El Nacional, Caracas, 26/01/1978.
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sábado, 28 de octubre de 2017
sábado, 26 de abril de 2014
DE LA MONTAÑA DE LA ESPECIALIZACIÓN
EL PAÍS, Madrid, 18 de junio de 2007
Tribuna:
A propósito de un nuevo humanismo
Salvador Paniker
En 1959, C. P. Snow dictó en Cambridge una famosa conferencia titulada Las dos culturas y la revolución científica, deplorando la escisión académica y profesional entre el ramo de las ciencias y el de las letras. En 1991, el agente literario John Brockman popularizó el concepto de la tercera cultura, para referirse a la entrada en escena de los científicos-escritores. Nacería así un nuevo humanismo. Un nuevo humanismo que ya no sería tanto el humanismo clásico cuanto una nueva hibridación entre ciencias y letras.
En lo que concierne a la filosofía, este nuevo humanismo debería estar atento no sólo a la ciencia, sino al mayor número posible de corrientes de pensamiento vivo. Ello es que la filosofía no debe estar encerrada en un departamento académico profesional, sino ejercerse en un cruce interdisciplinario y en "conversación" -como dijera el recientemente desaparecido Richard Rorty- con todas las demás ciencias. La filosofía tiene que trazar mapas de la realidad. El filósofo es, en palabras de Platón, "el que tiene la visión de conjunto (synoptikós)", es decir, el que organiza lo más relevante de la "información almacenada" (cultura) y esboza nuevas cosmovisiones (provisionales, pero coherentes). Por otra parte, la inicial intuición de los filósofos "analíticos" -que fueron los primeros en señalar la importancia de evitar las trampas que nos tiende el lenguaje- no debe echarse en saco roto.
Pienso, así, que un nuevo humanismo debería asumir ciertas reformas lingüísticas. Recordemos, por ejemplo, lo mucho que nos sigue condicionando todavía el viejo constructo aristotélico hecho de sujeto, verbo y predicado, que es también el modelo cartesiano de cognición sujeto-objeto. Esta convención es responsable -como ya denunciaran tanto Buda como David Hume- de incurrir en la falacia de creer que hay mente cuando lo único seguro es que hay actos mentales.
Lo que ocurre es que en el género filosófico las palabras tienen que transmitir conceptos, y por ahí caben pocas florituras. En filosofía es muy difícil salirse de un determinado modelo gramatical. Martin Heidegger ya explicó que tuvo que renunciar a escribir la segunda parte de El ser y el tiempo por la inadecuación del lenguaje de la metafísica que siempre identifica el ser con el ente, olvidando la diferencia ontológica. Hoy, cuando la filosofía tiende a confundirse con la literatura, ¿qué otros recursos caben? Gregory Bateson solía decir que hay que acostumbrarse a una nueva forma de pensar que substituya los objetos por relaciones. Pero substituir los objetos por relaciones es contar historias. De modo que Gregory Bateson nos estaba invitando a contar historias.
En todo caso, si bien se ha producido el "giro lingüístico", nuestros hábitos sintácticos han cambiado poco. Y ya digo que se comprende. El ya citado Heidegger, en su segunda época, reivindicó la poesía -cuyo ejemplo supremo sería Hölderlin- como modelo de lenguaje no objetivante, no reducido a simple instrumento de información. Sólo que Heidegger llegó a embriagarse tanto de "oscuridad poética" que difícilmente se le podía seguir. En cuanto a los lenguajes formales usados por las ciencias duras, sucede que al final sólo son accesibles a un grupo reducidísimo de especialistas. Así, pongo por caso, todavía las gentes ilustradas pudieron digerir en su día la teoría de la gravitación de Newton, e incluso la de la relatividad de Einstein (aunque ésta ya menos, la constancia de la velocidad de la luz es estrictamente contraintuitiva); pero ¿quién es capaz de seguir la endiablada complejidad matemática de la teoría de las supercuerdas?
Y, con todo, hay ahí un camino a mi juicio irreversible. Pues, al margen del lenguaje que uno utilice, ha sonado la hora de liberarse de la tiranía de la intuición, el sentido común y otros embelecos parecidos.
Por otra parte, ¿por qué la realidad habría de ser completamente inteligible? De entrada, el teorema de Gödel impugna la noción misma de una teoría completa de la natura: cualquier sistema de axiomas moderadamente complejo plantea preguntas que los axiomas no pueden responder. De otro lado,la Teoría de la Evolución confirma nuestra oscuridad. Nada nos obliga a pensar que el mundo ha de ser completamente inteligible. Al menos para nosotros, simios pensantes. Al menos en relación a lo que nosotros, simios pensantes, entendemos por inteligibilidad.
