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domingo, 29 de diciembre de 2019

TERRORISMO INTELECTUAL

Los filotiránicos
Edgar Cherubini 

En Francia, junto a los “guardianes del templo” comunista, conviven intelectuales, periodistas y dirigentes de izquierda que apoyan sin ningún pudor a los regímenes dictatoriales y corruptos de Cuba, Bolivia, Nicaragua y Venezuela, países que integran el Foro de São Paulo, la nueva internacional comunista aliada al crimen organizado en esos tristes trópicos. El apoyo de esa izquierda a los desmanes totalitarios de los caudillos caribeños es una pulsión que florece y da sus frutos en el terreno de la patología política. Siendo promotores del tercermundismo, algunos llegan a traicionar a sus propias sociedades, mientras que otros se expresan con eufemismos o mantienen un silencio cómplice dentro del political correctness de los sistemas democráticos del primer mundo donde viven cobijados en la seguridad de sus tribunas mediáticas o académicas sin temor a ser perseguidos por expresar sus ideas en libertad. Esos intelectuales han sido incapaces de desprenderse de sus camisas de fuerza ideológicas y como bien lo expresara Pascal Bruckner, viven una verdadera “ortopedia del pensamiento”.[1]
En la década de 1950, el filósofo Jean Paul Sartre dispensaba alabanzas al socialismo real de la URSS, pasando por alto la violación de los derechos humanos y los 20 millones de disidentes asesinados por el estalinismo, llegando a declarar en 1954: “En la URSS la libertad de crítica es total”. Dos años más tarde, en 1956, después de que el “Informe Krushev” destapara las crueldades del régimen, no vaciló en volcarse hacia la utopía revolucionaria caribeña. Sin ningún decoro comenzó entonces a proponer la idea del “hombre nuevo” inspirado en la Revolución cubana.
Según Isis Wirth, Huracán sobre al azúcar (Ouragan sur le sucre), los 16 artículos que Sartre hizo aparecer en France-Soir en 1960, fue la apología y la exégesis avant-la-lettre del castrismo. (…) El »especialista de las revoluciones» declaraba que con Castro jamás arribaría la época del terror. Lo más atroz para Wirth es la apologética teórica de la personalidad de Fidel Castro, aderezada con visos filosóficos: “Sartre analiza lo ‘sintético’ de su pensamiento, el carácter ‘totalizador’ -adjetivo del que aún no se cuidaba- de su sensibilidad. Castro no es una ‘totalidad’ singular sino el ‘todo’. ‘El es todos los hombres de la isla; fuera de esto, nada’. O, dicho de una manera más lírica: ‘Castro ya era la isla entera’. Sartre no vacila, incluso, en efectuarle un ‘análisis molecular’ y escribe, “Castro es como ‘el dios de Aristóteles, el primer motor’”. [2]
Fidel Castro, quien en vida expresó que “no quería morir sin ver incendiada Latinoamérica”, en 1994 le pasó el testigo a un militar golpista venezolano, de allí que Hugo Chávez comenzó por repetir los mismos eslóganes: “El hombre nuevo que el socialismo del siglo XXI dará a luz en Venezuela” y “Patria, socialismo o muerte”. Con esto último, sellaba lo ya demostrado por el nazismo y el comunismo, que las ideologías dogmáticas que adoptan “la muerte” como motto, son la fuente de un terrorismo de Estado, arrogándose el derecho de aniquilar en forma física o política a quienes se opongan a sus objetivos.
En los intelectuales de izquierda y muchos de los asesores políticos, analistas y periodistas europeos, amancebados con el régimen militarista y narcoterrorista que instauró Chávez y continuó Maduro, lo que ha privado es la transacción, el utilitarismo, el cinismo o la simple perversidad. Nos negamos a creer que se trata de ideología, ingenuidad o miopía, pues la llamada “revolución bolivariana”, que no es otra cosa que una mafia del crimen organizado está a mucha distancia de la práctica del socialismo democrático moderno del que tanto disfrutan y conversan puertas adentro, en los bistrots de moda o desde sus cómodas sillas académicas en prestigiosas universidades.
La seducción de Siracusa
El apoyo, el mutismo, el comportamiento adulante y complaciente a dictadores latinoamericanos como lo fueron Chávez y Castro y ahora Ortega, Morales y Maduro, que han destruido todo concepto de democracia, entre otros desgarramientos que ocurren en esas lejanas latitudes, nos recuerda la admonición de Mark Lilla en su asertivo ensayo “La seducción de Siracusa”. [3]
Lilla profundiza las razones que llevaron a muchos intelectuales europeos del siglo XX a avalar toda clase de tiranías y desviaciones al sentirse “seducidos por la fascinación del poder totalitario, sus líderes carismáticos o sus mesiánicas ideologías. Coreografiaron cuidadosamente sus viajes y paseos por los dominios de los tiranos, eso sí, con billetes de regreso en la mano. Las doctrinas del comunismo y el fascismo, del marxismo en todas sus barrocas mutaciones, del nacionalismo, del tiers mondisme, en ocasiones animadas por el odio contra el poder despótico, fueron todas capaces de generar feroces dictadores, pero también de cegar a los intelectuales ante sus crímenes”. Sobre los intelectuales europeos que apoyaron o que hoy apoyan estas aberraciones, Lilla es cáustico al afirmar: “La Europa continental alumbró dos grandes sistemas dictatoriales durante el siglo XX, el comunismo y el fascismo; del mismo modo, también creó un nuevo tipo social para el que necesitamos un nuevo nombre: el del “intelectual filotiránico”.
El terrorismo intelectual y el “efecto Lucifer”
Es conocida la actitud de asedio, descalificación y agresión demostrada por los intelectuales y medios de izquierda contra los que no piensan como ellos, siendo notorio en el caso de Aleksandr Solzhenitsin (1918-2008) durante su visita a París en 1974. Este físico y matemático ruso fue condenado a trabajos forzados en un campo de concentración o Gulag desde 1945 a 1956, por expresar opiniones contrarias al régimen estalinista en una carta dirigida a un amigo. Solzhenitsyn fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1970 y expulsado de la Unión Soviética en 1974, cuando el aparato de espionaje de la KGB se enteró de que el escritor había registrado las conversaciones con más de 100 disidentes políticos sobrevivientes como él, para dar a conocer los horrores a los que fueron sometidos durante su cautiverio en el Gulag. Se trataba de científicos, intelectuales, agricultores y gente del común que, aparte de los trabajos forzados y la falta de alimentos a los que estaban sometidos, debían sobrevivir a los hostigamientos de delincuentes y criminales recluidos en un mismo recinto, para que no tuvieran sosiego ni de día ni de noche. Solzhenitsyn resistió 11 años el infierno del Gulag.
Stéphane Courtois, editor de El libro negro del comunismo, señala: “El comunismo real, puso en funcionamiento una represión sistemática, hasta llegar a erigir el terror como forma de gobierno”[4]. Los actos criminales que significaron hostigamientos, prisión, asesinatos, tortura, exclusión social y deportaciones que arrojó la implantación del comunismo ofrecen un balance más terrible que el del nazismo. De acuerdo con dicho informe, se calcula en 20 millones de opositores asesinados en la URSS, de los cuales un gran porcentaje murió en los Gulags, sirviendo de modelo administrativo eficiente para los campos de exterminio nazis, gracias a los intercambios oficiales y protocolos secretos que se sucedieron durante el pacto ruso-alemán de 1939.
En el libro Archipiélago Gulag, metáfora que Solzhenitsyn utiliza para diseccionar ese sistema de prisiones, pudo publicarlo en París en diciembre de 1973, al enterarse de que el KGB había apresado y torturado hasta darle muerte a Elizaveta Voronyánskaya, su secretaria, exigiéndole revelara el lugar donde escondía el manuscrito original. En febrero de 1974 fue detenido y acusado de traición a la patria, a los pocos días lo despojaron de la ciudadanía soviética y lo deportaron a Alemania.
Bajo el título El terrorismo intelectual de la izquierda, Jean Sévillia[5] publica una crítica demoledora sobre la intelectualidad y los medios de comunicación ocupados por la izquierda en Francia. Entre otros temas, reproduce las opiniones sobre Solzhenitsyn del editorial de L’Humanité del 17 de enero de 1974: “La publicación del Archipiélago Gulag está enmarcada en una campaña antisoviética, destinada a distraer de la crisis que padecen los países capitalistas”. Le Monde, Le Nouvel Observateur, Tel Quel y otros medios no se quedan atrás, y califican a Solzhenitsyn de “traidor de la izquierda”, “colaboracionista de la derecha y del capital”, “máquina de guerra contra la URSS, contra el socialismo y contra la unión de la izquierda en Francia”, “profeta de la contrarrevolución” (Apostrophes, 1974), “es un personaje psíquicamente inquietante. Tiene un aspecto simiesco, es como un mono que con tristeza ve pasar a los que se pasean el domingo frente a su jaula” (Tel Quel, 1974).
Mientras estuvo en el país que se ha ufanado siempre de ser el campeón de los derechos humanos, denunció que aún estaban en funcionamiento en la URSS más de 2.000 Gulags, donde permanecían recluidos cinco millones de prisioneros políticos y que en ese mismo año la KGB había dado muerte a más de 20.000 disidentes. Es imperdonable que destacados intelectuales y dirigentes de la izquierda francesa guardaran silencio sobre esos hechos mientras sus acólitos asesinaban intelectualmente al escritor que había osado criticar el régimen comunista de Stalin. Es lo que conocemos como “efecto Lucifer” al que apunta el psiquiatra Philip Zimbardo, “El mal de la inacción o del silencio es una nueva forma del mal, que apoya a aquellos que perpetran el mal”.[6]
A raíz de la muerte de Stalin, las revelaciones del Informe Khrushchev en 1956 produjo por muchos años en dirigentes e intelectuales de izquierda una negación psicótica del totalitarismo soviético. El Partido Comunista francés tardó 17 años en reconocer la veracidad de dicho informe, de allí que sus dirigentes, junto a intelectuales y medios, avalaran por igual el sojuzgamiento a la URSS de los países del Europa del Este por el Pacto de Varsovia, la invasión a Hungría (1956) o el aplastamiento de la primavera de Praga (1968). Los que lograron distanciarse de esa distorsión cognitiva sobre Stalin corrieron presurosos a cantarle alabanzas a nuevos tiranos comunistas, en especial a Fidel Castro, el Stalin caribeño creador de un Gulag tropical donde recluyó a 11 millones de cubanos.
Thierry Wolton, periodista y ensayista francés, autor de Histoire Mondiale du Communisme, en una entrevista que le hace el diario Le Figaro,[7] le preguntan sobre la responsabilidad de los intelectuales, en particular los franceses, en el negacionismo de los crímenes cometidos por el comunismo y por qué esta ideología ejerce tal influencia en ellos. Wolton, alarmado por la carencia de reflexión después de la amplia cobertura de los medios internacionales con motivo del centenario de la Revolución rusa celebrada en 2017, expresó consternado: “Hace dos años, con motivo del centenario de octubre de 1917, un evento que dio origen al comunismo en el siglo XX se ha mantenido oculta por muchos clichés la realidad de esta trágica historia, a pesar de los hechos probados e indiscutibles. Esto es ‘negacionismo’, pues no es una interpretación de la historia, que sería una cuestión de opinión, sino la negación de la realidad. Continúan presentando el advenimiento del comunismo como una hermosa conquista del hombre, con sus gloriosas páginas tomadas de la propaganda de la época, destinadas precisamente a ocultar la realidad de la tragedia, ya que la mayoría de los medios reutilizaron ese mismo discurso propagandístico. (…) La actual negación de izquierda está arraigada en la ceguera de los intelectuales al comunismo durante el siglo XX”.
edgar.cherubini@gmail.com

