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domingo, 17 de septiembre de 2017

DELITOS MEDIÁTICOS

EL NACIONAL, Caracas, 17 de septiembre de 2017
La comunicación es libre y plural
Antonio Pasquali

El título de esta nota reproduce el inicio del artículo 58 de la Constitución venezolana, la única del mundo en explicitar la esencial inherencia del pluralismo en la libre comunicabilidad, vale decir la inexistencia de esta si desprovista de aquella extensión. Una libertad que no libera, que no es usufructo de todos y es acaparada por privilegiados o algún  big brother, siempre se metamorfosea en su contrario, en proteicos abusos de poder, en monódicas voces del amo. Nada que ver, obviamente, con el bastardo pluralismo del more of the same; el que la Constitución invoca es el genuino y coral que se genera por copresencia de múltiples, libres y desiguales emisores, medios, fuentes, códigos, canales, criterios, orígenes, voces y estilos, inductores de opiniones públicas bien informadas, de ponderación, mutua tolerancia y democracia. 
Ese hermoso postulado nunca  se cumplió y hoy figura entre los imperativos constitucionales más salvajemente violados por su mismo promulgador, el teniente coronel Chávez, quien durante los 5.060 días de su reinado dedicó 243.404 minutos (casi un semestre) repartidos en 2.334 emisiones obligatorias de radio y televisión en cadena, a la intoxicación ideológica de la gente, robándole su libertad de emitir y recibir a medios y perceptores nacionales e internacionales, mientras exilaba líderes de opinión  y compraba, cerraba, vetaba, o  llevaba a la ruina decenas de órganos de información que adversaban su despotismo. El dictador siguiente elegido por el castrismo tras la muerte del primero, un obediente y telemanejado apparatchik, viene acelerando y extremando esa destrucción de pluralidad: se ha especializado en expulsar corresponsales extranjeros y retirar pasaportes, y en estos ocho meses de 2017 se ha dado el lujo neroniano de silenciar otros 49 medios. Su más reciente medida, el cierre de dos emisoras radiales capitalinas de arraigo y el oscurecimiento de las dos televisoras colombianas Caracol TV y RCN, se presta a reflexiones.
La primera es terminológica, de interés general y a la vez específico para profesionales y estudiosos de la comunicación (aunque trascienda ese mero aspecto). Cuando intentamos adjetivar, para denunciarlos, los graves problemas de comunicación creados por el chavismo, olvidamos que la comunicación es un enviar y un recibir, y manifestamos la errónea tendencia –de origen liberal-individualista anglosajón– a cobijar sus complejas y disímiles manifestaciones bajo el único estereotipado estándar de una pérdida de “libertad de expresión”. Al hacerlo, terminamos reduciendo los delitos de lesa comunicación solo a aquellos que disminuyen o suprimen la libertad del emisor, sin parar mientes en su más importante reverso: las masas de perceptores, o audiencias –tan protagonistas de la relación comunicacional como el emisor– contra cuya libertad de acceder a fuentes libremente seleccionadas también puede restringirse o suprimirse (para obviarlo, México se dio recientemente una ley sobre Derechos de las Audiencias). La triple estrategia de la dictadura contra la libertad de comunicar con pluralismo es clarísima y articulada: maximizar el poder emisor del régimen, minimizar el de la disidencia, propiciar un aislacionismo comunicacional que anule la presencia en el dial y en la red de terceras voces indeseables.. Vistos los catastróficos resultados de la primera de esas estrategias, el régimen terminó privilegiando las otras dos, y es ante esa parte destructora que le resta fuentes a los perceptores eliminando medios, sitios y voces críticas o disidentes, donde mejor se constata la insuficiencia de la fórmula feeedom of expression, que debería cuando menos acompañarse de una freedom of reception de igual rango. La conmutación léxica hoy más empleada en el país para indicar algo que se aproxima a esa libertad de recepción es “derecho a la información”, un giro insuficiente que reduce a la mera dimensión periodístico-informativa el complejo nivel de incomunicabilidad que genera el bloqueo de acceso a fuentes plurales y libremente elegidas. La sistemática violación gubernamental del artículo 58 constitucional afecta pues la totalidad de los procesos comunicantes del venezolano, incidiendo profundamente en su relacionamiento y socialización. Hay emisores por un lado y usuarios, perceptores o audiencias por el otro. La libertad/pluralidad del comunicar debe defenderse por igual/tanto en fase emisora como en fase receptora, siendo de un mismo rango el derecho de expresarse libremente y el de acceder a aquella libre expresión. Finalmente: conviene no olvidar que por encima de los dos casos específicos, la “libertad de expresarse” referida al emisor, y “la libertad de recibir” al perceptor, existe un noble y poco empleado término genérico, consagrado por la carta magna, que es precisamente “comunicación”, el cual abarca la totalidad de la relación. Habrá que seguir usando, cuando sea del caso, la fórmula anglosajona “libertad de expresión”, pero hay que recuperar el pleno empleo del más rico y polisignificante término “comunicación” que nos han legado griegos y latinos. Una manera –dicho sea de paso– de rendir un mínimo y permanente homenaje a aquella Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que no nació en ámbito anglosajón, que redactaran en 1789 gentes de cultura latina (Lafayette, Condorcet, Mirabeau, Mounier, entre otros), y cuyo artículo XI no defiende tan solo la libertad de expresión, sino “la libre comunicación de los pensamientos y opiniones” como “uno de los más valiosos derechos del hombre”.
La otra consideración concierne la sustancia política del problema: la estrategia chavista del silenciamiento interno y el progresivo aislamiento comunicacional del país.
