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martes, 14 de abril de 2020

AUGURIOS

El gran cisne negro
Nicomedes Febres

Total que el virus chino terminará siendo el gran cisne negro de la economía del siglo XXI y se entiende por Cisne Negro de la economía a un suceso imprevisto e inesperado que por su importancia es capaz de producir un efecto devastador de la economía mundial. Según algunos opinadores de oficio lo sucedido con el fulano virus fue producto de una calculada estrategia de los chinos para derrotar a Estados Unidos en lo económico creando ellos una crisis mundial y tomar el liderazgo del mundo. Por supuesto, todos los socialistas celebran alborozados esa teoría y creen que es así, y creen que ya New York es peor comercialmente que Maturín. Pero no, creo que ciertamente todo esto es algo fortuito que se le escapó de las manos a los Chinos y como allá todos mienten y se cuidan de los jefes y de los subordinados, entonces los errores no se corrigen rápido y tienen que utilizar la estrategia de yo no fui, yo no sabía, que es allí una norma de conducta y en cualquier país que se dice socialista o despótico, y los chinos es la sociedad más despótica y machista que existe y se los dice el suscrito con algún pasado sobre la intimidad del tema. Lo que no ven estos profetas del desastre es la capacidad de corrección que tiene el capitalismo, que es capaz de hacer de una crisis, una oportunidad. Y también toda crisis económica es por encima de todo una crisis de fe y una crisis de esperanza. Aprovechando estos días de encierro aquí he visto a la gente acatando las normas con una disciplina asombrosa, trabajando a media máquina pero con una eficiencia portentosa, pegados a sus p. c. el día entero para sacar el trabajo, los camiones de reparto no paran, y la gente trabajando desde su casa. No es que están arrellanados viendo películas viejas y visitando el refrigerador como haríamos nosotros. Aquí se sigue trabajando, y se compensa con trabajo en las redes, haciendo chats en vez de reuniones y si hay que salir todos toman sus tapabocas y guantes y salen. Por otro lado, las empresas de algunos países asiáticos están retirando los contratos de mano de obra que tenían en China, países como Japón o Corea del Sur y esos pesan mucho a la hora de la verdad. Por el contrario, es posible que el gobierno chino tenga que liberalizar al régimen para no perder espacios políticos y comerciales. El crecimiento chino es solo posible entre naciones capitalistas. Allá en Caicara decimos que con pendejos ni a misa por eso el capitalismo será más fuerte.

Fuente:

domingo, 12 de abril de 2020

AHORA, AGRIETADA

EL NACIONAL, Caracas, 03/03/1968.
Arturo Uslar Pietri, China, Mao Tse Tung, Muralla china, Revolución cultural, Alberto Moravia, Aislamiento, Literatura.

martes, 31 de marzo de 2020

ENUNCIADOS PARA UN DEBATE DE INEVITABLE PROFUNDIDAD

Pensar más allá de la pandemia
La crisis sanitaria da argumentos a los modelos de Estado totalitario mientras los países democráticos implementan restricciones que, en el pasado, hubieran sido inimaginables
Ilán Bizberg

Desde antes del estallido de la actual pandemia se estaban presentando a la sociedad global dos modelos contrastantes. Por un lado el autoritario, ejemplificado por China (aunque no solo por ella), que estaba desarrollando de manera acelerada su economía, sacando de la pobreza a 600 millones de sus habitantes, ampliando de manera espectacular su infraestructura y logrando que la nueva clase media emergente tuviera acceso a las comodidades del mundo desarrollado. Todo esto en apenas 30 años. Incluso se veía que, ante la contaminación que generaba el crecimiento, el Gobierno se encaminaba hacia la transición ecológica más rápidamente que el resto del mundo, como lo atestigua el hecho que este país se ha convertido en el productor mundial de paneles solares. Los dirigentes de este modelo alegan que la democracia y las libertades individuales pondrían en peligro la capacidad estatal de continuar con este impresionante proceso. Y la mayoría de la población acepta esta premisa: la democracia y las libertades individuales pueden esperar, lo más importante era que un país que, hasta hace poco tiempo era pobre, se estaba enriqueciendo a una velocidad sorprendente. Los valores que están en la base de las sociedades democráticas se podían retrasar a cambio del desarrollo económico. Unos que no estuvieron de acuerdo fueron los jóvenes de Tiananmén en los años 80, y los de la región administrativa especial de Hong Kong en la actualidad. Estos últimos al ver cómo las libertades de las que gozaron mientras fueron colonia inglesa y que aún tienen mientras esté vigente el modelo “un país, dos sistemas”, están siendo gradualmente erosionadas por el Gobierno comunista central.
Frente a este modelo, se ponía como contraste a los países democráticos, en especial a Europa, donde coincide un sistema político abierto y plural, un extenso Estado de bienestar y amplias libertades individuales. En estos países, el tiempo político parece ser demasiado lento, al grado de estar a la zaga de las necesidades imperiosas: su capacidad de reacción ante las crisis económicas y las demandas sociales, así como los desafíos de la emergencia ecológica, son tardías. Incluso la misma democracia que las caracteriza parece estar en crisis con el auge de los populismos de derecha. Hay que recordar que la lentitud es consustancial a la democracia, régimen basado en el diálogo, el debate, y los acuerdos. Por otra parte, en los países democráticos, la población valora su libertad individual y, por ello, es muy celosa de preservar su capacidad de crítica ante cualquier ordenamiento estatal.
Pues bien, la actual crisis sanitaria está dando argumentos a los que defienden la primacía del primer modelo –como en el artículo de Byung-Chul Han publicado hace unos días en EL PAÍS– al tiempo que el modelo democrático implementa restricciones que hubieran sido inimaginables anteriormente. En pocas palabras, Han plantea que lo que los países democráticos y sus poblaciones consideran como una intromisión a su privacidad es lo que ha permitido a los países asiáticos salir de la crisis sanitaria con menos costos humanos, sociales y económicos. Países como China lo han logrado con los mecanismos de control de la población tales como la capacidad de presión del Estado sobre los individuos, el reconocimiento facial, el acceso a los celulares y a otros medios de comunicación privada, que han sido tan criticados por los defensores de la democracia. Esto ha permitido hacer pruebas a millones de personas, medir la temperatura de los individuos, y obligarlos a aislarse si tienen síntomas, vigilando su más mínimo desplazamiento y el de sus familiares. En suma, los mecanismos de control autoritario sobre la población han sido sumamente eficaces en este momento de crisis para frenar la expansión del virus. Aunque hay que recordar algo que no dicen los promotores de este modelo: que este mismo régimen escondió por más de un mes la existencia de esta nueva enfermedad.
En balance, según el mismo artículo, los sistemas democráticos son menos eficaces y, por ello, están destinados a pasar a la historia frente a sistemas que no solo ejercen un control autoritario sobre la política, sino sobre la misma población, sobre cada uno de sus ciudadanos. De hecho, los países democráticos están implementando medidas que hace unos meses eran impensables. Decretos que no pasan por el congreso y que obligan a los ciudadanos a quedarse en sus casas, que les exigen un salvoconducto para ir a la farmacia, a la tienda de la esquina, a salir a hacer ejercicio, o si se alejan más de 100 metros de su lugar de residencia. Y no solo eso. En algunos casos, la policía – o incluso el Ejército– puede considerar la estancia en la calle injustificable e imponer multas o, incluso en algunos países, penas de cárcel.
Si bien es cierto que, en este momento, parece que la situación obliga a aceptar estas medidas y a considerar que los países autoritarios están mejor dotados para luchar contra la pandemia, es importante ver más allá. Los países autoritarios fácilmente utilizarán estos mecanismos impuestos en un momento de crisis para fortalecer y perpetuar su control; pero, ¿qué ha pasado con el auge de manifestaciones que habíamos visto a fines del año pasado en todo el mundo, entre ellas la de los jóvenes de Hong Kong? Por su parte, los países democráticos pueden no desarmar todos los mecanismos autoritarios que se implementan de manera temporal con la excusa de que sirven para cualquier otra crisis, como de hecho se hizo contra la lucha con el terrorismo.
Aquí vienen al caso los escritos de Michel Foucault, así como los de Giorgio Agamben, quienes han llamado la atención sobre la tendencia de los Estados contemporáneos de administrar la población. Foucault analizó cómo las formas modernas de control ya no son ejercidas por un mando centralizado (por un rey o el mismo Estado, como pensaba Maquiavelo), sino que el poder se ha difuminado. A partir de la invención de la policía, de la economía capitalista, de la administración estatal y de la estadística, se administra la población por mecanismos dirigidos a cada uno de nosotros, definiendo lo que es normal y anormal, regulando lo que se permite hacer y cuáles son nuestras obligaciones. Los Estados modernos tienen mecanismos cada vez más sofisticados para lograr esto. Agamben, por su parte, considera que el miedo se ha convertido en otra manera de control de la población, que se fortaleció con la guerra en contra del terrorismo y que amenaza de salir reforzada con la guerra en contra de la(s) pandemia(s).

Por otra parte, este autor ha llamado la atención acerca del hecho de que nuestra existencia no se puede resumir a la “vida desnuda”, como este llama a la supervivencia. Que la vida de los seres humanos, a diferencia de lo que hacen lo virus que colonizan nuestras células, no es simplemente sobrevivir, sino vivir con un objetivo que cada individuo define, que nuestras vidas no se pueden resumir a sobrevivir el presente, sino a proyectarnos hacia el futuro, mediante nuestras aspiraciones, deseos, y sueños. Salir triunfante de la guerra actual por la sobrevivencia abandonando todo al poder del Estado sería no solo una derrota de la democracia, la libertad y de la esencia de la vida misma. También nos pondría en grave desventaja frente a la lucha que viene, la verdadera amenaza de la humanidad en su totalidad: la crisis ecológica.
(*) Ilán Bizberg es investigador del Centro de Estudios Internacionales del Colegio de México.

Fuente:
https://elpais.com/elpais/2020/03/31/opinion/1585610408_637589.html
Fotografías: https://elpais.com/elpais/2020/03/19/album/1584617566_646053.html#foto_gal_6
Narong Sangnak (EFE).Las autoridades tailandesas desinfectan un mercado de animales de Chatuchak en Bangkok (Tailandia), este viernes.
Christoph Soeder (AP). Una mujer camina por un andén vacío de la estación de metro Zoologischer Garten en Berlín, este viernes.

domingo, 29 de marzo de 2020

LO QUE EVIDENCIÓ WENLIANG

¿Sería posible combatir una pandemia mundial en un sistema liberal?
Maria Oropeza  

Se ha querido satanizar la doctrina liberal bajo la crisis mundial que hoy tiene paralizados a todos, con el típico argumento de que los “neoliberales” no seríamos capaces de contener una pandemia de esta magnitud, como la del Covid-19, si la ayuda del Estado fuese inexistente.

Lo primero que hay que resaltar es lo siguiente; el virus se originó en un país con un Estado sumamente grande y totalitario como el que se vive bajo el régimen de China, quienes no sólo lo crearon sino que además lo ocultaron. Como el caso del médico Li Wenliang (ya fallecido por causa del coronavirus) quien desde diciembre de 2019 intentó alertar sobre este virus, sin embargo fue acusado y censurado por las autoridades locales quienes le exigían que dejara de difundir “rumores falsos”.

Por cierto, es tan grande el control del Partido Comunista en China, que incluso extranjeros han sido censurados en ese país sólo por hacer comentarios contra la tamaña responsabilidad que tienen ellos de que hoy la economía global esté completamente paralizada. Como el caso del autor Vargas Llosa, quien hace poco sus libros fueron censurados en China y fue acusado de “difamación” por el régimen de ese país, al haber escrito un artículo crítico acerca del Coronavirus.

Pero no sólo bajo un Estado “súper poderoso” se originó y se ocultó la gravedad de este virus, sino que además en la mayoría de los países donde los Estados actúan como dueños de las vidas de las personas es precisamente donde más afectados hay, tales como España e Italia, donde los casos confirmados rondan aproximadamente por los 20.000, y las víctimas mortales confirmadas superan los 2.000. Ambos con unos de los gobiernos más socialistas y corruptos dentro de Europa.

Y por supuesto, ni hablar de países como Venezuela y Cuba, donde el mismo que asesina estudiantes y desaparece a quien piensa distinto, es el mismo que da las cifras de contagiados y a su vez afirma que tienen todo bajo control, sin embargo, en las comunidades no hay agua, los ciudadanos no tienen ni para comer ni para comprar mascarillas o guantes, y en los hospitales escasea hasta el algodón; todo esto bajo la mirada cómplice de aquellos quienes se jactan de engrandecer el estatismo mientras los ciudadanos sufren.

Todo esto deja entre dichos que tener un Estado sumamente grande, totalitario, centralizado, y donde sólo los gobiernos deciden, no es la solución para detener una pandemia, o en su defecto, ni siquiera haberla originado.

Pero también son muchos quienes aplaudieron la medida del Presidente de Francia, Emmanuel Macron, quien asumirá los gastos de servicios como agua, electricidad y alquileres, mientras pasa el peligro de la pandemia. Que además de aplaudirle, también lo piden a gritos para Latinoamérica, pero ¿realmente estamos en capacidad de asumir ese gasto?

Países de la Unión Europea se han preparado para momentos como estos, quizás porque anteriormente han tenidos situaciones similares, y guardan reservas para planes de contingencias, aunque claro está que no todos en la misma capacidad, sin embargo cuentan con el respaldo de la UE, como es el caso de Francia. Pero desde luego que no es el mismo caso de Latinoamérica, donde jamás se han preparado para situaciones como las que hoy estamos viviendo, donde el populismo se paga con altos impuestos, donde existen mínimo 15 ministerios de los cuales 10 no sirven para nada, y las ayudas sociales no han sacado de la pobreza a nadie, al contrario, las mantiene sumergidas en ella.

Para ejemplificarlo mejor; países como Colombia aún no ha podido indemnizar a todas las familias víctimas de la guerrilla, ni Chile ha podido indemnizar a los comerciantes y empresarios víctimas del saqueo de la izquierda en las últimas protestas, y ni hablar de Venezuela país que todavía sufre los inconstitucionales e inmorales robos de propiedades (expropiaciones) y la sistemática violación de derechos humanos. Ahora, ¿de qué manera estos países de Latinoamérica podrían asumir gastos como el del Gobierno de Francia?

Los que creemos en la doctrina liberal (independientemente de sus vertientes), lo hacemos principalmente para reducir el tamaño del Estado y limitar el poder político, de haberse tomado esto en cuenta antes ¿se imagina cuántos ahorros hoy tuviéramos si éste sólo se hubiese encargado estrictamente de lo que el ciudadano no puede, como seguridad y justicia, por ejemplo?

Si estos países adoptaran medidas liberales, como reducción de Ministerios, abrir el mercado, no atentar contra la propiedad privada, eliminar impuestos excesivos y respetar las libertades individuales (empezando por el bolsillo y las decisiones de los ciudadanos), serían altas las probabilidades de que sobrara dinero para ayudar a las víctimas de esta pandemia, tanto los contagiados, como aquellos que no han podido trabajar ni producir durante la cuarentena.

Sin embargo, habrá países que algo harán porque sería peor ante la opinión pública no hacer nada. Ejemplo, en Perú otorgarán un bono destinados a las familias más vulnerables que son aproximadamente 3 millones de hogares, así mismo en Colombia darán un giro adicional a programas que benefician alrededor de 10 millones de colombianos, así como la reconexión gratuita del servicio de agua a las personas de alta vulnerabilidad, quienes tenían el servicio suspendido por falta de pago. Entre otras medidas.

Aunque como he mencionado antes, algo hay que hacer porque sería peor no hacer nada, es menester tener en cuenta que la factura igual llegará y de igual manera los ciudadanos son quienes tendrán que pagarlas, lo más probable es que con altos impuestos, pues el Estado no produce, nunca lo ha hecho. Así que de todas formas la sensación de quiebra la sentirán, sólo estamos ganando tiempo.

Sin embargo, aunque sean muchos quienes defienden la intervención estatal, aunque eso signifique deudas con intereses que pagar posteriormente, yo aplaudo iniciativas privadas como lo que están habiendo empresas Capitalistas; Louis Vuitton es uno de ellos, que está haciendo gel antibacterial para donar a los hospitales. Demostrando que sólo en la abundancia del libre mercado cabe el espacio para la solidaridad sin tener que quitarle un centavo a nadie.

Pero aún en Latinoamérica seguimos luchando para demostrar que tantos años de sistemas socialistas y socialdemócratas no han servido para situaciones irregulares, menos para pandemias e incluso tampoco para guerras convencionales o no convencionales. Ojalá que toda esta tragedia sirva como lección para tomar en cuenta medidas como la responsabilidad individual, el ahorro, abrir el mercado y reducir el Estado, podría ayudarnos a estar preparados para estos casos sin tener que arruinar al ciudadano con futuras facturas impagables.

Fuente:

