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martes, 5 de mayo de 2020
sábado, 4 de abril de 2020
DEPENDE DEL DÍA
Anne Applebaum: “Estos momentos serán recordados como una gran ruptura histórica”
La historiadora advierte sobre los riesgos que afronta la democracia y que Occidente puede perder el liderazgo mundial si su gestión de la pandemia no es buena
Félix Badía
La historiadora y periodista Anne Applebaum (Washington DC, 1964) ha dedicado buena parte de su trayectoria a estudiar el convulso siglo XX de Europa del Este y la URSS. El último de sus libros, Hambruna roja (Debate), relataba la criminal política de Stalin respecto a Ucrania. Desde entonces, sin embargo, esta escritora, columnista también de The Atlantic , ha centrado su análisis en la crisis de la democracia liberal, un proceso de degradación en el que ahora se cruza la epidemia de coronavirus que ha incrementado aún más las incertidumbres. ¿Optimista o pesimista? “Depende del momento del día”.
La epidemia de coronavirus ha llegado en un momento en que las democracias liberales tienen mala salud. De hecho, ese es el tema de su próximo libro. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
Para mí el principal problema de muchas democracias liberales es que los sistemas políticos no han sido capaces de evolucionar a la misma velocidad que los cambios tecnológicos, económicos y de la información. En un momento en que tantas cosas se pueden hacer rápidamente, la democracia toma mucho tiempo y da la impresión de que no ofrece respuestas de forma ágiles. La gente, entonces, busca atajos en sistemas diferentes: “tal vez el sistema chino es mejor, tal vez el ruso es mejor, tal vez ellos pueden tomar decisiones más rápidamente…”.
A eso se añade que hay dos crisis, una real y otra, digamos, más imaginaria, vinculadas ambas a la globalización y que esta epidemia ha exacerbado. La primera es que ya hace años que para mucha gente se ha hecho evidente que sus gobiernos no tienen el control de las economías, ven que decisiones tomadas en China o en Washington pueden afectar a su negocio, por ejemplo, en Barcelona. En cierta forma eso puede llevar a revivir ciertos tipos de nacionalismo.
Pero hay un segundo aspecto que reside en la naturaleza de los nuevos medios de comunicación que están debilitando a los medios tradicionales. En consecuencia, las sociedades que antes estaban acostumbradas a un debate público ahora, en cambio, se encuentran divididas en algo parecido a dos cámaras de eco en cuyo interior se producen los debates.
Las democracias se están deteriorando, pero ¿cree que la epidemia de coronavirus puede acelerar este proceso?
No quiero predecir lo que ocurrirá, porque están sucediendo muchas cosas todavía. Vemos, por ejemplo, que la gente está dispuesta a ceder en muchas cosas, como la libertad a cambio de seguridad. Siempre en la historia se puede constatar que cuando la gente teme a la muerte o a una pandemia está dispuesta a ceder poderes al Estado, a diferencia de lo ocurre en momentos de normalidad. La pregunta es cuánto y cómo los Estados van a utilizar esa posibilidad, si van a aprovechar esta situación o no para acumular poder en una persona o un partido político, si estos cambios van a producirse por un período corto y luego esos poderes volverán a la gente. Eso depende mucho de qué decisiones tomen los gobiernos próximamente.
Está viniendo un gran cambio en este sentido, en el que Asia va delante de nosotros, y, al margen de China, sino a países como Corea del Sur o Taiwan, que son democracias. Se trata de empezar a entender el uso de la tecnología o de la inteligencia artificial para monitorizar y centralizar la gestión contra la pandemia. Mucha gente en esas sociedades está dispuesta a ceder un cierto nivel de privacidad a cambio de la seguridad y de que las economías sigan funcionando. Creo que en algún momento tendremos este debate también en los países occidentales, y de nuevo, veremos qué decisiones tomamos al respecto, si serán temporales o permanentes o quién controlará los datos. Ese será un tema muy importante de debate en el próximo año.
Pero también hay oportunidades para modernizar la democracia.
¿Qué oportunidades de modernización?
La modernización del Estado, y no puedo hablar por España, pero sí por Estados Unidos o Polonia, que son los países en los que vivo. Uno de los aspectos que esta crisis ha mostrado es que tenían una total falta de preparación desde el punto de vista del sistema sanitario, de la interpretación de la información o de la política de comunicación, que en Estados Unidos y la Casa Blanca ha estado llena de fallos.
No podemos seguir en un mundo moderno con este tipo de incompetencia, que haya gente incapaz en los servicios de salud pública. Hay que revisar los mecanismos por los cuales esa gente llega a los puestos en que se toman decisiones o por los que se hace seguimiento de la salud de la población.
Por otra parte, el funcionamiento del Gobierno y de la burocracia, el desplazamiento de muchas operaciones de la administración hacia el ámbito online es algo que va a suceder, y tenemos que ver cómo hacemos eso de forma eficiente y segura para la gente, preservando la privacidad y la libertad.
Las democracias, de alguna manera, se la están jugando. Si gestionan mal la situación actual pueden dar alas a los movimientos autoritarios.
Es posible. Si los países occidentales no consiguen gestionar bien esta situación y en cambio los países asiáticos sí, será un gran desprestigio para Occidente. Una de las realmente grandes tragedias del momento es que Estados Unidos tiene hoy a un presidente como Donald Trump . En lugar de tener a alguien que buscara unir a personas y esfuerzos para combatir el coronavirus, le tenemos a él, y el problema no es que sólo que sea un nacionalista, sino que es un narcisista que no está interesado realmente en el destino de su país. Tenemos una terrible mala suerte en estos momentos. El país líder del mundo occidental en las últimas décadas está ahora liderado por la persona más catastróficamente errónea.
Tal vez los europeos encuentren la manera de trabajar conjuntamente en los próximos meses, tal vez pasado el primer shock Alemania y los países grandes de la Unión Europea puedan encontrar la manera de coordinarse. Si, en cambio, los países democráticos de Asia, como Taiwan, Corea o Japón, que tienen buenos sistemas de sanidad y una burocracia más sofisticada, dan una mejor respuesta, el liderazgo de Occidente se verá seriamente cuestionando.
En estos días la Unión europea en conjunto está siendo criticada por no ser capaz de dar la respuesta necesaria a lo que está sucediendo.
Creo que la crítica a la UE es injusta porque no tienen competencias en salud pública, que depende de las autoridades estatales. Aquí lo que está por ver es como la UE gestionará la crisis económica que está viniendo.
En general, aunque no tenemos la perspectiva histórica, ¿usted cree que esta crisis representará un paréntesis o una ruptura?
No me gustan las predicciones y no sé qué pasará la semana que viene, pero no hay duda de que esta época será recordada como una ruptura importante. Lo que sucederá a continuación depende de las decisiones que tomen los países en las próximas semanas. Pero creo que sí, estamos en un gran momento de cambio.
¿Es usted optimista o pesimista?
¿Sabe? Depende del momento del día. Me levanto por la mañana, veo la luz del sol y me siento optimista; pero empiezo a leer las noticias y me siento pesimista. Pero si transitamos a través de esta situación sin que se produzca una gran tragedia y si tomamos las decisiones correctas, seremos más pobres en los próximos meses y años, sí, pero tampoco creo que será el fin del mundo, no soy apocalíptica en ese sentido. Es una gran ruptura, el sistema mundial tal como lo conocemos está dejando de funcionar en estos momentos y cuando se ponga en marcha de nuevo será muy diferente.
Fuente:
Cfr.
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lunes, 30 de diciembre de 2019
domingo, 21 de abril de 2019
CAZA DE CITAS
"No menos decisivo en la formación de la conciencia es el descubrimiento del vínculo constitutivo entre la libertad y la verdad. Como he repetido otras veces, separar la libertad de la verdad objetiva hace imposible fundamentar los derechos de la persona sobre una sólida base racional y pone las premisas para que se afirme en la sociedad el arbitrio ingobernable de los individuos y el totalitarismo del poder público causante de la muerte"
Juan Pablo II
("Carta Encíclica Evangelium Vitae", Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaicano, 1995: Nr. 96)
Escultura: Maurizio Cattelan.
Juan Pablo II
("Carta Encíclica Evangelium Vitae", Librería Editrice Vaticana, Ciudad del Vaicano, 1995: Nr. 96)
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miércoles, 29 de agosto de 2018
GOLPES
Requesens y la última de las libertades humanas
Isabel Pereira Pizani
Sin pecar de ingenuidad creo que el régimen que aún gobierna Venezuela ha sufrido dos de sus más grandes golpes. El primero, la estampida de los militares, el abandono de la obligación de proteger a su presidente ante la amenaza no materializada de una explosión; y el segundo, la confesión de Juan Requesens en claro estado de pérdida de conciencia, actuando bajo el efecto de las drogas, es decir sin ser doblegado, sin que renegara racionalmente de su compromiso moral con el país. Si a él debieron darle alguna sustancia para que “confesara” es sencillamente porque no pudieron obligarlo a declarar desde la integridad de su ser.
Por ello, los hombres abyectos que lo mantienen prisionero recurren a la mayor perversión, drogarlo para anular su conciencia y hacerlo actuar a su gusto, traicionar su compromiso con el país. El padre de Juan Requesens por eso señaló: “Ese no es mi hijo”, y tiene razón, no es Juan hablando desde su fuero interior, es algo así como una voz apoderada de su imagen física. Asombra la miseria humana de Jorge Rodríguez anunciando al país que su prisionero confesó. Este “psiquiatra” sabe muy bien que Requesens nunca confesó, que exhibieron una figura, un espectro bajo los efectos de drogas.