[1] Pascal Bruckner, Le sanglot de l’homme blanc, Seuil, París, 1983.
[2] Isis Wirth, «El Evangelio según Jean-Paul Sartre», El Nuevo Herald, 26.10.2008.
[3] Mark Lilla, Pensadores temerarios, Debate, 2005.
[4] Stéphane Courtois, Le Livre noir du communisme: Crimes, terreur, répression. Ed. Robert Laffont, 1977.
[5] Jean Sévillia, Le terrorisme intellectuel. Ed. Tempus, 2000.
[6] Philip Zimbardo, The Lucifer Effect: Understanding the Evil. Penguin Random House, 2007.
[7] Thierry Wolton, «Il faut aussi combattre le négationnisme de gauche!». Le Figaro Premium – 22/04/2019.

Fuente:
Fotografía: Sartre en La Habana, en segundo plano el Che Guevara y (der) Fidel. © Alberto Korda.

miércoles, 25 de diciembre de 2019

BISTURÍ

Entrevista con Anne Applebaum
Anne Applebaum (Washington, 1964) lleva muchos años investigando el legado del comunismo en Europa y las transiciones a la democracia de los países que formaron parte del bloque soviético. Ganó el Premio Pulitzer por Gulag (Debate, 2004), que describía el sistema penal de la urss, y acaba de publicar el espectacular ensayo El telón de acero (Debate), donde narra la implantación del totalitarismo en Europa del Este entre 1944 y 1956. Fue corresponsal de The Economist en Varsovia a partir 1988 y editora de The Evening Standard. Está casada desde 1992 con Radosław Sikorski, ministro de exteriores de Polonia. Dirige el Foro de Transiciones del Legatum Institute en Londres y publica regularmente en The Washington Post y otros medios sus análisis sobre política y relaciones internacionales.
Daniel Gascón 
13/06/2014
 