domingo, 22 de marzo de 2020

ADEMÁS, LAS ACREENCIAS COMO PESTE

El coronavirus y la situación económica venezolana
Eddy Reyes Torres 

El coronavirus o covid-19, con “relativamente” pocas muertes a nivel mundial, ha puesto en evidencia su poderosa y terrible potencia letal en muy poco tiempo. Al igual que Hidra (figura de la mitología griega, hija del monstruo Tifón y hermana del can Cerbero), un aborrecible dragón de cien cabezas, este nuevo virus tiene una enorme capacidad destructora si no se controla a tiempo. Nunca antes en la historia de la humanidad un hecho catastrófico de esta naturaleza había afectado a todo el planeta. Lo más resaltante del inédito evento es que ha puesto en evidencia con descarnada gravedad lo frágiles que somos los seres humanos.
En el maremágnum noticioso que se ha producido, ha sido Angela Merkel, canciller de Alemania, la que ha hablado con mayor contundencia y realismo. «Haremos lo necesario para superar esta situación», indicó la mandataria germana, el pasado miércoles 11 de marzo. Dicho lo anterior, no dudó en comunicar a sus compatriotas los alcances del mal: “Entre 60% y 70% de la población germana podría contagiarse”.
A renglón seguido anunció que el Parlamento alemán procedería a aprobar una partida extraordinaria de hasta 1.000 millones de euros para las contingencias derivadas de la epidemia de coronavirus, agregando que “por fortuna, el país disfruta de una salud fiscal robusta y puede afrontar en los mejores términos la crisis”.
Esa holgura económica, lamentablemente, no la tenemos ahora en Venezuela por la manirrotura de los gobiernos de Hugo Chávez Frías y Nicolás Maduro Moros. A diferencia de los árabes, rusos y otros países productores de petróleo, los dos gobernantes rojos dilapidaron los altos ingresos que tuvimos en la época de las vacas gordas.
No está demás rememorar que al momento de iniciar Chávez su primer mandato (1999), el precio del barril de petróleo venezolano era de 11 dólares. Desde entonces el mercado empezó a moverse favorablemente, alcanzándose a lo largo del año un precio promedio de 16 dólares por barril. Cinco años más tarde, el precio anterior se duplicó. Para 2008 su valor se elevó a 88 dólares y vino entonces un pequeño recule. Pero en 2010 y hasta 2004 el boom continuó, elevándose el precio hasta el pico de 103 dólares por barril.
Junto con esos incrementos de precios vino una práctica gastadora, sin control, por parte del mando superior del gobierno nacional que, con el deliberado propósito de conseguir un contundente y más firme apoyo político, benefició a las clases populares. Pero lo más perverso fue que también se empleó el dinero de los venezolanos para apoyar gobiernos ideológicamente afines, como son los de Cuba, Nicaragua, Bolivia (en la gestión de Evo Morales), Ecuador (en la gestión de Rafael Correa), Argentina (en la gestión de los Kirchner) y Uruguay (en la gestión de Tabaré Vázquez), entre otros.
La guinda del pastel fue el brutal endeudamiento con China, en el que subyacía un evidente propósito geopolítico. Pekín es el gran acreedor de Venezuela. El gobierno de Xi Jinping le ha prestado al binomio Chávez-Maduro la friolera de 62.000 millones de dólares (fondos estos que han sido desembolsados en moneda china (renbinbi), lo cual favorece enormemente a los productores chinos. Hay que resaltar que esa suma es aproximadamente 40% de la financiación que Pekín ha concedido a toda América Latina; adicionalmente, la mayor parte está formada por créditos pagaderos en petróleo, lo cual implica que Pdvsa no recibe pago alguno. Se estima que a la fecha de hoy nuestro país le adeuda a China poco más de 19.000 millones de dólares, monto que es impagable por la escualidez de nuestras reservas internacionales.
Y como si todo lo anterior no bastara, una nueva “plaga de Egipto” nos hundirá más: el desacuerdo de los rusos en bajar la producción petrolera propuesta por Arabia Saudita. Eso ha originado que los saudíes hayan aumentado su producción con el riesgo de que el barril de hidrocarburos se ubique en 20 dólares.
No debe extrañar entonces a nadie que en el Índice de Seguridad Sanitaria Global elaborado por un panel de expertos internacionales, Venezuela haya quedado en el puesto 176 de un total de 195.
Hace pocos días el conductor de Miraflores se refirió a cómo nos preparamos para hacer frente al coronavirus. Al respecto, dijo lo siguiente: «He aprobado todos los recursos necesarios para que el país esté dotado de todos los test». Aunque malsonante, en el aire quedó una sola pregunta: ¿Y con qué culo se sienta la cucaracha?
Eso último explica el giro de 180° que dio Nicolás Maduro, el domingo 15 de marzo, al firmar la carta –que se hizo pública dos días después- dirigida a la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, en la que solicita al “honorable organismo” un financiamiento por 5.000 millones de dólares para “robustecer los sistemas de detección y respuesta”.
Solo nos queda algo más por decir: A buen entendedor, pocas palabras.

Fuente:
Cfr.
Fotografía:

miércoles, 25 de diciembre de 2019

STALIN VIVE, LA PATRIA SIGUE

Anne Applebaum y la gran hambruna roja: "Rusia sigue amenazando a toda Europa"
Una de las mejores historiadoras del momento se sumerge en una de las mayores carnicerías del siglo XX: el Holodomor que mató de hambre a 4 millones de ucranianos entre 1933 y 1934
Daniel Arjona
26/01/2019

Con el hambre llegaron la violencia, las venganzas, la desesperación, el canibalismo y la locura. Finalmente todas las emociones se apagaron. La gente se sentaba a morir en los bancos de sus granjas arrasadas, indiferentes e inmóviles. O huían por las vías del tren hasta que ya no podían más y se derrumbaban o se colgaban en los postes a la vista de los aterrados viajeros. Los cuerpos se amontonaban en las calles de pueblos y ciudades sin que nadie tuviera ni fuerzas ni ganas de recogerlos. Un empleado del ferrocarril recordaba que "todas las mañanas, mientras iba camino del trabajo, me encontraba con dos o tres cadáveres junto a las vías, pero pasaba por encima de ellos sin pisarlos y seguía adelante. La hambruna me había robado la conciencia, el alma y los sentimientos. Al pasar por encima de los cadáveres no sentía absolutamente nada, era como si estuviera sorteando troncos".
Ocurrió entre 1931 y 1934 y es quizás uno de los hitos del Mal de un siglo XX pródigo en horrores. Como consecuencia de la nefasta colectivización salvaje que obligó a los kulaks o campesinos a dejar sus tierras e integrarse en granjas colectivas y de la decisión premeditada de liquidar cualquier anhelo de independencia en Ucrania, Stalin mató de hambre a cuatro millones de ucranianos -y a otro millón más en el resto de la URSS- en lo que habría de bautizarse como 'Holodomor', de las palabras ucranianas 'hólod' ('hambre') y 'mor' ('exterminio'). El velo que aún se cernía sobre aquellos hechos terribles motivado principalmente por la negativa del régimen actual de Putin en Rusia a realizar la más mínima crítica al pasado comunista, acaba de ser levantado definitivamente en 'Hambruna roja. La guerra de Stalin contra Ucrania' (Debate, 2019) por Anne Applebaum (Washington DC, 1964), una de las mejores historiadoras de la actualidad.
"El tema central que nos ocupa es", explica la autora, "¿qué ocurrió en realidad en Ucrania entre los años 1917 y 1934? En particular, ¿qué ocurrió durante el otoño, el invierno y la primavera de 1932 y 1933? ¿Qué sucesión de acontecimientos y qué mentalidad llevaron a la hambruna? ¿Quién fue el responsable? ¿Qué lugar ocupa este episodio terrible en la historia general de Ucrania y en la del movimiento nacional ucraniano?" Applebaum vive en Polonia y no sólo es una de las más reputadas historiadoras del reverso tenebroso del comunismo en el siglo XX con libros como 'Gulag' (Premio Pulitzer) o 'El telón de acero', sino que además es una de las más beligerantes liberales contra el populismo de extrema derecha, esa epidemia que devora a su país de adopción y que amenaza en todo el mundo la pluralidad, la prosperidad y la sociedad abierta.
En el número de octubre de The Atlantic, la historiadora Anne Applebaum publica uno de los mejores ensayos políticos que se pueden leer estos días: 'Una advertencia desde Europa'
PREGUNTA. Explica en su libro que el Holodomor constó de dos secuencias. Primero, la hambruna. ¿Fue el resultado no buscado de un proceso político nefasto, la colectivización staliniana, o, más bien un hecho premeditado, es decir, Stalin quiso matar voluntariamente de hambre a los ucranianos?
RESPUESTA. Hay que entender que la hambruna fue provocada en primer lugar por la colectivización stalinista pero que, cuando la gente empezó a tener hambre, y todo el mundo sabía lo que estaba ocurriendo, el estado soviético puso en marcha políticas diseñadas expresamente para empeorar la hambruna. ¿Por qué murió de hambre la gente? Porque había equipos de personas organizadas por el Partido Comunista que iban por pueblos y aldeas, casa por casa, recogiendo por la fuerza toda la comida, cada patata, cada brizna de trigo.
P. La segunda parte del Holodomor fue la gran represión contra los intelectuales y clases liberales ucranianas identificadas como partidarias de la independencia. ¿Cuál era el factor esencial de la independencia ucraniana? ¿Un auténtico sentimiento nacional o más bien una resistencia a la sovietización del país?
