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domingo, 2 de febrero de 2020

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- S/f. "Intento de falsificación de billetes del Banco de Venezuela".  El Nuevo Diario, Caracas, 02/07/1934.
- Mario Torrealba Lossi. "Los viernes del idioma: Un catálogo culinario moderno". El Globo, Caracas, 16/04/93.
- Eloy G.  González. "Suicidios de niños (Francia)". Billiken, Caracas, nr. 79 del 11/06/21.
- Jorge Echeverría Criollo. "El teilhardismo: Imperativo de hoy". El Nacional, Caracas, 01/06/66.
- Pedro Berroeta. "Lector por obligación". El Nacional, 19/08/90.

Reproducción: Juan Carlos Rey y Argelia Bravo, ponente ("Crisis del capitalismo dependiente y democracia burguesa militarizada"), Jornadas sobre a Democracia en Venezuela bajo el auspicio del Ateneo de Caracas y  la Escuela del Estudios Políticos y Administrativos de la UCV.  Ruptura, Caracas,  nr. 81 de julio de 1978.

domingo, 25 de diciembre de 2016

AUCTORITAS

De los medios que justifican el fin
Luis Barragán


Quizá aparente e ingenua impresión, la vieja política también la explicamos por cierta devoción y celo hacia la autoridad moral que tendía a cultivarse. La nueva, labrada en un compromiso que es pacto efímero, en constante mudanza, está tupida por el burdo utilitarismo del actor principal, legitimado solo por los secundarios que desesperan por la menor oportunidad que la escena ofrece.

El sector que reclama y proclama una adhesión apasionada por el marxismo guevarista – más que castrista – tildado generosamente de chavismo, con la soporífera condición cuartelaria de la etapa final del rentismo, en la vieja versión se afincaba en una prédica y un testimonio moral hasta donde le fuese posible, esgrimiéndola hasta el cansacio; y, hoy, a merced de sus herederos,  prescinde de cualesquiera principios y valores que lo autoricen para gobernar, excepto se digan tales los insólitos afanes de prolongarse en el poder. Los sacrificios y las penurias quedan para el resto de los mortales, realizando el voluntarismo que acunó en las viejas experiencias foquistas, mientras la dirección del Estado, monopolizada sin pudores ni rubores, dice legitimar el más sórdido oportunismo de propios e – increíblemente - extraños.

Por ejemplo, décadas atrás, fue constante, real y, a veces, exagerada hasta prefabricar los mitos de rigor, la denuncia en torno a la persecución y prisión por razones de consciencia, añadidas las torturas, poblando los noticieros radiales e impresos para la satanización de adversarios y enemigos. Ahora, los victimarios incurren en los peores dislates, negando las atrocidades, castigando a los medios que osen publicarlos, inventando delitos donde  no los hay, por aquello del fin – por cierto, enfermizamente impreciso, interesadamente etéreo – justificador de los medios, además, incorrectamente atribuida la sentencia a Maquiavelo.

Otro ejemplo, recordando remotos Diarios de Debates del extinto Congreso de la República, Domingo Alberto Rangel se ufanaba con razón del acucioso seguimiento de los regulares informes estadísticos del BCV o del ministerio de Minas e Hidrocarburos, diagnosticando – antaño -  una realidad reclamada por  su escuela ideológica. Ni siquiera – hogaño - porque lo ordenan la Constitución y las leyes para el más modesto cálculo del presupuesto público nacional, conocemos las cifras oficiales de  inflación que, sentidamente, vivimos, ni otras en el renglón de la salud, seguridad personal o vialidad,  alterada y hasta prohibida la divulgación de aquellas que emanan de las inspectorías del Trabajo, registros y notarías. En una  interesantísima obra de reciente – aunque tardía – lectura, Héctor Valecillos Toro denuncia hacia 2007, las contradicciones y trampas estadísticas, inconsistencias e incongruencias de los indicadores, que nos permiten reiterar la que modestamente hemos hecho, en la Asamblea Nacional, en torno al falseamiento de las realidades que ha tenido por epicentro – o uno de ellos – al INE.

El período navideño que, por cierto, lo es cuando suscita una profunda reflexión y nos  convence del cada vez más necesario compromiso trascendente, aun no siendo creyentes,  obliga a revisar los supuestos para el planteamiento, la acción, e, incluso, la emoción políticas, ya que, llámese vieja o nueva, moderna o postmoderna, sólida o liquida, su más urgente reivindicación – al borde de perderla en este siglo – comienza por la autoridad moral, la que ha de acreditar, generar confianza y garantizar una transición democrática que, aún sin pretenderlo, fuerza a la refundación ética de la República. Camus y Maritain por delante, son los medios los que justifican el fin.
Ilustración: Atribuida a Lucio Fontana por José Campos Biscardi (Facebook).
26/12/2016:
http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/28548-luis-barragan

sábado, 27 de agosto de 2016

CUADERNO DE BITÁCORA



Nos quedamos hasta casi culminar el foro, pero – inevitable – hubo que marcharse a un par de reuniones de distinto cuño. Suele ocurrir, gustamos de un novelista – por ejemplo – y, casi inadvertidamente, con el tiempo, indagamos la opinión de los críticos. Por supuesto, esto no nos convierte en expertos de su obra y, a lo sumo, ingresamos a las filas de los más o menos avisados. Con las piezas de Julio Pacheco Rivas, pasa algo semejante y, aunque la agenda del día marcaba otras prioridades, fue necesario acudir al foro y escuchar versión múltiple y multiplicadora, la de los especialistas. 


Valga acotar, dimos una brevísima mirada a un edificio en construcción, cercano al Espacio Cultural del BOD. Existe una familiaridad innegable que, tratada por los artistas, añadidos sus críticos, nos lleva a una realidad meditada, quizá depurada, definitivamente humanizada por la reflexión.


Las intervenciones fueron satisfactorias, mas debemos esperar a la publicación del catálogo que constituye la promesa de la curadora, Susana Benko, quien se extenderá en aspectos que hoy, como en el día de la inauguración de la muestra, esbozó. No obstante, retenemos algo que dijo, palabras más, palabras menos: un compendio de ilusiones que nos lleva a la razón. Además, hay espacios reales que sirven de soporte a los ficticios. 


Por un momento, planeamos un texto para el lunes, el día de nuestros artículos: digamos, esta asfixiante antología de realidades que desembocan en una ilusión fallida. Así, la obra de Pacheco Rivas supone una severa advertencia contra las falsificaciones.  Hay espacios reales que generan los ficticios, mas no al revés. La sola, maliciosa y maligna intención, hace de la ilusión una estafa que no es, en propiedad, una limpia, espontánea, transparente y genuina ilusión, sino el más torpe de sus simulacros. Una estafa, en definitiva. 


Posiblemente, con la muestra descubrimos o confirmamos una perspectiva del actual orden político que, falsificador, viaja por nuestro torrente sanguíneo, el de una sociedad en vías a la devastación, de la que quedará ese paisaje constructivista, como dijo Bélgica Rodríguez para la primera etapa del pintor, hasta llegar a una racionalidad necesaria que esta otra etapa, la de la soldadura, deja ver como denuncia. Valga también la coletilla, nos pareció interesante lo que ella dijo sobre el autodidactismo que no es tal cuando el artista u obrante galopa incansablemente los museos. Como Pacheco Rivas hizo en Europa.


Erminy se extendió innecesariamente. Comprensible, aunque contraproducente. La aperturista del evento abrió muy bien la puerta. 


¿Arte del post-rentismo? A lo mejor. Inexpertos, postergamos el artículo alusivo para otra ocasión, satisfechos con asistir – por breve tiempo – a una actividad que, en la ciudad, constituye una rareza, una excepción, otro gesto de anormalidad para un siglo que nos tiene como sus más incómodos inquilinos.