EL NACIONAL - Sábado 04 de Octubre de 2008 Papel Literario/12
Bohigas, entre la esperanza y la desilusión
Invitado por la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, la Fundación para la Cultura Urbana y Econoinvest, este lunes 6 de octubre en las Sala de Conferencia del IESA Oriol Bohigas dictará una Charla magistral
William Niño Araque
Oriol Bohigas encarna la síntesis mejor estructurada y claramente comprometida, brillante y contundente, del catalanismo de izquierda. Es un intelectual de postguerra y como buen catalán autonomista, un activista más vinculado con la Francia de De Gaulle que con la España franquista. Pareciera que es el heredero legítimo de todo el pensamiento que fomentó la maravillosa égida de André Malraux: esa que comprometió a los intelectuales en una empresa sobrehumana cifrada en la construcción y responsabilidad que exigía la vida moderna. En Bohigas se representan el tradicionalismo y conservadurismo mesiánico atado en una complejidad republicana de ideales modernos y librepensadores.
Diría que Bohigas pertenece a un indicio inesperado, conflictivo, autonomista y paradójicamente, constructivo de una España total.
No obstante, para Bohigas esta visión de la nación se encarna en la realidad que impone la tradición, su interpretación de la sociedad presta atención a la lengua de la arquitectura como una realidad inmutable; a través de las obras se expresaban la voluntad y el alma de la individualidad catalana.
Este aspecto de la arquitectura urbana constituye el centro de su proyecto público, político y espacial que, con el correr de las décadas, se visualizarán más allá del recuperado frente marítimo La Icaria o la Ciudad Olímpica del 92. Sin exagerar afirmaría que este pensamiento afectivo y esencial por lo arquitectónico, lo urbano y lo social, proviene de esa izquierda sensible enraizada en la rive gauche, divina y afrancesada que con la época se trasladó muy responsablemente hasta Barcelona y de allí se irradió hacia otros grandes centros urbanos.
Sólo toma partido por las intervenciones esenciales de la arquitectura como garantía de la reconstrucción del tejido social y urbano.
El desencantado La última publicación de Bohigas, Contra la incontinen cia urbana (2004), nos revela un intelectual decepcionado, al reconsiderar aspectos morales de la arquitectura y la ciudad actual. Su crítica feroz ataca la situación de la ciudad, la profesión y a la arquitectura misma: "una arquitectura que no quiere serlo, una ciudad que no puede serlo, con unos arquitectos que no lo son". Esta desilusión arremete específicamente en contra de lo que se han convertido las ciudades europeas y especialmente las españolas: en el escenario para el consumo de las formas más sorprendentes e inesperadas, provenientes de tanta creatividad protagónica y sin historia. Bajo este contexto de narraciones particulares, donde la ética de la ciudad se olvida o se relega a un segundo plano, la arquitectura se pone al servicio de la exageración mediática, la diversión icónica espectacular, el entorno masivo y competitivo, formando parte de las imágenes deslumbrantes de las revistas y páginas Web, desvinculadas de la experiencia callejera, local e inolvidable que esconde cada trozo de ciudad.
Bohigas arremete en contra de una arquitectura que no expresa la razón de los sistemas constructivos y tiende a valorar o a exagerar los efectos plásticos de la piel edilicia. El carácter creciente de "pieza única" niega el valor de modelo urbano y de diálogo que históricamente ha tenido la arquitectura de la ciudad.
En contra de la ciudad plusmoderna, Bohigas remite a la ciudad histórica y valora tres elementos fundamentales: la confluencia del edificio en el espacio ciudadano: la flexibilidad; y la superposición de actividades en un mismo núcleo. A estas ideas agrega la compacidad espacial y la legalidad del espacio público.
Su visión desenmascara lo sucedido en España o en Italia a través de una gestión permisiva y de especulación; ataca los bloques monofuncionales, arremete contra los "stararchitects", quienes privilegian su actuación personal por encima (o en contra) de los planteamientos colectivos e inclusive, diseñan y construyen en lugares nunca visitados. Bohigas defiende la mezcla y la superposición de funciones diversas y aboga por los distintos tipos de viviendas y usuarios en una misma edificación. Plantea la inminencia de las periferias urbanas, como instrumentos de degradación y segregación, pues resultan de una operación económica claramente especulativa: terrenos baratos que no participan de los grandes servicios colectivos. En contra de la expansión desbocada de las metrópolis, propone la reconstrucción de las ciudades consolidadas "monumentalizar la periferia, retornar al centro". Se trata de compactar, rehabilitar, reintegrar lo construido. "La calle urbana corredor" es el receptáculo de casi todas las funciones ciudadanas. La reducción de la calle y de su complejidad funcional supone anular el primer factor de urbanidad.
La forma de la ciudad es un elemento fundamental para su buen funcionamiento y frente a las insuficiencias del "planeamiento general", propone "el proyecto urbano" como un elemento insustituible en las políticas de ciudad. El "proyecto urbano" no es un proyecto arquitectónico ni un plan urbanístico; rige la forma y el contenido de un fragmento de la ciudad desde el espacio público a la arquitectura.
Finalmente, la desilusión de Bohigas plantea cómo el eje pedagógico de la proyectación se ha desviado del realismo y la investigación hacia el espectáculo, la superficialidad y el episodio.
Desenmascara la soledad del arquitecto contemporáneo, ahora sin la autoridad que auguraba su razón de ser durante la última mitad del siglo XX. La fragmentación de la arquitectura como proyecto académico: los urbanistas, paisajistas, decoradores, interioristas y diseñadores ha empobrecido su radio de acción.
El malestar de Bohigas surge del seno de sus valores modernos. Como mente brillante, su postura no es académica ni teórica, su trayectoria es múltiple, proyectual, crítica y en considerable proporción, ciudadana y política. Como una especie en extinción, su proceso de reflexión proviene del universo intelectual. La idea de abrir un frente marítimo, construir La Icaria y perfilar la Ciudad Olimpica del 92, corresponde a una obra de arte absoluta, digna a figurar junto a las experiencias de Haussman, Cerdá, Chandigard o la Brasilia de Niemeyer, como una de las obras más notables de creación urbana del siglo XX.
Fotografía: Jordi Mota, tomada de http://www.omnium.cat/ca/article/entrevista-a-oriol-bohigas-per-sortir-de-la-crisi-cal-passar-inevitablement-per-la-cultura-4048.html
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viernes, 7 de diciembre de 2012
lunes, 2 de julio de 2012
NOTICIERO RETROSPECTIVO
- J. Veloso: 65 años del primer vuelo sobre Caracas (El Universal, Caracas, 02/10/77).
- Domenico Filippone. "El Cuatricentenario de Caracas: política urbana". El Nacional, Caracas, 02/01/65.
- William Niño Araque. "Espacios públicos: clave estética de los venezolanos". El Nacional, Caracas, 14/10/00. Papel Literario.
- Denzil Romero. "Los 50 años de Billo en Venezuela". El Nacional, Caracas, 03/01/88.
- William Niño Araque. "La caraqueñidad: memoria limpia y amenazante". El Universal, Caracas, 22/07/00. Verbigracia.
Fotografía: Tomada de mariafsigillo.blogspot.com. Revista El Farol, Caracas, 1951.
- Domenico Filippone. "El Cuatricentenario de Caracas: política urbana". El Nacional, Caracas, 02/01/65.
- William Niño Araque. "Espacios públicos: clave estética de los venezolanos". El Nacional, Caracas, 14/10/00. Papel Literario.
- Denzil Romero. "Los 50 años de Billo en Venezuela". El Nacional, Caracas, 03/01/88.
- William Niño Araque. "La caraqueñidad: memoria limpia y amenazante". El Universal, Caracas, 22/07/00. Verbigracia.
