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domingo, 28 de enero de 2018

DE EMBOSCADA EN EMBOSCADA

Paz de retaliaciones
Luis Barragán

Advertido con suficiente y muy expresa antelación, el llamado al diálogo fue un ardid; y el llamado diálogo, un sainete. La sentencia es demasiado benévola por las dramáticas consecuencias que ha generado, pues, además de atizar el hambre de la población, aparentemente la deja sin una orientación o conducción política.

Ahora, reiterando los deberes de una nueva cita en República Dominicana, el sector de la oposición que unilateralmente se comprometió a ella, no le queda otra opción que de renegociar sobre los hechos ya cumplidos. Y es que, para sentarse en la mesa, algún mínimo compromiso contrajeron las partes, aunque no fuese publicitado, quedase sobreentendido, o lo supusiera el mandatario dominicano y los cancilleres que extendieron la fianza.

Muy mal estamos de contar con sendos negociadores por la oposición que, además de malbaratar el respaldo de ciertas individualidades integradas a un denominado equipo técnico, se dejan entrampar con facilidad, pues, por ridícula que parezca la escena, acudir a la isla en representación de sus partidos y, al volver, no tenerlos por una invalidación de la que quizá nunca hablaron, ya forma parte de una triste antología del absurdo. Valga acotar,  adelantándose a los resultados visibles y concretos que esperaban, voceros de los partidos concurrentes de la oposición ya habían planteado unos comicios presidenciales a corto plazo, ambientando esa generosa abstracción de “nuestra mejor arma es el voto”. No obstante, evidenciando el preacuerdo, burlados los actores, la dictadura decidió convocarlos por cuenta propia, ya que – dinamitada la unidad – simplemente no les hizo falta ni siquiera el comentario para los que ya corren a concursar.

De emboscada en emboscada, ha avanzado el régimen que, demostrado, no aspira a la paz de un consenso que ontológicamente le es y le será siempre ajeno, sino a la de las retaliaciones.  La factura la pasa y seguirá pasándola a aquellos que real, abierta e inequívocamente se le oponen; vale decir, a todo el país.

Otra vez, diligenciarán la importación y distribución de insumos básicos, abonarán a la cuenta bancaria de los más ingenuos, radicalizarán una campaña electoral que diga del paraíso – ahora, sí – a la vuelta de la esquina, quemando gigantescas cantidades de divisas. Otra vez,  los ocupantes de Miraflores tomarán venganza, afectando a propios y a extraños, pues, al fin y al cabo, les estorba el hambre y la miseria que generaron: una paz de retaliaciones que, por supuesto, no es paz.

Ilustración: Pepe López.

jueves, 31 de agosto de 2017

LA TESTARUDEZ COMO VIRTUD

EL UNIVERSAL, Caracas, 28 de agosto de 2017
Venezuela en crisis
Freddy Marcano

Hoy en día, los venezolanos vivimos o padecemos uno de los momentos más críticos en la historia. El deterioro de nuestra calidad de vida, ya no cabe duda alguna, se debe a un modelo político, además, impuesto por la fuerza. Casi dos décadas han sido necesarias  para destruir el aparato productivo tras batir todas las banderas de un populismo hecho de viles promesas y vulgares triquiñuelas.

Un gobierno que maneja la economía de un país como no lo haría siquiera un bodeguero o un buhonero,  tampoco permite la más elemental crítica. Por ello, no publica cifra alguna, por muy constitucional y legal que sea el mandato de hacerlo periódicamente, y se inventa una tal guerra económica para culpar al imperio, a la oposición, o a quien se le ocurra para evadir toda responsabilidad. Tratando de explicar la situación del país, el gobierno incurre en una elevada inflación del discurso pareja a la inflación económica, alegando cualquier disparate para evitar todo costo político.

Pretende que nos acostumbremos al deterioro en todos los niveles, sin que por un instante pare. No cubrimos nuestras necesidades básicas y muy básicas, no hay país que desee negociar con Venezuela, la producción petrolera va en caída, no hay liquidez monetaria para la más elemental compra. Ya ha declinado la economía de puertos, aún manejada y monopolizada por los que ostentan  el poder.

Cada día que pasa y vemos el panorama,  pensamos las diferentes opciones que tenemos para sobrevivir. Unos buscan nuevos horizontes, dejando atrás lo poco o mucho que les queda; otros, resignados y sin posibilidad de salir, pero ambos grupos convencidos del cambio inmediato que merece el país, no sólo de las personas que manejan el gobierno, síno un cambio del propio modelo político que demostró que no era, es ni será capaz de dar algún beneficio a la población. Por el contrario, sólo ha beneficiado a un pequeño grupo que se enriqueció a costa del padecer y el empobrecimiento del venezolano.

Ese cambio no puede generarse si no estamos unidos todos los sectores, dejando a un lado nuestras diferencias y teniendo claro que existe un objetivo común y sólo así podemos salir adelante. Por más que el Gobierno quiera sacarnos de nuestro camino democrático, los venezolanos daremos la cara por defender todo lo que nos ha costado construir. Sea en cualquiera de los escenarios establecidos en nuestra Carta Magna, pues nadie –en su sano juicio– juega a la anarquía y a  la violencia solo los que carecen de razón o temen perder lo que mal habido han tenido en todos estos años de corrupción y mal manejo de los recursos.

Fuente:
http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/venezuela-crisis_667302
Composición gráfica: Pepe López.

domingo, 28 de mayo de 2017

¿RUPTURA O CONTINUIDAD?


De la sofocante extemporaneidad

Luis Barragán

Pocas veces ocurre, el primer y aún más distraído vistazo genera inquietud, autorizando los otros que llevan a una más pausada reflexión. Suponemos que toda novedad artística lo es, cuando suscita una poderosa o cierta desazón e, inadvertidamente, contribuye a una interpretación de las realidades que suelen confundirnos.

Navegándolas al azar en una noche de lidia con el insomnio, inmediatamente volvimos al motivo gráfico que tecleó nuestra curiosidad en las redes. Recortada la silueta de una tanqueta cotidiana con su inequívoco cañón, sobre el breve paisaje de una empinada barriada popular, supimos de la más reciente versión de una extemporaneidad que nos sofoca.

No tardamos en saber de Pepe López, gracias a una breve orientación de Nicomedes Febres, las limitadas imágenes reportadas por Google y una directa comunicación con el artista al servirnos de una tecnología que parecía imposible   más de dos décadas atrás. Advertimos una faceta de su obra que, al actualizarla, nos actualiza con el país que presumimos por siempre de un fácil e inmediato  reconocimiento.

Extendida y convertida en regla la marginalidad urbana hasta cuestionar el propio sentido de las palabras, parece dejar atrás etapas como la del aluvión de las vivas formas geométricas que ha hecho escuela en Venezuela, concediéndole también una identidad,  o la de los utensilios del aseo doméstico que trastocan la cotidianidad en una repentina y sugestiva excepción.  Ahora, nos interpela con la eficaz sencillez de un misil gráfico, socialmente resistidos al inevitable post-rentismo que ha hecho de la violencia su mejor lenguaje en el – antes – insospechado siglo XXI que nos tiene por precarios inquilinos.

Muy pocos escapan del indecible deterioro de nuestra calidad de vida, encarcelados por el hampa – además – organizada, relegados por un salario real de subsistencia, resignados a una vivienda cada vez más frágil, aquejados por eso que llaman los expertos la incongruencia de estatus. Cerca de nuestro propio domicilio personal, pendientes de alguna refriega de proyectiles de algo más que lacrimógenos que pueda afectar a una urbanización venida a menos, apreciamos desde el balcón la cada vez más lenta e incierta remodelación de un esquinero pent-house que aspira a una planta adicional para la prole que ha crecido, teniendo por trasfondo el desarrollo acelerado de una barriada que pareciera el resultado de una feria gratuita de cabillas y cemento enquistada en lo que fue la respetada zona de un parque nacional, menos de cinco o seis años atrás.

La terrible silueta recortada adquiere el encaje de una granada de mano, una pistola, una Kaláshnikov ya de escolar familiaridad, o se abanica francamente con una inerte figura humana en la punta del copado cerro, incurriendo  en el audaz y aparentemente absurdo injerto de una escultura clásica contra el paisaje de los “ranchos” mil veces abigarrados que se empinan aferrados a la colina también utópicamente antisísmica. Entendemos, el código por excelencia es el de las viviendas de paredes no frisadas, despobladas o con el inexistente indicio de la vivacidad de una motocicleta o de un jeep que las surque, silentes y resignadas al viento: encaramamiento de encaramamientos, el dato estético adquiere otra significación que lo aparta o quizá le da una sorprendente continuidad a la obra de Meyer Vaisman, cronista infalible de los años del esplendor petrolero.

El idioma es el de la violencia, cruce de un centenar de dialectos para la angustia rutinaria, a la que Jenny Guerrero Tejadas avistó con una fuerza identitaria que hoy las circunstancias dicen legitimar (http://www.saber.ula.ve/bitstream/123456789/28992/1/articulo8.pdf).   Y esto,  por el sostenido discurso del poder establecido, cuyas concreciones naturalmente indignan a López, denunciándolo con las armas de las que dispone.

 Un discurso que, por cierto, no soporta el análisis marxista de clase, habida cuenta del tal socialismo de esta otra centuria, ni la recurrentes disertaciones que apuntaban a las televisoras en manos privadas, hoy en la práctica todas estatizadas. Celebrada la muy arriesgada captura y devolución del violín destrozado a Willy Arteaga, por el contingente militar,  en medio de una faena represiva de la protesta ciudadana, el discurso es propio  del empleo de la fuerza bruta y de su lenguaje, inscrito en una cultura de la muerte, de la agresión y del cinismo militante.

Proveniente del mundo de  la sastrería, el término “beskope” o sus variantes “made to measure” y “su misura”, avisa de una técnica de elaboración artística que, al aspirar un fiel reflejo de la presente etapa histórica, puede finalmente emblematizarla.  Suerte de anticuerpo, acaso un remedio homeopático, al representarla, la violencia tropieza con un lenguaje alternativo que ojalá prospere: únicamente el arte puede lograrlo.

29/05/2017: