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miércoles, 25 de marzo de 2020

PLASTICIDAD DEL PODER

ENTREVISTA
Putin y la concentración del poder
Entrevista a Peer Teschendorf
Nikolaos Gavalakis
Olga Vasyltsova

Vladimir Putin somete al Estado ruso a una sorpresiva reforma. ¿Qué es lo que realmente pretende? Sin lugar a dudas, quiere afianzar su poder sobre nuevas bases.

En su último discurso a la nación, el presidente Vladímir Putin dijo que quería cambiar la Constitución. Entre otras cosas, el Parlamento será fortalecido en el futuro a expensas de los poderes del presidente. ¿Qué se esconde realmente detrás de estos planes?
A primera vista, se destaca la transferencia de atribuciones del presidente al Parlamento. Cuando se observa con mayor detenimiento, sin embargo, los cambios tienen el carácter de una consolidación del poder en lugar de una diferenciación en el sentido de controles y equilibrios. Resta aún ver si el Parlamento obtendrá un aumento significativo de su poder. El Parlamento ya vota al primer ministro, pero no cumple ninguna función en la designación de suplentes y ministros. Sin embargo, estos nuevos poderes para nombrar a todo el gobierno están limitados por el hecho de que el presidente puede destituir a todos los representantes del gobierno si han perdido su confianza. El presidente también sigue siendo quien establece las pautas para la labor del gobierno. Si bien esto hace un poco más interesante al Parlamento, su mayor poder es relativo. Sobre todo, Putin dejó bien claro que lo único que considera adecuado para Rusia es una Constitución de marcado presidencialismo. Para fortalecerla, deberán ser también limitadas varias instancias posibles de control. Los jueces constitucionales podrán ser destituidos por el Consejo de la Federación a propuesta del presidente. Al mismo tiempo, la creación de un «poder público unificado» limita a los gobiernos autónomos locales, criticados por Putin por sus diferentes maneras de aplicar los derechos y las garantías de los ciudadanos. Así, queda bastante fortalecido el poder central en el Estado. Sin embargo, se equilibra la relación entre los órganos del Estado y se crea un nuevo órgano constitucional: el Consejo de Estado. Por supuesto, todos los analistas ven esto como una preparación para el periodo posterior a 2024, cuando terminará el mandato presidencial de Putin. Al fortalecerse otras instituciones, Putin puede crear una nueva base de poder. Actualmente no es posible decir si esta será en el Parlamento, como primer ministro o como presidente del Consejo de Estado. Dado que las propuestas en este aspecto siguen siendo vagas, se puede suponer que se está en una fase de prueba y se observa qué configuración promete ser la más estable y segura.
El primer ministro Dmitri Medvédev anunció sorpresivamente su renuncia al cargo inmediatamente después. ¿Qué significa este cambio en el gobierno?
Es poco probable que la renuncia al gobierno tenga algo que ver con los cambios propuestos. No hay ninguna razón por la cual los cambios en la Constitución puedan implementarse mejor sin el gobierno en ejercicio. Por lo tanto, se puede suponer que la decisión fue tomada en última instancia por el presidente. La imagen de Medvédev para la población se ha deteriorado claramente desde el traspaso de mando en 2012. Las revelaciones de Alexéi Navalni acerca de los tesoros acumulados por el primer ministro lo convirtieron en el foco de todas las críticas a la corrupción omnipresente. El primer ministro también pagó un alto costo político cuando se elevó la edad de jubilación. También es el líder del partido Rusia Unida, que ha perdido prestigio masivamente. Ir a las elecciones parlamentarias del próximo año con un primer ministro impopular y un partido golpeado habría sido extremadamente riesgoso.
El cambio en este momento brinda la oportunidad de imprimir una nueva dinámica al gobierno y evitar una tensa elección con un voto de protesta. Por lo tanto, los nuevos ministros tendrán la tarea de calmar a la población mediante iniciativas sociales y, sobre todo, mediante una mejor implementación de los proyectos nacionales lanzados por Putin en 2018, para poder llevar a cabo las elecciones y la posterior reforma de los órganos estatales.
Finalmente, algunos también sospechan que Medvédev debía ser sacado de la línea de fuego para así prepararlo para tareas posteriores como, por ejemplo, ser un nuevo presidente con menos poderes. Con el nombramiento como suplente de Putin en el Consejo de Seguridad, al menos se le proporcionó un punto de partida prometedor para nuevas tareas. Sin embargo, una nueva Presidencia parece menos probable, ya que Medvédev está estrechamente relacionado con la maniobra del último intercambio de cargos, y la reacción pública a la elección presidencial dentro de cuatro años probablemente no sería más benévola.
Putin está considerando legitimar la reforma constitucional mediante un referéndum. ¿Tendría el apoyo de la población?
En su discurso, el presidente dejó en claro que los cambios no son fundamentales que y, por lo tanto, pueden ser aprobados por el Parlamento. Sin embargo, propone que el pueblo vote en conjunto sobre esas modificaciones y recién después tomar una decisión. Por lo tanto, será más una consulta popular que un referéndum. En términos del alcance de los cambios, es una simple votación en el sentido de «¿Está usted de acuerdo con los cambios?». Es inofensiva, ya que la mayoría verá una mejora en ellos. Por último, pero no menos importante: se incluyeron promesas sociales en la lista de cambios, como la obligatoriedad de que el salario mínimo esté por encima del nivel de subsistencia. Si se sometieran a votación los capítulos de manera individual, probablemente el panorama sería un poco diferente, ya que una masa crítica ciertamente podría oponerse a ellos en aspectos puntuales. Por lo tanto, no se seguirá este camino.
El sucesor de Medvédev, Mijaíl Mishustin, ya ha sido nombrado. ¿Qué puede esperarse del próximo gobierno?
El hecho de que ninguno de los analistas haya considerado a Mishustin un candidato potencial indica su papel. No es una persona que participe en la lucha por el poder político, sino un destacado funcionario público de larga experiencia y muy exitoso. Se lo describe como un administrador eficiente que ha logrado que el sistema tributario de Rusia sea uno de los más modernos del mundo. Y se dice que tiene contactos con los dos grandes grupos: los representantes de los ministerios poderosos y los reformadores liberales. Parece poco probable que lo transformen en sucesor. Más bien, dirigirá el gobierno de manera segura en el momento de la transformación. Las reacciones hasta ahora han sido en su mayoría positivas, ya que no se trata de un político intransigente en ningún sentido y, por lo tanto, no alimenta la lucha interna de las elites. Resta ver si la población notará mucho el cambio. Dirigir eficientemente un organismo tributario es una tarea diferente a implementar correctamente los proyectos nacionales en todo el país. Parte de la reputación de Mishustin se debe al enorme incremento en la eficiencia del sistema tributario. Esto se logró a través de una centralización completa, en la que cada recibo de compra y toda la documentación relevante en lo tributario se registra electrónicamente, con lo cual resultan accesibles para las autoridades fiscales federales y se pueden buscar anomalías mediante minería de datos. Si se tienen en cuenta los planes para centralizar todas las bases de datos, el uso cada vez más extendido de cámaras de vigilancia con reconocimiento facial y otras medidas para mejorar el control de la seguridad pública, la experiencia específica del nuevo primer ministro puede haber sido decisiva en su elección. En este caso, la población pronto notaría el cambio.
Las leyes rusas tendrán, de aquí en más, prioridad sobre el derecho internacional. ¿Qué significa esto para las relaciones exteriores de Rusia? De esta manera, por ejemplo, las sentencias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos podrían ser irrelevantes.
Esta propuesta le da a Rusia la oportunidad de elegir qué tratados internacionales quiere cumplir. Esto la convierte en un socio muy poco fiable porque, en última instancia, no se puede confiar en los tratados celebrados. La jurisprudencia mostrará si esto significa una restricción para la población. Según la idea de esta enmienda, las demandas ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos solo tendrían la posibilidad de ser tomadas en cuenta en Rusia si se violaran los derechos humanos consagrados en la legislación rusa. Sin embargo, la Constitución rusa es progresista en este sentido. Porque, según ella, todos los derechos y las libertades de las personas están garantizados de acuerdo con los principios y normas generalmente reconocidos del derecho internacional. Por lo tanto, no hay conflicto entre el derecho ruso y el derecho internacional en esta área.
En última instancia, esta enmienda expresa un debilitamiento del derecho internacional del que Rusia siempre se ha quejado. Las intervenciones militares en, por ejemplo, Iraq, Libia y Kosovo, que Rusia consideró violaciones del derecho internacional, han llevado a la idea de que se es una potencia cuando se puede doblegar el derecho internacional. Los Estados del Occidente político son parcialmente culpables de esta peligrosa interpretación. Sin embargo, no está claro exactamente cómo se logrará modificar la Constitución. La importancia primordial de los tratados internacionales está establecida en los 15 artículos que solo pueden ser modificados por una asamblea constituyente. Pero el presidente no quiere ir por este camino.
(*) Peer Teschendorf dirige las oficinas de la Fundación Friedrich Ebert en la Federación Rusa desde 2018. fue jefe de las oficinas de la fundación en Kazajstán y Uzbekistán desde 2012 hasta mayo de 2016.
Fuente: IPG
Traducción: Carlos Díaz Rocca

Fuente:
Fotografía: Alexei Nikollsky (AP), el primer ministro ruso, Vladímir Putin, se sienta de copiloto en la cabina de un avión polivalente Beriev Be-200 del Ministerio de Emergencias, lanzando agua sobre el incendio forestal en Ryazan, en agosto de 2001. 

miércoles, 25 de diciembre de 2019

STALIN VIVE, LA PATRIA SIGUE

Anne Applebaum y la gran hambruna roja: "Rusia sigue amenazando a toda Europa"
Una de las mejores historiadoras del momento se sumerge en una de las mayores carnicerías del siglo XX: el Holodomor que mató de hambre a 4 millones de ucranianos entre 1933 y 1934
Daniel Arjona
26/01/2019

Con el hambre llegaron la violencia, las venganzas, la desesperación, el canibalismo y la locura. Finalmente todas las emociones se apagaron. La gente se sentaba a morir en los bancos de sus granjas arrasadas, indiferentes e inmóviles. O huían por las vías del tren hasta que ya no podían más y se derrumbaban o se colgaban en los postes a la vista de los aterrados viajeros. Los cuerpos se amontonaban en las calles de pueblos y ciudades sin que nadie tuviera ni fuerzas ni ganas de recogerlos. Un empleado del ferrocarril recordaba que "todas las mañanas, mientras iba camino del trabajo, me encontraba con dos o tres cadáveres junto a las vías, pero pasaba por encima de ellos sin pisarlos y seguía adelante. La hambruna me había robado la conciencia, el alma y los sentimientos. Al pasar por encima de los cadáveres no sentía absolutamente nada, era como si estuviera sorteando troncos".
Ocurrió entre 1931 y 1934 y es quizás uno de los hitos del Mal de un siglo XX pródigo en horrores. Como consecuencia de la nefasta colectivización salvaje que obligó a los kulaks o campesinos a dejar sus tierras e integrarse en granjas colectivas y de la decisión premeditada de liquidar cualquier anhelo de independencia en Ucrania, Stalin mató de hambre a cuatro millones de ucranianos -y a otro millón más en el resto de la URSS- en lo que habría de bautizarse como 'Holodomor', de las palabras ucranianas 'hólod' ('hambre') y 'mor' ('exterminio'). El velo que aún se cernía sobre aquellos hechos terribles motivado principalmente por la negativa del régimen actual de Putin en Rusia a realizar la más mínima crítica al pasado comunista, acaba de ser levantado definitivamente en 'Hambruna roja. La guerra de Stalin contra Ucrania' (Debate, 2019) por Anne Applebaum (Washington DC, 1964), una de las mejores historiadoras de la actualidad.
"El tema central que nos ocupa es", explica la autora, "¿qué ocurrió en realidad en Ucrania entre los años 1917 y 1934? En particular, ¿qué ocurrió durante el otoño, el invierno y la primavera de 1932 y 1933? ¿Qué sucesión de acontecimientos y qué mentalidad llevaron a la hambruna? ¿Quién fue el responsable? ¿Qué lugar ocupa este episodio terrible en la historia general de Ucrania y en la del movimiento nacional ucraniano?" Applebaum vive en Polonia y no sólo es una de las más reputadas historiadoras del reverso tenebroso del comunismo en el siglo XX con libros como 'Gulag' (Premio Pulitzer) o 'El telón de acero', sino que además es una de las más beligerantes liberales contra el populismo de extrema derecha, esa epidemia que devora a su país de adopción y que amenaza en todo el mundo la pluralidad, la prosperidad y la sociedad abierta.
En el número de octubre de The Atlantic, la historiadora Anne Applebaum publica uno de los mejores ensayos políticos que se pueden leer estos días: 'Una advertencia desde Europa'
PREGUNTA. Explica en su libro que el Holodomor constó de dos secuencias. Primero, la hambruna. ¿Fue el resultado no buscado de un proceso político nefasto, la colectivización staliniana, o, más bien un hecho premeditado, es decir, Stalin quiso matar voluntariamente de hambre a los ucranianos?
RESPUESTA. Hay que entender que la hambruna fue provocada en primer lugar por la colectivización stalinista pero que, cuando la gente empezó a tener hambre, y todo el mundo sabía lo que estaba ocurriendo, el estado soviético puso en marcha políticas diseñadas expresamente para empeorar la hambruna. ¿Por qué murió de hambre la gente? Porque había equipos de personas organizadas por el Partido Comunista que iban por pueblos y aldeas, casa por casa, recogiendo por la fuerza toda la comida, cada patata, cada brizna de trigo.
P. La segunda parte del Holodomor fue la gran represión contra los intelectuales y clases liberales ucranianas identificadas como partidarias de la independencia. ¿Cuál era el factor esencial de la independencia ucraniana? ¿Un auténtico sentimiento nacional o más bien una resistencia a la sovietización del país?
R. Es una buena pregunta. Diría que ambas cosas. De hecho Stalin pensaba con razón que el movimiento nacional ucraniano escondía precisamente una resistencia a la sovietización y por eso lo odiaba. Pero Stalin también desconfiaba de los propios comunistas ucranianos. Fíjese que todos los miembros del Partido Comunista Ucraniano estaban muertos en 1935. Es importante darse cuenta de que ser un nacionalista ucraniano significaba entonces, y significa ahora, mirar a Occidente, a Europa, y no mirar hacia Rusia. Los nacionalistas ucranianos fueron siempre proeuropeos y los que hoy izan banderas de la Unión Europea contra el autoritarismo de Rusia lo que quieren para ellos es la misma democracia y la libertad de la que goza el continente.
Óscar del Pozo, Madrid
P. Su libro recoge el nuevo trabajo de documentación de archivos que se ha hecho posible en los últimos años. Al revisar estas fuentes para escribir su libro, ¿qué fue lo que más le sorprendió?
R. Estos archivos han demostrado dos asuntos capitales. Por un lado, todo lo que sabía Stalin sobre la hambruna. Desde 1932 el Partido Comunista Ucraniano empezó a escribirle cartas muy claras a Stalin advirtiéndole de que la gente se estaba muriendo de hambre. Y con todo, Stalin tomó las funestas decisiones que tomó. Por otro lado, hemos conocido una serie de decretos que fueron adoptados en secreto que iban dirigidos específicamente a Ucrania con la decidida intención de empeorar la hambruna. Aquellas leyes fueron fundamentales para desencadenar la catástrofe definitiva que se desató en la primavera de 1933. Por ello esta información es tan importante. Pero yo añadiría también otro factor muy importante para entender la hambruna: la cantidad de memorias sobre los hechos que se han ido acumulando y conociendo durante las últimas dos décadas en diferentes comisiones y que dan fe de cómo se realizaban las confiscaciones de alimentos, como las brigadas comunistas iban a las casas de la gente a requisar alimentos.
P. ¿Y cuál es la actitud de la Rusia de Putin sobre el Holodomor? Porque tras cierta apertura y mea culpa en los noventa, a la caída de la URSS, parece haber regresado un tiempo de clausura y nueva oscuridad...
R. El gobierno ruso nunca ha reconocido el Holodomor, ni siquiera en los noventa. Especulo tal vez, pero creo que se debe a que la historia de la hambruna está muy relacionada con la historia del movimiento nacional ucraniano de 1919 y la independencia de Ucrania sigue siendo un problema hoy para Rusia.
P. De hecho, usted establece una relación entre el Holodomor y sucesos recientes como la revolución ucraniana de Euromaidan, la anexión de Crimea por Rusia y la guerra posterior.
R. No es que haya una relación directa pero el Holodomor es para los ucranianos un recuerdo de cómo Rusia reprimió salvajemente su independencia que además se mantuvo demasiado tiempo en secreto. Y eso es algo que hoy ayuda a preservar la identidad ucraniana. En los noventa, los ucranianos pudieron al fin hablar libremente sobre el Holodomor, crearon comisiones para investigarlo y ceremonias de homenaje y recuerdo de las víctimas. Actualmente ya no centra tanto el debate como entonces pero, sin duda, nada ha hecho más por fortalecer el sentimiento nacional de Ucrania que el Holodomor.
P. ¿Ha dejado Europa abandonada a Ucrania en su guerra larvada contra Rusia?
R. Ucrania es un país difícil de apoyar. La UE llegó a un acuerdo de Asociación con Ucrania en 2014 que fue muy importante, así que no diría que Europa no ha hecho nada. Pero la falta de una política de defensa única en Europa nos impide hacer frente a Rusia como debiéramos en el asunto ucraniano. Lo que los europeos no entienden es que lo que siguen haciendo los rusos en Ucrania es una amenaza para todo el continente. Una amenaza militar, social, de guerra de información, etc. Si lo hubiéramos entendido y hubiéramos luchado antes en Ucrania, llevaríamos mucho ganado.
P. ¿Cómo es posible que un país de poca monta como Rusia esté ganando la guerra de la desinformación y desestabilizando occidente? No sólo Ucrania, también Europa o Estados Unidos... ¿Cómo es posible que las poderosas democracias occidentales parezcan incapaces de defenderse?
R. Porque empezaron muy pronto. Rusia se dio cuenta antes que nosotros de que en internet cualquiera puede intervenir en las conversaciones políticas de cualquiera, del uso de las cuentas falsas para diseminar información interesada y rumores. Tuvieron éxito en Ucrania y también en Polonia y nosotros hemos sido muy lentos a la hora de enterarnos de lo que estaba ocurriendo y de cómo contraatacar. Somos muy ingenuos. Seguimos pensando que de alguna manera controlamos la situación pero no es cierto. Gran parte de lo que hace Rusia no es en realidad ni muy sofisticado ni muy caro. Es verdad que Rusia es una superpotencia muy débil con una economía muy pequeña. Hay gente que dice que China es la auténtica amenaza mundial pero Rusia, siendo mucho más pequeña, tiene mucha más influencia en la política mundial.
P. ¿Se podría decir entonces que hoy Rusia es la principal amenaza para la sociedad abierta?
R. No es el único enemigo pero sí uno de los más importantes. Los rusos son unos grandes estrategas, apoyan a la extrema derecha o a la extrema izquierda según les conviene con el fin de desestabilizar nuestras sociedades. Ellos no inventaron extremismos que ya existían en el resto del mundo pero sí los alimentan a conveniencia con dinero y propaganda.
P. En un reciente artículo suyo publicado en The Atlantic y que ha tenido bastante repercusión en España titulado 'Lo peor está por venir' alertaba sobre un inquietante fenómeno vivido por usted en Polonia y que poco a poco devora al resto del mundo: la conversión de gran parte de la vieja derecha liberal en algo muy parecido al fascismo.
R. Bueno, en Polonia no toda la derecha... pero sí, digamos, la mitad. Pero yo no puse el título de ese artículo, ¿eh? Jajaja.
P. No hacía falta, lo que usted contaba allí ya era suficientemente terrorífico.
R. Sí, y también ha llegado a España como usted sabrá mejor que yo. El autoritarismo está atrayendo a la gente y la situación es la más crítica que vive la democracia liberal desde los años treinta del siglo XX. Todos dábamos por sentado que habíamos encontrado la mejor forma de sociedad pero hay gente que no está de acuerdo.
P. ¿Y qué están haciendo los liberales, los moderados, los socialdemócratas para defenderse? Porque parece que se están dejando cazar como conejos sin plantear batalla….
R. No, no estamos tirando la toalla. Pero sí necesitamos un frente unido mucho más claro contra estas ideas. En Polonia, por ejemplo, el problema es que los liberales están divididos entre el centro derecha y el centro izquierda en varios partidos. Si se unieran, tendrían opciones de victoria. Y lo mismo en el resto de Europa. Nuestro sistema de partidos políticos se ha quedado desfasado y no refleja las nuevas divisiones reales de la sociedad. Gran Bretaña, por ejemplo. ¿Por qué no se unen los conservadores y los laboristas favorables a Europa. No tiene ningún sentido.
P. Hay una posición intelectual que defienden pensadores como Steven Pinker que asegura que el mundo sigue mejorando y que el nacionalpopulismo no irá a más, que será una anécdota en la historia. ¿Minusvaloran así la amenaza? Porque si la situación se parece como usted dice a lo de los años 30, en fin, aquello ya sabemos cómo terminó.
R. Espero que no acabe igual ahora... A ver, si reconocemos, nos organizamos y luchamos, este nuevo populismo, extremismo o, por qué no, fascismo, desaparecerá. Pero es muy importante ser realistas respecto a lo que está ocurriendo y entenderlo bien, cosa que nos hemos negado a hacer hasta hoy. Y mira que están claras las cosas desde hace años. Con la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos la amenaza se hizo al fin evidente. Trump que, por cierto, ganó entre otras cosas por difundir teorías de la conspiración como que Obama no había nacido en EEUU a las que nadie prestó atención en su momento. ¡Y un 20% de los americanos se lo creyeron! Hay que tomarse muy en serio lo que la gente lee en internet.
P. A propósito de las redes, advertía en aquel artículo que la polarización no es un invento de ahora y citaba el affaire Dreyfus pero sí parece que las nuevas redes sociales alimentan esa polarización hasta extremos nunca vistos. Si hace más de un siglo hubiera existido Twitter, ¿el capitán Dreyfus munca habría sido rehabilitado?
R. Pues no lo sé pero sí, las redes sociales alimentan la polarización, y a toda velocidad. En España lo estáis comprobando también.
P. Sí, en España tenemos ya nuestra propia extrema derecha nativa: Vox. Y existe un debate en los medios acerca de cómo tratar el fenómeno. ¿Hay que reflejar día a día lo que dicen dándoles así el protagonismo que buscan o es mejor intentar evitarlo? En Polonia ya llevan ustedes tiempo lidiando con ello, ¿cuál es su sugerencia?
R. Lo que hay que hacer no es tanto no hablar de ellos como no dejarles definir la agenda política. ¿Cuál es la agenda real? ¿De qué quiere hablar la gente?¿Cuál son sus auténticos problemas? Porque la inmigración no lo es, como demuestran los datos. No puedes hacer como si no existieran pero hay que hablar del desempleo y de los problemas reales a los que se enfrenta la gente de la calle y no discutir con ellos, por ejemplo, las cosas tan horribles que dicen de las mujeres. Pero hay esperanza, piense que en Alemania la extrema derecha populista de AFP está bajando en las encuestas.