Los acontecimientos de los últimos meses, y en especial la crisis en Ucrania, han hecho que El telón de acero se lea de otra manera. Nos habla de una forma más directa.
Es muy extraño y trágico ver algunas de las cosas que están ocurriendo porque el método que emplean los rusos para crear un movimiento separatista en Ucrania es exactamente el mismo que usó el Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos (NKVD) en 1945: es el mismo procedimiento y el mismo tipo de gente, y resulta muy raro ver ese clásico método del NKVD en acción.
Ha dicho que el origen de El telón de acero está en Gulag. Una de las cosas que usted se preguntaba es por qué el sistema comunista pudo tener tanto éxito: cómo el estalinismo se extendió rápidamente por el territorio devastado de la Europa posterior a la Segunda Guerra Mundial.
Parte de la explicación tiene que ver con lo que estaba contando: se creaban fuerzas de policía secreta mucho antes de que llegara el Ejército Rojo a estos países. En segundo lugar, estaba el uso de violencia dirigida. Cuando llegó el Ejército Rojo, no se producían atrocidades en masa, sino que seleccionaba a personas concretas que parecían posibles líderes nacionales. Tenían información previa, sabían a quiénes buscaban. Otra parte de la explicación tiene que ver con la forma en que manipulaban no tanto los medios de comunicación en general como la radio en particular. Capturaron la sede central de la radio nazi en Berlín y tuvieron mucho cuidado de que no se destruyera en los últimos días de la guerra, para que pudiera convertirse rápidamente en la radio alemana procomunista. Cuando trasladaron aviones llenos de comunistas alemanes desde la Unión Soviética, una de las primeras cosas que hicieron fue poner a algunos al mando de las emisoras de radio. Eran muy conscientes de la importancia de los medios de masas. Otra parte de la respuesta tiene que ver con que la escala y el impacto psicológico de la guerra habían debilitado la idea de la democracia occidental. No solo en el Este de Europa, pero sin duda también allí. Si lo ves desde el punto de vista de Checoslovaquia, por ejemplo, ¿qué había hecho Occidente por los checoslovacos? Bueno, Francia y el Reino Unido los habían vendido en Múnich. Nadie los ayudó durante la guerra. Desde la perspectiva de 1945, los gobiernos anteriores a la contienda parecían débiles. La gente veía la guerra como un fracaso del sistema anterior y buscaba otro. Otra parte de la explicación, que me sorprendió, es que una de las primeras cosas que hicieron el Ejército Rojo y los funcionarios administrativos soviéticos fue controlar no solo la economía sino las instituciones de lo que ahora conocemos como sociedad civil: organizaciones civiles y religiosas, clubes de montañismo y todo tipo de entidades que no estaban conectadas con el Estado. Y empezaron, ya desde el principio, en 1946, a aplastarlas y controlarlas. Esto fue muy importante para crear un sistema totalitario. Finalmente, citaría otra herramienta que a menudo se olvida, que es la limpieza étnica. No se aplica a todos los países, pero sin duda en Polonia y en Checoslovaquia la deportación de los alemanes fue muy popular. Creó un impulso positivo y dio a los partidos comunistas una enorme cantidad de propiedad, dinero y cosas que podían repartir. Esa propiedad alemana se convirtió en propiedad comunista, en propiedades que podían nacionalizarse o entregarse a la gente. Controlarla suponía una gran diferencia. También fue importante la dislocación de la guerra, los traslados de la gente, los polacos llevados desde Ucrania a Polonia... Un refugiado es una persona que tiene una dependencia inmediata de otras personas, que ha perdido los amigos y la comunidad que lo rodeaban. En ese momento en Europa había millones de refugiados, de personas que habían sido desplazadas de los lugares en los que habían vivido. Y eso también hacía que fuera más fácil controlarlos.
¿Por qué eligió hablar de Alemania Oriental, Polonia y Hungría?
Me interesaban los tres países porque la historia de la guerra había sido muy diferente. Polonia era aliada, Alemania era nazi y Hungría estaba entre las dos. La experiencia bélica fue distinta, pero el proceso de estalinización fue muy similar en los tres países. Podría haber escrito sobre Checoslovaquia u otros países y habría sido muy parecido. Fue también muy parecido en los países bálticos, con la diferencia de que allí hubo más violencia y de que esas naciones fueron incorporadas a la Unión Soviética.
Es llamativa la destrucción de las élites locales y su sustitución por gente más próxima a Moscú.
Stalin favorecía a gente que conocía personalmente, en la que confiaba o sobre la que pensaba que tenía alguna ventaja. No siempre le gustaban los comunistas “domésticos” que no conocía. Comunistas polacos que no habían estado en Moscú durante la guerra sufrieron arrestos y presiones políticas. Ocurrió lo mismo con comunistas húngaros y alemanes. Algunos habían pasado la guerra en la clandestinidad y otros fueron a campos de concentración en la época de Hitler. Después de 1945 no gozaban de la confianza de Stalin porque no eran de los suyos. Stalin no los conocía. No le interesaban los ideales de la gente, le interesaban personas en quienes pudiera confiar.
¿Cuál fue la relación de estos regímenes con el antisemitismo?
Es compleja, variada y difícil de resumir. Los partidos comunistas intentaron usar el antisemitismo, y eso es algo que está ocurriendo otra vez en Rusia. En 1968, muchos comunistas judíos fueron expulsados del partido, en un intento de hacer que pareciera más polaco, menos extranjero. No tuvo éxito. A veces emplearon el antisemitismo para parecer populares, otras intentaron enfrentarse. Es un poco diferente en cada país. En Hungría muchos de los comunistas más importantes eran judíos. En Alemania había muy pocos. En Polonia había pocos pero eran importantes. También es cierto que la gran mayoría de los comunistas y de la policía secreta no eran judíos. El partido siempre estaba buscando formas de manipular el antisemitismo en beneficio propio. Y eso creaba situaciones extrañas. Rákosi, el líder comunista húngaro, usaba mucha retórica antisemita, aunque era judío. Hablaba de capitalistas, del mercado negro, de comerciantes y saboteadores y usaba caricaturas y estereotipos judíos. A veces intentaba que el partido pareciese enemigo de los judíos. Es muy complicado y cambió en épocas y lugares.
¿También fue diferente el impacto del estalinismo en las artes?
En realidad fue similar, pero decidí centrarme en cosas distintas en cada país. En el caso de Hungría, elegí el cine, porque la industria cinematográfica húngara era importante e influyente: muchos de los grandes directores húngaros de los años treinta se marcharon a Estados Unidos y fueron fundamentales en Hollywood. Un famoso director soviético, Pudovkin, fue enviado a Budapest para enseñar a los húngaros a hacer películas realistas-socialistas. Hablé de pintura alemana porque me atraía el curioso fenómeno que protagonizaron muchos pintores de vanguardia en los años veinte y treinta, contrarios a Hitler y el fascismo. Algunos fueron a campos de concentración y otros se marcharon del país. Cuando volvieron después de la guerra, querían ir al Este. Pero el problema era que la estética de Alemania del Este era diferente. Esos pintores eran los expresionistas, los vanguardistas, los posimpresionistas; llegan y descubren que tienen que hacer cuadros dentro de la corriente del realismo socialista. Algunos se quedaron, otros se marcharon. Y otros intentaron adaptarse, estudiaron la estética, intentaron encajar. A veces lo consiguieron y a veces no. Intenté mostrar ese extraño dilema. Con respecto a Polonia estudié más la arquitectura y las artes decorativas, porque encontré una historia muy interesante sobre cómo la gente intentaba que el sistema funcionara. Wanda Telakowska era una polaca experta en artes decorativas, en muebles y diseño. Antes de la guerra había formado parte del movimiento Ład, una corriente comparable a otras que existieron en la época en otras partes de Europa: pretendía adaptar la cultura tradicional polaca a la época industrial y descubrir la manera de hacer muebles modernos. Después de la guerra entró en el Ministerio de Cultura, aunque no en el partido, y siguió promoviendo esas ideas: “no es el sistema que esperaba, pero vamos a ver si se puede emplear para hacer algo bueno”, para impulsar el diseño polaco dentro del sistema que existía. Logró que artistas fueran a las fábricas, que hicieran nuevos diseños, etc. Y no lo consiguió porque ni las fábricas ni el sistema comunista estaban interesados en el diseño, sino en producir todo lo posible. Al final dejó el puesto, con una sensación de fracaso. La siguiente generación, que la consideraba una estalinista, tampoco estaba interesada en su trayectoria. Fue una persona que no solo intentó encajar en el sistema, sino que trató de usar su posición en el ministerio para ayudar a la gente. Pero no pudo lograr lo que quería. Las artes me interesaban para ver cómo reaccionaba la gente. Porque el realismo socialista era una idea importada de Moscú, no era una idea autóctona. Nadie creía en ella a nivel local. En todo caso, el realismo socialista no duró tanto. En Alemania del Este sí, pero en Polonia terminó con la muerte de Stalin. Me interesaba la idea del arte dirigido, de que te digan qué debes pintar. La respuesta dependía de cada uno: algunos colaboraron, otros se rebelaron, otros intentaron encajar de alguna manera. Y, en realidad, esa es la historia de todo el mundo.
¿En qué momento y por qué empieza a perder el control la Unión Soviética?
