EL NACIONAL, Caracas, 29 de marzo de 2015
Pedro Trigo: “La penitencia del gobierno: una cura profunda de realidad”
Jolguer Rodríguez Costa
—¿Qué tan santa es la Semana Santa en Venezuela?
—Sigue siendo santa en el pueblo que acompaña agradecido al Nazareno porque sabe que Él, a su vez, lo acompaña todo el año.
—¿Llevan los venezolanos la procesión por dentro?
—Casi todos, en especial los funcionarios que temen expresarse y mucha gente que piensa que la cosa está demasiado mal para hacer aspavientos.
—¿El punto álgido de la Iglesia?
—Lo ha puesto el papa Francisco: decir las cosas de frente, sin acobardarse y con buen espíritu.
—Autor del libro La cultura del barrio, ¿quién sube más cerro: los curas o los políticos?
—Un sacerdote, desgraciadamente menos que antes, cuando había más comprometidos con la gente popular.
—¿Se ha trastocado esta cultura?
—Sí, el individualismo, la dificultad de la cohesión social y la violencia son el cáncer de la cultura del barrio. Es el empeño por vivir en todas las áreas de la vida a contracorriente.
—¿Cederá el resentimiento?
—La cotidianidad es tan dura que no deja energías para lo que no sea tratar de vivir.
—Autor de más de 50 libros sobre teología, ¿una soberana verdad?
—El país está en cambio acelerado y tiende a escaparse, pero yo percibo esa comprensión apasionadamente.
—¿Qué tiene de profeta?
—Lo que tengo de poeta; es decir, un profetilla menor.
—¿Qué revelan las señales divinas sobre el porvenir?
—Que si no queremos contar con todos, nos irá mal a todos.
—¿El lado sagrado del connacional?
—La conviabilidad y el reponerse de las adversidades.
—¿El obsceno?
—Tender a la viveza cuando el ambiente es de trampa.
—Si Dios fuera venezolano…
—Acentuaría la búsqueda de hermosura y conviabilidad en esta tierra.
—¿Recibe el país una lección o un castigo?
—De ser lección, nos cuesta demasiado aprenderla… Dios no castiga.
—¿Cristo hubiera sido chavista?
—No. Cristo no fue político y no contempla la coacción, sino vencer el mal a fuerza de bien.
—¿Una penitencia para el gobierno?
—Una cura profunda y urgente de realidad.
—¿Otra para la oposición?
—Aceptar que existe el chavismo.
—¿Para toda la población?
—Tomar conciencia de la propia responsabilidad y ejercerla.
—¿Sermón de cura endereza gobierno?
—No suelen parar los oídos a los sermones.
—¿Un sermoncillo a la revolución?
—Qué haga lo que dice.
—¿Incluido su afán guerrerista?
—No, lo original del chavismo de poner en primer lugar al pueblo, para que sea auténtico protagonista y no satélite.
—¿Una amenaza para la humanidad?
—Los grandes inversores que obran como si fueran dioses.
—¿Es Chávez un dios?
—Han tratado de endiosarlo para ampararse en él, en vez de caminar con la propia cabeza y los propios pies. Se estudiará durante décadas como un fenómeno mediático, no como un mesías religioso.
—¿La tentación de un sacerdote?
—Entenderse como intermediario de Dios, colocándose arriba y dejando de ser hermano.
—¿Y los hermanos pederastas?
—Deberían renunciar a sus ministerios y rehabilitarse.
—¿Se autocensura?
—No diciendo lo que pueda ofender.
—¿La pastoral que desea, pero no puede?
—Quisiera que la lectura del evangelio diera el tono de nuestro cristianismo, pero es tan desestabilizadora que no queremos entrar por ella.
—¿Bendeciría una unión homosexual?
—Sí, pero no lo llamaría matrimonio.
—¿Se sintió atraído por una mujer?
—Sí.
—¿Cómo hizo?
—Nada. Si trato de espantarlo se me fija más.
—¿Qué tal las relaciones con la iglesia evangélica?
—Han sido institucionales. Lo más importante en un barrio es que al pastor y a mí nos interesa Jesús de Nazaret. Por eso deberíamos ser amigos.
—¿Cómo ejemplo al gobierno y la MUD?
—Y en el sentido de no haber animosidad ni ver al otro como competidor, sino en el mismo camino.
—¿Quién de los dos tiró la primera piedra?
—La oposición con el 11-A y el paro.
—Por fin, ¿bajó la pobreza?
—Teniendo en cuenta el chorro petrolero sin precedentes ha sido una ocasión perdida.
—¿Supera a un grano de mostaza su fe por la conciliación?
—Apuesto mi vida por ella.
—¿Quién debe poner la otra mejilla?
—Todos y nadie.
—¿Por qué la Iglesia no adversó a la llamada cuarta república?
—Porque estuvo dentro del pacto de conciliación y bien ocupada en sus compromisos populares.
—¿Una penitencia para los curas chavistas?
—La tendrán cuando acabe el chavismo.
—¿El tiempo perfecto?
—Hoy, que es cuando se nos pide un cambio superador.
—¿El destino de un soberano idólatra?
—Descubrir la vaciedad de su vida, su deshumanización.
—¿Teólogos al poder?
—¡No! Dios no tiene poder para coaccionar. Un teólogo tampoco.
—¿Qué pasaría en Venezuela si gobierno y oposición compartiesen estos días un retiro espiritual?
—Se iniciaría un proceso de concertación, cediendo todos y afincándose en el bien del pueblo.
Fotografía: Alexandra Blanco.
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domingo, 29 de marzo de 2015
viernes, 13 de abril de 2012
NOTICIERO RETROSPECTIVO

- Hermann González (SJ) "Las consecuencias apostólicas del voto rojo". SIC, Caracas, nr. 211 de 01/59.
- Pedro Trigo Dura. "El Cristianismo Popular en la Nueva Novela Latinoamericana". SIC, nr. 354 de 04/73.
- Julio Barroeta Lara. "Los negros en el cine norteamericano". El Nacional, Caracas, 02/04/48.
- José Muci-Abraham. "Seguridad personal y crisis de autoridad". Resumen, Caracas, nr. 22 del 07/04/74.
- José Ramón Medina. "Otra vez la universidad". El Nacional, 11/07/67.
Fotografía: José Humberto Cardenal Quintero. Momento, Caracas, nr. 241 del 26/02/61.
miércoles, 4 de abril de 2012
CÁTEDRA ÉTICA

Los curas de San Francisco
Luis Barragán
Escasea la escuela ética en Venezuela. Hay silencio en las instituciones que dicen explicarse por ellas. La mudez también es decir poco o demasiado. El balbuceo o la estridencia. Por ello importan las disertaciones dominicales de la Iglesia Católica. Las homilías. La liturgia de la palabra.
Pocas ocasiones hay para la palabra fundada. Estudiada e inspirada. Susceptible también de contradecir cuando hay voluntad de buscar la verdad. Y de aceptar al reconocernos en el fondo de un corazón al que no tan fácilmente llegamos excepto digamos hacerlo melodramáticamente. El púlpito contrasta con las bulliciosas divagaciones callejeras sobre lo divino y humano tan sectarias como todo lo que trae el televisor con sus radicales afanes de distracción. A ésta se le debe sumar la diversión que aporta el poder político en sus distintas manifestaciones.
Más cuidadosas son las homilías de cada domingo. Tenemos un poco más de tiempo para asistir a misa. Si hay el sacrificio de hacerlo tan diligentemente como procuramos una fiesta matrimonial o de primera comunión. O la disposición de escucharla aún cuando los celulares inteligentes dirán algún día hacerlo con la eficacia pastoral que cabría esperar. Lo cierto es que ir a misa no significa ser más puro que los demás. Es lo que se cree también de todo aquél que dedica una parte de su tiempo a una actividad alternativa a las que están de moda. Acudir a misa y acogerla como Santa Misa es algo tan raro en estas continuas marejadas del convencionalismo que se disfraza de novedad recreacional. Convenir en un acto diferente a las reglas o costumbres que el mercantilismo del poder político o económico impone es un paso importante. Y tan importante cuando reconocemos nuestras crisis de fe. E intentamos un poco romper con esa fe anómica que ridiculiza aún en la mismidad. Sabemos que nos agrieta ese sincretismo religioso del que los medios privados de comunicación se aprovecharon para subir la audiencia y hoy adquiere una monumental fuerza gracias a los medios estatales que nos reportan a diario a un mesías de oportunidad.
La histórica y recientemente restaurada Iglesia que queda en la caraqueña esquina de San Francisco también dibuja las avenidas, calles, callejuelas y los caminos tan inadvertidos como necesarios para transitar esa vocación espiritual tan urgida de redescubrir. En un país donde casi no hay una pública escuela de ética legitima muy bien lo que se dice en una Iglesia convertida en encrucijada de una buena parte de la ciudad. Importante y no menos urgente para el practicante irregular e incluso el no-creyente. Digamos que para los que creemos en todo y los que no creemos en nada es un desafío amarrar el barco en ese muelle de valores y principios que ayudan y nos explican en la navegación.
Lacasta Numa Martialay Infante Albístur González Trigo y otros sacerdotes nos orientan y se atreven en no pocas ocasiones a abrir las ventanas de una reflexión teológica que la feligresía también espera. Se puede debatir en torno a una crisis de la catolicidad o del cristianismo o de la modernidad y de su resultante postmodernidad en Venezuela por muy encontradas causas o motivos. Empero hay una reflexión que no se quiere compartir y que no se quiere recibir para evitar toda la complicación de vida convertida en supuesta fórmula de felicidad.
En la etapa final de la Cuaresma y a sabiendas de esa fe tan anómica que nos caracteriza luce un acierto amarrar la barca aunque sea por unos instantes en San Francisco. Hay que decir también que el padre rector rector de una Iglesia que en 2007 se opuso a la reforma constitucional también reclama su adscripción al actual partido de gobierno pero jamás por todos los jamaces ha dicho una sola palabra bullanguera o propagandística a favor del que le contamos. Los curas del centro de Caracas se las traen y no temamos oírlos y aceptar el reto que nos plantean constantemente. Por lo menos como en toda Iglesia Católica como seguramente puede ocurrir en cualquier otra expresión sobria y organizada de la fe hay una cátedra de ética que se ofrece como alternativa y desafío al creyente al practicante irregular y al no creyente.
Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2012/04/los-curas-de-san-francisco/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=854635
Ilustración de interés histórico: FOTOGRAFÍA: Comunión / Semana Santa. Momento, Caracas, 29/03/64
viernes, 22 de abril de 2011
REPASO (1)

El Nacional, Caracas, 15 de Febrero de 1996
Contracorriente
Dos curas audaces
CARLOS RAUL HERNANDEZ
A finales de los sesenta y comienzos de los setenta, cuando se fue por el obrerismo y el ``diálogo entre cristianos y marxistas'' luego del fracaso de la experiencia guerrillera, la izquierda se convirtió en la segunda -la primera era la tecnología importada- causa de desempleo en Venezuela. Y era así: bastaban tres activistas universitarios (preferiblemente profesores y estudiantes de Sociología o Economía) rondando una fábrica en busca de adeptos, para que posteriormente estallara una huelga y viniera una botazón de trabajadores.
Luego todo el mundo otra vez para la universidad con sus bluyines, melenas y sus exámenes. Algunos profesores y profesoras, adecuadamente en overoles y henchidos de orgullo, exhibían en los cafetines ejemplares de esos neodesempleados como trofeos de la lucha de clases. Todo aquello más bien poco útil al proletariado.
Como en la máquina del tiempo han venido las declaraciones de dos curas venezolanos, de esos que, aún quedan, defienden la llamada ``teología de la liberación'' versión simplificada de la teoría de la dependencia'' de los cafetines universitarios.
Como anillo al dedo decíamos, para demostrar varias cosas: su carácter -de la teología de la liberación- si se quiere un poco herético, según lo afirmaría sabiamente ese titán del pensamiento político llamado Martín Kriele. Estos dos curas audaces no tienen ningún problema en corregirle la plana a Juan Pablo II, hasta donde sabemos Papa de la Iglesia, Jefe del Estado Vaticano, líder de la cristianidad y, además -detalle- infalible cuando habla de la fe. Y algo debe saber Juan Pablo de Teología para haber escrito doce encíclicas, dedicadas tres de ellas al nada sencillo problema de la Santísima Trinidad y otras varias a los temas sociales; haber promulgado el nuevo Código de Derecho Canónico y el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica. Debo confesar que no conozco hasta dónde llega la profundidad del pensamiento teológico de los dos sacerdotes en cuestión.
Eso de regañar al Papa, insinuándole poco inteligente o dilettante porque ``no entiende... habla desde la perspectiva de los países ricos'' o porque ``habla de la pobreza sin compartirla'' es realmente, por lo menos, una gran audacia, sobre todo si se está hablando de un luchador contra la ocupación nazi de Polonia, -allí la gente se jugaba la vida- luego resistente a la dictadura comunista y posteriormente obispo católico en Cracovia, enfrentado a dicha dictadura. No es fácil eso de menospreciarlo o estarlo ridiculizando sobre todo si nosotros aquí no hemos pasado de desestabilizar una pobre democracia llena de problemas, aplaudir cuartelazos y hacerle perder el tiempo a gente que debiera estar aprendiendo mecanografía en una academia.
El segundo de los asuntos que nos ayudan a demostrar es su anacronismo. Andar a estas alturas del juego con eso de ``oprimidos y opresores'', ``iglesia rica e iglesia pobre, lenguaje arqueológico, revela una bien intencionada pero tragicómica incomprensión -no precisamente del Papá- de lo que ha ocurrido en el mundo. Era la onda de los ``cristianos por el socialismo'' y el ``diálogo entre cristianos y marxistas'' y chévere tener afiches de Jimmy Hendrick, el Che y Camilo Torres. Se parece a la historia de aquel soldado japonés que extraviado, logró sobrevivir treinta años en la selva sin contacto con nadie y que cuando lo consiguieron ignoraba incluso que la guerra había terminado. Asombra ver gente de buena intención prisionera de viejas fantasmagorías derogadas, ``hombres muy viejos con alas enormes'', rumiando las remembranzas de un paraíso perdido.
No merecen otro calificativo que candorosas las opiniones sobre la ``condonación de la injusta y criminal deuda externa''.
La tercera es la inutilidad. La única manera concreta de ``ayudar a los pobres'' es ayudarlos a dejar de serlo. En vez de una prédica que les envenene ``contra los ricos'' de reunideras malentretenidas para escuchar espiches ``antiimperialistas'' o sobre la ``justificación ética del 4 de febrero'' a las tres de la tarde en La Silsa, es mucho mejor enseñarles cosas concretas a los pobres para que no lo sean más: zapatería, albañilería, electricidad, inglés, manejo de computadoras y fax, aprecio por el trabajo y la creación de riquezas; respeto por el Estado de Derecho, la Constitución y las leyes. Eso significaría más para los pobres que montañas de proclamas inútiles.
Se entiende que un encapuchado, analfabeta disfuncional, cuestione la llegada del Papa por no contribuir a ``resolver el déficit fiscal''. Pero que lo hagan curas...
El Nacional, Caracas, 6 de Septiembre de 1998 / SIETE DIAS
Treinta años de la Teología de la Liberación
El revuelo de la comunión entre Iglesia y oprimidos
Acallados, perseguidos o, con suerte, tolerados, miembros del clero de América Latina idearon una Iglesia mejor adaptada a nuestra realidad, con la toma de opción preferencial por los pobres, víctimas de la violencia institucionalizada. El movimiento ha trascendido fronteras y se ha convertido en toda una revolución copernicana dentro de una de las organizaciones tildadas de más conservadoras
TAL LEVY
Bajó la cabeza, se agachó para colocarse a su misma altura, o tal vez bajura, para comenzar así el tú a tú de la Iglesia con los oprimidos, los pobres, los olvidados, los excluidos. Se perfiló una nueva comunión, en la mismísima fe de un llamado subcontinente, que fue animada por un concilio que rescató de la mudez de un antiguo papel a la palabra pueblo.
Ese acercamiento se va procreando, alentado por el Concilio Vaticano II y su apertura. Poco a poco, desde México hasta Chile, una idea deseosa de consumarse empieza a gestarse. Esta noción de un necesario cambio se va engendrando en las mentes de sus futuros ideólogos y en el accionar de grupos de sacerdotes y obispos que deciden entregar sus ampulosas viviendas, y algunos hasta la sotana, para unirse a la población, frente a frente. No faltaría mucho para su simbólico certificado de nacimiento: la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, realizada del 26 de agosto al 6 de septiembre de 1968 en Medellín.
La Teología de la Liberación opta por una transformación de estructura, una pirámide convertida en llanura, para así tocar la base y cumplir la misión que urgen estos tiempos heridos de pobreza, de violencia, de injusticias.
El comienzo del asomo
Un año antes de que ocurriera el llamado gran salto de la humanidad con el primer alunizaje de la misión estadounidense, la institución religiosa en Latinoamérica daba un gran paso adelante. Así como en 1968 el estudiantado tuvo su Mayo Francés, unos meses después, al otro lado del globo terráqueo, la Iglesia de este continente tuvo lo que no tardaría en denominar simplemente Medellín.
"Hace treinta años. ¡Parece mentira! Yo me enteré de que estaba invitado a la II Conferencia, porque la primera fue en Río de Janeiro en 1955, cuando me llegó un telegrama de Dom Avelar Brandao Vilela, presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano. Sorprendido, me fui a la Plaza Bolívar para hablar con el cardenal Quintero. Y me regañó: Lo más decente es que usted responda a esa invitación. Yo había sido invitado porque durante tres años era el delegado del Celam para los estudiantes latinoamericanos en Europa, además de haber sido fundador en 1965 de la parroquia universitaria de Caracas y hablar varios idiomas. Yo veía por 30 mil o 40 mil estudiantes latinos que andaban por Europa, como el ahora presidente de Chile y digamos otros: el Tigre (Eduardo Fernández). Viajo, por cierto nunca me pagaron el pasaje, y cuando llego me roban la cartera en el aeropuerto. Yo estaba viendo al Papa que salía, así que no vi la inauguración. Porque Pablo VI no fue a Medellín. Hechó un discurso al Celam en la catedral de Bogotá", hurga en la memoria el sacerdote secular Juan Cardón.
Medellín es asimilada por los teólogos de la liberación como si fuera la luz verde a los planteamientos que ya venían discutiendo. "Es la aplicación, la recepción más creativa que ha habido en la Iglesia universal, del Concilio Vaticano II (1962-1965)", según el enfoque del jesuita Pedro Trigo, integrante del equipo de investigadores del Centro Gumilla y de la revista SIC.
Como preludio, en el mismo año se había efectuado un encuentro de teólogos en Chimbote (Perú), en el cual la palabra liberación empieza a revelarse, así como en 1966 hubo una conferencia extraordinaria en Mar del Plata. "Entonces, que después de sólo dos años casi los mismos obispos hicieran un vuelco tan enorme no es tan fácil de entender en una institución tan grande. Ya en Mar del Plata había alguno que había hablado en el tono de Medellín, como Helder Cámara, pero entonces era una voz que clamaba en el desierto", señala, desde lo que considera el manantial de la espiritualidad, Pedro Trigo.
"La II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano no fue una reunión de la Teología de la Liberación, aunque allí asomó su cabeza. La reunión, como tal, era pastoral. Es la Iglesia en la actual transformación de América Latina, a la luz del Concilio. Es la Iglesia dentro de este mundo en ebullición. Pero, lógicamente, como en toda reunión humana, hay grupos de presión", rememora, desde la voz de quien todo lo vio, Juan Cardón. "Hay varias Teologías de la Liberación, depende de cómo se entiende y del grupo de presión al cual usted pertenece o al medio de comunicación que manipula el tema. A veces hay intereses creados que hacen que se le saque punta, y se dirá que Samuel Ruiz es un comunista y que Henríquez es un viejo. No, no, no. Eso no me gusta. Y ellos son panas entre sí. Y dialogaron. Y fue una reunión pastoral", insistentemente repite quien formara parte en Medellín de la Comisión Pastoral de Elites.
Entre las llamadas líneas maestras de la asamblea se privilegia la pedagogía de la revisión de vida o, lo que sería lo mismo, la metodología del ver, actuar y juzgar, que hizo suya la Juventud Obrera Católica, animada por José Cardijn en la Bélgica de hace unos 70 años.
Las universidades eran un hervidero. Después de haber estudiado teología tradicional en Frankfurt y considerar que todo era evidente, claro, el padre jesuita Jesús Gazo, párroco de la Parroquia de la Universidad Central de Venezuela y quien fuera asesor del Movimiento Universitario Católico, recuerda qué lo atrapó. "El contacto con la UCV, el contacto con los comunistas. Cuando yo pensaba que eran los monstruos, los diablos, unos ateos, empiezo a descubrir en algunos de ellos valores extraordinariamente humanos. En 1967 hubo una reunión de exponentes de todos los movimientos universitarios católicos de Latinoamérica, en Paraguay, allí es donde conocí a Gustavo Gutiérrez y él nos habló. Yo tuve una conversión. La Teología de la Liberación es una crítica tremenda, es el maestro de la sospecha de toda teología, así como de Freud, Nietzsche y Marx se decía que lo eran de todo conocimiento. Al año siguiente, Medellín entra en sintonía con lo que uno estaba viviendo, y ya la opción por los pobres, por la liberación y el compromiso social fue la consecuencia".
El movimiento que germinaba denunciaba los vicios de la realidad, esa violencia institucionalizada arraigada en las naciones latinoamericanas. "Eso es una novedad y fue lo que hizo que Medellín enseguida fuera satanizada por los medios de comunicación. Aparecía como intolerable, tanto para el Departamento de Estado de EE UU como para las oligarquías tradicionales de América Latina. Fue una guerra a muerte", advierte Trigo.
Pueblo en Puebla
En la década siguiente, Puebla fue considerada por algunos la institucionalización de Medellín, mientras otros comenzaron a avizorar lo que considerarían luego el alejamiento del encuentro de obispos latinoamericanos en Santo Domingo.
Pedro Trigo, quien asistió como periodista enviado por la revista SIC a la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, en 1979, cuenta: "Puebla sería el remate de Medellín. Y fue tanto más interesante pues ya no se podía hablar de ingenuidad, porque había sido una década totalmente contrastada. Se sabía todo lo que se estaba jugando. Más aún, así como en la preparación de Medellín el secretario del Celam estaba con esa corriente, los documentos preparatorios de Puebla apuntaban a lo contrario, porque ya el Celam había sido intervenido por el Vaticano. Pero la asamblea es soberana. Los obispos se reunieron, hubo una correlación de fuerzas. Había reacciones muy fuertes, una lucha virulenta, ideológica. Finalmente, palpé la trascendencia de la Iglesia. Al momento de firmar, porque la votación era formal, la fe prevaleció, sin importar que ideológicamente estuvieran en contra. Sentí una profunda alegría: esto no es una patota en la que la gente se acalla. Es la Iglesia. Fue una experiencia espiritual profunda".
Puebla, además de ser para algunos el bautizo de la Teología de la Liberación, se convirtió en melodía que resonó en el continente y se dejó escuchar en Venezuela. "Si millones mueren de hambre/ mientras se harta algún glotón/ si el dinero es de unos pocos/ y el trabajo lo hace un millón/ no podemos ver felices/ semejante explotación/ porque el mundo que deseamos no es ése/ es un mundo de amor". Luis García cerraba con estas palabras el canto "Somos", ganador del I Festival de la Canción Puebla, efectuado en el país. "Se hicieron nueve emisiones y talleres para estudiar Puebla. De Medellín supimos lo que se pudo, porque llegó un momento en que no se conseguía el documento, en que no se distribuía en las parroquias".
La Teología de la Liberación plantea la realización del hombre, la búsqueda del despojo de las condiciones de miseria y desigualdad, en solidaridad con los otros, la "concientización", estandarte del brasileño Paulo Freire y su pedagogía del oprimido. "Nos libera de muchos tabúes, de una concepción sin grietas; nos libera de la religión, de la teología, y nos libera del Vaticano, de las autoridades. Por eso los de arriba no la quieren, porque se sienten amenazados", refiere, con la convicción en Jesús libertador, Jesús Gazo, promotor y asesor del grupo Conciencia Libre, de la Parroquia Universitaria.
La base de todo
En medio de la visión salvífica, según el texto final de Medellín, los pastores deben alentar y favorecer todos los esfuerzos del pueblo por crear y desarrollar sus propias organizaciones de base, o lo que luego en la conferencia de Santo Domingo se dirá el protagonismo de los laicos. "La Iglesia, ante todo, debe ser una comunión y las organizaciones de base, su célula mínima. Hay una reciprocidad de dones. Se incorpora la ritualidad del pueblo. Del cambio de lugar social, vienen cambios de paradigmas y sensibilidad", desde la personal vivencia de asesor de Comunidades Eclesiales de Base de Caracas, sostiene Trigo.
De allí nace lo que no tardó en llamarse la Iglesia Popular, que así como ha contado con seguidores, también hay quien recalca la unicidad de la Iglesia, que es una, que es para todos, por lo que no conciben una paralela.
"En los años 70 hubo un compromiso con las comunidades, con barrios como San Isidro o Negro Primero, adonde los jóvenes nos metíamos para organizar asociaciones. Se generaron cooperativas que aún hoy existen. Me tocó aprender de la opción práctica de la solidaridad", relata Luis García, desde sus remembranzas de cuando era miembro del Centro Juvenil Fátima, de la Juventud Católica Venezolana, del Consejo Arquidiocesano de la Pastoral Juvenil.
Entre pólvora e incienso
Junto a la Teología de la Liberación, a la que se adjudicó, por las coincidencias entre la prédica de la igualdad y la solidaridad, un hermano o tal vez otro apellido -la Teología de la Liberación Marxista-, estaban la Teología de la Revolución y la Teología de la Violencia. Los linderos se difuminan. El olor a incienso se confunde con la pólvora. El disparo de la palabra se transforma en fusil. Sacerdotes, como Camilo Torres en Colombia, ya se habían unido a la lucha armada liberacionista.
"Compañero nuestro en Lovaina, el capellán de los estudiantes en Bogotá frecuentemente visitaba Caracas. Me da dolor. La revolución, la guerrilla. El Che Guevara entusiasmaba, era el emblema... Esa tentación era un problema. Un Gandhi, libertador, inspiraba un movimiento de no violencia en América Latina. Pero llegó tarde para Camilo. Estuvieron aquí los promotores, visitaron a Camilo y Camilo no los escuchó. Ya estaba lanzado y murió en la recta final", lamenta el párroco de Montalbán, Juan Cardón, quien pronto inaugurará la iglesia Nuestra Señora de la Paz.
Doblarían las campanas, así como luego, de un modo distinto, en El Salvador, por monseñor Oscar Arnulfo Romero, cuyo corazón fue agujereado en plena misa, víctima de la violencia a la que rehuía en sus prédicas. La "voz de los sin voz" fue asesinada por denunciar la escalada represiva del ejército y los escuadrones de la muerte. Y "suenan las campanas, por un cura bueno; suenan las campanas, Arnulfo Romero", avivó después Rubén Blades desde la salsa, aliada, así como la nueva Iglesia latinoamericana, de los pobres, del barrio. Temas como "Soplando en el viento", de Bob Dylan, o "No basta rezar", de Alí Primera, se llegan a cantar en los templos. Un mismo espíritu trascendió fronteras, entre la violencia y la no violencia, de la misa al concierto.
Romero se tornaría en símbolo del martirologio de América. El pasado 14 de julio fue develada una estatua suya, en la Abadía de Westminster, en Londres, junto con las de otros nueve mártires cristianos del siglo XX.
"El sistema le ha fabricado un museo a la Teología de la Liberación, con sus libros, sus profetas, sus mártires. Con el museo desligan el sentimiento del pensamiento y la acción. Surge el movimiento, ocurre el proceso de explosión, la publicidad de su existencia, la estructuración del conocimiento, la identificación de sus líderes, la cima de su planteamiento, y entonces, el declive. Es un plus y un minus, un biorritmo. Allí empieza el cuestionamiento, el peligro dentro del stablishment, la contrainsurgencia, los líderes teológicos y laicos que se oponen. La Teología de la Liberación ya no tiene ofensiva ante el sistema, sino que es una resistencia de observación. La han neutralizado, con lo que llamo su museificación, pero no la han matado", sistematiza Jorge Anton, misionero español de la Orden Religiosa del Arca, encargado de la Cátedra Libre e Itinerante "Monseñor Romero" de la UCV y psicólogo experimental animado por lo que denomina "psicología de la liberación", fundamentada en el aprender, desaprender y reaprender, partiendo de la Teología de la Liberación.
De obispos meramente ideólogos a activistas. De pastores a militantes de luchas por la reforma agraria, a partícipes de movimientos de liberación nacional, a seguidores de la opción política de los cristianos. Todo se entremezclaba entre la etiqueta y el contenido de la botella. Por tan sólo nombrar algunos hechos que muchas veces compartían a su manera las naciones, en Ecuador la Iglesia repartió tierras a necesitados; en Chile se agitó el Movimiento Cristianos por el Socialismo; en Brasil fueron miles las organizaciones de base; en Nicaragua, sacerdotes tuvieron rango de ministro; en Colombia aumentaron los seguidores de la lucha armada; o en cualquiera de los países latinoamericanos, un cura anónimo, desde la humildad de su vocación, se entregó por completo al pueblo: su familia.
Mientras los creyentes de la liberación, como Ignacio Ellacuría, asesinado junto a otros cinco compañeros jesuitas y dos mujeres salvadoreñas, insistían en que esta teología es la que más está en contra de la violencia y más a favor de la paz; cada vez más se les tildaba de cabezas calientes, comunistas, extremistas, subversivos, anarquistas, violentos y cuanto adjetivo pudieran usar los adversarios en su ánimo por descalificarlos a toda costa, tanto dentro como fuera de la Iglesia.
"Hubo cierto clero español, de raíces franquistas y con un romanticismo quijotesco, que tomó una posición radical en la que se confundió la derecha con la izquierda. Pero la humanidad ha evolucionado por los caminos de la convivencia, aunque todavía hay unas mentes atrasadas que siguen fanáticas", reconoce Cardón, como quien sabe que se atrapan más moscas con miel que con aceite.
De los infortunios
Los detractores eran muchos y en todos los campos; sobre todo provenían del norte de América, que ordenó la elaboración del Informe Rockefeller, a finales de los años 60. En la década siguiente y comienzos de los 80, en los Institutos de Estudios Políticos y Económicos de Estados Unidos se crean departamentos teológicos, enemigos abiertos de la URSS, Cuba, los sandinistas y la Teología de la Liberación. En el famoso documento de Santa Fe, que sustentó la campaña electoral de Ronald Reagan, sería abordada como problema de seguridad para EE UU, como blanco de enfrentamiento.
Asumida como la mejor respuesta frente al neoliberalismo, nada mejor que atacarla con sus mismas armas. Tanto que, como escribiera Juan José Tamayo-Acosta, partiendo de la conferencia "Mercado-Reino, la doble pertenencia", que pronunciara en marzo del 1992 Michel Camdessus: "Hoy, el interés por la Teología de la Liberación llega hasta el Fondo Monetario Internacional, que hace suyos su lenguaje y sus planteamientos de fondo, y aplica sus principios igualitarios a la economía del mercado, con el objetivo, obviamente no confesado, de legitimar teológicamente al neoliberalismo". Mercado-Reino, mercado-solidaridad, mercado y más mercado.
"La diferencia está en que antes hablábamos de explotadores y ahora de excluidos. El capitalismo explotaba, el neoliberalismo excluye", diferencia Gazo, quien fuera presidente del Comité Venezolano de Solidaridad con El Salvador.
A la caza de Venezuela
En el país, dos casos retumbaron. En la década de los 70, el padre Wuytac, del barrio La Vega, sería expulsado, tachado de "subversivo", por el entonces ministro del Interior. Pero así como en ese momento el cardenal aprobó la medida, a pesar de una marcha realizada por unos 90 sacerdotes, años más tarde el panorama sería distinto. Una protesta de religiosas y curas de Petare, asociada a la Teología de la Liberación por alertar contra el atropello a las comunidades, sería aplacada. Los manifestantes fueron condenados por su remitido "No podemos callar más", pero el cardenal intervino a favor. Los detractores que colocaban a todos los curas progresistas o preocupados por los oprimidos en un mismo saco, no vacilaban en su empeño por controlar.
"Siempre se nos consideró que estábamos dentro, pero en la raya. Solía decir un obispo que nosotros éramos socios molestos pero imprescindibles. En la revista SIC, por casualidad nos enteramos de que nuestro teléfono estaba intervenido por la Disip. Ante la sospecha de las autoridades religiosas y civiles, fuimos ayudados por gente popular", relata Trigo, remontándose a los tiempos de Puebla para terminar de apuntar hacia lo que sucede hoy. "Sigue habiendo oposición muy fuerte, pero ya no planteada públicamente, sino de persona a persona: éste no puede dar clases; al otro, que se le levante un expediente. ¿Cómo combatimos a la Teología de la Liberación? Haciendo una pastoral opuesta. ¿Qué significa? La reinstitucionalización de la Iglesia, que el sujeto otra vez sea la institución eclesiástica".
¿La muerte de los mil silencios?
Entre los llamados ideólogos de la Teología de la Liberación, entonces, estarían desde el peruano Gustavo Gutiérrez, considerado el primer sistematizador del movimiento; pasando por Jon Sobrino e Ignacio Ellacuría en El Salvador; hasta, en tierra brasilera, Clodovis Boff o su hermano, Leonardo, convertido en símbolo de todo el proceso, tal vez porque fue uno de los más propensos a escribir y escribir, a hablar y hablar, hasta ser sometido por el Vaticano a un año de silencio.
"Gustavo Gutiérrez, que acaba de cumplir 70 años, sólo ha podido dar un curso en el seminario, al cual precisamente asistí. Yo no he podido entrar en el seminario ni para formar parte de un panel y hablar cinco minutos. El ahora tiene que dormir con oxígeno y los médicos le han dicho que ni un día más puede quedarse en la parroquia popular, rodeada de fábricas. Es un sitio contaminadísimo. Lo vi en febrero. Con una congoja personalísima dice: Pero si esa es mi casa, ese es mi mundo, esa es mi gente. Mira, yo le dije, pueden seguir siendo los tuyos por años; sin embargo, así, al mes ya dejan de ser tuyos. Y ese es Gustavo, que se parte el pecho por ellos, pero también siente que desde ellos vive, porque son su gente", expresa Trigo.
Como si se sentara en el banquillo de los acusados a la propia Teología de la Liberación, Leonardo Boff fue convocado a Roma en 1984 para defender sus escritos, sobre todo "Iglesia, carisma y poder", ante la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, antiguo Santo Oficio. El juicio fue seguido atentamente por los medios de comunicación. El resultado: fue obligado a retirarse de la vida pública. Aceptó su condena por "desviaciones y errores doctrinales", por la "peligrosidad de sus teorías", como señalara el prefecto de la Sagrada Congregación, el cardenal Joseph Ratzinger.
Mientras varias urbes brasileñas se resistían, y le adjudicaron a Boff un status de ciudadano honorable, el papa Juan Pablo II se refería a las "tentaciones" de un compromiso más social que religioso.
Tras esa imposición de silencio, el ruido se armó y no se podía esperar menos, siendo Brasil el país católico más poblado del mundo y con uno de los mayores episcopados. Ese mismo año el Vaticano había publicado las "Instrucciones sobre algunos aspectos de la Teología de la Liberación" y dos años más tarde daría a conocer las segundas instrucciones. Para algunos, un adelanto, por cuanto definitivamente el movimiento era aceptado con nombre y apellido. Se reafirma al pueblo como sujeto de la Iglesia, se constata la situación de opresión y se acepta la liberación como los signos de los tiempos. Se legitima como teología pastoral, pero se advierte el riesgo de un abrazo con ideologías políticas.
El Vaticano apoya; el Vaticano condena. Fue fervientemente criticado por sus mediastintas y por haber intentado contrarrestar el movimiento surgido a partir de Medellín con nombramientos de obispos ortodoxos en muchos de los países latinoamericanos.
En 1992, Leonardo Boff abandona el sacerdocio y la orden franciscana. Acto seguido, el cardenal Angelo Sodano, primer presidente de la Asamblea de Santo Domingo, lo equipara a Judas, y el cardenal López Rodríguez, presidente del Celam, afirma, entre jocosidades, que eso era lo que les hacía falta a esos curas progresistas, encontrarse a una mujer que los amansara. Boff se retira, pero su pluma sigue viva, tanto que ha plasmado en artículos sus teorías, en las que aborda tres etapas del movimiento: en los años 70, la preocupación eran el pobre y el oprimido material, social y político; en los 80, era el pobre y oprimido cultural (minorías discriminadas); y en los 90, la crisis ecológica. Uno de los tantos matices de la Teología de la Liberación se alía con temas ambientales.
La discusión sigue pendiente, más aún por el incremento del polvo social, aunque algunos, al ver asomadas las palabras Teología de la Liberación, piensen: para qué desenterrar lo muerto.
La prueba del tiempo
Treinta años se dicen fácil. Pero luego de que Medellín sellara, si se quiere, el certificado de nacimiento de la Teología de la Liberación, con una Iglesia del continente que se "latinoamericanizaba" -así como luego habría una corriente asiática y hasta africana del movimiento-, y transcurrieran tres décadas durante las cuales la situación geopolítica mundial diera todo un viraje, interminables interrogantes surgen. Unos dirán para qué desempolvar lo viejo; otros no admiten vejez. ¿Y es que acaso también se ha firmado su acta de defunción? ¿Pero y Chiapas, sobre todo luego de que el presidente Ernesto Zedillo descalificara a los obispos de ese sureño estado mexicano como teólogos de la violencia, de la liberación, y el prelado, por su parte, afirmara que lo que promueve es "la reconciliación y la paz" en la región, donde opera el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, desde que se rebeló en enero de 1994 con el subcomandante Marcos a la cabeza?
Más aún: transportándonos a nuestro contexto, ¿y Venezuela? Las preguntas son muchas, aquí tan sólo unas, las de su actualidad, que buscan respuesta.
-¿Chiapas reafirma la vigencia de la Teología de la Liberación?
-Chiapas es un momento más de la lucha liberadora -indica el sacerdote jesuita Jesús Gazo-. Marcos no sé si es cristiano, no sé, pero sé que es un hombre y que está con la liberación de los indígenas, y los indígenas y la mujer son elementos importantísimos dentro de la liberación, porque son sectores de la vida muy oprimidos.
-¿Y como ve a Samuel Ruiz, obispo de San Cristóbal de las Casas que participó en Medellín, dentro del proceso de lo que ha sido el movimiento de insurrección zapatista?
-Lo profundo del hombre llama a lo profundo del hombre -contesta Gazo-. Y Samuel Ruiz es un gran hombre tocado por el principio de misericordia, por el principio de la Teología de la Liberación, y por eso mismo muy perseguido dentro de la Iglesia. Al ser obispo, como Casaldáliga que vive con los indígenas, y tener una sensibilidad, su vida se hace teología, se hace manifestación de Dios, asume todas las consecuencias que esto significa. Y cuando aparece Marcos, él se identifica con esa causa de liberación, a lo mejor no con todos los métodos. No es que nos queremos manchar las manos, no, pero nuestra labor como sacerdotes puede ser distinta, es a través de la palabra, que también es acción, ya lo creo, pero son ámbitos especiales de animar, acompañar, que es lo que está haciendo Samuel.
-¿Cuál es la actualidad de la Teología de la Liberación, luego de la caída del Muro de Berlín?
-Hemos llegado a una nueva etapa. Ahora hablaremos de la construcción de un mundo solidario, dentro de esta sociedad globalizada -asevera el sacerdote secular Juan Cardón-. Yo la llamaría una teología de la reconciliación, como se habló en Santo Domingo. Hay que sentarse juntos a construir la justicia y la paz, con solidaridad, y no con enfrentamientos simplistas, porque hay pobres que son ricos y ricos que son pobres. El esquema marxista sobre el hombre, que ha contaminado cierta Teología de la Liberación, ha simplificado el fenómeno humano y parece mentira que hasta curas se entusiasmaran. Hay que buscar una metodología y no canonizar, no sacralizar ni un sistema, ni un partido, ni sacralizar la violencia como metodología de liberación. La Teología de la Liberación tuvo que matizarse y sigue matizándose.
-Hubo la generación de iniciadores y de continuadores. ¿Existe, acaso, una tercera generación?
-En estos momentos vivimos un poco el repliegue, pero creo que detrás de ese repliegue va a surgir un pensamiento profundo, sereno -vislumbra Gazo-. Cuando se derrumba el socialismo real, que no era el socialismo porque había mucha realidad pero poco socialismo, viene una fuerte crítica a la Teología de la Liberación, diciendo que ya no tenía nada que hacer, y los pensadores no seguían publicando, porque además creían que ya todo estaba dicho. Y no es verdad, porque la vida tiene mucho que decirnos. Tiene que llegar un momento de pausa, de reflexión, que toque las fibras más importantes y que sea de verdad una liberación, porque si no hay liberación no hay teología, porque Dios es liberación, Dios es padre de todos, de huérfanos y viudas como dice la Biblia. Sí, sí hay una tercera generación. Van a surgir y están surgiendo hombres y mujeres, sobre todo mujeres, que están reflexionando desde esta liberación.
-¿Se puede hablar de una corriente venezolana del movimiento?
-En Venezuela, la información era mínima. La gente que se hacía eco de todo esto era por pura consigna. Había un desconocimiento casi absoluto del tema. Un problema grave nuestro es que hay una falta de información de base muy grande. Un anticlerical mexicano o colombiano sabe mucho más de la Iglesia que el intelectual que se sienta más cristiano en este país -asegura el sacerdote jesuita Pedro Trigo.
ILustración: Rosalía Valero, "Cristo" (2009)
REPASO (2)

EL NACIONAL, Caracas, 10 de Febrero de 1996
Teología de la Liberación: un muro que no ha caído (I)
El Papa no va a resolver el déficit económico ni la crisis fiscal
Su Santidad, señala el sacerdote jesuita José Lazcano, utiliza el lenguaje marxista en los documentos en los cuales condena el marxismo y la Teología de la Liberación. El jefe de redacción de la revista ``Sic'' admite que la Iglesia venezolana ``está más cerca de los ricos que de los pobres''
VANESSA DAVIES
Los militantes de la Teología de la Liberación, o carta de ciudadanía que Juan Pablo II descalificó en Guatemala hace tres días al decir que había fallecido ``con la muerte del comunismo'', afirman que ésta ``es una nueva etapa de la tradición teológica iniciada con la tradición apostólica y con el patrimonio de la doctrina social de la Iglesia''. El Muro de Berlín no cayó. José Lazcano, sacerdote jesuita y jefe de redacción de la connotada revista Sic, admite que en la Iglesia hay mucha ambigüedad, ``pero toda esta reflexión social es la nueva etapa de la relación de la Iglesia oficial con la sociedad''.
-¨La Teología de la Liberación se ha visto frenada por este pontificado?
-Ha habido cosas que se pueden entender como freno y otras como gran estímulo. Eso no quiere decir que todo lo que sea Teología de la Liberación está bendecido por el Papa. Expresamente el Papa alerta contra interpretaciones que pueden ser no aceptables, como la exaltación de la violencia, la utilización indiscriminada del marxismo, un enfrentamiento de lucha de clases interna dentro de la Iglesia. Las reflexiones del Papa acerca del materialismo implicado en el sistema de libre mercado, son terribles, y normalmente no se citan. Este Papa se ha convertido en referencia ética incuestionable en el mundo moderno.
-Pero hay cosas en las cuales el líder católico va por un lado y la gente por el otro, como el aborto y la anticoncepción.
-En el campo de la moral sexual, el Papa ha definido las posturas más tradicionales dentro de la Iglesia. Yo creo que es verdad lo que tú dices, pero más allá de eso te está diciendo la urgencia de garantizar la vida humana.
SELVA SIN LEYES
Al referirse a los adeptos en sotana de esta práctica contestataria, Lazcano explica que los obispos venezolanos, a partir de los años 60, ``son parte del Pacto de Punto Fijo, son legitimadores de esta democracia. Y que de pronto haya gente que resulta muy crítica resulta como molesto''.
-¨Molesto para quienes?
-Para todo el mundo que está contento en el sistema. Pero para los que lo padecen, no.
-¨Quiénes son la mayoría?
-Los pobres que sufren.
-¨Puede ocurrir que la Iglesia se retire de los barrios?
-Si es fiel a Jesús, no puede retirarse. Lo importante de la Teología de la Liberación no es la teología, sino la vivencia cristiana desde la pobreza.
-¨Qué significa el post-marxismo para ustedes?
-Persiste la visión desde los pobres. La acción de solidaridad sigue con más fuerza que en los años setenta y con más legitimidad que antes. Ya no se percibe tanto como amenaza a la unidad de la Iglesia.
-Pero de hecho lo fue.
-Creo que la gente que estaba en eso nunca rechazó la unidad de la Iglesia. En este continente cristiano donde la mayoría son cristianos oprimidos, con una minoría de cristianos -al menos nominalmente- opresores, adquiere características significativas la Teología de la Liberación. Esos mismos que defienden la Ley de la Selva, a la hora que están afectados son los primeros que le lloran al gobierno. Los que menos cumplen el mercado y la Ley de la Selva son los que imponen la Ley de la Selva, porque ellos tienen capacidad de modificar y de hacer.
-¨Hay Iglesia para ricos e Iglesia para pobres?
-¨La Iglesia supermercado? No es una estrategia, sino cuestión de vocaciones personales. Estamos más con los ricos que con los pobres. Pero deberíamos estar más con el mundo de los pobres.
-¨Qué pasará con la Iglesia popular post-Papa?
-La venida del Papa tiene muchas ambigüedades, pero no depende de eso la vida cristiana. Ni el Papa nos va a resolver el déficit económico y la crisis fiscal, ni el problema político. Y en última instancia lo que importa no es la Iglesia, sino la gente.
EL NACIONAL, Caracas, 11 de Febrero de 1996
Teología de la Liberación (y II)
Occidente tiene demonios que deben ser exorcizados
Dos jesuitas reflexionan sobre la realidad de la Teología de la Liberación en Venezuela y si la Iglesia ha perdido o no terreno en nuestro país con la aparición de nuevas sectas y grupúsculos pseudorreligiosos
MIREYA TABUAS
¨Ha muerto la Teología de la Liberación con la caída del muro de Berlín? ¨Avanzó o retrocedió la doctrina social de la Iglesia en tiempos de Juan Pablo II? Estos han sido algunos de los cuestionamientos que se han hecho muchos teólogos a nivel mundial, y es también una discusión que tomó auge en días pasados cuando, durante su visita a Guatemala, el Papa declaró que se había acabado la Teología de la Liberación de ``inspiración marxista''.
Para el doctor en teología y sacerdote jesuita Pedro Trigo, es buena la aclaratoria en la cual Su Santidad especifica que no ha muerto la Teología de la Liberación, sino aquella de inspiración marxista. ``El Papa ha dicho que es oportuna, útil y necesaria, y es exigencia de nuestro tiempo''.
Aclara Trigo que la Teología de la Liberación que se ha hecho en Venezuela, nació independientemente del marxismo, basándose en los principios de la Biblia.
-En el Evangelio, Jesús dice que ha venido a liberar a los oprimidos; ese lenguaje es imposible desprenderlo del cristianismo. Además, es una realidad ineludible que el cristianismo tenga un carácter liberador porque tiene que ver con Jesús. La Liberación de los pueblos es la preocupación de Dios.
Añade Trigo que si bien algunos teólogos de la liberación coincidieron con posiciones marxistas, el grueso de ellos no han incurrido en eso. ``Para mí es una campaña interesada en desacreditar la Teología de la Liberación en tanto que ayuda al pueblo cristiano a tomar consciencia y a asumir su responsabilidad cristiana. Son gente que no quiere la liberación ni el bien del pueblo latinoamericano porque toca sus intereses''.
El sacerdote jesuita Jesús María Aguirre, profesor de sociología de la Comunicación en la Universidad Católica Andrés Bello, especifica que Estados Unidos alertó sobre los riesgos de la Teología de la Liberación: ``lo veían peligroso porque fecundaba el pensamiento latinoamericano en la década de los 70. Muchos medios de comunicación se han unido a esta estrategia, descalificando la teología de la liberación igualándola a la violencia, la revolución marxista y el ateísmo. Después de 1990, la calificación ha sido simplista, se ha dicho que, después de la caída del muro del Berlín, la Teología de la Liberación perdió consistencia; esto es un gran equívoco porque esta teología no parte de un proyecto político socialista para engancharse a él, sino que nace de una reflexión espiritual dada desde la situación de los pobres''.
POR LA VIDA
-La oportunidad histórica más importante para el primer mundo -dice Trigo- sería la de dedicarse a hacer una nueva figura histórica en la que fuera posible la vida; eso desalienaría a Occidente. Nos parece que Occidente tiene demonios y que éstos deben ser exorcizados; demonios que dominan a las personas, poderes inhumanos dentro de los seres humanos y la sociedad. El tercer mundo, con su fuerza humanizante y a pesar de sus problemas, sería la fuerza capaz de desalienar al primer mundo, sería una relación mutua. El primer mundo entregaría los bienes de la civilización, mientras el tercer mundo, su fuerza vital.
-¨La Iglesia no pierde terreno en estos tiempos en los que cada día aparecen más sectas?
-Una parte de la oferta de esta figura histórica es hacer del mundo un gran bazar cultural donde cada oferta esté degradada a la condición de mercancía. También la oferta espiritual, convertida en mercancía a cómodas cuotas, se desnaturaliza.
A pesar de ello, Trigo ve que ``hay una cierta revalidación de la institución eclesiástica. Aunque aún falta garra. Hay un avance respecto a lo que era hace 20 años, pero podrá cambiar más cuando la institución eclesiástica sea una minoría dentro de la Iglesia. Curas y monjas somos secundarios, no podemos ser el centro de la Iglesia y todavía lo somos. Es necesario que funcionen las comunidades de base. Y en los barrios donde funcionan muy bien las comunidades de base, hay muy poco de otras cosas (sectas)''.
Fotografía: Pedro Trigo (SJ), tomada de la red (s/a)
domingo, 9 de enero de 2011
¿un salvavidas?

San Mateo, 3: 13-17
En su homilía de hoy, el Padre Pedro Trigo (SJ) señaló que los Evangelios son – a la vez – ventana abierta y espejo, ya que nos lleva a la vida de Jesús y la de las comunidades lo que vivieron. Juan pensaba que Dios vendría personalmente o enviaría a alguien a juzgarnos, con hacha de leñador para derribar los árboles que no dieran fruto, pero no ocurrió así. Envió a su Hijo, quien hizo la cola de los pecadores para bautizarse: ¿acaso no estaba libre de pecados, siendo Hijo de Dios?, ¿lo confesaría en primera persona del singular?, ¿era así de hipócrita? No obstante, Jesús confesó en primera persona del plural, cargó con nuestros pecados, cupimos todos en su corazón. Y al entender el bautismo de Jesús, lo haremos con toda su vida.
Jesús nos salva, asumiéndonos a todos. No es que, desde las alturas, lanza un salvavidas, “todopoderoso y eterno”. Es misericordioso y está muy contento de serlo. Se trata de un amor incondicional que nos da siempre el “Sí”, como dijo San Pablo, y espera del nuestro: decidimos, pero podemos pedirle que nos dé fuerzas para hacerlo.
Jesús llegó al extremo de perdonar a sus asesinos. Tiene un corazón inmenso. Digamos “Sí” para vivir en Jesús y, al hacerlo, los demás también tenga la oportunidad.
Ilustración, Juanita Guccione, East River, 42wx30, oil, 1951: http://www.juanitaguccione.com/wp-content/uploads/2010/09/190-L-East-River1.jpg
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