Fotografía: Tomada de mariafsigillo.blogspot.com. Revista El Farol, Caracas, 1951.
viernes, 4 de febrero de 2011
arquitectografía

EL NACIONAL, Caracas, 29 de Junio de 1998 / CULTURA
ARQUITECTURA
Conciencia de lo caraqueño
WILLIAM NIñO Araque
Wallis, Domínguez y Guinand, la exposición que ayer se inauguró en los espacios de la Galería de Arte Nacional, nos somete ante universo estimulante de una conciencia histórica fraguada entre los años 25 y 49. Un tiempo de transición, todavía por descifrar, durante el cual actuó toda una generación de arquitectura cuya actitud libre pensadora, abrió el campo de la primera modernidad. Desprevenida e inocentemente, actuaron en la construcción del país que todos queremos y en la definición del primer rostro de la ciudad del siglo XX. De este capítulo heroico, además de una historia por descifrar, queda el legado asombrosamente desconocido de un amplio número de edificaciones ligadas todas al entrañable patrimonio de la caraqueñidad.
Guinand Sandoz, concluye sus estudios de Ingeniería en Alemania (1913) especializándose en Arquitectura. Luego de un período de incorporación al país, inicia activamente su trayectoria con la realización de una serie de casas en El Paraíso, en la naciente urbanización El Country Club, y en un número de edificios públicos, hospitalarios, experiencias obreras y paisajísticas, que lo colocan a la distancia del tiempo en un nivel de altísimo prestigio internacional. Su alejamiento del país le marcó a su regreso un profundo interés por el paisaje y el descubrimiento de las especias vegetales, desarrollando junto con Henry Pittier, Tobía Laser y Roberto Burle Marx, una trayectoria paralela de arquitectura paisajista abrió los horizontes de la disciplina misma.
El aporte de Guinand a la configuración de una primera modernidad en Venezuela y su particular interpretación durante la transición que se desencadena de los años veinte al cuarenta, lo ubican como uno de los grandes protagonistas que introdujo la evolución del espacio premoderno. En 1925, anuncia en el paisaje urbano de El Paraíso, el vocabulario neohispanista, a través de su casa de habitación. Este ejemplo, uno de los primeros de los que se tiene conciencia en la historia de la arquitectura venezolana, comienza un capítulo de transformaciones; la ausencia de ornamentación y la jerarquía clasicista que exigió una arquitectura conservadora, da paso a argumentos regionales que intuyen una valoración funcional.
Años más tarde descubre el lenguaje Déco, que él interpretara desde un canon más convencional, relacionado directamente con la arquitecturas "nacional socialistas" que se construían en Europa. El Ministerio de Fomento (1943) es el hito arquitectónico de una intervención concebida como una obra de arte total. Su imagen se impone en el paisaje urbano caraqueño, con una nueva dimensión al reto inminente de transformación que sufría la ciudad. En él se acentúa un mayor interés en el estudio de los aspectos decorativos, ligados a la composición arquitectónica con el objetivo de lograr mayor calidad cívica a los espacios públicos. El volumen urbano insiste en la fachada continua la cual estructuraba. Un tipo de arquitectura monumental que junto con la gobernación de Caracas, proyectada por Gustavo Wallis, establece en el desafío planteado por la necesidad de una nueva escala para una estructura urbana en pleno proceso de transformación.
Ya entrada la plena modernidad, en 1956, Guinand Sandoz diseña el Observatorio Cajigal. En esta obra monumental, tardía y ciertamente desconocida actúa al igual que todos los arquitectos pertenecientes a la Primera Generación, su formación académica lo reduce a sus ideas iniciales de concebir la composición arquitectónica, a partir del basamento, cuerpo o cornisa. En este edificio, ubicado en la cima de una colina que domina todas las visuales del valle de Caracas, el espacio del vestíbulo concentrado en una rotonda palladiana, retoma la importancia de un punto focal, a partir del cual se expresaba un tipo de fluidez espacial, que irradia también hacia la geografía. Un tipo de arquitectura monumental que aparece como epílogo atemporal, acentuado por la continuidad de los materiales y detalles decorativos.
Su experiencia en la Clínica Maracay, la Policlínica Caracas y el Teatro de la Opera de Maracay, evolucionará hacia un tipo edilicio de mayor complejidad en el que se expresan los ideales de la nueva sociedad. El Sanatorio Antituberculoso Simón Bolívar (1939), corresponde a una imagen al borde de los tiempos modernos. La combinación de sus cuerpos de estructura neoplastisita se ensambla en un tipo de arquitectura académica y de acentuada monumentalidad, el edificio aparece como una construcción abierta al paisaje, resuelta entre patios sosegantes cuya torre campanario, resguarda una limpia y casi racionalista capilla, ubicada en el centro de la composición.
Guinand Sandoz fue, en efecto, un apologista que siempre propuso la asociación silenciosa entre el clasicismo, la ciencia exacta de la construcción y el afecto desmedido por la naturaleza y el paisaje. A su arduo trabajo caraqueño debemos la materialización del Parque del Este. En su recinto reposa como obra póstuma que marca su territorialidad la cúpula del Planetarium. La confianza de Guinand en las reglas universales de la arquitectura, no puede desatarse como un prejuicio personal de un creador que no ingresó a la plena modernidad, sino que debe considerarse en el fascinante universo que recreó un mundo histórico, apegado a las tradiciones y a la conciencia de la caraqueñidad.
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William Niño Araque
viernes, 14 de enero de 2011
noticiero retrospectivo

- Pérez Alfonzo contrario a la nacionalización del petróleo. El Nacional, Caracas, 12/11/63.
- Adolfo Ramírez. "En torno al gran viraje: De Garaudy a Petkoff". Vea y Lea, Caracas, 10/08/70, nr. 43.
- "Informe quincenal: La policía política, un retrato del sistema". La15na, Caracas, 17/07/74, nr. 5.
- William Niño Araque. "Museo de Bellas Artes: El espacio recobrado". El Nacional, Caracas, 23/12/91.
- Caremis. "Renacerá El Calvario". El Nacional, 02/08/81.
- A. Moreno Arellano. "El porvenir demográfico para Caracas". El Nacional, 02/08/67.
- Fernando Báez Duarte. "Pérez Alfonzo y los ingresos petroleros". Resumen, Caracas, 18/11/73, nr. 2.
Fotografía: Pedro González entrevista a Wolfgang Larrazábal (Economía Hoy, Caracas, 23/01/98)
sábado, 8 de enero de 2011
(c) araque uno

EL NACIONAL - Sábado 08 de Enero de 2011 Papel Literario/2
William Niño Araque (1953 2010)
Geografías de lo moderno
"Las personas no deberían hacer su historia sino antes su geografía".
John Berger
FABIOLA LÓPEZ-DURÁN Y HENRY VICENTE
Tal vez nadie como William Niño logró materializar en su quehacer vital y profesional la voluntad por lo urbano contenida en la versión del poema de Vicente Gerbasi que, a inicios de los ochenta, identificó a grupos literarios como Tráfico y Guaire: "Venimos de la noche y hacia la calle vamos". William, quien a finales de los setenta participó en los talleres literarios del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, y más tarde frecuentaría el taller Calicanto y los grupos que de allí nacieron, encontró en la interacción entre lugar-espacio-paisaje y el privilegio que le otorgaba a la palabra, un aparato interrogativo para descifrar aquello que para él era tierra incógnita y deseo: la ciudad.
Nos referimos a la interacción lugar-espacio-paisaje como tríada dialéctica, tal y como lo observara W.J.T. Mitchell, en la que el lugar se manifiesta como ubicación específica, estable; el espacio como "lugar practicado" activado por movimientos, narrativas y signos; y el paisaje como lugar encontrado, como espacio presentado y representado a la vez.
Así, como triada conceptual, parecía entender William la Fuente de Mercurio, de Calder de la Exposición Internacional de París de 1937 que, según él, "expresaba el mundo del movimiento, la utilización de los nuevos materiales y sobre todo, los efectos inéditos entre las formas estables, los elementos móviles y el paisaje". De manera similar visualizaba a Caracas: como un anillo frente al Caribe con El Ávila al centro --invariable-pero activada por la dinámica de su naturaleza tropical, sus autopistas, túneles, arquitecturas y promenades, e "interceptada" por las vistas que de sí misma, como en un mise-en-abîme, "invaden" sus espacios en el centro de Petare, al pie del Ávila, en las colinas del sur, o en las terrazas de Caricuao.
Los signos habitables, su primera exposición de Arquitectura, que introdujo la obra de seis arquitectos contemporáneos venezolanos a los espacios de la Galería de Arte Nacional,
representaría, pa- ra quienes nos iniciábamos en estos caminos críticos, un punto de partida. La exposición indagaba en trayectorias en auge y ciclos no clausurados, y fijaba el espacio fundacional desde el que William se convertiría en pionero de la asunción de la Arquitectura como artefacto cultural y de su ingreso a las más diversas plataformas de debate y comunicación. Y es que, desde su cercanía a los grupos literarios, cultivó la palabra en el tono "conversacional" que identificó a dichos grupos, así como se sintió parte de una generación de escritores que se hicieron, como dice Arturo Gutiérrez Plaza, "cómplices con la ciudad".
Pero, de todos ellos, fue William el que entendió la ciudad como su madre natura.
Caracas fue el mapa sobre el que se desplegó su tentativa de encuentro con los demás, fue para él la conjunción del lugar, el lugar practicado y el lugar encontrado.
Y si esta ciudad fue el territorio en el que William indagó lo moderno, no lo hizo desde la ciudad letrada de Ángel Rama sino desde la ciudad del "vagabundo". Sustituyó las metáforas temporales por las espaciales. Asumió que la sucesión de tiempos es también una sucesión de espacios que recorremos y nos recorren, dejando en nosotros las huellas que dejamos en ellos.
Fue por lo tanto la geografía su norte, más que la historia y sus avatares. El título de su artículo sobre Enrique Bernardo Núñez así lo sugiere, esa "crónica del tiempo lento", anuncia el privilegio del espacio en detrimento del tiempo.
Un tiempo "demorado" para poder "detener" el paisaje trasegado por autopistas y distribuidores "arácnidos", con la incólume presencia del Ávila y de las palmas reales, latanias, washingtonias y datileras que para William constituían el aura extraviada de esa natura original de la ciudad, y que gracias a su sugerencia fueron sembradas en el valle de Caracas como parte del programa que un día lideró Alicia Pietri de Caldera.
En estos momentos, en los que la Arquitectura y el espacio urbano aparecen como medios imprescindibles a ser estudiados en toda su complejidad histórica y teórica, pues tal y como lo observa Andreas Huyssen, han sido ellos precisamente los transmisores de modernidad en las llamadas regiones en desarrollo. Ahora, cuando la dico- tomía de alta y baja cultura ha mostrado su incompetencia, estamos llamados a indagar en esa tríada conceptual de lo construido, lugar-espacio-paisaje, que participó y participa de los discursos globales que dieron forma a eso que hoy llamamos modernidad. Así lo intuiría William, y así, en profunda complicidad con la ciudad, dedicó su vida a identificar esos puntos que permitirían comenzar a armar nuestras propias geografías de lo moderno.
EL NACIONAL - Sábado 08 de Enero de 2011 Papel Literario/2
El mundo desde Caracas
La caraqueñidad para William era una manera de ser, una visión del mundo desde la perspectiva de éste balcón monumental que mira al Caribe
MANUEL DELGADO
William no se podía separar de su ciudad. Como le gustaba tanto bajar a La Guaira, tuvo que elaborar y demostrar la hipótesis de que el litoral es parte de Caracas, para poder sentirse más a gusto frente al mar. Tal vez por eso mismo planteó la utopía de que para el año 2020 el país será una sola ciudad, y así poder recorrer toda Venezuela sin salir de su casa. En varias oportunidades participamos juntos en eventos internacionales y aun por pocos días le costaba salir. Más de una vez perdió el avión, o dejó el equipaje en el taxi y la última vez que tratamos de viajar juntos a Medellín, al llegar al mostrador tenía el pasaporte vencido.
Creo que todos eran saboteos inconscientes para no alejarse de su casa. No es difícil imaginar lo que debió haber sufrido cuando tuvo que hacer el equipaje en dos horas y permanecer fuera cuatro meses, para preservar su libertad.
A pesar de todos los tropiezos, cuando por fin lograba salir, era el mejor compañero de viaje. La segunda ciudad que más le gustaba era Bogotá, tal vez por ser todo lo opuesto de la suya, una sabana alta y verde, de gente conservadora y edificios ordenados en medio de una cordillera neblinosa. Primero la conoció de la mano de Rogelio Salmona, quien la mostraba comparándola con la nuestra. Con su aparente mal carácter, se quejaba de que Bogotá era un pueblo grande, en cambio, Caracas era una metrópolis pequeña. Últimamente, la caminó toda de la mano de Silvia Arango quien lo recibió como a un hermano durante su exilio. Recorrió todos los edificio de Rogelio, tomando fotografías y haciendo anotaciones; admiró los nuevos parques y la red de bibliotecas construida por la Alcaldía Mayor entre barrios y humedales. Decía que eran como cuatro complejos Teresa Carreño ubicados en los barrios más populares de la ciudad.
Además de Bogotá, tuvimos oportunidad de viajar juntos a Medellín, Cali y Cartagena promoviendo la arquitectura Venezolana desde los años noventa. En su último viaje este año, a pesar de estar tan abatido, tuvo tiempo de presentar su proyecto de ciudades cenitales y proponer algo similar para las ciudades de Colombia. Gracias al arquitecto Jorge Pérez Jaramillo y a la Sociedad Colombiana de Arquitectos, que se dieron cuenta que era imposible desperdiciar su talento y energía, trabajó en el diseño de la exposición para la XII Bienal Colombiana de Arquitectura y en la muestra de Arquitectura en América.
Ambas lograron un excelente nivel justamente por contar con un profesional de su talla. Me contaron los amigos de Medellín que aprendieron mucho con él, de su visión novedosa que le permitía notar lo que nadie veía y una energía y buen humor que hacía sentir bien a todos los que lo rodeaban.
Por su propio mérito, la Universidad Metropolitana le ofreció una cátedra sobre ciudades latinoamericanas.
También visitó otras ciudades del mundo: Buenos Aires, Rio de Janeiro, Nueva York y Venecia, pero las que más le gustaban y a las que siempre quiso volver eran Boston y Barcelona. Caminando y compartiendo con algún amigo cercano, William descifraba de una manera intuitiva los secretos de cada lugar. Estuvo en Boston tres veces. Cuando fuimos juntos al Fenway Park, afirmó con todo acierto que se parecía a la Plaza de Siena. Mientras cruzaba por primera vez el puente sobre el río Charles, después de una larga caminata, me dijo "estamos es el epicentro de la ciudad", y tenia razón, se trata del único momento donde es posible percibir la amplitud y el carácter de esta ciudad acuática. Descubrió el Collar de Esmeraldas, nombre que se le da al sistema de Parques creado por Frederic Law Olmsted, y no se le quitaba la idea de hacer algo similar enlazando El Ávila con los otros parques a través de las quebradas. En Abril de 2006, representando a la Fundación para la Cultura Urbana, Rafael Arráiz y William fueron invitados a dictar una charla en el MIT. El tema no podía ser otro que Caracas, mientras Rafael se encargó de analizar aspectos históricos, William habló de su presente y de su futuro. Me costó trabajo traducirlo adecuadamente y nos reímos juntos al descubrir que lo contrario de lo que decía también tenia sentido. Al final hubo un gran debate en el que su perspectiva visionaria se entrelazaba con el rigor de la academia.
La caraqueñidad para William era una manera de ser, una visión del mundo desde la perspectiva de éste balcón monumental que mira al Caribe. Igual que en otra escala, la ventana de su casa en el edificio Altolar, mirando el valle desde un lugar privilegiado, así percibió a Caracas frente al mundo: como un oasis repleto de naturaleza y buena arquitectura, donde producir e imaginar refugiado de las tormentas del mundo exterior.
EL NACIONAL - Sábado 08 de Enero de 2011 Papel Literario/1
William Niño Araque (1953 2010)
Un hombre que fue ciudad
"Los hombres (...) también son ciudades. Ciudades sin muros, ni torres, ni palacios, ni avenidas. Ciudades hechas de pasos, de gestos, de voces que a un tiempo dicen: trabajo, perdón, lejos, adiós".
Oswaldo Trejo También los hombres son ciudades
ENRIQUE LARRAÑAGA
1
Urgidos de "tips", reducimos aquello cuya multiplicidad nos excede a etiquetas simplistas. A William Niño le colgamos una, repetida mil veces, en vida y tras su tan temprana partida: "experto en ciudad". Nunca me gustó. Pero sólo ahora entiendo que no por incorrecta, sino por demasiado estrecha para quien, multifacético, heterogéneo e inmoderado, no vivió la ciudad a la distancia sino escrutándola, incluso temerariamente, con ímpetu, indiscreción y apetito de amante.
No había prudencia ni desapego en las opiniones de William, muchas veces fuertes, como retando a quienes, por ignorancia o temor, niegan lo evidente o se esconden tras una falsa asepsia académica. Solo e insomne, solía tomar su carro, tarde en la noche, y recorrer la ciudad sin medir riesgos, para rastrear sus miserias y develar sus misterios; lo imagino luego, igualmente solo, asomado a su balcón, buscando en el amanecer la calma siempre negada a las almas inquietas.
Pasear la ciudad con William era como compartir intimidades desconocidas, aunque también propias.
Conversar con él era pasar sin transición de lo sublime a lo profano, de la crítica al desespero, de la ironía a su sagacidad hasta, a veces, asistir al surgimiento de una idea nacida de su elocuencia como otra ocurrencia desconcertante.
No, no hay "expertos en pasión". Y William fue, ante todo, un apasionado.
2
Hoy quisiera para hablar una terraza / donde Caracas nos tratase con afecto / y alcanzásemos un sitio / (dos mecedoras tal vez) / donde el viento se manejase leve / y lo viésemos todo / con la pretensión amable de los mapas Rafael Arráiz Lucca Balizaje
Supe de William Niño por sus esporádicos artículos de prensa de los ochenta.
Lo conocí cuando, desde el Colegio de Arquitectos, rescató la Bienal de Arquitectura y comencé a compartir con él cuando, en 1989, me sumó a la Fundación Museo de Arquitectura con motivo de la muestra "La casa como tema".
No puedo evaluar la evolución discursiva y conceptual desde los enrevesados textos tempranos a otros cada vez más precisos, pero nunca simplistas; ojalá alguien lo haga y le ayude así a su reciente promesa de compilarlos y publicar un libro, con otros hasta entonces sólo ideados; y ya, para siempre, perdidos.
Sé, sí, que cada publicación y exhibición conducida por William supo hábilmente compendiar y organizar datos y ofrecerlos sin distingo, con tanta, casi desconcertante, amplitud que alientan miradas contrarias. Casi como un arqueólogo, William recopiló testimonios diversos, (Los signos habitables, 1985), profusos (Tomás José Sanabria arquitecto, 1995), iniciáticos (Wallis, Domínguez, Guinand. arquitectos pioneros de una época, 1998), y referenciales (Carlos Raúl Villanueva. Un moderno en Sudamérica, 2000), en museografías pulcras y libros cabales a los que, sin mezquindades que luego debió sufrir, incorporó múltiples voces mientras dirigía todo con exigente amabilidad.
Entre éstos, otros que no caben en esta nota y varios que sé que olvido, destaco el ya paradigmático El espíritu moderno. 1950 (1998), por su revelador escrutinio interrelacionado de ciudad, arquitectura, política, cotidianidad y hasta banalidad; y, particularmente, el casi incunable Santiago de León de Caracas. 1567-2030 (2004), el más completo compendio de nuestra historia urbana, que ensambla más de 25 voces y casi 40 proyectos y registra el pasado con tanta efusión y coraje como sueña el futuro, más allá del pertinaz embate de una realidad renuente y refractaria.
3
"La ciudad durante los últimos 15 años ha generado una territorialidad dañina, agresiva con el entendimiento territorial y (...) para la intervención de arte no hay centro ni periferia".
Ruth Auerbach El desafío de un arte urbano
Su pulsión compiladora le permitió ver en un paseo casual una fuente documental para, con las sagaces fotografías de Nicola Rocco, estructurar uno de sus legados decisivos: la serie Cenital; primero Caracas, luego Valencia y Maracaibo y otras ciudades que seguirían.
Con afán casi lujurioso, las fotos de Nicola, ojos de William (o al revés...) acortan la distancia impuesta por el vuelo para penetrándola, indagar cada rincón de la ciudad con sensual avidez. Como viajando por la piel del ser amado, cada una revela matices del tejido de geografías humanas, urbanas y naturales que nos preguntan y reclaman, como una aguja que atraviesa las páginas y los capítulos que las ordenan.
Quedé pendiente de escribir una nota sobre el último regalo que me hizo, un ejemplar de Fotografía urbana venezolana. 1850-2009, otro libro que irá creciendo y haciéndose indispensable cuando las circunstancias permitan conocerlo. Pensaba destacar cómo, haciendo coexistir y enriquecerse mutuamente el afán de coleccionista de Herman Sifontes, el afortunado azar de hallar una pieza en venta, la impronta curatorial de William y Vasco Szinetar y la infaltable presencia de Esmeralda Niño, este libro construye una experiencia tan urbana (de lo familiar a lo metropolitano; del drama a lo abstracto; de la sonrisa al estupor) como cada foto y, como ellas, la colección y el libro, polifónica y multisensorial: armoniosamente caótica como una disertación de William y con similar genio para rescatar una atmósfera fluida que, como El Ávila, preserve la totalidad sin sacrificar la riqueza de cada pliegue, y deje que un oportuno destello se cuele, rescate la sombra y la haga luz.
4
"La ciudad es también el efecto de un deseo y un espacio de proyección de fantasías tan poderosas como la realidad misma. (...) La conclusión es inminente: la ciudad imaginada precede a la real y la impulsa en su construcción".
Tulio Hernández y Luis Alberto Quevedo La ciudad desde la cultura
Quien haya participado en un evento organizado por William Niño, escrito para uno de sus libros, asistido a una de sus cenas o hablado con él alguna vez sin prisas, seguramente haya quedado ahíto de excesos, multiplicidades y diversidad.
Voraz coleccionista, su casa mezcla sin pudor objetos disímiles; intelectualmente ecléctico, su discurso deambulaba con fluido desparpajo; su agudo sarcasmo marcaba posición sorteando la polémica, aunque no pocas sostuvo, pública o privadamente; su frecuentemente excesiva voluntad de incorporar todos los puntos de vista hizo muchas veces esos eventos extenuantes; Sin temor a la profusión ni a la contradicción, William convocaba a lo que hacía y alrededor de él una compleja pero estimulante pluralidad: diversa, complementaria, entrecruzada y hasta contradictoria; cada uno de sus proyectos era, así, como un espejo de sí mismo: arrojado, inquisitivo, inquieto, lúdicamente lúcido e inagotablemente agotador.
Agradezco a William que su desmesura me haya permitido conocer buenos amigos y su amplitud disentir más de una vez con respetuosa vehemencia.
Pero, sobre todo, comprobar que también los hombres son ciudades: capaces, como ellas, de admitir lo simultáneo sin temor ni temeridad ante lo diverso; de explorar el caos para evitar que explote; de monumentalizar lo cotidiano y de hacer cotidiano lo excelso; de celebrar los excesos urbanos sin comprometer su urbanidad; de acometer retos no siempre plenamente entendidos y de rectificar si es necesario; y, quizá primordialmente, de congregar, de modos no siempre discernibles pero que dan al encuentro su espacio real.
Dicen que la ciudad nunca muere pues siempre supera lo que parece acosarla.
Esa ciudad que fue William permanecerá en quienes vimos alguno de sus destellos.
Ojalá nuestro corazón sepa fundar otras, sin que las pequeñeces lo estallen.
Fotografía: Efrén Hernández
(c) araque dos

EL NACIONAL - Sábado 08 de Enero de 2011 Papel Literario/3
William Niño Araque (1953 2010)
William Niño, militante de ciudad
William Niño era, ante todo, un militante de ciudad. Alguien que, generosamente, y alguna veces pienso que injustamente, sacrifi có su autoría y su reconocimiento personal con tal de que los proyectos de amor por la ciudad cobraran vida
TULIO HERNÁNDEZ
A ESMERALDA, SU ALIADA INCONDICIONAL
El camino comprensivo que William Niño Araque prefería para acercarse a aquellos temas que le importaban fue siempre el de la belleza. O, para decirlo con el lenguaje de las Ciencias Sociales, era el resultado de una epistemología donde la estética era su categoría fundamental.
Esa aproximación le trajo no pocas interpretaciones prejuiciadas. Muchos creyeron adivinar en su manera de explicar a Caracas una suerte de mirada naif que sustituía la situación real de una ciudad víctima del caos urbano, la inseguridad sangrienta y la ingobernabilidad galopante por su visión edulcorada.
No es extraño que haya ocurrido así. Porque efectivamente William Niño, el arquitecto, urbanista, crítico de ciudad, curador y editor que se despidió de este mundo el pasado 18 de diciembre, tenía una mirada de Caracas liberada del pesimismo crónico que desde hace muchos años nos secuestra a todos. Pero también de los formalismo académicos o de las exigencias fácticas del urbanismo planificador.
La mirada de Niño era particularmente original.
Precisamente porque trataba de hacernos comprender, en una especie de sacerdocio de la esperanza, que la ciudad donde vivimos tiene un conjunto de condiciones, tanto naturales como edificadas, que la hacen única, hermosa y digna de ser amada y que, a pesar de su degradación, es un espacio potencialmente transformable en lugar para el goce estético, la convivencia ciudadana democrática y la calidad de vida compartida por todos.
O es la moderna o no es Caracas Su primer gran aporte fue ayudar a quitarnos las anteojeras que, en medio de la catástrofe urbanística y social en que se nos fue convirtiendo la ciudad posdemocrática, nos hacían olvidar el privilegiado lugar natural en donde se halla asentada. Reconocernos en la transparencia de sus cielos; la brisa con lejano acento marino que la acaricia desde el abra de Petare; la inmensa y hermosa muralla de protección natural siempre cambiante de colores que constituye El Ávila; las bandadas de pericos y guacamayas que atraviesan el cielo de su valle alegrándonos las tardes; la bendición que significa habitar un lugar en donde nunca hay frío extremo ni calor infernal, fue una obsesión permanente en sus escritos, conferencias y declaraciones.
Pero no nos confundamos. Nuestro amigo nunca se hizo eco de la vieja tradición de poetas y cronistas que por siglos sucesivos han admirado a Caracas sólo por sus bellezas naturales. Aquellos románticos entusiastas que en siglos distintos la adjetivaron con frases como "la ciudad de la eterna primavera", "la sultana del Ávila" o "la odalisca dormida a los pies del sultán enamorado".
Todo lo contrario. No hay en su obra escrita nostalgia alguna por la naturaleza perdida.
Ni queja mínima por "la ciudad que se nos fue". Miembro de una generación que nació y creció cuando ya Caracas era ese curioso enjambre de descomunales superbloques, atrevidos túneles y vertiginosas autopistas, con la misma pasión que celebraba su naturaleza, y con empeño propio de un predicador, se dedicó a convencernos de que lo más importante de Caracas estaba asociado no a un pasado mítico sino a los valores arquitectónicos y urbanísticos de su modernidad.
Esa era su tesis fundamental. No hay nada qué buscar en el pasado lejano. O nunca existió esplendor alguno o si existió, igual se deshizo. Salvo algunos guiños del siglo XIX guzmancista, Caracas es una ciudad enteramente del siglo XX y esa condición, antes que conducirnos a un lamento interminable por carecer de memoria urbana, debe ser asumida como el único orgullo en el cual nos podemos reencontrar.
Pero no por resignación. O por no tener más alternativa.
Sino porque la obra construida entre las décadas de 1940 y 1980, en esta ciudad hija de los dólares de la renta petrolera, es una de las mejores, más ambiciosas, atrevidas y originales arquitecturas de la modernidad con las que cuenta América Latina.
Ese era su credo. Es necesario cambiar radicalmente la idea que tenemos de lo que es patrimonio histórico o patrimonio cultural. La creencia de que sólo son patrimoniables los castillos y las casitas blancas con faroles negros y callecitas empedradas por donde paseó Bolívar, o los monumentos arqueológicos del mundo indígena, es atrasada y colonial. Sólo nos reconciliaremos con la ciudad en la que vivimos cuando entendamos a plenitud que el gran patrimonio de Caracas es su arquitectura y su monumentalidad moderna. La que comenzó a construirse en 1947 bajo el gobierno de Isaías Medina Angarita y tuvo su punto de despegue con la urbanización de El Silencio, bajo la sabia conducción de Carlos Raúl Villanueva .
A la larga, la declaración de la Ciudad Universitaria como Patrimonio Histórico de la Humanidad le dio la razón. En su campo fue un pionero y el autor de una suerte de poética de la Arquitectura sin antecedentes en nuestro país. No sé si peco de afectividad por el dolor que aún me produce su reciente desaparición, pero no puedo evitar escucharlo explicando con voz emocionada, una y otra vez, aquello en lo que creía. Son momentos sublimes sus descripciones épicas del complejo de "52 prismas neoplasticistas" del 23 de Enero; la presencia magnánima del Hotel Humboldt como corona celestial de la gran montaña; las armónicas formas del Hotel Tamanaco esperándonos reposadas al final del Paseo Las Mercedes; las visiones idílicas de los jardines del Country Club entretejidas en sus redes de bambúes; o las simétricas figuras que el sol dibuja y desdibuja todos los días en los pisos de la Plaza Techada del Rectorado de la Ciudad Universitaria.
La pasión por divulgar La belleza, el arte y la estética, que no son lo mismo pero se confunden, perseguían a William Niño. O, si queremos decirlo con mayor precisión, desde el lenguaje de los afectos, estas se le presentaban como acompañantes solícitas en todo lo que tuvo oportunidad de hacer y dirigir.
Tal vez por eso una de las mejores cosas que pudo ocurrirle fue entrar a formar parte desde muy joven del equipo de trabajo de la Galería de Arte Nacional en una época de esplendor que contrasta con su presente empobrecido, sectario y gris.
Entrar todos los días laborales, y algunos fines de semana, a uno de los más emblemáticos edificios de Carlos Raúl Villanueva; atravesar uno de los más hermosos jardines de la ciudad; hacerle un guiño a la negra de Zitman, recostada sensualmente sobre su hamaca de moriche, era, lo imagino con certeza, uno de sus grandes disfrutes.
En la Galería de Arte Nacional William desarrolló la que sin duda fue otra de sus grandes pasiones, la de divulgar de la manera más democrática posible los saberes colectivamente acumulados sobre el arte, la ciudad y la Arquitectura. No puedo en este momento, que escribo lejos del país y por tanto de mi biblioteca personal, y cuando la GAN no tiene tampoco una buena página Web donde consultar su trayectoria, verificar en cuántas y cuáles exposiciones participó, concibió o dirigió. Pero no olvido su papel fundamental en Tendencias de la arquitectura venezolana contemporánea en la que se reunió la obra de Sanabria, Galia, Vivas, Castillo, Tenreiro y Dorronsoro.
Tampoco su decisiva presencia en la exposición sobre Carlos Raúl Villanueva que dejó como testimonio un bello libro titulado Carlos Raúl Villanueva: un moderno en Sudamérica.
En 1995, cuando me correspondió presidir la Fundación para la Cultura y las Artes (Fundarte), decidimos hacer una gran exposición en el Museo Jacobo Borges sobre las maneras como la fotografía testimoniaba la evolución histórica de la ciudad.
La llamamos Caracas retratada. Con el apoyo del alcalde Aristóbulo Istúriz, entonces un demócrata irreprochable, decidimos que fuese William Niño el curador de la exposición y Maite Espinaza la productora ejecutiva.
Fue una gran experiencia.
Con una capacidad de trabajo descomunal, William concibió un concepto en el que se narraba el devenir de la ciudad a través de sagas independientes --la vida cotidiana; los grandes sucesos y tragedias; la construcción de edificios, plaza y avenidas; los avatares del poder y la política; y el mundo del deporte, los medios y el espectáculo-que al final confluían. Fue todo un éxito. Una de las exposiciones con mayor número de visitantes, con un predominio de los escolares de Catia, en la historia del Museo Borges.
Esa voluntad divulgativa le llevó a mantener un programa de radio, La ciudad deseada, que realizaba en compañía de Federico Vegas y Maria Isabel Peña. También fue el productor y conductor de una serie de micros para Vale TV, entre los que resultan memorables uno sobre Villanueva, otro sobre Sanabria, uno más reciente sobre Miró y otro, muy celebrado, sobre El Ávila, titulado "El collar de esmeraldas".
Con el apoyo de la Fundación para la Cultura Urbana, fue el promotor del programa de movilización urbana titulado 100 ideas para Caracas, que luego se replicó con éxito en las ciudades de Barquisimeto y Maracaibo e, incluso, en la vecindad de Cúcuta.
El oficio de ensayista y editor La vocación divulgativa de William Niño encuentra su expresión más acabada en el persistente trabajo con el que concibió, dirigió y concluyó un número elevado de publicaciones que ya es hora de inventariar.
Yendo de atrás hacia adelante, me permito destacar sólo los más recientes. En primer lugar Fotografía urbana venezolana. 1850-2009, libro editado por la casa de bolsa Econoinvest, coordinado en equipo con Esmeralda Niño y Vasco Szinetar. Tal vez, el más importante libro en su género publicado en el país.
Similar importancia tiene la saga de libros de fotografías aéreas de ciudades venezolanas: Caracas cenital, Valencia cenital y Maracaibo cenital. Son trabajos rigurosos producto de un esfuerzo descomunal en el que Niño, en llave con el fotógrafo Nicola Rocco, y el apoyo incondicional de Herman Sifontes, presiente de Econoinvest y promotor cultural de primera línea, peinaron fotográficamente a Caracas, Maracaibo y Valencia, desde un helicóptero, para hacernos entender el tamaño, morfología, complejidad y extensión de tres de nuestras grandes ciudades, a través de la fotografía aérea.
Pero Niño fue también un frecuente colaborador en numerosos libros de varios autores. En dos libros sobre ciudades que me correspondió compilar fueron incluidos textos suyos: en Caracas en veinte afectos (Museo Jacobo Borges, 2000), aparece el ensayo "Ideas breves anteriormente escritas a propósito de la ciudad", en donde entra en su fase más propositiva, ofreciendo veinte estrategias indispensables para la recuperación de la ciudad.
Y en Ciudad, cultura y espacio público. Veinticinco conferencias de la Cátedra Permanente de Imágenes Urbanas (Fundación para la Cultura Urbana, 2010) se encuentra un texto más complejo y sugerente, "Caracas territorio de una moderna monumentalidad", en el que expresa su pensamiento sobre la patrimonialidad y la arquitectura moderna a propósito de la ciudad capital venezolana.
Un militante de ciudad Ahora que nos corresponde la penosa tarea de intentar valorar a plenitud su obra, reviso lo escrito hasta acá y me pregunto: ¿cómo caracterizar con pertinencia la disciplina profesional de William Niño? Y me encuentro con que cualquiera de las definiciones ya dadas es insuficiente. Llamarle arquitecto, urbanista, investigador o crítico de arquitectura y ciudad sería siempre incompleto. Por eso creo que la mejor manera de entender su obra como el resultado de una vocación única y un sentido de propósito claro, es asumir que William Niño era, ante todo, un militante de ciudad. Alguien que, generosamente, y alguna veces pienso que injustamente, sacrificó su autoría y su reconocimiento personal con tal de que los proyectos de amor por la ciudad cobraran vida.
Esa condición, la de militante de ciudad, la explica, como en un evangelio, en su ensayo "Ideas breves anteriormente escritas a propósito de la ciudad" cuando dice: "(Esta ciudad) como toda leyenda gótica no necesita de saqueadores (más próximos a un historia de corsarios), necesita de un abad que la sacralice, un arcángel que la resguarde, un cardenal que la ordene, un monje que la limpie, un jardinero que la pode, un carpintero que la barnice, un descubridor que la seduzca, un seductor que la enamore; una pasión que recupere sus heridas y nos la torne pulcra, sagrada, hermosa, transitable, virginal y posible, hecha de arquitectura".
William, nuestro militante de ciudad, era a un mismo tiempo ese abad, ese arcángel, ese seductor, ese descubridor y ese carpintero por cuya presencia clamaba.
EL NACIONAL - Sábado 08 de Enero de 2011 Papel Literario/4
William Niño Araque (1953 2010)
Homenaje de Vasco Szinetar
Con algunas imágenes, tomadas en distintas épocas, que retratan momentos, instantes y afectos, Szinetar rinde tributo a William Niño, a la amistad que por muchos años mantuvieron y a la complicidad que los llevó a emprender trabajos, investigaciones y publicaciones en conjunto
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(c) araque tres

EL NACIONAL, Caracas, 17 de Octubre de 1996
Urbe marginal
La ``pauperización'' ha llegado a tal extremo que sólo basta, según refiere el arquitecto William Niño Araque, pasearse por obras importantes como las Torres de El Silencio, el Club Táchira, Plaza Venezuela, Plaza Caracas, el 23 de Enero, La Hoyada o el edificio Galipán en la avenida Francisco de Miranda para darse cuenta de que estamos ante una ``ciudad marginal''; no sólo se les han adosado nuevas estructuras que no corresponden con el diseño original sino que también han sido presa del deterioro.
Octavio Sisco, miembro de la Coordinadora San Pedro, admite que ``el propio Estado es el promotor de este desorden y se puede evidenciar en el Consejo Supremo Electoral convertido en puros ranchos...''.
Si el Gobierno decidiera recuperar las obras pérdidas requeriría millones de bolívares porque en ningún momento se entendió que el cuidado era necesario, ni se establecieron las medidas correctivas y preventivas del caso. Es así como, según un estudio técnico, se requieren 8 millardos de bolívares para la refracción de la estructura física de las Torres de El Silencio, por citar un ejemplo.
El caso de la Universidad Central de Venezuela también es grave, debido a que hacen falta grandes inversiones para mantener las obras de arte existentes y acometer los trabajos que exigen sus instalaciones, ``para lo cual se ha pensado en la ayuda internacional''. La UCV ha sido modificada internamente para adaptarla a los 50 mil estudiantes que recibe y se estima que necesita únicamente para mantenimiento 500 millones de bolívares mensuales.
EL NACIONAL, Caracas, 11/01/96
¨QUE PASA CON LOS INTELECTUALES EN VENEZUELA? (II)
Hoy proseguimos la serie de reacciones a las declaraciones de Ernesto Mayz Vallenilla, ex rector de la Universidad Simón Bolívar, (El Nacional, 7-1-96, D-1) con las opiniones del arquitecto William Niño Araque y de Emilio Mendoza, presidente de la Fundación de Etnomusicología y Folklore.
El país paralelo
WILLIAM NIÑO ARAQUE
Pienso que esta reflexión corresponde a una visión anacrónica obstinadamente orientada a hacer de Venezuela un país presidencialista. Precario en su responsabilidad social, crecido en su compromiso individual, Los Notables reproducen un pensamiento jurásico, recalcitrante y resentido, fundamentado en una poética fatalista y excesivamente personal. A diario asistimos como espectadores a la teatralización de una desgracia en la que se perfila siempre en el presidente la única responsabilidad y culpa. Esta forma fatalista del pensamiento ha generado a su vez una ética de comportamiento cómoda y procaz en su irresponsabilidad, dejándonos a todos al margen.
Sin embargo en el país paralelo (a ese que idealizan Los Notables), a diario se inventa, tiene múltiples comportamientos, agentes y protagonistas a quienes se debería exigir los resultados positivos de las gestiones que acometen el cambio. Más que buscar culpables hay que rastrear con imaginación, energía y eficacia. Pues, en efecto, Venezuela sufre una crisis lamentable de energía intelectual, a la que corresponde inducir esas ideas creativas capaces de fomentar las grandes transformaciones. Esta crisis no se da solamente en la Cultura. Se da en la Industria, en la Educación, en la Banca, en los más opuestos filos de la construcción social. Aniquilar ese pensamiento presidencialista y fatal podría conducirnos hacia una reconstrucción real del país entrañablemente deseado. Un país paralelo, al país de Los Notables. Una construcción independiente a tanta opinión ``equivocada'' (a los ochenta años) pues la crisis nacional no la supera ningún hombre, tampoco una joven generación escudada en la edad; las crisis se superan a partir de un cambio ético del pensamiento, en el que la individualidad da paso al buen deseo social y al maravilloso convencimiento de las responsabilidades asumidas y compartidas.
EL NACIONAL - Viernes 24 de Diciembre de 2010 Opinión/7
¿Qué somos?
Por la obra viva de William Niño Araque
ALICIA FREILICH
Pregunta necesaria para un mínimo balance anual y bicentenario.
Desde que Francisco de Miranda exclama que esto es sólo "bochinche", la literatura venezolana resulta un índice confiable porque en su metáfora global responde y descubre lo más oculto del ser venezolano. El muestrario es muy extenso; van algunas referencias, a capricho.
Somos...Tienda de muñecos, títeres, Julio Garmendia.
Pueblo sufriente en eterna espera, Rómulo Gallegos. Espejo del arlequín provinciano en su desarraigo citadino, Guillermo Meneses, Salvador Garmendia, Oscar Guaramato, Oswaldo Trejo, José Balza.
Terreno funerario de una tácita guerra civil clasista, Miguel Otero Silva. Escenario de la subversión portátil, Adriano González León, Eduardo Liendo, Israel Centeno. Acto cultural cursi en campamento fijo, José Ignacio Cabrujas.
Aldea dictatorial con visos fílmicos de modernidad, Elisa Lerner. País en venta, Isaac Chocrón. Constante tumulto, Argenis Rodríguez. Tóxico bonche continuo, Francisco Massiani. Cantera inagotable de un peligroso desolvido generacional, Ana Teresa Torres, Victoria De Stéfano. Celda abierta criminal y cotidiana, Alberto Barrera Tyzka. Erótico fervor en carpas y misiones secretas, Federico Vegas. Villa tribal del disparate, Aglaya Kinzbruner. Y los nuevos, entre muchos, Rodrigo Blanco Calderón, Eduardo Sánchez Rugeles junto a gente joven que traspasa y complementa la literatura con un enorme bagaje musical sobre el básico Desorden Público, Horacio Blanco. Andrés Barrios con sus Hermanos Naturales. Y la cinta especial Hermano, Marcel Rasquin.
Concepto, imágenes, textos, actuaciones, sonidos, tácitamente se preguntan ¿Será esto un perpetuo desfile castrense, republiqueta boli-bananera, bochinche sin remedio? Dos siglos del quehacer venezolano exigen rigor evaluativo.
¿Qué seremos? Por ahora, responde el corazón jamás dormido de William Niño Araque, aquel anciano prematuro durante la adolescencia. Pude comprobarlo durante los cinco años que tuve el privilegio de tenerlo como alumno en el liceo Carlos Soublette. Ese joven distinto, brillante y solitario, poco a poco se volvió diáfano, puro, es decir poeta del mismo lugar pero ahora con visión de futuro para la inmensa matriz amorosa que fue Caracas en su imaginario más íntimo. Por eso le dolían tanto las heridas que rasgan sin cesar las bases y fachadas de ese útero soñado como posible paraíso urbano. En sus maquetas de verbo, mente y materia fusionó al arquitecto, urbanista, curador, editor, poeta y melómano. El primer parque nacional que abra el país ya liberado de esta dictadura, la próxima plaza que se inaugure en la Caracas abierta, deben llevar su nombre.
Ilustración: Werner Lemke, la hoy avenida Universidad, Palacio de las Academias, Caracas (tomada de Caracas Retrospectiva II / Facebook)
jueves, 21 de octubre de 2010
el polvo de estos lodos

El Nacional - Sábado 14 de Mayo de 2005 E/3 Papel Literario
Museos: entre la utopía privada y el proyecto político ¿Por qué se liquidan las fundaciones?
La curadora y actual directora de la Sala Mendoza, Ruth Auerbach, y el arquitecto, crítico y curador William Niño, ambos con una gruesa y marcada experiencia profesional en los museos venezolanos, introducen temas esenciales de análisis y diagnóstico al momento de dilucidar cuál podría ser la situación museística en el país
Ruth AuerbachWilliam Niño Araque
“Los museos encarnaron un proyecto colectivo en el que se experimentó la capacidad que tiene una empresa para intervenir en una ciudad y en su vida cultural”
I
Antes de analizar el núcleo de la incertidumbre que genera la disolución de las fundaciones museísticas, sería interesante señalar algunos de los fundamentos que las hicieron posible, pues nos hallamos de cara a una de las empresas culturales más ricas y creativas emprendidas durante de la segunda mitad del siglo XX en Venezuela.
Museos surgidos de la eclosión de fenómenos nada ingenuos ni espontáneos, y sobre cuya base filosófica, ética o intelectual, se cimenta un producto notable de la contemporaneidad, en su dimensión de mayor internacionalidad. En efecto, la disciplina de la museología (ante la debacle de otras instituciones nacionales) sólo ha constituido la construcción de un descomunal patrimonio, que hoy se mantiene como un sólido muro de contención al despilfarro, la corrupción administrativa, el saqueo y la vandalización que filtró la identidad del ejercicio público durante las últimas décadas.
2
La trayectoria de nuestros museos corresponde a una gramática de trabajo en paralelo a la incorporación del pensamiento moderno, que abraza desde los tiempos de Miguel Arroyo y Carlos Raúl Villanueva una escuela de gerencia cultural a la que suman nombres como Alejandro Otero, Sofía Imber, Alfredo Boulton, Lourdes Blanco, Juan Calzadilla, Francisco D´Antonio, Manuel Espinoza, Roberto Guevara, Carlos Duarte, María Elena Ramos, José Balza, Bélgica Rodríguez, Graciela Pantin, Gert Leufert, Iris Peruga e infinidad de gerentes, técnicos y curadores a los que posteriormente se incorporan Rafael Arráiz, Rafael Romero, Ariel Jiménez, Clementina Vaamonde, María Luz Cárdenas, María Beatriz Medina, Axel Stein, Guillermo Barrios, Carmen Hernández, Federica Palomero, Juan Carlos Palenzuela, Roldán Esteva-Grillet, Elida Salazar, Yolanda Pantin, Miguel Miguel, Tahía Rivero, Susana Benko, Catherine Chacón, Freddy Carreño, Ivanova Decán, Luis Ángel Duque, Zuleiva Vivas, y tantos otros nombres que incluyen conservadores, restauradores y diseñadores, todos con visiones plurales y diversificadas que dieron cuerpo a esa escuela que reprodujo sus consecuencias en la creación de otras instituciones museísticas y centros culturales públicos y privados en todo el país.
3
Este sólido crecimiento fomentó el auge académico en la creación de facultades de museología y adquirió, como expresión de cultura de su tiempo, una trascendencia pública que no alcanzaron, por ejemplo, las universidades nacionales, los institutos y centros de investigación o los gobiernos locales. Los museos generaron una manera de ver, la excelencia de una dimensión contemporánea y de una gestación de la historia. A través del incremento de un coleccionismo articulado, la institución museal obtuvo el grado de prestigio de “un país paralelo”, atesorado en sus colecciones, frente al pronunciado descrédito de otras instituciones nacionales como las hospitalarias, ministeriales, agrícolas o educativas (y los mismos gobiernos locales). Durante décadas, la construcción de esta fortuna seleccionó cerca de 25.000 obras de arte que paulatinamente adquirieron el compromiso de ser catalogadas, registradas, avaluadas, conservadas, investigadas, publicadas, y finalmente, expuestas a la dimensión pública, en una empresa que sólo a partir de la diferenciación curatorial, es decir, de la especificidad de sus colecciones, pudo brindar a la nación la garantía del resguardo que exige una economía cifrada en cerca de 500.000 millones de bolívares, favorablemente invertidos.
Es necesario señalar que la responsabilidad de cuidar este patrimonio descomunal solo está reservado a un número reducido de 800 empleados distribuidos en 300 técnicos y conservadores, 50 restauradores, 30 gerentes, 30 curadores, 150 obreros especializados y 120 guardianes de seguridad y vigilancia, por aproximarnos a una cifra. Esta herencia a las nuevas generaciones, no es solamente económica sino uno de nuestros fundamentos de identidad y cultura. El cuerpo de este continental acervo necesita de su especificidad a partir de las complejidades que exigen desde sus interpretaciones y lecturas, hasta sus particulares asesorías legales. En estas dinámicas autónomas (hasta ahora) se conjugan junto con los comités de adquisiciones, las juntas asesoras, y los consejos de programación, las posibilidades de decidir desde una perspectiva múltiple e independiente, profesional y técnica, desde qué piezas se deben adquirir hasta las que se deben aceptar en donación y cuáles itinerar en las rutas que exigen los préstamos, hasta los compromisos con las comunidades públicas y privadas.
4
En otras palabras, el MBA adquirió una especificidad latinoamericanista; la GAN, una perspectiva orientada al arte nacional de todos los tiempos; el Maccsi se insertó en el arte moderno occidental; el Arturo Michelena, en el siglo XIX y las artes decorativas; el MAO en el arte contemporáneo y emergente; el Museo del Oeste se fundó en un gran centro cultural comunitario, reclamando así, cada una de las fundaciones de estas especificidades, una escuela gerencial y administrativa de rigurosa factura legal e independiente. La empresa de la musealización promovió, además de sus colecciones internas, el desarrollo de las colecciones privadas, institucionales y bancarias, la promoción de la Ciudad Universitaria como Patrimonio de la Humanidad y el laboratorio inicial de la experiencia de El Metro de Caracas, vinculada con esa manera de ver que detona el museo en la dimensión pública.
Durante los últimos 25 años el auge de los museos fomentó la creación de una red de museos nacionales (Museo Narváez, Museo Soto, Museo de Barquisimeto, Maczul, Museo de Maracay, en una amplia lista de museos del interior) incrementando la solidez de un prestigio internacional, en comparación con otras ciudades latinoamericanas:Lima, Sao Paulo, Río de Janeiro, Bogotá y Buenos Aires no tienen una infraestructura similar.
La idea de prescindir de la autonomía de los museos, sin el diagnóstico explícito que identifique los mecanismos de su actual inconveniencia, pareciera relacionarse con una idea de “liquidar” no sólo a sus empleados sino a todo un tiempo de formación y de pensamiento y lo que representan esas especificidades museales como espacios de debate plural. Se podría interpretar que esta decisión resulta incluso la más fuerte y demoledora que ha asumido el Estado con relación a la cultura.
Lo notable de esta sorpresiva decisión es que deja en la más completa invisibilidad histórica la opinión de los expertos, técnicos y teóricos, de una experiencia moderna ya tradicional, que desencadenó a lo largo de décadas una opinión libre o al menos autoprotegida de los compromisos explícitamente políticos.
5
Ante la inminencia de la liquidación de las fundaciones estamos a la espera de un proyecto público, pues la deconstrucción radical de las bases metodológicas sobre las que se asienta la disciplina museal, pareciera atentar contra los valores amplios librepensadores de la crítica y la profesionalidad, imponiendo una operación patriarcal, pues divide, de manera ciertamente maniquea, la representación de los museos en imágenes negativas e inoperantes, que deberían transformarse en algo efectivo y rentable socialmente. El ataque implícito a la especificidad de las colecciones y a la exclusión que ha identificado la investigación curatorial, también se puede entender -a partir de la bandera de la inclusión manifiesta en la Megaexposición- como una estrategia populista de cara a seducir a un público potencial, precisamente en los ámbitos del arte donde pareciera que todo está permitido.
Si tan obsesionado se está por llegar todos los públicos ¿Por qué no diversificar la oferta en lugar de empobrecerla o aplanarla reduciéndola exclusivamente a una pinacoteca anacrónica?En otras palabras, ¿cómo quedarán nuestros vínculos con el arte contemporáneo continental? ¿Cómo permanecerán nuestras relaciones con el pensamiento occidental? ¿Cómo se expresará nuestra localidad geográfica y política?Si se abren las compuertas a “todo” como expresión de arte: pintores de domingo, pintores de pie y boca, vitralistas, manualistas, moralistas y “monstristas telúricos” homenajeando a Soto ¿Cómo sobrevivirán las obras de Picasso, Lessman, Pedro Ángel González, Cabré, Max Bill, Cruz-Diez, Narváez, Lam, Siqueiros, Rivera, Torres – García, Matta, Otero, Bellerman, Michelena, Braque, Otero, Reverón, Gego, Moore, Mondrian, Obregón, Perna, HernándezDiez, Téllez y todos los grandes creadores que hicieron de nuestros museos una sana referencia del país?
6
Más que una serie de pequeños imperios personales los museos encarnaron un proyecto colectivo en el que se experimentó la capacidad que tiene una empresa para intervenir en una ciudad y en su vida cultural. Actuar de un modo revitalizador e inspirador, al contribuir sólidamente a la edificación de espacios públicos y el fortalecimiento de la capitalidad. Paradójicamente a las afirmaciones oficiales, en Caracas no existen muchos museos, en todo caso, hay que construir muchos museos en el interior. Pero nunca a costa de desmantelar las colecciones que ya pertenecen al alma de esta ciudad. Como los edificios y sus infraestructuras, las obras que se atesoran en las bodegas de cada uno de los museos, hoy cuestionados, constituyen una parte insustituible de la memoria urbana. Como la Constitución, sus colecciones son originarias, específicas e intransferibles. La sola idea de su traslado para la creación de otros museos en el interior hiela el estómago.
La ausencia de una discusión abierta y tolerante, el cancelamiento de la experticia acumulada durante décadas, ha desplazado el proyecto de liquidación de las fundaciones hacia una “utopía privada” y un proyecto político que sólo favorece las expectivas del Estado, excluyendo a un país e ingresando el destino de los museos a la nueva era de la supremacía populosa.
ilustración: El_autor_del_cuadro_Oswaldo_GuayasamIn__EL_MACUTO,
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