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sábado, 1 de febrero de 2020

LA OFERTA SUBYACENTE

De la emigración
Luis Barragán

Falta mucho por digerir y decir en torno a un fenómeno sin precedentes históricos en Venezuela: la diáspora, aunque parezca reiterativo quizá por miedo a profundizar en el trauma. Coterráneos de los más diversos sectores sociales, optaron por huir de la inmensa tragedia  que, sin duda alguna, promovió abierta y descaradamente el régimen desesperado por su única y rentable continuidad.

Lugar común, el desmembramiento familiar es la inicial consecuencia de otras que todavía no se avizoran, en el deliberado cuadro de dislocación que no sospechó, o dijo no sospecharlo, el elector de 1998.  Éste, formidablemente emboscado, aunque no exclusivamente culpable, abrió las compuertas a la confederación cubano-venezolana que ya es el resultado lógico de la propuesta continental de un socialismo que arruinó a la potencia petrolera que fuimos, echando los cimientos inaugurales.

La estación más concurrida del metro caraqueño, la de Plaza Venezuela, por ejemplo, exhibió una publicidad que ya no está, invitando a emplear - por una módica suma de dinero - el servicio de autobuses capaz de llevar a cualesquiera usuarios a todos los rincones del continente que le fuese posible soñar y pagar. Valga la doble acotación, la tupida y alienante publicidad que el subterráneo citadino de la era capitalista, según los sesudos ministros de Planificación y Finanzas del siglo, sencillamente  nunca se permitió, dejó constancia casi notarial de la imposibilidad de abordar un avión tan costoso como el trámite mismo del pasaporte.

La dictadura sistemáticamente indujo la emigración, más allá de la brutal represión que, sobre todo, cebó sobre las juventudes inconformes al pretender aleccionarlas. Incluso, poco le importó y le importa que versemos sobre un capital humano de alta calificación, cuyas credenciales académicas abre con mayor facilidad las puertas  a la supervivencia fuera del país, reacia a la sociedad de extorsionados, ágrafos y delatores suficientemente dibujada.

Alcanzamos un inédita dimensión afectiva respecto a las personas que se marcharon, pendientes otras por hacerlo,  asomado un diferente   relacionamiento social y cultural de acuerdo a las distancias geográficas alcanzadas y a la propia prolongación de una situación que ya no luce meramente transitoria. La utilitaria, subyacente y falsamente generosa oferta que hace el régimen, sintetizada en la remesa que  trepa la jerarquía del mito, no recompensa la honda tristeza generada por la diáspora, porque – faltando poco – constantemente es devorada por la hiperinflación, aceitando la maquinaria económica del Estado Criminal.

Fotografía: LB, estación Plaza Venezela del Metro de Caracas (16/11/2019).
04/02/2020:
https://www.caraotadigital.net/opinion-1/de-la-emigracion

domingo, 8 de diciembre de 2019

PEGOSTES

De la ruindad subterránea
Luis Barragán

No comulgamos con una versión paradisiaca del pasado, por cierto, cada vez más remoto.  Empero, solemos recordar con facilidad dos características importantes de lo que fue el metro de Caracas: el orden y la limpieza, además,  en todo el refrigerado sistema. 

Por más  desbordada que estuviese, la prestación del servicio estaba confiada a reglas de universal difusión y acatamiento, por lo que una transgresión, así fuese modesta, inmediatamente acarreaba una sanción moral del resto de los usuarios que respondía a un medio confiable, seguro y confortable. Luego, la básica disciplina alcanzada sintonizaba con un tratamiento  profesional, serio y especializado del personal de una empresa pública que, faltando poco, le garantizaba una carrera digna, estable y bien remunerada, con todos los problemas que pudiesen existir.

Por largo tiempo, no hubo necesidad siquiera de marcar los andenes para acceder a los vagones, intuido el espacio disponible, y, luego de trazados, la operación se hizo más fácil con la absoluta y celosa pulcritud de las brillantes rayas amarillas sobre un fondo negro casi impecable. Dos décadas después, sin que tampoco coincida la señalización del piso con las puertas del vehículo (por el cambio de modelo de los trenes),  sólo sirven realmente de marca las pisadas envejecidas que refuerzan una suciedad de varias capas del suelo que perdió sus colores y sirve de escenario para la entrada y la salida anárquica y violenta de los vapores enrarecidos de la unidad que toca en suerte.

Algo más que una metáfora, el país rueda por una dictadura que, veinte años atrás, se dio una Constitución que ha violentado hasta la saciedad, desdibujados  socialmente gracias a un Estado exhausto y caricaturizado al que sólo lo explica la extorsión, incluyendo a sus propios y ya nada ingenuos partidarios. Además, pretende desautorizar a quienes reclamamos por su vigencia frente a la arrolladora anomia que ha propulsado, bajo las capas – esta vez geológicas – de la criminalidad.

Las ruindades del subterráneo caraqueño, hablan del descarrilamiento constitucional, pero también de la oportunidad para autodisciplinarnos y, convencidos del rumbo a tomar, salir del prolongado, amargo y obscuro túnel en el que nos encontramos, hacia la libertad. Esto es, intuir y desarrollar el papel que a cada ciudadano nos corresponde para darle alcance velozmente al siglo XXI, convertida la libertad en pivote para una superior calidad de vida.

Fotografías: LB, Caracas (2019).
10/2/2019:
https://www.caraotadigital.net/opinion-1/de-la-ruindad-subterranea

sábado, 9 de noviembre de 2019

DEL TÚNEL ANDANTE

El otro túnel
Luis Barragán

Repletos los andenes de personas resignadas a luchar por un cupo en el vagón, literalmente a empujones y golpes, a cualesquiera horas, de vez en cuando llega a la estación un tren vacío para intentar mitigar un poco la situación.  Sin embargo,  un instante excepcional y también memorable, barrido minutos antes el andén, llegó y abrió sus puertas el gusano metálico, abordándolo los pocos que quedamos rezagados.

Luego del cambio de trenes en la línea  uno del Metro de Caracas, es la primera vez que logramos apreciar ese otro y largo túnel andante de sus interioridades. Hay una anchura y profundidad del paisaje, deliberadamente rojo, en el vistazo irrepetible, que promete comodidad al pasajero, pero que supo inundar muy bien la ruindad del transporte superficial al faltar una política de la ciudad rápida e implacablemente desmetropolitanizada, por decir lo menos, bajo la dictadura.

Esta vez, nos atrevimos a fotografiar la intimidad del subterráneo, algo que, no faltaba más, está prohibido por las autoridades felizmente desprofesionalizadas del servicio. Y, puede decirse, a ellas debemos esta tendonitis que nos aqueja, pues, no es otra la conclusión a la que llegamos con el médico, lesionados los hombros al entrar y salir del vagón, dizque legitimidas las agresiones,  como no ocurrió con las escaramuzas propias de las intensas protestas callejeras de años atrás: incluso, una película, “Concussion”, dirigida por Peter Landesman (2015), basada en el desempeño profesional del llamado fútbol americano, nos permite imaginar otra en torno a las lesiones crónicas y los riesgos que acumula el citadino, niño, adulto o muy adulto, al no tener otra opción que la de emplear el Metro de Caracas.

La andanza en este otro  túnel, se ha hecho demasiado riesgosa por la falta de aire, desperfectos mecánicos, y la violencia que ejerce una innegable y perversa pedagogía, añadido el audio de una programación infame en la que Maduro Moros se burla de nuestras desgracias. La emisora radial del metro, ahogada a veces por la estridencia del masivo público y, otras, silenciada por los empleaos también hastiados en las peores horas, completan un desconyuntamiento cotidiano en la otrora escuela de civismo que tanto prestigió al servicio de transportación bajo el pavimento.

De servir o contar con el monitoreo deseable, poco y mucho dirán las cámaras en relación al terrible e irrespirable hacinamiento del túnel andante que, inadvertidamente, nos enferma. La apretadura insoportable de las personas no permite escudriñar la andadura, haciendo inútil el telescopio orientado hacia un universo de historias demasiado parecidas,  en el imperio de la catástrofe humanitaria, la censura y la represión.

Fotografías: LB, Caracas (02/11/2019).
11/11/2019:
http://guayoyoenletras.net/2019/11/11/el-otro-tunel/

miércoles, 17 de abril de 2019

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Jaime Paredes Ruíz, con fotografías de Garrido. "¿Ahora una santa venezolana (Madre Emilía Chapellín Istúriz) ?". Élite, Caracas, nr. 1635 del 26/01/1957.
- Esteban Emilio Mosonyi. "Las minorías étnicas autóctonas y la nacionalidad venezolana". Uno y Múltiple, Caracas, nr. 01 de marzo a junio de 1975.
- Hernán Quijada. "El dintel psíquico y la madre". El Nacional, Caracas, 17/10/79.
- Susana Benko. "La crítica soy yo". El Nacional, 17/01/82. Papel Literario.
- Frank Viloria. "La prospectiva tecnológica". Economía Hoy, Caracas, 25/05/90.

Reproducción: Fotografía de Luis Alberto Henríquez. Metro de Caracas. El Diario de Caracas, 09/12/1988.

martes, 11 de septiembre de 2018

EL DESTROZO POR ESTÉTICA

De una infinita remodelación
Luis Barragán


Que no real y sostenido mantenimiento, siendo otras y urgentes las prioridades, no hay caserío, pueblo y ciudad del país que no exhiba una remodelación secundaria e interesada de sus espacios públicos, por modesta que fuese en los hechos, aunque abultadas en sus cifras. Ignorado el origen de los recursos o el presupuesto que se ejecuta, las autoridades inconsultamente tienden a retocar las obras, sobre todo después de los fraudes comiciales, beneficiando a contratistas afines a la causa política que los elevó bajo el socialismo parasitario en curso.

Otra no puede ser la premisa, desconocido y, menos discutido, todo plan de transformación urbana que relega al concejal, en el mejor de los casos, a la silla de los espectadores.  El deterioro es el único resultado de una constante improvisación reacia a toda intromisión ciudadana y, con mayor razón, a la curiosidad misma de  los urbanistas,  arquitectos e ingenieros que quedan en el país.

Desde hace varias semanas atrás, en las adyacencias del Palacio Legislativo, observamos el taladramiento sistemático de las aceras, luciendo ya una  distinta y árida  alfombra de cemento, sin que hubiese manera de acceder a la información mínima, concreta y confiable que nos orientara sobre el costo y el propósito perseguido por la alcaldía menor de Caracas. Los alrededores de la estación del metro de la esquina de Capitolio y  La Pedrera, por ejemplo,  recibieron el hachazo de las maquinarias, aunque se tratase de un piso de mármol de carrara todavía en estupendas condiciones, compacto y fuerte, cónsono con el diseño original de un lugar ahora de mal ganada precariedad.

El acceso al metro,   atiborrado de viejas y nuevas pintas oficialista, sumergido  en la suciedad y la delincuencia común, referido por varios semáforos ornamentales y una parada de transporte superficial, obviamente, no el mismo al de su inauguración, irrespetado con absoluta sinceridad por las autoridades d esta década. Un costado, por cierto, de un diferente y cuidado piso, se convirtió en coto cerrado de comerciantes presuntamente informales, mientras que, el otro, está abierto para la delincuencia común, ambientada la precariedad donde la mirada fue alguna vez grata.

Siendo otras las emergencias de la ciudad capital, el histórico casco central sufre de esa ya imperceptible e innecesaria remodelación de las aceras, las que conducen a la Plaza de El Venezolano de numerosos locales expropiados. Aparentemente, esta histórica plaza será el epicentro de restaurantes y otros servicios de exquisitez, según el criterio de las autoridades de turno, tejidos sus accesos por el rústico cemento que, en todo caso, deja abierta  la ocasión para una cerámica que jamás será la que muy vistosa, resistente y duradera que dejó el siglo XX.

10/09/2018:
http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/33445-barragan-l
Fotografías: LB, Caracas, 07,29 y 31/07/2018; y 03 y 13/08/18.  Video corto, Caracas,  31/07/2018.  Difíciles de tomar en el lugar, por su obvia peligrosidad,gráficamente reseña el lugar, la estación, la nobleza del piso taladrado, el nuevo piso. Es una muestra de las fotografías que anexan una denuncia interpuesta ante la Comisión Permanente de Cultura de la Asamblea Nacional, pendiente de evacuar al concluir el receso parlamentario.


lunes, 3 de septiembre de 2018

ÚTIL CORREO

Querido Antonio:

He leído tu brillante ensayo en El Nacional  y ahora me dispongo a estudiarlo. Lo que hubiera sido el gran punto de convergencia entre las dos Venezuelas, la clase media, fue destruida a propósito para, como apuntas, excacerbar el clivaje entre las dos Venezuelas. Entre 1940 y 1980 parecía que podríamos encontrarnos.

En un momento me pareció que el Metro de Caracas pudiera haber sido un gran agente de integración social ( yo me he encontrado en el Metro de Washington con lo intelectaul y lo político más encopetado de esta sociedad, desde Art Buchwald hasta Robert McNamara) pero ni los ricos venezolanos lo aceptaron (Mija: yo en el Metro? Que vaaaa)  ni las clases populares lo vieron como un agente igualizador o al menos no como un agente igualizador hacia arriba. 

Copio tu gran ensayo a mis contactos,

Gustavo Coronel

EL NACIONAL, Caracas, 2 de septiembre de 2018
Del país bipolar
Antonio Paquali

Razones tuvo Pino Iturrieta al aseverar en su Contra lujuria, castidad de 1992 que las farragosas “constituciones sinodales” emanadas del arzobispado de Venezuela en septiembre de 1687 (su reedición caraqueña de 1848 llena 486 páginas) son “medulares para el análisis de los hábitos coloniales”, hábitos que dichas constituciones pretendían reglamentar puntillosa y bizantinamente, como sería el caso del traje de las “beatas” que imperativamente debía ser “cerrado hasta el cuello y besando el suelo, so pena de excomunión”.

Pero no todo flota en ellas a nivel de rituales y bagatelas. Su esencial autor, el obispo Diego de Baños y Sotomayor, un limeño despachado a Caracas por la Santa Madre Iglesia tres años antes apenas, tuvo la ocurrencia de incorporar a los textos una esclarecedora y sobreviviente observación socioantropológica, genéricamente referible a todas las nacientes sociedades latinoamericanas pero que él, específicamente, aplica al país cuya Iglesia habían enviado a regentar. La venezolana, afirma, se compone de dos estamentos disociados y jerarquizados (nada de melting pot o “identidad compartida”, diríamos hoy): arriba los “pater familias” blancos, cristianos y acomodados, abajo la “multitud promiscual” sincrética, pobre, “ruda e incapaz”, integrada por indígenas objeto de alguna benevolencia en obsequio al dictamen de papa Pablo III de 1537: “son verdaderos hombres dotados de alma”, y de negros “incapaces que apenas se distinguen de las bestias”; una distinción a la que la Iglesia solo levantó la sanción en 1904.

Crudo, racista y obsceno el distingo, pero primera apreciación histórica de una bipolaridad social nacional que pasaría a ser componente estructural del ADN político del país y hasta pudiera estimular una reescritura de toda su historia vía el análisis de esa profunda y siempreviva cesura que aún hoy bloquea esfuerzos por una pacífica y tolerante convivencia entre venezolanos. Sí, porque aquí y ahora, a 331 luengos años de aquellas constituciones sinodales, aún toca constatar que –si bien la dicotomía ha sido mantenida en vida por disímiles protagonistas a lo largo de la historia colonial y republicana– el nudo hecho de un país casi incesantemente partido en dos belicosas facciones pudiera constituir una poco estudiada constante de su devenir, desde la colonial subordinación de la multitud promiscual a los pater familias hasta la guerra civil realistas/independentistas, desde el dilema Gran Colombia/Venezuela al chavista pueblo angelizado/escuálidos demonizados. La rústica dictadura militarista instaurada en 1999 intuyó a su manera toda la valencia política de esa constante arraigada en el inconsciente colectivo, y logró consolidarse gracias a una ingeniería social e ideológica finalizada a resucitar con fuerza una exasperada, primaria y potencialmente explosiva visión clasista de país dividido en dos mitades estimuladas a odiarse y aniquilarse.

Las ciudades, por su parte, son el fiel espejo de las sociedades que las fundan, de sus utopías y miedos, y como tales deben ser leídas. Más que en otras latitudes, nuestros entornos urbanos llevan siglos instilando en el espíritu de sus moradores la bipolaridad social por cuanto ponen a coexistir sin convivir, como próximos no-prójimos, el cosmos metropolitano de los pater familias instalados en lo más cómodo y ameno, y el desordenado caos de la multitud promiscual en la inhóspita corona periférica. Urbanistas bienintencionados vienen planteando desde hace decenios la necesidad de unificar la ciudad abriendo democráticos cauces entre la polis y el cerro, sin poder pronosticar si un flujo soteriológico terminaría generándose del centro a la periferia convirtiendo las ruinosas rancherías en ordenados y bellos albaicines, o si un impetuoso deslave bajaría del cerro “ranchificando” todo a su paso; una duda que siempre ha impedido la apertura de tales cauces entre las dos mitades de la ciudad, impertérrito micromodelo y vitrina de la existencia de dos Venezuela.

Las dictaduras militar-chavistas han exacerbado e institucionalizado de mil maneras esa fractura nacional, tarea facilitada por disponer de unas Fuerzas Armadas monoclasistas, mayoritariamente provenientes de sectores menos favorecidos y más propensos al resentimiento, y Chávez mucho se esmeró en no ser percibido como “presidente de todos los venezolanos” sino como caudillo de una de las facciones, la “buena”, en lucha por deshacerse de la “mala”. Cuando se asomó al país el espectro de la hambruna y la respuesta lógica, justa y democrática hubiese sido una misma cartilla de racionamiento para todos los venezolanos, los gobiernos chavistas inventaron otra solución dual: abandonar a su suerte a los “escuálidos” con sus monedas fuertes y boutiques abastecidas y acaparar lo poco que se producía e importaba (entre robos y “pudrevales”) para sus queridos menesterosos así convertidos en clientela política a cambio de humillantes dádivas de alimentos básicos; una “solución” particularmente nefasta para la otrora gran esperanza del país, su laboriosa y floreciente clase media. Chávez juraba a diario venerar la Constitución de 1999 pero en los hechos gobernó con una Constitución-bis, su “plan de la patria”, y luego de perder electoralmente la asamblea, la dictadura se inventó otra insólita dicotomía más al dar despóticamente vida, por decreto, a una ilegal asamblea paralela y además constituyente. Así pues, de período en período, la vieja definición-profecía de Diego de Baños y Sotomayor nos ha conducido hoy a formas inéditas y extravagantes de bipolaridad y apartheid: un país con dos constituciones de facto, dos asambleas (legítima y sin poderes la opositora, ilegítima y con poder la gubernamental, sesionando –detalle grotesco– en el mismo Palacio Federal y en ocasiones hasta el mismo día en aulas contiguas), dos tribunales supremos (el ilegítimo en Caracas, el legítimo en el exilio), dos fiscales generales ídem, dos gobernadores de Caracas ídem, ciudadanos con “carnet de la patria” con privilegios y otros desprovistos sin privilegios, dos monedas (la segunda inventada y cripto) y hasta dos precios para combustibles, uno para el pueblo bueno, otro para escuálidos malos.

Lo que le espera a quienes corresponderá restaurar y mejorar la democracia en Venezuela pareciera desafiar las mejores capacidades de una entera generación de ciudadanos impolutos, preparados y voluntariosos. Gente así posee el país, cargada de ideas e ideales, proyectos y utopías concretas y realizables. Un libro blanco global en la materia, de hace un cuarto de siglo pero de conservada vigencia, Encuentro y alternativas (CEV/UCAB 1994, 2 volúmenes, 1.106 p.), sin mencionar otros aportes sectoriales, lo demuestra con creces (sin olvidar que antes de la dramática diáspora que desangra el país, Venezuela tenía porcentualmente cinco veces más graduados universitarios que Francia). Pero recuperar un país devastado por coroneles, iluminados, asnos y saqueadores de toda calaña es tarea inmensa porque los grandes problemas sociales requieren soluciones que encajen una en otra como en un puzzle: no se puede exigir honestidad a una sociedad que sigue padeciendo el hambre, ni justicia con jueces corruptos, ni reconciliación mientras subsistan inaceptables y vergonzosas disparidades sociales. En medio de iniciales e inevitables insuficiencias económicas, enormes, trascendentes y bien planificados esfuerzos habrán de ser llevados adelante sincrónicamente para emprender camino hacia una sociedad mejor. Uno de sus mayores objetivos generales a mediano y largo plazo tendrá que ser el rescate de la unidad nacional después de siglos de bipolaridad, hasta lograr un “encuentro” profundo entre venezolanos que nos retoque genéticamente erradicando del volkgeist nacional, la componente dicotómica (componente particularmente estimada por militares) abriendo cauces a una sociedad de voces múltiples y tolerantes conviviendo en un país solidario, de identidad compartida.

¿Hay recetas universales para una faena de ese tamaño? No, si se piensa, justamente, que en el ámbito político cada reforma de importancia debe ser diseñada desde dentro y para grupos sociales específicos. Sí, si se analizan las más exitosas políticas mundiales que lograron amalgamar y democratizar sociedades, estimando que –debidamente normalizadas y adaptadas a las idiosincrasias propias– pudieran resultar aprovechables. Tres de estas experiencias universales merecen especial consideración.

La primera es la que concierne a los servicios públicos, un mecanismo del convivir intolerantemente deficitario por estas latitudes. Las prestaciones que ellos aseguran generan efectos sociopolíticos colaterales de gran importancia por garantizar a todos una democrática justicia distributiva en cosas esenciales. Rompen silenciosamente barreras y cohesionan un país como máximos creadores –cuando funcionan– de un difuso y profundo sentimiento igualitario al procurar a todo ciudadano, sin distingos espaciotemporales o socioeconómicos, idénticos servicios de agua blancas y servidas, luz, gas y energías, alimentación, educación, salud, seguridad, correos, transportes, comunicaciones, espacios públicos y otros. (El sistema metropolitano de Caracas de la buena época democrática constituye un brillante ejemplo de esta aseveración). Con su trato igual para todos, ellos terminan siendo, si bien administrados y mantenidos, permanentes generadores de democracia que el ciudadano introyecta a partir de concretas y disfrutadas realidades diarias y no sobre vacuas y patrioteras consignas. En cada uno de los citados SP el mapa de Venezuela sigue pareciéndose en pleno siglo XXI al cuero de las vacas Holstein, las de manchas blancas y negras, de “si hay” y “no hay”, una de las causas principales del creciente urbanismo por abandono de zonas desatendidas de servicios esenciales. Todo SP genuino y funcional debe garantizar su universalidad, su continuidad absoluta, su incesante aggiornamento tecnológico y su adecuación a diferentes necesidades de la población; para Venezuela, un desafío que tal vez mereciera la creación de un superministerio ad hoc. Será un esfuerzo muy costoso y prolongado, pero en una economía saneada y funcional, el ciudadano se sentirá mejor dispuesto, como sucede en todas partes, a pagarse los servicios de su elección después de comprobar diariamente su eficiencia, calidad y continuidad. Deseemos una Venezuela con menos intoxicados por demagógicas consignas tipo “tenemos patria” y más ciudadanos orgullosos ante la región y el mundo de sus excelentes transportes, hospitales, correos y sistema educativo.

El segundo modelo a retener concierne a ese momento esencial del continuum humano que es la transmisión del saber de una generación a la siguiente, necesidad satisfecha naturalmente por la familia, formalmente por la educación e informalmente por el conjunto de los medios de comunicación impresos, radioeléctricos y electrónicos. En la época de la democracia, Venezuela fue buen ejemplo mundial por el elevado porcentaje de su presupuesto invertido en educación. De un funcionamiento ideal óptimo de los procesos de transmisión de saberes dependen los éxitos o fracasos de una sociedad que se esfuerza por dejar atrás un pasado indeseable, porque a ellos incumbe educar generaciones más virtuosas, intelectual y moralmente capaces de edificar un país mejor, como lo lograron naciones de dramáticas experiencias históricas: Alemania con sus horrores nazis hoy materia de permanente análisis crítico dentro de su sistema educativo, o la Inglaterra martirizada por la Luftwaffe con su suerte de popular imperativo categórico posconflicto “forgive but not forget”. ¿Qué rol corresponderá a cada uno de estos canales formales e informales de transmisión de los saberes en la recuperación de Venezuela, y además quis  educabit  educatores, quién educará a los nuevos educadores, quién preparará brigadas de incorruptibles Eliot Ness (ese hijo de panadero noruego que limpió los cuerpos norteamericanos de policía y pudo con Al Capone), capaces de reducir a mínimos manejables el robo y el saqueo, quién y cómo grabará de por vida en el alma de todos, desde la materna, que robar es un crimen castigable? Un nuevo estado democrático y éticamente justo deberá asegurar a estos procesos de transferencia de los saberes toda la prioridad que merecen, y el mejor camino para lograrlo es concebirlos definitivamente como servicios públicos con las cuatro características antes señaladas, lo que significará por un lado dotar de infraestructuras materno infantiles y primarias de calidad el país entero, garantizar a todos estudios secundarios públicos de prestigio, modelo Andrés Bello o Fermín Toro de los años cincuenta, blindar y expandir la universidad autónoma, gratuita, de alta calidad y finalmente dotada de sonantes recursos propios, y por el otro lado (respetando las libertades de todos de emitir y recibir), ingresar a Venezuela en el pool de las 56 democracias del mundo dotadas de radiotelevisión de servicio público que preste al país un servicio modélico universal, continuo, adecuado, avanzado, sin contralores comerciales ni gubernamentales y con autoridad independiente.

El tercer modelo a considerar como de utilidad para democracias necesitadas de unificar su identidad concierne …a la instauración de un servicio militar obligatorio de al menos 12 meses, universal y sin excepciones. Pudiera parecer una paradoja, la contradicción de un antimilitarista, y no lo es. ¿Se han preguntado alguna vez por qué no existe un teniente de Altamira, un coronel de clase media alta, un general miembro de academia científica, que hagan de las Fuerzas Armadas nacionales un reflejo de la totalidad del país real liquidando su actual monoclasismo, matriz de perennes tentaciones golpistas? Pero esta infalible manera de democratizar el Ejército sería un primer buen resultado apenas. El servicio militar obligatorio pasó de moda junto con el concepto tradicional de conflicto, reemplazados por el voluntariado y la ciberguerra, pero este avance solo concierne a países en estado de desarrollo avanzado. En una Venezuela recuperada a la democracia sí convendría implantar durante decenios esa obligatoriedad pese a su alto costo, para obtener un segundo y más importante resultado: generar un proceso nacional de desfragmentación y dar vida a más y más convivencia nacional. Los cuarteles educan ciertamente en artes marciales pero también infunden una disciplina de vida, enseñan a muchos una profesión, y por encima de todo (cuando la obligatoriedad es universal), son generadores de un pluralismo social que pasa luego a la vida civil. Estamos hablando de un año de convivencia y amistad del bachiller de Los Palos Grandes con el campesino de la Mesa de Guanipa, del andino con el margariteño, del mecánico con el recogelatas, del ingeniero informático con un ganadero del llano, del cultivador barloventeño de cacao con el jugador de golf del Valle Arriba, de la forja capilar de una nueva convivencia que vaya minimizando la nefasta dicotomía social que el obispo Diego de Baños y Sotomayor señaló de primero hace 331 años.

En una de las obras cumbres de la humana cultura, el Banquete de Platón, uno de los dialogantes enfrascados en la búsqueda de una definición del amor, narra el mito del ser humano, inicialmente andrógino, que los dioses envidiosos de su perfección y poder parten en dos para debilitarlo, explicación de la posterior e incesante búsqueda amorosa del hombre y la mujer por “su mitad”.

Divide et impera: sociedad partida en dos es sociedad debilitada, fácil víctima de aprovechadoras mafias políticas. Obremos para que las partes nacionales, finalmente necesitadas las unas de las otras, terminen reconciliadas y asuman una identidad que puedan compartir. Ut unumsint, invocaba en su lecho de muerte Juan XXIII.

Fotografía  inicial: Tomada de la red, Delcy Rodríguez y los gremios transportistas (23/08/18).

sábado, 9 de junio de 2018

REALIDAD QUE BROTA

Encuestador omnisciente
Luis Barragán


Donde el régimen dijo “liberación”, la oposición (social) expresó “excarcelación”, cuando finalmente salió a la calle un modesto porcentaje de los presos políticos que hay en Venezuela. Convengamos, la rápida distinción nos remite a un penoso aprendizaje sobre el lenguaje de la tiranía que todo lo tergiversa, falsea y destruye.

Días atrás, escuchamos en el metro la explicación que una joven le daba a su presunto compañero de aulas, respecto a “1984” de Orwell. Versó sobre la neolengua, aunque nos llamó aún más la atención una acertada observación.

En efecto, alegó, no se trata de sustituir una palabra por otra, cosa que ocurre, sino de alcanzar otro sentido común. Antes de bajarnos en la estación correspondiente, él balbuceó “eso lo llaman eufemismo” y ella, tenuemente, le dijo que “eso es otro modo de pensar las vainas”.

Nos satisfizo el diálogo, cual  encuestador omnisciente. Comprobamos que, por muchos dislates discursivos que propine el poder establecido, las realidades brotan en su exacto significado.

Inadvertidamente, hay una mayor consciencia de esta amarga experiencia de lo que solemos creer. Y, probablemente, cuando todo esto pase, no será – ojalá – posible embaucar a la ciudadanía con los abalorios de un lenguaje urgido de limpiar y reivindicar.

Fotografía: LB, metro de Caracas (31/07/2016).
10/06/2018:
http://radiowebinformativa.com/archivos/6371

miércoles, 6 de septiembre de 2017

INSISTENCIA

De una vicisitud en el metro
Luis Barragán


- Jefe, aquí no se puede tomar fotos.
- ¿Sí? Se trata de una obra de arte.
- Pero está prohibido…
- ¿Verla?
- Tomarle fotos.
- ¿Y eso?
- Por cosas de seguridad, usted sabe, ¿no?
- No lo suficiente...
- Jefe, aquí en el Metro no se puede tomar fotos...
Ya incómodos, uno de los dos agentes de la PNB me dice:
- Dame tu cédula y acompáñanos ...
- ¿Y eso por qué?
- Porque no se puede tomar fotos aquí y, además, es peligroso que cargues dos celulares. ¿No fue eso lo que medio te sonó en el bolsillo del pantalón?
- ¿El problema es la fotografía o los  celulares?
- Coño, !qué ladilla! Dame tu cédula y nos compañas.
- ¿Y eso?
- Para averiguaciones. Esto es zona de seguridad.
- Me identifico, pero no los acompaño.
- ¿Ah, si? !Cédula y véngase ya?  ... ¿Qué es eso?
- No los acompaño y sigo mi camino.  Soy diputado. Aquí está mi identificación. No es un delito tomar fotografías a este Soto.
Se miraron las caras...
- Jefe, disculpe. Nosotros estamos también con la Constituyente y con mi Comandante en Jefe, Nicolás Maduro. Usted, sabe ... De verdad, nos disculpa. Cuidamos a la gente. Esto está lleno de ladrones.  Dígame, ¿en qué momento nos puede recibir?  ... Usted sabe, la cosa está difícil.
Di media vuelta y seguí mi camino...

06/09/2017:
http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/30739-de-una-vicisitud-en-el-metro
Cfr.
https://lbarragan.blogspot.com/2017/09/erase-una-obra-de-jesus-soto.html

martes, 28 de marzo de 2017

RECONOCIDA DESDE UN VAGÓN

Inmunodeficiencia institucional
Luis Barragán


Nos tienta la inmediata  lectura de fondo y el consiguiente análisis jurídico de la consabida decisión de la Sala Constitucional del TSJ, pero la sabemos muy bien en el contexto de reafirmación de una dictadura que sólo respeta la inmunidad parlamentaria de los suyos. Y, no obstante, el que falle el pedal, recibirá el martillazo por igual. 

Luce imposible una coexistencia con los sectores opositores o disidentes que realmente lo sean, se comporten o parezcan tales. Quizá porque a buena parte de los actuales elencos del poder, con el pie metido hasta los confines del lodo, no les haya quedado otro remedio que quemar las naves, alejando cada vez más la futura refundación  del chavismo, en  nada parecido de lo que fue la del peronismo en Argentina,   cuando todo esto cambie.

A los privilegios de hecho, se suman los que les concede a los altos y hasta a los medianos jerarcas el régimen del antejuicio de mérito de un Código Orgánico Procesal Penal que está de largo por encima de la Constitución que los magistrados desbaratan, decisión tras decisión.  Con todos sus aciertos y errores, momentos de lucidez y vacilaciones, por distraída que fuese, prefieren una Asamblea Nacional enteramente servil y domesticada, pues, ya lo dijo aquella presidente del TSJ, el Estado es uno e, indivisible, cuenta con una sola jefatura.

Muy atrás quedan los viejos reclamos, las angustiosas demandas, el reiterado pedido por el respeto a la (s) inmunidad (es) parlamentaria (s), sobre todo cuando hicieron o simularon la guerra de guerrillas, a partir de los sesenta. Desautorizados moralmente, quienes gobiernan hoy a Venezuela, a pesar de la declaratoria de abandono del cargo que hiciera la Asamblea Nacional con la abstención de un diputado de Henry Falcón, les importa un bledo el Estado Constitucional, la institucionalidad y el parlamento.

La confabulación de los poderes que no, la cacareada confrontación, dispara contra la representación popular, por cierto, lo único verídica y fundadamente representativo que va quedando en Venezuela.. Empero, en el marco de un permanente y no tan atípico Estado de Excepción, hay que salir adelante, insistir, nos desmayar, porque – al fin y al cabo – tampoco nadie es inmune a las enfermedades, en un país donde las más elementales vacunas faltan.

Reproducción: Nota de Enrique Alí González Ordosgoitti (28/03/2017).


29/03/2016:

domingo, 11 de septiembre de 2016

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- José Avizor. "¿Qué pasa en el Metro?". Tribuna Popular, Caracas, 01/08/1986.
- Alberto Arteaga Sánchez. "¿Puede revelar un médico el secreto profesional?". El Diario de Caracas, 25/03/88.
- Luis Báez y la verdad acerca de la criticada variante de la autopista Coche-Tejerías. El Nacional, Caracas, 13/05/73.
- César J. Hernández B. "Las escuelas de derecho". El Universal, Caracas, 04/08/86.

Reproducción: Arturo Uslar Pietri y Wolfgang Larrazábal se abraza, junto a Martín Vegas y Jorge Dáger. Élite, Caracas, Nr. 2150 del 10/12/1966.

domingo, 2 de agosto de 2015

CONVICCIONES SOBRE UN RETROCESO SIN PRECEDENTES

Revolución y guerra
Luis Barragán


Antaño, cualquier escaramuza o guerra se prestigiaba con el término; y, hogaño, exhausto, no da para más En década y media, la revolución no ha operado como el mito poderoso capaz de amalgamar las esperanzas, como en otros lares y circunstancias históricas, sino como el burdo pretexto para un continuismo enfermizo y cada vez más deplorable.

Jamás fue explicada, sino aplicada según el leal entender de sus propulsores, llamando debate a un largo, recurrente y tedioso monólogo.  Improvisándola constantemente, alérgica a las realidades que supuestamente estaba llamada a transformar, prontamente se convirtió en una enorme burbuja propagandística y publicitaria que, una tras, otra, siempre a punto de estallar, escondió y esconde propósitos y acciones que desmienten lo valores proclamados.

Desde un primer momento, el régimen actual maldijo y facturó políticamente un pasado cada vez más remoto, afincándose en la descalificación moral y persecución personal  de los que arbitrariamente señala como sus herederos; nos arrojó al precipicio de un ultrarrentismo insostenible, contrariando la evidente tendencia de la economía venezolana; estafó a la población mediante el plebiscito consecutivo, consagrando los comicios cada vez menos competitivos; confiscó partidistamente el Estado, bajo la dirección de unos elencos del poder de escasa rotación; ha demolido las instituciones, caricaturizándolas. El retroceso no tiene precedentes, agudizadas dramáticamente las desigualdades bajo las hormas de un falaz discurso inclusivo.

Al iniciarse el proceso, en las postrimerías del siglo XX, dijo atajar una guerra civil en puertas. Ayer, pintó terroríficamente una conflictividad abonada por motivos que, al compararlos, hoy lucen benignos.

En un vagón del metro escuchamos, palabras más, palabras menos, el comentario espontáneo de varios usuarios que ya no temen hacerlo a viva voz: el Caracazo fue provocado, porque no hubo escasez de nada, mantuvimos más o menos los niveles de vida, pero – ahora – sí estamos en el fondo de la indigencia, por debajo de los indicadores internacionales de pobreza. Atraídos por la tertulia viajera, nos acercamos para sintonizar con esa conversación presuntamente  ajena.

Hay un razonamiento básico y natural que no ha podido mellar la propaganda oficial. Y uno de los viajeros en las extrañas de la ciudad, agregó: no hay dinero para sacar a los muchachos del país, pero olvídense que nuestros hijos van a servir de escudo en una guerra inventada para que sigan dándose el lujo de comer y viajar los enchufados.  Preguntamos a unos y otros, antes de llegar a la estación de destino y, sintetizando las opiniones, una señora jubilada del magisterio, nos aleccionó como profesora de historia que fue, asegurándonos que ésta no es revolución y para mantenerse en el poder pueden llegar a inventar una lucha sangrienta entre los venezolanos y, si les apuran un poco, un pleito con los guyaneses.

Fuentes:
http://www.diariocontraste.com/revolucion-y-guerra-por-luis-barragan-luisbarraganj/
http://www.lapatilla.com/site/2015/08/03/luis-barragan-revolucion-y-guerra/

lunes, 16 de diciembre de 2013

REPÚBLICA DE PDVSA

Bolívar, socialismo (y una coletilla)
Luis Barragán


Excedido Bolívar, tiene hoy  infinito usos discursivos, añadida  la dimensión mágico-religiosa. Sirve para las consignas  y los menesteres políticamente más onerosos, convertido – por si faltara poco – en un precursor del mero artefacto verbal construido alrededor del llamado socialismo del siglo XXI.
La lógica ha sido heroica y deificante, asumiendo que fue “todo cuanto se propuso ser, e incluso también aquello que ni siquiera sospechó ser”, como lo ha sentenciado Germán Carrera Damas para introducirnos al sentido realista de quien – además, para despecho de los cultivadoras de la antipolítica – fue, sencillamente, un político (“El culto a Bolívar”, Grijalbo, Caracas, 1989: 73 ss.).
Por lo menos, Chávez Frías pasó por la Escuela Militar y supo del gran caraqueño según la versión que muy bien sintetiza Jacinto Pérez Arcay. Sin embargo, el sucesor, por más que el ahora anciano general lo asesore,  nunca leería “Venezuela heroica” de Eduardo Blanco del bachillerato, contentándose con los estribillos populistas que convierten al héroe en otro prisionero, tal como José Martí lo ha sido de los Castro.
SOCIALISMO (CON) REAL
Distintas circunstancias que no viene al caso citar, impidieron nuestra intervención al considerarse el denominado Plan de la Patria en la Asamblea Nacional. Nos sentimos identificados con lo dicho por Omar González y Vestalia Sampedro, pero quedó el cuestionamiento fundamental que quisimos hacer desde la propia perspectiva que el régimen nominalmente reclama.
Por mucha tinta que invierta el ministro Giordani en los talleres de Vadell Hermanos, antes que en los informes oficiales, memorias y otras cuentas pendientes, el modelo cada vez más se asemeja al cubano que, por cierto, muy poco o nada ha aportado al marxismo. Excepto, la retórica guevarista como saldo de un imaginario social insularmente ya insostenible.
Por lo pronto, reparemos en un circunstancia decisiva, pues, quien dice socialismo, dice lucha de clases. Y al respecto, pudiéramos  constatar cuán infieles son a las enseñanzas de la dupla Marx-Engels, añadidas todas las contribuciones de Lenin en adelante, las cuales – por lo demás -  pasaron por el examen casi irrefutable de François Furet. Éste – glosando la compilación hecha por Lucien Calvié -  parte de la dialéctica de lo real y lo imaginario, la contradicción entre el hecho y su representación (“Marx y la revolución francesa”, 1986), ejemplificando concretamente los aportes realizados en “Pensar la revolución francesa” (1978).
En el terreno de las presunciones, respondiendo directa e inexorablemente a la realidad rentista venezolana, olvidada la convencional alianza obrero-campesina, la yunta cívico-militar constituye la mejor expresión de una lucha de los sectores burocráticos y clientelares por confiscar y administrar los ingresos petroleros. La República de PDVSA, la que realmente somos,, experimenta un conflicto que es propio del reparto, donde el visado obviamente lo concede la subordinación político-partidista de la que se haga gala.
Puede aseverarse, acudiendo a otras escuelas sociológicas,  distintas – pero complementarias – a Marx, que, por una parte, la lucha de clases no se verifica, como le escuchamos a un parlamentario guayanés en la cámara, por el burdo asesinato de un dirigente sindical al sur del país, sino por las recurrentes y silenciosas rebatiñas que los privilegios, recursos y servicios del Estado, suscita. Bastará con punzar el bisturí en las devaluaciones recientes, adentrándolo en CADIVI, para identificar a los actores – nombres y procedencias – de un conflicto cuidadosamente enmascarado, acaso por la crudeza de los delitos ordinarios que acarreó; o en los registros y notarías que muy difícilmente abrirían sus archivos para actualizar un clásico como “La oligarquía del dinero” de Domingo Alberto Rangel (1972), dándonos otra pista: el oficialismo  está anclado en los viejos estudios de las clases sociales en Venezuela, reacio a dar una versión renovada del fenómeno que  explicar su proyecto histórico:  diferente al programa electoral de Chávez Frías que acentúa una perspectiva  de la doctrina de seguridad y defensa, más que el desarrollo de otro modo, fuerzas y relaciones de producción.
Nada fortuita es la coincidencia entre el liderazgo político y el militar, sustentados por los ejecutivos de la determinante empresa petrolera que ha pagado el altísimo costo de su endeudamiento y desindustrialización, como tampoco es fruto del azar la importancia protagónica que prácticamente convierten en un triunvirato a quienes encabezan los tres sectores. Y, completando nuestra hipótesis, establecen diversos vínculos con una (boli) burguesía emergente que, superados los antiguos capitanes invocados por Rangel, lo autoriza; y reduce lentamente las 18 clases sociales, propias de las remotas bonanzas petroleras, que Roberto Briceño-León identificó (“Venezuela: clases sociales e individuos, 1992),  expuestas – en distintos grados y matices – a la pérdida de calidad de vida, la inseguridad personal, el desempleo o el desabastecimiento, entre otros de los problemas capaces de simplificarlas y concederles una identidad todavía pendiente, aunque propensas a convertirse en populacho.
Monopolizador de las divisas, el Estado sufre enormes lesiones que, por obra del hiperestatismo, paradójicamente lo desestatizan. Única y exteriormente es fuerte en el ejercicio de la violencia, resistida su dirección a controles así fuesen de naturaleza parlamentaria, debilitándose interiormente para responder a las expectativas y demandas de la población. 
Visto lo anterior, nada casual es la intención de transferir los problemas esenciales a las comunidades, mediante la creación, delegación y sostenimiento de las junta comunales afectas que librarán sus propios conflictos para solventar asuntos de una envergadura y gravedad que los supera, sin que resuenen directamente en las altas camarillas del poder. Y, privatizándolo, la creciente multiplicación de las fundaciones que ejecutan las inevitables políticas públicas que, por un lado, disponen de importantes recursos del Estado; y, por otro, las dispensan cada vez más del control fiscal y de las relaciones jurídico-administrativas que otras  identidades de pleno derecho público comportan, generando así otros sectores sociales medios, junto a los más modestos y afortunados contratistas y proveedores del Estado literalmente hecho divisa.
En esta otra etapa de la Venezuela Saudita, el billón y tanto de dólares acumulados por más de catorce años, ha logrado una confidencial transformación de la sociedad, clases, sectores y relaciones, que el liderazgo estatal está muy lejos de reconocer, siendo su principal beneficiario. Así, entendemos que imagine y represente la oferta socialista lo más amable y abstractamente posible, reducida a un combate entre los revolucionarios y la extrema derecha, entre los soberanistas y los apátridas, entre los sensibles benefactores y los vulgares especuladores, y – en definitiva - entre el chavismo y la burguesía amarilla, evadiendo las realidades de una clase obrera que no representan, porque la liquidaron, y de un socialismo rentista agobiado por la lucha de sus camarillas.
Por si  fuese poco, presumiéndolo casi de cuño manchesteriano, todos los fracasos, yerros y equívocos, lo imputan al capitalismo y, en la Asamblea Nacional, a sus portavoces, empleados, becados y – los más – cachifos o sirvientes. Y, siendo el caso, el lenguaje soez escamotea una lucha que no es de clases, sino una constante y degenerada reyerta de quienes temen perder los privilegios, recursos y servicios que facilita la renta internacional.
Puede concluirse, la “clase” más elaborada hasta lo momento, surge de los impensables hornos carcelarios. Nunca antes, ni siquiera en las filas del populacho que amasó el fascismo europeo, había surgido el “pran”,  esbozando el soporte de las mafias nacidas en década y media, seguramente parecidas a las rusas de ahora.
La retórica del tal Plan de la Patria, esconde los procesos reales. Precisamente, el de un socialismo que se hace con real petrolero.
COLETILLA
Desde su inauguración, el Metro de Caracas cuidó de una simbología que no se identificase con partido alguno, ni siquiera con aquellos que eran gobierno al inaugurarse e innovarse. Desde el logotipo hasta el uniforme de los trabajadores, procuró darle una identidad propia o característica a la muy profesionalizada actividad comercial.
A finales del presente año,  los directivos de la empresa decidieron olvidar el  tradicional color del uniforme para el subterráneo y los buses, enrojeciéndolos.  Quizá una determinación del más alto nivel que suponemos ocupado en otros menesteres más trascendentes,  la mejor apuesta es la de señalar a los ejecutivos del transporte, pues, en esa competencia por ser más papistas que el Papa, apenas es una locura menor frente a otras vistas a lo largo y ancho de la administración pública.
Estribillo: aunque lo comprendemos, luce injustificable que los candidatos ganadores tomen  tan inmediata posesión de sus cargos,  temerosos de un sabotaje.  Parece obvio, algo muy distinto es la campaña a la delicada formación de gobierno.