Fuente:
https://www.elconfidencial.com/cultura/2019-01-25/anne-applebaum-hambruna-roja-ucrania-urss-stalin_1782594/

Anne Applebaum: «La izquierda, también la española, ha querido restar importancia a los crímenes de Stalin»
La ganadora del Premio Pulitzer se adentra con su libro «Hambruna Roja» en el secreto soviético que la izquierda europea más se afanó en negar a lo largo de décadas: la muerte de casi cinco millones de campesinos por obra y gracia de la URSS
César Cervera
05/02/2019

Niños con los estómagos hinchados, campos sembrados de cadáveres, familias que solo comían hierba y bellotas... En la primavera de 1932, cientos de miles de campesinos ucranianos comenzaron a pasar hambre. Nadie sabía qué estaba ocurriendo exactamente en la región de la «tierra negra», la que el historiador griego Herodoto elogió en la Antigüedad como «la hierba más exuberante del mundo».
Los más valientes, y tal vez también los más ingenuos, preguntaron directamente al Honorable Camarada Stalin: «¿Hay alguna ley del Gobierno soviético que establezca que los aldeanos deban pasar hambre?». No sospechaban aún que no se trataba de una ley fallida o de un error del Kremlin, sino de un plan concebido por uno de los psicópatas más aplaudidos del siglo XX. Su mayor secreto, su mayor genocidio.
La periodista Anne Applebaum (Washington, 1964), ganadora del Premio Pulitzer por Gulag, alumbra en Hambruna roja (Debate) otra de las penumbras soviéticas. El intento de Stalin de borrar a la nación ucraniana de la faz de la tierra a base de represión, muerte y, sobre todo, hambre en el principal granero de la Unión Soviética. Casi cinco millones de personas, cuatro de ellos ucranianos, perecieron del año 1931 al 1934, a consecuencia de la colectivización forzosa puesta en marcha por el dictador comunista.
Primero, el Kremlin arrojó a la Policía Secreta Soviética contra la elite intelectual y política de Ucrania. Luego, Stalin aplicó su particular solución final para la Ucrania rural: matar de hambre al campesinado, que en su opinión formaba los cimientos de la nación ucraniana. «Cada vez que descubrían algo de comer lo desparramaban por el suelo y disfrutaban viendo cómo los niños lloraban y recogían las lentejas o las alubias del barro», dejó escrito una familia.
Lo que los exiliados calificaron como «Holodomor», un término derivado de las palabras ucranianas «hólod» («hambre») y «mor» («exterminio»), ha desbordado con los años a la izquierda europea que durante la Guerra Fría restó importancia a la muerte de cinco millones de personas. Applebaum explica las razones detrás aquella ceguera en una entrevista celebrada en la sede madrileña del Aspen Institute España.
-¿Qué ha significado Ucrania para Rusia y para sus líderes?
-Ucrania era desde el punto de vista de Stalin la provincia más importante, difícil y peligrosa. En la época de la Revolución rusa, Ucrania había intentado convertirse en un estado independiente y, durante gran parte de la Guerra Civil, surgieron muchos grupos hostiles a los bolcheviques. Stalin, como prácticamente todos los líderes rusos hasta hoy, nunca confió en Ucrania. En la actualidad, sigue siendo un quebradero de cabeza para los rusos.
-Aparte de matar a los campesinos de hambre, ¿qué medidas aplicó el Kremlin para destruir Ucrania?
-La operación de genocidio de la nación ucrania se dio en los dos frentes simultáneamente. Primero contra los intelectuales y miembros de la Ucrania tradicional, y luego contra el campesinado. La hambruna iba dirigida a los kulaks (campesinos ricos), de los que Stalin decía que eran la base del nacionalismo. Quería evitar que se repitieran nuevas revoluciones y se viera amenazado el pan que se llevaban a la boca los rusos. No en vano, a corto plazo se provocó un desastre agrícola, siendo necesario traer a gente de las ciudades. Stalin antepuso la política a cuestiones económicas o humanitarias.
-Hasta no hace mucho se ha defendido que la hambruna fue un efecto indeseado de la colectivización de tierras.
-Es la historia oficial que la Unión Soviética y la izquierda europea contaban hasta hace nada. Rusia nunca admitió, ni tampoco hoy, que se provocaron aquellas hambrunas y que se trató de destruir a Ucrania como nación. Stalin lo ocultó a través de métodos brutales, llegando a destruir el censo registrado y a hacer desaparecer a los responsables de esos registros. Prohibió incluso a los funcionarios que hablaran del tema, y persiguió a los periodistas occidentales que en aquella época denunciaron los crímenes. Nos enteramos de lo ocurrido por exiliados, a los que inexplicablemente Occidente tardó mucho en creer.
-¿Por qué ha costado tanto denunciar estos crímenes en comparación con los de otros totalitarismos?
-Hay muchas razones, entre ellas que Occidente derrotó a Hitler y descubrió el Holocausto en tiempo real. Se hicieron fotos y se vio en primera persona lo que eran los campos de exterminio. En cambio, la Unión Soviética nunca tuvo su juicio de Nuremberg. No hubo evidencias en tiempo real sobre sus asesinatos.
Aparte, hay que tener en cuenta que si se venció a Hitler fue gracias a Stalin, y eso es difícil de olvidar. No hubiera quedado bien decir que los aliados vencieron a un genocida con la ayuda de otro asesino de masas, ni siquiera en la Guerra Fría. Incluso en los ochenta si escribías sobre el Gulag y los crímenes soviéticos eras irremediablemente de derechas, mientras que si lo hacían sobre artistas de las vanguardias rusas eras de izquierdas. ¡Qué tontería! ¿Por qué documentar y denunciar una serie de crímenes iba a ser de izquierdas o de derechas?
-¿Sigue suavizando la izquierda los crímenes de la URSS?
-El debate sigue desequilibrado, pero está menos politizado. La izquierda de cada país, incluida la española, siempre ha querido restar importancia a los crímenes de Stalin porque tiene miedo de que les deje en mal lugar. Jean-Paul Sartre, el filósofo francés, dijo que no debemos hablar del Gulag porque aquello solo fomentaba los intereses de la burguesía.
(La obra de Applebaum, periodista con un pie en Varsovia y otro en Londres, resultaría un libro más de historia, salvo porque tiene mucho que ver con lo que viene pasando en Ucrania desde 2014. La decisión del presidente Yanukóvich de abrir fuego contra sus compatriotas, la anexión de Crimea por parte de Rusia, la invasión del este de Ucrania y las aspiraciones imperiales de Putin han colocado al país del «Holodomor» en el centro de la actualidad europea.)
-Los hechos parecen demostrar que Stalin fracasó a la hora de borrar a Ucrania.
-Totalmente. Durante todo el periodo soviético hubo una historia secreta del país, que la gente se repetía frente a la mentira de que la hambruna nunca había tenido lugar. Los ucranianos se relataron de padres a hijos cosas que no aparecían en los medios soviéticos, de manera que conservaron la verdad de lo ocurrido y el sueño lejano de ser algún día una nación. En el año 1991, el éxito de la nación ucraniana fue la principal razón del colapso de la Unión Soviética. La negativa de este país a participar en futuras organizaciones con Rusia motivó la decisión de Borís Yeltsin de irse también. El nacionalismo ucraniano fue al final el verdugo de la URSS. Y, en cierto modo, ese había sido siempre el gran temor de Stalin.
-¿Cree usted que en Rusia siguen recordando a Stalin como un héroe de la patria?
-Stalin es respetado, sí, pero no en todas partes. Hay una especie de nostalgia rusa imperial fomentada por Putin, quien no quiere ser Stalin, sino un zar imperial como lo fueron igualmente los líderes comunistas. El principal acontecimiento histórico que celebra Putin no es la Revolución rusa o la Guerra Civil, sino la victoria de Stalin en la Segunda Guerra Mundial con un desfile cada año en la Plaza Roja, repleto de banderas comunistas y elogios a la URSS. Es un tipo de triunfo imperial más propio de los zares que de los líderes comunistas, aunque ambas cosas tuvieron mucho en común.
-¿Se ha visto afectado ese nacionalismo ucraniano tras años de guerra?
-El nacionalismo ucraniano está más vivo que nunca. Lo interesante de lo que ocurre hoy en Ucrania es que durante mucho tiempo no solo hubo una división étnica o por clases, sino de memoria histórica, entre dos versiones de la historia soviética. Las dos Ucranias: la que se creyó la versión oficial y la que recuerda a través de la tradición oral el horror que se vivió. Gracias a la guerra actual, la visión más nacionalista de la historia se está consolidando. Cada vez son más los que creen y tienen fe en la soberanía ucraniana, que es algo que no ocurría antes.
-A pesar de todo, también pervive una Ucrania partidaria de Rusia.
-Sigue habiendo vínculos muy fuertes entre ambos países. En Ucrania hay mucha gente escéptica con el Gobierno y en contra de la guerra. El Estado ucraniano es muy débil y corrupto, por lo que no convence a parte de la población. Digamos, pues, que en Ucrania no es que no les guste Rusia, es que no les gusta Putin, que se ha convertido en el líder ruso más poderoso.

Fuente:
https://www.abc.es/cultura/cultural/abci-anne-applebaum-izquierda-tambien-espanola-querido-restar-importancia-crimenes-stalin-201902030256_noticia.html

A ESFERA DE PAPEL
Mejor libro de Historia 2019: 'Hambruna roja', de Anne Applebaum
David Lema
15/12/2019

