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jueves, 24 de julio de 2014

CURSO BÁSICO DE ARTE CONTEMPORÁNEO (8)

EL NACIONAL - LUNES 3 DE MAYO DE 1999 / CULTURA
Este país no está para echar vaina
El artista, uno de los venezolanos de mayor proyección internacional actualmente, regresó al país hace dos años y desde acá trabaja en su obra reciente. En entrevista con El Nacional, muestra su visión del medio plástico local, que observa como un gran teatro sin guión
Edgar Alfonzo-Sierra

Cítrico y displicente, polémico y relajado, el artista Meyer Vaisman, quien no pocos comentarios, a favor y en contra, ha levantado desde que ganó la Bienal Dior así como por su renuncia a representar a Venezuela en la Bienal de Venecia (hace cuatro años), aceptó conversar reposadamente en la redacción de El Nacional.
Venezuela, punto pasional, quizá tenso, en la vida de este paisano que salió de Caracas a los 18 años y quien ha vivido alguna gloria artística en los Estados Unidos, igualando su nombre al de otros renombrados creadores como Peter Haley y Jeff Koons, puso el dedo en varias "llagas" del medio plástico y cultural local en un A Fuego Lento en el que participaron Chefi Borzacchini, jefe de información cultural, y los periodistas de la sección Andreína Gómez y quien suscribe.
-Quisiéramos analizar su actitud, de algún modo atrevida y a la vez destemplada, frente al medio plástico venezolano. ¿Es una pose? ¿Es real o premeditada? ¿O es un modo de llamar la atención?
-Eso responde a que yo me eduqué artísticamente en otros sitios -en Nueva York, básicamente- y me moví en otro contexto, en Estados Unidos, Europa y algo de Asia, en donde se manejan ciertos códigos de profesionalismo, de estética y ética, que tienen que ver con la condición de respeto de un artista y con la forma como mi trabajo ha sido visto, manejado y contextualizado. Quise involucrarme con Venezuela cuando tuviera algunos años de trabajo fuera, y encontré un mundillo artístico difícil, con triquiñuelas, muy laberíntico, que me hizo entrar, a veces, en cierto desespero por la forma en que hemos sido tratados mi obra y yo. Por eso muchas veces, con cierta indignación, me he referido a cosas que han pasado aquí o que han dejado de pasar.
-Las etiquetas y clasificaciones son antipáticas, pero ¿en qué grupo del arte venezolano se ubica usted?
-Mi actitud no puede ser clasificable dentro de ningún grupo. Yo tengo mi personalidad con todo lo bueno y lo malo que incluye. Estéticamente no me siento parte de ningún grupo en Venezuela. Sí siento cierta afinidad con algunos artistas. Mayormente con José Antonio Hernández-Diez, Héctor Fuenmayor, algunas obras de Eugenio Espinoza, Alfred Wenemoser, o sea, cierta tendencia, digamos, conceptualista. También hay una cantidad de artistas jóvenes que me interesan tales como Diana López, Juan Nascimento...
-¿Cómo percibe al medio artístico venezolano?
-Hay gente muy buena, artistas y críticos, pero veo a un medio con problemas. El mayor es un alto grado de mezquindad que es lamentable. Detecto luchas de poder destructivas, a veces falta de seriedad en el modo de ver las cosas, en la manera de hacer exhibiciones. Yo, por ejemplo, tengo un serio problema con la cantidad de salones que se hacen. Pero el peor problema es la falta de historia del arte en Venezuela. Me pregunto: ¿cuántos de esos artistas hiperjóvenes que participan en exhibiciones como el Pirelli, por ejemplo, tienen un conocimiento serio de la obra de artistas de los años 70, como Roberto Obregón, Héctor Fuenmayor, y aún más, de la obra de Gego, de Marisol, de Claudio Perna, de Víctor Lucena. Estos salones aplanan el panorama. Ves una obra de Fuenmayor al lado de la de un chamo recientísimo.
-¿Se refiere a la continuidad? ¿A que constantemente estamos empezando, sin mantener las referencias?
-En Venezuela hay un problema: parece que todo se tiene que construir, siempre, una y otra vez. Si siempre se está comenzando de nuevo no va a haber continuidad nunca, no va a haber historia. El asunto de la Constituyente me parece más de lo mismo. Cuando uno se la pasa comenzando de nuevo, uno no avanza. Das dos pasos y viene alguien que te dice: no, vamos a comenzar otra vez. Es también una cuestión de caudillismo que va desde el Presidente hasta el ascensorista. Entonces, se pierde el sentido de institución y todo se convierte en un virreinato de la persona que provisionalmente está a cargo. Y es una cuestión general, una manera de actuar de nosotros los venezolanos, de querer protagonizar y ser autores de lo que sea: una Constitución, una máquina o hacer una exposición a nuestra imagen y semejanza. Cada cual con su vaina, con su historia, con sus prejuicios y sus grandes ideas. Esto es grave.
Piches, fáciles y piratas -Bueno, más allá de las interpretaciones sociológicas sobre sobre los venezolanos, usted mencionó a los salones de arte. ¿Qué haría con ellos?
-Yo, simplemente, los reduciría a un mínimo. Son una manera demasiado piche, fácil y pirata de divulgar lo que están haciendo los artistas jóvenes. Deberían proponerse muestras temáticas, y extenderse el tiempo de las exposiciones (un mes no es suficiente). Otra necesidad es la publicación de buenas monografías de artistas y libros de arte contemporáneo. Yo he visto muchas propuestas de creadores como por ejemplo la de Héctor Fuenmayor, y me entristece decir que no conozco su obra porque no la he visto nunca en una exposición, qué se yo, quisiera conocer los 20 años de su trabajo. Por eso la exposición de Antonieta Sosa me pareció buenísima en ese sentido, estaba bien documentada. Por otro lado, el Conac debería tener una política cultural que permitiera establecer una buena bienal internacional en Caracas, como la experiencia de Sao Paulo.
-¿Es un problema de educación o de falta de políticas?
-Imagínate el mundo del teatro: grandes actores, grandes escenarios, pero sin guión. Eso es lo que ocurre en las artes plásticas venezolanas, no hay un guión. Hay artistas muy buenos, consecuentes, interesantes. Hay museos grandes, buenos escenarios, con buena iluminación, con buena museografía, pero el guión no existe porque nadie lo ha escrito.
-Usted ha hablado de mezquindad en el medio plástico nacional. Pero, su obra es aceptada aquí y museos y otras instituciones le han abierto las puertas.
-La mezquindad la sufrimos todos. Ocurrió conmigo en el caso de la Bienal de Venecia. Esa fue una trampa que me tendieron a mí, a Tahía Rivero, a Sambrano Urdaneta y cuyo objetivo era que yo no fuera a la Bienal. Y no fui y se acabó. Yo creo, y esto es una sospecha, que entre los grupúsculos con peleas de poder que aquí hay, se encontraba gente apoyando mi obra cuya cuota de influencia podría haber crecido con mi participación en Venecia y había otro grupo que se interesaba en lo opuesto, en evitar que ellos subieran. A veces pienso que no fue algo conmigo directamente sino, una pelea entre bandos y yo fui carne de cañón.
-¿No faltó firmeza de su parte? Usted renunció abruptamente.
-La Bienal Dior y la Bienal de Venecia han sido los puntos más fuertes y más dolorosos de mi carrera. Creo que como artista uno no debe negociar en ningún sentido. Se me pidió una propuesta, la hice muy seriamente. Fue sometida a un grupo de expertos que votaron positivamente a mi favor. Para mí eso estaba cerrado. Luego se armó todo aquello, que si podía ser esta obra o cualquier otra, que si por qué un rancho. Bueno, se armó todo aquello que fue muy oscuro. Fui elegido en una votación legítima y no tenía por qué moverme por otros medios.
Vuelta a la patria
-¿Qué lo trajo de nuevo a Venezuela?
-Quedé un poco saturado de Nueva York. La estadía aquí se fue extendiendo porque mi padre estuvo muy grave el año pasado. También quise volver porque me fui de Venezuela a los 18 años y nunca entendí del todo bien al país ni mi relación, siendo venezolano, con esta tierra. En cierto modo ahora entiendo más a Venezuela, pero cada vez se me hace más y más difícil encontrarme aquí. Es algo que no tiene que ver directamente con el país sino con mi propia personalidad. Me sofoco y me saturo de los sitios rápidamente.
-Se ha dicho que su "repatriación" ha significado pérdida de oportunidades a nivel internacional. Se piensa que el hecho de que la galería neoyorquina Leo Castelli no lo represente, significa una merma importante en su carrera.
-Leo Castelli ya no me representa porque yo me largué de la galería como los otros artistas que formamos parte de ella. Y hay otras opciones.
-¿No fue demasiado precoz su éxito internacional?
-Sí, fue precoz. Fue muy intenso. No estaba preparado para ciertas cosas. El crecer artísticamente bajo una lupa tan precisa y tan intensa es problemático. Decidí desvincularme temporalmente del medio artístico del cual fui partícipe, porque sentía que le había perdido el hilo a lo que hacía, exponiendo con tanta frecuencia y en tantos lugares. En esto, Verde por fuera, rojo por dentro (expuesta en la GAN), fue una obra crucial que determinó que mi trabajo se hiciera mucho más serio y más profundo, más macabro y más orgánico. Me dicen que estoy corriendo un peligro al no hacer exposiciones cada dos años, pero yo decidí correr el riesgo. Dedicarme a pensar la obra es más importante que irle recordando a la gente que estoy en actividad. Si el medio cultural no puede esperar el tiempo que dure el proceso, yo no puedo ser parte de él.
-Ahora está trabajando en un autorretrato póstumo.
-Mi obra siempre ha tenido que ver con el autorretrato, de una manera muy oblicua. Eso me llevó a hacer el último autorretrato posible, un autorretrato muerto. Tenía años pensando en este asunto. Era muy macabro y no sabía si lo quería hacer. Esa fue la obra expuesta en la Bienal de Sao Paulo en noviembre y que haré circular este año por galerías de Alemania y Brasil.
-¿Te preocupa el fin de siglo, de milenio? ¿Te influye?
-Sí. Yo pienso que un cambio de siglo es una cosa muy seria y un cambio de milenio algo más aún. Todo lo que se ha dado en los últimos años con estos revivals de la moda y el arte de los 50, 60, 70 y ahora los 80, es una manera de tratar de frenar esta idea de que estamos llegando a un abismo. Cuando yo era chamo me imaginaba para esta época de mi vida me imaginaba en una nave espacial, vestido de plateado y con un acuario metido en la cabeza. Todo muy lindo y muy bello, y veo que las cosas están peor que nunca.

El chiste y el drama
-¿Qué le gusta y qué le preocupa de Venezuela?
-El humor venezolano me encanta y lo veo disminuido últimamente. Hay muy pocos chistes. Cuando vivía en Estados Unidos llamaba a mi hermano cualquier día de la semana y me ametrallaba con ellos. Cada uno mejor que el otro. Eso se ha ido perdiendo, ya no hay abundancia de esos chistes callejeros tan sabrosos. Eso me parece muy sintomático de lo que ha estado ocurriendo. O sea, que este país no está para echar vaina. Estamos pasando por momentos muy serios, trágicos y problemáticos. Hay drama y una violencia que me preocupan. Todo lo veo muy complejo. Viví 18 años en Nueva York y conocí gente extremadamente talentosa, profesional, en una ciudad altamente competitiva; y aquí encuentro venezolanos con exactamente los mismos talentos, pero que no logran hacer ni la octava parte de lo que podrían en otro lugar. Aquí todo es extremadamente difícil. Las dificultades son como caprichosas. Se emprende una tarea y de repente hay un obstáculo que no sabes quién lo puso. Las reglas nunca están claras y eso crea desesperación. Yo lo que veo es que se habla de los cambios, de los cambios de este nuevo gobierno, pero yo que he sido tan vociferantemente anticopeyano, antiadeco y anticonvergente, me siento tan sin franquicias ahora como antes. Y como yo, está mucha gente. Lo que veo es que el manejo del poder aquí es tan primitivo, tan básico, que me preocupa mucho todo lo que está pasando. Creo que no se están haciendo seriamente las cosas. Venezuela necesita cambios que no vendrán necesariamente por una nueva Constitución. Por ejemplo, cada cierto tiempo se cambia la Ley de Tránsito y jamás ha funcionado. No es cuestión de escribir las leyes, el problema es educativo, de enseñar a la gente a respetarlas, hacer ver que uno vive en un entorno social y cada acción que uno realiza afecta a los demás. Sin esa conciencia ciudadana aquí no habrá Constitución que valga. No es cosa de nuevas leyes, nuevas constituciones o nuevas repúblicas, eso es puro simbolismo.

Fotografías: LB, gaveras de resfrescos. Manuel Sardá: Meyer Vaisman.

sábado, 1 de junio de 2013

OBRA (RES) PÚBLICA

EL NACIONAL - Sábado 01 de Junio de 2013     Cultura/3
BIENAL El foco de la representación nacional en Venecia es el arte urbano
Bolívar y Chávez, íconos del pabellón venezolano
Hoy comienza la 55° edición de la muestra con la participación de más de un centenar de creadores
CARMEN VICTORIA MÉNDEZ

Simón Bolívar y Hugo Chávez son los dos íconos que atraerán la atención de quienes visiten el pabellón venezolano en la 55° edición de la Bienal de Venecia, que abrirá sus puertas hoy. Por primera vez, la estructura diseñada por el arquitecto Carlo Scarpa dará cabida al grafiti, el mural, el esténcil, los stickers y otras manifestaciones del arte urbano. Otro hecho inédito es que en lugar de apostar por obras de artistas de renombre, el Estado prefirió mostrar las creaciones de aproximadamente 25 colectivos anónimos.
Massimiliano Gioni, curador del certamen, asegura que esta edición va a contracorriente de las modas y busca la provocación, algo que varias representaciones, entre ellas la nacional, se han tomado muy en serio.
La agencia francesa AFP describe la muestra El arte urbano. Una estética de la subversión ,curada por Juan Calzadilla y comisariada por Edgar González: "Un país como Venezuela, en medio de la revolución bolivariana, propone el arte por excelencia de la subversión, los grafitis. El modelo de estética de un país contradictorio y en plena transformación es el de los colectivos de artistas urbanos anónimos, entre ellos CMS (Cómanse mis sobras) y Schock, los cuales juegan con íconos de la historia venezolana, desde un enorme Simón Bolívar en blanco y negro con gafas oscuras, hasta un mural de Hugo Chávez de colores, todo ello ambientado en una Caracas urbana, pobre, de barriada, convertida en un museo imaginario".

Los colectivos realizaron murales en situ sobre paneles falsos. La muestra es contextualizada con un registro audiovisual de las diversas manifestaciones de arte urbano que se pueden observar en las calles de Caracas. La AFP establece un paralelismo entre el pabellón venezolano y la gran exposición de las 4.500 obras de arte dirigida por Gioni con el lema el Palacio Enciclopédico.
El tema del grafiti como expresión nacional se repite en el pabellón del Instituto Ítalo-Latinoamericano, donde expone la venezolana Susana Arwas un registro fotográfico de escenas urbanas, superbloques, pintas y murales políticos.
Si el pabellón venezolano es político, el de Argentina va más allá al presentar una hagiografía de Eva Perón realizada por Nicola Costantino. "El texto del catálogo lo firma la propia Cristina Fernández de Kirchner", escribe el crítico Manuel Calderón en el diario español La Razón .
La bienal abrirá sus puertas hoy con más de un centenar de artistas. Una de las piezas más controversiales fue creada por el chileno Alfredo Jaar, quien confronta el modelo de las representaciones nacionales que ha caracterizado al evento. Su obra es una maqueta de los pabellones que se sumerge en el agua cada tres minutos. Se espera que el chino Ai Weiwei acapare la atención con una instalación en la que narra su detención de 81 días en 2011. Hélio Fervenza, Odires Mlászho, Lygia Clark, Max Bill y Bruno Munari integran el pabellón brasileño, curado por el venezolano Luis PérezOramas.

EL NACIONAL - Sábado 01 de Junio de 2013     Escenas/1
Caracas cautiva denuncia a una urbe censuradora
La artista Dalia Ferreira retrata personajes citadinos e íconos arquitectónicos encerrados en frascos de cristal. Su obra critica el aislamiento y la inseguridad que caracterizan a la capital
CARMEN VICTORIA MÉNDEZ

Íconos caraqueños como las Torres del Silencio, La Previsora, el paseo Los Próceres y la plaza Francia han sido habituales en las obras de Dalia Ferreira, una artista que ha encontrado en la estética pop y en los colores neón el lenguaje más idóneo para denunciar la angustia de vivir en la urbe.
En esta ocasión, la creadora presenta edificios y monumentos de la ciudad encerrados dentro de frascos de cristal.
La muestra reúne una decena de lienzos de gran formato y dos cajas de luz basadas en el mismo tema.
El título de la exhibición, Caracas cautiva , es un juego de palabras. "Caracas es cautivadora, es una ciudad que enamora, pero yo a la vez me siento cautiva dentro de ella, creo que estoy presa en una sociedad política, económica y culturalmente censurada, autocensurada y censuradora", indica Ferreira.
Los íconos urbanos coexisten con cuerpos desnudos, apesadumbrados y en posición fetal que representan al habitante promedio de Caracas. En esta ocasión la artista trabajó con una modelo. El tratamiento de la figura humana es uno de los aspectos en los que la obra ha variado. Hace tres años, cuando exhibió Cuarentena en el Centro de Arte Los Galpones, presentaba a unos seres que salían de los edificios y trataban de expresar su angustia. Ahora parecen haberse rendido. "Aquí los volvemos a ver, pero encerrados en sus últimos reductos de libertad que son sus espacios privados, su casa o su habitación", dice.

Asegura que sus personajes aluden a las personas que abandonan puntualmente los espacios públicos entre las 5:00 y las 6:00 pm. "Ellos salen del trabajo y se van volando para resguardarse, para protegerse. En ese sentido mi obra es una denuncia de un fenómeno. Con estos cuerpos desnudos sobre el asfalto o encerrados en frascos quiero decir que la gente está desprotegida, se siente como en pelotas en la calle por la inseguridad. Observamos la ciudad que nos contiene y nos mira mientras observamos la ciudad que nos contiene y nos mira, como decía la escritora Gertrud Stein".
En la exhibición no sólo se nota un cambio en los personajes, sino también en los procesos creativos y en la incorporación de nuevas técnicas a la obra. Ferreira lo atribuye a su paso por The Art Student’s League, la escuela de arte estadounidense que la becó. Allí aprendió a manejar el acrílico, a superponer telas, a incorporar resina a la superficie pictórica y a intervenir las obras con diversos materiales. "Creo que estoy a medio camino entre varios lenguajes, porque parto siempre del hecho fotográfico, pero mi trabajo se ha vuelto más plástico dentro del término contemporáneo.
Por ejemplo, hay una obra cosida. Lo veo como una forma de agujerear el cuerpo humano".
Hoy, antes de la inauguración, habrá una acción en la que un autobús partirá desde la galería para un recorrido a través de Las Mercedes, mientras sus ocupantes plasman sobre un lienzo sus ideas sobre Caracas. La pieza será incorporada a la muestra. También se efectuará un jamming poético con la participación de la banda de hip hop III Deberes y la poeta y crítico Kelly Martínez.



Cfr. http://www.eluniversal.com/arte-y-entretenimiento/130531/venezuela-mostro-su-rostro-en-la-bienal-de-venecia