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lunes, 3 de septiembre de 2018

ÚTIL CORREO

Querido Antonio:

He leído tu brillante ensayo en El Nacional  y ahora me dispongo a estudiarlo. Lo que hubiera sido el gran punto de convergencia entre las dos Venezuelas, la clase media, fue destruida a propósito para, como apuntas, excacerbar el clivaje entre las dos Venezuelas. Entre 1940 y 1980 parecía que podríamos encontrarnos.

En un momento me pareció que el Metro de Caracas pudiera haber sido un gran agente de integración social ( yo me he encontrado en el Metro de Washington con lo intelectaul y lo político más encopetado de esta sociedad, desde Art Buchwald hasta Robert McNamara) pero ni los ricos venezolanos lo aceptaron (Mija: yo en el Metro? Que vaaaa)  ni las clases populares lo vieron como un agente igualizador o al menos no como un agente igualizador hacia arriba. 

Copio tu gran ensayo a mis contactos,

Gustavo Coronel

EL NACIONAL, Caracas, 2 de septiembre de 2018
Del país bipolar
Antonio Paquali

Razones tuvo Pino Iturrieta al aseverar en su Contra lujuria, castidad de 1992 que las farragosas “constituciones sinodales” emanadas del arzobispado de Venezuela en septiembre de 1687 (su reedición caraqueña de 1848 llena 486 páginas) son “medulares para el análisis de los hábitos coloniales”, hábitos que dichas constituciones pretendían reglamentar puntillosa y bizantinamente, como sería el caso del traje de las “beatas” que imperativamente debía ser “cerrado hasta el cuello y besando el suelo, so pena de excomunión”.

Pero no todo flota en ellas a nivel de rituales y bagatelas. Su esencial autor, el obispo Diego de Baños y Sotomayor, un limeño despachado a Caracas por la Santa Madre Iglesia tres años antes apenas, tuvo la ocurrencia de incorporar a los textos una esclarecedora y sobreviviente observación socioantropológica, genéricamente referible a todas las nacientes sociedades latinoamericanas pero que él, específicamente, aplica al país cuya Iglesia habían enviado a regentar. La venezolana, afirma, se compone de dos estamentos disociados y jerarquizados (nada de melting pot o “identidad compartida”, diríamos hoy): arriba los “pater familias” blancos, cristianos y acomodados, abajo la “multitud promiscual” sincrética, pobre, “ruda e incapaz”, integrada por indígenas objeto de alguna benevolencia en obsequio al dictamen de papa Pablo III de 1537: “son verdaderos hombres dotados de alma”, y de negros “incapaces que apenas se distinguen de las bestias”; una distinción a la que la Iglesia solo levantó la sanción en 1904.

Crudo, racista y obsceno el distingo, pero primera apreciación histórica de una bipolaridad social nacional que pasaría a ser componente estructural del ADN político del país y hasta pudiera estimular una reescritura de toda su historia vía el análisis de esa profunda y siempreviva cesura que aún hoy bloquea esfuerzos por una pacífica y tolerante convivencia entre venezolanos. Sí, porque aquí y ahora, a 331 luengos años de aquellas constituciones sinodales, aún toca constatar que –si bien la dicotomía ha sido mantenida en vida por disímiles protagonistas a lo largo de la historia colonial y republicana– el nudo hecho de un país casi incesantemente partido en dos belicosas facciones pudiera constituir una poco estudiada constante de su devenir, desde la colonial subordinación de la multitud promiscual a los pater familias hasta la guerra civil realistas/independentistas, desde el dilema Gran Colombia/Venezuela al chavista pueblo angelizado/escuálidos demonizados. La rústica dictadura militarista instaurada en 1999 intuyó a su manera toda la valencia política de esa constante arraigada en el inconsciente colectivo, y logró consolidarse gracias a una ingeniería social e ideológica finalizada a resucitar con fuerza una exasperada, primaria y potencialmente explosiva visión clasista de país dividido en dos mitades estimuladas a odiarse y aniquilarse.

Las ciudades, por su parte, son el fiel espejo de las sociedades que las fundan, de sus utopías y miedos, y como tales deben ser leídas. Más que en otras latitudes, nuestros entornos urbanos llevan siglos instilando en el espíritu de sus moradores la bipolaridad social por cuanto ponen a coexistir sin convivir, como próximos no-prójimos, el cosmos metropolitano de los pater familias instalados en lo más cómodo y ameno, y el desordenado caos de la multitud promiscual en la inhóspita corona periférica. Urbanistas bienintencionados vienen planteando desde hace decenios la necesidad de unificar la ciudad abriendo democráticos cauces entre la polis y el cerro, sin poder pronosticar si un flujo soteriológico terminaría generándose del centro a la periferia convirtiendo las ruinosas rancherías en ordenados y bellos albaicines, o si un impetuoso deslave bajaría del cerro “ranchificando” todo a su paso; una duda que siempre ha impedido la apertura de tales cauces entre las dos mitades de la ciudad, impertérrito micromodelo y vitrina de la existencia de dos Venezuela.

Las dictaduras militar-chavistas han exacerbado e institucionalizado de mil maneras esa fractura nacional, tarea facilitada por disponer de unas Fuerzas Armadas monoclasistas, mayoritariamente provenientes de sectores menos favorecidos y más propensos al resentimiento, y Chávez mucho se esmeró en no ser percibido como “presidente de todos los venezolanos” sino como caudillo de una de las facciones, la “buena”, en lucha por deshacerse de la “mala”. Cuando se asomó al país el espectro de la hambruna y la respuesta lógica, justa y democrática hubiese sido una misma cartilla de racionamiento para todos los venezolanos, los gobiernos chavistas inventaron otra solución dual: abandonar a su suerte a los “escuálidos” con sus monedas fuertes y boutiques abastecidas y acaparar lo poco que se producía e importaba (entre robos y “pudrevales”) para sus queridos menesterosos así convertidos en clientela política a cambio de humillantes dádivas de alimentos básicos; una “solución” particularmente nefasta para la otrora gran esperanza del país, su laboriosa y floreciente clase media. Chávez juraba a diario venerar la Constitución de 1999 pero en los hechos gobernó con una Constitución-bis, su “plan de la patria”, y luego de perder electoralmente la asamblea, la dictadura se inventó otra insólita dicotomía más al dar despóticamente vida, por decreto, a una ilegal asamblea paralela y además constituyente. Así pues, de período en período, la vieja definición-profecía de Diego de Baños y Sotomayor nos ha conducido hoy a formas inéditas y extravagantes de bipolaridad y apartheid: un país con dos constituciones de facto, dos asambleas (legítima y sin poderes la opositora, ilegítima y con poder la gubernamental, sesionando –detalle grotesco– en el mismo Palacio Federal y en ocasiones hasta el mismo día en aulas contiguas), dos tribunales supremos (el ilegítimo en Caracas, el legítimo en el exilio), dos fiscales generales ídem, dos gobernadores de Caracas ídem, ciudadanos con “carnet de la patria” con privilegios y otros desprovistos sin privilegios, dos monedas (la segunda inventada y cripto) y hasta dos precios para combustibles, uno para el pueblo bueno, otro para escuálidos malos.

Lo que le espera a quienes corresponderá restaurar y mejorar la democracia en Venezuela pareciera desafiar las mejores capacidades de una entera generación de ciudadanos impolutos, preparados y voluntariosos. Gente así posee el país, cargada de ideas e ideales, proyectos y utopías concretas y realizables. Un libro blanco global en la materia, de hace un cuarto de siglo pero de conservada vigencia, Encuentro y alternativas (CEV/UCAB 1994, 2 volúmenes, 1.106 p.), sin mencionar otros aportes sectoriales, lo demuestra con creces (sin olvidar que antes de la dramática diáspora que desangra el país, Venezuela tenía porcentualmente cinco veces más graduados universitarios que Francia). Pero recuperar un país devastado por coroneles, iluminados, asnos y saqueadores de toda calaña es tarea inmensa porque los grandes problemas sociales requieren soluciones que encajen una en otra como en un puzzle: no se puede exigir honestidad a una sociedad que sigue padeciendo el hambre, ni justicia con jueces corruptos, ni reconciliación mientras subsistan inaceptables y vergonzosas disparidades sociales. En medio de iniciales e inevitables insuficiencias económicas, enormes, trascendentes y bien planificados esfuerzos habrán de ser llevados adelante sincrónicamente para emprender camino hacia una sociedad mejor. Uno de sus mayores objetivos generales a mediano y largo plazo tendrá que ser el rescate de la unidad nacional después de siglos de bipolaridad, hasta lograr un “encuentro” profundo entre venezolanos que nos retoque genéticamente erradicando del volkgeist nacional, la componente dicotómica (componente particularmente estimada por militares) abriendo cauces a una sociedad de voces múltiples y tolerantes conviviendo en un país solidario, de identidad compartida.

¿Hay recetas universales para una faena de ese tamaño? No, si se piensa, justamente, que en el ámbito político cada reforma de importancia debe ser diseñada desde dentro y para grupos sociales específicos. Sí, si se analizan las más exitosas políticas mundiales que lograron amalgamar y democratizar sociedades, estimando que –debidamente normalizadas y adaptadas a las idiosincrasias propias– pudieran resultar aprovechables. Tres de estas experiencias universales merecen especial consideración.

La primera es la que concierne a los servicios públicos, un mecanismo del convivir intolerantemente deficitario por estas latitudes. Las prestaciones que ellos aseguran generan efectos sociopolíticos colaterales de gran importancia por garantizar a todos una democrática justicia distributiva en cosas esenciales. Rompen silenciosamente barreras y cohesionan un país como máximos creadores –cuando funcionan– de un difuso y profundo sentimiento igualitario al procurar a todo ciudadano, sin distingos espaciotemporales o socioeconómicos, idénticos servicios de agua blancas y servidas, luz, gas y energías, alimentación, educación, salud, seguridad, correos, transportes, comunicaciones, espacios públicos y otros. (El sistema metropolitano de Caracas de la buena época democrática constituye un brillante ejemplo de esta aseveración). Con su trato igual para todos, ellos terminan siendo, si bien administrados y mantenidos, permanentes generadores de democracia que el ciudadano introyecta a partir de concretas y disfrutadas realidades diarias y no sobre vacuas y patrioteras consignas. En cada uno de los citados SP el mapa de Venezuela sigue pareciéndose en pleno siglo XXI al cuero de las vacas Holstein, las de manchas blancas y negras, de “si hay” y “no hay”, una de las causas principales del creciente urbanismo por abandono de zonas desatendidas de servicios esenciales. Todo SP genuino y funcional debe garantizar su universalidad, su continuidad absoluta, su incesante aggiornamento tecnológico y su adecuación a diferentes necesidades de la población; para Venezuela, un desafío que tal vez mereciera la creación de un superministerio ad hoc. Será un esfuerzo muy costoso y prolongado, pero en una economía saneada y funcional, el ciudadano se sentirá mejor dispuesto, como sucede en todas partes, a pagarse los servicios de su elección después de comprobar diariamente su eficiencia, calidad y continuidad. Deseemos una Venezuela con menos intoxicados por demagógicas consignas tipo “tenemos patria” y más ciudadanos orgullosos ante la región y el mundo de sus excelentes transportes, hospitales, correos y sistema educativo.

El segundo modelo a retener concierne a ese momento esencial del continuum humano que es la transmisión del saber de una generación a la siguiente, necesidad satisfecha naturalmente por la familia, formalmente por la educación e informalmente por el conjunto de los medios de comunicación impresos, radioeléctricos y electrónicos. En la época de la democracia, Venezuela fue buen ejemplo mundial por el elevado porcentaje de su presupuesto invertido en educación. De un funcionamiento ideal óptimo de los procesos de transmisión de saberes dependen los éxitos o fracasos de una sociedad que se esfuerza por dejar atrás un pasado indeseable, porque a ellos incumbe educar generaciones más virtuosas, intelectual y moralmente capaces de edificar un país mejor, como lo lograron naciones de dramáticas experiencias históricas: Alemania con sus horrores nazis hoy materia de permanente análisis crítico dentro de su sistema educativo, o la Inglaterra martirizada por la Luftwaffe con su suerte de popular imperativo categórico posconflicto “forgive but not forget”. ¿Qué rol corresponderá a cada uno de estos canales formales e informales de transmisión de los saberes en la recuperación de Venezuela, y además quis  educabit  educatores, quién educará a los nuevos educadores, quién preparará brigadas de incorruptibles Eliot Ness (ese hijo de panadero noruego que limpió los cuerpos norteamericanos de policía y pudo con Al Capone), capaces de reducir a mínimos manejables el robo y el saqueo, quién y cómo grabará de por vida en el alma de todos, desde la materna, que robar es un crimen castigable? Un nuevo estado democrático y éticamente justo deberá asegurar a estos procesos de transferencia de los saberes toda la prioridad que merecen, y el mejor camino para lograrlo es concebirlos definitivamente como servicios públicos con las cuatro características antes señaladas, lo que significará por un lado dotar de infraestructuras materno infantiles y primarias de calidad el país entero, garantizar a todos estudios secundarios públicos de prestigio, modelo Andrés Bello o Fermín Toro de los años cincuenta, blindar y expandir la universidad autónoma, gratuita, de alta calidad y finalmente dotada de sonantes recursos propios, y por el otro lado (respetando las libertades de todos de emitir y recibir), ingresar a Venezuela en el pool de las 56 democracias del mundo dotadas de radiotelevisión de servicio público que preste al país un servicio modélico universal, continuo, adecuado, avanzado, sin contralores comerciales ni gubernamentales y con autoridad independiente.

El tercer modelo a considerar como de utilidad para democracias necesitadas de unificar su identidad concierne …a la instauración de un servicio militar obligatorio de al menos 12 meses, universal y sin excepciones. Pudiera parecer una paradoja, la contradicción de un antimilitarista, y no lo es. ¿Se han preguntado alguna vez por qué no existe un teniente de Altamira, un coronel de clase media alta, un general miembro de academia científica, que hagan de las Fuerzas Armadas nacionales un reflejo de la totalidad del país real liquidando su actual monoclasismo, matriz de perennes tentaciones golpistas? Pero esta infalible manera de democratizar el Ejército sería un primer buen resultado apenas. El servicio militar obligatorio pasó de moda junto con el concepto tradicional de conflicto, reemplazados por el voluntariado y la ciberguerra, pero este avance solo concierne a países en estado de desarrollo avanzado. En una Venezuela recuperada a la democracia sí convendría implantar durante decenios esa obligatoriedad pese a su alto costo, para obtener un segundo y más importante resultado: generar un proceso nacional de desfragmentación y dar vida a más y más convivencia nacional. Los cuarteles educan ciertamente en artes marciales pero también infunden una disciplina de vida, enseñan a muchos una profesión, y por encima de todo (cuando la obligatoriedad es universal), son generadores de un pluralismo social que pasa luego a la vida civil. Estamos hablando de un año de convivencia y amistad del bachiller de Los Palos Grandes con el campesino de la Mesa de Guanipa, del andino con el margariteño, del mecánico con el recogelatas, del ingeniero informático con un ganadero del llano, del cultivador barloventeño de cacao con el jugador de golf del Valle Arriba, de la forja capilar de una nueva convivencia que vaya minimizando la nefasta dicotomía social que el obispo Diego de Baños y Sotomayor señaló de primero hace 331 años.

En una de las obras cumbres de la humana cultura, el Banquete de Platón, uno de los dialogantes enfrascados en la búsqueda de una definición del amor, narra el mito del ser humano, inicialmente andrógino, que los dioses envidiosos de su perfección y poder parten en dos para debilitarlo, explicación de la posterior e incesante búsqueda amorosa del hombre y la mujer por “su mitad”.

Divide et impera: sociedad partida en dos es sociedad debilitada, fácil víctima de aprovechadoras mafias políticas. Obremos para que las partes nacionales, finalmente necesitadas las unas de las otras, terminen reconciliadas y asuman una identidad que puedan compartir. Ut unumsint, invocaba en su lecho de muerte Juan XXIII.

Fotografía  inicial: Tomada de la red, Delcy Rodríguez y los gremios transportistas (23/08/18).

domingo, 17 de septiembre de 2017

DELITOS MEDIÁTICOS

EL NACIONAL, Caracas, 17 de septiembre de 2017
La comunicación es libre y plural
Antonio Pasquali

El título de esta nota reproduce el inicio del artículo 58 de la Constitución venezolana, la única del mundo en explicitar la esencial inherencia del pluralismo en la libre comunicabilidad, vale decir la inexistencia de esta si desprovista de aquella extensión. Una libertad que no libera, que no es usufructo de todos y es acaparada por privilegiados o algún  big brother, siempre se metamorfosea en su contrario, en proteicos abusos de poder, en monódicas voces del amo. Nada que ver, obviamente, con el bastardo pluralismo del more of the same; el que la Constitución invoca es el genuino y coral que se genera por copresencia de múltiples, libres y desiguales emisores, medios, fuentes, códigos, canales, criterios, orígenes, voces y estilos, inductores de opiniones públicas bien informadas, de ponderación, mutua tolerancia y democracia. 
Ese hermoso postulado nunca  se cumplió y hoy figura entre los imperativos constitucionales más salvajemente violados por su mismo promulgador, el teniente coronel Chávez, quien durante los 5.060 días de su reinado dedicó 243.404 minutos (casi un semestre) repartidos en 2.334 emisiones obligatorias de radio y televisión en cadena, a la intoxicación ideológica de la gente, robándole su libertad de emitir y recibir a medios y perceptores nacionales e internacionales, mientras exilaba líderes de opinión  y compraba, cerraba, vetaba, o  llevaba a la ruina decenas de órganos de información que adversaban su despotismo. El dictador siguiente elegido por el castrismo tras la muerte del primero, un obediente y telemanejado apparatchik, viene acelerando y extremando esa destrucción de pluralidad: se ha especializado en expulsar corresponsales extranjeros y retirar pasaportes, y en estos ocho meses de 2017 se ha dado el lujo neroniano de silenciar otros 49 medios. Su más reciente medida, el cierre de dos emisoras radiales capitalinas de arraigo y el oscurecimiento de las dos televisoras colombianas Caracol TV y RCN, se presta a reflexiones.
La primera es terminológica, de interés general y a la vez específico para profesionales y estudiosos de la comunicación (aunque trascienda ese mero aspecto). Cuando intentamos adjetivar, para denunciarlos, los graves problemas de comunicación creados por el chavismo, olvidamos que la comunicación es un enviar y un recibir, y manifestamos la errónea tendencia –de origen liberal-individualista anglosajón– a cobijar sus complejas y disímiles manifestaciones bajo el único estereotipado estándar de una pérdida de “libertad de expresión”. Al hacerlo, terminamos reduciendo los delitos de lesa comunicación solo a aquellos que disminuyen o suprimen la libertad del emisor, sin parar mientes en su más importante reverso: las masas de perceptores, o audiencias –tan protagonistas de la relación comunicacional como el emisor– contra cuya libertad de acceder a fuentes libremente seleccionadas también puede restringirse o suprimirse (para obviarlo, México se dio recientemente una ley sobre Derechos de las Audiencias). La triple estrategia de la dictadura contra la libertad de comunicar con pluralismo es clarísima y articulada: maximizar el poder emisor del régimen, minimizar el de la disidencia, propiciar un aislacionismo comunicacional que anule la presencia en el dial y en la red de terceras voces indeseables.. Vistos los catastróficos resultados de la primera de esas estrategias, el régimen terminó privilegiando las otras dos, y es ante esa parte destructora que le resta fuentes a los perceptores eliminando medios, sitios y voces críticas o disidentes, donde mejor se constata la insuficiencia de la fórmula feeedom of expression, que debería cuando menos acompañarse de una freedom of reception de igual rango. La conmutación léxica hoy más empleada en el país para indicar algo que se aproxima a esa libertad de recepción es “derecho a la información”, un giro insuficiente que reduce a la mera dimensión periodístico-informativa el complejo nivel de incomunicabilidad que genera el bloqueo de acceso a fuentes plurales y libremente elegidas. La sistemática violación gubernamental del artículo 58 constitucional afecta pues la totalidad de los procesos comunicantes del venezolano, incidiendo profundamente en su relacionamiento y socialización. Hay emisores por un lado y usuarios, perceptores o audiencias por el otro. La libertad/pluralidad del comunicar debe defenderse por igual/tanto en fase emisora como en fase receptora, siendo de un mismo rango el derecho de expresarse libremente y el de acceder a aquella libre expresión. Finalmente: conviene no olvidar que por encima de los dos casos específicos, la “libertad de expresarse” referida al emisor, y “la libertad de recibir” al perceptor, existe un noble y poco empleado término genérico, consagrado por la carta magna, que es precisamente “comunicación”, el cual abarca la totalidad de la relación. Habrá que seguir usando, cuando sea del caso, la fórmula anglosajona “libertad de expresión”, pero hay que recuperar el pleno empleo del más rico y polisignificante término “comunicación” que nos han legado griegos y latinos. Una manera –dicho sea de paso– de rendir un mínimo y permanente homenaje a aquella Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que no nació en ámbito anglosajón, que redactaran en 1789 gentes de cultura latina (Lafayette, Condorcet, Mirabeau, Mounier, entre otros), y cuyo artículo XI no defiende tan solo la libertad de expresión, sino “la libre comunicación de los pensamientos y opiniones” como “uno de los más valiosos derechos del hombre”.
La otra consideración concierne la sustancia política del problema: la estrategia chavista del silenciamiento interno y el progresivo aislamiento comunicacional del país.
El aislacionismo, el devolver  a su país decenas de corresponsales extranjeros, el llevar a tribunales a quienes reproducen en medios nacionales noticias internacionales mal vistas por el régimen o el prohibir la retransmisión en el país de cuanta agencia o emisora internacional tenga una visión crítica de nuestra realidad, es la más estúpida, extemporánea y contraproducente de las estrategias chavistas, pues ha hecho más que mil embajadores para regar por el mundo la certitud de que en Venezuela vivimos en dictadura. En los años ochenta, en plena Guerra Fría, un colega soviético reveló a quien escribe que la URSS gastaba 1 millardo de kilovatios anuales para introducir ruido en las emisiones que los occidentales dirigían a Rusia, y que tal esfuerzo no hacía sino agudizar la sed y la ingeniosidad de la gente para captarlas. Sucedió decenios antes de la irrupción de Internet, lo que eleva a “n” potencia la estupidez del aislacionismo comunicacional chavista inspirado en una férrea dictadura cubana sumida en el oscurantismo y el atraso tecnológico. Eso de embozalarle al venezolano las voces del mundo y aumentar progresivamente los controles sobre la red debieron ser, con toda probabilidad, recomendaciones del ex ministro cubano de Informática y Comunicaciones Ramiro Valdés, admiradísimo por el Chávez que le compró centenares de emisoras para las comunitarias y los nuevos pasaportes, plantó con él la bandera cubana en el Panteón, le confió, absurdamente, la presidencia de una comisión venezolana para problemas energéticos y en marzo 2009 se dejó convencer a firmar un decreto presidencial (el 6649) que prohíbe en la administración pública venezolana el uso de la telefonía celular, las plataformas tecnológicas y el empleo de Internet, declarados gastos suntuarios y superfluos (¡sic!). ¿Qué más esperar de un consejero cubano que declaró un día en un congreso que Internet era “una diabólica invención del capitalismo para la destrucción de la humanidad”?
La minimización chavista de la vocería nacional disidente, cada día más próxima a su meta final, representa, en perspectiva política, una de las facetas más exitosas del proclamado hegemonismo comunicacional que el régimen persigue impertérrita y oficialmente. En la España, hoy felizmente periclitada, la autoridad mataba de espada a los criminales de casta y de garrote vil a los del pueblo llano. Pudiera decirse, con metáfora imperfecta pero pertinente, que el castrismo mató de espada los medios cubanos, y que a nosotros nos tocó durante dieciocho años el lento y doloroso garrote vil, que en el prioritario campo radioeléctrico han venido aplicando con celo los pequeños Goebbels que han presidido Conatel, un ente regulador del buen uso de las frecuencias convertido en comisariato político de la dictadura, y en el impreso un monopolio estatal del papel-imprenta. Las dictaduras siempre se fabrican una lógica interna tan implacablemente coherente como la de las tiras cómicas. La nuestra es de estirpe militarista, y ha impuesto al país y sus comunicaciones una lógica, un lenguaje y una acción que solo tienen alguna razón de ser en tiempos de guerra. Hay que yugular los medios disidentes porque todo disidente es un enemigo; todo protestatario un traidor a la patria a juzgar en tribunales militares; todo crítico un aliado de poderosos enemigos externos; toda denuncia de delitos gubernamentales un crimen de lesa patria; no ser adictos al régimen (Maduro dixit) es “conspirar en el golpismo”; las grandes manifestaciones de calle se liquidan hasta con un centenar de muertos. ¡Temibles ucase para informadores! La porción mayor del silencio o la neutralidad mediáticos son hoy aportes de la autocensura, máxime en el medio radio, cuya mayoría de emisores aceptaría de buena gana hasta las cadenas presidenciales si el régimen tuviera la gentileza de cancelarles el tiempo utilizado.
Pero acá también el chavismo se equivoca. En tiempos de Internet las intoxicaciones o hipnosis políticas de enteras sociedades al modo soviético o nazifascista ya no son posibles, y el ideal goebbeliano de “convertir una ideología en religión de Estado” es una quimera.  Entrabar el normal funcionamiento de los transportes públicos, de la telefonía y de la red durante las manifestaciones de la oposición es recurso pueril, más propio de miserables caciques de pueblo que de jefes de Estado. El cierre a granel de emisoras nacionales e internacionales no solo confirma internacionalmente el carácter dictatorial del régimen, sino que refuerza en el venezolano el anhelo de libertad.
La ilegítima constituyente cocina ahora una nueva ley contra el odio, que pudiera convertirse en la clava para el golpe de gracia a lo que queda de libertad con pluralismo. ¿Estarán repitiendo la Historia por haberla olvidado, desconocen importantes antecedentes? En julio 2009, por ejemplo, la fiscal Ortega presentó a la Asamblea chavista un proyecto de ley especial sobre delitos mediáticos, abortado, cuyo artículo 11 castigaba con prisión de dos a cuatro años a quien promoviere “la guerra, la violencia, o el odio u hostilidad entre sus habitantes”. Será un olvido táctico; lo que no pueden absolutamente ignorar que antes, entre 2004 y 2005, ellos mismos (Maduro, Flores, Tascón, Vivas, Carreño, Varela y otros) sí lograron introducir cambios en el Código Penal finalizados a castigar “delitos de expresión”, “terrorismo mediático”, la “instigación al odio entre venezolanos”, la “conspiración”, la “exposición al desprecio u odio público” y el “crear pánico”. Los artículos por ellos modificados fueron el 286, el 296A, el 297A, el 297B y el 444. Las penas son allí igualmente severas, con una muy relevante precisión: que todas ellas son “aumentadas de un tercio si el delito es cometido por funcionario público”.
¿Reconfirmarán los neolegisladores en su nueva ley este fundamental precepto o lo mandarán a borrar del Código Penal? Cosa grande sería que lo dejaran, para que el día que vuelva la justicia y haya entonces base jurídica para enjuiciar las cúpulas de los regímenes chavistas que llevan casi veinte años llamando, en cadena nacional,  al desprecio del “escuálido” y al odio de clase.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/comunicaciones-libre-plural_203796

lunes, 24 de julio de 2017

TEMPO BERGSONIANO

EL NACIONAL, Caracas, 23 de julio de 2017
El chavismo resto de naufragio
Antonio Pasquali

Churchill fulminó un día a un ex correligionario pasado al partido rival calificándolo  de “única rata que vio subir a un barco hundiéndose”.

El símil de montarse estúpidamente en un barco que se va a pique ilustra perfectamente  la absolutista y antihistórica decisión, adoptada por el coronel-presidente Chávez, de subir Venezuela a la nao del  comunismo marxista después de que  cuarenta y seis países y territorios del mundo la habían abandonado dejando tras sí una espantable estela de casi cien millones de  muertos. Sucedió en un período en que la entera humanidad internalizaba el definitivo hundimiento del marxismo-leninismo encarnado en el difunto “bloque soviético”, el cual dejaría flotando en el proceloso mar de la historia  periféricos y poco relevantes restos a la deriva de ese gran naufragio, tipo  Corea del Norte o Cuba.

Tan desfasada y sadomasoquista decisión, monárquicamente adoptada por quien llevaba el reloj del devenir detenido en los años de la Guerra Fría y de la Teología de la Liberación, comenzó a reproducir en Venezuela –quince años después de caído el Muro de Berlín– la entera secuencia de desgracias ya padecidas y superadas en cuarenta y seis ámbitos mundiales: totalitarismo personalista, violación serial de leyes y costumbres, colectivismo, gulags, espionaje a tapete y escuadrones paramilitares, caótico centralismo económico, devastación de aparatos productivos, retraso tecnológico, hambrunas y destrucción de libertades esenciales, a las que la vesania chavista añadió, por suma vergüenza nuestra, otros cinco padecimientos casi desconocidos a las anteriores víctimas del comunismo: catastrófico aumento de una criminalidad impune, narcotráfico, inflación anual de hasta tres dígitos, picos de mortalidad por graves carestías médico-farmacológicas y un presidente modelo 1984 sermoneando implacablemente al país en retransmisiones obligatorias que promediaban los 40,02 minutos diarios. El coronel de marras no solo le endilgó a Venezuela un modelo político fenecido por mor de sus errores conceptuales, inhumanidad y pasmosa ineficiencia, sino que logró la hazaña de empeorarlo.

Chávez no venía en línea recta del comunismo como su hermano Adán o como Nicolás Maduro, el sucesor nombrado a dedo, quien en 1987, cinco años antes del intento chavista de golpe contra Carlos Andrés Pérez, ya era egresado de la escuela para la formación de cuadros políticos  “Ñico López” de La Habana y, se ha dicho, confidente de los cubanos en Venezuela y autor de los primeros intentos por lograr un contacto de Chávez con los Castro.  En 1992, año del asalto chavista a Miraflores, el derrumbe del comunismo ya era un hecho adquirido. Desde 1985 Gorbachov había incorporado al fosilizado vocabulario de la nomenklatura soviética los lubricantes términos de glasnost (liberalización) y perestroika (reorganización), el Muro de Berlín había caído en 1989 mostrando ese mismo año el camino a Checoslovaquia y Rumania, en 1990 a Polonia y Bulgaria y en 1991 a Hungría. Siempre en el crucial 1991 Gorbachov había disuelto la URSS, Yeltsin ilegalizado el PCUS y la humanidad declarado oficialmente extinguida la Guerra Fría, dando paso a los primeros tratados de desnuclearización.

Abundantemente visitado por admiradores, Chávez transcurre dos años, hasta 1994, en la cárcel de Yare, y no hay razón de sospechar insinceridad en sus declaraciones de 1998 a un periodista peruano: “No soy socialista” ni en las de 2004 a CNN: “No soy comunista… tengo aproximaciones al pensamiento socialista y progresista, pero no soy marxista”. Es en 2007 cuando comienza a oler a insincera y oportunista la declaración en uno de sus Aló, Presidente: "El PSUV no va a tomar las banderas del marxismo-leninismo porque eso es un gran dogma que ya pasó", pues dos años antes, en 2005, había declarado a un periódico caraqueño: “Llegué a pensar en una Tercera Vía… estaba confundido… hoy estoy convencido de que ella es imposible… Me convencí de que el camino es el socialismo". Pero es solamente el 15 de enero de 2010 cuando Chávez declara solemnemente ante la Asamblea: “Por primera vez asumo el marxismo”, afirmación que ya evidencia una salida programáticamente retardada del closet ya que  a) cuatro años antes, el 10.11.2005, había resumido su universal proyecto político  al vicepremier ruso Zhukov, en Miraflores, en términos más de una vez recordados en estos artículos: “Hacer de América Latina la Stalingrado de las ideas, para que sea lo que Rusia no pudo ser”, b) su intento de reforma constitucional socialista ya llevaba tres años de haber abortado en referéndum y c) su propósito también frustrado de instalar en Venezuela, a lo soviético, un partido único, el PSUV, que se había igualmente producido en 2006/2007.

Sea cual fuere el tempo bergsoniano de su acercamiento al comunismo, lo demostrable es que su comportamiento político  anterior a la breve renuncia de 2002 fue grosso modo el de un militar golpista estándar cruzado con toques de animismo religioso, mucho populismo,  propensiones izquierdosas y pragmático oportunismo político. Durante el ínterin del “Congresillo” en 1998 ordenó aprobar, porque le convenía electoralmente, una Ley de Telecomunicaciones enteramente redactada por su futuro enemigo el sector patronal. Su difusamente debatida y negociada  Constitución de 1999 es, con pocas excepciones, una carta magna aún válida que a lo sumo admitiría enmiendas pero estructuralmente democrática, defensora de derechos humanos, progresista, libertaria, modernizadora y pluralista, incluso con dos excepcionales e inéditas válvulas de seguridad: la del Art. 72 (referéndum revocatorio de medio período) y la de los Art. 333, 337 y 350 (restablecimiento popular de la democracia en caso de degradación). En su Reglamento de Radiodifusión sonora y Televisión  abierta comunitarias refrendada en enero 2002 (un último ejemplo), un entero capítulo versa sobre la obligación impuesta al concesionario de practicar el pluralismo político, “absteniéndose absolutamente de transmitir mensajes partidistas o proselitistas de cualquier naturaleza” (¡sic!).

Este fue el Chávez de una breve “fase A” inicial ya fuertemente autoritaria pero precomunista, que se autonegaría progresivamente en la “fase B” comenzando por su propia Constitución, cuya edición azul blandía día y noche ante las cámaras para despistar a la gente mientras la ponderaba cada vez más cual plomo en las alas de su proyecto revolucionario. En 2007 creyó llegado el momento de lanzar un referéndum constitucional para modificar 69 de sus artículos y proceder a la “edificación del socialismo”, que convertirían a Venezuela de “Estado democrático” en “Estado socialista”.

Aunque con estrecho margen, fue su primera gran derrota y la primera bocanada de oxígeno para la disidencia, que en su mejor coprolalia cuartelera calificó públicamente Chávez de “victoria de mierda”, jurando que no retiraría “ni una sola coma de su propuesta, la cual seguiría viva”. Así fue; rebautizó la propuesta Plan de la Patria 2013-2019, y la lanzó al ruedo en junio de 2012, nueve meses antes de su muerte; una suerte de Constitución-bis que, a solicitud de Maduro aprobó la Asamblea chavista en diciembre 2013, declarándola “de obligatorio cumplimiento en todo el territorio nacional”. Pero fueron los cubanos quienes, poco antes de la muerte de Chávez en fecha imprecisable,  lograron rematar en belleza el iter venezolano al comunismo (su gran prioridad estratégica) al imponer de heredero un obediente miembro del aparatchik, aquel mozo por ellos perfectamente condicionado a la inflexible ortodoxia marxista-leninista en la “Ñico López” de los años 80; y no caben dudas de que Maduro –un presidente que nunca dejó de enviar petróleo a los cubanos mientras sus compatriotas mueren por falta de medicamentos–  vino aplicando al caletre las lecciones recibidas sobre establecimiento de regímenes comunistas.

La historia también habrá de recordar, de paso, que con ocasión del Plan de la Patria los apologistas criollos del régimen superaron cualquier antecedente estalinista o ceausesquiano.  En uno de sus textos, aún en red, se asegura que “a la Biblia, el Corán, el Manifiesto Comunista, la Declaración Universal de los DD HH y otros documentos que han  marcado un hito en la historia religiosa, económica, política y social de la Humanidad, se sumó este mes, convertido en Ley de la República, el Plan de la Patria…obra maestra de…ese visionario que fue Hugo Chávez”.       

