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viernes, 10 de abril de 2020

¿NOS HACE IGUALES EL VIRUS?

Nota de Carmen Cuevas Oyarzun (Chile)
· 
Quédate en casa, es la premisa, el eslogan
Quédate en casa, dice el futbolista, abrazando a su esposa mientras sus hijos corren por los 400 metros cuadrados de su hogar.
Quédate en casa, dice el político, mientras elige en cuál de sus propiedades pasará la cuarentena.
La gente no entiende, mientras descargan en su puerta el cajón de fruta y verdura que compró online y pagó con su tarjeta.
Al margen, los barrios invisibles las "casas" 4x4, de chapa y cartón, donde el frío es FRÍO y el calor abraza y marea.
Esas casas, donde lo que ganaste ayer, es la comida de hoy
Donde, si no ganaste ayer, no hay comida hoy.
Donde se conocen las medidas sanitarias, pero es imposible cumplirlas. Con miedo, pero sin medios.
Sólo se intenta vivir, resistir, sobrevivir día a día.
El virus no nos hace iguales.
El virus pone en evidencia, aún más, la intolerancia, la apatía con que el sector privilegiado de esta sociedad mira a los que menos tienen.Quédate en tu casa, para cuidarnos entre todos: Se los acusa e interpela.
Afuera el virus, adentro el hambre, las caras de tus hijos, la decepción, la incertidumbre, la desesperanza.
¿Nos cuidamos entre todos?

Fuente:

domingo, 28 de mayo de 2017

¿RUPTURA O CONTINUIDAD?


De la sofocante extemporaneidad

Luis Barragán

Pocas veces ocurre, el primer y aún más distraído vistazo genera inquietud, autorizando los otros que llevan a una más pausada reflexión. Suponemos que toda novedad artística lo es, cuando suscita una poderosa o cierta desazón e, inadvertidamente, contribuye a una interpretación de las realidades que suelen confundirnos.

Navegándolas al azar en una noche de lidia con el insomnio, inmediatamente volvimos al motivo gráfico que tecleó nuestra curiosidad en las redes. Recortada la silueta de una tanqueta cotidiana con su inequívoco cañón, sobre el breve paisaje de una empinada barriada popular, supimos de la más reciente versión de una extemporaneidad que nos sofoca.

No tardamos en saber de Pepe López, gracias a una breve orientación de Nicomedes Febres, las limitadas imágenes reportadas por Google y una directa comunicación con el artista al servirnos de una tecnología que parecía imposible   más de dos décadas atrás. Advertimos una faceta de su obra que, al actualizarla, nos actualiza con el país que presumimos por siempre de un fácil e inmediato  reconocimiento.

Extendida y convertida en regla la marginalidad urbana hasta cuestionar el propio sentido de las palabras, parece dejar atrás etapas como la del aluvión de las vivas formas geométricas que ha hecho escuela en Venezuela, concediéndole también una identidad,  o la de los utensilios del aseo doméstico que trastocan la cotidianidad en una repentina y sugestiva excepción.  Ahora, nos interpela con la eficaz sencillez de un misil gráfico, socialmente resistidos al inevitable post-rentismo que ha hecho de la violencia su mejor lenguaje en el – antes – insospechado siglo XXI que nos tiene por precarios inquilinos.

Muy pocos escapan del indecible deterioro de nuestra calidad de vida, encarcelados por el hampa – además – organizada, relegados por un salario real de subsistencia, resignados a una vivienda cada vez más frágil, aquejados por eso que llaman los expertos la incongruencia de estatus. Cerca de nuestro propio domicilio personal, pendientes de alguna refriega de proyectiles de algo más que lacrimógenos que pueda afectar a una urbanización venida a menos, apreciamos desde el balcón la cada vez más lenta e incierta remodelación de un esquinero pent-house que aspira a una planta adicional para la prole que ha crecido, teniendo por trasfondo el desarrollo acelerado de una barriada que pareciera el resultado de una feria gratuita de cabillas y cemento enquistada en lo que fue la respetada zona de un parque nacional, menos de cinco o seis años atrás.

La terrible silueta recortada adquiere el encaje de una granada de mano, una pistola, una Kaláshnikov ya de escolar familiaridad, o se abanica francamente con una inerte figura humana en la punta del copado cerro, incurriendo  en el audaz y aparentemente absurdo injerto de una escultura clásica contra el paisaje de los “ranchos” mil veces abigarrados que se empinan aferrados a la colina también utópicamente antisísmica. Entendemos, el código por excelencia es el de las viviendas de paredes no frisadas, despobladas o con el inexistente indicio de la vivacidad de una motocicleta o de un jeep que las surque, silentes y resignadas al viento: encaramamiento de encaramamientos, el dato estético adquiere otra significación que lo aparta o quizá le da una sorprendente continuidad a la obra de Meyer Vaisman, cronista infalible de los años del esplendor petrolero.

El idioma es el de la violencia, cruce de un centenar de dialectos para la angustia rutinaria, a la que Jenny Guerrero Tejadas avistó con una fuerza identitaria que hoy las circunstancias dicen legitimar (http://www.saber.ula.ve/bitstream/123456789/28992/1/articulo8.pdf).   Y esto,  por el sostenido discurso del poder establecido, cuyas concreciones naturalmente indignan a López, denunciándolo con las armas de las que dispone.

 Un discurso que, por cierto, no soporta el análisis marxista de clase, habida cuenta del tal socialismo de esta otra centuria, ni la recurrentes disertaciones que apuntaban a las televisoras en manos privadas, hoy en la práctica todas estatizadas. Celebrada la muy arriesgada captura y devolución del violín destrozado a Willy Arteaga, por el contingente militar,  en medio de una faena represiva de la protesta ciudadana, el discurso es propio  del empleo de la fuerza bruta y de su lenguaje, inscrito en una cultura de la muerte, de la agresión y del cinismo militante.

Proveniente del mundo de  la sastrería, el término “beskope” o sus variantes “made to measure” y “su misura”, avisa de una técnica de elaboración artística que, al aspirar un fiel reflejo de la presente etapa histórica, puede finalmente emblematizarla.  Suerte de anticuerpo, acaso un remedio homeopático, al representarla, la violencia tropieza con un lenguaje alternativo que ojalá prospere: únicamente el arte puede lograrlo.

29/05/2017:

sábado, 8 de enero de 2011

(c) araque tres






EL NACIONAL, Caracas, 17 de Octubre de 1996
Urbe marginal





La ``pauperización'' ha llegado a tal extremo que sólo basta, según refiere el arquitecto William Niño Araque, pasearse por obras importantes como las Torres de El Silencio, el Club Táchira, Plaza Venezuela, Plaza Caracas, el 23 de Enero, La Hoyada o el edificio Galipán en la avenida Francisco de Miranda para darse cuenta de que estamos ante una ``ciudad marginal''; no sólo se les han adosado nuevas estructuras que no corresponden con el diseño original sino que también han sido presa del deterioro.

Octavio Sisco, miembro de la Coordinadora San Pedro, admite que ``el propio Estado es el promotor de este desorden y se puede evidenciar en el Consejo Supremo Electoral convertido en puros ranchos...''.

Si el Gobierno decidiera recuperar las obras pérdidas requeriría millones de bolívares porque en ningún momento se entendió que el cuidado era necesario, ni se establecieron las medidas correctivas y preventivas del caso. Es así como, según un estudio técnico, se requieren 8 millardos de bolívares para la refracción de la estructura física de las Torres de El Silencio, por citar un ejemplo.

El caso de la Universidad Central de Venezuela también es grave, debido a que hacen falta grandes inversiones para mantener las obras de arte existentes y acometer los trabajos que exigen sus instalaciones, ``para lo cual se ha pensado en la ayuda internacional''. La UCV ha sido modificada internamente para adaptarla a los 50 mil estudiantes que recibe y se estima que necesita únicamente para mantenimiento 500 millones de bolívares mensuales.


EL NACIONAL, Caracas, 11/01/96
¨QUE PASA CON LOS INTELECTUALES EN VENEZUELA? (II)
Hoy proseguimos la serie de reacciones a las declaraciones de Ernesto Mayz Vallenilla, ex rector de la Universidad Simón Bolívar, (El Nacional, 7-1-96, D-1) con las opiniones del arquitecto William Niño Araque y de Emilio Mendoza, presidente de la Fundación de Etnomusicología y Folklore.
El país paralelo
WILLIAM NIÑO ARAQUE

Pienso que esta reflexión corresponde a una visión anacrónica obstinadamente orientada a hacer de Venezuela un país presidencialista. Precario en su responsabilidad social, crecido en su compromiso individual, Los Notables reproducen un pensamiento jurásico, recalcitrante y resentido, fundamentado en una poética fatalista y excesivamente personal. A diario asistimos como espectadores a la teatralización de una desgracia en la que se perfila siempre en el presidente la única responsabilidad y culpa. Esta forma fatalista del pensamiento ha generado a su vez una ética de comportamiento cómoda y procaz en su irresponsabilidad, dejándonos a todos al margen.

Sin embargo en el país paralelo (a ese que idealizan Los Notables), a diario se inventa, tiene múltiples comportamientos, agentes y protagonistas a quienes se debería exigir los resultados positivos de las gestiones que acometen el cambio. Más que buscar culpables hay que rastrear con imaginación, energía y eficacia. Pues, en efecto, Venezuela sufre una crisis lamentable de energía intelectual, a la que corresponde inducir esas ideas creativas capaces de fomentar las grandes transformaciones. Esta crisis no se da solamente en la Cultura. Se da en la Industria, en la Educación, en la Banca, en los más opuestos filos de la construcción social. Aniquilar ese pensamiento presidencialista y fatal podría conducirnos hacia una reconstrucción real del país entrañablemente deseado. Un país paralelo, al país de Los Notables. Una construcción independiente a tanta opinión ``equivocada'' (a los ochenta años) pues la crisis nacional no la supera ningún hombre, tampoco una joven generación escudada en la edad; las crisis se superan a partir de un cambio ético del pensamiento, en el que la individualidad da paso al buen deseo social y al maravilloso convencimiento de las responsabilidades asumidas y compartidas.

EL NACIONAL - Viernes 24 de Diciembre de 2010 Opinión/7
¿Qué somos?
Por la obra viva de William Niño Araque
ALICIA FREILICH

Pregunta necesaria para un mínimo balance anual y bicentenario.

Desde que Francisco de Miranda exclama que esto es sólo "bochinche", la literatura venezolana resulta un índice confiable porque en su metáfora global responde y descubre lo más oculto del ser venezolano. El muestrario es muy extenso; van algunas referencias, a capricho.

Somos...Tienda de muñecos, títeres, Julio Garmendia.

Pueblo sufriente en eterna espera, Rómulo Gallegos. Espejo del arlequín provinciano en su desarraigo citadino, Guillermo Meneses, Salvador Garmendia, Oscar Guaramato, Oswaldo Trejo, José Balza.

Terreno funerario de una tácita guerra civil clasista, Miguel Otero Silva. Escenario de la subversión portátil, Adriano González León, Eduardo Liendo, Israel Centeno. Acto cultural cursi en campamento fijo, José Ignacio Cabrujas.

Aldea dictatorial con visos fílmicos de modernidad, Elisa Lerner. País en venta, Isaac Chocrón. Constante tumulto, Argenis Rodríguez. Tóxico bonche continuo, Francisco Massiani. Cantera inagotable de un peligroso desolvido generacional, Ana Teresa Torres, Victoria De Stéfano. Celda abierta criminal y cotidiana, Alberto Barrera Tyzka. Erótico fervor en carpas y misiones secretas, Federico Vegas. Villa tribal del disparate, Aglaya Kinzbruner. Y los nuevos, entre muchos, Rodrigo Blanco Calderón, Eduardo Sánchez Rugeles junto a gente joven que traspasa y complementa la literatura con un enorme bagaje musical sobre el básico Desorden Público, Horacio Blanco. Andrés Barrios con sus Hermanos Naturales. Y la cinta especial Hermano, Marcel Rasquin.

Concepto, imágenes, textos, actuaciones, sonidos, tácitamente se preguntan ¿Será esto un perpetuo desfile castrense, republiqueta boli-bananera, bochinche sin remedio? Dos siglos del quehacer venezolano exigen rigor evaluativo.

¿Qué seremos? Por ahora, responde el corazón jamás dormido de William Niño Araque, aquel anciano prematuro durante la adolescencia. Pude comprobarlo durante los cinco años que tuve el privilegio de tenerlo como alumno en el liceo Carlos Soublette. Ese joven distinto, brillante y solitario, poco a poco se volvió diáfano, puro, es decir poeta del mismo lugar pero ahora con visión de futuro para la inmensa matriz amorosa que fue Caracas en su imaginario más íntimo. Por eso le dolían tanto las heridas que rasgan sin cesar las bases y fachadas de ese útero soñado como posible paraíso urbano. En sus maquetas de verbo, mente y materia fusionó al arquitecto, urbanista, curador, editor, poeta y melómano. El primer parque nacional que abra el país ya liberado de esta dictadura, la próxima plaza que se inaugure en la Caracas abierta, deben llevar su nombre.

Ilustración: Werner Lemke, la hoy avenida Universidad, Palacio de las Academias, Caracas (tomada de Caracas Retrospectiva II / Facebook)