Intervención
del diputado Luis Barragán en la sesión de la Asamblea Nacional
(Caracas, 06/05/2014), a propósito de la solicitud de un crédito adicional
orientado a la adquisición de materiales de Intendencia. Fuera de
orden, propuesta para un minuto de silencio en homenaje al pintor
carabobeño Oswaldo Vigas, recientemente fallecido. Decidimos hacerlo, ya
que es difícil la diligencia para que la oposición planteé un Proyecto relacionado.
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sábado, 14 de junio de 2014
jueves, 8 de mayo de 2014
PERSEVERANTE
De una viga artística
Luis Barragán
Desafortunadamente, no tenemos el arte por oficio. Sin embargo, atraídos desde la infancia, bajo inspiración materna, con los años la curiosidad despuntó también gracias a los textos de Bélgica Rodríguez, María Elena Ramos o Roberto Guevara que la prensa nos entregaba, reseñando sendas exposiciones que, luego, en un sencillo ejercicio de distracción, procurábamos visitar. Una afición que hoy multiplica la red de redes, exponiéndonos a un constante (des) encuentro estético que, paradójicamente, tiene por novedad la vejez debido a la infinita repetición de imágenes ya exhaustas.
Legos en la materia, tenemos la impresión de un intercambio tan masivo que tiende a oprimir el ingenio, simulándolo. El diseño gráfico que ha prosperado, suele reforzar el gusto convencional asfixiando el trazo inédito, como ocurre con una estrofa o un compás audaz. Por ello, ya es hábito volver a los artistas que la historia nos entrega, reivindicándolos.
Pocos días atrás, nos detuvimos ante el mural afectado de Oswaldo Vigas, camino a la Plaza del Rectorado de la Universidad Central de Venezuela. Objeto de un necesario, delicado y paciente trabajo de restauración, la agresión de los llamados colectivos, delegatarios del terrorismo de Estado, dejó sus nefastas huellas en la sede rectoral.
Una viga en nuestro historial plástico, nos detuvimos y conmovió profundamente tamaña agresión. Particular opinante que subestimaba – algo válido - el cinetismo, por ejemplo, es acreedor del reconocimiento del pueblo venezolano por su obra creadora, la que todavía merece un cupo más amplio en la infopista.
Quiso ser poeta en sus años de juventud, lográndolo en la otra dimensión de la creación. Prácticamente nonagenario, decidió incursionar en las otras veredas de la trascendencia.
Era indispensable que la oposición democrática dejara el testimonio del agradecimiento popular en la Asamblea Nacional, aunque – en lo personal, como ha ocurrido en otras oportunidades – no deseábamos lidiar con un Proyecto de Acuerdo, ni regresar a la Tribuna de Oradores en un gesto de disimulada vanidad. Por ello, lo pensamos varias veces, e – incluso – lo consultamos con la colega parlamentaria del estado Carabobo, Deyalitza Aray, nos atrevimos conscientemente a formular la propuesta de un minuto de silencio en tributo a Oswaldo Vigas en el curso de nuestra intervención sobre la solicitud de un crédito adicional para el ministerio de la Defensa.
Evidentemente, fuera de orden, no es motivo de complejo reconocer que la dirección de debate haya aceptado nuestra proposición, materializándose a través del minuto de aplausos, como acostumbra el oficialismo, ya finalizando la sesión alrededor de las diez de la noche. Y nos satisfizo triplemente, porque Vigas perseverará como un referente importante para los venezolanos, quedó el testimonio inicial de la oposición y, además, subrayamos el valor de la civilidad al plantear un problema del presupuesto militar.
Fuente: http://opinionynoticias.com/opinioncultural/19169-de-una-viga-artistica
Fotografía: LB (Caracas, 05/05/14). Mural de Oswaldo Vigas en la sede rectoral de UCV. Nótese, además, el estado del techo.
Luis Barragán
Desafortunadamente, no tenemos el arte por oficio. Sin embargo, atraídos desde la infancia, bajo inspiración materna, con los años la curiosidad despuntó también gracias a los textos de Bélgica Rodríguez, María Elena Ramos o Roberto Guevara que la prensa nos entregaba, reseñando sendas exposiciones que, luego, en un sencillo ejercicio de distracción, procurábamos visitar. Una afición que hoy multiplica la red de redes, exponiéndonos a un constante (des) encuentro estético que, paradójicamente, tiene por novedad la vejez debido a la infinita repetición de imágenes ya exhaustas.
Legos en la materia, tenemos la impresión de un intercambio tan masivo que tiende a oprimir el ingenio, simulándolo. El diseño gráfico que ha prosperado, suele reforzar el gusto convencional asfixiando el trazo inédito, como ocurre con una estrofa o un compás audaz. Por ello, ya es hábito volver a los artistas que la historia nos entrega, reivindicándolos.
Pocos días atrás, nos detuvimos ante el mural afectado de Oswaldo Vigas, camino a la Plaza del Rectorado de la Universidad Central de Venezuela. Objeto de un necesario, delicado y paciente trabajo de restauración, la agresión de los llamados colectivos, delegatarios del terrorismo de Estado, dejó sus nefastas huellas en la sede rectoral.
Una viga en nuestro historial plástico, nos detuvimos y conmovió profundamente tamaña agresión. Particular opinante que subestimaba – algo válido - el cinetismo, por ejemplo, es acreedor del reconocimiento del pueblo venezolano por su obra creadora, la que todavía merece un cupo más amplio en la infopista.
Quiso ser poeta en sus años de juventud, lográndolo en la otra dimensión de la creación. Prácticamente nonagenario, decidió incursionar en las otras veredas de la trascendencia.
Era indispensable que la oposición democrática dejara el testimonio del agradecimiento popular en la Asamblea Nacional, aunque – en lo personal, como ha ocurrido en otras oportunidades – no deseábamos lidiar con un Proyecto de Acuerdo, ni regresar a la Tribuna de Oradores en un gesto de disimulada vanidad. Por ello, lo pensamos varias veces, e – incluso – lo consultamos con la colega parlamentaria del estado Carabobo, Deyalitza Aray, nos atrevimos conscientemente a formular la propuesta de un minuto de silencio en tributo a Oswaldo Vigas en el curso de nuestra intervención sobre la solicitud de un crédito adicional para el ministerio de la Defensa.
Evidentemente, fuera de orden, no es motivo de complejo reconocer que la dirección de debate haya aceptado nuestra proposición, materializándose a través del minuto de aplausos, como acostumbra el oficialismo, ya finalizando la sesión alrededor de las diez de la noche. Y nos satisfizo triplemente, porque Vigas perseverará como un referente importante para los venezolanos, quedó el testimonio inicial de la oposición y, además, subrayamos el valor de la civilidad al plantear un problema del presupuesto militar.
Fuente: http://opinionynoticias.com/opinioncultural/19169-de-una-viga-artistica
Fotografía: LB (Caracas, 05/05/14). Mural de Oswaldo Vigas en la sede rectoral de UCV. Nótese, además, el estado del techo.
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Luis Barragán,
Oswaldo Vigas
TOLERANTE
Oswaldo Vigas: El más amoroso que he entrevistado
Recién cumplidos los 86 años de edad y en camino al Museo Vigas, el descendiente de Arturo Michelena y Premio Nacional de Artes Plásticas 1952 mantiene indomable su lengua
Paula Ortiz Vidal
El apartamento donde Oswaldo Vigas ha vivido por más de 40 años es una planta baja que te recibe con las puertas abiertas y dos esculturas grandes en la entrada. Adentro, el maestro merienda fruta, después le toca la siesta. Pero hoy, este descanso se posterga para conversar sobre su vida, gustos, disgustos y colecciones.
La sala comedor está forrada con cuadros, las mesas llenas de fotografías, reconocimientos y pequeñas esculturas. El hogar de Oswaldo Vigas respira un aire ecléctico, producto de todo el arte que ha ido coleccionando a lo largo de sus 86 años (recién cumplidos el pasado 4 de agosto; y aunque él no precisa la cifra, con decir “muchos años” es suficiente). En la sala de la televisión una repisa de vidrio exhibe numerosas piezas japonesas. Él nunca ha estado en Japón, pero se confiesa fascinado por el arte y la filosofía de aquella tierra milenaria.
El Maestro Vigas empezó a escribir desde muy joven. Su primer deseo fue ser poeta, así que el destino le dobló la vocación cuando logró el Premio a la Mejor Ilustración, en 1942, por un poemario que decidió acompañar con dibujos, y lo que le abrió las puertas del Ateneo de Valencia, su ciudad natal, para su primera exposición, a los 16 años. Sin embargo, nunca ha abandonado la escritura ni la lectura, así que sus paredes también soportan el peso de varios libros.
“A mis profesores les gustaban mis pinturas”, recuerda ahora de sus años de universidad, cuando estudiaba Medicina. Alguna vez pensó que podía ejercer como galeno, luego se dio cuenta que solo estudiaba para saber. “Nunca he dejado nada en el camino”, dice con mucho orgullo y aunque el título de médico no se exhibe en ningún consultorio, nadie le quita lo estudiado. La física y la astronomía son otros de sus hobbies, así que es normal que se ría cuando la gente nota que su tiempo libre no pasa ligerito.
“Nunca me arrepiento de ser como soy”
En el sótano está su estudio. Dos cosas destacan apenas se abre la puerta: una es el fuerte olor a óleo que se viene sospechando desde el pasillo; la otra es una fotografía enmarcada que cuelga de la pared en el que, en blanco y negro, están él y Picasso en sus años (más) mozos. Algunos cuadros aún están húmedos recostados o colgados en la pared. A veces tardan hasta 15 días para secarse bien, “depende del clima y de la materia que se use”, explica el maestro.
- Todos estos cuadros son recientes, y dice Nancy (su asistente) que algunos ni siquiera fueron bocetos, que los hizo directamente sobre el lienzo ¿Cuál es el secreto para mantenerse activo a su edad?
Vigas inmediatamente se lleva los dedos hacia su cabeza.
- Estar angustiado por todo. Me angustio y rechazo la angustia, pero me interesa todo y me duele todo.
- Entonces, ¿drena con la pintura?
- Puede ser. Lo que yo hago no se parece a nada, son cosas inventadas.
- ¿Y de dónde sale?
- En Valencia no había escuela de arte –dice mientras con su cuerpo indica que realmente no lo sabe-. Yo fui completamente autodidacta y eso es una gran ventaja porque nunca tuve nada impuesto, todo vino de mí mismo.
- Pero luego estudió en París
- Para vivir en Paris necesitaba un carnet de estudiante. Ahí vendía mis cuadros y vivía de eso. Podía haberme quedado en París, pero me hacía falta Venezuela y por eso me vine.
- ¿Aunque a veces diga que se siente extranjero aquí?
- A veces me siento extranjero cuando veo a alguna figura en la televisión diciendo cosas horribles, yo me siento extranjero porque no pertenezco a esa clase social. Soy de otra clase: una gente lectora, más espiritual, más refinada es la palabra… Desgraciadamente. Por eso me fui y después me vine, para estar en Venezuela. Me gusta pelear y decir las cosas que pienso y mejorar todo lo que está en torno mío.
- ¿Y eso no le ha traído problemas?
- Con todo el mundo –se ríe con ganas-, pero también me ha traído muchas amistades y mucha abnegación, mucho cariño de mucha gente, más que si no fuera así. Nunca me arrepiento de ser como soy. Eso me ha ayudado mucho.
Coleccionar gente
A sus 22 años, cuando Vigas aún vivía en Francia, recibió la visita inesperada del pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín. “Vengo a hablarte porque tú y yo somos los dos grandes artistas de América y te quiero hacer un retrato”, cuenta que le dijo su tocayo. Tras beberse todo el whisky y el vino que tenía en casa logró una de las pinturas que también se exhibe hoy en su sala.
- ¿Qué otros artistas venezolanos son para usted motivo de admiración?
- Mario Abreu, Alejandro Otero, Pascual Navarro… Grandes artistas.
- No ha nombrado ningún cinético…
- Eso es decorativo –responde con desgano-. Me interesa el arte puro, no el arte aplicado que es para adornar. El arte puro no adorna, trasciende a la muerte. El arte aplicado se queda en la tierra.
- Y entre la pintura, la escultura y el grabado, ¿con cuál se queda?
- Con la pintura. La escultura me gusta mucho pero no tengo taller aquí, voy a Mérida. Me gusta mucho Mérida, he vivido muchos años allá y me gustan los andinos ¡Y las andinas también!
- Pero colecciona cualquier tipo de obra, ¿no? Vi su gran colección de arte precolombino.
- Colecciono todo, gente también. Me disgusta todo lo que es feo. La gente fea tampoco me gusta. Coleccionando se descubren cosas, es una fuente de inspiración y una fuente de conocimiento. Coleccionar estampillas, por ejemplo, es historia, economía, de todo. Una vez yo coleccioné estampillas. Después lo dejé y las regalé.
- ¿Qué momento de su vida ha sido la más plena?
- Quizás el año 52, cuando recibí todos los premios: el Premio Nacional (de Artes Plásticas), el Augusto Michelena, todos (incluyendo el Premio John Boulton). Ese es quizás el año más importante en mi vida.
- ¿En su vida o en su carrera?
- Mi carrera es mi vida -sonríe.
- Hoy precisamente le llegó una medalla desde España, ¿cuál es el honor que recuerda con más cariño?
- El premio de Monte Carlo (1992), lo recuerdo especialmente porque me lo entregó Carolina de Mónaco y era muy bella. Después se puso un poco... -y hace un gesto de insatisfacción-, pero sigue siendo bella.
- Su esposa recibió hace poco una condecoración en su nombre de la mano del Rey de España ¿Disfruta la fama y los reconocimientos?
- A mí me importa un carajo la fama –ríe a carcajadas quien nunca llevó la cuenta de cuántos cuadros ha pintado ni cuántos cientos se acumulan en aquel estudio-. Lo que importa es lo que hago, poder hacerlo y no pararme nunca.
Padre, esposo y amigo
A pesar de que el Maestro Vigas siempre termina regresando a Caracas -aunque extrañe Paris, sus cafés, sus calles y sus mujeres- dice nunca haber subido al Ávila. “¿Para qué?”, es su respuesta. El ejercicio le gusta, pero “solo poquito”. Hoy se mueve casi todo el día en una silla de ruedas por un problema en la pierna, pero su casa suele recibir la visita de los muchos amigos que ha “coleccionado” en su vida.
- Jeanine y usted ya suman 60 años de casados, ¿cómo lo han logrado?
- Con tolerancia. Hay que ser tolerante para poder querer a otra persona y comprenderla, y admirarla. No debe ser uno egoísta. Si uno es muy egoísta, no quiere a nadie. La gente muy egoísta está sola. La gente como yo está rodeada siempre de gente, de amores, de amigos, a veces hasta de enemigos. Yo he tenido la felicidad de tener muchos amigos. Me gusta la gente chiquita y grande, inteligente y bruta. El amor es ciego, también la amistad.
- ¿Y por qué solo tuvieron un hijo?
- Yo no pensaba tener hijos, porque considero que la vida es muy injusta, que hay mucha desgracia, la vida dura poco tiempo y se va, se acaba. Entonces yo decía, para qué tener hijos si igual se van a morir como todo. Tuve un hijo porque mi esposa lo quería y ahora yo lo adoro –vuelve a reír-. Tenía la pintura y yo decía con eso me basta. La poesía son mis hijos también. Desgraciadamente no soy músico, porque me encanta la música, pero me hubiera encantado escribir música. Estuve en escuelas estudiando piano. Mira ahí tengo un piano –y señala en una esquina del estudio lo que parece ser una obra más de colección, intocable-.
En ese momento entra Nancy con un postre de crema pastelera. La comida favorita de Oswaldo son los frutos del mar, pero en general, le encanta la comida. Con esto se acaba la entrevista, no sin antes asegurar con una sonrisa que las puertas de su casa siempre van a estar abiertas, y que pronto también el Museo Vigas.
Fuente:
http://www.revistadominical.com.ve/noticias/actualidad/oswaldo-vigas--el-mas-amoroso-que-he-entrevistado.aspx#ixzz314U7WKyx
Fotografía: andresjimenezgonzalez.blogspot.com
Recién cumplidos los 86 años de edad y en camino al Museo Vigas, el descendiente de Arturo Michelena y Premio Nacional de Artes Plásticas 1952 mantiene indomable su lengua
Paula Ortiz Vidal
El apartamento donde Oswaldo Vigas ha vivido por más de 40 años es una planta baja que te recibe con las puertas abiertas y dos esculturas grandes en la entrada. Adentro, el maestro merienda fruta, después le toca la siesta. Pero hoy, este descanso se posterga para conversar sobre su vida, gustos, disgustos y colecciones.
La sala comedor está forrada con cuadros, las mesas llenas de fotografías, reconocimientos y pequeñas esculturas. El hogar de Oswaldo Vigas respira un aire ecléctico, producto de todo el arte que ha ido coleccionando a lo largo de sus 86 años (recién cumplidos el pasado 4 de agosto; y aunque él no precisa la cifra, con decir “muchos años” es suficiente). En la sala de la televisión una repisa de vidrio exhibe numerosas piezas japonesas. Él nunca ha estado en Japón, pero se confiesa fascinado por el arte y la filosofía de aquella tierra milenaria.
El Maestro Vigas empezó a escribir desde muy joven. Su primer deseo fue ser poeta, así que el destino le dobló la vocación cuando logró el Premio a la Mejor Ilustración, en 1942, por un poemario que decidió acompañar con dibujos, y lo que le abrió las puertas del Ateneo de Valencia, su ciudad natal, para su primera exposición, a los 16 años. Sin embargo, nunca ha abandonado la escritura ni la lectura, así que sus paredes también soportan el peso de varios libros.
“A mis profesores les gustaban mis pinturas”, recuerda ahora de sus años de universidad, cuando estudiaba Medicina. Alguna vez pensó que podía ejercer como galeno, luego se dio cuenta que solo estudiaba para saber. “Nunca he dejado nada en el camino”, dice con mucho orgullo y aunque el título de médico no se exhibe en ningún consultorio, nadie le quita lo estudiado. La física y la astronomía son otros de sus hobbies, así que es normal que se ría cuando la gente nota que su tiempo libre no pasa ligerito.
“Nunca me arrepiento de ser como soy”
En el sótano está su estudio. Dos cosas destacan apenas se abre la puerta: una es el fuerte olor a óleo que se viene sospechando desde el pasillo; la otra es una fotografía enmarcada que cuelga de la pared en el que, en blanco y negro, están él y Picasso en sus años (más) mozos. Algunos cuadros aún están húmedos recostados o colgados en la pared. A veces tardan hasta 15 días para secarse bien, “depende del clima y de la materia que se use”, explica el maestro.
- Todos estos cuadros son recientes, y dice Nancy (su asistente) que algunos ni siquiera fueron bocetos, que los hizo directamente sobre el lienzo ¿Cuál es el secreto para mantenerse activo a su edad?
Vigas inmediatamente se lleva los dedos hacia su cabeza.
- Estar angustiado por todo. Me angustio y rechazo la angustia, pero me interesa todo y me duele todo.
- Entonces, ¿drena con la pintura?
- Puede ser. Lo que yo hago no se parece a nada, son cosas inventadas.
- ¿Y de dónde sale?
- En Valencia no había escuela de arte –dice mientras con su cuerpo indica que realmente no lo sabe-. Yo fui completamente autodidacta y eso es una gran ventaja porque nunca tuve nada impuesto, todo vino de mí mismo.
- Pero luego estudió en París
- Para vivir en Paris necesitaba un carnet de estudiante. Ahí vendía mis cuadros y vivía de eso. Podía haberme quedado en París, pero me hacía falta Venezuela y por eso me vine.
- ¿Aunque a veces diga que se siente extranjero aquí?
- A veces me siento extranjero cuando veo a alguna figura en la televisión diciendo cosas horribles, yo me siento extranjero porque no pertenezco a esa clase social. Soy de otra clase: una gente lectora, más espiritual, más refinada es la palabra… Desgraciadamente. Por eso me fui y después me vine, para estar en Venezuela. Me gusta pelear y decir las cosas que pienso y mejorar todo lo que está en torno mío.
- ¿Y eso no le ha traído problemas?
- Con todo el mundo –se ríe con ganas-, pero también me ha traído muchas amistades y mucha abnegación, mucho cariño de mucha gente, más que si no fuera así. Nunca me arrepiento de ser como soy. Eso me ha ayudado mucho.
Coleccionar gente
A sus 22 años, cuando Vigas aún vivía en Francia, recibió la visita inesperada del pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín. “Vengo a hablarte porque tú y yo somos los dos grandes artistas de América y te quiero hacer un retrato”, cuenta que le dijo su tocayo. Tras beberse todo el whisky y el vino que tenía en casa logró una de las pinturas que también se exhibe hoy en su sala.
- ¿Qué otros artistas venezolanos son para usted motivo de admiración?
- Mario Abreu, Alejandro Otero, Pascual Navarro… Grandes artistas.
- No ha nombrado ningún cinético…
- Eso es decorativo –responde con desgano-. Me interesa el arte puro, no el arte aplicado que es para adornar. El arte puro no adorna, trasciende a la muerte. El arte aplicado se queda en la tierra.
- Y entre la pintura, la escultura y el grabado, ¿con cuál se queda?
- Con la pintura. La escultura me gusta mucho pero no tengo taller aquí, voy a Mérida. Me gusta mucho Mérida, he vivido muchos años allá y me gustan los andinos ¡Y las andinas también!
- Pero colecciona cualquier tipo de obra, ¿no? Vi su gran colección de arte precolombino.
- Colecciono todo, gente también. Me disgusta todo lo que es feo. La gente fea tampoco me gusta. Coleccionando se descubren cosas, es una fuente de inspiración y una fuente de conocimiento. Coleccionar estampillas, por ejemplo, es historia, economía, de todo. Una vez yo coleccioné estampillas. Después lo dejé y las regalé.
- ¿Qué momento de su vida ha sido la más plena?
- Quizás el año 52, cuando recibí todos los premios: el Premio Nacional (de Artes Plásticas), el Augusto Michelena, todos (incluyendo el Premio John Boulton). Ese es quizás el año más importante en mi vida.
- ¿En su vida o en su carrera?
- Mi carrera es mi vida -sonríe.
- Hoy precisamente le llegó una medalla desde España, ¿cuál es el honor que recuerda con más cariño?
- El premio de Monte Carlo (1992), lo recuerdo especialmente porque me lo entregó Carolina de Mónaco y era muy bella. Después se puso un poco... -y hace un gesto de insatisfacción-, pero sigue siendo bella.
- Su esposa recibió hace poco una condecoración en su nombre de la mano del Rey de España ¿Disfruta la fama y los reconocimientos?
- A mí me importa un carajo la fama –ríe a carcajadas quien nunca llevó la cuenta de cuántos cuadros ha pintado ni cuántos cientos se acumulan en aquel estudio-. Lo que importa es lo que hago, poder hacerlo y no pararme nunca.
Padre, esposo y amigo
A pesar de que el Maestro Vigas siempre termina regresando a Caracas -aunque extrañe Paris, sus cafés, sus calles y sus mujeres- dice nunca haber subido al Ávila. “¿Para qué?”, es su respuesta. El ejercicio le gusta, pero “solo poquito”. Hoy se mueve casi todo el día en una silla de ruedas por un problema en la pierna, pero su casa suele recibir la visita de los muchos amigos que ha “coleccionado” en su vida.
- Jeanine y usted ya suman 60 años de casados, ¿cómo lo han logrado?
- Con tolerancia. Hay que ser tolerante para poder querer a otra persona y comprenderla, y admirarla. No debe ser uno egoísta. Si uno es muy egoísta, no quiere a nadie. La gente muy egoísta está sola. La gente como yo está rodeada siempre de gente, de amores, de amigos, a veces hasta de enemigos. Yo he tenido la felicidad de tener muchos amigos. Me gusta la gente chiquita y grande, inteligente y bruta. El amor es ciego, también la amistad.
- ¿Y por qué solo tuvieron un hijo?
- Yo no pensaba tener hijos, porque considero que la vida es muy injusta, que hay mucha desgracia, la vida dura poco tiempo y se va, se acaba. Entonces yo decía, para qué tener hijos si igual se van a morir como todo. Tuve un hijo porque mi esposa lo quería y ahora yo lo adoro –vuelve a reír-. Tenía la pintura y yo decía con eso me basta. La poesía son mis hijos también. Desgraciadamente no soy músico, porque me encanta la música, pero me hubiera encantado escribir música. Estuve en escuelas estudiando piano. Mira ahí tengo un piano –y señala en una esquina del estudio lo que parece ser una obra más de colección, intocable-.
En ese momento entra Nancy con un postre de crema pastelera. La comida favorita de Oswaldo son los frutos del mar, pero en general, le encanta la comida. Con esto se acaba la entrevista, no sin antes asegurar con una sonrisa que las puertas de su casa siempre van a estar abiertas, y que pronto también el Museo Vigas.
Fuente:
http://www.revistadominical.com.ve/noticias/actualidad/oswaldo-vigas--el-mas-amoroso-que-he-entrevistado.aspx#ixzz314U7WKyx
Fotografía: andresjimenezgonzalez.blogspot.com
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Paula Ortíz Vidal
sábado, 26 de abril de 2014
MIRAR VIENDO
EL NACIONAL - MIÉRCOLES 7 DE JULIO DE 1999
Transversalmente visto
Atanasio Alegre
Al hacer la señora Smith, en La cantante calva, de Ionesco, el recuento de lo bien que habían cenado aquella noche, exclama: "Eso es porque vivimos en los suburbios de Londres y nos apellidamos Smith". Pues bien, esa opulencia de trazo y color matizados que ostenta el pintor Oswaldo Vigas responden al hecho de haberse alimentado de manera suculenta de esa luz que Venezuela pone a disposición de quien trate de aprovecharla para pintar. Haber convertido su apellido en un atributo de constancia y persistencia es, en Vigas, asunto de vocación.
Un corte de observación transversal en la vida cotidiana del maestro Vigas lo sitúa hoy en la ciudad de Caracas, traspasada la séptima década de su vida, con una vitalidad y una dedicación al trabajo de pintor que no ha conocido mengua desde que lo iniciara a los 14 años en Valencia, su ciudad natal.
Se ha servido del trazo y con el trazo, del color sobre un fondo de luces que le ayuda a esquematizar realidades con una sobreabundancia tal, que confiere a quienes contemplan sus cuadros la sensación de estar asistiendo a una fiesta de colores que transmite alegría y vistosidad. Eso a primera vista. A una segunda inspección, se nota que hay mucho contenido en la pintura: porque Vigas ha bajado con mucha frecuencia a los purgatorios latinoamericanos de lo arqueológico. Jean Clarence Lambert lo dijo con dos palabras insustituibles: L'original et l'originel.
El taller de Vigas en Caracas más que un laboratorio, es un territorio por que el transitan, como por un sobremundo, zigotos, mutantes, personajes que ya han sido plasmados en cuadros, otros están todavía en estado embrionario de bocetos y proyectos prospectivos de pintura, pero en tal cantidad que podrían muy bien suministrarle materia pictórica para una centuria más. Los bocetos están debidamente domiciliados en los archivos y fueron realizados en el material más insólito: servilletas de papel de restaurantes, en una colección completa de tickets del metro de París -de cuando su taller de la rue Duphine- con una continuidad que alcanza ya al medio siglo, algunos, incluso, fueron hechos en trozo de pantalones recortados. Todos poseen el color en que serán realizados: si no hay colorante a mano, serán pintados con manchas de café solo, o con leche, (¿nace de ahí su predilección por los ocres en sus cuadros?).
Vigas se escabulló a tiempo, tanto del surrealismo como del abstraccionismo geométrico que se le interpusieron a finales de los años 50 cuando llegó a París. La pintura actual de Vigas ostenta dos características fundamentales: la eliminación implacable de todo barroquismo y la adopción de una suerte de esquizofrenia de la razón intemporal. Un ida y vuelta hacia direcciones contradictorias: lo que es hoy ese mundo latinoamericano al que está adscrito y lo que fue en el pasado. Un camino de aventura parecido al que había tomado en sus tiempos europeos, el grupo Cobra. Vigas tiene una noción perfecta de la época que le ha tocado vivir y la Venezuela que lleva por dentro se presta para esa apelación suya a la sinrazón intemporal. Vigas es hoy un hombre seguro, dueño de una metodología de trabajo que le ha dado resultados, en la cúspide del trazo, con una correspondencia perfectamente vital entre lo que quiso ser y lo que ha llegado a ser, con un equilibrio teñido por la alegría que otorga el color a los ciclos del tiempo, noche y día, primavera o verano. O dicho de otras maneras, el mundo de Vigas ha sido sustituido por una sinfonía de colores.
Ocurre esto, en todo caso, en los días vecinos a abrirse el gran acontecimiento visual que tiene lugar cada año en Caracas, dedicado este año a Oswaldo Vigas: la Feria Internacional de Arte. Lo que el maestro Vigas expondrá en la FIA, en esta oportunidad, forma parte esquemática de esa sinfonía de colores que sustenta y, lo seguirá haciendo, el soporte de sus reinos pictóricos.
Fotografía: http://cdnun.ultimasnoticias.com.ve/unfotos/96c3f444e06c4779b3161175e4741c2e.jpg
Transversalmente visto
Atanasio Alegre
Al hacer la señora Smith, en La cantante calva, de Ionesco, el recuento de lo bien que habían cenado aquella noche, exclama: "Eso es porque vivimos en los suburbios de Londres y nos apellidamos Smith". Pues bien, esa opulencia de trazo y color matizados que ostenta el pintor Oswaldo Vigas responden al hecho de haberse alimentado de manera suculenta de esa luz que Venezuela pone a disposición de quien trate de aprovecharla para pintar. Haber convertido su apellido en un atributo de constancia y persistencia es, en Vigas, asunto de vocación.
Un corte de observación transversal en la vida cotidiana del maestro Vigas lo sitúa hoy en la ciudad de Caracas, traspasada la séptima década de su vida, con una vitalidad y una dedicación al trabajo de pintor que no ha conocido mengua desde que lo iniciara a los 14 años en Valencia, su ciudad natal.
Se ha servido del trazo y con el trazo, del color sobre un fondo de luces que le ayuda a esquematizar realidades con una sobreabundancia tal, que confiere a quienes contemplan sus cuadros la sensación de estar asistiendo a una fiesta de colores que transmite alegría y vistosidad. Eso a primera vista. A una segunda inspección, se nota que hay mucho contenido en la pintura: porque Vigas ha bajado con mucha frecuencia a los purgatorios latinoamericanos de lo arqueológico. Jean Clarence Lambert lo dijo con dos palabras insustituibles: L'original et l'originel.
El taller de Vigas en Caracas más que un laboratorio, es un territorio por que el transitan, como por un sobremundo, zigotos, mutantes, personajes que ya han sido plasmados en cuadros, otros están todavía en estado embrionario de bocetos y proyectos prospectivos de pintura, pero en tal cantidad que podrían muy bien suministrarle materia pictórica para una centuria más. Los bocetos están debidamente domiciliados en los archivos y fueron realizados en el material más insólito: servilletas de papel de restaurantes, en una colección completa de tickets del metro de París -de cuando su taller de la rue Duphine- con una continuidad que alcanza ya al medio siglo, algunos, incluso, fueron hechos en trozo de pantalones recortados. Todos poseen el color en que serán realizados: si no hay colorante a mano, serán pintados con manchas de café solo, o con leche, (¿nace de ahí su predilección por los ocres en sus cuadros?).
Vigas se escabulló a tiempo, tanto del surrealismo como del abstraccionismo geométrico que se le interpusieron a finales de los años 50 cuando llegó a París. La pintura actual de Vigas ostenta dos características fundamentales: la eliminación implacable de todo barroquismo y la adopción de una suerte de esquizofrenia de la razón intemporal. Un ida y vuelta hacia direcciones contradictorias: lo que es hoy ese mundo latinoamericano al que está adscrito y lo que fue en el pasado. Un camino de aventura parecido al que había tomado en sus tiempos europeos, el grupo Cobra. Vigas tiene una noción perfecta de la época que le ha tocado vivir y la Venezuela que lleva por dentro se presta para esa apelación suya a la sinrazón intemporal. Vigas es hoy un hombre seguro, dueño de una metodología de trabajo que le ha dado resultados, en la cúspide del trazo, con una correspondencia perfectamente vital entre lo que quiso ser y lo que ha llegado a ser, con un equilibrio teñido por la alegría que otorga el color a los ciclos del tiempo, noche y día, primavera o verano. O dicho de otras maneras, el mundo de Vigas ha sido sustituido por una sinfonía de colores.
Ocurre esto, en todo caso, en los días vecinos a abrirse el gran acontecimiento visual que tiene lugar cada año en Caracas, dedicado este año a Oswaldo Vigas: la Feria Internacional de Arte. Lo que el maestro Vigas expondrá en la FIA, en esta oportunidad, forma parte esquemática de esa sinfonía de colores que sustenta y, lo seguirá haciendo, el soporte de sus reinos pictóricos.
Fotografía: http://cdnun.ultimasnoticias.com.ve/unfotos/96c3f444e06c4779b3161175e4741c2e.jpg
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Oswaldo Vigas
DE LA MONTAÑA DE LA ESPECIALIZACIÓN
EL PAÍS, Madrid, 18 de junio de 2007
Tribuna:
A propósito de un nuevo humanismo
Salvador Paniker
En 1959, C. P. Snow dictó en Cambridge una famosa conferencia titulada Las dos culturas y la revolución científica, deplorando la escisión académica y profesional entre el ramo de las ciencias y el de las letras. En 1991, el agente literario John Brockman popularizó el concepto de la tercera cultura, para referirse a la entrada en escena de los científicos-escritores. Nacería así un nuevo humanismo. Un nuevo humanismo que ya no sería tanto el humanismo clásico cuanto una nueva hibridación entre ciencias y letras.
En lo que concierne a la filosofía, este nuevo humanismo debería estar atento no sólo a la ciencia, sino al mayor número posible de corrientes de pensamiento vivo. Ello es que la filosofía no debe estar encerrada en un departamento académico profesional, sino ejercerse en un cruce interdisciplinario y en "conversación" -como dijera el recientemente desaparecido Richard Rorty- con todas las demás ciencias. La filosofía tiene que trazar mapas de la realidad. El filósofo es, en palabras de Platón, "el que tiene la visión de conjunto (synoptikós)", es decir, el que organiza lo más relevante de la "información almacenada" (cultura) y esboza nuevas cosmovisiones (provisionales, pero coherentes). Por otra parte, la inicial intuición de los filósofos "analíticos" -que fueron los primeros en señalar la importancia de evitar las trampas que nos tiende el lenguaje- no debe echarse en saco roto.
Pienso, así, que un nuevo humanismo debería asumir ciertas reformas lingüísticas. Recordemos, por ejemplo, lo mucho que nos sigue condicionando todavía el viejo constructo aristotélico hecho de sujeto, verbo y predicado, que es también el modelo cartesiano de cognición sujeto-objeto. Esta convención es responsable -como ya denunciaran tanto Buda como David Hume- de incurrir en la falacia de creer que hay mente cuando lo único seguro es que hay actos mentales.
Lo que ocurre es que en el género filosófico las palabras tienen que transmitir conceptos, y por ahí caben pocas florituras. En filosofía es muy difícil salirse de un determinado modelo gramatical. Martin Heidegger ya explicó que tuvo que renunciar a escribir la segunda parte de El ser y el tiempo por la inadecuación del lenguaje de la metafísica que siempre identifica el ser con el ente, olvidando la diferencia ontológica. Hoy, cuando la filosofía tiende a confundirse con la literatura, ¿qué otros recursos caben? Gregory Bateson solía decir que hay que acostumbrarse a una nueva forma de pensar que substituya los objetos por relaciones. Pero substituir los objetos por relaciones es contar historias. De modo que Gregory Bateson nos estaba invitando a contar historias.
En todo caso, si bien se ha producido el "giro lingüístico", nuestros hábitos sintácticos han cambiado poco. Y ya digo que se comprende. El ya citado Heidegger, en su segunda época, reivindicó la poesía -cuyo ejemplo supremo sería Hölderlin- como modelo de lenguaje no objetivante, no reducido a simple instrumento de información. Sólo que Heidegger llegó a embriagarse tanto de "oscuridad poética" que difícilmente se le podía seguir. En cuanto a los lenguajes formales usados por las ciencias duras, sucede que al final sólo son accesibles a un grupo reducidísimo de especialistas. Así, pongo por caso, todavía las gentes ilustradas pudieron digerir en su día la teoría de la gravitación de Newton, e incluso la de la relatividad de Einstein (aunque ésta ya menos, la constancia de la velocidad de la luz es estrictamente contraintuitiva); pero ¿quién es capaz de seguir la endiablada complejidad matemática de la teoría de las supercuerdas?
Y, con todo, hay ahí un camino a mi juicio irreversible. Pues, al margen del lenguaje que uno utilice, ha sonado la hora de liberarse de la tiranía de la intuición, el sentido común y otros embelecos parecidos.
Por otra parte, ¿por qué la realidad habría de ser completamente inteligible? De entrada, el teorema de Gödel impugna la noción misma de una teoría completa de la natura: cualquier sistema de axiomas moderadamente complejo plantea preguntas que los axiomas no pueden responder. De otro lado,la Teoría de la Evolución confirma nuestra oscuridad. Nada nos obliga a pensar que el mundo ha de ser completamente inteligible. Al menos para nosotros, simios pensantes. Al menos en relación a lo que nosotros, simios pensantes, entendemos por inteligibilidad.
En resolución. Un nuevo humanismo debería comenzar por una cura de modestia, y quizá abjurando del mismo y arrogante concepto de humanismo, el que coloca al animal humano como centro y referencia de todo lo que existe. Un nuevo humanismo, compatible con la sensibilidad metafísica, no puede ponerse de espaldas a la ciencia. Naturalmente, no se trata de incurrir en el oscurantismo pseudocientífico denunciado por Alan Sokal y Jean Bricmont en su conocido libro Imposturas intelectuales. No hay que usar la jerga científica en contextos que no le corresponden. Tampoco se trata de caer en un relativismo epistémico radical (que surge de una mala digestión de las obras de Kuhn y Feyerabend), ni de creer que la ciencia es una mera narración, o una pura construcción social. Ni de buscar síntesis atolondradas entre Ciencia y Mística. La tarea es previa y más respetuosa con la autonomía de la ciencia. Se trata de conocer de verdad nuestros condicionamientos esenciales. Se trata de que los paradigmas científicos fecunden realmente a los discursos filosóficos e incluso literarios.
Ello es que es la totalidad de la cultura la que permanentemente está en juego y se renueva. Se renueva desde la interfecundación de las distintas disciplinas. Hoy procede, incluso, elaborar un nuevo concepto de los "textos sagrados" que no hay que ir a buscar donde las fuentes están ya secas. Por ejemplo, ¿llegará algún día en que algún Sumo Pontífice de la Iglesia católica escriba algo verdaderamente inspirado, algo real, sin esos horribles amaneramientos de los documentos oficiales? No parece probable, y tampoco hace falta. Los verdaderos "textos sagrados" de la tradición occidental son, desde hace siglos, los de los grandes autores. Platón y Aristóteles, Dante y Shakespeare. Pero también Victoria, Bach, Haendel, Beethoven. Y Giotto, Fra Angelico, Rembrandt. Y Arquímedes, Pascal, Newton, Darwin, Einstein, Heisenberg. Y Paul Celan y Bela Bartok. Etcétera. Todos ellos son "autores sagrados". Canónicos. La Física Cuántica es un monumento no menos inspirado que la Biblia. Ni menos ambiguo. Escribe el científico Arthur I. Miller: "Como una gran obra literaria, la teoría cuántica está abierta a multitud de interpretaciones".
Se equivocan pues quienes oponen la ciencia a los textos sagrados, o la ciencia al arte. Respetando los correspondientes ámbitos de autonomía, todo forma parte de un mismo prodigioso forcejeo. La persecución de lo real. Que en cierto modo es también la persecución de lo absoluto. Lo absoluto que se presiente, aunque sea inaccesible. Ciertamente, la fusión de saberes como en el Renacimiento ya no es posible. La montaña de la especialización es demasiado alta. Ahora bien, cabe hacer que los diferentes saberes "comuniquen". Comuniquen sin "reducirse" los unos a los otros. Es el meollo de lo que Edgar Morin ha llamado "transdisciplinariedad", la que, sin buscar un principio unitario de todos los conocimientos (lo cual también sería reduccionismo), aspira a una comunicación entre las disciplinas sobre la base de un pensamiento "complejo". Ni todo es física, ni todo es biología, ni todo es sociología, ni todo es antropología; pero cabe enlazar estas áreas cibernéticamente.
¿Enciclopedismo? Más bien puesta en ciclo del bucle físico/biológico/social/antropológico. Ello es que las grandes preguntas se renuevan, el tema de la condición humana está en juego y la permeabilidad entre ciencias, artes y letras se convierte en una exigencia central de nuestro tiempo.
(*) Salvador Pániker es filósofo y escritor.
Ilustración: Oswaldo Vigas.
Tribuna:
A propósito de un nuevo humanismo
Salvador Paniker
En 1959, C. P. Snow dictó en Cambridge una famosa conferencia titulada Las dos culturas y la revolución científica, deplorando la escisión académica y profesional entre el ramo de las ciencias y el de las letras. En 1991, el agente literario John Brockman popularizó el concepto de la tercera cultura, para referirse a la entrada en escena de los científicos-escritores. Nacería así un nuevo humanismo. Un nuevo humanismo que ya no sería tanto el humanismo clásico cuanto una nueva hibridación entre ciencias y letras.
En lo que concierne a la filosofía, este nuevo humanismo debería estar atento no sólo a la ciencia, sino al mayor número posible de corrientes de pensamiento vivo. Ello es que la filosofía no debe estar encerrada en un departamento académico profesional, sino ejercerse en un cruce interdisciplinario y en "conversación" -como dijera el recientemente desaparecido Richard Rorty- con todas las demás ciencias. La filosofía tiene que trazar mapas de la realidad. El filósofo es, en palabras de Platón, "el que tiene la visión de conjunto (synoptikós)", es decir, el que organiza lo más relevante de la "información almacenada" (cultura) y esboza nuevas cosmovisiones (provisionales, pero coherentes). Por otra parte, la inicial intuición de los filósofos "analíticos" -que fueron los primeros en señalar la importancia de evitar las trampas que nos tiende el lenguaje- no debe echarse en saco roto.
Pienso, así, que un nuevo humanismo debería asumir ciertas reformas lingüísticas. Recordemos, por ejemplo, lo mucho que nos sigue condicionando todavía el viejo constructo aristotélico hecho de sujeto, verbo y predicado, que es también el modelo cartesiano de cognición sujeto-objeto. Esta convención es responsable -como ya denunciaran tanto Buda como David Hume- de incurrir en la falacia de creer que hay mente cuando lo único seguro es que hay actos mentales.
Lo que ocurre es que en el género filosófico las palabras tienen que transmitir conceptos, y por ahí caben pocas florituras. En filosofía es muy difícil salirse de un determinado modelo gramatical. Martin Heidegger ya explicó que tuvo que renunciar a escribir la segunda parte de El ser y el tiempo por la inadecuación del lenguaje de la metafísica que siempre identifica el ser con el ente, olvidando la diferencia ontológica. Hoy, cuando la filosofía tiende a confundirse con la literatura, ¿qué otros recursos caben? Gregory Bateson solía decir que hay que acostumbrarse a una nueva forma de pensar que substituya los objetos por relaciones. Pero substituir los objetos por relaciones es contar historias. De modo que Gregory Bateson nos estaba invitando a contar historias.
En todo caso, si bien se ha producido el "giro lingüístico", nuestros hábitos sintácticos han cambiado poco. Y ya digo que se comprende. El ya citado Heidegger, en su segunda época, reivindicó la poesía -cuyo ejemplo supremo sería Hölderlin- como modelo de lenguaje no objetivante, no reducido a simple instrumento de información. Sólo que Heidegger llegó a embriagarse tanto de "oscuridad poética" que difícilmente se le podía seguir. En cuanto a los lenguajes formales usados por las ciencias duras, sucede que al final sólo son accesibles a un grupo reducidísimo de especialistas. Así, pongo por caso, todavía las gentes ilustradas pudieron digerir en su día la teoría de la gravitación de Newton, e incluso la de la relatividad de Einstein (aunque ésta ya menos, la constancia de la velocidad de la luz es estrictamente contraintuitiva); pero ¿quién es capaz de seguir la endiablada complejidad matemática de la teoría de las supercuerdas?
Y, con todo, hay ahí un camino a mi juicio irreversible. Pues, al margen del lenguaje que uno utilice, ha sonado la hora de liberarse de la tiranía de la intuición, el sentido común y otros embelecos parecidos.
Por otra parte, ¿por qué la realidad habría de ser completamente inteligible? De entrada, el teorema de Gödel impugna la noción misma de una teoría completa de la natura: cualquier sistema de axiomas moderadamente complejo plantea preguntas que los axiomas no pueden responder. De otro lado,la Teoría de la Evolución confirma nuestra oscuridad. Nada nos obliga a pensar que el mundo ha de ser completamente inteligible. Al menos para nosotros, simios pensantes. Al menos en relación a lo que nosotros, simios pensantes, entendemos por inteligibilidad.
En resolución. Un nuevo humanismo debería comenzar por una cura de modestia, y quizá abjurando del mismo y arrogante concepto de humanismo, el que coloca al animal humano como centro y referencia de todo lo que existe. Un nuevo humanismo, compatible con la sensibilidad metafísica, no puede ponerse de espaldas a la ciencia. Naturalmente, no se trata de incurrir en el oscurantismo pseudocientífico denunciado por Alan Sokal y Jean Bricmont en su conocido libro Imposturas intelectuales. No hay que usar la jerga científica en contextos que no le corresponden. Tampoco se trata de caer en un relativismo epistémico radical (que surge de una mala digestión de las obras de Kuhn y Feyerabend), ni de creer que la ciencia es una mera narración, o una pura construcción social. Ni de buscar síntesis atolondradas entre Ciencia y Mística. La tarea es previa y más respetuosa con la autonomía de la ciencia. Se trata de conocer de verdad nuestros condicionamientos esenciales. Se trata de que los paradigmas científicos fecunden realmente a los discursos filosóficos e incluso literarios.
Ello es que es la totalidad de la cultura la que permanentemente está en juego y se renueva. Se renueva desde la interfecundación de las distintas disciplinas. Hoy procede, incluso, elaborar un nuevo concepto de los "textos sagrados" que no hay que ir a buscar donde las fuentes están ya secas. Por ejemplo, ¿llegará algún día en que algún Sumo Pontífice de la Iglesia católica escriba algo verdaderamente inspirado, algo real, sin esos horribles amaneramientos de los documentos oficiales? No parece probable, y tampoco hace falta. Los verdaderos "textos sagrados" de la tradición occidental son, desde hace siglos, los de los grandes autores. Platón y Aristóteles, Dante y Shakespeare. Pero también Victoria, Bach, Haendel, Beethoven. Y Giotto, Fra Angelico, Rembrandt. Y Arquímedes, Pascal, Newton, Darwin, Einstein, Heisenberg. Y Paul Celan y Bela Bartok. Etcétera. Todos ellos son "autores sagrados". Canónicos. La Física Cuántica es un monumento no menos inspirado que la Biblia. Ni menos ambiguo. Escribe el científico Arthur I. Miller: "Como una gran obra literaria, la teoría cuántica está abierta a multitud de interpretaciones".
Se equivocan pues quienes oponen la ciencia a los textos sagrados, o la ciencia al arte. Respetando los correspondientes ámbitos de autonomía, todo forma parte de un mismo prodigioso forcejeo. La persecución de lo real. Que en cierto modo es también la persecución de lo absoluto. Lo absoluto que se presiente, aunque sea inaccesible. Ciertamente, la fusión de saberes como en el Renacimiento ya no es posible. La montaña de la especialización es demasiado alta. Ahora bien, cabe hacer que los diferentes saberes "comuniquen". Comuniquen sin "reducirse" los unos a los otros. Es el meollo de lo que Edgar Morin ha llamado "transdisciplinariedad", la que, sin buscar un principio unitario de todos los conocimientos (lo cual también sería reduccionismo), aspira a una comunicación entre las disciplinas sobre la base de un pensamiento "complejo". Ni todo es física, ni todo es biología, ni todo es sociología, ni todo es antropología; pero cabe enlazar estas áreas cibernéticamente.
¿Enciclopedismo? Más bien puesta en ciclo del bucle físico/biológico/social/antropológico. Ello es que las grandes preguntas se renuevan, el tema de la condición humana está en juego y la permeabilidad entre ciencias, artes y letras se convierte en una exigencia central de nuestro tiempo.
(*) Salvador Pániker es filósofo y escritor.
Ilustración: Oswaldo Vigas.
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Salvador Paniker
sábado, 31 de marzo de 2012
NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Eugenio Montejo. "Solamente poesía". El Nacional, Papel Literario, Caracas, 04/08/96.
- R. J. Lovera de Sola. "Alejo Carpentier en Venezuela". El Nacional, 17/10/77.
- Alejandro Otero. "Los dioses de Degas". El Nacional, PL, Caracas, 15/02/98.
- Oswaldo Vigas. "Pascual Navarro colecciona muñecas". Elite, Caracas, nr. 1791 del 16/01/60.
- Luis Beltrán Prieto Figueroa. "Pido la palabra: el habla popular en Margarita". El Nacional, 21/08/79.
Fotografía: Reportaje al pintor Feliciano Carvallo, de Luis Buitrago Segura y fotos de Luis Noguera h. Momento, Caracas, nr. 185 del 29/01/60.
lunes, 9 de mayo de 2011
PEQUEÑO TESTIMONIO GRABADO

EL NACIONAL - Lunes 09 de Mayo de 2011 Escenas/4
El foro del lunes
OSWALDO VIGAS Cree que la actual política cultural se propone anular el arte
En vísperas del Día Nacional del Artista Plástico, el pintor de 84 años de edad insiste en que, en lugar de salir a la calle con un fusil, los creadores deberían dedicarse a trabajar en sus talleres
«A gobiernos como el nuestro no les interesa mejorar sino dominar»
JUAN A. GONZÁLEZ
La exposición retrospectiva más reciente de Oswaldo Vigas montada en un museo nacional data de 1990. La organizó Sofía Ímber en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas que ella creó y que por muchos años llevó su nombre.
Vigas: lo figurativo y lo telúrico reunió trabajos del artista plástico valenciano, de 84 años de edad, realizados entre 1942 y 1990. Desde entonces, ninguna institución museística al resguardo oficial ha dedicado una muestra antológica al creador al que, no obstante, galeristas privados venezolanos y extranjeros no han cesado de llevar a sus salas de exhibición.
Y cuando se busca una explicación al por qué de tal distanciamiento, el verbo del artista, seguramente guiado por sus dioses tutelares, se convierte en metralla. "Es porque no sirven. Nadie les ha puesto un verdadero interés. Los museos son organismos que dependen del Estado y si éste no les tira nada terminan dando lástima".
--¿Qué piensa de la manera en que han sido manejados los museos en los últimos años? --Lo que se proponen es anular el arte. Anular esa vía de expresión, protesta y vida que es el arte.
--¿Con qué objetivo? --La tiranía. La tiranía comienza a instaurarse por el espíritu para abarcar luego todas las actividades humanas, lo que hacen los individuos y lo que se hace en el país. A los gobiernos como el nuestro no les interesa mejorar sino dominar. Esa es su filosofía.
--¿Y qué puede hacer el artista ante tal pretensión? --Cada quien se defiende como puede. En mi caso, lo hago con mi obra. Tengo la gran ventaja de que produzco todo lo que necesito, no tengo que pedirle nada al Gobierno.
El artista no puede salir a la calle con un fusil. Su función no es la de estar en una plaza pública diciendo discursos, sino la de trabajar en su taller. Puede ser que en un momento de exaltación salga a pelear, eso está en su condición de ser humano, pero no puede pasarse todo el tiempo peleando porque no crearía nada. Tiene que dedicarse a crear y eso no es fácil. Yo no tengo a la creación agarrada por el cuello, al contrario, ella me tiene a mí. Soy una marioneta en sus manos.
Arte mayor y menor Vigas es un trabajador incansable. Pinta regularmente, entre 2:00 pm y 7:00 pm. "A veces hasta las 10:00 pm", acota su esposa, amiga, amante, confidente y excepcional promotora, Janine. No se encierra en torres de marfil. Ofrece entrevistas, como ésta, para mantenerse en contacto, y expone todo el tiempo. Aquí y afuera.
El Centro de Arte Villa Tamaris, de Seyne-sur-Mer, en la Costa Azul francesa, presentó recientemente la muestra Oswaldo Vigas. Mérida/París/ Caracas, y su hijo, el cineasta Lorenzo Vigas, acaba de terminar de filmar el documental El vendedor de orquídeas, que recordará los inicios del artista a partir de la búsqueda de una obra de juventud extraviada. El estreno de la cinta coincidirá con la inauguración en 2012 de la exposición Vigas. Los comienzos, que reunirá los cuadros que pintó el artista cuando tenía 14, 15 y 16 años de edad.
--Son 70 años pintando.
¿Qué hay de usted en esas obras que no haya expresado con palabras? --La creación tiene en mí dos momentos. El primero es completamente irracional y, en el segundo, uno racionaliza lo irracional. El primer momento es un dibujo de cualquier cosa y luego surge un proceso más racional. Para sentir que un cuadro está terminado, aquello que hago tiene que dar aspecto de terminado. Y para eso hay que usar la razón, poner el conocimiento que uno tiene de todo lo que hizo antes. En cada cuadro está todo lo que uno pintó antes. Sin eso, no existiría la obra.
--¿Ha crecido con ella? --Mi trabajo no evoluciona, porque evolución significa mejorar. Yo no mejoro, empeoro. Pero empeorando también se mejora.
--Usted ha sido muy crítico de corrientes como el cinetismo. ¿Siente que movimientos como ese le pusieron un corsé al arte de las nuevas generaciones, algo así como el reclamo que muchos jóvenes escritores le hacen al boom de la literatura latinoamericana? --No es igual. La literatura de García Márquez no es decorativa. Lo que escriben él o Vargas Llosa no es adorno. Aquel arte, sí. No expresa cosas importantes, sino que sirve para decorar. Para mí es ornamentación. El arte ornamental no es puro, es arte aplicado, aplicado a la decoración. Un arte aplicado no es arte mayor.
Todo el arte cinético es expresión menor, aunque sea grandote. Un grabado de Goya, aunque sea chiquito, es arte mayor. El piso del aeropuerto de Maiquetía es arte menor porque es para decorar, para hacer las cosas bonitas.
El arte no es para ser bonito.
Puede ser feo y ser expresivo, importante.
Héroes y equivocados Oswaldo Vigas es consciente de que, como el resto de la sociedad, los intelectuales del país también están divididos.
"No me identifico con los que se pliegan al poder. Hay artistas que he admirado y que pasaron muchos años trabajando sin reconocimiento, vendiendo sus obras a bajos precios, pero que de pronto se sienten apoyados por el Gobierno y aprovechan la oportunidad, aunque sigan siendo los mismos. Apoyan al sistema que los apoya, y es una lástima porque este sistema está llevando el país al precipicio. Muchos de ellos se venden por un bocado de pan", asegura.
--Muchos actúan por convicción. Tienen derecho a creer en esto.
--Tienen derecho, es verdad, pero para mí su punto de vista es equivocado.
--Pareciera que esos intelectuales son incapaces de decir: "Vamos por el camino equivocado, pero tampoco el otro camino era el mejor".
--El intelectual tiene que ser ponderado, pero para serlo debe ver la realidad mundial, no sólo la venezolana. Tiene que mirar, por ejemplo, a Cuba, y ver qué pasó en 60 años de revolución. Cuba produce dos cosas: putas y maricones.
Más nada. En 60 años de revolución, no ha sido capaz de producir comida para sus hijos.
--Mañana es el Día Nacional del Artista Plástico. ¿Hay motivos para celebrar? --Hay algunos artistas muy jodidos, muriéndose, otros andan con la cabeza alta y unos más cabizbajos. Pero existen. Es normal y enaltecedor que se les dedique un día.
Un día para celebrar la existencia de esos héroes, porque en la mayoría de los casos son eso. Yo no soy un héroe, pero siento que muchos sí lo son, y los admiro.
--El clamor permanente que se escucha desde la Asociación Venezolana de Artistas Plásticos es que muchos de sus afiliados no cuentan con una buena seguridad social.
--Eso tiene su explicación: un artista es, sobre todo, un ser humano. Puede ser mezquino, inferior como hombre, y ser un gran creador. También puede hacer cosas muy bellas, pero no saber defenderse y se equivoca. Y las equivocaciones se pagan. En un momento puede gozar de un bienestar equivocado y mañana recibir un trancazo porque escogió la vía errónea.
--¿Quiere decir que la situación en la que viven muchos artistas es culpa de ellos mismos? --Sí. Un artista exitoso, que vive de su trabajo, no necesita pensar en tener una buena póliza de seguro o una parcela en el cementerio. Que le deje eso a aquellos que crean cosas que no sirven.
--¿Y qué papel juega en esto la AVAP? --Ninguno. Esos son problemas personales, no colectivos.
Cada artista es un ser único que debería cuidar de sí mismo. No hay ningún organismo que le garantice el éxito.
"Todo el arte cinético es expresión menor, aunque sea grandote. Un grabado de Goya, aunque sea chiquito, es arte mayor"
Fotografía: Alexandra Blanco.
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Juan Antonio González,
Oswaldo Vigas
MEZCLA DE LUZ Y AIRE

Mediodía
Canta la luz aire arriba
como una alondra.
Y por la rama de su canto sube
el mediodía.
Quieren los ojos seguirlo
pero no llegan.
Como el amor, el sol,
de tanto, ciega.
Meira Delmar
Ilustración: Oswaldo Vigas
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Meira Delmar,
Oswaldo Vigas
jueves, 10 de febrero de 2011
la gracia está en la execración

EL NACIONAL, Caracas, 25 de Octubre de 1998 / OPINION
El humorismo execrado
RUBEN MONASTERIOS
A decir verdad, en casi todas partes se consideró al humorismo como un quehacer artístico de "tono menor"; véase, a manera de ejemplo, el caso de Moliere: apreciaba sus comedias como actividades alimenticias y luchó a brazo partido por alcanzar fama de autor trágico y de actor dramático; logró esos anhelos; hoy sus tragedias están olvidadas y fueron sus comedias la que le dieron éxito en vida e inmortalidad. Con el correr del tiempo la actitud hacia el humorismo cambió y se llegó a entender que entre todas las formas de creación artística, quizá sea esta la mas difícil; con todo, entre los premios Nobel de la Literatura sólo figuran dos humoristas: Bernard Shaw y Becket; y el último en el supuesto discutible de que se le acepte como tal.
Tengo la impresión de que en ninguna otra parte ha sido tan enfática ni se ha prolongado tanto la actitud despectiva hacia el humorismo, como en Venezuela. No hará mucho tiempo uno de nuestros más notables humoristas, Aquiles Nazoa, se refirió al "antiguo prejuicio que le negó tradicionalmente jerarquía al humorismo" y hacía ver que "contrariamente a lo que pudiera esperarse en un país que manifiesta en el humor el rasgo más distintivo de su carácter, el humorismo venezolano es todavía un territorio inexplorado por los estudiosos de nuestra cultura". En fecha todavía más reciente, ocurrió una reacción un tanto adversa en el ambiente de las artes plásticas nacionales, porque se le concedió el Premio Nacional en tal especialidad a Pedro León Zapata, por cuanto este creador era "caricaturista" (un género plástico por definición humorístico) y no "pintor".
Como consecuencia de esa absurda minusvalorización se han perdido las principales obras de numerosos poetas festivos venezolanos; los mismos autores no se ocuparon de recoger sus composiciones del género en libros, al estimar que eran cosas incidentales, "que no valían la pena".
En los cursos de Literatura Venezolana que antes se dictaban en bachillerato, los autores netamente humorísticos no se mencionaban; hasta donde alcanza mi conocimiento por la experiencia vivida como estudiante, sólo se estudiaban aquellos que además de tener una obra seria, habían rendido tributo al humor, como fue el caso de Miguel Otero Silva; y su creatividad en ese campo se citaba a la ligera. A Andrés Eloy Blanco se le estudiaba como poeta, pero era raro el profesor que aludía a su persistente quehacer humorístico desarrollado en numerosos periódicos de su época, en forma de artículos, poemas y del curioso género llamado "teatro para leer". Diera la impresión de que hasta los mismos autores hubieran sido humoristas vergonzantes, un tanto al estilo de Moliere, que gustaban de lucir graciosos en los corrillos, pero insistían en parecer serios en la imagen que proyectaban a la comunidad y en la huella que pretendían dejar en la Historia.
La vena humorística venezolana viene desde los tiempos coloniales; según Nazoa, cronológicamente el primer humorista nacional es un sacerdote, el presbítero Juan Antonio Eguiarreta (nacido en Caracas, 1712), cuyas décimas Contestación del padre Eguiarreta en nombre de las mujeres de Caracas son la "primera obra de nuestra literatura que reclama para una voz criolla su derecho de figuración, en el habla española".
Ocurrió entonces que circularon en Caracas una décima escritas en La Habana, presumiblemente por mano femenina, en las que se zahería a las mujeres de nuestra capital; le correspondió el presbítero responder y lo hizo con gracia y piquete de aliento quevediano, en las décimas aludidas, una de cuyas estrofas alude a las veleidades eróticas de las habaneras, pregonaba por la maledicencia colonial: "Que usando mi reveses/ I vueltas de caracoles/ Mueren con los españoles/ I viven con los ingleses./ Esos son los intereses/ De un afecto fementido/ I en el último despido/ Cuando el inglés se embarcó/ Hubo mujer que lloró/ Delante de su marido".
Con todo y la indiferencia, no faltaron quienes vieran al humor con el debido respeto. Jesús Semprúm, Luis Beltrán Guerrero (refinado humorista él mismo y uno de los mejores prosistas del idioma) y Mariano Picón Salas le dedicaron alguna atención; más adelante una serie de obras escritas independientemente, apreciadas en conjunto dan una visión prácticamente global del humorismo venezolano a todo lo largo de nuestra historia; la primera de ellas es Los humoristas de Caracas (1ra. ed. 1967; 2a. Por Monte Avila, 1990), antología debida a Aquiles Nazoa (las citas provienen de su prólogo) que se extiende desde la Colonia hasta principios de la década de los sesenta, y exhibe muestras de humorismo literario, en verso y en prosa, y de humorismo gráfico; luego, la monumental obra de Efraín Subero El humorismo venezolano en verso (1988), que recoge una amplísima muestra de tal manifestación desde la misma época hasta la modernidad; a estas le da continuidad la obra antológica de Otrova Gómas (Jaime Ballestas) Fabricante de sonrisas (1992), con los aportes al género de los humoristas de figuración más reciente. A las tres obras citadas deben sumarse El humorismo gráfico en Venezuela (1982), de Ildemaro Torres, y la obra colectiva Tierra de Gracia (El Nacional. 42° aniversario, 1965).
Tema de la Semana de "Rubén y sus Corazones Solitarios". Por Mágica 99.1 FM, a las 6:00 pm.
Ilustración: Oswaldo Vigas
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