Todo esto huele hoy definitivamente a ridículo, patético y vetusto, a moho y  ballena muerta urgida de desinfectantes. Venezuela, que todo lo tuvo para ser la Suecia de Latinoamérica, da por perdidos en la desgraciada aventura chavista veinte años de progreso, fértil crecimiento demográfico, inmensas riquezas, pleno empleo y buena educación, actualización tecno-científica, mejor salud  y superior calidad de vida. Para medir el terrible desfase en el que hundió su país el coronel de relojes atrasados basta levantar la cabeza de la huerta nacional y otear un mundo que emprendió definitivamente nuevos caminos.

Milenarias y centenarias cosmologías, filosofías, concepciones del mundo, grandes ideologías y grandes utopías, históricos partidos políticos, poderosas centrales sindicales… todo ello ha ido derivando hacia una crisis irreversible por su incapacidad de comprender el mundo nuevo creado por otros ideales de vida, sobrecogedores avances tecno-científicos, inéditas vulnerabilidades, medios de destrucción masiva, temibles fundamentalismos, migraciones, longevidad y sobrepoblación, preludios de catástrofes ecológicas,  amenazas a lo humano de la robótica y la inteligencia artificial. Por doquier se respira aire de desestancamiento y antifosilización, de abandono de los viejos grandes sistemas cerrados, las weltanschauung o concepciones del mundo que todo lo pretendían abarcar y ya no permiten entender, desde ellas, el mundo nuevo.  Sobreviven como razones válidas solo las que se ubican en las fronteras de algo con algo y se ejercitan en un pensar inter, trans y multidisciplinario, allí donde sucede lo único que se cree vale la pena observar.

Esta universal e irreversible inanidad de muchas tradicionales balizas conceptuales, axiológicas, sociales y políticas con las que se pensó y entendió el mundo en otros momentos, reduce a episodios antihistóricos y grotescos los intentos de nadar contra las nuevas tendencias fuertes o de revivir pasadas quimeras políticas hoy execradas y abandonadas, como sería el caso de regiones intranacionales que persiguen independizarse en un mundo que viaja  hacia la unidad de la Familia Humana, o de regímenes desfasados que intentan reflotar ideologías y políticas ya irremediablemente naufragadas.

Hoy día, en el panorama mundial, nuevas ideas-fuerza van tomando la delantera:

         a) el progresivo abandono –programático y hasta denominativo– del monolitismo doctrinario y fáctico de los grandes e históricos partidos: comunistas, socialistas, demócratas cristianos,  conservadores, liberales, demócratas, republicanos, derechas e izquierdas etc., cuya diversidad tiende a difuminarse y asimismo de las rígidas y omnímodas centrales sindicales, y su remplazo por pragmáticas fórmulas à la carte, negociaciones directas patrono-trabajadores, o eclecticismos otrora considerados heréticos (como la consigna “enriquézcanse, le conviene al país”, del PC chino),

         b) ante situaciones críticas gerenciadas por gobernantes demagogos, la asunción de políticas populistas, nacionalistas y antiinternacionalistas, antiglobalización y anti OIG, proteccionistas y aislacionistas, en ciertos casos extremistas, racistas o fundamentalistas, como es hoy el caso de varios países de la ex cortina de hierro y de parte del mundo islámico, parcialmente de Venezuela, de Turquía y (¡cosas veredes!) de Estados Unidos, y

         c) la búsqueda de inéditos, pragmáticos, suprapartidistas y algo eclécticos centros de gravedad política, sin autarquías mentales ni rémoras ideológicos, que tratan de combinar lo eficiente de la democracia representativa y del capitalismo con una sensibilidad social real y fáctica a la escandinava y con los imperativos ecológicos, en un ámbito de tolerancia y solidaridad universales.

Resto desfasado y disperso del naufragio marxista-leninista, el chavismo ha protagonizado el único intento de los últimos decenios por reintroducir en un cuadro político nacional –contra la tendencia mundial a su abandono–  un solo y monolítico partido controlado y presidido por el propio presidente de la nación; comparte con otros un estilo de gobierno fuertemente populista inclusive en lo económico que lo ha llevado a una cesación de pagos y al borde de la bancarrota, generando a la vez el modelo del presidente-predicador; ha invisibilizado todas las disidencias y negado con violencia armada los valores constitucionales del pluralismo, ubicándose en las antípodas de la tercera tendencia, hoy predominante y la de más porvenir.

Esta última, por la que habrán de pasearse quienes diseñen el poschavismo, nació en el crisol europeo y merece una breve consideración por la lección que contiene.

A mediados del pasado siglo, tras reconocer –como decía Simone Veil– que Europa había sido durante siglos una interminable sucesión de guerras hasta desembocar en las dos inmensas carnicerías mundiales del siglo XX, mentes iluminadas como las de Monnet, Adenauer, De Gásperi y Schuman imaginaron y dieron vida en 1957/1958 a una Europa comunidad de naciones; tal vez la decisión pacifista más importante de la historia de la humanidad. Terminaron prevaleciendo en esta los aspectos mercantiles, representados por la moneda única y, a los sesenta años, sobrevino la crisis. Principalmente suscitada por una reacción xenófoba a los flujos migratorios y cierta intolerancia a los poderes supranacionales de decisión, una marejada populista, proteccionista y separatista comenzó a conmover la Comunidad con epicentro en “la pérfida Albión” donde en junio  2016, con corto margen, ganó por referéndum  el brexit, el abandono de la Unión.

Europa temió durante meses por su decadencia o disolución, pero la “tercera vía” del pragmatismo suprapartidista (la que Chávez había execrado en 2005) impuso su irreprensible racionalidad y la salvó literalmente de un salto atrás que hubiera sido poco menos que una catástrofe para ella y el mundo. En marzo 2017, contra todos los pronósticos, Holanda borró prácticamente de su mapa político el partido socialdemócrata (conforme a la primera de las tres tendencias señaladas), pero derrotó estrepitosamente al populista ultraderechista y antieuropeista Geert Wilder en favor del centrista Rutte, mientras que en Alemania se da por cierta la victoria, en septiembre próximo, de Angela Merkel, columna mayor del europeísmo; siempre el pasado marzo, los 27 países miembros de la comunidad, al celebrar el sexagésimo aniversario de la firma del Tratado de Roma, declararon solemnemente:  “Nuestra Unión es indivisa e indivisible… queremos que tenga la voluntad y la capacidad de desempeñar un papel fundamental en el mundo y de modelar la globalización”; en junio, importantes elecciones administrativas en Italia también pusieron en crisis al partido socialdemócrata, pero reflotaron al ex premier Renzi, europeísta, y casi liquidan a los movimientos M5 y Liga Norte, antieuropeistas y antimigraciones;  siempre en junio, Theresa May, piloto oficial del brexit, por poco pierde la silla ante el contrincante Corbin, europeísta, en una justa que debía más bien fortalecerla.

Pero el caso más eclatante y exitoso de “tercera vía” con derrota del populismo y del antieuropeismo, es el del francés Emmanuel Macron, un casi desconocido enarca treintañero de breve pasado político sin etiquetas, ganador en mayo de las elecciones presidenciales con 66% de los sufragios y convencido europeísta,  que barrió con el peligro que se cernía sobre su país: la llegada al Eliseo de la populista, antieuropeista, antimigraciones y cripto-fascista Marine Le Pen.    
  
En 2005, como recordábamos, Chávez declaró a la prensa capitalina que acarició la hipótesis política de una “tercera vía” que le había resultado intransitable, por lo que había tomado la que él disfrazaba bajo el vago apodo de “socialista”. La dramática situación de la Venezuela de hoy muestra cuan equivocada fue esa decisión. Mientras la clase política del país no internalice esta dura lección de la historia y la objetiva imposibilidad de rehabilitar lo definitivamente hundido, el país seguirá flotando sin destino en el lento río del devenir cual miserable resto de un lejano naufragio, porque así lo decidió un infausto día un porfiado y desfasado cacique local.

Fuente:
http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/chavismo-resto-naufragio_194616

domingo, 16 de agosto de 2015

OSCURANTISMO

EL NACIONAL, Caracas, 16 de agosto de 2015
El culto a la personalidad
Antonio Pasquali

Un mosaico de una céntrica estación del metro de Pionyang representa a Kim Il-Sung estimulando con su mirada el crecimiento de los girasoles. Uno de los rasgos relevantes del culto a la personalidad es su ridiculez; el cuerdo la capta, el intoxicado ya no, el venerado en vida, por narcisista autosugestión, termina sintiéndose enviado de Dios, por lo que estima lógico ser objeto de culto. Pero ese culto no es un intrascendente episodio en el devenir de ciertas naciones, sino la peligrosa excrecencia de irresueltos traumas sociales, un espantable salto atrás a lo irracional y a la sumisa manada falsamente “protagónica”, como le sucedió al país de Leibnitz y Goethe, de Kant y Beethoven, que parió a Hitler, el monstruo. Dondequiera que se produzca esa regresión, allí hay oscurantismo, merma de racionalidad y estragos de todo tipo.
Los historiadores Carrera (1970) y Pino (2003) abrieron camino a la razón estigmatizando el culto monoteísta a Bolívar. Correspondió a Ciudadanía Activa el mérito de haber denunciado, en un video de 2006, el narcisismo de Chávez y el culto en vida a su persona, matrices del “totalitarismo del siglo XXI”. Y no era para menos: desde su ouverture: “Yo soy el único que puede gobernar este país” y su intermezzo: “América Latina será lo que la Unión Soviética no pudo ser”, hasta su titánico finale: “De mi reelección depende en gran medida el destino de la humanidad”, el delirante narcisismo de Chávez (un Chimborazo permanente) no podía sino dar vida al peor salto atrás de la historia nacional, un culto exacerbado a la personalidad que el Diccionario Soviético de Filosofía –tras el terremoto político de 1964– se había apresurado a condenar por “debilitar en cada individuo el sentido de responsabilidad por la causa común”.
Muerto en circunstancia y fecha misteriosas el Narciso nacional –objeto en vida de una veneración más planificada por la ingeniería publicitaria que espontánea– el régimen calculó esencial mantener en vigencia la línea de culto Bolívar-Chávez, y procedió a una transmutación propia del pensamiento mítico: totemizar al difunto objeto de culto convirtiéndolo en “el antepasado…cuyo espíritu protector envía oráculos a sus hijos y los protege” (Freud: Totem y Tabú) con toda su secuela de ritos, estereotipos semánticos para evocarlo, juramentos de fidelidad a su legado y hasta pajarillos-oráculo. Esto, para dejar en vida –con nuevos gastos publicitarios– el halo mítico que se le había fabricado a Chávez en el imaginario colectivo, a fin de mantener el basamento del régimen fuertemente anclado en la irracionalidad pre-lógica, fetichista y afectiva, ya que un decidido retorno del país a la razón traería su pronta desaparición.
Contrariamente al pensar utópico, revolucionario, libertario, laico y sin modelos, el pensar mítico es ontológicamente conservador, reaccionario y confesional: totemiza y congela cómodamente su arquetipo de perfección en el pasado, ritualiza su veneración y reduce la historia a un intento de conservarlo y revivirlo. Así, el mantenido culto a Chávez es hoy el principal instrumento ideológico, irracional y oscurantista manipulado por sus sucesores y vestales del mito para conservarse en el poder.
La minoritaria corriente racional-chavista ¿tendrá en su seno a un Kruschev criollo con guáramo para denunciar ante el congreso del PSUV esa lacra oscurantista, reaccionaria y desmovilizadora que es el culto a la personalidad de Chávez? Hay un meritorio e inspirador caso reciente. En Costa Rica, el minúsculo y virtuoso país con 67 años sin gastos militares, su presidente, Guillermo Solís, acaba de firmar un decreto que prohíbe todas las formas del culto a la personalidad, desde las fotos en dependencias oficiales hasta las placas en inauguraciones, que sólo podrán llevar la fecha de terminación de la obra. “Las obras públicas son del país y no de un gobierno o funcionario en particular…el culto a la imagen del Presidente se acabó”, declaró al firmar el decreto. ¿Y por qué no seguir el ejemplo que San José dio?

domingo, 24 de mayo de 2015

PÓLVORA

EL NACIONAL, Caracas, 24 de mayo de 2015
Sí, es dictadura
Antonio Pasquali

Los regímenes chavistas sí fueron y son dictatoriales, y casi todos sus muertos, torturados, encarcelados, inhabilitados, desposeídos, acosados y silenciados con prepotencia o amaños son héroes nacionales que –lejos de “subvertir el orden democrático”– intentaron riesgosamente restablecerlo sustanciando los artículos 350 y 333 de la Constitución que obligan a “desconocer cualquier régimen… que contraríe los valores… democráticos” e imponen “el deber de colaborar en [su] restablecimiento”.
Esta precisión vuelve a imponerse ante recientes declaraciones de Teodoro Petkoff a BBC que el acucioso Gustavo Coronel ha comentado en su blog. Teodoro, nuestro pluripremiado y máximo líder demócrata de opinión, encarna la imagen del político lúcido y honesto, y su resistencia al régimen desde Tal Cual ha sentado un modelo de dignidad mediática que no se autocensura ni se vende. Pero Teodoro tiene sus terquedades. Cree porfiadamente, por ejemplo, que “este es un gobierno autocrático, no dictatorial…; la gente podrá pronunciarse en las urnas… si logra una mayoría tendrá un espacio político muy amplio”, y como hace diez años, cuando declaraba que “lo mejor que le puede pasar al país es que Chávez termine su mandato”, asegura hoy (cual si tuviéramos un CNE suizo) que “Maduro puede terminar su período…” ya que “el chavismo puede ser derrotado [en las urnas]”. En su http://www.lasarmasdecoronel.blogspot.com/, Gustavo impugna esa reducción de dictadura a autocracia, y reprocha a Teodoro por “mostrarse tan tolerante, para no dar la impresión… de estar pasando al bando… del ‘imperialismo”.
Gustavo tiene razón. Demasiados argumentos históricos y conceptuales invalidan la terquedad de Teodoro. Todo cambia y no existen, como él cree, dictaduras “piedras de toque” para medir a las demás; así como las guerras fueron de trincheras, luego de guerrilla, y mañana serán cibernéticas, asimismo hubo dictaduras genocidas y otras “del siglo XXI” sin paredón, que tuitean y toleran rendijas de libertad para fingir. La nuestra viola en forma serial la Constitución para liquidar en cámara lenta derechos, pluralismos y oposiciones, ha restaurado el peor militarismo anticivilista, eliminado la independencia de poderes y modificado caprichosamente todos los símbolos patrios, ha degradado el Banco Central y Pdvsa a opacas cajas chicas del dictador, controla los mecanismos electorales y el hoy servil Poder Judicial, ha dilapidado irresponsablemente 1.000 millardos de dólares (de los cuales 192 se fugaron, 69 fueron robados por sobrefacturación y 20 se extraviaron, aseguran los expertos) y destruido el país productivo, desfigurado las relaciones internacionales por delirios de grandeza del dictador y proporcionado cuotidianas dádivas millonarias a los cubanos mientras Venezuela se muere de mengua, persigue la hegemonía en comunicaciones, ha encarcelado o inhabilitado todo opositor de talla y rechazado groseramente la intermediación de OIG, ONG e ilustres demócratas del mundo. ¿Bastará para llamarla “dictadura”?
Doctrinariamente hablando, cinco rasgos esenciales definen la dictadura, y el Lector juzgará si encajan con el modelo chavista: 1) el absolutismo (cacicazgo sin controles parlamentarios reales y plurales; des-autonomización de las instituciones republicanas); 2) el irrespeto a la Constitución y las leyes; 3) el personalismo (solo el taumatúrgico jefe supremo encarna los intereses comunes, todo lo decide él), 4) el totalitarismo (concentración hegemónica de todos los poderes con delegaciones ficticias); 5)el intento de eternizarse en el poder modificando las constituciones.
El tema del origen del poder, que los condescendientes aman citar, es irrelevante: una dictadura puede ser hija degenerada de elecciones limpias pues estas no garantizan en absoluto la democraticidad del período que inauguran, así como el bautismo no garantiza la cristiandad de una vida. Chavismo y madurismo sí fueron y son dictaduras, y ni siquiera del proletariado sino militaristas y del más rancio y corrupto modelo latinoamericano.

sábado, 14 de junio de 2014

BREVE SELECCIÓN CASTRENSE (3)

EL NACIONAL, Caracas, 5 de junio de 2002 / Opinión
¿Podrá la revolución destruir la FAN?
Aníbal Romero

Desde la perspectiva civil, el error fundamental que no pocos han cometido con respecto a la revolución bolivariana ha sido el de pretender que se trata de un proceso y un régimen democráticos normales, aquejados tal vez por ciertas excentricidades pero en el fondo semejantes a otros populismos tradicionales latinoamericanos. Las constantemente frustradas esperanzas de rectificación, el tortuoso destino del “diálogo”, las reiteradas decepciones de los que, con ilimitada ingenuidad, apuestan día tras día a la conversión de este régimen en algo medianamente sensato y razonable son testimonio elocuente de la magnitud del desatino, en cuanto al juicio en torno a la verdadera naturaleza de la revolución chavista. Hay que repetirlo hasta el cansancio: en Venezuela estamos enfrentados a un cáncer político que no tiene curación en los términos ortodoxos de la medicina democrática.
Ahora bien, desde la perspectiva militar –y en forma paralela–, el error de cálculo ha consistido en presumir que la revolución puede coexistir con la estructura militar sustentada en el profesionalismo meritocrático y la excelencia operativa que Venezuela, a enorme costo, se dio a sí misma estos pasados cincuenta años. Pero esta es una ilusión. La verdad sencilla es que existe una incompatibilidad esencial entre el “proyecto” y la concepción de una Fuerza Armada basada en criterios modernos de apoliticismo, subordinación a un poder civil legítimamente constituido, y ocupada de sus tareas primordiales en resguardo de la seguridad y defensa nacional. Del mismo modo que Hugo Chávez jamás ha estado interesado en gobernar, sino en hacer una revolución, así también su propósito siempre ha sido desmantelar el estamento castrense profesional venezolano y transformarlo en un instrumento al servicio de un objetivo revolucionario.
La inequívoca realidad de estas aseveraciones se hace cada día más patente para todos en Venezuela, civiles y militares por igual. En un principio, una parte sustancial del estamento castrense nacional creyó posible la convivencia entre sus valores, intereses y fines institucionales y los del “proyecto”. A la manera de muchos civiles, que se negaban a admitir que Chávez y su proyecto no son pura retórica y sus propósitos desestabilizadores mucho más que una cruda pesadilla, los militares consideraron factible el desarrollo de su tradición profesional en el marco del régimen “bolivariano”. Sólo la dura experiencia, inequívocamente patentizada ante los ojos de todo el país, ha logrado disipar estas fantasías. Sólo los más ilusos, o los más oportunistas entre los oficiales de la FAN, piensan hoy que su institución logrará sobrevivir la consolidación del experimento revolucionario. El dilema para el estamento castrense nacional es claro e inescapable: con la “revolución” serán destruidos irremisiblemente. Su destino será el de una milicia politizada con rasgos parciales de guardia pretoriana.
Uno se cansa de decir estas cosas, de repetirlas, de advertir y alertar, para hallar tantos oídos renuentes que hacen recordar aquello de que “no hay peor sordo que el que no quiere oír”. Los hechos, los simples, descarnados, aplastantes y fatídicos hechos vienen una y otra vez a comprobar la verdad de lo que hemos venido sosteniendo estos pasados tres años: El objetivo de la revolución es destruir la FAN, y bastante ha avanzado en esa dirección. Hoy, nuestra institución militar está gravemente herida en su estructura de liderazgo, en sus esquemas de valores, en su unidad y en su capacidad operativa. ¿Cuántos F–16, cabe preguntarse, pueden ahora volar y operar con alguna eficacia? ¿Cuántas fragatas misilísticas? Cuántos tanques AMX–30 y Scorpion? ¿Cuál es la situación de la artillería del Ejército, de sus sistemas de comunicación, de sus reservas de municiones, del apresto y entrenamiento de las tropas? Sería demasiado pedir a la pobre Asamblea Nacional que tenemos que se ocupe del deterioro de nuestra FAN. De hecho, a los chavistas les tiene sin cuidado el derrumbe del equilibrio militar entre nuestro país y Colombia. Somos afortunados de no hallarnos ante el riesgo inminente de una confrontación con el aguerrido, bien equipado y numeroso Ejército del vecino país, ocupado como está en la lucha contra la guerrilla. Da temor preguntarse qué podría pasar si de pronto las circunstancias fuesen otras, como lo fueron en 1987 ante el reto de la corbeta Caldas. Pero insisto: al régimen revolucionario esto le tiene sin cuidado. Su meta es acabar con la FAN, y para ello cuentan con la abyecta colaboración de un grupo de oficiales que han empeñado su destino y el de su institución en la tienda de baratijas del “proyecto”.
Las consecuencias son terribles, para la FAN y para Venezuela.

EL NACIONAL, Caracas, 24 de abril de 2002 / Opinión
El triste papel de la FAN
Aníbal Romero

Cabe preguntarse si los militares venezolanos, en especial los que ocupan posiciones de mando, se han percatado de la sensación de repudio que cunde entre significativos sectores de la sociedad civil, con respecto a las actuaciones del estamento castrense durante los días fatídicos del 11 al 14 de abril, cuando nuestra sociedad se asomó al abismo donde está siendo empujada por la “revolución bolivariana”. Ese repudio alcanza también, desde luego, al grupo de civiles que protagonizó los disparatados episodios de la provisionalidad, malgastando en pocas horas el extraordinario esfuerzo de resistencia cívica que venía desarrollándose desde el 10 de diciembre.
Con relación a esos eventos, y a los que vendrán, no pueden los militares excusarse tras un presunto velo de ignorancia, argumentando desconocer las tendencias fundamentales de la “revolución”. Desde un primer momento, Hugo Chávez expresó el propósito de politizar al estamento castrense y convertirlo en instrumento de su ambición de poder. Muchas y reiteradas han sido las advertencias que se han hecho acerca del desatinado y peligroso rumbo, contrario al interés de la democracia y de nuestra posición geopolítica, de un proyecto cuya esencia es la violencia y la mentira, sustentadas en el uso artero de una precaria institucionalidad.
El 11 de abril se concretó lo que algunos persistentemente habíamos sostenido que ocurriría, es decir, el uso abierto de la violencia como herramienta de intimidación y lucha política “revolucionaria”.
Con la horrenda masacre de esa fecha, no sólo quedó en evidencia el sentido auténtico del proceso revolucionario, sino que se abrió una enorme grieta en la confianza que la ciudadanía ha depositado tradicionalmente en la FAN como garante de las vidas de los civiles desarmados, que tenemos el derecho a protestar pacíficamente contra una situación que a muchos nos parece intolerable. La FAN fracasó en una misión clave, la de preservar la paz interna y la integridad de la gente. Pudimos, además, observar en televisión a miembros de la Guardia Nacional y la Guardia de Honor presidencial colocándose del lado de los círculos bolivarianos, de grupos armados fuera de la ley, que constituyen un inocultable segundo ejército a las órdenes de hombres de violencia, un ejército estructurado y financiado por el Gobierno “revolucionario”. ¿Y qué decir de la pasividad militar ante los saqueos en Caracas? Los acontecimientos posteriores a la masacre mostraron unos altos mandos militares confundidos, atemorizados, incapaces de hilvanar una clara respuesta moral y política frente a la ilegitimidad de un mandatario que había no solamente roto el pacto social básico de un orden civilizado, sino que también claudicó sus responsabilidades y solicitó salir del país. Los planteamientos leídos por los distintos oficiales que aparecieron en los medios de comunicación los días 11, 12 y 13, jamás tocaron el fondo del asunto: la evidente carencia de legitimidad del Presidente y su Gobierno arbitrario, un Gobierno que ha llevado a la desesperación a millones de venezolanos, y que ha conducido a la decadencia operacional de la FAN, al quiebre de su disciplina, a su fractura institucional y ahora a su humillación moral.
¿Y todo esto para qué? El hecho de que un puñado de civiles, con sus insólitas y miopes acciones, haya acabado por destruir el inmenso esfuerzo de tantos, no disminuye en nada la cuota de responsabilidad de los militares en la tragedia que ha venido perfilándose estos pasados tres años, y que todavía se cierne sobre el futuro de Venezuela. Se dice que ahora el estamento castrense ejerce una tutela sobre el funesto personaje que prosigue a la cabeza del Estado. De ser así: ¿qué van a hacer?, ¿cuál es el rumbo que tomará Venezuela? ¿Es que acaso los dramáticos eventos ya presenciados por todos no son suficientes para abrirnos los ojos? ¿Va a permitir la FAN la existencia de un segundo ejército, el de los círculos bolivarianos, elogiados por el señor Chávez y que conforman una amenaza mortal a cualquier estructura militar legal? Debo concluir afirmando que no me suscitan credibilidad las profesiones de fe “constitucionalista”, tras las cuales diversos oficiales de la FAN procuran disfrazar su respaldo a un régimen oprobioso, que abdicó de manera flagrante su legitimidad derramando sangre inocente, que jamás ha respetado su Constitución, y que ahora intenta encubrir sus desmanes bajo un manto de mentiras y tergiversaciones. Lo que ocurre en nuestra sociedad es simple: predominan aún la cobardía moral, el oportunismo político, y la ceguera intelectual. El abismo está ante nuestras narices, para civiles y militares por igual.

EL NACIONAL - Domingo 19 de Agosto de 2007     Siete Días/1
El fundamento militarista
Antonio Pasquali

El episodio del 1º de agosto fue un epítome de la escualidez chavista. Tras olfatear las deposiciones de una espontánea mitómana regando su ponzoña antes de volver a la nada, y de un coprófago al que le falta ingerir un último litro de heces para completar su verdadero ser, la monocrática Asamblea decidió cubanamente aplicar terrorismo de Estado a 33 periodistas, criminalizándolos por haber viajado, invitados, a Estados Unidos. Se sumarán a los 63 ya enjuiciados desde 2002 por un régimen falsamente libertario. Ese Legislativo encarna como nunca la histórica genuflexión del país inmaduro ante las botas.
Para vencer la anomalía chavista habrá que dejarse ya de hermenéuticas bizantinas y volver a la vieja, monolítica y campante categoría de "militarismo", que es "el gobierno militar-policiaco producto de la toma, por parte del ejército, de una influencia decisiva en la política del Estado" (Osmanczyk); una verdad a recordar sobre todo a chavistas civiles y militares institucionales, indignamente manipulados por un soldado sediento de poder.
Tras su socialismo de pacotilla, Chávez no es un uniformado que llegando al poder comienza a actuar civilmente, sino un monotemático que sólo piensa y actúa en militar, rebautiza y regimenta una entera sociedad con nomenclatura militar, metamorfosea a la disidencia en "enemigos", sueña y compra armas en desmesura, exige obediencia cuartelera y, en suma, reduce la convivencia a lo único que maneja coherentemente, su enseñanza en los cursos de "Filosofía de la Guerra" de la Academia Militar. Ama repetir, como el rey Sol, que su ultima ratio regum (el último argumento de los reyes) es el uso del cañón. La "unión cívico-militar" es la vaselina que usa; en los hechos, ya casi no quedan poderes en Venezuela que no estén en manos de militares sumisos. La valiente video-denuncia de Ciudadanía Activa: Venezuela ¿se uniforma? es el mayor acierto comunicacional de estos meses (
http://www.youtube. com/watch?v=Vzpw-icJG9M ). La diatriba pública MüllerBaduel acerca del tipo de guerra que nos esperaría, indica el nivel de intoxicación militarista de la sociedad civil. La oposición debe apresurarse a confeccionar un organigrama del Estado que muestre los cargos ocupados por militares activos o retirados, pues urge ensayar una lectura militar de hechos que resultan incomprensibles en su lectura civil. Ejemplo: el cable submarino La Guaira-La Orchila-Siboney de 160 Gb/ seg, grotescamente sobredimensionado para fines civiles, pero con sentido si se le piensa en militar (las telecom cubanas son un popurrí demencial de comatoso subdesarrollo civil y de hiperdesarrollo militar traído a la isla por la URSS principalmente en el centro de espionaje electrónico de Lourdes, que llegó a ser de los más poderosos de la tierra).
Una agorera carrera armamentista que el sentido común no entiende, la creación de un ejército pretoriano paralelo para una gran "Armada Roja" final, las liaisons dangé reuses con Bielorrusia, Siria e Irán para una geopolítica megalómana, la formación a granel de militares y paramilitares en La Habana y Cojímar, la creación de una "URSS latinoamericana" para la defensa mutua, y una armada submarina con lanzacohetes de alcance intermedio y cabezas no especificadas que pudiera reproducir en pequeño la crisis de los misiles de octubre 1962... ¿cómo dudar de que hay un delirio militarista actuando de fundamental pivote político? El 10-11-2005 Chávez declaró a A. Zhukov, vice-premier ruso, que Caracas sería "el centro del torbellino" donde todo ardería y que "América Latina será lo que Rusia no pudo ser". Su empeño en realizar la fantasía del Che: "Uno, diez, mil Vietnam" (con él en el rol de Giap) es en efecto vistoso. Pero los delirios bloquean la mente: a Chávez le hacen olvidar que Vietnam volvió a la economía de mercado y que, PC aparte, él fue abucheado en Hanoi tras pronunciar su consabida filípica anticapitalista.

EL NACIONAL - Domingo 03 de Abril de 2011     Opinión/9
La mosca en la oreja
La humillación del guerrero   
Pedro LLorens

Se equivocan tanto quienes lo creen zamarro como los que lo creen pendejo.
El tipo es más bien cascorvo, capaz de enredarlo todo e incapaz de enderezarlo luego, sinónimo de torcido, avieso y turbio; también de choreto, maneto o chueco (Diccionario de la Real Academia Española / Rosenblat); imposibilitado de llevar algo por buen camino, como ha quedado plenamente demostrado.
También se equivocan los que se esfuerzan en ubicarlo en la extrema izquierda (comunista) o en la centroizquierda (liberal), y los que exhiben razones para relegarlo a la centroderecha (conservadora) o a la extrema derecha (fascista)... porque el cascorvo, sin necesidad de leer a Norberto Bobbio, intuyó que, si bien el comunismo histórico terminó en fracaso, el desafío que lanzó este movimiento permanece como tarea pendiente, y especular sobre el mismo puede resultar buen negocio y también el camino más corto para llegar al totalitarismo, especialmente para un militar latinoamericano evangélico y demagogo, comunista (de boquilla) o fascista (de corazón) o las dos cosas juntas, lo mismo da (el Bolívar socialista y antiimperialista del chavismo es el mismo dictador que veneran los conservadores colombianos).
Y, finalmente, se equivoca el cascorvo al creer que con su dinero (Fonden, Pdvsa, BCV...) y todos los fondos que en teoría, sólo en teoría, pertenecen al pueblo puede mantenerse indefinidamente en el poder, cada día con mayor descaro: "Da y quita decoros y quebranta cualquier fuero... rompe recatos y ablanda al juez más severo... al natural destierra y hace propio al forastero...
y con su fuerza humilla al cobarde y al guerrero" (Francisco de Quevedo).
En cuanto a la humillación del guerrero, puede salirle el tiro por la culata con la reforma de la Ley Orgánica de la FAN, para volver a intentar encasquetarnos su milicia (depende directamente de él) ahora como quinto componente de la institución armada, y con el Plan Integral de Educación Militar, que la hace obligatoria en todos los programas de estudios del país, a cualquier nivel, desde el primer grado de primaria.
Para que un hombre tan desconfiado, con más anillos (de seguridad) que Saturno, quiera convertir su milicia de juguete en guardia pretoriana a su servicio, con prerrogativas sobre los otros cuatro componentes de la Fuerza Armada Nacional, algo debe estar pasando en el mundo de los militares. O todos son perrito de taxi como los oficiales que jalan en Aló, Presidente, o hay quienes se sienten humillados e intentan resistir. El ex ministro de la Defensa, Raúl Salazar, confía en que la FAN hará respetar el Estado de Derecho.

EL NACIONAL - Jueves 28 de Mayo de 2009     Opinión/13
El dictador
Ningún dictador surge de la nada. Nace de sociedades en crisis
Ovidio Pérez Morales

El título de esta líneas reproduce el del libro de Ramón Guillermo Aveledo, recientemente publicado, bien escrito, seriamente documentado, de ágil lectura. Pero, desgraciadamente, de patente actualidad.
A decir verdad, sin embargo, de tiranías, dictaduras, autocracias, despotismos, totalitarismos y de realidades sinónimas, está llena la historia. Ésta la inauguró un tal Adán, quien pretendió ya, en los albores de la humanidad, un poder absoluto, que acabó llevándolo a percibir la propia desnudez y a desencadenar un mundo duro y una secuencia ininterrumpida de hostilidades. El Génesis narra estos inicios con un ropaje altamente simbólico y un colorido antropomórfico.
El Dictador, anatomía de la tiranía, trata del poder absoluto y de siete hombres que intentaron ejercerlo: Mussolini, Stalin, Trujillo, Hitler, Franco, Mao y Fidel. Con múltiples matices en las causas u ocasiones que los llevaron al dominio, en el ejercicio de éste y en los capítulos finales de sus vidas, que fantasiosamente proyectaban in infinitum.
Teodoro Petkoff ha prologado el libro. De las cosas que desarrolla hay dos que quisiera subrayar aquí. La primera se refiere al "hilo conductor" que teje la tragedia de esas dictaduras: "El terror y su derivación, el miedo". Teodoro explica: "De la dictadura, que en su estricta acepción político-jurídica corresponde al establecimiento del Estado de excepción y al otorgamiento institucional y constitucional de poderes especiales al mandatario, para hacer frente a una emergencia política (piénsese en las dictaduras de Bolívar), sólo se pasa a la tiranía y al despotismo, al poder absoluto, por el sangriento túnel del terror. No se llega al reinado absoluto de la voluntad de un solo hombre, que no atiende a leyes ni instituciones, sin la policía política, sin la fuerza armada transformada en guardia pretoriana, sin las salas de tortura, sin las cárceles, los prisioneros políticos y los exiliados, y, prima el ultima ratio, sin el asesinato ­policial o parapolicial­ masivo o selectivo. Sin el terror, en suma. Sin el miedo".
Lo segundo se refiere a la creación de un monstruo. Ningún dictador surge de la nada. Nace de sociedades en crisis, pero al cabo de un tiempo "el hombre de la crisis" se independiza de ésta y el afianzamiento del poder personal lo lleva, con un cortejo de sociedad, a fabricar un monstruo (como el que se le fue de las manos al doctor Frankenstein). Aquí se juntan: una mesianización o sacralización del poder, el "culto a la personalidad", una cultura de la adulancia y la sumisión de cierto cariz "religioso". Toda disidencia se vuelve inaceptable.
Ramón Guillermo no simplifica la compleja realidad de la "dictadura". Se ha dicho que el ser humano es un macrocosmos, en cuanto en él se integran, confluyen, muy diversos factores que componen el universo y la humanidad. Esto se refleja en el surgimiento de las dictaduras, en su desarrollo, en su interpretación, dependiendo de las filias y de las fobias, de las ubicaciones y alineaciones. En ellas, por tanto, deben interesarse, entre otros, sociólogos, moralistas y psicólogos.
Lo cierto es que un tal régimen tiránico contradice el sentido y la vocación definitivos de la persona y de la comunidad humanas. Creadas para vivir en libertad y no en esclavitud, en justicia y no en inclemencia, en paz y no en autodestrucción.
Y no olvidemos: las dictaduras no son fatalidades: las generamos-justificamos-sufrimosresistimos-combatimos. Y las cambiamos. Ciertamente Ramón Guillermo no es profeta de lamentaciones, sino de activa esperanza.

EL NACIONAL - Miércoles 16 de Abril de 2008     Nación/11
Tiempos de confusión (IV)
Heinz R. Sonntag

En artículos anteriores me he referido a la confusión reinante en el régimen, en la oposición y en la sociedad civil. Un hilo conductor en la argumentación fue mostrar la fragilidad de las instituciones democráticas y ciudadanas, inducida por las políticas arbitrarias y errantes del teniente coronel, y por ende el peligro de graves malfuncionamientos de la sociedad y el Estado en Venezuela a corto plazo. No me referí a una institución que, tradicionalmente, está rodeada de secretos, más para los que participamos en el debate de la opinión publicada que para los que constituyen la opinión pública tout court: las fuerzas armadas nacionales.
Esta institución parece a priori como cerrada, con normas y conductas propias, casi indescifrable para los políticos civiles que, en circunstancias "normales" de una democracia, están a cargo de guiarla. Ella misma contribuye a menudo al secreteo que la rodea, particularmente en cuanto a la(s) influencia(s) que ejerce sobre el gobierno e incluso sobre el Estado. En nuestros países, estas características son, por razones históricas y de debilidad de las instituciones civiles, aun más marcadas.
Durante más de 25 años desde 1958, lo que llaman despectivamente Puntofijismo en al actualidad, la FAN participaba de las reglas del pacto de la democracia representativa –el poder militar estaba subordinado al poder civil.
Secreta y subversivamente, un pequeño grupo de jóvenes oficiales formó, en la década de los 70, una conspiración que explotó el 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992 en dos intentos de golpe, ambos directa o indirectamente dirigidos por Hugo Chávez. Estos eventos mostraron que había contradicciones en la FAN, las cuales se agudizaron a partir de la toma de este último como Presidente en 1999. El 11 de abril de 2002, un grupo de altos oficiales intentó derrocar al teniente coronel, mientras otro grupo lo reinstaló en el poder el 13 abril.
Desde ese momento, contra las resistencias de sectores importantes de los militares, el Presidente maniobró para que los militares fueran parte del círculo de los que mandan (lo que Norberto Ceresole en vida llamaba "alianza pueblo-fuerzas armadas"). El poder militar no estaba más subordinado al civil.
Esta tendencia ha continuado y se ha reforzado hasta nuestros días, en los que el saludo oficial es "¡Patria, Socialismo o Muerte!", por orden de quien fue designado, en una reforma de la Ley de la Fuerza Armada, comandante militar en jefe de la FAN, un rango diferenciado de su condición constitucional como Presidente de la Republica cual Jefe de la misma.
Sin embargo, las contradicciones no faltan. Se expresan, por ejemplo en el hecho de que en la Guardia Nacional hay 158 militares activos de diversos rangos sin cargo asignado, entre ellos 12 generales, mientras que en el Ejército son más de 300 oficiales activos (17 generales de brigada y división), por sus desavenencias con la revolución, esto es: con Chávez (Tal cual, 9 y 11 de abril de 2008). La ONG Control Ciudadano calcula que en toda la FAN hay cerca de mil oficiales en la misma situación (Talcual, 9 de abril de 2008).
También se manifiestan en el hecho de que el teniente coronel ha creado una "guardia pretoriana" de "reservistas" bajo su exclusivo mando. Existía desde hace algunos años, su jefe incluso fue designado ministro de la Defensa, pero adquirió carácter legal con un decreto con fuerza de ley el 12 de abril de 2008.
Estos hechos son anticonstitucionales. Y una de las primeras medidas que habrá que tomarse en un regreso democrático a un Estado social de derecho es revertirlos. Además, es la única vía de devolverle a la FAN el carácter civilista de institución bajo el poder ciudadano.

EL NACIONAL - Domingo 16 de Mayo de 2010     Opinión/11
Vietnam y Venezuela   
Ricardo Bello,

El único parecido es que comienzan con V, pero pueden servir de comparación, al menos en lo que a la mentalidad de los militares se refiere.
No voy a escribir un artículo contra ellos, si están pensando eso, pasen de largo, tendrán oportunidades de sobra.
Quise hablar sobre Vietnam porque hace poco conocí a Karl Marlantes, teniente de la Marina de Estados Unidos (batallón de reserva, por si acaso). Marlantes recibió hace cuarenta años la Cruz de la Marina, una de las condecoraciones más importantes que otorga Estados Unidos a soldados que han demostrado heroísmo extraordinario en combate. La recibió por haber liderado un ataque contra una posición fortificada vietnamita muy cerca de Laos; arriesgó su vida para vencer en el ataque a tropas enemigas y salvó numerosas vidas americanas en el proceso. Le concedieron también dos corazones púrpura y tres medallas más. Y, para colmo, es graduado cum laude en la Universidad de Yale y fue Rodhes Scholar en Oxford.
¿De dónde saco yo amigos así? Leyéndolos.
Marlantes pasó 35 años intentando escribir un relato convincente y significativo de su experiencia, que fue rechazado una y otra vez por los editores hasta que, finalmente, logró que fuera publicado.
Su novela, escrita y reescrita innumerables veces, titulada Matterhorn, toma su nombre de una batalla llevada a cabo en marzo de 1969 y que sin duda será considerada como uno de los grandes relatos sobre como el dios de la guerra arrastra, confunde e ilumina a los hombres. La novela está construida desde la perspectiva de un joven teniente, que debe aprender el papel que la política juega en el combate, desde las ambiciones de los oficiales que aspiran a ascender en la jerarquía militar, hasta la tensión racial de los años sesenta, poco después del asesinato de Martin Luther King y Robert Kennedy. Es un relato cruel, muy duro, pero capaz de meterse en nuestra mente y hacernos vivir el horror del enfrentamiento a muerte.
La escritura es uno de los métodos preferidos y más efectivos para comunicarnos entre nosotros. Si Tolstoi estuviese vivo, igual tendríamos que leernos La guerra y la paz para conocerlo. Quizás sólo así lo haríamos, de forma auténtica, traspasando las barreras del teatro natural que creamos en nuestro entorno. Por eso digo que creo haber empezado a conocer a Marlantes y hasta, por qué no, haberme hecho amigo de él.
La V de Venezuela, por otro lado, viene a cuento por otro libro, que igual nos sirve para conocer a su autor, José Antonio Rivas Leone, como para intentar abrirnos a la realidad de este país, sobre todo desde que a los militares se le metió en la cabeza que son los más autorizados para dirigir la economía y el manejo de conflictos típicos de una democracia del siglo XXI. En los bordes de la democracia: la militarización de la política venezolana, se llama su libro.
Rivas Leone explica y documenta con detalles la erosión de las organizaciones políticas y cómo el partido militar logró sustituirlos como agente distribuidor de beneficios materiales y simbólicos, claves para entender el desastre que nos ocupa. No hay heroísmo de por medio, tan sólo la administración de cuantiosos recursos e instituciones de manera populista, autoritaria y pretoriana.
Muchos otros rasgos podrían mencionarse, aunque uno prevalezca y sobresalga: inefectiva. Salvaje por haber dividido a los venezolanos y criminal por anteponer la compra desaforada de armamentos antes de solucionar los verdaderos problemas de una nación subdesarrollada.
Los libros están ahí, y sus autores también, para desmentir la falsa realidad, la propaganda ilimitada con que los uniformes imponen su apetito desmesurado.

lunes, 9 de diciembre de 2013

LA NADA

EL NACIONAL - Domingo 08 de Diciembre de 2013     Siete Días/6
¿Música clásica? ¡Exprópiese!
La nada llegó ahora, si se exceptúan los escasos minutos matutinos que dedica a lo clásico la Radio Nacional en medio de estentóreas cuñas de gobierno
ANTONIO PASQUALI

El 14 de octubre pasado, con la opaca defunción de la emisora 97,7, desapareció de la radio venezolana la música clásica. Relativamente hablando, la pérdida no fue grande; su último propietario ya la había convertido en emisora omnibus con media hora matutina de clásica, uno que otro intermedio de relleno y mucho "parlamento" en el que sin embargo descollaban programas como Los Pasos Perdidos de E.
Pino y J. Bello, "il salotto buono" de la radio venezolana con cultísimas selecciones sonoras de Jaime Bello. Históricamente hablando, es un caso más de desertificación en el Sahara cultural chavista. Inaugurada en enero de 1975 por memorandos amantes de la buena música, Humberto Peñaloza, Raúl Arreaza, Pedro Elías Graffe y otros, quienes por misterio de la divina Providencia lograron una concesión FM que se iba a llamar "Radio Monte Ávila" (fue la única FM en el país durante diez años, con la feroz oposición de la Cámara de la Industria de la Radiotelevisión que mantuvo congelada a Venezuela en AM durante dos lustros más), la 97,7, bajo la teutónica férula de Alfredo Gerbes, creó gusto y pasión por la música elevada. Apenas cubría el área capitalina y algunas zonas de oriente gracias a un puente de microondas concedido por la CVG de Leopoldo Sucre. Situación culturalmente deficiente, la de un país en cuyo 90% de territorio jamás sonó la clásica; pero era mejor que nada.
La nada llegó ahora, si se exceptúan los escasos minutos matutinos que dedica a lo clásico la Radio Nacional en medio de estentóreas cuñas de gobierno y un nacionalismo tan de pacotilla que Lazo Martí y Mario Abreu deben revolcarse de vergüenza en sus tumbas (el cuatro acaba de ser allí definido como "el instrumento de nuestra soberanía y libertad cultural").
En medio de un gran silencio nacional, alguien nos expropió de la música clásica, una incongruencia condimentada de estupidez típica de sociedades que desestiman la democrática noción de "servicio público", la cual obliga a prestar servicios a todas las minorías.
El sitio www.es.delicast.com/ musica/clasica enumera ­y permite escuchar­ todas y cada una de las 368 emisoras clásicas que existen en el mundo. 26 de éstas (un honorable 7,06%) son latinoamericanas, concentradas en 8 países: 1 en Costa Rica y Chile, 2 en Uruguay y Guatemala, 3 en Argentina y México, 4 en Brasil y 10... en Colombia (¿se acuerdan de la sentencia tal vez bolivariana: Colombia una universidad, Venezuela un cuartel?). El que ahora no tengamos ninguna es la incongruencia; desde que Teresa Carreño subyugó Europa hacia 1880 bajo la batuta del titán de la época, Hans von Bülow, hasta los Lauro, Díaz, Dudamel y Márquez de hoy, el mundo nos ha colocado en el pelotón de países musicalmente relevantes... ¡y nosotros eliminando de los diales la música clásica! El aspecto estúpido es que también somos el país de José Antonio Abreu a quien ­dejándonos de rencorcillos­ hemos de desear todos un Nobel. Abreu montó una colosal y estrepitosa operación de participación musical copiada en el mundo entero, incluso por los gigantes de la música: 400.000 niños y adolescentes venezolanos volviendo a casa o subiendo al rancho, cada noche, tras ensayar Haendel y Vivaldi, Tchaikovsky y Mahler. Un dato de muchas posibles lecturas, por ejemplo esta: cada uno de esos jóvenes músicos vive rodeado de unos 10 familiares, amigos y vecinos intrigados y "a punto de caramelo", diríase popularmente, para terminar seducidos por la buena música, por poco que una emisora clásica repitiera en criollo la operación Boston Pop o del brasileño Marlos Nobre. ¡Pero nada: estúpidos somos, y hasta la coronilla! Sugerencia: ¿no habrá una universidad, un pool de universidades, una OPSU, que decida tomar el relevo y fundar la 369° emisora "clásica" del mundo acá en Venezuela, apolítica, de pura música e información musical y cultural? Costoso no es, imposible tampoco: la Universidad del Zulia logró emisora propia en circuito abierto hace más de una década.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

INRESIGNABLES

EL IMPULSO, Barquisimeto, 01 de diciembre de 2013
Antonio Pasquali: Hay que temerle a la resignación al régimen
Pacífico Sánchez

Estas elecciones del próximo domingo 8 de diciembre son de vida o muerte, porque si no logramos cambios en las alcaldías y concejos, aquí se nos instala un régimen de sátrapas, como el peronismo que tiene 58 años en Argentina o un castrismo que lleva más de medio siglo en Cuba, advierte el Dr. Antonio Pasquali.
El reconocido comunicólogo considera que los resultados electorales no pueden quedar entre un claro oscuro, indefinido, que nos conduciría a prolongar la situación que hemos estado viviendo últimamente en que la gente, en todas partes, hace inmensas colas para adquirir cualquier producto que necesita.
Yo le tengo miedo a que haya una creciente resignación al acostumbramiento de la situación que se nos está presentando, porque eso es típico de los regímenes comunistas.
Cuando la gente se resigna a que es difícil conseguir los alimentos, termina agradeciéndole al Gobierno que un día consigue cualquier producto que necesita, como si se tratara de una gran cosa.
"¡Qué bueno es el Gobierno! Hoy habrá harina precocida, aceite y huevos”, dirán los consumidores. Eso es, precisamente, lo que ellos están buscando.
Está comprobado que todas las dictaduras someten a la gente por el estómago.
Aplicación del garrote vil
El Dr. Pasquali y el profesor Andrés Cañizález vinieron a Barquisimeto para presentar en la Sala Alternativa, de la Fundación Juan Carmona, en la sede de EL IMPULSO, el libro Saldo en Rojo, escrito por ellos y otros 18 comunicadores, historiadores y otros intelectuales, quienes analizaron el empeño puesto por Hugo Chávez en controlar los medios.
Al respecto, le preguntamos, ¿cómo observa la situación que se está presentando actualmente, cuando el Gobierno amenaza con multas por publicación de informaciones, acusa a periodistas de generar violencia y pretende ocultar la realidad de lo que se está viviendo?
-Para describirla yo uso el símil del garrote vil, que se usaba en la España imperial para los enemigos pobres. Porque a los enemigos de alcurnia, el castigo consistía en cortarles la cabeza con espada. A?los pobres se les ponía un garrote en el cuello y se les iba apretando poco a poco hasta causarles la muerte.
La situación actual de los medios ante el gobierno autocrático es de la aplicación del garrote vil. Cada día se le está apretando con mayor fuerza al cuello.
Ahora me he enterado, durante una visita hecha a una televisora, que el Gobierno está girando instrucciones por teléfono, mediante las cuales se ejercen las restricciones. No las hacen por escrito, porque ni siquiera se atreven a escribirlas y eso es típico de los gobiernos fascistas, los cuales no dejaban rastro alguno escrito sobre sus órdenes. Pero, cada día aplicaban una dosis mayor para llegar hasta lo que se conoció como la asfixia. Y esto precisamente es lo que ha venido ocurriendo en Venezuela.
Ya el dial radial es todo del Gobierno, prácticamente. Igual está pasando con los canales de televisión. El principal líder de la oposición, Henrique Capriles, se quedó sin imagen televisiva y sin voz en las emisoras radiales. Su concentración realizada el domingo pasado en Caracas fue transmitida por Globovisión, pero en imágenes que duraban pocos segundos; y, por supuesto, nada por radio. Evidentemente, no aparece en las pantallas. Esta es, por supuesto, una situación muy grave para un sistema democrático y, por lo tanto, podemos decir que ya no somos una democracia, porque no existe el pluralismo en ninguna parte, como se puede comprobar en el ámbito de la comunicación.
En la visita hecha a la televisora me informaron que está prohibido mencionare la palabra escasez; es decir, que no se puede hablar de ese problema y, en consecuencia, no hay información sobre la falta de productos alimenticios o de cualquier otro tipo.
A punto de pedir el linchamiento
-Pero, esas restricciones comenzaron cuando Hugo Chávez desató su campaña contra la medios, al mismo comienzo de su Gobierno. Incluso, llegó a decir en una cadena al caricaturista Pedro Zapata, ¿cuánto le habían pagado por una de sus caricaturas y calificó de panfletos a un diario nacional. ¿No es una demostración de que Maduro sigue las directrices de su antecesor?
-Este es el coletazo de algo que adelantó mucho Chávez, quien en un momento prácticamente se puso a pocos milímetros de pedir el linchamiento de un periodista, de El Universal. Sólo le faltó decir el nombre; pero, todo lo demás lo dijo. Chávez no quería opositores, simplemente. Y bajo su reinado se forjó la doctrina de la hegemonía comunicacional.
Caso único en la historia
-¿Cómo se explica que Chávez haya hecho tanto abuso con las cadenas?
-Chávez es un caso único en la historia de la humanidad por su comparecencia ante las cámaras y los micrófonos. Superó 50 a 1 a sus predecesores: Mao, Fidel Castro y los demás. Según mis cálculos, estuvo en pantalla, en promedio, 56 minutos diarios desde el primer día de su Gobierno hasta que se despidió, generalmente despotricando contra todos sus enemigos.
Ningún dictador ha hablado tanto. Y en cuanto al acoso al gremio de comunicadores que disentía de su criterio político, Chávez fue un militar intolerante como todo militar intolerante de este continente. No era ninguna excepción. Un militar golpista que en lugar de casarse con la tesis de la extrema derecha se le ocurrió casarse con la tesis de la extrema izquierda. Pero, la diferencia no es muy grande.
Presidente para una fación
-¿Considera su lenguaje demoledor?
-Yo lo he denunciado y señalado, incluso, las maromas que hacía para dar el saludo de navidad y despedida de año, pero sólo a su gente, no para todo el país. Él nunca se sintió presidente de todos los venezolanos... Era presidente de su fación, a la cual saludaba, le deseaba feliz año y lo peor a sus enemigos. Moldeó el traje de los insultos a Maduro, quien es su epígono.
-¿No cree que lo está rebasando?
-Sí, sí. En el insulto es Maduro un buen alumno.
Estas elecciones del próximo domingo 8 de diciembre son de vida o muerte, porque si no logramos cambios en las alcaldías y concejos, aquí se nos instala un régimen de sátrapas, como el peronismo que tiene 58 años en Argentina o un castrismo que lleva más de medio siglo en Cuba, advierte el Dr. Antonio Pasquali.
El reconocido comunicólogo considera que los resultados electorales no pueden quedar entre un claro oscuro, indefinido, que nos conduciría a prolongar la situación que hemos estado viviendo últimamente en que la gente, en todas partes, hace inmensas colas para adquirir cualquier producto que necesita.
Yo le tengo miedo a que haya una creciente resignación al acostumbramiento de la situación que se nos está presentando, porque eso es típico de los regímenes comunistas.
Cuando la gente se resigna a que es difícil conseguir los alimentos, termina agradeciéndole al Gobierno que un día consigue cualquier producto que necesita, como si se tratara de una gran cosa.
"¡Qué bueno es el Gobierno! Hoy habrá harina precocida, aceite y huevos”, dirán los consumidores. Eso es, precisamente, lo que ellos están buscando. Está comprobado que todas las dictaduras someten a la gente por el estómago.
Estamos siendo gobernados por un sátrapa
Cuando el Dr. Pasquali habla de la resignación a un régimen observa, como filósofo y conocedor de la realidad política, que lo peor que puede ocurrir es que la gente se haga displicente, despreocupada, sin interés por la política e internalice todos los problemas. Que no le importe votar, ni tampoco que las cosas que suceden, empeore. En este sentido, la crisis no es un asunto que podría hacerlo pensar y reaccionar.
Eso, explica, fue lo que ocurrió a la muerte de Alejandro Magno: se derrumbó el imperio, vinieron a gobernar los sátrapas.
En estos momentos estamos siendo gobernados por un sátrapa al estilo de aquella época. En aquel entonces, la humanidad reaccionó inventando una intimidad. Las dos grandes filosofías de aquella época, el estoicismo y el epicureísmo, son las del yo, las de la intimidad: no te ocupes más de problemas, piensa en tu cotidianidad, en tu tranquilidad, en tu personal felicidad. Trata de vivir como puedas. Aquellos que trasciende se lo dejas a los que están gobernando. Tú aceptas la vida que se te presenta.
-¿Cuál es su consideración en torno a la decisión tomada por Nicolás Maduro de crear un organismo para la felicidad de la población, precisamente en momentos en que la gente anda desesperada por conseguir los productos alimenticios?
-En primer término, eso es una ridiculez, porque nadie puede decretar la felicidad; en segundo lugar, no puede confiársela a una rama del poder Ejecutivo; y tercero, el Presidente ordena a sus subalternos, a quienes designa para cumplir su decreto, producir felicidad suprema y social. No acepta la felicidad a medias. Y la felicidad social es una entelequia que no existe. La felicidad ha sido siempre, en todo el pensamiento de la humanidad, un asunto atinente a lo individual, no a lo colectivo.
En este sentido, los griegos forjaron el concepto de concordia, que todavía es tan importante para nosotros. Al respecto conviene señalar que Francia y Venezuela construyeron dos plazas de la concordia, donde tumbaron viejas cárceles. Es por ello que es ridículo crear un vice-ministerio para lograr la felicidad suprema y social, porque eso es imposible de lograr mediante una decisión gubernamental.
-¿Cuando Maduro insiste en llamar supremo comandante a Chávez, está tratando de crear una idolatría?
-Eso es un engendro de la doctrina ceresoliana de la unidad cívico-militar. En el fondo termina siendo una militarización de la vida civil, que se expresa en la colocación de unos 4 mil militares en puestos de mando civiles. Incluso, el CESPA está en manos de un general. ¿Cuál es el resultado que se espera? Que se nos está militarizando hasta en los términos semánticos. Sus expresiones se corresponden con la vida militar, tales como comandos, brigadas, órdenes, patrulleros.
El lenguaje que se está utilizando es de importación cubana. Los cubanos tienen 50 años de experiencia acumulada en esa materia. Aquí estamos viviendo una colonización mental por obra de la inteligencia cubana. Están aplicando lo que en Europa llamaban intoxicación mental, propio del fascismo y comunismo.
Hegemonía comunicacional
Usted ha hablado de la forma como el Gobierno ha venido ejerciendo control sobre la radio y la televisión. ¿Realmente ha podido implantarse la hegemonía comunicacional?
-La audiencia es casi nula. En el mejor de los casos llega al 4 ó 5 por ciento de sintonía. El problema es que ya ahora usted recorre el dial y no hay sino mensajes puramente chavistas, prácticamente. Todo el tiempo predomina en los medios la neutralidad, la autocensura; es decir, la oposición ya no está presente como lo estaba hace diez años. Porque el Gobierno ha venido aplicando el chantaje. Si no, compra el medio, pura y simplemente. Ha continuado su campaña liquidadora que comenzó con Globovisión y acaba ahora de liquidar la 97.7 emisora cultural. Así seguirá.
La política abierta y declaradamente hegemónica de este Gobierno da una idea de sus equivocaciones. Porque el cambio que debió producirse era el del servicio público, que no fuera ni Gobierno ni privado; pero, no se hizo. Se limitó a quitarle la hegemonía al sector comercial, que obviamente lo tenía.?Las cuñas comerciales fueron sustituidas por las ideológicas. Cuando se escucha una radio del Gobierno, da vergüenza lo que uno oye. Ahora todo está relacionado con el régimen. Antes se escuchaban por las radio propagandas sobre Viceroy o cualquier otro producto, pero ahora lo que escuchamos a cada instante es que el Presidente es el hombre más magnífico del mundo, que la revolución avanza. Y fuera de eso, no se puede discutir con ningún chavista, porque se consideran dueños de la verdad. No aceptan críticas.
Perfil
El Dr. Antonio Arnaldo Pasquali Greco está reconocido como uno de los comunicólogos más importantes del continente americano. Nació en Rovalto (Brescia), Italia y emigró con su familia a Venezuela cuando tenía 18 años, obteniendo la naciona-lización en 1955. Estudió filosofía en la Universidad Central de Vene-zuela y se doctoró en La Sorbona, de París, en 1957. Cursó además estudios en las universidades de Oxford y Florencia. Desde su cáte-dra de filosofía moral y comunicación social en la facultad de Humanidades y Educación de la UCV, orientó su trabajo de investigación y formación hacia los procesos de comunicación y medios masivos. Creó el Centro Nacional Audio-visual del Ministerio de Educación en 1958 y el Instituto de Investi-gaciones de la Comunicación de la UCV. Fue subdirector de la Unesco para el sector comunicación.
Fotografía: Fotos: Armando Llamozas