EL NACIONAL - Lunes 04 de Noviembre de 2013 Educación y Sociedad/3
Educación y Sociedad
ENTREVISTA Carlos Leañez Aristimuño alerta sobre el lenguaje bélico de los dirigentes
"Un régimen que busca el control social necesita controlar la lengua"
El profesor de la Universidad Simón Bolívar, especialista en políticas lingüísticas, asegura que debido al discurso gubernamental hay un empobrecimiento cognitivo del venezolano
MIREYA TABUAS
"Dignificado" en vez de damnificado, como si la palabra cambiara la condición de quienes se quedaron sin hogar. "Bolivariano" para calificar a los oficialistas, "antibolivariano" para referirse a los opositores, como si para ser hijo del Libertador es requerimiento ser chavista. "Escuálidos", "apátridas" y "parásitos" a quienes son adversarios del gobierno, minimizando su condición a lo más bajo. "Sabotaje" para justificar lo que muchas veces no es más que negligencia estatal. "Guerra económica" patentó el presidente Hugo Chávez y repite el actual mandatario Nicolás Maduro, como si la crisis fuera culpa de otros, específicamente del enemigo: el "imperio".
Por más de 14 años, la revolución ha creado su propio lenguaje. Ayer, en Siete Días , se reseñaron muchas de las palabras de ese "diccionario del chavismo". Al respecto, el profesor de la Universidad Simón Bolívar y especialista en políticas lingüísticas, Carlos Leañez Aristimuño, reconoce que hay un uso intencional de la lengua por parte de los principales voceros gubernamentales, en especial Chávez y Maduro. "El ataque a través de la lengua es el camino más certero del gobierno para tener a la población no solo con la cabeza gacha, sino contentos con esa situación de tener la cabeza gacha", dice.
¿Qué caracteriza, a su juicio, el lenguaje del chavismo? Un régimen que busca no solo gobernar sino tener control social necesita controlar la lengua porque ella es la llave de nuestras percepciones.
Un régimen que controla la lengua busca ser el decodificador, torcer las percepciones para que la población vea lo que quiere que vea, piense como él quiere; deje de pensar, incluso. Puede sonar radical, duro, pero eso está en marcha, no sé si como proyecto articulado. Los resultados están a la vista: hay un empobrecimiento cognitivo del venezolano; es más pobre, cognitivamente hablando, que el venezolano de la década de los setenta.
¿Cómo se define esa pobreza cognitiva? La comprensión lectora está postrada, el venezolano no entiende lo que lee. Cuando la gente no está expuesta a la lengua escrita tiene muy poca posibilidad de articular un contradiscurso, está a merced del discurso imperante. El poder actual silencia medios y mensajes alternativos, tiene el aparato educativo debilitado, envuelve todo en un relato que no es otra cosa que una gesta de guerra.
¿El discurso gubernamental es bélico? De acuerdo con el discurso del gobierno, estamos en guerra. Entonces, no somos como las sociedades prósperas donde hay proyectos que generan democracia, riqueza y paz. Acá estamos en un relato de guerra a través de la palabra. Eso hace tolerable a la población todas las cosas que no funcionan. Todos son hechos lingüísticos: si estamos en guerra ¿cómo no va a haber huecos en las calles, desabastecimiento o colas para comprar productos? El discurso de la guerra da sentido a todo eso, es una guerra simbólica, a través del lenguaje, por ahora, pero esas batallas preceden a las reales. Ante la quiebra de todos los indicadores, el gobierno busca superponer su relato sobre la realidad. Le dice a la gente: "Quienes te cortan la luz o te hacen pasar hambre no somos nosotros, nosotros somos los que estamos en la resistencia contra el imperialismo". Se usa la palabra para torcerlo todo.
¿Las palabras logran crear realidades? Octavio Paz decía: "La palabra racional es nuestra única defensa contra el monólogo del caudillo y la gritería de la banda". Aquí hay un caudillo y el sucesor de un caudillo.
Un monólogo implica que el otro no existe y si a esa capacidad monologante se une la postración del aparato educativo, la capacidad de la población de discernir se empobrece. La población ve lo que ellos quieren que vea. El fanático es alguien que ha cerrado todos los canales cognitivos.
Durante la república civil nos acostumbramos a que había un debate, pero actualmente hay un torcimiento de la realidad, una manipulación de símbolos. Por eso es urgente para la república que encontremos el camino hacia el diálogo y la palabra racional.
¿Cree que la oposición ha logrado contrarrestar el discurso del gobierno? La oposición no puede ponerse en el plano del gobierno. Si la insultan, no puede devolver los insultos. Si pretende ser una alternativa, debe salirse del torneo de ofensas, pues así le está haciendo coro al proyecto. Los proyectos totalitarios funcionan si sus adversarios actúan como ellos quieren que actúen; si los insultan es perfecto para ellos. Entonces, a la oposición le toca tener un lenguaje firme, pero que no use el insulto sino la argumentación, que es el ejercicio del pensamiento.
Hay líderes de la oposición que se han puesto en el mismo plano que los del gobierno, eso forma parte de la cultura machista. Actualmente quienes están construyendo una palabra más incisiva son mujeres, ellas se salen del círculo de los gallitos. Y sabemos cuál es el final de las peleas de gallos.
¿Cómo actuar ante la hegemonía del discurso gubernamental? Nunca hemos estado sometidos a tantos mensajes y a tanta manipulación de un emisor único. Pero ese poder no tiene argumentos.
El poder no le da la palabra a la prensa disidente, no se somete al escrutinio de la razón, a lo que más le teme el poder es a una discusión racional, al someterse a ella quedaría desmontado su relato.
Diversas formas de manipular
El abogado Luis Alfonso Herrera se dio a la tarea de clasificar las palabras que forman parte de lo que él y otros investigadores han clasificado como "neolengua" en Venezuela. Utilizan un término perteneciente al escritor George Orwell, quien en la novela 1984 define un lenguaje creado por el Poder para manipular a sus seguidores, para transformar la realidad en función de un proyecto político totalitario.
Herrera clasifica esta "neolengua venezolana" en cuatro tipos de palabras: aquellas que se desvirtúan de su sentido original, es decir, que existen pero tienen otro significado; las palabras creadas con fin ideológico; los eufemismos y los insultos. A continuación algunos ejemplos: Vocablos desvirtuados en su sentido: Revolución, apátrida, terrateniente, burguesía, patria, magnicidio, expropiación, capitalista, rescate, sabotaje.
Vocablos creados con fin ideológico: Parlamentarismo de calle, poder popular, guerra económica, equilibrio cambiario, contraloría social, puntofijismo, gobierno de calle, estado comunal, matriz mediática.
Eufemismos: Socialismo del siglo XXI, hombre nuevo, felicidad social, privados de libertad, niños de la patria, afrodescendiente, subasta. Insultos: Majunches, escuálidos, vende patria, cachorros del imperio, locos, disociados, sapos, vendidos, gorilas, podridos, excrementos, antibolivarianos, plagas, bacterias, parásitos.
Para el abogado, con esos términos (muchos de los cuales fueron incluso consagrados en la legislación venezolana) se busca la imposición de un pensamiento único y repetitivo, el ocultamiento de la verdad, el debilitamiento de las instituciones democráticas, la polarización y, en definitiva, "la liquidación del Estado de Derecho".
Fotografía: Henry Delgado.
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lunes, 4 de noviembre de 2013
lunes, 22 de octubre de 2012
VARIAS VECES, RUÍZ PINEDA
EL NACIONAL,Caracas, 21 de Octubre de 1996
Aurelena de Ferrer, viuda del dirigente político Leonardo Ruiz Pineda, revive en primera persona lo que significó el asesinato de su esposo durante la dictadura de Pérez Jiménez
Después de ser líder de la resistencia en la clandestinidad, el secretario general de Acción Democrática fue muerto de un disparo por la Seguridad Nacional un día como hoy hace 60 años. Tras eso, ella vivió la cárcel y el exilio
MIREYA TABUAS
La viuda conserva pocos objetos de Ruiz Pineda. Muchos documentos se los quitó la Seguridad Nacional y las fotos que le quedaron se las dio a sus hijas MANUEL SARDÁ
Cuando mataron a mi esposo, yo estaba oyendo una novela en Radio Caracas. Eran las 8:10 pm del 21 de octubre de 1952. Ese día no supe nada.
No había modo de saber nada.
Me enteré al día siguiente por El Nacional . En la foto aparecía él tirado en el suelo en un charco de sangre. El periódico decía que en una calle de San Agustín del Sur había sido muerto de un disparo Leonardo Ruiz Pineda, de 36 años de edad, secretario general de Acción Democrática y líder en la clandestinidad porque el partido había sido declarado ilegal por el gobierno de Marcos Pérez Jiménez. Lo había asesinado la Seguridad Nacional. A mí nunca se me pasó por la cabeza que lo podían matar. Él, en cambio, sí lo presentía.
Hoy se cumplen 60 años de su muerte. No me acuerdo bien de qué hice en los primeros segundos cuando me enteré. Sé que pronto cogí aliento y fui a reclamar su cadáver, porque quería velarlo en casa. Fui a hablar con el propio ministro de Relaciones Interiores, Llovera Páez, pero no me dejaron verlo. El director del despacho y el jefe de la Seguridad Nacional, Pedro Estrada, me recibieron y me dijeron que a Leonardo lo habían enterrado a las 4:00 am y que no me podían decir en qué sitio. Yo les contesté que si acaso su familia no tenía derecho a verlo. No me respondieron y di por concluida la entrevista, me volteé y ya me iba cuando Pedro Estrada dijo que estaba detenida.
En la Seguridad Nacional trataron de intimidarme, de amenazarme con torturas, pero yo fui bastante serena con ellos.
Les dije que no sabía nada, que no era dirigente política ni nada y lo poco que sabía, después de lo que le pasó a mi esposo, no lo iba a decir. Les dije que estaba dispuesta a aceptar todas las torturas, pero que yo sólo era la esposa de Leonardo Ruiz Pineda. Esa entereza la aprendí de él.
Me llevaron a la Cárcel Modelo. Fue allí cuando me enteré de lo que pasó, porque la Seguridad Nacional no me dio ninguna explicación sobre la muerte de mi esposo. Segundo Espinoza, una de las tres personas que estaba con él en el carro la noche que lo mataron y que cayó preso, me contó todo en la enfermería de la cárcel. Me dijo que dos hombres de la Seguridad Nacional en una moto estaban persiguiendo el auto en el que también estaban los dirigentes David Morales Bello y Leoncio Dorta. Los interceptaron en San Agustín. Morales Bello y Dorta lograron escapar y Espinoza se quedó luchando con uno de los hombres. Leonardo se confundió, él iba en el asiento del copiloto y trató de salir por la puerta del conductor; perdió tiempo para huir.
Suela Espuma (David Colmenares) fue el policía que lo identificó, pero el que disparó en la cabeza fue Francisco Matute. Es claro que tenían orden de asesinarlo. Y ellos hicieron su trabajo.
La vida en común. Mi vida fue intensa y eso me hizo fuerte en la cárcel, siempre. Yo tenía 15 años de edad cuando conocí a Leonardo. Él tenía 26 años.
Fue en mayo de 1943. Él era un hombre excepcional, con dulzura, serenidad y capacidad de comprensión extraordinaria, escribía poesía. Después de 2 o 3 meses nos hicimos novios. Dos años y medio después nos casamos. Era diciembre de 1945.
Nuestro matrimonio constituyó un acontecimiento insólito en San Cristóbal. Era el primer gobernador que se casaba en ejercicio. Un año después nació nuestra hija mayor, Magda, y en febrero de 1948 fue nombrado ministro de Comunicaciones del gobierno de Rómulo Gallegos. Cuando le dieron el golpe de Estado a Gallegos, él estaba en Miraflores y fue uno de los primeros presos.
Cuando entró a la Cárcel Modelo, yo estaba embarazada de mi segunda hija, Natasha. Estuvo preso hasta el 19 de abril de 1949. Lo dejaron libre, pero en julio de ese año lo buscaron para encarcelarlo de nuevo. No lo encontraron, pero desde ese día comenzó la clandestinidad, quizás la época más difícil nuestra. Desde la clandestinidad, él logró aglutinar a muchísima gente. Pero lo peor que tiene la clandestinidad es que la familia deja de estar unida.
Mientras él estaba escondido, yo trabajaba en el Banco de Venezuela, pero con limitaciones porque siempre me seguían los de la Seguridad Nacional.
Sin embargo, el 11 de octubre de 1951 me tocó pasar a la clandestinidad con mis hijas, porque como no podían atrapar a mi esposo pretendían agarrarnos a nosotras para forzarlo a entregarse. Cuando me escondí, me jugué el todo por el todo. No me arrepiento porque lo acompañé hasta el último momento.
Todos teníamos nombres falsos: Leonardo se llamaba Alfredo Natera, pero su cédula decía Eduardo Crespo; yo me llamaba Marta; mi hija Magda, Martica; y Natasha, Naty. Magda, de 6 años de edad, tenía conciencia de que la policía nos buscaba y asumió con responsabilidad los secretos de la clandestinidad.
Nos costaba mucho vernos, luego pudimos organizar los encuentros de una forma complicada pero segura. Varias veces le planteé la necesidad de irnos por las niñas, pero él no quería decepcionar a su gente.
Nos fuimos quedando y quedando hasta que lo mataron.
Adiós con rancheras. La última vez que lo vi fue el 19 de octubre en la noche. Era domingo y, como todos los fines de semana, tratamos de pasarlo juntos.
Nos reunimos con amigos de la clandestinidad, cantamos rancheras, siempre con la angustia del carro que se paraba, del vecino que nos podía oír.
¿Qué fue de mí después de su muerte? Tras unos meses en la cárcel, me expulsaron del país el 31 de enero de 1953. Puse como condición salir con mis hijas, mi suegra y mi hermano de 17 años de edad que había caído preso sólo por ser cuñado de Leonardo. El 31 de enero de 1953 salí rumbo a Madrid. Allí viví 6 o 7 meses con 300 dólares que me enviaban compañeros desde Venezuela, luego partí a Nueva York para trabajar. En un viaje a México me encontré con Alejandro Ferrer, un exilado venezolano, abogado y adeco como Leonardo. Nos enamoramos y me volví a casar en 1954.
Con él tuve 2 hijos: Alejandro y Carmendelia, y crió a las niñas de Leonardo como suyas. Vivimos casi 54 años juntos, murió hace 3 años.
Los de la Seguridad Nacional me quitaron muchas cosas, documentos, fotos, poemas de Leonardo Ruiz Pineda. Algunas me las devolvieron y se las repartí a mis hijas. No me quitaron su recuerdo.
Fotografía: Manuel Sardá.
EL NACIONAL - Domingo 21 de Octubre de 2012 Siete Días/7
Leonardo Ruiz Pineda
SIMÓN ALBERTO CONSALVI
Leonardo Ruiz Pineda fue asesinado en una calle de San Agustín del Sur el 21 de octubre de 1952. Desde inicios de 1949, cuando fue liberado de la cárcel después del golpe militar contra Rómulo Gallegos del 24 de noviembre, fue el secretario general de Acción Democrática en la clandestinidad.
Han transcurrido 60 años, los sucesos políticos se han atropellado los unos a los otros, y, por lo general, escasea el tiempo para pensar en quienes, como Leonardo, se obstinaron en entregar su vida a la construcción de la democracia en Venezuela.
No hay cómo imaginar la deuda que la nación tiene con esos hombres singulares que combatieron sin pausa y sin miedo, que optaron por la resistencia clandestina como una manera de enfrentar a la fuerza bruta.
Fui amigo de Leonardo desde mis tiempos de liceísta en San Cristóbal, cuando él era profesor y presidente del estado Táchira, y lo acompañé en el CEN clandestino.
En la Cárcel Modelo, Leonardo comenzó a escribir su autobiografía. No quería ser sino escritor: "Entonces fui ganado definitivamente por un comienzo de orientación que despertaba en mí, brumoso, vago. Mis poemas perdieron el acento melancólico que le daban tono de sentimental congoja, tomé el estilo de `vanguardia’, `sugerente’, como entonces era calificado. Escribí poemas, variados y numerosos poemas... escribí cuentos, numerosos cuentos".
Pero como a otros jóvenes, a la muerte de Gómez, el destino le señaló el arduo camino de la política. "Entonces dijo, no acertaba a prever el proceso de sacudimiento colectivo que viviría Venezuela al desaparecer el jefe del régimen político en torno al cual gravitaba aquella edad oscura de atraso e incultura".
Retengamos estas líneas finales de su confesión inconclusa, escritas en diciembre del 48 en la prisión y que relatan su llegada a la capital: "Cargado de esos confusos y complejos pensamientos llegué a las puertas de Caracas una tarde de septiembre de 1933, a los 17 años de edad. Entraba en mi ciudad madre, la que luego formaría a su imagen y semejanza el contorno de mi nueva vida.
La ciudad alegre, enervada de juvenil desgaire, desbordante de esa imponderable fuerza espiritual que fluye en la sonrisa de sus mujeres y en el ademán acogedor de su regazo, abría sus brazos cálidos para recibir al anónimo estudiante provinciano que golpeaba sus puertas cargado de maletas, sueños y esperanzas".
El joven Ruiz Pineda llega a Caracas para observar lo que llamó "sacudimiento colectivo", y a partir de 1936 reparte el tiempo entre sus estudios de Ciencias Políticas en la UCV y la primera militancia clandestina bajo el régimen de López Contreras que no le dio tregua a los partidos que tuvieron que formarse contra viento y marea, como el PDN, que dio origen a AD. Leonardo escribe y lee, y ya desde entonces se destaca por su oratoria elegante y fluida, por su talante siempre grato.
En los años cuarenta regresó a San Cristóbal, fundó el diario Fronteras, y sus escritos políticos se consagraron por su profundidad, su agudeza y su estilo imaginativo. Recuerdo de modo especial sus "Ventanas al mundo" contra el fascismo en la guerra europea, sobre la reforma constitucional y la necesidad de que se consagrara la elección directa de los presidentes de la República. En la tierra de los caudillos militares del siglo, donde había campeado la ferocidad y la barbarie de Eustoquio Gómez, Leonardo fue la expresión, junto con su amigo Ramón J. Velásquez, de una alternativa civilizada y contemporánea de la política.
En 1948, Rómulo Gallegos lo designó ministro. Y en esos trances a Leonardo lo sorprendió el 24 de noviembre, la conjura de civiles y militares que frustró la presidencia del gran escritor. Y entonces fue a la cárcel, y de la cárcel a la resistencia y a la clandestinidad, única alternativa para la batalla incesante por la libertad. El último de sus escritos fue el prólogo al Libro negro, Venezuela bajo el signo del terror, aparecido el mes de su muerte.
"Este libro dijo es un fragmento de una negra historia venezolana, testimonio de conmoción violenta de la República, escrito en un alto de la batalla entre la nación que reclama libertades y la camarilla que usurpó su soberanía. (...) Este libro ofrece los testimonios de esa pugna, de la violencia criminal de un régimen sin normas éticas y políticas y de la voluntad de sacrificio de quienes se enfrentan a él".
Muy poco después de la muerte de Leonardo, Rómulo Gallegos dijo en México: "Yo no tengo mano conformada para arrojar la brasa del corazón a los incendios de la violencia, ni me muevo entre hombres que les confíen a las llamaradas de la venganza el cocimiento del pan de la justicia, y sin mengua de la firmeza de la acusación a que estamos obligados, invito a mis compañeros a total presencia de ánimo, en alturas de serenidad responsable ante el destino de nuestro pueblo, a fin de que, sin que el agrio rencor nos tuerza la buena sustancia del dolor que aquí nos reúne, sea honrada siempre entre nosotros la memoria de nuestro compañero, mártir del ideal democrático. El de la fina valentía y gozosa audacia: Leonardo Ruiz Pineda. Vivo y perenne entre nosotros".
Aurelena de Ferrer, viuda del dirigente político Leonardo Ruiz Pineda, revive en primera persona lo que significó el asesinato de su esposo durante la dictadura de Pérez Jiménez
Después de ser líder de la resistencia en la clandestinidad, el secretario general de Acción Democrática fue muerto de un disparo por la Seguridad Nacional un día como hoy hace 60 años. Tras eso, ella vivió la cárcel y el exilio
MIREYA TABUAS
La viuda conserva pocos objetos de Ruiz Pineda. Muchos documentos se los quitó la Seguridad Nacional y las fotos que le quedaron se las dio a sus hijas MANUEL SARDÁ
Cuando mataron a mi esposo, yo estaba oyendo una novela en Radio Caracas. Eran las 8:10 pm del 21 de octubre de 1952. Ese día no supe nada.
No había modo de saber nada.
Me enteré al día siguiente por El Nacional . En la foto aparecía él tirado en el suelo en un charco de sangre. El periódico decía que en una calle de San Agustín del Sur había sido muerto de un disparo Leonardo Ruiz Pineda, de 36 años de edad, secretario general de Acción Democrática y líder en la clandestinidad porque el partido había sido declarado ilegal por el gobierno de Marcos Pérez Jiménez. Lo había asesinado la Seguridad Nacional. A mí nunca se me pasó por la cabeza que lo podían matar. Él, en cambio, sí lo presentía.
Hoy se cumplen 60 años de su muerte. No me acuerdo bien de qué hice en los primeros segundos cuando me enteré. Sé que pronto cogí aliento y fui a reclamar su cadáver, porque quería velarlo en casa. Fui a hablar con el propio ministro de Relaciones Interiores, Llovera Páez, pero no me dejaron verlo. El director del despacho y el jefe de la Seguridad Nacional, Pedro Estrada, me recibieron y me dijeron que a Leonardo lo habían enterrado a las 4:00 am y que no me podían decir en qué sitio. Yo les contesté que si acaso su familia no tenía derecho a verlo. No me respondieron y di por concluida la entrevista, me volteé y ya me iba cuando Pedro Estrada dijo que estaba detenida.
En la Seguridad Nacional trataron de intimidarme, de amenazarme con torturas, pero yo fui bastante serena con ellos.
Les dije que no sabía nada, que no era dirigente política ni nada y lo poco que sabía, después de lo que le pasó a mi esposo, no lo iba a decir. Les dije que estaba dispuesta a aceptar todas las torturas, pero que yo sólo era la esposa de Leonardo Ruiz Pineda. Esa entereza la aprendí de él.
Me llevaron a la Cárcel Modelo. Fue allí cuando me enteré de lo que pasó, porque la Seguridad Nacional no me dio ninguna explicación sobre la muerte de mi esposo. Segundo Espinoza, una de las tres personas que estaba con él en el carro la noche que lo mataron y que cayó preso, me contó todo en la enfermería de la cárcel. Me dijo que dos hombres de la Seguridad Nacional en una moto estaban persiguiendo el auto en el que también estaban los dirigentes David Morales Bello y Leoncio Dorta. Los interceptaron en San Agustín. Morales Bello y Dorta lograron escapar y Espinoza se quedó luchando con uno de los hombres. Leonardo se confundió, él iba en el asiento del copiloto y trató de salir por la puerta del conductor; perdió tiempo para huir.
Suela Espuma (David Colmenares) fue el policía que lo identificó, pero el que disparó en la cabeza fue Francisco Matute. Es claro que tenían orden de asesinarlo. Y ellos hicieron su trabajo.
La vida en común. Mi vida fue intensa y eso me hizo fuerte en la cárcel, siempre. Yo tenía 15 años de edad cuando conocí a Leonardo. Él tenía 26 años.
Fue en mayo de 1943. Él era un hombre excepcional, con dulzura, serenidad y capacidad de comprensión extraordinaria, escribía poesía. Después de 2 o 3 meses nos hicimos novios. Dos años y medio después nos casamos. Era diciembre de 1945.
Nuestro matrimonio constituyó un acontecimiento insólito en San Cristóbal. Era el primer gobernador que se casaba en ejercicio. Un año después nació nuestra hija mayor, Magda, y en febrero de 1948 fue nombrado ministro de Comunicaciones del gobierno de Rómulo Gallegos. Cuando le dieron el golpe de Estado a Gallegos, él estaba en Miraflores y fue uno de los primeros presos.
Cuando entró a la Cárcel Modelo, yo estaba embarazada de mi segunda hija, Natasha. Estuvo preso hasta el 19 de abril de 1949. Lo dejaron libre, pero en julio de ese año lo buscaron para encarcelarlo de nuevo. No lo encontraron, pero desde ese día comenzó la clandestinidad, quizás la época más difícil nuestra. Desde la clandestinidad, él logró aglutinar a muchísima gente. Pero lo peor que tiene la clandestinidad es que la familia deja de estar unida.
Mientras él estaba escondido, yo trabajaba en el Banco de Venezuela, pero con limitaciones porque siempre me seguían los de la Seguridad Nacional.
Sin embargo, el 11 de octubre de 1951 me tocó pasar a la clandestinidad con mis hijas, porque como no podían atrapar a mi esposo pretendían agarrarnos a nosotras para forzarlo a entregarse. Cuando me escondí, me jugué el todo por el todo. No me arrepiento porque lo acompañé hasta el último momento.
Todos teníamos nombres falsos: Leonardo se llamaba Alfredo Natera, pero su cédula decía Eduardo Crespo; yo me llamaba Marta; mi hija Magda, Martica; y Natasha, Naty. Magda, de 6 años de edad, tenía conciencia de que la policía nos buscaba y asumió con responsabilidad los secretos de la clandestinidad.
Nos costaba mucho vernos, luego pudimos organizar los encuentros de una forma complicada pero segura. Varias veces le planteé la necesidad de irnos por las niñas, pero él no quería decepcionar a su gente.
Nos fuimos quedando y quedando hasta que lo mataron.
Adiós con rancheras. La última vez que lo vi fue el 19 de octubre en la noche. Era domingo y, como todos los fines de semana, tratamos de pasarlo juntos.
Nos reunimos con amigos de la clandestinidad, cantamos rancheras, siempre con la angustia del carro que se paraba, del vecino que nos podía oír.
¿Qué fue de mí después de su muerte? Tras unos meses en la cárcel, me expulsaron del país el 31 de enero de 1953. Puse como condición salir con mis hijas, mi suegra y mi hermano de 17 años de edad que había caído preso sólo por ser cuñado de Leonardo. El 31 de enero de 1953 salí rumbo a Madrid. Allí viví 6 o 7 meses con 300 dólares que me enviaban compañeros desde Venezuela, luego partí a Nueva York para trabajar. En un viaje a México me encontré con Alejandro Ferrer, un exilado venezolano, abogado y adeco como Leonardo. Nos enamoramos y me volví a casar en 1954.
Con él tuve 2 hijos: Alejandro y Carmendelia, y crió a las niñas de Leonardo como suyas. Vivimos casi 54 años juntos, murió hace 3 años.
Los de la Seguridad Nacional me quitaron muchas cosas, documentos, fotos, poemas de Leonardo Ruiz Pineda. Algunas me las devolvieron y se las repartí a mis hijas. No me quitaron su recuerdo.
Fotografía: Manuel Sardá.
EL NACIONAL - Domingo 21 de Octubre de 2012 Siete Días/7
Leonardo Ruiz Pineda
SIMÓN ALBERTO CONSALVI
Leonardo Ruiz Pineda fue asesinado en una calle de San Agustín del Sur el 21 de octubre de 1952. Desde inicios de 1949, cuando fue liberado de la cárcel después del golpe militar contra Rómulo Gallegos del 24 de noviembre, fue el secretario general de Acción Democrática en la clandestinidad.
Han transcurrido 60 años, los sucesos políticos se han atropellado los unos a los otros, y, por lo general, escasea el tiempo para pensar en quienes, como Leonardo, se obstinaron en entregar su vida a la construcción de la democracia en Venezuela.
No hay cómo imaginar la deuda que la nación tiene con esos hombres singulares que combatieron sin pausa y sin miedo, que optaron por la resistencia clandestina como una manera de enfrentar a la fuerza bruta.
Fui amigo de Leonardo desde mis tiempos de liceísta en San Cristóbal, cuando él era profesor y presidente del estado Táchira, y lo acompañé en el CEN clandestino.
En la Cárcel Modelo, Leonardo comenzó a escribir su autobiografía. No quería ser sino escritor: "Entonces fui ganado definitivamente por un comienzo de orientación que despertaba en mí, brumoso, vago. Mis poemas perdieron el acento melancólico que le daban tono de sentimental congoja, tomé el estilo de `vanguardia’, `sugerente’, como entonces era calificado. Escribí poemas, variados y numerosos poemas... escribí cuentos, numerosos cuentos".
Pero como a otros jóvenes, a la muerte de Gómez, el destino le señaló el arduo camino de la política. "Entonces dijo, no acertaba a prever el proceso de sacudimiento colectivo que viviría Venezuela al desaparecer el jefe del régimen político en torno al cual gravitaba aquella edad oscura de atraso e incultura".
Retengamos estas líneas finales de su confesión inconclusa, escritas en diciembre del 48 en la prisión y que relatan su llegada a la capital: "Cargado de esos confusos y complejos pensamientos llegué a las puertas de Caracas una tarde de septiembre de 1933, a los 17 años de edad. Entraba en mi ciudad madre, la que luego formaría a su imagen y semejanza el contorno de mi nueva vida.
La ciudad alegre, enervada de juvenil desgaire, desbordante de esa imponderable fuerza espiritual que fluye en la sonrisa de sus mujeres y en el ademán acogedor de su regazo, abría sus brazos cálidos para recibir al anónimo estudiante provinciano que golpeaba sus puertas cargado de maletas, sueños y esperanzas".
El joven Ruiz Pineda llega a Caracas para observar lo que llamó "sacudimiento colectivo", y a partir de 1936 reparte el tiempo entre sus estudios de Ciencias Políticas en la UCV y la primera militancia clandestina bajo el régimen de López Contreras que no le dio tregua a los partidos que tuvieron que formarse contra viento y marea, como el PDN, que dio origen a AD. Leonardo escribe y lee, y ya desde entonces se destaca por su oratoria elegante y fluida, por su talante siempre grato.
En los años cuarenta regresó a San Cristóbal, fundó el diario Fronteras, y sus escritos políticos se consagraron por su profundidad, su agudeza y su estilo imaginativo. Recuerdo de modo especial sus "Ventanas al mundo" contra el fascismo en la guerra europea, sobre la reforma constitucional y la necesidad de que se consagrara la elección directa de los presidentes de la República. En la tierra de los caudillos militares del siglo, donde había campeado la ferocidad y la barbarie de Eustoquio Gómez, Leonardo fue la expresión, junto con su amigo Ramón J. Velásquez, de una alternativa civilizada y contemporánea de la política.
En 1948, Rómulo Gallegos lo designó ministro. Y en esos trances a Leonardo lo sorprendió el 24 de noviembre, la conjura de civiles y militares que frustró la presidencia del gran escritor. Y entonces fue a la cárcel, y de la cárcel a la resistencia y a la clandestinidad, única alternativa para la batalla incesante por la libertad. El último de sus escritos fue el prólogo al Libro negro, Venezuela bajo el signo del terror, aparecido el mes de su muerte.
"Este libro dijo es un fragmento de una negra historia venezolana, testimonio de conmoción violenta de la República, escrito en un alto de la batalla entre la nación que reclama libertades y la camarilla que usurpó su soberanía. (...) Este libro ofrece los testimonios de esa pugna, de la violencia criminal de un régimen sin normas éticas y políticas y de la voluntad de sacrificio de quienes se enfrentan a él".
Muy poco después de la muerte de Leonardo, Rómulo Gallegos dijo en México: "Yo no tengo mano conformada para arrojar la brasa del corazón a los incendios de la violencia, ni me muevo entre hombres que les confíen a las llamaradas de la venganza el cocimiento del pan de la justicia, y sin mengua de la firmeza de la acusación a que estamos obligados, invito a mis compañeros a total presencia de ánimo, en alturas de serenidad responsable ante el destino de nuestro pueblo, a fin de que, sin que el agrio rencor nos tuerza la buena sustancia del dolor que aquí nos reúne, sea honrada siempre entre nosotros la memoria de nuestro compañero, mártir del ideal democrático. El de la fina valentía y gozosa audacia: Leonardo Ruiz Pineda. Vivo y perenne entre nosotros".
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jueves, 11 de octubre de 2012
FELIZ CUMPLEAÑOS, FEDORA !!! (3)
EL NACIONAL - Domingo 30 de Septiembre de 2012 Siete Días/5
perfil
La diva cumple 100 años
Fedora Alemán, considerada la "primera gran cantante lírica de Venezuela", celebrará un siglo de vida el próximo 11 de octubre. Aclamada en escenarios mundiales, se ha sentido orgullosa de ser también profeta en su tierra. Hoy en día sigue recomendando, como secreto de juventud eterna, la buena respiración
MIREYA TABUAS
Su hijo Frank Di Polo creó una página web sobre ella: www.fedoraaleman.com
Respirar es su secreto.
La respiración siempre la mantuvo joven y activa, la escoltó en su arte y sigue siendo su aliada ahora, cuando está a punto de cumplir 100 años de edad.
"Respiro a fondo siempre", confesaba en una entrevista en 1982. Todavía aconseja hacerlo a sus familiares y amigos. Para ella es sinónimo de vida. Ella misma es un ejemplo.
Fedora Alemán nació en Caracas el 11 de octubre de 1912.
Recorrió el mundo entero, expresando toda la intensidad de sus emociones y su apego a la vida a través de su voz de soprano. Por más de 50 años, la diva que el periodista Lorenzo Batallán comparó con un "cisne neoclásico" logró mantenerse en el escenario con la voz prácticamente intacta. Es, a juicio de su alumna, la mezzosoprano Isabel Palacios, "la primera gran cantante que tuvo Venezuela".
Ahora no sale mucho. Vive en calma en su apartamento de la urbanización Santa Rosa de Lima, localizado en una calle que fue bautizada, en su honor, Fedora Alemán. Su última aparición pública fue en mayo de 2011, cuando asistió a la inauguración de la sala que también tiene su nombre en el Centro de Acción Social por la Música. Estaba elegante ese día, con un vestido azul eléctrico, perfectamente maquillada.
Modestísima, dijo unas palabras: "No lo merezco realmente". El director fundador del Sistema de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles, José Antonio Abreu, dijo de ella en esa ocasión: "Es una artista emblemática de América Latina, dotada de un espíritu penetrante y generoso".
Aunque pasa todo el tiempo en su casa, la disfruta, le encanta mirar la ciudad desde el enorme balcón con vista privilegiada. Goza de sus plantas.
También de la música. De su música. "Casi a diario le ponemos alguno de sus discos, tararea, se alegra mucho", cuenta su nuera, Mariela Villegas, que vive con ella. Se mantiene enterada de todo, lee el periódico y las revistas de moda. Como siempre. Sigue coquetísima, relata la nuera. "Está pendiente del espejo, ella misma se maquilla".
Sigue cultivando su belleza.
Pocos amigos la visitan, los de su edad ya no están. Siguen pendientes de ella sus colegas más jóvenes, sus alumnos y, por supuesto, sus tres hijos y nueve nietos. La cantante Margot Parés Reyna la considera un ejemplo: "Logró la cima tanto en la carrera como en la vida familiar".
Vida llena. En su hogar, Fedora Alemán también recuerda.
Recuerda la vieja Caracas, su niñez en la casa ubicada de Sordo a Peláez, sus estudios en el colegio San José de Tarbes donde era la niña musical, sus incursiones en la radio.
Sobre su infancia, en 1977 dijo: "Fui una niña insignificante, muy introvertida, miope; todo eso me hizo tener un mundo mío, pero llegó el momento en que quise expresarme de algún modo".
A los 15 años de edad estudia en la Escuela de Música y Declamación, en Santa Capilla. Aunque le decían que no era una profesión, perseveró; era lo que amaba. "Me trazo metas. Yo quería ser cantante y lo fui. Con una voz pequeñita logré más que aquellas que tenían grandes voces", dijo en una entrevista en 1988.
En 1935 viaja a Estados Unidos para estudiar. Allí conoce al director Mario Di Polo, con quien se casó en 1938. Se radica en Venezuela. Comienza a dar conciertos y protagonizar óperas, pero nunca descuida su labor materna, según recuerda su hijo, el músico Frank Di Polo. "Siempre estaba presente la madre. Ella es un ser único que, como artista, sembró en mí la música, saber respirar la melodía".
En 1961 se fue a París a estudiar pedagogía musical, pues pensaba retirarse. Allí le ofrecieron una audición en el Mayo Musical de la ciudad de Bordeaux. Le tentó la oferta.
Fue seleccionada. "Las críticas fueron tan elogiosas que nunca me atreví a mandarlas a Caracas porque pensaba que aquí las encontrarían exageradas", relató en una entrevista. En sus giras, siempre incluía música de compositores venezolanos y latinoamericanos. Creía en el país. "A Venezuela la habitan gentes, no barriles de petróleo", dijo en 1963. También afirmó: "Sí soy profeta en mi tierra".
Prefabricada. Los grandes escenarios le abrían las puertas.
Iba cada año a Europa. Era un fenómeno. La cantante Zaira Castro la reconoce como un ejemplo para otros artistas: "Ella nos da la sensación de que en el arte siempre se puede ir más allá".
Pero los humos no se le subieron a la diva. En 1977 ganó el Premio Nacional de Música y dijo que le gustaba mucho presentarse en los pequeños pueblos: "Ni quiero ser elitesca ni lo soy. Créanme, nada más agradable que cantarle a un público fresco, desprevenido, puro".
La obra con la que mejor se sentía cantando era Las Bachianas de Heitor Villa-Lobos.
Sentimiento recíproco, pues ese compositor brasileño dijo que Fedora Alemán había sido la mejor intérprete de esa pieza. Muchos otros músicos se inspiraron en ella para componer, como el español Joaquín Rodrigo, que le compuso la pieza Pájaro de Agua.
Quedó viuda en 1975. Pero la vida le dio la oportunidad de otra historia de amor. En 1983 a los 71 años de edad se casa con Ernesto Blanco Uribe.
Fedora Alemán siempre insistió en que era una artista "prefabricada", que creció gracias al estudio. A los 76 años de edad aseguraba que su voz había cambiado poco: "Yo creo que el milagro Alemán es que a mi edad todavía tenga una voz fresca, vocalizo diariamente media hora. Yo creo que ese es el arte de no envejecer: practicar todos los días para poder hacerlo mañana".
Nunca dejó de estudiar. Isabel Palacios destaca: "Nunca vi un día que no estuviese centrada, que no fuera reina en el escenario, hacía de la curva del piano una escenografía, expresaba hasta con su sonrisa, con esos ojos vivos". Sonrisa y ojos que siguen brillando ahora en su balcón, mientras mira su querida ciudad, escucha su propia música y respira.
perfil
La diva cumple 100 años
Fedora Alemán, considerada la "primera gran cantante lírica de Venezuela", celebrará un siglo de vida el próximo 11 de octubre. Aclamada en escenarios mundiales, se ha sentido orgullosa de ser también profeta en su tierra. Hoy en día sigue recomendando, como secreto de juventud eterna, la buena respiración
MIREYA TABUAS
Su hijo Frank Di Polo creó una página web sobre ella: www.fedoraaleman.com
Respirar es su secreto.
La respiración siempre la mantuvo joven y activa, la escoltó en su arte y sigue siendo su aliada ahora, cuando está a punto de cumplir 100 años de edad.
"Respiro a fondo siempre", confesaba en una entrevista en 1982. Todavía aconseja hacerlo a sus familiares y amigos. Para ella es sinónimo de vida. Ella misma es un ejemplo.
Fedora Alemán nació en Caracas el 11 de octubre de 1912.
Recorrió el mundo entero, expresando toda la intensidad de sus emociones y su apego a la vida a través de su voz de soprano. Por más de 50 años, la diva que el periodista Lorenzo Batallán comparó con un "cisne neoclásico" logró mantenerse en el escenario con la voz prácticamente intacta. Es, a juicio de su alumna, la mezzosoprano Isabel Palacios, "la primera gran cantante que tuvo Venezuela".
Ahora no sale mucho. Vive en calma en su apartamento de la urbanización Santa Rosa de Lima, localizado en una calle que fue bautizada, en su honor, Fedora Alemán. Su última aparición pública fue en mayo de 2011, cuando asistió a la inauguración de la sala que también tiene su nombre en el Centro de Acción Social por la Música. Estaba elegante ese día, con un vestido azul eléctrico, perfectamente maquillada.
Modestísima, dijo unas palabras: "No lo merezco realmente". El director fundador del Sistema de Orquestas y Coros Infantiles y Juveniles, José Antonio Abreu, dijo de ella en esa ocasión: "Es una artista emblemática de América Latina, dotada de un espíritu penetrante y generoso".
Aunque pasa todo el tiempo en su casa, la disfruta, le encanta mirar la ciudad desde el enorme balcón con vista privilegiada. Goza de sus plantas.
También de la música. De su música. "Casi a diario le ponemos alguno de sus discos, tararea, se alegra mucho", cuenta su nuera, Mariela Villegas, que vive con ella. Se mantiene enterada de todo, lee el periódico y las revistas de moda. Como siempre. Sigue coquetísima, relata la nuera. "Está pendiente del espejo, ella misma se maquilla".
Sigue cultivando su belleza.
Pocos amigos la visitan, los de su edad ya no están. Siguen pendientes de ella sus colegas más jóvenes, sus alumnos y, por supuesto, sus tres hijos y nueve nietos. La cantante Margot Parés Reyna la considera un ejemplo: "Logró la cima tanto en la carrera como en la vida familiar".
Vida llena. En su hogar, Fedora Alemán también recuerda.
Recuerda la vieja Caracas, su niñez en la casa ubicada de Sordo a Peláez, sus estudios en el colegio San José de Tarbes donde era la niña musical, sus incursiones en la radio.
Sobre su infancia, en 1977 dijo: "Fui una niña insignificante, muy introvertida, miope; todo eso me hizo tener un mundo mío, pero llegó el momento en que quise expresarme de algún modo".
A los 15 años de edad estudia en la Escuela de Música y Declamación, en Santa Capilla. Aunque le decían que no era una profesión, perseveró; era lo que amaba. "Me trazo metas. Yo quería ser cantante y lo fui. Con una voz pequeñita logré más que aquellas que tenían grandes voces", dijo en una entrevista en 1988.
En 1935 viaja a Estados Unidos para estudiar. Allí conoce al director Mario Di Polo, con quien se casó en 1938. Se radica en Venezuela. Comienza a dar conciertos y protagonizar óperas, pero nunca descuida su labor materna, según recuerda su hijo, el músico Frank Di Polo. "Siempre estaba presente la madre. Ella es un ser único que, como artista, sembró en mí la música, saber respirar la melodía".
En 1961 se fue a París a estudiar pedagogía musical, pues pensaba retirarse. Allí le ofrecieron una audición en el Mayo Musical de la ciudad de Bordeaux. Le tentó la oferta.
Fue seleccionada. "Las críticas fueron tan elogiosas que nunca me atreví a mandarlas a Caracas porque pensaba que aquí las encontrarían exageradas", relató en una entrevista. En sus giras, siempre incluía música de compositores venezolanos y latinoamericanos. Creía en el país. "A Venezuela la habitan gentes, no barriles de petróleo", dijo en 1963. También afirmó: "Sí soy profeta en mi tierra".
Prefabricada. Los grandes escenarios le abrían las puertas.
Iba cada año a Europa. Era un fenómeno. La cantante Zaira Castro la reconoce como un ejemplo para otros artistas: "Ella nos da la sensación de que en el arte siempre se puede ir más allá".
Pero los humos no se le subieron a la diva. En 1977 ganó el Premio Nacional de Música y dijo que le gustaba mucho presentarse en los pequeños pueblos: "Ni quiero ser elitesca ni lo soy. Créanme, nada más agradable que cantarle a un público fresco, desprevenido, puro".
La obra con la que mejor se sentía cantando era Las Bachianas de Heitor Villa-Lobos.
Sentimiento recíproco, pues ese compositor brasileño dijo que Fedora Alemán había sido la mejor intérprete de esa pieza. Muchos otros músicos se inspiraron en ella para componer, como el español Joaquín Rodrigo, que le compuso la pieza Pájaro de Agua.
Quedó viuda en 1975. Pero la vida le dio la oportunidad de otra historia de amor. En 1983 a los 71 años de edad se casa con Ernesto Blanco Uribe.
Fedora Alemán siempre insistió en que era una artista "prefabricada", que creció gracias al estudio. A los 76 años de edad aseguraba que su voz había cambiado poco: "Yo creo que el milagro Alemán es que a mi edad todavía tenga una voz fresca, vocalizo diariamente media hora. Yo creo que ese es el arte de no envejecer: practicar todos los días para poder hacerlo mañana".
Nunca dejó de estudiar. Isabel Palacios destaca: "Nunca vi un día que no estuviese centrada, que no fuera reina en el escenario, hacía de la curva del piano una escenografía, expresaba hasta con su sonrisa, con esos ojos vivos". Sonrisa y ojos que siguen brillando ahora en su balcón, mientras mira su querida ciudad, escucha su propia música y respira.
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Fedora Alemán,
Mireya Tabuas
viernes, 22 de abril de 2011
REPASO (2)

EL NACIONAL, Caracas, 10 de Febrero de 1996
Teología de la Liberación: un muro que no ha caído (I)
El Papa no va a resolver el déficit económico ni la crisis fiscal
Su Santidad, señala el sacerdote jesuita José Lazcano, utiliza el lenguaje marxista en los documentos en los cuales condena el marxismo y la Teología de la Liberación. El jefe de redacción de la revista ``Sic'' admite que la Iglesia venezolana ``está más cerca de los ricos que de los pobres''
VANESSA DAVIES
Los militantes de la Teología de la Liberación, o carta de ciudadanía que Juan Pablo II descalificó en Guatemala hace tres días al decir que había fallecido ``con la muerte del comunismo'', afirman que ésta ``es una nueva etapa de la tradición teológica iniciada con la tradición apostólica y con el patrimonio de la doctrina social de la Iglesia''. El Muro de Berlín no cayó. José Lazcano, sacerdote jesuita y jefe de redacción de la connotada revista Sic, admite que en la Iglesia hay mucha ambigüedad, ``pero toda esta reflexión social es la nueva etapa de la relación de la Iglesia oficial con la sociedad''.
-¨La Teología de la Liberación se ha visto frenada por este pontificado?
-Ha habido cosas que se pueden entender como freno y otras como gran estímulo. Eso no quiere decir que todo lo que sea Teología de la Liberación está bendecido por el Papa. Expresamente el Papa alerta contra interpretaciones que pueden ser no aceptables, como la exaltación de la violencia, la utilización indiscriminada del marxismo, un enfrentamiento de lucha de clases interna dentro de la Iglesia. Las reflexiones del Papa acerca del materialismo implicado en el sistema de libre mercado, son terribles, y normalmente no se citan. Este Papa se ha convertido en referencia ética incuestionable en el mundo moderno.
-Pero hay cosas en las cuales el líder católico va por un lado y la gente por el otro, como el aborto y la anticoncepción.
-En el campo de la moral sexual, el Papa ha definido las posturas más tradicionales dentro de la Iglesia. Yo creo que es verdad lo que tú dices, pero más allá de eso te está diciendo la urgencia de garantizar la vida humana.
SELVA SIN LEYES
Al referirse a los adeptos en sotana de esta práctica contestataria, Lazcano explica que los obispos venezolanos, a partir de los años 60, ``son parte del Pacto de Punto Fijo, son legitimadores de esta democracia. Y que de pronto haya gente que resulta muy crítica resulta como molesto''.
-¨Molesto para quienes?
-Para todo el mundo que está contento en el sistema. Pero para los que lo padecen, no.
-¨Quiénes son la mayoría?
-Los pobres que sufren.
-¨Puede ocurrir que la Iglesia se retire de los barrios?
-Si es fiel a Jesús, no puede retirarse. Lo importante de la Teología de la Liberación no es la teología, sino la vivencia cristiana desde la pobreza.
-¨Qué significa el post-marxismo para ustedes?
-Persiste la visión desde los pobres. La acción de solidaridad sigue con más fuerza que en los años setenta y con más legitimidad que antes. Ya no se percibe tanto como amenaza a la unidad de la Iglesia.
-Pero de hecho lo fue.
-Creo que la gente que estaba en eso nunca rechazó la unidad de la Iglesia. En este continente cristiano donde la mayoría son cristianos oprimidos, con una minoría de cristianos -al menos nominalmente- opresores, adquiere características significativas la Teología de la Liberación. Esos mismos que defienden la Ley de la Selva, a la hora que están afectados son los primeros que le lloran al gobierno. Los que menos cumplen el mercado y la Ley de la Selva son los que imponen la Ley de la Selva, porque ellos tienen capacidad de modificar y de hacer.
-¨Hay Iglesia para ricos e Iglesia para pobres?
-¨La Iglesia supermercado? No es una estrategia, sino cuestión de vocaciones personales. Estamos más con los ricos que con los pobres. Pero deberíamos estar más con el mundo de los pobres.
-¨Qué pasará con la Iglesia popular post-Papa?
-La venida del Papa tiene muchas ambigüedades, pero no depende de eso la vida cristiana. Ni el Papa nos va a resolver el déficit económico y la crisis fiscal, ni el problema político. Y en última instancia lo que importa no es la Iglesia, sino la gente.
EL NACIONAL, Caracas, 11 de Febrero de 1996
Teología de la Liberación (y II)
Occidente tiene demonios que deben ser exorcizados
Dos jesuitas reflexionan sobre la realidad de la Teología de la Liberación en Venezuela y si la Iglesia ha perdido o no terreno en nuestro país con la aparición de nuevas sectas y grupúsculos pseudorreligiosos
MIREYA TABUAS
¨Ha muerto la Teología de la Liberación con la caída del muro de Berlín? ¨Avanzó o retrocedió la doctrina social de la Iglesia en tiempos de Juan Pablo II? Estos han sido algunos de los cuestionamientos que se han hecho muchos teólogos a nivel mundial, y es también una discusión que tomó auge en días pasados cuando, durante su visita a Guatemala, el Papa declaró que se había acabado la Teología de la Liberación de ``inspiración marxista''.
Para el doctor en teología y sacerdote jesuita Pedro Trigo, es buena la aclaratoria en la cual Su Santidad especifica que no ha muerto la Teología de la Liberación, sino aquella de inspiración marxista. ``El Papa ha dicho que es oportuna, útil y necesaria, y es exigencia de nuestro tiempo''.
Aclara Trigo que la Teología de la Liberación que se ha hecho en Venezuela, nació independientemente del marxismo, basándose en los principios de la Biblia.
-En el Evangelio, Jesús dice que ha venido a liberar a los oprimidos; ese lenguaje es imposible desprenderlo del cristianismo. Además, es una realidad ineludible que el cristianismo tenga un carácter liberador porque tiene que ver con Jesús. La Liberación de los pueblos es la preocupación de Dios.
Añade Trigo que si bien algunos teólogos de la liberación coincidieron con posiciones marxistas, el grueso de ellos no han incurrido en eso. ``Para mí es una campaña interesada en desacreditar la Teología de la Liberación en tanto que ayuda al pueblo cristiano a tomar consciencia y a asumir su responsabilidad cristiana. Son gente que no quiere la liberación ni el bien del pueblo latinoamericano porque toca sus intereses''.
El sacerdote jesuita Jesús María Aguirre, profesor de sociología de la Comunicación en la Universidad Católica Andrés Bello, especifica que Estados Unidos alertó sobre los riesgos de la Teología de la Liberación: ``lo veían peligroso porque fecundaba el pensamiento latinoamericano en la década de los 70. Muchos medios de comunicación se han unido a esta estrategia, descalificando la teología de la liberación igualándola a la violencia, la revolución marxista y el ateísmo. Después de 1990, la calificación ha sido simplista, se ha dicho que, después de la caída del muro del Berlín, la Teología de la Liberación perdió consistencia; esto es un gran equívoco porque esta teología no parte de un proyecto político socialista para engancharse a él, sino que nace de una reflexión espiritual dada desde la situación de los pobres''.
POR LA VIDA
-La oportunidad histórica más importante para el primer mundo -dice Trigo- sería la de dedicarse a hacer una nueva figura histórica en la que fuera posible la vida; eso desalienaría a Occidente. Nos parece que Occidente tiene demonios y que éstos deben ser exorcizados; demonios que dominan a las personas, poderes inhumanos dentro de los seres humanos y la sociedad. El tercer mundo, con su fuerza humanizante y a pesar de sus problemas, sería la fuerza capaz de desalienar al primer mundo, sería una relación mutua. El primer mundo entregaría los bienes de la civilización, mientras el tercer mundo, su fuerza vital.
-¨La Iglesia no pierde terreno en estos tiempos en los que cada día aparecen más sectas?
-Una parte de la oferta de esta figura histórica es hacer del mundo un gran bazar cultural donde cada oferta esté degradada a la condición de mercancía. También la oferta espiritual, convertida en mercancía a cómodas cuotas, se desnaturaliza.
A pesar de ello, Trigo ve que ``hay una cierta revalidación de la institución eclesiástica. Aunque aún falta garra. Hay un avance respecto a lo que era hace 20 años, pero podrá cambiar más cuando la institución eclesiástica sea una minoría dentro de la Iglesia. Curas y monjas somos secundarios, no podemos ser el centro de la Iglesia y todavía lo somos. Es necesario que funcionen las comunidades de base. Y en los barrios donde funcionan muy bien las comunidades de base, hay muy poco de otras cosas (sectas)''.
Fotografía: Pedro Trigo (SJ), tomada de la red (s/a)
jueves, 18 de noviembre de 2010
... y ella lo abrió

EL NACIONAL - Miércoles 17 de Noviembre de 2010 Cultura/4
LETRAS La novela No abrir hasta el año 3000 narra las ansiedades juveniles
Tabuas: Más que a la niña ingenua, yo tengo presente a la vívida
En el libro de estructura polifónica, hasta las fantasías de la protagonista tienen su propia voz
MICHELLE ROCHE RODRÍGUEZ
El humor no es superficial, como muchos creen; es una manera de ver, en las dificultades, otras perspectivas, dice la autora.
Mireya Tabuas pone cara de niña cuando habla de literatura infantil, pero subraya que la historia de su más reciente publicación, No abrir hasta el año 3000 (Alfaguara Infantil y Juvenil, 2010), es un invento. Sonríe y pone cara seria. Sus historias no salen de su vida, dice, pero qué duda cabe que todas las jovencitas, al hacerse mujeres, sienten aprehensiones frente a su cuerpo, su familia y, claro, los muchachos del salón.
"Mi generación de autores de libros para niños son personas influenciadas por la televisión, el cine y el cómic; en mi caso, más que a la niña ingenua, yo tengo presente a una vívida, que es irreverente y creativa, como los escritores de hoy que se atreven a ser malucos con la literatura infantil", señala.
Inés, la protagonista de la primera novela juvenil de Tabuas, es cualquier niña venezolana, aunque su maduración biológica es más lenta que la de sus compañeros. Ella vive las típicas ansiedades juveniles, ribeteadas por un cambio de colegio en pleno tránsito hacia la adolescencia. Para afrontar lo que asume como complejos infranqueables hace uso de su intensa imaginación, lo que convierte la novela así lo define Tabuas en realismo fantástico.
La escritora expone en esta obra un raro ejemplo de narrativa experimental en libros para niños al construirla con una estructura polifónica, pues las fantasías de Inés, la narradora, también tienen voz propia.
Entre las voces destacan la de William Shakespeare, una tribu de extraterrestres, una nariz parlanchina y otros amigos imaginarios.
"La intención era experimentar con el relato para niños porque se piensa que éste debe ser lineal y de estructura elemental, pero no tiene que ser así, un niño es capaz de entender y divertirse con múltiples narradores. Incluso, estas formas pueden ser un atractivo para el muchacho porque la convierten en una novela lúdica", indica Tabuas, que destaca el tono hilarante del libro: "El humor no es superficial, como muchos creen; es una manera de ver, en las dificultades, otras perspectivas".
No abrir hasta el año 3000 pertenece a la Serie Azul de Alfaguara Infantil y Juvenil enfocada en los niños desde 12 años de edad en adelante, posee ilustraciones de Fernando Belisario y es el segundo libro de Tabuas con el sello, después de su antología Cuentos prohibidos por la abuela (2009). La idea de esta novela comenzó a gestarse antes que sus primeros textos infantiles, como Gato encerrado (1995).
Fotografía: Alexandra Blanco
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