http://www.analitica.com/va/sociedad/articulos/8212530.asp
Reproducción: Fantonches, Caracas, 18/12/1937.
Brevísima nota LB: Nótese el ciertos sesgo positivista de entonces, por muy progresista que fuesen los que hacían "Fantonches".

domingo, 3 de marzo de 2013

REVÉS

Hemos acumulado un modesto número de fotografías relacionadas con las obras públicas de arte, como ha ocurrido con la pieza de Jesús Soto que se halla en la estación Chacaíto del Metro de Caracas. Tiempo atrás denunciado, incluso, en los medios de circulación nacional, se encuentra en un deplorable estado, como lo ejemplificamos con la gráfica puesta deliberadamente a la inversa (Caracas, 21/02/13).

Sufrimos reveses en nuestra calidad de vida, mientras que el entorno urbano nos agreda, agrediéndolo. Una tarea que no luce complicada, como la del mantenimiento de las obras, se convierte en un esfuerzo ciclópeo e irrealizable. Y es que al cíclope presupuestario, la búsqueda de los recursos, si no los hubiere, se une el de una descomunal displicencia e impúne olvido.

La solución no está en impedir que las personas se sienten a la vera de la obra, sino en la de preservar el talento que rinde testimonio en los espacios públicos, con esa vocación por compartir que constituye el otro olvido.  Huelgan las palabra.

LB

lunes, 5 de diciembre de 2011

EL SERVICIO DESORQUESTADO


De la orquestación del transporte público
Luis Barragán


Recientemente, los usuarios del Metro de Caracas fueron sorprendidos por dos mil integrantes del Sistema Nacional de Orquestas Infantiles y Juveniles. Piezas de Susajo o Buonamente, desconocidos por el gran público, inundaron las veintidós estaciones de un sábado de nueva congestión.

Aplaudimos la iniciativa, sobre todo por la ocasión de escuchar algo más allá del basurero sónico que nos inunda, con o sin audífonos. Probablemente, el esfuerzo constituya el primer dato de lo distinto que también es el universo sonoro, dejando una inquietud para el gusto y el placer como – se ha dicho – ocurre con las instituciones educativas que llegó a visitar la Orquesta Sinfónica de Venezuela en sus recorridos de aniversario. Sin embargo, por lo pronto, es necesario consignar tres observaciones.

Una, que no hay una adecuada, grata y sorpresiva audición alternativa de funcionar mal y muy mal, el servicio de transportación subterránea. Un mínimo de comodidad, confort y seguridad, pedimos los pasajeros que sabemos de la inevitable necesidad de surcar la ciudad lo más rápido posible, entre otras razones porque pagamos el servicio en forma directa o, indirecta, a través de los impuestos.

De modo que la programación musical, contrastando con lo que ocurre en otras partes del mundo, susceptible de un posterior programa de televisión como lo hemos disfrutado – no por casualidad – a través de las emisoras de suscripción, adquiere o pudiera adquirir una función de ocultación del fracaso del gobierno en la transportación pública. De no verificarse el básico cumplimiento del contrato de servicio que tenemos con el Estado, tratándose de los medios masivos que jamás emplean sus más altos funcionarios, tal programación deviene burla de distracción sobre uno de los problemas más acuciantes que padece el ciudadano.

Dos, el concierto simultáneo y sabatino significa una opción frente a la invasión tolerada – pues, no otra es la conclusión – de los grupos e individualidades que ofrecen sus interpretaciones viajeras a cambio de dádivas, aunque – por el desorden alcanzado en la prestación del servicio – promete nuevos congestionamientos en estaciones y andenes, horizontes distintos para el carterista, además propiciados por la ya caracterizada y resignada impuntualidad de los trenes.

Luego, al espectáculo que ha de retener por más tiempo a la audiencia, en forma voluntaria, se suma la involuntaria confusión del tránsito, aún tratándose de un fin de semana. Nunca nos negaríamos a iniciativas culturales más o menos novedosas, como la comentada, pero – reconozcamos – que el Metro de Caracas dejó muchos años atrás de ser un referente de consideración, orden y respeto, para alcanzar niveles de anarquía que, por si fuera poco, acarrea la detención arbitraria de aquellos que osan protestarla cívica y pacíficamente.

Tres, importando las modestas e implícitas recomendaciones que nos permitimos para desarrollar tal evento musical, sintetizada en la necesidad de acreditarla por un mejor servicio prestado, el Estado – y no otro – es quien también debe administrar y subsanar la tragedia de los desechos sonoros de la superficie. Consabido, en los medios públicos de transporte, por las espléndidas cornetas de los choferes hastiados, o gracias a las incursiones de supervivencia de los músicos de ocasión, el ruido en sus más variadas y altisonantes formas, completa la diaria inyección de disgusto, agresividad, violencia o irrespeto a quienes soportan – dato esencial, como vimos – una pésima prestación del servicio.

Convengamos, hay una generación reciente, asimilados los desesperados adultos, que se aventura al espectáculo callejero, incluyendo el circense, por falta de oportunidades de estudios o empleos. Aventura que ha recibido irresponsable estímulo de Chávez Frías, condenados todos a una improvisación que es de sobrevivientes, por lo que se dice legítima la incursión forzada en autobuses, busetas o camionetas, aunque – para finalizar – la presencia del Sistema Nacional de Orquestas pueda también aleccionarlos sobre las generosas posibilidades de una vocación que se descubre y cultiva con disciplina, venciendo los obstáculos de manera … orquestada.

Fuente: http://www.opinionynoticias.com/opinionnacional/10283-de-la-orquestacion-del-transporte-publico

domingo, 4 de septiembre de 2011

CURSO DE ARTE COMPARADO



Una, es la gráfica tomada en la Galería de Arte Nacional (GAN), Caracas. Otra, evidenciando las condiciones, en la estación del metro de Chacaíto, ciudad. Huelgan los comentarios.

Fotografías: LB, Narciso Deboirg (26/08 y 30/08/11).