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domingo, 2 de febrero de 2020

NOTICIERO RETROSPECTIVO

- S/f. "Intento de falsificación de billetes del Banco de Venezuela".  El Nuevo Diario, Caracas, 02/07/1934.
- Mario Torrealba Lossi. "Los viernes del idioma: Un catálogo culinario moderno". El Globo, Caracas, 16/04/93.
- Eloy G.  González. "Suicidios de niños (Francia)". Billiken, Caracas, nr. 79 del 11/06/21.
- Jorge Echeverría Criollo. "El teilhardismo: Imperativo de hoy". El Nacional, Caracas, 01/06/66.
- Pedro Berroeta. "Lector por obligación". El Nacional, 19/08/90.

Reproducción: Juan Carlos Rey y Argelia Bravo, ponente ("Crisis del capitalismo dependiente y democracia burguesa militarizada"), Jornadas sobre a Democracia en Venezuela bajo el auspicio del Ateneo de Caracas y  la Escuela del Estudios Políticos y Administrativos de la UCV.  Ruptura, Caracas,  nr. 81 de julio de 1978.

miércoles, 30 de abril de 2014

CUADERNO DE BITÁCORA

Una nota de Marie Claire Chahda, mediante la cual nos trae un texto de Fernando Mires sobre Teilhard, (https://www.facebook.com/photo.php?fbid=10152376643933442&set=a.51015238441.59985.695763441&type=1&theater), por cierto, curiosa invocació del autor,  nos retrotrae a los tiempos que en los que el francés nos deslumbró. Y fue, concretamente, a raíz de los cursos que motorizamos cuando estuvimos al frente de la secretaría regional de Formación de la JRC de Caracas, hacia principios de 1980: Vicente Mujica Amador, comenzando por Caricuao, armado de sus diapositivas, nos enseñó y adentró en la reflexión del sacerdote que, además de preceder aquellos círculos de estudios sobre Medellín y Puebla, le dio sentido a nuestras - por entonces - perspectivas ideológicas. Consumado especialista en Pierre, aquien le dedicó parte de sus libros, Vicente siguió inspirando nuestras lecturas, fundamentando - incluso - nuestro trabajo en el tribunal penal, porque es - faltando poco - un penalista extraordinario. Particularmente, sus obras esclarecieron mucho esa tarea de resolver - con la modestia de un escribiente - casos relacioandos con la legítima defensa.

Después, vendría Leszek Kołakowski y sus señalamientos sobre el panteísmo teilhardiano. Hasta diluirse el teólogo y científico con el tiempo, entre nuestros papeles. Igualmente, recordamos un artículo de prensa de Abdón Vivas Terán sobre el francés, con el que también hicimos algunos círculos de estudios. Y hasta nuestro amigo Normando Bonalde (QEPD), puso por nombre a uno de sus hijos: Teilhard. Luego, es evidente la influencia y el entusiasmo que generara Chardin, como también lo demuestra la  breve reseña de El Nacional (Caracas, 1966).

LB

domingo, 31 de marzo de 2013

EL SELLO RATZINGER

EL NACIONAL - Domingo 31 de Marzo de 2013     Papel Literario/4
Teilhard de Chardin y el destino cósmico
¿Quién trazó los pilares del arco iris,/ quién dirige las dóciles esferas/ con mimbres de azul flexible?/ ¿Qué dedos ensartan las estalactitas?/ Quién cuenta los abalorios de la noche/ para ver que no falta ninguno?
ALEJO URDANETA
EMILY DICKINSON

Como en Pascal, el pensamiento de Pierre Teilhard de Chardin lleva consigo el fuego interior, el desvelo del alma, sea que su tema sea la paleontología o la naturaleza humana. Se ha dicho de él que fue el Tomás de Aquino del siglo XX, al acercar las ideas producto de la ciencia con la reflexión filosófica, para realizar la nueva propuesta de la evolución humana, en el afán de explicarse la vida del hombre con un sentido de trascendencia. Ejerce la mística y la apologética en la búsqueda de la última razón de la conciencia y la sabiduría.
La línea trazada por Darwin para explicar el sitio específico del hombre en el mundo natural fue aceptada por Teilhard de Chardin. Lo dijo de un modo que justificaba el evolucionismo y lo conducía a una progresiva conciencia cósmica. El mundo no se hizo en un solo día, ni en siete, y tampoco Dios descansó en el día octavo. El último día, que pautó el nacimiento humano, no llegó ni siquiera en millones de años, y todavía sigue su avance. Para el hombre, apenas amanece.
El hombre adquiere trascendencia con la palabra: en el principio fue el verbo, nos dice el cuarto Evangelio. El lenguaje no aparece para satisfacer necesidades biológicas, y podemos comprender esta afirmación al observar que los animales viven sin tener un lenguaje articulado. El ser humano tiene el lenguaje como un medio para existir plenamente, pero con él no satisface tan sólo necesidades de subsistencia material, sino también otras entidades que se oponen a la materia: las pasiones, los mitos, la tribu, el trabajo. Y por sobre todo Dios, al que invoca para comprender el mundo y comprenderse en el espíritu.
Rousseau nos quiso mostrar la frágil línea que separa la cultura de la naturaleza. El cristianismo y el marxismo, por igual, objetaron estas ideas, porque ambos afirman la evolución histórica y proclaman la singularidad del hombre: único.
En un giro poético, Octavio Paz nos ha dicho que volver a Rousseau es saludable: "Es una de esas fuentes que se encuentran en un cruce de caminos, a la entrada de un pueblo. Bebemos con delicia el agua y, antes de perdernos en las callejuelas polvorientas, nos volvemos una vez más para oír el viento entre los árboles. Tal vez el viento dice algo que no es distinto a lo que dice el agua al caer en la piedra. Por un instante entrevemos el sentido de la palabra reconciliación.
Las reflexiones de un científico no están muy alejadas de las que hace el filósofo o el místico.
Teilhard de Chardin sabía muy bien cuándo debía usar un discurso científico y cuándo hacía poesía, y ello por su empeño en ver el interior de las cosas. No pretendía confundir los géneros literarios con las disciplinas del saber, y no obstante tenía algo nuevo que decir, y el medio apropiado era la poesía. La obra del filósofo jesuita es ciencia, metafísica y teología, pero es también la creación del poeta. El conocimiento del mundo lo busca mediante la poesía: "Piensa el sentimiento, siente el pensamiento / que tus cantos tengan nidos en la tierra / y que cuando en vuelo suban a los cielos / tras las nubes no se pierdan", exclamaba Miguel de Unamuno en su "Credo poético".
Dentro de la amplitud teórica del científico hallamos la complementariedad sintética pero no fragmentaria entre opuestos como materia y espíritu, ciencia y espiritualidad, y situaba esta síntesis en movimiento dentro de una evolución de creciente espiritualización en torno a Cristo. El hombre es el primer agonista en el proceso evolutivo.
*** Antes de la aparición de la teoría de la evolución, predominaba la imagen de un universo estático, formado totalmente desde sus lejanos comienzos. Por el contrario, con la evolución aparece la dimensión "tiempo", como un actor principal, ya que el cambio es lo esencial, y lo estático es lo inexistente.
En su gran novela La montaña mágica, Thomas Mann ha dicho: "¿Qué es el tiempo? Un misterio sin realidad propia y omnipotente. Es una condición del mundo fenomenal, un movimiento mezclado y unido a la existencia de los cuerpos en el espacio y a su movimiento. Pero, ¿habría tiempo si no hubiese movimiento? ¿Habría movimiento si no hubiese tiempo?".
La idea de la evolución ha sido en principio de naturaleza científica, y la doctrina del catolicismo la ha combatido o aceptado con limitaciones.
En el universo todo evoluciona: el espacio y la energía, la materia, la vida, el hombre. Es este el resultado de una progresión a cuyo conocimiento Pierre Teilhard de Chardin contribuyó con su trabajo sobre una especie de prehombre de inmensa antigüedad que evoluciona en la conciencia. La tesis del filósofo jesuita tuvo el mérito de hacer comprender en el ambiente del catolicismo, en donde prevalecía ­y quizás prevalece todavía­ el principio de que es posible admitir la evolución sin perder necesariamente la fe religiosa, pero no sin antes modificarla: ella también debe evolucionar.
Punto Omega fue el nombre que recibió la teoría de Pierre Teilhard de Chardin en su obra El fenómeno humano. Es la energía universal, superior y flotante, de la cual emerge todo, en continuo tránsito evolutivo, hacia el cual se eleva la vida: Dios. El nuevo espíritu es el omega del mundo, es decir la personalización. Convergen lo personal y el punto omega.
Como cristiano católico, para Teilhard el concepto de Dios se complementa en Cristo, Dios encarnado y símbolo postrero del destino del hombre.
La peculiaridad del proceso evolutivo del filósofo Teilhard consiste en lo siguiente: se ha afirmado en la ciencia la idea de la entropía o ley de la degradación y tendencia a la uniformidad de la energía. A este principio científico de la Física se yuxtapone la teoría biológica, mediante la cual la ley de la conservación de la energía es válida, no solamente en el terreno de la física, sino también en el marco del destino personal: nunca se destruirá por completo el fenómeno que construye y constituye la personalidad más allá de la realidad orgánica.
Esta confrontación de fuerzas sostiene la complejidad de combinaciones; y esto ocurre por el movimiento que en vez de uniformar la materia y homogeneizar los elementos, se dirige hacia la personalización cada vez más elevada y definida.
Es una ley según la cual los elementos se unen no para fundirse en lo homogéneo, sino para diferenciarse y constituirse en la persona. La finalidad está en la tendencia hacia el logro de mayores niveles de complejidad y, simultáneamente, al logro de mayores niveles de conciencia.
La meta no es nuestra individualidad (que implica separación de los demás) sino nuestra personalización. Y así puede alcanzarse la síntesis: solamente puede llegarse a ser personal cuando el individuo se universaliza, converge con el otro que es todos y cada uno.
*** El Santo Oficio dictó en 1958 un decreto mediante el cual requirió a las congregaciones de la Compañía de Jesús retirar de todas las bibliotecas las obras del Padre Teilhard. El documento dice que los textos del jesuita "representan ambigüedades e incluso errores tan graves que ofenden a la doctrina católica" por lo que "alerta al clero para defender los espíritus, en particular los de los jóvenes, de los peligros de las obras de Teilhard de Chardin y sus discípulos".
La Iglesia Católica ha considerado con el tiempo el valor espiritual de las ideas de Pierre Teilhard de Chardin. Desde la aceptación implícita del Papa Pío XII en 1950, dictada en la Encíclica "Humani Generis in Rebus" (sobre los errores de la llamada Teología nueva), se hizo posible entrar al estudio religioso ortodoxo de la teoría de la evolución. No implicaba a priori la aceptación de la teoría en su conjunto, pero fue el primer paso dogmático de la Iglesia.
En octubre de 1996, el Papa Juan Pablo II fue el primero en aceptar expresamente la teoría evolucionista. En un mensaje a la Pontificia Academia de Ciencias, se refirió a la Encíclica de Pío XII admitiendo, con limitaciones, la tesis propuesta por Pierre Teilhard de Chardin.
Hoy la Iglesia Católica ha aceptado la teoría de Teilhard.
El Papa Benedicto XVI citó al filósofo jesuita en su reflexión de la Carta de San Pablo a los Romanos, y dijo que el mundo algún día llegará a ser una forma de adoración viviente: "al final tendremos una verdadera liturgia cósmica, donde el cosmos se convertirá en una sede viviente". (Conferencia en el verano de 2006 con el Papa Benedicto XVI, en Castel Gandolfo).
*** Pierre Teilhard de Chardin ha superado los abismos pascalianos: la extensión infinita y la nada. Pascal expresa que entre ambos extremos la realidad se muestra como "una esfera infinita cuyo centro está en todas partes". Solamente puede el hombre contemplar el universo, nunca conocerlo. En Pascal, el hombre padece la imposibilidad de totalización.
Surge de aquí la tesis del padre Pierre Teilhard, expresada en la idea de que la evolución a partir de la materia pasa por cumbres y valles, abismos insondables que el hombre irá llenando mediante el privilegio de la conciencia, aspiración de progreso que busca alcanzar el punto omega.
¿Heterodoxia ante el dogma religioso de la Creación? Diría mejor que Teilhard lleva consigo una intención espiritualista y aun apologética como defensa del valor superior del hombre. El filósofo Teilhard nos habla de espiritualidad como contenido infuso.

El amor es energía, nos dice el filósofo y poeta al destacar el rasgo luminoso del camino hacia la universalización mediante el amor, con su poder de unir a todos los hombres. Pareciera una utopía y, sin embargo, el poeta lo imagina realizable: "¿Qué puede significar, pues, este instinto irresistible que nos lleva hacia la Unidad cada vez que nuestra pasión se exalta por una dirección cualquiera? Sentido del Universo, sentido del Todo: enfrente de la Naturaleza, ante la belleza, en la música, la nostalgia se apodera de nosotros, expectación y sentimiento de una gran Presencia".
El debate Teilhardiano ha mantenido vigencia y sufrido los cambios explicables en el curso del pensamiento dialéctico. Puede decirse que ha ganado el lugar preeminente que le corresponde y todavía lo guarda en el pensar en torno a la esencia del fenómeno humano.
Mariano Picón-Salas sostiene la validez del combate del padre Teilhard, y ha expresado con amor y claridad que Adán no ha hecho el inventario del jardín del Edén: "La historia de nuestro pasado sólo es prólogo e indicio de un destino cósmico".

miércoles, 13 de marzo de 2013

EXCEPTO UNA CUARTA PARTE



En los tiempos de una ya remota juventud políticamente comprometida, llegamos a Pierre Teilhard de Chardin de la mano de Vicente Mujica, por cierto, también un extraordinario penalista. Más tarde, llegaría la tesis de grado que Jorge Urosa Savino defendería en la Universidad Gregoriana de Roma, aunque “no incluye la cuarta (parte) por recomendación expresa de la Universidad”. Editada por Monte Avila, Caracas, 1976, nos proponemos releerla por estos días (luego de tantos años, en la práctica sería hacerlo por vez primera). Trata del progreso y la evolución, el progreso humano, el Punto Omega, una concepción integral del progreso, Cristo y el progreso, la redención, el progreso y el Reino de Dios, proyección escatológica del progreso…. Se abren interrogantes, pues, entendemos, la noción misma del progreso se ha convertido en escombro para la postmodernidad, por ejemplo. Claro está, tocando otro asunto, la de Urosa Savino, no es una obra que se despache en un instante, como otras que no constituyen un simple divertimento en los días que pasan, pero se ofrecen como lecturas alternas a las del oficio o profesión…Por cierto, sabido, al hoy Cardenal Urosa le corresponde votar por una nuevo Papa.

LB