El aislacionismo, el devolver  a su país decenas de corresponsales extranjeros, el llevar a tribunales a quienes reproducen en medios nacionales noticias internacionales mal vistas por el régimen o el prohibir la retransmisión en el país de cuanta agencia o emisora internacional tenga una visión crítica de nuestra realidad, es la más estúpida, extemporánea y contraproducente de las estrategias chavistas, pues ha hecho más que mil embajadores para regar por el mundo la certitud de que en Venezuela vivimos en dictadura. En los años ochenta, en plena Guerra Fría, un colega soviético reveló a quien escribe que la URSS gastaba 1 millardo de kilovatios anuales para introducir ruido en las emisiones que los occidentales dirigían a Rusia, y que tal esfuerzo no hacía sino agudizar la sed y la ingeniosidad de la gente para captarlas. Sucedió decenios antes de la irrupción de Internet, lo que eleva a “n” potencia la estupidez del aislacionismo comunicacional chavista inspirado en una férrea dictadura cubana sumida en el oscurantismo y el atraso tecnológico. Eso de embozalarle al venezolano las voces del mundo y aumentar progresivamente los controles sobre la red debieron ser, con toda probabilidad, recomendaciones del ex ministro cubano de Informática y Comunicaciones Ramiro Valdés, admiradísimo por el Chávez que le compró centenares de emisoras para las comunitarias y los nuevos pasaportes, plantó con él la bandera cubana en el Panteón, le confió, absurdamente, la presidencia de una comisión venezolana para problemas energéticos y en marzo 2009 se dejó convencer a firmar un decreto presidencial (el 6649) que prohíbe en la administración pública venezolana el uso de la telefonía celular, las plataformas tecnológicas y el empleo de Internet, declarados gastos suntuarios y superfluos (¡sic!). ¿Qué más esperar de un consejero cubano que declaró un día en un congreso que Internet era “una diabólica invención del capitalismo para la destrucción de la humanidad”?
La minimización chavista de la vocería nacional disidente, cada día más próxima a su meta final, representa, en perspectiva política, una de las facetas más exitosas del proclamado hegemonismo comunicacional que el régimen persigue impertérrita y oficialmente. En la España, hoy felizmente periclitada, la autoridad mataba de espada a los criminales de casta y de garrote vil a los del pueblo llano. Pudiera decirse, con metáfora imperfecta pero pertinente, que el castrismo mató de espada los medios cubanos, y que a nosotros nos tocó durante dieciocho años el lento y doloroso garrote vil, que en el prioritario campo radioeléctrico han venido aplicando con celo los pequeños Goebbels que han presidido Conatel, un ente regulador del buen uso de las frecuencias convertido en comisariato político de la dictadura, y en el impreso un monopolio estatal del papel-imprenta. Las dictaduras siempre se fabrican una lógica interna tan implacablemente coherente como la de las tiras cómicas. La nuestra es de estirpe militarista, y ha impuesto al país y sus comunicaciones una lógica, un lenguaje y una acción que solo tienen alguna razón de ser en tiempos de guerra. Hay que yugular los medios disidentes porque todo disidente es un enemigo; todo protestatario un traidor a la patria a juzgar en tribunales militares; todo crítico un aliado de poderosos enemigos externos; toda denuncia de delitos gubernamentales un crimen de lesa patria; no ser adictos al régimen (Maduro dixit) es “conspirar en el golpismo”; las grandes manifestaciones de calle se liquidan hasta con un centenar de muertos. ¡Temibles ucase para informadores! La porción mayor del silencio o la neutralidad mediáticos son hoy aportes de la autocensura, máxime en el medio radio, cuya mayoría de emisores aceptaría de buena gana hasta las cadenas presidenciales si el régimen tuviera la gentileza de cancelarles el tiempo utilizado.
Pero acá también el chavismo se equivoca. En tiempos de Internet las intoxicaciones o hipnosis políticas de enteras sociedades al modo soviético o nazifascista ya no son posibles, y el ideal goebbeliano de “convertir una ideología en religión de Estado” es una quimera.  Entrabar el normal funcionamiento de los transportes públicos, de la telefonía y de la red durante las manifestaciones de la oposición es recurso pueril, más propio de miserables caciques de pueblo que de jefes de Estado. El cierre a granel de emisoras nacionales e internacionales no solo confirma internacionalmente el carácter dictatorial del régimen, sino que refuerza en el venezolano el anhelo de libertad.
La ilegítima constituyente cocina ahora una nueva ley contra el odio, que pudiera convertirse en la clava para el golpe de gracia a lo que queda de libertad con pluralismo. ¿Estarán repitiendo la Historia por haberla olvidado, desconocen importantes antecedentes? En julio 2009, por ejemplo, la fiscal Ortega presentó a la Asamblea chavista un proyecto de ley especial sobre delitos mediáticos, abortado, cuyo artículo 11 castigaba con prisión de dos a cuatro años a quien promoviere “la guerra, la violencia, o el odio u hostilidad entre sus habitantes”. Será un olvido táctico; lo que no pueden absolutamente ignorar que antes, entre 2004 y 2005, ellos mismos (Maduro, Flores, Tascón, Vivas, Carreño, Varela y otros) sí lograron introducir cambios en el Código Penal finalizados a castigar “delitos de expresión”, “terrorismo mediático”, la “instigación al odio entre venezolanos”, la “conspiración”, la “exposición al desprecio u odio público” y el “crear pánico”. Los artículos por ellos modificados fueron el 286, el 296A, el 297A, el 297B y el 444. Las penas son allí igualmente severas, con una muy relevante precisión: que todas ellas son “aumentadas de un tercio si el delito es cometido por funcionario público”.
¿Reconfirmarán los neolegisladores en su nueva ley este fundamental precepto o lo mandarán a borrar del Código Penal? Cosa grande sería que lo dejaran, para que el día que vuelva la justicia y haya entonces base jurídica para enjuiciar las cúpulas de los regímenes chavistas que llevan casi veinte años llamando, en cadena nacional,  al desprecio del “escuálido” y al odio de clase.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/comunicaciones-libre-plural_203796

domingo, 26 de mayo de 2013

(INTER) COMUNICARSE

CIUDAD CARACAS, 26 de mayo de 2013
El periodista y su palabra como herramienta de vida
NUMA MOLINA

Comunicar, ese verbo profundo y maltratado a la vez con el que el hombre inició su aventura sobre la Tierra. El libro del Génesis que narra la creación del hombre está lleno de alusiones al comunicar. La primera misión que Dios encomienda al hombre después de crearlo es la de comunicar. Es el único en medio de todo lo creado capaz de hablar con Creador. Dios confía al hombre codificar los nombres de todos los seres creados. El texto sagrado dice que le encomendó esa tarea: “…para ver cómo los llamaba, y para que cada ser viviente tuviese el nombre que el hombre le diera” (Gen. 2,19b), Ese es el primer acto comunicador del hombre, nombrar, dar vida, visibilizar todo lo creado y darle valor mediante la palabra.
HIMNO DE ALABANZA A LA ALTERIDAD.
Después Dios crea a la mujer como su alteridad, como el otro yo ante la cual irrumpe el varón con un himno de alabanza llamándola “esta si que es hueso de mis huesos y carne de mi carne” (Gen. 2,23). Si siguiéramos indagando el libro del Génesis, todo él está lleno de actos comunicadores entre Dios y el hombre. Luego decide él mismo, el Creador, comunicársenos desde nuestra propia condición humana haciéndose hombre en Jesús.
¡Qué grandeza la que encierra el verbo comunicar amigos periodistas! hacedores de comunicación día a día.
Al inicio de este artículo, cuando me refería al verbo, ya lo definía como “profundo” y a la vez “maltratado” y yo diría que hasta confundido. Confundido con los instrumentos que se encargan de multiplicar la comunicación. Porque comunicación no es la televisión como instrumento ni son las hondas hertzianas de la radio ni es el periódico, la revista, el libro, la computadora o el teléfono celular. Comunicación es esa criatura que brota de tu alma y de la mía llamada PALABRA a la que debemos respetar y administrar con sabiduría; el acto segundo es el modo como exteriorizamos lo que el Espíritu nos dice: gestos, símbolos, señales, sentimientos.
Comunicar es el acto de construir la buena noticia de la vida con nuestros gestos, con nuestros sonidos, con nuestras miradas, con todo nuestro ser. La facultad de comunicar nos ha sido confiada por Dios para dar vida. Como ya señalábamos, lo primero que hace el hombre en medio de la creación es dar nombre a los seres de la vida, a todo aquello que había sido insuflado de vida por el Creador.
Hermanas y hermanos, comunicar hoy implica la doble tarea de transmitir vida y al mismo tiempo rescatar en toda su dimensión el valor de la palabra como herramienta para la verdad, para la justicia, para la solidaridad.
No confundamos nuestra misión, no la contaminemos ni permitamos que otros la contaminen. No debemos restarle vida a ese torrente que fue encargo de Dios.
El verbo comunicar como lo entendemos hoy es una analogía de aquello que Santo Tomás entiende por comunicar inspirado en el apóstol Pablo: comunicar es poner en común algo de lo más íntimo y preciado que uno tiene, compartir con otros aquello que uno considera como un bien propio.
Por eso cuando irrumpimos con la palabra a través de un medio de comunicación debemos preguntarnos si nuestras palabras son como las de Jesús, capaces de generar vida, capaces de hacer que el hombre paralizado por una sociedad ensimismada en su egoísmo, se levante de su parálisis Que nos preguntemos si nuestras palabras son generadoras de esperanza para los oyentes, si son capaces de dejar una interrogante para que la gente siga buscando la verdad.
Hay palabras de peso de hombres y mujeres íntegros, ellos al hablar generen curiosidad en los oyentes y los llevan a ponerse en camino haciendo opción por lo verdadero, por lo que es real, por lo útil, por lo grande, por lo que genere vida.
Tristemente esa facultad de comunicar recibida de Dios se ve cercenada tantas veces por la mentira, por los intereses mezquinos y egoístas del afán de lucro y de ese modo la palabra resulta adulterada y manipulada con tal de responder a intereses particulares.
LA COMUNICACIÓN USADA PARA LA GUERRA
El subtítulo anterior parece lo más aborrecible y contradictorio ¿qué es eso de la comunicación utilizada para hacer la guerra?
Ante el significado histórico y trascendente que tiene la comunicación humana urge una reflexión pausada y consciente de cada comunicador para quienes la palabra es herramienta de nuestra profesión. Con una palabra tú puedes levantar la vida de un ser humano, con una palabra dicha con profundidad tu puedes sanar de una depresión. Pero también con una palabra portadora de odio o de violencia puedes hundir para siempre a una persona o a un colectivo, con una palabra puedes empujar a un pueblo a la guerra.
Hay palabras y gestos capaces de construir la paz pero hay gestos y palabras que llevan implícita la maldad como móvil y con ellas la violencia. Es inconcebible que hoy los seres humanos estemos hablando de guerra de cuarta generación que es justamente una guerra en la que la comunicación se usa de modo PERVERSO hasta convertirla en arma capaz de crear escenarios de guerra.
Guerra de cuarta generación es la palabra usada para demonizar un pueblo ante el mundo de modo que la aldea global termine al unísono condenándolo y odiándolo. Y los ingredientes son la mentira hecha palabra, la tecnología de las comunicaciones que la maquilla hasta que se parezca lo más cercano posible a la verdad y los medios que son los distribuidores de aquel veneno cuyo primer efecto es la alucinación por algo que no existe y luego la pérdida de libertad para pensar con criterio propio, para opinar de modo honesto con la realidad. Y de ahí lo que viene luego es la disociación que es como la negación empecinada a no ver la realidad es decir la deshonestidad con lo real, con lo que acontece. Jesús nos enseñó que “solo la verdad nos hará libres” y un pueblo hoy no será libre mientras sus líderes y sus medios usen la mentira como argumento comunicacional.
SON GRAVES LOS EFECTOS
Cuántos de nuestros jóvenes que han caído en la delincuencia son solo el eslabón final de una cadena de mensajes falsos, mentirosos, elaborados en serie y vendidos desde una telenovela que inoculó el divorcio por ejemplo, como algo normal y la desintegración familiar como la moda y ahí tenemos la víctima, un hijo o una hija desintegrados también, sin valores, sin sentido de la vida, sin estudios, si nada. La mentira inoculada en la palabra la manipula de tal modo que las masas terminan en un estado de somnolencia. Son esas multitudes acríticas capaces de forjar la “generación boba” aquella gente a la que tu le muestras la Luna y se te quedan mirando el dedo.
Señor de la comunicación y de la vida, comunicador sempiterno, haznos siempre amantes de la verdad, haznos decididos y apasionados por generar una comunicación capaz de despertar esperanza, una comunicación apasionada por describir y contar al mundo la verdad, escandalosamente apasionada por lo real.
Que usemos la comunicación para la paz y la concordia y nunca para la guerra, para la violencia.
Haznos capaces de levantar con nuestra palabra a los paralíticos de esta sociedad.
Que seamos servidores de una comunicación capaz de hacer ver a los ciegos. Una comunicación que se torne incómoda muchas veces, como la de Jesús, porque deja al descubierto al espíritu de este mundo y saca a la luz los planes de Dios que son de amor, de fraternidad, de paz y de justicia para los que claman por ella, los pobres, los excluidos. AMÉN.
Ilustración: Uncas.