En resolución. Un nuevo humanismo debería comenzar por una cura de modestia, y quizá abjurando del mismo y arrogante concepto de humanismo, el que coloca al animal humano como centro y referencia de todo lo que existe. Un nuevo humanismo, compatible con la sensibilidad metafísica, no puede ponerse de espaldas a la ciencia. Naturalmente, no se trata de incurrir en el oscurantismo pseudocientífico denunciado por Alan Sokal y Jean Bricmont en su conocido libro Imposturas intelectuales. No hay que usar la jerga científica en contextos que no le corresponden. Tampoco se trata de caer en un relativismo epistémico radical (que surge de una mala digestión de las obras de Kuhn y Feyerabend), ni de creer que la ciencia es una mera narración, o una pura construcción social. Ni de buscar síntesis atolondradas entre Ciencia y Mística. La tarea es previa y más respetuosa con la autonomía de la ciencia. Se trata de conocer de verdad nuestros condicionamientos esenciales. Se trata de que los paradigmas científicos fecunden realmente a los discursos filosóficos e incluso literarios.
Ello es que es la totalidad de la cultura la que permanentemente está en juego y se renueva. Se renueva desde la interfecundación de las distintas disciplinas. Hoy procede, incluso, elaborar un nuevo concepto de los "textos sagrados" que no hay que ir a buscar donde las fuentes están ya secas. Por ejemplo, ¿llegará algún día en que algún Sumo Pontífice de la Iglesia católica escriba algo verdaderamente inspirado, algo real, sin esos horribles amaneramientos de los documentos oficiales? No parece probable, y tampoco hace falta. Los verdaderos "textos sagrados" de la tradición occidental son, desde hace siglos, los de los grandes autores. Platón y Aristóteles, Dante y Shakespeare. Pero también Victoria, Bach, Haendel, Beethoven. Y Giotto, Fra Angelico, Rembrandt. Y Arquímedes, Pascal, Newton, Darwin, Einstein, Heisenberg. Y Paul Celan y Bela Bartok. Etcétera. Todos ellos son "autores sagrados". Canónicos. La Física Cuántica es un monumento no menos inspirado que la Biblia. Ni menos ambiguo. Escribe el científico Arthur I. Miller: "Como una gran obra literaria, la teoría cuántica está abierta a multitud de interpretaciones".
Se equivocan pues quienes oponen la ciencia a los textos sagrados, o la ciencia al arte. Respetando los correspondientes ámbitos de autonomía, todo forma parte de un mismo prodigioso forcejeo. La persecución de lo real. Que en cierto modo es también la persecución de lo absoluto. Lo absoluto que se presiente, aunque sea inaccesible. Ciertamente, la fusión de saberes como en el Renacimiento ya no es posible. La montaña de la especialización es demasiado alta. Ahora bien, cabe hacer que los diferentes saberes "comuniquen". Comuniquen sin "reducirse" los unos a los otros. Es el meollo de lo que Edgar Morin ha llamado "transdisciplinariedad", la que, sin buscar un principio unitario de todos los conocimientos (lo cual también sería reduccionismo), aspira a una comunicación entre las disciplinas sobre la base de un pensamiento "complejo". Ni todo es física, ni todo es biología, ni todo es sociología, ni todo es antropología; pero cabe enlazar estas áreas cibernéticamente.
¿Enciclopedismo? Más bien puesta en ciclo del bucle físico/biológico/social/antropológico. Ello es que las grandes preguntas se renuevan, el tema de la condición humana está en juego y la permeabilidad entre ciencias, artes y letras se convierte en una exigencia central de nuestro tiempo.
(*) Salvador Pániker es filósofo y escritor.
Ilustración: Oswaldo Vigas.
Tribuna:
A propósito de un nuevo humanismo
Salvador Paniker
En 1959, C. P. Snow dictó en Cambridge una famosa conferencia titulada Las dos culturas y la revolución científica, deplorando la escisión académica y profesional entre el ramo de las ciencias y el de las letras. En 1991, el agente literario John Brockman popularizó el concepto de la tercera cultura, para referirse a la entrada en escena de los científicos-escritores. Nacería así un nuevo humanismo. Un nuevo humanismo que ya no sería tanto el humanismo clásico cuanto una nueva hibridación entre ciencias y letras.
En lo que concierne a la filosofía, este nuevo humanismo debería estar atento no sólo a la ciencia, sino al mayor número posible de corrientes de pensamiento vivo. Ello es que la filosofía no debe estar encerrada en un departamento académico profesional, sino ejercerse en un cruce interdisciplinario y en "conversación" -como dijera el recientemente desaparecido Richard Rorty- con todas las demás ciencias. La filosofía tiene que trazar mapas de la realidad. El filósofo es, en palabras de Platón, "el que tiene la visión de conjunto (synoptikós)", es decir, el que organiza lo más relevante de la "información almacenada" (cultura) y esboza nuevas cosmovisiones (provisionales, pero coherentes). Por otra parte, la inicial intuición de los filósofos "analíticos" -que fueron los primeros en señalar la importancia de evitar las trampas que nos tiende el lenguaje- no debe echarse en saco roto.
Pienso, así, que un nuevo humanismo debería asumir ciertas reformas lingüísticas. Recordemos, por ejemplo, lo mucho que nos sigue condicionando todavía el viejo constructo aristotélico hecho de sujeto, verbo y predicado, que es también el modelo cartesiano de cognición sujeto-objeto. Esta convención es responsable -como ya denunciaran tanto Buda como David Hume- de incurrir en la falacia de creer que hay mente cuando lo único seguro es que hay actos mentales.
Lo que ocurre es que en el género filosófico las palabras tienen que transmitir conceptos, y por ahí caben pocas florituras. En filosofía es muy difícil salirse de un determinado modelo gramatical. Martin Heidegger ya explicó que tuvo que renunciar a escribir la segunda parte de El ser y el tiempo por la inadecuación del lenguaje de la metafísica que siempre identifica el ser con el ente, olvidando la diferencia ontológica. Hoy, cuando la filosofía tiende a confundirse con la literatura, ¿qué otros recursos caben? Gregory Bateson solía decir que hay que acostumbrarse a una nueva forma de pensar que substituya los objetos por relaciones. Pero substituir los objetos por relaciones es contar historias. De modo que Gregory Bateson nos estaba invitando a contar historias.
En todo caso, si bien se ha producido el "giro lingüístico", nuestros hábitos sintácticos han cambiado poco. Y ya digo que se comprende. El ya citado Heidegger, en su segunda época, reivindicó la poesía -cuyo ejemplo supremo sería Hölderlin- como modelo de lenguaje no objetivante, no reducido a simple instrumento de información. Sólo que Heidegger llegó a embriagarse tanto de "oscuridad poética" que difícilmente se le podía seguir. En cuanto a los lenguajes formales usados por las ciencias duras, sucede que al final sólo son accesibles a un grupo reducidísimo de especialistas. Así, pongo por caso, todavía las gentes ilustradas pudieron digerir en su día la teoría de la gravitación de Newton, e incluso la de la relatividad de Einstein (aunque ésta ya menos, la constancia de la velocidad de la luz es estrictamente contraintuitiva); pero ¿quién es capaz de seguir la endiablada complejidad matemática de la teoría de las supercuerdas?
Y, con todo, hay ahí un camino a mi juicio irreversible. Pues, al margen del lenguaje que uno utilice, ha sonado la hora de liberarse de la tiranía de la intuición, el sentido común y otros embelecos parecidos.
Por otra parte, ¿por qué la realidad habría de ser completamente inteligible? De entrada, el teorema de Gödel impugna la noción misma de una teoría completa de la natura: cualquier sistema de axiomas moderadamente complejo plantea preguntas que los axiomas no pueden responder. De otro lado,la Teoría de la Evolución confirma nuestra oscuridad. Nada nos obliga a pensar que el mundo ha de ser completamente inteligible. Al menos para nosotros, simios pensantes. Al menos en relación a lo que nosotros, simios pensantes, entendemos por inteligibilidad.
En resolución. Un nuevo humanismo debería comenzar por una cura de modestia, y quizá abjurando del mismo y arrogante concepto de humanismo, el que coloca al animal humano como centro y referencia de todo lo que existe. Un nuevo humanismo, compatible con la sensibilidad metafísica, no puede ponerse de espaldas a la ciencia. Naturalmente, no se trata de incurrir en el oscurantismo pseudocientífico denunciado por Alan Sokal y Jean Bricmont en su conocido libro Imposturas intelectuales. No hay que usar la jerga científica en contextos que no le corresponden. Tampoco se trata de caer en un relativismo epistémico radical (que surge de una mala digestión de las obras de Kuhn y Feyerabend), ni de creer que la ciencia es una mera narración, o una pura construcción social. Ni de buscar síntesis atolondradas entre Ciencia y Mística. La tarea es previa y más respetuosa con la autonomía de la ciencia. Se trata de conocer de verdad nuestros condicionamientos esenciales. Se trata de que los paradigmas científicos fecunden realmente a los discursos filosóficos e incluso literarios.
Ello es que es la totalidad de la cultura la que permanentemente está en juego y se renueva. Se renueva desde la interfecundación de las distintas disciplinas. Hoy procede, incluso, elaborar un nuevo concepto de los "textos sagrados" que no hay que ir a buscar donde las fuentes están ya secas. Por ejemplo, ¿llegará algún día en que algún Sumo Pontífice de la Iglesia católica escriba algo verdaderamente inspirado, algo real, sin esos horribles amaneramientos de los documentos oficiales? No parece probable, y tampoco hace falta. Los verdaderos "textos sagrados" de la tradición occidental son, desde hace siglos, los de los grandes autores. Platón y Aristóteles, Dante y Shakespeare. Pero también Victoria, Bach, Haendel, Beethoven. Y Giotto, Fra Angelico, Rembrandt. Y Arquímedes, Pascal, Newton, Darwin, Einstein, Heisenberg. Y Paul Celan y Bela Bartok. Etcétera. Todos ellos son "autores sagrados". Canónicos. La Física Cuántica es un monumento no menos inspirado que la Biblia. Ni menos ambiguo. Escribe el científico Arthur I. Miller: "Como una gran obra literaria, la teoría cuántica está abierta a multitud de interpretaciones".
Se equivocan pues quienes oponen la ciencia a los textos sagrados, o la ciencia al arte. Respetando los correspondientes ámbitos de autonomía, todo forma parte de un mismo prodigioso forcejeo. La persecución de lo real. Que en cierto modo es también la persecución de lo absoluto. Lo absoluto que se presiente, aunque sea inaccesible. Ciertamente, la fusión de saberes como en el Renacimiento ya no es posible. La montaña de la especialización es demasiado alta. Ahora bien, cabe hacer que los diferentes saberes "comuniquen". Comuniquen sin "reducirse" los unos a los otros. Es el meollo de lo que Edgar Morin ha llamado "transdisciplinariedad", la que, sin buscar un principio unitario de todos los conocimientos (lo cual también sería reduccionismo), aspira a una comunicación entre las disciplinas sobre la base de un pensamiento "complejo". Ni todo es física, ni todo es biología, ni todo es sociología, ni todo es antropología; pero cabe enlazar estas áreas cibernéticamente.
¿Enciclopedismo? Más bien puesta en ciclo del bucle físico/biológico/social/antropológico. Ello es que las grandes preguntas se renuevan, el tema de la condición humana está en juego y la permeabilidad entre ciencias, artes y letras se convierte en una exigencia central de nuestro tiempo.
(*) Salvador Pániker es filósofo y escritor.
Ilustración: Oswaldo Vigas.
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Salvador Paniker
jueves, 30 de mayo de 2013
jueves, 21 de junio de 2012
NOTICIERO RETROSPECTIVO
- Entregaron Premio Arístides Rojas a Guillermo Meneses. Elite, Caracas, nr. 1455 del 22/08/53.
- del 10/03/51. Mary Ferrero entrevista a Jorge Semprún. El Nacional, Caracas, 22/06/69. Papel Literario.
- Rosita Caldera entrevista a Soledad Bravo. El Nacional, 11/08/74.
- Eduardo Lira Espejo. "Pablo Casals y su cello peregrino". Elite, nr. 1327 del 10/03/51.
- J.F. Reyes Baena. "Autenticidad del humanismo". El Nacional, 01/11/72.
Fotografía: Soledad Bravo. Momento, Caracas, nr. 701 del 21/12/69.
- del 10/03/51. Mary Ferrero entrevista a Jorge Semprún. El Nacional, Caracas, 22/06/69. Papel Literario.
- Rosita Caldera entrevista a Soledad Bravo. El Nacional, 11/08/74.
- Eduardo Lira Espejo. "Pablo Casals y su cello peregrino". Elite, nr. 1327 del 10/03/51.
- J.F. Reyes Baena. "Autenticidad del humanismo". El Nacional, 01/11/72.
Fotografía: Soledad Bravo. Momento, Caracas, nr. 701 del 21/12/69.
viernes, 18 de febrero de 2011
PARA EL DEBATE

EL UNIVERSAL, Caracas, 23 de Enero de 2011
¿Humanismos?
Emeterio Gómez
La preocupación por la cuestión espiritual, en Venezuela, va en un crescendoindudable. Asistimos, el 19-01-11, a un foro en la UCAB (El Humanismo Cristiano: ¿un cascarón vacío?),No hay ninguna conexión racional entre la Ética y Lógica, y tampoco entre la Fe y la Razón...cuyo solo nombre o, más exactamente, el que los organizadores se hayan atrevido a ponerle ese nombre, ya era motivo de reflexión. Aunque solo fuese como hipótesis para ser negada, ese título resultaba atrayente. Pero lo grave es que después del foro, quedó en el ambiente la sensación de que la respuesta a la pregunta podría ser parcialmente afirmativa, ¡que el Humanismo Cristiano pudiera ser un cascarón, por lo menos medio vacío! Gracias a los ponentes, Luis Ugalde, María Elena Febres-Cordero y Mario Di Giacomo, por sus valiosos aportes y a la Cátedra de Pensamiento Cristiano de la UCAB, por promover el evento.
Pero lo realmente grave es que al Humanismo Cristiano le pasa lo mismo que a todos los Humanismos... y al conjunto de la Cultura Occidental: la quiebra radical del Pensamiento Racional, le está socavando las bases más profundas. Todos los Humanismos están centrados en la creencia según la cual la Razón puede ser el cimiento de lo Humano. Bien exclusivamente, como en el Racionalismo necio del siglo XVII, bien combinando la Razón y la Fe, como pretende el Cristianismo. El problema de todos los Humanismos es que entre 1740 (cuando David Hume, en el famoso Is-Ought Passage, el Pasaje del Ser y el Deber Ser, le asesta el primer golpe mortal a la Razón) y 1920, cuando Wittgenstein, en su Tractatus, le propina el hachazo final; entre esas dos fechas, decíamos, el Pensamiento Racional se desploma silenciosamente, dejando no solo a todos los Humanismos, sino a la Cultura Occidental en el aire. No es por casualidad que Heidegger se burla sangrientamente del tonto de Sartre, por creer que el Existencialismo era un Humanismo.
Hume había dicho: "No hay ninguna posibilidad de deducir el Deber Ser a partir del Ser", es decir, ¡¡no hay ninguna conexión racional -absolutamente ninguna- entre la Moral y la Razón!! Lo Razonable, como dijo Ugalde en el foro, puede ser gastar más en los niños abandonados que en la guerra; el problema es que los humanos, puestos ante esa disyuntiva, jamás dudan: ¡¡siempre escogen la guerra!! Pero el de Hume había sido apenas un preaviso, el golpe de gracia lo dio Wittgenstein, 180 años más tarde: "Todas las proposiciones racionales, son estrictamente tautológicas". Esto es, ningún razonamiento puede poner en su conclusión nada que no haya estado antes en las premisas; la Razón no genera el más mínimo ápice de conocimiento nuevo. ¡¡Pero, lo humano no puede fundarse en tautologías!!
Todos los Humanismos se quedaban en el aire, incluido el cristiano. Todos los esfuerzos (absolutamente inútiles) fueron hechos para salvar a la Razón: la Razón Práctica de Kant, la Razón Dialéctica de Hegel, la Histórica de Marx, la Razón Vital de Ortega, la Razón Crítica de Popper y hasta la ¡Razón Empírica! de la ciencia. Tarde o temprano el Catolicismo tendrá que revisar la doctrina según la cual la Fe y la Razón, son conciliables. Tarde o temprano aceptaremos que así como no hay ninguna conexión racional entre la Ética y Lógica, tampoco la hay entre la Fe y la Razón. ¡¡Porque no puede haber relación alguna entre la Fe y un conjunto de tautologías!! Y no hay la menor duda de que la Razón es solo un conjunto de tautologías. No es -como me permití observar en el foro- que la que está en crisis sea la Razón Instrumental, es que no hay ninguna otra Razón que no sea la Instrumental. Al Catolicismo le haría mucho bien afrontar este rollo.
Etiquetas:
Emeterio Gómez,
Humanismo,
Humanismo cristiano
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