Cuando murió Stalin. Su muerte hizo que la gente sintiera que el cambio era posible. Y, por supuesto, el acontecimiento decisivo es el discurso secreto donde Jrúshchov condenó sus crímenes en 1956. La gente pensó: Esto no puede durar para siempre, tenemos que ser capaces de cambiarlo. Nada más morir Stalin, las personas que estaban a su alrededor empezaron a buscar maneras de cambiar las cosas. Beria, por ejemplo, sabía perfectamente que el comunismo era impopular en Alemania y que era peligroso seguir oprimiendo a la gente. Tras la muerte de Stalin, muchos pensaron que las cosas podían cambiar.
El libro se inicia con dos citas de Aleksander Wat y Václav Havel y está dedicado a los disidentes, o “los que no quisieron vivir en la mentira”. ¿Cuál fue su importancia?
Algunos de los disidentes se comportaron bien después de 1989 y otros no. Es difícil juzgarlos ahora. Fue gente valiente que quería cambiar el sistema. Unos lo intentaron cambiar a través de la escritura y otros a través de la acción. Encontraron métodos no violentos para enfrentarse a regímenes que eran extraordinariamente violentos. En retrospectiva, resulta asombroso que fueran pacíficos. Después de 1956, que es cuando se produjo la última rebelión armada en el Este de Europa, intentaron cambiar la sociedad de maneras más amplias, no violentas, y ahora vemos que eso fue al mismo tiempo prudente e inteligente. En 1985 estaba en Rusia y en 1987 fui a Polonia por primera vez. Pero incluso entonces era imposible saber cómo iban a cambiar las cosas. Y, sin embargo, en ese momento había toda clase de gente que buscaba formas de decir la verdad, que quería contar la historia de su país, que publicaba libros, ya existía toda una sociedad alternativa. Y era gente muy admirable y valiente, aunque no todos supieron ser grandes políticos más tarde. Havel sí: fue un gran político.
Dice que ya no tiene sentido hablar de Europa del Este. ¿Por qué?
No describe nada que sea políticamente interesante. Todavía puedes hablar, desde el punto de vista geográfico, de países del Este, aunque creo que habría que incluir a Grecia. Pero no me parece que esos países tengan mucho que ver entre sí, política, económica o estratégicamente. En la actualidad, desde una perspectiva política y económica, Polonia tiene más que ver con Suecia que con Albania. En algún momento tenemos que dejar de usar el término de “poscomunista”. No decimos que Austria sea pos-Habsburgo. En cierto sentido, ya no son “pos”, y no creo que las similitudes entre ellos sean tan importantes. Los problemas a los que se enfrentan son los problemas a los que se enfrentan los países de Europa occidental. Sus éxitos se deben a las mismas razones. A algunos países no les va bien, pero eso también les ocurre a algunos países de Europa occidental, a menudo por las mismas razones.
Los países que pertenecieron a la esfera de influencia soviética han protagonizado transiciones muy distintas. ¿Cuáles son los factores que determinan el éxito o el fracaso?
Se pueden identificar varios factores para el éxito. En primer lugar, que fueran países que tuvieran una élite alternativa. En otras palabras, que tuvieran personas que hubieran pensado hacia dónde podía ir el país, que hubieran pensado en la reforma económica, que tuvieran algunas ideas, que se reunieran. Eso sucedió en Polonia y en Hungría. En segundo lugar, las ganas que tuvieran de incorporarse a la Unión Europea y lo rápido que quisieran entrar en ella. Los países que de verdad querían formar parte de la ue y estaban dispuestos a hacer lo necesario para ello –reformar la economía, el sistema legal y el ejército– fueron los que mejor lo hicieron. En tercer lugar, era importante no tener petróleo ni gas natural. Cuando tienes esos productos, surge de inmediato una clase de gente muy corrupta, muy rica, que puede alterar la transición. Es mucho mejor no tener petróleo. Y eso es cierto prácticamente para todos los países. El petróleo corrompe, casi por definición. Solo un pequeño grupo de gente puede controlarlo y crea un desequilibrio. Pero el factor principal es el deseo de unirse a la Unión Europea y de hacer los cambios políticos y legales necesarios para ello. En la época no lo habría dicho. Muchas de las cosas que nos parecían importantes entonces ya no lo parecen. A principios de los noventa, cuando yo todavía trabajaba como periodista, se hablaba de la privatización y de cómo se debía realizar: con acciones, con cupones, se hablaba de la privatización masiva. En realidad, no importa. Todo el mundo detestó el proceso de la privatización. Todo el mundo pensaba que la privatización era injusta, en todas partes. Pero la forma en que se decidía cómo hacerlo no resultó ser lo más importante a la hora de determinar el éxito. Lo importante era la Unión Europea, que se reveló como una institución excepcionalmente buena para promover la democracia y las ideas cívicas en el este. Puede que ya no lo piense nadie, pero es lo que ocurrió.
En la Transición española también fue importante la aspiración a entrar en Europa, la idea de ser un país equiparable a sus vecinos, un regreso a la modernidad.
Tiene que ver con lo que ocurría en Polonia. En Polonia, pese a todos los problemas de la Unión Europea, la gente quería formar parte de ella porque quería ser normal. Deseaban un país normal y normal significaba europeo: europeo occidental, en la Unión Europea, con un sistema político y económico similar al de Alemania, Francia, Italia, España. En Polonia hubo una cosa muy importante, que yo no esperaba en absoluto: entrar en Schengen. Desde el punto de vista psicológico fue increíblemente relevante. La gente subía a un tren y se iba a Alemania a pasar el día y volvía. De repente, podían decir: Ahora somos europeos, podemos cruzar la frontera y nadie nos pide el pasaporte ni nos registra el equipaje, podemos ir y volver. Fue clave para Polonia. El hijo de una amiga mía hizo autostop de Polonia a España con un grupo de amigos. Para sus padres, que son de mi edad, habría sido inimaginable. En una generación hay gente no piensa que eso sea gran cosa, que lo ve normal. Es un cambio psicológico enorme.
Ese deseo de integración en Europa se veía al principio de la crisis ucraniana.
En Ucrania hay una generación que quiere lo mismo: ser normal, formar parte del sistema comercial europeo, del mundo académico, tener un sistema político que no sea totalmente corrupto. La cuestión es que no sé si son mayoría en Ucrania. Sin duda, lo son en Kiev y en buena parte del oeste del país, pero no estoy segura de que eso ocurra en el resto de la nación. Pero esa protesta ucraniana entre noviembre y febrero fue una protesta a favor de Europa: la gente agitaba la bandera de la Unión Europea como símbolo de libertad y democracia.
A veces desde Occidente Putin no resulta fácil de entender. Usted ha intentado explicar su forma de ver el mundo. ¿Qué es el putinismo?
Putin ha cambiado su ideología, y ahora emplea un lenguaje nacionalista que antes no utilizaba tanto. Es un hombre que, siguiendo la gran tradición del NKVD y el KGB, ve el mundo en blanco y negro y en los términos de un juego de suma cero: lo que es bueno para ustedes es malo para nosotros. Los acontecimientos en Ucrania son una amenaza doméstica. Putin no percibiría la existencia de una Ucrania prooccidental, no corrupta, democrática y perfectamente integrada en Europa como algo positivo para Rusia, sino como una amenaza. Cualquier Ucrania parecida a una democracia liberal sería una amenaza para él, porque ve el sistema y la política occidental como un peligro. Una revolución democrática o una política democrática acabarían con él. Rusia es un país dirigido por un grupo muy pequeño de gente: si alguien observase con atención cómo se gobierna, si los rusos decidieran que no quieren ese tipo de régimen, Putin sería la primera víctima. Ahora su preocupación es mantenerse en el poder. Cree que eso requiere no solo aplastar cualquier intento de revolución en Ucrania sino también debilitar a Europa. He pensado mucho en por qué decidió anexionar Crimea en vez de limitarse a ocuparla. El patrón en el pasado era que las tropas rusas iban a un lugar como Osetia del Sur y creaban lo que se llama un conflicto congelado. En Crimea decidió anexionar la península y cambiar la frontera. Eso es un ataque directo a la idea de la ley en Europa tras el fin de la Guerra Fría, al principio de que las fronteras no se cambiarán por la fuerza. Quiere debilitar Europa y la confianza de Europa en sus líderes y sus instituciones, porque se siente amenazado por la legalidad, por el Estado de derecho, por las campañas contra la corrupción. No lo dice, y en cambio usa ese lenguaje contra los homosexuales. Pero no creo que eso sea el asunto real, y ni siquiera pienso que importe mucho a los rusos. Lo que es una auténtica amenaza para él son unas elecciones al estilo occidental, una prensa libre al estilo occidental.
¿Cómo debería reaccionar la Unión Europea?
Debería empezar a pensar de forma estratégica sobre el petróleo y el gas. Debería haber una unión energética europea, para no permitir que Gazprom y otras compañías hagan tratos corruptos con unos por otros. En las negociaciones comerciales, España no podría alcanzar un buen acuerdo con Estados Unidos o China, pero Europa entera sí. La Unión Europea tiene que pensar estratégicamente y también hay que reflexionar sobre la otan, sobre la forma de reconfigurarla para el mundo moderno. Hay que trasladar tropas que están en Italia, donde no se necesitan, a Estonia. Tiene que funcionar de nuevo como elemento disuasorio. Las sanciones están muy bien: hacen que la gente se sienta mejor, los tipos a los que se sanciona no son nada simpáticos y la idea de que sus mujeres no pueden usar sus tarjetas de crédito resulta agradable. Pero hay que pensar a largo plazo y es necesaria la acción conjunta de la Unión Europea, entera, y de Estados Unidos.
¿Cómo cree que va a evolucionar la crisis? ¿Vamos a vivir más situaciones similares a la que está ocurriendo en Ucrania?
Creo que si tiene éxito en Ucrania, continuará: ¿por qué no? Siempre lo ha hecho. Todavía no ha tenido éxito en Ucrania. Puede provocar una guerra civil. ~

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Hacemos un llamado a los Gobiernos que tengan relaciones amistosas con el régimen venezolano para que aboguen por los venezolanos
09/08/2014

La vida pública venezolana está siendo sofocada por los herederos de Hugo Chávez. Están tomando las funciones públicas como si fueran de su propiedad privada. Actúan como propietarios de Petróleos de Venezuela y de los Poderes Ejecutivo, Legislativo, Judicial, fiscal y electoral. Han limitado crecientemente las libertades ciudadanas, comenzando por la de expresión.

A la represión de las manifestaciones estudiantiles, siguió la detención ilegal del líder Leopoldo López y el acoso a las principales figuras de la oposición. Teodoro Petkoff, delicado de salud y con más de 80 años de edad, es obligado a presentarse cada ocho días ante la justicia. La diputada María Corina Machado ha sido acusada por el denominado “Alto Mando Político de la Revolución” de estar involucrada en un supuesto golpe de Estado y magnicidio. Muchos otros líderes de la oposición y sus familiares sufren intimidaciones.

Hacemos un llamado a los Gobiernos que tengan relaciones amistosas con el régimen venezolano para que aboguen por los venezolanos que, en condiciones cada vez más precarias y angustiosas, luchan por la libertad y anhelan la reconciliación democrática para impedir la dictadura. En particular, pedimos la liberación inmediata de Leopoldo López, el cese del hostigamiento contra la oposición y el restablecimiento de la pluralidad en los medios de comunicación, los órganos electorales y judiciales.

Anne Applebaum Paul Berman Rafael Cadenas Javier Cercas Félix de Azúa Jorge Edwards Antonio Elorza Franklin Foer Enrique Krauze Mark Lilla Cristina Marcano Norman Manea Adam Michnik Antonio Muñoz Molina Moisés Naím David Rieff Fernando Savater Mario Vargas Llosa Leon Wieseltier Gabriel Zaid

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sábado, 6 de enero de 2018

PREGUNTAN LOS CIUDADANOS Y PUEBLOS SOMETIDOS

EL NACIONAL, Caracas, 03 de enero de 2018
¿Es obligación de las Fuerzas Armadas restituir la democracia?
Carlos Sánchez Berzaín
El año 2017 no deja duda que existen dictaduras en Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia. Son regímenes de facto que se sostienen en el poder mediante el uso de la fuerza, la represión violenta y judicializada, con “leyes infames” que han suplantado el Estado de Derecho. Las oposiciones son inviables e inexistentes porque están exiliadas, presas, extorsionadas, penetradas y manipuladas sin opción alguna de acceder al poder mediante elecciones y no hay libertad de prensa. La resistencia y la protesta civil son brutalmente reprimidas. En estas condiciones: ¿es obligación de las Fuerzas Armadas restituir la democracia?

Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia son regímenes en los que se violan los derechos humanos con “leyes infames” que establecen la retroactividad de la ley, que penalizan el ejercicio de las profesiones libres, que son el mecanismo para imponer el miedo en el pueblo, con perseguidos, cientos de presos políticos y miles de exiliados políticos. Ha desaparecido el Estado de Derecho por la institucionalización de facto de la permanencia indefinida en el gobierno y el control de todos los poderes del Estado. Las elecciones han sido reducidas a un ritual de fraude controlado por el régimen, ha desaparecido el voto universal y secreto como expresión de la soberanía popular.

La dictadura en Cuba se esfuerza por presentarse bajo el ridículo sofisma de “democracia de partido único”. En Venezuela, Nicaragua y Bolivia existe nominalmente oposición por conveniencia del régimen, pero se trata de una oposición amenazada, penetrada, manipulada o simulada que no tiene opción alguna de llegar al poder por medio de elecciones y la dictadura usa para darse la denominación de democracia, cuando todos los elementos esenciales de esta han desaparecido.

Las características de estas dictaduras del socialismo del siglo XXI o castrochavismo son ineficiencia, corrupción, participación en el narcotráfico, declarado antiimperialismo con el que justifican sus vínculos y alianzas con el terrorismo, control de Estado como grupos de “delincuencia organizada” y su necesidad de permanecer indefinidamente en el poder para tener impunidad.

Sus crímenes abarcan desde masacres y asesinatos a opositores y ciudadanos; manipulación judicial con pruebas fraguadas y falsas acusaciones; falsificación de normas jurídicas y suplantación constitucional; negociados en el Estado y empresas; entreguismo y traición a la patria; narcotráfico con producción de droga en la zona cocalera controlada por Evo Morales en Bolivia y las FARC en Colombia, justificados ante las Naciones Unidas como acción antiimperialista; falsificación de datos económicos que deberían dar fe pública; sometimiento de sus pueblos a condiciones de hambre y miseria; expansión de la criminalidad, con encubrimiento o participación; crímenes de lesa humanidad; delitos de abusos sexuales, trata de personas, esclavismo y más.

En este escenario, Cuba ha atacado o permitido el ataque en su territorio a diplomáticos extranjeros; existen cuatro “informes Almagro” sobre Venezuela que detallan el ejercicio dictatorial de Nicolás Maduro; los jueces infames de Evo Morales han reconocido como derecho humano del dictador reelegirse indefinidamente; los Ortega han eliminado a la oposición y controlan el poder a perpetuidad. En Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia no se investiga la corrupción de Odebrecht y otras empresas brasileñas que a partir del modelo del Foro de Sao Paulo con Lula-Rousseff expandieron el soborno en la región; todos estos países acercan relaciones con regímenes islámicos, buscan alianzas con otras dictaduras y defienden a Corea del Norte.

Los pueblos de Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia han caído en “estado de indefensión”. Las Fuerzas Armadas que deberían ser “fuerzas armadas de la nación” o sea del pueblo sujetas a la Constitución, están convertidas en las “fuerzas armadas del régimen”, es decir, en el sostén armado de las dictaduras por el entreguismo y corrupción de sus mandos. Tienen en funcionamiento la Escuela Militar Antiimperialista del Alba en Santa Cruz (Bolivia) y han cambiado todos los planes de estudio de los colegios e institutos militares para reemplazar la doctrina militar nacional por la doctrina política del régimen. El objetivo es que las Fuerzas Armadas de Venezuela, Nicaragua y Bolivia sean en el plazo mas corto posible como las de Cuba, simplemente grupos armados del régimen.

En democracia la subordinación y lealtad de las Fuerzas Armadas se debe a la Constitución, pero si el gobierno suplanta la Constitución y oprime al pueblo, la subordinación y lealtad de las Fuerzas Armadas no pueden permanecer obsecuentes con el régimen. ¿Cuál es el papel que corresponde a las Fuerzas Armadas en situaciones como las de hoy Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia? ¿Es obligación de las Fuerzas Armadas defender al pueblo –del que forman parte– o a la dictadura? ¿Tienen las Fuerzas Armadas la obligación de restituir la democracia?