En todos los horrores de los procedimientos nazis conocidos nunca habíamos encontrado una perversidad mayor, pues se trata de entrar en los pliegues profundos del alma humana y tramposamente obligarla a negarse a sí misma. Los nazis impartían latigazos, trabajos forzados en el más duro invierno, insultos y descalificación, pero nunca vimos declaración alguna de un prisionero de los nazis glorificando a Hitler bajo el influjo evidente de sustancias químicas.
Si Requesens tuvo que ser drogado para que confesara es porque él decidió ser responsable y fiel a lo que públicamente expresa como el sentido de su vida, que puede diferir de un hombre a otro, de un día para otro, de una hora a otra hora, pero que él no traicionó nunca. Juan asumió el significado concreto de la vida ante la sociedad y ante su propia conciencia; recurrió a lo que llaman “la última de las libertades humanas”, es decir, la capacidad de “elegir la actitud personal ante las circunstancias”, ser digno de su sufrimiento, amarrarse a la capacidad humana para elevarse por encima del fatalismo. Estar en manos de carceleros descerebrados y sin conciencia que defienden el reino del terror, sin ningún respeto por la humanidad de los seres que caen en sus manos. Es Diosdado Cabello amenazando, garrote en mano, a cualquier ser que ose socavar su nefasto poder destructivo.
Requesens tiene que haber usado su última libertad para que los carceleros decidieran usar este procedimiento que supera las torturas nazis. Matar el ser de la persona.
El psiquiatra del grupo debe haber sido el autor de la receta. Sabía que Juan no hablaría con golpes ni torturas físicas. Un carcelero ordinario no habría recurrido jamás a esta treta porque confiaría en que con violencia física podría obtener lo que desea del prisionero.
Ahora bien, la pregunta es: ¿a quién descubre esta maniobra, quién queda al descubierto y sin excusas? Ese es el gran tema, al igual que la imagen patética de los soldados que huyeron ante una amenaza que no era visible, la caída total de las defensas armadas del gobierno ante los ojos de sus autoridades. Presentar a Requesens bajo el efecto de estupefacientes para confesar falsos delitos, traicionar a sus compañeros de ruta, constituye una de las peores derrotas para este régimen. Las fuerzas armadas huyeron despavoridas ante un amago de ataque y su principal prisionero es drogado para que confiese lo inconfesable. El saldo para el régimen es evidente, de allí que oigamos las insólitas declaraciones de Aristóbulo: “Los propios familiares fueron los que colocaron en las redes ese tipo de fotos para que la gente se confundiera y acusara a Maduro y a la revolución”.
Esto lo que quiere decir es que están recibiendo el contragolpe de su barbaridad, nadie les cree, y quedaron como unos sórdidos torturadores.
Toda situación vital representa un reto para la persona y plantea un problema que solo el involucrado debe resolver, siempre lo que está en juego es el sentido de su vida. En una palabra, a cada quien se le pregunta por la vida y únicamente puede responder por su propia vida; solo siendo responsable puede contestar. Esta, sin duda alguna, fue la decisión de Juan Requesens, poner en juego su capacidad de ser responsable. ¿Y cual fue la decisión de los militares que huyeron en estampida abandonando a su presidente, ante el supuesto peligro?
Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2018/08/isabel-pereira-pizani-requesens-la-ultima-las-libertades-humanas/
Isabel Pereira Pizani
Sin pecar de ingenuidad creo que el régimen que aún gobierna Venezuela ha sufrido dos de sus más grandes golpes. El primero, la estampida de los militares, el abandono de la obligación de proteger a su presidente ante la amenaza no materializada de una explosión; y el segundo, la confesión de Juan Requesens en claro estado de pérdida de conciencia, actuando bajo el efecto de las drogas, es decir sin ser doblegado, sin que renegara racionalmente de su compromiso moral con el país. Si a él debieron darle alguna sustancia para que “confesara” es sencillamente porque no pudieron obligarlo a declarar desde la integridad de su ser.
Por ello, los hombres abyectos que lo mantienen prisionero recurren a la mayor perversión, drogarlo para anular su conciencia y hacerlo actuar a su gusto, traicionar su compromiso con el país. El padre de Juan Requesens por eso señaló: “Ese no es mi hijo”, y tiene razón, no es Juan hablando desde su fuero interior, es algo así como una voz apoderada de su imagen física. Asombra la miseria humana de Jorge Rodríguez anunciando al país que su prisionero confesó. Este “psiquiatra” sabe muy bien que Requesens nunca confesó, que exhibieron una figura, un espectro bajo los efectos de drogas.
En todos los horrores de los procedimientos nazis conocidos nunca habíamos encontrado una perversidad mayor, pues se trata de entrar en los pliegues profundos del alma humana y tramposamente obligarla a negarse a sí misma. Los nazis impartían latigazos, trabajos forzados en el más duro invierno, insultos y descalificación, pero nunca vimos declaración alguna de un prisionero de los nazis glorificando a Hitler bajo el influjo evidente de sustancias químicas.
Si Requesens tuvo que ser drogado para que confesara es porque él decidió ser responsable y fiel a lo que públicamente expresa como el sentido de su vida, que puede diferir de un hombre a otro, de un día para otro, de una hora a otra hora, pero que él no traicionó nunca. Juan asumió el significado concreto de la vida ante la sociedad y ante su propia conciencia; recurrió a lo que llaman “la última de las libertades humanas”, es decir, la capacidad de “elegir la actitud personal ante las circunstancias”, ser digno de su sufrimiento, amarrarse a la capacidad humana para elevarse por encima del fatalismo. Estar en manos de carceleros descerebrados y sin conciencia que defienden el reino del terror, sin ningún respeto por la humanidad de los seres que caen en sus manos. Es Diosdado Cabello amenazando, garrote en mano, a cualquier ser que ose socavar su nefasto poder destructivo.
Requesens tiene que haber usado su última libertad para que los carceleros decidieran usar este procedimiento que supera las torturas nazis. Matar el ser de la persona.
El psiquiatra del grupo debe haber sido el autor de la receta. Sabía que Juan no hablaría con golpes ni torturas físicas. Un carcelero ordinario no habría recurrido jamás a esta treta porque confiaría en que con violencia física podría obtener lo que desea del prisionero.
Ahora bien, la pregunta es: ¿a quién descubre esta maniobra, quién queda al descubierto y sin excusas? Ese es el gran tema, al igual que la imagen patética de los soldados que huyeron ante una amenaza que no era visible, la caída total de las defensas armadas del gobierno ante los ojos de sus autoridades. Presentar a Requesens bajo el efecto de estupefacientes para confesar falsos delitos, traicionar a sus compañeros de ruta, constituye una de las peores derrotas para este régimen. Las fuerzas armadas huyeron despavoridas ante un amago de ataque y su principal prisionero es drogado para que confiese lo inconfesable. El saldo para el régimen es evidente, de allí que oigamos las insólitas declaraciones de Aristóbulo: “Los propios familiares fueron los que colocaron en las redes ese tipo de fotos para que la gente se confundiera y acusara a Maduro y a la revolución”.
Esto lo que quiere decir es que están recibiendo el contragolpe de su barbaridad, nadie les cree, y quedaron como unos sórdidos torturadores.
Toda situación vital representa un reto para la persona y plantea un problema que solo el involucrado debe resolver, siempre lo que está en juego es el sentido de su vida. En una palabra, a cada quien se le pregunta por la vida y únicamente puede responder por su propia vida; solo siendo responsable puede contestar. Esta, sin duda alguna, fue la decisión de Juan Requesens, poner en juego su capacidad de ser responsable. ¿Y cual fue la decisión de los militares que huyeron en estampida abandonando a su presidente, ante el supuesto peligro?
Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2018/08/isabel-pereira-pizani-requesens-la-ultima-las-libertades-humanas/
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jueves, 5 de julio de 2018
IRSE, YÉNDOSE
No hay otra vía que la libertad
El diputado a la Asamblea Nacional recordó la importancia del 5 de julio para impulsar la lucha por la democracia en el país
Luis Barragán, diputado a la Asamblea Nacional, señaló que el 5 de julio es una fecha que puede servir de estímulo para que los ciudadanos sigan en la lucha por la libertad y retomen la democracia en el país.
Asimismo, recalcó que "lo que más le urge al pueblo es salvar la república que conformó en 1811" y que, a su juicio, el régimen quiere llevarse por delante.
“La ciudadanía está reivindicando en la necesidad inmensa de que seamos libres. Libres frente a cualquier minoría que está monopolizando el poder y quiere fluctuarlo y eternizarse en el poder respondiendo a instrucciones de potencias ajenas como la Habana”, indicó Barragán.
Recordó que los venezolanos tuvieron un ejercito forjador de libertad, que emprendió, comprendió y asumió sus responsabilidades frente a las potencias europeas.
“Lo que debe hacer esta dictadura es irse y dejar que el pueblo venezolano recupere la senda de la libertad de la democracia, del desarrollo economía, de la equidad social, de la calidad de vida y de la realización plena de la ciudadanía. No hay otra vía que la libertad”, agregó.
Barragán tiene la esperanza de que en algún momento lo ciudadanos puedan emprender y realizar sus sueños como ocurría antes de la llegada del socialismo del siglo XXI.
05/07/2018:
http://www.el-nacional.com/noticias/politica/luis-barragan-hay-otra-via-que-libertad_242828
Captura de imagen: Al consultar el Twitter en la mañana, la declaración fue tendencia y así osciló, por lo menos, hasta aproximadamente 01:00 pm.
El diputado a la Asamblea Nacional recordó la importancia del 5 de julio para impulsar la lucha por la democracia en el país
Luis Barragán, diputado a la Asamblea Nacional, señaló que el 5 de julio es una fecha que puede servir de estímulo para que los ciudadanos sigan en la lucha por la libertad y retomen la democracia en el país.
Asimismo, recalcó que "lo que más le urge al pueblo es salvar la república que conformó en 1811" y que, a su juicio, el régimen quiere llevarse por delante.
“La ciudadanía está reivindicando en la necesidad inmensa de que seamos libres. Libres frente a cualquier minoría que está monopolizando el poder y quiere fluctuarlo y eternizarse en el poder respondiendo a instrucciones de potencias ajenas como la Habana”, indicó Barragán.
Recordó que los venezolanos tuvieron un ejercito forjador de libertad, que emprendió, comprendió y asumió sus responsabilidades frente a las potencias europeas.“Lo que debe hacer esta dictadura es irse y dejar que el pueblo venezolano recupere la senda de la libertad de la democracia, del desarrollo economía, de la equidad social, de la calidad de vida y de la realización plena de la ciudadanía. No hay otra vía que la libertad”, agregó.
Barragán tiene la esperanza de que en algún momento lo ciudadanos puedan emprender y realizar sus sueños como ocurría antes de la llegada del socialismo del siglo XXI.
05/07/2018:
http://www.el-nacional.com/noticias/politica/luis-barragan-hay-otra-via-que-libertad_242828
Captura de imagen: Al consultar el Twitter en la mañana, la declaración fue tendencia y así osciló, por lo menos, hasta aproximadamente 01:00 pm.
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5 de Julio de 1811,
5 de julio de 2018,
Diputado Luis Barragán,
Libertad
viernes, 25 de mayo de 2018
CONECTIVIDAD GLOBAL
EL UNIVERSAL, Caracas, 12 de mayo de 2018
Conocimiento y libertad
Rafael Rangel Aldao
Dos factores primordiales dictan la prosperidad de los países más avanzados del mundo, el uso intensivo de conocimientos y la conectividad global. Entre ambos facilitan las más amplias libertades democráticas y crean enormes oportunidades de superación tanto individuales como colectivas. El que no sabe es presa fácil del engaño y la manipulación, igual le ocurre a quien se aísla del resto del mundo, para ellos pobreza y sumisión.
Un país distinto solo será posible en la medida que confluyan conocimiento y conectividad en nuestro desarrollo, esto si de verdad queremos diversificar la economía de los vaivenes petroleros, cada día más impredecibles y de futuro incierto ante la creciente sustitución de las fuentes de energía no renovable. Hay países como Noruega, por ejemplo, donde a partir de 2025, no podrán circular carros de combustibles fósiles, y otros como Francia, Alemania, India y China, que seguirán el mismo ejemplo de prohibir autos que usen gasolina o diesel.
Patrimonio natural
Esta misma semana este cronista pudo observar cómo es necesario combinar conocimiento, conectividad y libertad para defender de la piratería ese patrimonio natural del país como lo es el cacao criollo, de alta demanda en Asia, que no parece satisfacer su pasión por el chocolate. Venezuela, lo sabemos, tiene el mejor cacao del mundo y sus emprendedores y maestros chocolateros ganan los más prestigiosos premios internacionales. ¡Ah!, pero la producción está seriamente amenazada ante un entorno donde está ausente la propiedad industrial, la debida capacitación y asistencia técnica a los productores que sufren de la ya endémica calamidad económica del país.
La industria requiere de conocimientos y conectividad para agregar valor al cacao, es decir, denominación geográfica, mayor productividad, mejor comercio y exportación a esos mercados crecientes. La Asamblea Nacional prepara una nueva ley de propiedad industrial para garantizar ese apoyo. ¡Sí puede haber un mejor futuro!
Fuente:
http://www.eluniversal.com/el-universal/8852/conocimiento-libertad
Conocimiento y libertad
Rafael Rangel Aldao
Dos factores primordiales dictan la prosperidad de los países más avanzados del mundo, el uso intensivo de conocimientos y la conectividad global. Entre ambos facilitan las más amplias libertades democráticas y crean enormes oportunidades de superación tanto individuales como colectivas. El que no sabe es presa fácil del engaño y la manipulación, igual le ocurre a quien se aísla del resto del mundo, para ellos pobreza y sumisión.
Un país distinto solo será posible en la medida que confluyan conocimiento y conectividad en nuestro desarrollo, esto si de verdad queremos diversificar la economía de los vaivenes petroleros, cada día más impredecibles y de futuro incierto ante la creciente sustitución de las fuentes de energía no renovable. Hay países como Noruega, por ejemplo, donde a partir de 2025, no podrán circular carros de combustibles fósiles, y otros como Francia, Alemania, India y China, que seguirán el mismo ejemplo de prohibir autos que usen gasolina o diesel.
Patrimonio natural
Esta misma semana este cronista pudo observar cómo es necesario combinar conocimiento, conectividad y libertad para defender de la piratería ese patrimonio natural del país como lo es el cacao criollo, de alta demanda en Asia, que no parece satisfacer su pasión por el chocolate. Venezuela, lo sabemos, tiene el mejor cacao del mundo y sus emprendedores y maestros chocolateros ganan los más prestigiosos premios internacionales. ¡Ah!, pero la producción está seriamente amenazada ante un entorno donde está ausente la propiedad industrial, la debida capacitación y asistencia técnica a los productores que sufren de la ya endémica calamidad económica del país.
La industria requiere de conocimientos y conectividad para agregar valor al cacao, es decir, denominación geográfica, mayor productividad, mejor comercio y exportación a esos mercados crecientes. La Asamblea Nacional prepara una nueva ley de propiedad industrial para garantizar ese apoyo. ¡Sí puede haber un mejor futuro!
Fuente:
http://www.eluniversal.com/el-universal/8852/conocimiento-libertad
domingo, 7 de enero de 2018
CAZA DE CITAS
"Nos encaminamos así a esta idea que me parece esencial: y es que los valores - por ejemplo, la libertad y la verdad - no pueden separarse sin perder su carácter, y agrego que no se dejan reconocer como valores sino por quien está colocado, por así decirlo, en el eje de la luz inteligible; y estas palabras no designan una luz que se podría comprender - lo que no significa nada -, sino una luz que es el principio de toda comprensión, cualquiera que sea"
Gabriel Marcel
("El misterio del ser", Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1964: 272)
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domingo, 10 de diciembre de 2017
CAZA DE CITAS
"Hay que ir más lejos. Desde el momento en que el artista acepta considerarse como un funcionario, abdica, se reconoce listo para aceptar todas las capitulaciones a que lo obligarán los países totalitarios. Lo que significa decir que deja de ser un artista. Y al mismo tiempo se coloca en la imposibilidad de experimentar nada que se asemeje a la alegría de crear, que es inseparable de la verdadera libertad..."
Gabriel Marcel
("El misterio del ser", Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1964: 209)
Fotografía: Serguéi Prokófiev, tomada de la red.
Cfr. Paradójica, una nota alusiva al compositor de Alejo Carpentier: http://lbarragan.blogspot.com/2017/11/tributo.html
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domingo, 17 de septiembre de 2017
DELITOS MEDIÁTICOS
EL NACIONAL, Caracas, 17 de septiembre de 2017
La comunicación es libre y plural
Antonio Pasquali
El título de esta nota reproduce el inicio del artículo 58 de la Constitución venezolana, la única del mundo en explicitar la esencial inherencia del pluralismo en la libre comunicabilidad, vale decir la inexistencia de esta si desprovista de aquella extensión. Una libertad que no libera, que no es usufructo de todos y es acaparada por privilegiados o algún big brother, siempre se metamorfosea en su contrario, en proteicos abusos de poder, en monódicas voces del amo. Nada que ver, obviamente, con el bastardo pluralismo del more of the same; el que la Constitución invoca es el genuino y coral que se genera por copresencia de múltiples, libres y desiguales emisores, medios, fuentes, códigos, canales, criterios, orígenes, voces y estilos, inductores de opiniones públicas bien informadas, de ponderación, mutua tolerancia y democracia.
Ese hermoso postulado nunca se cumplió y hoy figura entre los imperativos constitucionales más salvajemente violados por su mismo promulgador, el teniente coronel Chávez, quien durante los 5.060 días de su reinado dedicó 243.404 minutos (casi un semestre) repartidos en 2.334 emisiones obligatorias de radio y televisión en cadena, a la intoxicación ideológica de la gente, robándole su libertad de emitir y recibir a medios y perceptores nacionales e internacionales, mientras exilaba líderes de opinión y compraba, cerraba, vetaba, o llevaba a la ruina decenas de órganos de información que adversaban su despotismo. El dictador siguiente elegido por el castrismo tras la muerte del primero, un obediente y telemanejado apparatchik, viene acelerando y extremando esa destrucción de pluralidad: se ha especializado en expulsar corresponsales extranjeros y retirar pasaportes, y en estos ocho meses de 2017 se ha dado el lujo neroniano de silenciar otros 49 medios. Su más reciente medida, el cierre de dos emisoras radiales capitalinas de arraigo y el oscurecimiento de las dos televisoras colombianas Caracol TV y RCN, se presta a reflexiones.
La primera es terminológica, de interés general y a la vez específico para profesionales y estudiosos de la comunicación (aunque trascienda ese mero aspecto). Cuando intentamos adjetivar, para denunciarlos, los graves problemas de comunicación creados por el chavismo, olvidamos que la comunicación es un enviar y un recibir, y manifestamos la errónea tendencia –de origen liberal-individualista anglosajón– a cobijar sus complejas y disímiles manifestaciones bajo el único estereotipado estándar de una pérdida de “libertad de expresión”. Al hacerlo, terminamos reduciendo los delitos de lesa comunicación solo a aquellos que disminuyen o suprimen la libertad del emisor, sin parar mientes en su más importante reverso: las masas de perceptores, o audiencias –tan protagonistas de la relación comunicacional como el emisor– contra cuya libertad de acceder a fuentes libremente seleccionadas también puede restringirse o suprimirse (para obviarlo, México se dio recientemente una ley sobre Derechos de las Audiencias). La triple estrategia de la dictadura contra la libertad de comunicar con pluralismo es clarísima y articulada: maximizar el poder emisor del régimen, minimizar el de la disidencia, propiciar un aislacionismo comunicacional que anule la presencia en el dial y en la red de terceras voces indeseables.. Vistos los catastróficos resultados de la primera de esas estrategias, el régimen terminó privilegiando las otras dos, y es ante esa parte destructora que le resta fuentes a los perceptores eliminando medios, sitios y voces críticas o disidentes, donde mejor se constata la insuficiencia de la fórmula feeedom of expression, que debería cuando menos acompañarse de una freedom of reception de igual rango. La conmutación léxica hoy más empleada en el país para indicar algo que se aproxima a esa libertad de recepción es “derecho a la información”, un giro insuficiente que reduce a la mera dimensión periodístico-informativa el complejo nivel de incomunicabilidad que genera el bloqueo de acceso a fuentes plurales y libremente elegidas. La sistemática violación gubernamental del artículo 58 constitucional afecta pues la totalidad de los procesos comunicantes del venezolano, incidiendo profundamente en su relacionamiento y socialización. Hay emisores por un lado y usuarios, perceptores o audiencias por el otro. La libertad/pluralidad del comunicar debe defenderse por igual/tanto en fase emisora como en fase receptora, siendo de un mismo rango el derecho de expresarse libremente y el de acceder a aquella libre expresión. Finalmente: conviene no olvidar que por encima de los dos casos específicos, la “libertad de expresarse” referida al emisor, y “la libertad de recibir” al perceptor, existe un noble y poco empleado término genérico, consagrado por la carta magna, que es precisamente “comunicación”, el cual abarca la totalidad de la relación. Habrá que seguir usando, cuando sea del caso, la fórmula anglosajona “libertad de expresión”, pero hay que recuperar el pleno empleo del más rico y polisignificante término “comunicación” que nos han legado griegos y latinos. Una manera –dicho sea de paso– de rendir un mínimo y permanente homenaje a aquella Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que no nació en ámbito anglosajón, que redactaran en 1789 gentes de cultura latina (Lafayette, Condorcet, Mirabeau, Mounier, entre otros), y cuyo artículo XI no defiende tan solo la libertad de expresión, sino “la libre comunicación de los pensamientos y opiniones” como “uno de los más valiosos derechos del hombre”.
La otra consideración concierne la sustancia política del problema: la estrategia chavista del silenciamiento interno y el progresivo aislamiento comunicacional del país.
El aislacionismo, el devolver a su país decenas de corresponsales extranjeros, el llevar a tribunales a quienes reproducen en medios nacionales noticias internacionales mal vistas por el régimen o el prohibir la retransmisión en el país de cuanta agencia o emisora internacional tenga una visión crítica de nuestra realidad, es la más estúpida, extemporánea y contraproducente de las estrategias chavistas, pues ha hecho más que mil embajadores para regar por el mundo la certitud de que en Venezuela vivimos en dictadura. En los años ochenta, en plena Guerra Fría, un colega soviético reveló a quien escribe que la URSS gastaba 1 millardo de kilovatios anuales para introducir ruido en las emisiones que los occidentales dirigían a Rusia, y que tal esfuerzo no hacía sino agudizar la sed y la ingeniosidad de la gente para captarlas. Sucedió decenios antes de la irrupción de Internet, lo que eleva a “n” potencia la estupidez del aislacionismo comunicacional chavista inspirado en una férrea dictadura cubana sumida en el oscurantismo y el atraso tecnológico. Eso de embozalarle al venezolano las voces del mundo y aumentar progresivamente los controles sobre la red debieron ser, con toda probabilidad, recomendaciones del ex ministro cubano de Informática y Comunicaciones Ramiro Valdés, admiradísimo por el Chávez que le compró centenares de emisoras para las comunitarias y los nuevos pasaportes, plantó con él la bandera cubana en el Panteón, le confió, absurdamente, la presidencia de una comisión venezolana para problemas energéticos y en marzo 2009 se dejó convencer a firmar un decreto presidencial (el 6649) que prohíbe en la administración pública venezolana el uso de la telefonía celular, las plataformas tecnológicas y el empleo de Internet, declarados gastos suntuarios y superfluos (¡sic!). ¿Qué más esperar de un consejero cubano que declaró un día en un congreso que Internet era “una diabólica invención del capitalismo para la destrucción de la humanidad”?
La minimización chavista de la vocería nacional disidente, cada día más próxima a su meta final, representa, en perspectiva política, una de las facetas más exitosas del proclamado hegemonismo comunicacional que el régimen persigue impertérrita y oficialmente. En la España, hoy felizmente periclitada, la autoridad mataba de espada a los criminales de casta y de garrote vil a los del pueblo llano. Pudiera decirse, con metáfora imperfecta pero pertinente, que el castrismo mató de espada los medios cubanos, y que a nosotros nos tocó durante dieciocho años el lento y doloroso garrote vil, que en el prioritario campo radioeléctrico han venido aplicando con celo los pequeños Goebbels que han presidido Conatel, un ente regulador del buen uso de las frecuencias convertido en comisariato político de la dictadura, y en el impreso un monopolio estatal del papel-imprenta. Las dictaduras siempre se fabrican una lógica interna tan implacablemente coherente como la de las tiras cómicas. La nuestra es de estirpe militarista, y ha impuesto al país y sus comunicaciones una lógica, un lenguaje y una acción que solo tienen alguna razón de ser en tiempos de guerra. Hay que yugular los medios disidentes porque todo disidente es un enemigo; todo protestatario un traidor a la patria a juzgar en tribunales militares; todo crítico un aliado de poderosos enemigos externos; toda denuncia de delitos gubernamentales un crimen de lesa patria; no ser adictos al régimen (Maduro dixit) es “conspirar en el golpismo”; las grandes manifestaciones de calle se liquidan hasta con un centenar de muertos. ¡Temibles ucase para informadores! La porción mayor del silencio o la neutralidad mediáticos son hoy aportes de la autocensura, máxime en el medio radio, cuya mayoría de emisores aceptaría de buena gana hasta las cadenas presidenciales si el régimen tuviera la gentileza de cancelarles el tiempo utilizado.
Pero acá también el chavismo se equivoca. En tiempos de Internet las intoxicaciones o hipnosis políticas de enteras sociedades al modo soviético o nazifascista ya no son posibles, y el ideal goebbeliano de “convertir una ideología en religión de Estado” es una quimera. Entrabar el normal funcionamiento de los transportes públicos, de la telefonía y de la red durante las manifestaciones de la oposición es recurso pueril, más propio de miserables caciques de pueblo que de jefes de Estado. El cierre a granel de emisoras nacionales e internacionales no solo confirma internacionalmente el carácter dictatorial del régimen, sino que refuerza en el venezolano el anhelo de libertad.
La ilegítima constituyente cocina ahora una nueva ley contra el odio, que pudiera convertirse en la clava para el golpe de gracia a lo que queda de libertad con pluralismo. ¿Estarán repitiendo la Historia por haberla olvidado, desconocen importantes antecedentes? En julio 2009, por ejemplo, la fiscal Ortega presentó a la Asamblea chavista un proyecto de ley especial sobre delitos mediáticos, abortado, cuyo artículo 11 castigaba con prisión de dos a cuatro años a quien promoviere “la guerra, la violencia, o el odio u hostilidad entre sus habitantes”. Será un olvido táctico; lo que no pueden absolutamente ignorar que antes, entre 2004 y 2005, ellos mismos (Maduro, Flores, Tascón, Vivas, Carreño, Varela y otros) sí lograron introducir cambios en el Código Penal finalizados a castigar “delitos de expresión”, “terrorismo mediático”, la “instigación al odio entre venezolanos”, la “conspiración”, la “exposición al desprecio u odio público” y el “crear pánico”. Los artículos por ellos modificados fueron el 286, el 296A, el 297A, el 297B y el 444. Las penas son allí igualmente severas, con una muy relevante precisión: que todas ellas son “aumentadas de un tercio si el delito es cometido por funcionario público”.
¿Reconfirmarán los neolegisladores en su nueva ley este fundamental precepto o lo mandarán a borrar del Código Penal? Cosa grande sería que lo dejaran, para que el día que vuelva la justicia y haya entonces base jurídica para enjuiciar las cúpulas de los regímenes chavistas que llevan casi veinte años llamando, en cadena nacional, al desprecio del “escuálido” y al odio de clase.
Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/comunicaciones-libre-plural_203796
La comunicación es libre y plural
Antonio Pasquali
El título de esta nota reproduce el inicio del artículo 58 de la Constitución venezolana, la única del mundo en explicitar la esencial inherencia del pluralismo en la libre comunicabilidad, vale decir la inexistencia de esta si desprovista de aquella extensión. Una libertad que no libera, que no es usufructo de todos y es acaparada por privilegiados o algún big brother, siempre se metamorfosea en su contrario, en proteicos abusos de poder, en monódicas voces del amo. Nada que ver, obviamente, con el bastardo pluralismo del more of the same; el que la Constitución invoca es el genuino y coral que se genera por copresencia de múltiples, libres y desiguales emisores, medios, fuentes, códigos, canales, criterios, orígenes, voces y estilos, inductores de opiniones públicas bien informadas, de ponderación, mutua tolerancia y democracia.
Ese hermoso postulado nunca se cumplió y hoy figura entre los imperativos constitucionales más salvajemente violados por su mismo promulgador, el teniente coronel Chávez, quien durante los 5.060 días de su reinado dedicó 243.404 minutos (casi un semestre) repartidos en 2.334 emisiones obligatorias de radio y televisión en cadena, a la intoxicación ideológica de la gente, robándole su libertad de emitir y recibir a medios y perceptores nacionales e internacionales, mientras exilaba líderes de opinión y compraba, cerraba, vetaba, o llevaba a la ruina decenas de órganos de información que adversaban su despotismo. El dictador siguiente elegido por el castrismo tras la muerte del primero, un obediente y telemanejado apparatchik, viene acelerando y extremando esa destrucción de pluralidad: se ha especializado en expulsar corresponsales extranjeros y retirar pasaportes, y en estos ocho meses de 2017 se ha dado el lujo neroniano de silenciar otros 49 medios. Su más reciente medida, el cierre de dos emisoras radiales capitalinas de arraigo y el oscurecimiento de las dos televisoras colombianas Caracol TV y RCN, se presta a reflexiones.
La primera es terminológica, de interés general y a la vez específico para profesionales y estudiosos de la comunicación (aunque trascienda ese mero aspecto). Cuando intentamos adjetivar, para denunciarlos, los graves problemas de comunicación creados por el chavismo, olvidamos que la comunicación es un enviar y un recibir, y manifestamos la errónea tendencia –de origen liberal-individualista anglosajón– a cobijar sus complejas y disímiles manifestaciones bajo el único estereotipado estándar de una pérdida de “libertad de expresión”. Al hacerlo, terminamos reduciendo los delitos de lesa comunicación solo a aquellos que disminuyen o suprimen la libertad del emisor, sin parar mientes en su más importante reverso: las masas de perceptores, o audiencias –tan protagonistas de la relación comunicacional como el emisor– contra cuya libertad de acceder a fuentes libremente seleccionadas también puede restringirse o suprimirse (para obviarlo, México se dio recientemente una ley sobre Derechos de las Audiencias). La triple estrategia de la dictadura contra la libertad de comunicar con pluralismo es clarísima y articulada: maximizar el poder emisor del régimen, minimizar el de la disidencia, propiciar un aislacionismo comunicacional que anule la presencia en el dial y en la red de terceras voces indeseables.. Vistos los catastróficos resultados de la primera de esas estrategias, el régimen terminó privilegiando las otras dos, y es ante esa parte destructora que le resta fuentes a los perceptores eliminando medios, sitios y voces críticas o disidentes, donde mejor se constata la insuficiencia de la fórmula feeedom of expression, que debería cuando menos acompañarse de una freedom of reception de igual rango. La conmutación léxica hoy más empleada en el país para indicar algo que se aproxima a esa libertad de recepción es “derecho a la información”, un giro insuficiente que reduce a la mera dimensión periodístico-informativa el complejo nivel de incomunicabilidad que genera el bloqueo de acceso a fuentes plurales y libremente elegidas. La sistemática violación gubernamental del artículo 58 constitucional afecta pues la totalidad de los procesos comunicantes del venezolano, incidiendo profundamente en su relacionamiento y socialización. Hay emisores por un lado y usuarios, perceptores o audiencias por el otro. La libertad/pluralidad del comunicar debe defenderse por igual/tanto en fase emisora como en fase receptora, siendo de un mismo rango el derecho de expresarse libremente y el de acceder a aquella libre expresión. Finalmente: conviene no olvidar que por encima de los dos casos específicos, la “libertad de expresarse” referida al emisor, y “la libertad de recibir” al perceptor, existe un noble y poco empleado término genérico, consagrado por la carta magna, que es precisamente “comunicación”, el cual abarca la totalidad de la relación. Habrá que seguir usando, cuando sea del caso, la fórmula anglosajona “libertad de expresión”, pero hay que recuperar el pleno empleo del más rico y polisignificante término “comunicación” que nos han legado griegos y latinos. Una manera –dicho sea de paso– de rendir un mínimo y permanente homenaje a aquella Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que no nació en ámbito anglosajón, que redactaran en 1789 gentes de cultura latina (Lafayette, Condorcet, Mirabeau, Mounier, entre otros), y cuyo artículo XI no defiende tan solo la libertad de expresión, sino “la libre comunicación de los pensamientos y opiniones” como “uno de los más valiosos derechos del hombre”.
La otra consideración concierne la sustancia política del problema: la estrategia chavista del silenciamiento interno y el progresivo aislamiento comunicacional del país.
El aislacionismo, el devolver a su país decenas de corresponsales extranjeros, el llevar a tribunales a quienes reproducen en medios nacionales noticias internacionales mal vistas por el régimen o el prohibir la retransmisión en el país de cuanta agencia o emisora internacional tenga una visión crítica de nuestra realidad, es la más estúpida, extemporánea y contraproducente de las estrategias chavistas, pues ha hecho más que mil embajadores para regar por el mundo la certitud de que en Venezuela vivimos en dictadura. En los años ochenta, en plena Guerra Fría, un colega soviético reveló a quien escribe que la URSS gastaba 1 millardo de kilovatios anuales para introducir ruido en las emisiones que los occidentales dirigían a Rusia, y que tal esfuerzo no hacía sino agudizar la sed y la ingeniosidad de la gente para captarlas. Sucedió decenios antes de la irrupción de Internet, lo que eleva a “n” potencia la estupidez del aislacionismo comunicacional chavista inspirado en una férrea dictadura cubana sumida en el oscurantismo y el atraso tecnológico. Eso de embozalarle al venezolano las voces del mundo y aumentar progresivamente los controles sobre la red debieron ser, con toda probabilidad, recomendaciones del ex ministro cubano de Informática y Comunicaciones Ramiro Valdés, admiradísimo por el Chávez que le compró centenares de emisoras para las comunitarias y los nuevos pasaportes, plantó con él la bandera cubana en el Panteón, le confió, absurdamente, la presidencia de una comisión venezolana para problemas energéticos y en marzo 2009 se dejó convencer a firmar un decreto presidencial (el 6649) que prohíbe en la administración pública venezolana el uso de la telefonía celular, las plataformas tecnológicas y el empleo de Internet, declarados gastos suntuarios y superfluos (¡sic!). ¿Qué más esperar de un consejero cubano que declaró un día en un congreso que Internet era “una diabólica invención del capitalismo para la destrucción de la humanidad”?
La minimización chavista de la vocería nacional disidente, cada día más próxima a su meta final, representa, en perspectiva política, una de las facetas más exitosas del proclamado hegemonismo comunicacional que el régimen persigue impertérrita y oficialmente. En la España, hoy felizmente periclitada, la autoridad mataba de espada a los criminales de casta y de garrote vil a los del pueblo llano. Pudiera decirse, con metáfora imperfecta pero pertinente, que el castrismo mató de espada los medios cubanos, y que a nosotros nos tocó durante dieciocho años el lento y doloroso garrote vil, que en el prioritario campo radioeléctrico han venido aplicando con celo los pequeños Goebbels que han presidido Conatel, un ente regulador del buen uso de las frecuencias convertido en comisariato político de la dictadura, y en el impreso un monopolio estatal del papel-imprenta. Las dictaduras siempre se fabrican una lógica interna tan implacablemente coherente como la de las tiras cómicas. La nuestra es de estirpe militarista, y ha impuesto al país y sus comunicaciones una lógica, un lenguaje y una acción que solo tienen alguna razón de ser en tiempos de guerra. Hay que yugular los medios disidentes porque todo disidente es un enemigo; todo protestatario un traidor a la patria a juzgar en tribunales militares; todo crítico un aliado de poderosos enemigos externos; toda denuncia de delitos gubernamentales un crimen de lesa patria; no ser adictos al régimen (Maduro dixit) es “conspirar en el golpismo”; las grandes manifestaciones de calle se liquidan hasta con un centenar de muertos. ¡Temibles ucase para informadores! La porción mayor del silencio o la neutralidad mediáticos son hoy aportes de la autocensura, máxime en el medio radio, cuya mayoría de emisores aceptaría de buena gana hasta las cadenas presidenciales si el régimen tuviera la gentileza de cancelarles el tiempo utilizado.
Pero acá también el chavismo se equivoca. En tiempos de Internet las intoxicaciones o hipnosis políticas de enteras sociedades al modo soviético o nazifascista ya no son posibles, y el ideal goebbeliano de “convertir una ideología en religión de Estado” es una quimera. Entrabar el normal funcionamiento de los transportes públicos, de la telefonía y de la red durante las manifestaciones de la oposición es recurso pueril, más propio de miserables caciques de pueblo que de jefes de Estado. El cierre a granel de emisoras nacionales e internacionales no solo confirma internacionalmente el carácter dictatorial del régimen, sino que refuerza en el venezolano el anhelo de libertad.
La ilegítima constituyente cocina ahora una nueva ley contra el odio, que pudiera convertirse en la clava para el golpe de gracia a lo que queda de libertad con pluralismo. ¿Estarán repitiendo la Historia por haberla olvidado, desconocen importantes antecedentes? En julio 2009, por ejemplo, la fiscal Ortega presentó a la Asamblea chavista un proyecto de ley especial sobre delitos mediáticos, abortado, cuyo artículo 11 castigaba con prisión de dos a cuatro años a quien promoviere “la guerra, la violencia, o el odio u hostilidad entre sus habitantes”. Será un olvido táctico; lo que no pueden absolutamente ignorar que antes, entre 2004 y 2005, ellos mismos (Maduro, Flores, Tascón, Vivas, Carreño, Varela y otros) sí lograron introducir cambios en el Código Penal finalizados a castigar “delitos de expresión”, “terrorismo mediático”, la “instigación al odio entre venezolanos”, la “conspiración”, la “exposición al desprecio u odio público” y el “crear pánico”. Los artículos por ellos modificados fueron el 286, el 296A, el 297A, el 297B y el 444. Las penas son allí igualmente severas, con una muy relevante precisión: que todas ellas son “aumentadas de un tercio si el delito es cometido por funcionario público”.
¿Reconfirmarán los neolegisladores en su nueva ley este fundamental precepto o lo mandarán a borrar del Código Penal? Cosa grande sería que lo dejaran, para que el día que vuelva la justicia y haya entonces base jurídica para enjuiciar las cúpulas de los regímenes chavistas que llevan casi veinte años llamando, en cadena nacional, al desprecio del “escuálido” y al odio de clase.
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http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/comunicaciones-libre-plural_203796
viernes, 7 de julio de 2017
CAZA DE CITAS
" - No, se equivoca ... Irse o quedarse no es lo es decisivo. Lo que importa es la libertad de las personas para irse o quedarse. O la falta de esa libertad ... Y de otras ¿Me entiende?"
Leonardo Padura
("Herejes", Tusquets, Caracas, 2014: 404)
Leonardo Padura
("Herejes", Tusquets, Caracas, 2014: 404)
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domingo, 12 de marzo de 2017
CAZA DE CITAS
"Desde el momento en que el artista acepta considerarse como un funcionario, abdica, se reconoce listo para aceptar todas las capitulaciones a que lo obligarán los países totalitarios. Lo que significa decir que deja de ser artista. Y al mismo tiempo se coloca en la imposibilidad de experimentar nada que se asemeje a la alegría de crear, que es inseparable de la verdadera libertad ..."
Gabriel Marcel
("El misterio del ser", Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1964: 209)
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viernes, 7 de octubre de 2016
martes, 19 de abril de 2016
sábado, 5 de marzo de 2016
CAZA DE CITAS
"... También es cierto que el ejercicio de la libertad supone el hecho de que cada quien tenga siempre opciones o, en los términos que vengo usando, disponga de salidas que le permitan no someterse a quien intente imponerle su voluntad"Roberto Casanova
("Libertad, emprendimiento y solidaridad", Alfa, Caracas, 2016: 254)
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martes, 17 de febrero de 2015
ZAPEO
EL PAÍS, Madrid, 17 de febrero de 2015TRIBUNA
Los nuevos fósiles y las viejas realidades
Anda suelto un populismo ‘soft’ que simula aceptar las reglas del juego
Valentí Puig
Las enigmáticas relaciones entre entropía y nuevo orden afectan visiblemente el carácter de un mundo globalizado en el que avalanchas de selfies cruzan los meridianos como índice de tanta precariedad y narcisismo. Hay fósiles que se salen de los museos y se ponen a andar con el aplauso de las gentes cansadas de las viejas realidades y deseosas de amaneceres imposibles. Cuesta saber si vivimos en un mundo más consistente o más vulnerable.
Entre la lógica de la libertad y las tragedias históricas, pensar a priori en acotar el momento en que acaba el sentido de una época y comienza otra es casi una frivolidad. Nuevos factores se amalgaman con los existentes hasta extremos de complejidad que tal vez solo puedan interpretarse con la teoría del caos.
El conflicto de Ucrania intimida los confines de la Unión Europea, los populismos proliferan, hay quien confía en que la inteligencia artificial lo solvente todo, un nuevo califato ha declarado la guerra a Occidente, China expande sus poderes y el bajo precio del petróleo altera las tendencias económicas. A medio siglo de la muerte de Winston Churchill constatamos, además, que los lideratos han cambiado tanto que tal vez ya tengamos que darles otro nombre.
Los rumores sobre una decrepitud instantánea de Europa son mayormente exagerados, pero no es fácil considerar racionalmente la estampida de los nuevos fósiles con osamentas extremistas, de derecha y de izquierda. Europa se siente frágil, insegura, envejecida, débil e indefensa. Es un sentir popular que afecta a las respectivas políticas nacionales y las trastoca cuando en realidad lo que hace la Unión Europea es aplicar de forma concordada entre sus miembros el método de prueba y error, por contraste con un pasado de dogmas ideológicos y de soluciones utopistas. De hecho, es la propia naturaleza imperfecta del proceso de integración europea lo que impulsa sus reformas más efectivas. Cierto es que a veces son impulsos tardíos. Por ejemplo: la escenificación de la troika entrometida y prepotente fue un error de cálculo. Ha ocurrido en el caso de Grecia, pero no es menos cierto que ahí contó mucho más la vieja realidad de un país endeudado, dependiente, sin rigor fiscal, con una productividad muy baja y un incumplimiento sistemático de la normativa comunitaria.
Basta comparar el escaso rigor en el ingreso de Grecia en la Europa comunitaria con los gravosos deberes que tuvo que cumplimentar España. Sabemos, por lo demás, que negar o, peor aún, enmascarar una crisis económica tiene consecuencias.Los rumores sobre una decrepitud instantánea de Europa son mayormente exagerados
No es una paradoja que mientras cónclaves selectos reflexionan sobre un orden mundial, los titulares correspondan a nuevos Estados fallidos y a erupciones del caos. Al fin y al cabo, cada vez es más complicado regresar a un mundo feliz. Por eso, la nostalgia de las soluciones totales genera más fosilización. Vuelve la pregunta con riesgo sobre la utilidad de los Parlamentos o la democracia. No falta espacio para un totalitarismo soft que combine la estabilidad autoritaria, el crecimiento desparramado en los centros comerciales y a la vez la desmoralización de las clases medias. Seguridad y libertad pretenden interactuar, pero no siempre logran la proporción. Son los dilemas entre el megaespacio digital, el provecho material, un pluralismo incómodo y la fuerza ambivalente del individualismo. La verdad es que nos deja bastante indiferentes que en China no se vaya a las urnas.
De ahí que los populismos, adiestrados en la ocupación efectiva del espacio público, pretendan la hiperlegitimación que proviene del pueblo y no de la ley. Decir pueblo y decir masa, en este caso, viene a ser lo mismo. Se hace inevitable que el líder acabe legitimándose a sí mismo, de tal modo que niega toda legitimidad al adversario y le convierte en enemigo. Si hablamos de poscrisis, de sociedad posindustrial o de status posideológico, es significativo que no nos refiramos a un pospopulismo.El líder populista recurre a los vasos comunicantes que conectan los dos extremos. Casi lo logra cuando explica que ya no hay diferencia entre derecha e izquierda porque ambas cosas son lo mismo. Eso, eso: son la justificación del discurso antisistema. Los fósiles que andan sueltos son de todo tipo. No lo es menos un populismo soft que simula aceptar las reglas del juego para ir reconvirtiendo esas reglas en otra forma de entender el conflicto social o el imperio de la ley.
La volatilidad de los mercados globales tiene sus propias incertidumbres y riesgos. Déspotas de dulzura anestésica hablan de un mundo en el que no ser más libres puede ser una opción voluntaria. De hecho, nadie nos obliga a tantas sesiones de inmersión intensiva en la vulgaridad del reality show televisivo. Por suerte, al Gran Hermano se le puede burlar con el zapeo. Pero son tiempos de libertad low cost: es decir, tiempos de irresponsabilidad.
(*) Valentí Puig es escritor.
Ilustraciones: Pawla Kuczynskiego.
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Valentí Puig
martes, 9 de septiembre de 2014
Y AHORA ...
EL PAÍS, Madrid, 7 de septiembre de 2014
PIEDRA DE TOQUE
Las guerras del fin del mundo
Veinticinco años después de que Fukuyama proclamara el fin de la historia, civilización y barbarie siguen combatiendo en el escenario global. El enemigo es ahora el radicalismo islámico
Mario Vargas Llosa
Francis Fukuyama publicó en 1989 su famoso artículo sobre el fin de la historia y, en 1992, el libro en que amplió y argumentó su teoría, explicando que, con la desaparición de la Unión Soviética y del comunismo, la democracia no tendría ya en el futuro alternativas de peso e iría poco a poco integrando al mundo en una civilización global de paz y libertad.
¿Quién se atrevería un cuarto de siglo después a sostener una tesis tan optimista? Donde uno vuelva ahora los ojos, la historia está más viva que nunca, las contradicciones y rechazos violentos a la cultura democrática son el signo de la época y ganan terreno por doquier. La URSS y el comunismo han desaparecido para todos los efectos prácticos y los dos últimos Estados comunistas —Cuba y Corea del Norte— son dos antiguallas destinadas a extinguirse más pronto que tarde. Pero Rusia, bajo el liderazgo de Vladímir Putin y su cogollo de antiguos agentes del KGB, resucita como una potencia despótica que desafía a Occidente con éxito y va reconstituyendo su imperio ante un Estados Unidos y una Europa que, con el respaldo de su respectiva opinión pública, protestan y amenazan con sanciones pero no van a ir hoy a la guerra por Ucrania, ya medio devorada por el gigante ruso, ni mañana por los Estados bálticos que serán probablemente el próximo objetivo del nuevo imperialismo ruso.
La primavera árabe, que despertó tantas esperanzas en todo el mundo democrático, está muerta y enterrada. Sobrevive de milagro en Túnez, pero desapareció en Egipto, donde las elecciones libres subieron al poder a unos Hermanos Musulmanes que comenzaron a instalar una teocracia excluyente y agresiva y han sido echados del Gobierno por una dictadura militar vesánica. En Libia, la dictadura paranoica de Gadafi se hizo trizas y su caudillo fue liquidado, pero el país vive ahora en una anarquía sangrienta en la que facciones religiosas y militares se desangran sistemáticamente y en la que, sin duda, terminarán prevaleciendo los fundamentalistas islámicos.
El caso más trágico, sin duda, es el de Irak. La intervención militar destruyó la tiranía sanguinaria de Sadam Husein pero, luego de un breve paréntesis en que pareció que un régimen de legalidad y libertad podía echar raíces, se declaró una guerra sectaria entre chiíes y suníes, y los terroristas de Al Qaeda y otras organizaciones islamistas extremas se hicieron presentes y han perpetrado verdaderas orgías de atrocidades, clima en el que un movimiento aún más cruel y fanatizado que Al Qaeda, el Estado Islámico, se ha apoderado de parte del país al igual que de Siria e instalado allí un nuevo califato, en el que imperan la sharía y demás formas extremas de la barbarie, como decapitar, crucificar y enterrar vivos a quienes se niegan a convertirse a la rama fundamentalista del islam y donde las mujeres son esclavizadas y, aún niñas, entregadas como concubinas a los militantes y futuros mártires.
En los últimos tiempos la causa de la libertad ha estado perdiendo muchas batallas.
El gran movimiento de liberación que se alzó en armas contra la dictadura de Bachar el Asad en Siria, y en la que, en un primer momento, dominaban las fuerzas democráticas y modernizadoras, fue traicionado por los países occidentales, que se bajaron los pantalones ante Putin, proveedor de armas de la dictadura, permitiendo de este modo que los principales protagonistas de la lucha contra El Asad fueran los fanáticos del Estado Islámico. Ahora, la situación en Siria ha llegado a una pantomima grotesca, en que, como la última alternativa es la peor, Estados Unidos y la Unión Europea consideran bombardear a los enemigos del tirano, ya que éste, aunque un asesino genocida de su propio pueblo, resulta un mal menor comparado al califato.
No menos trágica es la situación de Afganistán, donde los talibanes parecen invencibles. Durante su campaña electoral, Obama criticó al presidente Bush, afirmando que éste se había equivocado dando la primera prioridad a Irak, cuando el verdadero peligro para el mundo libre lo constituían los fanáticos talibanes. Y, al subir al poder, aumentó el número de efectivos y de armas para combatirlos. Unos años después, ante el fracaso de este esfuerzo, ha retirado las tropas, al igual que el resto de los países de la OTAN, de modo que allí queda sólo una pequeña dotación militar más bien simbólica y no es improbable que el régimen que prohibió a las mujeres estudiar, ejercer cualquier profesión, las encerró en el hogar como esclavas, restauró la sharía, destruyó el patrimonio cultural del país e instaló una dictadura oscurantista medieval, vuelva al poder más pronto que tarde.
Dentro de semejante barbarie, quién lo hubiera dicho, América Latina parece un ejemplo de civilización. No hay guerras, la mayor parte de los países tienen elecciones más o menos libres y en la mayoría de ellos se practica la convivencia en la diversidad. Pero sería imprudente echar a volar las campanas. La más larga dictadura de la historia del continente, Cuba, está allí todavía, en manos de dos momias que parecen aquejadas de inmortalidad, y, con la excepción del puñadito heroico pero poco efectivo de resistentes, en la isla da la impresión de que no se moviera ni una mosca. Y en Venezuela, donde hace algunos meses la movilización de los estudiantes parecía haberle dado a la oposición una dinámica ganadora, Maduro y compañía parecen haber consolidado por ahora su poder mediante una represión feroz retrasando una vez más la hora de la liberación. El país está en ruinas, pese a la riqueza de su subsuelo, pero la pobreza, el racionamiento, la inflación y la corrupción no son suficientes, como demuestra la historia hasta el cansancio, para traerse abajo una dictadura. Por el contrario, un pueblo sometido a la carestía, la escasez, al miedo y a la mera supervivencia suele volverse más propenso a la resignación y a la pasividad, lo que explica tal vez la longevidad de tantas dictaduras latinoamericanas y africanas.
La primavera árabe que despertó tanta esperanza en el mundo democrático está muerta y enterrada
Esta visión a vuelo de pájaro del estado de la democracia en el mundo se enturbia todavía más si analizamos la profunda crisis que atraviesa la Unión Europea, el más ambicioso proyecto contemporáneo de la cultura de la libertad. La unidad europea ha traído ya enormes beneficios a los países del antiguo continente, entre otros hacerlos vivir el más largo periodo de paz y convivencia de su historia. Pero, en los últimos años, sobre todo a raíz de la crisis económica y financiera, el cuestionamiento de Europa en su propio seno ha crecido con el retorno de los nacionalismos y de fuerzas de extrema izquierda y de extrema derecha que rechazan la Unión, quisieran acabar con el euro y regresar a las viejas nacionalidades. De hecho, la primera fuerza política es hoy, en Francia, el Front National, un partido neofascista que quiere liquidar la moneda única y la integración de Europa. Todas las encuestas dicen que en Reino Unido una mayoría de ciudadanos quiere salirse de la Unión y que el referéndum que, al respecto, ha prometido convocar el Gobierno, lo perderían los europeístas. Sin Reino Unido, Europa nacería baldada.
¿Qué concluir de esta deprimente visión panorámica de la eterna pugna entre la civilización y la barbarie? ¿Que esta última avanza incontenible y terminará por aplastar pronto a aquella? Eso sería tan falso como sostener, ahora, la tesis que lanzó hace un cuarto de siglo Francis Fukuyama sobre la irreversible victoria de la democracia. La pugna sigue en pie, con fluctuantes alternativas, y sólo en un sentido —aunque importantísimo— se puede decir que la democracia gana puntos. A diferencia del comunismo, un mito capaz de seducir a mucha gente con su sueño igualitarista, el fundamentalismo religioso islámico, hoy el principal adversario de la civilización, sólo puede convencer a los ya convencidos, pues sus ideas y paradigmas son tan primitivos y cavernarios que se condena a sí mismo a ser derrotado tarde o temprano por agentes exteriores o por descomposición interna. Esa guerra nunca nadie la ganará de manera definitiva; se ganarán y se perderán batallas, y, eso sí, lo realista sería reconocer que, en los últimos tiempos, la causa de la libertad las ha estado perdiendo muchas más veces que ganando.
Ilustración: Fernando Vicente.
PIEDRA DE TOQUE
Las guerras del fin del mundo
Veinticinco años después de que Fukuyama proclamara el fin de la historia, civilización y barbarie siguen combatiendo en el escenario global. El enemigo es ahora el radicalismo islámico
Mario Vargas Llosa
Francis Fukuyama publicó en 1989 su famoso artículo sobre el fin de la historia y, en 1992, el libro en que amplió y argumentó su teoría, explicando que, con la desaparición de la Unión Soviética y del comunismo, la democracia no tendría ya en el futuro alternativas de peso e iría poco a poco integrando al mundo en una civilización global de paz y libertad.
¿Quién se atrevería un cuarto de siglo después a sostener una tesis tan optimista? Donde uno vuelva ahora los ojos, la historia está más viva que nunca, las contradicciones y rechazos violentos a la cultura democrática son el signo de la época y ganan terreno por doquier. La URSS y el comunismo han desaparecido para todos los efectos prácticos y los dos últimos Estados comunistas —Cuba y Corea del Norte— son dos antiguallas destinadas a extinguirse más pronto que tarde. Pero Rusia, bajo el liderazgo de Vladímir Putin y su cogollo de antiguos agentes del KGB, resucita como una potencia despótica que desafía a Occidente con éxito y va reconstituyendo su imperio ante un Estados Unidos y una Europa que, con el respaldo de su respectiva opinión pública, protestan y amenazan con sanciones pero no van a ir hoy a la guerra por Ucrania, ya medio devorada por el gigante ruso, ni mañana por los Estados bálticos que serán probablemente el próximo objetivo del nuevo imperialismo ruso.
La primavera árabe, que despertó tantas esperanzas en todo el mundo democrático, está muerta y enterrada. Sobrevive de milagro en Túnez, pero desapareció en Egipto, donde las elecciones libres subieron al poder a unos Hermanos Musulmanes que comenzaron a instalar una teocracia excluyente y agresiva y han sido echados del Gobierno por una dictadura militar vesánica. En Libia, la dictadura paranoica de Gadafi se hizo trizas y su caudillo fue liquidado, pero el país vive ahora en una anarquía sangrienta en la que facciones religiosas y militares se desangran sistemáticamente y en la que, sin duda, terminarán prevaleciendo los fundamentalistas islámicos.
El caso más trágico, sin duda, es el de Irak. La intervención militar destruyó la tiranía sanguinaria de Sadam Husein pero, luego de un breve paréntesis en que pareció que un régimen de legalidad y libertad podía echar raíces, se declaró una guerra sectaria entre chiíes y suníes, y los terroristas de Al Qaeda y otras organizaciones islamistas extremas se hicieron presentes y han perpetrado verdaderas orgías de atrocidades, clima en el que un movimiento aún más cruel y fanatizado que Al Qaeda, el Estado Islámico, se ha apoderado de parte del país al igual que de Siria e instalado allí un nuevo califato, en el que imperan la sharía y demás formas extremas de la barbarie, como decapitar, crucificar y enterrar vivos a quienes se niegan a convertirse a la rama fundamentalista del islam y donde las mujeres son esclavizadas y, aún niñas, entregadas como concubinas a los militantes y futuros mártires.
En los últimos tiempos la causa de la libertad ha estado perdiendo muchas batallas.
El gran movimiento de liberación que se alzó en armas contra la dictadura de Bachar el Asad en Siria, y en la que, en un primer momento, dominaban las fuerzas democráticas y modernizadoras, fue traicionado por los países occidentales, que se bajaron los pantalones ante Putin, proveedor de armas de la dictadura, permitiendo de este modo que los principales protagonistas de la lucha contra El Asad fueran los fanáticos del Estado Islámico. Ahora, la situación en Siria ha llegado a una pantomima grotesca, en que, como la última alternativa es la peor, Estados Unidos y la Unión Europea consideran bombardear a los enemigos del tirano, ya que éste, aunque un asesino genocida de su propio pueblo, resulta un mal menor comparado al califato.
No menos trágica es la situación de Afganistán, donde los talibanes parecen invencibles. Durante su campaña electoral, Obama criticó al presidente Bush, afirmando que éste se había equivocado dando la primera prioridad a Irak, cuando el verdadero peligro para el mundo libre lo constituían los fanáticos talibanes. Y, al subir al poder, aumentó el número de efectivos y de armas para combatirlos. Unos años después, ante el fracaso de este esfuerzo, ha retirado las tropas, al igual que el resto de los países de la OTAN, de modo que allí queda sólo una pequeña dotación militar más bien simbólica y no es improbable que el régimen que prohibió a las mujeres estudiar, ejercer cualquier profesión, las encerró en el hogar como esclavas, restauró la sharía, destruyó el patrimonio cultural del país e instaló una dictadura oscurantista medieval, vuelva al poder más pronto que tarde.
Dentro de semejante barbarie, quién lo hubiera dicho, América Latina parece un ejemplo de civilización. No hay guerras, la mayor parte de los países tienen elecciones más o menos libres y en la mayoría de ellos se practica la convivencia en la diversidad. Pero sería imprudente echar a volar las campanas. La más larga dictadura de la historia del continente, Cuba, está allí todavía, en manos de dos momias que parecen aquejadas de inmortalidad, y, con la excepción del puñadito heroico pero poco efectivo de resistentes, en la isla da la impresión de que no se moviera ni una mosca. Y en Venezuela, donde hace algunos meses la movilización de los estudiantes parecía haberle dado a la oposición una dinámica ganadora, Maduro y compañía parecen haber consolidado por ahora su poder mediante una represión feroz retrasando una vez más la hora de la liberación. El país está en ruinas, pese a la riqueza de su subsuelo, pero la pobreza, el racionamiento, la inflación y la corrupción no son suficientes, como demuestra la historia hasta el cansancio, para traerse abajo una dictadura. Por el contrario, un pueblo sometido a la carestía, la escasez, al miedo y a la mera supervivencia suele volverse más propenso a la resignación y a la pasividad, lo que explica tal vez la longevidad de tantas dictaduras latinoamericanas y africanas.
La primavera árabe que despertó tanta esperanza en el mundo democrático está muerta y enterrada
Esta visión a vuelo de pájaro del estado de la democracia en el mundo se enturbia todavía más si analizamos la profunda crisis que atraviesa la Unión Europea, el más ambicioso proyecto contemporáneo de la cultura de la libertad. La unidad europea ha traído ya enormes beneficios a los países del antiguo continente, entre otros hacerlos vivir el más largo periodo de paz y convivencia de su historia. Pero, en los últimos años, sobre todo a raíz de la crisis económica y financiera, el cuestionamiento de Europa en su propio seno ha crecido con el retorno de los nacionalismos y de fuerzas de extrema izquierda y de extrema derecha que rechazan la Unión, quisieran acabar con el euro y regresar a las viejas nacionalidades. De hecho, la primera fuerza política es hoy, en Francia, el Front National, un partido neofascista que quiere liquidar la moneda única y la integración de Europa. Todas las encuestas dicen que en Reino Unido una mayoría de ciudadanos quiere salirse de la Unión y que el referéndum que, al respecto, ha prometido convocar el Gobierno, lo perderían los europeístas. Sin Reino Unido, Europa nacería baldada.
¿Qué concluir de esta deprimente visión panorámica de la eterna pugna entre la civilización y la barbarie? ¿Que esta última avanza incontenible y terminará por aplastar pronto a aquella? Eso sería tan falso como sostener, ahora, la tesis que lanzó hace un cuarto de siglo Francis Fukuyama sobre la irreversible victoria de la democracia. La pugna sigue en pie, con fluctuantes alternativas, y sólo en un sentido —aunque importantísimo— se puede decir que la democracia gana puntos. A diferencia del comunismo, un mito capaz de seducir a mucha gente con su sueño igualitarista, el fundamentalismo religioso islámico, hoy el principal adversario de la civilización, sólo puede convencer a los ya convencidos, pues sus ideas y paradigmas son tan primitivos y cavernarios que se condena a sí mismo a ser derrotado tarde o temprano por agentes exteriores o por descomposición interna. Esa guerra nunca nadie la ganará de manera definitiva; se ganarán y se perderán batallas, y, eso sí, lo realista sería reconocer que, en los últimos tiempos, la causa de la libertad las ha estado perdiendo muchas más veces que ganando.
Ilustración: Fernando Vicente.
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Mario Vargas LLosa
domingo, 17 de agosto de 2014
CAZA DE CITAS
" ... La contraposición entre democracia y dictadura, vista, desde la posición de aquellos que han pretendido legitimar la democracia, se ha centrado (en los discursos teóricos, en los panfletos y en las actividades organizativas) en el uso de la idea de libertad. Falta averiguar cuál ha sido la densidad, la profundidad, el alcance y sobre todo los límites de esa idea política de libertad. Esta es una tarea necesaria para reexaminar la cultura política contemporánea venezolana. Es necesario hacer uso del contexto social, económico y cultural en el que se origina esa idea. Desde ese contexto probablemente se podrán apreciar los límites"
Omar Astorga
("Ensayos de filosofía política y cultura", UCV, Caracas, 2014: 276)
Ilustración: José Antonio Dávila.
Omar Astorga
("Ensayos de filosofía política y cultura", UCV, Caracas, 2014: 276)
Ilustración: José Antonio Dávila.
lunes, 4 de noviembre de 2013
ESTO NO ES UN BLOG
EL PAÍS, Madrid, 2 de noviembre de 2013
Esto es una pipa
El peor tormento para un creador: la prohibición de ejercer el primero de los derechos humanos, el derecho a soñar
Manuel Rivas
Esto no es una película es el título de una película auténtica, tan auténtica que fue filmada clandestinamente en una prisión de Irán e interpretada por el director de cine Jafar Panahi, con la complicidad de un amigo. Se hizo en una sola jornada, a escondidas, y llegó al festival de Cannes en un lápiz óptico oculto en un pastel. El disidente iraní no solo fue condenado a seis años de prisión, sino que también se le impuso el castigo de no poder hacer películas durante veinte años. El peor tormento para un creador: la prohibición de ejercer el primero de los derechos humanos, el derecho a soñar. La historia de Jafar me recordó la carta que Vasili Grossman dirigió a la cúpula soviética cuando le prohibieron Vida y destino: “Le pido que devuelva la libertad a mi libro”. Grossman, además de extraordinario escritor, era un héroe revolucionario al que amargaron la existencia los nuevos caciques revolucionarios. Si esa conjura de necios, con sus sicarios escritores, desvalijó las palabras, aquel Vasili que escribía verdades como pecados podría haber titulado su obra Esto no es una novela. El primero en expresar con ironía esa pugna entre autenticidad y simulacro fue René Magritte, en 1928, en la serie La traición de las imágenes, con su pintura de una pipa acompañada de la célebre inscripción Esto no es una pipa. Creo que estamos pasando un período en España en que se está generalizando este desdoblamiento, de tal manera que para nombrar lo auténtico tenemos que negarlo. Por ejemplo, después de que una jueza (Esto no es una jueza) niega la condición de prueba (Esto no es una prueba) al ordenador desvalijado de Bárcenas (Esto no es Bárcenas), podemos deducir que la destrucción de una prueba con información esencial sobre la gran corrupción (Esto no es corrupción) no prueba nada. En fin, esto no es un artículo. Es una pipa.
Esto es una pipa
El peor tormento para un creador: la prohibición de ejercer el primero de los derechos humanos, el derecho a soñar
Manuel Rivas
Esto no es una película es el título de una película auténtica, tan auténtica que fue filmada clandestinamente en una prisión de Irán e interpretada por el director de cine Jafar Panahi, con la complicidad de un amigo. Se hizo en una sola jornada, a escondidas, y llegó al festival de Cannes en un lápiz óptico oculto en un pastel. El disidente iraní no solo fue condenado a seis años de prisión, sino que también se le impuso el castigo de no poder hacer películas durante veinte años. El peor tormento para un creador: la prohibición de ejercer el primero de los derechos humanos, el derecho a soñar. La historia de Jafar me recordó la carta que Vasili Grossman dirigió a la cúpula soviética cuando le prohibieron Vida y destino: “Le pido que devuelva la libertad a mi libro”. Grossman, además de extraordinario escritor, era un héroe revolucionario al que amargaron la existencia los nuevos caciques revolucionarios. Si esa conjura de necios, con sus sicarios escritores, desvalijó las palabras, aquel Vasili que escribía verdades como pecados podría haber titulado su obra Esto no es una novela. El primero en expresar con ironía esa pugna entre autenticidad y simulacro fue René Magritte, en 1928, en la serie La traición de las imágenes, con su pintura de una pipa acompañada de la célebre inscripción Esto no es una pipa. Creo que estamos pasando un período en España en que se está generalizando este desdoblamiento, de tal manera que para nombrar lo auténtico tenemos que negarlo. Por ejemplo, después de que una jueza (Esto no es una jueza) niega la condición de prueba (Esto no es una prueba) al ordenador desvalijado de Bárcenas (Esto no es Bárcenas), podemos deducir que la destrucción de una prueba con información esencial sobre la gran corrupción (Esto no es corrupción) no prueba nada. En fin, esto no es un artículo. Es una pipa.
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