El oso de papel en Venezuela
La presencia militar rusa en Venezuela es un acto de propaganda dirigido a curar el orgullo herido de la antigua superpotencia
Joaquín Villalobos
En los 90 algunos definían a Rusia como “Haití con bombas atómicas” y se decía que los submarinos nucleares rusos no eran una amenaza militar, sino un peligro medioambiental. El fracaso de la Unión Soviética fue una gran humillación para el nacionalismo ruso. Putin ha hecho esfuerzos por recuperar la imagen de Rusia como superpotencia. La prensa rusa destaca la presencia de sus militares en Caracas como una demostración de fuerza en una región lejana que evidencia que puede competir con Estados Unidos. Pero 99 soldados y dos aviones son en realidad un acto de propaganda dirigido a curar el orgullo herido de Rusia que Maduro trata de utilizar para asustar a la oposición venezolana.
Tener armas atómicas como las tiene India, Pakistán o Corea del Norte no convierte a Rusia en una superpotencia. Se trata de un país pobre que está cometiendo el mismo error de la era soviética gastando en armas a costa del desarrollo económico y de la calidad de vida de sus habitantes. Actualmente tiene un conjunto de conflictos que le demandan proporcionar ayuda o despliegue militar en Ucrania, Abkhazia, South Ossetia, Transnistria y Siria. Este último es el más lejano, pero todos están dentro de lo que sería su cordón de seguridad es decir en sus fronteras o en las proximidades de estas.
Librar guerras lejanas es muy caro, mandar dos aviones y 99 soldados es barato como inversión en propaganda. El gasto militar de Rusia equivale al 5,4% de su PIB con solo 66.000 millones de dólares. El gasto militar de Estados unidos es de 610.000 millones que representan solo el 3,2% de su PIB. La credencial de superpotencia no la da el poder de fuego, sino el poder económico. Los países comunistas de Europa del Este antes de la caída del muro de Berlín superaban abrumadoramente en tanques, aviones, cañones y tropas a las fuerzas de la OTAN, pero se derrumbaron porque no podían competir económicamente.
La única potencia con capacidad de librar guerras lejanas de forma simultánea sigue siendo Estados Unidos. Su gasto militar supera al de China, Rusia, Arabia Saudita, India, Reino Unido, Francia y Japón juntos. Rusia es ahora un país fabricante y vendedor de las armas que regalaba cuando se llamaba Unión Soviética y gastaba más de lo que producía. Rusia es objetivamente un país pobre, dominado por oligarcas corruptos y corruptores con aspiraciones de grandeza. Su economía es del tamaño de la de España, pero tiene el triple de población distribuida en un territorio 33 veces más grande, es decir con unas necesidades de servicios enormes.
Los venezolanos no deben confundir una acción de propaganda de rusos vendedores de armas con un cambio en la correlación geopolítica de fuerzas. Si Rusia fuera una superpotencia deberían poder resolver la crisis de energía eléctrica, la hambruna o la falta de medicinas, pero eso es caro y los rusos son pobres. La verdadera presencia militar en Venezuela la tiene Cuba con miles de efectivos que controlan a las Fuerzas Armadas. Hay razones objetivas para esto porque la economía cubana es un parásito del petróleo venezolano y los castristas saben perfectamente que si se acaba Maduro se acaban ellos.
(*) Joaquín Villalobos fue guerrillero salvadoreño y es consultor para la resolución de conflictos internacionales.
Fotografía: Maxim Shemetov (Reuters). Vladimir Putin (d) saluda a Nicolás Maduro (i) en Moscú el pasado diciembre.
Fuente: https://elpais.com/internacional/2019/04/04/america/1554343639_807680.html
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jueves, 4 de abril de 2019
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miércoles, 3 de junio de 2015
¿EL PERDÓN TAMBIÉN ES UN CASTIGO Y UN CASTIGO DE AMOR?

Monseñor Romero en la AN o el castigo del perdón
Luis Barragán
Jóvenes, nos dolió
profundamente el asesinato de monseñor Oscar Arnulfo Romero y toda la tragedia salvadoreña. Con los años,
adquirió una mayor y diferente dimensión el sacerdote de las mejores causas.
El martes 2 de los
corrientes, el oficialismo llevó un Proyecto de Acuerdo relacionado con el
acontecimiento vaticano de Romero. El diputado-ponente, bastante agresivo al
apuntar a la oposición planteó la propuesta mostrando una confusa versión –
faltando poco – hasta teológica, complementado por otros dos parlamentarios
afines que, por ejemplo, rasgaron sus vestiduras reclamando como propios los 43
consabidos jóvenes fallecidos de 2014 o
identificándose como comunistas y cristianos, que la oposición – a través de
William Dávila, Arcadio Montiel y el suscrito – puso en evidencia.
He acá la versión de nuestra
modesta intervención que la quisimos pausada y reflexiva, precisando algunos
aspectos doctrinarios e históricos, pero que el caldeado ambiente del hemiciclo
la forzó como una denuncia indignada frente al fariseísmo:
(VICEPRESIDENTE AMOROSO):-
Tiene la palabra el diputado Luis Barragán.
(DIPUTADO
BARRAGÁN).- Un debate que interesa para el creyente o no creyente que tiene la
responsabilidad de decir la verdad, de pelear por ella y de luchar
esforzadamente por proclamarla. Esas dictaduras militares del pasado
argumentaban de modo semejante al como lo hace el oficialismo hoy, que las muertes ,que el fruto de la represión
y del ejercicio represivo de esas dictaduras, se debían a la oposición.
Cuando
un parlamentario hoy, es capaz de invocar a Dios Todopoderoso y, a la vez, de
apropiarse de 43 jóvenes muertos en 2014, incurre – precisamente – en un
falseamiento de la verdad y en una maldición para la historia, porque ellos son
responsables de las muertes de jóvenes que nada más intentaron reivindicar el
legítimo derecho a la libertad y a la protesta.
