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jueves, 5 de diciembre de 2019

LA PERCEPCIÓN ACONTECIDA

Kínesis
José Rafael Herrera 

Al maestro Carlos Cruz-Diez

Colma de orgullo formar parte de una generación signada por el arte y la cultura cinéticas, aunque en el presente hayan sido objeto de vejamen, cruelmente -ignorantemente- pisoteadas por las botas de una barbarie que ni siquiera puede llegar a la dignidad del arte rupestre. Es tiempo de hacer balance retrospectivo, a objeto de comprender de qué se trata, cuando se piensa en un modo de ser y pensar adecuado al movimiento y al color. Y sin embargo, la representación que con mayor frecuencia la sociedad contemporánea se ha hecho del movimiento, como el simple cambio de posición de los cuerpos en el espacio-tiempo respecto de un determinado sistema referencial, resulta francamente insuficiente para poder abarcar la riqueza semántica con la cual, por ejemplo, la cultura griega clásica llegó a concebirlo. En algún momento se llegará a comprender el grave daño que las muletas del entendimiento abstracto y de la ratio técnica le han propiciado al andar de la humanidad.

La expresión alemana Anwesung es usada por Heidegger para definir la energía atelésica o el «movimiento de llegada a la presencia». Se trata de un término más cercano al nombre con el que Aristóteles designa la kínesis o energeia del movimiento impuro, imperfecto, efímero, ese «estar presente» o conmoción que comporta el carácter de lo que aún no ha llegado a término, de lo que se va revelando. En otros términos, se trata del ser que va aconteciendo en la claridad, en el devenir cromático del sentido. Es un pensar que es un ser y un ser que es un pensar. Porque, como dice Heidegger siguiendo a Aristóteles, “lo mismo es pensar y ser”. El salto hacia el abismo que separa al ser de la existencia no es un salto al vacío ni a la oscuridad de la nada, sino la policromía de las figuras del movimiento que va aconteciendo, que va siendo, o la kínesis propiamente dicha. Y es en eso que consiste, por cierto, el arte y la cultura cinéticas.

A diferencia de las ontologías que preceden a la suya, la de Heidegger comprende el ser no como fundamento sino como «sentido», cabe decir, como un camino abierto, en el que ocurre de continuo “el evento” (Ereignis) de la correspondencia de ser y pensar, esa recíproca apropiación de lo uno y de lo otro que es concebida por el pensador alemán como “la pertenencia al ser que se hace presente solo porque el ser del ente, en su unicidad, necesita del existente y, fundado en él y fundándolo, necesita del hombre”. Ser es, pues, ser producido, poiesis, creación continua. Y, no por casualidad, este «sentido» del que habla Heidegger es el mismo que genera «el evento» de la impresión que producen en la retina los rayos de luz que, reflejados y absorbidos en el espacio-tiempo, van fundando -y fundándose- en el camino abierto de una coloración que es un devenir infinito. En esto consiste la creación -de nuevo, la poiesis– del cinetismo como propuesta estética. Si Heidegger ha definido sobre un inacabable lienzo -“gris sobre gris”- la ontología del ser y del tiempo contemporáneos, Carlos Cruz-Diez, más que definir, ha producido la estética del ser y del tiempo en la infinita policromía del movimiento de la contemporaneidad, concebido como kínesis, como “lo que va siendo”.

Y es así como, según el maestro Cruz-Diez, “el color sucede”: “He insistido en llevar el color al espacio, sin soporte y sin anécdota, revelándolo en su ambigüedad, como circunstancia efímera, en continua mutación, creando realidades autónomas”. Su obra se evidencia como un incesante “soporte para el acontecimiento cromático” que patentiza el ser de lo que va siendo, en incesante kínesis. Es el Bifröst -el mitológico puente-arco iris que une Asgard con Midgard-, cuya vivaz animación cuelga sobre el inmenso abismo del universo que une y separa el ser de la existencia. Esa, señala el maestro, “es una realidad, porque los acontecimientos tienen lugar en el espacio y en el tiempo real. Sin pasado ni futuro, en un presente perpetuo, que no depende de la forma o de lo anecdótico, y ni siquiera del soporte”. Su discurso plástico se genera en el espacio-tiempo con el propósito de crear acontecimientos cromáticos que cambian la relación dialéctica que se produce entre el espectador y la obra, produciéndose un desplazamiento y una interacción de la luz y la distancia del expectante, quien participa del hacerse y deshacerse del color, sin pasado ni futuro, en el presente perpetuo.

Esta es la gran contribución del maestro Cruz-Diez a la contemporaneidad, expresada en cada una de sus obras de arte, auténticos escenarios del kínesis, ese movimiento esencial de la percepción del tiempo real. Merecía, sin duda, un mayor reconocimiento por parte de una Venezuela que amaba con desbordante pasión, no la soledad del Paraninfo. Lo mismo que sus contemporáneos Soto, Otero y Ravelo, entre tantos otros dignos discípulos de las enseñanzas de Duchamp y Calder, a quienes admiraron y, hasta podría decirse, superaron en buena medida, para ofrecerle al mundo, pero especialmente a la pujante democracia venezolana, una realidad en incesante devenir. Hoy la Venezuela de la civilidad, que tuvo el privilegio de contemplar, no sin asombro, cómo la cultura cinética iba embelleciendo las ciudades, al tiempo que dinamismo y democracia se adecuaban recíprocamente, muestra -como decía el maestro- el rostro de “un modelo agotado y obsoleto que se ha empeñado en destruir los valores humanos, que son la única garantía para construir una sociedad basada en la dignidad, el progreso y la justicia social”.

En su «Mensaje a la juventud venezolana», escrito en 2017, puede leerse: “Si mi esfuerzo en la vida para lograr ganar un lugar en el mundo del arte puede servirles de referencia, les digo que eso lo logré gracias a realizarlo en un contexto de plena libertad, y la libertad solo se logra en democracia. Una libertad sin prejuicios ni dogmas”. Las palabras de Cruz-Diez alientan. Son como la luz que acaricia el juego infinito de los colores de una kínesis sin fin, eterna.

Fuente:
Fotografías: Susana Benko, tomadas de su cuenta de Facebook. Homenaje reciente  a CCD, alcaldia de Chacao. Esto nos precisa Benko, en Facebook: "Susana Benko Gracias Luis Barragán J. Fue en la Plaza Alfredo Sadel, Alcaldía de Batuta y patrocinio de la Embajada de Francia. Una noche muy festiva que seguro el maestro hubiese disfrutado".

miércoles, 17 de abril de 2019

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Jaime Paredes Ruíz, con fotografías de Garrido. "¿Ahora una santa venezolana (Madre Emilía Chapellín Istúriz) ?". Élite, Caracas, nr. 1635 del 26/01/1957.
- Esteban Emilio Mosonyi. "Las minorías étnicas autóctonas y la nacionalidad venezolana". Uno y Múltiple, Caracas, nr. 01 de marzo a junio de 1975.
- Hernán Quijada. "El dintel psíquico y la madre". El Nacional, Caracas, 17/10/79.
- Susana Benko. "La crítica soy yo". El Nacional, 17/01/82. Papel Literario.
- Frank Viloria. "La prospectiva tecnológica". Economía Hoy, Caracas, 25/05/90.

Reproducción: Fotografía de Luis Alberto Henríquez. Metro de Caracas. El Diario de Caracas, 09/12/1988.

domingo, 26 de noviembre de 2017

domingo, 11 de septiembre de 2016

TRAZOS DE PAÍS

Del invulnerable patrimonio espiritual
Luis Barragán


Nadie pretende una versión idílica, pero solía ocurrir en el pasado más o menos remoto. Por ejemplo, hubo un Museo de Arte Contemporáneo – aparente pleonasmo – al día que, además de sus servicios, estando cerca de la Cinemateca Nacional y del Ateneo de Caracas,  abría las ventanas al disfrute y a la reflexión estética, tan gratuitamente como la galería privada que abría las suyas,  aspirando a colocar sus piezas, en Las Mercedes, Bello Monte o El Bosque.

No era tan fácil y aceptable que a alguien se le ocurriese asaltar y hasta acabar con  la vida ajena en la intranquila ciudad de todas las horas, o, desde la Cárcel Modelo o el Retén de Catia, monitorear al posible comprador de una obra que, por cierto, frecuentemente, lo hacía a nombre propio.  En aquellos autobuses en los que también se fumaba, mastodontes lentos y torpes de sonoros tubos de escape, pero más confiables y  cómodos que las busetas de ahora, regresaba a casa la satisfecha curiosidad sembrada  por la madre del muchacho, gustosa de la pintura, siendo pintora aficionada: varias veces, él acudía con las páginas del Papel Literario de El Nacional a sus clases en el Liceo de Aplicación, en ese bachillerato distinto que tenía a una profesora de historia del  arte como Julia Tarazona.

Desde aquellas postrimerías de la década del setenta, data la familiaridad con el trazo constructivista de Julio Pacheco Rivas, convertido en trazo de soldadura de luces y sombras atadas en la aún novísima centuria. Digamos, no se tenía en casa ninguna de sus piezas, pero era como tenerlas al saberlas visitables en algún lugar de la ciudad.

Hace poco, sacando tiempo de donde ya no se tiene, pudimos aprovechar una reciente muestra del artista, como ocurría normalmente en la vieja y notan ajada Caracas. El primero de agosto, la inauguración en los espacios culturales del BOD contó con un recorrido en el que el propio creador fue explicando cada obra, después de la introducción hecha por Susana Benko, la curadora, permitiéndonos fotografiar todo lo que se pudo en un ambiente de absoluta cordialidad, antes de proseguir el camino a las farmacias en la inevitable búsqueda de las pastillas para la tensión. Y, luego, el día 27, un día antes de la clausura, ambos compartieron el panel con María Luz Cárdenas, Bélgica Rodríguez y  Perán Erminy, en un estupendo foro que una concreta actividad proselitista y parlamentaria, nos forzó a abandonar en sus minutos finales.

A diferencia de los remotos tiempos, el catálogo está en línea (http://susanabenko.blogspot.com/2016/06/julio-pacheco-rivas-el-color-del-cristal.html), accesible a todo interesado y podemos, incluso, explorar un poco más la trayectoria de Pacheco Rivas y sus críticos en la red, constatando la exitosa incursión en uno de los sectores populares de Petare que le concede el inadvertido privilegio de una mirada a la muchachada. No sabemos si los liceístas contarán con la entusiasta orientación del docente apurado, aunque – tan expuestos al inmenso basurero iconográfico de los días que corren – tenemos la certeza que llegará el momento, cercano o lejano, que la novedosa imagen de Pacheco Rivas saldrá del subconsciente que tienen por escondite, descubriéndose en un país con precariedades que jamás vulnerarán el patrimonio espiritual que lo explica.


12/09/2016:
http://class987fm.com/2016/09/12/del-invulnerable-patrimonio-espiritual-escrito-por-luisbarraganj/

miércoles, 7 de septiembre de 2016

BITÁCORA


Escribe Julio Pacheco Rivas: ""vida pasión y muerte" del mural realizado para mi exposición El color del Cristal, en las imágenes cortesía de carlos Carlos Roig, a quien agradezco infinitamente este maravilloso registro resucitador" (https://www.facebook.com/j.pacheco.rivas).
Cfr. http://susanabenko.blogspot.com/2016/06/julio-pacheco-rivas-el-color-del-cristal.html

sábado, 27 de agosto de 2016

CUADERNO DE BITÁCORA



Nos quedamos hasta casi culminar el foro, pero – inevitable – hubo que marcharse a un par de reuniones de distinto cuño. Suele ocurrir, gustamos de un novelista – por ejemplo – y, casi inadvertidamente, con el tiempo, indagamos la opinión de los críticos. Por supuesto, esto no nos convierte en expertos de su obra y, a lo sumo, ingresamos a las filas de los más o menos avisados. Con las piezas de Julio Pacheco Rivas, pasa algo semejante y, aunque la agenda del día marcaba otras prioridades, fue necesario acudir al foro y escuchar versión múltiple y multiplicadora, la de los especialistas. 


Valga acotar, dimos una brevísima mirada a un edificio en construcción, cercano al Espacio Cultural del BOD. Existe una familiaridad innegable que, tratada por los artistas, añadidos sus críticos, nos lleva a una realidad meditada, quizá depurada, definitivamente humanizada por la reflexión.


Las intervenciones fueron satisfactorias, mas debemos esperar a la publicación del catálogo que constituye la promesa de la curadora, Susana Benko, quien se extenderá en aspectos que hoy, como en el día de la inauguración de la muestra, esbozó. No obstante, retenemos algo que dijo, palabras más, palabras menos: un compendio de ilusiones que nos lleva a la razón. Además, hay espacios reales que sirven de soporte a los ficticios. 


Por un momento, planeamos un texto para el lunes, el día de nuestros artículos: digamos, esta asfixiante antología de realidades que desembocan en una ilusión fallida. Así, la obra de Pacheco Rivas supone una severa advertencia contra las falsificaciones.  Hay espacios reales que generan los ficticios, mas no al revés. La sola, maliciosa y maligna intención, hace de la ilusión una estafa que no es, en propiedad, una limpia, espontánea, transparente y genuina ilusión, sino el más torpe de sus simulacros. Una estafa, en definitiva. 


Posiblemente, con la muestra descubrimos o confirmamos una perspectiva del actual orden político que, falsificador, viaja por nuestro torrente sanguíneo, el de una sociedad en vías a la devastación, de la que quedará ese paisaje constructivista, como dijo Bélgica Rodríguez para la primera etapa del pintor, hasta llegar a una racionalidad necesaria que esta otra etapa, la de la soldadura, deja ver como denuncia. Valga también la coletilla, nos pareció interesante lo que ella dijo sobre el autodidactismo que no es tal cuando el artista u obrante galopa incansablemente los museos. Como Pacheco Rivas hizo en Europa.


Erminy se extendió innecesariamente. Comprensible, aunque contraproducente. La aperturista del evento abrió muy bien la puerta. 


¿Arte del post-rentismo? A lo mejor. Inexpertos, postergamos el artículo alusivo para otra ocasión, satisfechos con asistir – por breve tiempo – a una actividad que, en la ciudad, constituye una rareza, una excepción, otro gesto de anormalidad para un siglo que nos tiene como sus más incómodos inquilinos.

lunes, 1 de agosto de 2016

PERSPECTIVAS



Quiebra cultural

"En materia cultural, inevitable, el gobierno agotó la feroz demagogia populista que ha cultivado por todos estos años y ello lo prueba el  descarado incumplimiento de leyes como la de  Protección Social Integral al Artista y Cultor, sancionada dos años atrás, en los tiempos idos de una Asamblea Nacional que actuaba como oficina subalterna de Miraflores”, señaló el diputado opositor  Luis Barragán al concluir la exposición guiada del artista Julio Pacheco Rivas, en los espacios del BOD.

“En este mes de agosto, se cumplen tres años de sancionada la Ley Orgánica de Cultura por aquél parlamento dócil que, incumpliendo con la Constitución, no fue oportunamente promulgada o devuelta por Nicolás Maduro y, faltando poco,  año y medio después  la convirtió en  decreto-ley, así no lo contemplase la habilitación presidencial que por entonces le obsequiaron, violentando de nuevo el texto constitucional. Asumido el fenómeno cultural bajo la equivocada perspectiva de la doctrina de seguridad nacional que nos domina, convertidos en enemigos  los que claman y reclaman a favor de las libertades culturales, el instrumento ha marcado un dramático retroceso. Somos un país en franca desindustrialización cultural, burlada la vocación y el talento de los venezolanos gracias a la gigantesca burocracia que se indigestó de petrodólares, cuya única preocupación era y es aún la de combatir la disidencia de los artistas, escritores, cineastas o músicos que, entre otros, se ven forzados a emigrar. La oficial, es una versión errada, interesada y reduccionista de la cultura e identidad popular amarrada a un anacrónico culto a la personalidad, como se vio en  ese inmenso basurero que llamaron Feria del Libro, en la que por cada ejemplar de la Carta de Jamaica hubo cien ejemplares de propaganda madurista, a sabiendas que la moneda falsa no circula sin la verdadera. La transición democrática debe partir de lo que constituye su mejor garantía: la recuperación espiritual de todo un país que haga de la libertad su mejor e insustituible experiencia creadora, fundada en la dignidad de la persona humana, la sensibilidad,  la tolerancia, el respeto, la solidaridad”.

Señaló el diputado de Vente Venezuela que Julio Pacheco Rivas es un valor del arte venezolano que inspirará esa transición: “Un creador que no se detiene y de cuyo talento ha quedado testimonio en los sectores populares de Petare, como en los espacios de instituciones privadas que abren sus puertas gratuitamente para legos y entendidos, curiosos y especialistas. Hemos disfrutado hoy de una importante muestra de sus piezas, aventajada por la personal orientación que dio, junto a la curadora Susana Benko, permitiéndonos reflexionar libremente en torno a sus hallazgos.  Una iniciativa a contracorriente que alivia un poco más las angustias que genera  la difícil coyuntura actual, permitiéndonos cobrar fuerzas para propiciar el cambio histórico que nos merecemos”.

Finalizó el diputado Barragán: “A la debacle social y económica se añade la cultural de un régimen que desea sojuzgarnos a todo trance, condenándonos a sus hueras consignas. Suele ocurrir con las dictaduras, procurando de la ignorancia y la insensibilidad su mejor soporte, pero ya todo esto se está acabando y, más allá del revocatorio, se abre el horizonte hacia una definitiva transición”.

31/07/2016