014

CAZA DE CITAS

" ... La contraposición entre democracia y dictadura, vista, desde la posición de aquellos que han pretendido legitimar la democracia, se ha centrado (en los discursos teóricos, en los panfletos y en las actividades organizativas) en el uso de la idea de libertad. Falta averiguar cuál ha sido la densidad, la profundidad, el alcance y sobre todo los límites de esa idea política de libertad. Esta es una tarea necesaria para reexaminar la cultura política contemporánea venezolana. Es necesario hacer uso del contexto social, económico y cultural en el que se origina esa idea. Desde ese contexto probablemente se podrán apreciar los límites"

Omar Astorga

("Ensayos de filosofía política y cultura", UCV, Caracas, 2014: 276)

Ilustración: José Antonio Dávila.

lunes, 7 de octubre de 2013

CULTURA POLÍTICA

Del limpio jugar
Luis Barragán


Antes de concluir la temporada regular de las Ligas Mayores de Béisbol, el venezolano Henderson Álvarez -  Marlins de Florida – nos dio la inmensa satisfacción de un no-hit, no-run. Y el país que no lo conocía, agobiado por los renovados problemas ya de vieja data, celebró naturalmente la hazaña y al hazañoso.

Inevitable, los medios oficialistas se hicieron inmediatamente eco del asunto, pues, dando un respiro a sus propios usuarios, exaltaron al estelar pitcher, aunque más tarde volviesen con esa intensa campaña para explicar nuestros problemas por obra de una conspiración satánica de la derecha lacaya del imperialismo. El atleta copó merecidamente la pantalla de todas las emisoras y nos dio gusto verificar que un grupo de niños, en una mesa cercana a la nuestra, dieran cuenta a sus padres de los antecedentes: Wilson Álvarez, Aníbal Sánchez, Carlos Zambrano, Johan Santana y Félix Hernández, según la nómina reconfirmada por la “tableta” que los convocaba.

Que sepamos, Álvarez no incurrió en deslealtad alguna para conquistar su objetivo, ni despotricó de los bateadores dispuestos a cumplir con su deber.  Jugando limpio, con miles de fanáticos como testigos, con reglas previas y claras, coincidió el talento natural con las ganas de hacer,  la inteligente destreza con la voluntad de soñar despierto, como el respeto hacía sí y hacia el otro dentro y fuera del campo.

En definitiva, es posible, necesario y urgente jugar limpio en todos los ámbitos para garantizar los resultados que satisfagan nuestras expectativas. El béisbol ofrece un buen ejemplo, pues, como todo, no siendo perfecto, el fracaso no está ligado a la antipatía que nos condena, al rencor de un tercero, al sabotaje que es más grande cuando no logra explicarse, a la enfermiza conspiración que no corroe, al abandono del amuleto (ex) viviente. Y las victorias dependen de nuestra entereza, prestancia, empeño, talento, integridad: logramos algo distinto cuando procedemos de un modo diferente, señaló en su homilía dominical el Padre Ramírez Meza (Redentorista).

La posibilidad, necesidad y urgencia es la del reaprendizaje. Es demasiado costoso, incómodo, amargo y suicida el de hacernos grandes y pequeñas triquiñuelas, estafándonos con una versión de la realidad que nos conduce al despeñadero.

http://opinionynoticias.com/opinionnacional/16902-del-limpio-jugar

martes, 23 de octubre de 2012

BUEHHHH....

¿Sin cultura política?
Sigue existiendo una Venezuela cuya base política carece de perspectiva
ANTONIO JOSÉ MONAGAS |  EL UNIVERSAL
martes 23 de octubre de 2012  

La victoria del oficialismo, forjada el pasado 7-O, no fue convincente. Muchas dudas se entretejieron alrededor del hecho, lo que animó a que fuera aceptado con hastío. Debe reconocerse que dicho triunfo no resultó de un proceso político establecido sobre el andamiaje de un proselitismo sensato y decente. Tal resultado obedeció a razones relacionadas con el efecto miedo que ha venido sembrando el gobierno central a través de un discurso presidencial despectivo. También, con el auxilio de bandas de militares y grupos de civiles guapetones valiéndose de amenazas, intimidaciones y de armas. Personas estas movidas por la ignominia y por la promesa de vulgares prebendas.
Opresor
Es indiscutible que el miedo, en el venezolano, no ha dejado de ser su confidente, su reclusorio. O peor aún, su opresor. Un miedo que desgarra sentimientos y constriñe esperanzas. El sentido de la frase: ¿quién dijo miedo?, perdió vigencia. La valentía que muchos demostraron, pareció esconderse cuando arreció la campaña electoral presidencial manejada con abuso, humillación e insultos. Así dispusieron de los recursos del erario y de la manipulación organizada para aplicar de un perverso proyecto político de intensiones hegemónicas.
Ese mismo miedo llevó a que el país sucumbiera. La irracionalidad e inmadurez, le abrieron el paso a la comodidad de quienes votaron sin reflexión ni preocupación ante lo que acecha el futuro nacional. Con ello vuelve la oscuridad que arropa todo régimen de tendencia vertical.
En medio de tan inquietante situación, debe admitirse que el problema que asfixia a los venezolanos no es otro sino aquel que ha sido asomado hasta la saciedad: sigue existiendo una Venezuela cuya base política carece de perspectiva. O sea, una población sin sentido de las realidades y sin cultura política.

Cfr. http://www.correodelorinoco.gob.ve/nacionales/venezuela-se-construye-un-sistema-una-nueva-concepcion-seguridad/

domingo, 14 de octubre de 2012

EJE (S)

Menos mal que hay familia!
ANGEL OROPEZA |  EL UNIVERSAL
miércoles 25 de julio de 2012 

Una de las características más resaltantes de la psicología política de los venezolanos, es su apego a la familia. Los Estudios Mundiales de Valores (estudios sobre Cultura Política realizados en más de 70 países del mundo) han identificado a Venezuela como una de las naciones con los niveles más altos de afecto y dependencia hacia la familia.  Las familias son inseparables del venezolano, y los venezolanos no se conciben a sí mismos sino en una familia, más allá de las  características peculiares y para nada tradicionales de la morfología familiar criolla.

Sin embargo, el rasgo más relevante que caracteriza a la familia venezolana del siglo XXI, y que la diferencia de los perfiles de familia típicos de otros países, es la multiplicidad de funciones que con el tiempo se le han venido asignando, y las cargas de responsabilidad que progresivamente se ha visto obligada a asumir.  Repasemos sólo unos cuantos ejemplos de nuestra cotidianidad,  los cuales usted como lector seguramente reconocerá de inmediato.

Cuando un venezolano sufre de algún apuro económico, ¿quién suele ser la instancia de auxilio financiero más cercana e inmediata? La familia. Cuando un venezolano se enferma, ¿a quién suele acudir en busca de cuido? A su familia. Cuando alguien en Venezuela se queda sin empleo, ¿a quién recurre para que le ayude mientras consigue otro? A su familia. Cuando nuestras madres venezolanas necesitan salir a trabajar para llevar plata para la casa, ¿quién se ocupa de los muchachos? Pues las abuelas u otras de las mujeres de la familia. Igual ocurre si algún miembro del hogar sufre alguna discapacidad física o mental, o está inhabilitado por razones de edad o de enfermedad.  Cuando a alguien en Venezuela se le cae o se le inunda la casa, la única forma de librarse de la tragedia de los refugios, es si cuenta con algún familiar que le dé cobijo. Y cuando un venezolano tiene un accidente, o cae en una enfermedad que requiera un tratamiento costoso, ¿quiénes son los primeros en socorrerle o en buscar cubrir esos gastos? Pues otros miembros de la familia.  Incluso los altísimos niveles de violencia e inseguridad en el país, que han obligado a nuestros compatriotas a encerrarse en sus casas para poder sobrevivir,  han hecho de la familia el lugar privilegiado de recreación y entretenimiento.  Así, como inteligentemente lo señala el profesor Luis Pedro España,   la familia se ha convertido en la escuela, la farmacia, la agencia de empleo, el centro de salud, el centro de cuido para niños, enfermos y ancianos, el sistema de seguridad y hasta el principal lugar de recreación.  Pero, ¿por qué ocurre esto?

La familia venezolana de hoy se ha visto obligada a cumplir con esta larga lista de responsabilidades y funciones,  porque no existe en el país un gobierno que se encargue de esas tareas. En otras palabras, el Estado venezolano actual ha dejado sola a la familia, y la ha abandonado a su propia suerte.  Hoy, 4 de cada 10 jóvenes no asisten al bachillerato;  más de la mitad de la pensión de nuestros abuelos se va en la compra de medicinas necesarias para mantener su salud; sólo 60% de los menores de 6 años tienen posibilidades de atenderse en centros de cuidado infantil; tenemos los niveles más altos de embarazo adolescentes de Sur América; el 40% de los niños entre 3 y 6 años no asiste al pre-escolar y al menos 30% de los menores de 3 años necesitan protección alimentaria y de salud; casi 25% de los niños entre 2 y 14 años presentan en Venezuela algún grado de desnutrición importante, según las últimas cifras oficiales disponibles.   Las injusticias y desidias de un gobierno insensible y de muy mal corazón ha hecho que los venezolanos sepan que lo único que tienen es a su propia familia.

Es necesario corregir con urgencia esta situación. Se hace imprescindible migrar de la actual "colcha de retazos" en que consisten los operativos sociales de la administración chavecista,  al diseño y construcción de una política social integral y comprensiva por parte del Estado venezolano, que tenga como objetivo primordial servir de apoyo a las familias, y hacer de éstas el eje sobre el cual giren y desarrollen los programas e iniciativas sociales de un Estado con vocación de progreso y de futuro.

Fotografía: Luis Millé.

domingo, 15 de julio de 2012

PIEL DE BYTES

De Plaz Power: varios años después
Luis Barragán


A mediados de los noventa, dos materias ocuparon nuestra atención: la antipolítica y, bautizada así, la infopolítica. Ésta requirió de varios seminarios y talleres hasta materializarse en la precursora Sala de Cibermedios de la fracción parlamentaria de los socialcristianos en el otrora Congreso de la República, confiriéndole una naturaleza y un alcance por entonces inédito.
Gracias  a una de esas jornadas para la construcción de los supuestos teóricos, supimos del resumen de una tesis doctoral que tuvo a bien exponer un especialista, cuyo nombre ahora no recordamos, siendo prácticamente imposible hallar la versión íntegra de lo que nos pareció un extraordinario aporte académico. Casualmente, dieciséis años después, hallamos la edición por escasos diez mil bolívares débiles, por excepción, en lo que fue el meritorio remate de libros del puente de la caraqueña avenida Fuerzas Armadas, remodelado y caricaturizado por la alcaldía menor en un no sé qué de resistencia literaria.
La obra de Irene Plaz Power (“La informática en la sociedad venezolana: ¿símbolo de desarrollo? Viejas reflexiones sobre una nueva tecnología”, Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1993), obviamente ya no tiene vigencia en relación a su circunscrito objeto de estudio, pero se ofrece como un inmenso testimonio histórico en torno a la recepción de los productos y servicios de novísimo y complejo cuño. El trabajo de campo, realizado entre 1989 y 1990, igualmente nos ilustra sobre la predominante cultura política de entonces que, a modo de ilustración, cifraba en la corrupción administrativa la clave de los problemas fundamentales del país, entre otras facetas hoy tan inimaginables, como lo hubiese sido este siglo XXI por entonces.
Las imágenes de la literatura internacional de carácter divulgativo, a lo Toffler o Servan Schereiber, siendo tan exitosos libródromos, no guardaban correspondencia con las recreadas por los especialistas y aficionados nacionales. El Estado, aunque no se le podía pedir más, a nuestro juicio, encaró la informatización como una tarea adicional, acaso subestimada, antes y durante la explosión de la llamada computopía, como el resto de la sociedad que también ponderó – hasta no hace mucho – la computadora como un objeto sofisticado, prescindible y de lujo.
Evidentemente, aventajados por la perspectiva histórica, verificamos que  el solo empleo de las nuevas tecnologías – en sí mismas - no trajo ni automatizó el cambio social, y – aunque ha impulsado importantes transformaciones – la interconectividad tampoco multiplica astronómicamente la productividad y el empleo. Valga señalar, por una parte, que internet es un supremo instrumento de distracción, sembrado paradójicamente en un país que involuciona hacia la premodernidad; y, por otra, como siempre supimos, que la importancia radicaba en la cultura y el relacionamientosocial  antes que en el equipamiento digital de la política que, por cierto, para muchos, es todavía la ciberpolítica.
Recordamos con desagrado, al miserable periodista que pretendió reportar las actividades de la Sala de Cibermedios del parlamento, quejándose precisamente de la … política; o la editora de una revista impresa especializada que deseaba reseñarla continuamente, podando su carácter … político. La excepción fue el serio trabajo periodísticos que hizo Luzmely Reyes y que, a su vez, la convirtió en una de las precursoras de la infopolítica del país.
El documento doctoral de la sociólogo Plaz Power, cuya descarga hoy  es posible en la red de redes, retrata al país que labró las condiciones del actual. Y, con mucho rigor metodológico y claridad epistemológica, cubrió una etapa que merece la primordial atención de historiadores y politólogos.