Desconocen
los esfuerzos democratizadores de la década de los ochenta, contra esta dictadura.
Desconocen los informes de la Comisión de la Verdad sobre la tragedia de El
Salvador y la imposibilidad de mantener indefinidamente una guerra civil.
Desconocen la opinión de Joaquín Villalobos. Desconocen en qué punto está el
debate teológico en América Latina, porque nada más tienen la versión que Frei
Beto, nada más tienen la versión cubana, donde la Iglesia ha sido
sistemáticamente perseguida. Desconocen al monseñor Oscar Arnulfo Romero.
Desconocen al Papa que, incluso, en este proyecto de acuerdo, está mal escrito
el apellido del Papa. Es increíble que el redactor de esta propuesta n siquiera
se haya paseado por esa posibilidad.
Ustedes
creen que el país no existe. Ustedes quieren confiscar a Oscar Arnulfo Romero
para su causa. Ustedes que creen que lo pueden confiscar con toda la facilidad,
creen que el resto del país que los sufre, que los padece, a través de las
colas, a través de los resultados que hubo en el FUS, a través de la inflación,
a través de las muertes y de la represión, este país no existe. Y monseñor
Romero era – precisamente - partidario
de la verdad. Monseñor Romero la proclamó aún sacrificando su vida. Y monseñor
Romero perfectamente hubiese referido las palabras de San Pablo a los Corintios
para quienes creen que el resto del país no existe, para quienes creen que el
resto del país somos nada más que espectadores. Decía San Pablo, y con esto
monseñor Romero se identificó muchísimas veces: ‘Lo plebeyo del mundo, lo que
no es nada, lo eligió Dios para anular lo que es´. Y nosotros somos devotos de
la verdad, de la trascendencia, no de esta versión de la Nueva Era, místico-
religiosa e ideológica, y ese pastiche propio de la postmodernidad. Nosotros
andamos el camino de la fe, de la esperanza y, por eso, esa libertad iluminada que
se abre para el 2016 está inspirada no sólo en Monseñor Romero, sino en el
testimonio de coraje, de solidaridad y de consecuencia que nuestros pastores,
sean católicos, sean protestantes, sean de cualesquiera de las creencias
organizadas: nosotros estamos inspirados por ese mensaje de trascendencia de
Dios Todopoderoso, que – precisamente – va a castigar con el perdón, pero –
recuerden - no hay perdón sin justicia.
Nosotros, partidarios del perdón, no olvidamos.
Es
todo, señor Presidente, colegas parlamentarios”
Fuente:
sábado, 23 de mayo de 2015
EN DEFENSA DE LA DIGNIDAD HUMANA
EL UNIVERSAL, Caracas, 23 de mayo de 2015
Romero: más allá de lo políticamente correcto
Su causa fue la defensa de la dignidad humana y su inspiración los evangelios
Rafael Luciani
Romero tomó posesión del Arzobispado de San Salvador el 22 de febrero de 1977 hasta que fue asesinado el 24 de marzo de 1980 durante la celebración de la eucaristía en la capilla del Hospitalito. Durante esos tres años su honradez humana se vio sumida en un proceso de conversión profunda al entrar en contacto con la realidad que vivían los pobres.
Su proceso de conversión se refleja en las homilías que compartía cada domingo por la mañana en la Catedral. Ellas eran legendarias y se podían escuchar por radio. En una primera parte explicaba las Escrituras para dar un mensaje de esperanza en medio de tanta violencia. En una segunda parte hacía un discernimiento evangélico con su aplicación a las circunstancias concretas del país. Repasaba los eventos más importantes de la semana y emitía un juicio, denunciando a los victimarios y urgiéndolos a cambiar, o acompañando a las víctimas y fortaleciéndolas en sus luchas.
Fiel al magisterio, entendió que la salvación pasaba por el reconocimiento de la dignidad humana, el desarrollo socioeconómico de cada sujeto y el respeto por la libertad. Así lo había proclamado el Concilio Vaticano II (1962-1965) en la Constitución Gaudium et Spes 1: «los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo». Él hizo suya esta opción pastoral que fue expresada por vez primera en el magisterio latinoamericano cuando los obispos reunidos en Medellín (1968) proclamaron la opción de Dios por los pobres. Por ello, él pedía «que todo lo que ha querido impulsar el Concilio Vaticano II, la reunión de Medellín y de Puebla, no sólo lo tengamos en las páginas y lo estudiemos teóricamente, sino que lo vivamos y lo traduzcamos en esta conflictiva realidad» (Homilía 23-03-1980).
Como pastor optó por los pobres, antepuso la verdad y la profecía antes que lo políticamente correcto, y superó la tentación clerical de vivir el poder como privilegio antes que como servicio y entrega fraterna. Encontró a Jesús entre los pobres y desesperanzados, a quienes acogió como los nuevos crucificados de la historia. Desde esa entrega al pobre llamó a construir una civilización del amor, sin odio ni violencia, donde todos podamos convivir superando las ideologías y creencias que nos dividan. Su llamado sigue vigente: «no a la venganza, no a la lucha de clases, no a la violencia. Sólo uno que esté ciego no puede ver que en estas circunstancias de violencia y persecución, hemos estado con el que sufre, sea pobre o rico. No estamos, pues, por una clase social» (Homilía 08-05-1977).
Su causa fue la defensa de la dignidad humana y su inspiración los evangelios: «este es el pensamiento de mi predicación. Nada me importa tanto como la vida humana. Es algo tan serio, más que la violación de cualquier otro derecho, porque es vida de los hijos de Dios y porque esa sangre no hace sino negar el amor, despertar nuevos odios, hacer imposible la reconciliación y la paz» (16-03-1980).
Cfr. Joaquín Villlalobos, "Un tiro en plena misa": http://elpais.com/elpais/2015/05/19/opinion/1432061708_972618.html
"Vaticano reconoce que intentó denigrar a monseñor Romero": http://rnes.sv/vaticano-reconoce-que-se-intento-denigrar-a-monsenor-romero/
Romero: más allá de lo políticamente correcto
Su causa fue la defensa de la dignidad humana y su inspiración los evangelios
Rafael Luciani
Romero tomó posesión del Arzobispado de San Salvador el 22 de febrero de 1977 hasta que fue asesinado el 24 de marzo de 1980 durante la celebración de la eucaristía en la capilla del Hospitalito. Durante esos tres años su honradez humana se vio sumida en un proceso de conversión profunda al entrar en contacto con la realidad que vivían los pobres.
Su proceso de conversión se refleja en las homilías que compartía cada domingo por la mañana en la Catedral. Ellas eran legendarias y se podían escuchar por radio. En una primera parte explicaba las Escrituras para dar un mensaje de esperanza en medio de tanta violencia. En una segunda parte hacía un discernimiento evangélico con su aplicación a las circunstancias concretas del país. Repasaba los eventos más importantes de la semana y emitía un juicio, denunciando a los victimarios y urgiéndolos a cambiar, o acompañando a las víctimas y fortaleciéndolas en sus luchas.
Fiel al magisterio, entendió que la salvación pasaba por el reconocimiento de la dignidad humana, el desarrollo socioeconómico de cada sujeto y el respeto por la libertad. Así lo había proclamado el Concilio Vaticano II (1962-1965) en la Constitución Gaudium et Spes 1: «los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo». Él hizo suya esta opción pastoral que fue expresada por vez primera en el magisterio latinoamericano cuando los obispos reunidos en Medellín (1968) proclamaron la opción de Dios por los pobres. Por ello, él pedía «que todo lo que ha querido impulsar el Concilio Vaticano II, la reunión de Medellín y de Puebla, no sólo lo tengamos en las páginas y lo estudiemos teóricamente, sino que lo vivamos y lo traduzcamos en esta conflictiva realidad» (Homilía 23-03-1980).
Como pastor optó por los pobres, antepuso la verdad y la profecía antes que lo políticamente correcto, y superó la tentación clerical de vivir el poder como privilegio antes que como servicio y entrega fraterna. Encontró a Jesús entre los pobres y desesperanzados, a quienes acogió como los nuevos crucificados de la historia. Desde esa entrega al pobre llamó a construir una civilización del amor, sin odio ni violencia, donde todos podamos convivir superando las ideologías y creencias que nos dividan. Su llamado sigue vigente: «no a la venganza, no a la lucha de clases, no a la violencia. Sólo uno que esté ciego no puede ver que en estas circunstancias de violencia y persecución, hemos estado con el que sufre, sea pobre o rico. No estamos, pues, por una clase social» (Homilía 08-05-1977).
Su causa fue la defensa de la dignidad humana y su inspiración los evangelios: «este es el pensamiento de mi predicación. Nada me importa tanto como la vida humana. Es algo tan serio, más que la violación de cualquier otro derecho, porque es vida de los hijos de Dios y porque esa sangre no hace sino negar el amor, despertar nuevos odios, hacer imposible la reconciliación y la paz» (16-03-1980).
Cfr. Joaquín Villlalobos, "Un tiro en plena misa": http://elpais.com/elpais/2015/05/19/opinion/1432061708_972618.html
"Vaticano reconoce que intentó denigrar a monseñor Romero": http://rnes.sv/vaticano-reconoce-que-se-intento-denigrar-a-monsenor-romero/
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domingo, 9 de marzo de 2014
INCIDENCIAS AL ESTE DE LOS ANDES
EL PAÍS, Madrid / EL NACIONAL - Domingo 09 de Marzo de 2014 Opinión/6
La libertad en las calles
Mario Vargas LLosa
Hace ya 4 semanas que los estudiantes venezolanos comenzaron a protestar en las calles de las principales ciudades del país contra el gobierno de Nicolás Maduro y, pese a la dura represión 20 muertos y más de 300 heridos reconocidos hasta ahora por el régimen, y cerca de un millar de detenidos, entre ellos Leopoldo López, uno de los principales líderes de la oposición, la movilización popular sigue en pie. Ha sembrado Venezuela de "trincheras de la libertad" en las que, además de universitarios y escolares, hay ahora obreros, amas de casa, empleados, profesionales, una ola popular que parece incluso haber desbordado a la Mesa de la Unidad Democrática, MUD, la organización sombrilla de todos los partidos y grupos políticos gracias a los cuales Venezuela no se ha convertido todavía en una segunda Cuba.
Pero que esas son las intenciones del sucesor del comandante Hugo Chávez es evidente. Todos los pasos que ha dado en el año que lleva en el poder que le legó su predecesor son inequívocos. El más notorio, la asfixia sistemática de la libertad de expresión. El único canal de televisión independiente que sobrevivía Globovisión fue sometido a un acoso tal por el gobierno que sus dueños debieron venderlo a empresarios adictos, que lo han alineado ahora con el chavismo. El control de las estaciones de radio es casi absoluto y las que todavía se atreven a decir la verdad sobre la catastrófica situación económica y social del país tienen los días contados. Lo mismo ocurre con la prensa independiente a la que el gobierno va eliminando poco a poco mediante el sistema de privarla de papel.
Sin embargo, aunque el pueblo venezolano ya casi no pueda ver, oír ni leer una información libre, vive en carne propia la descarnada y trágica situación a la que los desvaríos ideológicos del régimen las nacionalizaciones, el intervencionismo sistemático en la vida económica, el hostigamiento a la empresa privada, la burocratización cancerosa han llevado a Venezuela, y esta realidad no se oculta con demagogia. La inflación es la más alta de América Latina y la criminalidad una de las más altas del mundo. La carestía y el desabastecimiento han vaciado los anaqueles de los almacenes, y la imposición de precios oficiales para todos los productos básicos ha creado un mercado negro que multiplica la corrupción a extremos de vértigo. Solo la nomenclatura conserva altos niveles de vida, mientras la clase media se encoge cada día más y los sectores populares son golpeados de una manera inmisericorde que el régimen trata de paliar con medidas populistas estatismo, colectivismo, repartos de dádivas y mucha, mucha propaganda acusando a la "derecha", el "fascismo" y el "imperialismo norteamericano" del desbarajuste y caída en picada de los niveles de vida del pueblo venezolano.
El historiador mexicano Enrique Krauze recordaba hace algunos días el fantástico dispendio que ha hecho el régimen chavista en los 15 años que lleva en el poder de los 800.000 millones de dólares que ingresaron al país en este período gracias al petróleo (las reservas petroleras de Venezuela son las más grandes del mundo).
Buena parte de ese irresponsable derroche ha servido para garantizar la supervivencia económica de Cuba y para subvencionar o sobornar a esos gobiernos que, como el nicaragüense del comandante Ortega, el argentino de la señora Kirchner o el boliviano de Evo Morales, se han apresurado en estos días a solidarizarse con Nicolás Maduro y a condenar la protesta de los estudiantes "fascistas" venezolanos.
La prostitución de las palabras, como lo señaló Orwell, es la primera proeza de todo gobierno de vocación totalitaria. Nicolás Maduro no es un hombre de ideas, como advierte de inmediato quien lo oye hablar; los lugares comunes embrollan sus discursos, que él pronuncia siempre rugiendo, como si el ruido pudiera suplir la falta de razones, y su palabra favorita parece ser "¡fascista!", que endilga sin ton ni son a todos los que critican y se oponen al régimen que ha llevado a uno de los países potencialmente más ricos del mundo a la pavorosa situación en que se encuentra. ¿Sabe el señor Maduro lo que fascismo significa? ¿No se lo enseñaron en las escuelas cubanas donde recibió su formación política? Fascismo significa un régimen vertical y caudillista, que elimina toda forma de oposición y, mediante la violencia, anula o extermina las voces disidentes; un régimen invasor de todos los dominios de la vida de los ciudadanos, desde el económico hasta el cultural y, principalmente, claro está, el político; un régimen donde los pistoleros y matones aseguran mediante el terror la unanimidad del miedo y el silencio, y una frenética demagogia a través de los medios tratando de convencer al pueblo día y noche de que vive en el mejor de los mundos. Es decir, el fascismo es lo que va viviendo cada día más el infeliz pueblo venezolano, lo que representa el chavismo en su esencia, ese trasfondo ideológico en el que, como explicó tan bien JeanFrançois Revel, todos los totalitarismos fascismo, leninismo, estalinismo, castrismo, maoísmo, chavismo se funden y confunden.
Es contra esta trágica decadencia y la amenaza de un endurecimiento todavía peor del régimen una segunda Cuba que se han levantado los estudiantes venezolanos, arrastrando con ellos a sectores muy diversos de la sociedad. Su lucha es para impedir que la noche totalitaria caiga del todo sobre la tierra de Simón Bolívar y ya no haya vuelta atrás.
Leo, esta mañana, un artículo de Joaquín Villalobos en El País ("Cómo enfrentarse al chavismo"), desaconsejando a la oposición venezolana la acción directa que ha emprendido y recomendándole que espere, más bien, que crezcan sus fuerzas para poder ganar las próximas elecciones.
Sorprende la ingenuidad del ex guerrillero convertido (en buena hora) a la cultura democrática. ¿Quién garantiza que habrá futuras elecciones dignas de ese nombre en Venezuela? ¿Lo fueron las últimas, en las condiciones de desventaja absoluta para la oposición en que se dieron, con un poder electoral sometido al régimen, una prensa sofocada y un control obsceno de los recuentos por los testaferros del gobierno? Desde luego que la oposición pacífica es lo ideal, en democracia. Pero Venezuela ya no es un país democrático, está mucho más cerca de una dictadura como la cubana que de lo que son, hoy en día, países como México, Chile o Perú.
La gran movilización popular que hoy vive Venezuela es, precisamente, para que, en el futuro, haya todavía elecciones de verdad en ese país y no sean esas rituales operaciones circenses como eran la antigua Unión Soviética o son todavía las de Cuba, donde los electores votan por candidatos únicos que ganan, oh sorpresa, siempre, con 99% de los votos.
Lo que es triste, aunque no sorprendente, es la soledad en que los valientes venezolanos que ocupan las "trincheras de la libertad" están luchando por salvar a su país, y a toda América Latina, de una nueva satrapía comunista, sin recibir el apoyo que merecen de los países democráticos o de esa inútil y apolillada OEA (Organización de Estados Americanos), en cuya carta principista, vaya vergüenza, figura velar por la legalidad y la libertad de los países que la integran. Naturalmente, qué otra cosa se puede esperar de gobiernos cuyos presidentes comparecieron, prácticamente todos, en La Habana, a celebrar la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, Celac, y a rendir un homenaje a Fidel Castro, momia viviente y símbolo animado de la dictadura más longeva de la historia de América Latina.
Sin embargo, este lamentable espectáculo no debe desmoralizarnos a quienes creemos que, pese a tantos indicios en contrario, la cultura de la libertad ha echado raíces en el continente latinoamericano y no volverá a ser erradicada en el futuro inmediato, como tantas veces en el pasado. Los pueblos en nuestros países suelen ser mejores que sus gobiernos. Ahí están para demostrarlo los venezolanos, como los ucranios ayer, jugándose la vida en nombre de todos nosotros, para impedir que en la tierra de la que salieron los libertadores de América del Sur desaparezcan los últimos resquicios de libertad que todavía quedan. Tarde o temprano, triunfarán.
EL PAÍS, Madrid, 5 de marzo de 2014
TRIBUNA
Cómo enfrentarse al chavismo
La oposición no debe inventarse una insurrección, sino llegar a ser mayoría
Joaquín Villalobos
Es en realidad posible que a corto plazo se derrumbe el Gobierno chavista?; ¿puede ocurrir en Venezuela lo que acaba de ocurrir en Ucrania o lo que pasó recientemente en el mundo árabe?; ¿está el modelo bolivariano social y políticamente agotado?; ¿son similares las condiciones que vive Maduro con las que tumbaron a Fujimori en Perú y a otros Gobiernos del continente? Las informaciones que llegan de Venezuela, sobre todo de los opositores, dejan la impresión de que el gobierno de Maduro está a punto de caer fruto de las protestas callejeras. Sin embargo, derrocar Gobiernos a partir de movimientos civiles no es fácil.
La polarización que domina Venezuela ha contaminado los análisis políticos con una lógica de buenos o malos, empobreciendo el debate intelectual sobre lo que está pasando en ese país. Luego de una década, denunciar las maldades antidemocráticas del chavismo se ha vuelto repetitivo e irrelevante. Es público que en las actuales protestas callejeras no solo están presentes descontentos sociales, sino una lucha entre las estrategias de los dos principales líderes opositores sobre cómo enfrentarse al chavismo. La estrategia de Leopoldo López se inclina por provocar la caída a corto plazo del gobierno de Maduro y la de Henrique Capriles se orienta a acumular fuerzas para enfrentarse al chavismo y derrotarle en futuros procesos electorales. ¿Cuál de estos líderes tiene la razón?
Toda protesta rompe la normalidad de quienes participan y de quienes no participan; esto vuelve imposible mantener de forma indefinida a miles de personas movilizadas permanentemente. La lucha de calle tiene por ello un periodo de ascenso y un periodo de descenso que ocurre por agotamiento natural. Una protesta social solo puede sostenerse de forma prolongada si hay un motivo de gran potencia que sea retroalimentado por una represión tan brutal como la de Ucrania. La crisis económica y la inseguridad son factores potentes para motivar una protesta social normal, pero no para tumbar un Gobierno. Las elecciones son el mecanismo más efectivo para descargar descontentos sociales y Venezuela ha tenido casi una elección anual durante los últimos 15 años.
López intenta provocar la caída rápida de Maduro y Capriles prefiere agrupar fuerzas para las elecciones
La oposición ha sobrevalorado el factor externo en su lucha, sin considerar que la presión internacional hace ruido, pero no derrumba Gobiernos, a menos que se trate de una intervención militar, que es impensable en Venezuela. Hay mayoría de gobiernos de izquierda en Latinoamérica y estos seguirán apoyando a Maduro a partir de considerar que si este llegó por los votos, solo por los votos debe salir del poder. Este argumento no tiene nada que ver con solidaridad izquierdista, sino con defender la propia estabilidad de sus gobiernos.
Los gobiernos bolivarianos manipulan las instituciones, aplican la justicia a su antojo, coartan la libertad de expresión, pero no matan y usan la represión de forma moderada. Cuando una represión es brutal, ni se puede ocultar, ni es necesario exagerarla. Teniendo a cuenta los quince años de polarización extrema que tiene Venezuela, la violencia política sigue siendo poco relevante. Ni el Gobierno quiere matar, ni los opositores están dispuestos a provocar que les maten. La realización sucesiva de eventos electorales ha impedido que la violencia se generalice.
Si López persiste en su estrategia de revuelta popular para que “Maduro se vaya ya”, las protestas tenderán a ser cada vez menos masivas, menos pacíficas, más violentas y más impopulares. Los grupos de choque de López se enfrentarán a los grupos de choque de Maduro por el control de la calle, hasta volverse una situación cotidiana desgastante que producirá muertos por goteo de lado y lado, tal como ya está empezando a ocurrir. Las protestas pueden servir para acumular fuerzas, denunciar y debilitar al chavismo, pero no podrán por sí solas derrocar al Gobierno de Maduro. La oposición no cuenta con ningún instrumento de poder para generar un desenlace y esto solo sería posible si se produjera una división en el Ejército o en las filas chavistas.
Sin embargo, la estrategia “insurreccional” de López genera miedo al revanchismo en las filas chavistas y el miedo es un factor de unidad y no de división. Por lo tanto, López está cohesionando más al chavismo en vez de dividirlo.
Capriles tiene razón: la estrategia de López divide a la oposición venezolana
Las crisis económicas hacen perder elecciones, pero no derrumban gobiernos automáticamente. El chavismo como fenómeno político ha sido un proceso de inclusión social y de construcción de nuevas élites. Ambas cosas han ocurrido mediante una reorientación desordenada de la renta petrolera con mecanismos que pueden ser considerados corruptos, ineficientes y populistas, pero este tipo de mecanismos son históricamente similares a los que dieron base a muchas otras élites y fuerzas políticas en el pasado en todo el continente. Se trata de una fuerza social que nació políticamente con Chávez, y esto genera unas lealtades que no se degradan tan rápidamente por efecto de la crisis económica o porque se violen libertades.
La oposición venezolana cometió graves errores en el pasado, siguieron una estrategia invertida que se inició con un golpe de Estado y continuó con huelga, protestas callejeras, elecciones, denuncia de fraude y retiro de las elecciones hasta fragmentarse en decenas de pequeños grupos. Ese error implicó que los opositores le regalaran a Chávez el control total del Ejército, del petróleo, del Parlamento, de la justicia y del poder electoral. Luego corrigieron, se unieron, regresaron a las elecciones, ascendieron en resultados y cometieron un nuevo error al convertir en derrota su excelente resultado frente a Maduro. Su obsesión por denunciar “fraudes” electorales inciertos termina en deslegitimación de las elecciones, que son el único instrumento que tienen para llegar al gobierno. No es lo mismo enfrentarse a un fraude que competir en desventaja.
