EL NACIONAL - Sábado 04 de Octubre de 2008 Papel Literario/12
Bohigas, entre la esperanza y la desilusión
Invitado por la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, la Fundación para la Cultura Urbana y Econoinvest, este lunes 6 de octubre en las Sala de Conferencia del IESA Oriol Bohigas dictará una Charla magistral
William Niño Araque
Oriol Bohigas encarna la síntesis mejor estructurada y claramente comprometida, brillante y contundente, del catalanismo de izquierda. Es un intelectual de postguerra y como buen catalán autonomista, un activista más vinculado con la Francia de De Gaulle que con la España franquista. Pareciera que es el heredero legítimo de todo el pensamiento que fomentó la maravillosa égida de André Malraux: esa que comprometió a los intelectuales en una empresa sobrehumana cifrada en la construcción y responsabilidad que exigía la vida moderna. En Bohigas se representan el tradicionalismo y conservadurismo mesiánico atado en una complejidad republicana de ideales modernos y librepensadores.
Diría que Bohigas pertenece a un indicio inesperado, conflictivo, autonomista y paradójicamente, constructivo de una España total.
No obstante, para Bohigas esta visión de la nación se encarna en la realidad que impone la tradición, su interpretación de la sociedad presta atención a la lengua de la arquitectura como una realidad inmutable; a través de las obras se expresaban la voluntad y el alma de la individualidad catalana.
Este aspecto de la arquitectura urbana constituye el centro de su proyecto público, político y espacial que, con el correr de las décadas, se visualizarán más allá del recuperado frente marítimo La Icaria o la Ciudad Olímpica del 92. Sin exagerar afirmaría que este pensamiento afectivo y esencial por lo arquitectónico, lo urbano y lo social, proviene de esa izquierda sensible enraizada en la rive gauche, divina y afrancesada que con la época se trasladó muy responsablemente hasta Barcelona y de allí se irradió hacia otros grandes centros urbanos.
Sólo toma partido por las intervenciones esenciales de la arquitectura como garantía de la reconstrucción del tejido social y urbano.
El desencantado La última publicación de Bohigas, Contra la incontinen cia urbana (2004), nos revela un intelectual decepcionado, al reconsiderar aspectos morales de la arquitectura y la ciudad actual. Su crítica feroz ataca la situación de la ciudad, la profesión y a la arquitectura misma: "una arquitectura que no quiere serlo, una ciudad que no puede serlo, con unos arquitectos que no lo son". Esta desilusión arremete específicamente en contra de lo que se han convertido las ciudades europeas y especialmente las españolas: en el escenario para el consumo de las formas más sorprendentes e inesperadas, provenientes de tanta creatividad protagónica y sin historia. Bajo este contexto de narraciones particulares, donde la ética de la ciudad se olvida o se relega a un segundo plano, la arquitectura se pone al servicio de la exageración mediática, la diversión icónica espectacular, el entorno masivo y competitivo, formando parte de las imágenes deslumbrantes de las revistas y páginas Web, desvinculadas de la experiencia callejera, local e inolvidable que esconde cada trozo de ciudad.
Bohigas arremete en contra de una arquitectura que no expresa la razón de los sistemas constructivos y tiende a valorar o a exagerar los efectos plásticos de la piel edilicia. El carácter creciente de "pieza única" niega el valor de modelo urbano y de diálogo que históricamente ha tenido la arquitectura de la ciudad.
En contra de la ciudad plusmoderna, Bohigas remite a la ciudad histórica y valora tres elementos fundamentales: la confluencia del edificio en el espacio ciudadano: la flexibilidad; y la superposición de actividades en un mismo núcleo. A estas ideas agrega la compacidad espacial y la legalidad del espacio público.
Su visión desenmascara lo sucedido en España o en Italia a través de una gestión permisiva y de especulación; ataca los bloques monofuncionales, arremete contra los "stararchitects", quienes privilegian su actuación personal por encima (o en contra) de los planteamientos colectivos e inclusive, diseñan y construyen en lugares nunca visitados. Bohigas defiende la mezcla y la superposición de funciones diversas y aboga por los distintos tipos de viviendas y usuarios en una misma edificación. Plantea la inminencia de las periferias urbanas, como instrumentos de degradación y segregación, pues resultan de una operación económica claramente especulativa: terrenos baratos que no participan de los grandes servicios colectivos. En contra de la expansión desbocada de las metrópolis, propone la reconstrucción de las ciudades consolidadas "monumentalizar la periferia, retornar al centro". Se trata de compactar, rehabilitar, reintegrar lo construido. "La calle urbana corredor" es el receptáculo de casi todas las funciones ciudadanas. La reducción de la calle y de su complejidad funcional supone anular el primer factor de urbanidad.
La forma de la ciudad es un elemento fundamental para su buen funcionamiento y frente a las insuficiencias del "planeamiento general", propone "el proyecto urbano" como un elemento insustituible en las políticas de ciudad. El "proyecto urbano" no es un proyecto arquitectónico ni un plan urbanístico; rige la forma y el contenido de un fragmento de la ciudad desde el espacio público a la arquitectura.
Finalmente, la desilusión de Bohigas plantea cómo el eje pedagógico de la proyectación se ha desviado del realismo y la investigación hacia el espectáculo, la superficialidad y el episodio.
Desenmascara la soledad del arquitecto contemporáneo, ahora sin la autoridad que auguraba su razón de ser durante la última mitad del siglo XX. La fragmentación de la arquitectura como proyecto académico: los urbanistas, paisajistas, decoradores, interioristas y diseñadores ha empobrecido su radio de acción.
El malestar de Bohigas surge del seno de sus valores modernos. Como mente brillante, su postura no es académica ni teórica, su trayectoria es múltiple, proyectual, crítica y en considerable proporción, ciudadana y política. Como una especie en extinción, su proceso de reflexión proviene del universo intelectual. La idea de abrir un frente marítimo, construir La Icaria y perfilar la Ciudad Olimpica del 92, corresponde a una obra de arte absoluta, digna a figurar junto a las experiencias de Haussman, Cerdá, Chandigard o la Brasilia de Niemeyer, como una de las obras más notables de creación urbana del siglo XX.
Fotografía: Jordi Mota, tomada de http://www.omnium.cat/ca/article/entrevista-a-oriol-bohigas-per-sortir-de-la-crisi-cal-passar-inevitablement-per-la-cultura-4048.html
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viernes, 7 de diciembre de 2012
lunes, 17 de septiembre de 2012
¿ROJA O AMARILLA?
A propósito de Econoinvest y los Metropolitanos
Luis Barragán
Cuatro directivos de Econoinvest cumplen condena por un delito incierto, sin haber sido sentenciados. Dos años tienen en la sede de la Dirección de Inteligencia Militar (DIM), a la orden – obviamente – del Comandante-en-Jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.
Supuestamente, la empresa incurrió en sendos ilícitos cambiarios con la aplicación de una reforma legal posterior, cuya tipificación está reñida con caros principios en materia penal como el de la retroactividad desfavorable. En consecuencia, poco ha importado, convirtiéndola inmediatamente en política, la prisión que soportan, añadidas las consecuencias que trajo para la Fundación para la Cultura Urbana caracterizada por una extraordinaria labor editorial que, proporcionalmente, hizo más que Farruco Sesto, el faraón cultural del régimen ahora titulado como el transformador revolucionario de la ciudad capital.
Alguien que presidió nada más y nada menos que la Sala Penal del Tribunal Supremo de Justicia, mediante confesión notariada y apostillada por la cancillería costarricense, revela la gravísima orden que cumplió para arruinar la vida de los agentes de la Policía Metropolitana, tras barrotes desde hace añales. Refiere en el documento: "Es un deber inaplazable confesar ante ustedes, y ante todos, que he cometido el pecado de haber transmitido a los jueces que los juzgaron la orden de condenarles a 30 años de prisión a como diera lugar. Yo estaba cumpliendo instrucciones directas del presidente Hugo Chávez Frías, quien así me lo ordenó".
Miles de venezolanos pierden la vida en las calles y aún en las cárceles, donde se presume que el Estado tiene mayores posibilidades de garantizarla. La indolencia se suma a la incompetencia de un oficialismo que se rasga las vestiduras por una “dignificación” que ha abonado a la cultura de la muerte, condenada toda la burocracia media a guardar silencio, pues, un paso en falso, el más modesto reconocimiento de los errores y también deliberados propósitos, puede significarles lo peor en términos inicialmente personales.
Mucho se sabrá del caso de Econoinvest, los Metropolitanos y de las cárceles venezolanas, incluyendo las calles que adquieren tamaña condición, así de sencillo, cuando respiremos un poco más de libertad y de la efectiva fijación de responsabilidades. Por ello, valoramos altamente las declaraciones, confesiones y otros pronunciamientos de Eladio Aponte Aponte.
Se dirá de una exageración y hasta pretensión de reivindicarlo, pero hay circunstancias que atenúan las responsabilidades de quien – igualmente – tiene el coraje de rectificar y contribuir al esclarecimiento de la verdad. Ciertamente delinquió, suscitando las muchas rabias de sus víctimas más directas, mas no debemos pretender que éste o los futuros Doble-Aponte, llevando nuestra venganza hasta las últimas consecuencias, muerdan polvo con sangre mientras que sepamos de los oportunistas que hasta hace no mucho aplaudían apasionadamente al Comandante-Presidente, hoy lo hacen con Capriles Randonski, como si hubiesen corrido una suerte semejante a la de Saulo en el camino de Damasco.
Recordamos una homilía de Castillo Lara con motivo de un aniversario del 11-A, en la que habló del perdón ante la indiferencia de la feligresía que, después, compitió para tomarse la consabida fotografía vía móvil celular con el prelado. Y, aclaró, no hay perdón sin justicia.
De modo que, siendo un mensaje para los activísimos y sacrificados navegadores antichavistas de la hora, heroicos hasta el hartazgo en las redes, vamos a disminuir la pólvora digital contra el o los Doble Aponte del presente y del futuro. Y generar la confianza necesaria para una sana y convincente administración de justicia tan inherente y legitimadora de la transición democrática en la que nos empeñamos: failitando y ayudando a una liberación del remordimiento de consciencia de quienes operaron la administración del terror por estos años, reconociendo los atenuantes que provoca la voluntaria, espontánea y sobria admisión de los hechos.
Concluyendo, protagonistas como los de Econoinvest, los Metropolitanos y el resto de los venezolanos que directamente sufren el régimen, seguramente lo comprenderán y perdonarán. Ya lo dijo el Cardenal Castillo Lara, perdonar haciendo justicia.
Fuente: http://www.noticierodigital.com/2012/09/a-proposito-de-econoin
Fotografía: LB, Caracas, 14/08/12.
Luis Barragán
Cuatro directivos de Econoinvest cumplen condena por un delito incierto, sin haber sido sentenciados. Dos años tienen en la sede de la Dirección de Inteligencia Militar (DIM), a la orden – obviamente – del Comandante-en-Jefe de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.
Supuestamente, la empresa incurrió en sendos ilícitos cambiarios con la aplicación de una reforma legal posterior, cuya tipificación está reñida con caros principios en materia penal como el de la retroactividad desfavorable. En consecuencia, poco ha importado, convirtiéndola inmediatamente en política, la prisión que soportan, añadidas las consecuencias que trajo para la Fundación para la Cultura Urbana caracterizada por una extraordinaria labor editorial que, proporcionalmente, hizo más que Farruco Sesto, el faraón cultural del régimen ahora titulado como el transformador revolucionario de la ciudad capital.
Alguien que presidió nada más y nada menos que la Sala Penal del Tribunal Supremo de Justicia, mediante confesión notariada y apostillada por la cancillería costarricense, revela la gravísima orden que cumplió para arruinar la vida de los agentes de la Policía Metropolitana, tras barrotes desde hace añales. Refiere en el documento: "Es un deber inaplazable confesar ante ustedes, y ante todos, que he cometido el pecado de haber transmitido a los jueces que los juzgaron la orden de condenarles a 30 años de prisión a como diera lugar. Yo estaba cumpliendo instrucciones directas del presidente Hugo Chávez Frías, quien así me lo ordenó".
Miles de venezolanos pierden la vida en las calles y aún en las cárceles, donde se presume que el Estado tiene mayores posibilidades de garantizarla. La indolencia se suma a la incompetencia de un oficialismo que se rasga las vestiduras por una “dignificación” que ha abonado a la cultura de la muerte, condenada toda la burocracia media a guardar silencio, pues, un paso en falso, el más modesto reconocimiento de los errores y también deliberados propósitos, puede significarles lo peor en términos inicialmente personales.
Mucho se sabrá del caso de Econoinvest, los Metropolitanos y de las cárceles venezolanas, incluyendo las calles que adquieren tamaña condición, así de sencillo, cuando respiremos un poco más de libertad y de la efectiva fijación de responsabilidades. Por ello, valoramos altamente las declaraciones, confesiones y otros pronunciamientos de Eladio Aponte Aponte.
Se dirá de una exageración y hasta pretensión de reivindicarlo, pero hay circunstancias que atenúan las responsabilidades de quien – igualmente – tiene el coraje de rectificar y contribuir al esclarecimiento de la verdad. Ciertamente delinquió, suscitando las muchas rabias de sus víctimas más directas, mas no debemos pretender que éste o los futuros Doble-Aponte, llevando nuestra venganza hasta las últimas consecuencias, muerdan polvo con sangre mientras que sepamos de los oportunistas que hasta hace no mucho aplaudían apasionadamente al Comandante-Presidente, hoy lo hacen con Capriles Randonski, como si hubiesen corrido una suerte semejante a la de Saulo en el camino de Damasco.
Recordamos una homilía de Castillo Lara con motivo de un aniversario del 11-A, en la que habló del perdón ante la indiferencia de la feligresía que, después, compitió para tomarse la consabida fotografía vía móvil celular con el prelado. Y, aclaró, no hay perdón sin justicia.
De modo que, siendo un mensaje para los activísimos y sacrificados navegadores antichavistas de la hora, heroicos hasta el hartazgo en las redes, vamos a disminuir la pólvora digital contra el o los Doble Aponte del presente y del futuro. Y generar la confianza necesaria para una sana y convincente administración de justicia tan inherente y legitimadora de la transición democrática en la que nos empeñamos: failitando y ayudando a una liberación del remordimiento de consciencia de quienes operaron la administración del terror por estos años, reconociendo los atenuantes que provoca la voluntaria, espontánea y sobria admisión de los hechos.
Concluyendo, protagonistas como los de Econoinvest, los Metropolitanos y el resto de los venezolanos que directamente sufren el régimen, seguramente lo comprenderán y perdonarán. Ya lo dijo el Cardenal Castillo Lara, perdonar haciendo justicia.
Fuente: http://www.noticierodigital.com/2012/09/a-proposito-de-econoin
Fotografía: LB, Caracas, 14/08/12.
domingo, 1 de julio de 2012
JUSTICIA (2)
EL NACIONAL - Sábado 23 de Junio de 2012 Opinión/7
A propósito de Econoinvest
FRANCISCO SUNIAGA
El caso Econoinvest es la historia de una conspiración cuya urdimbre fue tendida por el más alto poder político del Estado y luego tramada por las más representativas autoridades del Poder Judicial. Los rostros de los responsables de esta infamia que perdurará en la memoria de la decencia de este país son conocidos. Pero no son esos rostros ni esos personajes quienes motivan estas líneas. Son los de las víctimas: Herman Sifontes, Ernesto Rangel, Miguel Osío y Juan Carlos Carvallo, los directivos de Econoinvest Casa de Bolsa. No sólo por su propia condición de presos políticos, sino porque representan, además, los casos de otros muchos venezolanos cuyos derechos humanos han sido violados en forma brutal.
El 24 de mayo de 2010 fueron encarcelados sin que mediara una denuncia ni investigación previa por parte de los organismos competentes del Estado. Una acción violatoria del ordenamiento legal, que se fundamentó en esa regulación punitiva caprichosa, no escrita en instrumento legal alguno, que siguió un guión conocido ya por los venezolanos: a la declaración de un funcionario o líder del partido sobre una presunta amenaza desestabillizadora sigue la acusación presidencial desde la televisión encadenada, y culmina con la actuación inmediata de la Fiscalía. Aunque sean perversas, todas estas acciones están vinculadas a una racionalidad política: mantener el poder absoluto que se ha acumulado a lo largo de trece años.
Los altos ingresos petroleros y la capacidad de disponer de ellos sin restricciones no han podido ocultar los devastadores efectos que las políticas gubernamentales han provocado en la economía.
Las muestras más cotidianas de esa devastación son los altos precios, entre ellos, los de las divisas y la inflación. Para el momento del ataque a Econoinvest, mayo de 2010, el Gobierno estaba acorralado por sus propios demonios y el valor del dólar se había disparado. Necesitaba recurrir a la habitual maniobra salvadora, buscar un culpable, y aquí mismo había uno perfecto: Econoinvest, la principal casa de bolsa del país y el más importante vehículo para la transacción de divisas. A los ojos del Gobierno, una suerte de nave insignia del capitalismo burgués que es el causante de todos los males de la humanidad.
¿Qué puede ser más conveniente para justificar la devaluación de facto del dólar que la imagen de cuatro "banqueros" encarcelados, a quienes como en efecto hicieron se puede acusar de cualquier cosa? En un contexto mundial de rechazo a los dueños y ejecutivos de bancos y otras empresas financieras, nada más apetecible para arrojar a la canalla que unos banqueros despojados incluso del beneficio de la presunción de inocencia. Esa fue la urdimbre colocada en el telar por el poder político y sus instrumentos burocráticos.
Y entonces vino la peor fibra del tejido de esta conspiración: la trama a cargo del Poder Judicial.
Tejida de manera grotesca por quien ocupó la presidencia de la Sala Penal del Tribunal Supremo de Justicia, el símbolo de la justicia de este infausto período: el magistrado Eladio Aponte Aponte.
Cuando el lapso de dos años privados de libertad sin que se les inicie la causa incluso ha vencido, el atropello es inocultable y el clamor porque se restituya la justicia y se ponga en libertad a estas víctimas es atronador. Visto el comportamiento de los verdugos, nada garantiza que se les restituyan sus derechos, ahora. Pero, aunque tarde en llegar de una u otra manera, un día la justicia aparecerá y dará a cada quien lo que le corresponda.
A propósito de Econoinvest
FRANCISCO SUNIAGA
El caso Econoinvest es la historia de una conspiración cuya urdimbre fue tendida por el más alto poder político del Estado y luego tramada por las más representativas autoridades del Poder Judicial. Los rostros de los responsables de esta infamia que perdurará en la memoria de la decencia de este país son conocidos. Pero no son esos rostros ni esos personajes quienes motivan estas líneas. Son los de las víctimas: Herman Sifontes, Ernesto Rangel, Miguel Osío y Juan Carlos Carvallo, los directivos de Econoinvest Casa de Bolsa. No sólo por su propia condición de presos políticos, sino porque representan, además, los casos de otros muchos venezolanos cuyos derechos humanos han sido violados en forma brutal.
El 24 de mayo de 2010 fueron encarcelados sin que mediara una denuncia ni investigación previa por parte de los organismos competentes del Estado. Una acción violatoria del ordenamiento legal, que se fundamentó en esa regulación punitiva caprichosa, no escrita en instrumento legal alguno, que siguió un guión conocido ya por los venezolanos: a la declaración de un funcionario o líder del partido sobre una presunta amenaza desestabillizadora sigue la acusación presidencial desde la televisión encadenada, y culmina con la actuación inmediata de la Fiscalía. Aunque sean perversas, todas estas acciones están vinculadas a una racionalidad política: mantener el poder absoluto que se ha acumulado a lo largo de trece años.
Los altos ingresos petroleros y la capacidad de disponer de ellos sin restricciones no han podido ocultar los devastadores efectos que las políticas gubernamentales han provocado en la economía.
Las muestras más cotidianas de esa devastación son los altos precios, entre ellos, los de las divisas y la inflación. Para el momento del ataque a Econoinvest, mayo de 2010, el Gobierno estaba acorralado por sus propios demonios y el valor del dólar se había disparado. Necesitaba recurrir a la habitual maniobra salvadora, buscar un culpable, y aquí mismo había uno perfecto: Econoinvest, la principal casa de bolsa del país y el más importante vehículo para la transacción de divisas. A los ojos del Gobierno, una suerte de nave insignia del capitalismo burgués que es el causante de todos los males de la humanidad.
¿Qué puede ser más conveniente para justificar la devaluación de facto del dólar que la imagen de cuatro "banqueros" encarcelados, a quienes como en efecto hicieron se puede acusar de cualquier cosa? En un contexto mundial de rechazo a los dueños y ejecutivos de bancos y otras empresas financieras, nada más apetecible para arrojar a la canalla que unos banqueros despojados incluso del beneficio de la presunción de inocencia. Esa fue la urdimbre colocada en el telar por el poder político y sus instrumentos burocráticos.
Y entonces vino la peor fibra del tejido de esta conspiración: la trama a cargo del Poder Judicial.
Tejida de manera grotesca por quien ocupó la presidencia de la Sala Penal del Tribunal Supremo de Justicia, el símbolo de la justicia de este infausto período: el magistrado Eladio Aponte Aponte.
Cuando el lapso de dos años privados de libertad sin que se les inicie la causa incluso ha vencido, el atropello es inocultable y el clamor porque se restituya la justicia y se ponga en libertad a estas víctimas es atronador. Visto el comportamiento de los verdugos, nada garantiza que se les restituyan sus derechos, ahora. Pero, aunque tarde en llegar de una u otra manera, un día la justicia aparecerá y dará a cada quien lo que le corresponda.
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