Fuente:http://www.opinionynoticias.com/librosyautores/12290-de-plaz-power-varios-anos-despues
Cfr. http://es.scribd.com/doc/82644328/Info-y-Sociedad-2-copy; y http://books.google.co.ve/books?id=MgI1G4jzjLkC&printsec=frontcover&hl=es&source=gbs_ge_summary_r&cad=0#v=onepage&q&f=false
Fotografía: http://vagabundia.blogspot.com/2008/12/textile.html

Post-data:

CIUDAD CARACAS, 17 de Julio de 2012
SOFTWARE LIBRE/ Informática e ideología
LUIGINO BRACCI
ACTIVISTA DE LA COMUNIDAD SOFTWARE LIBRE

Cuando pensamos en eventos sobre software libre, generalmente pensamos en expertos en computación conversando entre sí en lenguaje técnico indescifrable, personas muy especializadas, utilizando sus neuronas para tratar de resolver problemas complejos que no les importa al 99% de la población del país.
Jornastec, en cambio, fue distinto. Las Jornadas Nacionales de Soberanía Tecnológica, Jornastec 2012, que se realizaron el sábado pasado en Caracas tras recorrer otros cinco estados, son un evento creado por estudiantes y egresados de la Misión Sucre, aldeas educativas y universidades como la UBV. Allí comienza a sentirse un perfil muy distinto a lo acostumbrado en el área de las tecnologías de información.
Sí, en las Jornastec hay muchos informáticos, pero los problemas que resuelven son los de la gente de nuestros sectores populares: por ejemplo, que un consejo comunal en Cúa pueda emitir cartas de residencia a los habitantes de su sector a través de una página web, o que otro consejo comunal pueda hacer un censo poblacional de su sector, o que la casa cultural de la parroquia pueda hacer un registro de cultores y cultoras; o que la televisora comunitaria de La Vega pueda transmitir por internet su programación.
Y es que las carreras de sistemas, informática y computación, tal y como se brindan en las universidades tradicionales, están orientadas principalmente a resolver los problemas de la empresa privada.
Dicen ser “apolíticas”, porque en sus aulas no se habla de chavismo u oposición. Pero la mayor parte de los enunciados que deben resolver los estudiantes empiezan así: “La empresa VeneSys necesita un sistema para optimizar su nómina…” o “Una importante transnacional requiere que usted le realice una página web donde pueda vender sus productos…”. Formación para el capitalismo.
Los estudiantes de estas universidades tradicionales salen de clases y se topan en los pasillos con kioscos de Microsoft, Oracle y otras transnacionales del software, en los que brillantes especialistas y espectaculares promotoras buscan captarlos a través de charlas y concursos, regalándoles cajitas con software y manuales. ¿Por qué tanto interés en ellos? Bien: en unos años estos jóvenes ya no serán estudiantes sin dinero, sino gerentes de Informática en empresas privadas y públicas; manejarán un abultado presupuesto y tomarán decisiones sobre la compra de paquetes de software que cuestan cientos de miles de dólares. “¡Hay que adoctrin… digo… hay que captarlos desde ya!”, dicen en los departamentos de “marketing” de las grandes transnacionales.
“Quien dice que no tiene ninguna ideología, está asumiendo tácitamente la ideología dominante”, dijo el zuliano Stephenson Prieto, coordinador nacional de las Jornastec en su excelente charla de cierre. ¿Tiene razón? Absolutamente.


Breve nota LB

LO "ideológico" y lo "apolítico", nos parecen sendos pretextos. Incluyendo un área difícil de digerir, pues el ejercicio de la soberanía tecnológica luce indecretable. Acotemos, hay un tratado internacional, suscrito por Venezuela, desde finales de los '60 o principios de los '70, que dispone la posesión, dominio y uso del espacio sideral como patrimonio de la humanidad. Presumimos que, a Chávez Frías, aunque la transita frecuentemente, se le hará difícil pasearse por nuestro satélite natural, o reivindicar la cuota-parte que hipotéticamente le corresponde a los venezolanos....