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domingo, 28 de mayo de 2017

¿RUPTURA O CONTINUIDAD?


De la sofocante extemporaneidad

Luis Barragán

Pocas veces ocurre, el primer y aún más distraído vistazo genera inquietud, autorizando los otros que llevan a una más pausada reflexión. Suponemos que toda novedad artística lo es, cuando suscita una poderosa o cierta desazón e, inadvertidamente, contribuye a una interpretación de las realidades que suelen confundirnos.

Navegándolas al azar en una noche de lidia con el insomnio, inmediatamente volvimos al motivo gráfico que tecleó nuestra curiosidad en las redes. Recortada la silueta de una tanqueta cotidiana con su inequívoco cañón, sobre el breve paisaje de una empinada barriada popular, supimos de la más reciente versión de una extemporaneidad que nos sofoca.

No tardamos en saber de Pepe López, gracias a una breve orientación de Nicomedes Febres, las limitadas imágenes reportadas por Google y una directa comunicación con el artista al servirnos de una tecnología que parecía imposible   más de dos décadas atrás. Advertimos una faceta de su obra que, al actualizarla, nos actualiza con el país que presumimos por siempre de un fácil e inmediato  reconocimiento.

Extendida y convertida en regla la marginalidad urbana hasta cuestionar el propio sentido de las palabras, parece dejar atrás etapas como la del aluvión de las vivas formas geométricas que ha hecho escuela en Venezuela, concediéndole también una identidad,  o la de los utensilios del aseo doméstico que trastocan la cotidianidad en una repentina y sugestiva excepción.  Ahora, nos interpela con la eficaz sencillez de un misil gráfico, socialmente resistidos al inevitable post-rentismo que ha hecho de la violencia su mejor lenguaje en el – antes – insospechado siglo XXI que nos tiene por precarios inquilinos.

Muy pocos escapan del indecible deterioro de nuestra calidad de vida, encarcelados por el hampa – además – organizada, relegados por un salario real de subsistencia, resignados a una vivienda cada vez más frágil, aquejados por eso que llaman los expertos la incongruencia de estatus. Cerca de nuestro propio domicilio personal, pendientes de alguna refriega de proyectiles de algo más que lacrimógenos que pueda afectar a una urbanización venida a menos, apreciamos desde el balcón la cada vez más lenta e incierta remodelación de un esquinero pent-house que aspira a una planta adicional para la prole que ha crecido, teniendo por trasfondo el desarrollo acelerado de una barriada que pareciera el resultado de una feria gratuita de cabillas y cemento enquistada en lo que fue la respetada zona de un parque nacional, menos de cinco o seis años atrás.

La terrible silueta recortada adquiere el encaje de una granada de mano, una pistola, una Kaláshnikov ya de escolar familiaridad, o se abanica francamente con una inerte figura humana en la punta del copado cerro, incurriendo  en el audaz y aparentemente absurdo injerto de una escultura clásica contra el paisaje de los “ranchos” mil veces abigarrados que se empinan aferrados a la colina también utópicamente antisísmica. Entendemos, el código por excelencia es el de las viviendas de paredes no frisadas, despobladas o con el inexistente indicio de la vivacidad de una motocicleta o de un jeep que las surque, silentes y resignadas al viento: encaramamiento de encaramamientos, el dato estético adquiere otra significación que lo aparta o quizá le da una sorprendente continuidad a la obra de Meyer Vaisman, cronista infalible de los años del esplendor petrolero.

El idioma es el de la violencia, cruce de un centenar de dialectos para la angustia rutinaria, a la que Jenny Guerrero Tejadas avistó con una fuerza identitaria que hoy las circunstancias dicen legitimar (http://www.saber.ula.ve/bitstream/123456789/28992/1/articulo8.pdf).   Y esto,  por el sostenido discurso del poder establecido, cuyas concreciones naturalmente indignan a López, denunciándolo con las armas de las que dispone.

 Un discurso que, por cierto, no soporta el análisis marxista de clase, habida cuenta del tal socialismo de esta otra centuria, ni la recurrentes disertaciones que apuntaban a las televisoras en manos privadas, hoy en la práctica todas estatizadas. Celebrada la muy arriesgada captura y devolución del violín destrozado a Willy Arteaga, por el contingente militar,  en medio de una faena represiva de la protesta ciudadana, el discurso es propio  del empleo de la fuerza bruta y de su lenguaje, inscrito en una cultura de la muerte, de la agresión y del cinismo militante.

Proveniente del mundo de  la sastrería, el término “beskope” o sus variantes “made to measure” y “su misura”, avisa de una técnica de elaboración artística que, al aspirar un fiel reflejo de la presente etapa histórica, puede finalmente emblematizarla.  Suerte de anticuerpo, acaso un remedio homeopático, al representarla, la violencia tropieza con un lenguaje alternativo que ojalá prospere: únicamente el arte puede lograrlo.

29/05/2017:

domingo, 27 de julio de 2014

(AUTO) DECONSTRUCCIÓN

De la precariedad como hábitat  (y nota previa)
Luis Barragán


Pronto cumplirá un año de sancionada por la Asamblea Nacional, en apenas dos sesiones,  sin que el Ejecutivo la haya promulgado o devuelto, la Ley Orgánica de Cultura, al igual que otros instrumentos que hicieron ruido (por ejemplo, el referido a las transacciones de vehículos automotores). Puede decirse que la oposición estuvo fehacientemente asistida por la razón al cuestionarla (os), pero de nada vale hacerse ilusiones al respecto. Sospechamos que la (s) materia (s) constituye (n) una tentación para Nicolás Maduro y su no menos estridente habilitación. Salvo mejor opinión, sostenemos que no es posible un (os) decreto-ley (es) en la (s) materia (s), porque está en tránsito una normativa sancionada que, pasado ya excesivamente  el lapso constitucional, está todavía obligada la junta directiva del parlamento a promulgar.  Breve digresión, tampoco sabíamos que la acción de amparo es posible ante otro país, según la decisión de la Sala Constitucional (TSJ) del 25 de los corrientes. Tratamos de un régimen con doctorado polaris causa.

La Torre de David

La autoconstrucción de las viviendas es un asunto común, cuando se debe y se puede por los costos también de tiempo que supone, añadido el paciente mejoramiento de los inmuebles.  E, incluso,  no pocas de las actuales urbanizaciones comenzaron por casas y edificios modestos que facilitó el Estado mediante créditos de largo plazo, trastocadas en exclusivas zonas de tan insospechado origen.

Algo muy distinto es convertir la autoconstrucción en una fundamental política del Estado, pues, orientada – sobre todo – a los sectores populares que demandan y desesperan por un techo, delega sus responsabilidades en quienes, además, con su fuerza de trabajo, lo subsidian.  Integrándose a un vasto clientelismo político, pugnan por convertir en hogar las viejas edificaciones invadidas y alcanzar las escasas  cabillas y bolsas de cemento, en un país productor de hierro que galopa hacia la nerviosa desindustrialización.

El más distraído observador pudo reparar en la pausada transformación que experimentó la citada torre por todos estos años, convertidas las rampas, oficinas,  sótanos, terrazas,  estacionamientos o cualesquiera otros espacios, en sendos apartamentos de una estética a lo  Meyer Vaisman. Es de suponer, en el particular tráfico mercantil que también explica la pobreza en una economía rentista, una fortísima inversión de más de dos mil familias a tono,  obligándonos al acento, con la política del Estado,  agregada la operatividad de una (s) cooperativa (s) expuesta (s) ya a la burla más contundente y al fracaso.

Tolerada y consolidada la experiencia por una década, el gobierno nacional está ahora comprometido con los empresarios chinos en diligenciarles y procurarles un asiento principal para sus intereses y negocios, surgiendo la mole que ha debido avergonzarles como alternativa. Por citar únicamente el caso de Caracas, otras edificaciones públicas no cuentan con la jerarquía de una infraestructura y los posibles servicios como puede dispensar la torre, aunque genera un fundado temor a los habitantes de la Torre de Viasa o de la otrora insigne arquitectura que sirvió de sede a la Procuraduría Agraria Nacional, pues, tratándose de sus superiores e inmediatos intereses, el poder decide y desaloja sin chistar.

Gobernar es una tarea ardua, pero abaratado sencilla y asombrosamente el costo político de no hacerlo, privilegiado el poder continuista, la autoconstrucción es el objetivo ideal que, por cierto, se convirtió en programa realizado luego de  la frustrada reforma constitucional de 2007, pretendiendo transferir los más difíciles, viejos y enconados problemas a las comunidades. Empero, objetivo harto demeritado y traicionado, tratándose paradójicamente de la potencia capitalista emergente más importante del mundo, el resultado será siempre el de la precariedad como hábitat.

Fuente:
http://opinionynoticias.com/opinionpolitica/20038-de-la-precariedad-como-habitat-y-nota-previa

INDISIMULADA TORRE DE NUESTRO RENTISMO

La pobreza como monumento (y nota previa)
Luis Barragán


El asunto estriba en que no son deslices, faltas o delitos menores, relacionados con el tránsito automotor, alguna factura olvidada,  lesiones leves o posesión de marihuana para el consumo personal.  Por lo regular, casos como los de Aponte Aponte, Isea o Carvajal asoman la punta de un iceberg tumorizador que justificadamente conmociona. Y, a la vez, prisioneros irrefutablemente  políticos como Leopoldo, Daniel y Enzo resultan golpeados, tras una requisa a deshoras.

La torre de David

Desde mediados de la década pasada, la vista privilegiada de la oficina de Ramón Petit nos permitió el modesto y periódico  seguimiento fotográfico de la Torre de David o de Confinanzas, suscitando la inevitable reflexión.  La sospechosa clausura del laboratorio social que no tuvimos ocasión de conocer rejas adentro, por más que nos propusimos la aventura, nos remite a aquellos lejanos días de la lluvia que licuaba el inmueble, desprendiéndose lentamente de sus láminas sorteadas al viento que tardaban poco en avisar del estrepitoso ruido al caer.

Convertido en un inédito, triste y visible monumento, ha ejemplificado fielmente la solución estructural que, en definitiva, ha dado el gobierno nacional al problema de la vivienda, estimuladas y protegidas las invasiones a inmuebles que anunciaban sendas fallas, además de afianzar la inseguridad jurídica asociada al desconocimiento de los títulos de propiedad.  Por más que diga ahora terminar con el curioso complejo residencial y comercial que toleró y, por omisión, aupó,  el régimen no está relevado de sus responsabilidades por la inmensa situación de riesgo a la que sometió a sus ocupantes por largos años, en condiciones de insalubridad y violencia que afectó severamente a sus vecinos, como – es necesario subrayarlo – ocurre todavía en otras localidades donde la pobreza ya no es delito, sino oportunidad para la descomunal demagogia gubernamental.

Personas inocentes y honradas también depositaron su desesperación en lo que fue una vistosa promesa de las grandes finanzas,  una efímera vicisitud de la economía rentista que nos agobia. Sin embargo, sumergidas en el tráfico mercantil que ha generado la pobreza,  cotizándola indeciblemente en el medio urbano, cohabitaron con el hampa ante la mirada displicente de los decisores públicos que tuvieron y tiene otra prioridad: el perverso mecanismo de control social se unió a la pereza de gobernar, por todo el trabajo que acarrea restándoles tiempo en la faena de prolongarse en el poder a cualquier precio.

La construcción de viviendas que no, la improvisación de piezas para las principales arterias viales del país trastocadas en vitrinas, es una gigantesca deuda que la administración socialista no ha honrado y tardará demasiado en hacerlo. La incompetencia e ineficiencia impide  la total remodelación de unos pisos carbonizados que ya demoró más que la construcción misma de la torre de Parque Central afectada y, de tratarse de obras urbanísticas más complejas, tampoco hay alguna que pueda exhibir, porque la inauguración esporádica de módulos y otros tarantines de sonoras ínfulas, no se compara – por ejemplo – con la apertura de avenidas de inocultable irradiación, como las decisivas y duraderas Urdaneta y Libertador en Caracas, realizadas en un breve tiempo por Pérez Jiménez y Betancourt, con todas las complicaciones, por no citar urbanizaciones enteras que años atrás constituían la agenda ordinaria de Miraflores.

Tiempo atrás, fracasó la subasta de una torre que igualmente sintetizó una gran ambición en el campo de la ingeniería y de la arquitectura. Ahora, demolida o reconstruida, la cuestión está en facilitar, ofrecer y entregar una sede que esté a la altura del empresariado chino, explicando la repentina sensibilidad social de un gobierno que impuso el desalojo por medios aparentemente amables, aunque la oferta no sea tan amplia, suficiente y generosa para más de dos mil familias convertidas en rehenes de las circunstancias más apremiantes.

Por casualidad, en estos días, llenamos nuestro poco rato de ocio con Meyer Vaisman, uno de los intérpretes más fieles de la Venezuela petrolera contemporánea.  El gran rancho vertical que ha despertado la curiosidad allende las fronteras, es el gobierno mismo, porque -  al orillarse a sus ventanas -  podemos observar la intimidad misma de sus fastuosos tratos con la potencia que lo subordina y que quedará como una ingrata herencia, mientras está revestido de la calamidad de miles de familias que le sirven de escudo humano.

Fuente:
http://www.noticierodigital.com/2014/07/la-pobreza-como-monumento-y-nota-previa/
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=1044688

jueves, 24 de julio de 2014

CURSO BÁSICO DE ARTE CONTEMPORÁNEO (8)

EL NACIONAL - LUNES 3 DE MAYO DE 1999 / CULTURA
Este país no está para echar vaina
El artista, uno de los venezolanos de mayor proyección internacional actualmente, regresó al país hace dos años y desde acá trabaja en su obra reciente. En entrevista con El Nacional, muestra su visión del medio plástico local, que observa como un gran teatro sin guión
Edgar Alfonzo-Sierra