Estas son preguntas de los ciudadanos y los pueblos sometidos de Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia. Es un tema social, político, académico e internacional sobre el que es necesario discutir sin complejos que den ventaja a los dictadores. No se trata de alentar golpes de Estado, se trata de anular los golpes que los dictadores ya han perpetrado. No se trata de establecer gobiernos militares, se trata de restaurar gobiernos civiles con democracia, Estado de Derecho y alternancia en el poder. No se trata de violar los derechos humanos, se trata de poner fin a las violaciones que a diario cometen los dictadores y de reponer los derechos y garantías fundamentales de pueblos oprimidos por la fuerza.

Fuente:

domingo, 10 de septiembre de 2017

REACCIONES BRUTALES

Una descarada burla
Luis Barragán


Consabido, Maduro Moros concurrió a la tal constituyente, un remedo de la institucionalidad definitivamente perdida, para el anuncio de las medidas económicas que, al repetirlas con obstinación, agravarán aún más la ya peor situación del país.  Cualquiera puede escuchar al venezolano común que, por cierto, somos todos los que lo padecemos, rechazar los controles que nos sumergieron en  las profundidades de una crisis tan inútil como innecesaria, no sin acentuar los poderes del corrompido controlador.

Faltando poco, mientras Choroní sufre un dramático deslave y prosperan las inundaciones en el resto del país que soporta estoicamente las lluvias, la dictadura dona millones de dólares constantes y sonantes a una localidad estadounidense recientemente anegada y a otras del Caribe estremecido por los huracanes. Los recursos que niega al país que lo soporta,  los concede prontamente a otros que, por lo menos, no sufren  la crisis humanitaria que largamente nos aqueja.

Ha sido una constante la esplendidez de este gobierno, el mismo de todo el siglo, con otros países, incluso, para el chantaje inmediato, como uno de los objetivos reales de su política exterior. La construcción y el fracaso de sendos mecanismos dizque integradores en la región, añadidos subsidios como el que goza Telesur, ha dependido de los generosos aportes realizados con dinero – es necesario subrayarlo -  ajeno: el nuestro.

Hoy, la conducta asumida por el ocupante de Miraflores, es en algo semejante a la que históricamente ha caracterizado a los países del socialismo real. Antes, en el contexto de la guerra fría, las donaciones que hacían buscaban minar el prestigio interno de los gobiernos que los rivalizaban, aunque muy después, colapsado el modelo, fue evidente el gigantesco costo social y económico, incluyendo el hambre, que significaba parapetear un misil con ojiva nuclear.

Ergo, evidentemente hoy descontextualizadas las donaciones, presenciamos un presunto modelo de negocios que acarrea la erogación y la propia tramitación de los dólares regalados, pasándole la factura a los venezolanos que sabe muy  bien que lo rechazan y lo protestan. A la brutal simplicidad de esta reacción  que una vez se le escapó públicamente (… de haber sabido que no lo votarían, no hubiese construido los edificios),  se une la más descarada burla al reincidir deliberadamente en las medidas que nos hambrean y al divulgar con desenfado sus donaciones.

10/09/2017:
http://guayoyoenletras.net/2017/09/10/una-descarada-burla/

martes, 5 de septiembre de 2017

REPASO

EL UNIVERSAL, Caracas, 03 de septiembre de 2017
Memoria húngara
Nelson Totesaut Rangel

Hungría es un claro ejemplo del anhelo de un pueblo por su libertad. Un país que, tan solo en su último siglo, fue víctima de ocupación tras ocupación. Tanto nazis como soviets se instalaron en territorio húngaro, creando un Estado poco próspero y miserable, que tendría que esperar hasta el siglo XXI para conocer realmente el desarrollo.

Tras perder la Primera Guerra Mundial, la paz dictada en el Palacio de Trianon, en Versailles, cercenó al país. Otrora nación que gozó del mismo tamaño que Inglaterra, ahora quedaría reducido a un tercio de su territorialidad, perdiendo 2/3 de tierra y 3 millones de expatriados que deambularían entre otras nacionalidades. Desarmada, aislada políticamente y abrazada por el furor de la guerra, la economía húngara se desplomaría, convirtiendo al país de Europa Central, en uno de los más débiles y atrasados de la región entera.

Nazis

La ocupación Nazi se dio con el beneplácito de un gobierno cómplice interno. El partido de los Flecha Cruzadas, con su líder, Ferenc Szálasi, acataron órdenes directas del Reich. Adolf Eichmann, por ejemplo, ordenó la ejecución y deportación de judíos. Cuatrocientos treinta y siete mil cuatrocientos dos deportados a campos de trabajo forzado o de concentración. Y otros miles fusilados a la orilla del Danubio.

Durante dicha ocupación, el ejército rojo se adelantaba por la frontera. El Estado Húngaro estaba limitado a Budapest y Transdanubia. Localidades que defendieron hasta la última consecuencia. Ciudades transformadas en fortalezas. El asedio a Budapest duró desde navidades de 1944 hasta el 13 de febrero de 1945; cuando la devastación de la urbe era total. Los alemanes y los nazis húngaros, desesperados por la inminente derrota, destruyeron todos los puentes, dejaron en ruinas los edificios públicos y acabaron con 30.000 residencias. La ciudad se había vuelto inhabitable.

En marzo de 1945, el último intento nazi se da en el lago de Balaton. Tan solo un mes después el ejército rojo había desplazado por completo a las fuerzas extranjeras. Los colaboradores, como Szálasi, huyeron. Y el país vivió otro brutal éxodo, del que tampoco se recuperaría.

Soviéticos

Para el año 1919 el Partido Comunista era ilegal y funcionaba de manera clandestina. Empero, con la absorción del espiral soviético, el partido gozó de un repunte atómico. Los antiguos flechacruzados, se asimilaban ahora en el partido rojo. Del nacionalsocialismo al comunismo, cambio justificado por el mismísimo primer secretario del partido, Mátyás Rákosi, quien creía plenamente en la reconversión de aquellos que “en menor o mayor medida habían sido infectados por el veneno de la contrarrevolución y el fascismo”. Pura retórica revolucionaria. De hecho, el rito de iniciación debía de venir acompañado de una declaración de su pasado, en donde se comentara cuánto tiempo y qué rango ocuparon dentro del partido de los flechacruzada; y una fe de erratas con una voluntad de “enmendar” los errores previos.

Así empiezan con los 50, con una nueva administración, 10% de la población muerta, un país destruido y una ideología base para la reconstrucción de un país. No sin antes asegurar el poder con el fraude electoral del año 47, cosa que suspendería la democracia por los siguientes 40 años. Ahora la cortina de hierro bajaba y las fronteras se cerraban. La era soviética empieza; torturas, asesinatos y desapariciones estaban a la orden del día. Toda señal de disidencia debía de ser silenciada.

Memoria

El último soldado rojo dejaría Hungría el 19 de junio de 1991. Tras dos guerras de escala mundial, dos ocupaciones de dogmas radicales y un constante escenario de guerra, Hungría pasaría a administrarse de manera autónoma. Pese a esto, un país es su memoria; la cual ellos están lejos de  querer  perder. Enarbolan -orgullosos o apenados- los monumentos de lo que fueron. Sabiendo que, para construir un mejor futuro, no se le puede quitar la mirada al pasado. En esta materia muchas sociedades tienen que aprender.

Fuente:
http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/memoria-hungara_668197
Fotografías:
http://acervo.oglobo.globo.com/fatos-historicos/uniao-sovietica-esmaga-rebeliao-na-hungria-deixando-8-mil-mortos-10456063
https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Discurso-comunista-hungr%C3%ADa--outlawsdiary00tormuoft.png

viernes, 14 de julio de 2017

NADIE APRENDE EN CABEZA AJENA



Non terræ plus ultra

Guido Sosola

Más allá de la tal constituyente, no hay ni habrá nada. Cierto que, de realizarse, el mundo no se acabará, pero costará muchísimo hacer otra cosa que no sea cumplir con  los antojos del dictador y de sus colaboradores más agraciados.