Sin duda Maduro es un pésimo gobernante, Venezuela vive una terrible crisis y el chavismo se está agotando, pero su fuerza social es suficiente para mantenerlo en pie. El problema central de la oposición venezolana no es inventarse una insurrección, sino convertirse en mayoría superando las arbitrariedades antidemocráticas, dar seguridades al chavismo de que no habrá revancha, ganar elecciones y reunificar a Venezuela con chavistas incluidos. El medio siglo de castrismo habría sido imposible sin la cooperación de la oposición recalcitrante del anticastrismo de Miami y el bloqueo de Estados Unidos. Capriles tiene razón: hay que acumular fuerzas. La estrategia de López paradójicamente puede dividir a la oposición y darle fuerza a Maduro. El debate principal no es sobre la maldad del chavismo, sino sobre la estrategia de la oposición, porque la suerte de Venezuela, solo los venezolanos pueden decidirla.
(*) Joaquín Villalobos fue guerrillero salvadoreño y es consultor para la resolución de conflictos internacionales.
Ilustraciones: Fernando Vicente (EP), Lemus (EN) y: http://www.noticiascentro.com/wp-content/uploads/2013/02/Kees-Verkaik-maduro-mascara.gif
Breve nota LB: Ya El Nacional de Caracas, no publica los textos de Vargas LLosa una semana después. Baremo de las ilustraciones, el de Vicente es más elaborado, mientras Lemus incurre en la caricaturización. Además, ésta, publicada en la edición de hoy, es repetida. La tercera ilustración es tomada de la red, en la que - por cierto - hemos visto piezas muy obscenas.
La libertad en las calles
Mario Vargas LLosa
Hace ya 4 semanas que los estudiantes venezolanos comenzaron a protestar en las calles de las principales ciudades del país contra el gobierno de Nicolás Maduro y, pese a la dura represión 20 muertos y más de 300 heridos reconocidos hasta ahora por el régimen, y cerca de un millar de detenidos, entre ellos Leopoldo López, uno de los principales líderes de la oposición, la movilización popular sigue en pie. Ha sembrado Venezuela de "trincheras de la libertad" en las que, además de universitarios y escolares, hay ahora obreros, amas de casa, empleados, profesionales, una ola popular que parece incluso haber desbordado a la Mesa de la Unidad Democrática, MUD, la organización sombrilla de todos los partidos y grupos políticos gracias a los cuales Venezuela no se ha convertido todavía en una segunda Cuba.
Pero que esas son las intenciones del sucesor del comandante Hugo Chávez es evidente. Todos los pasos que ha dado en el año que lleva en el poder que le legó su predecesor son inequívocos. El más notorio, la asfixia sistemática de la libertad de expresión. El único canal de televisión independiente que sobrevivía Globovisión fue sometido a un acoso tal por el gobierno que sus dueños debieron venderlo a empresarios adictos, que lo han alineado ahora con el chavismo. El control de las estaciones de radio es casi absoluto y las que todavía se atreven a decir la verdad sobre la catastrófica situación económica y social del país tienen los días contados. Lo mismo ocurre con la prensa independiente a la que el gobierno va eliminando poco a poco mediante el sistema de privarla de papel.
Sin embargo, aunque el pueblo venezolano ya casi no pueda ver, oír ni leer una información libre, vive en carne propia la descarnada y trágica situación a la que los desvaríos ideológicos del régimen las nacionalizaciones, el intervencionismo sistemático en la vida económica, el hostigamiento a la empresa privada, la burocratización cancerosa han llevado a Venezuela, y esta realidad no se oculta con demagogia. La inflación es la más alta de América Latina y la criminalidad una de las más altas del mundo. La carestía y el desabastecimiento han vaciado los anaqueles de los almacenes, y la imposición de precios oficiales para todos los productos básicos ha creado un mercado negro que multiplica la corrupción a extremos de vértigo. Solo la nomenclatura conserva altos niveles de vida, mientras la clase media se encoge cada día más y los sectores populares son golpeados de una manera inmisericorde que el régimen trata de paliar con medidas populistas estatismo, colectivismo, repartos de dádivas y mucha, mucha propaganda acusando a la "derecha", el "fascismo" y el "imperialismo norteamericano" del desbarajuste y caída en picada de los niveles de vida del pueblo venezolano.
El historiador mexicano Enrique Krauze recordaba hace algunos días el fantástico dispendio que ha hecho el régimen chavista en los 15 años que lleva en el poder de los 800.000 millones de dólares que ingresaron al país en este período gracias al petróleo (las reservas petroleras de Venezuela son las más grandes del mundo).
Buena parte de ese irresponsable derroche ha servido para garantizar la supervivencia económica de Cuba y para subvencionar o sobornar a esos gobiernos que, como el nicaragüense del comandante Ortega, el argentino de la señora Kirchner o el boliviano de Evo Morales, se han apresurado en estos días a solidarizarse con Nicolás Maduro y a condenar la protesta de los estudiantes "fascistas" venezolanos.
La prostitución de las palabras, como lo señaló Orwell, es la primera proeza de todo gobierno de vocación totalitaria. Nicolás Maduro no es un hombre de ideas, como advierte de inmediato quien lo oye hablar; los lugares comunes embrollan sus discursos, que él pronuncia siempre rugiendo, como si el ruido pudiera suplir la falta de razones, y su palabra favorita parece ser "¡fascista!", que endilga sin ton ni son a todos los que critican y se oponen al régimen que ha llevado a uno de los países potencialmente más ricos del mundo a la pavorosa situación en que se encuentra. ¿Sabe el señor Maduro lo que fascismo significa? ¿No se lo enseñaron en las escuelas cubanas donde recibió su formación política? Fascismo significa un régimen vertical y caudillista, que elimina toda forma de oposición y, mediante la violencia, anula o extermina las voces disidentes; un régimen invasor de todos los dominios de la vida de los ciudadanos, desde el económico hasta el cultural y, principalmente, claro está, el político; un régimen donde los pistoleros y matones aseguran mediante el terror la unanimidad del miedo y el silencio, y una frenética demagogia a través de los medios tratando de convencer al pueblo día y noche de que vive en el mejor de los mundos. Es decir, el fascismo es lo que va viviendo cada día más el infeliz pueblo venezolano, lo que representa el chavismo en su esencia, ese trasfondo ideológico en el que, como explicó tan bien JeanFrançois Revel, todos los totalitarismos fascismo, leninismo, estalinismo, castrismo, maoísmo, chavismo se funden y confunden.
Es contra esta trágica decadencia y la amenaza de un endurecimiento todavía peor del régimen una segunda Cuba que se han levantado los estudiantes venezolanos, arrastrando con ellos a sectores muy diversos de la sociedad. Su lucha es para impedir que la noche totalitaria caiga del todo sobre la tierra de Simón Bolívar y ya no haya vuelta atrás.
Leo, esta mañana, un artículo de Joaquín Villalobos en El País ("Cómo enfrentarse al chavismo"), desaconsejando a la oposición venezolana la acción directa que ha emprendido y recomendándole que espere, más bien, que crezcan sus fuerzas para poder ganar las próximas elecciones.
Sorprende la ingenuidad del ex guerrillero convertido (en buena hora) a la cultura democrática. ¿Quién garantiza que habrá futuras elecciones dignas de ese nombre en Venezuela? ¿Lo fueron las últimas, en las condiciones de desventaja absoluta para la oposición en que se dieron, con un poder electoral sometido al régimen, una prensa sofocada y un control obsceno de los recuentos por los testaferros del gobierno? Desde luego que la oposición pacífica es lo ideal, en democracia. Pero Venezuela ya no es un país democrático, está mucho más cerca de una dictadura como la cubana que de lo que son, hoy en día, países como México, Chile o Perú.
La gran movilización popular que hoy vive Venezuela es, precisamente, para que, en el futuro, haya todavía elecciones de verdad en ese país y no sean esas rituales operaciones circenses como eran la antigua Unión Soviética o son todavía las de Cuba, donde los electores votan por candidatos únicos que ganan, oh sorpresa, siempre, con 99% de los votos.
Lo que es triste, aunque no sorprendente, es la soledad en que los valientes venezolanos que ocupan las "trincheras de la libertad" están luchando por salvar a su país, y a toda América Latina, de una nueva satrapía comunista, sin recibir el apoyo que merecen de los países democráticos o de esa inútil y apolillada OEA (Organización de Estados Americanos), en cuya carta principista, vaya vergüenza, figura velar por la legalidad y la libertad de los países que la integran. Naturalmente, qué otra cosa se puede esperar de gobiernos cuyos presidentes comparecieron, prácticamente todos, en La Habana, a celebrar la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, Celac, y a rendir un homenaje a Fidel Castro, momia viviente y símbolo animado de la dictadura más longeva de la historia de América Latina.
Sin embargo, este lamentable espectáculo no debe desmoralizarnos a quienes creemos que, pese a tantos indicios en contrario, la cultura de la libertad ha echado raíces en el continente latinoamericano y no volverá a ser erradicada en el futuro inmediato, como tantas veces en el pasado. Los pueblos en nuestros países suelen ser mejores que sus gobiernos. Ahí están para demostrarlo los venezolanos, como los ucranios ayer, jugándose la vida en nombre de todos nosotros, para impedir que en la tierra de la que salieron los libertadores de América del Sur desaparezcan los últimos resquicios de libertad que todavía quedan. Tarde o temprano, triunfarán.
EL PAÍS, Madrid, 5 de marzo de 2014
TRIBUNA
Cómo enfrentarse al chavismo
La oposición no debe inventarse una insurrección, sino llegar a ser mayoría
Joaquín Villalobos
Es en realidad posible que a corto plazo se derrumbe el Gobierno chavista?; ¿puede ocurrir en Venezuela lo que acaba de ocurrir en Ucrania o lo que pasó recientemente en el mundo árabe?; ¿está el modelo bolivariano social y políticamente agotado?; ¿son similares las condiciones que vive Maduro con las que tumbaron a Fujimori en Perú y a otros Gobiernos del continente? Las informaciones que llegan de Venezuela, sobre todo de los opositores, dejan la impresión de que el gobierno de Maduro está a punto de caer fruto de las protestas callejeras. Sin embargo, derrocar Gobiernos a partir de movimientos civiles no es fácil.
La polarización que domina Venezuela ha contaminado los análisis políticos con una lógica de buenos o malos, empobreciendo el debate intelectual sobre lo que está pasando en ese país. Luego de una década, denunciar las maldades antidemocráticas del chavismo se ha vuelto repetitivo e irrelevante. Es público que en las actuales protestas callejeras no solo están presentes descontentos sociales, sino una lucha entre las estrategias de los dos principales líderes opositores sobre cómo enfrentarse al chavismo. La estrategia de Leopoldo López se inclina por provocar la caída a corto plazo del gobierno de Maduro y la de Henrique Capriles se orienta a acumular fuerzas para enfrentarse al chavismo y derrotarle en futuros procesos electorales. ¿Cuál de estos líderes tiene la razón?
Toda protesta rompe la normalidad de quienes participan y de quienes no participan; esto vuelve imposible mantener de forma indefinida a miles de personas movilizadas permanentemente. La lucha de calle tiene por ello un periodo de ascenso y un periodo de descenso que ocurre por agotamiento natural. Una protesta social solo puede sostenerse de forma prolongada si hay un motivo de gran potencia que sea retroalimentado por una represión tan brutal como la de Ucrania. La crisis económica y la inseguridad son factores potentes para motivar una protesta social normal, pero no para tumbar un Gobierno. Las elecciones son el mecanismo más efectivo para descargar descontentos sociales y Venezuela ha tenido casi una elección anual durante los últimos 15 años.
López intenta provocar la caída rápida de Maduro y Capriles prefiere agrupar fuerzas para las elecciones
La oposición ha sobrevalorado el factor externo en su lucha, sin considerar que la presión internacional hace ruido, pero no derrumba Gobiernos, a menos que se trate de una intervención militar, que es impensable en Venezuela. Hay mayoría de gobiernos de izquierda en Latinoamérica y estos seguirán apoyando a Maduro a partir de considerar que si este llegó por los votos, solo por los votos debe salir del poder. Este argumento no tiene nada que ver con solidaridad izquierdista, sino con defender la propia estabilidad de sus gobiernos.
Los gobiernos bolivarianos manipulan las instituciones, aplican la justicia a su antojo, coartan la libertad de expresión, pero no matan y usan la represión de forma moderada. Cuando una represión es brutal, ni se puede ocultar, ni es necesario exagerarla. Teniendo a cuenta los quince años de polarización extrema que tiene Venezuela, la violencia política sigue siendo poco relevante. Ni el Gobierno quiere matar, ni los opositores están dispuestos a provocar que les maten. La realización sucesiva de eventos electorales ha impedido que la violencia se generalice.
Si López persiste en su estrategia de revuelta popular para que “Maduro se vaya ya”, las protestas tenderán a ser cada vez menos masivas, menos pacíficas, más violentas y más impopulares. Los grupos de choque de López se enfrentarán a los grupos de choque de Maduro por el control de la calle, hasta volverse una situación cotidiana desgastante que producirá muertos por goteo de lado y lado, tal como ya está empezando a ocurrir. Las protestas pueden servir para acumular fuerzas, denunciar y debilitar al chavismo, pero no podrán por sí solas derrocar al Gobierno de Maduro. La oposición no cuenta con ningún instrumento de poder para generar un desenlace y esto solo sería posible si se produjera una división en el Ejército o en las filas chavistas.
Sin embargo, la estrategia “insurreccional” de López genera miedo al revanchismo en las filas chavistas y el miedo es un factor de unidad y no de división. Por lo tanto, López está cohesionando más al chavismo en vez de dividirlo.
Capriles tiene razón: la estrategia de López divide a la oposición venezolana
Las crisis económicas hacen perder elecciones, pero no derrumban gobiernos automáticamente. El chavismo como fenómeno político ha sido un proceso de inclusión social y de construcción de nuevas élites. Ambas cosas han ocurrido mediante una reorientación desordenada de la renta petrolera con mecanismos que pueden ser considerados corruptos, ineficientes y populistas, pero este tipo de mecanismos son históricamente similares a los que dieron base a muchas otras élites y fuerzas políticas en el pasado en todo el continente. Se trata de una fuerza social que nació políticamente con Chávez, y esto genera unas lealtades que no se degradan tan rápidamente por efecto de la crisis económica o porque se violen libertades.
La oposición venezolana cometió graves errores en el pasado, siguieron una estrategia invertida que se inició con un golpe de Estado y continuó con huelga, protestas callejeras, elecciones, denuncia de fraude y retiro de las elecciones hasta fragmentarse en decenas de pequeños grupos. Ese error implicó que los opositores le regalaran a Chávez el control total del Ejército, del petróleo, del Parlamento, de la justicia y del poder electoral. Luego corrigieron, se unieron, regresaron a las elecciones, ascendieron en resultados y cometieron un nuevo error al convertir en derrota su excelente resultado frente a Maduro. Su obsesión por denunciar “fraudes” electorales inciertos termina en deslegitimación de las elecciones, que son el único instrumento que tienen para llegar al gobierno. No es lo mismo enfrentarse a un fraude que competir en desventaja.
Sin duda Maduro es un pésimo gobernante, Venezuela vive una terrible crisis y el chavismo se está agotando, pero su fuerza social es suficiente para mantenerlo en pie. El problema central de la oposición venezolana no es inventarse una insurrección, sino convertirse en mayoría superando las arbitrariedades antidemocráticas, dar seguridades al chavismo de que no habrá revancha, ganar elecciones y reunificar a Venezuela con chavistas incluidos. El medio siglo de castrismo habría sido imposible sin la cooperación de la oposición recalcitrante del anticastrismo de Miami y el bloqueo de Estados Unidos. Capriles tiene razón: hay que acumular fuerzas. La estrategia de López paradójicamente puede dividir a la oposición y darle fuerza a Maduro. El debate principal no es sobre la maldad del chavismo, sino sobre la estrategia de la oposición, porque la suerte de Venezuela, solo los venezolanos pueden decidirla.
(*) Joaquín Villalobos fue guerrillero salvadoreño y es consultor para la resolución de conflictos internacionales.
Ilustraciones: Fernando Vicente (EP), Lemus (EN) y: http://www.noticiascentro.com/wp-content/uploads/2013/02/Kees-Verkaik-maduro-mascara.gif
Breve nota LB: Ya El Nacional de Caracas, no publica los textos de Vargas LLosa una semana después. Baremo de las ilustraciones, el de Vicente es más elaborado, mientras Lemus incurre en la caricaturización. Además, ésta, publicada en la edición de hoy, es repetida. La tercera ilustración es tomada de la red, en la que - por cierto - hemos visto piezas muy obscenas.
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