Antes del transparente impacto de la Glasnost, el historiador británico Robert Conquest quiso clavar con sutileza el bisturí. Estaba convencido de que podría diseccionar, pese al dígase comprometido material oficial a su disposición, uno de los capítulos más oscuros del estalinismo: las purgas comandadas por Iósif Stalin. Pese a la ausencia inducida de luz que había en el quirófano, la incisión primigenia de Conquest no debió de ser imprecisa, cuando la publicación en 1968 de su investigación histórica, El gran terror (Caralt Editores), fue recibida con no poca hostilidad en un mundo cuyo hemisferio izquierdo padecía tal ceguera ideológica -como demostró Martin Amis en Koba el Temible (Anagrama)- que aún condescendía con uno de los regímenes asesinos más exterminadores de nuestra historia reciente: la URSS. Veinte años después, la apertura de los antiguos archivos soviéticos y su revisión crítica llevaron a Conquest a publicar una versión actualizada de lo ocurrido en la Unión Soviética en los años 30: las purgas habían sido auténticas escabechinas.
Para Anne Applebaum, todavía duermen archivos que nadie ha leído. Y, más importante aún, analizado. Especializada y adicta a la historia soviética, estudiosa de esa lógica de represión de masas determinada por la ideología, devoró El gran terror de adolescente. Ningún otro libro ha influido tanto en su vida. Applebaum (Washington, 1964) es periodista y escritora, dos conceptos de antagónica reputación pero que ella concibe complementarios y semejantes. En ambos, al fin y al cabo, gana la curiosidad. «En el periodismo», explicaba recientemente en Letras Libres, «preguntas a distintas personas, en la historia, consultas distintas fuentes: el partido, la oposición, un diario» para siluetear una imagen lo más inmaculadamente delineada. ¿Una diferencia? «En un caso preguntas al presente y en otro, al pasado».
Firme liberal, rigurosa historiadora, su campo de excelencia es Europa del Este, ahí está El telón de acero: la destrucción de Europa del Este (Debate). Lo conquistó por proximidad, prueba de cargo de por qué los casos individuales poseen tanto protagonismo en su obra, convencida de que la comprensión de los grandes momentos de la Historia solo se alcanza «cuando empiezas a ver cómo la gente común encaja en ellos». Aterrizó en la Varsovia de 1988 con la acreditación de corresponsal de The Economist para curiosear las transiciones socio políticas de la región. Pero los incontrolables vaivenes de Europa del Este escapaban al presente. Casada con Radosaw Sikorski, escritor y ex ministro en Polonia, con la nacionalidad polaca, 10 años después de su aterrizaje, colapsado ya el comunismo, Applebaum se preguntó: «Pero ¿cómo llegamos ahí? ¿Por qué se pudo instalar? ¿Por qué la gente colabora con esos regímenes asesinos?». Las respuestas, en la estalinización.
Si Applebaum pudiese adoctrinarnos con un libro obligado ese sería Mi vida, de Trotski. Si pudiese teletransportarnos a un instante nos llevaría al Petrogrado de 1917... ¡entre las revoluciones de febrero y octubre! Y es que la historia, los hechos, son lo único que explican todo. Leyendo a Applebaum se fortalece aquello de que a quien no preocupa la repetición de lo ocurrido es porque no lo conoce, no lo recuerda o no lo quiere recordar. Ahora que el Estado iliberal de partido único se localiza por todo el mundo, ella recuerda que el Estado leninista no es una filosofía, sino un mecanismo para conservar al poder que funciona porque define claramente quién es la élite. «En los libros del futuro» escribió en The Atlantic, «el fundador de la URSS no será recordado por sus convicciones marxistas, sino como inventor de esta duradera forma de organización política. El modelo que muchos de los incipientes autócratas del mundo actual utilizan».
https://www.john-adams.nl/anne-applebaum/anne-applebaum-07/
Columnista del Washington Post, Senior Fellow de International Affairs, Agora Fellow in Residence de la Johns Hopkins School of Advanced International Studies, profesora en la London School of Economics... su encumbramiento llegó en 2004 con el Pulitzer de no ficción. Pudiendo acceder a los archivos soviéticos, en Gulag. Historia de los campos de concentración soviéticos (Debate), Applebaum se acercó a los primeros campos erigidos nada más triunfar la revolución instaurados por Lenin en las islas Solovetsky, pasando por su expansión con Stalin hasta la etapa final, con el deshielo y su transformación en psiquiátricos. Una aproximación cruda a dos de los pilares en los que se asienta todo sistema autocrático: el miedo y la destrucción del disidente.
Este año se ha publicado en España Hambruna roja. La historia de Stalin contra Ucrania (Debate), otra documentadísima obra, pese a las restricciones impuestas por el viraje de Putin, merecedora de ser posicionada entre las mejores de 2019. Tomando el testigo de El gran terror, Applebaum desgrana aquí el más que intento de Stalin de borrar de la faz de la tierra a toda una nación, la ucraniana. Un tanatopropósito perseguido a base de represión y, sobre todo, hambre. Casi cinco millones de personas perecieron desde 1931 a 1934 a consecuencia de la colectivización de los cultivos, un trampantojo de Stalin con el que exterminar a una población campesina donde el sentimiento nacionalista estaba fuertemente arraigado. «Stalin», explica Applebaum en una entrevista reciente a EL MUNDO, «conocía la hambruna que sufría el país a comienzos de los años 30. Sin embargo, tomó la intencionada determinación en 1932 de endurecer las condiciones en Ucrania, incluyendo decenas de granjas colectivas y aldeas en las listas negras, bloqueando las fronteras del país para que la gente no pudiera irse y creando unas brigadas de incautación que iban de casa en casa quedándose con la comida de los campesinos». Incluso hoy hay quien esgrime que las hambrunas no fueron ni provocadas ni alimentadas en el tiempo. Pero Applebaum documenta no sólo cómo se intentó con ellas y otros métodos represivos empleados contra las élites cultural, intelectual y religiosa de la república destruir a Ucrania como nación, sino cómo se trató de ocultárselo al veredicto de la Historia.
«Si se dan las condiciones adecuadas», mantiene Applebaum, «cualquier sociedad puede volverse contra la democracia. De hecho, si la historia es algo por lo que podamos guiarnos, es lo que harán todas las sociedades».
ENRIQUE MORADIELLOS
1. Retaguardia roja. Violencia y revolución en la guerra civil española (Madrid, Galaxia Gutenberg, 2019), de Fernando del Rey Reguillo.
2. El Tercer Reich. Una historia de la Alemania nazi (Barcelona, Crítica, 2019), deThomas Childers.
3. Lenguas entre dos fuegos. Intérpretes en la guerra civil española (Granada, Comares, 2019), deJesús Baigorri Jalón.
4. Ascenso y crisis. Europa, 1950-2017. Un camino incierto (Barcelona, Crítica, 2019), de Ian Kershaw.
5. El Orbe a sus pies. Magallanes y Elcano (Barcelona, Ariel, 2019), de Pedro Insua.
JORGE DEL PALACIO
1. La tragedia de la liberación. Una historia de la revolución china (1945-1957) (Acantilado), de Frank Dikkoter.
2. Churchill. La biografía (Crítica), de Andrew Roberts.
3. Mussolini contra Lenin (Alianza), de Emilio Gentile.
4. Carlos V. Una nueva vida del emperador (Planeta), de Geoffrey Parker.
5. Hambruna roja. La guerra de Stalin contra Ucrania (Debate), de Anne Applebaum.
FERNANDO PALMERO
1. Comunidades rotas. Una historia global de las guerras civiles 1917-2017 (Galaxia Gutenberg), de Javier Rodrigo y David Alegre.
2. Hambruna roja: la guerra de Stalin contra Ucrania (Debate), de Anne Applebaum.
3. La soledad del país vulnerable. Japón desde 1945 (Crítica), de Florentino Rodao.
4. La tragedia de la liberación. Una historia de la revolución china (1945-1957) (Acantilado), de
Frank Dikötter.
5. El reino de Hispania (siglos VIII-XII). Teoría y práctica del poder (Akal), de Javier Fernández Conde, José María Mínguez y Ermelindo Portela.
ASUNCIÓN DOMÉNECH
1. Emilia Pardo Bazán (Taurus/Fundación Juan March), de Isabel Burdiel.
2. Demasiados retrocesos. España 1898-2018 (Galaxia Gutenberg), de Santos Juliá.
3. Los campos de concentración de Franco (Ediciones B), Carlos Hernández de Miguel.
4. Un pueblo traicionado (Debate), de Paul Preston.
5. España. Un retrato de grandeza y odio (Espasa), José Varela Ortega.
ISABEL BURDIEL
1. Demasiados retrocesos. España 1898-2018 (Galaxia Gutenberg), de Santos Juliá.
2. Arte y artificio de la vida en común. Los modelos de comportamiento y sus tensiones en el Siglo de las Luces (Marcial Pons), de Mónica Bolufer.
3. Los imperios y la globalización en Europa (siglos XV-XVII) (Galaxia Gutenberg), de Bartolomé Yun.
4. Ascenso y crisis. Europa, 1950-2017 (Crítica), de Ian Kershaw.
5. Los amnésicos. Historia de una familia europea (Tusquets), de Géraldine Schwarz.

Fuente:
https://www.elmundo.es/cultura/laesferadepapel/2019/12/15/5df0f97121efa069698b457d.html
Imágenes de Stalin: Tomadas de la cuenta de Marcos Juvencio Fuenmayor Contreras (Facebook).

miércoles, 10 de abril de 2019

DE VARIOS FILOS

Retamos a que demuestren que María Corina Machado sabotea a Guaidó

Especial Enrique Meléndez / 9 abr 2019.- El diputado y miembro de la Dirección Nacional de Vente Venezuela, Luis Barragán, rechaza la criticas que han surgido en las redes sociales en las que se acusa al partido y a su líder, María Corina Machado, de saboteare la estrategia a Juan Guaidó.

A continuación nuestras entrevista:

¿Cuál es su balance de la jornada del pasado sábado 6 de abril?

-Los venezolanos honramos el compromiso que hemos contraído con la causa de la libertad y de la democracia en todas las oportunidades posibles. Obramos de buena fe en un común esfuerzo por quebrar a la dictadura y alcanzar la transición democrática.

- Y hemos depositado nuestra confianza en el diputado Juan Guaidó, presidente encargado de la República. La sola movilización, masiva y espontánea, independientemente de las actividades ideadas por uno o diferentes partidos es una señal concreta de la determinación de un pueblo que, en su ascenso ciudadano, espera por iniciativas cada vez más específicas y concretas que, sin dudas, respaldará.

¿Cómo están las relaciones de Vente Venezuela ccon Juan Guaidó?

- Vente Venezuela participa en todas las movilizaciones de calle, sabiendo que el protagonismo es el de la institucionalidad parlamentaria en claro respaldo al presidente encargado.

- Lo deseable es que no confundamos el rol institucional, que hemos conquistado, con las tareas que cada partido adelanta para respaldarlo. No es posible confundir el llamado Frente Amplio con la propia Asamblea Nacional siendo ésta una herramienta fundamentalmente ciudadana, expresión de lo que queda del Estado hoy. Sostenemos una relación de respeto y consideración con el presidente Guaidó y valga recordar que fue el único votado por la Fracción Parlamentaria 16 de Julio, al elegirse la junta directiva de la cámara.

Hay cierto sector de la opinión pública que considera que María Corina Machado desentona con esos emplazamientos que le hace a Juan Guaidó, sobre todo, a partir del reclamo de la no aprobación del 187-11 de la Constitución. ¿Sabotea la estrategia de Guaidó?

-Incentivado por la dictadura existe un sector minoritario que ha adelantado una campaña pretendiendo hacer ver que María Corina desea destruir el liderazgo del presidente encargado Guaidó, prestándole un flaco servicio a éste y al país.

- La Fracción 16 de Julio ha coincidido con ella en la necesidad de tramitar y autorizar una misión de paz de acuerdo con el artículo 187, numeral 11 constitucional, planteándolo en forma leal y transparente respecto al país. Consignamos esa propuesta ante la Presidencia / Secretaría de la Asamblea Nacional a principios del febrero del presente año, apegados al Reglamento Interior y de Debates, y hemos la solicitud de manera reiterada cada semana pero desde entonces, increíblemente, ni siquiera se ha discutido en la cámara.

- Más allá de la citada campaña hay una natural polémica. Unos a favor y, otros, en contra. El problema reside en que el escenario natural para discutir la materia y decidirla no es otro que la Asamblea Nacional. Entonces, ¿por qué no dar el debate para aceptar o rechazar la propuesta?

- ¿Qué clase de lección democrática nos dan quienes, a falta de argumentos y de un debate reglado, prefieren disparar por las redes sociales, orquestando una campaña de estigmatización? ¿Quién asegura que podemos solos afrontando los retos que faltan tras agredirnos y matarnos día por día?

-Que sepamos, nadie ha desmentido cada uno de los alegatos esgrimidos por la Fracción 16 de Julio en su proyecto de Acuerdo. Y otros que surgen del debate político que ha de contar con la debida fundamentación jurídica. No hay ni habrá intención alguna de sabotaje al presidente Guaidó. Retamos a que lo demuestren, además, en un debate necesario que el país espera y, con mayor razón, una decisión histórica. ¿O es que debemos esperar sentados a ver quién nos ofrece ayuda y, si lo hace, debe hacerlo poniéndole un timbre fiscal de Bs. 0,75, complicando el aporte ad infinitum? ¿Puede diligenciarse y gestionarse esa específica y concreta ayuda sin autorización previa? ¿Por qué no buscan las actas de 1999 para que, al menos, constaten que no se requiere solicitud alguna del Ejecutivo Nacional de acuerdo a la voluntad del constituyente?

María Corina Machado dijo en entrevista para el semanario La Razón que estamos a punto de perder el Esequibo. ¿En qué se fundamenta la líder de su partido para hacer tal advertencia?

- Este es un régimen al que, año tras año, hemos denunciado por su subordinación a los intereses de la Cuba, que nunca ha dejado de respaldar a Guyana.

-María Corina ha sido una extraordinaria defensora de la causa esequibana; conociendo muy bien el curso que lamentablemente ha tomado un caso que tan injustamente ahora se encuentra en la Corte Internacional de La Haya.

- Ésta sola y única circunstancia apunta al fracaso definitivo de Maduro Moros o, mejor, al deliberado fracaso en el que ha incurrido. Hay errores garrafales, tan inexplicables como sorprendentes, los cuales también ha denunciado Vente Venezuela y la Fracción 16 de Julio. Avisamos con suficientemente tiempo lo que podía ocurrir y ocurrió con la remisión del caso a La Haya y el papel del mediador Nylander; pero Miraflores siguió de fiesta y hasta cambió de embajador en las Naciones Unidas, por la pugna de sus camarillas, importándole un bledo cada diligencia que merecía el problema del Esequibo.

¿Cuál es su análisis de la presencia de tropas rusas en Venezuela?

- Regímenes como el de Maduro Moros lucen tentadores para la incursión también temeraria de intereses geopolíticos y geoestratégicos extraños, obscuros y lesivos al país.

- Una dictadura en proceso de descomposición puede atraer y atrae a aquellos países que necesitan mantener o alcanzar un determinado prestigio, atreviéndose con piezas en el tablero internacional que pueden servir a la postre para el chantaje. No otra cosa ocurrió con la crisis de 1962, utilizada por la Unión Soviética que retiró los cohetes de Cuba en una jugada peligrosa y propia de la Guerra Fría.

- Dándole una fundamental continuidad a esa política exterior, Rusia envía personal y aeronaves militares con la pretensión de contar con una base en territorio venezolano, convirtiéndonos en objeto de una vulgar maniobra de penetración que, no obstante, puede ascender como una iniciativa de insospechable aliento estratégico. Difícil obviar otras dos circunstancias: la opacidad de las grandes negociaciones de material bélico que ha hecho esta dictadura socialista; y, la otra, que se trata de una misión no autorizada por la Asamblea Nacional, como expresa e inequívocamente lo ordena la Constitución de 1999.

09/04/2019:
http://www.noticierodigital.com/2019/04/luis-barragan-vente-retamos-demuestren-maria-corina-machado-sabotea-guaido/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?f=1&t=124493
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?f=1&t=124493&sid=9c4d606e09a02af3256fc4b34cfcb970
https://www.costadelsolfm.net/2019/04/10/luis-barragan-demuestren-que-maria-corina-machado-sabotea-a-juan-guaido/

jueves, 4 de abril de 2019

MUY BUEN TÍTULO

El oso de papel en Venezuela
La presencia militar rusa en Venezuela es un acto de propaganda dirigido a curar el orgullo herido de la antigua superpotencia
Joaquín Villalobos

En los 90 algunos definían a Rusia como “Haití con bombas atómicas” y se decía que los submarinos nucleares rusos no eran una amenaza militar, sino un peligro medioambiental. El fracaso de la Unión Soviética fue una gran humillación para el nacionalismo ruso. Putin ha hecho esfuerzos por recuperar la imagen de Rusia como superpotencia. La prensa rusa destaca la presencia de sus militares en Caracas como una demostración de fuerza en una región lejana que evidencia que puede competir con Estados Unidos. Pero 99 soldados y dos aviones son en realidad un acto de propaganda dirigido a curar el orgullo herido de Rusia que Maduro trata de utilizar para asustar a la oposición venezolana.

Tener armas atómicas como las tiene India, Pakistán o Corea del Norte no convierte a Rusia en una superpotencia. Se trata de un país pobre que está cometiendo el mismo error de la era soviética gastando en armas a costa del desarrollo económico y de la calidad de vida de sus habitantes. Actualmente tiene un conjunto de conflictos que le demandan proporcionar ayuda o despliegue militar en Ucrania, Abkhazia, South Ossetia, Transnistria y Siria. Este último es el más lejano, pero todos están dentro de lo que sería su cordón de seguridad es decir en sus fronteras o en las proximidades de estas.

Librar guerras lejanas es muy caro, mandar dos aviones y 99 soldados es barato como inversión en propaganda. El gasto militar de Rusia equivale al 5,4% de su PIB con solo 66.000 millones de dólares. El gasto militar de Estados unidos es de 610.000 millones que representan solo el 3,2% de su PIB. La credencial de superpotencia no la da el poder de fuego, sino el poder económico. Los países comunistas de Europa del Este antes de la caída del muro de Berlín superaban abrumadoramente en tanques, aviones, cañones y tropas a las fuerzas de la OTAN, pero se derrumbaron porque no podían competir económicamente.

La única potencia con capacidad de librar guerras lejanas de forma simultánea sigue siendo Estados Unidos. Su gasto militar supera al de China, Rusia, Arabia Saudita, India, Reino Unido, Francia y Japón juntos. Rusia es ahora un país fabricante y vendedor de las armas que regalaba cuando se llamaba Unión Soviética y gastaba más de lo que producía. Rusia es objetivamente un país pobre, dominado por oligarcas corruptos y corruptores con aspiraciones de grandeza. Su economía es del tamaño de la de España, pero tiene el triple de población distribuida en un territorio 33 veces más grande, es decir con unas necesidades de servicios enormes.

Los venezolanos no deben confundir una acción de propaganda de rusos vendedores de armas con un cambio en la correlación geopolítica de fuerzas. Si Rusia fuera una superpotencia deberían poder resolver la crisis de energía eléctrica, la hambruna o la falta de medicinas, pero eso es caro y los rusos son pobres. La verdadera presencia militar en Venezuela la tiene Cuba con miles de efectivos que controlan a las Fuerzas Armadas. Hay razones objetivas para esto porque la economía cubana es un parásito del petróleo venezolano y los castristas saben perfectamente que si se acaba Maduro se acaban ellos.

(*) Joaquín Villalobos fue guerrillero salvadoreño y es consultor para la resolución de conflictos internacionales.

Fotografía: Maxim Shemetov (Reuters). Vladimir Putin (d) saluda a Nicolás Maduro (i) en Moscú el pasado diciembre.
Fuente: https://elpais.com/internacional/2019/04/04/america/1554343639_807680.html

martes, 2 de abril de 2019

ADEMÁS; RUSIA, POST-MARXISMO

El que tenga qué decir sobre el 187-11, debe hacerlo en el debate  parlamentario

El viernes próximo pasado,  el apagón frustró un encuentro del diputado Luis Barragán con cursantes del pre y post-grado del profesor Jonathan Benavides de la Universidad Central de Venezuela.  A mitad del evento, el corte eléctrico también dejó sin telefonía celular a los asistentes que, en principio, versaban sobre un tema poco frecuente, como es el del socialismo y las alternativas inmediatas que asoman su fracaso.

En efecto, concluida la exposición del parlamentario, luego de la presentación del profesor Benavides, especialista en la política exterior rusa, sobresalió el tema de la presencia militar y la eventual instalación de una base militar en nuestro país.

El académico explicó la presencia rusa en el marco de lo que llamó la escuela del neo-realismo en las relaciones internacionales, siendo un extraordinario acreedor de Venezuela, cuyo régimen desespera por una protección que se juzga imposible debido a la cuantía de la deuda contraída y de los particulares intereses de la región: “La Federación de Rusia es un actor fundamental que, junto a China, se sienta en el Consejo de Seguridad con poder de veto. No obstante, conoce muy bien las limitaciones de la dictadura de Maduro Moros y probablemente no incurrirá en el  error garrafal de sostenerlo a toda cosa, poniendo en peligro sus relaciones futuras con una Venezuela diferente y con toda la región”.

El diputado Barragán reiteró la postura asumida por la Fracción 16 de Julio al rechazar la presencia e, incluso, instalación de una base militar que violenta la Constitución: “Una misión y, con mayor razón, una base militar de Rusia, requieren de la exclusiva autorización de la Asamblea Nacional y ratificamos la necesidad de una investigación que abra al respecto, la Comisión Permanente de Defensa en un tema difícil de subestimar”.

Inmediatamente, uno de los asistentes al foro lo inquirió en relación a la otra aplicación del artículo 187, numeral 11 constitucional que ha levantado una campaña contra María Corina Machado y la Fracción 16 de Julio: “Injusta, minoritaria e inútil campaña de descrédito que cree llevarse por el medio la convicción mayoritaria de que no podemos solos con este problema. Cabe decir que, lealmente, la Fracción parlamentaria del 16 de Julio planteó la autorización  a la que se refiere el artículo citado, en forma pública y presta a la discusión, con suficiente antelación. El asunto debemos debatirlo y decidirlo en la Asamblea Nacional, la instancia ciudadana por excelencia con la prontitud necesaria, porque está pasando el tiempo y perdemos más vidas los venezolanos, dada la catástrofe humanitaria que padecemos”.

Al responder una pregunta sobre los ataques recibidos por María Corina Machado y la F16-J sobre el tema, dijo enfáticamente: “Esperamos el martes venideros para la discusión del 187-11 por una mayoría que también lo espera para aprobarlo. Quien no esté de acuerdo que lo diga con claridad absoluta”.

¿Por qué discutir sobre marxismo, si atravesamos un colapso eléctrico?, le preguntamos al diputado Barragán, quien respondió:

“El problema de fondo no es otro que el de una dictadura socialista que, por muy ágrafos que sean sus prohombres, no relevan a la oposición de una postura firme y sobria en torno a la opción irremediable que el derrumbe ofrece: una economía abierta y competitiva de mercado, capaz de propulsar una sociedad diferente, libre, próspera y equitativa. Esta discusión ha sido diferida por demasiado tiempo, creyéndola propia de las élites. Y si no la damos, caída la dictadura, quedarán las condiciones intactas para ella vuelva con mayores bríos”.

Precisó: “Quizá pueda sorprender que aludamos al análisis marxista sobre esta dictadura.  Por lo menos, si a ésta se le ve desde la perspectiva del llamado post-marxismo, constatamos que la teoría y la experiencia fracasan contundentemente. No referimos al necio leninismo o, mejor, castrismo del PSUV y del PCV que, por cierto, como faltara un detalle, pide la ortodoxa nacionalización de toda la banca privada, sino – por ejemplo -  a lo que ha debido decir Chantal Mouffé, como pudo decirlo Ernesto Laclau o Michel Foucault, sobre el siglo XXI en manos de Chávez y Maduro; cómo quedarían las tropelías y el saqueo del Arco Minero en el lenguaje de Eduardo Galeano; en algo se acerca Heinz Dieterich al descalificar este socialismo. Bastaría con actualizar, como está ocurriendo, notables trabajos de Ludwig von Mises e, incluso, Jacques Maritain, para apreciar  las dramáticas dimensiones del fracaso socialista en Venezuela, y la necesidad de una opción de reales y convincentes libertades para salir del  atolladero en el que nos metieron, Ni los comunistas pueden defender dentro y fuera del país,  el inmenso desastre de acabar – además – con un país petrolero”.

31/03/2019:
http://www.opinionynoticias.com/noticiasnacionales/34634-barragan-l
https://www-lapatilla-com.cdn.ampproject.org/v/s/www.lapatilla.com/2019/03/31/diputado-barragan-ni-los-comunistas-pueden-defender-la-destruccion-de-un-pais-petrolero/amp/?usqp=mq331AQCCAE%3D&amp_js_v=0.1#referrer=https%3A%2F%2Fwww.google.com&amp_tf=De%20%251%24s&ampshare=https%3A%2F%2Fwww.lapatilla.com%2F2019%2F03%2F31%2Fdiputado-barragan-ni-los-comunistas-pueden-defender-la-destruccion-de-un-pais-petrolero%2F
https://tenemosnoticias.com/noticia/pas-diputado-pueden-destruccin-651871/1306494
https://venezuelaunida.com/diputado-barragan-ni-los-comunistas-pueden-defender-la-destruccion-de-un-pais-petrolero/
www.lapatilla.com/.../diputado-barragan-ni-los-comunistas-pueden-defender-la-destru...

miércoles, 27 de marzo de 2019

BASE

La Fracción 16 de Julio solicitará una investigación parlamentaria sobre la presencia militar de Rusia en Venezuela

De acuerdo con los medios de comunicación social, nuevamente dos aviones militares de la Federación de Rusia se encuentran en Venezuela,  incluso, renovando  la idea de instalar una base – esta vez – al sur del país.

Al respecto, el diputado Luis Barragán señaló que “a la Fracción Parlamentaria del 16 de Julio le preocupan las noticias que circulan en la materia, ya que la presente dictadura renueva su interés en involucrar a Rusia en nuestro país, vinculándose irresponsablemente con intereses geopolíticos que les son ajenos, a la vez que estamos sumergidos en una crisis humanitaria que impide el auxilio directo y efectivo de los países de la región”.

Comentó que el anterior y oficial recibimiento de sendas aeronaves de guerra “jamás fueron convincentemente explicadas, aunque extrañaba la idea de una base militar insular, como la de La Orchila”. Sin embargo, atajando cualquier contradicción, indicó que “algo muy distinto es la solicitud de una misión de paz, como la hecha por la Fracción 16 de Julio, pública y abiertamente destinada al debate y a la aprobación parlamentaria (artículo 187, numeral 11 constitucional), y muy otra son las oscuras y calculadas relaciones militares con la Rusia que puede darle otra significación a un conflicto, vinculándolo con los intereses que se mueven en el otro lado del mundo. Nada extraña que los asesores del régimen pretendan nternacionalizar el conflicto, banalizándolo por aquello de Chaderton que se desea bañista en el Pacífico”.

“Es evidente que, al compromiso desarrollado con la Cuba dictatorial que, junto a otras fuerzas irregulares, tiene ocupada a Venezuela, podrían sumarse varias y graves iniciativas que nunca han sido aclaradas en una relación bilateral con Rusia. Y, al respecto, nuestra Fracción Parlamentaria solicitara a la Comisión Permanente de Defensa de la Asamblea Nacional que abra la debida  investigación”.

En otro orden de ideas, el diputado Barragán celebró el acto realizado en la localidad mirandina de Paracotos, donde acompañó a María Corina Machado, a la diputada Dignora Hernández y al profesor William Anseume en una extraordinria manifestación popular.

“La afiliación del profesor William Anseume, reconocido líder del profesorado universitario, a Vente Venezuela,  ejemplifica el carácter concreto de un compromiso político que respeta muy bien sus responsabilidades gremiales, sin confundirse. Al  asumir la coordinación de Vente del municipio Guaicaipuro del estado Miranda, demuestra también una vocación – ante todo – ciudadana que es la requerida para superar las actuales y consabidas circunstancia, en la ruta del coraje”

24/03/2019:
http://www.opinionynoticias.com/noticiasnacionales/34588-fraccion16j
https://www.lapatilla.com/2019/03/24/fraccion-16j-investigacion-militar-rusa/
http://www.noticierodigital.com/2019/03/fraccion-16-j-pide-investigar-presencia-militar-rusa-venezuela/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=123348

jueves, 31 de enero de 2019

BREVE CRÓNICA DE UNA FOTOGRAFÍA RECIENTE

Días atrás, Jonathan Benavides me habló del interés de un medio de la Federación de Rusia para entrevistar a un grupo pequeño de venezolanos sobre la actual coyuntura  (líderes, parlamentarios, constitucionalistas ...). Al revelarme el nombre del medio, reaccioné y, seguidamente, me aclaró que "Izvestia", después de servir de órgano del Partido Comunista de la extinta URSS, fue privatizado y también le caracteriza una postura adversa al gobierno de Puttin. El periódico estableció una alianza con la BBC de Londres para ventilar la situación en este lado del mundo. Y acordamos la fecha.


El martes próximo pasado, nos encontramos en el Palacio Legislativo, aunque costó que la Guardia Nacional le permitiera entrar junto a los dos camarógrafos. Día de sesión. "¿Tú me vas a entrevistar?", le pregunté al creer que uno de los camarógrafos era el periodista. "Por supuesto", me respondió, pues, los dos periodistas rusos que originalmente lo harían, se marcharon el día anterior. Quizá por ello, el "misterioso" avión que se llevó a los familiares del cuerpo diplomático, asomado en Maiquetía por estos días, por estos días.  "¿Dónde nos sentamos?". No había muchas alternativas en los jardines. Decidimos por las escaleras.
La gráfica fue tomada cuando conversábamos previamente. Recordé que, a mediados de los años setenta del XX, estudiante de bachillerato, me tomaron unas gráficas desde esas escaleras al visitar el lugar junto a un grupo de muchachos ya inquietos por la política. Y se hizo una conversación grata, la de dos viejos amigos. Jonathan conoció muy bien el parlamento antes de convertirse en esta caricatura del siglo XXI. Formuló las preguntas. Las respondí. Ocurre frecuentemente, la tentación fue la de extenderse hacia otros temas, aunque nos deslizamos brevemente sobre la extemporaneidad marxista de los elencos del poder que nos tiranizan.  Despedimos a los camarógrafos a las puertas del otrora Capitolio Federal. Me reincorporé a la sesión. Jonathan fue al palco. Nos reencontramos luego para el café de rigor, no sin desplegar alguna habilidad, pues, los zagaletones de la dictadura merodeaban para agredir a todo aquél que saliera con traje y corbata de palacio.
Incluso, ahora, tomo nota de una intervención de la cámara sobre un acuerdo discutido en presencia del embajador ruso: https://www.youtube.com/watch?v=XQccTBfwrR8
Dos viejos amigos, ahí sentados. Mirando, incluso, más allá de las cámaras, reflexionamos sobre los tiempos de la vieja militancia juvenil, la Rusia de la cual Benavides es un reconocido experto, el parlamento, la transición, la ciudad que ya no es la misma. Y, por supuesto, el futuro que depara una transición que debemos ganarla día a día.
(LB)

miércoles, 29 de agosto de 2018

¿UN CIGARRILLO?

Lenin prêt-à-porter
Luis Barragán  
 

Remanente de una ya vieja cultura política, las consabidas medidas anunciadas e inmediatamente ejecutadas por Maduro Moros, suscitaron la celebérrima denuncia de un tal paquetazo neoliberal que, por cierto, aguzó el ingenio de incontables ilustradores de los ’90 del ‘XX.  A pesar de las evidencias, fuimos testigos de la reacción de ciertos sectores sorprendidos por su propio anacronismo.

Liberalización alguna de la economía, reporta una dictadura dispuesta a asfixiar cualesquiera iniciativas independientes a un Estado que, agigantándose, se reduce a sus sórdidas camarillas de conducción. Por lo demás, como dejó constancia la fracción parlamentaria del 16 de Julio, las decisiones son de un entero e inequívoco cuño político que, por supuesto, impacta a los más variados sectores de una sociedad de la más burda supervivencia, como aspira la dictadura.

El antecedente más visible de semejante disparate y atropello, nos remite al deliberado diseño e implementación de la llamada Nueva Política Económica, iniciada por la Rusia de Lenin, antes de la creación de la Unión Soviética, que provocó índices crecientes, espectaculares y consecutivos de hiperinflación, agravando la miseria y profundizando en la resignada desesperación de la población. Una persona amiga, pocos días atrás, nos impuso de las cifras espeluznantes que abrieron el trágico camino a los planes quinquenales de Stalin, quien literalmente eliminó a sus rivales en una contienda que solemos olvidar.

A lo sumo, creando condiciones para la repatriación de capitales sucios, el régimen que está triturando el siglo XXI, aspira a una fuente de financiamiento de cierta significación que tienda a reforzar a una nomenklatura infinitamente acaudalada, sideralmente distante de las inmensas mayorías sojuzgadas, empobrecidas y atemorizadas. Claro está, con cupo en la dirección partidista, tal como ocurrió con los sectores transitoriamente dinamizadores de la economía rusa en las filas bolcheviques de entonces.

Aspirando a la dislocación de todo lo que haya sobre la faz de la tierra,  los leninistas a la medida de esta ahora saben muy bien que ya  pasó la oportunidad para ensayar la receta, arriesgándose con una maniobra que también exige del encarecido vuelo y talento político para ejecutarla. Emerge con fuerza el descontento, la resistencia y la respuesta definitiva de los venezolanos que ya perdieron la paciencia, decididos a encaminarse hacia la libertad.

27 y 28/08/2018:
http://www.noticierodigital.com/2018/08/luis-barragan-lenin-pret-porter/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=107224
https://laprensareal.wordpress.com/2018/08/28/lenin-pret-a-porter-listo-para-llevar-por-luis-barragan-ventevenezuela/
Ilustración: Alexander Kosolapov.

jueves, 29 de marzo de 2018

HOMO SOVIETICUS

EL PAÍS, Madrid, 29 de marzo de 2018
 EL ACENTO
Putin y la nostalgia por el pasado imperial
José Andrés Rojo

Cuando se va viendo que las redes sociales son un magnífico instrumento para intervenir en ellas hasta el punto de condicionar el voto de sus usuarios en una cita electoral, las democracias occidentales pueden ponerse a temblar. Siempre han existido millares y millares de ciudadanos a los que las urnas les han resultado indiferentes. Gente tocada por circunstancias adversas y marginada de la vida política y social. Supervivientes que han sido empujados a los estercoleros de la historia pero que, efectivamente, cualquier día pueden animarse y acudir a un colegio electoral. ¿Por quién terminarán inclinándose, a quién van a darle su confianza? ¿Al político que explica su programa y que, de alguna manera, tiene un plan, un proyecto de país? ¿O más bien al que ha sido capaz de entrar en sus paranoias y miedos, en sus carencias y anhelos frustrados, en sus frágiles y marchitas esperanzas, y que les ha prometido salir de ahí, dejarlo todo atrás y recuperar el esplendor perdido?

Vladímir Putin ha vuelto a ganar en las últimas elecciones rusas con un 76,7% de votos, un porcentaje que marearía a cualquier político occidental. Son unas elecciones de aquella manera, en las que no participa la oposición porque ha sido apartada, y en las que no hay verdaderas garantías. Pero hay urnas, y la gente sale de su casa y deposita su papeleta. Putin lleva tiempo amarrado al discurso de recuperar la gloria perdida. Y es un discurso que, por lo que se ve, ha calado. Son muchos los que lo apoyan.

En El fin del Homo Sovieticus, Svetlana Alexiévich, la escritora bielorrusa que ganó el Nobel de Literatura en 2015, ofrece un puñado de largas conversaciones que permiten asomarse a lo que significó el tremendo cataclismo que produjo el final de aquel enorme imperio que latía detrás de una bandera roja. “Me pregunto qué nos hicieron a los soviéticos, cómo consiguieron taparnos los ojos para que echáramos a correr como bólidos hacia el jodido paraíso capitalista”, le comenta una de las personas que entrevistó en la Plaza Roja en diciembre de 1991 y que simplemente se definió como “patriota”.

Luego le dijo: “Soñábamos con que nos abrieran aquí un McDonald’s para comer hamburguesas calentitas, con comprarnos Mercedes y reproductores de vídeo, y con que nos vendieran películas pornográficas en cada quiosco...”. Y añade: “Rusia necesita de una mano firme que la sujete. Un puño de hierro”.

Quizá Putin sea la respuesta que reclamaba aquel hombre frente a su rabia. También Ryszard Kapuscinski salió zumbando hacia la Unión Soviética cuando se estaba yendo a pique para entender qué diablos había pasado. En Moscú, se refirió a un enorme proyecto que no llegó a construirse, el Palacio de los Soviets. Debía ser más alto que el Empire State Building e iban a levantar una estatua de Lenin tres veces más alta que la Estatua de la Libertad. “El bolchevismo es, evidentemente, otro impostor, pero es un impostor que va más lejos: ya no solo es la encarnación terrestre de Dios. Es el mismo Dios”, apuntó el periodista polaco.

No es difícil, por eso, imaginar el tamaño de la frustración de los que asistieron impotentes a la caída de aquel extraño dios. E igual no es tan complicado entrar en sus redes sociales para hurgar en sus miserias y prometerles un nuevo salvador. Putin es su nombre.

Fuente:
https://elpais.com/elpais/2018/03/28/opinion/1522262144_358040.html
Fotomontaje:
https://www.elespanol.com/mundo/20180114/putin-comunismo-cristianismo-parecen-lenin-reliquia-religiosa/277222752_0.html

viernes, 29 de diciembre de 2017

POST-SOCIALISMO REAL

EL PAÍS, Madrid, 12 de diciembre de 2017
COLUMNA
Involución rusa
Víctor Lapuente
 
Cerramos un año muy ruso. Al centenario de la revolución de 1917 se le ha sumado el intenso protagonismo de Rusia en la escena internacional. La mano del Kremlin ha mecido las cunas de todos los conflictos relevantes.

Rusia ha perfeccionado lo que algunos expertos en seguridad llaman la “manguera de falsedades”. Un modelo de propaganda que canaliza un alto volumen de mentiras y posverdades a través de las redes y los medios afines. El objetivo es desestabilizar a Occidente y consolidar los intereses rusos, sobre todo en Ucrania y Siria. Dentro de las fronteras rusas, la manguera depura a los disidentes.

Hay una continuidad entre el aparato represivo de la extinta URSS y el de la actual Rusia. El propio Putin fue un espía de la KGB. Pero lo inquietante es la pervivencia de una deprimida psicología colectiva.

Como en otros países excomunistas, la sociedad rusa vive atrapada en un círculo perverso. El comunismo dejó por los suelos los niveles de confianza social. Cualquiera podía delatarte. No podías fiarte ni de tus padres ni de tus hijos. Y el corrupto proceso de liberalización y privatización de los años noventa deterioró todavía más los valores cívicos. El mensaje que caló fue el siguiente: esto es la ley de la selva, así que piensa sólo en ti.

La enorme desconfianza acumulada —hacia empresas, administraciones y conciudadanos— dificulta la consolidación de sistemas democráticos capitalistas en muchas repúblicas exsoviéticas. Una sociedad que desconfía de todo prefiere soluciones de ordeno y mando a soluciones de mercado, tanto en la economía como en la política. Los votantes suspicaces no entregan el poder a políticos abiertos y consensuales, sino a líderes cerrados y autoritarios, dispuestos a castigar sin remordimientos. Y estos, lejos de implementar políticas que fomenten la cohesión social, siembran todavía más inquina con sus arbitrariedades.

Algunos balances sobre la revolución rusa destacan los liberadores efectos que tuvo el espíritu revolucionario, aun admitiendo sus nefastas consecuencias materiales. Pero 1917 fue una Gran Involución, tanto para los cuerpos como para las almas.  

Fuente:
Fotografías:  LB (Caracas, 13/12/2017).
Breve nota LB: Celebrado el centenario por "todo lo alto", según ordenara Maduro, en la antigua sede la Biblioteca Nacional, entre las esquinas de La Bolsa y San Francisco, se hizo una exposición alusiva, por supuesto, emparentando 1917 con 1999. No concurrimos a la exposición, por prudencia, aunque notamos que los jóvenes guías exhibían franelas estampadas con la fecha. Por supuesto, tampoco era prudente fotografiarlos.

jueves, 7 de diciembre de 2017

DEL USO POLÍTICO DE LA RAZÓN

EL PAÍS, Madrid, 28 de noviembre de 2017
TRIBUNA
El sombrío legado de Franco
Los dirigentes del PP se cargarían de razón si no coqueteasen con el pseudorrevisionismo histórico que blanquea la imagen del dictador. Pero recurrir a él para explicar la crisis actual es sorprendente
Javier Moreno Luzón
 
Que para explicar la crisis catalana actual se recurra a Francisco Franco, un dictador muerto hace cuarenta y dos años, resulta cuando menos sorprendente. Pero así lo hacen numerosas voces, en los círculos independentistas, en un ala de la izquierda española y en unos cuantos medios de comunicación extranjeros. Tras las acciones del Gobierno de España se descubre la sombra de Franco, mientras a Mariano Rajoy se le erige en heredero del Caudillo y de otros autócratas dispuestos a mantener como sea la unidad nacional. Coinciden en este diagnóstico políticos, periodistas y académicos empeñados en describir un Estado ajeno a las normas democráticas occidentales. A propósito del encarcelamiento de los líderes secesionistas, hay quien ha rescatado una tajante sentencia del escritor Rafael Chirbes: “este país apesta a franquismo”.
Una respuesta inmediata a estas afirmaciones consistiría en comprobar que contienen disparates evidentes: en España, se diga lo que se diga en la BBC, no existe un régimen autoritario sino una democracia liberal, con forma de monarquía parlamentaria, en la que se garantizan los derechos y libertades individuales, hay separación de poderes y el Gobierno emana de un Parlamento elegido por sufragio universal. El Estado español es un miembro de la UE con problemas similares a los de sus socios, no un paria internacional. Costaría imaginar, bajo un sistema franquista o pseudofranquista, elementos legales tan consolidados en la vida española como la existencia de comunidades autónomas con extensas atribuciones o la falta de censura, no digamos ya el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Sin embargo, tanta insistencia merece alguna reflexión, porque no se trata sólo de una improvisada propaganda pro-catalanista. Semejantes tesis se sustentan sobre bases que las hacen verosímiles entre quienes las repiten. Algunas trazas de la cultura política española y catalana recuerdan a las del franquismo, como los hábitos caciquiles en el manejo de los recursos públicos o la corrupción rampante que vincula a autoridades y empresarios amigos. Nada que no proceda de periodos anteriores a la dictadura y que no ocurra en diversas partes de Europa donde reina también el clientelismo. Además, ahora la prensa airea y los jueces persiguen las corruptelas, que no quedan impunes. Podría hablarse asimismo de los privilegios de la Iglesia, que aún disfruta de un trato preferente que no se corresponde con la secularización de las costumbres, eco de lo que pasa en otros países de la UE con tradiciones católicas.
En cuanto a la cuestión catalana, pueden atribuirse a reflejos autoritarios los errores en la gestión del desafío nacionalista, como la torpeza gubernamental en el empleo de las fuerzas de seguridad o la actuación de la Audiencia Nacional, que ha tomado medidas preventivas más que discutibles. Pero establecer un paralelismo entre estos hechos y la represión franquista de los nacionalismos subestatales carece de fundamento. Baste recordar que, desde la Guerra Civil hasta los años setenta, no hubo en ninguna zona de España elecciones limpias ni más partidos y sindicatos autorizados que los oficiales, abundaban los presos políticos y se prohibía cualquier expresión nacionalista no española. Ningún gobernador civil de entonces hubiera permitido manifestaciones a favor de la independencia —ni tan siquiera de la autonomía— de Cataluña. La senyera, que podía entenderse como símbolo de una región española, no se izó en los ayuntamientos catalanes hasta 1975.
En realidad, las alusiones a Franco adquieren credibilidad porque su régimen se identifica, sin matices, con el nacionalismo español. No con el castellano, que apenas ha salido de la irrelevancia, sino con el que afirma que la única nación política —dotada por tanto de soberanía— en el territorio de este Estado es España. Un nacionalismo que ha tenido varias versiones desde su aparición durante la guerra napoleónica de 1808, que precedió por lo tanto al franquismo y que lo ha sobrevivido. Durante el Ochocientos y las primeras décadas del Novecientos, hubo españolistas liberales, demócratas y republicanos que, de Agustín Argüelles a Manuel Azaña, concebían España como una comunidad cívica, adornada con características propias pero compuesta de ciudadanos con derechos protegidos por el Estado a través de un régimen representativo. En algunos momentos, como en la Segunda República, estos sectores llegaron a acuerdos con los catalanistas para concederles una autonomía regional.
La coalición reaccionaria que apoyó el levantamiento contra la legalidad republicana en 1936 y luego al dictador durante los treinta y nueve años siguientes heredó otras visiones de la españolidad. Por un lado, un nacional-catolicismo que sólo admitía una manera de ser español, la católica, y propugnaba un Estado confesional y corporativo. Por otro, la vertiente hispana del fascismo, cuyas expresiones nacionalistas recogieron la sublimación de Castilla como núcleo de España y adoptaron un proyecto totalitario. La Falange proporcionó cuadros y discursos a la dictadura, pero, más allá de sus efímeros logros nacional-sindicalistas, fueron los católicos quienes dejaron una huella más profunda en ella. Sin olvidar los rasgos propios de un nacionalismo militar que atribuía al ejército la misión de salvar a la patria de sus enemigos internos, entre ellos los catalanistas: Franco no dejó de ser un general cuya legitimidad provenía de vencer en una guerra.
Poco queda de estos componentes franquistas en el nacionalismo español, reforzado ante el reto independentista catalán. Se perciben algunos síntomas poco tranquilizadores, como la presencia violenta de grupúsculos neofascistas en algunas concentraciones, donde se ha visto a descerebrados cantar el Cara al sol —himno de Falange— enarbolando banderas constitucionales. Pero las grandes fuerzas políticas españolistas parecen comprometidas con los valores democráticos y se explican en términos incompatibles con el militarismo, las premisas nacional-católicas o el falangismo, aunque haya portavoces secesionistas que acusen a Albert Rivera, de Ciudadanos, de ser un nuevo José Antonio.
Así pues, no es posible dar cuenta del conflicto que se dirime en nuestro país acudiendo al sombrío legado de Franco. Se entiende mejor como una pugna entre nacionalistas en el marco de una democracia que, como la mayoría de sus congéneres, intenta evitar la ruptura de su ordenamiento constitucional; no como la lucha entre los herederos del franquismo y los adalides de la libertad. Aunque los dirigentes del PP se cargarían de razón en sus protestas si no coqueteasen con el pseudorrevisionismo histórico que blanquea la imagen del dictador; si aceptaran la retirada de los homenajes al franquismo en calles o monumentos y comenzasen a atender las demandas de los descendientes de sus víctimas. La causa de la España democrática y europeísta saldría muy fortalecida.
(*) Javier Moreno Luzón es historiador y ha publicado, con Xosé M. Núñez Seixas, Los colores de la patria. Símbolos nacionales en la España contemporánea (Tecnos, 2017).

Fuente:
Ilustración: Raquel Marín.

EL PAÍS, Madrid, 20 de julio de 2017
TRIBUNA
La Rusia de Occidente
Javier Moreno Luzón 
 
El revolucionario ruso León Trotski pasó en España los últimos meses de 1916, tan solo un año antes de tomar el poder en Petrogrado. Fue un viaje azaroso: expulsado de Francia, anduvo por Madrid, donde disfrutó del Museo del Prado, hasta que la policía lo encarceló y lo mandó a Cádiz, a la espera de un barco que lo sacase del país. Apenas logró manejar unas cuantas palabras en castellano, pero captó algunos rasgos de la vida española, como la mala fama de los políticos, las desigualdades sociales o el poder de la Iglesia. Le impresionaron la indolencia, la amabilidad y el calor. Desde su siguiente destino, Nueva York, escribió que el problema agrario y el carácter violento de sus habitantes hacían de España, después de Rusia, el lugar donde resultaba más probable una revolución.
Aquel paralelismo entre los dos extremos de Europa tenía antecedentes tan ilustres como el de Miguel de Unamuno, quien había afirmado que ambos pueblos compartían una misma religiosidad mística y un fondo comunal campesino. Los estereotipos hablaban de seculares atrasos y exotismos orientales, de gentes un tanto salvajes. Hasta el ancho de vía de sus respectivos ferrocarriles era mayor que el usual en el continente. El rey Alfonso XIII creía que la primera de las revoluciones rusas de 1917, la que hizo abdicar al zar, podía repetirse en España, sobre todo si entraba en la guerra europea como había hecho Rusia.
Durante unos meses, los acontecimientos dieron la razón a los augures. Ese mismo verano se encadenaron varios conatos revolucionarios en España: el de las juntas militares, que expresaban agravios corporativos; el de catalanistas y republicanos, que convocaron una asamblea de parlamentarios para exigir la reforma de la Constitución; y el de los sindicatos obreros, lanzados a la huelga general. Hubo quien pensó en una réplica de la experiencia rusa, con un proceso constituyente custodiado por sóviets de obreros y soldados. Pero España no era Rusia: a la hora de la verdad, las clases medias catalanas no se aliaron con los huelguistas y los militares reprimieron la insurrección sindical. La monarquía española, más parecida a la italiana que al imperio de los zares, resistió el embate.
La verdadera fe que llegó a España desde Rusia en 1917 no fue la del febrero democrático, sino la del octubre rojo, un potente mito político que cambió el paisaje mundial, dividió a las izquierdas y atemorizó a las derechas. El campo andaluz vivió un trienio bolchevique en el que los jornaleros aspiraban al reparto de las tierras que habían conseguido los rusos; mientras los sectores conservadores alertaban del peligro soviético para imponer soluciones autoritarias. Aunque la escasa información jugara a veces malas pasadas. Los anarcosindicalistas de la CNT acogieron con entusiasmo aquel trastorno radical y los socialistas decidieron tantear su adhesión a la nueva Internacional. Pero sendos viajes a Moscú les quitaron las ganas, pues aquellos aguerridos héroes perseguían a los ácratas, exigían disciplina y despreciaban los derechos ciudadanos. Vladímir Lenin se lo dejó claro en 1920 a un atónito Fernando de los Ríos, enviado del PSOE: “Libertad, ¿para qué?”. Por entonces se organizaban ya los comunistas españoles.
La vieja Rusia medieval se había convertido, de golpe, en el faro que alumbraba el futuro de la humanidad. En España se publicaron decenas de libros sobre el experimento y numerosos viajeros confirmaron sus excelencias. Sin embargo, sus partidarios no salieron de los márgenes hasta la Segunda República, cuando el camarada Iósif Stalin había heredado ya las herramientas dictatoriales de Lenin y lanzado al exilio a Trotski, disidente en nombre del ideal leninista. Mediados los años treinta, el régimen staliniano se sumó a las coaliciones contra el fascismo que avanzaba en Europa y sus peones españoles hicieron lo propio con el Frente Popular que ganó las elecciones de 1936. Entraron en el Parlamento y se hicieron con el control de las juventudes socialistas, aunque la posibilidad de una revolución al estilo soviético, un fantasma que agitaron las derechas antirrepublicanas, era más bien remota. Al socialista Francisco Largo Caballero le quedó, eso sí, el remoquete de Lenin español.
España estuvo algo más cerca de transformarse en la Rusia de Occidente durante la Guerra Civil. La Unión Soviética era el único apoyo internacional de peso que tenía la República y su esfuerzo militar dependía de la ayuda de Stalin, por lo que los comunistas adquirieron en la zona leal una influencia decisiva. Cabeza de la contrarrevolución que acabó con las colectivizaciones orquestadas por los anarquistas al estallar el conflicto, aplicaron las técnicas ya probadas en la Unión Soviética, donde no solo habían barrido a los trotskistas, sino que también purgaban a los más adictos, en un sistema de terror sin límites. Los marxistas antiestalinistas del POUM fueron liquidados. En 1940, el catalán Ramón Mercader, al servicio de Stalin, asesinó a Trotski en su destierro mexicano.
A partir de ahí, el comunismo español formó el tronco principal de la oposición a la dictadura de Francisco Franco. Tras el fracaso del maquis guerrillero, adoptó una línea conciliadora que aspiraba a traer a España la democracia pluralista y no un régimen autocrático al estilo soviético. Esa distancia se ensanchó y la actitud constructiva del PCE protagonizó la Transición a la muerte del tirano. Poco quedaba ya del sueño revolucionario, aunque aún subsistían los métodos de Lenin, la jerarquía implacable y la purga de los discrepantes en el interior del partido. Su progresiva insignificancia acabó por diluirlo en Izquierda Unida, donde ha sobrevivido pese al derrumbe de la Unión Soviética.
Hoy, en el centenario de las revoluciones rusas, carecen de sentido las comparaciones de antaño y nadie podría imaginar una España sovietizada. Pero el mito sigue vivo y las hazañas de Lenin y Trotski, no tanto las de Stalin, aún despiertan simpatías entre algunos izquierdistas españoles. Sobre todo en Podemos, donde sus impulsores, que han hablado de leninismo amable, no ocultan su admiración por Octubre, su fuerza y sus procedimientos. Pablo Iglesias Turrión emplea la retórica revolucionaria y rinde homenajes a “aquel calvo”, “mente prodigiosa” que satisfizo los deseos de los trabajadores. Las alusiones a 1917 no pueden ser inocentes, pues sus consecuencias, que marcaron el siglo XX, todavía nos interpelan.

(*) Javier Moreno Luzón es catedrático de Historia en la Universidad Complutense de Madrid. Acaba de publicar, con Xosé M. Núñez Seixas, Los colores de la patria. Símbolos nacionales en la España contemporánea (Tecnos).

Fuente:
Ilustración: Eva Vázquez.

EL PAÍS, Madrid, 16 de julio de 2017
Usos políticos de la Segunda República
Javier Moreno Luzón
 
En ese breve periodo democrático se dan cita algunos elementos clave en cualquier interpretación acerca de la España contemporánea. Antecedente inmediato de la Guerra Civil y de la dictadura de Franco, a él se acercan quienes intentan dilucidar por qué aquí no cuajó la democracia y a qué fuerzas hay que atribuir la responsabilidad en la tragedia. Naturalmente, las izquierdas y las derechas acusan a los predecesores de sus contrarias y absuelven a los propios. Una pugna histórico-política que se ha enconado en las últimas décadas y ha enrarecido el clima historiográfico hasta extremos antes inimaginables.
Para empezar, bajo la bota franquista se permitían pocas dudas: la República no era más que la culminación de una historia desgraciada, la del liberalismo español, que había traicionado las esencias nacionales y se había entregado a revolucionarios y separatistas, lo cual justificaba el levantamiento militar de 1936. En aquellos tiempos grises, los escasos historiadores que se ocupaban de la época y no se dedicaban a la propaganda vivían fuera del país. Entre ellos figuraban defensores de los republicanos y socialistas que habían diseñado el programa —educativo, social y agrario, civilista, secularizador— de 1931, pero también observadores moderados que guardaban las distancias.
Conforme se abrió paso la democracia en los setenta, el panorama cambió de forma substancial, pues desde entonces proliferaron las publicaciones y los coloquios, los cursos y los programas de radio y televisión, mientras el ambiente político animaba a no repetir los errores pretéritos y pasar página. Aquel florecimiento historiográfico, que con altibajos duró más de dos decenios, no sólo multiplicó las contribuciones, sino que puso asimismo a los académicos autóctonos al mismo nivel que los hispanistas. Se asentaron enfoques que aconsejaban contemplar la etapa en toda su complejidad y no tener a la República por un mero plano inclinado hacia la contienda. Y, cosa notable, fue posible el diálogo entre gentes de ideologías distintas, que no confundían su proximidad a una u otra tendencia con la fe ciega en sus bondades.
Sin embargo, a finales de los noventa, cuando la historia se transformó de nuevo en arena de combate político, ese entendimiento se vino abajo. Abrieron fuego pseudohistoriadores que recuperaron viejas tesis de regusto franquista: las izquierdas tuvieron la culpa de todo y la guerra comenzó no en 1936, sino en 1934, cuando se sublevaron contra un Gobierno en el que entraban los católicos. La democracia no era tal y Franco salvó a España del comunismo. Lo burdo de sus argumentos, acorde con sus métodos de investigación, no impidió que vendieran muchos libros y llenasen grandes espacios mediáticos. El público de derechas seguía ahí, dispuesto a comprar, con ropajes diferentes, las diatribas ya conocidas.
Por otro lado, los movimientos para la recuperación de la memoria histórica reivindicaron la herencia republicana, la de los perdedores de la guerra, demandaron reparaciones y proyectaron hacia atrás una visión idealizada de la República. Más que comprender qué había ocurrido, se trataba de enarbolar emblemas progresistas, lo mismo que en las manifestaciones contra los Gobiernos del Partido Popular ondeaban por miles las banderas tricolores. Según estas versiones, los partidos y sindicatos de izquierda se habían comportado como demócratas irreprochables y merecían más y mejores homenajes. Como si republicanos, socialistas, nacionalistas, anarquistas y comunistas hubieran remado siempre juntos y en la misma dirección.
Las posturas se radicalizaron cuando, ya entrado nuestro siglo, el Gabinete socialista, decidido a integrar el legado republicano en la España constitucional, impulsó una ley de reparaciones que, aunque prudente, desató una intensa pugna. Nada la ejemplificó mejor que la batalla simbólica de esquelas en la prensa, en la que cada cual recordaba a sus muertos. Y así estamos. Los conservadores repiten, día sí y día también, que hay que mantener cerradas las heridas, al tiempo que incumplen la ley y contraponen la Transición modélica al caos republicano. Por su parte, las nuevas izquierdas elogian al pueblo de 1931 y al que frenó al fascismo en 1936. La súbita crisis de la Monarquía les hizo soñar con una Tercera República, espejo de la Segunda, pero su despertar no ha borrado las trincheras cavadas en torno a las respectivas legitimidades.
Entre tanto, la historiografía se ha enriquecido con un sinfín de artículos, libros y congresos, impulsada a menudo por profesionales españoles que se mueven con soltura en las universidades europeas. Se han refrescado temas clásicos, como las biografías, las elecciones o las reformas; y también se atiende a otros actores, desde las mujeres hasta los guardias civiles, al tiempo que la historia cultural ilumina los discursos, las movilizaciones o la violencia política. Los estudios locales ya no son localistas, sino que emplean el microscopio para desentrañar fenómenos de largo alcance.
No obstante, los especialistas en la República tienden hoy a alinearse en facciones enfrentadas a cara de perro. Poco queda de los foros donde un general vencedor podía conversar con un antiguo exiliado. Ahora lo habitual es descalificar a quienes sostienen otras posiciones, porque se supone que su militancia progresista les impide ver la realidad o porque cualquier melladura en los mitos republicanos se juzga como un retorno a las ideas del franquismo. No basta con discutir las opiniones de los otros, sino que además hay que tacharles de deshonestos. Abundan los albaceas de personajes y causas del pasado, mientras algunos medios instrumentalizan las investigaciones universitarias para alimentar la controversia. Hasta ha entrado en escena, con un toque surrealista, la Fundación Francisco Franco. La política maniquea pervierte el conocimiento de la historia, y este, como la calidad de nuestros debates, sale perdiendo.
las opiniones de otros, sino que además hay que tacharles de deshonestos
(*) Javier Moreno Luzón es catedrático de Historia en la Universidad Complutense de Madrid.

Fuente: