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domingo, 29 de marzo de 2015

HACER LO QUE SE DICE

EL NACIONAL, Caracas, 29 de marzo de 2015
Pedro Trigo: “La penitencia del gobierno: una cura profunda de realidad”
Jolguer Rodríguez Costa 

—¿Qué tan santa es la Semana Santa en Venezuela?
—Sigue siendo santa en el pueblo que acompaña agradecido al Nazareno porque sabe que Él, a su vez, lo acompaña todo el año.
—¿Llevan los venezolanos la procesión por dentro?
—Casi todos, en especial los funcionarios que temen expresarse y mucha gente que piensa que la cosa está demasiado mal para hacer aspavientos.
—¿El punto álgido de la Iglesia?
—Lo ha puesto el papa Francisco: decir las cosas de frente, sin acobardarse y con buen espíritu.
—Autor del libro La cultura del barrio, ¿quién sube más cerro: los curas o los políticos?
—Un sacerdote, desgraciadamente menos que antes, cuando había más comprometidos con la gente popular.
—¿Se ha trastocado esta cultura?
—Sí, el individualismo, la dificultad de la cohesión social y la violencia son el cáncer de la cultura del barrio. Es el empeño por vivir en todas las áreas de la vida a contracorriente.
—¿Cederá el resentimiento?
—La cotidianidad es tan dura que no deja energías para lo que no sea tratar de vivir.
—Autor de más de 50 libros sobre teología, ¿una soberana verdad?
—El país está en cambio acelerado y tiende a escaparse, pero yo percibo esa comprensión apasionadamente.
—¿Qué tiene de profeta?
—Lo que tengo de poeta; es decir, un profetilla menor.
—¿Qué revelan las señales divinas sobre el porvenir?
—Que si no queremos contar con todos, nos irá mal a todos.
—¿El lado sagrado del connacional?
—La conviabilidad y el reponerse de las adversidades.
—¿El obsceno?
—Tender a la viveza cuando el ambiente es de trampa.
—Si Dios fuera venezolano…
—Acentuaría la búsqueda de hermosura y conviabilidad en esta tierra.
—¿Recibe el país una lección o un castigo?
—De ser lección, nos cuesta demasiado aprenderla… Dios no castiga.
—¿Cristo hubiera sido chavista?
—No. Cristo no fue político y no contempla la coacción, sino vencer el mal a fuerza de bien.
—¿Una penitencia para el gobierno?
—Una cura profunda y urgente de realidad.
—¿Otra para la oposición?
—Aceptar que existe el chavismo.
—¿Para toda la población?
—Tomar conciencia de la propia responsabilidad y ejercerla.
—¿Sermón de cura endereza gobierno?
—No suelen parar los oídos a los sermones.
—¿Un sermoncillo a la revolución?
—Qué haga lo que dice.
—¿Incluido su afán guerrerista?
—No, lo original del chavismo de poner en primer lugar al pueblo, para que sea auténtico protagonista y no satélite.
—¿Una amenaza para la humanidad?
—Los grandes inversores que obran como si fueran dioses.
—¿Es Chávez un dios?
—Han tratado de endiosarlo para ampararse en él, en vez de caminar con la propia cabeza y los propios pies. Se estudiará durante décadas como un fenómeno mediático, no como un mesías religioso.
—¿La tentación de un sacerdote?
—Entenderse como intermediario de Dios, colocándose arriba y dejando de ser hermano.
—¿Y los hermanos pederastas?
—Deberían renunciar a sus ministerios y rehabilitarse.
—¿Se autocensura?
—No diciendo lo que pueda ofender.
—¿La pastoral que desea, pero no puede?
—Quisiera que la lectura del evangelio diera el tono de nuestro cristianismo, pero es tan desestabilizadora que no queremos entrar por ella.
—¿Bendeciría una unión homosexual?
—Sí, pero no lo llamaría matrimonio.
—¿Se sintió atraído por una mujer?
—Sí.
—¿Cómo hizo?
—Nada. Si trato de espantarlo se me fija más.
—¿Qué tal las relaciones con la iglesia evangélica?
—Han sido institucionales. Lo más importante en un barrio es que al pastor y a mí nos interesa Jesús de Nazaret. Por eso deberíamos ser amigos.
—¿Cómo ejemplo al gobierno y la MUD?
—Y en el sentido de no haber animosidad ni ver al otro como competidor, sino en el mismo camino.
—¿Quién de los dos tiró la primera piedra?
—La oposición con el 11-A y el paro.
—Por fin, ¿bajó la pobreza?
—Teniendo en cuenta el chorro petrolero sin precedentes ha sido una ocasión perdida.
—¿Supera a un grano de mostaza su fe por la conciliación?
—Apuesto mi vida por ella.
—¿Quién debe poner la otra mejilla?
—Todos y nadie.
—¿Por qué la Iglesia no adversó a la llamada cuarta república?
—Porque estuvo dentro del pacto de conciliación  y bien ocupada en sus compromisos populares.
—¿Una penitencia para los curas chavistas?
—La tendrán cuando acabe el chavismo.
—¿El tiempo perfecto?
—Hoy, que es cuando se nos pide un cambio superador.
—¿El destino de un soberano idólatra?
—Descubrir la vaciedad de su vida, su deshumanización.
—¿Teólogos al poder?
—¡No! Dios no tiene poder para coaccionar. Un teólogo tampoco.
—¿Qué pasaría en Venezuela si gobierno y oposición compartiesen estos días un retiro espiritual?
—Se iniciaría un proceso de concertación, cediendo todos y afincándose en el bien del pueblo.

Fotografía: Alexandra Blanco.

lunes, 8 de octubre de 2012

NERVIOSO RUMOR ABSOLUTO

EL NACIONAL - Domingo 07 de Octubre de 2012     Papel Literario/3
Desde el taller con Julio Pacheco Rivas (2/8)
En la piel de la representación
Julio Pacheco Rivas es un artista autodidacta cuyo trabajo pictórico ha trascendido como un proceso metafi ccional de una gran factura conceptual y formal.
Ha recibido Premio Arturo Michelena (1976), el Premio del Salón Nacional de Artes Plásticas (1988) y galardones internacionales como el Premio de la Fundación Vitry sur Seine, Francia (1982)
LORENA GONZÁLEZ

Cuando uno se encuentra frente a la obra de Julio Pacheco Rivas ocurre una cadena de blandos y abismales traslados que desvanecen el espectro de lo que creemos percibido. Las imágenes y los planos de color se transportan en la mente del que mira al tiempo que se suspenden al otro lado de las posibilidades intrínsecas de la pintura. Son espacios en apariencia quiméricos, variaciones de un cotidiano no visto, fábulas de una idea que es ella en sí misma, paisaje que se duplica en las otredades de este suelo movedizo que pisamos al descuido, atontados por las ilusiones pasajeras del pasado, el presente y el futuro. ¿Dónde habrá empezado todo? "Yo fui un niño-pintor. Mi primera colectiva fue a los 11 años con artistas como Zapata, Jaimes Sánchez y varios más.
Era una muestra de pintura tachirense que hubo en la UCV y también había una exposición de pintura infantil. Yo supuestamente venía en esa, pero parece que se confundieron y me metieron con los grandes. En 1974 cuando tenía 14 años expuse solo, fue mi primera individual. Era pintura abstracta", cuenta Pacheco Rivas.
--¿Eres autodidacta? --Sí. Me inicié por voluntad propia, luego configuré trabajos abstractos y en el año 72 comencé una serie de dibujos automáticos que abrieron las puertas a las hojas de papel.
Esos fueron mis primeros trabajos, reflexiones en un espacio indefinido que se llamaban Lucubraciones y que funcionaban como una transcripción visual de las ideas, del fluir del pensamiento. Esta traducción del discurrir fue haciendo que poco a poco apareciera el espacio, el cual se dilataba desde ese núcleo de las ideas en secuencia. Un día desaparecieron por completo las hojas y se quedó solo el entorno, las progresiones, la representación, los objetos, los módulos.
Los formatos en aquella época eran muy grandes.
--¿Pero para el estudio de las perspectivas y la reconstrucción pictórica de esa filosofía también trabajaste por intuición? --Absolutamente. Aprendí con un libro de perspectiva que estudié a profundidad y así lo integré al trabajo porque me gustaba mucho.
--Lo complejo es que cuando uno se enfrenta con tu obra tiene la idea de que todo es muy razonado, muy estudiado, incluso se pueden localizar ejercicios arquitectónicos.
Cualquiera podría suponer que estudiaste esa carrera.
--No, estudié Derecho hasta cuarto año.
--También reconstruyes hábitats con una gran sonoridad.¿Hay alguna vinculación en ese sentido? --Puede ser. Pero es intuitiva.
Trabajo con música y por supuesto la sonoridad está incluida. Pero yo diría que el juego fundamental es con los títulos de las obras y con la generación de un cuerpo poético a través de la confrontación entre la palabra y la imagen.
-- No tienes un cuadro sin título... --Casi no. En todo caso: Aún sin título.
Mientras reímos exploramos las páginas de su libro Memorias de Espejos (1989), que reunió su labor creadora. Allí se suceden con armónica disonancia las Instrucciones para bajar una escalera (1974), El palacio de Kublai Khan o Roberto sueña con su propia muerte (1976), Pequeño río rojo (1982) y la Ciudad de los símbolos precarios (1989).
--¿Los temas han variado? Es decir, pasaste de los papeles a los espacios, de allí a los objetos, luego a las grandes arquitecturas... ¿Podríamos prefigurar un cuerpo secuencial en esto? --Creo que las simbologías se han ido alternando en distintas etapas. Un día descubrí por el reflejo de un espejo sobre una pieza, que usaba la misma paleta de colores de cuando tenía 11 años. Columnatas, escalones, papeles, recintos, siempre ha habido una mutación entre la representación de espacios y la representación de objetos; retratos de entidades donde se corre la cortina de lo representado.
Mis piezas caminan en esa dualidad, tocando esos argumentos.
La necesidad es hacer visible una dermis de la representación, la pintura como capa y la representación como parte de la obra. En casi todos los casos ese estudiado truco de la profundidad se ve negado por algún detalle que logra que el espectador se percate de que lo que está viendo es una ficción.
Mi pasión es la pintura pero desplegada en un proceso perenne de cuestionamiento y enunciación. Afirmar y negar, generar todas las dimensiones posibles para decir posteriormente que no, que es mentira.
--¿Desde cuando no haces una gran retrospectiva? -- Nunca la he hecho.
La publicación que hizo Mercantil se presentó con una exposición en colaboración con el MBA. Era una muestra de cuadros muy grandes, pero eran sólo cinco piezas. Lo que pasa es que eran formatos de 8 metros de largo y 3 esculturas de grandes dimensiones.
Ouroborus, una de las obras tridimensionales pertenece a la Colección Mercantil, hay otra titulada Bélica que está en la colección del Museo Lía Bermúdez de Maracaibo. De esa exposición también se seleccionó un conjunto que representó a Venezuela en la Bienal de Venecia (1990).
--Sin embargo has participado en colectivas y has tenido otras individuales.
--Sí claro. Las individuales fueron la de la Fundación Banco Provincial en 1998; casi diez años después en la Galería D’Museo en 2007 y en la Galería La Cuadra en 2010. Además de la intervención pictórica que realicé en 2011 en La Caja del Centro Cultural Chacao. Pero una gran retrospectiva no he tenido.
--Ante los silencios institucionales de los últimos tiempos siempre pienso con preocupación en artistas como tú, cuyas intenciones desbordan los límites del territorio museográfico. En la exhibición de La Cuadra a pesar de los pequeños formatos se pudo apreciar cómo las perspectivas iban corriendo por las paredes en una enredadera que superó las dimensiones del lugar. --Yo creo que en La Cuadra quedó muy bien porque me pude adaptar al sitio y desarrollé el punto a su medida. En realidad fue a finales del año pasado cuando retomé de algún modo "la epopeya" y de esa manera la proyección volvió a agarrar la gran escala que había perdido después de los noventa. Con esa exposición en La Caja tomé esa fuerza pero esta vez estableciendo un diálogo con el lugar donde la obra se desenvuelve. Es decir, la obra desbordada de su marco e invadiendo el área donde supuestamente está montada, como una simbiosis, una metástasis de los elementos.
--Claro, no es el espacio en sí mismo dentro de la pieza sino en sus relaciones con el entorno, pero aunque tengas estos descubrimientos ¿no hay algo que te llama hacia las trasgresiones del gran formato? --Fíjate que hubo un período muy extraño que fue toda esa década de 2000 en la que no expuse y donde hice cosas pequeñas, como tejiendo una larga etapa de reflexión.
Después de la Bienal de Venecia mi verdadero proyecto era reconstruir las grandes dimensiones pero en la urbe.
No se hizo, porque necesitas una institucionalidad y un Estado que te otorgue ese apoyo.
--¿Y ahora dónde estás? -- Estoy en esa nueva problemática de cartografías que habían quedado un poco olvidadas. Lo único cierto es que mi trabajo es una obsesión insondable, son formas que se van repitiendo infinitamente y que voy cambiando pero todo atraviesa la epidermis de la representación; como aquella sentencia de Gertrude Stein: a rose is a rose is a rose is a rose...
Por un instante miré el taller presto a recibir el ejercicio del pintor mientras las marcas de la contienda se pernean en el piso. Pacheco Rivas va allí todos los días en horario de oficina, es una vieja obsesión que le quedó de la época de los grandes formatos: "Si no trabajaba cinco veces a la semana nunca iba a producir el cuadro". Ahora las nuevas tecnologías le han brindado la posibilidad de proyectar sus investigaciones sin enrumbarse a ciegas sobre los limbos de la tela.
Me detengo en la fotografía del tríptico Donde el tiempo espera indiferente de todo desenlace (1979). Allí están los matices ancestrales ondulando sin pausa, los tonos azules, las arenas entornando pequeños pilares, las escalinatas brillantes, las puertas entreabiertas, los opacos pasadizos, las desiguales repeticiones. En todos, el recinto penetrado por el tamiz invariable de un rayo de luz reproduce la fachada del siguiente perímetro y así el otro, y el otro, y el otro. Réplica asimétrica que guarda en un solo movimiento los gestos inasibles del transcurrir.
Salí con la extraña certeza de que en las refracciones clandestinas de sus telas vibra un nervioso rumor absoluto. Al final de la tarde la frase que abre el texto de las Ruinas circulares de Jorge Luis Borges apareció de súbito, transfigurada en mí por la conexión con la pintura, pero presta a definir todo lo que la obra del pintor engrana: En el sueño del hombre que representaba, la representación se levantó...

Fotografía: Alexandra Blanco

domingo, 13 de mayo de 2012

DOS TEXTOS

EL NACIONAL - Domingo 13 de Mayo de 2012     Siete Días/7
Teoría y práctica de una ficción
No deja de ser sorprendente cómo prefieren buscar una conspiración detrás de un crucigrama de un periódico antes que ponerle la cámara frente al rostro de una mujer desesperada
ALBERTO BARRERA TYSZKA

Te despiertas y no te hace falta abrir los ojos para saber que las nubes siguen estacionadas muy cerca de tu ventana. Recuerdas que es mayo. Te preguntas si estas lluvias son las lluvias de mayo. Ya no se puede confiar ni en el clima. Te estiras un poco, sin salir de la cama. Por fin levantas los párpados, miras hacia la ventana y sientes una luz débil, gris. Es un martes tímido y pluvial. Afuera, la ciudad apenas comienza a levantar sus ruidos. Un poco a tientas, tomas el control remoto de la televisión y enciendes el país.

¿Qué relación tiene lo que aparece en la pantalla con lo que ocurre en el país? A veces no es fácil saberlo. A veces, la Venezuela que vemos en la televisión también es otra. Con el caso de la cárcel de La Planta resulta particularmente impresionante. En los medios de comunicación públicos pareciera que nada ocurre. No hay presos, no hay familiares de presos, no hay conflictos, no hay disparos. O, en todo caso, todo está tan matizado que casi no ocurre. Casi no hay presos, casi no hay familiares de presos, casi no hay conflicto, casi no hay disparos. Es una noticia domesticada, apagada por la publicidad oficial. Sólo lo que el Gobierno dice es verdad. Todo lo demás es pura ficción.

Todavía acusan y recuerdan, aguerridamente, el black out realizado por los canales privados el 13 de abril de 2002. Y, sin embargo, aplican lo mismo a diario, sin ningún pudor. En sus noticieros, el Gobierno vive ofreciendo comiquitas. Transmiten sus propias versiones de bambi para no mostrar lo que ocurre en la calle. No deja de ser sorprendente cómo prefieren buscar una conspiración detrás de un crucigrama de un periódico antes que ponerle la cámara frente al rostro de una mujer desesperada, que quiere exigir una respuesta, que quiere saber qué pasa con su hijo preso. Palabra horizontal, comienza con "c" y termina con "a". Tiene una "u" en medio: censura.

Tampoco se entiende cómo la televisión pública puede gastar tanto tiempo, esfuerzo y dinero en comentar un video estudiantil, tan sifrino como trivial, tan superficial como inocuo, mientras en las cárceles del país transcurre una tragedia brutal, pronunciada con el lenguaje de las balas, una realidad que sí merece discutirse, repensarse, ser el material de una gran debate nacional. ¿Cómo pretendemos hablar de desarme y no ver lo que ocurre en nuestras prisiones? Lo mismo podría decirse de la Asamblea Nacional. Ya no hallan cómo no ver la realidad, cómo taparla. La mayoría oficialista prefiere promover un escándalo por una cuenta de Twitter ­de unos radicales desconocidos que escriben imbecilidades y que sólo tienen 2.500 seguidores­ antes que debatir sobre la realidad penitenciaria del país. Que conste que esta semana el oficialismo se negó a discutir el caso de La Planta. Lo rechazaron. Tampoco en el parlamento los presos y sus familiares tuvieron voz.

Durante muchos días, la televisión pública destacó a la ministra Iris Varela acusando a la oposición y a los medios de inventar la realidad. Después, a mediados de la semana, una nota oficial de la Agencia Venezolana de Noticias comenzó así: "Los medios de comunicación privados han contribuido a los hechos de violencia generados en los últimos días en la Casa de Reeducación y Trabajo Artesanal de El Paraíso, centro penitenciario conocido como La Planta, en Caracas, denunció este miércoles la ministra para el Servicio Penitenciario".

Es un procedimiento simple y eficaz, una fórmula de satanización marca Psuv: primero, decretan que la información es pura ficción y después señalan que se trata de una ficción intencionada, mal intencionada por supuesto. Sólo hay dos opciones: o repites la publicidad oficial o eres un conspirador.

Los sucesos de esta semana en la cárcel de La Planta no sólo vuelven a remover esa gran herida que es el sistema penitenciario y la impartición de justicia, sino que además ponen otra vez sobre la mesa los procedimientos con los que el poder pretende controlar el flujo de la información en el país. Es imposible ver los sucesos de La Planta y no recordar lo ocurrido en Rodeo, no pensar nuevamente en la multa aplicada a Globovisión. Quieren prohibir la realidad, pero la realidad es terca, tenaz. No se deja.

Estás sentado en tu cama viendo la televisión. Afuera, siguen las nubes, cada vez más inquietas. De pronto, oyes disparos. Demasiado cerca. Te levantas, quieres asomarte a la ventana, quieres ver. Pero una bala te detiene. Te derriba. Te tumba. Una bala perdida te encuentra. Es el país. Es la maldita realidad. Te llamas Henry Molina. Estás muerto.

EL NACIONAL - Domingo 13 de Mayo de 2012     Al Dia/2
Ping Pong
ALBERTO BARRERA TYSZKA, ESCRITOR
"Todos los días vivimos el prefinal de esta novela"
JOLGUER RODRÍGUEZ COSTA

--En 2006 usted previó que pueblo y Gobierno terminarían enratonados. ¿Cuánto más podría durar la resaca? --Sólo quisiera que no fuera una resaca de balas.
--¿Quién ha sido más burlado: el Presidente o el pueblo? --Chávez no ha sido burlado, no como el pueblo, que sí tiene que perder.
--Si el comandante dice que voló en una escoba, ¿ le creerían algunos? --Creo que sí. Incluso hay gente que dice que ha visto la escoba.
--¿El colmo de un escritor? --Tener muchos libros y ningún lector.
--¿El escritor más político? --Todos, aunque aspiren a no serlo, incluso el que pretende retirarse con su silencio.
--Fuera el país de la CIDH, ¿quién podrá defender los derechos humanos? --Los ciudadanos.
--¿Se parece el Consejo de Estado a aquellos notables de los noventa? --Aquellos se autodenominaron notables. Este grupete de funcionarios dependerá de lo que Chávez diga.
--¿Qué revolucionó la revolución? --La manera de pensar y mirarnos los venezolanos, pero al Gobierno le conviene repolarizar: nos hace más mediocres e intolerantes ante la diversidad.
--¿Despertó lados oscuros del venezolano? --Los reimpulsó, como el militarismo y la idea de que somos ricos, curiosamente promovida por el socialismo del siglo XXI.
--Como guionista, ¿qué proyectaría sobre el proceso? --El Gobierno tiene unos libretistas que nos mantienen en un melodrama.
--Al insultar, ¿proyectan sus interioridades los ofensores oficialistas? --Es probable. Insultar es una forma de autodefinirse. La ofensa ha sustituido al argumento.
--¿Le han llamado apátrida? --De vez en cuando.
--¿Le pidió perdón al Presidente? --(Risas). Estamos viviendo un momento insólito en el culto a la personalidad. El Presidente trabaja para mí.
Pensar que ser diferente a él implica ofenderlo es parte de nuestra locura.
--Luego de escribir para la televisión en Venezuela, Colombia, Argentina y México, ¿quién copia a quién? --Nadie copia a nadie; todo el mundo se repite.
--¿En qué capítulo va esta telenovela nacional? --Somos una sociedad preapocalíptica. Llevamos años en los que todos los días estamos a punto de vivir el capítulo final. Vivimos siempre en el prefinal.
--Como en el cuento, ¿llegará el lobo? --¿Y quién es el lobo?
--¿El cuento más cuento? --Ahora Venezuela es de todos.
--¿Un género para Aponte Aponte? --Ummm...Tránsfuga, oportunista: un vodevil como La jaula de las locas, pero sin el sexo.
--De los techos de cartón a las quintas de lujo, ¿cuánto pietaje hay en la vida de un revolucionario? --Un compadre, un buen puesto o un cargo en el Seniat. Con eso se resuelve en un mes sin moral (risas).
--¿El verdadero rating del Gobierno? --Para tener 14 años en el poder mantiene un buen número de seguidores.
--¿Y el de la oposición? --También es alto.
--¿Qué tienen de quijote los contrincantes? --En realidad, ninguno pelea contra molinos de viento.
--¿Costará "enamorar" a dos de cada tres chavistas? --A los chavistas les tocan todos los días un buen conjunto de serenateros. El rival es fuerte, pero derrotable.
--¿Y la música de Capriles? --Él tiene algo más cercano al guaguancó. Pero la mayoría de las emisoras y rocolas están controladas por el Gobierno.
--¿Es más fácil conservar a un opositor? --No sé por qué me hiciste pensar en los Ni-Ni.
--¿La serie ideal? --Los oportunistas: adecos disfrazados de izquierdistas que pasaron a ser rojo rojitos, los mismos que pueden dar un salto a la sexta república diciendo que siempre fueron adecos.
--¿El culebrón de siempre? --Me quieren asesinar.
--¿La farsa inolvidable? --Los 200 colombianos que venían a asesinarlo, un hecho desmentido por Aponte Aponte.
--Entre el ex magistrado y el Gobierno, ¿quién dice la verdad? --¿Y si los dos dicen la verdad?
--Como columnista, ¿se ha autocensurado? --¡Jamás!
--¿Quién le pone el cascabel a Conatel? --Conatel es la que tiene el cascabel en la mano. El problema es cómo se lo quitamos los usuarios.
--¿Un relato corto? --El golpe del 11-A.
--¿Quién sustituiría al protagonista estelar del oficialismo? --Los angelitos han pasado demasiado tiempo construyendo un dios, un Chávez mesiánico, y ahora se dan cuenta de que no tiene sustituto. La vanidad puede ser tan incurable como el cáncer.
--¿Cómo prevé el capítulo de este desenlace? --Es impredecible. Vivimos el colmo de la incertidumbre.
--¿Necesitará un apuntador el CNE? --Para nada. Es confiable.
--De perder la revolución, ¿habrá cambio de reparto en paz? --A pesar de estar tan armados y de haber discursos tan beligerantes, los venezolanos hemos resuelto en paz los momentos más álgidos.
--Y si gana, ¿podrán con la embriaguez? --El chavismo no sabe perder ni ganar, pues lo concibe como eliminar al otro.
--¿Qué pasaría en Venezuela si, como temen sectores chavistas, la FAN "traiciona" al proceso? --El chavismo nunca entendió que lo eligieron para ser gobierno y no para cambiar la historia. Tiene que entender que la alternancia no es una forma de traición.

Fotografía: Alexandra Blanco

sábado, 3 de marzo de 2012

ANGULOSIDAD NEOYORKINA


NUEVA YORK, EU (AP).- Nueve esculturas del venezolano Rafael Barrios, de variados colores y formas geométricas y de hasta 1,000 kilos y 6 metros de altura, se instalan este fin de semana en el paseo de Park Avenue en Nueva York, en un proyecto del que sólo ha participado otro latinoamericano, el colombiano Fernando Botero.

"Es un regalo de Dios", dijo Barrios a la AP en una entrevista telefónica el jueves por la noche, horas antes de viajar de Miami a Nueva York para montar su obra.

"Me siento sumamente orgulloso y feliz de que haya surgido este proyecto", añadió el artista nacido en 1947 en Baton Rouge, Luisiana, y criado en la Venezuela de sus padres, quien ahora vive entre Miami, París y Caracas. "Se nota que el arte latinoamericano está empezando a tener importancia internacional."

Barrios fue el artista seleccionado este año por el proyecto The Fund of Park Avenue, impulsado por las asociaciones Fund of Park Avenue, Park Avenue Mall y el Departamento de Parques y Recreación de Nueva York, que desde el 2000 escoge anualmente un artista para que exhiba su obra en esta céntrica avenida de la ciudad.

Valoró de un "maravilloso golpe de suerte" la oportunidad de instalar sus esculturas de acero inoxidable entre las calles 50 y 68, donde permanecerán hasta el 30 de junio, y dijo esperar que los transeúntes "se diviertan viéndolas".

Miembros del proyecto Fund of Park Avenue se fijaron en su obra expuesta en la última edición de la feria de arte latinoamericano PINTA, que se celebra cada noviembre en la Gran Manzana, dijo el artista. Y a partir de ahí, empezó lo que el definió como un "proyecto titánico".

"Hicimos las obras en siete semanas", relató el escultor, quien trabajó con un equipo de arte en Miami encabezado por Olivier Haligón, cuyo bisabuelo, recordó, participó en la construcción de la Estatua de la Libertad.

Barrios indicó que las esculturas que decorarán Park Avenue conforman un compendio de sus obras entre las décadas de 1980 y 2000, que "representan diferentes momentos de esos 30 años de trayectoria".

Fotografía: Alexandra Blanco

miércoles, 9 de noviembre de 2011

DEL AMPLIO QUIRÓFANO


EL NACIONAL - LUNES 07 DE NOVIEMBRE DE 2011 CULTURA/4
El foro del lunes
ALBERTO BARRERA TYSZKA La más reciente novela del autor no es sobre un reality sino una metáfora del poder
«Las versiones melodramáticas de la vida son cruciales en nuestra identidad»
Para el escritor, ahora que el presidente Hugo Chávez está enfermo, el poder se ha vuelto una voz en off que ordena desde la televisión y puede aparecer en cualquier momento, desde Cuba, Miraflores o el quirófano
MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ

En la página casi en blanco, debajo del título de su novela, Alberto Barrera Tyszka anota: "Te dedico esta historia del espectáculo que a veces se parece a este país". Estas palabras resumen el valor de Rating, la obra más reciente del autor consagrado desde que en 2006 recibió el Premio Anagrama por La enfermedad.

En este proyecto de ficción que tardó casi una década en concluir, el libretista Manuel Izquierdo y Pablo Manzanares, un estudiante de Letras, tratan de encajar las reglas de las telenovelas en un reality show que reúne a siete damnificados (uno de ellos una actriz) en una casa con la promesa de que alguno se volverá rico de la noche a la mañana.

"Quería trabajar sobre dos arquetipos: un hombre cínico y descreído frente a un joven ingenuo y cándido; narrar cómo el primero se vuelve sentimental y el segundo pierde la inocencia", señala el autor. Otro personaje es Rafael Quevedo, el vicepresidente de proyectos especiales, el arquetipo común de un hombre que ha perdido el poder y quiere recuperarlo.

Realidad catódica. En la novela que desnuda el mundo de la televisión, en el que el autor ha trabajado por 25 años, la dictadura de las mediciones de audiencia es el gran tema: "El rating es un dios perverso e implacable.

No conoce la piedad. Si te bendice, entrarás al paraíso.

Si te castiga, prepárate. Serás nadie".

Como en el cuento de Jorge Luis Borges, en el que unos cartógrafos realizan un mapa que se mimetiza con la misma realidad que representa, las leyes ­marcadas por los designios del rating­ sobre lo que ocurre en la televisión de un país que aunque es Venezuela no lo es, porque alude a un deslave que ocurre en Vargas y tiene un presidente que no aparece en televisión, el mundo ficticio que describe es un esperpento de los vericuetos del poder en un país enfermo de populismo.

--¿Cómo ha determinado la obsesión por el rating su carrera de escritor? --Estoy sometido a eso en la industria de la televisión, porque en la literatura puedo permitirme todo. El rating marca la ansiedad televisiva de todos, pues en esa industria la autoría es coral. El rating tiene la misma dinámica del poder. En Leviatán, el libro en el que Thomas Hobbes analiza las dinámicas del poder en las sociedades humanas, se dice que el ansia de poder sólo se sacia con más poder. Así es el metabolismo del rating: sólo se sacia con más rating.

--La publicación de Rating, que habla en términos críticos del medio, se realiza en un momento en que tiene al aire una telenovela en Venevisión. ¿No teme la lectura que pueda darle el público a la novela? --Cuando trabajo en literatura escribo lo que quiero. Es una coincidencia que ahora tenga mi telenovela al aire.

Eso pasa porque trabajo para la televisión. Y estoy agradecido al medio. Siempre quise vivir de la escritura y la televisión me lo permite.

Lo que me interesa en la literatura es el terreno de la fragilidad humana, del sufrimiento, de las imperfecciones: estoy retratando un mundo con el que vivo y en el que veo unas cosas que me disgustan y otras que me gustan. Mi relación con la literatura no tiene nada que ver con la televisión. Rating no es una historia en rigor autobiográfica, hay elementos que he oído, pero también muchos son inventados. No puede leerse desde personajes reales porque hay un trabajo creativo que tiene más que ver con la ficción literaria.

Venezuela teledirigida. En la columna de opinión que publica los domingos en El Nacional, Barrera Tyszka analiza la situación política del país desde la preocupación por una sociedad marcada, ya no sólo por su aberrante necesidad de un Mesías en Miraflores, sino por el fortalecimiento de un superhéroe mediático. Un Robin Hood televisado que promete casas y apela a la sensibilidad (¿o será a la cursilería?) de sus compatriotas. Rating está enmarcada en esa angustia.

Allí, Gerardo Lima, un libretista que sirvió de mentor a Izquierdo, expone un particular tratado de antropología cultural. Se trata de la Teoría de los Tres, que describe a la audiencia como "una mujer que sólo estudió hasta tercer grado de primaria; (...) vive en el tercer terraplén de un barrio popular; (...) tiene tres hijos y tres dientes". Es difícil no pensar en esa hipótesis también como una presunción del populismo, "una metáfora del país y un valor estadístico (...) una mujer pobre que estaba allá afuera, jadeando, esperando que le tiráramos un sueño", escribe en la obra que bautizó la semana pasada en Caracas y que presentará en México a finales de mes, durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

--¿La sensiblería necesaria para obtener rating (en las telenovelas, los reality y hasta en el programa dominical del Presidente ­en el que ahora el gran tema es su enfermedad­, no evidencia que la teleculebra marca todos los aspectos de la sociedad venezolana, incluso los más graves? --En la política nacional podemos leer varias cosas como una videocracia. Ahora que el Presidente está enfermo, el poder se ha vuelto una voz en off que puede aparecer en cualquier momento, en cualquier programa y hablarnos, desde Cuba o desde un quirófano, para decirnos adónde ir. Esto da la impresión de que Venezuela es una sociedad mediática. Me interesa la sentimentalidad latinoamericana. Las versiones melodramáticas de la vida son cruciales en nuestra identidad. Esto puede verse también en la política. Parece que el Presidente se formó en la radionovela. Tiene talento a la hora de apelar a los sentimientos y de hablar por horas sin perder la atención del auditorio, con discursos en los que incluye el humor, las lágrimas y hasta las canciones. Nuestra política es un espectáculo y esto tiene que ver con nuestra visión melodramática de la vida.

--¿Esto quiere decir que la venezolana es una sociedad superficial? --No somos una sociedad frívola, debemos entendernos en el contexto en el que vivimos: somos comunidades desiguales y pobres. La polarización, por ejemplo, es parte de nuestra mediocridad. La desigualdad, que es la tragedia que define a Venezuela y a América Latina, nos hace vulnerables a este tipo de discursos. Somos frágiles frente a la ilusión y a la esperanza, porque queremos salir de esta tragedia que es la desigualdad en la región. Chávez es un gran administrador de esa esperanza.

--¿Al escribir Rating, qué descubrió de la sentimentalidad del venezolano? --Leyendo mis libros he descubierto que me interesa la sentimentalidad. Que mi conexión con el lector es a través de la fragilidad y del dolor.

Lo que me interesa es el sufrimiento, esas son las historias alrededor de las cuales se organiza mi curiosidad. Eso es lo que le propongo al lector. En este caso, la televisión como ambiente me permite una cosa importante: que el material de la telenovela sea el exceso sentimental. Que estos personajes trabajen en un canal me permite ahondar en ese punto.

Fotografía: Alexandra Blanco

miércoles, 3 de agosto de 2011

PREMIACIÓN


EL NACIONAL - Martes 02 de Agosto de 2011 Cultura/3
ENTREVISTA El escritor recibirá hoy, en el Celarg, el Premio de Novela Rómulo Gallegos
Ricardo Piglia: "Los géneros populares son los grandes críticos del capitalismo"
En la obra galardonada, Blanco nocturno , el autor argentino redimensiona la novela negra tradicional
MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ

Una sonrisa ladeada sobre la mejilla izquierda cambia la expresión de Ricardo Piglia.

No se parece a ninguna de las muecas que hace mientras habla. El gesto encadena un recuerdo, del año 1967, cuando vio por primera vez un libro suyo publicado. Se trataba de La invasión, que modificaba y agregaba relatos a la colección Jaulario, con la que había ganado, meses antes, el Premio Casa de las Américas.

Tenía 27 años de edad. Era su primera obra publicada y aunque ya sabía que su destino se había unido irremediablemente a las letras, no se imaginaba que sería uno de los escritores argentinos más importantes de su tiempo. Tampoco es un asunto que le preocupe, porque en medio siglo dedicado a su vocación aprendió que la literatura se sustenta en un pacto honroso con el fracaso.

"Hay que considerarlo como un elemento de la propia experiencia. Uno fracasa mientras escribe, porque imagina que puede hacerlo mejor. La vida está conectada con momentos en que se necesita asimilar los fracasos. El culto del ganador es algo deleznable: esa especie de suficiencia del ganador que se construye como personaje y que la cultura trabaja, hasta el punto de que a veces los escritores son más famosos que sus libros", reflexiona el autor que llegó el domingo a Caracas para recibir hoy a las 7:00 pm, en el Celarg, el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos por Blanco nocturno.

La misma obra ganó el fin de semana el Premio Hammet de novela negra de la Asociación Internacional de Escritores Policíacos y el Premio de la Crítica española 2010. Su cuarta novela ­después de Respiración artificial, La ciudad ausente y Plata quemada­ comienza con el extraño asesinato del mulato puertorriqueño Tony Durán, que hace sospechar al comisario Croce que detrás del crimen hay motivos más profundos que los aparentes y comienza a descubrir, con la ayuda del periodista Emilio Renzi, el verdadero conflicto principal de la historia.

En un giro que cambia la historia de la novela negra y termina de vincularla con la de tipo político, descubre los apuros de Luca Belladona ­hermano de las gemelas amantes de Durán­ que se empeñaba en mantenerse en su fábrica automotriz, cuando sus socios querían vender el terreno para construir un centro comercial.

Croce descubre que nunca podrá hallar al asesino, pues se enfrenta con un complot.

"Luchamos para restablecer las causas y deducir los efectos, pero nunca podemos conocer la red completa de las intrigas", escribe el autor en la novela. Esa idea de conspiración invisible otorga el título a la obra, en una escena que describe a Croce y Renzi mientras atraviesan el llano en automóvil con la lámpara captahuellas encendida: "De pronto vieron una liebre, paralizada de terror, blanca, quieta en el círculo iluminado, como una aparición en el medio de la oscuridad". Como esa liebre, Luca Belladona estaba atrapado en una telaraña que terminaría por anularlo.

--En Blanco nocturno, el individuo percibe a la sociedad como un complot, ¿cómo describe este argumento la historia reciente de su país? --Parece como si la noción de complot hubiera sustituido la de destino. Antes se decía, con resignación religiosa, que el destino manejaba una situación. Ahora hay una idea más o menos política de la existencia de algún tipo de manipulación invisible. Eso nos ha puesto un poco paranoicos, no en el sentido psiquiátrico, sino en uno filosófico que nos pone a buscar las causas secretas de las cosas, pues siempre pensamos que hay algo oculto.

--¿Esta situación no es un humor de la posmodernidad? --No comparto esa especie de relativismo generalizado que es asociado con la posmodernidad.

--En su novela, Croce y Renzi son desdoblamientos del arquetipo del investigador, ¿cree que el hermeneuta es el personaje central de la actualidad? --El personaje del gran razonador es uno de los más grandes construidos por la literatura contemporánea. Su creador fue Edgar Allan Poe en el cuento "Los crímenes de la calle Morgue". El detective Chevalier Auguste Dupin es una figura intermedia, no es del todo policía ni criminal, pero tiene algo de los dos. Es, al mismo tiempo, un gran hermeneuta crítico de los funcionamientos sociales y lector de los discursos sociales. Su aparición es un acontecimiento cultural porque ha generado muchas réplicas y mutaciones que todos admiramos. El género que surgió con Poe captó algo del imaginario colectivo actual que se reproduce en los libros, las películas y la televisión.

--Su novela policial trasciende el género para convertirse en una de tipo político, ¿cómo dialoga su novela con la tradición de literatura política en Argentina? --Paradójicamente, los géneros populares son los grandes críticos del capitalismo. Si uno busca en la literatura las grandes críticas que se han hecho al funcionamiento de la sociedad capitalista, desde la década de los años veinte hasta ahora, hay que hablar de dos géneros populares. Uno, la ciencia ficción, que ha criticado el proceso de deshumanización y el modo en que la técnica interviene en la vida cotidiana. Otro es el policial que, más allá de la conciencia concreta de los escritores sobre este particular, critica los procedimientos de corrupción y manipulación asociados a los sistemas políticos. Estos géneros populares han renovado la discusión sobre literatura y política, poniéndole otra voz a la literatura social, tradición esta última que en América Latina es antigua y que se hacía cargo de los temas cotidianos de la política. En este contexto, la literatura de Roberto Arlt se ocupaba de los procedimientos de funcionamiento de la sociedad y ésa es la tradición de la que me siento más cerca.

Fotografía: Alexandra Blanco

martes, 2 de agosto de 2011

EL REINO DE ESTE MUNDO


EL NACIONAL - Sábado 30 de Julio de 2011 Papel Literario/1
En homenaje a sus 80 años de vida
Alexis Márquez Rodríguez, idiomático
ATANASIO ALEGRE

Cuando apareció El reino de este mundo en 1953, un profesor recién egresado del Pedagógico de Caracas publicó en el Papel Literario una reseña sobre esta novela de Alejo Carpentier. Picón Salas, que dirigía a la sazón el Papel Literario de El Nacional, alabó el ensayo y así se lo hizo saber al propio autor. Alexis Márquez Rodríguez --tal era el nombre del profesor-- se encontraba en aquel momento buscando maestros que le abrieran el camino hacia la especialidad de la crítica literaria. Y cuenta el mismo Alexis, con ese plural con el que trata de quitar peso a sus propias realizaciones, que su alegría fue plena cuando en la tertulia del Pensamiento Vivo, Alejo Carpentier preguntó por el autor de la reseña. Los presentó Rivas Rivas, que conducía con especial gracejo aquellas reuniones. Alejo Carpentier, con mucha vida vivida en ciudades como París y La Habana, publicaba durante su residencia en Caracas una columna bajo el epígrafe de Letra y solfa. Era la demostración o la mostración de su inmenso saber sobre música --sobre la música barroca, de manera especial-- y sobre la instauración en el Renacimiento de unas formas de vida en las que se divinizaba lo humano con la consiguiente inversión del concepto de autoridad que rigió durante la Edad Media.

Cuando apareció la siguiente obra de Carpentier, Los pasos perdidos, Alexis Márquez Rodríguez tenía claro el esquema mediante el cual debía ser juzgada literariamente una novela. En esencia, se resumía en lo siguiente: la calidad de un texto literario obedece a determinados criterios: la elegancia del estilo, la estructura de la obra, la inteligencia de los análisis y la escogencia precisa y oportuna de los hechos que configuran la historia. Y si hay suerte, o lo que es lo mismo, si el talento acompaña al autor, es casi seguro que de la suma de todas esas propiedades nazca un algo que se acerque al criterio con que se valoran las obras maestras. Sobre esta base, la novela puede, además de entretener, ser el vehiculo de un mensaje o, de acuerdo a Sthendal, hacer la función de un espejo por el camino. Dicho en otros términos, podría ser que de la obra salga el intelectual que, enfrentando a ciertas situaciones en un país logre, a través de su notoriedad, ejercer un peso determinado sobre eso que los franceses llaman enjeux politiques, los acontecimientos políticos. Bajo este criterio, Alexis Márquez Rodríguez inició su navegación sobre el pensamiento del tal Capentier, un escritor que estaba revolucionando la novela latinoamericana con el empeño de desengancharla de la llamada entonces novela de la tierra, y que venía siendo, adicionalmente, a resultas de su notoriedad, un intelectual en el más amplio sentido de la palabra.

Carpentier abandonó Venezuela en 1959 y hasta 1974 Alexis no volvió a encontrase personalmente con él. Pero, para ese momento, ya Alexis se había hecho cargo de cómo avanzaba la nave, fletada en astilleros propios, en la que se había embarcado Alejo Carpentier para hacer la travesía desde la unidad cultural latinoamericana hacia una autonomía o independencia cultural (en el sentido de que Madrid no tenía que ser el meridiano intelectual, o lo que es lo mismo, abolir el expediente de que un escritor latinoamericano, para serlo, dependía de la publicación de su obra en España). Diego Rivera había comentado a Alejo Carpentier en París --según apunta Alexis Márquez en la obra de la que voy a ocuparme inmediatamente-- que, en 1921, hubiera sido imposible, a la vez que inútil, pintar un maguey.

De todas formas, uno de los más importantes legados del Renacimiento era haber hecho del hombre un individuo espiritual. Para ello hubo que rescatarlo de una concepción medieval en la que al hombre se le consideraba como tal en función de la raza, pueblo, partido o dentro de cualquier otro abarcador que lo generalizara, sin que gozara de atribuciones singulares como proclamaba el principio de individuación de Boecio. Pues bien, eso es lo que debía hacerse con el hombre latinoamericano a partir del hecho expresivo: individualizarlo. Y esa es la labor, tanto de Carpentier como la de Alexis desde 1953, tal como puede constatarse en la obra: Alejo Carpentier: Teoría y práctica del barroco y lo real maravilloso, de Alexis Márquez Rodríguez, publicada por Taurus en 2008. He dicho de ambos, porque tan poeta es quien escribe el poema como quien es capaz de interpretarlo. Son 611 la páginas que componen este texto monumental sobre las genuinas raíces --olvidadas con más frecuencia de lo que convendría-- en lo que ha sido, es y, tal vez será, la literatura latinoamericana.

Henri Cristophe, el esclavo liberto, dueño de esclavos, que es el personaje de la novela de El reino de este mundo, hizo construir en la ciudadela de la Ferriere, en la isla de Haití, un palacio donde instaló un remedo de la corte francesa. A las ventanas del palacio de San Souci se asomaban damas coronadas de plumas. En uno de los suntuosos salones ensayaba una orquesta de cámara.

Los oficiales de casaca roja y bicornio, con espadas al cinto, parecían oficiales napoleónicos. "Negras eran aquellas hermosas señoras, de firme nalgatorio, que ahora bailaban la rueda en torno a una fuente de tritones", se lee en la novela de Carpentier.

¿Qué es lo real maravilloso y qué tan maravilloso ha sido lo real a partir de hechos como estos que tanto se prodigan en esta América que maldice más que lo que reza hoy en castellano? Esta es la gran pregunta a la que de enfrenta en esas 611 páginas de este libro fundamental, Alexis Márquez Rodríguez.

En el barroco literario, como ocurre en el arquitectónico, existe miedo al vacío. Por eso hay que llenar espacios, en el caso de la Arquitectura y en el literario, alterar los tiempos, aplicar una acentuada adjetivación, crear neologismos --como el de engrisar, envejecer, del mismo Carpentier, a partir de gris-- y, en todo ello, proceder con exageración, la exageración que es, en suma, una de las condiciones de la expresión renacentista. La exageración tiene un correlato inmediato: el contraste. Quevedo, Cervantes y Góngora fueron escritores barrocos en la España que inicia su decadencia y es preciso afrontarla con humor y con las florituras del lenguaje aportadas por la picaresca de la época, en contraste con la España imperial. Contraste y exageración fueron tal vez dos de los elementos que Carpertier dedujo en sus largas conversaciones con Uslar Pietri, Miguel Ángel Asturias, el pintor Diego Rivera y el músico Heitor Villalobos, durante los once años de París, sobre la realidad de Hispanoamérica. París, en la primera permanencia de Carpentier hasta 1939, constituye la prehistoria de su novelística, la cual va a encontrar su realización en Caracas, después de una breve residencia en La Habana y una fugaz visita a la isla de Haití.

Y es aquí en Caracas donde Carpentier va a encontrar a su más fiel seguidor, su exegeta y el estudioso más completo de su obra. El más honrado y más consecuente, por otro camino, en virtud de la amistad que los unió.

"Los escritores hijos del Caribe, como Carpertier lo probó con creces, somos hijos dóciles de la exageración", dijo Sergio Ramírez, el escritor nicaragüense, cuando se celebró el centenario de Carpentier.

Pero, habrá que puntualizar que en lo que ha exagerado Alexis es en la dedicación a la obra de Carpentier y en el amor al lenguaje que éste maneja como patrimonio latinoamericano. Con la mudanza de los días, este conocimiento del lenguaje, esta peculiar destreza en la manera de ejercer la crítica convertirán a Alexis en uno de los grandes gramáticos que ha tenido el país, en un conocedor de cuanta regla anterior y posterior ha dictado la RAE en relación a los usos gramaticales. En lo que no ha exagerado ha sido en el estilo, en la metodología misma que se advierte en sus escritos. Dice lo que tiene que decir con un estilo sobrio, directo y lineal, prescindiendo de tropos innecesarios, con regateos al adjetivo, haciendo gala, por otro camino, de una sintaxis precisa y científicamente equilibrada.

No es de uso frecuente, desde que Azorín dejó de utilizarla, la palabra idiomático aplicable a quien mucho sabe de la lengua. Pero después de haber leído la obra de Alexis, Alejo Carpentier: Teoría y práctica del barroco y lo real maravilloso, no me cabe la menor duda de que es esa la palabra que mejor define a Alexis Márquez Rodríguez, por el conocimiento, por su dedicación acumulada y difusora sobre el idioma, sea desde la cátedra, desde la Academia de la Lengua --de la que forma parte desde hace muchos años-- o desde los medios de comunicación en los que no descarta insinuar, en razón de su fina mordacidad, aquello que Karl Kraus ronroneaba sobre ciertos dicentes con mayor o menor connotación pública a quienes enrostraba: de no tener ideas y expresarlas. Entre tanto, la concepción de Alexis Márquez Rodríguez sobre la novela latinoamericana en una de sus encrucijadas más decisivas ha ido ganando cada vez más alumnos, tanto en universidades norteamericanas como europeas.

Fotografía: Alexandra Blanco

lunes, 27 de junio de 2011

ÉRAMOS NOSOTROS


EL NACIONAL - Lunes 27 de Junio de 2011 Cultura/4
El foro del lunes
JOSÉ PULIDO El periodista publicará un libro sobre Gustavo Dudamel próximamente
"En este país hay una realidad que no se está interpretando"
GERARDO GUARACHE OCQUE

El escritor, autor de la novela El bululú de las ninfas, considera que deben repensarse las páginas culturales de los diarios para generar mayor aproximación a los creadores venezolanos.

José Pulido trabajó en periódicos durante 36 años, en los que fue jefe de las páginas de arte de El Diario de Caracas, El Universal y El Nacional. Hoy, la fecha es propicia para que el periodismo cultural venezolano examine lo que es, y el intelectual, nacido en Villa de Cura en 1945, puede representar una brújula que señale el norte al que se debe volver.

Es autor de un par de libros de entrevistas, titulados Muro de confesiones y La sal de la tierra, que contienen sus diálogos con personalidades como Arthur Miller, Gabriel García Márquez, Miguel Otero Silva, Julio Cortázar y Mario Benedetti. Ha editado más de cinco poemarios, incluido Los poseídos (1999), con el que ganó el Premio Municipal de Poesía, y cinco novelas, entre ellas Una mazurquita en la mayor, ganadora del Premio Otero Silva de la editorial Planeta, y El bululú de las ninfas, la más reciente.

Dice que entre las 3:00 am y las 7:00 am trabaja en una novela sobre inmigrantes.

Expresa la emoción que le produce el blog La Maja Descalza, que coordina. Anuncia que próximamente presentará el perfil Gustavo Dudamel: la sinfonía del barrio, y después, Esta vida bruja, que recopila las aventuras del pintor Oswaldo Vigas. Es un entrevistado que ha entrevistado a muchos, pero con la disposición para, desde el sofá de su residencia en la urbanización Colinas de Bello Monte, levantar la oreja y, sin fruncir el ceño, meditar respuestas.

--¿Cómo ve el periodismo cultural actualmente? --Creo que el que se hacía antes de mi generación era mejor. No le ponían mucha publicidad. Los colaboradores más activos eran escritores y los pintores hacían las ilustraciones. Cuando llegamos había una tradición, porque habían pasado a dirigir las páginas culturales personalidades que crearon escuela. Estábamos instruidos por aquel pasado en el que se le daba mucho espacio a las ideas, al pensamiento. Al periodista actual le tocó trabajar en un escenario que nosotros tratamos de evitar y no pudimos: se ha privilegiado más la agenda, el espectáculo. Por ejemplo, hay veces que salen 65 páginas sobre una película muy taquillera de Hollywood. Si bien se cumple la función de vender, a veces uno va a ver la película y es un bodrio, una cosa decepcionante. Los medios necesitan dinero, pero es como venderle el alma al diablo: a la larga vas a perder lectoría, y un diario sin lectores no es nada. Hubo un momento en que pensábamos que se quería imponer lo banal y empezaba a verse la sección como...

--Como la guinda de la torta... --¡Sí! A cada generación le toca lo suyo. La actual está aprendiendo a reconocer la calidad. Cuando llegué a los periódicos ­en 1970­, si había departamento de cultura lo dirigía un colega con conocimientos. Creo que siempre ha sido la principal labor del comunicador: difundir conocimientos. No digo que ahora no sepan, pero cualquiera ocupa el puesto.

Pareciera que se cansaron, y dijeron: "No vamos a meter a viejos o a tipos que siempre están metiendo resabios". Los muchachos a veces aceptan la línea sin discutir.

Nosotros fuimos problemáticos. No sólo yo, sino los que llegaron y trabajaron conmigo: Rubén Wisotzki, Blanca Elena Pantin, Mónica Montañés, Érika Tucker, Chefi Borzacchini...

--¿Cree en la convivencia de las áreas de cultura y farándula? --Le han dado más importancia al espectáculo y a la farándula más ligera, que es la que vende más, pero creo que la cultura es una sola. Había gente, por ejemplo, que se especializaba en seguir lo que estaba ocurriendo con las telenovelas.

Existían excelentes reporteros, tanto así que lograban mantener la idea de que se podía hacer telenovelas mejores. Los ejecutivos de los canales decían: "Eso es lo que la gente pide". Y en la crítica de los diarios se decía que no, que era mentira.

Y se demostró cuando tipos como José Ignacio Cabrujas, Ibsen Martínez y Salvador Garmendia hicieron unas extraordinarias.

--¿Qué consejos daría a un periodista cultural en formación? --Que lea mucho, cada vez que pueda. Que lea a los mejores críticos, narradores, poetas, ensayistas. Y lo segundo, que trate de conocer qué se está haciendo. Hay una realidad que nadie está mirando, ni los políticos, ni los economistas, ni los empresarios. En este país hay una realidad que no se está interpretando.

--Entonces, ¿no hay un reflejo del país en los medios? --No. No estamos interpretando nuestro tiempo. Lo que hay que hacer es prepararse y buscar a los creadores. Por ejemplo, habría que ver en qué situación se encuentra la enseñanza de arte en el país.

¿Qué está pasando ahí? ¿Hasta cuándo el país va a tener esa ignorancia tan bárbara en relación con sus creadores? Sales a la calle ­yo lo he hecho­ y preguntas si conocen a Vicente Gerbasi, Rafael Cadenas o Luis Alberto Crespo, y de cada diez, si uno lo sabe es un milagro. Yo, desde pequeño, lo estoy repitiendo como un loro. ¿Cuándo vamos a resolver los problemas elementales? Uno de los problemas esenciales es ese: conocer a tus autores. ¡Es terrible cuando asesinan a un muchacho al que nunca en la vida le pasó por la mente que existió un tipo llamado Shakespeare!

--Y curiosamente hay una eclosión de blogs y expresiones culturales en Internet... --Me gusta mucho eso. La prensa es costosa; es un milagro lo que hacen manteniendo a una gran cantidad de gente generando un producto que requiere una inversión grandísima. Aunque siempre será más interesante la dinámica de los diarios, Internet es barato y es como una especie de procesión de individualidades diciendo lo que creen y lo que sienten.

Pero, en el fondo, no importa el medio. Importa la calidad del mensaje y de quien lo escribe. Puedes tener un medio maravilloso que se ve inmediatamente en Turquía, pero si escribes una estupidez igual no vale de nada. Si lo que tienes es una hoja de papel para pegarla en la pared, pero lo que escribes es de alta calidad, trasciende. Ya nadie puede ocultarte, presionarte, ni esclavizarte.

--Hay una desconexión de los entes del Estado, en este caso el Ministerio de Cultura, y los medios de comunicación. ¿Cómo se afronta esa situación? --Hay dos maneras de mirar la cultura: como una cosa ideológica y política, y como lo que debería ser. Resulta odioso ir a cubrir un evento cultural en el que no predomine lo cultural sino como instrumento político e ideológico, pero de todas maneras se debe cubrir.

Hay gobiernos que han sido de piel más dura, que saben que es importante que los medios digan lo que deben decir. Cuando un gobierno, por cualquier cosa, no sólo protesta, sino que también actúa con el poder, se tiene temor porque todo el que llega al Gobierno cambia sustancialmente su manera de ser y se convierte en lo que odiaba. Yo, afortunadamente, me convertí en un periodista independiente, porque me molestó mucho que los periodistas fuimos siempre los que le dimos voz a los barrios y a los pueblos, gastábamos tiempo, trabajo y pasión en divulgar sus problemas y, de la noche a la mañana, se convirtieron en enemigos nuestros, y comenzaron a tirarnos piedras y a odiarnos. Nosotros estábamos siempre condoliéndonos de los dolores del pueblo. Los militares no, los empresarios no, los políticos no. Éramos nosotros.

Fotografía: Alexandra Blanco

viernes, 10 de junio de 2011

GALOPAR UN BOSQUE METÁLICO


EL NACIONAL - MIÉRCOLES 08 DE JUNIO DE 2011 ESCENAS/1
Palacios vive en el gran formato
El artista levantó un bosque de hierro y papel, con árboles de tres metros, caballos persas, flores, pinturas y dibujos concebidos al pie de los olivos marroquíes
CARMEN VICTORIA MÉNDEZ

Pudo haber sido un samán, una ceiba o un bucare, pero en el imaginario de Alirio Palacios estaba el olivo. "Estoy enamorado de ese árbol, de su belleza, de su tronco que se va doblando, pero no se muere. Dura hasta mil años. Los grandes hombres han descansado al pie de un olivo", dice el artista sentado al otro lado de una pulida mesa de madera, sobre la que descansan diversos tipos de aceitunas. Fue durante un viaje a Fez, Marruecos, cuando comenzó a mirar a estos árboles, a comer de sus frutos. Para él, observar, viajar y descubrir son sinónimos de pintar, trazar y hacer bocetos. Así fue como decidió que los olivos algún día le darían sombra a sus conocidos caballos.


Tres años le tomó al artista construir el bosque de hierro y papel que a partir del domingo se exhibirá en la galería de arte Ascaso. Conceptos como nobleza, inmortalidad y belleza se funden con el metal.


La muestra Olivo representa más que una renovación de géneros artísticos como el paisajismo y la naturaleza muerta a manos del maestro de la figuración. Es, en primer lugar, el dominio del oficio y el material. "Recuerdo que luego del viaje dije: Voy a hacer un árbol de verdad, hoja por un árbol de verdad, hoja por oa manos del maestro de la figuración. Es, en primer lugar, el dominio del oficio y el material. "Recuerdo que luego del viaje dije: Voy a hacer un árbol de verdad, hoja por hoja, tallo por tallo, con calma increíble. Menos mal que me eduqué en China y tengo esa paciencia", señala.


Los árboles de tres metros que se levantan en la planta baja simbolizan el triunfo absoluto de Palacios sobre la escala, un reto que ya se había planteado con los caballos tamaño natural. "No puedo trabajar de otra manera. Mi vida ha sido de gran formato. Nací en el Delta del Orinoco, me formé en China, Polonia y Suiza. En Nueva York viví 20 años, vi grandes espacios, grandes museos, la ciudad te da otro punto de vista. Por eso no puedo llegar a hacer algo chiquito. Me he educado para hacer cosas grandes y Los árboles de tre sin miedo", afirma.


La siguiente sala reúne una serie de floreros elaborados con desechos de metal, a través de los cuales el artista pone a prueba sus teorías alquimistas. También hay paisajes sobre papel elaborados con una tinta que el propio artista inventó, así como acuarela, carbón y creyón.


El principal mérito de Palacios, a los 73 años de edad, ha sido comprender los grandes problemas del arte sin sacrificar sus raíces, y a la vez trascender las proposiciones folkloristas y exóticas que han contribuido a encasillar la creación latinoamericana.


Sus caballos son persas, inspirados en los corceles que pertenecieron al emperador Darío, que según el pintor, escultor y grabador se caracterizaban por ser fornidos, bien vestidos y educados. "Me gusta mucho cómo esa gente quería a sus caballos, que eran de gran belleza. Un caballo persa o mongol tiene la misma cabeza y las paisajessobre mismas patas que uno de Apure, pero lo que los diferencia es el espíritu. Uno tiene que hacer el caballo con su alma, con su espíritu y su personalidad. Ese es el secreto. Yo podría hacer un Cañonero, con su brío de caballo trotador. ¿Por qué no? Aunque pinte caballos asiáticos, los sementales de mi imaginario son venezolanos, mi sangre es de aquí".

Fotografía: Alexandra Blanco

sábado, 14 de mayo de 2011

EN LA INTIMIDAD DEL OLEAJE


EL NACIONAL - Sábado 14 de Mayo de 2011 Papel Literario/1
Narrativa venezolana contemporánea: problemas, tendencias y transformaciones del campo literario
GUSTAVO GUERRERO
Hace ya casi un año, el 24 de abril de 2010, el Papel Literario del diario El Nacional publicaba los re- sultados de una encuesta en la que participamos un puñado de críticos, periodistas, libreros y escritores, y cuyo objetivo era fijar el canon de los libros más importantes de narrativa venezolana editados entre 2000 y 2009. Dos o tres meses antes, a cada uno de los encuestados se nos había pedido una lista de títulos ordenada del uno al diez y se nos dijo, además, que podíamos acompañarla con un breve texto para comentar, desde cualquier perspectiva, lo ocurrido en nuestro campo literario a la largo de esa década. Como la mayoría de los participantes, adosé así a mi lista un corto comentario en el que saludaba el reciente repunte de la narrativa de mi país y me hacía al final algunas preguntas sobre la posibilidad de describir dicho fenómeno a dos niveles distintos: por un lado, relacionándolo internamente con la situación que vive Venezuela; por otro, vinculándolo con la globalización de las industrias culturales y las últimas tendencias de la literatura latinoamericana.

Aunque no dispongo, en realidad, ni del espacio ni del tiempo suficiente para contestar ahora aquellas interrogantes como me gustaría hacerlo, sí quisiera aprovechar los veinte minutos que se me han concedido, para comenzar a esbozar unas respuestas que acaso sirvan de conjeturas o de hipótesis de trabajo abiertas a la discusión.

Recuerdo cuáles fueron mis preguntas: 1. ¿Podemos ver en el actual resurgimiento de la narrativa venezolana una extensión al terreno simbólico del combate de un sector de la sociedad civil contra la anacrónica epopeya que trata de imponerse desde el poder como único relato colectivo posible? 2. ¿Podemos ver en este fenómeno la necesidad de ir en busca de otras instancias de legitimación intelectual y literaria cuando se sabe que el espacio institucional y las instancias de legitimación de que el Estado venezolano dispone en el ámbito de la cultura, se han ido cerrando para aquellos que no participen de su credo político? 3. En fin, ¿estamos asistiendo a la entrada en la madurez de un campo literario que adquiere al fin una cierta autonomía gracias a la ampliación de sus públicos y a la internacionalización de su narrativa última? Voy a arriesgar mis respuestas siguiendo este mismo orden.

1. La primera pregunta ya ha sido contestada de distintas maneras por algunos de nuestros críticos aquí presentes y recientemente ha encontrado además una solución inteligente y honda en un artículo de Miguel Gomes, publicado en el último número de la Revista Iberoamericana de Pittsburgh (Gomes, 2010). Me refiero a su trabajo "Modernidad y abyección en la nueva narrativa venezolana". Allí Gomes reúne bajo la calificación de "fábulas del deterioro" sus análisis temáticos de las últimas novelas de Alberto Barrera, Ana Teresa Torres y Gisela Kozak, no sin advertirnos antes, en su introducción, que habría podido someter al mismo tipo de lectura a otros libros contemporáneos de varios narradores nuestros, como Oscar Marcano, Sonia Chocrón y Antonio López Ortega. Según el crítico, lo que acerca a todos estos autores es una común "estructura del sentimiento" (structure of feeling), en el sentido que Raymond Williams le ha dado a dicha expresión, es decir, un conjunto de experiencias, valores y creencias no enteramente interpretadas intelectualmente, pero que traducen y codifican contenidos afectivos bastante precisos y que, en nuestro caso concreto, se plasmarían en una poética del deterioro asociada a la imagen de la nación. Esta nueva narrativa se inspiraría, en buena medida, en la vieja tradición de lo abyecto dentro de la narrativa urbana de Venezuela y reformularía, actualizándolo, el estilo expresionista de Salvador Garmendia. Desde un punto de vista político, el factor que la caracterizaría, estaría constituido por un doble discurso: por un parte, encontraríamos "la desconfianza hacia la retórica mesiánica, heroica, didáctica que domina la vida pública"; por otra, y como complemento de lo anterior, el deseo de "un proyecto nacional que se traduzca antes en diálogo o matizada búsqueda de sentido que en maniqueísmo, división y contienda" (Gomes, 2010: 835).

No creo que sea necesario advertir que omito muchos aspectos y matices de la ponderada interpretación de Gomes, que me parece, en líneas generales, bastante acertada tanto en lo que toca a la hermenéutica de las novelas como por lo que respecta a la situación de Venezuela. Pero también siento que esa lectura puede extenderse en varios sentidos a lo largo y ancho de nuestro campo literario.

Porque la poética del deterioro no sólo es rasgo de nuestra narrativa reciente, sino que aparece además con más fuerza y evidencia en la obra de algunos poetas venezolanos de las últimas hornadas como, por ejemplo, Luis Moreno Villamediana.

Recordemos que es autor, entre otros libros, de En defensa del desgaste (2008) y que es dueño de una poesía escatológica, poderosa y original. Habría que subrayar asimismo la importancia de la difusión de esta temática en nuestro campo literario como toma de conciencia del fin de un ciclo histórico signado por el fracaso de los proyectos de modernización, tal y como se ha visto plasmado en otras literaturas latinoamericanas contemporáneas; pero habría que hacer la salvedad de que, en la venezolana, dicha conciencia adquiere una actualidad distinta por el papel crítico y compensatorio que viene a cumplir en una sociedad que tiene que bregar aún con el más tardío de sus proyectos modernos: el de una revolución. Esta, como ya ha escrito Ana Teresa Torres (Torres, 2009: 26-278), se sustenta simbólicamente en un vasto metarrelato épico que, desde 1998, o incluso antes, ha venido a reestructurar nuestra lectura del pasado en clave emancipatoria y al mismo tiempo nos fija un porvenir, postulando una teleología histórica, un providencialismo laico, que nos incitaría a retomar el combate heroico de los padres de la patria y nos obligaría a concluir su misión: construir un país soberano, democrático y moderno.

De un modo bastante oblicuo pero no menos eficaz, la poética del deterioro se alza desde el campo literario como el punto ciego de esta metanarrativa o, digamos, como aquello que este discurso ignora o no puede ver porque lo ha reprimido, como ese algo que aquí se traduce concretamente en la experiencia histórica del siglo XX y en la necesidad de sacar las conclusiones que nos deja a la hora de pensar una agenda de futuros posibles. No creo traicionar a Gomes si afirmo que, aunque luzca paradójico, la poética del deterioro no está hablando desde el exterior del discurso revolucionario sino más bien desde su propio centro, que es un centro vacío, y desde allí le está diciendo cosas que éste no escucha pero que la realidad va volviendo cada día más evidentes. Quizás por ello tenemos tan a menudo la impresión de que, en la Venezuela de hoy, sólo el discurso de la literatura corre el riesgo de ser auténticamente realista y verdaderamente contemporáneo. Hijo de su espacio y su tiempo, no sólo ha hecho el duelo de las utopías revolucionarias del siglo XX sino que ha sabido emprender una relectura crítica de la nación, sus narrativas y sus símbolos, para abrirles las puertas a otras formas de comprensión de nuestra historia y de nuestra identidad.

Esto último nos emparenta con el proceso de otras literaturas latinoamericanas que, en años recientes, han conocido experiencias similares, como, por ejemplo, la mexicana y la cubana. La primera, como es sabido, ha tenido que ir desmontado gradualmente el arraigado metarrelato nacionalista y revolucionario elaborado durante más de medio siglo por el PRI y, en el plano de la reformulación crítica de los imaginarios y las ideas, ha desempeñado un papel determinante en la transición democrática del país. Es aleccionador, es estimulante que sea México, un país donde se discutió como en pocos el tema de la identidad nacional a lo largo del siglo XX, el que haya situado en el corazón de su literatura y su debate intelectual postmoderno la denuncia de la ideología nacionalista en tanto mecanismo de poder que impidió durante mucho tiempo el desarrollo de una democracia auténtica. Antropólogos como Roger Bartra, historiadores como Claudio Lomnitz, críticos literarios como Christopher Domínguez Michael, novelistas ya consagrados como Carlos Fuentes o Sergio Pitol y otros más jóvenes como Jorge Volpi o Álvaro Enrigue, todos fueron aportando a lo largo de las tres décadas que han pasado, los elementos para una crítica del nacionalismo revolucionario mexicano y para un redimensionamiento del concepto de nación.

Es verdad que las tensiones entre la unidad de lo nacional y la diversidad de lo cultural son un tema bastante más viejo en América Latina y en México: también Jorge Cuesta y Juan Rulfo le dijeron muchas cosas a la Revolución Mexicana que la Revolución Mexicana no quería oír. Pero no es menos cierto que, desde los años ochenta del siglo XX, este tema adquiere una actualidad distinta, ya que la globalización económica y tecnológica, al plantear una redefinición de la autonomía del Estado y de su margen de maniobra política en los más distintos sectores de la sociedad, fue suscitando una crisis general de los referentes tradicionales de la identidad colectiva, al tiempo que abría las puertas a una revalorización de otras formas de identidad que habían sido ignoradas, ocultadas o perseguidas por el proyecto centralista del Estado-nación moderno.

Tal y como ha señalado Jesús Martín-Barbero, hemos asistido a la par a una "liberación de las diferencias" y a un "descentramiento de lo nacional" que reflejan el resquebrajamiento del papel de la nación como totalidad que trasciende a las personas, los grupos y las clases, como comunidad de destino que representa el horizonte último de las prácticas sociales (Martín-Barbero, 2001: 154).

La literatura mexicana vive intensamente este proceso que acompaña la transición hacia la democracia y que, repito, no es muy distinto al que, a mi modo de ver, conoce hoy la literatura venezolana. Porque también en Venezuela se ha ido efectuando, desde distintos frentes, una revisión de la idea de nación y se han ido cuestionando sus fundamentos tradicionales, de cara de cara a un proyecto revolucionario que maneja la identidad nacional, a la manera populista, como una estratagema de exclusión política. Tendría que mencionar aquí los trabajos de muchos de nuestros historiadores sobre el culto a la personalidad de Bolívar, tendría que mencionar los trabajos de muchos de nuestros críticos literarios sobre la cultura nacional y letrada de nuestros siglos XIX y XX, tendría que mencionar, en fin, los numerosísimos ensayos de nuestros escritores, dispuestos en una gama que va desde el ya citado libro de Ana Teresa Torres, La herencia de la tribu (2009), hasta las tres o cuatro cuartillas que ocupan los agudos comentarios de Gustavo Valle sobre el imaginario de los billetes de banco venezolanos (2005). Lo esencial, sin embargo, es comprobar la existencia de una problemática afín que dibuja hoy un arco secreto entre el proceso del campo literario mexicano y el venezolano, y probablemente explica por qué no han sido pocos los intelectuales mexicanos que se han interesado en el caso de Venezuela de un modo muy especial, como no lo han hecho otros latinoamericanos. Sin lugar a duda, han visto en nuestro país la posibilidad de encontrar algunas luces para interpretar su propia historia reciente, como también nosotros podríamos encontrarlas releyendo la historia de México.

La literatura cubana es el otro espejo donde se ven algunos rasgos de nuestro propio campo de una manera tan ostensible que es difícil no advertir en ella la extendida presencia de una poética del deterioro análoga a la nuestra y que recorre las más diversas obras y autores. En efecto, de La nada cotidiana (1995) de Zoé Valdés a Un arte de hacer ruinas (2005) de Antonio José Ponte, la producción de las letras cubanas en los años noventa y dos mil se ha visto dominada en gran parte por las temáticas de la enfermedad, la depresión, la degradación y el desencanto justo en el momento en que la Revolución, tras el final de la Guerra Fría, entra en lo que se ha llamado el "Período Especial" y da un claro giro ideológico hacia un acendrado nacionalismo.

Es imposible no citar aquí el nombre de Rafael Rojas como uno de los principales historiadores y ensayistas que han elaborado una soberbia crítica de este nuevo rumbo cultural de la Revolución y de sus consecuencias políticas en sus Tumbas sin sosiego (2006). Pero quisiera insistir asimismo en el papel que ha desempeñado la obra del ya mentado Antonio José Ponte y, en especial, su ensayo El libro perdido de los origenistas (2002) donde consagra unas páginas lúcidas y valientes a cuestionar el mito de Martí y el papel que dicho mito ha jugado como instrumento del poder en el imaginario político cubano.

En consonancia con el cuestionamiento que se ha hecho entre nosotros del culto a la figura de Bolívar, Ponte ve en la crítica a Martí un paso necesario para la formación de un panteón politeísta y abierto que permita repensar la nación cubana de cara al porvenir en términos plurales. Porque es evidente que uno de los problemas mayores que platea el héroe único es el de la fidelidad a un pensamiento único y a un único modelo en la construcción de las identidades colectivas, dos actitudes que no favorecen la emergencia de una nación diversa, respetuosa de las diferencia y multicultural.

En este sentido, y tratando de responder a la pregunta que me hacía al principio, creo que, más allá o más acá de cualquier teoría del reflejo, la articulación entre el reciente repunte de la narrativa venezolana y la situación actual del país se produce, en última instancia, a través de la aparición de una literatura que puede ser leída, en su conjunto, como una alegoría crítica de lo nacional, para jugar con la conocida fórmula de Frederic Jameson. Dicha alegoría no sólo responde al metarrelato único con una multitud de relatos diferentes, no sólo opone a la epopeya colectiva una serie de aventuras individuales, no sólo relee la historia de un modo que muestre que es imposible totalizar su lectura. Además, como en Cuba, constituye el espacio simbólico de un largo duelo, el de nuestro último proyecto modernizador y, como en México, es ya una forma de preparar el país del futuro y de sentar las bases intelectuales de la transición democrática que vendrá.

2. Para tratar de responder a las otras dos preguntas voy a ser un poco más breve. Con la segunda, me interrogaba sobre la posibilidad de vincular el repunte de nuestra narrativa a la necesidad que puedan sentir muchos de nuestros escritores de ir en busca de otras instancias de legitimación intelectual y literaria cuando se sabe que el espacio institucional y las instancias de legitimación de que el Estado venezolano dispone en el ámbito de la cultura, se han ido cerrando para aquellos que se oponen a su credo político. La repuesta me parece bastante obvia. Hace unos cuatro años, haciendo un balance de la situación de nuestro campo literario, Ana Teresa Torres escribía: "En la actualidad, a las principales convocatorias del gobierno (encuentros de escritores, ferias del libro, festivales de poesía) y a los encuentros internacionales que cursan invitaciones oficiales a Venezuela, solamente son requeridos los escritores oficialistas, casi siempre los que forman parte de la nómina burocrática.

Los escritores opositores denuncian públicamente que su participación ha sido excluida; otros, la mayoría, se excluye voluntariamente y su ausencia es notoria en los actos y en las celebraciones de los escritores oficialistas (y a la inversa). Los premios nacionales comienzan a girar sospechosamente entre los incondicionales..." (Torres, 2006: 913-914). Sólo cabe agregar, para completar la respuesta, que dos cambios mayores que se han producido en los últimos treinta años, hacen posible que el escritor encuentre hoy otras fuentes de legitimidad al margen del aparato institucional del Estado. Me refiero al crecimiento del sector editorial privado con el impacto de la globalización y al desarrollo de un público lector local que consume literatura venezolana.

Si, a diferencia de lo que ocurría hace treinta años, Federico Vegas, Alberto Barrera y Francisco Suniaga, por ejemplo, no necesitan de las imprentas de Monte Avila Editores para publicar sus novelas ni dependen ya de los premios nacionales para adquirir un cierto reconocimiento público en tanto y en cuanto escritores, es porque en la actualidad se puede publicar y se puede conseguir un reconocimiento de otras maneras.

De hecho, la distancia entre el reconocimiento institucional, que da el aparato del Estado, y el reconocimiento literario, que dan los lectores y la crítica, se ha ido ensanchando, hasta formar un foso para muchos infranqueable. Pero yo tengo para mí que es una situación que no puede menos que celebrarse porque nos da la medida de la autonomía que ha ido adquiriendo el campo literario venezolano frente al Estado y el poder político, lo cual nos conduce naturalmente a mi tercera pregunta.

3. ¿Estamos asistiendo a la entrada en la madurez de un campo literario que adquiere al fin una cierta autonomía gracias a la ampliación de sus públicos y a la internacionalización de su narrativa última? Sí, evidentemente, aunque no disponemos de estadísticas de lectura que permitan medir con precisión el aumento de los públicos en Venezuela, ni sabemos exactamente cuánto en este aumento responde a un verdadero interés de los lectores por la narrativa del país, y cuánto es el resultado de la escasa diversidad de la oferta en librería y de la dificultades creciente de los libreros para importar libros.

Por lo que respecta a la internacionalización de la narrativa venezolana última, hay que señalar que estamos hablando de un fenómeno todavía bastante limitado y que no alcanza la importancia que debería adquirir en nuestro mundo global por toda una serie de razones que no tienen que ver con la calidad o la excelencia literaria. Por un lado, está así la falta de dinamismo de un sector editorial que ha hecho muy poco por extender la circulación internacional de los libros y los autores editados en Venezuela, y que no ha desarrollado la venta internacional de derechos de traducción. Ya es prácticamente un lugar común quejarse de la ausencia de la literatura venezolana en las principales ferias del libro en Latinoamérica y Europa. Pero es de reconocer que tampoco son muchos los escritores venezolanos que han tratado de construirse una carrera internacional migrando a los principales centros editoriales y literarios de nuestro idioma (Barcelona, Madrid, México y Buenos Aires), como sí lo han hecho un buen número de jóvenes autores cubanos, argentinos o colombianos que se llaman, por ejemplo, Juan Gabriel Vázquez, Antonio José Ponte o Rodrigo Fresán. Nuestra literatura diaspórica es todavía muy reducida como para pesar realmente en la escena latinoamericana global. Por otra parte, está el problema del selectivo apoyo del Estado a la hora de promocionar a los autores venezolanos actuales, así como también la ausencia de políticas de difusión internacional de la literatura venezolana que puedan compararse con los programas de apoyo a la traducción que desarrollan países como México, Argentina y España. Este es un punto capital en las estrategias de internacionalización actuales. Si se tiene en cuenta que, dentro del mercado europeo, que es el mercado donde más se traduce hoy, el costo de una traducción puede llegar a representar hasta un 35% del costo total de un libro, se puede entender entonces la extensa difusión que han tenido en los últimos tres o cuatro años en Europa los jóvenes autores mexicanos o argentinos gracias a los programas de subvención de la traducción.


* Aunque creo que este problema de la internacionalización es la asignatura pendiente de la nueva narrativa venezolana, quisiera terminar, sin embargo, con una nota optimista. Bourdieu enseña que una generación literaria no alcanza su madurez hasta que no genera un público propio. A diferencia de lo que ocurría hace treinta años, hoy los narradores venezolanos tienen lectores venezolanos y gracias a ellos cuentan con un capital simbólico y un impacto social infinitamente superior al de sus predecesores. Esto es una conquista mayor y, a mi modo de ver, constituye la transformación más importante que se ha producido en nuestro campo literario porque, como ya lo dije, lo dota una autonomía inédita.

En el otro frente, el exterior, los lectores extranjeros, que ya empiezan a llegar, seguirán creciendo porque la circulación de contenidos va acelerándose a través de la Red y con la desmaterialización del libro probablemente se extienda de un modo que hoy ni siquiera podemos imaginar. Tarde o temprano, escritores globales lo seremos todos. Por el contrario, y aunque luzca paradójico, quizás lo más complicado en el futuro será hacer lo que ya han hecho muchos escritores venezolanos, es decir, conquistar, preservar y ampliar a sus públicos locales. Esta es, para mí, la transformación más importante de nuestro campo literario en los últimos treinta años.

Hoy los venezolanos leen literatura venezolana, estudian literatura venezolana y celebran la literatura venezolana. Creo que ver en ello motivos suficientes para seguir siendo razonablemente optimista sobre el futuro y para saludar otra vez este brillante repunte de nuestra narrativa ultima.

lunes, 9 de mayo de 2011

PEQUEÑO TESTIMONIO GRABADO


EL NACIONAL - Lunes 09 de Mayo de 2011 Escenas/4
El foro del lunes
OSWALDO VIGAS Cree que la actual política cultural se propone anular el arte
En vísperas del Día Nacional del Artista Plástico, el pintor de 84 años de edad insiste en que, en lugar de salir a la calle con un fusil, los creadores deberían dedicarse a trabajar en sus talleres
«A gobiernos como el nuestro no les interesa mejorar sino dominar»
JUAN A. GONZÁLEZ

La exposición retrospectiva más reciente de Oswaldo Vigas montada en un museo nacional data de 1990. La organizó Sofía Ímber en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas que ella creó y que por muchos años llevó su nombre.

Vigas: lo figurativo y lo telúrico reunió trabajos del artista plástico valenciano, de 84 años de edad, realizados entre 1942 y 1990. Desde entonces, ninguna institución museística al resguardo oficial ha dedicado una muestra antológica al creador al que, no obstante, galeristas privados venezolanos y extranjeros no han cesado de llevar a sus salas de exhibición.

Y cuando se busca una explicación al por qué de tal distanciamiento, el verbo del artista, seguramente guiado por sus dioses tutelares, se convierte en metralla. "Es porque no sirven. Nadie les ha puesto un verdadero interés. Los museos son organismos que dependen del Estado y si éste no les tira nada terminan dando lástima".

--¿Qué piensa de la manera en que han sido manejados los museos en los últimos años? --Lo que se proponen es anular el arte. Anular esa vía de expresión, protesta y vida que es el arte.

--¿Con qué objetivo? --La tiranía. La tiranía comienza a instaurarse por el espíritu para abarcar luego todas las actividades humanas, lo que hacen los individuos y lo que se hace en el país. A los gobiernos como el nuestro no les interesa mejorar sino dominar. Esa es su filosofía.

--¿Y qué puede hacer el artista ante tal pretensión? --Cada quien se defiende como puede. En mi caso, lo hago con mi obra. Tengo la gran ventaja de que produzco todo lo que necesito, no tengo que pedirle nada al Gobierno.

El artista no puede salir a la calle con un fusil. Su función no es la de estar en una plaza pública diciendo discursos, sino la de trabajar en su taller. Puede ser que en un momento de exaltación salga a pelear, eso está en su condición de ser humano, pero no puede pasarse todo el tiempo peleando porque no crearía nada. Tiene que dedicarse a crear y eso no es fácil. Yo no tengo a la creación agarrada por el cuello, al contrario, ella me tiene a mí. Soy una marioneta en sus manos.

Arte mayor y menor Vigas es un trabajador incansable. Pinta regularmente, entre 2:00 pm y 7:00 pm. "A veces hasta las 10:00 pm", acota su esposa, amiga, amante, confidente y excepcional promotora, Janine. No se encierra en torres de marfil. Ofrece entrevistas, como ésta, para mantenerse en contacto, y expone todo el tiempo. Aquí y afuera.

El Centro de Arte Villa Tamaris, de Seyne-sur-Mer, en la Costa Azul francesa, presentó recientemente la muestra Oswaldo Vigas. Mérida/París/ Caracas, y su hijo, el cineasta Lorenzo Vigas, acaba de terminar de filmar el documental El vendedor de orquídeas, que recordará los inicios del artista a partir de la búsqueda de una obra de juventud extraviada. El estreno de la cinta coincidirá con la inauguración en 2012 de la exposición Vigas. Los comienzos, que reunirá los cuadros que pintó el artista cuando tenía 14, 15 y 16 años de edad.

--Son 70 años pintando.

¿Qué hay de usted en esas obras que no haya expresado con palabras? --La creación tiene en mí dos momentos. El primero es completamente irracional y, en el segundo, uno racionaliza lo irracional. El primer momento es un dibujo de cualquier cosa y luego surge un proceso más racional. Para sentir que un cuadro está terminado, aquello que hago tiene que dar aspecto de terminado. Y para eso hay que usar la razón, poner el conocimiento que uno tiene de todo lo que hizo antes. En cada cuadro está todo lo que uno pintó antes. Sin eso, no existiría la obra.

--¿Ha crecido con ella? --Mi trabajo no evoluciona, porque evolución significa mejorar. Yo no mejoro, empeoro. Pero empeorando también se mejora.

--Usted ha sido muy crítico de corrientes como el cinetismo. ¿Siente que movimientos como ese le pusieron un corsé al arte de las nuevas generaciones, algo así como el reclamo que muchos jóvenes escritores le hacen al boom de la literatura latinoamericana? --No es igual. La literatura de García Márquez no es decorativa. Lo que escriben él o Vargas Llosa no es adorno. Aquel arte, sí. No expresa cosas importantes, sino que sirve para decorar. Para mí es ornamentación. El arte ornamental no es puro, es arte aplicado, aplicado a la decoración. Un arte aplicado no es arte mayor.

Todo el arte cinético es expresión menor, aunque sea grandote. Un grabado de Goya, aunque sea chiquito, es arte mayor. El piso del aeropuerto de Maiquetía es arte menor porque es para decorar, para hacer las cosas bonitas.

El arte no es para ser bonito.

Puede ser feo y ser expresivo, importante.

Héroes y equivocados Oswaldo Vigas es consciente de que, como el resto de la sociedad, los intelectuales del país también están divididos.

"No me identifico con los que se pliegan al poder. Hay artistas que he admirado y que pasaron muchos años trabajando sin reconocimiento, vendiendo sus obras a bajos precios, pero que de pronto se sienten apoyados por el Gobierno y aprovechan la oportunidad, aunque sigan siendo los mismos. Apoyan al sistema que los apoya, y es una lástima porque este sistema está llevando el país al precipicio. Muchos de ellos se venden por un bocado de pan", asegura.

--Muchos actúan por convicción. Tienen derecho a creer en esto.

--Tienen derecho, es verdad, pero para mí su punto de vista es equivocado.

--Pareciera que esos intelectuales son incapaces de decir: "Vamos por el camino equivocado, pero tampoco el otro camino era el mejor".

--El intelectual tiene que ser ponderado, pero para serlo debe ver la realidad mundial, no sólo la venezolana. Tiene que mirar, por ejemplo, a Cuba, y ver qué pasó en 60 años de revolución. Cuba produce dos cosas: putas y maricones.

Más nada. En 60 años de revolución, no ha sido capaz de producir comida para sus hijos.

--Mañana es el Día Nacional del Artista Plástico. ¿Hay motivos para celebrar? --Hay algunos artistas muy jodidos, muriéndose, otros andan con la cabeza alta y unos más cabizbajos. Pero existen. Es normal y enaltecedor que se les dedique un día.

Un día para celebrar la existencia de esos héroes, porque en la mayoría de los casos son eso. Yo no soy un héroe, pero siento que muchos sí lo son, y los admiro.

--El clamor permanente que se escucha desde la Asociación Venezolana de Artistas Plásticos es que muchos de sus afiliados no cuentan con una buena seguridad social.

--Eso tiene su explicación: un artista es, sobre todo, un ser humano. Puede ser mezquino, inferior como hombre, y ser un gran creador. También puede hacer cosas muy bellas, pero no saber defenderse y se equivoca. Y las equivocaciones se pagan. En un momento puede gozar de un bienestar equivocado y mañana recibir un trancazo porque escogió la vía errónea.

--¿Quiere decir que la situación en la que viven muchos artistas es culpa de ellos mismos? --Sí. Un artista exitoso, que vive de su trabajo, no necesita pensar en tener una buena póliza de seguro o una parcela en el cementerio. Que le deje eso a aquellos que crean cosas que no sirven.

--¿Y qué papel juega en esto la AVAP? --Ninguno. Esos son problemas personales, no colectivos.

Cada artista es un ser único que debería cuidar de sí mismo. No hay ningún organismo que le garantice el éxito.

"Todo el arte cinético es expresión menor, aunque sea grandote. Un grabado de Goya, aunque sea chiquito, es arte mayor"

Fotografía: Alexandra Blanco.