R. Es una buena pregunta. Diría que ambas cosas. De hecho Stalin pensaba con razón que el movimiento nacional ucraniano escondía precisamente una resistencia a la sovietización y por eso lo odiaba. Pero Stalin también desconfiaba de los propios comunistas ucranianos. Fíjese que todos los miembros del Partido Comunista Ucraniano estaban muertos en 1935. Es importante darse cuenta de que ser un nacionalista ucraniano significaba entonces, y significa ahora, mirar a Occidente, a Europa, y no mirar hacia Rusia. Los nacionalistas ucranianos fueron siempre proeuropeos y los que hoy izan banderas de la Unión Europea contra el autoritarismo de Rusia lo que quieren para ellos es la misma democracia y la libertad de la que goza el continente.
Óscar del Pozo, Madrid
P. Su libro recoge el nuevo trabajo de documentación de archivos que se ha hecho posible en los últimos años. Al revisar estas fuentes para escribir su libro, ¿qué fue lo que más le sorprendió?
R. Estos archivos han demostrado dos asuntos capitales. Por un lado, todo lo que sabía Stalin sobre la hambruna. Desde 1932 el Partido Comunista Ucraniano empezó a escribirle cartas muy claras a Stalin advirtiéndole de que la gente se estaba muriendo de hambre. Y con todo, Stalin tomó las funestas decisiones que tomó. Por otro lado, hemos conocido una serie de decretos que fueron adoptados en secreto que iban dirigidos específicamente a Ucrania con la decidida intención de empeorar la hambruna. Aquellas leyes fueron fundamentales para desencadenar la catástrofe definitiva que se desató en la primavera de 1933. Por ello esta información es tan importante. Pero yo añadiría también otro factor muy importante para entender la hambruna: la cantidad de memorias sobre los hechos que se han ido acumulando y conociendo durante las últimas dos décadas en diferentes comisiones y que dan fe de cómo se realizaban las confiscaciones de alimentos, como las brigadas comunistas iban a las casas de la gente a requisar alimentos.
P. ¿Y cuál es la actitud de la Rusia de Putin sobre el Holodomor? Porque tras cierta apertura y mea culpa en los noventa, a la caída de la URSS, parece haber regresado un tiempo de clausura y nueva oscuridad...
R. El gobierno ruso nunca ha reconocido el Holodomor, ni siquiera en los noventa. Especulo tal vez, pero creo que se debe a que la historia de la hambruna está muy relacionada con la historia del movimiento nacional ucraniano de 1919 y la independencia de Ucrania sigue siendo un problema hoy para Rusia.
P. De hecho, usted establece una relación entre el Holodomor y sucesos recientes como la revolución ucraniana de Euromaidan, la anexión de Crimea por Rusia y la guerra posterior.
R. No es que haya una relación directa pero el Holodomor es para los ucranianos un recuerdo de cómo Rusia reprimió salvajemente su independencia que además se mantuvo demasiado tiempo en secreto. Y eso es algo que hoy ayuda a preservar la identidad ucraniana. En los noventa, los ucranianos pudieron al fin hablar libremente sobre el Holodomor, crearon comisiones para investigarlo y ceremonias de homenaje y recuerdo de las víctimas. Actualmente ya no centra tanto el debate como entonces pero, sin duda, nada ha hecho más por fortalecer el sentimiento nacional de Ucrania que el Holodomor.
P. ¿Ha dejado Europa abandonada a Ucrania en su guerra larvada contra Rusia?
R. Ucrania es un país difícil de apoyar. La UE llegó a un acuerdo de Asociación con Ucrania en 2014 que fue muy importante, así que no diría que Europa no ha hecho nada. Pero la falta de una política de defensa única en Europa nos impide hacer frente a Rusia como debiéramos en el asunto ucraniano. Lo que los europeos no entienden es que lo que siguen haciendo los rusos en Ucrania es una amenaza para todo el continente. Una amenaza militar, social, de guerra de información, etc. Si lo hubiéramos entendido y hubiéramos luchado antes en Ucrania, llevaríamos mucho ganado.
P. ¿Cómo es posible que un país de poca monta como Rusia esté ganando la guerra de la desinformación y desestabilizando occidente? No sólo Ucrania, también Europa o Estados Unidos... ¿Cómo es posible que las poderosas democracias occidentales parezcan incapaces de defenderse?
R. Porque empezaron muy pronto. Rusia se dio cuenta antes que nosotros de que en internet cualquiera puede intervenir en las conversaciones políticas de cualquiera, del uso de las cuentas falsas para diseminar información interesada y rumores. Tuvieron éxito en Ucrania y también en Polonia y nosotros hemos sido muy lentos a la hora de enterarnos de lo que estaba ocurriendo y de cómo contraatacar. Somos muy ingenuos. Seguimos pensando que de alguna manera controlamos la situación pero no es cierto. Gran parte de lo que hace Rusia no es en realidad ni muy sofisticado ni muy caro. Es verdad que Rusia es una superpotencia muy débil con una economía muy pequeña. Hay gente que dice que China es la auténtica amenaza mundial pero Rusia, siendo mucho más pequeña, tiene mucha más influencia en la política mundial.
P. ¿Se podría decir entonces que hoy Rusia es la principal amenaza para la sociedad abierta?
R. No es el único enemigo pero sí uno de los más importantes. Los rusos son unos grandes estrategas, apoyan a la extrema derecha o a la extrema izquierda según les conviene con el fin de desestabilizar nuestras sociedades. Ellos no inventaron extremismos que ya existían en el resto del mundo pero sí los alimentan a conveniencia con dinero y propaganda.
P. En un reciente artículo suyo publicado en The Atlantic y que ha tenido bastante repercusión en España titulado 'Lo peor está por venir' alertaba sobre un inquietante fenómeno vivido por usted en Polonia y que poco a poco devora al resto del mundo: la conversión de gran parte de la vieja derecha liberal en algo muy parecido al fascismo.
R. Bueno, en Polonia no toda la derecha... pero sí, digamos, la mitad. Pero yo no puse el título de ese artículo, ¿eh? Jajaja.
P. No hacía falta, lo que usted contaba allí ya era suficientemente terrorífico.
R. Sí, y también ha llegado a España como usted sabrá mejor que yo. El autoritarismo está atrayendo a la gente y la situación es la más crítica que vive la democracia liberal desde los años treinta del siglo XX. Todos dábamos por sentado que habíamos encontrado la mejor forma de sociedad pero hay gente que no está de acuerdo.
P. ¿Y qué están haciendo los liberales, los moderados, los socialdemócratas para defenderse? Porque parece que se están dejando cazar como conejos sin plantear batalla….
R. No, no estamos tirando la toalla. Pero sí necesitamos un frente unido mucho más claro contra estas ideas. En Polonia, por ejemplo, el problema es que los liberales están divididos entre el centro derecha y el centro izquierda en varios partidos. Si se unieran, tendrían opciones de victoria. Y lo mismo en el resto de Europa. Nuestro sistema de partidos políticos se ha quedado desfasado y no refleja las nuevas divisiones reales de la sociedad. Gran Bretaña, por ejemplo. ¿Por qué no se unen los conservadores y los laboristas favorables a Europa. No tiene ningún sentido.
P. Hay una posición intelectual que defienden pensadores como Steven Pinker que asegura que el mundo sigue mejorando y que el nacionalpopulismo no irá a más, que será una anécdota en la historia. ¿Minusvaloran así la amenaza? Porque si la situación se parece como usted dice a lo de los años 30, en fin, aquello ya sabemos cómo terminó.
R. Espero que no acabe igual ahora... A ver, si reconocemos, nos organizamos y luchamos, este nuevo populismo, extremismo o, por qué no, fascismo, desaparecerá. Pero es muy importante ser realistas respecto a lo que está ocurriendo y entenderlo bien, cosa que nos hemos negado a hacer hasta hoy. Y mira que están claras las cosas desde hace años. Con la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos la amenaza se hizo al fin evidente. Trump que, por cierto, ganó entre otras cosas por difundir teorías de la conspiración como que Obama no había nacido en EEUU a las que nadie prestó atención en su momento. ¡Y un 20% de los americanos se lo creyeron! Hay que tomarse muy en serio lo que la gente lee en internet.
P. A propósito de las redes, advertía en aquel artículo que la polarización no es un invento de ahora y citaba el affaire Dreyfus pero sí parece que las nuevas redes sociales alimentan esa polarización hasta extremos nunca vistos. Si hace más de un siglo hubiera existido Twitter, ¿el capitán Dreyfus munca habría sido rehabilitado?
R. Pues no lo sé pero sí, las redes sociales alimentan la polarización, y a toda velocidad. En España lo estáis comprobando también.
P. Sí, en España tenemos ya nuestra propia extrema derecha nativa: Vox. Y existe un debate en los medios acerca de cómo tratar el fenómeno. ¿Hay que reflejar día a día lo que dicen dándoles así el protagonismo que buscan o es mejor intentar evitarlo? En Polonia ya llevan ustedes tiempo lidiando con ello, ¿cuál es su sugerencia?
R. Lo que hay que hacer no es tanto no hablar de ellos como no dejarles definir la agenda política. ¿Cuál es la agenda real? ¿De qué quiere hablar la gente?¿Cuál son sus auténticos problemas? Porque la inmigración no lo es, como demuestran los datos. No puedes hacer como si no existieran pero hay que hablar del desempleo y de los problemas reales a los que se enfrenta la gente de la calle y no discutir con ellos, por ejemplo, las cosas tan horribles que dicen de las mujeres. Pero hay esperanza, piense que en Alemania la extrema derecha populista de AFP está bajando en las encuestas.

Fuente:
https://www.elconfidencial.com/cultura/2019-01-25/anne-applebaum-hambruna-roja-ucrania-urss-stalin_1782594/

Anne Applebaum: «La izquierda, también la española, ha querido restar importancia a los crímenes de Stalin»
La ganadora del Premio Pulitzer se adentra con su libro «Hambruna Roja» en el secreto soviético que la izquierda europea más se afanó en negar a lo largo de décadas: la muerte de casi cinco millones de campesinos por obra y gracia de la URSS
César Cervera
05/02/2019

Niños con los estómagos hinchados, campos sembrados de cadáveres, familias que solo comían hierba y bellotas... En la primavera de 1932, cientos de miles de campesinos ucranianos comenzaron a pasar hambre. Nadie sabía qué estaba ocurriendo exactamente en la región de la «tierra negra», la que el historiador griego Herodoto elogió en la Antigüedad como «la hierba más exuberante del mundo».
Los más valientes, y tal vez también los más ingenuos, preguntaron directamente al Honorable Camarada Stalin: «¿Hay alguna ley del Gobierno soviético que establezca que los aldeanos deban pasar hambre?». No sospechaban aún que no se trataba de una ley fallida o de un error del Kremlin, sino de un plan concebido por uno de los psicópatas más aplaudidos del siglo XX. Su mayor secreto, su mayor genocidio.
La periodista Anne Applebaum (Washington, 1964), ganadora del Premio Pulitzer por Gulag, alumbra en Hambruna roja (Debate) otra de las penumbras soviéticas. El intento de Stalin de borrar a la nación ucraniana de la faz de la tierra a base de represión, muerte y, sobre todo, hambre en el principal granero de la Unión Soviética. Casi cinco millones de personas, cuatro de ellos ucranianos, perecieron del año 1931 al 1934, a consecuencia de la colectivización forzosa puesta en marcha por el dictador comunista.
Primero, el Kremlin arrojó a la Policía Secreta Soviética contra la elite intelectual y política de Ucrania. Luego, Stalin aplicó su particular solución final para la Ucrania rural: matar de hambre al campesinado, que en su opinión formaba los cimientos de la nación ucraniana. «Cada vez que descubrían algo de comer lo desparramaban por el suelo y disfrutaban viendo cómo los niños lloraban y recogían las lentejas o las alubias del barro», dejó escrito una familia.
Lo que los exiliados calificaron como «Holodomor», un término derivado de las palabras ucranianas «hólod» («hambre») y «mor» («exterminio»), ha desbordado con los años a la izquierda europea que durante la Guerra Fría restó importancia a la muerte de cinco millones de personas. Applebaum explica las razones detrás aquella ceguera en una entrevista celebrada en la sede madrileña del Aspen Institute España.
-¿Qué ha significado Ucrania para Rusia y para sus líderes?
-Ucrania era desde el punto de vista de Stalin la provincia más importante, difícil y peligrosa. En la época de la Revolución rusa, Ucrania había intentado convertirse en un estado independiente y, durante gran parte de la Guerra Civil, surgieron muchos grupos hostiles a los bolcheviques. Stalin, como prácticamente todos los líderes rusos hasta hoy, nunca confió en Ucrania. En la actualidad, sigue siendo un quebradero de cabeza para los rusos.
-Aparte de matar a los campesinos de hambre, ¿qué medidas aplicó el Kremlin para destruir Ucrania?
-La operación de genocidio de la nación ucrania se dio en los dos frentes simultáneamente. Primero contra los intelectuales y miembros de la Ucrania tradicional, y luego contra el campesinado. La hambruna iba dirigida a los kulaks (campesinos ricos), de los que Stalin decía que eran la base del nacionalismo. Quería evitar que se repitieran nuevas revoluciones y se viera amenazado el pan que se llevaban a la boca los rusos. No en vano, a corto plazo se provocó un desastre agrícola, siendo necesario traer a gente de las ciudades. Stalin antepuso la política a cuestiones económicas o humanitarias.
-Hasta no hace mucho se ha defendido que la hambruna fue un efecto indeseado de la colectivización de tierras.
-Es la historia oficial que la Unión Soviética y la izquierda europea contaban hasta hace nada. Rusia nunca admitió, ni tampoco hoy, que se provocaron aquellas hambrunas y que se trató de destruir a Ucrania como nación. Stalin lo ocultó a través de métodos brutales, llegando a destruir el censo registrado y a hacer desaparecer a los responsables de esos registros. Prohibió incluso a los funcionarios que hablaran del tema, y persiguió a los periodistas occidentales que en aquella época denunciaron los crímenes. Nos enteramos de lo ocurrido por exiliados, a los que inexplicablemente Occidente tardó mucho en creer.
-¿Por qué ha costado tanto denunciar estos crímenes en comparación con los de otros totalitarismos?
-Hay muchas razones, entre ellas que Occidente derrotó a Hitler y descubrió el Holocausto en tiempo real. Se hicieron fotos y se vio en primera persona lo que eran los campos de exterminio. En cambio, la Unión Soviética nunca tuvo su juicio de Nuremberg. No hubo evidencias en tiempo real sobre sus asesinatos.
Aparte, hay que tener en cuenta que si se venció a Hitler fue gracias a Stalin, y eso es difícil de olvidar. No hubiera quedado bien decir que los aliados vencieron a un genocida con la ayuda de otro asesino de masas, ni siquiera en la Guerra Fría. Incluso en los ochenta si escribías sobre el Gulag y los crímenes soviéticos eras irremediablemente de derechas, mientras que si lo hacían sobre artistas de las vanguardias rusas eras de izquierdas. ¡Qué tontería! ¿Por qué documentar y denunciar una serie de crímenes iba a ser de izquierdas o de derechas?
-¿Sigue suavizando la izquierda los crímenes de la URSS?
-El debate sigue desequilibrado, pero está menos politizado. La izquierda de cada país, incluida la española, siempre ha querido restar importancia a los crímenes de Stalin porque tiene miedo de que les deje en mal lugar. Jean-Paul Sartre, el filósofo francés, dijo que no debemos hablar del Gulag porque aquello solo fomentaba los intereses de la burguesía.
(La obra de Applebaum, periodista con un pie en Varsovia y otro en Londres, resultaría un libro más de historia, salvo porque tiene mucho que ver con lo que viene pasando en Ucrania desde 2014. La decisión del presidente Yanukóvich de abrir fuego contra sus compatriotas, la anexión de Crimea por parte de Rusia, la invasión del este de Ucrania y las aspiraciones imperiales de Putin han colocado al país del «Holodomor» en el centro de la actualidad europea.)
-Los hechos parecen demostrar que Stalin fracasó a la hora de borrar a Ucrania.
-Totalmente. Durante todo el periodo soviético hubo una historia secreta del país, que la gente se repetía frente a la mentira de que la hambruna nunca había tenido lugar. Los ucranianos se relataron de padres a hijos cosas que no aparecían en los medios soviéticos, de manera que conservaron la verdad de lo ocurrido y el sueño lejano de ser algún día una nación. En el año 1991, el éxito de la nación ucraniana fue la principal razón del colapso de la Unión Soviética. La negativa de este país a participar en futuras organizaciones con Rusia motivó la decisión de Borís Yeltsin de irse también. El nacionalismo ucraniano fue al final el verdugo de la URSS. Y, en cierto modo, ese había sido siempre el gran temor de Stalin.
-¿Cree usted que en Rusia siguen recordando a Stalin como un héroe de la patria?
-Stalin es respetado, sí, pero no en todas partes. Hay una especie de nostalgia rusa imperial fomentada por Putin, quien no quiere ser Stalin, sino un zar imperial como lo fueron igualmente los líderes comunistas. El principal acontecimiento histórico que celebra Putin no es la Revolución rusa o la Guerra Civil, sino la victoria de Stalin en la Segunda Guerra Mundial con un desfile cada año en la Plaza Roja, repleto de banderas comunistas y elogios a la URSS. Es un tipo de triunfo imperial más propio de los zares que de los líderes comunistas, aunque ambas cosas tuvieron mucho en común.
-¿Se ha visto afectado ese nacionalismo ucraniano tras años de guerra?
-El nacionalismo ucraniano está más vivo que nunca. Lo interesante de lo que ocurre hoy en Ucrania es que durante mucho tiempo no solo hubo una división étnica o por clases, sino de memoria histórica, entre dos versiones de la historia soviética. Las dos Ucranias: la que se creyó la versión oficial y la que recuerda a través de la tradición oral el horror que se vivió. Gracias a la guerra actual, la visión más nacionalista de la historia se está consolidando. Cada vez son más los que creen y tienen fe en la soberanía ucraniana, que es algo que no ocurría antes.
-A pesar de todo, también pervive una Ucrania partidaria de Rusia.
-Sigue habiendo vínculos muy fuertes entre ambos países. En Ucrania hay mucha gente escéptica con el Gobierno y en contra de la guerra. El Estado ucraniano es muy débil y corrupto, por lo que no convence a parte de la población. Digamos, pues, que en Ucrania no es que no les guste Rusia, es que no les gusta Putin, que se ha convertido en el líder ruso más poderoso.

Fuente:
https://www.abc.es/cultura/cultural/abci-anne-applebaum-izquierda-tambien-espanola-querido-restar-importancia-crimenes-stalin-201902030256_noticia.html

A ESFERA DE PAPEL
Mejor libro de Historia 2019: 'Hambruna roja', de Anne Applebaum
David Lema
15/12/2019

Antes del transparente impacto de la Glasnost, el historiador británico Robert Conquest quiso clavar con sutileza el bisturí. Estaba convencido de que podría diseccionar, pese al dígase comprometido material oficial a su disposición, uno de los capítulos más oscuros del estalinismo: las purgas comandadas por Iósif Stalin. Pese a la ausencia inducida de luz que había en el quirófano, la incisión primigenia de Conquest no debió de ser imprecisa, cuando la publicación en 1968 de su investigación histórica, El gran terror (Caralt Editores), fue recibida con no poca hostilidad en un mundo cuyo hemisferio izquierdo padecía tal ceguera ideológica -como demostró Martin Amis en Koba el Temible (Anagrama)- que aún condescendía con uno de los regímenes asesinos más exterminadores de nuestra historia reciente: la URSS. Veinte años después, la apertura de los antiguos archivos soviéticos y su revisión crítica llevaron a Conquest a publicar una versión actualizada de lo ocurrido en la Unión Soviética en los años 30: las purgas habían sido auténticas escabechinas.
Para Anne Applebaum, todavía duermen archivos que nadie ha leído. Y, más importante aún, analizado. Especializada y adicta a la historia soviética, estudiosa de esa lógica de represión de masas determinada por la ideología, devoró El gran terror de adolescente. Ningún otro libro ha influido tanto en su vida. Applebaum (Washington, 1964) es periodista y escritora, dos conceptos de antagónica reputación pero que ella concibe complementarios y semejantes. En ambos, al fin y al cabo, gana la curiosidad. «En el periodismo», explicaba recientemente en Letras Libres, «preguntas a distintas personas, en la historia, consultas distintas fuentes: el partido, la oposición, un diario» para siluetear una imagen lo más inmaculadamente delineada. ¿Una diferencia? «En un caso preguntas al presente y en otro, al pasado».
Firme liberal, rigurosa historiadora, su campo de excelencia es Europa del Este, ahí está El telón de acero: la destrucción de Europa del Este (Debate). Lo conquistó por proximidad, prueba de cargo de por qué los casos individuales poseen tanto protagonismo en su obra, convencida de que la comprensión de los grandes momentos de la Historia solo se alcanza «cuando empiezas a ver cómo la gente común encaja en ellos». Aterrizó en la Varsovia de 1988 con la acreditación de corresponsal de The Economist para curiosear las transiciones socio políticas de la región. Pero los incontrolables vaivenes de Europa del Este escapaban al presente. Casada con Radosaw Sikorski, escritor y ex ministro en Polonia, con la nacionalidad polaca, 10 años después de su aterrizaje, colapsado ya el comunismo, Applebaum se preguntó: «Pero ¿cómo llegamos ahí? ¿Por qué se pudo instalar? ¿Por qué la gente colabora con esos regímenes asesinos?». Las respuestas, en la estalinización.
Si Applebaum pudiese adoctrinarnos con un libro obligado ese sería Mi vida, de Trotski. Si pudiese teletransportarnos a un instante nos llevaría al Petrogrado de 1917... ¡entre las revoluciones de febrero y octubre! Y es que la historia, los hechos, son lo único que explican todo. Leyendo a Applebaum se fortalece aquello de que a quien no preocupa la repetición de lo ocurrido es porque no lo conoce, no lo recuerda o no lo quiere recordar. Ahora que el Estado iliberal de partido único se localiza por todo el mundo, ella recuerda que el Estado leninista no es una filosofía, sino un mecanismo para conservar al poder que funciona porque define claramente quién es la élite. «En los libros del futuro» escribió en The Atlantic, «el fundador de la URSS no será recordado por sus convicciones marxistas, sino como inventor de esta duradera forma de organización política. El modelo que muchos de los incipientes autócratas del mundo actual utilizan».
https://www.john-adams.nl/anne-applebaum/anne-applebaum-07/
Columnista del Washington Post, Senior Fellow de International Affairs, Agora Fellow in Residence de la Johns Hopkins School of Advanced International Studies, profesora en la London School of Economics... su encumbramiento llegó en 2004 con el Pulitzer de no ficción. Pudiendo acceder a los archivos soviéticos, en Gulag. Historia de los campos de concentración soviéticos (Debate), Applebaum se acercó a los primeros campos erigidos nada más triunfar la revolución instaurados por Lenin en las islas Solovetsky, pasando por su expansión con Stalin hasta la etapa final, con el deshielo y su transformación en psiquiátricos. Una aproximación cruda a dos de los pilares en los que se asienta todo sistema autocrático: el miedo y la destrucción del disidente.
Este año se ha publicado en España Hambruna roja. La historia de Stalin contra Ucrania (Debate), otra documentadísima obra, pese a las restricciones impuestas por el viraje de Putin, merecedora de ser posicionada entre las mejores de 2019. Tomando el testigo de El gran terror, Applebaum desgrana aquí el más que intento de Stalin de borrar de la faz de la tierra a toda una nación, la ucraniana. Un tanatopropósito perseguido a base de represión y, sobre todo, hambre. Casi cinco millones de personas perecieron desde 1931 a 1934 a consecuencia de la colectivización de los cultivos, un trampantojo de Stalin con el que exterminar a una población campesina donde el sentimiento nacionalista estaba fuertemente arraigado. «Stalin», explica Applebaum en una entrevista reciente a EL MUNDO, «conocía la hambruna que sufría el país a comienzos de los años 30. Sin embargo, tomó la intencionada determinación en 1932 de endurecer las condiciones en Ucrania, incluyendo decenas de granjas colectivas y aldeas en las listas negras, bloqueando las fronteras del país para que la gente no pudiera irse y creando unas brigadas de incautación que iban de casa en casa quedándose con la comida de los campesinos». Incluso hoy hay quien esgrime que las hambrunas no fueron ni provocadas ni alimentadas en el tiempo. Pero Applebaum documenta no sólo cómo se intentó con ellas y otros métodos represivos empleados contra las élites cultural, intelectual y religiosa de la república destruir a Ucrania como nación, sino cómo se trató de ocultárselo al veredicto de la Historia.
«Si se dan las condiciones adecuadas», mantiene Applebaum, «cualquier sociedad puede volverse contra la democracia. De hecho, si la historia es algo por lo que podamos guiarnos, es lo que harán todas las sociedades».
ENRIQUE MORADIELLOS
1. Retaguardia roja. Violencia y revolución en la guerra civil española (Madrid, Galaxia Gutenberg, 2019), de Fernando del Rey Reguillo.
2. El Tercer Reich. Una historia de la Alemania nazi (Barcelona, Crítica, 2019), deThomas Childers.
3. Lenguas entre dos fuegos. Intérpretes en la guerra civil española (Granada, Comares, 2019), deJesús Baigorri Jalón.
4. Ascenso y crisis. Europa, 1950-2017. Un camino incierto (Barcelona, Crítica, 2019), de Ian Kershaw.
5. El Orbe a sus pies. Magallanes y Elcano (Barcelona, Ariel, 2019), de Pedro Insua.
JORGE DEL PALACIO
1. La tragedia de la liberación. Una historia de la revolución china (1945-1957) (Acantilado), de Frank Dikkoter.
2. Churchill. La biografía (Crítica), de Andrew Roberts.
3. Mussolini contra Lenin (Alianza), de Emilio Gentile.
4. Carlos V. Una nueva vida del emperador (Planeta), de Geoffrey Parker.
5. Hambruna roja. La guerra de Stalin contra Ucrania (Debate), de Anne Applebaum.
FERNANDO PALMERO
1. Comunidades rotas. Una historia global de las guerras civiles 1917-2017 (Galaxia Gutenberg), de Javier Rodrigo y David Alegre.
2. Hambruna roja: la guerra de Stalin contra Ucrania (Debate), de Anne Applebaum.
3. La soledad del país vulnerable. Japón desde 1945 (Crítica), de Florentino Rodao.
4. La tragedia de la liberación. Una historia de la revolución china (1945-1957) (Acantilado), de
Frank Dikötter.
5. El reino de Hispania (siglos VIII-XII). Teoría y práctica del poder (Akal), de Javier Fernández Conde, José María Mínguez y Ermelindo Portela.
ASUNCIÓN DOMÉNECH
1. Emilia Pardo Bazán (Taurus/Fundación Juan March), de Isabel Burdiel.
2. Demasiados retrocesos. España 1898-2018 (Galaxia Gutenberg), de Santos Juliá.
3. Los campos de concentración de Franco (Ediciones B), Carlos Hernández de Miguel.
4. Un pueblo traicionado (Debate), de Paul Preston.
5. España. Un retrato de grandeza y odio (Espasa), José Varela Ortega.
ISABEL BURDIEL
1. Demasiados retrocesos. España 1898-2018 (Galaxia Gutenberg), de Santos Juliá.
2. Arte y artificio de la vida en común. Los modelos de comportamiento y sus tensiones en el Siglo de las Luces (Marcial Pons), de Mónica Bolufer.
3. Los imperios y la globalización en Europa (siglos XV-XVII) (Galaxia Gutenberg), de Bartolomé Yun.
4. Ascenso y crisis. Europa, 1950-2017 (Crítica), de Ian Kershaw.
5. Los amnésicos. Historia de una familia europea (Tusquets), de Géraldine Schwarz.

Fuente:
https://www.elmundo.es/cultura/laesferadepapel/2019/12/15/5df0f97121efa069698b457d.html
Imágenes de Stalin: Tomadas de la cuenta de Marcos Juvencio Fuenmayor Contreras (Facebook).

sábado, 30 de septiembre de 2017

CAZA DE CITAS

"Esta segunda especie de instigación a delinquir es considerada por algunos tratadistas como peligrosa, por la circunstancia de que puede dar lugar a que gobernantes susceptibles sancionen con severidad la simple crítica o también la burla que se haga de una o más disposiciones legales, con el pretexto de que con esa crítica o esa burla se desprecia la ley, se pone en peligro la tranquilidad pública, olvidando interesadamente que el más enconado juicio que se formule acerca de una determinada norma de derecho positivo, dista mucho de una exhortación a la desobediencia de la misma"

Andrés Grisanti Franceschi

(Sobre los delitos de instigación a delinquir, odio y apología del delito, en:  Hernando Grisanti Aveledo / Andrés Grisanti Franceschi, "Manual de Derecho Penal", Mobil Libros, Caracas, 1988: 987, nota 3)

Ilustración: Eva Vázquez para un artículo de Báltazar Garzón sobre la cuestión catalana (El País, Madrid,26/09/2017).

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- José Gabriel Sarmiento Núñez. "Temas jurídicos: Luis Loreto y la reforma procesal". El Universal, Caracas, 07/07/87.
- "Corrupción, despilfarro, malversación y caos administrativo en el CSB. Gustavo Rodríguez Amengual se defiende. Resumen, Caracas, nrs. 315 y 316 del 07/07 y y 14/07/74.
-Marconi Villamizar escribe sobre aguardiente y criminalidad. Élite, Caracas, nr. 1537 del 19/03/55.
- Ramón Urdaneta y la reforma de los símbolos patrios. El Nacional, Caracas, 19/01/89.
- JFH. "Campanario: El aguardiente y los fiscales". El Nacional, 16/12/59.

Ilustración: Pedro León Zapata. El Nacional, Caracas, 28/04/1970.

miércoles, 26 de agosto de 2015

UNA MIRADA MÁS ATENTA

EL NACIONAL, Caracas, 26 de agosto de 2015
Reporte sobre China
Aníbal Romero 

Escribí este reporte luego de un viaje a China el año 2005 y nunca fue publicado. Pienso que en vista de los eventos actuales, su lectura podría ser de interés para los lectores.
China es un país de contrastes:
El contraste entre el progreso que se palpa en las ciudades costeras como Shangai y Guangzhou (Cantón), de un lado, y de otro lado el atraso que aún caracteriza extensas zonas rurales del país. Una noche cené en un lujoso restaurante de Shangai, situado en una torre ultramoderna de más de ochenta pisos, y horas más tarde contemplaba en los alrededores de Guilin a seres humanos –algunos de ellos ancianos– arando y cultivando arroz como seguramente lo hacían sus antepasados hace miles de años.
El contraste entre la expansión de un capitalismo salvaje que pareciera contagiar a centenares de millones de personas, por una parte, y por la otra un orden político autoritario, con el poder concentrado en las estructuras del Partido Comunista. No es nuevo que una economía de mercado conviva con un sistema político autoritario, pero en el mundo de hoy ésta pareciera ser una combinación difícilmente sostenible por mucho tiempo, antes de que las presiones democratizadoras en lo político se hagan sentir. Una mañana, caminando por la plaza Tiananmen en Beijing, pude constatar cómo la policía, en una eficaz y rápida operación, sometía, apresaba y sacaba de allí en una camioneta a una joven muchacha, quien había comenzado alguna protesta de carácter político. Esa plaza y otros lugares públicos están de día y de noche repletos de policías, preparados a asfixiar en su origen cualquier signo de protesta. El liderazgo chino vive bajo el constante temor a nuevos estallidos de rebelión como el que tuvo lugar en esa plaza en 1989, produciendo la muerte de miles de personas.
El contraste entre la permanencia de muchos rasgos de la cultura tradicional china, que incluye la tendencia a confiarse solamente en la familia más cercana, y las exigencias de una economía de mercado. En China se espera que el consumidor “regatee”, es decir, pida pagar menos de lo que se dice inicialmente que las cosas valen. Este rasgo ciertamente no es exclusivo de China. No obstante, allí se lleva a extremos grotescos y absurdos, con el resultado que se pierde la perspectiva de la relación valor-precio, así como la confianza entre vendedores y clientes. Una economía de mercado encuentra dificultades en un contexto carente de confianza.
Por último, llama la atención el contraste entre el deseo de prosperar de los chinos y su marcado descuido del medio ambiente que les rodea, cuya creciente destrucción les complicará las cosas en su ruta hacia la prosperidad. A pesar de que la economía china es varias veces más pequeña que la de Estados Unidos, China está cercana a alcanzar al coloso norteamericano en el terreno de generación de emisiones tóxicas hacia la atmósfera. Los chinos no parecieran inquietarse por la preservación del medio ambiente, y ello se percibe tanto en las ciudades como en el campo. Lo prioritario es el progreso material a toda costa, sin reparar en su impacto ecológico.
Un intelectual chino, Zheng Bijian, ha dicho que su país tiene problemas de “división y multiplicación”. El problema de la división se refiere a que no importa cuán cuantiosos sean los recursos disponibles, pues una vez que se dividen entre 1.300 millones de personas se hacen escasos (en términos per cápita). Por otro lado, no importa cuán pequeños sean los problemas, pues si los multiplicas por 1.300 millones de seres humanos se convierten en grandes problemas. Hay que tomar en cuenta esto cuando se intenta analizar el caso chino. Mi percepción es que una vez que se visita el país, se le observa con atención y se estudian las cifras más significativas, se impone hacer un juicio ponderado que evite las exageraciones que se formulan acerca de China, pintada como una especie de monstruo que devorará a Estados Unidos y Occidente. Tal perspectiva me parece lejana.
A pesar de los avances que China ha llevado a cabo, la economía de ese país (cifras de 2005) es todavía sólo un tercio del tamaño de la japonesa. En términos per cápita, la economía china sigue siendo la de un país en desarrollo de bajos ingresos, ubicada alrededor del lugar # 100 en el mundo, y su impacto sobre el conjunto de la economía global es aún limitado. Sus escasos recursos naturales constituyen un desafío de primerísima importancia. Por ejemplo, sus recursos de agua per cápita son un cuarto del promedio mundial, y su área cultivable per cápita alcanza sólo hasta 40% del promedio mundial. Lo mismo ocurre con el petróleo (8,3%), el gas natural (4,1%), el cobre (25,5%), y el aluminio (9,7%). De acuerdo con el plan estratégico de las élites civiles y militares chinas, a su país le tomará otros 45 años (hasta 2050) para convertirse un país modernizado y desarrollado de nivel medio. Para enfrentar su déficit de energía, aparte de buscar nuevas fuentes de suministro petrolero en diversas regiones del planeta, China espera convertirse en el principal productor mundial de energía nuclear para 2050, a pesar de los retos ambientales que acarrea ese objetivo. El porcentaje chino en las exportaciones mundiales es alrededor de 6%, y su participación en el valor manufacturero agregado a nivel mundial es de 9%, menos de la mitad con relación a Estados Unidos y Japón. 50% de la masa laboral china sigue vinculada a la agricultura, en contraste con solo 2,5% en Estados Unidos. Las estructuras burocráticas del Estado totalitario siguen cobrando un precio, y en China toma 48 días montar un negocio (solo 6 días en Singapur), y 241 días cobrar una deuda (69 en Singapur). China tiene 103 millones de internautas (7,9% de la población). En Estados Unidos la cifra es de 203 millones (68% de la población total). Se han realizado grandes esfuerzos en educación. Las universidades chinas han mejorado notablemente, y están tratando de reclutar profesores extranjeros cuando no pueden suplir la demanda con talento interno. Hay además decenas de miles de estudiantes chinos en universidades estadounidenses y europeas, sobre todo en ciencias “duras” e ingenierías.
Todo esto debe verse en la perspectiva de los “problemas de división y multiplicación”, y también del corto tiempo que le ha tomado a China ascender los peldaños de los procesos modernizadores, pues la decisión de dejar atrás el modelo colectivista en economía comenzó a ejecutarse hace solamente tres décadas. De manera que el progreso de China ha sido inmenso en ese período, pues antes la pobreza era generalizada y las aspiraciones de la gente muy limitadas. Hoy existe en China una clase media consumista de alrededor de 200 millones de personas. Mas lo esencial es lo siguiente: 1) China tiene unas élites políticas y militares cohesionadas, con una visión de futuro compartida. 2) Esas élites, y la masa de la población en general, tomaron el camino de incorporarse competitivamente a la globalización, y tener éxito en ese terreno.
Este esfuerzo económico tiene sus costos y deja heridas. Las élites chinas han querido adelantarlo bajo un férreo control político, temerosas de que en China el fin del comunismo pueda degenerar como en Rusia, o en un torrente anárquico que conduzca a la desintegración de la sociedad y el ascenso al poder, por ejemplo, de sectores militares ultranacionalistas y demagógicos o de movimientos democráticos inexpertos que desaten una inestabilidad permanente.
Múltiples tensiones surgen de la creciente desigualdad entre los ricos y otros que avanzan con la ola del progreso, y los millones que se están quedando atrás. De acuerdo con estimaciones del Banco Mundial, del total de 2.300 millones de habitantes en India y China, alrededor de 1.500 millones gana menos de 2 dólares diarios. La oficina nacional de estadísticas china indica que el promedio de los ingresos rurales en 2004 fue de 200 dólares por cabeza, menos de un tercio de los ingresos urbanos. De allí que la CIA calcule que alrededor de 80 a 120 millones de trabajadores rurales excedentarios se encuentran en situación de perenne nomadismo entre sus zonas y las ciudades más prósperas, subsistiendo con trabajos pasajeros y salarios muy bajos. El aumento de las protestas sociales perturba profundamente al liderazgo chino, que teme al caos. El ministro de Seguridad, Zhou Yong-kang, afirmó en una reunión este año (2005) que el número de incidentes de protesta social ha crecido de manera exponencial, involucrando millones de personas. La prensa occidental no ve estas realidades, que ocurren principalmente en el interior del país, en sitios poco visitados por los turistas o por la prensa y otros observadores extranjeros.
Personalmente pude constatar la presencia en las ciudades de enormes barrios pobres y de numerosos mendigos, que los gobiernos municipales hacen lo posible por ocultar a los ojos de turistas curiosos, pero que resulta imposible desaparecer. Estos barrios pueden compararse con los que existen en torno a las grandes urbes latinoamericanas como Caracas y Rio de Janeiro, entre otras.
Conclusiones:
1) China ha hecho grandes avances y tiene serios problemas. Su estabilidad depende de que se mantenga un elevado ritmo de crecimiento y que la clase media siga aceptando que su prosperidad marcha aparejada a su pasividad política. Si ese pacto entre el gobierno y la clase media no se sostiene, bien sea por una caída en el ritmo de crecimiento o porque la voluntad de participar políticamente se intensifique, China podría experimentar un salto cualitativo en el nivel de protesta social. La centralización de las decisiones en la estructura del Partido Comunista, y en general las élites civiles-militares, funciona muy bien para establecer prioridades, concentrar recursos en las mismas, y desarrollar una estrategia a largo plazo, pero no para manejar conflictos. Sencillamente, en China los conflictos son asfixiados, reprimidos o aplastados. 2) China ha hecho enormes progresos en paz, a diferencia de otros poderes que en el pasado buscaron su lugar bajo el sol por medios bélicos (como Prusia por ejemplo). A pesar de que el tema de Taiwán sigue siendo un  irritante, difícilmente se vislumbra un enfrentamiento militar entre Estados Unidos y China, a menos que una grave convulsión interna llevase al poder en China al sector militar nacional-extremista, ahora en minoría. Cabe apuntar que el gasto militar chino alcanza alrededor de 60 billones de dólares anuales, en contraste con el de Estados Unidos que suma 380 billones de dólares. China está muy lejos de alcanzar a Estados Unidos en el plano tecnológico-militar. 3) Parece conveniente invertir en China, pero hay que hacerlo con cautela, y cuidarse mucho del sistema financiero, sometido al peso de grandes deudas incobrables generadas por malos préstamos. En un ambiente cuasi-totalitario, donde el mercado no funciona adecuadamente en el plano financiero, los contactos gobierno-banca producen toda suerte de distorsiones y una gran corrupción. 4) Se ha exagerado el progreso de China. Desde luego que ha sido enorme y no cabe minimizarlo, pero China no avasallará a Estados Unidos, cuya economía se caracteriza por una gran flexibilidad. No obstante, en lo que tiene que ver con Europa, el desafío planteado por China sí es fundamental, y no parece que las economías europeas tengan capacidad de adaptación para enfrentarlo.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/anibal_romero/Reporte-China_0_689931273.html
Ilustración:
Giuseppe Veneziano.

jueves, 4 de junio de 2015

TEMBLOR DE AMNESIA

EL PAÍS, Madrid, 3 de junio de 2015
China reprime los intentos de recordar la matanza de Tiananmen
Una carta de estudiantes chinos en EE UU refleja las fisuras en la amnesia oficial
Macarena Vidal Liy 

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Gu Yi no imaginó la repercusión que tendría su iniciativa. Junto con otros diez chinos que estudian en EE UU, escribió el mes pasado una carta abierta en la que se lamentaban de la ignorancia a la que se somete a la juventud actual sobre la matanza de Tiananmen el 4 de junio de 1989, la sangrienta represión del movimiento estudiantil.
El joven estudiante de Química en la Universidad de Georgia tuvo que llegar a EE UU para empezar a conocer lo que había ocurrido. “Esta parte de la historia se ha editado y se ha apartado tan cuidadosamente que muchos de nosotros hoy día sabemos muy poco sobre eso”, apunta la misiva. “Algunos dicen que el Partido Comunista de China ha aprendido lecciones del 4 de junio y no deberíamos preocuparnos más, y sin embargo la represión continúa: la verdad sigue ocultándose; las víctimas siguen siendo humilladas”.
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La carta es insólita por cuanto, aunque cada vez más jóvenes chinos viajan a estudiar a EE UU, en general durante su estancia suelen rehuir los temas políticos e incluso el debate sobre la gobernabilidad de su país en términos académicos. Pero el documento hubiera pasado relativamente desapercibido, al menos en China, donde el silencio es la norma oficial en torno a Tiananmen.
Pero sorprendentemente, el diario Global Times, que suele ejercer de voz de la línea dura del Gobierno chino, arremetió contra la carta en un editorial del 25 de mayo titulado “Fuerzas hostiles tienen como objetivo a la generación más joven”. El artículo de opinión, que tuvo un amplio eco en las redes sociales, dio a conocer en todo el país la existencia de la carta de los estudiantes. El editorial desapareció de Internet dos días más tarde. Pero, aunque fuera por un momento, la amnesia oficial se había disipado.
Gu cree que tardará en volver a China, dada la atención que ha recibido la carta. En algunas de sus primeras declaraciones, al diario The Chronicle of Higher Education, revelaba que ha sufrido amenazas. Pero también varias decenas más se han sumado a la carta. “Hemos vivido con este miedo durante décadas, si seguimos silenciosos y nadie se levanta, nosotros y nuestros amigos seguiremos viviendo en el miedo”.
Detenciones y vigilancia
Y ante actitudes como esas, el Gobierno chino continúa la aparente amnesia oficial, que encubre un endurecimiento de las medidas de seguridad en las vísperas del aniversario y detenciones de activistas genuinos o sospechosos de serlo. Disidentes como Bao Tong, secretario del que fuera secretario general del Partido Comunista, han sido trasladados fuera de Pekín, según Radio Free Asia International. Y grupos, como las Madres de Tiananmen, denuncian que la vigilancia se ha multiplicado.
A través de la organización Human Rights in China, las progenitoras emitieron un comunicado de denuncia: “Antes las autoridades principalmente pinchaban nuestros teléfonos. Desde principios de este año, han llegado a instalar micrófonos en las casas”, han grabado conversaciones “sensibles”. Ellas añaden que esas grabaciones han sido utilizadas para intimidarlas.



domingo, 31 de mayo de 2015

AGRADECIMIENTO

EL PAÍS, Madrid,31 de mayo de 2015
PIEDRA DE TOQUE »
La batalla de un hombre solo
Simon Leys se enfrentó a una corriente colectiva de eminencias intelectuales con el propósito de disipar la maraña de mentiras sobre la "revolución cultural" de Mao, aquella locura inspirada por un viejo déspota
Mario Vargas LLosa
En los años setenta tuvo lugar un extraordinario fenómeno de confusión política y delirio intelectual que llevó a un sector importante de la inteligencia francesa a apoyar y mitificar a Mao y a su “revolución cultural” al mismo tiempo que, en China, los guardias rojos hacían pasar por las horcas caudinas a profesores, investigadores, científicos, artistas, periodistas, escritores, promotores culturales, buen número de los cuales, luego de autocríticas arrancadas con torturas, se suicidaron o fueron asesinados. En el clima de exacerbación histérica que, alentada por Mao, recorrió China, se destruyeron obras de arte y monumentos históricos, se cometieron atropellos inicuos contra supuestos traidores y contrarrevolucionarios y la milenaria sociedad experimentó una orgía de violencia e histeria colectiva de la que resultaron cerca de 20 millones de muertos.
En un libro que acaba de publicar, Le parapluie de Simon Leys (El paraguas de Simon Leys), Pierre Boncenne describe cómo, mientras esto ocurría en el gigante asiático, en Francia, eminentes intelectuales, como Sartre, Simone de Beauvoir, Roland Barthes, Michel Foucault, Alain Peyrefitte y el equipo de colaboradores de la revista Tel Quel, que dirigía Philippe Sollers, presentaban la “revolución cultural” como un movimiento purificador, que pondría fin al estalinismo y purgaría al comunismo de burocratización y dogmatismo e instalaría la sociedad comunista libre y sin clases.
Un sinólogo belga llamado Pierre Ryckmans, que firmaría sus libros con el nombre de pluma de Simon Leys, hasta entonces desinteresado de la política —se había dedicado a estudiar a poetas y pintores chinos clásicos y a traducir a Confucio—, horrorizado con esta superchería en la que sofisticados intelectuales franceses endiosaban el cataclismo que padecía China bajo la batuta del Gran Timonel, se decidió a enfrentarse a ese grotesco malentendido y publicó una serie de ensayos —Les Habits neufs du président Mao, Ombres chinoises, Images brisées, La Fôret en feu, entre ellos— revelando la verdad de lo que ocurría en China y enfrentándose con gran coraje y conocimiento directo del tema al endiosamiento que hacían de la “revolución cultural”, empujados por una mezcla de frivolidad e ignorancia, no exenta de cierta estupidez, buen número de los iconos culturales de la tierra de Montaigne y Molière.
Los ataques que recibió Simon Leys por atreverse a ir contra la corriente y desafiar la moda ideológica imperante en buena parte de Occidente, que Pierre Boncenne documenta en su fascinante libro, dan vergüenza ajena. Escritores de derecha y de izquierda y las páginas de publicaciones tan respetables como Le Nouvel Observateur y Le Monde lo bañaron de improperios —entre los cuales, por cierto, no faltó el de ser un agente y trabajar para los americanos—, y lo que más debió dolerle a él siendo católico fue que revistas franciscanas y lazaristas se negaran a publicar sus cartas y sus artículos explicando por qué era una ignominia que conservadores como Valéry Giscard d’Estaing y Jean d’Ormesson y progresistas como Jean-Luc Godard, Alain Badiou y Maria Antonietta Macciocchi consideraran a Mao “genio indiscutible del siglo XX” y “el nuevo Prometeo”. Nunca tan cierta como en aquellos años, la frase de Orwell: “El ataque consciente y deliberado contra la honestidad intelectual viene sobre todo de los propios intelectuales”. Pocos fueron los intelectuales franceses de aquellos años que, como un Jean-François Rével, guardaron la cabeza fría, defendieron a Simon Leys y se negaron a participar en aquella farsa que veía la salvación de la humanidad en el aquelarre genocida de la revolución cultural china.
La silueta de Simon Leys que emerge del libro de Pierre Boncenne es la de un hombre fundamentalmente decente, que, contra su vocación primera —la de un estudioso de la gran tradición literaria y artística de China fascinado por las lecciones de Confucio—, se ve empujado a zambullirse en el debate político en el que, por su limpieza moral, debe enfrentarse, prácticamente solo, a una corriente colectiva encabezada por eminencias intelectuales, para disipar una maraña de mentiras que los grandes malabaristas de la corrección política habían convertido en axiomas irrefutables. Terminaría por salir victorioso de aquel combate desigual, y el mundo occidental acabaría aceptando que la “revolución cultural”, lejos de ser el sobresalto liberador que devolvería al socialismo la pureza ideológica y el apoyo militante de todos los oprimidos, fue una locura colectiva, inspirada por un viejo déspota que se valía de ella para librarse de sus adversarios dentro del propio partido comunista y consolidar su poder absoluto.
Leys se atrevió a desafiar la moda ideológica imperante en buena parte de Occidente
¿Qué ha quedado de todo aquello? Millones de muertos, inocentes de toda índole sacrificados por jóvenes histéricos que veían enemigos del proletariado por doquier, y una China que, en las antípodas de lo que querían hacer de ella los guardias rojos, es hoy una sólida potencia capitalista autoritaria que ha llevado el culto del dinero y del lucro a extremos de vértigo.
El libro de Pierre Boncenne ayuda a entender por qué la vida intelectual de nuestro tiempo se ha ido empobreciendo y marginando cada vez más del resto de la sociedad, sobre la que ahora no ejerce casi influencia, y que, confinada en los guetos universitarios, monologa o delira extraviándose a menudo en logomaquias pretenciosas desprovistas de raíces en la problemática real, expulsada de esa historia a la que tantas veces recurrieron en el pasado para justificar enajenaciones delirantes, como esa fascinación por la “revolución cultural”.

Una cultura en la que las ideas importan poco condena a la sociedad al fin del espíritu crítico
No hay que alegrarse por el desprestigio de los intelectuales y su escasa influencia en la vida contemporánea. Porque ello ha significado la devaluación de las ideas y de valores indispensables, como los que establecen una frontera clara entre la verdad y la mentira, nociones que hoy andan confundidas en la vida política, cultural y artística, algo peligrosísimo, pues el desplome de las ideas y de los valores, a la vez que la revolución tecnológica de nuestro tiempo, hace que la sociedad totalitaria fantaseada por Orwell y Zamiatin sea en nuestros días una realidad posible. Una cultura en la que las ideas importan poco condena a la sociedad a que desaparezca en ella el espíritu crítico, esa vigilancia permanente del poder sin la cual toda democracia está en peligro de desmoronarse.
Hay que agradecerle a Pierre Boncenne que haya escrito esta reivindicación de Simon Leys, ejemplo de intelectual honesto que no perdió nunca la voluntad de defender la verdad y diferenciarla de las mentiras que podían desnaturalizarla y abolirla. Ya en el libro que dedicó a Revel, Boncenne había demostrado su rigor y su lucidez, que ahora confirma con este ensayo.

Ilustración: Giuseppe Veneziano.