Estamos viviendo tiempos de una terrible persecución, censura y bloqueo, apenas atenuados  para no alborotar en lo que se pueda a la comunidad internacional. Por lo menos, se cuelan las escenas de la represión mientras haya redes sociales que el régimen no ha cancelado porque se sirve de ellas también para confundir y neutralizar a los demás mortales.

El día que cancele las redes, quedará radio-bemba, como en Cuba. Todos los días, parecen ocurrir cosas en la isla, pero los comités de defensa de la revolución (los CLAP de allá, sumados a los grupos militares), vedan cualquier noticia: sordos, ciegos y mudos, imagínense lo que le ocurrirá al inconforme que quiso hacer un gesto, cuando el Papa pisó La Habana.

Estos regímenes salen del tablero por colapso, descomposición, rebelión y fastidio. Revise el amable lector las redes para conocer la debacle del socialismo real, incluyendo la liberalización del mercado como en China y en Vietnam, preservada la nomenclatura.

De imponer la Constituyente, Maduro y compañía se eternizarán y, aunque el mundo no se acabará, es como si eso pasara porque no habrá más horizonte que el de sus ocurrencias y la de quienes lo compitan en el propio palacio. Todo el mundo sabía por qué se fregó la URSS y sus satélites de la Europa Oriental, pero nadie aprende en cabeza ajena: hay que pasar por el calvario.

12/07/2017:

domingo, 5 de marzo de 2017

DE LA PUREZA NATAL

EL PAÍS, Madrid, 23 de febrero de 2017
 TRIBUNA
El relato narcisista
José Álvarez Junco

¿Quién me iba a decir a mí que acabaría por conocer Vietnam? ¿Qué vendría de visita turística y estaría en buenos hoteles internacionales, todo en inglés, incluso con pinitos de español, rodeado de gente amable, que busca su propina con atenciones y sonrisas? Vietnam era, para los contestatarios de los años sesenta y setenta, el pueblo austero, heroico, de gente diminuta pero fibrosa, el David matagigantes, el verdugo del imperialismo yanqui, la prueba viviente de la vulnerabilidad del “sistema”. Los jóvenes izquierdistas del mundo entero pronunciábamos la palabra “Vietnam” con unción sacra, como nuestros mayores habían pronunciado, 30 años antes, la palabra “España”.

Pero hoy todo se ha disuelto en ese gran cuento de hadas de la memoria histórica nacional. En el vocabulario de nuestro guía no figuran términos como colonialismo, imperialismo, lucha de clases o proletariado internacional. Sólo sabe que el heroico pueblo vietnamita, a base de valor, ingenio y tenacidad, derrotó al mayor ejército del mundo. Lo mismo que nos recitaban a nosotros en relación con el pueblo español y el ejército napoleónico. Así, como héroe patrio, veo momificado a Ho Chi Minh, a quien rinden honores soldados tan impasibles como él, mientras otros vigilantes llaman la atención a turistas irrespetuosos que llevan, por ejemplo, las manos en los bolsillos.

Curiosamente, esta aureola heroica —y de eso me entero ahora— sirve a los vietnamitas para ser una potencia regional y hacer marcar el paso a sus vecinos. Y entre estos últimos, naturalmente, su imagen no es tan buena. Los vietnamitas son quienes mandan en Camboya, nos explica el guía camboyano, que no puede verlos ni en pintura. Hay que escuchar con atención a los guías, porque son adictos al opio nacional y renuncian a toda originalidad o profundidad para atenerse a los tópicos más aceptados. Quienes dirigieron las masacres de Pol Pot, sigue diciéndonos (y se refiere a las mayores atrocidades del siglo XX, tras las de Hitler y Stalin, sin alterar su seductora sonrisa), no fueron camboyanos, sino vietnamitas, con el propósito de anular la identidad del país y apoderarse de él. Me viene a la cabeza otra visita a Corea del Sur, donde no dejaron de martillearme con las atrocidades de los japoneses; los coreanos sólo habían sido víctimas. No digamos en Polonia o Hungría, donde los autóctonos se creen puro objeto de abusos y masacres, sin culpa alguna por su parte, a manos de alemanes primero y rusos, después. O el Museo de Historia de Cataluña, donde ya se sabe de dónde proceden todas las maldades y quién es mero sujeto sufriente, cuya única culpa es aferrarse a su identidad milenaria. No hablemos de las versiones unilaterales del complejo conflicto palestino que uno escucha en una visita a Israel. Y mi recorrido mental conduce inevitablemente a Donald Trump, que gana elecciones a base de confirmarle al americano rural lo que este ya sospechaba: que los mexicanos les roban el trabajo, como los chinos saquean sus ideas industriales o los europeos se aprovechan de ellos para que les salga gratis su defensa.

El nacionalismo, en fin, absorbe y borra cualquier otro relato épico, que siempre suscitará mayores discrepancias que el suyo. La revolución rusa de 1917, en cuyo centenario estamos, empezó por ser narrada como una gesta proletaria y una dictadura de clase, pero acabó reorientada por Stalin y fagocitada por la épica nacional, en la que el episodio central es la Gran Guerra Patria, cuando Rusia derrotó, a costa de millones de vidas, al ogro nazi. Y hoy Putin puede integrar en un relato unitario las glorias de los zares con la hazaña estalinista y sus propias ambiciones como gran potencia. También De Gaulle se las arregló, en Francia, para distorsionar el recuerdo de un periodo humillante y conflictivo, durante el cual el país había sido derrotado fulgurantemente por su rival secular y a continuación se había dividido y un sector había colaborado con los invasores; en vez de eso, explicó que los traidores habían sido la excepción mientras la práctica totalidad del país mantenía tenazmente la resistencia; versión que cerraba las heridas, satisfacía a todos y dejaba intacto el honor nacional, por lo que se impuso de manera inmediata; Francia pasó a ser una de las cinco potencias triunfadoras y entró en el Consejo de Seguridad con derecho a veto. Malabarismos parecidos hizo Italia, tras las dos guerras mundiales, para conseguir consagrar una historia que les colocaba, sin claroscuros, entre los vencedores.

En la revolución antiabsolutista inglesa en el siglo XVII el programa parlamentario triunfó gracias a su fusión con la tradición y la identidad inglesas. Lo que en realidad ocurrió fue una guerra civil, porque en la isla había muchos católicos y muchos monárquicos absolutistas, pero los revolucionarios se las arreglaron para presentarlo como un enfrentamiento entre los verdaderos ingleses y los renegados papistas y proespañoles; en cuanto se impuso esa versión, tuvieron la batalla ganada. La propia Francia también convirtió su gran revolución de 1789, iniciada con algo tan universal como una declaración de los derechos “del hombre y del ciudadano”, en una hazaña del pueblo francés, único capaz de liberarse de despotismos; lo cual les llevó a proclamarse superiores y a arrogarse el derecho a enseñar a los demás el camino de la libertad; y por tanto a integrarles, quisieran o no, en su imperio. Incluso Fidel Castro evolucionó en la justificación de su régimen desde el socialismo hasta el “¡Patria o muerte!”, el orgullo de ser los únicos capaces de oponerse al arrogante yanqui.

En las escuelas de los países latinoamericanos todavía se enseñan las guerras de la independencia como gestas populares, unánimes, inspiradas por ideales de liberación y progreso, contra la arcaica y tiránica España; lo cual oculta los aspectos de división interna, colaboración de buena parte de las élites criollas con la metrópolis o pasividad de la población indígena, que sin embargo cualquier historiador solvente reconoce hoy. Claro que la propia España rehízo igualmente su historia del conflicto napoleónico prescindiendo de sus aspectos guerracivilistas, los amplios apoyos que José Bonaparte halló entre las élites, su triunfal viaje por Andalucía en 1810 o el protagonismo de las tropas de Wellington en todas las batallas decisivas. De eso no se habla. Fue el heroico pueblo español, solo y desnudo, pero henchido de ardor patrio, el que hizo morder el polvo al mayor general de la historia.

El nacionalismo, en suma, explica pasado y presente en términos reconfortantes, tranquiliza y consuela a quienes se alimentan con él. Expresa el egoísmo y el narcisismo colectivos. Su triunfo es, por eso, inevitable. Entre los necesitados de simplezas, habría que añadir. Pero los necesitados de simplezas, ay, son mayoría, y la mayoría decide las elecciones. Del emparejamiento entre nacionalismo y democracia espero lo peor. Veremos muchos Trump y muchos Le Pen.
(*) José Álvarez Junco es historiador.

Fuente:
http://elpais.com/elpais/2017/02/21/opinion/1487673120_294458.html
Ilustraciones:
http://geschichtsfreak.blogspot.com/2011/06/elementos-tipicos-y-basicos-del.html
http://lasuertesonriealosaudaces.blogspot.es/tags/nacionalismo/

jueves, 7 de enero de 2016

OTRORA DELIBERACIÓN

Érase de un parlamento
Guido Sosola


Padecemos un socialismo tan real, como el que prevalece en Cuba o Corea del Norte, distanciados de esa curiosidad del pragmatismo que es China o Vietnam. El nuestro remite a una actualización del ensayo, muy a lo siglo XXI, pues, donde hubo lucha de clases y dictadura del proletariado como consignas, está hoy el temor de concebir y hacer la una para entronizar la yunta cívico-militar, con todas las ventajas que concede el ultrarrentismo, respecto a la otra: por ejemplo, a lo Chantal Mouffe, se gobierna en nombre de los indígenas, la violencia contra las mujeres, la contaminación ambiental o cualesquiera otras reivindicaciones sociales – agudas reivindicaciones sociales – consagrando la captura de la dirección del Estado por los pocos que puedan y lo consiguen,  subastarse las divisas que monopolizan.

Se dirá de un pesado  preámbulo para arribar a tres conclusiones rápidas: quizá estamos aportando otra modalidad para el derrumbe del socialismo real, frente a la experiencia europea de los ochenta y noventa del XX; posiblemente, no imaginamos antes la vía parlamentaria como expresión de esa modalidad; y hay dudas sobre la capacidad misma de quienes ahora representan la soberanía popular. Valga aclarar de antemano, dudas razonables y legítimas, nada maliciosas.

Valga la ilustración,  la crisis polaca se sinceró y condensó en un poderoso movimiento social que dio al traste con el régimen a través de Solidaridad, o la soviética manifestó las contradicciones del complejo militar-industrial en el contexto de una economía insustentable, dirimidas por sendos grupos de poder, añadido el golpe de Estado. En Venezuela, por ironía de la historia, después del brutal desprecio que generalizamos hacia el parlamento, a éste – proyectando los últimos acontecimientos – le corresponderá echar las bases y condiciones para una transición,  difícil por la naturaleza y complejidad inherente a la variedad de las agrupaciones, partidos y movimientos representados: porque abstractamente representan a la ciudadanía silenciada por todos estos años y, quiérase o no, ella se manifiesta a través de muy concretas organizaciones políticas que exponen determinadas orientaciones, ya que – también – se desdibujaron en términos ideológicos apelando al inevitable centro político.

Por un poco más de década y media, hubo un terrible desaprendizaje sobre el parlamento y sus prácticas, con la salvedad del primer lustro en el  que la Asamblea Nacional estuvo de alguna manera compuesta por experimentados dirigentes que, al siguiente, se redujo a favor de un oficialismo pletórico de burócratas. En los últimos cinco años queda pendiente una evaluación, la que no será política, sino histórica, porque – se dice - no hay tiempo para la polémica innecesaria.

El venidero quinquenio exige esa evaluación de los diputados de la oposición e – igualmente – del gobierno, para saber cuán lejos pueden llegar. En un caso, para profundizar en la transición y, en el otro, para resistirla renunciando hipotéticamente a la violencia que acabe con el propio parlamento.

Acá hubo una formidable escuela y tradición que, con sus incontables errores, hizo del Congreso Nacional la otra experiencia, alterna al país de las guerras civiles y escaramuzas. Por muy Gómez que se fuese o, precisamente, por serlo, cierto que sus senadores y diputados fueron serviles, pero jamás improvisados – incluso – para sostenerlo, exhibiendo un mínimo de talento y preparación para ello, como el oficialismo no logró al darle soporte – dizque – institucional a Chávez Frías y a Maduro Moros.

Llamado luego Congreso de la República, supimos de una membrecía  también diligente, estudiosa, de probadas habilidades políticas, vocacionalmente dispuesta a cumplir con sus responsabilidades. Érase un parlamento que, mal que bien, aún por disputas internas de los partidos que tan injustamente reclamaron su exclusiva dirección, con olvido de sus representados, toleraba a las minorías, clamaba por el respeto, cultivaba la palabra, tomaba la iniciativa legislativa, se envalentonaba seriamente con las denuncias, celaba las autorizaciones que les correspondían, llevaba la cuenta de las finanzas públicas, por muy díscolas que fueron no pocas conductas de los que abusaron de sus inmunidades.

Los tiempos y las condiciones cambiaron y, a la sombra de la transición, se exige una disciplina básica de 112 diputados que, insistamos, fueron proclamados y tienen el deber constitucional de juramentarse, porque – faltando poco – es la Asamblea Nacional la que califica a sus miembros y resulta inejecutable toda sentencia que pretenda desconocer la voluntad ciudadana inmediatamente después de las adjudicaciones realizadas por el organismo electoral. Empero, esa disciplina no está reñida con el esfuerzo que cada diputado haga de acuerdo con su consciencia, aunque sabemos que el proceso de selección de los candidatos opositores no fue el más idóneo, como lo hubiesen sido las primarias: el azar llevó a muchos a la nominación, pero lo hecho, hecho está.

Hecho está y, por las características que impone esa transición, con predominio del incansable juego táctico, no tenemos tiempo para lamentarnos. De modo que, a los diputados novatos de esta Asamblea Nacional, fundamentalmente, porque se supone que los reelectos alguna experiencia tienen, les recomendamos esmerarse por realizar su trabajo con paciencia (se trata de un maratón y no de cien metros planos, sin obstáculos), subordinarlo a nítidos objetivos políticos (sin engolosinarse por una dignidad institucional que la suerte concedió), y mirar hacia lo que fue el desempeño de antiguos senadores y diputados que brillaron al demostrar una entera vocación de servidores públicos.

Fotografía: Fachada sur del Capitolio Federal, Caracas, 1930. Curaduría:  Juan Manuel Fuentes Ramajo‎ (Caracas en Retrospectiva / Facebook).

lunes, 21 de septiembre de 2015

GIRA PASTORAL



Pilas, querido Papa Francisco: una dictadura agoniza

“Más allá de las apariencias, oramos porque la visita papal a Cuba sea decisiva en el contexto íntimo de la prolongada y penosa agonía de una dictadura que ha engañado a todo un pueblo merecedor de la libertad y la justicia, víctima del socialismo real que todavía pretender aniquilar su dignidad”, enfatizó el diputado opositor Luis Barragán.

Manifestó el Sub-Jefe de la Fracción Parlamentaria de Independientes (Vente) en la Asamblea Nacional: “Una gira pastoral actualiza la situación real de la isla caribeña, cuya natural y legítima disidencia procura silenciar tras barrotes el mismo régimen que se ha apoderado y aprovechado del que prevalece en Venezuela.  En las postrimerías de un totalitarismo que todavía amenaza con expandirse por América Latina, empleando los más retorcidos caminos de la mentira, la voz papal está llamada a orientarla a favor de la plena realización de la persona humana”.

Finalmente, acotó el diputado Barragán: “Pilas, mi querido Francisco, una dictadura agoniza”.

Fuentes: