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domingo, 6 de marzo de 2016

EL EJERCICIO DE LA DIRECCIÓN

EL NACIONAL, Caracas, 6 de marzo de 2016
La batuta silenciosa de las mujeres
Carmen Victoria Inojosa

Desde sus primeras manifestaciones, documentadas en el siglo XV, la dirección orquestal ha estado liderada por hombres. En Venezuela no existen referencias precisas del momento en que la mujer subió a un podio con la batuta en sus manos, pero se considera que Teresa Carreño fue la primera que condujo una sinfónica.
Ellas empuñan una batuta silenciosa. Isabel Palacios, Rosa Briceño, Elisa Vegas, María Victoria Sánchez y la estudiante Mirca Blanco pertenecen a ese linaje que inició la pianista. Pese al crecimiento del número de orquestas en el país, la proporción de directoras continúa siendo mínima.
En la página web de la Fundación Musical Simón Bolívar aparecen los 26 directores formados en la institución y ninguno es mujer. En las 30 orquestas profesionales del país, entre las que están la Sinfónica Simón Bolívar y la Teresa Carreño, la titularidad musical está en manos de hombres. Ellas suelen figurar como directoras de coros, de núcleos o como invitada.
Liga Bachtrack, publicación que recoge estadísticas de la música clásica, refiere que en 2014 solo había 5 mujeres entre los 150 directores más ocupados en el mundo. El año pasado, cuando se realizaron elecciones para escoger al director de la Filarmónica de Berlín, ninguna de ellas fue considerada como candidata.
Foto: Williams Marrero
Isabel Palacios: escote y orquesta
Isabel Palacios está en el clavecín, apenas respira y los sonidos de dos violines y una viola da gamba se mezclan. Cierra los ojos y sus manos vigilan la melodía. Nunca se imaginó así, pero ahora es parte de la primera generación de mujeres venezolanas directoras de orquestas que se formó en el siglo XX con los maestros Gonzalo Castellanos Yumar y Gonzalo Grau. Dice que no fue fácil, pues algunos músicos se extrañaban al verla en el podio.
La cantante y directora de la Camerata de Caracas recuerda que en 1987 vivió uno de los momentos más contundentes de su carrera, cuando le tocó llevar la batuta en la ejecución de Carmina Burana de Carl Orff, interpretación que fue muy aplaudida. A partir de entonces comenzó a apasionarse por la dirección, aunque nunca tuvo la suerte convertirse en la titular de una orquesta: “Era directora invitada, no lograba tener una que fuera mía”.
Pero en cada concierto, advierte, no perdía la oportunidad de dejar claro que en el podio se encontraba una mujer: “En mi carrera nunca intenté parecer un director hombre. Al contrario, traté de ser lo más femenina que yo podía. Mis vestidos de dirigir eran muy femeninos, mas no provocadores. Me gustaba mucho más la idea de estar escotada y fresca”.
Palacios tiene 65 años de edad y le impresiona que el número de directoras no se haya incrementado: “Para la cantidad de orquestas que hay en el país, la cantidad de oportunidades que hay de dirigir, son muy pocas las posibilidades para nosotras. Antes éramos menos mujeres, menos orquestas y dirigíamos más”.
Foto: Omar Véliz


Rosa Briceño: la primera titular
En el piso 2 del Correo de Carmelitas, sede de la Banda Marcial Caracas, están los retratos de quienes han sido los directores de la agrupación. Entre nombres como Antonio Ramón Narváez, Juan Bautista Carreño, Miguel Pérez Perazzo y otros, destaca un único nombre de mujer: Rosa Briceño, la primera titular.
Esta caraqueña, egresada de la Accademia de Musicale Chigiana en Italia, comenzó a conducir la banda en 1994. Para entonces, el hecho de haber conducido la mayoría de las sinfónicas le otorgó visibilidad y reconocimiento en el lugar.
Su nombre no solo es historia en la Banda Marcial Caracas, también está en el Directorio de la Asociación Mundial de Bandas. Además, es coordinadora regional para América Latina del Centro Latinoamericano de Música. En Brasil, Colombia y Argentina le ofrecieron la titularidad de algunas agrupaciones. Considera que quizás estas sociedades tenían una visión más abierta con respecto al género.
Recuerda que en Venezuela le negaron el cargo de titular por ser mujer: “La explicación fue que nosotras nos enamoramos, parimos y, aparentemente, dejamos de ser responsables porque tenemos un hogar que atender”. Pese a esta situación, asegura que no ha sufrido mayores inconvenientes en su carrera. Se aferra a las palabras de su maestro Gonzalo Castellanos: “La única garantía que uno tiene de poder superar esas cosas es saber hacer el trabajo. Porque desde el primer momento en que uno se para en el podio, el músico se da cuenta de que uno sabe o no hacer el trabajo”.
Foto: Manuel Sardá

Vegas: del clarinete al podio
Desde que se subió en el podio por primera vez, Elisa Vegas no ha parado. Entre una y otra partitura, vive la ópera, la zarzuela, la danza con el ballet y ejecuta movimientos sinfónicos. Ella no buscaba esto, pero sus manos quizás sí.
Tiene 29 años de edad, nació en Caracas y es directora de la Orquesta Infantil de Chacao. Se graduó de clarinetista en el Conservatorio Juan José Landaeta. Tras surgir la oportunidad de dirigir un concierto final, encontró otra posibilidad musical.
“Las mujeres poco a poco están tomando campo no solo en la dirección orquestal, sino en otras áreas. No es fácil. Vivimos todavía tiempos en los que existe el machismo. Un porcentaje de músicos está un poco reacio. Pero si uno está plantado y seguro del trabajo que está realizando, eso es un pie derecho para ganarse tanto al público como a los músicos”.
Vegas aprovecha su feminidad para imprimir sensibilidad a la música: “Es algo que hace falta todavía, que las mujeres no intentemos ser hombres, sino que como mujeres abordemos la dirección”.
Para ella aún existe predisposición al momento de entrar a un primer ensayo, a pesar de reconocer que esta nueva generación de músicos está más abierta a las directoras.                              
Foto: William Dumont


Blanco: fuerza en escena
Mirca Blanco tenía 16 años de edad cuando se enfrentó a una orquesta en Guárico, su estado natal. “Tienes cuerpo de director”, recuerda que le dijo su maestro Jesús Morín cuando la vio caminar y subirse al podio.
Ahora, con 22 años, cursa el sexto semestre de Dirección Orquestal en la Universidad Experimental de las Artes. Es la única mujer en su curso y estudia la Sinfonía N° 1 de Robert Schumann.
En clases ha abordado obras de compositores que exigen de mucha fuerza para su interpretación. Con estudio, asegura, las mujeres pueden ejecutar esos repertorios. Su director preferido, incluso, es el alemán Carlos Kleiber. “Es muy rudo, tiene mucha personalidad. Las mujeres tenemos que adquirir esa fuerza de alguna manera, porque no es exclusiva de un sexo”.
A Blanco le preocupa la poca representación que tiene la mujer en esta área de la música. “Actualmente vemos que en muchas orquestas la figura del director es un hombre. Sin embargo, encontramos países en los que la mujer es la líder. Así como en Venezuela lo es Gustavo Dudamel, en México es Alondra de la Parra”.
Dice que en su carrera deberá ser muy planificada para poder atender estudios en el exterior, luego optar por una titularidad y ser madre.
Foto: William Dumont

Sánchez: abrirse camino entre hombres
“Baila, chichita, baila”, le decían y ella sacaba su pierna de la cuna para moverla al ritmo del charrasqueo del cuatro que tocaba su papá. El recuerdo es de la infancia de María Victoria Sánchez, que con 28 años de edad no solo mueve la pierna, también sus brazos para darle impulso a toda una orquesta.
La joven caraqueña asegura que uno de los retos de su carrera ha sido romper con el paradigma de que la figura del director debe ser un hombre, incluso dentro del sistema de orquestas, que le dio la educación musical y el apoyo artístico. “Las mujeres por lo general trabajan con niños, pero no con orquestas profesionales. El hecho de que yo haya dirigido ensayos con la Bolívar y la Teresa Carreño ha roto un paradigma, pero no ha sido nada fácil”.
En su opinión, la feminidad tiene que ver más con la actitud que con la vestimenta. Cuando dirigió el musical Chicago se le vio en liguero y ropa interior al estilo cabaret. La joven también ha desarrollado una carrera como pianista, actriz, cantante y modelo.
Sánchez trabaja con las orquestas regionales del país, donde aprovecha para dar clases de dirección a niñas. Se siente responsable de que el semillero de líderes crezca: “Estoy afinando la idea de crear una fundación que apoye a las mujeres músicos a través de eventos y de conciertos que se puedan dar en las comunidades, con el propósito de impulsar esa figura”. 

(http://www.el-nacional.com/escenas/batuta-silenciosa-mujeres_0_805720104.html)
Primera fotografía: http://cargocollective.com/lucreciadeleon/Mujer-Orquesta

lunes, 2 de marzo de 2015

LA NOTA DOMINICAL

EL NACIONAL, Caracas, domingo 01 de marzo de 2015
Alexis Cárdenas: “El socialismo del siglo XXI es un desconcierto”
Jolger Rodríguez

—¿Se bambolea Venezuela al son de un violín?
—Todos saben el origen del son que rige a Venezuela.
—¿El son de la “melodía endemoniada” de Dmitri Shostakovich que usted ha interpretado?
—Nuestros países latinoamericanos nunca dejarán de ser intensos y caóticos, eso marca su ritmo y melodía.
—Radicado en París, ¿Caracas bien vale una visita?
—La vida entera.
—¿Extraña la patria?
—Extraño a su gente, paciente y valiente.
—¿Y de su Maracaibo natal?
—El sol.
—¿Qué siente cuando viene por estos lares?
—El país que se nos va.
—¿Qué se dice del país en Europa?
—Que estamos muy mal.
—¿Hay poca tocata y mucha fuga en el talento venezolano? 
—Bach to the future (carcajadas).
—¿Algún flautista de Hamelín que haga regresar a los idos?
—Ya tenemos en Venezuela a Huáscar Barradas.
—¿Qué lo haría regresar? 
—Venezuela siempre está conmigo.
—Ha conquistado públicos de Francia, Japón, Austria, Canadá, Colombia, México…¿Se ha sentido más valorado en el exterior? 
—Lamentablemente debo decir que sí.
—¿Cuál instrumento desafina la orquesta que dirige el país? 
—Es que las orquestas no dirigen… Se dejan dirigir.
—Venezuela es un concierto de...
—Parranda.
—¿Y el socialismo del siglo XXI?
—Es un desconcierto.
—¿Y la oposición?
—Una orquesta sin director y muchos solistas.
—¿Su maestro?
—La música.
—¿Ganan bien los músicos venezolanos?  
—¿Gana bien alguien en el país?
—¿Su nota personal? 
—Sol mayor.
—¿Su primer recuerdo musical?  
—Mi padre tocando cualquier instrumento.
—¿Con quién compartiría? 
—Con Florentino y el Diablo.
—¿Compartirá nuevamente con Dudamel?
—Lo hemos hecho en muchas oportunidades. Hace un mes, en su cumpleaños, lo vi en París y me invitó a tocar con la Orquesta Simón Bolívar. Estoy esperando su llamada.
—¿Rockero? 
—Sin el violín.
—¿Entre hip-hop, reguetón y changa? 
—Me gusta el hip-hop, y entre el reguetón y la changa, mejor la música.
—¿El animal musical?  
—El pajarillo.
—¿La inspiración animal? 
—No solo un gallo canta en la mañana (carcajadas).
—¿Entra en trance o se transporta? 
—Las dos.
—¿Influencias extraterrestres? 
—Extrasensoriales.
—¿Ha soñado con una melodía desconocida para el oído humano? 
—Sí. La paz.
—¿Un mérito del “proceso” por la música?
—¿La francesa o la china?
—Luego de tocar con la Sinfónica de Viena, la Sinfónica de Montecarlo, la Orquesta Sinfónica de la Radio de Francia y la Orquesta Sinfónica de Montreal, ¿qué dice del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles?
—Un trabajo visionario de hace ya cuatro décadas de un hombre que entendió el potencial musical de este país: José Antonio Abreu.
—¿Es Venezuela una potencia musical?
—La música y los músicos venezolanos podrían ser nuestro próximo oro negro.
—¿Una locura en el escenario? 
—Todos los días.
—¿Qué sería del mundo sin el violín?
—Tendríamos la música.
—De no ser músico...
—Poeta.
—¿El aroma y el sabor del sonido de un violín?
—Una copa de vino tinto Château Lafitte.
—¿Y de los aplausos?
—A algo pasado.
—Laureado en varios concursos internacionales, ¿la ovación inolvidable?
—La que me han hecho mis dos hijos.
—¿Su referencia musical universal? 
—Bach y Beethoven.
—¿Una ideología?
—Los valores de la libertad, lo único que nos permite la creación.
—¿Un lugar de inspiración?
—La Nature…
—¿A cuál instrumento se asemeja una mujer?
—Una mujer es una orquesta sinfónica.
—¿El instrumento del amor?
—La voz.
—¿Del buen humor?
—La inteligencia.
—¿Ha dado serenatas con el violín?
—Solamente en casos de emergencia.
—¿Calmaría el estrés de los venezolanos a punta de violín?
—Con desodorante, sí (carcajadas).
—¿Un fondo musical para las colas en automercados, farmacias, cajeros de banco, autopistas y etcéteras?
—Un raga indio.
—¿Para las cadenas presidenciales?
—Poesía non stop.
—¿A quién dedicaría un solo de violín?
—Sin duda, a todos los presos, desaparecidos o asesinados en Venezuela y a todo el mundo por defender sus derechos.
—¿Qué tal un violinista en el tejado de Miraflores? 
—Los invito a investigar lo que entraña la historia judía del violinista en el tejado. En mi primer disco aparezco en el tejado de la basílica de la Chinita… Y lo volvería a hacer.
—¿Qué pasaría en Venezuela si sus dirigentes estudiasen música?
—Nos entenderíamos, sin duda, un poquito mejor.

Fotografía: Manuel Sardá.

jueves, 24 de julio de 2014

CURSO BÁSICO DE ARTE CONTEMPORÁNEO (8)

EL NACIONAL - LUNES 3 DE MAYO DE 1999 / CULTURA
Este país no está para echar vaina
El artista, uno de los venezolanos de mayor proyección internacional actualmente, regresó al país hace dos años y desde acá trabaja en su obra reciente. En entrevista con El Nacional, muestra su visión del medio plástico local, que observa como un gran teatro sin guión
Edgar Alfonzo-Sierra

Cítrico y displicente, polémico y relajado, el artista Meyer Vaisman, quien no pocos comentarios, a favor y en contra, ha levantado desde que ganó la Bienal Dior así como por su renuncia a representar a Venezuela en la Bienal de Venecia (hace cuatro años), aceptó conversar reposadamente en la redacción de El Nacional.
Venezuela, punto pasional, quizá tenso, en la vida de este paisano que salió de Caracas a los 18 años y quien ha vivido alguna gloria artística en los Estados Unidos, igualando su nombre al de otros renombrados creadores como Peter Haley y Jeff Koons, puso el dedo en varias "llagas" del medio plástico y cultural local en un A Fuego Lento en el que participaron Chefi Borzacchini, jefe de información cultural, y los periodistas de la sección Andreína Gómez y quien suscribe.
-Quisiéramos analizar su actitud, de algún modo atrevida y a la vez destemplada, frente al medio plástico venezolano. ¿Es una pose? ¿Es real o premeditada? ¿O es un modo de llamar la atención?
-Eso responde a que yo me eduqué artísticamente en otros sitios -en Nueva York, básicamente- y me moví en otro contexto, en Estados Unidos, Europa y algo de Asia, en donde se manejan ciertos códigos de profesionalismo, de estética y ética, que tienen que ver con la condición de respeto de un artista y con la forma como mi trabajo ha sido visto, manejado y contextualizado. Quise involucrarme con Venezuela cuando tuviera algunos años de trabajo fuera, y encontré un mundillo artístico difícil, con triquiñuelas, muy laberíntico, que me hizo entrar, a veces, en cierto desespero por la forma en que hemos sido tratados mi obra y yo. Por eso muchas veces, con cierta indignación, me he referido a cosas que han pasado aquí o que han dejado de pasar.
-Las etiquetas y clasificaciones son antipáticas, pero ¿en qué grupo del arte venezolano se ubica usted?
-Mi actitud no puede ser clasificable dentro de ningún grupo. Yo tengo mi personalidad con todo lo bueno y lo malo que incluye. Estéticamente no me siento parte de ningún grupo en Venezuela. Sí siento cierta afinidad con algunos artistas. Mayormente con José Antonio Hernández-Diez, Héctor Fuenmayor, algunas obras de Eugenio Espinoza, Alfred Wenemoser, o sea, cierta tendencia, digamos, conceptualista. También hay una cantidad de artistas jóvenes que me interesan tales como Diana López, Juan Nascimento...
-¿Cómo percibe al medio artístico venezolano?
-Hay gente muy buena, artistas y críticos, pero veo a un medio con problemas. El mayor es un alto grado de mezquindad que es lamentable. Detecto luchas de poder destructivas, a veces falta de seriedad en el modo de ver las cosas, en la manera de hacer exhibiciones. Yo, por ejemplo, tengo un serio problema con la cantidad de salones que se hacen. Pero el peor problema es la falta de historia del arte en Venezuela. Me pregunto: ¿cuántos de esos artistas hiperjóvenes que participan en exhibiciones como el Pirelli, por ejemplo, tienen un conocimiento serio de la obra de artistas de los años 70, como Roberto Obregón, Héctor Fuenmayor, y aún más, de la obra de Gego, de Marisol, de Claudio Perna, de Víctor Lucena. Estos salones aplanan el panorama. Ves una obra de Fuenmayor al lado de la de un chamo recientísimo.
-¿Se refiere a la continuidad? ¿A que constantemente estamos empezando, sin mantener las referencias?
-En Venezuela hay un problema: parece que todo se tiene que construir, siempre, una y otra vez. Si siempre se está comenzando de nuevo no va a haber continuidad nunca, no va a haber historia. El asunto de la Constituyente me parece más de lo mismo. Cuando uno se la pasa comenzando de nuevo, uno no avanza. Das dos pasos y viene alguien que te dice: no, vamos a comenzar otra vez. Es también una cuestión de caudillismo que va desde el Presidente hasta el ascensorista. Entonces, se pierde el sentido de institución y todo se convierte en un virreinato de la persona que provisionalmente está a cargo. Y es una cuestión general, una manera de actuar de nosotros los venezolanos, de querer protagonizar y ser autores de lo que sea: una Constitución, una máquina o hacer una exposición a nuestra imagen y semejanza. Cada cual con su vaina, con su historia, con sus prejuicios y sus grandes ideas. Esto es grave.
Piches, fáciles y piratas -Bueno, más allá de las interpretaciones sociológicas sobre sobre los venezolanos, usted mencionó a los salones de arte. ¿Qué haría con ellos?
-Yo, simplemente, los reduciría a un mínimo. Son una manera demasiado piche, fácil y pirata de divulgar lo que están haciendo los artistas jóvenes. Deberían proponerse muestras temáticas, y extenderse el tiempo de las exposiciones (un mes no es suficiente). Otra necesidad es la publicación de buenas monografías de artistas y libros de arte contemporáneo. Yo he visto muchas propuestas de creadores como por ejemplo la de Héctor Fuenmayor, y me entristece decir que no conozco su obra porque no la he visto nunca en una exposición, qué se yo, quisiera conocer los 20 años de su trabajo. Por eso la exposición de Antonieta Sosa me pareció buenísima en ese sentido, estaba bien documentada. Por otro lado, el Conac debería tener una política cultural que permitiera establecer una buena bienal internacional en Caracas, como la experiencia de Sao Paulo.
-¿Es un problema de educación o de falta de políticas?
-Imagínate el mundo del teatro: grandes actores, grandes escenarios, pero sin guión. Eso es lo que ocurre en las artes plásticas venezolanas, no hay un guión. Hay artistas muy buenos, consecuentes, interesantes. Hay museos grandes, buenos escenarios, con buena iluminación, con buena museografía, pero el guión no existe porque nadie lo ha escrito.
-Usted ha hablado de mezquindad en el medio plástico nacional. Pero, su obra es aceptada aquí y museos y otras instituciones le han abierto las puertas.
-La mezquindad la sufrimos todos. Ocurrió conmigo en el caso de la Bienal de Venecia. Esa fue una trampa que me tendieron a mí, a Tahía Rivero, a Sambrano Urdaneta y cuyo objetivo era que yo no fuera a la Bienal. Y no fui y se acabó. Yo creo, y esto es una sospecha, que entre los grupúsculos con peleas de poder que aquí hay, se encontraba gente apoyando mi obra cuya cuota de influencia podría haber crecido con mi participación en Venecia y había otro grupo que se interesaba en lo opuesto, en evitar que ellos subieran. A veces pienso que no fue algo conmigo directamente sino, una pelea entre bandos y yo fui carne de cañón.
-¿No faltó firmeza de su parte? Usted renunció abruptamente.
-La Bienal Dior y la Bienal de Venecia han sido los puntos más fuertes y más dolorosos de mi carrera. Creo que como artista uno no debe negociar en ningún sentido. Se me pidió una propuesta, la hice muy seriamente. Fue sometida a un grupo de expertos que votaron positivamente a mi favor. Para mí eso estaba cerrado. Luego se armó todo aquello, que si podía ser esta obra o cualquier otra, que si por qué un rancho. Bueno, se armó todo aquello que fue muy oscuro. Fui elegido en una votación legítima y no tenía por qué moverme por otros medios.
Vuelta a la patria
-¿Qué lo trajo de nuevo a Venezuela?
-Quedé un poco saturado de Nueva York. La estadía aquí se fue extendiendo porque mi padre estuvo muy grave el año pasado. También quise volver porque me fui de Venezuela a los 18 años y nunca entendí del todo bien al país ni mi relación, siendo venezolano, con esta tierra. En cierto modo ahora entiendo más a Venezuela, pero cada vez se me hace más y más difícil encontrarme aquí. Es algo que no tiene que ver directamente con el país sino con mi propia personalidad. Me sofoco y me saturo de los sitios rápidamente.
-Se ha dicho que su "repatriación" ha significado pérdida de oportunidades a nivel internacional. Se piensa que el hecho de que la galería neoyorquina Leo Castelli no lo represente, significa una merma importante en su carrera.
-Leo Castelli ya no me representa porque yo me largué de la galería como los otros artistas que formamos parte de ella. Y hay otras opciones.
-¿No fue demasiado precoz su éxito internacional?
-Sí, fue precoz. Fue muy intenso. No estaba preparado para ciertas cosas. El crecer artísticamente bajo una lupa tan precisa y tan intensa es problemático. Decidí desvincularme temporalmente del medio artístico del cual fui partícipe, porque sentía que le había perdido el hilo a lo que hacía, exponiendo con tanta frecuencia y en tantos lugares. En esto, Verde por fuera, rojo por dentro (expuesta en la GAN), fue una obra crucial que determinó que mi trabajo se hiciera mucho más serio y más profundo, más macabro y más orgánico. Me dicen que estoy corriendo un peligro al no hacer exposiciones cada dos años, pero yo decidí correr el riesgo. Dedicarme a pensar la obra es más importante que irle recordando a la gente que estoy en actividad. Si el medio cultural no puede esperar el tiempo que dure el proceso, yo no puedo ser parte de él.
-Ahora está trabajando en un autorretrato póstumo.
-Mi obra siempre ha tenido que ver con el autorretrato, de una manera muy oblicua. Eso me llevó a hacer el último autorretrato posible, un autorretrato muerto. Tenía años pensando en este asunto. Era muy macabro y no sabía si lo quería hacer. Esa fue la obra expuesta en la Bienal de Sao Paulo en noviembre y que haré circular este año por galerías de Alemania y Brasil.
-¿Te preocupa el fin de siglo, de milenio? ¿Te influye?
-Sí. Yo pienso que un cambio de siglo es una cosa muy seria y un cambio de milenio algo más aún. Todo lo que se ha dado en los últimos años con estos revivals de la moda y el arte de los 50, 60, 70 y ahora los 80, es una manera de tratar de frenar esta idea de que estamos llegando a un abismo. Cuando yo era chamo me imaginaba para esta época de mi vida me imaginaba en una nave espacial, vestido de plateado y con un acuario metido en la cabeza. Todo muy lindo y muy bello, y veo que las cosas están peor que nunca.

El chiste y el drama
-¿Qué le gusta y qué le preocupa de Venezuela?
-El humor venezolano me encanta y lo veo disminuido últimamente. Hay muy pocos chistes. Cuando vivía en Estados Unidos llamaba a mi hermano cualquier día de la semana y me ametrallaba con ellos. Cada uno mejor que el otro. Eso se ha ido perdiendo, ya no hay abundancia de esos chistes callejeros tan sabrosos. Eso me parece muy sintomático de lo que ha estado ocurriendo. O sea, que este país no está para echar vaina. Estamos pasando por momentos muy serios, trágicos y problemáticos. Hay drama y una violencia que me preocupan. Todo lo veo muy complejo. Viví 18 años en Nueva York y conocí gente extremadamente talentosa, profesional, en una ciudad altamente competitiva; y aquí encuentro venezolanos con exactamente los mismos talentos, pero que no logran hacer ni la octava parte de lo que podrían en otro lugar. Aquí todo es extremadamente difícil. Las dificultades son como caprichosas. Se emprende una tarea y de repente hay un obstáculo que no sabes quién lo puso. Las reglas nunca están claras y eso crea desesperación. Yo lo que veo es que se habla de los cambios, de los cambios de este nuevo gobierno, pero yo que he sido tan vociferantemente anticopeyano, antiadeco y anticonvergente, me siento tan sin franquicias ahora como antes. Y como yo, está mucha gente. Lo que veo es que el manejo del poder aquí es tan primitivo, tan básico, que me preocupa mucho todo lo que está pasando. Creo que no se están haciendo seriamente las cosas. Venezuela necesita cambios que no vendrán necesariamente por una nueva Constitución. Por ejemplo, cada cierto tiempo se cambia la Ley de Tránsito y jamás ha funcionado. No es cuestión de escribir las leyes, el problema es educativo, de enseñar a la gente a respetarlas, hacer ver que uno vive en un entorno social y cada acción que uno realiza afecta a los demás. Sin esa conciencia ciudadana aquí no habrá Constitución que valga. No es cosa de nuevas leyes, nuevas constituciones o nuevas repúblicas, eso es puro simbolismo.

Fotografías: LB, gaveras de resfrescos. Manuel Sardá: Meyer Vaisman.

domingo, 21 de abril de 2013

EXPUESTO

EL NACIONAL - Domingo 21 de Abril de 2013     Papel Literario/1
"La cultura es continuidad"
Sobre el maestro Víctor Valera
De personalidad irreverente, Víctor Valera en varias ocasiones se describió como un ser depresivo, pero nunca temió ser fiel a sus pensamientos y, por ello, fue quizás su crítico más tenaz
GRISEL ARVELÁEZ


Francisco Calvo Serraller, en un artículo publicado en 2011 para El País , hizo una declaración contundente, un llamado de atención a la cultura española: "¿Cómo es posible ­me pregunto­, al margen del capítulo ferial [ARCO], que nuestro país [España] ignore la huella que ha dejado, a lo largo del siglo XX, el arte latinoamericano en la vanguardia española de antes y después de la Guerra Civil?". Proclamación honrosa en su interés por enaltecer nombres protagónicos de la feraz corriente geométrica, destacando personalidades venezolanas como Alejandro Otero, Carlos Cruz-Diez y Jesús Soto. En esta discusión me permito agregar al maestro Víctor Valera como artista representativo del arte óptico en Venezuela y quien, con su trayectoria, demostró algo que promulgó: concebir la cultura como continuidad.
El 5 de marzo de 2013 el mundo de la plástica venezolana perdió al gran maestro Víctor Valera y, a más de un mes de su partida, en estas líneas recordamos su vida y obra.
Nacido en Maracaibo el 18 de febrero de 1927, su tránsito por el mundo artístico venezolano fue prolífico con una obra que conquistó espacios públicos y privados, nacionales e internacionales. Exploró con amplitud distintas materialidades haciendo del hierro su material cómplice en la creación de magníficas esculturas que desafiarían las relaciones entre espacios, volúmenes y percepción visual. Su genio creador se movió entre la escultura y la pintura para interrogar las jugadas de la percepción y otorgarle lirismo a la geometrización. Los colores hablan e invitan a hacer ejercicios de contraste, mientras la sorpresa surge para apoderarse de sus composiciones bicromáticas o policromáticas. Las formas emplazan a quien las mira, bien por tratarse de líneas rectas o sinuosas o por ser figuras geométricas simples, todas determinadas por la movilización que le da la percepción, por la serialidad y por la sonoridad; un universo visual y estético que encuentra su cauce gracias a la participación activa del espectador. Lenguaje esencial del arte óptico, de allí que su lirismo nunca se agotó.
De personalidad irreverente, Víctor Valera en varias ocasiones se describió como un ser depresivo, pero nunca temió ser fiel a sus pensamientos y, por ello, fue quizás su crítico más tenaz: "El hecho de haber sido profesor de arte puro, hombre de teatro, diletante, gigante, monstruo, de nada me servía para mi creación plástica, más bien me quedaba vacío (...) ahora no enseño porque no quiero. Mi taller, mi casa, mis esculturas me ocupan todo el tiempo. Ni siquiera el amor me tienta...ya no tengo sed de él. Además soy neurótico, romántico y muy infantil, quien me va a aguantar".
Su biografía inicial se inscribe en el mundo militar. Aunque desde niño solía pintar y dibujar constantemente, a los 15 años y, tras vivir en condiciones de extrema pobreza, decidió alistarse en la Infantería de Marina. Simplemente vio el camión de la recluta y se subió. A pesar de que registró varios ascensos y distinciones, le tomó la palabra a Wolfgang Larrazábal cuando este le aconsejó que ampliara su formación en Artes Plásticas. Así fue como, a partir de 1950, dedicó varios años a la Marina y, simultáneamente, a su formación artística en las Escuelas de Artes Plásticas, en Caracas, y luego en la de Maracaibo. En esta ciudad contó con la formación académica y laboral de Jesús Soto, quien fungía como director de la Escuela de Artes Julio Árraga. Soto además fue pieza fundamental en la historia subsiguiente de Valera: lo apoyó con un préstamo para pagar el pasaje de ida a estudiar en París, y así cubrir los gastos que la beca otorgada no costeaba. En Francia, Víctor Valera no contó con una vida holgada pues debió trabajar de todo lo posible y así conseguir dinero para apenas vivir; sin embargo, siempre recordó a París como una experiencia que enriqueció y definió su propuesta plástica. Es sabida su activa presencia en los talleres de arte Jean Dewasne y Víctor Vasarely así como en el de Fernand Léger.
Su vuelta a Venezuela la sella con declaraciones como esta: "regresé a un país desolado, sin proposiciones, enrumbado en la dictadura. Vi lo que había en escultura, me pareció desolador. Estaba desolado y todo me reforzaba ese sentimiento. Me dispuse a trabajar dentro del arte moderno. Y escogí el hierro". Sin duda, también significó el inicio de una época crucial y de despegue para la obra de Valera. De 1955 data la participación que tuvo en el Proyecto de Integración de las Artes del arquitecto Carlos Raúl Villanueva de la Ciudad Universitaria, una de las huellas más prominentes, valiosas y patrimoniales del paso artístico que tuvo Valera por Caracas.
Consecuentemente se escriben cinco décadas de participación activa en exposiciones de arte nacionales e internacionales, individuales y colectivas, así como innumerables premios y distinciones: sus obras participan en el I Salón de Arte Abstracto en Caracas, Salón Nacional de Escultura efectuado en el Museo de Bellas Artes de Caracas, Salón D´Empaire en Maracaibo, entre otros, y recibe varias distinciones: Premio Nacional de Escultura; Primer Premio de Escultura Salón D´Empaire; Primer Premio de Escultura; Primer Premio, I Salón de Arte Abstracto.
De 1961 y 1962 data su primera exposición individual Pintura y Escultura en el Colegio de Ingenieros, participa en el I y II Salón Arturo Michelena de Valencia. Seis años después viaja a Estados Unidos invitado por ese gobierno para recorrer numerosos museos y talleres.
En 1982 es presentada la obra Desplazamiento Perforado, que integraría el espacio exterior de la estación Parque del Este (hoy Miranda) del Metro de Caracas.
Se trata de tres círculos instalados en monolitos de concreto que dialogan con el paisaje caraqueño. En los años más recientes su obra ha sido expuesta en varias ocasiones: Recorrido inverso al instinto (2005), Módulos y cuadrantes (2006), Entre líneas, módulos y cuadrados (2007-2008) y Punto y línea (2011). Entre 2002 y 2009 se le otorgó el título Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica Cecilio Acosta, Maracaibo, y el mismo título por la Universidad Central de Venezuela.
Más de seis décadas de actividad plástica por supuesto transcienden los linderos de la cultura plástica venezolana. Una obra que se renueva y se aviva a través de las dinámicas existentes entre el color, la línea, la forma y los materiales. Víctor Valera, sin duda, es un personaje especial entre aquellos que han llevado en alto el nombre de Venezuela, en su caso dentro de las posibilidades creativas que le dio la abstracción geométrica.

Víctor Valera: siempre será para siempre
VÍCTOR GUÉDEZ

Entre la vida de Víctor Valera y su obra hubo una asombrosa relación isomórfica.
Él fue, a la vez, un hombre transparente y directo, irónico y generoso, recio y sutil, vertical y delicado, contundente y caballeroso, reflexivo y emocional. En fin, lo apolíneo y lo dionisíaco se conjugaban en la esencia misma de su conducta y de su creación. Lo admirable es que esas características, de manera constante, fueron transferidas a sus esculturas y pinturas. Por eso ellas convertirán sus estatutos abstractos en una extraña palpitación orgánica que recordaban que su autor era insobornable y que, por lo tanto, ellas no podían dejar de ser insoslayables.
Esa consustanciación con el trabajo creativo lo prolongó hasta el final de su vida misma.
Tanto así que prefiguró el legado de su última muestra en sus detalles más exhaustivos. Casi sesenta obras reposan hoy en su taller con el destino de compartir con sus admiradores el resultado de su búsqueda más postrera. Lo que quizás no advirtió fue que, en lugar de ser la última ­como lo habíamos anotado­, esta exhibición será la primera de muchas otras que se prolongarán mucho más allá de su presencia física.
Pero también hay otro rasgo que hace singular al conjunto de piezas que deja. Nos referimos a que estos cuadros se condensan, con ascendente logro, en la escala de su reafirmación como creador y de su madurez como artista. Si algo se advierte es el atrevimiento de quien dominó un lenguaje constructivo y de quien, además, se atrevió a combinar códigos armónicos que trascienden la previa existencia del alfabeto geométrico, así como la frialdad del abstraccionismo octogonal. No se inhibió en el más mínimo grado para liberar la impronta de fantasías cromáticas que alcanzan un superlativo grado de autosuficiencia y unas lúdicas composiciones que revelan el espíritu rejuvenecido hasta donde más no se podía. Es posible que se adviertan muchas derivaciones de sus registros pretéritos, también es posible que se identifiquen relecturas de antecedentes remotos, así como reafirmaciones de hallazgos más asociados con sus obras recientes. Pero más allá de cualquier interpretación ortodoxa, sesgada o rebuscada, se imponen las presencias de unas pinturas que agigantan la claridad luminosa del trópico, que reactivan la fortaleza de un impacto persuasivo, y que, sobre todo, promueven la expansión de ondas afectivas que se apoderan de los contextos de cada realización.
El sol de su Maracaibo, así como la sensibilidad prístina de una emoción alegre y el dominio de unos recursos tan sedimentados como pletóricos, se dejan ver con los ojos de una resonante vivencia estética.
El testimonio materializado en estas últimas pinturas, demuestra que Víctor Valera se despidió con el mismo compromiso con el que vivió: hasta en el momento que no admitía más allá, nuestro artista reafirmó que siempre se resistió a dejar de ser un joven creador.
Vivió con el espíritu innovador de un niño y prolongó esa decisión hasta su despedida definitiva. Nunca dejó de ser un indagador rebelde. Fue trabajador, perseverante, sincero, valiente y fértil. Parafraseando al poeta Cadenas, podríamos afirmar que, si en vida Víctor Valera hacía más vivo el vivir, ahora su muerte hará que la relación con su obra sea más entrañable y conmovedora.
En este punto de nuestra evocación, no resistimos la tentación de compartir un testimonio: siempre hemos creído que una de las formas supremas de satisfacción personal procede de escuchar decir al otro que lo hemos hecho feliz. Y eso fue lo que experimentamos cuando hace algunos años le trajimos de Argentina una reedición del libro Voces de su poeta preferido, Antonio Porchía. En esa ocasión nos abrazó expresando que se sentía el hombre más feliz sobre la tierra. Ahora, en esta ocasión, resulta oportuno recordar que uno de los aforismos contenidos en ese libro, expresa: "Se vive con la esperanza de llegar a ser un recuerdo". Pensamos, en efecto, que Víctor Valera se convertirá en un recuerdo. En un recuerdo que, seguramente, estará registrado en la memoria cerebral, al igual que estará en la memoria perceptiva y en la memoria de la ocasional intuición. Pero también, él y su obra, permanecerán fraguadas en la memoria del corazón, es decir, en ese lugar donde el tiempo y el espacio relativizan cualquier interpretación y se sobreponen a cualquier convencionalidad.
Por todas esas razones, Víctor Valera, siempre será para siempre, ya que será imposible no tenerlo presente cuando veamos cualquier obra de cualquier exposición. Víctor Valera, siempre será para siempre, porque no podrá estar ausente en cualquier historia que se reseñe sobre la plástica venezolana del siglo XX. Víctor Valera, siempre será para siempre, porque deja una herencia imborrable. Víctor Valera, siempre será para siempre, porque sus amigos aceptaremos que él estará siempre presente, aunque de otra manera.
Fotografías: Manuel Sardá.

lunes, 8 de abril de 2013

LITERATOSOS

EL NACIONAL - Lunes 08 de Abril de 2013     Cultura/3
El foro del lunes
LUIS BARRERA LINARES El autor es individuo de número de la Academia Venezolana de la Lengua
El profesor universitario considera que debería desecharse el prejuicio de que todo buen lector sólo se forma leyendo clásicos de la literatura, así como el que pesa sobre el formato digital
"Debe estimularse la lectura de diversas formas de escritura"   
MICHELLE ROCHE R.

El Ministerio de la Cultura declaró 2013 el Año de la Lectura con el propósito de apuntalar una serie de medidas enfocadas a la promoción de este hábito en la población más joven del país. De acuerdo con la Encuesta del Comportamiento Lector, Acceso al Libro y la Lectura en Venezuela ­publicada el año pasado por el Centro Nacional del Libro­ en el país se leen anualmente entre 2 y 4 obras per cápita, más que en Colombia y México, donde se leen 2,2 y 2,9 publicaciones promedio al año.
Sin embargo, a pesar de lo que parece ser un panorama optimista, el Cenal elabora otro Plan de Lectura con el objeto de inculcar el hábito en ciudadanos en edad escolar, pues el más reciente, que data de 2009, se enfocaba en la población adulta y se sustentaba en el trabajo de los consejos comunales. Para avanzar en la planificación, la novena edición de la Feria Internacional del Libro de Venezuela que se celebró recientemente en Caracas convocó a especialistas en la materia provenientes de varias partes de la región.
Luis Barrera Linares, miembro de la Academia Venezolana de la Lengua y profesor de Literatura de la Universidad Simón Bolívar, propone concentrarse en la discusión sobre el público del Plan de Lectura, más que en las características específicas de esta herramienta de promoción.
"Todo nuevo programa de promoción es positivo porque, por lo general, tiene la intención de mejorar la situación preexistente", concede.
"Si cuando se habla de jóvenes se alude a estudiantes de básica, me parece que precisamente es por allí por donde hay que comenzar. No es que no se pueda estimular la lectura en adultos, pero si se comienza por las etapas iniciales del sistema educativo las posibilidades de éxito son mayores".
--¿Qué recomendaría a los especialistas del Cenal para mejorar la promoción de la lectura entre los más jóvenes? --Está demostrado que los jóvenes son más atraídos por aquellas lecturas que de alguna manera toquen sus campos de interés y su contemporaneidad. Habría que comenzar con autores que no sean necesariamente los clásicos. Obligar a un niño o un adolescente a la lectura de un clásico puede traer consecuencias muy distintas a las que se esperarían. Estamos acostumbrados a escuchar de los lectores jóvenes que no hay nada más "pavoso" que leer un clásico. Y cuando uno tiene 10 o 12 años de edad, eso puede resultar una verdad lapidaria. En el proceso de inmersión en la lectura, los clásicos tienen también su momento y hay que darle tiempo al tiempo (y al lector, para que no termine rechazándolos).
--¿Cómo las universidades venezolanas, la Academia de la Lengua y otras instituciones en las que se discute la literatura nacional sirven para la promoción de la lectura? --Es importante dejar de lado el prejuicio de que un buen lector sólo se forma leyendo literatura. Debe estimularse la lectura de diversas formas de escritura. La literatura de creación es apenas un registro más de los muchos con que debe lidiar un lector. Y no solamente en esta época, siempre ha sido así. La literatura no debe ser excluida de ningún plan de lectura, pero tampoco se debe convertir en su eje transversal. Aquello de que "leer es un placer" pierde sentido si se mantiene la creencia de que el único complemento directo del verbo "leer" son los textos literarios.
También puede ser placentero leer historietas, artículos sobre historia contemporánea, biografías, crónicas en sus distintas variantes, manuales para videojuegos, en fin, textos de diversa naturaleza. De modo que la respuesta a su pregunta es sí: las academias, las instituciones educativas todas (y no solamente las universidades) deberían contribuir de alguna manera con la promoción de la lectura, cada una de acuerdo con sus posibilidades y objetivos.
--¿Y la crítica? ¿Cree que es escaso el trabajo crítico alrededor de la producción editorial contemporánea? ¿Cómo se relaciona esto con la falta de lectores? --Es verdad que la crítica podría estimular la lectura de alguna manera, principalmente si hablamos de la divulgativa, pero quien no tiene el hábito de la lectura tampoco leerá lo que escriban los críticos.
--Algunos profesores señalan que hoy en día, producto de las dificultades para importar y el impulso que desde hace un lustro recibe la literatura nacional, muchos estudiantes prefieren hacer sus tesis sobre esta última.
¿Ha notado este fenómeno? --Sí, desde hace algunos años parece haber mayor interés por la literatura nacional, no solamente por parte de los tesistas (que forman parte de los llamados "lectores profesionales"), sino también de los lectores en general. Pero no estoy seguro de que eso tenga que ver con la posibilidad mayor o menor para importar libros. Pensar eso me parece que más bien le resta méritos a la producción local. Casi como decir que como no tenemos acceso a otras formas de escribir, terminamos conformándonos con las nuestras. Y eso es una creencia errada porque hay buen material nacional en el mercado. El proyecto oficial de vender libros a precios muy módicos es además un buen aliciente, eso nadie puede negarlo. Adicionalmente, prefiero creer también que el interés creciente por la literatura venezolana, o por la escritura venezolana en general, tiene que ver más bien con una situación psicosocial que nos está obligando a interrogarnos sobre nosotros mismos, a buscar raíces, a requerir subconscientemente explicaciones para saber de dónde venimos, cómo somos y por qué.
Y también con que nuestros escritores andan en lo mismo y eso ha generado una relación de afinidad con algunos grupos de lectores. Aparte de que buena parte de quienes hoy hacen literatura en Venezuela se han dejado de prejuicios "literatosos" y están escribiendo para que los lean y no para hacer ejercicios de narcisismo o malabarismos escriturarios incomprensibles.

Fotografía: Manuel Sardá.

sábado, 2 de marzo de 2013

GALOPANDO


EL NACIONAL - Sábado 02 de Marzo de 2013     Cultura/3
EXPOSICIÓN La huella de Pekín reúne piezas elaboradas sobre madera y papel
Alirio Palacios mostrará las obras que integraron su primera individual
El artista presenta una serie de grabados y bocetos que permanecieron extraviados durante 49 años
CARMEN VICTORIA MÉNDEZ

Al creador le resulta satisfactorio volver a mirar la obra que hizo mientras estudiaba grabado en China . Alirio Palacios aún conserva la maleta marrón con la que viajó a China por primera vez en 1961. Está gastada. El tiempo ha hecho mella en ella. Sin embargo, los papeles que contiene están intactos. Se los trajo al país en 1966, cuando finalizó el periplo de cinco años durante el cual estudió grabado, sembró arroz, se familiarizó con la llamada Revolución Cultural de Mao Tse-tung y cambió su filosofía de vida. "Me tocó vivir comunismo del bueno", bromea mientras comparte un guayoyo con los visitantes que recibe en su taller, que está ubicado en Carrizal, estado Miranda.
A los 75 años de edad, el artista aún mantiene la maleta al alcance de la mano, pues ésta simboliza un período determinante tanto en su obra como en su vida.
Es por ello que el hallazgo de una serie de grabados y dibujos que creó en esa época, y que había dado por perdidos, le ha resultado tan satisfactorio. Se trata de un conjunto de piezas de sus años de estudiante. Las vio por última vez en 1964, cuando las expuso en el hotel Hilton de Hong Kong, en la que fue la primera individual de su vida, organizada por la Asociación de Artistas de Pekín. Allí se extraviaron, en el proceso de inestabilidad política que se vivía entonces.
Las gráficas y bocetos volvieron a sus manos recientemente. Han transcurrido casi 50 años y están intactas, dice. Crear una obra que trascienda épocas siempre fue una de sus principales preocupaciones.
"A diferencia de Armando Reverón, que pintó sobre todo tipo de superficies, hasta coletos, yo nunca usé
materiales malos. Ahora su obra se está perdiendo, se la come el tiempo", indica mientras muestra una de las obras de este conjunto que serán expuestas a partir de mañana en la exhibición La huella de Pekín.
Palacios cuenta que las piezas llegaron a sus manos por casualidad. "Me las trajo el galerista Nicola Bianchi, que está organizando la exposición. Son obras que no estaban hechas para ser vendidas. Eran muy mías. Las hice pensando en mis estudios, en mis profesores", señala.
Entre los trabajos destacan varias xilografías en papel y madera. Todos tienen una estética oriental lograda a través del uso limitado del color, un efecto que se repite en bocetos elaborados con pigmentos chinos. "Lo bueno que tienen estas obras es la técnica, ese tipo de grabado hecho a mano y a base de agua que casi no se ve en el continente americano. El grabado occidental es duro, hecho con aceite. Los chinos tienen otra sensibilidad y además llevan más de 5.000 años trabajando en piedra y en madera".
La libertad del caballo. Las primeras experiencias de Palacios con el grabado fueron en los años cincuenta, en la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas de Caracas, de la mano de Luis Guevara Moreno.
Allí comenzó a interesarse por la gráfica. Luego transitó como estudiante de pintura por Italia y como aprendiz de escenografía por Hungría. Después de vivir un quinquenio en China, residió en Polonia, Alemania, Suiza y Estados Unidos. Sin embargo, ello no significa que su obra no
En la serie que se expondrá en la galería Utopía 19 figura lo que Palacios define como dibujos espirituales, también retratos de personajes con los que el artista se topó cuando vivía en China
esté profundamente enlazada con su lugar de origen: Volcán, en el Delta del Orinoco, y con el país en general. Así lo prueban piezas como Pájaro y Diablo danzante, que forman parte de la serie de creaciones halladas recientemente.
El caballo, el tema que más ha trabajado como grabadista, pintor y escultor, comenzó a aparecer en su propuesta mientras estuvo en China.
"Diría que para el momento de esa primera exposición en Hong Kong todavía no había caballo, sino más bien una insinuación", expresa mientras muestra la figura de un cuadrúpedo con cara de pájaro a la que califica de "mancha interesante".
En la serie que se expondrá en la galería Utopía 19 figura lo que Palacios define como dibujos espirituales, también retratos de personajes con los que el artista se topó en la cotidianidad de esos años. "Estas son obras muy libres, unas cabezas de pájaros que parecen caballos, pero no lo son. Son formas muy mías", dice.
Actualmente el artista trabaja en una serie de ensamblajes de equinos monumentales, elaborados en metal y otros materiales, que expondrá a mediados de año en Caracas.
"Da la impresión de que siempre he creado caballos, pero comencé a interesarme por ellos después de los años sesenta, cuando me dediqué a estudiar los que pertenecieron a la dinastía Tang".
Fue así que comenzó a investigarlos, a llevarlos al formato de metro y medio.
Ahora también los transforma en escultura. "La libertad del caballo me venció, se metió en mi alma y hasta hoy vive allí", afirma.

Fotograf{ia: Manuel Sardá.

lunes, 22 de octubre de 2012

VARIAS VECES, RUÍZ PINEDA

EL NACIONAL,Caracas, 21 de Octubre de 1996
Aurelena de Ferrer, viuda del dirigente político Leonardo Ruiz Pineda, revive en primera persona lo que significó el asesinato de su esposo durante la dictadura de Pérez Jiménez
Después de ser líder de la resistencia en la clandestinidad, el secretario general de Acción Democrática fue muerto de un disparo por la Seguridad Nacional un día como hoy hace 60 años. Tras eso, ella vivió la cárcel y el exilio
MIREYA TABUAS

La viuda conserva pocos objetos de Ruiz Pineda. Muchos documentos se los quitó la Seguridad Nacional y las fotos que le quedaron se las dio a sus hijas MANUEL SARDÁ
Cuando mataron a mi esposo, yo estaba oyendo una novela en Radio Caracas. Eran las 8:10 pm del 21 de octubre de 1952. Ese día no supe nada.
No había modo de saber nada.
Me enteré al día siguiente por El Nacional . En la foto aparecía él tirado en el suelo en un charco de sangre. El periódico decía que en una calle de San Agustín del Sur había sido muerto de un disparo Leonardo Ruiz Pineda, de 36 años de edad, secretario general de Acción Democrática y líder en la clandestinidad porque el partido había sido declarado ilegal por el gobierno de Marcos Pérez Jiménez. Lo había asesinado la Seguridad Nacional. A mí nunca se me pasó por la cabeza que lo podían matar. Él, en cambio, sí lo presentía.
Hoy se cumplen 60 años de su muerte. No me acuerdo bien de qué hice en los primeros segundos cuando me enteré. Sé que pronto cogí aliento y fui a reclamar su cadáver, porque quería velarlo en casa. Fui a hablar con el propio ministro de Relaciones Interiores, Llovera Páez, pero no me dejaron verlo. El director del despacho y el jefe de la Seguridad Nacional, Pedro Estrada, me recibieron y me dijeron que a Leonardo lo habían enterrado a las 4:00 am y que no me podían decir en qué sitio. Yo les contesté que si acaso su familia no tenía derecho a verlo. No me respondieron y di por concluida la entrevista, me volteé y ya me iba cuando Pedro Estrada dijo que estaba detenida.
En la Seguridad Nacional trataron de intimidarme, de amenazarme con torturas, pero yo fui bastante serena con ellos.
Les dije que no sabía nada, que no era dirigente política ni nada y lo poco que sabía, después de lo que le pasó a mi esposo, no lo iba a decir. Les dije que estaba dispuesta a aceptar todas las torturas, pero que yo sólo era la esposa de Leonardo Ruiz Pineda. Esa entereza la aprendí de él.
Me llevaron a la Cárcel Modelo. Fue allí cuando me enteré de lo que pasó, porque la Seguridad Nacional no me dio ninguna explicación sobre la muerte de mi esposo. Segundo Espinoza, una de las tres personas que estaba con él en el carro la noche que lo mataron y que cayó preso, me contó todo en la enfermería de la cárcel. Me dijo que dos hombres de la Seguridad Nacional en una moto estaban persiguiendo el auto en el que también estaban los dirigentes David Morales Bello y Leoncio Dorta. Los interceptaron en San Agustín. Morales Bello y Dorta lograron escapar y Espinoza se quedó luchando con uno de los hombres. Leonardo se confundió, él iba en el asiento del copiloto y trató de salir por la puerta del conductor; perdió tiempo para huir.
Suela Espuma (David Colmenares) fue el policía que lo identificó, pero el que disparó en la cabeza fue Francisco Matute. Es claro que tenían orden de asesinarlo. Y ellos hicieron su trabajo.
La vida en común. Mi vida fue intensa y eso me hizo fuerte en la cárcel, siempre. Yo tenía 15 años de edad cuando conocí a Leonardo. Él tenía 26 años.
Fue en mayo de 1943. Él era un hombre excepcional, con dulzura, serenidad y capacidad de comprensión extraordinaria, escribía poesía. Después de 2 o 3 meses nos hicimos novios. Dos años y medio después nos casamos. Era diciembre de 1945.
Nuestro matrimonio constituyó un acontecimiento insólito en San Cristóbal. Era el primer gobernador que se casaba en ejercicio. Un año después nació nuestra hija mayor, Magda, y en febrero de 1948 fue nombrado ministro de Comunicaciones del gobierno de Rómulo Gallegos. Cuando le dieron el golpe de Estado a Gallegos, él estaba en Miraflores y fue uno de los primeros presos.
Cuando entró a la Cárcel Modelo, yo estaba embarazada de mi segunda hija, Natasha. Estuvo preso hasta el 19 de abril de 1949. Lo dejaron libre, pero en julio de ese año lo buscaron para encarcelarlo de nuevo. No lo encontraron, pero desde ese día comenzó la clandestinidad, quizás la época más difícil nuestra. Desde la clandestinidad, él logró aglutinar a muchísima gente. Pero lo peor que tiene la clandestinidad es que la familia deja de estar unida.
Mientras él estaba escondido, yo trabajaba en el Banco de Venezuela, pero con limitaciones porque siempre me seguían los de la Seguridad Nacional.
Sin embargo, el 11 de octubre de 1951 me tocó pasar a la clandestinidad con mis hijas, porque como no podían atrapar a mi esposo pretendían agarrarnos a nosotras para forzarlo a entregarse. Cuando me escondí, me jugué el todo por el todo. No me arrepiento porque lo acompañé hasta el último momento.
Todos teníamos nombres falsos: Leonardo se llamaba Alfredo Natera, pero su cédula decía Eduardo Crespo; yo me llamaba Marta; mi hija Magda, Martica; y Natasha, Naty. Magda, de 6 años de edad, tenía conciencia de que la policía nos buscaba y asumió con responsabilidad los secretos de la clandestinidad.
Nos costaba mucho vernos, luego pudimos organizar los encuentros de una forma complicada pero segura. Varias veces le planteé la necesidad de irnos por las niñas, pero él no quería decepcionar a su gente.
Nos fuimos quedando y quedando hasta que lo mataron.
Adiós con rancheras. La última vez que lo vi fue el 19 de octubre en la noche. Era domingo y, como todos los fines de semana, tratamos de pasarlo juntos.
Nos reunimos con amigos de la clandestinidad, cantamos rancheras, siempre con la angustia del carro que se paraba, del vecino que nos podía oír.
¿Qué fue de mí después de su muerte? Tras unos meses en la cárcel, me expulsaron del país el 31 de enero de 1953. Puse como condición salir con mis hijas, mi suegra y mi hermano de 17 años de edad que había caído preso sólo por ser cuñado de Leonardo. El 31 de enero de 1953 salí rumbo a Madrid. Allí viví 6 o 7 meses con 300 dólares que me enviaban compañeros desde Venezuela, luego partí a Nueva York para trabajar. En un viaje a México me encontré con Alejandro Ferrer, un exilado venezolano, abogado y adeco como Leonardo. Nos enamoramos y me volví a casar en 1954.
Con él tuve 2 hijos: Alejandro y Carmendelia, y crió a las niñas de Leonardo como suyas. Vivimos casi 54 años juntos, murió hace 3 años.
Los de la Seguridad Nacional me quitaron muchas cosas, documentos, fotos, poemas de Leonardo Ruiz Pineda. Algunas me las devolvieron y se las repartí a mis hijas. No me quitaron su recuerdo.
Fotografía: Manuel Sardá.

EL NACIONAL - Domingo 21 de Octubre de 2012     Siete Días/7
Leonardo Ruiz Pineda
SIMÓN ALBERTO CONSALVI

Leonardo Ruiz Pineda fue asesinado en una calle de San Agustín del Sur el 21 de octubre de 1952. Desde inicios de 1949, cuando fue liberado de la cárcel después del golpe militar contra Rómulo Gallegos del 24 de noviembre, fue el secretario general de Acción Democrática en la clandestinidad.
Han transcurrido 60 años, los sucesos políticos se han atropellado los unos a los otros, y, por lo general, escasea el tiempo para pensar en quienes, como Leonardo, se obstinaron en entregar su vida a la construcción de la democracia en Venezuela.
No hay cómo imaginar la deuda que la nación tiene con esos hombres singulares que combatieron sin pausa y sin miedo, que optaron por la resistencia clandestina como una manera de enfrentar a la fuerza bruta.
Fui amigo de Leonardo desde mis tiempos de liceísta en San Cristóbal, cuando él era profesor y presidente del estado Táchira, y lo acompañé en el CEN clandestino.
En la Cárcel Modelo, Leonardo comenzó a escribir su autobiografía. No quería ser sino escritor: "Entonces fui ganado definitivamente por un comienzo de orientación que despertaba en mí, brumoso, vago. Mis poemas perdieron el acento melancólico que le daban tono de sentimental congoja, tomé el estilo de `vanguardia’, `sugerente’, como entonces era calificado. Escribí poemas, variados y numerosos poemas... escribí cuentos, numerosos cuentos".
Pero como a otros jóvenes, a la muerte de Gómez, el destino le señaló el arduo camino de la política. "Entonces ­dijo­, no acertaba a prever el proceso de sacudimiento colectivo que viviría Venezuela al desaparecer el jefe del régimen político en torno al cual gravitaba aquella edad oscura de atraso e incultura".
Retengamos estas líneas finales de su confesión inconclusa, escritas en diciembre del 48 en la prisión y que relatan su llegada a la capital: "Cargado de esos confusos y complejos pensamientos llegué a las puertas de Caracas una tarde de septiembre de 1933, a los 17 años de edad. Entraba en mi ciudad madre, la que luego formaría a su imagen y semejanza el contorno de mi nueva vida.
La ciudad alegre, enervada de juvenil desgaire, desbordante de esa imponderable fuerza espiritual que fluye en la sonrisa de sus mujeres y en el ademán acogedor de su regazo, abría sus brazos cálidos para recibir al anónimo estudiante provinciano que golpeaba sus puertas cargado de maletas, sueños y esperanzas".
El joven Ruiz Pineda llega a Caracas para observar lo que llamó "sacudimiento colectivo", y a partir de 1936 reparte el tiempo entre sus estudios de Ciencias Políticas en la UCV y la primera militancia clandestina bajo el régimen de López Contreras que no le dio tregua a los partidos que tuvieron que formarse contra viento y marea, como el PDN, que dio origen a AD. Leonardo escribe y lee, y ya desde entonces se destaca por su oratoria elegante y fluida, por su talante siempre grato.
En los años cuarenta regresó a San Cristóbal, fundó el diario Fronteras, y sus escritos políticos se consagraron por su profundidad, su agudeza y su estilo imaginativo. Recuerdo de modo especial sus "Ventanas al mundo" contra el fascismo en la guerra europea, sobre la reforma constitucional y la necesidad de que se consagrara la elección directa de los presidentes de la República. En la tierra de los caudillos militares del siglo, donde había campeado la ferocidad y la barbarie de Eustoquio Gómez, Leonardo fue la expresión, junto con su amigo Ramón J. Velásquez, de una alternativa civilizada y contemporánea de la política.
En 1948, Rómulo Gallegos lo designó ministro. Y en esos trances a Leonardo lo sorprendió el 24 de noviembre, la conjura de civiles y militares que frustró la presidencia del gran escritor. Y entonces fue a la cárcel, y de la cárcel a la resistencia y a la clandestinidad, única alternativa para la batalla incesante por la libertad. El último de sus escritos fue el prólogo al Libro negro, Venezuela bajo el signo del terror, aparecido el mes de su muerte.
"Este libro ­dijo­ es un fragmento de una negra historia venezolana, testimonio de conmoción violenta de la República, escrito en un alto de la batalla entre la nación que reclama libertades y la camarilla que usurpó su soberanía. (...) Este libro ofrece los testimonios de esa pugna, de la violencia criminal de un régimen sin normas éticas y políticas y de la voluntad de sacrificio de quienes se enfrentan a él".
Muy poco después de la muerte de Leonardo, Rómulo Gallegos dijo en México: "Yo no tengo mano conformada para arrojar la brasa del corazón a los incendios de la violencia, ni me muevo entre hombres que les confíen a las llamaradas de la venganza el cocimiento del pan de la justicia, y sin mengua de la firmeza de la acusación a que estamos obligados, invito a mis compañeros a total presencia de ánimo, en alturas de serenidad responsable ante el destino de nuestro pueblo, a fin de que, sin que el agrio rencor nos tuerza la buena sustancia del dolor que aquí nos reúne, sea honrada siempre entre nosotros la memoria de nuestro compañero, mártir del ideal democrático. El de la fina valentía y gozosa audacia: Leonardo Ruiz Pineda. Vivo y perenne entre nosotros".

martes, 14 de agosto de 2012

ADHERIRSE

EL NACIONAL - Sábado 11 de Agosto de 2012     Escenas/1
El encierro del adicto visto a través del arte
Armando Ruiz trata el tema del abuso de las drogas en una instalación basada en el cuerpo
CARMEN VICTORIA MÉNDEZ

Una pared de bloques de yeso hechos por el artista Armando Ruiz bloquea el acceso a la galería Carmen Araujo Arte. Nadie puede entrar ni salir de la sala.
Es una cárcel en la que apenas una rendija comunica el espacio expositivo con el mundo exterior, así como al espectador con la obra.
En la muestra Adhesión, Ruiz recrea el encierro en sí mismo que experimenta la persona que es adicta a las drogas. La primera individual del artista ganador del Salón Jóvenes con FIA y del Salón de Jóvenes del Museo de Arte Contemporáneo del Zulia es una gran instalación que alude al consumo de cocaína y los estragos que causa en la sociedad. Para ello, el creador parte de una propuesta escultórica basada en la figura humana deshumanizada.
Ruiz crea un cubo blanco con bloques de yeso (una analogía entre ese material y las panelas de cocaína) que contiene unos seres también blancos, cuyos cuerpos elaborados con tela están mutilados, no tienen rostros ni cabezas, y en lugar de extremidades tienen cuchillos. "Muestro al adicto socialmente alejado, encerrado en su propio problema.
Quitarles la cabeza es una manera de quitarles la racionalidad, de mostrar que actúan por impulso, sin pensar. El de la adicción es un tema que me toca de cerca", señala el artista que nació en Barranquilla y reside en Maracaibo.
Las piezas muestran a las figuras interactuando con otras: un muñeco con muletas, que en realidad son cuchillos que aplastan a un ser más pequeño, muestra al padre discapacitado que se apoya tanto en sus hijos que termina por aplastarlos. Una mujer devorada por un animal mitad boa, mitad pene alude a la relación destructiva que el adicto establece con su pareja. La figura de una madre amamantando a su hijo a través de un seno punzante es una metáfora de la figura materna que sin querer alimenta la agresión. "Me centro más en el género masculino porque considero que es el detonante del problema", indica Ruiz en el montaje.
El creador ha trabajado aproximadamente un año en esta instalación, que también incluirá una obra titulada Una y otra vez, que es, esencialmente, un atrapamoscas hecho con alambre de púas. También hay un video y un libro-objeto que contiene palabras troqueladas en bajorrelieve. "En Adhesión se desarrolla un tema que pertenece al repertorio previamente tratado por el artista: la adicción a la cocaína, pero ahora Ruiz traduce sus ideas a medios que resultan novedosos dentro de su quehacer artístico. De esta forma, el cuerpo humano, actor y continente de la experiencia de la adicción se manifiesta en toda su miseria", dice Israel Ortega en el texto curatorial.
Lo instalativo y lo tridimensional, así como el tema de la violencia expresado de manera conceptualista, está muy presente en la obra de Ruiz, formado como escultor en la Universidad del Zulia.
Participó en Jóvenes con FIA con una obra integrada por 37 herramientas punzantes elaboradas con huesos de animales. En esa ocasión, el jurado resaltó el dominio técnico del artista, la visión que propone del uso de los objetos y su capacidad de generar reflexión.

Fotografía: Manuel Sardá

CURA Y TUTELA: CURATELA

EL NACIONAL - Sábado 11 de Agosto de 2012     Cultura/3
EXPOSICIÓN El proyecto es parte del Taller Curatorial Experimental II 2012
Curadores de estreno
Siete representantes de una nueva generación de especialistas presentarán sus propuestas durante dos semanas
CARMEN VICTORIA MÉNDEZ

En su noche de bodas, Tim "fue curado" por su nueva esposa muchas veces, dice Steve Carrell al final de la película La cena de los idiotas. El personaje nunca logró entender el oficio de Julie: curadora de una galería. En una comedia ligera hay cabida para chistes de ese tipo, pero la verdad es que la frase oculta una realidad: poca gente sabe qué hace un curador. La exposición correspondiente al Taller Curatorial Experimental II 2012 ofrecerá la oportunidad de conocer algunos de los misterios que rondan a esta figura clave en la creación del discurso del arte contemporáneo.
Periférico Caracas mostrará a partir de mañana seis propuestas desarrolladas entre abril y agosto por los siete participantes del taller organizado por la Fundación Telefónica y la Embajada de España. El segmento Acción, arte de video, videoperformance y propuestas cinematográficas, curado por Emilio Narciso, traza un recorrido desde los años setenta hasta los noventa en el arte venezolano, a través de obras de Claudio Perna, Carlos Castillo, Nela Ochoa y Carlos Zerpa, entre otros. Justo al lado, Jesús Torrivilla expone el problema de la representación de la feminidad en la imagen fotográfica a través de piezas de Érika Ordosgoitti, Deborah Castillo, Lucía Pizzani y Eduardo Meza.
Ricardo Sanz aborda la relación entre superhéroes y poder. El curador se vale de la obra de Eduardo Kairuz para presentar una videoambientación que combina audio y material documental de cine.
"Participé en este taller en parte por mi formación de arquitecto y en parte porque me interesa la escritura, un ejercicio muy ligado al oficio del curador", indica Sanz.
Marisela Chivico tituló su propuesta El objeto redimensionado, que reúne a artistas venezolanos que trabajan bienes de consumo como curitas, cucharas, llaveros y cajas de fósforos. Los creadores Javier León, Nela Ochoa, Pepe López y Ramsés Larzábal revierten su uso y les dan valor estético. "Lo más valioso de esta experiencia es que nos brindan un espacio para presentar proyectos a las nuevas generaciones", señala la joven museóloga.
Nicolás Gerardi presenta una investigación basada en las apropiaciones de películas, videoclips, comerciales y mensajes políticos, de los cuales los usuarios de Youtube y Vimeo hacen sus propias versiones.
Aprender haciendo. La exposición tiene un sentido didáctico tanto para el público, que podrá familiarizarse con los procesos de investigación, conceptualización y montaje de las muestras, como para los participantes. Los últimos tienen la oportunidad de poner en práctica lo aprendido en las escuelas de arte, museología y arquitectura.
El ejercicio curatorial es un tema especialmente sensible en el país, pues en los últimos años la mayor parte de los museos nacionales ha limitado el eje de acción de los curadores, considerados figuras incómodas por algunos funcionarios. Galerías, instituciones privadas sin fines de lucro y salas alternativas prescinden también del curador para abaratar costos o porque se cree que la mediación entre artista y público no es necesaria. "En este programa era muy importante aprender haciendo, que era como se formaba un curador en un museo. Es necesario ofrecer oportunidades de formación a las nuevas generaciones", apunta Félix Suazo, coordinador de Periférico Caracas.

Fotografía: Manuel Sardá

jueves, 9 de agosto de 2012

TRIBUTARIOS

EL NACIONAL - Jueves 09 de Agosto de 2012     Voy/6
EXPOSICIÓN Las obras son un tributo al constructivismo
Patricia van Dalen invita a vivir el color en una gran instalación
La artista crea varios ambientes en una muestra que combina pinturas, intervenciones y video
CARMEN VICTORIA MÉNDEZ
     
Cuando Patricia van Dalen fue invitada a exhibir su obra en La Caja, en el Centro Cultural Chacao, el lugar no se le reveló como una sala de exposiciones cualquiera, sino como un gran volumen, con paredes francas que había que tomar. En Ámbitos expandidos, su arma es la de siempre: el color.
La muestra es la segunda parte del proyecto El color como estructura, que presentó hace dos semanas en la galería GBG Art. Si en la primera el collage es el protagonista, la continuación gira en torno a la pintura.
La artista exhibe más de un centenar de cajas de madera de diversos tamaños y grosores, pintadas en acrílico y dispuestas en el espacio de manera lúdica. Lorena González, curadora de la sala, define la obra como un homenaje al arte constructivista, desde Alejandro Otero hasta Piet Mondrian.
En ello coincide Van Dalen: "Es un tributo a la herencia abstracta venezolana y holandesa, pues tengo las dos culturas. Quería resolver esta exposición con formatos pequeños que cupieran en una maleta, pues la mayor parte de estas pinturas las hice en el exterior. Me interesaba explorar el pequeño formato para apropiarme de un espacio grande y hacer una instalación que tuviera muchas partes; que hiciera alusión a la definición de la palabra estructura: relaciones que se establecen entre las distintas partes de un todo".
La estética de la instalación alude al píxel, a la segmentación, que fue justamente la base conceptual del mural de la autopista de Prados del Este. "En esa pieza hay una fragmentación del campo visual; es interesante fragmentar aquí la arquitectura", señala el curador Juan Ledezma, quien hizo el guión de colocación de las piezas basado en una obra que Van Dalen elaboró para una residencia privada. Es por ello que la artista incluyó la maqueta de la intervención arquitectónica en la muestra.
La creadora propone varias atmósferas. Se vale de una pared falsa para reproducir una de las obras de su serie Arquitectónicas. Ello le permite aportar volumen a una pieza plana y separar las obras en pequeño formato de los videos que creó especialmente para la muestra, a petición de González. Se trata de un medio que la artista no había explorado anteriormente.
En otro sector, Van Dalen realiza una intervención directa en el piso y las paredes de la sala. "Quise crear una obra tridimensional en la que se pudiera entrar; que el espectador tuviera la sensación de meterse dentro de una de estas pinturas que exhibo en la sala contigua. Es una Arquitectónica penetrable. Necesito pasar continuamente de una escala a otra. No sé si es algo infantil: para los niños lo que es muy pequeño o muy grande siempre fascina, porque está fuera de escala. Por eso me interesan estos juegos".
En la intervención coexisten la pintura mural con la colocación de cinta adhesiva en color neón. Con esa obra la artista se propuso crear planos con diversas texturas, los que están hechos con tirros dan la impresión de haber sido rellenados con un creyón.
Van Dalen cree que con esa pieza pondrá punto y final al ciclo de los adhesivos, que usó en una instalación en la Universidad de Georgia y en las tiendas Beco, entre otros lugares. Quiere experimentar con otros materiales y sacar la experiencia del color del ámbito sensorial para llevarlo a lo conceptual.

Fotografía: Manuel Sardá

domingo, 29 de julio de 2012

CONMOVEDOR


El duelo de María Elena Delgado, a quien le han asesinado 3 hijos, se multiplicó en otras 50 madres víctimas. "Que vean nuestra cara. No somos números en un periódico", expresó Delgado. Artistas y deportistas se unieron a la campaña Ponte en su Lugar
Fotografía: Manuel Sardá
(EL NACIONAL, Caracas, 28/07/12)

martes, 17 de abril de 2012

ENTRE EL PRESENTE Y EL FUTURO


EL NACIONAL, Caracas, 09 de Enero de 2001
Sanoja Hernández en los últimos días del presente
Por: Joaquín Pérez-Ordaz R.

Llegando al país, en días pasados, uno de los sobrinos mayores vino a conocer a mi nuevo (y único) nieto. Me sorprendió que un aventajado ingeniero de sistemas que antes quiso ser sucesivamente bombero, militar y antropólogo, casado con una poeta mexicana que dejó la veterinaria por las ciencias actuariales, se interesara por conocer mi opinión sobre los mejores columnistas del país. Y ante su pregunta, surgió Jesús Sanoja Hernández encabezando a los diez más destacados.

Recuerdo que conocí al periodísta una tarde de 1970, cuando regresé provisionalmente al país, en algo interesado por la convención juvenil copeyana. Nos acercamos a Cantaclaro para defender, junto a dos o tres compañeros, las tesis del ¡socialismo comunitario!, pues, surgieron algunos comentarios desfavorables en Tribuna Popular y, además, nos pareció confusa y timorata la entrevista realizada a un candidato llevado de la mano por un líder de los verdes.

Dispensó una amable atención a nuestros argumentos. Tomó el lápiz y garabateó un papel ajado, remitidos luego a la jefatura de redacción. No formábamos la nómina de los más conocidos, quizás engreídos por colocar una que otra nota a pié de página en nuestra atrevida (y prolífica) documentación: “siempre ponemos el ojo a lo aparentemente anónimo”, más o menos nos dijo al despedirse.

Años después, lo interceptamos en el bautizo de un libro y compartió unos comentarios sobre la segunda presidencia de Pérez. Se dice un “cronista menor”, aún cuando conoce al dedillo los detalles de una historia que no termina , confiriéndole expresa o tácitamente una interpretación que habla de un testimonio moral y de perseverancia poco frecuente en la Venezuela que transcurre.

Su obra es el mejor ejemplo. Una inmensa dosis de responsabilidad le puso, en el ¿pasado? proceso constituyente al fijar una posición seria y firme, con el sí y con el no que bien sabrán valorar los investigadores del futuro.

Nos disgustó mucho el prólogo inmerecido que le hizo al breviario masista (o masistoide) de Pastor Heydra, pero le dio la gana de hacerlo. Y eso vale.

Cuenta con un estilo impecable y, a menos que los transcriptores hagan de las suyas, difícilmente puede pescársele un gazapo. Ha sido un maestro en el empleo de los pseudónimos, presuntamente abandonado un recurso antaño creador, útil y legítimo.

Le enseñé a mi sobrino la fotografía “escaneada” de Sanoja, con quien –por cierto- no me une relación alguna de amistad, tomada por Manuel Sardá. Del promontorio gigantesco de libros y papeles, desbordados en la mesa y en los estantes, surge la figura del periodista en guayabera, impidiendo que las gafas atajen la mirada del sacerdote sorprendido en la intimidad de su intacta devoción.

Ojalá haya casa editorial dispuesta a recoger, desde ya, toda su obra. La preferimos privada, pues, la pública generalmente está ocupada en las antologías poéticas de los prohombres del régimen e, incluso, en la colección de sendos discursos parlamentarios de oposición, una soberbia contradicción moral de sus autores jamás sometidos al concurso con otros venezolanos que esperan la gracia de la publicación.

Está el bosque de las celebridades inocuas. Y también el espeso río de aquellos que nos permiten interpretar estos últimos días del presente, arengados por la modestia.

Un compendio de todos sus trabajos, adecuadamente ilustrados, será esperado por mi nieto para conocer y sentir el largo e intenso itinerario del país que le corresponderá. Al otro Joaquín le remitiré poco a poco, a Guadalajara, los tomos para complementar el que electrónicamente ha armado: Sanoja hablará en los primeros días del futuro.

Fotografía: Manuel Sardá

sábado, 29 de octubre de 2011

CERDA DE BYTES


EL NACIONAL - Sábado 29 de Octubre de 2011 Escenas/1
Jacobo Borges pinta sin pincel
La computadora y la pantalla táctil son las herramientas que el artista emplea para dedicarse a un género que considera un reto: el paisaje. Recrea el paso de las estaciones en una serie de polípticos
CARMEN VICTORIA MÉNDEZ

Jacobo Borges es más conocido por sus personajes que por sus paisajes. Sin embargo, el género es el tema de su exposición más reciente, integrada por una serie de polípticos que recrean vistas de la primavera, el verano, el otoño y el invierno. Formalmente, su propuesta es una trama infinita de líneas de colores, producto de superponer una creación tras otra, borrarla y volverla a hacer en la computadora. Visualmente se trata de vistas, pero no a la manera de la escuela holandesa, del romanticismo o del impresionismo, pues fueron elaboradas con la técnica duborcom, que le permite pintar sobre pantallas táctiles.

El acercamiento del artista caraqueño a la naturaleza se produjo a través del grabado, en la década de los años ochenta. La idea de pintar paisajes siempre lo había rondado, pues en su disco duro (tanto el de su computadora como el de su propia cabeza) almacena una cantidad no cuantificada de panoramas que son producto de sus constantes viajes. De allí el título de Paisajes de la memoria. "Es un reto que me planteé hace tiempo, porque me impresiona mucho que Van Gogh y Vermeer pintaron cosas grandiosas desde la ventana chiquitica de su estudio o de su casa. Aunque he hecho paisajes antes nunca había podido llegar a convertirlos en una cosa monumental, hasta ahora", dice.

Vistas de lejos, las obras representan bosques llenos de flores, árboles y nubes, pero el creador, uno de los puntales de la Nueva Figuración de mediados de los años cincuenta, revela que se trata de una ilusión. "No quise hacer cuadros con la perspectiva renacentista, ni me interesa la visión fotográfica del paisaje; yo quería una cosa de signo. Esa libertad no la he tenido sino hasta ahora. No por una cuestión de técnica o de tecnología, sino de relación con mi propio trabajo. He tenido períodos en los que me interesa la forma, pero en realidad lo mío es la luz y el color. Por primera vez he liberado la línea de la forma.

He construido una especie de alfabeto, un lenguaje propio con la línea, que me permite crear la ilusión de cosas sin que estén".

Si el espectador observa cada pieza por segmentos no reconocerá forma alguna, excepto una trama de líneas. Al igual que los paisajes impresionistas, son cuadros hechos para ser vistos desde lejos. "Es una cosa que se construye y se reconstruye con la mirada, todo el tiempo. Eso no había podido hacerlo antes. Es osado hablar de impresionismo. Puede ser.

Uno siempre está en la búsqueda de referencias y, aunque no estén, uno las pone.

Por ejemplo, la obra de Jackson Pollock es asociada a la de Monet, por la libertad de la línea, pero si te detienes en los detalles te das cuenta de que no tiene nada que ver. Una cosa que descubrió el impresionismo y que lo mantiene vivo en la relación de la luz y el color con los fenómenos ópticos; por eso sabemos que las cosas se construyen en el ojo, no en el lienzo".

La técnica de elaboración de las piezas es digital, pero Borges se sigue considerando un pintor. Asegura que todo el arte digital que ha visto hasta ahora depende del programa en el que está hecho, a diferencia de su obra, pues intenta emplear estas herramientas de manera distinta a como fueron concebidas por los programadores. "El Photoshop está hecho para construir y editar imágenes, pero yo lo uso para destruirlas, repitiendo sus funciones. Es como lavar un piso con ácido. La pantalla táctil es un instrumento que utilizo como si fuera el grabado, como los pilograbados que hacía hace años con un clavo caliente sobre madera. Trazo mis trabajos sobre una pantalla especial, como la que sirve para hacer dibujos animados, pero eso no significa que solté el pincel; es como estar solo con el papel".


Fotografía: Manuel Sardá

lunes, 12 de septiembre de 2011

¿GAN-GA?


EL NACIONAL - SÁBADO 10 DE SEPTIEMBRE DE 2011 PAPEL LITERARIO/1
Papel Literario
La GAN se oxigena
ROLDÁN ESTEVA-GRILLET

Por fin, la principal institución del país dedicada a la preservación y divulgación del arte venezolano, no otra sino la Galería de Arte Nacional, se encamina a recuperar la decencia museológica. Desde el estreno de su nueva y todavía inconclusa sede en 2006 con una deplorable y costosa exposición sobre Francisco de Miranda, hasta hace poco, ninguna de las directoras designadas se distinguió en el cargo por razones de causa mayor, léase: Farruco Sesto. Sin embargo, luego de ese desfile de autoridades --desde la más capaz pero de breve paso, hasta la más inútil, también efímera--, en un momento desesperado antes de abandonar el barco, el mismo causante de tales desatinos alumbró una propuesta: poner de director a Juan Calzadilla (1931), un reconocido poeta, dibujante y crítico de arte, algo ya retirado de la escena pero muy cercano al régimen chavista. Su prestigio, como fue el caso de Francisco Dantonio en la vieja sede, podría repotenciar la institución y --¡quién sabe!-- preservarla de usos non sancto.

Una última visita a las salas de la GAN permite descubrir que uno no estaba errado en sus críticas al abuso de textos en las paredes, como si éstas fueran hojas gigantes de papel y los visitantes acudieran a un museo a leer y no a ver obras. Especialmente en los segmentos de la cultura aborigen, de la pintura colonial ("arte del invasor") y del arte republicano ("postcolonial") quedaba la impresión de que las obras no tenían mérito por sí mismas, sino que fungían de ilustración a los farragosos discursos que ni siquiera eran de propia elaboración sino reproducciones de largas parrafadas de textos ajenos. Ahora, por ejemplo, las vitrinas de etnografía están rodeadas con fotos de Carlos Germán Rojas sobre piezas arqueológicas pertenecientes a la institución. Felicitaciones.

También es justo reconocer una continuidad en la lectura museográfica de una sala a otra, de un piso a otro, y no como antes que no había un recorrido sugerido, se cerraba de pronto con Reverón y al subir las escaleras se topaba uno con Otero, Soto y demás vanguardistas. Ahora, en efecto, hay un completo despliegue de las diversas expresiones artísticas hasta los años sesenta en la planta baja, para seguir en el piso superior con la fotografía, el dibujo, el grabado, el performance, el arte conceptual, el video art y demás propuestas contemporáneas. Un discurso fluido y comprensible, con breves textos de presentación en cada segmento.

Es justo reconocer una continuidad en la lectura museográfi ca de una sala a otra, de un piso a otro, y no como antes que no había un recorrido sugerido

Sólo resalta un gran vacío: la cerámica artística con Cristina Merchán, Tecla Tofano, Colette Delozanne o Nohemí Márquez. Y eso que está exhibido el gran impulsor de ese arte, Miguel Arroyo, pero con una pintura que lo representa muy mal.

Quizá no esté conforme con la inclusión de alguna obra en una expresión o corte temporal definido, al dificultarse la evidencia de una búsqueda común. Un paisaje de Alejandro Otero, de 1944, junto a pinturas de la gente del Taller Libre de Arte; o un Virgilio Trómpiz de índole realista social camuflado de neofiguración; o una Mary Brandt lejos de los informalistas. Son sutilezas de la curaduría que en buena parte es subjetiva. Lo que no me explico es cómo se descuida la protección de algunas obras, de suyo frágiles, colocadas en pedestales sujetos a cualquier tropiezo accidental. En particular, desearía llamar la atención sobre la Bacante (1913, bronce patinado), de Andrés Pérez Mujica; la Cabeza de Medium (1914, bronce patinado), de Pedro Basalo y el Leño viejo (1961, ensamblaje, hierro, alambre y óleo sobre madera), de Jesús Soto, todas en delgados pedestales y sin cajas de acrílico que amortigüen una eventual caída. Ya un fino jarrón de porcelana de la muestra de obras del Palacio de Miraflores se hizo añicos por la misma falta de cuidado.

Más allá del remontaje de parte de la colección, a manera de panorámica sobre la historia del arte venezolano, se exhiben dos exposiciones temporales, como debe ser en todo museo. La experiencia museológica aconseja realizar, como homenaje, una exposición antológica a un artista de larga trayectoria, y a un artista de menor jerarquía o más joven una exhibición de su obra más reciente. Empecemos por la pintora figurativa Azalea Quiñones (1951), cuya inclusión echa por la borda la nefasta política de no hacer exposiciones individuales sino colectivas.

No estoy al tanto de las razones de la escogencia, pero como simple espectador me sobreviene una suspicacia vergonzosa al encontrarme con dos tipos de obras que si bien calzan con su trayectoria, la coincidencia aquí me resulta oportunista. Nos encontramos con obras antiguas y nuevas, éstas las más interesantes para mi gusto y que ya en parte había presentado en el Celarg.

Entre las conocidas, su versión de la última cena (1981) con una serie de creadores entre los cuales están José Ignacio Cabrujas, Jorge Luis Borges, Salvador Garmendia, Juan Calzadilla, Armando Reverón, Oswaldo Trejo, Aquiles Nazoa, Roberto Guevara, Bárbaro Rivas y Cristóbal Rojas, con ella misma en su doble papel de Judas y de Jesús (Colección Leonardo y Linda Blasini); y un tríptico que no le conocía pero de la misma fecha, donde repite a Juan Calzadilla flanqueado por otros dos santos de la libérrima devoción de la pintora: José Gregorio Hernández (Colección Museo de Arte Contemporáneo) y Charles Chaplin, todos enfundados en trajes negros.

Más allá del remontaje de parte de la colección, a manera de panorámica sobre la historia del arte venezolano, se exhiben dos exposiciones temporales, como debe ser en todo museo

No es que considere improcedente retratar a un célebre crítico, pues también Luisa Ritcher y Emerio Darío Lunar lo hicieron, todos útiles para una iconografía del personaje. Pero dos retratos del Director de la institución que acoge a Azalea Quiñones suena a pleitesía o a autocomplacencia, según quién sea el responsable de la selección. Si bien se incluye, de su serie de retratos, uno grande de Bolívar (1981), me incomoda esa serie de retratos de pequeño formato en la que remeda al resto de su iconografía con la infaltable Manuelita, todos de recientísima factura (2011), cómo decir, previos a la inauguración. ¿Qué es eso? ¿Una moda política o un pago de peaje? Por otra parte, la GAN no ha podido retomar su bella y envidiable labor de publicación de catálogos pero, en este caso, prefiero que siga así.

Para no equivocarnos de institución y del nuevo tiempo museístico que sufrimos, la otra exposición temporal es una impertinencia del Museo Bolivariano: una serie de fotografías que dan cuenta del proceso de restauración de piezas textiles, actualmente exhibidas en su sede original.

Lo normal habría sido que los visitantes de ese museo hubieran podido apreciar estos detalles o ver el video correspondiente en su propia sede.

Pero ya esto está más allá de las decisiones de la Galería de Arte Nacional, sometida a una pérdida de autonomía programática ante los caprichos de la Fundación de Museos Nacionales. Basta con seguir la visita hacia el Museo de Bellas Artes, que si bien pudo gritar triunfo al recuperar su edificio primigenio, el mismo está ocupado casi en un cincuenta por ciento de su espacio expositivo por sendas exposiciones ajenas.

La primera, elucubrada por el Museo Nacional de la Historia, es una vuelta a la noria mirandina para escolares a partir de un pedazo del Leander que no han podido construir en el Parque del Este, perdón, Parque Miranda; la segunda, más de artes plásticas, una muestra de un artista autodidacta organizada por el Museo de Arte Popular, institución convertida en lastre de la GAN pues al permanecer de puertas cerradas, ni lava ni presta la batea, cuando debería exhibir en el espacio usurpado la colección que le es propia, la adquirida a Mariano Díaz. Por lo menos la temporada de vacaciones mantiene plena de escolares las salas de la GAN; ojalá que ya creciditos la visiten voluntariamente y no acarreados como ahora.

Fotografía: Manuel Sardá