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domingo, 13 de mayo de 2012

PROFESIÓN U OFICIO: LA DEFENSA DE LOS DEMÁS

EL NACIONAL - Domingo 13 de Mayo de 2012     Siete Días/3
entrevista
Ligia Bolívar
"Los venezolanos no quedarán en situación de indefensión total"
La experta afirma que denunciar la Convención Americana de Derechos Humanos no exonera a Venezuela de sus otras responsabilidades ni a la CIDH de velar por el respeto de los derechos humanos en el país. Para que una sociedad sane heridas, asegura, requiere transitar un proceso de verdad, justicia y reconciliación, en ese orden
TAL LEVY

" El Gobierno ha entendido inteligentemente, pero con una inteligencia que se usa para hacer daño, que no hace falta aplastar masivamente; con que haga un gesto simbólico y contundente es suficiente para transmitir el mensaje. Eso sucedió con las emisoras de radio, cuando cerraron treinta y pico, y con el caso de María Lourdes Afiuni. Para qué encarcelar a más jueces si hay una que me recuerda todo el tiempo lo que me puede suceder si pongo en tela de juicio las indicaciones que vienen de arriba y aplico instrumentos internacionales de protección de los derechos humanos", afirma Ligia Bolívar, directora del Centro de Derechos Humanos de la Universidad Católica Andrés Bello.

"Cuando se empezó a criminalizar la cooperación internacional, a los defensores de los derechos humanos, no se llegó a aprobar la Ley de Cooperación Internacional pero el efecto fue el retiro o una mayor cautela de muchos donantes", señala Bolívar, quien alerta sobre la aplicación indirecta, por la vía de los hechos, de esta ley no promulgada. "Eso sucede cuando se niega en una notaría, controlada por personas que por cierto no son venezolanas, el registro a una organización en cuyos objetivos de sus estatutos habla de democracia o de derechos humanos, y eso es ilegal".

--En un análisis ha escrito que el estudio solicitado al Consejo de Estado sobre la desincorporación del país a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos "pareciera estar más orientado a un efecto mediático que normativo", ¿por qué? --El Consejo de Estado es un órgano inconstitucional porque se creó vía Habilitante y el Presidente no está habilitado para legislar en esa materia, sino en aquellas relacionadas con las lluvias. Su función es brindar orientación al Ejecutivo en materias prioritarias de alto interés estratégico para la República. Digo que es más mediático que normativo porque lo que establece la ley es que el Presidente es el rector de la política exterior y el órgano encargado de ejecutar esas directrices es la Cancillería. El Consejo de Estado no tiene nada que ver con esto, a menos que consideremos que la CIDH es un área de alto interés estratégico nacional por encima de la seguridad ciudadana, la defensa, el petróleo, el comercio exterior, la salud pública. Hay una intención de hacer muy visible el tema de la agenda, que es el posible retiro del sistema interamericano, mediante una figura nueva que genera expectativas y que fue anunciada en una cadena.

Es como armar la fiesta para enterrar al muerto, pero ese muerto ya existe. Qué estudio van a realizar si ya la opinión la tienen tomada, quizá la van a barnizar con algún discurso medianamente jurídico, pero de allí no van a pasar porque varios de sus miembros desde 2008 e incluso antes han hecho pronunciamientos sobre que Venezuela debe denunciar la Convención Americana de Derechos Humanos.

--¿Qué repercusión puede tener esta medida si se lleva a cabo? --Venezuela puede denunciar la Convención Americana de Derechos Humanos, tratado del cual algunos países de la OEA no son parte, caso típico y deplorable: Estados Unidos, pero eso no la exonera de ninguna de las demás responsabilidades ni exonera a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de seguir velando por el cumplimiento y el respeto de los derechos humanos en el país. Por cierto, me parece lamentable que un representante del Gobierno estadounidense considere lamentable que Venezuela se retire, porque ellos no tienen ninguna autoridad moral para darnos lecciones en derechos humanos. La variedad de cosas que la comisión puede hacer es muy grande, como visitas in loco, informes temáticos periódicos, informes por país e incluso no pierde su capacidad de proteger a quienes están en riesgo inminente mediante medidas cautelares, como las aprobadas en el caso de Estados Unidos a favor de migrantes en calidad ilegal cuya vida estaría en peligro de ser deportados a su país de origen.

Sólo no puede tramitar casos individuales con arreglo a la violación de ciertos artículos de la Convención, pero puede hacer ese trámite con arreglo a la violación de artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que está en la Carta de la OEA, que es lo que está haciendo con Estados Unidos, porque son principios que están por encima de cualquier convenio. La decisión tiene un alto componente político mediático porque las consecuencias no son tan graves como se ha querido hacer creer. El que el Presidente la haya presentado de esa manera lleva a que muchos sientan que esto es el acabose, apaga la luz y vámonos porque se acabaron los derechos humanos, quedaremos en una situación de indefensión total, pero no es así. Me preocupó escuchar a un profesor supuestamente de prestigio decir que el Presidente estaba preparando el escenario preelectoral para una posible suspensión de garantías y que no tendremos adónde acudir. Eso es completamente falso porque una vez denunciado el tratado pasa un año hasta que entre en vigencia el retiro. Esto no es el fin de mundo, es un mensaje muy negativo que puede generar parálisis, desasosiego, pero no dejaremos de documentar lo que sucede, de elevar denuncias y darle a las víctimas posibilidad de respuesta.

--¿Cómo puede hacer la sociedad para movilizarse y responder a abusos del Gobierno sin hacerle el juego y permitirle que marque la agenda? --Por eso es tan importante el trabajo de documentación.

Lamentablemente, Venezuela es una cultura ágrafa, aquí todo se basa en el "me dijeron", "yo supe que", "a mí me contaron". La documentación es esencial para cualquier trámite ante un organismo nacional primero, porque es una instancia que hay que agotar para después acudir a los internacionales. El canciller Nicolás Maduro ha dicho que la mayoría de casos que están en el ámbito interamericano no habían agotado antes los recursos internos, pero es que ellos tienen la posibilidad de alegar eso en el momento de su admisibilidad. Hay gente que de manera temeraria acude a los órganos internacionales desde una perspectiva de una agenda política y a lo mejor el interés sí ha sido restregarle al Gobierno ciertos hechos en la cara sin haber tenido el cuidado de agotar las instancias internas porque no se tiene en cuenta la necesidad de la víctima, sino una intención política. Eso es verdad, pero es un hecho absolutamente minoritario.

--De acuerdo con el ex magistrado Eladio Aponte Aponte, la justicia en Venezuela es moldeable como una plastilina. ¿Cómo describiría nuestro sistema judicial? --No voy a decir que el señor tiene razón, digo que nosotros teníamos razón porque venimos diciendo eso desde hace muchos años. La falta de independencia del Poder Judicial es de larga data, previo a la llegada del presidente Hugo Chávez al poder, simplemente que a partir de ese momento se ha agudizado, se ha generalizado y se ha perdido cualquier tipo de pudor y de forma para tratar de disimularlo.

--¿Cómo hacer para que la necesaria reconciliación del país no conduzca a la impunidad? --La reconciliación es necesaria y posible, pero es un proceso social y político, no legal ni judicial. El proceso legal y judicial incluye el derecho a la verdad de las víctimas y la sanción de los victimarios. La reconciliación no se decreta. Los países que han logrado cerrar heridas de manera saludable han transitado por un proceso de verdad, justicia y reconciliación, en ese orden. El único ejemplo para mí exitoso en todos los ámbitos es el de Suráfrica, donde al victimario incluso se le dio la oportunidad de contar también su versión, de pedir perdón y de tratar de llegar a algún tipo de acuerdo reparatorio con la víctima que sufrió por su acción; lo contrario hubiera sido impunidad, que es lo que sucedió en Chile. En la reconciliación el Presidente tiene una labor importantísima como la tuvo Nelson Mandela, que si hubiera llegado con la espada de la venganza en la mano acaba con Suráfrica.

Fotografía: Ernesto Morgado

lunes, 9 de enero de 2012

VERBORREA


EL NACIONAL - Domingo 08 de Enero de 2012 Siete Días/4
entrevista
Federico Vegas
"Hemos olvidado el compromiso entre la palabra y los hechos"
El escritor afirma que el discurso del Presidente es una celebración del placer de expresarse bien del venezolano convertida en una trampa. Advierte que buscan acabar con la palabra no a través de la represión, sino abusando de ella para que no valga nada. Se ha creado una ilusión de democracia, sostiene, en la que la capacidad de reacción es eliminada
TAL LEVY

" ¿Cuántos `ismos’ hubo en el siglo XX? Gomecismo, perezjimenismo y chavismo. Eso ya indica algo; uno no habla de romulismo o calderismo. Entonces, ese chavismo algo nos está queriendo decir y cada vez más estruendosamente", afirma Federico Vegas. "¿Quién ha hecho las denuncias más fuertes contra Hugo Chávez? Él mismo cuando dijo que iba a estar hasta el año 2030 y pico, qué denuncia mayor que esa de autoritarismo, de negación de democracia", señala el escritor que lamenta que la palabra "democracia" haya desaparecido del léxico político. "¿Conoces algún partido que la utilice? Ha sido abolida, incluso los mismos partidos de oposición le temen, como si fuera una palabra desprestigiada que va a ir mal con sus siglas".

--¿Comparte la visión de Armando, el personaje de Falke, cuando dice: "La historia de Venezuela comienza en Re mayor y termina en Mi sostenido. El Regenerador sustituye al Rehabilitador y éste al Restaurador, y todo mediante reacciones, reformas, revoluciones, revueltas y reivindicaciones, que tarde o temprano rematan en un mediocre `míomío’, en un `mí’ con demasiados bemoles"? --Evidentemente. Vivimos un "mío-mío" exacerbado, soportado en una revolución estática, con una lentitud asombrosa. Es patético porque para algunos es inconcebible y para otros maravilloso un endiosamiento cuyo destino es permanecer en el poder basado en la reiteración, para no hablar de resentimiento. Hay una frase más grave y es la de Rómulo Gallegos, que está al principio del libro: "Los venezolanos no sólo somos rebeldes a toda ley, deber o autoridad, sino también esclavos a toda fuerza e instrumento de toda tiranía".

Nos encanta rebelarnos contra todo lo que es autoridad, estructura, orden; en cambio, lo que es una opresión tiránica se va colando. El Gobierno ha sabido manejar esa dualidad de rebeldía contra la autoridad y sumisión a la tiranía.

Es poder y oposición. Las manifestaciones más fuertes contra el poder vienen del poder mismo, están ligadas a ese líder, máximo y absoluto, que lo domina todo. El caso más evidente son esos encapuchados que lanzan bombas lacrimógenas, cuando a los encapuchados siempre les lanzaban bombas lacrimógenas. Chávez llega gracias a que la sociedad tenía unos mecanismos de reacción, de cambio, y ahora él los está anulando. No es que Venezuela es casi una dictadura; Venezuela es una dictadura y casi.

Ese "casi" es un aditivo, no significa que no has llegado, sino que llegaste y elimina la opción de cambio porque te han quitado la posibilidad de rebelarte. Han creado una ilusión de democracia en la que anulan la capacidad de reacción. Por ejemplo, hubo elecciones legislativas y la oposición pudo vencer, pero fue una victoria ilusoria.

--En Venezuela se han roto los diques de contención verbales, devaluando el lenguaje.

La verborrea no deja espacio al silencio, por tanto tampoco al sosiego, y dificulta la reflexión.

¿La recuperación del país debe pasar por el lenguaje? --Claro, porque el lenguaje es nuestra ecología, nuestra biología; con él te comunicas con Dios, con las plantas, le hablas a los perros, a los bebés... La herramienta utilizada estos años no es la usual, que es tapar la boca como a la jueza Afiuni, sino lo contrario: llenar el espacio de palabras y poco a poco ir tomando los canales que hablan, los medios de comunicación. Ésa es la característica primordial del Presidente. Es terrible porque busca acabar con la palabra no a través de la represión, sino de un alud de discurso que hace que la palabra no valga nada, que pierda su significado.

--En el venezolano, incluso en los estratos bajos, hay un empeño, una preocupación, por hablar bien, bonito.

--Tanto es así que un hombre que hablaba bien dominó el país. Pero quizá así como hablamos bien, hemos olvidado el compromiso entre la palabra y los hechos. Esos países que tienen un lenguaje parco, a veces tosco, no quiere decir que no sepan expresar lo que sienten, sino que a lo mejor se fijan más en los sentimientos y en los hechos que en las palabras. Somos una cultura muy verbal, no quiero pensar en lo que la telenovela ha ayudado a desvirtuar el lenguaje; convierte las pasiones humanas en fórmulas que la gente se aprende. El discurso del Presidente en el fondo es una celebración de una de nuestras cualidades, que es el placer de expresarnos bien, convertida en una trampa. Lo que va prevaleciendo es un adormecimiento, un embrujo, no el compromiso con unos hechos concretos, sino la repetición de fórmulas, de promesas. Es pavoroso y puede que acabe con uno de nuestros principales recursos, nuestro lenguaje, que era algo para estar orgullosos y se está convirtiendo en una gran trampa política.

--Ha dicho que no cree que exista una urbe con mayor distancia entre lo que puede ser y lo que es. De hecho, solía jugar a ser el dueño de la ciudad, junto con William Niño Araque, y a imaginarla distinta. ¿Se ha vuelto imposible la Caracas posible? --Basta con asomarse para saber que uno está en un escenario privilegiado, concebido por los dioses para realizar algo maravilloso, en el que todo lo que está bien es imposible cambiarlo. El Ávila, al norte, parece diseñado para conducir la brisa. Todos los viajeros han hablado de cómo Caracas es una ciudad autolimpiante. La definición de colinas al sur es muy bella porque es una ciudad cóncava, consciente de sí misma, donde nos miramos los unos a los otros. Uno siente de una forma muy palpable que lo malo se puede cambiar. No hablemos de oportunidades tan maravillosas como el parque La Carlota, que de todas las obras del Gobierno sería la más fácil. La de parque es una visión pero hay otra más hermosa, la del patio de la ciudad donde los caraqueños pueden contemplar esa concavidad.

Pensando en lo bueno que no puedes cambiar y lo malo que sí puedes, recuerdo la Oración de la Serenidad, que recitan los alcohólicos: "Señor, concédenos serenidad para aceptar las cosas que no podemos cambiar, valor para cambiar las que sí podemos y sabiduría para discernir la diferencia". Esa oración la deberían rezar los alcaldes, el Presidente, los urbanistas y todos aquellos que tienen que ver con la ciudad. En la urbe toda necesidad es una posibilidad perdida. Lo posible tiene una característica muy trágica y es que si no le prestas atención, decrece; mientras que las necesidades, si no les prestas atención, aumentan.

Las ciudades que se manejan a través de lo necesario son muy tristes porque están siempre en el reino de la fatalidad. Tu pensamiento está referido al problema, a la limitación, no al recurso. El Estado tiene que hacer ciudad, es lo que hacían las Leyes de Indias. Felipe II no construía viviendas, creaba sistemas de calles, plazas...

Antes de la Independencia se formaron más de 90% de los pueblos, pero después parece que perdimos el arte de hacer ciudades y pueblos. En Caracas se desatendió la visión de ciudad. Se creó una ciudad no urbanizada, por lo que su crecimiento integral se ha ido haciendo imposible. Se ha generado un problema de vivienda tan descomunal que el Gobierno se tuvo que enfocar exclusivamente en él. Y si descuidas la posibilidad de hacer ciudad, te hundes, te ciegas en la necesidad de hacer vivienda.

domingo, 4 de septiembre de 2011

(DES) ENMASCARAMIENTOS


EL NACIONAL - Domingo 04 de Septiembre de 2011 Siete Días/4
entrevista
Elsa Cardozo
"Chávez presenta a Libia como espejo en el que Venezuela debe verse"
La internacionalista advierte que el Presidente instrumentaliza el caso libio y logra un efecto mediático, pero a largo plazo quedará asociado a una figura desprestigiada en materia de derechos humanos. Asegura que el uso del petróleo como recurso de poder no le ha funcionado al Gobierno
TAL LEVY

Nada más lejos que los primeros enunciados de la política exterior del actual gobierno y esa idea de velar por los intereses del Estado y procurar una redefinición de las relaciones con el mundo, apostando a la diversificación, al fortalecimiento de los vínculos con América Latina y el Caribe y a la integración regional.

La realidad, asegura Elsa Cardozo, contradice esa propuesta inicial.

La internacionalista afirma que no existe una política exterior de Estado. "Tenemos una política exterior de gobierno, plasmada en modo muy preciso en la propuesta de reforma constitucional de 2007 y en el Proyecto Simón Bolívar, que es ofensiva y cuya gran idea inspiradora es la posible invasión, el enemigo externo. Hay una visión de la política mundial como un gran campo de batalla".

Cardozo da cuenta de los agravios: "El Gobierno no se ha cansado de ofender, desacatar y menospreciar los mecanismos de integración y sólo se mueve hacia ellos cuando es su posición la que prevalecerá".

Al examinar el costo de la petrodiplomacia, advierte que Venezuela ha malogrado relaciones económicas y se ha hecho más dependiente que nunca del ingreso petrolero. "No somos un país más soberano ni independiente desde el punto de vista económico. Es una ficción pensarlo. Hoy Venezuela está bastante desintegrada de los circuitos económicos latinoamericanos, entre otras razones por el volcamiento a la geopolítica del petróleo y no a la geoeconomía del petróleo, que lo entiende como recurso palanca para el desarrollo. Nos hemos convertido en un gran importador de lo esencial".

--En "La gobernabilidad democrática regional y el papel (des) integrador de la energía", apunta que el gobierno venezolano concibe la energía como recurso de poder. ¿Cuál ha sido el fruto de esa política? --¿Cuáles eran los grandes proyectos con los cuales el presidente Hugo Chávez proponía que Venezuela se convirtiera en el gran eje del sistema energético latinoamericano? El famoso y descabellado proyecto del gasoducto del sur, que se cayó por su propio peso. En Bolivia, Venezuela quería crear un sistema de controles de flujo de la energía en América del Sur, usándola como un recurso de poder, y resulta que Pdvsa funcionó muy mal en Bolivia, que finalmente llegó a acuerdos con Brasil. No sólo no ha funcionado como recurso de poder, más allá de esos tratos pequeños de Petrocaribe, sino que económicamente la tendencia es que Venezuela pierda terreno. Otros países como Brasil han fortalecido al sector energético como un sector empresarial, productivo, y no simplemente como un recurso de poder del que se usa y abusa como la gallinita de los huevos de oro.

--¿Qué ha perseguido el presidente Hugo Chávez al insistir en ser el último defensor en el mundo de Muamar Gadafi y qué ha logrado? --Allí hay una identificación que tiene historia. El haberle recibido y dado símbolos tan importantes como la réplica de la Espada del Libertador implica que hay una afinidad en una distorsionada visión de Gadafi como el gran liberador del pueblo libio, un líder a emular, lo que es aterrador cuando uno ve su desempeño. También hay un elemento instrumental.

Chávez presenta a Libia como un espejo en el que Venezuela debe verse, es decir, que aquí puede haber una intervención internacional, que los países petroleros están expuestos a que el imperio, Estados Unidos y sus amigos europeos como lo llama el mandatario, le pongan la mano al petróleo. Además, está esa asociación libre y muy forzada, no siempre explícita, que hace el Presidente entre la oposición venezolana y los rebeldes libios, bajo la tesis de que la oposición es traidora y está dispuesta a buscar aliados internacionales para derrocar al Gobierno. Cada uno de esos puntos, por supuesto, es debatible.

--¿Y el efecto? --Uno que el Presidente aprecia y es aparecer en muchos medios de comunicación. Pero mirando con largo aliento, lo que quedará es una asociación terrible con una figura, la de Gadafi como líder, que se desprestigió hasta tal punto que la ONU aprobó por consenso, salvo por cierto la voz disonante venezolana, la exclusión de Libia del Consejo de Derechos Humanos. Éste es un efecto muy negativo porque si Chávez pretende mostrarse como liberador de los pueblos, que se preocupa por el aspecto humano de los conflictos, esto es todo lo contrario, pues la posición de Gadafi ha sido absolutamente inhumana, al pedirle a los libios que mueran por él hasta las últimas consecuencias.

--Lord Palmerston decía que los Estados no tienen aliados sino intereses permanentes.

Con iniciativas como el Alba o Petrocaribe, en las que se financia a otros países sin obtener clara retribución, ¿podría decirse que la Venezuela de Hugo Chávez no tiene intereses sino amigos? --Depende de cómo se haga el balance. Chávez sí espera una retribución: la solidaridad automática de aquellos países que se benefician de sus programas. Ya lo vimos con la suspensión del suministro petrolero a Honduras cuando las cosas no funcionaron como él aspiraba. El ejercicio del Presidente es profundamente realista, por cierto también literalmente por lo de los reales. La política exterior tiene un fuerte apoyo en el recurso petrolero. Lo que suele decir la historia es que esas relaciones construidas sólo sobre la base del vínculo económico, sin consideración de los intereses mutuos, a largo plazo son muy frágiles. Por ejemplo, los países del Caricom que también son miembros del Alba se abstuvieron cuando Chávez propuso un mecanismo de seguridad del Alba.

--A un año de la reconciliación diplomática entre Venezuela y Colombia, ¿a Juan Manuel Santos le ha funcionado la estrategia del "mejor amigo"? --Hasta cierto punto sí. Cesaron los insultos y la diplomacia del micrófono, que es muy dañina, pero cuando uno examina las declaraciones de la canciller colombiana y el tema económico y de seguridad, encontramos satisfacciones relativas. La canciller declaró en junio en el foro Diálogo Interamericano que Colombia daba por perdido el regreso al mercado venezolano. La negociación comercial se ha limitado a que el gobierno venezolano le compra a empresarios colombianos sin que participe el sector privado venezolano y eso tiene su límite y todas las contras debido al régimen de pago del gobierno venezolano y su morosidad. Ha habido un acuerdo en materia de narcotráfico muy publicitado pero, considerando los informes de la ONU sobre el grave problema de Venezuela como país de tránsito de droga, ese balance luce muy pobre.

La gran pregunta es hasta qué punto hay verdadera coordinación y compartir de inteligencia entre Colombia y Venezuela.

No es fluida la cooperación en materia de seguridad entre los dos países y eso ha hecho que el gobierno colombiano insista en que es un tema prioritario para ellos.

Cardozo mira también puertas adentro. "La declaración acerca de que Chávez era un factor de estabilidad le ha valido muchas críticas a Santos porque lleva el acercamiento a un extremo en que se convierte en intervención en los asuntos internos. Pareciera casi como un apoyo electoral al presidente Chávez. A los venezolanos que queremos una buena relación con Colombia es la parte que más nos duele".

--Usted ha dicho que Venezuela es un país exportador de caos. ¿Por qué? --Daré un ejemplo institucional regional. El Presidente dijo en estos días que hay que fortalecer a Unasur, pero ése ha sido un compromiso siempre bastante caótico. En 2004, a la semana siguiente del acuerdo de mínimos que fue el tratado constitutivo de Unasur, Chávez lanzó en La Habana con Fidel Castro el Alba con referencias muy distintas. Cuanto más caracterizaba al Alba, más descalificaba a Unasur. También está la constante descalificación de Mercosur, al que quiere entrar, pero el Mercosur que quiere es otro. Los mecanismos regionales sirven en la medida en que se ajusten a lo que el Presidente quiere y cuando no, la actitud es descalificadora. También está el caso de la guerrilla. En 2008, Chávez hizo un llamado ante la Asamblea Nacional a reconocer a la guerrilla colombiana. Dijo que las FARC y el ELN tenían un proyecto político que aquí se respetaba. Se queja porque no le dejan ser mediador y sale con esta declaración que le descalifica para esa iniciativa. Eso es caótico. Además, el gobierno venezolano tiene el récord de incumplimiento de sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y acompaña ese desacato con un discurso de descalificación institucional.

Ilustración: Eliseo Solís Mora(El Nacional, Caracas, 07/03/11)

viernes, 22 de abril de 2011

REPASO (1)


El Nacional, Caracas, 15 de Febrero de 1996
Contracorriente
Dos curas audaces
CARLOS RAUL HERNANDEZ

A finales de los sesenta y comienzos de los setenta, cuando se fue por el obrerismo y el ``diálogo entre cristianos y marxistas'' luego del fracaso de la experiencia guerrillera, la izquierda se convirtió en la segunda -la primera era la tecnología importada- causa de desempleo en Venezuela. Y era así: bastaban tres activistas universitarios (preferiblemente profesores y estudiantes de Sociología o Economía) rondando una fábrica en busca de adeptos, para que posteriormente estallara una huelga y viniera una botazón de trabajadores.

Luego todo el mundo otra vez para la universidad con sus bluyines, melenas y sus exámenes. Algunos profesores y profesoras, adecuadamente en overoles y henchidos de orgullo, exhibían en los cafetines ejemplares de esos neodesempleados como trofeos de la lucha de clases. Todo aquello más bien poco útil al proletariado.

Como en la máquina del tiempo han venido las declaraciones de dos curas venezolanos, de esos que, aún quedan, defienden la llamada ``teología de la liberación'' versión simplificada de la teoría de la dependencia'' de los cafetines universitarios.

Como anillo al dedo decíamos, para demostrar varias cosas: su carácter -de la teología de la liberación- si se quiere un poco herético, según lo afirmaría sabiamente ese titán del pensamiento político llamado Martín Kriele. Estos dos curas audaces no tienen ningún problema en corregirle la plana a Juan Pablo II, hasta donde sabemos Papa de la Iglesia, Jefe del Estado Vaticano, líder de la cristianidad y, además -detalle- infalible cuando habla de la fe. Y algo debe saber Juan Pablo de Teología para haber escrito doce encíclicas, dedicadas tres de ellas al nada sencillo problema de la Santísima Trinidad y otras varias a los temas sociales; haber promulgado el nuevo Código de Derecho Canónico y el Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica. Debo confesar que no conozco hasta dónde llega la profundidad del pensamiento teológico de los dos sacerdotes en cuestión.

Eso de regañar al Papa, insinuándole poco inteligente o dilettante porque ``no entiende... habla desde la perspectiva de los países ricos'' o porque ``habla de la pobreza sin compartirla'' es realmente, por lo menos, una gran audacia, sobre todo si se está hablando de un luchador contra la ocupación nazi de Polonia, -allí la gente se jugaba la vida- luego resistente a la dictadura comunista y posteriormente obispo católico en Cracovia, enfrentado a dicha dictadura. No es fácil eso de menospreciarlo o estarlo ridiculizando sobre todo si nosotros aquí no hemos pasado de desestabilizar una pobre democracia llena de problemas, aplaudir cuartelazos y hacerle perder el tiempo a gente que debiera estar aprendiendo mecanografía en una academia.

El segundo de los asuntos que nos ayudan a demostrar es su anacronismo. Andar a estas alturas del juego con eso de ``oprimidos y opresores'', ``iglesia rica e iglesia pobre, lenguaje arqueológico, revela una bien intencionada pero tragicómica incomprensión -no precisamente del Papá- de lo que ha ocurrido en el mundo. Era la onda de los ``cristianos por el socialismo'' y el ``diálogo entre cristianos y marxistas'' y chévere tener afiches de Jimmy Hendrick, el Che y Camilo Torres. Se parece a la historia de aquel soldado japonés que extraviado, logró sobrevivir treinta años en la selva sin contacto con nadie y que cuando lo consiguieron ignoraba incluso que la guerra había terminado. Asombra ver gente de buena intención prisionera de viejas fantasmagorías derogadas, ``hombres muy viejos con alas enormes'', rumiando las remembranzas de un paraíso perdido.

No merecen otro calificativo que candorosas las opiniones sobre la ``condonación de la injusta y criminal deuda externa''.

La tercera es la inutilidad. La única manera concreta de ``ayudar a los pobres'' es ayudarlos a dejar de serlo. En vez de una prédica que les envenene ``contra los ricos'' de reunideras malentretenidas para escuchar espiches ``antiimperialistas'' o sobre la ``justificación ética del 4 de febrero'' a las tres de la tarde en La Silsa, es mucho mejor enseñarles cosas concretas a los pobres para que no lo sean más: zapatería, albañilería, electricidad, inglés, manejo de computadoras y fax, aprecio por el trabajo y la creación de riquezas; respeto por el Estado de Derecho, la Constitución y las leyes. Eso significaría más para los pobres que montañas de proclamas inútiles.

Se entiende que un encapuchado, analfabeta disfuncional, cuestione la llegada del Papa por no contribuir a ``resolver el déficit fiscal''. Pero que lo hagan curas...

El Nacional, Caracas, 6 de Septiembre de 1998 / SIETE DIAS
Treinta años de la Teología de la Liberación
El revuelo de la comunión entre Iglesia y oprimidos
Acallados, perseguidos o, con suerte, tolerados, miembros del clero de América Latina idearon una Iglesia mejor adaptada a nuestra realidad, con la toma de opción preferencial por los pobres, víctimas de la violencia institucionalizada. El movimiento ha trascendido fronteras y se ha convertido en toda una revolución copernicana dentro de una de las organizaciones tildadas de más conservadoras
TAL LEVY

Bajó la cabeza, se agachó para colocarse a su misma altura, o tal vez bajura, para comenzar así el tú a tú de la Iglesia con los oprimidos, los pobres, los olvidados, los excluidos. Se perfiló una nueva comunión, en la mismísima fe de un llamado subcontinente, que fue animada por un concilio que rescató de la mudez de un antiguo papel a la palabra pueblo.

Ese acercamiento se va procreando, alentado por el Concilio Vaticano II y su apertura. Poco a poco, desde México hasta Chile, una idea deseosa de consumarse empieza a gestarse. Esta noción de un necesario cambio se va engendrando en las mentes de sus futuros ideólogos y en el accionar de grupos de sacerdotes y obispos que deciden entregar sus ampulosas viviendas, y algunos hasta la sotana, para unirse a la población, frente a frente. No faltaría mucho para su simbólico certificado de nacimiento: la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, realizada del 26 de agosto al 6 de septiembre de 1968 en Medellín.

La Teología de la Liberación opta por una transformación de estructura, una pirámide convertida en llanura, para así tocar la base y cumplir la misión que urgen estos tiempos heridos de pobreza, de violencia, de injusticias.

El comienzo del asomo

Un año antes de que ocurriera el llamado gran salto de la humanidad con el primer alunizaje de la misión estadounidense, la institución religiosa en Latinoamérica daba un gran paso adelante. Así como en 1968 el estudiantado tuvo su Mayo Francés, unos meses después, al otro lado del globo terráqueo, la Iglesia de este continente tuvo lo que no tardaría en denominar simplemente Medellín.

"Hace treinta años. ¡Parece mentira! Yo me enteré de que estaba invitado a la II Conferencia, porque la primera fue en Río de Janeiro en 1955, cuando me llegó un telegrama de Dom Avelar Brandao Vilela, presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano. Sorprendido, me fui a la Plaza Bolívar para hablar con el cardenal Quintero. Y me regañó: Lo más decente es que usted responda a esa invitación. Yo había sido invitado porque durante tres años era el delegado del Celam para los estudiantes latinoamericanos en Europa, además de haber sido fundador en 1965 de la parroquia universitaria de Caracas y hablar varios idiomas. Yo veía por 30 mil o 40 mil estudiantes latinos que andaban por Europa, como el ahora presidente de Chile y digamos otros: el Tigre (Eduardo Fernández). Viajo, por cierto nunca me pagaron el pasaje, y cuando llego me roban la cartera en el aeropuerto. Yo estaba viendo al Papa que salía, así que no vi la inauguración. Porque Pablo VI no fue a Medellín. Hechó un discurso al Celam en la catedral de Bogotá", hurga en la memoria el sacerdote secular Juan Cardón.

Medellín es asimilada por los teólogos de la liberación como si fuera la luz verde a los planteamientos que ya venían discutiendo. "Es la aplicación, la recepción más creativa que ha habido en la Iglesia universal, del Concilio Vaticano II (1962-1965)", según el enfoque del jesuita Pedro Trigo, integrante del equipo de investigadores del Centro Gumilla y de la revista SIC.

Como preludio, en el mismo año se había efectuado un encuentro de teólogos en Chimbote (Perú), en el cual la palabra liberación empieza a revelarse, así como en 1966 hubo una conferencia extraordinaria en Mar del Plata. "Entonces, que después de sólo dos años casi los mismos obispos hicieran un vuelco tan enorme no es tan fácil de entender en una institución tan grande. Ya en Mar del Plata había alguno que había hablado en el tono de Medellín, como Helder Cámara, pero entonces era una voz que clamaba en el desierto", señala, desde lo que considera el manantial de la espiritualidad, Pedro Trigo.

"La II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano no fue una reunión de la Teología de la Liberación, aunque allí asomó su cabeza. La reunión, como tal, era pastoral. Es la Iglesia en la actual transformación de América Latina, a la luz del Concilio. Es la Iglesia dentro de este mundo en ebullición. Pero, lógicamente, como en toda reunión humana, hay grupos de presión", rememora, desde la voz de quien todo lo vio, Juan Cardón. "Hay varias Teologías de la Liberación, depende de cómo se entiende y del grupo de presión al cual usted pertenece o al medio de comunicación que manipula el tema. A veces hay intereses creados que hacen que se le saque punta, y se dirá que Samuel Ruiz es un comunista y que Henríquez es un viejo. No, no, no. Eso no me gusta. Y ellos son panas entre sí. Y dialogaron. Y fue una reunión pastoral", insistentemente repite quien formara parte en Medellín de la Comisión Pastoral de Elites.

Entre las llamadas líneas maestras de la asamblea se privilegia la pedagogía de la revisión de vida o, lo que sería lo mismo, la metodología del ver, actuar y juzgar, que hizo suya la Juventud Obrera Católica, animada por José Cardijn en la Bélgica de hace unos 70 años.

Las universidades eran un hervidero. Después de haber estudiado teología tradicional en Frankfurt y considerar que todo era evidente, claro, el padre jesuita Jesús Gazo, párroco de la Parroquia de la Universidad Central de Venezuela y quien fuera asesor del Movimiento Universitario Católico, recuerda qué lo atrapó. "El contacto con la UCV, el contacto con los comunistas. Cuando yo pensaba que eran los monstruos, los diablos, unos ateos, empiezo a descubrir en algunos de ellos valores extraordinariamente humanos. En 1967 hubo una reunión de exponentes de todos los movimientos universitarios católicos de Latinoamérica, en Paraguay, allí es donde conocí a Gustavo Gutiérrez y él nos habló. Yo tuve una conversión. La Teología de la Liberación es una crítica tremenda, es el maestro de la sospecha de toda teología, así como de Freud, Nietzsche y Marx se decía que lo eran de todo conocimiento. Al año siguiente, Medellín entra en sintonía con lo que uno estaba viviendo, y ya la opción por los pobres, por la liberación y el compromiso social fue la consecuencia".

El movimiento que germinaba denunciaba los vicios de la realidad, esa violencia institucionalizada arraigada en las naciones latinoamericanas. "Eso es una novedad y fue lo que hizo que Medellín enseguida fuera satanizada por los medios de comunicación. Aparecía como intolerable, tanto para el Departamento de Estado de EE UU como para las oligarquías tradicionales de América Latina. Fue una guerra a muerte", advierte Trigo.

Pueblo en Puebla

En la década siguiente, Puebla fue considerada por algunos la institucionalización de Medellín, mientras otros comenzaron a avizorar lo que considerarían luego el alejamiento del encuentro de obispos latinoamericanos en Santo Domingo.

Pedro Trigo, quien asistió como periodista enviado por la revista SIC a la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, en 1979, cuenta: "Puebla sería el remate de Medellín. Y fue tanto más interesante pues ya no se podía hablar de ingenuidad, porque había sido una década totalmente contrastada. Se sabía todo lo que se estaba jugando. Más aún, así como en la preparación de Medellín el secretario del Celam estaba con esa corriente, los documentos preparatorios de Puebla apuntaban a lo contrario, porque ya el Celam había sido intervenido por el Vaticano. Pero la asamblea es soberana. Los obispos se reunieron, hubo una correlación de fuerzas. Había reacciones muy fuertes, una lucha virulenta, ideológica. Finalmente, palpé la trascendencia de la Iglesia. Al momento de firmar, porque la votación era formal, la fe prevaleció, sin importar que ideológicamente estuvieran en contra. Sentí una profunda alegría: esto no es una patota en la que la gente se acalla. Es la Iglesia. Fue una experiencia espiritual profunda".

Puebla, además de ser para algunos el bautizo de la Teología de la Liberación, se convirtió en melodía que resonó en el continente y se dejó escuchar en Venezuela. "Si millones mueren de hambre/ mientras se harta algún glotón/ si el dinero es de unos pocos/ y el trabajo lo hace un millón/ no podemos ver felices/ semejante explotación/ porque el mundo que deseamos no es ése/ es un mundo de amor". Luis García cerraba con estas palabras el canto "Somos", ganador del I Festival de la Canción Puebla, efectuado en el país. "Se hicieron nueve emisiones y talleres para estudiar Puebla. De Medellín supimos lo que se pudo, porque llegó un momento en que no se conseguía el documento, en que no se distribuía en las parroquias".

La Teología de la Liberación plantea la realización del hombre, la búsqueda del despojo de las condiciones de miseria y desigualdad, en solidaridad con los otros, la "concientización", estandarte del brasileño Paulo Freire y su pedagogía del oprimido. "Nos libera de muchos tabúes, de una concepción sin grietas; nos libera de la religión, de la teología, y nos libera del Vaticano, de las autoridades. Por eso los de arriba no la quieren, porque se sienten amenazados", refiere, con la convicción en Jesús libertador, Jesús Gazo, promotor y asesor del grupo Conciencia Libre, de la Parroquia Universitaria.

La base de todo

En medio de la visión salvífica, según el texto final de Medellín, los pastores deben alentar y favorecer todos los esfuerzos del pueblo por crear y desarrollar sus propias organizaciones de base, o lo que luego en la conferencia de Santo Domingo se dirá el protagonismo de los laicos. "La Iglesia, ante todo, debe ser una comunión y las organizaciones de base, su célula mínima. Hay una reciprocidad de dones. Se incorpora la ritualidad del pueblo. Del cambio de lugar social, vienen cambios de paradigmas y sensibilidad", desde la personal vivencia de asesor de Comunidades Eclesiales de Base de Caracas, sostiene Trigo.

De allí nace lo que no tardó en llamarse la Iglesia Popular, que así como ha contado con seguidores, también hay quien recalca la unicidad de la Iglesia, que es una, que es para todos, por lo que no conciben una paralela.

"En los años 70 hubo un compromiso con las comunidades, con barrios como San Isidro o Negro Primero, adonde los jóvenes nos metíamos para organizar asociaciones. Se generaron cooperativas que aún hoy existen. Me tocó aprender de la opción práctica de la solidaridad", relata Luis García, desde sus remembranzas de cuando era miembro del Centro Juvenil Fátima, de la Juventud Católica Venezolana, del Consejo Arquidiocesano de la Pastoral Juvenil.

Entre pólvora e incienso

Junto a la Teología de la Liberación, a la que se adjudicó, por las coincidencias entre la prédica de la igualdad y la solidaridad, un hermano o tal vez otro apellido -la Teología de la Liberación Marxista-, estaban la Teología de la Revolución y la Teología de la Violencia. Los linderos se difuminan. El olor a incienso se confunde con la pólvora. El disparo de la palabra se transforma en fusil. Sacerdotes, como Camilo Torres en Colombia, ya se habían unido a la lucha armada liberacionista.

"Compañero nuestro en Lovaina, el capellán de los estudiantes en Bogotá frecuentemente visitaba Caracas. Me da dolor. La revolución, la guerrilla. El Che Guevara entusiasmaba, era el emblema... Esa tentación era un problema. Un Gandhi, libertador, inspiraba un movimiento de no violencia en América Latina. Pero llegó tarde para Camilo. Estuvieron aquí los promotores, visitaron a Camilo y Camilo no los escuchó. Ya estaba lanzado y murió en la recta final", lamenta el párroco de Montalbán, Juan Cardón, quien pronto inaugurará la iglesia Nuestra Señora de la Paz.

Doblarían las campanas, así como luego, de un modo distinto, en El Salvador, por monseñor Oscar Arnulfo Romero, cuyo corazón fue agujereado en plena misa, víctima de la violencia a la que rehuía en sus prédicas. La "voz de los sin voz" fue asesinada por denunciar la escalada represiva del ejército y los escuadrones de la muerte. Y "suenan las campanas, por un cura bueno; suenan las campanas, Arnulfo Romero", avivó después Rubén Blades desde la salsa, aliada, así como la nueva Iglesia latinoamericana, de los pobres, del barrio. Temas como "Soplando en el viento", de Bob Dylan, o "No basta rezar", de Alí Primera, se llegan a cantar en los templos. Un mismo espíritu trascendió fronteras, entre la violencia y la no violencia, de la misa al concierto.

Romero se tornaría en símbolo del martirologio de América. El pasado 14 de julio fue develada una estatua suya, en la Abadía de Westminster, en Londres, junto con las de otros nueve mártires cristianos del siglo XX.

"El sistema le ha fabricado un museo a la Teología de la Liberación, con sus libros, sus profetas, sus mártires. Con el museo desligan el sentimiento del pensamiento y la acción. Surge el movimiento, ocurre el proceso de explosión, la publicidad de su existencia, la estructuración del conocimiento, la identificación de sus líderes, la cima de su planteamiento, y entonces, el declive. Es un plus y un minus, un biorritmo. Allí empieza el cuestionamiento, el peligro dentro del stablishment, la contrainsurgencia, los líderes teológicos y laicos que se oponen. La Teología de la Liberación ya no tiene ofensiva ante el sistema, sino que es una resistencia de observación. La han neutralizado, con lo que llamo su museificación, pero no la han matado", sistematiza Jorge Anton, misionero español de la Orden Religiosa del Arca, encargado de la Cátedra Libre e Itinerante "Monseñor Romero" de la UCV y psicólogo experimental animado por lo que denomina "psicología de la liberación", fundamentada en el aprender, desaprender y reaprender, partiendo de la Teología de la Liberación.

De obispos meramente ideólogos a activistas. De pastores a militantes de luchas por la reforma agraria, a partícipes de movimientos de liberación nacional, a seguidores de la opción política de los cristianos. Todo se entremezclaba entre la etiqueta y el contenido de la botella. Por tan sólo nombrar algunos hechos que muchas veces compartían a su manera las naciones, en Ecuador la Iglesia repartió tierras a necesitados; en Chile se agitó el Movimiento Cristianos por el Socialismo; en Brasil fueron miles las organizaciones de base; en Nicaragua, sacerdotes tuvieron rango de ministro; en Colombia aumentaron los seguidores de la lucha armada; o en cualquiera de los países latinoamericanos, un cura anónimo, desde la humildad de su vocación, se entregó por completo al pueblo: su familia.

Mientras los creyentes de la liberación, como Ignacio Ellacuría, asesinado junto a otros cinco compañeros jesuitas y dos mujeres salvadoreñas, insistían en que esta teología es la que más está en contra de la violencia y más a favor de la paz; cada vez más se les tildaba de cabezas calientes, comunistas, extremistas, subversivos, anarquistas, violentos y cuanto adjetivo pudieran usar los adversarios en su ánimo por descalificarlos a toda costa, tanto dentro como fuera de la Iglesia.

"Hubo cierto clero español, de raíces franquistas y con un romanticismo quijotesco, que tomó una posición radical en la que se confundió la derecha con la izquierda. Pero la humanidad ha evolucionado por los caminos de la convivencia, aunque todavía hay unas mentes atrasadas que siguen fanáticas", reconoce Cardón, como quien sabe que se atrapan más moscas con miel que con aceite.

De los infortunios

Los detractores eran muchos y en todos los campos; sobre todo provenían del norte de América, que ordenó la elaboración del Informe Rockefeller, a finales de los años 60. En la década siguiente y comienzos de los 80, en los Institutos de Estudios Políticos y Económicos de Estados Unidos se crean departamentos teológicos, enemigos abiertos de la URSS, Cuba, los sandinistas y la Teología de la Liberación. En el famoso documento de Santa Fe, que sustentó la campaña electoral de Ronald Reagan, sería abordada como problema de seguridad para EE UU, como blanco de enfrentamiento.

Asumida como la mejor respuesta frente al neoliberalismo, nada mejor que atacarla con sus mismas armas. Tanto que, como escribiera Juan José Tamayo-Acosta, partiendo de la conferencia "Mercado-Reino, la doble pertenencia", que pronunciara en marzo del 1992 Michel Camdessus: "Hoy, el interés por la Teología de la Liberación llega hasta el Fondo Monetario Internacional, que hace suyos su lenguaje y sus planteamientos de fondo, y aplica sus principios igualitarios a la economía del mercado, con el objetivo, obviamente no confesado, de legitimar teológicamente al neoliberalismo". Mercado-Reino, mercado-solidaridad, mercado y más mercado.

"La diferencia está en que antes hablábamos de explotadores y ahora de excluidos. El capitalismo explotaba, el neoliberalismo excluye", diferencia Gazo, quien fuera presidente del Comité Venezolano de Solidaridad con El Salvador.

A la caza de Venezuela

En el país, dos casos retumbaron. En la década de los 70, el padre Wuytac, del barrio La Vega, sería expulsado, tachado de "subversivo", por el entonces ministro del Interior. Pero así como en ese momento el cardenal aprobó la medida, a pesar de una marcha realizada por unos 90 sacerdotes, años más tarde el panorama sería distinto. Una protesta de religiosas y curas de Petare, asociada a la Teología de la Liberación por alertar contra el atropello a las comunidades, sería aplacada. Los manifestantes fueron condenados por su remitido "No podemos callar más", pero el cardenal intervino a favor. Los detractores que colocaban a todos los curas progresistas o preocupados por los oprimidos en un mismo saco, no vacilaban en su empeño por controlar.

"Siempre se nos consideró que estábamos dentro, pero en la raya. Solía decir un obispo que nosotros éramos socios molestos pero imprescindibles. En la revista SIC, por casualidad nos enteramos de que nuestro teléfono estaba intervenido por la Disip. Ante la sospecha de las autoridades religiosas y civiles, fuimos ayudados por gente popular", relata Trigo, remontándose a los tiempos de Puebla para terminar de apuntar hacia lo que sucede hoy. "Sigue habiendo oposición muy fuerte, pero ya no planteada públicamente, sino de persona a persona: éste no puede dar clases; al otro, que se le levante un expediente. ¿Cómo combatimos a la Teología de la Liberación? Haciendo una pastoral opuesta. ¿Qué significa? La reinstitucionalización de la Iglesia, que el sujeto otra vez sea la institución eclesiástica".

¿La muerte de los mil silencios?

Entre los llamados ideólogos de la Teología de la Liberación, entonces, estarían desde el peruano Gustavo Gutiérrez, considerado el primer sistematizador del movimiento; pasando por Jon Sobrino e Ignacio Ellacuría en El Salvador; hasta, en tierra brasilera, Clodovis Boff o su hermano, Leonardo, convertido en símbolo de todo el proceso, tal vez porque fue uno de los más propensos a escribir y escribir, a hablar y hablar, hasta ser sometido por el Vaticano a un año de silencio.

"Gustavo Gutiérrez, que acaba de cumplir 70 años, sólo ha podido dar un curso en el seminario, al cual precisamente asistí. Yo no he podido entrar en el seminario ni para formar parte de un panel y hablar cinco minutos. El ahora tiene que dormir con oxígeno y los médicos le han dicho que ni un día más puede quedarse en la parroquia popular, rodeada de fábricas. Es un sitio contaminadísimo. Lo vi en febrero. Con una congoja personalísima dice: Pero si esa es mi casa, ese es mi mundo, esa es mi gente. Mira, yo le dije, pueden seguir siendo los tuyos por años; sin embargo, así, al mes ya dejan de ser tuyos. Y ese es Gustavo, que se parte el pecho por ellos, pero también siente que desde ellos vive, porque son su gente", expresa Trigo.

Como si se sentara en el banquillo de los acusados a la propia Teología de la Liberación, Leonardo Boff fue convocado a Roma en 1984 para defender sus escritos, sobre todo "Iglesia, carisma y poder", ante la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, antiguo Santo Oficio. El juicio fue seguido atentamente por los medios de comunicación. El resultado: fue obligado a retirarse de la vida pública. Aceptó su condena por "desviaciones y errores doctrinales", por la "peligrosidad de sus teorías", como señalara el prefecto de la Sagrada Congregación, el cardenal Joseph Ratzinger.

Mientras varias urbes brasileñas se resistían, y le adjudicaron a Boff un status de ciudadano honorable, el papa Juan Pablo II se refería a las "tentaciones" de un compromiso más social que religioso.

Tras esa imposición de silencio, el ruido se armó y no se podía esperar menos, siendo Brasil el país católico más poblado del mundo y con uno de los mayores episcopados. Ese mismo año el Vaticano había publicado las "Instrucciones sobre algunos aspectos de la Teología de la Liberación" y dos años más tarde daría a conocer las segundas instrucciones. Para algunos, un adelanto, por cuanto definitivamente el movimiento era aceptado con nombre y apellido. Se reafirma al pueblo como sujeto de la Iglesia, se constata la situación de opresión y se acepta la liberación como los signos de los tiempos. Se legitima como teología pastoral, pero se advierte el riesgo de un abrazo con ideologías políticas.

El Vaticano apoya; el Vaticano condena. Fue fervientemente criticado por sus mediastintas y por haber intentado contrarrestar el movimiento surgido a partir de Medellín con nombramientos de obispos ortodoxos en muchos de los países latinoamericanos.

En 1992, Leonardo Boff abandona el sacerdocio y la orden franciscana. Acto seguido, el cardenal Angelo Sodano, primer presidente de la Asamblea de Santo Domingo, lo equipara a Judas, y el cardenal López Rodríguez, presidente del Celam, afirma, entre jocosidades, que eso era lo que les hacía falta a esos curas progresistas, encontrarse a una mujer que los amansara. Boff se retira, pero su pluma sigue viva, tanto que ha plasmado en artículos sus teorías, en las que aborda tres etapas del movimiento: en los años 70, la preocupación eran el pobre y el oprimido material, social y político; en los 80, era el pobre y oprimido cultural (minorías discriminadas); y en los 90, la crisis ecológica. Uno de los tantos matices de la Teología de la Liberación se alía con temas ambientales.

La discusión sigue pendiente, más aún por el incremento del polvo social, aunque algunos, al ver asomadas las palabras Teología de la Liberación, piensen: para qué desenterrar lo muerto.

La prueba del tiempo

Treinta años se dicen fácil. Pero luego de que Medellín sellara, si se quiere, el certificado de nacimiento de la Teología de la Liberación, con una Iglesia del continente que se "latinoamericanizaba" -así como luego habría una corriente asiática y hasta africana del movimiento-, y transcurrieran tres décadas durante las cuales la situación geopolítica mundial diera todo un viraje, interminables interrogantes surgen. Unos dirán para qué desempolvar lo viejo; otros no admiten vejez. ¿Y es que acaso también se ha firmado su acta de defunción? ¿Pero y Chiapas, sobre todo luego de que el presidente Ernesto Zedillo descalificara a los obispos de ese sureño estado mexicano como teólogos de la violencia, de la liberación, y el prelado, por su parte, afirmara que lo que promueve es "la reconciliación y la paz" en la región, donde opera el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, desde que se rebeló en enero de 1994 con el subcomandante Marcos a la cabeza?

Más aún: transportándonos a nuestro contexto, ¿y Venezuela? Las preguntas son muchas, aquí tan sólo unas, las de su actualidad, que buscan respuesta.

-¿Chiapas reafirma la vigencia de la Teología de la Liberación?

-Chiapas es un momento más de la lucha liberadora -indica el sacerdote jesuita Jesús Gazo-. Marcos no sé si es cristiano, no sé, pero sé que es un hombre y que está con la liberación de los indígenas, y los indígenas y la mujer son elementos importantísimos dentro de la liberación, porque son sectores de la vida muy oprimidos.

-¿Y como ve a Samuel Ruiz, obispo de San Cristóbal de las Casas que participó en Medellín, dentro del proceso de lo que ha sido el movimiento de insurrección zapatista?

-Lo profundo del hombre llama a lo profundo del hombre -contesta Gazo-. Y Samuel Ruiz es un gran hombre tocado por el principio de misericordia, por el principio de la Teología de la Liberación, y por eso mismo muy perseguido dentro de la Iglesia. Al ser obispo, como Casaldáliga que vive con los indígenas, y tener una sensibilidad, su vida se hace teología, se hace manifestación de Dios, asume todas las consecuencias que esto significa. Y cuando aparece Marcos, él se identifica con esa causa de liberación, a lo mejor no con todos los métodos. No es que nos queremos manchar las manos, no, pero nuestra labor como sacerdotes puede ser distinta, es a través de la palabra, que también es acción, ya lo creo, pero son ámbitos especiales de animar, acompañar, que es lo que está haciendo Samuel.

-¿Cuál es la actualidad de la Teología de la Liberación, luego de la caída del Muro de Berlín?

-Hemos llegado a una nueva etapa. Ahora hablaremos de la construcción de un mundo solidario, dentro de esta sociedad globalizada -asevera el sacerdote secular Juan Cardón-. Yo la llamaría una teología de la reconciliación, como se habló en Santo Domingo. Hay que sentarse juntos a construir la justicia y la paz, con solidaridad, y no con enfrentamientos simplistas, porque hay pobres que son ricos y ricos que son pobres. El esquema marxista sobre el hombre, que ha contaminado cierta Teología de la Liberación, ha simplificado el fenómeno humano y parece mentira que hasta curas se entusiasmaran. Hay que buscar una metodología y no canonizar, no sacralizar ni un sistema, ni un partido, ni sacralizar la violencia como metodología de liberación. La Teología de la Liberación tuvo que matizarse y sigue matizándose.

-Hubo la generación de iniciadores y de continuadores. ¿Existe, acaso, una tercera generación?

-En estos momentos vivimos un poco el repliegue, pero creo que detrás de ese repliegue va a surgir un pensamiento profundo, sereno -vislumbra Gazo-. Cuando se derrumba el socialismo real, que no era el socialismo porque había mucha realidad pero poco socialismo, viene una fuerte crítica a la Teología de la Liberación, diciendo que ya no tenía nada que hacer, y los pensadores no seguían publicando, porque además creían que ya todo estaba dicho. Y no es verdad, porque la vida tiene mucho que decirnos. Tiene que llegar un momento de pausa, de reflexión, que toque las fibras más importantes y que sea de verdad una liberación, porque si no hay liberación no hay teología, porque Dios es liberación, Dios es padre de todos, de huérfanos y viudas como dice la Biblia. Sí, sí hay una tercera generación. Van a surgir y están surgiendo hombres y mujeres, sobre todo mujeres, que están reflexionando desde esta liberación.

-¿Se puede hablar de una corriente venezolana del movimiento?

-En Venezuela, la información era mínima. La gente que se hacía eco de todo esto era por pura consigna. Había un desconocimiento casi absoluto del tema. Un problema grave nuestro es que hay una falta de información de base muy grande. Un anticlerical mexicano o colombiano sabe mucho más de la Iglesia que el intelectual que se sienta más cristiano en este país -asegura el sacerdote jesuita Pedro Trigo.

ILustración: Rosalía Valero, "Cristo" (2009)

domingo, 6 de marzo de 2011

EL DISCURSO CULINARIO


EL NACIONAL - Domingo 06 de Marzo de 2011 Siete Días/4
entrevista
Helena Ibarra
"Una de las labores más fuertes de un chef aquí es torear el mercado"
La maestra de los fogones atribuye el auge culinario que se vive en Caracas a la necesidad psíquica de sentir que, frente al deterioro de las instituciones, al menos esos espacios de la vida pueden ser satisfechos. Apuesta por una cultura gastronómica que refleje al país y reivindica la calidad de los productos de esta tierra
TAL LEVY

" No hago otra cosa que pensar en comida", lo dice y basta seguir escuchándola para confirmarlo: "Yo no vivo sino por la comida. Todo lo asocio con la comida". Por si fuera poco, remata: "Lo que llamarían una obsesiva, pues". Así, su hija Samantha es su mejor receta y sus amigos, acompañantes: "Los contornos son militares; contornos o guarniciones. Me gustan los acompañantes porque acompañan, tienen un sentido en el plato". De este modo, el mar puede ser para Helena Ibarra un topocho con sabor a agua perfumada a ajo.

La chef con 30 años de experiencia se alimenta del encuentro de los franceses con los indígenas del Nuevo Mundo, del psicoanálisis freudiano, de El Principito o Alicia en el país de las maravillas, de un Carlos Cruz-Diez o un Gustavo Cerati. Da igual. "Me alimento de todo lo que consigo y que me permite interpretar el hecho de abrir la boca y deglutir esos cadáveres exquisitos, que es la labor de todo chef: sublimarle la muerte y devolverle la vida a través ­y me voy a poner ecóloga­ de la cadena trófica".

--Carme Ruscalleda, cocinera española con tres estrellas Michelin, ha dicho que gracias a las mujeres se ha mantenido el recetario, pero que la cocina profesional ha estado en manos de los hombres, pues los fogones y las herramientas requerían gran fuerza. --A las mujeres les ha costado enormemente ese tránsito de la cocina casera a la profesional, que viene vinculada a la cocina comercial y nace con los hombres. No creo en la historia de las herramientas y la cocina pesada. Las mujeres estaban relegadas a las casas.

Luego, al entrar en el mercado profesional, ninguna quería como profesión la cocina porque estaba asociada a quehaceres obligatorios, domésticos. ¡Una mujer para casarse tiene que aprender a cocinar! Eso le quita la motivación como espacio personal. Tienen que ser mujeres muy particulares como yo, que soy hija de un doctor en Ciencias Políticas y de una madre que también lo era y que quería que yo fuera una intelectual, y a mí se me hizo maravilloso reivindicar el hogar.

--Y al hombre, ¿qué lo ha motivado? --El horror por las carreras convencionales, el rescatar ese espacio creativo y prohibido, porque era un espacio de las mujeres. Como diría Sigmund Freud, ¡qué mayor felicidad que ponerse el delantal y jugar a ser mujer! Por eso digo que los hombres odian a sus mamás, porque cuando tienes como objetivo mejorar todo ese recetario afrontas un problema inmenso. La cocina es la conquista de los hombres del espacio de las mujeres cuando ellas lo abandonan por conquistar el espacio de los hombres.

--Ferran Adrià vaticina el fin de la alta cocina tal como la entendemos y cuestiona a quienes afirman que su futuro está en los hoteles, debido a las prisas que caracterizan a las ciudades. Como la primera mujer venezolana responsable del menú de un restaurante de un hotel cinco estrellas, ¿qué piensa? --La prisa no es sinónimo de alta cocina, pero eso no implica que en las ciudades no haya espacios en los que puedan definirse otros tiempos. El problema está en el mercado, que en Europa ha ido decayendo. La pérdida de los artesanos y las calidades ha obligado a que la cocina mute hacia lo que existe y que ya no sea ese vínculo directo, como decía Paul Bocuse, de la cocina de mercado. En Venezuela, el mercado es muy pequeño, pero las calidades son todavía desconocidas hasta para el propio venezolano.

La batata rosada, la injerencia de las frutas tropicales en los menús de los tres estrellas en Europa, reflejan el alcance de estos mercados nuevos.

--Pero, como la alta costura, tendrá que redefinirse. --Claro, es el concepto elitista el que está en juego, mas no el concepto gastronómico, porque la gastronomía son técnicas, maneras de tratar y de sublimar los productos.

--¿Cómo explicar el auge culinario que se vive en Caracas, con una canasta alimentaria familiar que cerró el año pasado en 2.798 bolívares y un salario mínimo de 1.223 bolívares? --En Venezuela, tenemos una alta cocina elitista que refleja una ínfima parte del mercado de calidad de producto. Muchos jóvenes se han volcado a la cocina como rescate casi ecológico de la naturaleza, de un tipo de vida más slow, buscando como objetivo fundamental de su carrera el placer y ya no la justicia. Frente al deterioro de las instituciones, la gente quiere que la traten bien y que su trabajo pueda ser recompensado con cosas gratas, y la comida es una necesidad psíquica de los individuos de sentir que por lo menos esos espacios de la vida pueden ser satisfechos.

--¿La escasez de algunos productos o marcas le ha afectado? --Claro, una de las labores gerenciales más fuertes de un chef en Venezuela es tratar de torear el mercado porque desaparecen productos y uno tiene que adaptarse. Ha sido un período muy duro. Trabajar con productos venezolanos de calidad ha hecho de mi fórmula algo actual porque hasta ahora no falla la yuca ni la batata.

--¿La cocina es un hecho cultural creativo, reflejo de la sociedad? ¿Cuál es la seña de identidad de la gastronomía venezolana? --La primera expresión de cultura de un pueblo es su transformación alimentaria.

En Venezuela ha sido marcado: el venezolano petrolero, que quiere todo de fuera y olvidarse de lo que hay en su país. Hemos estado desfasados de la calidad de los productos, lo cual es gravísimo porque no nos permite tener la seguridad de nuestras formas, nuestros colores y texturas, y elaborar a partir de esta profesión una cultura gastronómica que refleje al país.

--¿Su licenciatura en Estudios Integrales del Ambiente ha marcado su cocina? --Mucho. Conceptualmente, no concibo una cocina sin su tierra. Esta tierra tiene mucho que decir. Estos productos le permitieron a Europa salir del hambre, como la papa, y no veo por qué todo lo que quedó aquí no puede ser parte de un discurso internacional, de perfumes y sabores que son únicos, inigualables: el ají dulce, la parchita, el cilantro en flor. Yo hago cocina de la tierra, porque a partir de ella puedes deconstruir, fusionar, pero no dejas de señalar cuál es el origen.

--Habla de deconstruir, un término que puso en el discurso Ferran Adrià. --Adrià es el niño curioso de la clase que se dedica a experimentar, pero perdió la noción de la tierra totalmente. Con tanta espuma y tanto aire, él quiso darle la dimensión poética y la poesía está en todas partes. Es una inspiración, no es un hecho masticable.

--Pero marcó una ruptura con su ejercicio, más que poético, lúdico. --No puedes ser lúdico y olvidarte de la infancia. Es un aspecto lúdico totalmente intelectual, y eso es lo que me molesta. El problema de los actos de Adrià es que terminan siendo tan minimalistas que olvidan lo humano; buscan tanto la exacerbación de los sentidos, que los disocian. Él encontró y mandó a hacer las herramientas y las lanzó al mundo de manera desenfrenada, comercial, pero no todos son poetas.

--¿La llamada revolución en Venezuela ha afectado la cocina? --Hay ciertas cosas importantes como la reivindicación de lo indígena, dentro de la burocracia en que los mantiene.

Señalar hacia ese aspecto de la cultura no sólo es necesario, sino fundamental.

--Ha sido chef de delegaciones oficiales encabezadas por el ex presidente Rafael Caldera y por el actual mandatario Hugo Chávez. ¿En sus platos quedó plasmado un cambio de la llamada cuarta a la quinta república? --Pues no ­y ríe­. En mi caso personal, los cambios no tienen nada que ver con la cuarta o la quinta república; las calidades son infinitas y navegan por encima de las políticas.

--Mucho se habló de la gira asiática presidencial. ¿Siente que le marcó de alguna manera? ¿Cómo fue? --Yo iba acompañando a las empresas para obtener mercado, pero eso nunca se entendió y siempre se me asoció como la chef del Presidente. Llevamos productos de calidad venezolana empacados al vacío, 14.000 pasapalos. Las minihallacas fueron un éxito porque en China tienen pasteles que elaboran con hojas de loto que son parecidos al envoltorio de la hallaca.

Fotografía: William Dumont

domingo, 30 de enero de 2011

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EL NACIONAL - Domingo 30 de Enero de 2011 Siete Días/4
entrevista
Colette Capriles
"Con la nueva Asamblea Nacional el monólogo de Chávez se ha roto"
La investigadora considera que se puede hacer un análisis de la historia política del país sobre la base de la sustitución de las élites. Reconoce que lo banal y lo frívolo nos dominan, pero advierte signos de maduración en la sociedad y un cambio radical en la dinámica política con la asunción de un Parlamento más plural
TAL LEVY

Reconoce que en nuestra cultura se valora poco la capacidad de pensar, de construir discursos elaborados. "Tenemos una especie de epistemofobia. No hay incentivos en nuestra cotidianidad para la reflexión, sino más bien para los lugares comunes, lo más obvio. Lo banal y lo frívolo nos dominan. Es un rasgo que podemos encontrar en distintas manifestaciones culturales, desde la manera en que la gente cría a sus hijos hasta la forma en que ve la política", asegura Colette Capriles, distinguida en 2001 con el Premio de Investigación Filosófica Federico Riu.

Se detiene, pero no vacila, piensa. Más que incertidumbre, los venezolanos sentimos caos, afirma esta psicóloga social y filósofa. "Las convenciones culturales básicas que tuvimos como sociedad moderna, precariamente porque la modernización en Venezuela fue un proceso muy violento, se han fragilizado. No tenemos un campo de juego común que contribuya a disminuir la incertidumbre y que nos permita establecer los contactos con el otro que realmente necesitamos para vivir en sociedad. Lamentablemente, en Venezuela el análisis de lo político, de lo cultural y de lo económico se hace muy difícil por la interacción de los tres. La autonomía relativa de la economía que uno ve en otros países no existió nunca aquí, como tampoco la autonomía cultural. Culturalmente estamos ligados a formas muy específicas de relación que tienen que ver con el consumo, con la satisfacción en el corto plazo, con el rechazo a ver las cadenas causales y las responsabilidades que uno pueda tener en el largo plazo.

Todo eso va como imbricado, es un gran síndrome".

--La Venezuela actual está marcada por el resentimiento acumulado por parte de ciertos sectores. ¿Estos resentidos de ayer, que se han convertido en los hostigadores de hoy, están sembrando a su vez el resentimiento en futuros hostigadores del mañana? Y si es así, ¿cómo acabar con este ajuste de cuentas? --Por esos procesos de cambio violento social que se dieron en el siglo XX, hubo un ascenso social muy importante desde 1945, que es el gran umbral de la democratización. La conformación de los grupos sociales varió muy rápidamente con buenas y malas consecuencias. Hasta hace poco sentíamos que teníamos una sociedad muy abierta socialmente, con pocos prejuicios sociales. Pero la crisis económica y de la modernización en el país a partir de los años setenta terminó abriendo las grietas que el ascenso social por sí mismo no había logrado tapar. La calamidad es que esas fracturas se han convertido en factor de la política; hay un elemento de resentimiento social que ahora tiene un escenario diferente. Existe un resentimiento de orden político. A partir de 1998 empieza a parecer que el país tiene unos nuevos amos del valle; la sustitución de las élites es lo que se está planteando. No es la primera vez. Se podría hacer un análisis de la historia política de Venezuela sobre la base de la sustitución de las élites, por vía de la violencia revolucionaria en muchos casos, de la montonera, de la instauración de una dictadura como la de Juan Vicente Gómez y también de la democratización, como hicieron los adecos en 1945.

Eso explica por qué las élites de las llamadas fuerzas vivas son en general volátiles, irresponsables, y funcionan con la conciencia de su volatilidad.

--¿En cuanto a aprovechamiento? --Claro, la mentalidad rentista, extractiva de las élites. Éstas son erráticas, volátiles y participan menos en lo que podría ser la construcción de un proyecto nacional. El tema del resentimiento nos toca en la medida en que esta volatilidad de las élites genera la percepción del Estado como un botín, como un tesoro al que hay que ponerle mano y del cual hay que aprovecharse en el corto plazo. El resentimiento político es más fuerte en la gente que está gobernando. Tienen una sed de reconocimiento como actores políticos, como diseñadores del país. Pero lo que genera el Gobierno no es sólo resentimiento, sino directamente víctimas, que es distinto, pues entiende la lucha política como una lucha existencial. La transición política, que no dudo que ocurrirá a partir de 2012, tendrá que tocar el asunto de las retaliaciones. Gente ha perdido propiedades y gente se las ha apropiado. Hay que hacer lo que se llamaría justicia de transición. En aras de la salud social, será necesario en el mediano plazo establecer algún tipo de institución mediadora para observar todos los casos en que la gente se haya sentido perjudicada.

--¿Estos años de férrea polarización derivarán en un inevitable divorcio o, por el contrario, en una sociedad más justa y madura? ¿Quedarán como años de aprendizaje o años perdidos? --La mayoría de la gente ha empezado a entender que el exceso de poder en manos de una sola persona no puede traer sino calamidad. Es una idea muy básica, pero hasta que no se perciben sus consecuencias en la cotidianidad la gente no tiene por qué construirla. El régimen personalista ha perdido credibilidad.

Hay una desmitificación de la eficiencia de los militares, que también tiene su lado oscuro porque toda una institución está quedando desprestigiada. Hay un nivel de exigencia política mayor en la población.

Otro signo de esta maduración es la confianza en las instituciones alternativas. Los partidos políticos han sufrido una renovación increíble, que pocos reconocen pero que la gente percibe porque vota por ellos. Dentro de esta confusión, porque ha sido la Babel política lo que ha pasado en este país en términos de identidades políticas, la gente está ajustando sus preferencias, entiende más qué espera de un gobierno, qué modelo político le parece más adecuado. Hay un aprendizaje grande.

--El año 2011 se inició con un cambio en el mapa político gracias a la elección de una Asamblea Nacional más plural. ¿Redundará en una transformación real de la dinámica sociopolítica o quedará como mera cartografía? --Allí va a haber una interacción en términos de lenguaje político, de ejercicios de tolerancia y de mutua comprensión que cambian completamente la dinámica política, tanto que ahora encontramos un contrapunto en los focos de atención. Es noticia la Asamblea Nacional permanentemente y el monólogo de Chávez se ha roto. Sobre la eficacia política de la Asamblea no podría ser tan optimista porque no hay voluntad de parte del Gobierno de coexistir. Se le ha creado un gran problema de gestión con la nueva Asamblea porque la función contralora se va a ejercer quiéralo o no el Gobierno, y eso cambia también sus costos políticos, digamos, la contabilidad política del Gobierno.

--¿Cómo dialogar con alguien que mantiene un doble discurso y no llama a las cosas por su nombre? Es decir, los damnificados son dignificados, los opositores son apátridas y el periodismo de denuncia es un terrorismo mediático. --No hay dictadura que no haya creado su propio diccionario. Los regímenes autoritarios, a menos que se conviertan en tiranías del miedo, que las hay, necesitan apoyo popular. Se fundamentan en el consentimiento, no solamente en la coerción, y allí es donde opera la creación de ese nuevo léxico, del reordenamiento de la realidad para que el régimen aparezca siempre como justificado. El ejemplo perfecto es el newspeak, de 1984. Como parte de lo que pudiera ser su branding, su identidad de marca, Chávez y su régimen han sido muy consecuentes en la creación de léxicos particulares que lo diferencien del "pasado", del "enemigo". A tal punto es poderoso que mucha gente que le adversa utiliza sus propias categorías y lenguaje, y habla de la cuarta república, de inventos increíbles, de excluidos. Claro, es una categoría del resentimiento, no de la política, pero funciona y mucha gente se conecta con ese lenguaje y empieza a participar en la construcción de esa realidad que legitima al régimen. Cuando se habla del llamado a diálogo, el Presidente en su mensaje del 15 de enero lo que hace es secuestrar una demanda y una exigencia de la Unidad. Es un diálogo, pero en sus términos. El Presidente le pide diálogo a la Unidad para que digan lo que él quiere y la Unidad quiere diálogo, pero para ser oída. Son dos demandas incompatibles. La palabra diálogo no debe ser tampoco sobrestimada en su sentido reconciliatorio ni mucho menos, sino constitucional, que cada quien ocupe el lugar que constitucionalmente le corresponde.

--El Gobierno ha tomado el tema de la pobreza como bandera. Después de 11 años, ¿ha habido un intento real por atender este problema o se ha quedado en el reconocimiento de la pobreza para alimentar aún más las divisiones? --El gran logro del Gobierno con la pobreza es reinventar los números. Se precia de haber disminuido la pobreza extrema, lo que puede haber ocurrido si se mide la pobreza como línea de ingreso, por supuesto debido a la inflación y al aumento del salario, aunque éste no se corresponde con los incrementos de los costes de la vida. La evaluación más cualitativa de la pobreza, por el método de las necesidades básicas insatisfechas o cualquier otro, daría cifras probablemente muy distintas. Los pobres son la base de legitimación electoral del Gobierno y ocuparse de la pobreza estructuralmente sería disminuir esa base. Entonces, se crea una contradicción.

Como en todos los regímenes populistas, se atiende al pobre pero no estructuralmente, no a través de soluciones permanentes, sino que sigue dependiente de las políticas puntuales del Gobierno.

--A un damnificado se le dice que vivirá cerca de dos años en un refugio. --Hay como un blackout informativo sobre los refugios, no se pueden tomar fotos, hay un control militar estricto del acceso, lo cual ya de por sí empieza a ser preocupante.

El Gobierno aísla el problema y lo encapsula. Cómo uno le puede decir a una gente que va a vivir dos años en un refugio, bajo unas condiciones que él no decide. En el fondo hay la creación de unos pobres ad hoc, una especie de ciudadano de tercera o de cuarta, que no tiene las libertades ni siquiera de la vida privada, que son las más básicas.

Se les quita toda la dignidad con el discurso de que se les está dignificando. Y, además, sirve como justificación para lo que ocurrió en diciembre, que es el abierto estado de negación de la Constitución, es decir, la dictadura, con la Ley Habilitante y las otras leyes aprobadas.

Fotografía: Sandra Bracho

lunes, 10 de enero de 2011

entre - vista











EL NACIONAL - Domingo 09 de Enero de 2011 Siete Días/4
entrevista
Ricardo Combellas
"Chávez está retando a la sociedad de una manera sumamente peligrosa"
Para el experto en Derecho Constitucional, el mandatario presiente que sólo en la violencia de la sociedad puede encontrar argumentos para sostenerse en el poder. Advierte que el régimen vacía de contenido la Constitución y que el Presidente acelera una crisis política
TAL LEVY

Venía del mundo universitario, donde todo se discute y así, reconoce, debe ser. "En la Asamblea Constituyente se me quitaron varios velos de la cara y empecé a ver tendencias del régimen que me preocupaban, comprendí que íbamos hacia fórmulas autoritarias y, lamentablemente, los hechos me dieron la razón. Fui de los primeros en abandonar el barco. Firmé la Constitución y me retiré, volví a la universidad. Había cumplido mi misión. Rechacé el régimen transitorio, consideraba que era un grave error, y allí están muchos elementos que progresarían hasta esta visión anticonstitucionalista del régimen", relata Ricardo Combellas, ex presidente de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado que llegó a ser director ejecutivo de la Comisión Presidencial Constituyente y miembro electo de la Asamblea Nacional Constituyente.

--¿Cree que "la Constitución sirve para todo", como dijera un consejero al general Monagas? ¿La Constitución Bolivariana deja un camino abierto a su misma negación? --No. De parte del régimen lo que hay es un abierto desplante, un explícito rechazo a la Constitución de 1999. El régimen ha tenido la capacidad para moverse dentro de eso que llama la revolución pacífica y democrática alterando el Derecho, manejándolo como una plastilina. Mantiene una apariencia de constitucionalidad, de Estado de Derecho, pero vacía la Constitución de contenido ontológico y axiológico, desvirtúa sus valores más preciados y la convierte en un esqueleto sin sangre, sin savia, sin su razón de ser.

--En "La tensión entre el poder y el derecho" asevera que en la quinta república se ha producido "la subyugación del Derecho por el poder y la conversión de la Constitución en un concepto semántico sin fuerza normativa". ¿Por qué? --El poder crea el Derecho y el Derecho limita el poder, como dijera Norberto Bobbio. La Constitución terminó convirtiéndose en un instrumento más del poder, una fórmula ideológica-política del gobernante para perpetuarse. Hugo Chávez seguirá desplegando de una manera infinita la Constitución y le endilgará todos los méritos, pero en el fondo no cree en ella como instrumento para controlar su poder.

--¿Cómo explicar que el Presidente que abanderó la Constitución desee su reforma, mientras que quienes no la apoyaron sean hoy sus más fieles defensores? --En 1999, Chávez no controlaba todo el poder. Entre las fuerzas que lo apoyaban había mucha pluralidad y ésta se manifestó en la Constituyente. En el ámbito constitucional no había un proyecto político definido. Eso permitió que la Constitución del 99 no rompiera con el paradigma liberal. Por otra parte, las élites vinculadas a la cuarta república fueron desplazadas del poder. Sintieron que la nueva Constitución fue hecha por otros y la rechazaron fuerte y hasta exageradamente. Señalaron que era militarista, intervencionista y que la democracia participativa era un señuelo para romper con la idea de representatividad.

Esta Constitución, con todos sus defectos, cumplió una labor muy importante en la socialización política de la gente, que la leyó y la sintió como propia. No olvidemos que es la primera que ha sido ratificada por el pueblo. La experiencia traumática de abril de 2002 le dio una fuerza muy grande a la Constitución tanto en la mayoría de población, siempre identificada con ella, como en las élites tradicionales que reflexionaron. La política democrática se impuso y llevó al planteamiento de que los cambios había que hacerlos dentro de la Constitución y que había unos derechos por los cuales valía la pena luchar.

--A 11 años vista, ¿cuál es la gran transformación institucional que introdujo la Constitución de 1999? --Lamentablemente, la institucionalización por la cual apuesta la Constitución ha sido desvirtuada en la práctica, incluso la propuesta más preciada, que es la llamada democracia participativa. Este régimen ha mostrado mucho desprecio hacia la institucionalidad. Los dictados personalistas que vienen de Miraflores están por encima de ella. Vivimos un proceso de desinstitucionalización.

--¿Se ha perdido la institucionalidad en Venezuela? Y si es así, ¿cómo recuperarla? --La institucionalidad se ha erosionado fuertemente, pero no se ha perdido. Si usamos esa expresión tan drástica, quiere decir sálvese quien pueda, no hay marco, es la guerra civil, y creo que todavía hay marcos. El que la mayoría de la población se identifique con la Constitución tiene un simbolismo muy grande de respeto a cierta institucionalidad.

--En 1999, la Corte Suprema dio luz verde a una Constituyente, a pesar de no estar estipulada en la Constitución para entonces vigente, en respuesta a la realidad histórica y social de un país en crisis. Ahora, el Presidente de la República legisla, con los poderes otorgados por la Asamblea Nacional que él controlaba, sin contar con el consenso de la sociedad.

¿Qué consecuencias puede tener? --Chávez está retando a la sociedad de una manera sumamente peligrosa, está retando a que la gente asuma posiciones violentas. Esto es gravísimo porque parece que presiente que sólo en la violencia de la sociedad puede encontrar argumentos para sostenerse en el poder. Esa situación límite es sumamente irresponsable para un gobernante y peligrosa para una sociedad. Con sus últimas acciones, se está burlando del pueblo venezolano, que se manifestó en elecciones democráticas el 26 de septiembre. Impone criterios a través de la Habilitante, la castración de la expresión deliberativa y democrática de la Asamblea Nacional con cambios en el reglamento y la aprobación de leyes que violentan sagrados principios constitucionales. Es absolutamente irresponsable en el manejo de acelerar una crisis política, que se ha podido evitar. Pone a la sociedad civil y a la sociedad política, que mayoritariamente lo adversa, en situación difícil. Los venezolanos van a recurrir, no les queda otra alternativa, a mecanismos de desobediencia civil, legitimada constitucionalmente en los artículos 333 y 350, de defensa de la Constitución. La desobediencia civil es una forma de lucha pacífica que exige mucha madurez política, templanza, y nuestra tradición de cultura política, lamentablemente, no es ésa. Implica el liderazgo con una gran fortaleza ética. Chávez está arriesgando todo con tal de mantenerse en el poder. Está retando también al estamento militar, que en su institucionalidad está al servicio de la Constitución. Está jugando de manera grave y peligrosa con el destino nacional.

Lo que corresponde a la sociedad democrática es no jugar en el escenario político que le quiere imponer Chávez, sino idear mecanismos de lucha de desobediencia civil dentro de las pautas constitucionales.

--En su libro El proceso constituyente cuenta que el Presidente le comentó a usted y a Hermann Escarrá en 1999 que él no era marxista.

¿Le creyó entonces? Tras declararse marxista en 2009, ¿le cree? ­En 1999 creo que era sincero. Que uno adverse a Chávez no puede ser a costa de subestimarlo. Creo que Chávez es de los presidentes que ha tenido Venezuela no sólo más inteligentes, sino de los más preocupados por lo intelectual. Le regalábamos libros y los leía. El Chávez que yo conocí no tenía una cultura marxista, por lo menos no se la vi.

Ya ahora a Chávez no le creo nada. El marxismo es una fórmula política que él maneja libre y arbitrariamente en función de las coyunturas.

--Laureano Vallenilla Lanz escribió en el Cesarismo de- mocrático que "todo pueblo tiene no el gobierno que se merece como dicen los empíricos y los pesimistas, sino el sistema de gobierno que él mismo produce de acuerdo con su idiosincrasia y con su grado de cultura". ¿El sistema actual es producto de lo que somos? --No asumiría esa posición tan pesimista y legitimadora de lo fáctico. La sociedad venezolana por lo menos desde 1936 ha venido cambiando, introduciendo pautas culturales civilistas, democráticas y pacíficas. Tenemos cerca de una centuria de experiencia política rica, con avances y retrocesos, pero que revela que se sembró una simiente democrática en la sociedad, con la tolerancia y el respeto a lo que la Constitución significa, a que el poder tiene controles y límites y los derechos fundamentales no son entelequias, sino realidades por las cuales hay que luchar.

domingo, 12 de diciembre de 2010

ana torres


EL NACIONAL - Domingo 12 de Diciembre de 2010 Siete Días/4
entrevista
Ana Teresa Torres
"Hay que construir una memoria civil de Venezuela"
Frente a una memoria heroica, la escritora antepone los logros de la sociedad. Lamenta la ausencia de la palabra ciudadano en el discurso oficial y cuestiona la simplificación histórica que alienta el chavismo y la hipermitificación de la figura de Bolívar, que prepara el camino a un pensamiento único
TAL LEVY

Imagina un aula escolar en la que no sólo esté el retrato del Libertador, ¿por qué no? "El hecho de que toda tu fuerza esté sustentada en una figura icónica como la de Bolívar quita otros modelos, más cercanos.

Si quiero ser un buen arquitecto tendría que pensar en Carlos Raúl Villanueva, no en Simón Bolívar", señala Ana Teresa Torres.

"Hay que construir una memoria civil de Venezuela. No hay que inventarla, existe, pero está muy dispersa. Es la memoria de los logros de la sociedad venezolana desde el punto de vista civil, cómo se construyó la democracia, no sólo con la resistencia en tiempos de Gómez o Pérez Jiménez, sino con la creación de las instituciones democráticas. Hace falta construirla en relato y, sobre todo, difundirla a través de la educación formal, los medios de comunicación y los discursos políticos, para contrarrestar una memoria heroica, en la que la gloria se sustenta en una gesta armada ocurrida hace 200 años, pero que queda en el imaginario como un ideal permanente, y que no es útil a los fines del siglo XXI. Es necesario que núcleos de la sociedad comiencen a pensar en relatos alternativos, en otras posibilidades de construcción de identidades", explica la escritora.

--De 1830 a 1958, la Presidencia sólo estuvo como diez años en manos civiles. Después de una pausa de 40 años, el poder ha vuelto a un militar. ¿Por qué no se ha superado el mesianismo militarista que nos ha caracterizado? --En la medida en que la cultura que transmites y la memoria legítima del país es una guerra, ¿quién aparece como el héroe? El militar. Se ha resaltado más el aspecto militar que el constitucionalista de Bolívar. Además, el militar en Venezuela no está asociado con la idea de dictadura, de represión, como en países del sur del continente, sino con que es el salvador del pueblo porque es el protagonista de la Independencia. No podemos olvidar que el lema del Ejército fue durante muchas décadas "forjador de libertades".

--El chavismo construye su propio relato, el de la refundación de la patria a través de la revolución bolivariana.

Su ficción política, como usted ha afirmado, se levanta sobre los mitos de la nación.

¿Cómo contraponer esa versión narrada de los hechos, ese discurso del poder, desde el poder del discurso, desde la palabra? --No es una empresa fácil porque ese discurso político se sustenta en un imaginario, en valores arraigados. La ficción política que construye el chavismo la describí en La herencia de la tribu como un me- garrelato emancipatorio que hace una simplificación de la historia dividiéndola en pares, que terminan siendo los buenos y los malos. Un discurso ciertamente debe ser combatido con otro discurso. Primero, Venezuela no está construida con esa simplicidad de los buenos y los malos. Muchos historiadores contemporáneos han trabajado en esa desmitificación. Por otra parte, está la construcción de un relato que le hable a la sociedad de sus propios valores pero desde otros paradigmas, desde el ciudadano. En el discurso actual la palabra ciudadano no aparece; es lógico, porque es un concepto vinculado a la democracia. El ciudadano es el individuo anónimo, no es el prócer; es el que construye lo social desde un pequeño lugar, su lugar de oficio, y eso es algo muy desvalorizado en Venezuela. Tendría que ser un discurso que apuntalara que ese pequeño lugar que cada quien puede ocupar es la base de la construcción de una gran sociedad.

--Ha proliferado la lectura crítica de la figura todopoderosa de Bolívar. No le parece contradictorio que ocurra durante un gobierno que proclamó la República Bolivariana de Venezuela y que se ha apropiado de este ícono nacional hasta incluso verle el hueso literalmente. --Bolívar ha estado siempre presente y utilizado en los discursos oficiales, pero no con esta intensidad. Hay personas a las que ahora la mención de Bolívar les irrita, les produce malestar, antes no. La razón es que si estás saturado, bombardeado por algo, hay un momento en que dices ya no quiero más. Veo lógico que haya surgido una reacción por parte de los intelectuales para contribuir a la desmitificación porque vivimos un momento de hipermitificación de la figura.

--La herencia de la tribu plantea una paradoja: "Siendo Bolívar el paladín de la libertad de los pueblos, su mito prepara a los creyentes para la aceptación de la dictadura". ¿Por qué? --Si tomas la idea de Bolívar como unidad y dices que el pensamiento de Bolívar es éste, preparas el camino a un pensamiento único. Ahora asistimos a una lectura socialista, pero se le pueden dar otras. Además, si la República se llama Bolivariana, que no es poca cosa desde el punto de vista simbólico, ya estás cerrando cuál es el destino de esa República: seguir el pensamiento de una persona. Ni siquiera la Unión Soviética se llamó República Leninista. Es paradójico, porque justamente la acción máxima de Bolívar está vinculada con la libertad.

Pero esto ya no es Bolívar, él se murió en 1830; esto es la utilización política que se puede hacer de una figura histórica.

--También escribe en La herencia de la tribu: "Bolívar es un héroe melancólico que tiñe de pesimismo la historia del país y antepone el fracaso como meta". ¿Cómo sobreponerse a ese sol negro, a esa pesada carga? --Es melancólico porque es un héroe que triunfó en su proyecto militar, pero fracasó en su proyecto político. La gran fuerza del mito de Bolívar está en este componente romántico del personaje fracasado, que muere solo, triste.

A esto se añade algo tremendo, que el fracaso de Bolívar es culpa de los venezolanos, acusados de parricidio. Eso da fuerza emocional al mito porque es la idea de que si lo hubieran dejado hacer lo que quería, América hubiera sido el paraíso en la tierra.

--Pero ¿cómo puede el venezolano deslastrarse de esa culpa? --No lo veo fácil. Primero, hay que desmitificar: Bolívar no fracasa por culpa de los venezolanos, sino porque propone un proyecto político que no contó con el apoyo de los otros actores. Segundo, nada asegura que su proyecto era la felicidad para América.

--¿Qué repercusiones tiene sobre la psique del venezolano vivir en un estado de incertidumbre permanente? No sólo se trata de no saber si habrá congestión de tráfico o lluvia, sino que los cambios políticos, económicos, jurídicos están a la orden del día. --La parte positiva es que los venezolanos tenemos una capacidad de adaptación muy alta, de improvisar y de ajustarnos a lo que cambió de repente. A otras sociedades, como viven en mucha estabilidad, el menor cambio les desajusta, les parece fin de mundo. El lado negativo es que esa permanente situación de no saber lo que viene lleva a vivir el momento, muy al día, y eso va en contra de algo fundamental que es la planificación, necesaria para el progreso. Cualquier catástrofe o evento como el que estamos viviendo demuestra nuestra dificultad para planificar, porque eso pasa en todos los países pero los que tienen más capacidad de planificar y saben que puede ocurrir toman previsiones que aminoran los efectos.

--"En este país de la desmemoria yo soy puro recuerdo", se lee en su novela Doña Inés contra el olvido. ¿Cómo luchar en Venezuela contra la desmemoria? --Hay veces que uno piensa lo contrario, que es un país permanentemente nostálgico.

--¿Por aquello de la melancolía de la figura de Bolívar? --Sí, de la gloria de Venezuela basada en un hecho ocurrido 200 años atrás, completamente fuera del contexto actual. Es como un apego nostálgico.

--Hugo Chávez intentó un golpe de Estado, pero cuando fue candidato presidencial a muchos votantes se les olvidó. --Puedes verlo como una falta de memoria, pero también como una manera muy descuidada de ver las cosas y de quitarle peso, importancia.

El otro día le oí a Axel Capriles una expresión que me pareció muy buena: el cheverismo. Todo es chévere; entonces, dio un golpe, sí, pero es chévere.

Todo va perdiendo peso. No sé si las cosas se olvidan o están colocadas en cualquier parte, no con el valor que pudieran tener.


Fotografia: Leonardo Noguera