Cítrico y displicente, polémico y relajado, el artista Meyer Vaisman, quien no pocos comentarios, a favor y en contra, ha levantado desde que ganó la Bienal Dior así como por su renuncia a representar a Venezuela en la Bienal de Venecia (hace cuatro años), aceptó conversar reposadamente en la redacción de El Nacional.
Venezuela, punto pasional, quizá tenso, en la vida de este paisano que salió de Caracas a los 18 años y quien ha vivido alguna gloria artística en los Estados Unidos, igualando su nombre al de otros renombrados creadores como Peter Haley y Jeff Koons, puso el dedo en varias "llagas" del medio plástico y cultural local en un A Fuego Lento en el que participaron Chefi Borzacchini, jefe de información cultural, y los periodistas de la sección Andreína Gómez y quien suscribe.
-Quisiéramos analizar su actitud, de algún modo atrevida y a la vez destemplada, frente al medio plástico venezolano. ¿Es una pose? ¿Es real o premeditada? ¿O es un modo de llamar la atención?
-Eso responde a que yo me eduqué artísticamente en otros sitios -en Nueva York, básicamente- y me moví en otro contexto, en Estados Unidos, Europa y algo de Asia, en donde se manejan ciertos códigos de profesionalismo, de estética y ética, que tienen que ver con la condición de respeto de un artista y con la forma como mi trabajo ha sido visto, manejado y contextualizado. Quise involucrarme con Venezuela cuando tuviera algunos años de trabajo fuera, y encontré un mundillo artístico difícil, con triquiñuelas, muy laberíntico, que me hizo entrar, a veces, en cierto desespero por la forma en que hemos sido tratados mi obra y yo. Por eso muchas veces, con cierta indignación, me he referido a cosas que han pasado aquí o que han dejado de pasar.
-Las etiquetas y clasificaciones son antipáticas, pero ¿en qué grupo del arte venezolano se ubica usted?
-Mi actitud no puede ser clasificable dentro de ningún grupo. Yo tengo mi personalidad con todo lo bueno y lo malo que incluye. Estéticamente no me siento parte de ningún grupo en Venezuela. Sí siento cierta afinidad con algunos artistas. Mayormente con José Antonio Hernández-Diez, Héctor Fuenmayor, algunas obras de Eugenio Espinoza, Alfred Wenemoser, o sea, cierta tendencia, digamos, conceptualista. También hay una cantidad de artistas jóvenes que me interesan tales como Diana López, Juan Nascimento...
-¿Cómo percibe al medio artístico venezolano?
-Hay gente muy buena, artistas y críticos, pero veo a un medio con problemas. El mayor es un alto grado de mezquindad que es lamentable. Detecto luchas de poder destructivas, a veces falta de seriedad en el modo de ver las cosas, en la manera de hacer exhibiciones. Yo, por ejemplo, tengo un serio problema con la cantidad de salones que se hacen. Pero el peor problema es la falta de historia del arte en Venezuela. Me pregunto: ¿cuántos de esos artistas hiperjóvenes que participan en exhibiciones como el Pirelli, por ejemplo, tienen un conocimiento serio de la obra de artistas de los años 70, como Roberto Obregón, Héctor Fuenmayor, y aún más, de la obra de Gego, de Marisol, de Claudio Perna, de Víctor Lucena. Estos salones aplanan el panorama. Ves una obra de Fuenmayor al lado de la de un chamo recientísimo.
-¿Se refiere a la continuidad? ¿A que constantemente estamos empezando, sin mantener las referencias?
-En Venezuela hay un problema: parece que todo se tiene que construir, siempre, una y otra vez. Si siempre se está comenzando de nuevo no va a haber continuidad nunca, no va a haber historia. El asunto de la Constituyente me parece más de lo mismo. Cuando uno se la pasa comenzando de nuevo, uno no avanza. Das dos pasos y viene alguien que te dice: no, vamos a comenzar otra vez. Es también una cuestión de caudillismo que va desde el Presidente hasta el ascensorista. Entonces, se pierde el sentido de institución y todo se convierte en un virreinato de la persona que provisionalmente está a cargo. Y es una cuestión general, una manera de actuar de nosotros los venezolanos, de querer protagonizar y ser autores de lo que sea: una Constitución, una máquina o hacer una exposición a nuestra imagen y semejanza. Cada cual con su vaina, con su historia, con sus prejuicios y sus grandes ideas. Esto es grave.
Piches, fáciles y piratas -Bueno, más allá de las interpretaciones sociológicas sobre sobre los venezolanos, usted mencionó a los salones de arte. ¿Qué haría con ellos?
-Yo, simplemente, los reduciría a un mínimo. Son una manera demasiado piche, fácil y pirata de divulgar lo que están haciendo los artistas jóvenes. Deberían proponerse muestras temáticas, y extenderse el tiempo de las exposiciones (un mes no es suficiente). Otra necesidad es la publicación de buenas monografías de artistas y libros de arte contemporáneo. Yo he visto muchas propuestas de creadores como por ejemplo la de Héctor Fuenmayor, y me entristece decir que no conozco su obra porque no la he visto nunca en una exposición, qué se yo, quisiera conocer los 20 años de su trabajo. Por eso la exposición de Antonieta Sosa me pareció buenísima en ese sentido, estaba bien documentada. Por otro lado, el Conac debería tener una política cultural que permitiera establecer una buena bienal internacional en Caracas, como la experiencia de Sao Paulo.
-¿Es un problema de educación o de falta de políticas?
-Imagínate el mundo del teatro: grandes actores, grandes escenarios, pero sin guión. Eso es lo que ocurre en las artes plásticas venezolanas, no hay un guión. Hay artistas muy buenos, consecuentes, interesantes. Hay museos grandes, buenos escenarios, con buena iluminación, con buena museografía, pero el guión no existe porque nadie lo ha escrito.
-Usted ha hablado de mezquindad en el medio plástico nacional. Pero, su obra es aceptada aquí y museos y otras instituciones le han abierto las puertas.
-La mezquindad la sufrimos todos. Ocurrió conmigo en el caso de la Bienal de Venecia. Esa fue una trampa que me tendieron a mí, a Tahía Rivero, a Sambrano Urdaneta y cuyo objetivo era que yo no fuera a la Bienal. Y no fui y se acabó. Yo creo, y esto es una sospecha, que entre los grupúsculos con peleas de poder que aquí hay, se encontraba gente apoyando mi obra cuya cuota de influencia podría haber crecido con mi participación en Venecia y había otro grupo que se interesaba en lo opuesto, en evitar que ellos subieran. A veces pienso que no fue algo conmigo directamente sino, una pelea entre bandos y yo fui carne de cañón.
-¿No faltó firmeza de su parte? Usted renunció abruptamente.
-La Bienal Dior y la Bienal de Venecia han sido los puntos más fuertes y más dolorosos de mi carrera. Creo que como artista uno no debe negociar en ningún sentido. Se me pidió una propuesta, la hice muy seriamente. Fue sometida a un grupo de expertos que votaron positivamente a mi favor. Para mí eso estaba cerrado. Luego se armó todo aquello, que si podía ser esta obra o cualquier otra, que si por qué un rancho. Bueno, se armó todo aquello que fue muy oscuro. Fui elegido en una votación legítima y no tenía por qué moverme por otros medios.
Vuelta a la patria
-¿Qué lo trajo de nuevo a Venezuela?
-Quedé un poco saturado de Nueva York. La estadía aquí se fue extendiendo porque mi padre estuvo muy grave el año pasado. También quise volver porque me fui de Venezuela a los 18 años y nunca entendí del todo bien al país ni mi relación, siendo venezolano, con esta tierra. En cierto modo ahora entiendo más a Venezuela, pero cada vez se me hace más y más difícil encontrarme aquí. Es algo que no tiene que ver directamente con el país sino con mi propia personalidad. Me sofoco y me saturo de los sitios rápidamente.
-Se ha dicho que su "repatriación" ha significado pérdida de oportunidades a nivel internacional. Se piensa que el hecho de que la galería neoyorquina Leo Castelli no lo represente, significa una merma importante en su carrera.
-Leo Castelli ya no me representa porque yo me largué de la galería como los otros artistas que formamos parte de ella. Y hay otras opciones.
-¿No fue demasiado precoz su éxito internacional?
-Sí, fue precoz. Fue muy intenso. No estaba preparado para ciertas cosas. El crecer artísticamente bajo una lupa tan precisa y tan intensa es problemático. Decidí desvincularme temporalmente del medio artístico del cual fui partícipe, porque sentía que le había perdido el hilo a lo que hacía, exponiendo con tanta frecuencia y en tantos lugares. En esto, Verde por fuera, rojo por dentro (expuesta en la GAN), fue una obra crucial que determinó que mi trabajo se hiciera mucho más serio y más profundo, más macabro y más orgánico. Me dicen que estoy corriendo un peligro al no hacer exposiciones cada dos años, pero yo decidí correr el riesgo. Dedicarme a pensar la obra es más importante que irle recordando a la gente que estoy en actividad. Si el medio cultural no puede esperar el tiempo que dure el proceso, yo no puedo ser parte de él.
-Ahora está trabajando en un autorretrato póstumo.
-Mi obra siempre ha tenido que ver con el autorretrato, de una manera muy oblicua. Eso me llevó a hacer el último autorretrato posible, un autorretrato muerto. Tenía años pensando en este asunto. Era muy macabro y no sabía si lo quería hacer. Esa fue la obra expuesta en la Bienal de Sao Paulo en noviembre y que haré circular este año por galerías de Alemania y Brasil.
-¿Te preocupa el fin de siglo, de milenio? ¿Te influye?
-Sí. Yo pienso que un cambio de siglo es una cosa muy seria y un cambio de milenio algo más aún. Todo lo que se ha dado en los últimos años con estos revivals de la moda y el arte de los 50, 60, 70 y ahora los 80, es una manera de tratar de frenar esta idea de que estamos llegando a un abismo. Cuando yo era chamo me imaginaba para esta época de mi vida me imaginaba en una nave espacial, vestido de plateado y con un acuario metido en la cabeza. Todo muy lindo y muy bello, y veo que las cosas están peor que nunca.

El chiste y el drama
-¿Qué le gusta y qué le preocupa de Venezuela?
-El humor venezolano me encanta y lo veo disminuido últimamente. Hay muy pocos chistes. Cuando vivía en Estados Unidos llamaba a mi hermano cualquier día de la semana y me ametrallaba con ellos. Cada uno mejor que el otro. Eso se ha ido perdiendo, ya no hay abundancia de esos chistes callejeros tan sabrosos. Eso me parece muy sintomático de lo que ha estado ocurriendo. O sea, que este país no está para echar vaina. Estamos pasando por momentos muy serios, trágicos y problemáticos. Hay drama y una violencia que me preocupan. Todo lo veo muy complejo. Viví 18 años en Nueva York y conocí gente extremadamente talentosa, profesional, en una ciudad altamente competitiva; y aquí encuentro venezolanos con exactamente los mismos talentos, pero que no logran hacer ni la octava parte de lo que podrían en otro lugar. Aquí todo es extremadamente difícil. Las dificultades son como caprichosas. Se emprende una tarea y de repente hay un obstáculo que no sabes quién lo puso. Las reglas nunca están claras y eso crea desesperación. Yo lo que veo es que se habla de los cambios, de los cambios de este nuevo gobierno, pero yo que he sido tan vociferantemente anticopeyano, antiadeco y anticonvergente, me siento tan sin franquicias ahora como antes. Y como yo, está mucha gente. Lo que veo es que el manejo del poder aquí es tan primitivo, tan básico, que me preocupa mucho todo lo que está pasando. Creo que no se están haciendo seriamente las cosas. Venezuela necesita cambios que no vendrán necesariamente por una nueva Constitución. Por ejemplo, cada cierto tiempo se cambia la Ley de Tránsito y jamás ha funcionado. No es cuestión de escribir las leyes, el problema es educativo, de enseñar a la gente a respetarlas, hacer ver que uno vive en un entorno social y cada acción que uno realiza afecta a los demás. Sin esa conciencia ciudadana aquí no habrá Constitución que valga. No es cosa de nuevas leyes, nuevas constituciones o nuevas repúblicas, eso es puro simbolismo.

Fotografías: LB, gaveras de resfrescos. Manuel Sardá: Meyer Vaisman.

miércoles, 16 de julio de 2014

EL SÍNDROME DE HUMPTY DUMPTY

EL NACIONAL - LUNES 24 DE JULIO DE 2000
Verde por fuera, rojo por dentro
Adrián Liberman L.

Este título daba nombre a una instalación del artista plástico Meyer Vaisman, exhibida en el Museo de Bellas Artes en la década de los 90. La obra de Meyer consistía en un rancho, de ladrillos crudos con techo de zinc, en cuyas paredes había unas aberturas mediante las cuales se accedía a mirar dentro de la precaria edificación. El asombro venía al percibir en el interior del rancho de marras una habitación de estudio, decorada a la usanza de la clase media. De las muchas lecturas posibles, supongo que el autor quería evidenciar los contrastes entre apariencia y esencia, entre continente y contenido. Pero lo que me interesa destacar, mediante la referencia a esta propuesta, es que el mismo desbalance, la misma distancia está presente, de muchas otras maneras en diversos ámbitos de nuestra Venezuela hoy.
El ejemplo más patético proviene de las escuelas bolivarianas (¿llegará el día en el que el Gobierno deje de proveernos de tanto material de inspiración?). La iniciativa educativa, liderada por el ministro Navarro, fue anunciada con fanfarrias y actos protocolares. Los discursos, las proclamas, los decretos de guerra a muerte fueron difundidos por todos los medios posibles. Se cansaron los apólogos del mesianismo de saturarnos con las supuestas bondades teóricas de dichas escuelas.
La realidad, a la vuelta de unos pocos meses, es radicalmente distinta, como el afuera y adentro de la obra de Vaisman. Escuelas sin maestros, con comedores a la manera de una olla sancochera sobre fuego de leña, salarios pírricos para los educadores, carencia de instalaciones adecuadas, programación y adiestramiento existente sólo en las cabezas de los genios de la esquina de Salas.
Para no ser acusado de tenerla cogida con el sector público y mucho menos (¡Dios me libre!) de "enemigo del proceso", en el ámbito de la empresa privada es posible, y quizás más trágico, encontrar dicotomías así de gruesas. En el demonio de la empresa privada, y especialmente en la banca, existe verdadera pasión por ostentar los emblemas de la modernidad. Las inversiones en tecnología "de punta" son impresionantes, las agencias compiten entre sí por la decoración más vistosa, el website más impactante a los sentidos. Pero a la hora del recurso humano la tonada es otra. Mientras los gurús de los negocios pasan por Caracas: Covey, Drucker, recientemente el mexicano Cornejo y se habla pomposamente de la "gerencia del conocimiento", las relaciones entre los estratos de gerentes y empleados siguen siendo feudales. Mientras las diferentes modas gerenciales se suceden y se dicen obviedades, como que hay que comprometer al personal con la visión y misión de las empresas, el trato interno de todos los días y el dispensado a los clientes finales o usuarios todavía se parece demasiado a los vínculos entre nobles y siervos de alguna película medieval.
Parecería, como si de forma generalizada padeciéramos del síndrome de Humpty Dumpty, aquel personaje de Alicia en el País de las Maravillas que creía que bastaba con hablar para que la realidad cambie. Así, asistimos y participamos de un vivir de las apariencias, ajenos a la importancia de que el contenido sea acorde con el empaque. No son pocas las tesis de grado y trabajos de investigación en los que la diagramación de la portada y la sobreabundancia de ilustraciones ocupa el lugar del texto. Lamentablemente, mucho de lo que somos hoy en día es el rancho de Meyer, pero invertido. Se gastan millones en la fachada de los hospitales pero se olvida de dotarlos de algodón y gasa. De esta manera no parece casualidad que las cifras macroeconómicas que tanto hacen sonreírse a Giordani nada tengan que ver con la realidad cotidiana del 86% de la población. Ojalá llegue el día que entendamos que el más fastuoso de los palacios, si está edificado sobre terreno pantanoso se hunde. Si no, dense un paseo por el estado Vargas.
adrianliberman@hotmail.com

EL NACIONAL, Caracas, 29 de junio de 1999 / Lectores
CARTAS
Remitido a Meyer Vaisman

Con su artículo titulado "¿Moshi-moshi, Kami-sama?" (literalmente del japonés: "Cantv informa que...") aparecido -cual Virgen de Coromoto- en El Nacional recientemente, usted ha ofendido lo más alto que tengo: un apartamento del Banco Obrero, cuarto piso, en la populosa barriada que vio nacer a Ibsen Martínez.
Si usted no cree en Dios, ése es su problema, de usted solito. Somos millardos los que a él debemos la paz de nuestros espíritus y las guerras fratricidas, y la excusa originaria, pero moribunda: "Yo estoy bien. Jódete para que yo siga estando bien".
El despreciable resto, los millardos de ateos que pululan por el orbe, no merecen ser artistas plásticos. ¡No! Merecen una tribuna pública diaria donde hacer frente a las respetuosísimas santas inquisiciones (¡nótese el plural!). La próxima vez que quiera meterse con alguien, búsquese a uno de su tamaño, verbi gracia, de su imagen y semejanza. Elegía mi "herejía", que algo queda...
Manuel Brito
brito@nirin.go.jp
Nagoya, Japón

EL NACIONAL, Caracas, 16 de agosto de 1999 / Lectores
CARTAS
Intolerancia

Es fácil aceptar a quien piensa igual a nosotros. Lo difícil y meritorio es aceptar, al menos tolerar, a quien disiente, respetar su derecho a pensar, a ser diferente. Ese es el meollo de la civilización que, en términos de sistema político, se traduce en democracia. Hay quienes entienden libertad de cultos como obligatoriedad de cultos, y están dispuestos a permitir exclusivamente a quien se mantenga enclaustrado en un determinado dogma, pero jamás darán ni un gramo de tolerancia a quien asuma la inexistencia de Dios.
Para fortuna nuestra, Meyer Vaisman no acusó los golpes de intolerancia que pretendieron darle y nos obsequió con otro excelente artículo, dirigiendo esta vez su inteligente irreverencia a los pesos pesados de la política contemporánea. Esos émulos de los talibanes que nos quieren a todos en misa, son los mismos que no aceptan sino clones de Chávez en el Aula Magna, y se dan el lujo de tratar de impedir que Claudio Fermín, (por quien nunca he votado) electo por 1.200.000 venezolanos mayores de 18 años, haga uso de sus derechos de constituyente.
Detrás del decorado de la democracia se esconden muchos fascistas. La actitud cómoda es la de pasar por uno más del montón y no exponerse a los ataques de los fundamentalistas de la religión o de la política. La actitud responsable, de quien desea vivir en una genuina democracia, es la de asumir la defensa de los derechos que las leyes establecen para todos, y que unos cuantos obcecados pretenden irrespetarles a quienes no son su reflejo.
Edgard J. González

Nota LB: No sentimos una especial predilección por la obra de MV, pero lo sabemos un fiel intérprete de su tiempo. Según nuestro modestísimo juicio, de la Venezuela rentista.  Recordamos aún cómo nos divertía, al descubrirlo en los noventa, asomarnos a la ventana del rancho y - sí - mover algunas piezas cuando se descuidaba el vigilante. Daba un poquito, otra perspectiva al ángulo u otro ángulo a la perspectiva. Por cierto, citamos una carta de Manuel Brito que debe ser el mismo activista de opinión digital - sin duda alguna, otro de los precursores en la materia - con quien varias veces intercambiamos pareceres.

Fotografía de MV: http://www.gaeaphoto.com/arte/fotografos/vaisman_meyer

EN LOS ALBORES DE ESTE PEO

EL NACIONAL - MARTES 19 DE SEPTIEMBRE DE 2000
"La paja insolvente...
Meyer Vaisman

... Del criollo ha hollado el sagrado sueño de una patria". Por los hediondos vientos que soplan, a los extranjeros y nacionalizados, y a sus hijos nacidos en Venezuela, nos llevan por mal camino. Me enteré hace poco menos de un año por bocota de la encargada de pasaportes en nuestro consulado en Nueva York, quien me afirmó que yo no podía ser venezolano si mi apellido era Vaisman. Imposible, dijo.
Y ahora y aquí, como si la fobia expresada hacia otros americanos por Marjorie Vásquez en su texto sobre educación premilitar no nos fue suficiente, de pronto contamos con la venia de un grupo de sujetos organizados bajo el nombre de Frente Simón Bolívar que proponen someter a los venezolanos de origen europeo (en específico, a españoles, portugueses e italianos) y sus respectivas proles, a la confiscación de bienes, congelación de cuentas bancarias, y a juicios populares. Me pregunto si Pompis Simón Bolívar no sería un nombre más ajustado a la madurez intelectual de dicha junta.
Hay más, un ex guerrillero, secuestrador y líder de encapuchados en la UCV, es un asesor importante del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes en la elaboración del Proyecto Educativo Nacional. Se llama Carlos Lanz y su gran preocupación es la influencia que ejerce lo extranjero en las mentes de los venezolanos, pero se declara gramsciano, marxista y habermasiano. A aquellos que no sepan de dónde provienen los pensadores que tanto han inspirado a Lanz, en su manera de concebir la sociedad ideal, les aclaro lo siguiente: a Gramsci lo parieron en Onoto. A Marx y a Habermas en Guayabal. Eran o son danzarines de joropo, maestros del dominó, catadores de guarapita y-una-sola-joda-.
Pero cuanto más notable el mensajero, más inconsistente el mensaje. No termina el presidente Chávez de deletrearle a los Estados Unidos "!y al mundooo enterooo!" la palabra S-O-B-E-R-A-N-ê-A cuando, de la letrina que hallamos al final del arcoiris de la V República sobresalen algunos de sus mas notables asesores: Norberto Ceresole (torturador argentino), Fidel Castro (dictador cubano), Saddam Hussein (imperialista iraquí)y Muammar Gadafi (fashion victim libio), quienes le imparten, a su aprendiz favorito, lecciones de cómo es que se bate el sable -hay azotes de barrio, mas también los hay de mundo.
Pero estas peligrosas tonterías no son exclusivas del régimen en curso. Recuerdo una entrevista televisada con el presidente del INCE durante el gobierno de Caldera. El tercio afirmaba que "Venezuela era un país muy bello"...zzzzz... "que había que capacitar a jóvenes como guías turísticos" ...zzzzzz... "pero que estos jóvenes tendrían que ser ve-ne-zo-la-nos"...zzzzzzzz... "porque un extranjero no podía conocer este hermoso país"...zzzzzzzzz... "tan bien como lo conoce un criollo" ... Entre bostezo y bostezo y bostezo pensé en von Humboldt, Bonpland y Pittier... hijos célebres de Cagua, Tacagua y Tacarigua -respectivamente.
Estos xenófobos de oficio (también los hay de hobby) redactan sus odiosas diatribas en máquinas de escribir Olympus o en computadoras IBM, magnifican el volumen de su racismo utilizando altoparlantes Altec, reproducen sus panfletos incendiarios en fotocopiadoras Cannon y pare usted de contar. Claro que no todo es en pro de la revolución. También tienen tiempo para degustar un cafecito proveniente de una Gaggia. (El café pareciera ser de rigueur para la gente de zurda. Digo de "zurda" porque de izquierda fueron mis tíos Boris, Berl y José.
De hacerse realidad la voluntad de Lanz, Vásquez y asociados, en Venezuela se leería, cantaría, vestiría, escucharía, escribiría y pensaría sólo arepa.


EL NACIONAL - DOMINGO 12 DE MARZO DE 2000 / LECTORES
Nuevas firmas
Con mi arte tengo
Meyer Vaisman *

¡Tenemos viceministro! -se alegrarán aquellos que rogaron de previos gobiernos un director del Conac que pudiese sentarse entre el ministro de Defensa y el de Cordiplan, a tutearse "¿ïtalavaina campión?" entre partidas y cafecitos. El ni tan nuevo funcionario se llama Manuel Espinoza, pinta y, según su curriculum vitae, luchó contra la previa dictadura (quien no le crea, que le pregunte a un adeco cualquiera).
Pero no sólo eso es novedad en el régimen cínico-militar de Chávez. La cultura ahora tiene rango constitucional. Y así como finalmente puedo dormir tranquilo a sabiendas de que Venezuela es una república bolivariana, así sé que quien quiera ser un artista de renombre tendrá que dedicarse a pintar paisajes de los llanos, o a tocar furruco. Eso lo explica el artículo 100 de la nueva carta blanca, a quien pueda interesar.
En más de un aspecto coinciden los dos hombres fuertes. Ambos se contradicen brutalmente. En una entrevista en este diario, Espinoza explicó que el Conac será reestructurado, palabras después dijo que era partidario de hacerlo desaparecer.
Asimismo, los dos reúnen las cualidades que más desprecio de mi especie: la cursilería y la violencia, pero mientras la violencia de Chávez es frontal y en hora pico, la de Espinoza es por la espalda y de madrugada.
Como a Chávez, a Espinoza se le teme. Se le conoce como el presunto autor intelectual de cuanta cochinada ocurre en las artes plásticas, desde campañas de desinformación hasta la censura de otros artistas. Pero así como no deja huellas de talento alguno en su obra, tampoco las deja cuando comete sus fechorías.
Espinoza es ejemplar, en un país de renombrados oportunistas, en haber logrado exprimir cargos de adecos, copeyanos, convergentes y ahora de chavistas. En noviembre del año pasado, en un excelente artículo, Sergio Dahbar lo reveló como asesor del Museo Carlos Andrés Pérez. Hoy es viceministro de Chávez.
De su obra artística sólo puedo resumir que es insensible en su ejecución, vacua de contenido y tercamente convencional en su plasticidad. Virgilio Trompiz sin musa.
Habla de la necesidad de educar, pero su trasfondo es el adoctrinamiento. Se dice que quien no sabe hacer enseña, y quien no sabe enseñar, instruye Educación Física. Espinoza derrochará físico cuando declara que, en sus manos, "El panorama cultural cambiará completamente", basado en su creencia -errada y peligrosa- de que el Estado puede definir lo que hacen los artistas con decretos de ingeniería social. Así pensaron los fachas del siglo pasado que abogaban por un arte que exaltara su "revolución social", mientras pisoteaban brutalmente a los artistas de vanguardia.
Yo no, funcionario. Yo, con mi arte tengo.
* Artista plástico

EL NACIONAL - MARTES 29 DE AGOSTO DE 2000 / OPINION
Iván y Boris y Yosman y Douglanson y Fernando y Manuel, y así
Meyer Vaisman

Iván y Boris eran vecinos. El primero trabajaba y poseía tres vacas, dos chivas y una docena de gallinas mientras que Boris contaba con poco: una envidia mohosa por las tenencias de Iván, y un colchón de paja que solo abandonaba cuando le era biológicamente necesario. Pasaron los años cuando, durante un luminoso día, se la apareció a Boris su ángel guardián quien le susurró en el oído: "Os he estado observando desde hace mucho tiempo y he decidido otorgar vuestro deseo". A lo cual Boris, arqueando una ceja y sonriendo levemente, respondió: "¿Le vas a matar los animales a Iván?".
El relato que inaugura este articulo fue muy popular en la difunta Unión Soviética pero su contenido no es exclusivo ni de allá ni de entonces. En Venezuela podríamos echar el mismo cuento hoy sin necesidad de buscar muchas variables. Suficiente sería un cambio de reparto estelar: Yosman no buscaba estar mejor, o por lo menos igual que Douglanson. ¡No! Fernando buscaba que Manuel estuviese tan mal como él. Y así.
Venezuela no es ejemplar en haberse suscrito al principio de la igualdad entre los humanos, pero sí puede ser el único país en donde reside una suficientemente abultada masa de bolsas y futuros próceres que se comen, y dan de comer el cuento, como si fuesen chinos. Otras naciones, y en especial aquellas que han resuelto para sus respectivas ciudadanías los problemas de seguridad social, educación, empleo y salud, bien conocen que la clave del éxito está en aceptar que hay ciudadanos que son mas iguales que otros.
Yo, por ejemplo, no tengo problema alguno en aceptar que soy mas igual que otros. Después de todo, soy más inteligente que Mateo, mas divertido que El Zurdo y más guapo que Samuel, como también acepto que soy mas depresivo que Yuribiksaida, mucho mas impaciente que Yelitza y definitivamente menos baboso que Ibsen.
Un comunista de tal explicaría con contundencia que yo no me desarrollé bajo iguales condiciones que alguien de mi edad que nació en Los Erasos, por no irnos muy lejos. Y hay mucho de cierto en esa afirmación -yo fui bien alimentado y educado. Pero el mismo argumento puede ser usado en el caso de mis viejos, quienes llegaron a Venezuela en 1952 -un país desconocido para ellos- sin hablar una palabra de castellano, pobres como el que mas, con dos hijos pequeños y con una educación que les fue truncada demasiado tempranamente por las persecuciones de las que fueron sujeto antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Una vez en Venezuela, ellos tampoco se desarrollaron bajo las mismas condiciones que una pareja criolla en 1952, de breve educación, con dos hijos pequeños, pobres como el que más, pero en su propio país, hablando su lengua natal y sin haber sido víctimas de persecuciones ni de una guerra, sin embargo trabajaron como Iván y se aseguraron que yo y mis hermanos pudiésemos desarrollarnos en mejores condiciones que alguien que nació en Los Erasos, por quedarnos en la parroquia.
Yo quisiera dedicarle este articulo a mi recién fallecido padre de quien aprendí algo mas de lo que me ensenó. Me contaba con frecuencia que mientras estaba en efecto el plan de emergencia de Wolfgang Larrazábal sus vecinos lo tildaban de pendejo por no ir a obtener gratuitamente lo que él pensaba que solo debería obtenerse trabajando. Nunca jugó la lotería, ni hubiese arriesgado el futuro de su familia -o el de su patria adoptiva- jugando Kino.

EL NACIONAL - DOMINGO 19 DE SEPTIEMBRE DE 1999 / LECTORES
Nuevas firmas
De re-nombre
Meyer Vaisman *

Comúnmente pensamos que la vía cumple la única función de posibilitar nuestro traslado de un sitio a otro; sin embargo, una de sus más importantes características es la de estimular el intercambio de ideas, gestos, actitudes de vida, gustos musicales, y hasta de olores. En otras palabras, desde que don Henry Ford inventó el Modelo T, la calle se ha convertido en uno de los principales lugares de socialización humana.
Basta observar la manera de conducir en cada país para conocer lo más intrínseco de su gentilicio. Los alemanes son agresivos pero muy precisos, y así conducen. Los italianos lo hacen operáticamente, los brasileños livianamente, y los gringos -pues- literalmente. Los británicos y los japoneses, porque son isleños, y eso los hace defender sus diferencias a toda costa, conducen en sentido opuesto al de nosotros los continentales. En Venezuela también tenemos un estilo, y no hay mejor lugar en donde poder observar una de nuestras más notables características: el patriotismo. Es por eso que nuestros viriles próceres tienen, cada uno, su vía conmemorativa -la Bolívar, la Sucre, la Páez y la Urdaneta. Es por eso que también, hace pocos años, evidenciamos la más dorada demostración de efervescente nacionalismo cuando compatriotas pegaron, al lado de la calcomanía del oso orinando, una del pabellón tricolor. "Gloria al bravo pueblo que mucho meó", parecía explicar la yuxtaposición.
Y como todo está cambiando, y como es el deseo de nuestro Presidente que le permutemos el nombre al país, y que intercambiemos un descriptivo "niños de la calle" por un utópico "niños de la patria", y un plural Fuerzas Armadas Nacionales por su versión singular pero enriquecida en vitaminas y minerales; yo propongo que sigamos el ejemplo que Barinas dio, y que renombremos la guerrilla, ya que hasta ella está siendo transfigurada. Pronto veremos su metamorfosis de narco-armada a gobierno representativo, Chávez mediante. En ese mismo espíritu sería igualmente justo que dejemos de mentar a Carlos Ilich Ramírez "El Chacal", y lo bauticemos "El Perro". (Por su nobleza y fidelidad, digo).
Entonces, desde hoy el hombrillo será denominado el "canal patriótico". Comerse la luz de un semáforo será conocido como "avanzada bolivariana". Atravesarse a otro motorista como "embestida lateral zamorana". Botar basura como "decoración epónima espontánea". Pararse en medio de la calle como "ocupación marcial". Tocar la bocina en las inmediaciones de un hospital como "eufonía resucitadora" -o en su versión más informal como "cornetazo levanta muertos".
Insultar a otros motoristas como "declamaciones heroicas a la madre". Ir en contra flecha como "derecho a la rebelión direccional". Una tranca como "aglomeración epopéyica". La polución extrema por falta de mantenimiento como "cortina de humo estratégica". El brazo izquierdo guindando o gesticulando incontrolablemente, como "libertad de expresión en reposo" o "activada" -según el caso; y por último, la vuelta en "u" en sitios indebidos como "vuelvan caras".
Quien respete las leyes de tránsito (o cualquier otra) seguirá siendo tildado de "pendejo", "guevón" o "pajúo", dependiendo del grado de transgresión al orden establecido por el soberano.
* Artista plástico

EL NACIONAL - VIERNES 9 DE JULIO DE 1999
Crítica de la opinión pública
Juan Carlos Santaella

Me han llamado profundamente la atención los juicios expresados por algunos lectores referidos a un polémico artículo del artista plástico Meyer Vaisman, publicado en estas mismas páginas, cuyo contenido movió las iras y los desacuerdos de un específico sector de la sociedad civil. El Ombudsman, en la edición del sábado tres de julio, reprodujo algunas de las cartas llegadas a la redacción, en las cuales se expresa el enojo por el "difamante" contenido del texto de Vaisman. La oportunidad luce, en este sentido, apropiada para discutir en torno al carácter de las opiniones y su inmediato efecto en el ánimo de los lectores. Como bien ha quedado expresado en la aclaratoria hecha por Elías Santana, todo diario debe darle cabida a las distintas opiniones y puntos de vista que se generen con respecto a disímiles materias. Sean éstas de origen religioso, político, económico o cultural, el objetivo de un buen medio de comunicación es crear un espacio de discusiones para intentar mover ciertas matrices de opinión. Es un juego perfectamente legítimo y saludable que redunda en beneficio de la participación democrática.
El desarrollo de la opinión pública en los espacios que ofrecen los medios de comunicación es una conquista importante en el orden de los criterios, la pluralidad, la tolerancia y, por supuesto, el libre diálogo que el "medio" permite en una sociedad deseosa de nutrirse de miradas múltiples en torno a muchos temas de actualidad. En el caso del artículo tan duramente cuestionado por ciertos lectores mancillados en su honor, las respuestas al mismo me parecen, con mucho, exageradas y llenas de una peligrosa inclinación a buscar castigo por la vía de la censura, el "perdón", la retracción del periódico y otras ligerezas que no se pueden aplicar bajo ningún modo. En las misivas expuestas por los lectores agraviados, se encuentran palabras como "tristeza", "vergonzoso", "difamando", "desagrado", "desprecio", "irreverencia", "esperpento" y hasta una frase que, en realidad, no sé si llamarla absurda: "sentido del pudor intelectual religioso ajeno". Vaya, pues. Frase, por lo demás, tendenciosa en grado superlativo y que da, sin menoscabo alguno, muestras fehacientes del grado de tozudez y conservadurismo extremo por parte de quien la utilizó.
Es la primera vez -salvo uno que otro caso del pasado- que observo una reacción tan virulenta a un artículo de opinión que sólo tuvo la virtud de hacer uso de cierto coraje para manifestar, según el criterio de su autor, lo que él consideraba pertinente al respecto. Y en esto quiero ser enfático al defender el derecho a ejercer una opinión en los términos que su autor considere oportunos. Opinar no es más que un inteligente y circunstancial ejercicio del criterio. El cómo se ejerce este criterio y de qué formas se explicita en el espacio de la página, es un tópico que compete a ambas partes, es decir, tanto al autor como al medio que le ha dado cabida a la opinión. Otro aspecto que demandaron algunos lectores causa verdadero estupor. Se le pide al periódico, por ejemplo, que "censure" aquellos artículos que puedan ir a contracorriente de una específica idea. Esto, en rigor, va en contra de la libertad de expresión y resultaría contraproducente que un diario le aplique a sus colaboradores o redactores lo que más ha defendido siempre. Para ello existe la réplica y ahora esta estupenda modalidad del Ombudsman, la cual permite una retroalimentación entre lectores e información. Es bueno recordar que no son muchos los medios impresos que aceptan esta cordial práctica. Por lo general, la "opinión" de los lectores no es tomada en cuenta, sintiéndose los mismos indefensos a la hora de rebatir -como en este insólito caso- cualquier diferencia de conceptos.
Mucho más insólito aún, es la amenaza de una persona perteneciente a un vicariato, la cual ha conminado a sus feligreses a no adquirir más el periódico. Esta desconcertante represalia únicamente se insinúa en círculos sociales dominados por un profundo sectarismo. Recuerdo un tanto la actitud fanática de ciertas organizaciones religiosas o políticas. Por lo demás, el hecho implica una conducta infantil que no tiene cabida en los actuales momentos. Es obvio, a todas éstas, que las protestas por el artículo de Vaisman provienen de la comunidad cristiana y católica. Pero, acaso, nos preguntamos si estos mismos católicos no suelen acudir, muchas veces, a criterios que igual ofenden, persiguen y desacreditan la postura de otros cultos y sectas religiosas. En esto existe un tanto de doble moral y de solapada hipocresía. El tono y los reparos que hemos leído recuerdan, en muchos aspectos, al conservadurismo franquista y a la intolerancia inquisitorial de antiguas épocas. El fantasma de Torquemada parece estar todavía presente. En el siglo XV, Vaisman, de seguro, habría ido a parar a la hoguera.
Email:orosant@cantv.net

DEL CARÁCTER INQUIETANTE

Los avatares del sujeto
Mónica Amor

En 1993 Meyer Vaisman sorprendió al mundo del arte con lo que algunos aún consideran su obra más política y ambiciosa. Titulada Verde por fuera, rojo por dentro, esta pieza representaba un giro en la carrera del artista, íntimamente relacionado con su situación personal y con los cambios históricos de principios de los noventa. La obra, una estructura precaria a base de ladrillos rojos y huecos como los que se usan en Venezuela para "construir" las  peligrosas y poco fiables viviendas de los pobres, consiste precisamente en uno de esos ranchos del llamado "cinturón de miseria" que rodea a Caracas. Pero el rancho de Vaisman es muy pequeño, unos 3 x 5 metros, más o menos el tamaño de un dormitorio mínimo. Y es eso exactamente lo que hay en su interior: el dormitorio en que vivió Vaisman durante su adolescencia, y que se conservó intacto durante años, 15 para ser exactos, cuando el artista partió hacia Estados Unidos a proseguir sus estudios universitarios. Como han observado algunos, lo primero que percibimos frente a la obra es una contradicción, una oposición dialéctica entre el interior y el exterior, una diferencia.  El exterior está marcado por señales de miseria fácilmente reconocibles en un país que iba a sufrir el desastre natural más devastador de los últimos tiempos: las inundaciones de diciembre de 1999 incidieron directamente sobre la presencia inextricable del rancho.
Años de ausencia de planificación urbana, de desidia gubernamental y de un populismo retórico rampante que no ha hecho nada por mejorar, a largo plazo, las condiciones habitacionales del pueblo, han hecho del rancho la referencia icónica por excelencia del tercermundismo. Y Vaisman nos lo entrega en toda su crudeza: los ladrillos desiguales, el primitivo sistema de construcción que deja a la vista la mezcla de cemento entre los ladrillos, el techo de láminas de zinc fijadas con neumáticos y otros materiales de construcción, el aspecto residual del conjunto. En oposición, el interior aparece austero y ordenado, es la habitación bien cuidada de un individuo anónimo  -no hay indicios de que sea la habitación de un adolescente, de un venezolano, hombre o mujer. Aunque nos anuncia a gritos su estatus social (sin duda es la habitación de una persona educada de clase media), lo que sorprende es el carácter genérico de esta obra tan personal: muebles de madera limpios y simples, una cama pequeña, un armario, una silla, una lámpara, algunos libros. De repente todo el travestismo de la obra anterior de Vaisman, que jugaba con la noción de la identidad como farsa, se apacigua ahora para dar paso a este énfasis en el lugar: el lugar social versus la noción de sujeto.

Pero otras operaciones importantes tienen lugar en esta obra de Vaisman. El inicio de los noventa marcó la institucionalización del multiculturalismo en  EEUU, y el hecho de que esto coincidiera con la primera retrospectiva de Vaisman en su país de origen en 1992 pudo influir en el enfoque político que se hace evidente en la primera obra comisionada al artista para una exposición en Caracas. En efecto, Verde por fuera, rojo por dentro se creó especialmente para CCS 10 (Caracas 10), una exposición organizada por la Galería de Arte Nacional en 1993 para promover en el extranjero a diez artistas contemporáneos. De acuerdo con la imagen cosmopolita de Venezuela los organizadores invitaron a curadores, críticos y escritores internacionalmente situados para promocionar el arte contemporáneo. La producción de un trabajo tan enraizado en el paisaje local por el ya bien conocido Vaisman no puede dejar de asociarse con la confrontación pública del artista con su pasado en el país. Y esto precisamente en un momento en el que el mundo entero prestaba atención y homenajeaba a esa misma región: como ningún otro año, 1992 fue testigo de la proliferación descontrolada de exposiciones "latinoamericanas" en el mundo entero para celebrar el 500 aniversario del "encuentro entre dos mundos," tal como se definió el evento en lenguaje políticamente correcto. El gesto de Vaisman podía entonces leerse como un intento de acercarse, después de años de extrañamiento, al medio artístico venezolano. En este sentido, la tensión antitética entre el interior y el exterior de la obra parecían referirse a esta lógica del extrañamiento, incrementada por la alienación de Vaisman respecto de su entorno social y cultural.
Sin embargo, una observación más cuidadosa de la obra desenmascara la contraposición entre interior y exterior que parece proponer esta pieza. Hay dos elementos que conspiran para deshacer esta separación de lo interior respecto de lo exterior y que trabajan a favor de una relación espacial más compleja y menos definida. Lo primero que llama la atención del espectador son unos agujeros dispersos, enmarcados por huesos de cadera de mujer modelados en yeso color naranja, a través de los cuales intentamos percibir el interior. Esparcidos aquí y allá por las paredes de ladrillo de la estructura, estos agujeros obligan al espectador a agacharse, a mirar hacia arriba, a moverse de un agujero a otro, a intentar, sólo a intentar, comprender el inalcanzable interior. En efecto, no existe ningún acceso convencional al interior (¿del artista?): la puerta está sellada, y no hay ventanas. Pero aparte de los agujeros hay grietas, algunas llenas de mechones de pelo de niño, y hay cráneos de cerdos, también modelados en yeso anaranjado, intercalados entre las paredes. ¿Por qué elegiría el artista unos canales de comunicación tan opacos entre el interior y el exterior? Una  posible respuesta sería que la metáfora operativa en la obra, en la que el exterior representa la frágil situación social del país de origen del artista y el interior su educación burguesa y privilegiada, apuesta a un modelo de subjetividad permeado, aunque de manera críptica, por el marco social que lo rodea.

Es decir que, independientemente de lo sellado o protegido del interior, o de su distancia, las grietas pueden ser tan potentes como el sustrato materno que lanza al individuo al mundo de lo real, es decir, de lo social.
El carácter inquietante de la obra reside en este sutil deshacer de los opuestos. Así como las dos caras de la moneda estructuran el signo lingüístico (en el uso metafórico de la imagen, según Saussure), Verde por fuera, rojo por dentro representa las dos caras de una situación singular. Nada revela la paradoja de la resguardada vida individual inexorablemente permeada por lo social, su vínculo indisoluble con lo otro, tanto como la atemporalidad de la obra, su inquietante poder alegórico. Ahora, cuando una nueva generación de venezolanos abandona desesperadamente el país, no para ir a estudiar en prestigiosas universidades del exterior, sino para aumentar una diáspora global a la que negaba unirse, la imagen del rancho es más ubicua que nunca, más penetrante, más monumental. Como el fantasma reprimido de la modernidad, ha vuelto para acecharnos vengativamente.

Fuente:
http://enfermedadelalma.blogspot.com/2012/08/tambien-los-ranchos-de-meyer-vaissman.html